Los españoles gastamos cada semana más en el carro de la compra, aunque la inflación parezca controlada (+3% anual en septiembre, muy lejos del 6% que subía en febrero de 2023 o del 10,8% de subida en julio de 2022). Pero los alimentos, aunque suben menos que la luz o los carburantes, siguen aumentando de precio cada mes y esas subidas se acumulan en los últimos 5 años, tras la pandemia, lo que explica que los veamos mucho más caros. De hecho, los alimentos son la partida de gasto que más ha crecido en el IPC desde enero de 2020 hasta agosto de 2025: +35,3% de subida acumulada, según el INE, por encima de la subida media de todos los precios (+22,3%) y también más de lo que han subido estos años hoteles, bares y restaurantes (+28,3%), los gastos de la vivienda (+22,4%), bebidas (+21,9%), ocio (+16,6%) y transporte (+16,4%) .Y por supuesto, los alimentos han subido casi el triple que los sueldos: +16,64% han subido los convenios desde 2020.
lunes, 13 de octubre de 2025
Alimentos: un tercio más caros que en 2019
Los españoles gastamos cada semana más en el carro de la compra, aunque la inflación parezca controlada (+3% anual en septiembre, muy lejos del 6% que subía en febrero de 2023 o del 10,8% de subida en julio de 2022). Pero los alimentos, aunque suben menos que la luz o los carburantes, siguen aumentando de precio cada mes y esas subidas se acumulan en los últimos 5 años, tras la pandemia, lo que explica que los veamos mucho más caros. De hecho, los alimentos son la partida de gasto que más ha crecido en el IPC desde enero de 2020 hasta agosto de 2025: +35,3% de subida acumulada, según el INE, por encima de la subida media de todos los precios (+22,3%) y también más de lo que han subido estos años hoteles, bares y restaurantes (+28,3%), los gastos de la vivienda (+22,4%), bebidas (+21,9%), ocio (+16,6%) y transporte (+16,4%) .Y por supuesto, los alimentos han subido casi el triple que los sueldos: +16,64% han subido los convenios desde 2020.
lunes, 9 de octubre de 2023
Supermercados: los grandes ganan cuota
La alimentación es la 2ª partida de gasto de las familias españolas: concentra el 16% del gasto medio por hogar (5.050 euros en 2022), tras el gasto en vivienda (hipoteca o alquiler), agua, gas, electricidad y otros combustibles, que supone un tercio del gasto familiar medio (10.243 euros en 2022, el 32,4%), según la última Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. Este gasto en alimentación es porcentualmente mayor en España que en Europa, por lo que nos está afectando más la fuerte subida de los alimentos desde diciembre de 2021 (+5%), que batió su récord en diciembre de 2022 (+15,7% de subida anual) y ha bajado algo en los últimos meses (hasta una subida del +10,5% en agosto de 2023), según el INE. Eso sí, el gasto en alimentación varía según la renta de las familias: para las más pobres, supone el 20,47% del gasto total y para las más ricas sólo el 12,42%.
lunes, 15 de noviembre de 2021
Los alimentos suben en cadena
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| Enrique Ortega |
La inflación está disparada, con una subida anual de los precios del +5,4% en octubre, la más elevada en España en casi 30 años (desde septiembre 1991), según el INE. La culpa la tiene la subida de la luz (+62,8% anual) y los carburantes (+ 30,5% el gasóleo y + 26,5% la gasolina), pero también los alimentos, que llevan varios meses subiendo, hasta un +1,8% anual en octubre (+2% los alimentos elaborados). En la lista de subidas destaca la fuerte subida del aceite (+23,9% anual), los refrescos ( +10,7%), la carne de cordero (+7,2%), las pastas (+7%), los alimentos para bebé (+5,3%), los huevos (+4,3%) y la leche (+3,2%), según el INE, aunque suben casi todos los alimentos, artículos de limpieza y demás productos que componen la habitual cesta de la compra.
La subida de los alimentos es una cadena que se inicia en los mercados internacionales, donde el precio de los alimentos básicos ha alcanzado un precio récord en la última década (desde julio de 2011), según el boletín de octubre de la FAO (la agencia de la ONU para la alimentación). El trigo volvió a subir un 5% y ya se ha encarecido un 41% anual, igual que el resto de cereales, desde el arroz al maíz (+38% de subida anual).Los aceites vegetales ya acumulan una subida anual del +60%, desde el aceite de palma, soja o girasol al aceite de oliva, por la falta de mano de obra (por la COVID en algunos paises. Los productos lácteos han subido un 15% en el último año y las carnes otro 25%, con precios internacionales récord desde 1.990. Y el azúcar acumula una subida anual del +50%.
