Mostrando entradas con la etiqueta afiliados SS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta afiliados SS. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de diciembre de 2023

Más despidos "encubiertos"

La reforma laboral, en vigor desde abril de 2022, ha reducido el empleo temporal y precario en España. Pero muchos empresarios han utilizado una “puerta trasera” para quitarse  trabajadores y seguir rotando plantillas: realizan 3 tipos de despidos, que tienen poca o nula indemnización, sobre todo si el trabajador lleva pocos meses trabajando. Uno, las bajas por no superar el periodo de prueba, que casi se han duplicado desde 2021 y eran 740.000 hasta septiembre. Otro, las bajas por despido disciplinario individual, que han crecido un +26% y superaban las 400.000 en septiembre. Y la tercera vía, las bajas individuales “por causas objetivas, que han crecido un +34% y superaban los 308.000 despidos hasta septiembre. Los sindicatos han denunciado estas vías de “despidos baratos” al Consejo de Europa y, antes de que dictamine, a principios de 2024, el nuevo Gobierno se ha comprometido a reformar estos tipos de despido, que, según la vicepresidenta Díaz les sale a las empresas “demasiado barato. Será objeto de la 2ª reforma laboral (pendiente).

                 Enrique Ortega

Cada día se hacen en España miles de contratos (42.650 diarios hasta octubre), varios por cada puesto de trabajo al año, y también miles de despidos, en un mercado laboral que no para. Y eso se traduce en miles de altas y bajas a la Seguridad Social cada día. En octubre pasado, por ejemplo, hubo 2.143.091 altas y 2.260.893 bajas a la Seguridad Social (SS), según la última estadística oficial. Otros meses, como septiembre, las altas superan a las bajas (2.443.370 frente a 2.111.209) y por eso crece el empleo neto. Concretamente, entre enero y octubre de 2023, la afiliación a la Seguridad Social creció en +500.094 afiliados (altas menos bajas), alcanzando un récord de 20.817.657 afiliados en España.

Este dinamismo del empleo y la afiliación a la SS no puede ocultar un hecho del que alertan los sindicatos desde 2022, cuando entró en vigor la reforma laboral: se han disparado las bajas a la Seguridad Social, aumentan los “despidos encubiertos”, un fenómeno que no llama tanto la atención porque han aumentado más las altas y se está creando empleo neto. Pero las bajas, los despidos, están ahí y creciendo, según revelan las estadísticas oficiales. Los sindicatos y muchos expertos consideran que son “una puerta trasera” por la que muchos empresarios cambian trabajadores y rotan plantillas ahora que les resulta más complicado hacer contratos temporales. Y denuncian que están utilizando 3 tipos de bajas que les permiten quitarse y cambiar trabajadores con poco coste, con indemnizaciones bajas o nulas. Veamos estos tres tipos de bajas cuyo uso se ha disparado desde 2022.

La primera puerta que usan ahora muchos empresarios para aumentar las bajas y rotar plantillas son las bajas de trabajadores por no superar el periodo de prueba. Siempre ha habido periodos de prueba (se deben fijar por escrito en el contrato y son unos periodos que fijan los convenios, aunque a falta de criterio suelen ser 6 meses para titulados técnicos y 2 meses para el resto) y siempre ha habido trabajadores que no los superaban. La novedad es que ahora, las bajas por este motivo se han disparado, sobre todo tras la reforma laboral: si hubo 444.722 bajas en 2020 y 552.748 en 2021, en 2022 se cerró con 893.930 (+61,7%). Y este año 2023, hasta finales de septiembre se habían tramitado ya 739.877 bajas a la SS por incumplir el periodo de prueba, casi tantas como todo el año pasado.

Estas bajas por incumplir el periodo de prueba son muy baratas para las empresas, porque el trabajador no tiene derecho a cobrar una indemnización al irse, sólo cobrará los sueldos pendientes y la parte de pagas extras y vacaciones. Y con ello, puede utilizarlo para rotar su plantilla y coger otro trabajador, ahora que resulta difícil contratar temporalmente. El trabajador despedido puede reclamar a Magistratura, si creen que el despido ha sido injusto, pero si ha estado poco tiempo en la empresa (de 2 a 6 meses), no le compensará contratar un abogado e ir a juicio por una mínima indemnización (33 días por año en caso de despido improcedente o algo más si la empresa pacta para no ir a juicio).

