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lunes, 18 de abril de 2022

Kit digital: ayudas para pymes y autónomos

Hoy 18 de abril se entrega a una pyme el primer kit digital, una ayuda de hasta 12.000 euros para que se digitalice, con una web, venta por internet, tratamiento de datos o ciberseguridad, por ejemplo. Es un dinero de los Fondos europeos, para ayudar a más de 1 millón de pymes y autónomos a digitalizarse, implantando herramientas de Internet que las hagan más competitivas, dado su retraso respecto al resto de Europa. Los interesados contarán con intermediarios digitales, que les ayudarán a saber lo que necesitan contratar y pedir las ayudas, más de 3.000 millones de euros hasta 2024. Además de este kit digital, el Plan de recuperación incluye otras ayudas públicas para educación y formación digital, donde España está muy retrasada en Europa. Y en paralelo, hace falta que las empresas inviertan más en digitalizar sus negocios, porque con la pandemia invierten menos. La digitalización es, con el Cambio Climático, uno de los grandes retos de este siglo. Tenemos que aprobarlo.

Enrique Ortega

Una de las varias “asignaturas pendientes” que tiene España es la digitalización: aprovechar mejor las herramientas de Internet (web, comercio electrónico, tratamiento de datos, gestión de proveedores y clientes, ciberseguridad…) para modernizar la economía y ser un país más competitivo. Ahora, todavía somos “poco digitales”, aunque hemos avanzado en los últimos años y con la pandemia. Así, España ocupa el 9º puesto en el ranking digital de la UE-27, por detrás de Dinamarca (1º), Finlandia (2º), Suecia (3º), Holanda, Irlanda, Malta, Estonia y Luxemburgo (8º), pero por delante de Alemania (11º), Francia (15º) o Italia (20º), según el Informe DESI 2021, que publica anualmente la Comisión Europea.

Este Informe DESI mide cuatro indicadores para valorar la digitalización de los paises: formación y capital humano (España baja al puesto 12º, porque la mayoría de españoles tienen una baja formación digital), conectividad (España está en el puesto 3º, gracias a su amplia red de fibra óptica, más extensa que las de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido juntas), servicios públicos digitales (España ocupa el puesto 7º, por su extensa administración electrónica) y la integración de la tecnología digital (donde España baja al puesto 16º, por el retraso en la utilización empresarial de las herramientas de Internet). Este es el punto negro” de la digitalización española y sobre todo por las pymes: el 62% de las pymes españolas tienen un nivel básico de “intensidad digital” (frente al 60% de media en la UE, el 88% de Dinamarca o Finlandia y el 76% de Holanda) y el 24% de las pymes españoles venden por Internet (frente al 17% de media en la UE, el 38% en Dinamarca o el 18% en Alemania), pero ese comercio online sólo supone el 10% de todas sus ventas (frente al 12% en la UE-28 y el 15% en Bélgica).

El retraso de España, sobre todo de las pymes, es mayor en la utilización de herramientas de Internet más sofisticadas, que están marcando el futuro y aumentan la productividad, según DESI 2021: gestión online de datos y macro datos (lo hacen el 9% de las pymes españolas frente al 14% de las europeas), uso de la inteligencia artificial (22% pymes españolas frente al 25% de las pymes UE, utilización de “la nube” (22% pymes españolas y 26% en la UE), aunque no hay retraso en la facturación electrónica (33% pymes en España frente al 32% en la UE-27) y en la utilización de las redes sociales (29% de las pymes españolas y 23% de las pymes europeas).

En general, como se ve, las empresas europeas tienen todavía mucho que avanzar en la digitalización de sus negocios, sobre todo las pymes, más retrasadas. El problema de España es que las pymes tienen aquí más peso que en el resto de Europa. De hecho, el 99,83% de todas las empresas españolas (2.928.706 empresas registradas el 1 de enero 2022) son pymes (0 a 250 trabajadores) y sólo hay un 0,17% de empresas grandes (4.977 empresas de más de 250 trabajadores), la cuarta parte que en Alemania. El problema adicional es que tenemos muchas empresas sin asalariados (autónomos: 1.616.095) y micropymes (de 1 a 9 trabajadores: 1.126.523 empresas), con lo que el 55,18% de las empresas españolas tienen menos de 10 trabajadores y en consecuencia, están menos digitalizadas. En conjunto, la media de todas las empresas españolas tienen 4,4 empleados, frente a 5,9 empleados en la UE-27, 9,4 en Reino Unido y 11,8 empleados por empresa en Alemania.

Este menor tamaño de las empresas en España que en Europa dificulta la digitalización de los negocios, ya que en todos los sectores avanzan más en la utilización de Internet las grandes empresas que las pequeñas y medianas. Así, sólo el 35% de las pymes con menos de 50 trabajadores se han digitalizado frente al 68% de grandes empresas (+250 trabajadores), según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI). Y los últimos datos del INE revelan lo mucho que queda por hacer para digitalizar las empresas españolas, sobre todo las microempresas (1-10 trabajadores) y pequeñas (11 a 50): el 78,3% tienen web (pero sólo el 28% de las microempresas y el 76% de las pequeñas), el 26,86% venden por Internet (9,55% de las micropymes y 25,16% de las pequeñas), sólo el 16,39% tienen especialistas TIC (el 1,51% de las microempresas y el 11,14% de las pequeñas), el 32,41% utilizan “la nube” (el 8,5% de las microempresas y el 28,7% de las pequeñas), el 11,5% usan el “big data” (3% de las micropymes y 9,4% de las pequeñas), el 27,7% utilizan “el Internet de las cosas” (8,3% las micropymes y 25,8% las pequeñas) y el 8,32% de las empresas españolas utilizan la inteligencia artificial (3,12% de las microempresas y 6,7% de las pequeñas).

Así que si queremos digitalizar la economía y las empresas, hay que centrarse en ayudar a las pymes, más retrasadas y con menos medios y formación. En España, pero también en la mayoría de Europa. Por eso, el Plan de recuperación europeo (Next Generation UE), aprobado en el verano de 2020, se planteó como uno de sus cuatro grandes objetivos la digitalización de la economía, a la que destina el 20% de los Fondos (750.000 millones de euros, entre subvenciones y créditos). Y España, al presentar en 2021 su Plan de Recuperación, decidió destinar el 28,2% de los Fondos UE a la digitalización: 19.600 millones entre 2021 y 2024. Y una cuarta parte son ayudas a la digitalización de las pymes (4.900 millones).

