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lunes, 22 de julio de 2019

Bloqueo político: 4 años perdidos


Hoy y mañana se debate en el Congreso la investidura de Sánchez, que puede no salir y abocarnos a otra votación en septiembre o a nuevas elecciones en noviembre. Pero, según las encuestas, esas elecciones valdrían para poco, porque se repetirían 2 bloques sin mayoría para gobernar. Y perderíamos otros  6 meses, cuando  España lleva 4 años de bloqueo político, desde que en octubre de 2015 se convocaron elecciones. La economía sigue creciendo, por  inercia, pero amenazan vientos en contra desde fuera (crisis comercio mundial, estancamiento UE, tipos y  petróleo al alza) sin que España haya hecho las reformas más urgentes: empleo y normas laborales, pensiones, vivienda, sanidad, educación, dependencia, desigualdad y pobreza, demografía, financiación autonomías, Ciencia y formación, digitalización, reindustrialización, inversiones públicas y lucha contra el Cambio climático. Y una reforma fiscal que permita recaudar más de los que pagan poco y gastar en lo mucho que hace falta. Problemas serios que hay que afrontar cuanto antes, con medidas pactadas. Para eso queremos a los políticos.


En 2015 se acabó un periodo político de la reciente democracia española: el bipartidismo. Hasta entonces, el centro, la izquierda o la derecha habían conseguido gobernar y hacer reformas (algunas duras y nefastas), a golpe de mayorías absolutas o con acuerdos con los nacionalistas. Pero en las elecciones del 20 de diciembre de 2015 (20-D), se configuró una España de cuatro partidos y dos bloques, sin mayorías claras, que han impedido gobernar y tomar medidas de fondo en estos casi 4 años de “bloqueo político”, desde que el 26 de octubre de 2015 se convocaran las elecciones  del 20-D.

El problema de fondo es que retrasar la investidura y convocar nuevas elecciones para noviembre de 2019 (las cuartas en 4 años) no va a resolver nada. Porque las últimas encuestas indican que aumentaría mucho la abstención (hasta el 32,4%) y que seguiría habiendo dos bloques sin mayoría para gobernar (176 diputados): uno de izquierdas (PSOE con algunos diputados más y Podemos con menos, 168 diputados frente a los 165 de ahora) y otro con “las tres derechas” (PP con algo más diputados, Cs con menos y Vox con la mitad que ahora, unos 149 diputados frente a los 147 de ahora). Y así, tendríamos nuevo bloqueo político en diciembre, tras haber perdido otros 6 meses más.

Y lo grave es que España lleva 4 años en este bloqueo político, desde octubre de 2015, sin afrontar los problemas de fondo, que se agravan mes a mes. La economía sigue creciendo, con la inercia de la recuperación, y la Comisión Europea nos augura un crecimiento del 2,3% para 2019, el doble que la zona euro (+1,2%) y más que Alemania o Francia (+12,2%). Pero no hay que confiarse. Primero, porque una parte de ese crecimiento ha venido de la ayuda exterior desde 2014, en forma de bajos tipos de interés y bajos precios del petróleo, más las compras de deuda del BCE. Pero ahora, el temor es que los vientos exteriores soplen de frente, por la crisis del comercio mundial (proteccionismo), el estancamiento de Europa y las subidas del petróleo y tipos. Y, sobre todo, porque España tiene una serie de problemas de fondo que exigen reformas, abandonadas desde 2015 por falta de Gobiernos estables y pactos.

El primer problema a afrontar es aprobar un Plan de choque por el empleo y contra el paro, el primer problema para los españoles, según todos los CIS. Este año 2019 se va a crear menos empleo (+350.000, frente a 566.200 en 2018 y +475.000 en los tres anteriores). Y el problema es que el 91% son empleos temporales y un tercio a tiempo parcial, casi todos mal pagados (menos de 1.000 euros netos al mes). Y la mitad de los parados llevan más de dos años en el paro y casi la mitad no cobra ya el desempleo, con lo que malviven sin perspectiva de trabajar, sobre todo los mayores de 45 años. Y los jóvenes y las mujeres sufren más la precariedad en el empleo y en los sueldos, ganando los jóvenes hoy igual que hace 20 años.

