Empecemos por saber cuántos “mayores” (no hay por qué usar el anglicismo “boomers”) hay en España. En el último Censo (1 octubre 2025) se contabilizan 13.380.282 habitantes con 60 y más años, el 27.06% de la población total (49.442.844). De ellos, 3.382.103 tienen entre 60 y 64 años, 2.915.361 con 65 a 69 años y los 7.082.818 habitantes restantes tienen entre 70 y más años (19.491 personas con 100 años o más), según el INE. Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2.000 había 8.766.511 mayores (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y los 13.380.282 de ahora, 4,6 millones más de mayores que al inicio del siglo.
Mostrando entradas con la etiqueta jubilación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jubilación. Mostrar todas las entradas
jueves, 4 de diciembre de 2025
Los "boomers" no somos unos privilegiados
Se ha puesto de moda entre la derecha, expertos neoliberales
y sus medios afines defender que los “boomers” (mayores 61 años) son
unos “privilegiados”, porque tienen vivienda, patrimonio y “buenas
pensiones”, en perjuicio de sus nietos (“Generación X”: 20-24 años) y
sus hijos (“Millenials”: 25-44 años), que viven peor que ellos.
Plantean un “conflicto generacional” y proponen recortar el
gasto en pensiones para ayudar a los jóvenes. Es un falso debate.
Primero, porque los mayores no somos unos “privilegiados”: muchos
están en paro, sin encontrar empleo a partir de los 50 y sin poder jubilarse,
con la mitad de las pensiones por debajo del salario mínimo y con una
larga vejez donde faltan ayudas a la Dependencia. Pero sobre todo, porque los
mayores han cotizado y ahorrado durante décadas para tener casa y pensión. Y la
grave situación de los jóvenes no se arregla recortando pensiones, sino
volcándose en su educación y formación, en políticas activas de empleo y en promover
viviendas. La “guerra generacional” entre jóvenes y mayores es una falsa solución. Mayores 60 años: EREs, paro larga duración, pensiones bajas y pocas ayudas dependencia
Empecemos por saber cuántos “mayores” (no hay por qué usar el anglicismo “boomers”) hay en España. En el último Censo (1 octubre 2025) se contabilizan 13.380.282 habitantes con 60 y más años, el 27.06% de la población total (49.442.844). De ellos, 3.382.103 tienen entre 60 y 64 años, 2.915.361 con 65 a 69 años y los 7.082.818 habitantes restantes tienen entre 70 y más años (19.491 personas con 100 años o más), según el INE. Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2.000 había 8.766.511 mayores (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y los 13.380.282 de ahora, 4,6 millones más de mayores que al inicio del siglo.
De estos 13,38 millones de mayores (60 y más), la
mayoría están hoy “inactivos” (ni trabajan ni buscan trabajo):
son 11.074.000 mayores inactivos, según
la EPA, básicamente personas mayores de 65 años (los inactivos de 60 a 64
años son sólo 1,26 millones). Pero hay 2,5 millones de mayores que trabajan
o están en paro, sobre todo entre 60 y 70 años (con más de 70 años hay casi
70.000 mayores “ocupados”, según la EPA).
En total, hay 2.208.900 mayores
(60 y más) trabajando, algo menos del 10% (9,86%) del total de ocupados
en España: 1,780.600 trabajan con 60 a 64 años, 358.900 con 65 a 69 años y 69.400
trabajan con 70 años y más. Con todo, su tasa de empleo (ocupados/activos)
es baja: trabajan el 26,8% de los activos, la mitad que en el conjunto
del país (66,82% de tasa de empleo). Sin embargo, el empleo de los mayores
ha aumentado más tras la pandemia (+1.201.900 empleos creados desde 2019 entre
mayores de 55 años) que entre los menores de 30 años (+701.800 empleos para
jóvenes de 16 a 29 años), según la EPA,
debido a que los mayores se han lanzado más a buscar trabajo estos años, sobre
todo las mujeres.
Estos trabajadores “mayores” tienen salarios más
altos, salvo los que han encontrado trabajo en los últimos años (peor
pagados), porque cobran más de antigüedad y pluses varios que los jóvenes.
Trabajan sobre todo en los servicios
(3.716.500 mayores de 55 años) y la industria (576.100), menos en la
construcción (335.530) y la agricultura (198.400). Y son mayoritariamente asalariados
(72,7% de los trabajadores con 60 años y más), aunque hay bastantes autónomos
(24%).Su salario medio mensual era de 2.680 euros brutos en 2024, un 12,36%
más que la media (2.385,6 euros) y un 25% más que el sueldo medio de los
jóvenes de 25 a 34 años (2.131 euros), según el Decil
de salarios de la EPA (INE).
Un problema de tener salarios más altos es que los
trabajadores mayores suelen ser los primeros que pierden su empleo
cuando la empresa ajusta plantillas. Así, en las dos últimas décadas, más de 1
millón de trabajadores mayores (+55 años) han sido “prejubilados”
en múltiples EREs. En el último, de
Telefónica, se plantea “prejubilar” a 5.040 trabajadores mayores
de 55 años (de los 6.088 despidos que contempla el ERE). La estrategia
de las empresas estos años ha sido clara: despedir a los
trabajadores mayores y sustituirlos por jóvenes que cobran mucho menos. Eso
hace que los trabajadores mayores (esos 2,2 millones que trabajan con más de 60
años) se sientan “muy vulnerables”, tras décadas de trabajo,
aunque sus sueldos sean más altos que los de los jóvenes.
Y por eso, muchos mayores están en paro,
concretamente 232.700 parados con 60 años o más (209.600 entre 60 y 64 años y
23.100 entre 65 y 69 años), según la EPA del
tercer trimestre, aunque en realidad son 510.000 los parados con más de
55 años, una edad a la que ya resulta muy difícil encontrar trabajo. El
problema de los parados mayores es que muchos tienen poca formación (el
53,8% de los parados mayores de 55 años no tienen acabada la ESO) y dificultades para
adaptarse a las nuevas tecnologías. Pero además, las empresas sufren un alto
nivel de “edadismo”, de rechazo
a contratar mayores de 55 años (y con más de 60 es “imposible”), con lo
que 7 de cada 10 parados mayores de 55 años piensan que "ya no volverán nunca a trabajar”,
según
una Encuesta de Adecco.
Esto se traduce en que los parados mayores llevan años
en el paro, según
la EPA: el 61% de los parados de 60 a 64 años llevan más de un año en paro
(son 127.700 parados) y lo mismo el 55% de los parados de 65 a 69 años (son
12.700). Y eso supone que a la mayoría se les ha acabado el paro “contributivo”
(el que les corresponde por lo que han cotizado) y tienen
que malvivir con el paro “asistencial” para mayores de 52
años (480 euros al mes) hasta que se jubilen (si cumplen las
condiciones para cobrarlo). La consecuencia es que más de un tercio de
los parados que cobran subsidio asistencial (480 euros) son mayores de 60 años:
265.514
parados en octubre, el 34,5% del total. Estos mayores parados son el
grupo más numeroso que cobra este paro asistencial y se han duplicado
desde 2013 (entonces cobraban este subsidio la mitad de mayores en paro, 125.647).