El principal programa de ayuda es el kit digital a las pymes y autónomos, una ayuda de 3.067 millones de euros hasta 2024, en forma de bono (a fondo perdido), entre 2.000 y 12.000 euros según el tamaño, para que más de 1 millón de pymes y autónomos (entre 1,2 y 1,35 millones de beneficiarios) contraten herramientas de Internet, a elegir: página web, tienda online, factura electrónica, soluciones en redes sociales, ciberseguridad, análisis de datos, herramientas de gestión de clientes y proveedores (programas CRM), servicios de oficina virtual, software de facturación y contabilidad, servicios “en la nube” …

Esta experiencia de promover un kit digital para pymes y autónomos ha funcionado muy bien, entre 2016 y 2019, en Bélgica, Dinamarca, Alemania, Italia, Eslovenia o Suecia. Ahora lo promueve aquí el Ministerio de Economía y Transformación Digital, que lo presentó en noviembre de 2021, con la idea de reducir burocracia (se ha agilizado el proceso, suprimiendo hasta 36 documentos para solicitarlo) y contar con la ayudas de 60 oficinas públicas de Red.es (habrá hasta 150 en toda España a finales de 2022) y, sobre todo, de la figura del “voluntario digital”: personas o empresas que ofrecen servicios de apoyo, para gestionar el kit digital y luego ponerlo en marcha. Desde principios de enero, se han adherido al programa 7.100 agentes digitalizadores, que ofrecen gratis su asesoramiento a pymes y autónomos, a la vez que ofrecen implantar los servicios digitales subvencionados.

El sistema elegido para implantar el kit digital (sencillo y con “voluntarios digitales”) parece que funciona, a la vista de los datos: el 15 de marzo se abrió el plazo de solicitudes de la ayuda y en un mes se registraron 113.000 pymes y autónomos y se han formalizado 45.000 solicitudes. Y este lunes 18 de abril, se entrega el primer cheque con la primera ayuda a una pyme, al que seguirán más de un millón hasta 2024. Ahora está abierta solo la primera de las convocatorias de ayuda, dirigida a las pymes de 10 a 49 trabajadores, que pueden recibir una ayuda hasta de 12.000 euros. Se ha querido empezar por las pymes más grandes, para “rodar” el sistema. En junio se abrirá la segunda fase de ayudas, dirigida a pymes y autónomos de 3 a 9 empleados: aquí, la ayuda tiene un tope de 6.000 euros. Y en septiembre se abre la 3ª fase, dirigida a pymes y autónomos de 0 a 2 empleados: su tope de ayuda para contratar un kit digital son 2.000 euros.

El primer paso que han de hacer las pymes y autónomos interesados en aprovechar estas ayudas europeas para digitalizarse es entrar en la web de Acelera Pyme o de las empresas que son voluntarios tecnológicos y que se anuncian en Internet (basta poner “kit digital”). Ahí les piden primero que se hagan un auto diagnóstico digital, para conocer su situación y sus necesidades. Y a partir de ahí, los asesores voluntarios o las oficinas locales de Acelera Pyme entrarán en contacto con la pyme o autónomo y le asesorarán sobre las herramientas de Internet que pueden serles más útiles, según su tamaño y el tope de ayuda posible. Y después, les guían para solicitar la ayuda y, si quieren, les implantan las herramientas elegidas.

La clave, insiste la Administración y los expertos, es que pymes y autónomos elijan bien las herramientas que más les van a ayudar a “dar el salto digital”. Y a partir de ahí, cuando vean los resultados (en ahorro de costes y aumento de la eficiencia y las ventas), ya estarán en disposición de “avanzar solos”, de ir mejorando su digitalización. Se trata de un “Plan de choque” para las pymes y autónomos de menos de 50 trabajadores (hay 2.898.712 negocios, el 98,97% de las empresas españolas).

El resto de empresas medianas (25.017) y grandes (4.977) tendrán que hacer también un esfuerzo importante de digitalización, para no perder “el tren europeo”. Y eso va a exigir perfilar otro tipo de ayudas (fiscales, de cotizaciones, laborales) para facilitar su inversión. Máxime cuando la pandemia ha provocado una caída en el gasto TIC (tecnología de la información y de la comunicación) de las empresas, pasando de 4.000 millones en 2020 a 3.409 millones en 2021, el nivel de gasto de 2017, según un informe de UGT, que teme que el retraso en la recuperación (por el conflicto de Ucrania y la alta inflación) retraiga aún más las inversiones de las empresas en tecnología y digitalización. Sobre todo de las grandes y medianas, que es donde más ha caído en los últimos años.

En paralelo al necesario “salto digital” de pymes y autónomos (con el kit digital) y del resto de medianas y grandes empresas, es muy importante avanzar en la formación digital de los españoles y de los trabajadores en las empresas. El Informe DESI 2021 de la Comisión Europea ya revela un retraso en la formación digital de los españoles frente a los ciudadanos del centro y norte de Europa. Y eso exige introducir la formación digital en la enseñanza y sobre todo en la Universidad, donde el nivel digital es bajo entre los licenciados. Y todavía hay pocos especialistas TIC, con lo que las empresas grandes y medianas que quieren contratar personal especializado para digitalizarse dicen que no lo encuentran: España tiene un déficit de 100.000 especialistas TIC, según Digital.ES. Pero además, las empresas españolas deben destinar más recursos a la formación digital de todos sus empleados, promoviendo Planes masivos de formación y reciclaje en las empresas.

El mundo, la economía y los negocios son cada día más digitales y quedarse atrás en la utilización de las herramientas de Internet equivale a perder oportunidades y empleos, a competir en inferioridad de condiciones. Los Fondos europeos nos ayudan a dar el salto y para eso hace falta que el kit digital se divulgue y funcione. Reenvíe este blog a sus amigos y conocidos que tienen una pyme o un pequeño negocio: hay dinero y un mecanismo para ayudarles a mejorar digitalmente. Y el resto, exijamos formación en las empresas, para no ser “analfabetos digitales”. Y a nuestros hijos y nietos, estudien lo que estudien, debemos insistirles que la digitalización es tan básica como el inglés. Entre todos, tenemos que aprobar esta asignatura pendiente, reducir la brecha con Europa. Nos jugamos el futuro.

lunes, 18 de octubre de 2021

España, a la cola de la digitalización

La pandemia ha sido un curso acelerado de digitalización: todo el día enganchados a Internet, teletrabajando más que nunca y comprando online hasta en la tienda de la esquina. Pero ahora, con la vuelta a la normalidad, se comprueba que tenemos una economía muy tradicional y que lo digital avanza lentamente. El  último ranking internacional (2021) sitúa a España en el puesto 31 del mundo en competitividad digital, sólo por delante de Italia, Portugal y Grecia. Y el último informe DESI 2020, de la Comisión Europea, nos sitúa digitalmente en el puesto 11 en Europa, muy retrasados en formación digital y en el uso de Internet por las pymes. Por eso, la digitalización es una de las prioridades del Plan de recuperación, a la que destinará el 29% de los Fondos europeos (20.300 millones). Digitalizar la economía es, con el clima, uno de los dos grandes retos mundiales de este siglo y España está muy retrasada. Hay que aprobar este examen, para salvar empresas y empleos.

