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lunes, 13 de diciembre de 2021

Bancos: más monopolio y más comisiones

A finales de diciembre, nos cargarán en cuenta las comisiones que bancos y cajas cobran trimestral o semestralmente a sus clientes. Una media de 140 euros al año. Pero esta vez, el cargo será mayor, porque en septiembre subieron comisiones casi todos los bancos. Y eso porque necesitan cobrarnos más para resarcirse de la caída de márgenes, por el menor crédito y los bajos tipos de interés. Gracias a estas comisiones, los grandes bancos han vuelto a tener beneficios este año, más incluso que antes de la pandemia. Y pueden imponernos mayores comisiones porque son más fuertes, tras las fusiones: con el cierre de sucursales, los grandes bancos y cajas son un monopolio (operan ellos solos) en un tercio de códigos postales de las localidades donde están abiertos (la mitad de los municipios), según el Banco de España. Sólo nos queda pagarles lo que digan o irnos, algo que ellos mismos promueven para los clientes que no les interesan. Un abuso al que nadie pone coto. A pagar tocan.

Enrique Ortega

En la última década, tras la anterior crisis de 2008, se ha trastocado la esencia del negocio bancario: coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible). Por un lado, empresas y particulares han salido escaldados de endeudarse tanto y piden menos créditos, que ahora se miran con lupa para concederlos a cuentagotas, Y por otro, la bajada drástica de los tipos de interés hace que los márgenes de la banca se reduzcan, poniendo en peligro sus abultados beneficios (y el dividendo de sus accionistas). La solución que buscaron fue reducir costes de forma drástica, por dos vías: recorte brutal de plantillas (han perdido 113.000 empleados desde 2008, un 40% de su personal) y cierre de sucursales (han desaparecido 23.391 oficinas desde 2008, el 51,2%). Y en paralelo, han buscado ser más grandes, fusionándose con otros bancos o comprando entidades en crisis, para rebajar así sus costes y cobrar ayudas fiscales millonarias. Pero no ha sido suficiente. Y por eso, en los últimos años, nos fríen a comisiones a los clientes.

Actualmente, los ingresos por las comisiones que bancos y cajas nos cobran son claves para sus cuentas. Basta analizar los resultados de los 5 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter) hasta septiembre de 2021: han ganado 15.582 millones de euros, superando los malos resultados de 2020 por la pandemia (-7.734 millones perdidos de enero a septiembre) e incluso ganan ya un +48,86% más que antes de la pandemia (10.467 millones de beneficios entre enero y septiembre de 2019). Y la partida que más les crece son los ingresos por comisiones: 15.444 millones que nos han cobrado de enero a septiembre de 2021, un +11,1% más que en los nueve primeros meses de 2020. Y por si creemos que se debe a la recuperación tras la pandemia, veamos la comparación con 2019: en los nueve primeros meses de 2019, los ingresos por comisiones de los 6 grandes bancos (entonces estaba Bankia, ahora en las tripas de CaixaBank) fue de 6.931 millones de euros, un -1% menos que en 2018. Así que este año han ingresado por comisiones cobradas a los clientes más del doble que en 2019 (+122,8%).

Pero como el crédito se recupera lentamente y los tipos apuntan a que seguirán bajos hasta 2023 (y ya no pueden cerrar más sucursales ni despedir a más empleados), los bancos ven que tienen que seguir ingresando más por comisiones para seguir aumentando beneficios. De ahí que en septiembre, las 10 mayores entidades financieras dieran otra vuelta de tuerca y anunciaran a sus clientes una nueva subida de comisiones. Una subida que afecta a casi todos los clientes y que es mayor en los no vinculados, los que no tienen la nómina o pensión domiciliada. Y en paralelo, a los que sí la tienen, les exigen ahora una mayor cuantía para subirles menos las comisiones: si antes se les exigía una nómina o pensión mínima de 600 euros, ahora ya son 800 euros. Y en algunos casos, como el Deutsche Bank, se exige ahora una nómina de 1.500 euros para subir menos las comisiones.

La mayoría de los bancos han subido en septiembre las tres vías que utilizan para cobrarnos comisiones: la comisión por mantenimiento de cuenta (el Santander ha subido esta comisión 94 euros anuales, Ibercaja 48 y Kutxabank 40 euros), la comisión por emisión de tarjeta (ha subido un 7,5%) y por mantenimiento de tarjeta (ha subido de 7 a 8,50 euros) y la comisión por descubierto (de 4 euros ha pasado a 18 euros), según el seguimiento hecho por la asociación ASUFIN.

Con esta subida, la comisión media por cuenta queda ahora en 140 euros anuales para los clientes vinculados (110 euros por mantenimiento de cuenta y 30 por la tarjeta de débito) y mucho más para el resto, sobre todo los que no tienen nómina o pensión ni recibos domiciliados. Pero esto es una media, según ASUFIN. Porque hay entidades que cobran mucho más, como Santander (el banco que cobra más comisiones: 276 euros de media, 1,5 veces más que hace un año) o Bankinter (180 euros de media). Y otros que cobran menos, como Abanca (78 euros de comisión media, la entidad más barata) o Unicaja (92 euros anuales, 60 por mantenimiento de cuenta y 32 por la tarjeta). Y además, se han disparado las comisiones que los bancos cobran por tener acciones o Fondos de inversión.