En la mayoría de los casos, se han unido una serie de circunstancias: reducción de cosechas por factores meteorológicos adversos (Cambio Climático), menos mano de obra para recolectar (por los efectos de la pandemia y la reducción de movilidad) y, sobre todo, una mayor demanda de alimentos, que choca con una reducción de las reservas en 2020, lo que ha llevado a los intermediarios y paises a aumentar sus compras para acumular stocks.
Y tras estas subidas en origen, el mercado internacional de alimentos se ha visto sometido a una enorme subida y retrasos en los transportes, sobre todo en el tráfico marítimo de contenedores, que mueve el 90% del comercio mundial (ver el interesante libro “El 90% de todo”): el precio de transportar un contenedor se ha cuadruplicado (de 2.500 dólares en 2020 a casi 10.000 en octubre de 2021), encareciendo todos los productos y retrasando su entrega (escasez que tira también al alza de los precios). Y este encarecimiento del transporte es importante para los alimentos, porque muchos de ellos recorren una media de 2.500 kilómetros para llegar al plato de europeos y norteamericanos. Un ejemplo son las naranjas de Sudáfrica, la carne de Argentina, el cordero de Australia, las manzanas de Uruguay, los garbanzos de México, los ajos de China o la panga de Vietnam
En el caso de España, una buena parte de los alimentos que consumimos son importados: este año 2021, hasta agosto (último dato oficial), hemos comprado alimentos extranjeros por valor de 26.586 millones de euros, un 10% más que en los ocho primeros meses de 2020, según los datos de Comercio exterior. Las importaciones que más han crecido son los aceites (+17%, 2.432 millones hasta agosto), las bebidas (+16,9%, 1.052 millones) y el pescado (+9,9%, 4.427 millones importados), destacando las compras fuera de carnes (1.427 millones), frutas y hortalizas (3.904 millones), azúcar, café y cacao (1.959 millones), lácteos y huevos (1.373 millones), tabaco (1.049 millones) y otros alimentos (6.914 millones).
La globalización de la comida” provoca que muchos de los alimentos que compramos tengan que viajar miles de kilómetros hasta llegar al súper y a nuestra mesa. En el caso de España, los alimentos importados que nos llegan recorren 3.829 kilómetros, según un estudio universitario encargado por la ONG Amigos de la Tierra. Eso, ahora, supone cuatro veces más de costes de transporte. Y además, comer productos lejanos contribuye a aumentar las emisiones de CO2: la importación de alimentos y su producción intensiva es responsable del 31% de todas las emisiones mundiales de CO2, según la FAO. Y en el caso de España, se estima que la importación de alimentos provoca 4,2 millones de Tm de CO2 (de un total de 271,2 millones de toneladas emitidas por nuestro país en 2020).
Volviendo a la cadena de alimentos, los importados ya encarecidos en origen suben no sólo por el transporte, también por los retrasos en los envíos (hay “un tapón” en el comercio mundial) y por la subida de muchos otros costes que está sufriendo la industria agroalimentaria: subida de la luz, transporte interior y subida del cartonaje y los plásticos (por la subida internacional y la falta de stocks).
En el caso de los alimentos producidos en España, agricultores y ganaderos llevan meses quejándose de que les están subiendo también los costes y no se los pueden repercutir a la industria agroalimentaria ni a los grandes distribuidores, que les imponen sus condiciones. Los costes al campo han subido de media un 50%, en especial los fertilizantes (han subido un +100%, la electricidad (repercute en muchos ganaderos, por el consumo eléctrico de las granjas, el ordeño y el refrigerado de leche) y los carburantes (el gasóleo para tractores y maquinaria), así como la subida de los plásticos para los invernaderos (+100%). Y denuncian que hay muchos agricultores y ganaderos que producen ya a pérdidas, lo que puede poner en peligro algunas explotaciones (sobre todo, granjas de leche).
Los agricultores y ganaderos se quejan de que no pueden repercutir estas subidas, con lo que se amplía la brecha entre los precios que ellos reciben por los alimentos y los que nosotros pagamos: era de 4,41 veces más en octubre, cuando fue de 4,15 veces hace un año, según el Índice IPOD de COAG. Veamos algunos ejemplos llamativos: ternera (la pagamos 3,24 veces más que el precio que ellos reciben: a 15,99 euros el kilo cuando les pagan a ellos 3,77 euros/kilo), cerdo (4,34 veces), pollo (2,22 veces), leche (1,42 veces), ajo (pagamos 8 veces más de lo que reciben), cebolla (7 veces), patata (6 veces: les pagan 0,17 euros kilo y nos la cobran a 1,19 euros), tomates (1,92 veces, manzana (4,7 veces), sandía (6,13 veces) o uvas (4,48 veces). La diferencia se queda por el camino: intermediarios, distribuidores, grandes superficies y supermercados.