Enrique Ortega

La pandemia, sobre todo el confinamiento, nos hizo a todos “más digitales”. En 2020 se batió el uso de Internet, según el estudio “Sociedad Digital en España 2020-2021”: el porcentaje de españoles que utilizan la Red cinco días a la semana subió al 83,1% (+5,6%) y los usuarios que utilizan Internet varias veces al día subieron al 81% (+6,1%). Más del 50% de los adultos han usado el comercio electrónico y 8 millones de hogares reciben TV de pago. Y hasta un 16,2% de los ocupados teletrabajaron desde sus casas en el 2º trimestre de 2020, frente a sólo un 9,4% en 2019, según el INE. Sin embargo, tras la vuelta a la normalidad, el elevado uso de Internet se mantiene al alza (un 91% de los adultos en 2021, según Hootsuite), pero el comercio electrónico crece a menor ritmo (+11% hasta julio 2021, frente al +42% en pleno confinamiento)  y el teletrabajo se ha desinflado (bajó del 16,2% de trabajadores en 2020 al 9,4% en el 2º trimestre de 2021).

Así que la digitalización de nuestra vida durante la pandemia ha sido “un espejismo” y ahora lo que quedan son más internautas, que se relacionan, juegan e informan, pero que apenas trabajan por la Red y unas empresas que utilizan poco Internet en su actividad diaria. La realidad nos la muestra el último ranking de competitividad digital 2021, elaborado por el Instituto IMD: España ocupa el puesto 31 entre los 64 paises analizados, un lugar que se mantiene en torno al 30 en los últimos 5 años, por su escasos avances en conocimiento, tecnología y preparación para el futuro, los tres indicadores que valoran. Encabezan este ranking de competitividad digital Estados Unidos, Hong Kong, Suecia, Dinamarca, Singapur, Suiza y Paises Bajos, quedando también por delante de España Reino Unido (puesto 14), China (15), Austria (16), Alemania (18), Irlanda (19), Luxemburgo (22), Francia (24), Estonia(25), Bélgica (26), Japón (28) y Lituania(30). Y solo están peor en competitividad digital, dentro de Europa, Portugal (puesto 34), Italia (40) y Grecia (44).

La Comisión Europea también valora periódicamente la digitalización de los paises europeos. En el último informe, DESI 2020, anterior a la pandemia, España ocupaba el puesto 11 de 28 paises (incluyendo el Reino Unido), perdiendo un puesto sobre 2019. En este ranking europeo de competitividad digital, España queda algo mejor que en el ranking mundial de IMD, al situarse por delante de Alemania (puesto 12), Francia (15º), Portugal (19º) o Italia (25º), porque la Comisión valora 5 indicadores y en dos de ellos España está muy bien colocado: conectividad ( puesto en la UE-28: España tiene la mayor red de fibra óptica de Europa y un gran alcance del 5G) y servicios públicos digitales (2º puesto, por el avance de la Administración electrónica: pago de impuestos y otras gestiones online). Pero España “pincha” en los otros 3 indicadores, que son fundamentales: capital humano o formación (16ª de 28), uso de Internet (11º puesto) e integración de la tecnología digital en las empresas y el comercio electrónico (19º puesto).

Ahí se ve las fortalezas y debilidades de España ante el reto digital, que refleja muy bien el último informe (febrero 2021) del Consejo Económico y Social (CES) sobre la digitalización de la economía española. Tenemos 4 grandes fortalezas: unas potentes infraestructuras digitales (la red de fibra óptica instalada en España supera a las de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia juntas, además de liderar el despliegue del 5G en Europa), unas grandes empresas de telecomunicaciones muy competitivas, un altísimo número de internautas (con ese 91% de población conectada, somos el 17º país del mundo con más usuarios) y tenemos un gran uso de los servicios públicos digitales (82% españoles utilizan la Administración electrónica). Pero también tenemos 5 grandes debilidades, según detalla el informe DESI 2020: baja formación digital de la población (el 43% de los españoles carecen de competencias digitales básicas, frente al 41,7% en la UE-28 y el 23,4% en los tres paises europeos más avanzados: Finlandia, Suecia y Dinamarca), el bajo porcentaje de especialistas TIC entre los trabajadores (3,2% en España frente al 3,9% en la UE-28 y el 6% en los tres paises más digitalizados), el gran retraso digital de las pymes (el comercio electrónico representa en España el 9,2% de su negocio, frente al 11,5% en la UE-28 y el 22,5% en los tres paises más digitalizados), la enorme brecha digital por edades, regiones y empresas y las menores inversiones en Ciencia e innovación (España invirtió en I+D+i el 1,25% de su PIB en 2019, frente al 2,13% la UE-28).

Al final, el retraso digital de España se asienta en 2 grandes problemas que arrastramos desde hace décadas y que ahora la pandemia ha revelado con claridad: el retraso en la formación digital de los españoles (desde la escuela y la Universidad al trabajo) y la baja digitalización de las empresas españolas, en especial las pymes. Veamos su alcance.

Sobre el retraso formativo, baste otro dato aportado por un estudio de UGT (2020): 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales. Y del total de la población, 12 millones (un 33,5%) “no son capaces de manejarse” en entornos digitales y otros 7,6 millones de españoles (21%) sólo acredita “habilidades digitales básicas”, lo que dificulta encontrar empleo a medio y largo plazo a más de la mitad de los españoles. Y además de tener pocos trabajadores cualificados en TIC (tecnologías de la información y la comunicación), un 3,2% frente al 3,9% en Europa, el otro problema es que la mayoría de empresas españolas (el 82,5%) no contratan expertos TIC.

Este estudio de UGT, “Digitalización de la empresa española”, demuestra con múltiples datos el 2º gran problema de fondo que tenemos, la escasa digitalización de las empresas españolas, sobre todo las pymes. Como primera conclusión, España se encuentra “en el furgón de cola” (puesto 22 de 28 paises UE) de las empresas con alto nivel de intensidad digital: el 13% del total, frente al 18% en la UE-28, el 21,7% en Reino Unido, el 16,4% en Alemania o el 14,8% en Francia. Y ocupamos el 24º puesto europeo (sólo por delante de Estonia, Croacia, Hungría y Lituania) en el ranking de paises con más empresas de bajo nivel digital: el 56,8% del total de empresas españolas, frente al 45,8% en la UE-28, el 38,4% en Reino Unido, el 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia. Y hay una presencia solo testimonial de empresas españolas en las tecnologías digitales más vanguardistas (cloud computing, big data, robots e impresoras 3D).