Así que los mayores que están en paro cobran
esos 480 euros hasta que pueden jubilarse. Y eso se les ha puesto más difícil
en los últimos años, porque los distintos Gobiernos han penalizado la
jubilación anticipada (hasta un 21% menos de pensión si se adelanta dos
años: ver
cuadro) . En consecuencia, estos mayores parados han de esperar hasta los
65 años para jubilarse o hasta los 66 años y 8 meses (si han cotizado menos de
38 años y 3 meses).
Y cuando los mayores se jubilan, su pensión tampoco
es tan elevada, a pesar de que los defensores del “conflicto generacional” hacen
demagogia con que las nuevas
pensiones de jubilación son ya de 1.626 euros (media noviembre 2025),
casi tanto como el salario mediano (2.001,4 euros en 2024,según el INE)
y más que el salario medio bruto de los jóvenes menores de 24 años (1.372,8
euros brutos). Pero utilizar sólo este dato es hacer demagogia, porque la
mayoría de las pensiones son mucho más bajas. Veámoslo.
A 1 de noviembre, la Seguridad Social pagó 10.420.231
pensiones y la pensión media fue de 1.316,69 euros mensuales. Pero
casi la mitad de todas las pensiones (el 48,77%) fueron menores de
1.000 euros y el 58,52% fueron menores al salario mínimo (SMI: 1.184 euros
en 2025). En cuanto a las pensiones
de jubilación, el 38,83% fueron inferiores a los 1.000 euros y casi
la mitad (49,22%) fueron menores que el SMI. Y las pensiones de viudedad son mucho más bajas: un 66,5% de las que se pagan son menores de 1.000
euros y las tres cuartas partes (74,3%) están por debajo del SMI. Así que “pensiones
de lujo” nada…
Si hablamos de pensionistas
en vez de pensiones, hay 9.425.383 mayores que las cobran hoy (1 millón
más que hace 10 años), una media de 1.455,67 euros por pensionista
(1.633,04 euros los hombres y 1.275,05 las mujeres), según la Seguridad Social.
Y de nuevo, los datos son explícitos: la mitad de los pensionistas (el
50,51%) cobran menos del SMI (menos de 1.184 euros/mes) y otro 47,31%
cobran entre el SMI y la pensión máxima (3.267,60 euros/mes), que sólo cobran
hoy 207.045 pensionistas. Además, este porcentaje de bajas pensiones
aumenta entre las
mujeres (el 60,45% de las pensionistas cobran menos del SMI) y en
algunas regiones: Andalucía (61% pensionistas cobran menos del SMI), Canarias
(60,7%), Castilla la Mancha (60,6%) y Galicia (60,5%).
Con estas pensiones tan bajas (ojo: 1
millón de pensionistas cobran menos de 500 euros), no es extraño que muchos
mayores malvivan, sobre todo porque gastan porcentualmente
más en alimentación, sanidad y vivienda que la mayoría. De hecho, los hogares
unipersonales de mayores (la mayoría, viudas que viven solas)
tienen una de las tasas de pobreza más elevadas, el
25,8% (frente al 19,7% de tasa media de pobreza en España y el 16,9%
entre los mayores de 60 años). Y aunque la mayoría de mayores tienen la
vivienda en propiedad (el 88,6%, frente
al 30% los jóvenes de 18 a 34 años), fruto de haberla comprado hace décadas
con mejores precios y condiciones que ahora, hay un 7,5% de mayores que
viven de alquiler y muchos de ellos se ven forzados al desahucio
por las tremendas subidas que algunos propietarios y Fondos quieren aplicarles
a sus antiguos alquileres. Así que no todos los mayores tienen patrimonio,
ahorros e inversiones, que por otro lado son fruto de una vida de
trabajo y de unas condiciones laborales mejores que las actuales. Además, muchos
mayores utilizan sus ingresos y ahorros para ayudar a sus hijos a llegar
a fin de mes: lo hacen el
37% de los mayores en España y más
de la mitad en Madrid.
Pero los problemas de los mayores no terminan con su
jubilación, mayoritariamente escasa. A partir de los 70 años, empeora
su salud y eso aumenta sus gastos sanitarios, tanto en seguros médicos
privados como en medicinas que no cubre el sistema (la “pobreza
farmacéutica” afecta ya a 1.200.000 españoles que han tenido que dejar
de tomar algún medicamento, porque no pueden pagarlo, muchos de ellos mayores).
Y estos problemas de salud se agravan a partir de los 85 años, edad con la que
la mitad de los mayores tiene enfermedades crónicas (según
un informe de FEDEA) o no pueden valerse por sí mismos, son dependientes,
lo que implica un gasto adicional para ellos y sus familias.
Precisamente, la dependencia de muchos mayores
(el 10,9% presentan limitaciones graves para realizar sus actividades
cotidianas) choca con la falta
de recursos de la atención a la dependencia en España, que cumple 19 años en enero
de 2026, tras atender a unos 4 millones de dependientes. Actualmente hay 1.750.070
españoles en situación de dependencia reconocida (la gran
mayoría mayores), aunque sólo 1.595.451 reciben alguna prestación: la mayoría
una ayuda económica mínima (de 171 a 385 euros/mes), bastantes teleasistencia y ayuda a domicilio (ojo: 38 horas al mes) y pocas para
residencias (560 euros mes, un tercio de lo que cuestan). Y lo peor: hay
284.020 dependientes en lista de espera (para ser valorados o recibir ayudas) y como muchos dependientes tienen más de 80 años, bastantes
mueren antes de recibir la ayuda: 25.060 han muerto así
este año.
Tras este panorama, desde los mayores que trabajan o están
en paro a los que cobran una pensión o son dependientes, no creo que pueda
decirse que los mayores estén en una situación “privilegiada”. Y menos que
hay que recortarles pensiones o ayudas, como defienden “expertos” neoliberales
o la
propia OCDE. España va a ser cada vez un país más envejecido y en
2050, un
30% de la población tendrá más de 65 años, lo que aumentará el gasto en
sanidad, pensiones y dependencia, hoy escasas de medios y recursos.