La subida constante de comisiones no tiene sólo un fin recaudatorio, de asegurar ingresos que la banca no consigue con su negocio tradicional. Es una forma también de “seleccionar clientes”, según denuncia ASUFIN: me interesan los que tienen más ingresos y “tienen todo conmigo” (desde la nómina a la hipoteca o los Fondos de inversión), porque son clientes “rentables”. Y el resto, los que tienen nóminas bajas y encima no se vinculan conmigo, les breo a comisiones y les cobro por todo, hasta 2 euros por retirar dinero de ventanilla, buscando que se harten y se vayan, porque “no quiero ese tipo de clientes”. Esta estrategia es más propia de los grandes bancos, con millones de clientes y muchas oficinas, que son los más duros con la subida de comisiones. Y “abren más la mano” los pequeños, los necesitados de clientes.

Esta estrategia está creando una brecha bancaria entre unos clientes, los rentables, y el resto, que no interesan tanto y sufren las consecuencias, porque no pueden “vivir sin los bancos” en una sociedad tan bancarizada como la española. Sólo les queda quejarse y poner reclamaciones (las motivadas por comisiones crecieron un 91% en 2020), que no van a ningún lado, porque las comisiones son legales y están comunicadas al Banco de España. Y la otra vía es cambiar de banco e intentar negociar con otro, si se tienen “contrapartidas” (nómina, pensión, hipoteca, acciones, Fondos…), algo que le falta a muchos clientes.

Los bancos y cajas nos cobran ahora más comisiones no sólo porque “lo necesitan más sino “porque pueden hacerlo”, porque ahora que son menos tienen más poder sobre el mercado y sus clientes. Es una de las consecuencias negativas de las fusiones: hay menos bancos para operar y los que quedan son más fuertes. De hecho, los 5 grandes bancos españoles controlan ya dos tercios del mercado bancario (el 66,4% de los activos). Una concentración bancaria que supera la de Francia, Italia o Alemania. Veamos los datos. El indicador de concentración bancaria es el índice Herfindalh-Hirschman. España tiene un índice de 1.081 puntos, según el BCE, que indica una “concentración moderada”, todavía alejada de la “concentración alta” (índice superior a 1.800, que tienen Finlandia, Holanda, Lituania, Chipre o Grecia) y de la situación de "monopolio" (índice superior a 2.500, que sólo tiene Estonia), aunque es uno de los paises donde el índice se ha duplicado (era 497 en 2008). Pero tenemos una concentración bancaria (índice 1.081 puntos) que casi duplica la de Francia (688) o Italia (675) y triplica la de Alemania (325 puntos).

Pero la mayor fuerza de la banca no es sólo que haya menos entidades. Es que además, como han cerrado más de la mitad de sucursales, las oficinas bancarias que quedan abiertas tienen mucho más poder en media España. Y digo en media España porque el 54% de los municipios españoles no tienen ninguna sucursal bancaria (4.443 de 8.151 municipios, ver el mapa de oficinas cerradas por autonomías), según los datos del Banco de España y el INE. Eso supone 1,6 millones de españoles sin una oficina bancaria cerca. El resto, el 46% de localidades con banco, tienen en muchas ocasiones los servicios de un solo banco, con lo que tienen muy fácil subir comisiones y seleccionar clientes. El Banco de España acaba de publicar el dato y es impresionante: en 1 de cada 3 códigos postales donde hay banco sólo opera una única entidad bancaria. Hay un monopolio bancario de hecho.

Las provincias con más códigos postales en situación de monopolio bancario son Toledo (70 códigos postales), A Coruña (60), Badajoz (59), Pontevedra (54), Cáceres y Girona (53), Lleida (50), Orense (48), Ciudad Real y Cuenca (47), Barcelona (46), Asturias (45), Zaragoza (44), Valencia (43) y Zamora (40), según el Banco de España. Así que los españoles que tienen menos bancos donde elegir son los que viven en Extremadura, Galicia, Castilla la Mancha y Cataluña. Apenas aparece Castilla y León porque ahí el problema es otro: el 83,41% de sus municipios no tienen ninguna oficina bancaria.

Esta situación de monopolio beneficia sobre todo a CaixaBank, que opera en solitario (sin competencia) en 460 códigos postales (de los 1.619 existentes), seguida a mucha distancia de Abanca (monopolio en 187 códigos postales, sobre todo en Galicia), Unicaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Andalucía), Ibercaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Aragón) y varias Cajas (Kutxabank, Caja Mar, Caja Sur) y Cajas Rurales (Eurocaja Rural, Albacete, Ciudad Real, Jaén). Curiosamente, el Santander sólo está en monopolio en 23 códigos postales y el BBVA en 32.

Estos datos oficiales (Banco de España) reflejan el panorama bancario tan desolador que tenemos: más de media España sin una oficina bancaria y en la otra media, un tercio de lugares con sólo un banco o Caja que hace y deshace. Y todo ello con menos oficinas y menos empleados, con un peor servicio que ahora nos cobran mucho más caro. Unas comisiones bancarias que se han duplicado en los últimos dos años y que seguirán subiendo, cada trimestre o semestre, hasta que se recupere más el crédito y suban los tipos. Y como telón de fondo, unos bancos con más poder, que “seleccionan” a sus clientes.