Además, el estudio destaca el escaso uso de las tecnologías digitales, sobre todo en las pymes. El 99,26% de las empresas españolas utilizan ordenadores, la mayoría (98,39%) con conexión a Internet. Pero menos de dos tercios de sus trabajadores usan el ordenador para trabajar (el 60,37%) y sólo poco más de la mitad (el 53,4%) usan Internet para trabajar. Sólo tres de cada cuatro empresas (78,16%) tienen página web (nos sitúa en el puesto 17º en la UE-28), pero ese porcentaje baja al 30,21% en las micropymes (menos 10 trabajadores. Y son muchas menos las empresas que venden por Internet: un 20,36% (lo que nos sitúa en el puesto 11º en la UE-28), un porcentaje que baja en el caso de las micropymes (sólo 5,81% venden online) y las pequeñas empresas (18,17%) y sube (al 41,68% en las grandes). Si vamos al uso de herramientas TIC más sofisticadas, el porcentaje de empresas usuarias baja: el 28,08% usan “la nube” (10,35% de las micropymes), un 8,31% utilizan el “Big data” (1,79% las micropymes), el 10,96% usan robots y el 3,24% utilizan impresoras 3D, herramientas donde las empresas españolas se sitúan a la cola de su uso en Europa.

Visto el panorama, debería preocuparnos que todos los expertos coincidan en que la digitalización es una de las llaves del futuro, de la mejora de la competitividad y del empleo que viene. De hecho, la mejora de la digitalización podría aumentar el crecimiento del PIB de España entre un +1,5% y un 2,5% anuales (eso son más de 25.000 millones extras al año) de aquí a 2025, según estima el consejero delegado de Telefónica. Y podría mejorar la productividad de las pymes españolas entre un 15 y un 25% (producir una quinta parte más). Pero hay otra ventaja más: la digitalización podría ayudar a salvar muchos de los empleos que se van a perder en las próximas décadas. Según la OCDE, la tecnología y los robots suponen que el 21,7% de los empleos están “en riesgo” en España (el 14% en el mundo) y otro 30,2% de empleos más están “amenazados” (el 30% en el mundo), con lo que la mitad de los empleos actuales peligran, lo que obliga a mejorar la formación de los trabajadores y convertirlos en “empleados digitales” si quieren trabajar en el futuro.

Por todo esto, queda claro que la digitalización de la economía es uno de los 2 grandes retos de este siglo XXI, junto a la sostenibilidad medio ambiental. El actual Gobierno, cuando tomó posesión en enero de 2020, mandó el primer mensaje de que la digitalización iba a ser una de sus prioridades: nombró a Nadia Calviño Vicepresidenta de Asuntos Económicos  y Transformación Digital” , creando 2 nuevas Secretarías de Estado (de Digitalización e Inteligencia artificial y de Telecomunicaciones e Infraestructuras digitales). El segundo fue unos meses después, en julio de 2020, al aprobar la Agenda Digital España 2025, una hoja de ruta para movilizar 140.000 millones de inversión (un tercio, dinero público) para avanzar en la digitalización de la economía y conseguir 6 objeticos básicos: que el 100% de la población tenga cobertura de Internet de 100 Mbps (89% en 2020), que el 80% de los españoles tengan competencias digitales básicas (57% hoy), que las pymes alcancen un 25% de negocio online (hoy 10%), que el 50% de los servicios públicos sean online y en móviles (hoy 10%), que el 25% de las empresas utilicen Big data e inteligencia artificial (hoy son menos del 15%) y aprobar para ese 2025 una Carta de derechos digitales.

Unos meses antes, en febrero de 2020, la Comisión Europea aprobaba la Estrategia Digital Europea, una apuesta por situar a Europa en la vanguardia de la digitalización, recuperando el retraso actual respecto a Estados Unidos y China. Y para remacharlo, situó a la digitalización como una de las dos grandes apuestas (junto a la lucha contra el Cambio Climático) de su Plan de futuro, Next Generation UE, aprobado en julio de 2020 para promover la recuperación de la economía europea, con una inversión de 750.000 millones de euros, fijando que “al menos el 20% de estos fondos” los gasten los paises europeos en la digitalización de sus economías.

España ha aprovechado este Plan europeo para aprobar un Plan de recuperación donde canalizar los 140.000 millones que nos corresponden (70.000 millones en subvenciones a fondo perdido, entre 2021 y 2023). Y en ese Plan de recuperación español,  aprobado por Bruselas en julio de 2021, la digitalización es el 2º mayor bloque de gasto: 20.300 millones entre 2021 y 2023, el 29% del total de los Fondos UE (la transición ecológica se lleva el 39,1%). Con este apoyo europeo, el Gobierno pretende financiar los objetivos de la Agenda Digital España 2025, centrando el gasto en una serie de grandes partidas: digitalización de las pymes (4.066 millones), desarrollo del 5G (3.999 millones), desarrollo de competencias digitales (3.593 millones), inteligencia artificial (500 millones) y gran parte del gasto de otras partidas del Plan, como modernización de las Administraciones públicas (4.315 millones), modernización y digitalización del sistema educativo (1.648 millones), modernización del sector turístico (3.400 millones) y modernización del sistema sanitario (1.069 millones).

Así que ahora, la digitalización en España tiene una vicepresidencia, una hoja de ruta hasta 2025 (Agenda Digital) y un Plan de recuperación para gastar ahí 20.300 millones de los Fondos europeos entre 2021 y 2023. El primer esfuerzo inversor ya se ha hecho este año, con una partida de gasto de 4.230 millones para digitalización y telecomunicaciones en los Presupuestos 2021, lo que supone multiplicar por seis los 718 millones de 2020. Y para 2022, el proyecto de Presupuestos presentado incluye 6.941 millones para digitalización, investigación e innovación, de los que 1.559 millones son para digitalizar las pymes, 650 millones para el despliegue del 5G, 386 millones para digitalizar la Administración. 256 para extender la banda ancha en las zonas rurales, 250 millones para infraestructuras digitales, 182 millones para ciberseguridad, 113 millones para inteligencia artificial, 35 para una base de datos sanitaria y 40 millones para ofrecer bonos de conectividad a las pymes.

El dinero es clave para la digitalización del país, pero también lo es apostar por la formación digital de las personas y por la reconversión digital de las empresas, sobre todo las pymes. Urge reforzar la formación digital desde la escuela (se va a reforzar en la ESO) hasta la Universidad, donde los licenciados tienen hoy una baja formación digital y hay pocos especialistas, pocos estudiantes de Informática (el 50% abandonan antes de licenciarse). Y las empresas que sí apuestan por contratar especialistas digitales se quejan de que no los encuentran: hay un déficit de 75.000 especialistas TIC, según la patronal DigitalES. Y se estima que harán falta 200.000 empleos digitales en el futuro.