Mientras, también es evidente es que los jóvenes
españoles pasan por una mala situación (ver
Blog lunes), tras sufrir tres crisis económicas consecutivas (la financiera
de 2008-2010, la pandemia y la hiperinflación de 2022-23 por la guerra de
Ucrania). Y a pesar de su mayor formación, tardan en trabajar y encuentran
empleos que son demasiado precarios y mal pagados, lo que dificulta su
emancipación y formar una familia, fomentando su desinterés por la política y
el debate social, lo que los lleva a posiciones antisistema y a
apoyar políticas de ultraderecha. Pero este triste panorama
no se resuelve con recortes a sus padres y abuelos, sino con políticas
que pongan a los jóvenes en su centro.
Y eso pasa primero por cambios en la educación, para
que se reduzca el abandono escolar y mejore la educación, orientando los
estudios hacia formaciones donde haya empleo, ahora y en el futuro. Y hace
falta un Pacto social para que las empresas no abusen de los jóvenes
y los integren en sus políticas laborales y de promoción, con contratos y
salarios dignos. Y hace falta avanzar en la conciliación laboral y
en políticas de ayuda a las familias con hijos, las que hoy sufren más para
llegar a fin de mes. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que
facilite alquileres asequibles a los jóvenes, sobre todo en las grandes
ciudades, algo que sólo puede asegurarse con una promoción urgente de
viviendas públicas. Y hace falta poner a los jóvenes entre los objetivos
prioritarios de todas las políticas públicas, integrándolos más en
la sociedad.
Los problemas que tenemos no
se resuelven con una “guerra entre generaciones”, con medidas
“fáciles” que busquen “desvestir a un santo para vestir a otro”. Hay
que repartir mejor el crecimiento y la mayor riqueza que tenemos. Y para
eso es clave recaudar más (que paguen más las multinacionales, empresas,
bancos y los ricos, que hoy pagan poco o evaden) y destinar esos mayores
recursos a los que más lo necesiten (jóvenes y mayores), para afianzar unos
servicios públicos deficitarios que no ayudan suficiente a los más
vulnerables. Crecer y repartir mejor la riqueza, no enfrentar a jóvenes y
mayores.
Empecemos por saber cuántos “mayores” (no hay por qué usar el anglicismo “boomers”) hay en España. En el último Censo (1 octubre 2025) se contabilizan 13.380.282 habitantes con 60 y más años, el 27.06% de la población total (49.442.844). De ellos, 3.382.103 tienen entre 60 y 64 años, 2.915.361 con 65 a 69 años y los 7.082.818 habitantes restantes tienen entre 70 y más años (19.491 personas con 100 años o más), según el INE. Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2.000 había 8.766.511 mayores (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y los 13.380.282 de ahora, 4,6 millones más de mayores que al inicio del siglo.
Etiquetas:
boomers,
Dependencia,
desempleo mayores,
empleo,
generación X,
jóvenes,
jubilación,
mayores,
millenials,
paro,
pensiones,
salud mayores,
trabajo mayores
lunes, 2 de diciembre de 2024
Mayores 55 años: más activos pero relegados
Las plantillas de las empresas españolas han
envejecido y ahora 1 de cada 5 trabajadores tienen más de 55 años,
2 millones más que hace 10 años. Y este verano se ha superado el récord
de mayores “activos”, que trabajan o buscan trabajo (5,1 millones). Muchas
son mujeres que buscan recuperar el trabajo perdido y sumar ingresos en
casa, aunque las mujeres mayores de 55 años están tan discriminadas o más
que las jóvenes: tienen menos trabajo y peores empleos, ganan menos,
tienen más paro y cobran menos y reciben menos pensiones que los trabajadores
mayores. Pero todos, mujeres y hombres mayores, tienen el mismo problema: las
empresas no los quieren, tratan de que se vayan o se jubilen y no los
contratan si están parados. Aumenta el “edadismo” en la economía,
que relega a muchos mayores a seguir parados hasta la jubilación. Urge un
Plan para promover el reciclaje y la contratación de estos millones de
personas "mayores", para aprovechar su talento y su experiencia. Protesta trabajadores mayores 55 años Información Alicante
España tiene una población cada vez más envejecida, como toda Europa, por el aumento de la esperanza de vida y el menor número de nacimientos. El 1 de octubre residían en España 48.946.035 habitantes, según el INE, de los que más de un tercio (el 34,91%) tienen más de 55 años: 17.087.070. Son 3,3 millones de mayores más que hace 10 años, cuando en España vivían 46.507.760 personas, de las que 13.813.959 tenían más de 55 años. De este tercio largo de personas mayores, un 44% son personas en edad laboral, que tienen entre 55 y 64 años: 7.579.865 personas, 1,6 millones más que en 2014. De hecho, dos tercios del aumento de población total que ha tenido España en la última década se ha dado entre las personas que tienen de 55 a 65 años. Y una buena parte de este aumento se debe a los inmigrantes mayores (55 a 65 años), que son ahora 910.860 personas (1 de cada 8 mayores).
De estos 7,5 millones de personas que tienen entre
55 y 65 años, cada vez hay más “activos”, personas que buscan
trabajo o trabajan, debido a que muchos “mayores” se han lanzado al mercado
laboral tras las dos crisis (financiera y pandemia), sobre todo mujeres. De
hecho, este
verano se batió el récord histórico de “mayores activos”, superándose
los 5 millones de personas con más de 55 años que trabajan o buscan
trabajo : en septiembre eran ya 5.092.600 “mayores activos” (un
20,72% del total de activos), según
la EPA, lo que supone un tremendo salto en su actividad, dado que hace 10
años (2014), sólo eran “activos” (trabajaban o buscaban trabajo) 3,1
millones de mayores (el 13,5% de todos los activos) y hace 20 años (en 2004),
sólo eran activos 2 millones (el 10,2% del total).
Así que los trabajadores “mayores” (más de 55
años) están más activos que nunca en España y también trabajan
más que nunca. En septiembre de 2024, tenían un trabajo 4.576.700
ocupados mayores de 55 años (4,21 millones entre 55 y 64 años, 304.700
con 65 a 69 años y 53.100 con más de 70 años), una cifra que supera en algo más
de 2 millones a los “mayores” que trabajaban hace 10 años, en septiembre de
2014 (2.557.500). Eso supone que 1 de cada 5 trabajadores (20,97%)
tienen hoy más de 55 años, cuando hace
10 años, el empleo de los “mayores” suponía no llegaba a 1 de cada 7
trabajadores (14,6%). De estos 2 millones de mayores más que trabajan hoy,
1 millón más son hombres y otro millón mujeres. Y el 11% de los “mayores” con
trabajo son extranjeros (500.000, la mayoría mujeres).
Una parte de estos “mayores activos”, esos 5 millones
con más de 55 años, no han conseguido trabajar y están en paro.