La segunda puerta que se está utilizando para los despidos “encubiertos” son los despidos disciplinarios individuales, cuando se justifican en “un incumplimiento grave y culpable del trabajador”, por varias causas que fijan los artículos 54 y 55 del Estatuto de los Trabajadores: faltas repetidas de asistencia o puntualidad, indisciplina o desobediencia, ofensas verbales o físicas al empresario o a otros trabajadores, “transgresión de la buena fe contractual o abuso de confianza”, disminución continuada y voluntaria en el rendimiento del trabajo (¿cómo se mide?), embriaguez habitual o toxicomanías, acoso racial, étnico, religioso o sexual… Este tipo de despidos también se han dado siempre, pero otra vez nos alertan las estadísticas oficiales de bajas por motivos disciplinarios: han pasado de 203.050 entre enero y septiembre de 2021 a 318.829 en los 9 primeros meses de 2022 y 402.010 entre enero y septiembre de 2023 (+26,1%). Y lo más llamativo: el 90,8% de estos despidos han sido a trabajadores con contrato fijo, que ahora pueden ser sustituidos por personal más barato y menos antiguo.

El abuso de esta fórmula de despido lo confirma este dato: en septiembre pasado (2023) hubo 52.166 bajas por este motivo, casi el doble que en septiembre de 2021 (27.853 bajas). Este despido disciplinario sale barato, porque el trabajador no tiene derecho a indemnización. Y aunque puede recurrir judicialmente, buscando un despido improcedente (nulo es casi imposible), sólo acabará cobrando 33 días por año trabajado (o algo más si pacta para no ir a juicio). Otra vez más, si lleva poco tiempo en la empresa, el despedido se tendrá que pensar si le compensa pagar un abogado y reclamar. Y además, si el trabajador lleva pocos años en plantilla, a la empresa le puede “compensar” pagar el coste de este despido como improcedente para disponer de su puesto para otro trabajador nuevo.

La tercera puerta que algunas empresas están utilizando para hacer despidos “encubiertos” son las bajas individuales “por motivos objetivos”, por “causas económicas, técnicas, organizativas o productivas” (causas ETOP). Tras la pandemia y la guerra en Ucrania, el Gobierno Sánchez ha tratado de limitar estos despidos “por causas económicas” para empresas, para lo que abrió la vía de los ERTE (“aparcar trabajadores” un tiempo, pagándoles el desempleo hasta que mejorara la situación del sector o empresa). Y el sistema ha funcionado (había 12.692 en agosto de 2023, cuando llegó a haber 3.617.205 en abril de 2020). Pero, a cambio, muchas empresas han utilizado las “causas económicas” para dar de baja a trabajadores, sobre todo tras la reforma laboral. Así, entre enero y septiembre se han registrado 308.606 bajas por despidos objetivos individuales, +34,11% que en esos 9 primeros meses de 2022 (230.112 bajas) y más del doble que en 2021 (146.222 bajas de este tipo entre enero y septiembre).

En este tipo de despido “objetivo”, la empresa paga al trabajador una indemnización más baja, de 20 días por año trabajado. Y si se recurre como improcedente, volvemos al tema de los 33 días de indemnización por año, que pueden compensar o no. En cualquier caso, parece que las empresas están optando más por este “goteo” de despidos objetivos uno a uno, ahora que les resulta más difícil conseguir un “despido objetivo” de un grupo de trabajadores. De hecho, las bajas por despidos objetivos colectivos (un 10% de trabajadores o más de la empresa) han sido solo 23.774 bajas entre enero y septiembre de 2023, una cifra mucho menor a la de 2021 en esos meses (42.360) y a la de 2013, en lo peor de la crisis financiera (65.781 bajas por despido colectivo entre enero y junio de 2013).

Los sindicatos llevan ya dos años alertando de este aumento de despidos “por la puerta de atrás”, que consideran un abuso y un fraude laboral de las empresas que los hacen, buscando vías alternativas (y baratas) para rotar plantillas. Ya en marzo de 2022, UGT presentó una denuncia ante el Comité de Derechos Sociales del Consejo de Europa porque consideraban que hay formas de despido que contravienen el artículo 24 de la Carta Social Europea (que España ratificó en 2021) y el Convenio 158 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). En octubre de 2022, el Comité admitió a trámite esta denuncia, a la que se sumó CCOO, con otra reclamación ante el Consejo de Europa a finales de 2022.

En su argumentación ante el Consejo de Europa, UGT reitera que la indemnización por despido en España, rebajada por la reforma laboral de Rajoy en 2012 (de 45 a 33 días por año) no compensa a los trabajadores despedidos que llevan poco tiempo empleados y que hay vías de despido (como las tres vistas ya: por no superar el periodo de prueba, por despido disciplinario o por causas objetivas) que son “demasiado baratas” para los empresarios. Por eso, los sindicatos han pedido a Europa que se pronuncie a favor de subir la indemnización por despido improcedente (de 33 a 45 días por año, con límite de 42 mensualidades) y que se fije una indemnización mínima en estos despidos, de 6 meses de salario, para compensar a los despedidos con poca antigüedad. Además, piden que se recupere el pago de los salarios de tramitación (que antes de la reforma de 2012 se cobraban habitualmente tras una sentencia de readmisión y ahora sólo en algunos casos). Y, sobre todo, que se concrete mucho más “la causalidad” de los despidos, para que no se abran “puertas traseras injustificadas” al despido, reformando la situación actual de los despidos objetivos, individuales y colectivos.

