Europa es un continente que ahorra bastante, sobre todo los paises ricos del centro y norte. En 2024, los europeos ahorraron el 14,41% de su renta bruta disponible, aumentando su tasa de ahorro de 2023 (13,67%), según Eurostat. Se ha superado con creces la tasa de ahorro que teníamos los europeos antes de la pandemia (12,30%), aunque luego se disparó en 2020 (al 17,20% de la renta disponible) por los confinamientos y la crisis. En el caso de la zona euro (20 paises), la tasa de ahorro fue mayor: un 15,30% de la renta disponible, otro récord desde la pandemia (18,70% en 2020). Y esta alta tasa de ahorro en la zona euro contrasta con la baja tasa de Estados Unidos, donde ahorraron la tercera parte que en la zona euro (el 5,2% de su renta disponible). En general, los estadounidenses ahorran menos y gastan más, comprando más fuera (alto déficit comercial) y endeudándose : tienen una deuda pública y privada de las más altas del mundo, que financia el ahorro del resto del mundo.
lunes, 21 de abril de 2025
Crece el ahorro de los hogares (¿milagro?)
Europa es un continente que ahorra bastante, sobre todo los paises ricos del centro y norte. En 2024, los europeos ahorraron el 14,41% de su renta bruta disponible, aumentando su tasa de ahorro de 2023 (13,67%), según Eurostat. Se ha superado con creces la tasa de ahorro que teníamos los europeos antes de la pandemia (12,30%), aunque luego se disparó en 2020 (al 17,20% de la renta disponible) por los confinamientos y la crisis. En el caso de la zona euro (20 paises), la tasa de ahorro fue mayor: un 15,30% de la renta disponible, otro récord desde la pandemia (18,70% en 2020). Y esta alta tasa de ahorro en la zona euro contrasta con la baja tasa de Estados Unidos, donde ahorraron la tercera parte que en la zona euro (el 5,2% de su renta disponible). En general, los estadounidenses ahorran menos y gastan más, comprando más fuera (alto déficit comercial) y endeudándose : tienen una deuda pública y privada de las más altas del mundo, que financia el ahorro del resto del mundo.
jueves, 28 de diciembre de 2023
Ayudas parciales contra una inflación menor
Al acabar este año 2023, la inflación ya no preocupa tanto como en 2021 y 2022. El IPC de noviembre, reflejaba una inflación anual del +3,2%, superior a la de este verano (con un mínimo del +1,9% en junio) pero mucho menor a la inflación que hemos soportado desde el verano de 2021: +6,5% en diciembre de 2021, +9,8% en marzo de 2022 (tras la invasión de Ucrania el 24-F), más del 10% de inflación en junio (+10,2%), julio (+10,8%, el máximo) y agosto de 2022 (+10,5%), para bajar al +5,7% en diciembre de 2022 y seguir luego bajando en 2022, hasta el +3,2% actual. Y aunque puede repuntar algo en diciembre, no se espera que supere el +3,4%, la inflación más baja desde diciembre de 2020 (-0,5%).
lunes, 11 de septiembre de 2023
Parón político... y económico
A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%).
jueves, 9 de marzo de 2023
2007-2022: la economía mejor, el consumo peor
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| Enrique Ortega |
La economía española parece haber sorteado bien las tres últimas grandes crisis (financiera de 2008, la pandemia de 2020-21 y la inflación disparada de 2021-22). Al menos eso refleja el gran indicador que se utiliza para medir el avance de una economía, el PIB (el valor de lo que produce un país): si en 2007 España produjo por valor de 1.075.539 millones, el año 2022 se cerró con una producción de 1.328.922 millones de euros. O sea, que el PIB ha crecido un +23,55% desde antes de estallar la crisis financiera. Y otro indicador clave, el empleo, se ha casi recuperado: en septiembre de 2007 trabajaban en España 20.753.400 personas y a finales de 2022 trabajaban 20.463.900, sólo 289.000 ocupados menos, que a cambio tienen ahora contratos menos precarios.
Así que tenemos un país que produce más y da empleo a casi las mismas personas, lo que nos convierte en un país más productivo, que produce más por habitante: si en 2007, el PIB por habitante era de 24.800 euros, ahora, a finales de 2022, España producía un 12,5% más (27.910 euros). Pero ojo, en estos 15 años, la producción ha cambiado: un tercio se debe a las exportaciones, que crean empleo y consumo en otros paises, no en España. Y una parte de esa producción se ha ido a mayores beneficios empresariales, a inversión e impuestos, no a los salarios de los trabajadores. Eso explica que muchas personas no sientan que su bienestar ha mejorado desde 2007. Y los datos de su consumo lo corroboran.