En septiembre de 2024, se
consideraban “parados” (EPA) un total de 515.900 mayores de 55 años (la mayoría,
494.400 con una edad entre 55 y 64 años, 19.500 parados con 65 a 69 años y
2.000 parados con más de 70 años, que “siguen buscando empleo”). Son menos
parados “mayores” que hace 10 años (593.100 en septiembre de 2014), pero la
caída es pequeña frente a la del paro total (reducido a la
mitad, de 5,42 millones a 2,75 millones), según
el INE. Y además, el peso de los parados “mayores” en el total es hoy
mayor: son el 18,73% de todos los parados, cuando en 2014 eran
el 10,92%.
Hasta aquí, el panorama de la actividad, el empleo y el paro
de los mayores de 55 años, un colectivo que ha dado un gran salto en el
mercado laboral, aunque las
empresas “renieguen” de ellos en muchos casos y busquen sustituirlos
por jóvenes (más “baratos”). Pero el dinamismo laboral de
este colectivo de “mayores” esconde una “brecha interna”, una discriminación
generalizada por la que las mujeres “mayores” salen perdiendo, según
revela un reciente estudio de la Fundación Mapfre: son menos “activas”,
tienen menos empleos, más precarios y
puestos menos importantes y peor pagados, más paro y menos subsidio y cobran
menos pensiones que los hombres “mayores”.
Empezando por la
actividad, de las 4,7 millones de mayores activos entre 55 y 64 años, menos
de la mitad son mujeres (2,19 millones) y hay más hombres (2,52
millones), a pesar de que hay más mujeres que hombres en la población total y
en esa franja de edad. Y en España, son “activas” sólo el 61,1% de las
mujeres “mayores”, frente al 73,5% los hombres. Eso se debe a que muchas
mujeres dejan de trabajar al ser madres o para cuidar a sus padres, lo que
reduce su porcentaje de “actividad” (buscar trabajo o trabajar).
Además, las mujeres "mayores" sufren otras
discriminaciones: tienen más contratos a tiempo parcial (unas,
para atender a hijos y mayores y otras, porque no encuentran otro empleo), más
contratos temporales y trabajan en sectores “feminizados”
(educación, sanidad, comercio y hostelería), que suelen tener sueldos más
bajos. Y aunque tienen más formación que los trabajadores
hombres mayores (el 40% son universitarias, según la Fundación Mapfre), tienen peores
puestos que los hombres (hay 2,5 veces más hombres “senior” que mujeres en
puestos directivos) y peores sueldos. La
“brecha” salarial por género es mayor entre los trabajadores mayores
de 55 años, según
la Fundación Mapfre: un 14,4% menos que los hombres cobran las
mujeres que tienen entre 55 y 64 años, una “brecha” mayor que entre 45 y 54
años (cobran 12,1% menos), entre 35 y 44 años (6,9%) o entre 25 y 34
años(1,3%).
Otra importante discriminación se da en
el paro, por partida doble. Por un lado, las mujeres “mayores” sufren
más paro: en septiembre de 2024, había 282.200 mujeres con más de 55
años en paro (el 54,7% del total), frente a 233.700 parados “mayores”. Y lo más llamativo: la tasa de paro de las
mujeres “mayores” en España, el 12,9% de la población activa (2023),
no sólo supera a la de los hombres (9,5%) , sino que triplica
al paro de las mujeres mayores en la UE-27 (4,5%) y Francia (55) y multiplica
por 6 el paro de las alemanas (2%), según
Eurostat. Y por otro lado, las
mujeres cobran menos desempleo, tanto porque cotizan por sueldos más
bajos como porque han cotizado menos tiempo y a veces no tienen derecho al
subsidio contributivo (988 euros mensuales), sólo al asistencial (480 euros). Los
datos del SEPE de octubre revelan que 376.912 mujeres mayores de 55 años
cobran un subsidio contributivo (y 311.017 parados “mayores”), 872 euros
al mes ellas, frente a 1.100 ellos. Eso sí, los parados “mayores”
que cobran el desempleo asistencial, a partir de los 52 años y hasta la
jubilación, cobran lo mismo sean hombres o mujeres: 480 euros al mes.
Al final de la vida, las
mujeres cobran menos pensión que los hombres, porque han cotizado
por sueldos más bajos y durante menos años, porque han tenido “años en blanco”,
que no han trabajado ni cotizado, por la maternidad o por el cuidado de mayores
y dependientes. De ahí que la pensión media de los hombres, en octubre
de 2024, sea de 1.514,18 euros, frente a 1.031,07 euros la de las
mujeres. Y la pensión de jubilación, 1.659,19 euros de media los hombres frente
a 1.145,46 las mujeres. Pero en el caso de jubilarse
anticipadamente, también hay discriminación en el cobro: 1.732
euros las mujeres frente a 2.090 los hombres, para jubilaciones entre los 60 y
64 años, y 1,411 euros las mujeres frente a 1.725 euros los hombres en
jubilaciones entre los 65 y 69 años, según
la Seguridad Social.
Las mujeres “mayores” están discriminadas respecto a los
hombres, en actividad, empleo, paro, ingresos, subsidios y pensiones. Pero todos
los “mayores”, ellos y ellas, sufren cada día la presión de muchas empresas,
que intentan “que se vayan” o se jubilen anticipadamente, o que no están
dispuestas a contratar a mayores en paro. Un
contrasentido: que un colectivo
muy dinámico y formado, los mayores de 55 años, sufra prejuicios y estereotipos
en el mercado laboral, que en muchos casos los lleva a la inactividad, al
desempleo de larga duración y a las jubilaciones anticipadas (perdiendo
pensión), como
señala este informe de Adecco.
Hay sectores enteros, como la banca, las telecomunicaciones
o la energía, que han sufrido procesos de “rejuvenecimiento de las
plantillas”, a cambio de un alto coste para las empresas y para la
Seguridad Social. Y la presión sigue hoy en muchas empresas y sectores, con el
objetivo de “renovar” plantillas y ahorrarse costes, al sustituir
un empleado con antigüedad y sueldos medios por jóvenes mileuristas y contratos
precarios. Es una visión “cortoplacista”, que puede suponer “ahorros” a
corto plazo pero donde las empresas pierden lo más valioso: el capital
humano. Parece claro que hay que dejar sitio a las nuevas generaciones,
pero debería buscarse una “cohabitación” entre trabajadores mayores y
jóvenes, promoviendo contratos
de relevo, donde el empleado mayor trabaje menos horas y forme a
los nuevos, sin perder mucho sueldo y bonificando la contratación de esos
jóvenes.
Lo que parece claro es que asistimos a un
problema de “edadismo” en el mercado laboral: las empresas
apenas contratan a mayores de 45 años y es muy raro que
contraten a mayores de 55 años. Los datos son muy
evidentes: en octubre de 2024, de los 12.935.916 contratos hechos en
España (se hacen muchos al año para un puesto), sólo el 8,92% se hicieron a
parados mayores de 55 años, según
el SEPE, cuyos datos revelan que los contratos se concentran en los 25-29
años (14,8% del total) y los 30-34 años (12,10%).