Ante este panorama, poco se puede hacer, salvo intentar negociar con nuestra entidad o cambiar de banco (que hará lo mismo). Quizás apostar por la banca online (ING y Openbank), que suelen cobrar menos comisiones, o arriesgarnos con los “neobancos” (N26, Revolut, Bnext, Bitsa, Rebellion Pay, Bnc10, Monesa, Qonto, Nickel, Vivid Money…), que buscan entrar en España (sin comisiones) y que no sabemos lo que nos cobrarán en el futuro. Incluso las telecos nos ofrecen servicios bancarios: Movistar Pay, Orange Bank… Y tenemos un amplio abanico de plataformas de pago, desde PayPal a Amazon Pay o Google Pay.

El Parlamento Europeo nos abrió en 2016 otro camino, la “cuenta bancaria básica”, que Rajoy retrasó al máximo (fue aprobada a finales de 2017) y que la vicepresidenta Calviño no ha perfilado hasta marzo de 2019. Se trata de una cuenta bancaria que permite realizar los servicios básicos (domiciliar recibos, realizar transferencias y disponer de una cuenta de débito para sacar dinero en cajeros y pagar en comercios europeos), con el pago de una comisión de 3 euros mensuales (36 euros al año). Los bancos y cajas están obligados a hacernos esta cuenta básica, que tiene 2 limitaciones: no podemos abrirla si ya tenemos una cuenta en el banco (hay que abrirla en otro donde no seamos clientes) y tiene un límite de 120 operaciones al año (adeudos y transferencias).

La verdad es que esta cuenta no ha tenido mucho éxito, porque la mayoría de clientes no saben que existe y la banca no les informa. Y también porque exige cambiar de banco, con las complicaciones de cambiar nómina, pensión y domiciliaciones. Pero puede ser una alternativa para los clientes que usen poco su banco. Otra vía, que se abrió también en marzo de 2019, es la cuenta bancaria básica gratuita, para personas sin recursos (que ingresen menos de 13.557 euros los solteros, menos de 16.947 euros las familias de menos de 4 miembros y menos de 20.336 euros la familias de 4 y más miembros). Permitirá realizar los servicios bancarios básicos, como la otra cuenta básica, pero gratis.

Para la mayoría de españoles, sólo nos queda intentar descifrar las comisiones que nos cobran periódicamente los bancos y tratar de “negociar” que las suban menos, aunque tengamos que darles algo a cambio (como hacernos un seguro o comprar un Fondo). Estamos en manos de los bancos y cajas y cada vez más, porque hay menos oficinas cerca, con mucha más fuerza para imponernos sus condiciones: “son lentejas…”. Ni la Comisión Europea ni los Gobiernos ponen coto a esta prepotencia. Así que habrá que seguir pagando.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Banca: más comisiones por casi todo


Los bancos siguen aumentando beneficios y una cuarta parte los sacan de las comisiones que nos cobran, que crecen este año, como desde 2015. Nos cobran por casi todo, una media de 400 euros al año por cliente, aunque dicen que cobran menos que en Europa. Ahora, las comisiones van a crecer más, porque los tipos de interés y el crédito seguirán bajos hasta 2020 y los bancos tienen que recuperar los 1.100 millones anuales que les cuesta pagar el impuesto AJD de las hipotecas. Y además, el Banco de España les anima a subirnos las comisiones, porque no quiere problemas. Eso sí, a principios de 2019, los bancos tendrán que informar a cada cliente de las comisiones que le cobran, por imposición de la UE. Nuestra esperanza es que cada vez tienen más peso los bancos online (casi sin comisiones) y que las telecos y los gigantes de Internet ofrecen cada vez más servicios bancarios. Urge otra banca, más transparente y más barata. 


enrique ortega

La banca salió de la crisis en 2013 (ganó 9.353 millones frente a los 1.704 millones perdidos en 2012) y después ha ido mejorando beneficios año tras año, hasta los 15.264 millones ganados en 2017 (+41,5%), según la patronal AEB. Y este año ha ganado ya 8.539 millones hasta junio, así que será otro ejercicio mejor, gracias, como en los años anteriores, a que los bancos prestan ahora más dinero (sobre todo para créditos personales e hipotecas), han recortado drásticamente sus costes (cerrando 18.000 oficinas desde 2007, 1 de cada 4, y reduciendo 89.500 empleados, 1 de cada 3), vendiendo activos, participaciones e inmuebles, reduciendo sus provisiones o saneamientos y aumentando los ingresos por comisiones a los clientes.

Precisamente, los ingresos por comisiones llevan aumentando desde 2014 (16.655 millones), hasta alcanzar los 19.107 millones ingresados en 2017, un 14,7% de aumento en tres años, según las cuentas de la AEB. Y este año 2018, de enero a junio, los ingresos por comisiones eran ya 9.810 millones, un 2,6% más que el año pasado, con lo que rondarán los 20.000 millones este año. Y así, los ingresos por comisiones son cada vez más importantes para la banca: si en 2014 aportaban el 21,74% de su margen bruto, este año aportan ya el 23,45%. O sea, que una cuarta parte de los beneficios de la banca vienen de las comisiones que nos cobran. Y eso es la media, porque los ingresos por comisiones de los 5 grandes bancos han sido de 6.674 millones de euros hasta septiembre, un 9,87% más que en 2017: Santander (1.997 millones, +20,5%), CaixaBank (1.730 millones, +3,4%), BBVA (1.268 millones, +8%), Sabadell (880 millones, +11,1%) y Bankia (799 millones, +3,1%). Y esos ingresos por comisiones suponen el 28% del margen bruto de los 5 grandes.