Al final de la cadena, somos los consumidores los que pagamos estos mayores costes, con una subida generalizada de casi todos los productos y también los alimentos. Los súper y grandes superficies han tratado de retrasar lo más posible la subida, debido a la guerra de precios que mantienen entre ellas, pero ya han visto que es inevitable. Eso sí, utilizan “trucos” para que no nos demos cuenta al comprar. Uno de ellos es no subir “los productos escaparate”, aquellos en cuyo precio se fija más el cliente. Otro es ofrecer ofertas puntuales y 2x1, con lo que también nos damos menos cuenta de la subida. Y el último “truco”, de las industrias pero con el silencio de las tiendas: ofrecer productos envasados con el mismo precio pero con menos cantidad de producto o con menos unidades. Lo ha denunciado la OCU, con ejemplos concretos: un bote de Cola-Cao que pierde 40 gramos (-5%), una tarrina de Tulipán que pierde 50 gramos (-10%), un paquete de yogures Activia con 5 gramos menos cada uno (-4%), espaguetis y macarrones Gallo con menos peso (-10%) o lomos de merluza Pescanova con 40 gramos menos (de 400 a 360 gramos, -10%)…
En conclusión, por una vía u otra, con ofertas o recortes de cantidad, los alimentos son más caros. Y todo apunta a que así seguirán, porque las causas (subida materias primas, transporte y energía, más los “atascos” en el comercio mundial) van a continuar, al menos hasta la primavera. Y no dudemos que los distribuidores, híper y supermercados aprovecharán la mayor demanda de Navidad para una nueva subida de precios en diciembre. Urge que el Gobierno y sobre todo las autonomías (tienen transferido el consumo) vigilen los escandallos de costes y los precios, evitando abusos, tanto en la cadena de intermediarios como en los vendedores finales, desde malpagar a los agricultores y ganaderos a recortar el peso de los alimentos envasados sin avisarlo. Y habría que poner “multas ejemplares”, para limitar las malas prácticas y evitar que se generalicen. Porque los alimentos son un gasto imprescindible, con más peso en las familias con menos recursos, a las que les suben muchos costes básicos (luz, carburantes, alquileres, alimentos…) pero no los sueldos (han subido el +1,55% hasta octubre, la cuarta parte que los precios). Ojo a la cesta de la compra.
jueves, 4 de marzo de 2021
Guerra de precios en los súper
Los supermercados
han sido de los pocos negocios que han ido mejor con la pandemia,
porque nos hemos gastado mucho más en la cesta de la compra, al ir menos a
bares y restaurantes: facturaron un
12,7% más en 2020, un tercio del aumento porque aprovecharon para subirnos los precios, mientras bajaba
la inflación. Ahora, una vez hecha caja,
algunos súper (Lidl, Aldi o Día) han lanzado una guerra de precios, con “ofertas
escaparate” para seguir quitando clientes a Mercadona y Carrefour. Pero son
sólo un
espejismo, porque los alimentos llevan 6 meses consecutivos de subidas,
que no
benefician al campo porque
se lo llevan los intermediarios. El
INE ha aumentado el peso de los alimentos
en la cesta de la compra y la inflación anual
subió en enero y se estancó en febrero, tras 9 meses de IPC negativos. Ahora, se
espera que todos los precios suban
en 2021, mientras los salarios se
estancan o bajan. Ojo a la cesta de la compra.
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| Enrique Ortega |
La pandemia, con el confinamiento y la menor movilidad, ha disparado las compras de los españoles de productos de gran consumo: alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene personal. En 2020, los españoles nos gastamos en “el carro de la compra” 95.000 millones de euros, un 6,4% más que en 2019, según la consultora Nielsen, quien estima que 3.500 millones de gasto extra se debe a la pandemia, porque provoca que gastemos más en alimentos y bebidas al ir menos a bares y restaurantes. De hecho, las ventas que más crecieron con la pandemia fueron las de bebidas (+8,5%), congelados (+8,3%), alimentos frescos (+6,5%) y envasados (+6,4%), destacando el aumento de ventas en droguería y productos de limpieza (+9,4%), según Nielsen.
La mayor parte de este gasto lo hicimos en los supermercados, pero hay dos novedades en el gasto durante la pandemia. Uno, que aumentaron las compras en las tiendas tradicionales (las carnicerías, pescaderías y fruterías de toda la vida), que alcanzaron un 17% de cuota de ventas (y un 25% en frescos), gracias a que muchas sirvieron a domicilio y se beneficiaron del apoyo de muchos clientes (que volvieron a ellos, para “ayudarlos” en lo peor de la pandemia). Y la otra novedad ha sido el salto en las ventas online de alimentación: pasaron del 1,8% de todas las ventas en 2019 al 2,6% en 2020 (y el 3,7% sin contar los alimentos frescos), con la aparición de nuevos operadores (Corte Inglés o Amazon).