Así que los
515.900 parados con más de 55 años tienen muy difícil encontrar un trabajo.
Ellos lo saben: 7 de cada 10 parados mayores de 55 años “creen que no
volverán a trabajar nunca”, según
una Encuesta de la Fundación Adecco. Solo les queda malvivir con 480
euros de paro hasta que puedan jubilarse (63,65 o 67 años, según lo
cotizado y lo que quieran perder si anticipan la retirada). Y eso si
cumplen los requisitos para cobrar el paro de mayores de 52 años,
que incluyen carecer de otros ingresos y haber cotizado 6 años. En cualquier
caso, no sólo buscan trabajo: también recuperar
la autoestima, porque se ven sin salida después de sus estudios y
muchos años de trabajo.
La Fundación
Mapfre propone que el Gobierno y las empresas promuevan trabajos
parciales (“mini Jobs”) para recuperar a los parados “mayores”,
incentivar que muchos se hagan autónomos (hay 1 millón de mayores
de 55 años autónomos, 350.000 mujeres), junto a programas de reciclaje y
formación (sobre todo en herramientas digitales), además de bonificaciones fiscales y de cotizaciones
a las empresas que contraten a mayores. Y que se publique e incentive el
porcentaje de mayores que tienen las empresas. Otro elemento clave es la reforma
y modernización de las oficinas de empleo (SEPE), para que ayuden a
recolocarse a los parados y en especial e los mayores que llevan más tiempo sin
trabajar.
En resumen, que tenemos un ejército de “mayores” que
tienen ganas de trabajar y una formación y experiencia muy valiosas, que las
empresas no deberían relegar, porque mejora su eficacia y productividad. No
podemos despreciar el talento.
España tiene una población cada vez más envejecida, como toda Europa, por el aumento de la esperanza de vida y el menor número de nacimientos. El 1 de octubre residían en España 48.946.035 habitantes, según el INE, de los que más de un tercio (el 34,91%) tienen más de 55 años: 17.087.070. Son 3,3 millones de mayores más que hace 10 años, cuando en España vivían 46.507.760 personas, de las que 13.813.959 tenían más de 55 años. De este tercio largo de personas mayores, un 44% son personas en edad laboral, que tienen entre 55 y 64 años: 7.579.865 personas, 1,6 millones más que en 2014. De hecho, dos tercios del aumento de población total que ha tenido España en la última década se ha dado entre las personas que tienen de 55 a 65 años. Y una buena parte de este aumento se debe a los inmigrantes mayores (55 a 65 años), que son ahora 910.860 personas (1 de cada 8 mayores).
En cuanto al empleo,
la 2ª discriminación es que las
mujeres “mayores” trabajan menos que los hombres “mayores”. En septiembre
de 2023, de los 4.576.700 mayores de 55 años que trabajaban, más de la mitad eran
hombres (2.489.900 ocupados, el 54,4%) y menos mujeres (2.086.800 ocupadas, el
45,6% del total). Es lo mismo que pasaba 10 años antes: 1.459.200
ocupados hombres y 1.098.400 mujeres. Comparados
con Europa, las mujeres “mayores” tienen una tasa de empleo menor:
53% de las mujeres con esa edad trabajan en España, frente al 58%
en la UE-27, el 71% en Alemania, el 57,2% en Francia y el 47,2% en Italia.
Etiquetas:
desempleo mayores 52 años,
discriminación mujer,
empleo mayores,
hombres mayores 55 años,
jubilación,
mayores 55 años,
mujeres mayores 55 años,
paro mayores,
pensiones
lunes, 18 de marzo de 2019
Pensiones: las cuentas empeoran
El pago de pensiones ha
costado en febrero más de 9.500 millones,
con el mayor aumento de esta factura desde 2008. Y no sólo porque haya más pensionistas y cobren pensiones más altas, sino por la subida del 1,6% en 2018 y 2019, el 3%
de las mínimas y la “paguilla” de febrero. Con ello, el déficit de la Seguridad
Social superará este año los -18.500
millones de los últimos tres años. Mientras, la Comisión del Pacto de Toledo se cerró sin
aprobar ninguna reforma, tras más de 2 años de debate. Y la SS
necesitará un nuevo préstamo y “tirar” de
la hucha (dejándola en 1.350 millones) para pagar las pensiones este año. El “agujero”
empeora y nadie toma medidas ni dice cómo van a pagar las próximas
subidas y cómo asegurarán el futuro de las pensiones. Habrá que recaudar más por cotizaciones, trasvasar impuestos y hacer ajustes,
aunque no nos guste. Si no, mejorarán las pensiones actuales pero tendrán un
problema grave nuestros hijos y nietos. SOS
pensiones.
![]() |
| enrique ortega |
El “agujero” de la Seguridad Social, el déficit entre ingresos y gastos, empeora. Hasta 2010, la SS tuvo superávit, porque se creaba empleo, se ingresaban más cotizaciones y había menos pensionistas. De hecho, en 2008, la Seguridad Social tuvo un superávit de +16.743 millones (1,5% del PIB). Pero llegó la crisis, se desplomó el empleo y las cotizaciones y en 2011 empezó el primer déficit, pequeño (-487 millones), que se multiplicó por 12 al año siguiente (-5.812 millones en 2012), se duplicó con creces en 2014 (-13.762) y siguió creciendo con la recuperación, hasta alcanzar un déficit de -18.537 millones en 2016, que incluso ha subido en 2017 (-18.756 millones) y 2018 (- 18.937 millones, el 1,6% del PIB).
En total, un déficit acumulado en la Seguridad
Social de - 101.723 millones de euros entre 2011 y 2018, un “agujero” que se
ha tapado emitiendo deuda pública
(supera ya el billón de euros) y tirando de la “hucha de las pensiones”: en 2011 tenía
66.815 millones ahorrados de los años buenos y Rajoy la dejó con 8.000 millones,
de los que Sánchez sacó 3.000 en 2018 y su sucesor tendrá que sacar otros 3.696
millones este año, para dejarla en 1.350 millones a finales
de 2019. Además de la hucha, este año se ha aprobado otro crédito de 15.164
millones y una transferencia de 850 millones, para pagar la pensión extra de verano y Navidad.
Como se ve, el agujero de las pensiones en un
tema serio y todo apunta a que este año
2019 va a empeorar, con la
revalorización de las pensiones, y podría alcanzar los -22.000 millones de euros. De entrada, en febrero de 2019, la factura
de las pensiones ha tenido un coste histórico: 9.563,1 millones (9.535 millones en enero), con un aumento del
7,16% sobre febrero de 2018, la mayor subida mensual en 10 años,
desde diciembre de 2008 (entonces pagar las pensiones costaba un tercio menos:
6.332 millones).