El 15 de febrero de este año, la vicepresidenta Yolanda Díaz recogió esta tesis de los sindicatos sobre las indemnizaciones y el abuso en algunos despidos, al declarar textualmente en el Congreso: “El despido en nuestro país no es caro, es demasiado barato. Es tan barato que a las empresas les sale a cuenta despedir utilizando las indemnizaciones de 33 días”. A partir de ahí, Sumar incluyó en octubre, en el acuerdo de Gobierno con el PSOE, este compromiso: “Establecer garantías para las personas trabajadoras frente al despido, dando cumplimiento a la Carta Social Europea y reforzando la causalidad en los supuestos de extinción de la relación laboral”. Una promesa de que el nuevo Gobierno legislará para cambiar la indemnización y las causas de algunos despidos.

La idea es que la reforma de los despidos sea “el corazón de la 2ª reforma laboral pendiente, tras la aprobada en 2021. No va a ser fácil, porque la patronal no quiere oír hablar de “encarecer el despido” o limitar sus causas, argumentando que iría en contra de la flexibilización en la contratación prometida a Europa en el Plan de Recuperación. Pero los sindicatos presionan y esperan que el Comité del Consejo de Europa se pronuncie en el primer trimestre de 2024. Y podría darles la razón, encareciendo el despido y limitando las causas, como ya hizo con reclamaciones sindicales similares de Francia (2 sentencias), Italia y Finlandia. Quizás la vicepresidenta Díaz y el Gobierno prefieran esperar esta decisión, para cargarse de razón frente a la patronal y tener más fuerza para reformar el despido. En cualquier caso, esta 2ª reforma laboral será más difícil que la de 2021, a la vista de la intransigencia patronal y la dureza de la oposición de PP y VOX. Pero algo habrá que hacer, para que no se abuse del despido barato como sucede ahora. La pelea, en 2024.

jueves, 13 de enero de 2022

Mayores 55 años: más empleo y más paro

A finales de 2021, España tenía ya más trabajadores afiliados a la Seguridad Social que antes de la pandemia. Hay un dato sorprendente: tres cuartas partes de los nuevos afiliados son mayores de 55 años, cuyo empleo ha aumentado en sanidad, educación, cuidados, limpieza, comercio y hostelería. Pero a la vez, los mayores de 50 años han sido los más activos en buscar trabajo durante la pandemia  y son los únicos donde ha crecido el paro, que baja en el resto de edades: hay 1.300.000 mayores sin empleo, casi el 42% del total de parados, la mitad sin trabajo desde hace más de un año. Y sin perspectivas de encontrarlo, porque el 83% de las empresas no contratan a mayores. Así que sólo les queda esperar en el paro a jubilarse, con recortes si se jubilan antes de tiempo. Ahora que crece el empleo, haría falta un Plan de choque para fomentar la formación y contratación de los mayores de 50 años. Una generación relegada.

Enrique Ortega

El año 2021 se despidió con más afiliados a la Seguridad Social que antes de la pandemia: 19.842.427 afiliados medios en diciembre, más que en febrero de 2020 (19.479.814 afiliados) y que a finales de 2019 (19.429.494 en diciembre), según los datos oficiales. Lo sorprendente es que la gran mayoría de los nuevos afiliados durante la pandemia fueron mayores de 55 años: los afiliados de esta edad aumentaron en +348.858 personas (entre diciembre de 2019 y noviembre de 2021, el último dato por edades), tres cuartas partes de todos los nuevos afiliados durante la pandemia (+465.182 entre diciembre 2019 y noviembre 2021).Entre 16 y 30 años, los afiliados crecieron sólo en 40.023 personas y entre 45 y 54 años aumentaron en 291.747 afiliados, pero bajaron -215.476 afiliados entre 30 y 44 años, los verdaderos “paganos” de la pandemia en cuanto a pérdida de empleos.

¿Cómo es que creció más la afiliación, el empleo, entre los mayores de 55 años? No hay una explicación oficial, pero podría deberse a que han aumentado las contrataciones de mayores en algunos empleos públicos, como la sanidad, la educación y los cuidados, además de la recuperación de la ocupación en el comercio y la hostelería. Y también que pueden haberse “regularizado” contratos de mayores en la limpieza y las empleadas del hogar (mujeres). Otra explicación puede estar en que han aumentado mucho los autónomos mayores de 55 años, que ya vienen creciendo más que los más jóvenes desde 2008. El hecho cierto es que hay 3 de cada 4 nuevos afiliados son mayores de 55 años.