Además de volcarse en el empleo, reformando las oficinas del SEPE (que ni buscan empleo ni forman a los parados), haría falta apostar por las políticas activas de empleo, con ayudas a la contratación y reforzando la FP con los empleos que necesitan las empresas. Y conseguir una reforma laboral que reduzca la precariedad y mejore la productividad española, cada vez más alejada de Europa: somos más pobres que la UE (tenemos el 90% de su renta) porque aquí trabaja menos gente (67% de adultos 20-64 años frente al 73,2% en la UE-28 y el 79,9% en Alemania, según Eurostat) y trabajan con menos eficacia (la productividad por hora trabajada ha crecido en España un +17,5% entre 1995 y 2018 y en Europa un +37,1%, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie).

El otro gran problema sin resolver son las pensiones. No se ha hecho nada desde que Rajoy y el PNV pactaron, en abril de 2018 una subida de las pensiones del 1,6% y retrasar a 2023 la entrada en vigor del factor de sostenibilidad (rebajar la pensión inicial en función de la esperanza de vida). La mayor subida de las pensiones (en 2018 y 2019) ha aumentado el gasto de la Seguridad Social, mientras no suben tanto los ingresos por sueldos (bajos) y cotizantes. Y así, a finales de junio, se ha batido un récord de gasto en pensiones: 9.773 millones, más casi otro tanto para la extra (19.000 millones en total), con lo que la SS ha tenido que acudir a un préstamo del Tesoro, porque “la hucha” está casi agotada. Y ya se pagan 9.733.234 pensiones (a 8,8 millones de pensionistas), con una pensión nueva más alta: 990 euros de pensión media y 1.410 euros las nuevas jubilaciones de junio.

Al final, el envejecimiento de la población está aumentando el número de pensiones y pensionistas, que cobran cada vez más porque han tenido salarios más altos. Y sin embargo, los 2,8 nuevos empleos creados con la recuperación son precarios, con bajas cotizaciones. Esto crea un déficit de la Seguridad Social  que ha sido de -18.500 millones en los últimos tres años y que podría superar los -20.000 millones en 2019.Un déficit que se agravará a partir de 2027, cuando se jubila la generación del “baby boom” (nacidos entre 1960 y 1975) y sobre todo para 2050 (cuando habrá 15 millones de pensiones). Por eso, urge tomar medidas desde ya, tratando de aumentar ingresos (vía cotizaciones e impuestos) y atemperar los gastos, con medidas varias: retraso edad de jubilación, computar lo cotizado en toda la vida laboral, ajustar las subidas al PIB y no sólo al IPC y rebajar algo las pensiones iniciales para asegurarlas durante más años que vive ahora el pensionista.

El tercer gran problema a resolver es la vivienda, que es, junto al empleo y los salarios, el tercer factor que provoca hoy mayor vulnerabilidad entre jóvenes y familias: hay 8,5 millones de españoles en situación de exclusión social, un 18,4% de la población, según el informe FOESSA. Una causa clave es que los alquileres se han disparado desde 2014, subiendo un 46% y alcanzando máximos históricos en 25 capitales. De hecho, 1,5 millones de españoles no pueden pagar un alquiler de mercado, según un estudio de la Fundación Alternativas. Esto ha llevado a muchas familias a la exclusión social, al tener dedicar  la mitad y más de sus ingresos al alquiler (el 40% de los excluidos viven en alquiler). Y hay 2.100.000 hogares (el 11%) que viven en situación de “exclusión residencial”: 1,3 millones en viviendas con graves deficiencias (“infraviviendas”)o sin suministros adecuados (agua, calefacción) y otros (800.000), sin contrato de alquiler, con riesgo de desahucio o con situaciones de violencia intrafamiliar.