En resumen, que el futuro se va a jugar en la transformación digital y la sostenibilidad medioambiental, los dos grandes retos del siglo XXI. Y los paises que no digitalicen y cuiden su medio ambiente, serán menos competitivos y quedarán rezagados. Así que tenemos que reconvertirnos digitalmente, las personas y las empresas. Nos jugamos el empleo.

jueves, 14 de mayo de 2020

COVID19: el teletrabajo se dispara desigualmente


Uno de los pocos efectos positivos del confinamiento ha sido que algunos pueden seguir trabajando desde casa (y cobrando). Son pocos, pero el teletrabajo ha dado un salto de gigante con la pandemia: lo utilizan el 34% de los trabajadores hoy, 7 veces más que hace unos meses (el 4,8%). Pero el modelo económico español (demasiado peso del turismo y la construcción) y nuestra baja formación digital hacen que España tenga menos posibilidades de teletrabajo que la mayoría de Europa. Y las posibilidades de teletrabajar son muy desiguales, según sectores, edad y tipo de contrato, variando mucho por autonomías (pueden teletrabajar el 28% de los ocupados en Madrid y el 19% en Murcia, la Rioja o Castilla y León). Para cuando salgamos de esta pandemia, urge regular el teletrabajo y fomentarlo en las empresas y en la Administración, porque ayuda a conciliar, mejora la productividad y el medio ambiente. Hacen falta Planes, formación e inversiones, para no improvisar el teletrabajo como se hace durante el confinamiento. Apoyen el clic.

enrique ortega

Unos meses antes de impactarnos el coronavirus, en 2019, el teletrabajo era marginal en España: sólo un 4,8% de los empleados trabajaban habitualmente desde casa, un porcentaje que había subido desde el 2,7% que teletrabajaban en 2007. Incluso los que teletrabajaban “a veces” eran sólo un 9% de los ocupados, un tercio más que en 2007 (6%), según los datos del INE. Si comparamos con Europa, ese 4,8% nos colocaba a la cola del teletrabajo, en el puesto 15 de la UE-27, sólo por delante de los paises del este, Chipre, Grecia (1,9%), Italia (3,6%) y Reino Unido (4,7%), por debajo de la media europea de teletrabajo (5,4%), de Alemania (5,2%), Francia (7%) y sobre todo de los paises del norte (14,1% teletrabajan en Finlandia y Holanda, 9,9% en Austria y 7,8% en Dinamarca, según Eurostat (datos 2019). Por autonomías, en España teletrabajan más que la media Asturias (6,6%), Baleares (5,8%), Galicia (5,1%) Madrid (5,1%), Extremadura (5%), Comunidad Valenciana y Aragón (4,9%). Y están a la cola la Rioja (3,6%), Navarra (3,9%), Murcia y Canarias (4%), según el INE.


¿Por qué estábamos más retrasados en teletrabajo? No es por razones técnicas, ya que España es el país líder europeo en instalación de fibra óptica (tenemos una red mayor que las de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntas). La “culpa” es de nuestro modelo productivo: tenemos una economía muy asentada en los servicios (sobre todo el turismo y la hostelería) y en la construcción, sectores poco favorables al teletrabajo. Una economía, además, con un escaso peso de las grandes empresas y un excesivo porcentaje de pymes, menos proclives a la digitalización y el teletrabajo. Y para completar el panorama, la formación digital de los españoles es escasa y no ayuda al teletrabajo: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales. Y del total de la población, 12 millones (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones (21%) sólo acredita habilidades digitales básicas, según un reciente estudio de UGT.


Otro reciente estudio de Randstad señala que sólo un 22,6% de los trabajadores españoles (4,4 millones de ocupados) pueden  teletrabajar, aunque sólo un 4,8% lo hacían en 2019. Y los detalla por sectores, con los datos de la EPA y el INE: los que más pueden teletrabajar son los ocupados en los servicios públicos (el 36% puede trabajar a distancia), seguidos de los trabajadores de las eléctricas, agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del sector del papel y artes gráficos (28% podrían teletrabajar). El resto de actividades tienen un potencial de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en la agricultura, ganadería y pesca (4,1%), en la construcción (13,3%), en la industria agroalimentaria (13,8%), en el comercio (13,9%) o en la industria manufacturera (14,3%).


Además, el teletrabajo es muy desigual según los puestos de trabajo en cada sector, siendo mayor entre los directivos y gerentes (casi 100%), técnicos y profesionales (59,9%), contables y trabajadores de oficina (46,3%), pero muy bajo en el resto de empleos, sobre todo entre los poco cualificados, siendo nula la posibilidad de teletrabajo en los grupos CNO 5,6,8,9 y 0: trabajadores de la restauración, servicios personales y protección, vendedores, operadores de maquinaria, montadores y personal de las fuerzas armadas, según el informe de Randstad. Al final, estas diferencias se acaban viendo por autonomías, por su distinta estructura económica y de empleo. Así, el teletrabajo es más posible en las autonomías más ricas: Madrid (28% ocupados podrían teletrabajar, aunque sólo el 5,1% lo hacían en 2019), Cataluña (25,1%), País Vasco (24,5%), Navarra (23%) y Asturias (22,4%), las 5 por encima de la media de teletrabajo potencial en España (22,3%). Y tienen menos posibilidades para teletrabajar las más pobres: Extremadura (17,5% de los ocupados, aunque sólo el 5% teletrabajan)), Castilla la Mancha (18,2%), Andalucía (19%), Canarias (19,2%), Murcia (19,3%), la Rioja (19,8%) y Castilla y León (19,9%), según Randstad.


Otro estudio sobre el teletrabajo de tres profesores universitarios, adelantado en el blog Nada es Gratis, eleva hasta el 33% (índice 0,33) la posibilidad del teletrabajo en España (Randstad lo fija en el 22,3%), por debajo del 38% que fijan para Europa (índice 0,38). Según este estudio, España es el 5º país europeo con menos potencial para el teletrabajo, sólo por delante de Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría. Y muy alejado de los líderes, los paises nórdicos (índice superior al 0,50), Francia o Alemania. El estudio revela también que existen grandes desigualdades para poder teletrabajar en España. Primero, por género: los hombres pueden teletrabajan menos (29%) que las mujeres (37%). Segundo, por tipo de contrato: pueden teletrabajan más los que tienen un contrato a tiempo completo (34%) que a tiempo parcial (23%) y los que tienen un contrato fijo (37%) más que los contratados temporalmente (22%). Y poder teletrabajar tiene también mucho que ver con la formación: los que sólo tienen primaria apenas pueden teletrabajar (10%), algo más los que acabaron secundaria (24%) y mucho más los universitarios (53%). Y como ya se veía en el estudio de Randstad, los que tienen sueldos más altos pueden teletrabajar más.