Los datos de la EPA, la Encuesta del INE que refleja quien trabaja, confirman también estos datos de la SS. La última EPA publicada, del tercer trimestre de 2021, ya indicaba lo mismo: el empleo en España había recuperado con creces las cifras de antes de la pandemia: había 20.031.000 personas trabajando (189.000 más que los afiliados en diciembre, porque incluye a los que trabajan en la economía sumergida, sin estar dados de alta en la SS), frente a 19.966.900 empleados a finales de 2019. Y al dar los datos por edades, se vuelve a confirmar el mismo hecho que con la afiliación: donde más ha crecido el empleo durante la pandemia ha sido entre los mayores de 55 años. Concretamente, había 272.800 mayores más trabajando (septiembre 2021 sobre diciembre 2019), cuando el empleo total sólo mejoró en +64.100 personas. Y eso fue porque bajó el empleo entre los 25 y los 44 años (-437.700), “los “paganos” de la pandemia, y sólo creció entre 16 y 24 años (+104.500) y entre los 45 y los 54 años (+124.100), pero menos que entre los más mayores. Y otro dato: el empleo creció más entre los hombres mayores (+148.700) que entre las mujeres (+124.100).

Junto a esta buena noticia para los más mayores (se han llevado la mayoría del empleo recuperado durante la pandemia), hay otro dato muy malo: son los únicos que han visto aumentar su desempleo con la pandemia. Para el conjunto de trabajadores, el paro registrado (personas apuntadas al desempleo)  era menor a finales de 2021 que en diciembre de 2019: 3.105.905 parados ahora frente a 3.163.605 hace dos años (-57.700 parados). Y el paro bajó en todas las franjas de edad entre 16 y 49 años (más entre 25 y 39 años) pero subió entre los mayores de 50 años: +64.438 parados que antes de la pandemia (la mayoría, +48.811 parados entre los mayores de 59 años), según los últimos datos de Trabajo. Y con ello, casi la mitad de todos los parados (el 41,83%) son mayores de 50 años, un porcentaje mayor que antes de la pandemia (eran el 39,03% del paro total en 2019).

Así que el paro no ha mejorado sino que ha empeorado entre los mayores. Y eso ha pasado no sólo en esta crisis por la pandemia sino también en la anterior crisis financiera de 2008. Y por ello, la tasa de paro de los mayores de 55 años se ha más que duplicado y el número de parados mayores se ha cuadruplicado: ha pasado del 5,82% de paro en 2007 (143.700 parados) al 13,91% en septiembre de 2021 (629.700 parados mayores de 55 años), según la EPA. En paralelo, la tasa de paro global, que era más alta que entre los mayores en 2007 (8,57% de paro) no ha llegado a duplicarse y se asemeja ahora a la de los mayores (14,57%). Y el paro total ha crecido mucho menos (de 1.942,000 a 3.146.700 parados).

Otro problema de los mayores es que están más tiempo en paro que los más jóvenes. Así, en el conjunto de España, algo menos de la mitad de los parados (el 47,95%) llevan más de 1 año sin trabajar, son parados “de larga duración”. Pero entre los parados mayores de 55 años (629.700 en septiembre, según la EPA), dos tercios (el 67,3%) son parados que llevan más de un año sin trabajar (423.800). Y una cuarta parte de ellos, 102.200 mayores de 55 años,  llevan en el paro más de 4 años, según un estudio de Asempleo. Son “irrecuperables”.

¿Cómo se explica que el empleo haya crecido más entre los mayores y sin embargo haya más parados? La razón es que durante la pandemia han aumentado los mayores “activos”, que trabajan o buscan trabajo: más mayores de 50 años que se han lanzado a buscar trabajo para ayudar a sus familias, con menos ingresos y empleo. Los datos son concluyentes: entre diciembre de 2019 y septiembre de 2021, hubo 288.900 españoles “activos” más, que se habían lanzado a buscar trabajo en plena pandemia. Y ese dato se debe a que hubo 392.000 activos más entre los mayores de 55 años (206.300 mujeres y 185.700 hombres), mientras bajaban los activos entre 25 y 44 años (-402.100) y subían algo entre 16 y 24 años (+165.900) y de 45 a 54 años (+133.200), según la EPA del tercer trimestre de 2021.

Así que ya vemos lo que ha pasado: más mayores buscando empleo, más empleo pero insuficiente para cubrir las demandas y por ello más mayores en paro. En líneas generales, los mayores españoles están peor, laboralmente hablando, que los mayores europeos. Empiezan bien, porque su tasa de actividad (62,5% de 55 a 64 años trabaja o busca trabajo) es similar a la europea (63% en la UE, aunque sube al 74% en Alemania). Pero luego empeoran, porque sólo trabajan el 55,5% de los mayores (55 a 64 años) frente al 60,2% en la UE-27 y el 71,5% en Alemania. Y empeoran aún más con las cifras de paro: la tasa de paro de los mayores (de 55 a 74 años) en España (12,1%) casi triplica la europea (4,8% de los mayores en paro) y cuadruplica la de Alemania (2,9%), según Eurostat.