Pero la mayor parte de las compras de gran consumo las hemos hecho en los supermercados e hipermercados, que aumentaron un +12,7% su facturación en 2020, más que el resto del sector, sobre todo en los meses duros del confinamiento (marzo a junio) y en el último trimestre de 2020. Y se ha producido otro cambio, según Kantar Worldpanel: han perdido cuota los supermercados líderes (Mercadona, Carrefour y Día) y la han ganado Lidl y los supermercados regionales, que han aprovechado mejor la proximidad. Con todo, el líder, Mercadona, que tuvo problemas en su canal online al inicio del confinamiento, controla un 24,5% de las ventas totales de gran consumo (-1,1% que en 2019) y por sus 1.600 tiendas han pasado 9 de cada 10 hogares españoles. Le sigue a mucha distancia Carrefour (8,4% de cuota, un -0,3% perdido en 2020). Y en el tercer puesto del ranking se ha aupado la cadena alemana Lidl (6,1% de cuota, +0,5%), gracias a la apertura de nuevas tiendas (tiene 600) y a sus continuas ofertas. Le siguen el grupo DIA (5,8% de cuota, -0,6%), que ha compensado sus problemas financieros con su extensa red de tiendas, el grupo Eroski (4,88%, la misma cuota que en 2019), Auchan/Alcampo (3,48% de cuota, sin cambios) y los súper regionales (14,3% de cuota, +2,1%), los que más han subido con la pandemia, (Consum, Uvesco, Alimarket, Ahorramás, Gadisa o Dinosol) gracias a su imagen de proximidad y a los frescos.
Los supermercados han facturado un 12,7% más en 2020 porque hemos comprado más (dos tercios del aumento) y también porque nos han subido los precios (explica un tercio de la mayor facturación), según Kantar Worldpanel. Los alimentos subieron de media un 2%, según Nielsen, aunque los frescos subieron un 5,5% y algunas frutas hasta el 20%. Al final, los súper aprovecharon la mayor demanda (igual que las cadenas de distribución) para recuperar mayores costes logísticos y de distribución (para adaptar tiendas a la pandemia, Mercadona gastó 200 millones) y para aumentar márgenes. De hecho, el índice anual de precios de alimentación subió al 4% en abril de 2020, cuando el resto del IPC era negativo. Y aunque subió menos con la desescalada, los alimentos encadenan 6 meses de subida en el IPC, hasta situarse en una subida anual del 1,7% en enero, cuando el IPC total sube el +0%.
Y lo peor es que esta subida del carro de la compra que hemos pagado con la pandemia no ha llegado al campo, según denuncian agricultores y ganaderos. En enero de 2021, los precios finales que pagamos por los alimentos son 4,05 veces los precios en origen que recibe el agricultor o ganadero, según el índice IPOD que elabora la asociación agraria COAG. Así, pagábamos 1,15 euros por kilo de patatas que se pagaba al productor a 0,13 euros o 1,85 euros por kilo de naranjas que en el campo se pagaba a 0,27 euros. Y 5,87 euros por kilo de cerdo cuando en la granja se pagaba a 1,1 euros, 16,10 euros por kilo de ternera frente a 3,48 euros por kilo que recibe el ganadero o 2,75 euros por kilo de pollo cuando se paga a 0,85 euros por kilo. A lo claro: nos han cobrado más caros los alimentos con la pandemia, pero los mayores márgenes se han quedado por el camino del campo al súper.
Ahora, en este año 2021, se espera que los precios de la cesta de la compra sigan subiendo, aunque quizás menos en el primer semestre, hasta que vuelva el turismo y se note la recuperación. Y como “espejismo”, algunas cadenas (como Lidl y Aldi) han iniciado una “guerra de precios”, para intentar seguir ganando cuota de mercado a costa de los grandes, de Mercadona y Carrefour sobre todo. No bajan todos los precios, sino unos “precios escaparate” (como el pollo o la leche), para atraer a clientes. Es el caso de Lidl que ha ofrecido pollo por piezas a menos de 2 euros el kilo, lo que ha provocado la denuncia de la organización agraria COAG, ante la Agencia de Control Alimentario (AICA) porque están vendiendo por debajo de los costes de producción de las granjas de pollos.