Estas desigualdades en el potencial para el teletrabajo son muy importantes ahora, con el confinamiento, porque indican que unos españoles tienen más posibilidades que otros para teletrabajar y paliar así la emergencia económica de la pandemia, según el sector donde trabajen, la empresa, su tipo de contrato y el nivel de formación. Y, por supuesto, según  dónde trabajen. Este estudio revela también que los mejor preparados para teletrabajar son los ocupados en Madrid (índice 0,43: 43% ocupados podrían trabajar, por encima de la media UE), seguidos de Cataluña (36%), País Vasco y Canarias (ambas 33%). Y los que peor, los ocupados en Castilla y León (24%), Murcia y Aragón (29%), Navarra y Castilla la Mancha (27%), Cantabria, Extremadura y Baleares (25%).


Ese es “el potencial”, lo que podríamos teletrabajar, que un informe del Banco de España publicado este lunes restringe al 30% de los ocupados, 6.600.000 españoles. Pero, ¿cuánto estamos teletrabajando realmente en el confinamiento? No hay datos oficiales, pero el IVIE y la Comunidad Valenciana hicieron esta encuesta para toda España, a finales de marzo y principios de abril, que reveló que un 34% de los españoles teletrabajaban, un porcentaje incluso mayor al potencial de teletrabajo señalado por Randstad (22,3%), el Banco de España (30%) y el estudio universitario (33%). De ser cierto, revela el gran salto que ha dado el teletrabajo en España en dos meses, forzado por la necesidad de empresas y trabajadores. Un avance increíble, que se ha visto acompañado de mucha improvisación, falta de medios  y algunos excesos (demasiadas horas y falta de control), con una mayor carga para las mujeres, que han tenido que afrontar más que los hombres el teletrabajo, los hijos y las tareas del hogar.


En general, las empresas no tenían Planes de teletrabajo (salvo las muy grandes o en sectores como las finanzas, seguros y telecos). Y tampoco la Administración pública, que ha tenido que teletrabajar contra reloj, sobre todo los ministerios de Trabajo y de Seguridad Social, para afrontar el aluvión de peticiones de ERTEs y de ayudas a parados, autónomos y empresas (el SEPE ha trabajado digitalmente las 24 horas, subiendo por las noches la documentación para no bloquear los servidores). El Gobierno se ha visto obligado a aprobar 27 contratos de emergencia desde el 14 de marzo para facilitar el teletrabajo de los funcionarios y las videoconferencias, por un importe de 8,7 millones de euros, para comprar ordenadores, móviles, licencias y escritorios virtuales. Al final, según los datos oficiales, casi 2 de cada 3 funcionarios de los 22 Ministerios han estado teletrabajando, en total 109.000 funcionarios de Hacienda  (el 85% de sus funcionarios, casi 30.000, han trabajado desde casa), Seguridad Social (20.300 teletrabajando), Ciencia e Innovación (14.000 teletrabajando y el Ministerio con más videollamadas: 12.300), Defensa (8.420 teletrabajando y 7.859 presenciales), Trabajo (7.690), Transición Ecológica (5.835), Política Territorial (5.102), Transportes (4.000 teletrabajando) o Interior (2.500 teletrabajando y 23.727 trabajando en las calles, comisarías y prisiones), sin olvidar el esfuerzo adicional de teletrabajo hecho por las autonomías (numerosas inversiones en equipos y licencias).


A finales de abril, el Gobierno amplió dos meses más la recomendación del  teletrabajo, hasta el 21 de junio. Y en el caso de la Administración central, el Gobierno ha pactado con los sindicatos que “la vuelta al trabajo presencial será gradual”, priorizando el teletrabajo. Sólo está previsto que se abran las oficinas al público (Seguridad Social, Agencia Tributaria y SEPE) en la fase 2 de la desescalada, a partir del 25 de mayo (más tarde en Madrid y Barcelona), siempre con cita previa. Y posteriormente, en la “nueva normalidad”, está previsto “flexibilizar los horarios de los funcionarios”, para impedir aglomeraciones a la entrada y salida y facilitar la conciliación. Y manteniendo lo más posible el teletrabajo.


Al final, el coronavirus ha permitido que el teletrabajo avance en dos meses lo que no se preveía que hiciera en años. Pero hay que aprender de los errores con los que se ha implantado, derivados de la improvisación y la falta de Planes en las empresas y en la Administración. Urge aprobar una Ley sobre el teletrabajo, que asegure unas bases mínimas y garantice unos derechos laborales a los teletrabajadores. Y en paralelo, cada empresa y cada convenio deben aprobar Planes de teletrabajo, detallando tareas, procesos y flexibilidad organizativa, los equipos y las herramientas informáticas necesarias, la gestión de los recursos humanos y la ciberseguridad de los procesos. Esto obligará a todas las empresas y organismos a rediseñar los sistemas de trabajo, en colaboración con los trabajadores, que no pueden perder derechos. Y destinar horas y medios a la formación digital del personal, para corregir el retraso actual.


Ya nada será igual en el trabajo tras el coronavirus. Y el teletrabajo debe consolidar el salto dado, porque tiene varias ventajas: puede aumentar la productividad y eficacia de las empresas, ayuda a la conciliación familiar y beneficia al medio ambiente (al reducir los desplazamientos al trabajo). Además, los españoles quieren teletrabajar: a 7 de cada 10 trabajadores (el 68,6%) les gustaría teletrabajar, según el estudio realizado por Randstad. Y los que más lo piden  son los trabajadores con familia (el 78% de los que tienen entre 25 y 45 años), porque permite conciliar. Eso sí, los expertos defienden un teletrabajo que compatibilice el trabajo en casa con acudir presencialmente a la empresa algunos días, para mantener el contacto personal y facilitar el trabajo en equipo.


El teletrabajo es una exigencia sanitaria mientras no exista una vacuna eficaz contra el coronavirus pero es también una herramienta clave para la reconstrucción económica, porque puede aumentar la productividad y la competitividad de nuestras empresas. Pero hace falta un Plan nacional de teletrabajo, que facilite las inversiones necesarias y sobre todo la formación, para que no se queden atrás los que tienen contratos más precarios y están tecnológicamente menos preparados, que son los que ahora sufren más la emergencia económica, porque no pueden teletrabajar o están en sectores con poco margen para el trabajo a distancia (turismo, hostelería, construcción). Hay que aprovechar lo aprendido estas semanas y los errores cometidos para avanzar mañana, cuando la tentación sea seguir igual y no invertir en equipos y formación para consolidar el teletrabajo. Y no sólo en las empresas, también en la Administración, en la educación, en la sanidad. Aprovechemos el gran salto digital que hemos dado y sigamos avanzando. A golpe de clic.