El problema de fondo de los mayores de 55 años (y el de los mayores de 50 años) es que están relegados en el mercado laboral, lo que los expertos llaman “edadismo”: discriminación por edad a la hora de contratar. Lo sabemos todos, pero lo confirmaba una Encuesta de la Fundación Adecco de 2019, antes de la pandemia: el 83% de los responsables de Recursos Humanos de las empresas admitían que “no habían contratado a nadie con más de 55 años en el último año”. Y el 75% de estos responsables laborales lo justificaban en que los conocimientos de estos mayores “estarían obsoletos”.

Así que a los mayores de 50 años sin trabajo sólo les quedan dos caminos: quedarse en el paro o jubilarse si tienen 63 años y han cotizado lo suficiente. Respecto al paro, ahora lo tienen algo mejor, porque desde marzo de 2019, el Gobierno cambió la normativa de Rajoy y permite a los mayores cobrar un subsidio hasta la jubilación desde los 52 años (antes tenían que esperar a los 55). Pero aún así, tienen que cumplir algunos requisitos, como haber cotizado al desempleo al menos 6 años, que sus ingresos no superen el 75% del salario mínimo (723 euros mensuales) y estar oficialmente inscritos en el desempleo. Y con ello, la Seguridad Social cotiza por él hasta la jubilación (el 125% del mínimo, antes de 2019 cotizaban sólo por el 100%). Y el mayor cobra un desempleo, que ahora son 463 euros al mes, hasta que cumpla los años y requisitos para jubilarse.

La otra opción del mayor de 50 años que ve imposible encontrar trabajo es jubilarse. Pero tendrá que esperar al menos hasta los 63 años, siempre que haya cotizado al menos un mínimo de 37 años y 6 meses (exigencia para 2022), que esté dado de alta en la SS y que haya cotizado un mínimo de 2 años en los últimos 15 años. Además, se le recorta un porcentaje de pensión según lo que anticipe la jubilación y lo que haya cotizado. Hasta ahora, esos coeficientes reductores para los que hayan cotizado menos de 38 años y 6 meses iban del 3,26 al 21 % por trimestre anticipado (máximo) y del 2,81% al 13% (mínimo). Ahora, con la reforma de las pensiones que entró en vigor el 1 de enero de 2022, se penaliza más la jubilación anticipada (ver cuadro según lo cotizado y la anticipación).

Así que ahora, el mayor de 50 años sin trabajo y sin perspectiva tiene aún más difícil jubilarse antes, mientras el paro que recibe (si lo consigue) le mantiene en la pobreza. Un panorama muy negro para buena parte de la generación nacida entre 1955 y 1970. Y más cuando no se piensa en ellos para los nuevos empleos, como reconocen las empresas. Habría que mejorar su actual situación y ya se ha lanzado una propuesta, de dos Fundaciones: aprobar una Ley de Igualdad Generacional, similar a la Ley para la Igualdad de Género aprobada en 2007, que prohibiera la discriminación por edad (tanto en la contratación como en el sueldo y despido). Y además, plantean modificar algunas disposiciones vigentes del Estatuto de los Trabajadores, que discriminan a los mayores (no pueden acceder al contrato de aprendizaje, lo que dificulta su reciclaje, y se permite a las empresas extinguir sus contratos con el pretexto de “cumplir medidas de mejora del empleo de la empresa”.

Cambiar la normativa y aprobar una Ley contra la discriminación de los mayores puede estar bien, pero su mejoría (como la de las mujeres) no depende sólo de normas sino de que las empresas y la sociedad asimilen que los mayores son unos trabajadores imprescindibles, que aportan experiencia y eficacia a las empresas y la economía. Y eso pasa por un cambio de mentalidad y medidas concretas que apoyen su contratación y conservación en las plantillas. Dado que tenemos 1.299.390 parados mayores de 50 años y que un tercio llevan más de 1 año sin trabajar, urge poner en marcha un Plan de choque por el empleo de los mayores, con incentivos a su contratación (cotizaciones e impuestos) y proyectos de formación y reciclaje profesional que impliquen a las empresas y autonomías.