El indicador que mejor mide el bienestar de un país no es tanto su PIB ni su empleo sino el gasto en consumo que hacen los hogares. Y este indicador refleja que los españoles no hemos recuperado el nivel de consumo que teníamos antes de la crisis financiera. Así, en 2007, un español gastaba 22.800 euros y a finales de 2021 gastó 17.100 euros (descontada la inflación, en euros constantes de 2016), un 25% menos, según un reciente estudio de Ivie y la Fundación BBVA. Y si añadimos 2022, el consumo real per cápita se quedó en 17.713 euros a finales del año pasado, lo que da una caída del consumo real por habitante del -22,3% entre 2007 y 2022. Así que nuestro gasto real ha caído en estos 15 años.
La mayor caída en este consumo real de los españoles (lo que gastan, descontando la inflación) se dio entre 2007 y 2014, en lo peor de la crisis financiera, cuando el consumo por habitante cayó de 22.800 euros (2007) a 17.200 euros (2013 y 2014), una caída del -24,56% causada por la pérdida de empleos (-3,7 millones), la reducción salarial de muchos trabajadores y la incertidumbre económica, según el estudio de Ivie y Fundación BBVA. En el periodo siguiente (2014-2019), la recuperación de la economía no fue suficiente y el consumo sólo mejoró un +7%, alcanzando un gasto de 18.400 euros por habitante (todavía un -19,3% menor al de 2007). Y en esto llegó la pandemia (2020-21) y se disparó la inflación (2021-2022), con lo que el consumo real (descontando la inflación) de los españoles volvió a caer, hasta 16.500 euros en 2020, para recuperarse algo en 2021 (17.100 euros) y 2022 (17.713 euros), pero no suficiente, quedando un 22,3% por debajo de 2007.
Esta caída del consumo real de los españoles entre 2007 y 2022 ha sido desigual, afectando más a algunas familias, según el estudio de Ivie y Fundación BBVA. Así, los que más la han sufrido han sido los adultos con hijos dependientes, cuyo consumo real ha caído de 22.600 euros que gastaban en 2007 a 17.100 que gastaron en 2021 (-26,5%). Y los que se han visto menos afectados son los adultos mayores de 65 años: su consumo ha pasado de 17.800 euros que gastaban en 2007 a 17.600 euros de gasto real (-1,12% solamente). En el medio, los adultos sin hijos dependientes, cuyo consumo ha caído algo menos (-25,8%) que los que tienen hijos, de 24.000 euros (2007) a 17.800 (2022). Como se ve, las personas mayores tenían un bajo nivel de consumo en 2007, pero la revalorización de sus pensiones les ha permitido tener ahora un nivel de consumo similar al resto de españoles.
La caída del consumo real en los últimos 15 años ha sido desigual no sólo por tipo de familias (afectando más a los adultos con hijos y a los más jóvenes), sino que también ha sido muy desigual según el nivel de ingresos, señala el estudio de Ivie y Fundación BBVA. Así, en el 20% de los españoles con menor consumo (los más desfavorecidos), se redujo más el consumo que en el resto y aumentó más su desigualdad, por el mayor efecto del paro durante la crisis y el menor aumento del empleo posterior, su menor nivel de ahorro y el mayor gasto en los productos y servicios que más están subiendo precios (alimentos y energía). En cambio, en el 20% de españoles más favorecidos, la caída del consumo fue menor y han mejorado su posición en estos 15 años, tras las tres crisis.
La Comisión Europea considera este dato, el consumo individual real per cápita, como el mejor indicador del bienestar de los hogares europeos. Y publica un mapa donde se ve la situación de cada país, según su nivel de consumo comparado con la media de los 27 (índice 100). Esta estadística de Eurostat sitúa a España en el tercer pelotón de consumo (y bienestar), los que tienen un consumo entre un 11 y un 20% por debajo de la media: Eslovaquia (87%), España (85% del consumo medio UE-27), Chequia (85%), Polonia (84%), Portugal (83%), Malta (81%) y Rumanía (82%), sólo por delante del 4º grupo, los que tienen menos consumo real (Grecia, 76%, y 6 paises del Este). En cabeza del ranking UE están los 9 paises que consumen más que la media europea: Luxemburgo (índice 146 sobre 100), Dinamarca (121), Alemania (120), Paises Bajos (117), Bélgica (115), Suecia (113), Finlandia (112) y Francia (111). Y en el 2º grupo, por delante de España, los que tienen un 10% menos del consumo medio UE: Italia (97), Lituania (96), Chipre (95) e Irlanda (90).
