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lunes, 15 de febrero de 2016

Las pensiones perderán poder adquisitivo


En enero, 8,5 millones de pensionistas han cobrado entre 2 y 5 euros más, por la subida del 0,25% aprobada por el Gobierno, la misma que en 2014 y 2015. Pero este año, esa mínima subida se la comerá la inflación, que crecerá un 0,7%. Y los pensionistas perderán poder adquisitivo, algo que no pasaba desde 2012, aunque en esta crisis, las pensiones han subido menos que la inflación. Pero el mayor problema de las pensiones  es que no salen las cuentas: en 2015, la Seguridad Social habrá tenido 12.000 millones de déficit, el mayor de su historia. Y no porque se dispare el gasto (pensionistas y gasto crecen menos que los últimos 10 años, por los recortes de ZP y Rajoy) sino porque crecen poco los ingresos, aunque hay 530.000 empleos más: es un empleo precario, que cotiza poco. Urge reformar las pensiones, no para recortarlas otra vez sino para conseguir más ingresos, vía impuestos y cotizaciones. Porque España gasta menos en pensiones que el resto de Europa.
 

enrique ortega


Las pensiones también han cambiado con la crisis. Hasta el año 2010, las pensiones en España subían cada año lo que se esperaba que subiera la inflación. Y luego, si los precios habían subido más, se les compensaba en febrero con la diferencia. Pero en 2011 se abandonó este sistema, presionados por Bruselas, que obligó al Gobierno Zapatero a congelar las pensiones, sin subirlas nada (por primera vez en la democracia). Y luego, en 2012 y 2013, Rajoy las subió un 1%. Y en diciembre de 2013, el Gobierno del PP aprueba una Ley para establecer el mecanismo que determina la subida futura de las pensiones (factor de sostenibilidad), teniendo en cuenta la marcha de la economía y de las cuentas de la Seguridad Social. Así se fijó una subida del 0,25% para 2014, que se ha repetido en 2015 y 2016, y que parece será la misma al menos hasta 2020.

Con estas mínimas subidas, el poder adquisitivo de los pensionistas ha dependido de lo que hiciera la inflación. En 2011 y 2012, con una inflación alta (+2,9%), perdieron bastante, y a partir de 2013, con el desplome de los precios (por la atonía de la economía y la caída del petróleo), recuperaron poder adquisitivo. Pero no todo: entre 2008 y 2015, las pensiones subieron una media del 9,2% y los precios aumentaron un 10,1%, así que los pensionistas perdieron un 0,9% de poder adquisitivo. Y sólo en la pasada Legislatura (2012-2015), con Rajoy, los pensionistas ganaron un 0,3%, porque los precios subieron menos (2,2%) de lo que subieron las pensiones (2,50%). Pero si tenemos en cuenta el copago de los medicamentos, implantado el 1 de julio de 2012, resulta que esa mínima ganancia de poder adquisitivo de los pensionistas se ha perdido al tener que pagar parte de sus medicinas.

Ahora, en 2016, todo apunta a que los pensionistas volverán a perder poder adquisitivo, por primera vez desde 2012: las pensiones subirán un 0,25% (entre 2 y 5 euros al mes) y la inflación podría subir un 0,7% de media anual, según el consenso de analistas (o más, si sube el petróleo). Y lo mismo se espera para 2017: subida de pensiones del 0,25% y subida de precios por encima del 1%. Y lo peor es que las pensiones seguirán perdiendo poder adquisitivo en los próximos años: si no se hace nada, las pensiones bajarán un 30% en términos reales (descontando la inflación) para 2050, según un estudio universitario

Con todo, el mayor problema de las pensiones en España no es que pierdan poder adquisitivo sino que “no salen las cuentas”: el gasto crece más que los ingresos y 2015 se habrá cerrado con un déficit de la Seguridad Social en torno a 12.000 millones de euros, el mayor de su historia. Y sería ya el quinto año consecutivo con “números rojos, un déficit que se inició levemente en 2011 (-1.000 millones), que se agravó drásticamente en 2012 (-10.131 millones) y que se ha mantenido al alza en 2013 (-11.861), 2014 (-11.202) y volvió a crecer en 2015 (entre -11.000 y --15.000 millones, según vaticinan los expertos). Un déficit en las pensiones insostenible a medio plazo.