La patronal bancaria se justifica en que las comisiones son más bajas en España que en Europa y que somos el 2º país con los servicios bancarios más baratos: 38 euros de coste medio, frente a 181 euros en Alemania, 135 euros en Francia, 119 euros en Italia y 20 euros por cliente en Reino Unido, según un informe encargado a Deloitte. Y además, que la banca española es la que ofrece más servicios al cliente: 115 servicios financieros (87 de ellos gratis) frente a una media de 82 en la Unión Europea. Y creen que “hay margen para aumentar el cobro de comisiones”, porque en España rondan el 25% del margen mientras en Europa aportan el 30% del negocio y en Alemania y Francia el 35%.

Al margen de este estudio, la sensación de los clientes es que sí pagan muchas comisiones, más cada año, como revelan las propias cuentas de la banca. Y ADICAE estima que los españoles pagaban en 2017 una media de 400 euros anuales en comisiones, 80 más que en 2016. Y en contrapartida, cada vez recibimos menos de la banca por nuestros ahorros. Por las cuentas corrientes se paga un interés del 0,03% (miles de millones de euros que la banca consigue casi gratis), por los depósitos a 1 año nos pagan el 0,04% (frente al 0,30% en la zona euro) y por los depósitos a más de 2 años un 0,12% (frente al 0,69% que pagan los bancos en la zona euro), según los últimos datos del Banco de España. Y además, nos cobran más que los bancos europeos por los créditos al consumo (8,80% TAE frente a 6,32%) y las hipotecas (2,21% frente al 2,09% en la zona euro).

Volviendo a las comisiones, la estrategia de la banca en los últimos años es cobrar más y por casi todo (ver comparador), para asegurarse así una cuarta parte de su margen. Hagamos un repaso. Empezamos pagando por tener una cuenta corriente: entre 74,86 euros anuales (Santander), 88 euros (Bankia)  y 142,8 euros en una cuenta sin nómina ni ingreso de recibos, según los datos del Banco de España. La estrategia es cobrar esa comisión a una parte de los clientes, los no vinculados (no tienen nómina ni tarjeta ni recibos), que pueden ser entre el 20 y el 50% de todos los clientes de cada entidad. Otra vía de comisiones es cobrar las transferencias, un porcentaje sobre lo transferido (del 0,51 al 0,95%), con un mínimo por operación. Y luego están los jugosos ingresos por descubiertos, por partida doble: un tipo de interés sobre las cuantías en números rojos (entre el 7,18 y el 7,3% anual) y además una comisión sobre el monto máximo alcanzado (del 1,82 al 5%), con un mínimo (15 a 18 euros).

Otra vía de recaudar comisiones son los cajeros, donde se cobra un importe por las retiradas de dinero en bancos de otras redes, importe que oscila entre 0,98 y 2 euros por operación. Y cada vez tienen más peso las comisiones cobradas por la retirada de dinero en el extranjero, ya sea por cajero (del 3% al 5%, con un mínimo de 2 a 3 euros por retirada) o con la tarjeta de crédito (la retirada de dinero es mucho más cara).

Una importante fuente de comisiones para la banca son las tarjetas de crédito y débito. Para algunos clientes más vinculados son gratis, pero muchos pagan por la emisión y renovación anual, entre 25 y 35 euros por tarjeta y más. Y en el caso de las tarjetas “revolving”, donde se aplaza el pago (se abona una cantidad fija al mes), se paga a cambio un interés que muy elevado: ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%)  Son así un tercio de todas las tarjetas de crédito que tenemos (12 millones de las 35,77 millones de tarjetas de crédito que había en junio de 2018). A eso hay que añadir los elevados costes por descubierto si superamos los límites de la tarjeta: se pagan dos comisiones, una por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y otra por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (20% TAE). Y en las tarjetas de crédito, no olvidemos las comisiones bancarias que pagan los comercios por cada compra y el coste de los terminales (TPV).

Las hipotecas son otro granero de comisiones para la banca. Es habitual que las entidades cobren una comisión de apertura, que oscila entre el 1 y el 1,5% para las hipotecas a tipo fijo y entre el 0,5% y el 2,14% en las hipotecas a tipo variable. Otras veces se sustituye por una comisión de estudio pero hay entidades que la cobran adicionalmente. Hay entidades que también cobran el coste del registro de la hipoteca. Y por supuesto, hay otra comisión por cancelación anticipada, parcial o total (del 0,25 al 0,50%). Además, en algunos casos se exige también para contratar una hipoteca domiciliar la nómina, contratar una tarjeta o incluso contratar un plan de pensiones

Y muchas hipotecas llevan aparejadas la obligación de contratar un seguro de vida y hasta de hogar. Los seguros son una de las mayores fuentes de comisiones de la banca, tanto que la banca ya controla el 70% de todas las primas de seguros de vida y Vida Caixa, una filial de CaixaBank ha superado ya a Mapfre como primera aseguradora en volumen de primas. Los bancos han puesto a sus sucursales a vender seguros para salvar el margen y lo pagan los clientes, que pagan de media un 48,3% más por hacerse un seguro de vida en un banco (Sabadell y Santander son los más caros) que en una aseguradora.