A Bruselas le preocupa que 16 paises europeos no hayan recuperado (en 2021, último dato de Eurostat) el nivel de consumo por habitante de antes de la pandemia, que estaba (en la UE-27) un -4,1% por debajo del de 2019. Y España es el 2º de estos paises, con un -9,7% de consumo, tras el -14% de Malta y por encima de la caída de consumo de Austria (-8,4%), Portugal (-6,8%), Italia (-6,7%), Alemania (-4,9%) y Francia (-2%). Esto explica que muchos europeos no sientan que han salido de la última crisis, a pesar de la mejoría del PIB…
¿Por qué la economía
va mejor pero los ciudadanos no lo notan? Hay una serie de factores que lo explican: subida de
precios, depreciación de los salarios, menos
horas de trabajo, más temporalidad, precariedad del empleo (“uberización”
del trabajo), menor presión sindical, reforma laboral de 2012 y un
mayor peso de la exportación, que aumenta el PIB y las ventas fuera pero no
el consumo en España. Pero el factor clave para explicar la caída del consumo
real de los españoles es el
comportamiento de los salarios.
Veamos los datos. El salario medio bruto mensual ha pasado de 1.643,46 euros en 2007 a 2.086 en 2021, según el Decil de salarios de la EPA. Eso supone que el salario medio bruto de los españoles ha subido estos 14 años un +26,96%. Pero, en contrapartida, la inflación ha subido en estos años un +28,1%. Balance: el salario real ha caído un -1,14%. En definitiva, en realidad ganamos menos y por eso consumimos menos. Esta pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores españoles es más evidente en los dos últimos años: en 2020 se perdió un --1,6% (1,53% subieron los salarios y 3,1% la inflación) y en 2021 otro -5,62% (2,78% de subida frente al 8,4% de inflación), o sea -7,22% en total. Y antes, entre 2012 y 2022, la pérdida de poder adquisitivo fue del -4,25%. Y como los salarios españoles son más bajos que la media europea (17 euros la hora frente a 21,9 euros en la UE-27, 21 en Italia, 25,7 en Francia y 29 en Alemania), pues aquí tenemos menos consumo real.
Esta “devaluación salarial” en España, con menores ingresos reales que en 2007, choca con la mejoría de los beneficios empresariales. Por un lado, han crecido un 21% en 2022 (tras otra subida del 13% en 2021), siete veces más que los salarios, según el Banco de España. Y por otro, los salarios han perdido peso en el reparto del pastel de la renta: se llevaban el 50,5% del PIB en 2008 y han caído al 46,87% en 2022, según la Contabilidad Nacional del INE. Y enfrente, los excedentes empresariales, han caído sólo del 44,28% al 43,2% (el resto de la tarta que ha crecido son los impuestos).
Otro factor que explica la caída del consumo es el aumento del ahorro, que se ha disparado con las últimas crisis, como una forma de afrontar mejor las incertidumbres, con “la hucha” más llena ante lo que pueda venir. Este aumento del ahorro se ha dado sobre todo en 2020 y 2021, a raíz de la pandemia y el despegue de la inflación: entre estos dos años se creó una bolsa de ahorro nuevo de 110.000 millones (70.000 en 2020 y 40.000 en 2021), que se lograron a costa de restringir el consumo. Pero luego, en 2022, el ahorro se desplomó, porque la elevada inflación obligó a muchos españoles a “tirar de sus ahorros” para mantener el consumo. Y además, muchos se endeudaron (con créditos o tarjetas) para intentar mantener su nivel de consumo, que creció un 4% en 2022.
Otros factores que también han ayudado a sostener el consumo en 2022 (tras la fuerte caída en 2020 y 2021) han sido las ayudas de familiares y amigos a las familias más desfavorecidas, y las ayudas públicas, desde subsidios al ingreso mínimo vital. Pero los expertos coinciden en que estas ayudas públicas (desde el descuento de carburante a la bajada del IVA en la luz o los alimentos básicos) no son eficaces, porque ayudan más a las familias con recursos medios y altos (que consumen más) y no tanto a las más desfavorecidas, razón por la que la Comisión Europea, el FMI y la OCDE defienden priorizar las ayudas directas (subvenciones, cheques) al consumo de las familias con menos ingresos.