La recuperación de la economía y los proyectos financiados con Fondos europeos deberían dar prioridad a integrar a los mayores de 50 años en todos los proyectos, no dejarlos atrás como hasta ahora. Contratar a mayores no “tapona” el empleo de los jóvenes, porque hay tareas para todos y la productividad de las empresas mejoraría potenciando la colaboración de trabajadores jóvenes y mayores. Es una asignatura pendiente para el Gobierno, sindicatos y patronal. No podemos relegar a los trabajadores mayores, la generación que impulsó el crecimiento económico de la democracia. Apóyenlos.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Los ganadores y perdedores de la pandemia

Parece claro que con la pandemia hemos perdido todos, en vidas, salud, empleos, empresas e ingresos. Pero si se mira con detalle, se ve que unos han perdido más que otros, sobre todo los jóvenes, mujeres e inmigrantes que trabajaban en hostelería, turismo, comercio, transporte, construcción y algunas industrias, especialmente en Baleares, Canarias, Cataluña, Madrid y la Rioja. Y resulta llamativo que, en este balance, hayan salido ganando algunos sectores y empresas, que ya venden incluso más que antes de la crisis: alimentación, supermercados, ventas online, logística, ocio digital, telecomunicaciones, sanidad privada, educación online, finanzas y farmacéuticas, mientras tienen más empleo que antes de la pandemia Andalucía, Murcia, Extremadura y Castilla la Mancha. Son los ganadores y perdedores de una crisis que ha agravado la desigualdad. Ahora, cuando ha empezado la recuperación, es importante volcarse más en los perdedores. Y aprovechar los Fondos europeos y el Plan de recuperación para modernizar la economía y conseguir ser menos vulnerables cuando llegue la próxima crisis.

Enrique Ortega

La recesión provocada por la pandemia ha sido la más grave del último siglo, desde la crisis de 1929. Y también ha sido muy diferente a la crisis financiera de  2008, que duró hasta 2014 y coleó hasta 2018. La anterior recesión se inició en EEUU, pero enseguida se contagió a todo el mundo, desde Europa a los paises en desarrollo, con caídas generalizadas en la economía y el empleo. Ahora, esta recesión provocada por el COVID19 ha sido más desigual, afectando más a unos paises que a otros. Así, España fue el país occidental que más cayó en 2020 (-10,8% el PIB), mientras la zona euro caía menos (-6,5%), la Europa rica del norte aún menos (-4,8% Alemania y -2,8% Finlandia), también menos EEUU (-3,5%) y Japón (-4,8%) e incluso China creció en el primer año de la pandemia (+2,3%). Otra diferencia es que esta crisis va a ser más corta que la de 2008, por las ayudas públicas: hay muchos paises que en 2021 van a recuperar el crecimiento perdido (España en 2022), mientras en la anterior crisis financiera, los paises necesitaron entre 4 y 6 años para recuperarse.

En España, el impacto económico de la pandemia también ha sido muy desigual, tanto entre los trabajadores como entre empresas, y también por regiones, afectando más negativamente a las actividades ligadas al turismo, la hostelería y los servicios. Y golpeando especialmente a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes (igual que en la anterior crisis). En líneas generales, podríamos hacer una lista de los perdedores de esta crisis: hostelería y turismo (perdieron 70.000 millones de ingresos en 2020 y habrán cerrado 85.000 bares y restaurantes), el comercio minorista (caída de ventas del -6,8% en 2020, 63.000 millones perdidos y 63.000 negocios cerrados), el transporte (estiman una pérdida de 50.000 millones), el ocio y cultura, la construcción (caída del 15%) y las inmobiliarias, además de muchas industrias, como el automóvil (400.000 coches menos vendidos en 2020). Y un sinnúmero de pymes y  autónomos, que escapan de las grandes estadísticas.

Pero también ha habido ganadores en esta crisis: el sector de la alimentación y los supermercados (un ejemplo: Carrefour disparó su beneficio en España un 120%, tras la mayor cifra de ventas desde 2008), el comercio online (Amazon y también la venta de ropa por Internet: Inditex vende ahora un 9% más que antes de la pandemia y tiene beneficios históricos, con 800 tiendas menos), la logística y distribución (incluyendo la comida a domicilio), la industria ligada al ocio (Netflix) , las videollamadas (Zoom, WhatsApp), el juego y los videojuegos online, las empresas tecnológicas y de ciberseguridad, la sanidad privada, la educación online, las finanzas y seguros y la industria farmacéutica.

Esta es la “impresión” de los ganadores y perdedores, a bote pronto. Pero Estadística nos acaba de aportar datos concretos, en la última estadística del PIB trimestral (2º trimestre 2021). Ahí se ve que, en el último año y medio, la economía española ha caído un -3,7% (-5,4% en el primer trimestre de 2020, -17,8% en el 2º, +17,1% en el 3º, 0% en el 4º, -0,4% en el primer trimestre de 2021 y +2,8% en el 2º trimestre de este año). Pero no todos los sectores han caído, así que gracias a esta estadística, podemos concretar los sectores perdedores  y ganadores de la pandemia, los que han caído y los que han crecido en el último año y medio.