Otra novedad de 2021 será que se disparará la venta de alimentos online, al haber empezado a operar el 2 de febrero Amazon Fresh, primero en Madrid y luego en Barcelona y el resto de España, con el objetivo de “vender alimentos a millones de españoles en 2021”. Arranca con 10.000 artículos, frescos y envasados, que se entregarán en el día para clientes Prime y sin coste adicional para envíos de más de 50 euros. Otro operador que se ha puesto las pilas de la venta online es El Corte Inglés, que quiere ser 100% digital y también en las ventas de sus supermercados. Mientras, Mercadona y Carrefour avanzan lentamente en la venta online y buscan defenderse mejorando su oferta de frescos, en tanto Lid, Aldi y los súper regionales buscan el atractivo de las ofertas y la proximidad. Y con esta estrategia y la pandemia, esperan un nuevo aumento de ventas del +10% en 2021.
Estas mayores ventas de alimentos ya las ha trasladado el INE al IPC, modificando al alza su ponderación en el índice de precios: si en 2020 los alimentos y bebidas no alcohólicas suponían el 19,49% del IPC, para este año 2021 lo han subido al 23,62%. Y también han subido el peso del gasto en bebidas alcohólicas (por el mayor gasto en cerveza y vino), del 2,85% al 3,20% del gasto total en el IPC. También suben, aunque menos, el porcentaje de gasto en vivienda (del 13,37 al 13,58%), los gastos médicos (del 3,89 al 3,93%) y otros bienes y servicios (del 6,82 al 7,10%). Y bajan el peso de todos los demás gastos familiares este año, sobre todo en transporte (del 15,40 al 12,45%), en ocio y cultura (del 8,41 al 6,79%) y el porcentaje de gasto en hoteles, cafés y restaurantes (12,05 al 11,64%).
En definitiva, que con la pandemia gastamos más en comer y beber en casa y eso se va a reflejar en el IPC, que subirá más que el año pasado si suben los alimentos, como se espera. De momento, llevamos dos meses en que la inflación anual ha roto la racha de bajadas de los 9 meses anteriores: enero (+0,5%) y febrero (+0%). Y existe un cierto temor en las Bolsas y entre los expertos a que “despierte la inflación”, a la vista del último dato europeo (febrero 2021), recién publicado por Eurostat: la inflación anual de la UE-27 era del +1,2% y la de la eurozona era del +0,9%, pero ha subido hasta el +1,6% de subida anual en Alemania, +1,9% en Paises Bajos y Suecia y +0,9% en Finlandia, +0,7% en Francia o +1% en Italia, mientras bajaba un -0,1 % anual en España ( dato homogéneo con la UE). Preocupa que la inflación siga subiendo y obligue al BCE a subir tipos, lo que dificultaría recuperar las economías europeas tras la histórica recesión provocada por la pandemia.
Mientras la inflación despunta por el horizonte, empujada por los alimentos y la subida de muchas materias primas (el petróleo ha duplicado su precio: de 37,45 dólares/barril a principios de noviembre a 67,21 dólares el 24 de febrero), los salarios no mejoran y muchas empresas quieren congelarlos o incluso bajarlos en 2021. De momento, los últimos datos de convenios, los firmados en enero, revelan una subida media (para 3 millones de trabajadores que los han firmado) del +1,44%, inferior al 1,89% de subida de 2020. Y la patronal de grandes almacenes ha propuesto a sus 200.000 trabajadores congelarles el sueldo en el próximo convenio, mientras la banca acaba de firmar un convenio donde ha pactado con los sindicatos subir los sueldos de sus 90.000 empleados un +0,21% en 2021…
En definitiva, que la inflación podría subir más del 0,9% previsto este año, lo que restaría poder adquisitivo a los pensionistas y a muchos asalariados, dificultando el consumo de las familias (sobre todo con más de 4 millones de parados ya) y, por tanto, la recuperación. Por eso, es importante evitar subidas injustificadas de precios en la cesta de la compra, vigilar todo el proceso de distribución (para que no se inflen márgenes) e intentar mantener e incluso subir salarios (las empresas que puedan) para reanimar el consumo y el crecimiento. Si no, la inflación puede ahogar la recuperación antes incluso de que llegue. Atentos.
jueves, 20 de febrero de 2020
Así ha cambiado nuestra cesta de la compra
En los últimos diez años, hemos pasado de comprar en los mercados y tiendas tradicionales a comprar en el súper de las grandes cadenas, casi dos tercios del total. Ahora gastamos menos en alimentación y compramos menos cantidad, porque los precios han subido más que el IPC. Y 1 de cada 4 euros lo gastamos en Mercadona. Además, compramos cada vez más productos envasados (más “marcas blancas”), menos frescos y más comida preparada. Cara al futuro, seguirán las “guerras de precios” en los súper, a costa de pagar poco a los agricultores y ganaderos españoles y de inundarnos de comida importada: el 80% de las frutas y hortalizas españolas se exportan, las mejores, porque fuera las pagan más. Es hora de exigir a la Administración que vigile los precios del súper y asegure mayor transparencia sobre lo que comemos, con etiquetas del origen, fomentando los productos locales, sanos y de calidad, aunque nos cuesten algo más. No ahorremos con la comida.