La solución al grave problema de vivienda de millones de familias y jóvenes no pasa por limitar legalmente los alquileres (como pretenden Podemos y algunos Ayuntamientos), porque eso retraería a los propietarios a alquilar, ni por conceder 150 euros de ayuda al alquiler de los jóvenes como promete el alcalde de Madrid (terminan subiendo más el alquiler), sino aumentando la oferta de pisos en alquiler, incentivando a alquilarlas a los propietarios que las tienen vacías (bajándoles el IBI y el IRPF) y, sobre todo, ampliando el parque de viviendas públicas (VPO) en alquiler, con compras de pisos sin vender y nuevas promociones en suelo público. Porque es una vergüenza que en 2018 sólo se terminaran 5.136 VPO, según Fomento, cuando entre 1957 y 1.989 se terminaban más de 100.000 VPO al año. Es posible promover 20.000 al año y sacar al mercado otras 20.000 vacías o sin vender, unas 50.000 viviendas en alquiler más al año que tirarían a la baja de los precios.

El 4º gran problema a afrontar en España es recuperar el Estado del Bienestar, tras  recortes de 21.847 millones de euros entre 2009 y 2016 (según Hacienda) en sanidad, educación, Dependencia y gastos sociales. En Sanidad, habría que gastar como la media europea (el 7% del PIB, unos 12.000 millones más al año), aumentando y regularizando las plantillas de médicos y enfermeras (1/3 tienen contratos temporales), ampliar los especialistas, renovar tecnológicamente los hospitales y reducir con ello las abultadas listas de espera (584.000 españoles esperan una operación y el 43% esperan 57 días de media para ir al especialista) y las enormes diferencias de servicio entre autonomías. En Educación, urge un Pacto educativo para gastar también como europeos (el 5% del PIB, 11.200 millones más al año) y para reformar a fondo la educación, desde infantil a la universidad, para reducir los repetidores (1 de cada 3 estudiantes), el fracaso escolar (18,3%) y el elevado paro de los jóvenes (35% los menores de 25 años).

En Dependencia, la atención a mayores y discapacitados ha sufrido serios recortes (-4.600 millones entre 2012 y 2017) y el resultado es que, en junio de 2019, junto a 1.083.329 dependientes atendidos (la mayoría, con servicios “low cost”, no en residencias), hay todavía 256.821 dependientes en lista de espera, con derecho reconocido pero sin recibir ningún servicio o ayuda, porque su autonomía no tiene recursos. Y lo grave es que la mayoría son ancianos muy mayores, con lo que 80 dependientes mueren cada día sin recibir la ayuda a la que tienen derecho, según los Directores de Servicios Sociales. En cuanto a los servicios sociales, el gasto en 2018 (1,57% del PIB) fue 2.300 millones menos que en 2010 (1,68% del PIB), con grandes desigualdades entre la cuantía y la calidad de la atención social en Castilla y León, País Vasco o Navarra (las mejores) y Madrid, Comunidad Valenciana, Murcia y Canarias (las peores), según los Directores de Servicios Sociales. Y urge relanzar las ayudas a la familia y a la natalidad, para frenar nuestro “suicidio demográfico

Otra 5ª prioridad, que lleva años esperando, es un Plan integral contra la pobreza y la desigualdad social, que han aumentado con la crisis. España es el país europeo donde más ha crecido la desigualdad entre 2008 y 2017 y el 4º país más desigual de Europa, tras Bulgaria, Ucrania y Letonia: el 10% más rico concentra más de la mitad de la riqueza total (55,3%), más que el 90% restante (que se lleva el 44,6%), según Intermón Oxfam. Y el 1% más rico acapara más riqueza (24,42%) que el 50% más pobre (7,20%). Eso lleva a que España tenga más pobreza que antes de la crisis: el 26,6% de la población (12.338.187 españoles) están en riesgo de pobreza, según el indicador europeo AROPE, sobre todo parados, inmigrantes y mujeres solas con niños (+50% son pobres). Y 1 de cada 3 menores de 16 años están en situación de pobreza: 1.400.000 niños pobres, según Save the Children.

Una 6ª prioridad que no puede esperar más (el clima, la sequía y los incendios nos lo “gritan”) es la lucha contra el Cambio Climático, donde España tiene una posición de partida peor que el resto de Europa, porque somos el 3º país europeo que más ha aumentado sus emisiones de efecto invernadero entre 1990 y 2017: un +17,9%, sólo superado por Chipre (+57,8%) y Portugal (+19,5%), mientras el conjunto de la UE las reducía un -23,5%. Y además, porque si hay un país que sufre y sufrirá más el Cambio Climático es España, junto a la Europa del sur. El Gobierno Sánchez envió a Bruselas, a finales de febrero de 2019,  el Plan español, considerado por los expertos como uno de los más ambiciosos. En esencia, propone suprimir el uso del carbón en 2030, reducir las nucleares y contar con un 42% de energías renovables para 2030, además de reducir el uso del diesel y la gasolina en los transportes (plantea suprimir los coches de combustión a partir de 2040).