Y así resulta esta lista de los sectores perdedores de la pandemia: construcción (su aportación al PIB cae -15% en el último año y medio), ocio (-6,6%), información y comunicación (-4,5%), actividades profesionales, científicas y técnicas (-3,4%), inmobiliarias (-1,5%) y la última, curiosamente, comercio, transporte y hostelería (-0,4%), debido a que cayó mucho en la primera mitad de 2020 pero luego, al acabar el confinamiento ha estado creciendo y tirando del conjunto de la economía hasta ahora. La estadística del INE revela que hay sectores ganadores de la pandemia, cuyo balance es de un crecimiento en el último año y medio: banca y seguros (su aportación al PIB crece +7,2%), Administraciones Públicas, educación y sanidad (+5,6%), por las ayudas públicas y el aumento de empleo, la agricultura, ganadería y pesca (+4,8%) y la industria manufacturera (+1,7%).

Otro estudio reciente, publicado por la AIReF, nos permite analizar la caída de actividad por la pandemia en las autonomías, donde su impacto económico ha sido también muy desigual. Ahí se estima que la economía española ha caído un -6,8% sobre los niveles pre-crisis (entre enero 2020 y junio 2021). Y que hay 5 autonomías que han caído más que la media española: Baleares (-16,9%), Canarias (-9,6%), Cataluña (-8,1%), Madrid (-7%) y la Rioja (-6,9%). Y aunque ninguna autonomía ha recuperado todavía el crecimiento de 2019, hay 4 regiones que son las que menos han sufrido los efectos económicos de la pandemia: Extremadura (cae -3,7%), Castilla la Mancha (-4,1%), Murcia (-4,4%) y Galicia (-4,7%). Y las 8 autonomías restantes tienen un balance intermedio, con caídas del -6,6 al -5,3%.

Un balance importante es el del empleo con la pandemia. La última EPA (2º trimestre 2021) permite saber los empleos perdidos en el último año y medio (enero 2020-junio 2021) en España: se han perdido 295.200 empleos netos (19.671.700 ocupados frente a 19.966.900), aunque falta recuperar 200.000 empleos en los hombres y sólo 95.00 en las mujeres. Por edades, todavía hay menos jóvenes trabajando que en 2019, pero hay más ocupados de 45 a 49 años (+54.500) y de más de 55 años (+237.000), los menos afectados laboralmente por la pandemia. Y es importante saber que hay ya más gente trabajado en la construcción (+40.900 que en 2019) y en el campo (+17.200), aunque todavía trabajan menos que antes de la pandemia en la industria (-98.600) y, sobre todo, en los servicios (-254.800). También destaca que 5 autonomías tienen ya más gente trabajando que antes del COVID: Murcia (+36.700), Extremadura (+20.500), Andalucía (+18.000), Castilla la Mancha (+15.300) y Canarias (+12.000 ocupados que a finales de 2019).

El mencionado informe del INE sobre el crecimiento del 2º trimestre revela también datos significativos sobre el empleo, como que 40 de los 78 sectores económicos han recuperado ya (en junio de 2021) el empleo de 2019 y  algunos lo han mejorado. Los que ganan empleo, en línea con lo que refleja la EPA, son la construcción (+2,6%), la logística y el sector de la información y las comunicaciones (+11,5%), la banca y seguros (+5,1%) y la Administración pública, Educación y Sanidad (+15,4% empleo). Y en el otro extremo, los sectores que han perdido más empleo con la pandemia son el comercio, transporte y hostelería (el empleo ha caído un 35,1%), el ocio y las actividades recreativas y artísticas (-25,3%), la industria (-22,8%), las inmobiliarias (-15,7%) y el campo (-10,3%).

Para terminar este balance, la Seguridad Social nos da también pistas sobre los efectos de la pandemia, con los afiliados, que ya casi son tantos como antes del COVID: 14.777.429 afiliados a la SS a finales de agosto de 2021 frente a 19.479.814 afiliados en febrero de 2020. Eso indicaría que el empleo, la afiliación, se ha recuperado ya en año y medio de recesión por la COVID, cuando en la anterior crisis (2008), el empleo tardó en recuperarse en España 129 meses (más de 10 años), según la Seguridad Social. Hay dos motivos. Uno, que entonces se apostó (en España y en Europa) por los recortes (que agravaron la recesión y destruyeron empleo) y ahora se ha optado (en España y en Europa) por las ayudas públicas, que han mitigado la recesión. Y el otro motivo son los ERTEs, un mecanismo que ha permitido “aparcar” trabajadores de sectores en crisis (hubo 3.552.326 trabajadores en lo peor de la pandemia y ahora hay 272.190), cobrando el 70% sueldo y cotizando por ellos.