Podría pensarse que la Seguridad Social tiene un abultado déficit porque el gasto en pensiones se ha disparado. Pero no es así. El gasto en pensiones crece, pero poco: ha subido un 2,7% en enero de 2016 (sobre enero 2015), la menor subida de la serie histórica. Y eso porque aumenta mucho menos el número de pensionistas (+0,94% en 2015, el menor aumento de los últimos 10 años), con una caída en las altas de jubilación (-2,9% en 2015, por segundo año consecutivo). Y también porque las nuevas pensiones suben menos que antes. Un menor ritmo del gasto que es fruto de las dos reformas de pensiones (recortes)  aprobadas por Zapatero en 2011 (aumento edad de jubilación y mayores exigencias de cotización) y por Rajoy en 2013 (menor subida pensiones y penalización jubilaciones anticipadas).

Así que si la Seguridad Social sigue aumentando su déficit no es porque se disparan los gastos sino porque apenas crecen los ingresos: un 1,3% en 2015. Y eso a pesar de que se está creando empleo, con 530.000 nuevos cotizantes en 2015. Pero los nuevos trabajadores cotizan poco, porque tienen empleos muy precarios (temporales y por horas) y salarios muy bajos (un 34% de todos los trabajadores ganan menos de 645 euros al mes, según datos de Hacienda). Así que hay más españoles cotizando, pero la SS sufre un estancamiento de ingresos porque los nuevos cotizantes aportan menos: los empleos temporales (92% de los contratos hechos en 2015) cotizan por un sueldo que es dos tercios el sueldo (63,4%) de un contrato fijo, según el INE. Y los contratos a tiempo parcial (35,58% de los contratos firmados en 2015) cotizan por un sueldo que es la tercera parte (38%) del sueldo de un empleo a tiempo completo. Así que la precariedad, fomentada por la reforma laboral de 2012, es “un mal negocio” para la Seguridad Social y para el futuro de las pensiones.

La otra razón de que la Seguridad Social ingrese poco es que el Gobierno Rajoy ha disparado las bonificaciones (descuentos) en las cotizaciones sociales de las empresas, como medida de “fomento del empleo” (muy discutible y poco efectiva, según la mayoría de expertos). Han proliferado desde 2012 las “tarifas planas” (50 y 100 euros mensuales de cotización), que en 2015 supusieron un coste para la Seguridad Social de 1.614 millones, que subirán hasta los 2.100 millones en 2016 (2.100 millones menos de ingresos). En total, se estima que durante los 4 años de la legislatura de Rajoy, estas ayudas a las empresas le han supuesto a la Seguridad Social dejar de ingresar 3.439 millones de euros.

Para 2016, las cuentas de la SS no van a mejorar, aunque los gastos vuelvan a crecer moderadamente, por efecto de los recortes de 2011 y 2013 (este año, la edad de jubilación para tener derecho al 100% de la pensión sube otro mes, hasta 65 años y 4 meses, y como periodo de cotización se computará un año más, 19 años, para llegar a los últimos 25 años cotizados en 2022). El problema volverá a estar en los ingresos: el Presupuesto 2016, que aprobó Rajoy a última hora, prevé un crecimiento de las cotizaciones del 6,7%, cuando el año pasado crecieron un 1,3% y este año se va a crear además menos empleo (unos 450.000 nuevos cotizantes). Por eso, será casi imposible cumplir la previsión del Gobierno Rajoy, de bajar el déficit a -3.000 millones de euros en 2016. Y se espera que haya déficit en las pensiones hasta 2018.

La Seguridad Social y las pensiones tienen un déficit estructural, que el Gobierno Rajoy ha tratado de paliar estos años con dos “parches”. Uno, recurriendo a las Mutuas laborales, cogiendo parte de sus excedentes para financiarse (5.350 millones hasta diciembre de 2014). Y el otro “parche”, echar mano de “la hucha” de las pensiones, un Fondo de reserva creado en el año 2.000 por el Gobierno ZP para guardar los excedentes y que llegó a acumular un máximo de 66.815 millones en 2011. A partir de ahí, empezaron los déficits y el Gobierno Rajoy se vio obligado a “tirar de la hucha” para pagar las extras de los pensionistas, desde la Navidad de 2012 a la última Navidad de 2015. En total, han retirado ya 34.330 millones de euros, más de la mitad del ahorro que había. Y seguirán haciéndolo en 2016, con lo que se prevé que la hucha de las pensiones se quede sin fondos a principios de 2018.