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| enrique ortega |
En 2019, los españoles volvimos a gastar más en la cesta de la compra, por 5º año consecutivo: gastamos 89.060 millones de euros, un 2,4% más, en alimentación, bebidas, droguería y limpieza, perfumería e higiene y comida para mascotas, según el último Informe Nielsen. Eso supone una media de 4.800 euros de gasto por hogar al año. La mayor parte de este gasto familiar, unos 4.234 euros anuales se va en alimentación, que supone el tercer mayor gasto de los españoles (un 14,1% del presupuesto total), tras la vivienda (24,8%) y los transportes (14,7%), según la última Encuesta de Presupuestos Familiares del INE (2018). Un gasto en alimentación que ha bajado tras la crisis, ya que era de 4.543 euros por hogar en 2007, un 14,20% del presupuesto familiar. Básicamente, ahora gastamos menos en productos frescos y más en envasados y compramos menos cantidad, aunque gastemos casi igual porque los precios han subido mucho: un +15% los alimentos frente al +13,9% que subió el IPC general entre 2010 y 2019, según el INE.
Volviendo a la cesta de la compra 2019, el gasto en alimentación se repartió entre los productos envasados (68% de las compras), los únicos que aumentaron ventas (+0,8%) y los productos frescos (que suponen el 32% de nuestra compra), cuyas ventas cayeron un 2,6%, porque estamos cambiando los hábitos de comida (más envasado y menos frescos) y, sobre todo, porque los frescos son los alimentos más caros y que más subieron de precio: +12,7% las verduras, +3,6% las frutas, +3,3% los pescados y mariscos, +2,2% el pan y +1,5% los huevos, según el informe 2019 de Nielsen. Mientras, los alimentos envasados subieron sólo un +1,8%, encareciéndose más las bebidas (+2,4%) y los envasados perecederos (+2,1%). Al margen de la comida, subieron un +2,3% los artículos de droguería y limpieza y un +1,3% los productos de higiene y perfumería. En conjunto, la cesta de la compra subió un +2,7%, más del doble que la subida anual del IPC (+1,1%).
Al margen de lo sucedido en 2019, hay que resaltar los grandes cambios en la cesta de la compra de los españoles en la última década, señalados por Kantar Worldpanel. El primero, ya apuntado, que gastamos algo menos en alimentación, básicamente porque compramos menos cantidad (sobre todo productos frescos) aunque a precios más caros. Y también influye que la población crece poco, que somos sólo 600.000 habitantes más que en 2010. Además, ahora vamos menos a comprar que antes: hacemos 246 visitas anuales a la tienda, 35 visitas menos que en 2010, según el informe de Kantar Worldpanel 2019. Y eso porque antes íbamos a varias tiendas para comprar y ahora concentramos las compras en el súper.
Precisamente, el segundo gran cambio es el auge del súper de las grandes cadenas, que han desplazado a los mercados y las tiendas tradicionales. Si en 2001, los súper vendían el 46,3% de los productos perecederos y la tienda tradicional vendía el 43,5%, en 2019 el súper tiene ya el 61% de cuota y la tienda tradicional sólo el 30,7%, según el último informe de Kantar Worldpanel. Y si analizamos el mercado de productos envasados, los súper ganan con mayor distancia: copan el 74,7% de las ventas, seguidos del 13,3% los híper, un 5,9% las perfumerías, sólo un 4,7% las tiendas tradicionales y un 1,3% que venden las gasolineras, según el último Informe 2019 de Nielsen.
No sólo compramos más en los súper sino que las grandes cadenas ganan cuota de mercado año tras año, según Kantar Worldpanel, afianzándose el liderazgo de Mercadona: volvió a crecer en 2019 (+0,6%) y ya acapara el 25,5% de las ventas de gran consumo, 1 de cada 4 euros que los españoles nos gastamos en la cesta de la compra. Y un 91,7% de los españoles han visitado sus tiendas en el último año. Crece en todo, pero sobre todo en los frescos y comida preparada, en el País Vasco (donde menos tiempo lleva) y en Portugal (donde entró en 2019). Le siguen, muy lejos, Carrefour (8,7% de cuota y un 62% de visitas de compradores), que está apostando por abrir tiendas de proximidad y la venta online, el Grupo DIA (6,4% de cuota y un 62 % de hogares visitándoles), cuyo mayor parque de tiendas sufre una dura crisis de gestión financiera, el grupo alemán Lidl (5,6% de cuota), el súper que más crece y la segunda cadena más visitada (69% hogares), Eroski (4,9% de cuota y cayendo) y Auchan/Alcampo (3,5% de cuota), que apuesta también por pequeñas tiendas de cercanía. Y luego están los supermercados regionales (12% de cuota), que visitan el 72,4% de familias y que tienen mucho éxito (Consum, Ahorramás, Gadisa, Condis, Covirán, Bonpreu), por proximidad, precios y su oferta de frescos.