El problema en el último año es que la inflación disparada afecta más a las familias más desfavorecidas, porque consumen proporcionalmente más aquellos productos y servicios que más se encarecen. Así, los gastos en alimentación suponen un 19,17% del gasto total para los que ganan entre 500 y 999 euros, un 18,51% para los que ingresan entre 1.000 y 1.500 euros y sólo el 15,19% para los que ganan de 3.000 a 5.000 euros, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE (2021). Y los gastos de vivienda, electricidad, agua y otros combustibles suponen el 45,5% del gasto para los que ganan entre 500 y 999 euros, un 39,12% para los que ganan entre 1.000 y 1.500 euros y sólo el 30,7% para los que ingresan entre 3.000 y 5.000 euros. Así que la inflación va por barrios…
En definitiva, que la recuperación de la economía (que es un hecho en 2021 y 2022, aunque haya que esperar a 2023 para recuperar el PIB de 2019) no la notan muchos españoles en su consumo diario. Ya lo señalaba el INE, con la Encuesta de Condiciones de Vida de 2021: el 8,6% de los españoles llega a fin de mes con mucha dificultad, el 12,3% con dificultad y otro 22,8% con cierta dificultad. Sumando, daba un 43,7% con algún problema para llegar a fin de mes, casi tantos como en 2019 (el 47,9%) y como en 2007 (47,5%), lo que revela una débil mejoría en 15 años. Y con datos más actuales, de marzo de 2022: un 36% de españoles llegan justos a fin de mes y otro 16,2% no consigue llegar a fin de mes, según la última Encuesta de 40dB para El País.
Así que la economía irá mejor (los datos macro lo aseguran), pero la situación de una buena parte de españoles sigue siendo preocupante y les cuesta mantener su nivel de vida, con un consumo real que es menor al de hace 15 años. Sobre todo, a las familias con hijos y a los jóvenes. Estos datos (inapelables) deberían forzar a los políticos y fuerzas sociales a llegar a acuerdos para mejorar el bienestar de los españoles, sobre todo los que lo están pasando peor. No hay “una medida mágica”, sino que se debe actuar en distintos ámbitos: aumento del empleo de calidad, mejora de la formación y los incentivos a la contratación de jóvenes y mujeres, rebajar el precio de los alquileres aumentando el parque de viviendas, reducir los márgenes empresariales injustificables, mejorar los salarios más bajos, ampliar el ingreso mínimo vital y, sobre todo, centrar las ayudas públicas en subsidios directos a las familias más desfavorecidas. No pensar tanto en el PIB y pensar más en mejorar la vida cotidiana de los españoles. La economía está para eso.
jueves, 24 de junio de 2021
A gastar tocan
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| Enrique Ortega |
La pandemia ha disparado el ahorro en todo el mundo, por el confinamiento, la menor movilidad y el miedo al futuro, aunque muchas familias no han podido meter en la hucha porque han perdido ingresos y empleos. En conjunto, el mundo ha ahorrado 4,5 billones de euros durante la pandemia, el 6% del PIB mundial, según Moody´s. Un ahorro que ha sido desigual, por paises y por familias. Ha sido mayor en Estados Unidos (1,35 billones), por los enormes estímulos aprobados por el Gobierno (4 billones de euros en un año) y menor en Europa (400.000 millones ahorrados). Y por paises, los que más han ahorrado durante la pandemia han sido EEUU (el 12% de su PIB), Reino Unido (10%), Canadá (9,5%) y España (8% del PIB), por delante de la media mundial (6% del PIB) y la europea (4,4% del PIB ahorrado), también más que Alemania o Italia (6%) o Francia (5%).
La otra característica del ahorro durante la pandemia es que ha sido muy desigual por familias, concentrándose más en los hogares con ingresos medios y altos, que son los que han visto reducir menos sus ingresos. De hecho, en EEUU, dos tercios del ahorro total se han concentrado en el 40% de familias con más ingresos, según Moody´s. Y lo mismo ha pasado en Europa y España, donde la pandemia ha disparado el ahorro pero también la desigualdad. Dos datos reveladores. Uno, en 2020, el mundo ha sumado 5,2 millones de millonarios en dólares (han subido de 50,9 a 56,1). Y dos, en España hay ya 1.147.000 millonarios (tienen más de 1 millón de dólares), según el informe de Credit Suisse.