La situación de las pensiones es pues preocupante, sobre todo por la falta de ingresos. ¿Qué se puede hacer? El Tribunal de Cuentas dio en julio de 2015 una receta, que propuso se debatiera con urgencia en el Pacto de Toledo (la comisión, integrada por políticos, sindicatos y patronal, que es responsable del futuro de las pensiones: financiar parte de las prestaciones de la Seguridad Social con cargo a los Presupuestos, no con cotizaciones. En agosto, el Gobierno Rajoy concretaba esta propuesta, señalando que iba a proponer  a los demás partidos que fuera el Presupuesto y no la Seguridad Social quien pagase las pensiones de viudedad (2,3 millones) y orfandad (335.000 pensiones), un gasto de 23.000 millones para 2016, el 19,6% del gasto total en pensiones. Pero luego, con la vorágine electoral y postelectoral, no ha habido ninguna reunión y el tema está pendiente. Será una cuestión clave para el próximo Gobierno.


Quitarle a la Seguridad Social una quinta parte de la factura de las pensiones sería sin duda un gran alivio, aunque dejaría a viudas y huérfanos al albur de los Presupuestos y de futuros recortes para bajar el déficit (Bruselas pide 13.000 millones más). Pero no basta. Habría que contemplar otra medida: subir los ingresos por cotizaciones sociales. Es cierto que subir cotizaciones es malo para el empleo y más en un país que tiene el doble de paro que Europa. Pero también es cierto que las cotizaciones a la SS son más bajas en España que en la mayoría de Europa: las cotizaciones por contingencias comunes son el 28,3% del salario, algo menos que la media en Europa (28,7%) y mucho menos que las cotizaciones en Alemania (33,3%), Francia (37,9%) o Italia (31,5%). Y eso no tanto porque las empresas coticen menos (cotizan en España el 23,6%, cerca del 27,7 % de Francia o el 24,3% de Italia) como porque los trabajadores españoles cotizan bastante menos (4,7% del salario) que los alemanes (17,1%), franceses (10,2%) o italianos (7.2%).

Si España subiera un 2% las cotizaciones sociales (1% a las empresas y 1% a los trabajadores), todavía seguiríamos cotizando menos (30,7%) que los grandes países europeos y la SS ingresaría 8.000 millones más en cotizaciones. Claro que sería pedir un esfuerzo extra a las empresas, pero también es verdad que llevan un par de años con beneficios (las grandes, un +22% más en 2015). Y en el caso de los trabajadores, si bien es verdad que sus sueldos han caído, el dilema es claro: o cotizan más o tendrán que pagarse una pensión privada para complementar la pública, porque sus cuentas no salen. ¿Qué prefieren: cotizar algo más para asegurar el futuro de las pensiones o pagar a un banco o a una aseguradora (con comisiones elevadas) un Plan de pensiones privado? De hecho, el miedo al futuro ha disparado la contratación de pensiones privadas: las aportaciones (de 10 millones de españoles) han aumentado 10.000 millones de euros en los dos últimos años.

Las pensiones sufren en España un grave problema de fondo que se ha agravado con la crisis: los ingresos no cubren los gastos, que irán aumentando la próxima década por el envejecimiento de la población. Y eso, a pesar de que la mayoría de las pensiones son bajas. La pensión media está en 896,57 euros al mes (1.038 euros la jubilación), pero casi dos tercios de las pensiones (61,5%) cobran menos de 800 euros y más de la cuarta parte (27,8%) menos de 600 euros al mes (en el caso de las jubilaciones, el 52,6% cobran menos de 800 euros y el 19,2% menos de 600 euros). Y peor están las viudas, con una pensión media de 630 euros al mes, o los huérfanos (370 euros mensuales de pensión media).


De hecho, la penuria económica de muchos mayores se refleja en este dato: España es el país europeo donde los mayores de 50 años ayudan menos con dinero a sus hijos: sólo les dan dinero el 10% de padres, frente al 25% en Francia o el 30% en Alemania, según un reciente estudio de Funcas.