El tercer gran cambio en nuestra cesta de la compra es que compramos menos productos frescos y más envasados y comida cocinada. Y que cargamos más en el carro con otros productos, desde artículos de higiene, limpieza o cosméticos a comida para mascotas, que antes apenas de compraban en los súper. Las prisas y los precios altos han llevado a los españoles a comprar menos frutas y verduras, menos carnes y pescados, y más productos envasados y comida semipreparada o precocinada, en perjuicio de la salud y a favor del sobrepeso y la obesidad, origen de múltiples enfermedades.
Este auge de la comida envasada nos lleva al cuarto gran cambio en nuestros hábitos de consumo: el auge de las “marcas blancas”, las que ofrecen los súper, generalmente más baratas que las marcas de los fabricantes. España es el país de Europa con más peso de las marcas blancas en volumen, con un 51% de cuota de mercado, tras el 49% en Suiza, el 47% en Reino Unido, el 45% en Alemania, el 31% en Francia o el 20% en Italia, según el Anuario 2019 de la PLMA. Y en precio, acaparan el 37,7%% de las ventas de gran consumo, según EAE Business School, con un 40% en alimentación, un 16% en bebidas, un 33% en droguería, un 14% en cosmética y un 23% en alimentos para mascotas. Las marcas blancas son el gran motor del crecimiento de Mercadona, Día y Lidl, aunque han frenado algo su auge, gracias a la bajada de precios, la innovación y la publicidad de las marcas de fabricantes.
Un quinto cambio, aún en ciernes, es el inicio de las ventas por Internet en gran consumo, desde leche y productos envasados a droguería y productos para mascotas. Las ventas online son todavía “testimoniales”, pero ha mejorado en 2019 (del 0,3 al 1,9% de las ventas) y ya han ganado a 4 millones de compradores online desde 2010. Es la gran “asignatura pendiente” de los súper, sobre todo de Mercadona, que ya ha iniciado la venta online en Valencia y se prepara para dar el salto este año en Madrid y Barcelona.
Vistos los cambios en la última década, los expertos auguran que el gasto en la cesta de la compra volverá a crecer en 2020, aunque menos (sobre un +1,5%), mientras se consolidan otros cambios en nuestras compras, según Kantar Worldpanel. El primero, que Mercadona y los demás están empeñados en crecer gracias a vender más alimentos frescos, insistiendo en la “moda” de productos “ecológicos” y “bio” (más caros). También aumentarán la oferta de comida para llevar, que ya supone el 3% de las ventas (una media de 6 comidas preparadas al mes), junto al resto de productos “limpios” (ensaladas, verduras) y pre-cocinados. Y por supuesto, seguirán en la batalla de las “marcas blancas”, aunque combinada con la oferta de productos “más sofisticados” (cervezas artesanas, panes diferentes, salsas…).
Y además, se trata de vender en el súper muchas más cosas que comida, profundizando en los artículos de limpieza, higiene y cosmética (con cremas millonarias en ventas, algunas de dudosa eficacia). Y en la comida para mascotas, un “filón”, dado que el 42% de los hogares tienen un perro o un gato y su comida mueve un mercado de 1.218 millones de euros al año, similar a la venta de cervezas. Y dos tercios de esta comida para mascotas se venden ya en los súper, incluso a través de marcas blancas. Otro nicho para ampliar las ventas es la ropa (Lidl ya vende textiles) y el crear una zona de “bazar” (cocina, bricolaje, decoración, jardín), donde se pueda comprar desde un robot de cocina a un set de herramientas o una planta. Es una de las razones del crecimiento de Lidl, que aprovecha su presencia en 30 paises para hacer ofertas de 30/40 nuevos artículos por semana. La idea es que vayas al súper para comprar comida y acabes comprando de todo.