Parece que lo peor de la recesión COVID ha pasado y que la recuperación económica se inició en España esta primavera, con un crecimiento del PIB del +2,8% en el 2º trimestre, según el INE, tras caer la economía en el anterior (-0,4%) y estancarse a finales del año pasado (+0% PIB 4º trimestre), tras el tirón aislado del verano 2020 (+17.1%). Este fuerte crecimiento de la economía española ahora es mayor que el europeo (+2,1% la UE-27) y que el de los grandes paises del continente (+2,7% Italia, +1,6% Alemania y +1,1% Francia), según Eurostat, y sólo nos supera el crecimiento actual de Irlanda (+6,3%), Portugal (+4,9%), Letonia (+4,4%), Austria (+3,6%), Grecia (3,4%) y Paises Bajos (+3,1%).

Un indicador clave de la recuperación es que muchas empresas ya han recuperado su nivel de ventas anterior a la pandemia. Y algunas, sus beneficios. Así, las empresas cotizadas ganaron 30.304 millones de euros en el primer semestre, frente a los 14.144 millones perdidos el primer semestre del año pasado, en plena pandemia. Y eso se debe básicamente a una recuperación de las ventas, que han crecido un 5,63%.

Hay sectores, como la construcción, que espera crecer este año un 7%, gracias al aumento de obra nueva y a la rehabilitación de viviendas, mientras las grandes constructoras han duplicado sus beneficios en el primer semestre. La industria también se recupera y los indicadores señalan que crece al mayor ritmo de los últimos 23 años, aunque tienen dos preocupaciones: la falta de suministros (chips, materias primas) y la subida de precios de los suministros y la energía, que dificulta el aumento de la producción. La hostelería y el turismo, muy dañados, también se recuperan, con una afluencia de inversiones a la compra de hoteles. Sin embargo, el sector se queja de falta de mano de obra formada, como también la construcción, en ambos casos porque las dos crisis han provocado fuga de trabajadores (en la construcción estiman que faltan 700.000 trabajadores para ejecutar los proyectos europeos previstos de aquí a 2026). Y la gran banca ha vuelto a tener ya grandes beneficios: +11.127 millones en el primer semestre (frente a unas pérdidas de -11.495 en ese periodo de 2020), gracias al aumento del crédito y las menores provisiones y a pesar del coste que han tenido con el cierre de oficinas y despidos (14.000 en 2021).

Mientras las empresas que han sobrevivido a la pandemia (44.640 han cerrado, según Cepyme) recuperan ventas y beneficios, los trabajadores con empleo apenas han visto aumentar sus sueldos, un 1,5% los que han firmado convenio este año (frente a un 3,3% que han subido los precios). Y un dato muy esclarecedor: en el inicio de la recuperación, caen los costes laborales: un -0,7% anual, lo que contrasta con el aumento del +3,6% de los beneficios empresariales (excedente bruto de explotación). Eso se explica porque las empresas están haciendo frente a la recuperación con menos trabajadores que tienen sueldos más bajos (nuevos contratos) que antes de la pandemia.  Por eso, este otoño saltará el debate de que han de subir los salarios (no sólo los 15 euros mes que sube el salario mínimo), ahora que las empresas recuperan ventas y beneficios y dado que la inflación está muy alta (+3,3%) y seguirá elevada. La subida de salarios (mayor del 2% previsto antes) y la creación de empleo serán así, las dos asignaturas pendientes de la recuperación.

Con todo, el gran reto ahora es terminar con la pandemia (será un riesgo también económico hasta que estén vacunados el 90% de los españoles) y poner en marcha el Plan de recuperación presentado por el Gobierno en Bruselas, acelerando las inversiones previstas y los proyectos, que van a contar con 70.000 millones de ayudas europeas. Los primeros 9.000 millones llegaron en agosto y se prevé recibir otros 15.000 millones antes de fin de año. Hacienda dice que el 41% de este dinero está ya comprometido y que el 18,7% ya se ha transferido (la mayoría a las autonomías). Ahora falta acelerar los proyectos y que este dinero público (de la UE y de los Presupuestos) movilice mucho más en inversiones privadas. Y que se gaste bien, con agilidad y eficacia, buscando crear empleo y modernizar la economía.

La pandemia ha sido una dura prueba, que ha dejado al descubierto las debilidades de la economía española (un país de playas, hoteles y bares, pero poco competitivo). Pero es también una oportunidad histórica para cambiar y modernizar la economía y el país, poniendo en marcha las reformas que llevan décadas pendientes (laboral, pensiones, energética, tecnológica, educativa, de servicios públicos, empresarial) y consiguiendo unas empresas más competitivas y que creen más empleo estable. Ahora vamos a tener un Plan y dinero. Falta pactar los proyectos, agilizarlos y aplicarlos con rigor. Se puede. Hagámoslo.