Otra mina para las comisiones son los Fondos de inversión, que ingresaron 2.012 millones en comisiones en 2017, un 11,7% más, no sólo porque ha aumentado el patrimonio gestionado sino porque han aumentado las comisiones de gestión: del 0,87% en 2016 al 0,94% en 2017 en los 30 mayores gestores de Fondos. Y los clientes de Fondos no sólo pagan la comisión de gestión (al comprar el fondo) sino también una comisión de depósito y gastos varios (de auditoría, registro en la CNMC, folletos y comunicaciones). Al final, el coste medio de un Fondo está en el 1,24%, por encima de lo que se paga en Europa.

También se pagan comisiones a los bancos por la compra y tenencia de Planes de pensiones. Todos cobran una comisión de gestión, rebajada el año pasado,  de hasta el 1,25% (0,85% en los Planes de renta fija, 1,30% en los de renta mixta y 1,50% en los de renta variable) y además una comisión de depósito de hasta el 0,20%. Comisiones en muchos casos que se comen la escasa rentabilidad de los Planes de pensiones privados.

Y quedan las comisiones por operar en Bolsa y tener una cartera de valores, comisiones que todos los bancos han subido mucho este año. Por un lado, los inversores pagan una comisión al operar en Bolsa, según el tipo de valor y la cuantía, un porcentaje muy variable según las entidades (entre el 0,20 y el 0,50%, con una cuantía mínima por operación). Luego se paga una comisión de custodia, trimestral o semestral (del 0,50 al 0,80% sobre el valor de la cartera) y una comisión por el cobro de dividendos (del 0,30 al 0,40%, con un mínimo), más los habituales gastos de correo.

Sumando, sumando, sale lo que pagamos cada año a la banca por nuestras cuentas, tarjetas, créditos, hipotecas, seguros e inversiones. Y cada año nos encontramos con sorpresas de nuevas comisiones, como las que pagan ahora algunos clientes por hacer ingresos por ventanilla o transferencias en las oficinas. En general, cada año, los bancos hacen sus cuentas de cuanto quieren ingresar por transferencias y reorganizan sus tarifas para lograrlo, fijando unas directrices para cobrar a sus clientes. Y en los dos últimos años, la estrategia de todas las entidades ha sido la misma: subir las comisiones a los clientes menos vinculados, a los no rentables porque tienen una cuenta pero no tienen la nómina ni tarjeta ni operan. A esos, “crujirlos” a comisiones. Si se van, no importa. Y al resto, tratar de negociar las comisiones, sabiendo el cliente que tiene poco margen porque todos las cobran.

Cara al futuro, todo apunta a que nos van a seguir subiendo las comisiones. Primero, porque los bancos todavía las necesitan para mejorar sus beneficios, dado que el crédito aún está débil y los tipos de interés (la base de su negocio) todavía estarán bajos hasta 2020, porque no se espera que el BCE suba los tipos hasta el otoño próximo (al 0,25%) y estarán por debajo del 2% hasta 2021. Además, los bancos españoles van a necesitar “ingresos extras” para compensar que ahora tienen que pagar el impuesto de las hipotecas (el de Actos Jurídicos Documentados), lo que encarecerá sus costes en 1.100 millones anuales, según la estimación de GESTHA.

Este mayor coste de las hipotecas se lo trasladarán a los clientes, como han advertido algunos bancos. Hay dos vías. Una, subir el precio de la hipoteca: con muy poco basta. Subir un 0,1% el tipo de interés de una hipoteca de 150.000 euros supone para el banco ingresar 2.043 euros más de intereses en los 25 años de vida del crédito. Con este ingreso extra pagan de sobra el impuesto de AJD, que oscila entre el 0,5 y el 1,5% del valor del inmueble (unos 1.500 euros), según el cálculo de Cinco Días. La otra vía, “más discreta”, es aumentar las comisiones que cobran en la gestión de las hipotecas (y si no da, en otras comisiones), para ingresar esos 1.100 millones más que ahora les obligan a pagar.

Así que todo apunta a que seguiremos pagando crecientes comisiones, con la “bendición” del Banco de España, cuyo gobernador animó en 2016 a la banca a “subir comisiones” porque “tienen margen para hacerlo”… Lo positivo es que en 2019 sabremos las comisiones que pagamos, porque el 31 de octubre ha entrado en vigor la trasposición de una Directiva europea de 2014 que obliga a todas las entidades financieras europeas a informar a sus clientes de las comisiones asociadas a la apertura y mantenimiento de una cuenta corriente y a entregar cada año un documento (“Estado de comisiones” ) con información detallada sobre los gastos en que han incurrido los clientes y los tipos de interés vinculados a dicha cuenta. Y además, en 2019 estará aprobada en el Congreso la reforma de la Ley Hipotecaria, que obligará a englobar todas las actuales comisiones que se pagan con la hipoteca en un único pago, lo que hará más transparente lo que paguemos. Y si se crea el Defensor del Cliente bancario (verdaderamente independiente, al margen de los Defensores de cada banco y del Banco de España), como ha prometido el presidente Sánchez, tendrá bastante trabajo con asegurar unas comisiones justas y transparentes.