En paralelo a la reconversión hacia una economía más limpia, la energía debe ser la 7ª prioridad a afrontar en los próximos años, con el doble objetivo de conseguir una energía más limpia y más barata, en especial la electricidad: hoy España tiene la luz para uso doméstico un 43,8% más cara que Europa (0,187 €/Kwh frente a 0,130 €) y la luz industrial un 32,4% más cara (0,094 €kWh frente a 0,071 € la UE-28), según Industria. Y eso se debe a que los distintos Gobiernos, desde Aznar a Sánchez, no han sido capaces de imponer una auditoría  y recortar a las eléctricas los costes que nos cobran de más en el recibo (un tercio).

Otra 8ª prioridad debería ser apostar por la Ciencia y la tecnología, tras años de recortes en I+D+i (-21.728 millones desde 2009), traducidos en abandono de proyectos y fuga de investigadores. España es uno de los paises que menos gasta en Ciencia (1,20%  del PIB en 2017 frente al 2,07% de la UE-28, el 3% de Alemania o el 3,30% de Suecia) y estamos en el puesto 17º del ranking europeo de innovación, según la Comisión Europea. Y además de gastar poco, lo gastamos mal, porque el 60% del Presupuesto es vía créditos que no se piden (hay Universidades y Centros que tienen prohibido endeudarse más), con lo que en 2018 sólo se gastó el 46,8% del Presupuesto en Ciencia (3.278 de 7.003 millones). Y en paralelo, las empresas gastan poco en tecnología e innovación.

La 9ª prioridad de futuro debería ser modernizar la economía, apostando más por la industria (en España aporta el 16% del PIB frente al 17,5% en la UE-28 y el 23,2% en Alemania), que aporta empleo más estable, la exportación,  las inversiones públicas en infraestructuras, agua y medio ambiente, la innovación y la digitalización, buscando aumentar el tamaño de las empresas (tenemos demasiadas pymes, menos eficientes que las grandes empresas)  y mejorando la productividad, con una mayor apuesta por la formación y la mejor organización de las empresas, fomentando la participación en la gestión del día a día.

Y por fin, la 10ª gran tarea pendiente: una nueva reforma fiscal, para conseguir recursos suficientes para afrontar las tareas anteriores. El gran problema de España, y por el que tenemos todavía el 4º mayor déficit público de Europa (el 2,48% en 2018, tras 2,5% Francia, 2,1% Italia y 4,8% Chipre), no es que gastemos más (gastamos menos: un 41,3% del PIB frente al 45,6% que gasta la UE-28) sino que ingresamos mucho menos que el resto de Europa, según Eurostat. Así, en 2018, España recaudó el 38,9% del PIB, mientras los paises europeos recaudaron el 45% de su PIB y la zona euro el 46,3%. Eso significa que recaudamos 73.703 millones menos el año pasado que la media europea, 89.410 millones menos que los paises euro y 177.612 millones menos que Francia. Pongamos 80.000 millones menos de ingresos, que darían para reducir el déficit y gastar más en lo que hace falta.

Así que el gran reto del próximo Gobierno no es hacer más recortes, como ya pidió la Comisión Europea en junio (15.000 millones de “ajuste” entre 2019 y 2020 para seguir bajando el déficit), sino recaudar más, en línea con Europa. Y para ello, hay que aumentar la recaudación en el IRPF (reduciendo deducciones, que benefician a los ingresos más altos) y en el IVA (quitando tipos reducidos al 10% sin justificación, como hoteles y restaurantes), en los impuestos verdes (subiendo impuestos al gasóleo y gasolina, menores que en Europa), y, sobre todo, aumentando el impuesto de sociedades a los bancos, grandes empresas y multinacionales, así como a los más ricos, que pagan menos de lo que deben. Se trata de hacer una reforma fiscal donde el 95% paguemos igual o menos y un 5% pagarán más. Y reducir el fraude fiscal y cobrar a los que evaden. Medidas de las que no quieren hablar las tres derechas, que prometen bajar impuestos, cuando el camino es recaudar más.