Los súper se están enfrentando a cambios en los hábitos del consumidor y va a haber muchos más. El último informe Nielsen adelanta 3 grandes cambios en el consumo futuro. Uno, que seremos cada vez “más caseros” (me gusta más que el anglicismo de “cocooning”), lo que implica que comeremos y beberemos más en casa y menos fuera, con lo que los súper tenderán a ofrecernos más “caprichos”, desde la ginebra sofisticada al pan artesano o el queso o vino premiados, intentarán que hagamos una “compra emocional” (y que así gastemos más). El segundo cambio, por la falta de tiempo y la reducción del tamaño de las familias, llevará a que acumulemos menos compra, que compremos más veces y menos cantidad, evitando el coche y buscando la proximidad. Eso ya ha provocado que grandes hipermercados, como Carrefour a Alcampo abran pequeñas tiendas de barrio con lo más imprescindible. Y el auge de las ventas en gasolineras (han crecido un 8%), que han convertido a Repsol en el primer vendedor de pan en España…
El tercer cambio en nuestros hábitos de consumo futuros, según Nielsen, será la deslealtad del consumidor español, mucho más abierto que el europeo a probar nuevas marcas (el 49% frente al 40% en la UE) y a probar cosas nuevas (el 36% frente a 33% en Europa). Así que somos un consumidor poco fiel a las marcas (sólo el 8%, frente al 12% en la UE), lo que convierte el negocio de los súper en una “guerra abierta por el cliente”. Y aunque decimos en las encuestas que nos preocupa la calidad, la mayoría compran por el precio.
Así que en 2020 seguirá la “guerra de precios” y ofertas en la alimentación y la cesta de la compra. Y los consumidores tenemos las de perder. Porque si no aceptamos que nos ofrezcan alimentos y productos más caros, los súper tratarán de contener precios a costa de la calidad, de pagar poco a los agricultores y ganaderos y de importar alimentos más baratos. Es lo que ya pasa hoy. En frutas y verduras, por ejemplo,el 80% de la cosecha española se exporta. Así que las mejores naranjas y los mejores tomates españoles se venden en Hamburgo o el Londres (mucho más caros), no en Madrid. Y los súper dicen que sólo venden un 7% de frutas y verduras españolas. ¿De dónde sacan el resto? Pues la mayoría de importación, desde naranjas sudafricanas a tomates marroquíes, más baratos pero de peor calidad. De hecho, en 2019 (enero-noviembre), España importó alimentos por valor de 29.485 millones de euros (6.482 millones de pescado, 5.258 millones de frutas y hortalizas, 2723 de azúcar, café y cacao, 2.228 de aceites, 2.045 millones de carnes, 1.892 millones de lácteos y 8.850 millones de otros alimentos), según los datos de Comercio.
Al final, los súper pelean con los agricultores y ganaderos, con los distribuidores y mercas y con la industria alimentaria para que les bajen precios y poder así mantener sus precios sin deteriorar sus márgenes. Y eso incluye promociones y ventas a pérdidas de “productos escaparate” (leche, aceite, pollo), para captar clientes. Ellos dicen que su rentabilidad en la cadena es sólo del 2 o 3%, pero el hecho es que los consumidores pagamos por la comida mucho más de lo que reciben los agricultores (4,43 veces) y ganaderos (3,10 veces), según el índice IPod de enero 2020 que publica mensualmente COAG. Significa que pagamos 7,35 veces más que cobra el agricultor por la patata, 6,32 veces por la naranja, 4,25 veces por el tomate, 3,62 veces por el tomate, 4 veces por la ternera, 3,85 veces por el cerdo, 3 veces por el pollo y 2,52 veces por la leche.
El beneficio se queda por el camino. Un ejemplo, con la patata, que pasa de 0,17 céntimos en el campo a 1,25 euros en el súper. El agricultor se lleva el 28% del precio final, el comercializador en origen el 7%, el envasador el 39%, el comercializador de destino el 9% y la tienda o súper que la vende el 17% restante. Así que un 72% del precio de la patata se ha quedado por el camino entre el campo y nosotros. En el conjunto de frutas y hortalizas, los datos de Agricultura indican que los agricultores se llevan del 16 al 25% del precio final, los mayoristas en origen del 20 al 49%, los comercializadores en destino del 4 al 25% y los supermercados, del 26 al 51% del precio final (ver aquí los datos del margen que se lleva cada uno en las principales frutas y verduras).
Es urgente que la Administración ponga orden en los precios, sobre todo de los alimentos, vigilando que la cadena de intermediarios se reduzca y los márgenes sean razonables. Y prohibir prácticas fraudulentas, como las ventas a pérdidas, publicando las multas por malas prácticas al consumo (algo que ahora no hacen las autonomías). También es clave que agricultores y ganaderos unan esfuerzos, para comercializar sus productos más directamente (cooperativas más fuertes) y con menos intermediarios. Y que los alimentos tengan un mejor etiquetado, informando claramente de su origen, para que sepamos si los tomates son marroquíes o los ajos y la miel chinos. Y también su composición, con códigos de colores que nos informen con claridad de los alimentos altos en grasas, azúcares y sal, para que sepamos lo que atenta contra nuestra salud. Y controlar mejor las etiquetas de alimentos ecológicos y bio, muchas de ellas hoy “dudosas”. En definitiva, que podamos hacer una compra más informada y transparente, aunque acabe siendo más cara, porque la calidad y el producto autóctono hay que pagarlo. No ahorremos con la comida.