Pero no será fácil rebajar y clarificar las comisiones y menos si la gran banca se hace más fuerte, con la venta de Bankia y posibles fusiones. De hecho, los 5 grandes bancos copan ya el 68% del mercado bancario, un poder que sólo supera la banca de Grecia, Holanda y Finlandia, según los datos del BCE. Y en unos años, si hay fusiones, estos 5 grandes controlarían el 85% del mercado, según un estudio del Citi. Con tanto poder, es más fácil imponer comisiones a los clientes y que no encuentren donde irse para pagar menos. 

La mayor esperanza está en “la nueva banca”, la banca online que está creciendo sobre los móviles y la banca promovida por las grandes empresas de telecomunicaciones y los gigantes de Internet. También tratarán de cobrarnos sus servicios, pero más que con burdas comisiones, consiguiendo nuestros datos para revenderlos. Ya operan en España bancos digitales sin oficinas como el banco alemán N26 o el británico Revolut. Y en 2019 llegará Orange Bank, mientras Amazon, Google, Facebook o Apple multiplican sus servicios financieros a los clientes digitales y cada vez serán más bancos, la verdadera competencia de “los 5 grandes bancos” españoles. Necesitamos otra banca, más transparente, más eficiente y más justa, cuyos beneficios no dependan de agobiarnos a comisiones. Una banca nueva.

jueves, 9 de febrero de 2017

Las batallas perdidas de la banca


A la banca le crecen los enanos de las sentencias judiciales en contra. Si en diciembre, el Tribunal Europeo de Justicia les obligaba a devolver las cláusulas suelo cobradas “abusivamente” en las hipotecas, el 26 de enero ese Tribunal dictaba otra sentencia permitiendo a los jueces examinar sin plazo todas las cláusulas hipotecarias. Y en los últimos años, decenas de sentencias de juzgados españoles han dado la razón a clientes frente a bancos y Cajas. Todo ello ha deteriorado aún más su imagen, muy afectada por la crisis, los desahucios y las preferentes. Ahora, el Gobierno estudia aprobar una nueva Ley Hipotecaria, para evitar abusos y pleitos futuros. Pero la banca tiene un grave problema de reputación, reconocido por ellos, que dificulta su negocio y su futuro, ante la creciente competencia de multinacionales tecnológicas y telecos. La banca es clave para una economía, pero no cuando apenas da créditos, nos brea a comisiones y trata de engañarnos. Necesitamos otra banca, ética, cercana, ágil y útil . Una banca “nueva” para afrontar mejor el futuro.
 
enrique ortega

La última sentencia en contra de la banca española es del 26 de enero, cuando el Tribunal de Justicia Europeo (TJE) de Luxemburgo dictaminó que limitar a un mes el plazo para reclamar contra una cláusula abusiva en una hipotecava contra las normas comunitarias”. No hay plazo para que el cliente reclame y además se permite a los jueces que examinen todas las cláusulas del contrato, para ver si hay más cláusulas presuntamente “abusivas”, además de la reclamada. Y hay pendiente otra sentencia del mismo TJE (que se espera también contraria) sobre un recurso de un cliente de Bankia al que se le ejecutó la hipoteca por un solo impago.

Sólo un mes antes, el 21 de diciembre, el Tribunal de Justicia europeo conmocionó a la banca española con una sentencia en la que obligaba a devolver íntegramente el dinero cobrado con las cláusulas suelo de las hipotecas, por considerarlas “abusivas”. Ya en marzo de 2013, el Tribunal Supremo español declaró “ilegales” estas cláusulas y obligó a devolverlas, pero limitando el pago a esa fecha y no antes (se empezaron a utilizar desde 2009), para no deteriorar más las maltrechas cuentas de bancos y Cajas. Ahora, el Tribunal Europeo establece la retroactividad total: hay que devolver todo lo cobrado por cláusulas suelo.

Las “cláusulas suelo” establecen que si los tipos de interés caen por debajo de un determinado tipo (normalmente entre el 2 y el 3%), ese bajo tipo de interés no se aplica al cliente y se le cobra “el tipo suelo”. Empezaron a incluirse en las hipotecas en 2009, cuando los intereses bajaron incluso del 1%. También hay “cláusulas techo”, por si los tipos suben mucho, pero aquí los bancos se cubren mucho más y sólo actúan con tipos por encima del 13%. La mayoría de los clientes no eran informados por el banco (ni por el notario) de que su hipoteca contenía esa cláusula suelo y lo notaron cuando se desplomaron los tipos y ellos no lo disfrutaron tanto. Se estima que hay 1.400.000 españoles con hipotecas con cláusula suelo y que la banca debería devolver más de 5.544 millones de euros, según los datos recabados por la CNMV. Los bancos más afectados son Caixa Bank (1.250 millones a devolver), BBVA (1.200 millones), Popular (534 millones), Sabadell (490), Bankia (214), Unicaja (120) y BMN (80), mientras Santander y Bankinter no comercializaron hipotecas con esta cláusula.