jueves, 26 de marzo de 2020

España: retraso digital empresas y trabajadores


El coronavirus nos ha pillado muy vulnerables digitalmente, por el escaso peso del teletrabajo y el comercio electrónico. Pero el problema no es coyuntural, sino de futuro: Internet y las tecnologías digitales están revolucionando la economía y las empresas, en una nueva revolución industrial. Y en este reto, donde los paises se juegan su competitividad y empleo, España está muy retrasada, sobre todo “microempresas” y pymes: apenas usan las tecnologías digitales y no venden por Internet. Y casi la mitad de los trabajadores carecen de competencias digitales. Todo ello porque España apenas invierte en tecnología, sobre todo las empresas. La Comisión Europea alertó en febrero sobre esta “asignatura pendiente” de España, que exige más recursos y formación para no perder “el tren digital”. Antes del coronavirus, el Gobierno Sánchez preparaba un Plan de formación digital y otro para digitalizar la Administración, más ayudas a las empresas. Ahora, para la reconstrucción del país, necesitaremos más la tecnología. O logramos una economía más digitalizada o no competiremos. Nos jugamos el futuro ahora


enrique ortega

A nivel global, como país, España no sale tan mal parada en competencia digital. En el último “examen” realizado por la Comisión Europea, el DESI 2019, España ocupa el puesto 11º de los 28 paises UE en competitividad digital. Somos la 5ª potencia económica europea, pero en competencias digitales estamos por detrás de paises económicamente más débiles como Finlandia (el líder digital en la UE), Suecia, Holanda, Dinamarca, Reino Unido, Luxemburgo, Irlanda, Estonia, Bélgica y Malta. Pero superamos digitalmente a Alemania (el 12º del ranking), Austria, Lituania, Francia (el 15º) e Italia (el 24º en el ranking digital UE. Esto es posible porque España destaca en conectividad (el 9º de los 28), porque tenemos la mayor red de fibra óptica de Europa y la quinta del mundo, y, sobre todo, en servicios públicos digitales (somos el 4º país del ranking), básicamente por la agilidad para pagar impuestos y sacar citas médicas online. Pero fallamos en la integración de la tecnología digital en las empresas (puesto 10º), el uso de Internet (puesto 11º) y, sobre todo, en el capital humano, que carece de competencias digitales (puesto 17º de 28 paises).


Esta es la primera asignatura pendiente en el examen digital de España, la escasa formación digital de los españoles. Casi la mitad  (el 55%) de la población adulta (16-74 años) tiene competencias digitales a nivel básico y sólo el 32% las tiene por encima, mientras sólo el 58% tiene conocimientos de software (al menos a nivel básico). La realidad es que las empresas han abandonado la formación digital de sus trabajadores, como demuestran estos datos, aportados en este reciente estudio de UGT: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales. Y del total de la población, 12 millones (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones (21%) sólo acredita habilidades digitales básicas, lo que dificulta encontrar empleo a medio y largo plazo (un empleo más especializado) a más de la mitad de los españoles.


Además de tener unos trabajadores poco formados digitalmente, España tiene otro hándicap: tenemos pocos empleados cualificados en TIC (tecnologías de la información y comunicación): el 2,9% de todos los empleados, frente al 3,7% de media en Europa (por lo que ocupamos el puesto 18º de los 28 paises UE), según el DESI 2019. Y lo que es peor: sólo el 17,5% de las empresas españolas contratan expertos en TIC, el porcentaje más bajo desde que hay datos, según el estudio de UGT. El sindicato sale al paso del “mito” de que las empresas no contratan expertos digitales “porque no los encuentran”, aportando este dato oficial (INE): sólo un 3,3% de las empresas han tenido problemas para cubrir vacantes TIC.


Si la primera asignatura pendiente de España es la escasa formación digital, la segunda es que las empresas españolas  tienen un escaso nivel de digitalización, tanto en implantación, uso y aprovechamiento de las TIC, como en innovación y en gasto en investigación (I+D), según demuestra el documentado estudio de UGT “Digitalización de la empresa española”. Como primera conclusión, España  se encuentra en “el furgón de cola” (ocupamos el puesto 22 de 28 paises UE) de las empresas con alto nivel de intensidad digital: el 13% del total, frente al 18% en la UE-28, el 21,7% en Reino Unido, el 16,4% en Francia o el 14,8% en Francia. Y ocupamos el 24º puesto europeo ( solo por detrás de Estonia, Croacia, Hungría y Lituania) en el ranking de paises con más empresas de bajo nivel digital: el 56,8% % del total, frente al 45,8% en la UE-28, el 38,4% en Reino Unido, el 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia. Y hay una presencia sólo testimonial de empresas españolas en las tecnologías digitales más vanguardistas (cloud computing, big data, robots e impresoras 3D). 


Empecemos por el escaso uso empresarial de las TIC. El 99,26% de las empresas tienen ordenadores con conexión a Internet (el 98,39%), pero menos de dos tercios de sus empleados usan el ordenador para trabajar (el 60,37%) y sólo algo más de la mitad (el 53,45%) usan Internet para trabajar (y sólo el 30% de los empleados españoles usan Internet en dispositivos móviles para trabajar), según datos del INE. Esto supone “abandonar” a la mitad de las plantillas (son muy vulnerables) ante un futuro proceso de automatización de tareas.


Sólo tres de cada cuatro empresas españolas (el 78,16%) tienen página web, lo que nos coloca en el puesto 17 de los 28 paises UE. Pero es mucho menor entre las micropymes (menos de 10 trabajadores: el 95% de las empresas españolas), similar entre las pymes (75,79%) y mayor entre las medianas (88,11%) y grandes (95,60% tienen web). Pero ojo, son muchas menos las empresas que venden por Internet: un 20,36%, lo que nos sitúa en el puesto 11 de los 28 paises UE. Y sólo venden por Internet el 5,81% de las micropymes, el 18,17% de las pymes, el 28,86% de las medianas y el 41,68% de las grandes empresas. Si vamos a herramientas TIC más sofisticadas, el porcentaje de usuarios baja: 28,08% de empresas españolas que usan “la nube (“Cloud computing”), por lo que ocupamos el puesto 22 en la UE, 8,31% de empresas que utilizan el “Big data” (puesto 15 de 28 paises UE), 10,96% que usan robots o el 3,24% que usan impresoras 3D (puesto 18 en la Ue-28). Eso sí subimos al puesto 12 europeo en el uso de redes sociales por las empresas (el 52,94%, un 80% las grandes). 


La primera consecuencia de esta escasa utilización de las herramientas digitales es que las empresas no se gastan dinero en formar a sus plantillas, lo que las condena a seguir teniendo la baja formación digital ya reseñada. Y muchas veces, advierte UGT, cuando invierten en nuevas tecnologías no es para mejorar su competitividad sino para reducir costes laborales (ejemplo: cajeros o gasolineras). La otra consecuencia es que, como no apuestan por la digitalización, no invierten en ella. Es más, recortaron de tecnología con la crisis y no han  invertido apenas con la recuperación y los beneficios. Así, el gasto empresarial en TIC cayó un 25% en 2019 (de 4.300 a 3.200 millones) y es incluso menor al que las empresas hacían en 2009, según los datos del INE aportados por UGT. Además, este gasto está concentrado en grandes empresas (2.195 millones) y en dos sectores, telecomunicaciones e informática, siendo mínimo en las TIC más vanguardistas.