Son bastantes retos, muy importantes, donde apenas se ha hecho nada en los últimos 4 años de bloqueo político y Gobiernos débiles. Y son reformas que exigen pactos, acuerdos y consensos, con recursos suficientes y tiempo, sin politiqueos egoístas, buscando mejorar la vida de los ciudadanos y ser un país más eficiente, más moderno y socialmente más justo. Es lo que necesitamos los españoles. Para eso queremos a los políticos. No para llevarnos a bloqueos políticos que agravan los problemas y retrasan las soluciones.


lunes, 21 de enero de 2019

El gran dilema: ¿bajar o subir impuestos?


Los impuestos son un ingrediente básico de un año electoral como 2019. PP y Ciudadanos han firmado un pacto de gobierno en Andalucía que promete bajar varios impuestos. Y harán lo mismo si gobiernan España. Mientras, el Gobierno Sánchez ha aprobado un Presupuesto 2019 donde incluye varias subidas de impuestos (+5.654 millones), apoyadas por Podemos. Dos frentes, dos ideas de los impuestos, un “gancho” electoral clave. Antes de opinar, conozca dos datos incontestables. Uno, España recauda menos que el resto de Europa y pagamos menos impuestos. Dos, España gasta menos que el resto de Europa y si queremos gastar más en empleo, pensiones, sanidad, educación, Ciencia o vivienda, hay que recaudar más. ¿Cómo? Se puede elegir. O que paguen más los que pagan poco (grandes empresas, bancos, multinacionales, inversores y ricos) o todos, con impuestos que no se notan (IVA, carburantes, tasas…). Pero sepamos que si no se recauda más y se bajan impuestos, no se podrá gastar más en lo mucho que hace falta. Así de claro.

enrique ortega
                                                                                                                               
Muchos españoles creen que pagan demasiados impuestos. Pero hay un primer dato incontestable: España recauda menos que la mayoría de Europa. En 2017, España recaudó el 37,9% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 45,8% que recaudaron los países del euro y la mayor recaudación de Francia (53,9% del PIB), Italia (46,6%), Alemania (45,2%) e incluso Reino Unido (39,1% del PIB), según los datos de Eurostat. Eso quiere decir que si España recaudara impuestos como los demás paises europeos, ingresaríamos 81.642 millones de euros más cada año (o 88.189 millones más si recaudáramos como los 19 paises euro). Con estos ingresos extras, podríamos tapar el déficit público y gastar más dinero en lo que nos hace falta, desde el empleo a las pensiones o la sanidad, la educación y la vivienda.

El primer problema de fondo, incontestable, es que España recauda poco. Y no es un problema nuevo, sino que lo teníamos antes de la crisis. Así, en 2004, en plena burbuja inmobiliaria, España recaudaba sólo un poco más que ahora: el 38,7% del PIB (37,9% en 2017), frente al 44% de la UE-28. ¿Por qué España recauda menos en impuestos? Básicamente, “porque España tiene un sistema impositivo muy ineficiente”, señala un informe de Fedea. Al compararnos con el resto de Europa, demuestra que España recauda porcentualmente menos en todos los impuestos, desde el IRPF y el IVA a los impuestos especiales, las tasas o el impuesto de sociedades y herencias. Veámoslo en cada impuesto.

En el impuesto sobre la renta (IRPF), España es el tercer país europeo que menos recauda, sólo por detrás de Grecia y Portugal, según este estudio de Fedea: un 7,5% del PIB de media, frente al 10% de media europea, el 9% de Alemania o Francia, el 12% de Italia o el 27% de Dinamarca. Y no porque tengamos unos tipos del IRPF bajos (los marginales, por cada euro más de renta, son de los más elevados de Europa), sino porque los tipos efectivos que realmente se pagan son bajos. Y eso, porque en el IRPF hay muchos beneficios fiscales, que restan ingresos: 14.800 millones en 2016, un 18,6% de la recaudación perdida. Además, con los tipos y exenciones, la presión fiscal de las familias españolas es inferior a la europea: un matrimonio paga por IRPF una media del 13,9% de los ingresos, frente al 14,5% de media en la UE-28, según la OCDE. Y también las cotizaciones sociales son más bajas.