A la vista de la sentencia europea, el Gobierno Rajoy trató de evitar un “atasco” en los juzgados, con 1,4 millones de clientes reclamando, y aprovechar para erigirse en “defensor de los consumidores”. Y aprobó un decreto ley, apoyado en el Congreso (31 de enero) por el PSOE, Ciudadanos, PNV y Coalición Canarias, para agilizar el pago de las cláusulas suelo en el plazo de 3 meses. Ahora, bancos y Cajas están obligados a enviar una carta a sus clientes informándoles de que tienen cláusula suelo, para que ellos soliciten información y digan si quieren acordar con el banco su devolución. Pero el banco podrá negarse a devolver la cláusula suelosi cree que no es opaca”, y al cliente sólo le quedará ir a los Tribunales. Si el banco admite que la cláusula “no es procedente”, negociará con el cliente para fijar la cantidad a devolver y cómo hacerlo, si en metálico o mejorando las condiciones de la hipoteca.

Todo esto “suena muy bien”, pero la banca ya ha dicho que no va a pagar todo, porque no cree que todas las cláusulas sean “improcedentes”. El más duro ha sido el Sabadell, que cree que sus cláusulas “no son nulas”. BBVA, Abanca (NovaCaixaGalicia), Popular y Cajamar, cuyas cláusulas fueron explícitamente anuladas por el Supremo en 2013, han dicho que esperarán a que ese Tribunal aclare lo que han de hacer. CaixaBank irá "caso por caso" y sólo Bankia ha dicho que va a pagar inmediatamente las cláusulas a sus 60.000 clientes afectados, por cuestión de “imagen” y para ahorrarse costas judiciales. El resto está ahora negociando con los clientes, entre la amenaza (“si no acepta lo que le ofrezco, nos vemos en los Tribunales, con más riesgo y coste para usted”) y la negociación (“le mejoro a cambio su hipoteca”), pero siempre con una idea central: evitar pagos en metálico. De hecho, la patronal bancaria AEB ha dicho que la banca destinará 3.339 millones a “provisionar” (cubrir) el pago de las cláusulas suelo, lo que supone sólo el 64% de lo que deberían pagar (5.544 millones).

Las cláusulas suelo es el último eslabón de una cadena de enfrentamientos de los bancos y Cajas españoles con sus clientes. El eslabón más grave fueron los desahucios: 598.747 durante la crisis (2008-2015), según datos del Consejo General del Poder Judicial, frente a 700.000 en toda Europa. Y el otro, el fraude de las participaciones preferentes, una especie de acciones sin cotización que bancos y Cajas vendieron a 856.388 clientes (350.000 de Bankia), captando así 42.582 millones de euros de inversores particulares, según los datos del periodista Andreu Missé, autor del libro “La gran estafa de las preferentes. Bancos y cajas ofrecieron esta inversión a partir de 2003, con el “visto bueno” del Banco de España y la CNMV, con el “gancho” de su alto interés (7 y 8%) y sin advertir de su alto riesgo a los clientes, muchos de ellos ancianos (hasta con Alzheimer) y analfabetos financieros. En otoño de 2011, a la vista de la crisis, bancos y Cajas impidieron que los inversores recuperaran su dinero (“corralito”) y en 2013, con el rescate bancario, Bruselas obligó al Gobierno Rajoy a que esos inversores perdieran una parte de su inversión (“quitas”), hasta el 70%. Eso abrió un rosario de manifestaciones y demandas, que acabó con un sistema de arbitraje por el que se devolvió el dinero en los casos más sangrantes, recuperando el resto sólo una parte de su inversión en preferentes.

En paralelo, los bancos han ido perdiendo batallas legales contra sus clientes. El 25 de noviembre de 2015, una sentencia del Supremo establecía como nulo un crédito rápido con un interés del 24,6%, por “usurario”. Y en julio de 2016, un juzgado de Vitoria era el primero en condenar a una entidad (Kutxabank) por cobrar 30 euros como comisión por reclamación de posiciones deudoras (por “descubierto”), algo que hacen todos los bancos y cajas (además de cobrar los intereses de demora). Y antes, un rosario de sentencias judiciales condenando distintas cláusulas que las entidades suelen incluir en las hipotecas: imponer que el cliente pague todos los costes (prohibido por sentencia del Supremo de diciembre 2015), limitación de los intereses de demora, redondeo al alza de tipos, vencimiento anticipado cuando se produce el impago de 3 cuotas, imposición de gastos procesales en caso de impago de cuota, ejecución hipotecaria de un crédito cedido (El Supremo lo declaró abusivo en 2009 y está pendiente de sentencia del Tribunal UE), dación en pago, cuota final abusiva (hasta el 20 y 30% del préstamo, para rebajar las cuotas mensuales) o sistema de cálculo de intereses, sin olvidar  la batalla de 60.000 clientes por haberles vendido “hipotecas multidivisas” con gran riesgo.