Si el uso de las TIC es muy escaso, y nos aboca a una situación de “irrelevancia competitiva”, tampoco estamos mucho mejor en innovación empresarial, según revela la última Encuesta de innovación de las empresas del INE (septiembre 2019). Primero, tenemos pocas empresas innovadoras: el 0,83% del total, el porcentaje más bajo desde 2005. Segundo la intensidad innovadora es inferior a la de 2010. Y tercero, esto se explica porque el gasto en innovación de las empresas se ha recortado un 25% en 9 años, pasando de un máximo de 20.000 millones en 2008 a casi 15.000 en 2017. En consecuencia, España está ahora en peor posición relativa en innovación que en 2013, en los principales índices internacionales: el índice European Innovation Scoreboard (del puesto 16 hemos pasado al 19º), en el índice Global Innovation Index (del 26º al 29º) y en el Bloomberg Innovation Index (del 27º al 30º).


En definitiva, que la recuperación económica y el aumento de los beneficios empresariales no se han traducido en una mejora sino en un deterioro de la innovación empresarial. Y no ayuda la caída de la inversión en investigación, tanto el gasto público en Ciencia (6.372 millones) como el gasto empresarial (7.729 millones en 2017, menos que los 8.074 de 2008). Ya no es sólo que las empresas gasten menos en investigación (un 0,67% del PIB frente al 0,74% que gastaban en 2008) sino que además hay un tercio de empresas menos investigando (10.179 frente a 15.049 en 2008) y tienen el mismo personal en investigación que antes de la crisis. En resumen, “una década perdida” para la investigación empresarial (2008-2018), que confirma un tremendo retraso internacional en investigación de nuestras empresas: ocupan el puesto 29 de 42 paises analizados por la OCDE y el puesto 17 de los 28 paises de la UE. Un retraso en I+D que se suma a la escasa utilización de las TIC y al retroceso en la innovación, tres frenos para afrontar la urgente transformación digital que necesita nuestra economía para competir en el mundo.


Todos estos indicadores sitúan a España por detrás de las 19 economías más digitalizadas del mundo (pilotadas por Suecia, Suiza, Reino Unido, Bélgica, EEUU y Dinamarca), encabezando el segundo grupo de paises tecnológicamente más avanzados (con Eslovenia, Japón, Corea, Portugal, Islandia y Luxemburgo), según los distintos indicadores mundiales que estudia el informe “España Nación Digital” 2019, de aDigital, que también señala el escaso talento digital y el uso de las TIC como los dos mayores problemas de España.


Este problema, el bajo nivel digital de España, es advertido por la Comisión Europea año tras año. En su último informe “España 2020”, publicado en febrero, las autoridades comunitarias alertan otra vez sobre “la escasa utilización de las nuevas tecnologías que hacen las pymes españolas” (recordemos: son el 98% de todas nuestras empresas), la falta generalizada de capacidades digitales de los españoles y la escasez de especialistas TIC (señalando que si son sólo el 2,9% de los ocupados, entre las mujeres son sólo el 1,1%). Y piden al Gobierno español, más recursos y más formación en digitalización, mientras prometen movilizar más de 20.000 millones de euros en los próximos años para que Europa “plante cara” a EEUU y China en la inexorable revolución digital.


En España, el nuevo Gobierno dice que apuesta por esta revolución digital y para demostrarlo ha creado una vicepresidencia, como pedía el sector, la vicepresidencia de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Nadia Calviño), con dos nuevas Secretarías de Estado (Digitalización e Inteligencia Artificial y Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales). Es un primer paso, al que seguirá la aprobación de dos Planes prometidos: una “Estrategia de Formación y Alfabetización Digital”, que mejore la deficiente formación digital actual (se preparan 40 nuevos títulos universitarios y de FP en el ámbito de las TIC), y un “Plan de digitalización de la Administración”, para facilitar los trámites burocráticos a través de Internet, con la “Carpeta ciudadana” (permite acceder a todos los trámites con las Administraciones a través de un único espacio web). Además, estudian medidas para empresas y pymes, dentro de la Estrategia Industria Conectada 4.0 y la Plataforma Hada (una aplicación gratuita que permite a las empresas autoevaluar su madurez digital).


Mientras el Gobierno prepara una estrategia digital, empresas, sindicatos y expertos piden que promueva un Pacto de Estado por la Digitalización, con recursos suficientes para la formación digital de los jóvenes (desde el colegio a la Universidad), los parados y los trabajadores, incentivando a las empresas a poner en marcha Planes de transformación digital, sobre todo en las pymes y microempresas, con el objetivo de mejorar la competitividad y el empleo a medio y largo plazo. Y garantizando que los frutos de esta transformación digital no son despidos de los trabajadores más vulnerables sino una mejora de productividad que beneficie también a los trabajadores, como pide UGT.


Y en paralelo, el sindicato pide reducir la brecha digital entre las distintas regiones españolas, porque todavía hay 13 millones de españoles, que viven en 26.767 poblaciones de más de 10 habitantes, que no disponen de un acceso a Internet de calidad, según detallan en su reciente informe “Las sombras de Internet en España”. Ahí se ve que las mayores “zonas de sombra”, con deficiente acceso a Internet, se concentran en las cuatro provincias gallegas y en Asturias, más algunas zonas de Castilla y León. Y que las regiones con menos poblaciones con mala cobertura de Internet son Baleares, La Rioja y Madrid. Por eso piden un Plan para reducir la brecha digital, sobre todo en “la España vaciada”.


Todos estos Planes para digitalizar España hay que recuperarlos cuanto antes, en cuanto salgamos de la "economía de guerra" que nos impone el coronavirus. España tiene muchas asignaturas pendientes (empleo, pensiones, educación, vivienda, servicios públicos, desigualdad, pobreza…) pero una de ellas es digitalizar la economía, prepararnos para esa tremenda revolución tecnológica que va a trastocar todo, si queremos competir y no perder empleo y nivel de vida. Todos tenemos que reconvertirnos, pero sobre todo los trabajadores y las empresas, con ayuda del Estado y la Unión Europea. Partimos de una mala situación, sobre todo en formación y utilización de las TIC, con poco gasto, así que habrá que destinar más recursos y dirigir toda la enseñanza y la formación a las nuevas tecnologías, al mundo digital. Ahí es donde van a estar cada día más los negocios y empleos. Como país, no podemos perder este tren. Nos jugamos el futuro ahora. Y más tras el tsunami del coronavirus.