La solución no es recortar más estas pensiones, que apenas dan para vivir. Hay que pensar en conseguir más ingresos, vía impuestos y cotizaciones, para hacer frente a un gasto que además va a seguir creciendo. Y sobre todo porque España, aunque gasta mucho en pensiones (120.000 millones), todavía gasta proporcionalmente menos que la mayoría de Europa: un 12% del PIB, frente al 13,8 % de la zona euro (y un 16,6% en Italia, un 15,2% en Francia y un 12,3% en Alemania). Así que habrá que gastar más en pensiones, sobre todo porque van a crecer mucho, más a partir de 2030, cuando se jubilen los españoles del “baby boom”, los nacidos entre 1962 y 1975. O eso, o recortar más las pensiones futuras y además no subirlas apenas a los actuales jubilados.

Urge poner orden en las cuentas de las pensiones y pactar un sistema estable a medio plazo, con más ingresos. Si no se toman medidas, luego será peor y habrá quien haga “negocio con el miedo”, disparando las pensiones privadas. Hay que hacer las cuentas al revés: queremos unas pensiones decentes y busquemos cómo financiarlas. Con nuestra vejez no se juega.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Pensiones: las cuentas no salen


La Seguridad Social ha duplicado su déficit y el “agujero” superará este año los 10.000 millones de euros, por cuarto año consecutivo. Lo grave es que sucede cuando se está creando empleo. Y no pasa porque se haya disparado el gasto en pensiones: creció en agosto un 2,8%, el menor aumento de la historia, porque están surtiendo efecto los recortes aprobados por Zapatero y Rajoy. El problema está en los ingresos, que se han desplomado por culpa de la reforma laboral: hay más trabajadores cotizando pero ingresan menos porque tienen peores contratos y sueldos. Y encima, se deja de ingresar porque este Gobierno ha rebajado las cotizaciones a muchas empresas (tarifa plana). Por todo ello, Rajoy ha gastado ya la mitad de la hucha de las pensiones, que se acabará en 2018. Urge tomar medidas y aumentar los ingresos de la Seguridad Social, además de pagar algunas pensiones (viudas y huérfanos) con cargo al Presupuesto. Es el gran reto de la próxima Legislatura.
 

enrique ortega


La crisis y la caída del empleo agravaron la crisis de la Seguridad Social, al reducir los ingresos por cotizaciones mientras aumentaba el gasto en pensiones. Entró en déficit en 2011 (-1.000 millones) y el “agujero” se agravó durante esta Legislatura, superando los 10.000 millones de déficit en 2012 (-10.131), 2013 (11.861) y 2014 (11.202). Y este año 2015, en lugar de mejorar las cuentas por la mejora del empleo (más ingresos por cotizaciones), han empeorado: el déficit de la Seguridad Social (ingresos-gastos) se había duplicado hasta julio, alcanzando ya los -4.423 millones de euros (-2.201 entre enero y julio de 2014). Y los expertos vaticinan que la Seguridad Social  cerrará este año con un déficit entre 11.000 y 15.000 millones de euros, el mayor “agujero” de su historia.

Esta penuria financiera ha obligado al Gobierno Rajoy a tomar dos medidas extraordinarias para poder seguir pagando las pensiones. Una, echar mano de “la hucha de las pensiones, un Fondo de reserva creado en el año 2.000 para guardar los excedentes y que llegó a acumular (entre aportaciones estatales e intereses que consigue) un máximo de 66.815 millones en 2011. A partir de ahí, empezaron los déficits y el Gobierno Rajoy se vio obligado a “echar mano de la hucha” para pagar las pensiones: empezó cogiendo 7.003 millones para pagar a los pensionistas la extra de Navidad de 2012 y siguió cogiendo de la hucha en 2013 (11.648 millones) y 2014 (15.300 millones), para pagar las extras de Navidad y verano. Y ha seguido este año en julio (está previsto sacar un total de 8.500 millones en 2015) y seguirá en 2016 (la previsión del Presupuesto es sacar de la hucha otros 6.283 millones).

Con ello, el Gobierno Rajoy ya ha sacado más de la mitad de los fondos de la hucha de las pensiones (37.701 millones de 66.815) y al ritmo previsto se espera que la hucha se agote en 2018. Pero la Seguridad Social no sólo tira de esta hucha para pagar las pensiones: también ha recurrido a las Mutuas laborales, cogiendo parte de sus excedentes para financiarse otros 5.350 millones de euros hasta diciembre de 2014.