En el IVA, somos también el tercer país europeo que menos recauda, tras Irlanda e Italia: el 6,3% del PIB frente al 6,9% de media en la UE. Y eso después de que el IVA haya subido dos veces (en 2000 y en 2012), hasta el 21%, en línea con la media europea (del 19% que se paga de IVA en Alemania al 25% en Suecia o Dinamarca. El problema vuelve a estar en las bonificaciones: hay muchos productos y servicios que pagan el IVA reducido (10%) y superreducido (4%), con lo que el tipo efectivo del IVA en España, el que realmente se paga es del 15,2% frente al 20,1% de media en la UE-28, según el estudio de Fedea. Sólo en 2016, con esas bonificaciones de tipos a muchos artículos y servicios (como el discutible 10% de IVA que pagan hoteles y restaurantes), se dejó de recaudar 22.333 millones de euros, lo que supuso perder el 32% de la recaudación por IVA.

En el impuesto de Sociedades (que pagan las empresas), la recaudación española está también a la cola de Europa: el 2,3% sobre el PIB, por debajo del 2,5% que recauda la zona euro. Y estos ingresos se han desinflado no sólo por la crisis (caída beneficios) sino porque los Gobiernos (ZP y Rajoy) han bajado el tipo nominal, del 35% al 25% actual,  inferior a la media de la UE (28%) y de países como Francia o Bélgica (34%), Italia (31%) o Alemania y Portugal (30%), según el informe de FEDEA. Y además, ese tipo no se aplica, porque también aquí hay muchos beneficios fiscales: 3.800 millones de euros en 2016, el 15% de la recaudación que se pierde. Y con ello, las grandes empresas, gracias a las deducciones fiscales que consiguen, pagan un tipo efectivo del 5,99% sobre beneficios, menos que las pymes (16,93% sobre beneficios) y que la mayoría de contribuyentes (14,9% ingresos). Y se da incluso el caso de que hay grandes empresas, como el Santander o el Corte Inglés, que han conseguido algunos años que Hacienda les devuelva…

Veamos los impuestos especiales (carburantes, alcohol y tabaco), donde España también recauda menos que el resto de Europa: un 2,1% del PIB frente al 2,3% de media en la UE-28 y el 3% en Dinamarca, Finlandia, Reino Unido o Grecia. El alcohol paga en España la mitad de impuestos que en Europa (0,10% PIB frente al 0,20%). El tabaco paga un 78,8% del precio de venta, a medias entre el 62,5% de Luxemburgo y el 87,5% de Grecia. Y donde hay una gran diferencia es en los carburantes: en el diesel, España es el 5º país UE con menos  impuestos (0,573 euros/litro frente a 0,667 en Alemania, 0,941 en Francia o 1,01 euros en Italia) y en la gasolina, el 7º país donde se pagan menos impuestos (0,683 euros/litro frente a 0,880 en Alemania, 0,890 en Reino Unido, 0,941 en Francia o 1,014 en Italia).

En las herencias, el impuesto de sucesiones y donaciones, España recauda cada año 3.250 millones menos que la media europea. Y nos quedan las tasas y precios públicos, donde España es el 2º país con menos recaudación de Europa, tras Irlanda: recauda el 2,2% del PIB, frente al 3,1% de la UE-28, el 3,2% de Alemania, el 4% de Francia y el 7,5% de Finlandia.

Vayamos al segundo dato incontestable: España gasta menos que la mayoría de países europeos. Muchos españoles creen que la Administración gasta mucho y despilfarra, pero el gasto público en España es de los más bajos de Europa: gastamos un 41% del PIB en 2017 frente al 45,8% en la UE-28 y al 47% del PIB que gastan los países euro. Y mucho menos del 56,5% del PIB que gasta Francia, el país con más gasto público, el 48,9% de Italia, el 43,9% de Alemania o el 41,1% de Reino Unido, según Eurostat . Eso quiere decir que España gasta 53.583 millones menos cada año que la media europea (y 66.979 menos que los paises euro), siendo el 10º país de los 28 con menos gasto público.