En España, el ahorro de las familias se ha disparado con la pandemia: los hogares han ahorrado el 14,8% de su renta disponible en 2020, según el INE, el mayor porcentaje en este siglo y desde que se tienen estadísticas, más del doble de lo que ahorraron en 2019 (el 6,3%), a pesar de que las familias ingresaron menos (-3,3%). El ahorro fue a más trimestre a trimestre, disparándose sobre todo en el último trimestre (ahorraron un 19% de su renta en plenas Navidades) y alcanzando un ahorro total de 108.844 millones en todo 2020. La mayor parte de este ahorro (67.200 millones) fue a los bancos, a cuentas y depósitos, donde los españoles tenían a finales de 2020 un total de 919.054 millones depositados, un récord histórico. Y otra parte (37.000 millones) lo invirtieron en Bolsa y Fondos, aprovechando la gran bajada de cotizaciones de los valores el año pasado. Y el mayor ahorro se ha concentrado durante la pandemia en las rentas más altas, según este informe del Banco de España.
Este “ahorro embalsado” de las familias durante la pandemia empieza a gastarse ahora, desde marzo de 2021, según varios indicadores sobre consumo y ventas. Y se ha confirmado en mayo, con un aumento del gasto en tarjetas del +19% sobre mayo de 2019, según los datos de clientes de CaixaBank y BBVA. Este repunte del consumo, alimentado por el ahorro generado durante la pandemia, lo hemos visto en bares y restaurantes, en tiendas y en los viajes de fin de semana. Ahora se espera que el repunte del consumo aflore con las rebajas de julio, donde tiendas y grandes almacenes esperan un fuerte aumento de ventas (han contratado a 140.000 personas), aunque todavía serán menores a las de 2019. Y queda recuperar la venta de electrónica, bienes de consumo duradero y, sobre todo, las ventas de coches, que todavía son un 36% inferiores a las de 2019 (enero-mayo).
La esperanza es que el ahorro embalsado durante la pandemia aflore más este verano y sea “la gasolina” para un fuerte repunte del consumo en el tercer trimestre, que se mantenga después en Navidades. La previsión de BBVA Research es que el consumo de las familias crezca este año un +6,1%, tras haber caído un -12,1% en 2020, según el INE. Y que se mantenga creciendo un +6,8% en 2022, consiguiendo recuperar el nivel de consumo anterior a la crisis en el 2º semestre del año que viene, no antes. Y este repunte del consumo de las familias es clave para conseguir la recuperación de la economía, porque supone el 57,3% del crecimiento del PIB español. El resto del crecimiento esperado (+5,5% en 2021) tiene que venir de las exportaciones, el consumo público y la inversión (pública y privada), alimentada por un Presupuesto expansivo y los Fondos europeos (19.000 millones este año).
Para relanzar este consumo de las familias, un factor clave son las vacaciones de los españoles. El objetivo del sector turístico (Exceltur) es conseguir un 90% de la ocupación turística del turismo nacional que hubo en 2019. De momento, parece que hay “ganas de irse de vacaciones”, tras tantos meses de escasa movilidad, aunque no todo el mundo piensa en viajar este verano: sólo lo harán el 71% de los españoles, según una reciente encuesta del Observatorio Nacional de Turismo emisor. El 29% restante no viajará, la mayoría por su situación económica (el 40%), otros por miedo a la pandemia (el 24%), un 15% más porque “así” no les resulta atractivo viajar y el resto porque trabajan o no pueden. Del 71% de españoles que sí viajarán este verano, la mayoría (77%) se quedará en España y optarán por el clásico “sol y playa” pero también por “destinos rurales”. La mayoría se irá de vacaciones en coche (79%) o avión (20%), una semana (56%) y sólo unos pocos (18%) dos semanas. Un tercio irá a un hotel (32%), otros tantos (32%) a su apartamento, un 22% a un apartamento, un 6% a una casa rural y un 4% a un camping (4%). Y gastarán de media 566 euros por persona, bastante menos que en 2019 (719 euros por persona).