Son formas de intentar tapar agujeros, pero el déficit está ahí y no es coyuntural (ahora no cae el empleo y las cotizaciones) sino estructural y creciente. Para 2016, el Presupuesto electoral aprobado in extremis por Rajoy prevé rebajar este déficit drásticamente, de los 11.000 millones de este año a sólo 3.000 millones (0,3% del PIB). Pero nadie se lo cree y la mayoría de expertos apuntan que se han inflado los ingresos por cotizaciones (esperan que crezcan un 6,7% cuando en 2015 están creciendo sólo el 0,75%) y que así se ha pretendido “enmascarar el agujero”. Y recordemos que el Gobierno Rajoy ha enviado a Bruselas unas cuentas públicas con déficit en la Seguridad Social hasta 2018.

¿Por qué la Seguridad Social duplica su déficit en 2015 si el empleo va mejor? Veamos las cuentas. Podría ser que los gastos se hubieran disparado, pero no es así. Al contrario: el gasto en pensiones había crecido un 3,4% entre enero y julio de 2015 (el menor aumento en los últimos diez años) y todavía se moderó más en agosto, cuando el gasto en pensiones (8.270,5 millones mensuales) creció sólo un 2,8%, el menor aumento en la serie histórica. Y casi lo mismo este mes de septiembre (+2,97%). Un aumento moderado del gasto en pensiones que no es casualidad: es fruto de las reformas y recortes de Zapatero en 2011 (aumentando la edad de jubilación a 65 años y 3 meses en 2015) y de Rajoy en 2013 (menor subida anual de las pensiones, 0,25% en 2014, 2015 y 2016, y penalización más rebaja de las jubilaciones anticipadas).

Además, hay otros dos factores que están moderando también el gasto en pensiones. Uno, fruto de la crisis y  también de los sucesivos recortes: las nuevas pensiones no suben tanto (la pensión media de jubilación de los nuevos pensionistas, 1.471 euros no se distancia tanto de la media de todos, 1.023 euros) y por ello, la pensión media del sistema (889 euros al mes) sube menos, un 1,8% en 2015. Y el otro, que la demografía ayuda de momento y el número de pensiones (9,3 millones) crece poco, un 1% este año (hasta agosto), el aumento menor del número de pensiones en toda nuestra historia.

Así que si la Seguridad Social ha duplicado su déficit este año, no es por los gastos. Es porque apenas crecen los ingresos, sobre todo las cotizaciones (77% de sus ingresos, el resto son aportaciones del Presupuesto del Estado). El Gobierno Rajoy se engañó a sí mismo y en los Presupuestos de 2015 “soñó” que los ingresos por cotizaciones iban a crecer este año un 6,8%. Pero en realidad, se han estancado y sólo han crecidoun 0,75% hasta julio. ¿Cómo es posible que apenas crezcan las cotizaciones si en la primera mitad de 2015 se han creado ya casi 300.000 empleos? (y otros 433.900 nuevos empleos  en 2014).

La respuesta es doble. Por un lado, hay más españoles trabajando pero cotizan menos porque tienen empleos muy precarios (temporales y a media jornada) y bajos salarios, como resultado de la crisis y la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012. En estos años ha aumentado el empleo a tiempo parcial (15,8% de todos los empleos) y estas personas ganan un 38% de lo que ganan los que trabajan a tiempo completo (10.056 euros anuales frente a 26.345, según el INE). Y son muchos ya los empleos temporales (25,2% de los empleos), donde se gana un 63,4% del sueldo en un trabajo fijo (15.433 euros anuales frente a 24.333, según el INE). Así que con los trabajadores a tiempo parcial, la Seguridad Social pierde dos tercios del salario de un trabajador normal y con los temporales un tercio (las cotizaciones son un 28,3% del sueldo). Y además, los nuevos empleos suelen estar peor pagados, en un país donde hay muchos trabajadores que no llegan a mileuristas: un 34% de los trabajadores (5,7 millones) ganan menos de 645 euros al mes (en 14 pagas), según datos de la Agencia Tributaria (Hacienda).