La factura de las pensiones sube ahora más, desde el verano de 2018, no sólo porque aumentan los pensionistas (ya son 8.818.371) y las pensiones (hay 9.707.140), por el envejecimiento de la
población, sino porque los nuevos
pensionistas cobran pensiones más altas que los antiguos: la pensión nueva de jubilación era en enero de 1.446 euros, 448 euros más alta
de las que cobraban los que han muerto y son bajas del sistema. Las subidas de
los sueldos en los últimos años
(aunque bajas) y la fuerte subida del salario
mínimo (+34% entre 2017 y 2019) han hecho que los nuevos pensionistas
tengan ahora derecho a pensiones más altas: la pensión media de todo el sistema
es de 985,16 euros (+5,6% que hace
un año) y ya supera los 1.000 euros en 12 provincias
(aunque no llega a 800 euros en Orense, Lugo y Almería). La pensión media de jubilación es de 1.131 euros, un 5,04% más que hace un
año. Y la pensión media de viudedad es de 708,26 euros (+8,6%).
Pero hay otra razón
básica de que la factura de las pensiones haya subido un 7,16% en febrero: la revalorización de las pensiones.
Después de muchos años subiendo sólo un 0,25%, en 2018 y en 2019, las pensiones
han subido un 1,6%. Y las mínimas un 3%, mientras se subía del 56 al 60% la
base reguladora de las pensiones de viudedad. Y en febrero, además, se ha
cobrado una “paguilla” para compensar la mayor subida del IPC en 2018. Todo
esto está muy bien, pero hay que pagarlo. Y se estima que esta revalorización habrá costado 3.000 millones extras en 2018 y
costarán otros 4.000 millones en
2019, con una factura que crece año tras año y supondrá un coste extra de 37.550 millones hasta 2022, según estimó la
Seguridad Social. Y hasta 85.000 millones
extras si se mantiene la revalorización hasta 2050.
El problema es que todos los partidos acordaron que
las pensiones suban con el IPC, pero nadie se preocupó de buscar dinero para
pagarlo, más allá de recurrir a la deuda y a la “hucha” de las
pensiones (que se ha agotado). Y también pactaron
que no entrara en vigor en enero de 2019 otra medida de ajuste, el “factor de sostenibilidad” (pagar las nuevas pensiones en función de la
esperanza de vida), retrasando su aplicación hasta 2023, de momento. Con ello,
las nuevas pensiones de este año y los tres siguientes no se verán recortadas
(como preveía la reforma de 2013 de Rajoy), pero la decisión va a
suponer otro aumento extra de la factura de las pensiones, entre 3.000
y 5.000 millones más al año.
Así que tenemos un agujero de las pensiones (-18.937
millones en 2018) y las medidas
aprobadas por todos los partidos en 2018 (revalorización con el IPC y retraso
de la entrada en vigor del factor de sostenibilidad) van a aumentar este déficit,
como ha advertido recientemente la Comisión Europea, preocupada porque las
pensiones impidan reducir la deuda y el déficit público en España. Y en
contrapartida, los partidos,
presentes en la Comisión del Pacto de Toledo, han sido incapaces de aprobar reformas para tapar este agujero creciente y asegurar la
financiación de las pensiones a medio plazo. Y cuando quieran pactar algo, se
habrá perdido otro año.
El problema ya no es que
tengamos un agujero en las
pensiones, lo más preocupante es que se va a multiplicar en los próximos años,
por culpa del envejecimiento de la población, que va a disparar las pensiones, de las 9,7 millones actuales
a 15 millones de pensiones en 2050. Y
para poder pagarlas, habría que contar entonces con 30 millones de españoles
trabajando, 10,5 millones más que hoy, algo
casi imposible: la Comisión Europea estima que no habrá más de 20 millones de
españoles trabajando para 2050, lo que daría 1,3 ocupados por cada pensión. Y así no salen las cuentas.
Así que sólo hay dos soluciones: o modernizamos la
economía para poder emplear a 10,5 millones de personas más (sobre todo
inmigrantes, porque la población española cae y habrá menos jóvenes) o atemperamos la factura de las pensiones, para poder pagar estos 15 millones de
pensiones aunque sea menos a cada una. Lo lógico sería actuar en los dos
frentes. El problema se agrava y se hará más acuciante a partir de 2027, cuando se
jubilarán los españoles del “baby boom”, los nacidos entre 1960 y 1975.
Así que tenemos dos problemas con las pensiones. Por
un lado, afrontar el agujero actual, que lleva ya cuatro años en -18.500 millones y creciendo. Y a medio plazo, el agujero futuro, tomar
medidas para que las pensiones no se coman la mitad del gasto público en 2050
(hoy se llevan la cuarta parte). Los partidos, en la Comisión del Pacto de
Toledo, han sido incapaces de dar soluciones, pero hay expertos que proponen medidas.
Y entre ellos, la propuesta más razonable a corto plazo es la de la AIReF (la Agencia
Independiente de Responsabilidad Fiscal), que propone suprimir el déficit actual de la SS por dos caminos: uno, trasvasando 10.400 millones de cuotas del
desempleo a la Seguridad Social (dejaría de pagar el desempleo no
contributivo y bonificaciones de cotizaciones, que cargarían sobre el
Presupuesto del Estado) y el otro, quitando
a la SS 7.000 millones de gastos que pagarían los Presupuestos (el coste de funcionamiento de la SS, gastos de fomento del empleo y bonificación de
cotizaciones, subvenciones a regímenes especiales y el pago de las prestaciones
por paternidad y maternidad). Básicamente, se trata de descargar a la Seguridad Social de 17.400 millones de gastos que se
financiarían con impuestos vía Presupuestos.
Es un “parche”, cambiar el "agujero" de sitio (y quien paga: en vez de las
cotizaciones, que no llegan, los impuestos), pero serviría para quitar a la Seguridad Social la losa del “déficit coyuntural” actual. Pero
eso no nos resuelve el problema de fondo: que las
pensiones y su coste crecen más que los ingresos por cotizaciones (sobre todo
con empleos precarios y mal pagados). Por eso, hay que pensar en medidas a medio plazo, para evitar el
anunciado “gran agujero” a partir de 2027, el déficit “estructural”. Y
aquí, la AIReF plantea algo muy sensato: defender que no se revaloricen las
pensiones “no es políticamente viable”, nadie lo va a defender con la
presión de 9 millones de pensionistas (votantes)
detrás. Pero sí hay que defender “atemperar” el ritmo de crecimiento de las
pensiones, porque si seguimos la inercia actual, no serán viables para
2050. Y eso hay que decirlo.
Para “atemperar” el gasto en pensiones, la AIReF propone buscar otras vías de revalorización que no sean el
IPC, muy volátil y costoso.