Todas estas sentencias y miles que hay cada día en los Tribunales evidencian una mala aplicación y muchos “agujeros” en la Ley Hipotecaria, reformada parcialmente en 2013 y 2015. Ahora, el Gobierno Rajoy ha propuesto aprobar una nueva Ley este verano, solicitando el acuerdo de la oposición. Su idea es incluir en las hipotecas una “ficha precontractual estándar, donde se informe al cliente de todas las cláusulas y que tendrá que firmar. La idea es buena porque explicita las condiciones de las hipotecas, pero tiene un problema: si el cliente no se entera bien, luego no podrá recurrir: “usted ya firmó que lo conocía”. Más impunidad si mantienen cláusulas abusivas.

La banca española ha reaccionado ante la sentencia de la cláusula suelo y ante el anuncio de una nueva Ley Hipotecaria con una amenaza: son más costes y eso supondrá que subirán las hipotecas. De hecho, ya han subido en el último año y las nuevas hipotecas en España son las más caras de Europa, según los datos del BCE: las nuevas hipotecas se dan a un tipo medio del 1,97% (noviembre 2016), frente al 1,79% en la eurozona, el 1,55% en Francia, el 1,62% en Alemania, el 1,82% en Portugal o el 2,05% de Italia. Y son aun comparativamente más caras las nuevas hipotecas a tipo fijo, que ya son mayoría en las nuevas hipotecas por “presión” de la banca a sus clientes: están al 2,2% en España, frente al 1,7% de media en la eurozona, 1,59% en Francia, 1,68% en Alemania y 2,2% en Italia. Ahora, todo apunta a que las hipotecas seguirán subiendo en 2017 y más en 2018, porque suben los tipos en los mercados (por el Brexit, Trump y la mayor inflación) y porque la banca nos repercutirá tantas sentencias contrarias.

Y también porque la banca española afronta un futuro complicado, con tipos todavía bajos y un margen estrecho, que les obliga a seguir recortando gastos (tras cerrar 16.000 oficinas y despedir o prejubilar a 80.000 trabajadores desde 2010, aunque acabamos de saber que hay 126 ejecutivos bancarios que ganan más de 1 millón de euros...), seguir fusionándose (el Popular puede ser absorbido y quizás Bankia y BMN se fusionen en 2017) y, sobre todo, a conseguir ingresos extras como sea, básicamente subiéndonos las comisiones. Hasta septiembre de 2016, los 11 principales bancos ingresaron 7.000 millones por comisiones, que habrán sido 9.500 millones en todo 2016 (26 millones diarios), un 23,2% de sus ingresos totales (28,2% en la banca europea). Una fuente clave de ingresos, dado que apenas conceden créditos. En las cuentas del Santander de 2016, los 10.180 millones ingresados en comisiones suponen el 23,2% de su margen. En el resultado de BBVA en 2016, las comisiones aportaron  4.718 millones, el 27,65% del margen. Y en el caso de CaixaBank, el 50,2% de su margen (¡ la mitad ¡) de 2016 fue gracias a las comisiones (2.090 millones). Ahora, los grandes bancos ya han anunciado que van a cobrarnos más comisiones, con el apoyo del Banco de España, sobre todo en tarjetas, fondos, Bolsa, seguros y las cuentas de los clientes que menos “interesan”, porque no dan negocio.

La banca española tiene el doble reto seguir aumentando sus beneficios (para remunerar a los accionistas), aunque sea a costa de brear a comisiones a sus clientes (“no va a ser fácil ni pacífico”, ha reconocido el presidente de la patronal bancaria AEB), y hacer frente a la creciente competencia de los gigantes de Internet (Google, Apple, Amazon, Facebook) y las telecos, lanzados al negocio de transferencias y pagos online, pagos por móvil, créditos y hasta inversiones, mientras la banca tradicional reacciona tarde y mal al reto digital. Ojo: el 30% de los españoles dicen que se pasarían a Google, Apple o Facebook si fueran bancos (y el 41% de los jóvenes), según un estudio de Accenture.

Con todo, el mayor reto de la banca española es superar su “mala reputación, un problema reconocido por ellos mismos: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, ha dicho sin ambages el consejero delegado de CaixaBank. Con tan mala imagen, empeorada tras cada sentencia contraria, la banca tiene muy difícil competir y avanzar. “El mundo ha cambiado y eso obliga a hacer las cosas de otra manera”, ha reconocido Ana patricia Botín, presidenta del Santander. Pero no basta. Tendrían que reconocer los errores del pasado, cambiar presidentes y directivos y empezar a actuar de otra manera de verdad, con rigor, transparencia y sin engaños. Y apostar por ejercer su negocio, por dar créditos (pueden dar más, según el FMI), y no jugar a recibir dinero sin coste (del BCE y los clientes) e invertirlo en deuda pública en vez de prestarlo: el crédito nuevo sigue de capa caída y cayó un 14% en 2016). Y la banca tampoco se moja en el futuro, no invierte en la industria ni en sectores punteros como en el siglo pasado.

La banca es un elemento clave del sistema, el corazón que bombea el dinero que mueve la economía. Pero apenas cumple esta función y los ciudadanos están escarmentados de tanto engaño, tantos cobros injustificados, tanta opacidad. Y la mayoría desconfía de la banca. Urge que el sector se tome en serio su reconversión, protagonizando una revolución interna, en favor de una banca ética, justa, cercana, útil y comprometida con la recuperación. No es mucho pedir tras haberla "salvado" con más de 100.000 millones de dinero público. Necesitamos “otra banca” para encarar mejor el futuro.