La otra razón de que la Seguridad Social ingrese poco es que se han disparado con el Gobierno Rajoy las bonificaciones en las cotizaciones sociales de las empresas, como medida de fomento del empleo (discutible y poco efectiva, según la mayoría de expertos). Han proliferado las tarifas planas” (100 y 50 euros mensuales de cotización), que en 2015 suponen una pérdida de ingresos a la Seguridad Social de 1.614,82 millones, que aún serán más para 2016 (el Presupuesto contempla unas bonificaciones de 2.100 millones). En total, durante los cuatro años de esta Legislatura, estas ayudas a las empresas para la contratación le han costado a la Seguridad Social dejar de ingresar 3.439 millones de euros.

Así que ya sabemos de dónde viene el déficit, fundamentalmente de la falta de ingresos. ¿Qué se puede hacer? El Tribunal de Cuentas dio en julio una receta, que propuso se debatiera “con urgencia” en el Pacto de Toledo (la comisión política y social responsable del futuro de las pensiones): financiar parte de las prestaciones de la Seguridad Social con cargo a los  Presupuestos y no con cotizaciones. En agosto, el Gobierno Rajoy concretaba esta propuesta, señalando que iba a proponer a los demás partidos que fuera el Presupuesto y no la Seguridad Social  quien pagase las pensiones de viudedad ( 20.776,69 millones de gasto para 2015) y de orfandad (1.762,68 millones). Serían 22.539,37 millones menos con cargo a cotizaciones y una forma rápida de suprimir el déficit de la Seguridad Social. Eso sí, habrá que ver cómo puede asumir estas pensiones el Presupuesto, cuando para 2016, Bruselas obliga a España a recortar el déficit otros 14.000 millones.

Por eso y porque habría que diversificar medidas, no se puede desechar otra vía de la que la mayoría no quiere hablar: subir las cotizaciones. Es cierto que subir cotizaciones es malo para un país con la segunda mayor tasa de paro de Europa y por eso la Comisión Europea y la OCDE piden a España que las baje. Pero también es cierto que las cotizaciones a la SS son más bajas en España que en la mayoría de Europa. En España, las cotizaciones por contingencias comunes son el 28,3% del salario de un trabajador, algo menores que la media en Europa (28,7%) pero mucho menores que las cotizaciones en Alemania (33,3%), Francia (37,9%) o Italia (31,5%). Eso sí, las cotizaciones de las empresas (23,6 % en España) están más cerca de las de Francia (27,7%) o Italia (24,3%) que las de los trabajadores españoles (4,7%), que están muy por debajo de las cotizaciones que pagan los trabajadores alemanes (17,1%), franceses(10,2%) o italianos (7,2%).

En definitiva, que si España subiera un 2% las cotizaciones sociales (1% a la empresa y 1% al trabajador), todavía estaríamos cotizando menos (30,7%) que los grandes países europeos  y a cambio la Seguridad Social ingresaría 8.000 millones más en cotizaciones. Claro que sería pedir un esfuerzo extra a las empresas (ahora empiezan a tener beneficios) y a los trabajadores, pero ya se les está pidiendo que se hagan planes de pensiones privados. Y probablemente, la mayoría preferiría cotizar un 1% más de su sueldo para su futura pensión pública que tener que invertir 2.000 euros al año en una pensión privada, que le va a gestionar (con altas comisiones y baja rentabilidad) un banco o una aseguradora.

De hecho, la incertidumbre sobre el futuro de las pensiones públicas ha disparado los planes de pensiones privados: ya gestionan más de 100.000 millones de euros (un récord histórico) y las aportaciones a todos los Planes de pensiones (individuales y de empresa) se multiplicaron por cinco en 2014, pasando de 233 a 1.161 millones, aumentando además el número de partícipes por primera vez en los últimos cuatro años. Un “boom” de las pensiones privadas que crece sobre la incertidumbre ante el futuro de las pensiones públicas, alimentado incluso por el gobernador del Banco de España: en junio recomendó a los jóvenes que ahorrarán para hacerse una pensión privada porque “la pensión futura serán cada vez peor” (la suya no: tiene un sueldo anual de 174.733 euros).

Las pensiones atraviesan por un grave problema: los ingresos no cubren a los gastos y eso que la mayoría de pensiones son muy bajas. De hecho, dos tercios de los pensionistas cobran menos de 800 euros al mes, el 28,21 % (2,6 millones) cobra menos de 600 euros y un 15% menos de 400 euros al mes. Y casi el 40% de las viudas cobran menos de 600 euros. Y para que la Seguridad Social no estalle, apenas nos subirán las pensiones en los próximos años, con lo que algún estudio señala que la pensión media estará en 1.000 euros dentro de 20 años. Pero incluso eso está en riesgo si no aumentan los ingresos.