Una alternativa sería revisarlas lo que crezca la economía (aumento del PIB) o los
salarios (que se traduce en la subida de cotizaciones). Además, proponen 2 medidas que serían muy efectivas para
atemperar el ritmo de gasto en pensiones. La primera y que tiene más efecto de
ahorro, retrasar la edad efectiva de jubilación en 1 año, no
sólo la legal (que estará en 67 años para 2027), para que la edad efectiva de
jubilación sea de 65,5 años en 2048 frente a los 62,7 años actuales (aunque
legalmente sea de 65 años y 8 meses). Y la otra, aumentar el periodo de cálculo de la pensión, de los 25 años
previstos para 2027 a 35 años, con la idea de contemplar después el cómputo de
toda la vida laboral.
Son dos medidas que recortarían
el gasto en pensiones del 18% del PIB en 2050 (si no se hace nada, un gasto
insostenible) a un 13,4% del PIB, que sí se podría pagar. Y claro, en paralelo habría que
tomar otras medidas como subir en lo posible las cotizaciones
sociales (son algo más bajas en España, según Eurostat: un 12,2% del PIB frente al 13,3% en la UE-28, sobre todo las cotizaciones
de los trabajadores) y conseguir más ingresos fiscales (se puede: España recauda cada año 81.000 millones menos que la media europea) para
financiar con impuestos las pensiones no contributivas, las de viudedad y
orfandad y los complementos de mínimos a las más bajas (hoy, la cuarta parte de
las pensiones).
Las soluciones no son
sencillas pero hay que empezar a tomar medidas con una idea clara: hay que mejorar en lo posible las pensiones
actuales pero sin poner en peligro
las pensiones futuras, con un equilibrio
generacional en los sacrificios. Y eso pasa por saber algunos datos y asumirlos. Como que los pensionistas actuales tienen una esperanza de vida de 21,1 años (a partir
de los 65 años), 6,1 años más que en 1975. Y todavía aumentará hasta 22 o 23
años, lo que dispara el gasto en pensiones y obliga a pagar algo menos durante más años para que no estalle el sistema. Y además, hay que saber que las pensiones en España son de las más generosas de Europa y que no hemos cotizado suficiente por
ellas.
Los datos son explícitos. En España, la pensión media supone el 78,7% del último salario, frente al 49,9% del último salario que supone la pensión media en la zona euro, el 45,4% en Francia o el
37,8% del último salario en Alemania. O sea que aunque se hable de “pensiones
de miseria” (la cuarta parte, 2,4 millones sí son mínimas), las
pensiones en España son más altas sobre el último salario que en casi toda
Europa (eso sí, los salarios son más bajos y por eso la pensión es
baja, pero ese es otro tema). Y la otra cuestión: con lo que cotizamos (si se ha cotizado 37 años), se pagan 13,2 años de pensión media,
con lo que no se pagan todos los que se cobran de media (21,1 años): hay 8 años que se cobra pensión sin haber
cotizado por ellos (y con una tasa de reposición del 78,7%, faltarían 5,1
años de cotizar, según este detallado estudio de Fedea que conviene
conocer.
En definitiva, que las pensiones “no son de chicle” y se puede pagar lo que se puede
pagar, lo que dan de sí las cotizaciones e impuestos. Y no queda más remedio (aunque no nos guste) que frenar el gasto, retrasando
la edad de jubilación, aumentando los años de cómputo y compaginando lo que se
cobra con lo que se vive, porque si no, no salen las cuentas y el problema
lo tendrán los que se jubilen en 2050: nuestros hijos y nietos. Por eso, hay
que hacer muy bien las cuentas, difundirlas sin demagogia y proponer a los españoles medidas justas y equilibradas, que
repartan el pastel disponible entre
los pensionistas actuales y los futuros. Una reforma pactada por la mayoría
y que no se cambie por circunstancias políticas o electorales. No podemos
seguir otro año más, como los dos anteriores, sin tomar medidas, sin frenar el
déficit, sin asegurar el futuro de las pensiones. Cuanto más se tarde en atajar
los problemas, más duras serán las soluciones. SOS pensiones.
Etiquetas:
cotizaciones,
déficit pensiones,
envejecimiento,
impuestos,
jubilación,
Pacto de Toledo,
pago pensiones,
pensiones,
pensionistas,
reforma pensiones,
revalorización pensiones.,
Seguridad Social
lunes, 9 de diciembre de 2013
El miedo alienta los Planes de pensiones
Vuelve la publicidad de los Planes de pensiones privados, como siempre en diciembre. Pero esta
vez, bancos
y aseguradoras casi no tienen que hacer
campaña: se la hace el Gobierno. Por un lado, con la nueva reforma de las pensiones, que se
aprueba este mes: va a recortar las
pensiones iniciales de los que se jubilen a partir de 2019 (entre -5,8
y -23,2%), además de revisarlas poco o nada. Por otro, rebaja las comisiones de los Planes de pensiones para que sean
más atractivos. Y la OCDE echa otra mano: acaba de decir que las pensiones futuras serán peores y
que hay que hacerse un Plan privado. Así que el miedo está servido y
empujará a hacerse más Planes, aunque
este año tienen menos aportaciones por la crisis. El problema es que hay que dedicarles entre 300 y 500 euros al
mes y muchas familias no saben de dónde sacarlos. Pero no va a quedar más remedio, aunque no nos guste.
![]() |
| enrique ortega |
Los Planes de pensiones privados baten este año todos sus
récords de dinero invertido. Hasta septiembre, había 8 millones de españoles con un Plan
de pensiones (4,6 millones con Plan individual y el resto con Planes de
empresa o de funcionarios,
700.000) y tenían un patrimonio de 89.632,2 millones de euros, una cifra
histórica, gracias al tirón de la Bolsa,
ya que las aportaciones han bajado este año (3.909 en los últimos 12 meses hasta
septiembre, frente a 4.485 millones el
año anterior), porque hay más parados y
menos ingresos como para hacerse Planes. La otra factura de la crisis
es que aumentan un 78% los que rescatan
su Plan antes de jubilarse,
porque están
en paro prolongado (enfermedad grave o desahucio): en 2013 serán unas 180.000 personas (500 al día), que
recuperarán 500 millones (2.780 euros por parado o enfermo), según datos de INVERCO.