Y a pesar de que gastamos menos, tenemos más déficit público: fuimos el país europeo con más déficit público entre 2014 y 2017 (3,1% del PIB frente al 0,8% en la UE-28 y el 1% en la zona euro) y el 2º país europeo que tendrá más déficit en 2018 (2,7% del PIB frente al 0,6% en la UE-28 y en la zona euro), tras Chipre (2,8% de déficit). Tenemos más déficit no porque el Estado, las autonomías, los Ayuntamientos y la Seguridad Social gasten más que en otros paises (gastan menos) sino porque recaudan menos por todos los impuestos. No lo digo yo sino los datos estadísticos de Eurostat, año tras año. Es un hecho.

A partir de estos dos datos incontestables (gastamos menos y recaudamos menos), hay que replantearse qué debe hacer España en el futuro. Y aquí hay varias respuestas, según la opción económica y política de cada partido y cada ciudadano. Pero hay un cierto consenso en los problemas que tenemos, al menos entre los españoles de a pié: empleo, pensiones, sanidad, educación, dependencia, vivienda, pobreza y desigualdad, abandono de la Ciencia, energía y cambio climático, reindustrialización y modernización de la economía. Y para afrontar todos estos retos, además de cambios en las políticas, hace falta dinero, gastar más en recuperarse de los recortes y afrontar el futuro.

Un objetivo razonable podría ser gastar como Europa en unos años. Vayamos apuntando y sumando: recursos para un Plan de empleo que ayude a los parados que no cobran (el 48%) y les saque del desempleo con formación y ayudas a las empresas (5.000 millones), trasvase de impuestos a las pensiones (30.000 millones mínimos, a medio plazo), gastar en sanidad el 7% del PIB que gasta Europa (12.000 millones anuales más), gastar en educación el 5% del PIB que gastan los europeos (6.700 millones más al año), apoyar como ellos la familia y la infancia (12.000 millones más de gasto), un Plan contra la pobreza (2.000 millones al año), reducir las listas de espera de la Dependencia y afrontar que los dependientes se van a duplicar para 2050 (exigiría gastar 2.700 millones más al año), un Plan para promover 100.000 viviendas públicas en alquiler al año (10.000 millones de gasto), gastar en Ciencia como Europa (10.000 millones más cada año) y múltiples medidas para modernizar, digitalizar y reindustrializar la economía (10.000 millones de gasto extra, mínimo). Si sumamos, sale que necesitamos gastar 100.000 millones más, 25.000 millones extras al año en cuatro años. Y recortar el déficit en otros 5.000 millones cada año.

Eso obligaría a recaudar 30.000 millones más al año. Se podría hacer si recordamos que España recauda 81.642 millones menos que Europa cada año. Pero claro, “alguien” tiene que pagar más impuestos: no se puede recaudar más bajando impuestos .La historia de los economistas que defienden que bajando impuestos se crece más y se acaba recaudando más no fue verdad ni con Reagan ni con Bush ni con Aznar: es un “cuento de la lechera” que regala bajadas de impuestos a los más ricos a costa de subir el déficit a medio plazo.

Si la mayoría de españoles quieren que el Gobierno resuelva los graves problemas de empleo, pensiones, Estado del bienestar, vivienda, Ciencia o competitividad, la solución pasa por gastar más. Y para ello, hay que recaudar más, haciendo que paguen más impuestos no la mayoría de la población (asalariados y pensionistas), que ya los pagan (el 83% de la recaudación la aportan las familias), sino los que pagan poco : grandes empresas, bancos, multinacionales, inversores y los más ricos. Y no por ideología, sino porque los datos revelan otra vez que pagan menos que el resto, que son la vía más justa para recaudar más.