Los españoles suponen la mitad del negocio del sector turístico. La otra mitad del gasto lo hacen los extranjeros, que este verano volverán en parte: se esperan 45 millones de turistas extranjeros este año, más del doble que en 2020 (18,96 millones) y algo más de la mitad de turistas que antes de la pandemia (83,7 millones en 2019). Y su gasto salvará parte del negocio turístico español este año: los extranjeros podrían gastar 40.000 millones de euros en 2021, según Exceltur, el doble que el año pasado y menos de la mitad del gasto que hicieron los turistas extranjeros en 2019 (92.237 millones).
Ante este repunte del consumo de las familias, los bancos se preparan para aprovecharlo y financiar parte de las compras y viajes. Ya hay una “mini-guerra” entre las entidades con ofertas de créditos personales, un negocio que les deja altos márgenes, con tipos que rondan el 7,90% TAE (cuando el dinero les cuesta el 0%). Se trata de créditos preconcedidos a los clientes vinculados y créditos rápidos, de 2.000 a 60.000 euros, algunos con una “tarifa plana mensual” a cambio de cero intereses. Y la otra vía de financiación son las tarjetas de crédito, cuyo uso ha crecido un 10% en los últimos meses. Aquí, muchas entidades tratan de colocar a los clientes las tarjetas “revolving”, que parecen más fáciles de pagar (se paga una cantidad al mes, no todo lo gastado en el mes anterior, como los tarjetas de crédito tradicionales) pero que en realidad son un crédito que se renueva mes a mes, a costa de altísimos intereses, que llegan hasta el 20% TAE (a partir de este 20%, el tipo de interés sería “usurario”, según la sentencia del Supremo) y más, según denuncian asociaciones de consumidores.
Los bancos también han redoblado su oferta de hipotecas, para aprovechar una mayor demanda ahora, pasado lo peor de la pandemia y aprovechando la bajada de algunos pisos. En marzo de 2021 se concedieron 36.886 hipotecas sobre viviendas, un 35,1% más que un año antes, con un importe medio de 137.129 euros por hipoteca. Aquí, la batalla de la banca es conseguir que los clientes firmen una hipoteca a tipo fijo, a un tipo medio que ronda el 2,75% TAE, en lugar de una hipoteca a tipo variable, que está al Euribor+0,99% (-0,486 el Euribor hoy más casi un 1% da un TAE del 0,51% para estas hipotecas). Las entidades juegan con el miedo a una futura subida de tipos para colocar esas hipotecas a tipo fijo a 20 años, que ya suponen más de la mitad (el 56%) de las nuevas hipotecas que se firman.
Con el ahorro acumulado durante la pandemia y la ayuda de créditos y tarjetas, el consumo repunta en los últimos tres meses y se espera que crezca más este verano, con el tirón del turismo y las vacaciones. Este consumo de las familias es clave para sostener la recuperación y permitir una mejora del crecimiento y el empleo en la segunda mitad de 2021. Pero hay dos riesgos. Uno sanitario: si repuntan los contagios este verano, por la mayor movilidad y la llegada de turistas extranjeros, las familias podrían frenar su consumo y sus viajes, frenando la recuperación. El otro, que se dispare la inflación y se coma parte del ahorro y del gasto previsto, por una subida extra de los precios turísticos, en bares y restaurantes, en los alimentos, los carburantes y en la energía (luz). Habría que “vigilar” esos precios, evitar que algunos sectores y empresas aumenten en exceso sus márgenes para compensar lo perdido con la pandemia. Sería asfixiar el consumo y la recuperación.
A corto plazo, las “ganas de gastar” tras la pandemia va a relanzar sin duda el consumo y la economía. Pero pasadas las “ansias iniciales”, a medio plazo, el consumo necesita asentarse en una mejora de ingresos de la mayoría de las familias, lo que exige mejorar el empleo y los salarios, estancados durante la pandemia. Y, sobre todo, una mejora de las expectativas: si los hogares ven que la pandemia se deja atrás, que las empresas vuelven a facturar y a vender más, si los trabajadores salen de los ERTEs y hay más empleo, volverá la confianza y aumentará el consumo de las familias y el crecimiento del país. Eso exige tiempo y que no haya sobresaltos, ni en la salud ni en la economía. Y que empiece a notarse, en unos meses, el impacto del mayor gasto público y los Fondos europeos. Por eso, hasta finales de 2022 no volveremos a gastar ni a estar como antes de la pandemia. Paciencia.