Bancos y aseguradoras
esperan relanzar sus flojas ventas de Planes de pensiones este mes, con unas campañas agresivas (regalos) y
sobre todo, aprovechando el miedo que se
ha inoculado a los españoles sobre sus pensiones futuras. Ha sido muy
“oportuno” el reciente informe de la OCDE sobre
pensiones, con tres ideas: las futuras pensiones
serán más bajas que las actuales, los que tienen salarios medios lo sufrirán
más y hay que hacerse Planes de pensiones privados. Clarito. Pero la mejor campaña la hace este mes el Gobierno
Rajoy. Por un lado, aprobando la segunda
reforma de pensiones, con dos
medidas: recorte de
la pensión inicial (entre el 5,8%
y el 23,2%) a los que se jubilen a partir de 2019. Y por otro, revalorizando las pensiones poco
(0,25%-0,50%) o nada desde enero. Con esto y la reforma
de Zapatero (en vigor desde enero 2013), las pensiones futuras se recortarán entre un 20 y un 40% sobre las actuales, más cuanto
más tarde nos jubilemos. Por otro, el
Gobierno rebajará este mes las comisiones que cobran los
Planes, para hacerlos más atractivos,
aunque la medida tiene truco: baja
la comisión máxima de gestión del
2% al 1,4%, aunque pocas gestoras cobraban el máximo (la media es el 1,39%,
según Seguros). La otra comisión, la de depósito, que sí se cobra íntegra, baja
del 0,5 al 0,25%. Serán, pues, más
baratos.
Con estas “ayudas”
se busca que España se ponga al día en
Planes de pensiones privados, porque
estamos rezagados frente a Europa: los
tienen el 26% de las personas en
edad de trabajar, frente al 40% en
la UE. Y eso, por dos razones. Una,
que en España hay pocos Planes de empresa:
sólo los tienen el 18% de los trabajadores, mientras en otros países van del 25
al 50% (Gran Bretaña). Y la otra, más importante, porque los españoles siempre han confiado en su pensión pública y han ahorrado para comprar
una casa (83% españoles son propietarios frente al 60% en la UE y
el 44% en Alemania) o para invertir
en depósitos (49% del ahorro hoy), Bolsa (20%), seguros (9%), Fondos (6,8%)
y sólo un 5,2% en Planes.
El problema ahora es que coincide la crisis de las pensiones públicas
con los menores
ingresos de las familias, por el paro y la crisis. Y así, el 65% de los españoles cree necesario
complementar la pensión pública, pero la
mayoría no lo hace por falta de recursos,
según una encuesta
reciente. Y los que tienen un Plan de pensiones, invierten muy poco: el 54% aportan 1.000 euros o menos al año (mileuristas también en Planes) y otro 27% entre 1.000 y 5.000 euros al año. Y
la mayoría invierte en Planes para pagar
menos a Hacienda, por
la desgravación, que beneficia sobre todo a los más ricos,
como ha denunciado incluso la Comisión
Europea en junio: a igual
aportación, los sueldos altos desgravan mucho más.
Y mientras en los sueldos de menos de 21.000 euros, sólo el 18% se desgravan
por Planes, entre los contribuyentes que ganan más de 60.000 euros, se
desgravan el 60%.
Con todo, parece claro que las pensiones públicas futuras se van a recortar: si hoy suponen el 81% del sueldo medio, puede
temerse que se queden entre el 60 y el
70% dentro de 20 ó 30 años. Así que si
no queremos vivir peor después de jubilarnos, parece realista buscar cómo
conseguir ese 30 o 40% de pensión
complementaria (si este Gobierno y la oposición han tirado la toalla
de conseguir más recursos públicos y más cotizaciones para las
pensiones públicas). Y tendremos que pensar
en hacernos
un Plan de pensiones.
¿Cuándo? Cuanto antes: lo mejor es a los 40 años (y mejor a los 35).
El tiempo es clave, porque cuanto más tarde se hace más hay que pagar para
conseguir algo que compense. ¿Cuánto hay
que pagar? Para conseguir, por ejemplo, 250.000 euros al jubilarse (1.000€
extras al mes durante 20 años), habría que pagar 4.251 euros año (354 € mes) si se empieza con 35 años, 8.073 €
con 45 años y 13.000 € al año
(1.083 € mes) si se contrata con 50 años.
¿Qué Planes? Depende de la edad. Lo ideal
es empezar con Planes de renta variable,
de más riesgo (invierten en Bolsa, donde es más difícil perder a 20 años
vista), seguir con Planes de renta fija
(invierten más seguro, en depósitos, Letras o deuda pública) o Planes mixtos (variable y fija) y acabar
con Planes garantizados o Planes de previsión asegurados (PPA), que aseguran una pequeña
rentabilidad (revisable o no) a un plazo (5, 10,20 años) que coincida con
nuestra jubilación. Lo mejor es repartir
la inversión entre distintos Planes y hacer
un seguimiento: si no van bien, nos podemos cambiar a otro sin perder la desgravación
y sin coste (incluso nos darán algo si cambiamos de entidad). Dos
consejos. Uno, no se fijen en los
regalos para elegir Plan, sino en lo que invierten (su rentabilidad
es pasada y no asegura que se mantenga en el futuro). Y dos, no compre su Plan a un banco, caja o aseguradora que sólo venda los
suyos: busque quien ofrezca Planes de muchas gestoras y elija.
El Gobierno Rajoy ha prometido a bancos y aseguradoras que 2014
va a ser el año de los Planes de pensiones, gracias a un paquete de
medidas que quiere aprobar, al hilo
de la reforma fiscal. Primera, mejorar su liquidez, ampliando las
circunstancias para poder rescatarlos. Segunda, obligar a las empresas (pymes
incluidas) a informar a sus
trabajadores de la inversión en Planes. Tercera, mejorar el trato fiscal a los
Planes, para que cuando uno se jubila o lo rescata no pague tanto a Hacienda:
podría volver la reducción del 40% que Zapatero quitó en 2006. Y, sobre todo,
podría decidirse en 2014 el envío de una carta de la Seguridad Social a los mayores de 50
años informándoles de la pensión que les va a quedar cuando se jubilen.
Será la mejor campaña puerta a puerta
para los Planes de pensiones.
El problema sigue
siendo el mismo: que las familias no tienen dinero para hacerlos,
que a 1 de cada 3 españoles no le queda un euro tras pagar los recibos obligatorios. Y así, resulta muy difícil guardar de 300 a 500 euros mensuales
para un Plan de pensiones. Por eso, para la mayoría de las familias, no es
una opción y la alternativa debería ser recaudar más impuestos a los que más ganan y
más cotizaciones a los que trabajan para no
recortar las pensiones públicas. Pero nuestros políticos no parecen estar por esa vía. Por eso, el que
pueda, tiene que mentalizarse de ahorrar como sea cada año para complementar su pensión. Aunque
no nos guste.
Etiquetas:
ahorrar.,
aseguradoras,
bancos,
campaña Planes de pensiones,
desgravación fiscal,
jubilación,
pensiones,
pensionistas,
Planes de pensiones,
reforma pensiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