El “gran agujero” de la recaudación es el impuesto de sociedades: sus ingresos han caído a la mitad, de los 44.823 millones que pagaban al Fisco las empresas en 2007 a los 23.143 recaudados en 2017, según la Agencia Tributaria (mientras el IRPF pasó de recaudar 81.789 millones en 2007 a 85.769 millones en 2017). Y se paga la mitad de impuestos en sociedades a pesar de que los beneficios empresariales han aumentado en 98.680 millones entre 2008 y 2017 (mientras los salarios se reducían en 10.214 millones), según el INE. Ganan más y pagan la mitad de impuestos gracias a las deducciones, exenciones y bonificaciones, que les permiten pagar pocos impuestos “legalmente” (además de desviar otros a través de paraísos fiscales). Basten unos datos recientes, de la propia Agencia Tributaria: los grandes grupos bancarios pagaron en impuestos en 2017 el 2,84% de sus beneficios, las grandes constructoras el 1,16% y las grandes empresas el 5,99%, mientras las pymes pagaban el 10,5% de sus beneficios y los contribuyentes el 15,1% de sus ingresos…

El caso de las multinacionales es aún más escandaloso: Google, Amazon, Facebook y Apple pagaron sólo 20,3 millones de impuestos en España en 2016. Airbnb, con 5,5 millones de huéspedes, pagó 72.150 euros de impuestos en España en 2017 y Uber pagó sólo 53.800 euros.  En casi todos los casos, las multinacionales facturan sus ingresos en España a través de filiales en Irlanda o Luxemburgo y el 40% de sus beneficios termina en paraísos fiscales, según un estudio de Zucman y otros economistas, que estiman que defraudan 14.000 millones al año en España, algo difícil de calcular por su tremenda opacidad y su “ingeniería fiscal”, organizada por las 4 grandes consultoras.

Los inversores y ahorradores también tienen un trato fiscal privilegiado, porque tributan sus plusvalías, dividendos e intereses al 21% o 23 % (según importes), muy por debajo de lo que tributarían unos ingresos altos en el IRPF. Y las grandes fortunas se acogen en muchos casos a crear sociedades y SICAV para pagar menos impuestos (sólo tributan cuando venden su participación en la SICAV y mientras pagan el 1% en sociedades, pueden hacer compras y se deducen gastos). Los técnicos de Hacienda (GESTHA) estiman que la 5ª parte del fraude fiscal (12.000 de los 60.000 millones en total) está en las grandes fortunas.

Conseguir que paguen más impuestos estos poderosos grupos económicos (grandes empresas, bancos, multinacionales, inversores y grandes fortunas) permitiría recaudar esos 30.000 millones más que tanta falta hacen, sin tocar los impuestos del 99% de españoles. Eso es lo que defienden los que piden una subida de impuestos, no que paguen más los trabajadores, jubilados y mayoría de las familias. Y además, hace falta luchar contra el fraude fiscal, con más medios (Hacienda solo tiene un inspector por cada 2.081 contribuyentes, frente a 1.914 en Italia, 1.176 en Reino Unido, 979 en Francia o 743 en Alemania). Y hacer reformas de fondo en el IRPF (reducir desgravaciones sin sentido), el IVA, los carburantes, las herencias y el impuesto del patrimonio. No valen más “parches fiscales”, como las subidas propuestas por el Gobierno Sánchez en el Presupuesto 2019 (+5.654 millones) : subida del impuesto de sociedades (+1.776 millones), nueva tasa Google a servicios digitales (+1.200 millones), impuesto sobre compras de valores (+850 millones), subida IRPF a los que ganan más de 130.000 euros (+328 millones), subida 1% impuesto patrimonio (+339 millones) y subida 3,8 céntimos del impuesto al diesel (+670 millones). 


Urge pactar una reforma fiscal para 20 años, que aumente mucho la recaudación y la reparta de forma más justa. Ese debería ser el gran debate de 2019: cómo recaudar más para gastar más y mejorar la vida de los españoles. Pero no lo veremos y la derecha volverá a “vender” la zanahoria de la bajada de impuestos, apelando a nuestros instintos y no a los datos. Y si ganan y bajan impuestos, pasará lo que ya sabemos: que o los suben por otro lado (IVA, carburantes, tasas, IBI…) o no podrán gastar lo que hace falta en empleo, pensiones, sanidad, educación, vivienda o tecnología. Y apostarán por privatizar lo más posible y que el que tenga dinero consiga más servicios y el que no lo tenga, menos. Por eso, porque quieren recortar el Estado y sus prestaciones a los más débiles, defienden bajar impuestos. No caigan en su trampa.