Por eso urge una reforma de la financiación de la Seguridad Social, apuntalando sus ingresos con más cotizaciones y quitando gastos (pensiones) que se deben pagar con los Presupuestos. Si no se consiguen más recursos estables (y más empleo), el agujero crecerá y antes o después nos vendrán con que “las pensiones son insostenibles” y nos impondrán más recortes. Hay que sanear de una vez las cuentas de la Seguridad Social, el gran reto de la próxima Legislatura. Piense en ello cuando vote.

jueves, 12 de febrero de 2015

Las pensiones y el gasto crecen menos


En 2014 han crecido menos los nuevos pensionistas y el gasto en pensiones, por primera vez en esta crisis. Es el fruto de los recortes aprobados en las pensiones, por Zapatero y por Rajoy. Pero aun así, el gasto en pensiones sigue creciendo y no se cubre con las cotizaciones, porque los nuevos empleos cotizan poco, por los bajos sueldos y los trabajos temporales. Por eso, el Gobierno Rajoy ha tenido que echar mano de ”la hucha” de las pensiones, por tercer año consecutivo. Y tendrá que seguir haciéndolo en 2015 y hasta 2020 (se la gastará antes). Las cuentas no salen, porque crecen más los pensionistas y el gasto que los cotizantes e ingresos. Hay que plantearse de una vez una reforma de las pensiones que no se dedique a recortarlas (el 40% son menores de 625 euros) sino a conseguir más ingresos, vía impuestos, lucha contra el empleo sumergido y más cotizaciones. Será uno de los grandes retos del futuro Gobierno.
 
enrique ortega

Las tres “reformas” de las pensiones (una de Zapatero en 2011 y dos de Rajoy en 2013) empiezan a dar sus frutos. El primero, que crece menos el número de nuevos pensionistas: en 2014 fueron 112.791, un 1,35% más, el porcentaje de aumento más bajo desde 2007. En 2013, con todo el debate sobre la reforma de las pensiones de Rajoy, fueron muchos los mayores que aceleraron su jubilación, alcanzándose un récord de 133.714 nuevos pensionistas, el mayor crecimiento desde 2009. Pero el año pasado, las nuevas jubilaciones crecieron menos por un doble efecto: el aumento del periodo de cotización y de  la edad de jubilación a 65 años y dos meses (reforma Zapatero febrero 2011) y las dificultades impuestas por Rajoy (decreto 1 abril 2013) a la jubilación anticipada (exigencia de más tiempo de cotización y un 8% de recorte por cada año que se anticipa la jubilación).

El segundo fruto de las “reformas” (recortes) es que el gasto en pensiones crece menos: la nómina anual en 2014 fue de 96.170 millones, un 3,2% más que en 2013, el menor crecimiento en diez años (+4,7% en 2013 y +6,5% en 2004). Incluso en enero de 2015, el gasto en pensiones creció menos que un año antes (+3,1% frente a +3,2%), aunque la cifra fue récord (8.164 millones de euros). El gasto crece porque aumenta el número de pensionistas y porque los nuevos pensionistas entran cobrando una pensión más alta (porque han cotizado por sueldos más altos): 1.356 euros era la media de las nuevas jubilaciones en enero 2015, un 37% más altas que en 2007. Pero el gasto total crece menos porque la segunda reforma de Rajoy (que entró en vigor en 2014) puso un tope a la revalorización de las pensiones, que ha sido de un 0,25% en 2014 y lo mismo entre 2015 y 2017, una medida que supondrá un “ahorro” para el sistema de 30.000 millones de euros hasta 2022.

Los pensionistas y el gasto crecen menos, pero también los ingresos de la Seguridad Social, porque aunque se creó empleo en 2014 (+ 417.574 afiliados), los ingresos por cotizaciones cayeron un 2,86%, algo que viene sucediendo desde 2010 (en años anteriores la caída osciló entre -1,63% de 2010 y -0,22% de 2012). Y eso se debe a que los nuevos contratos son de asalariados peor pagados, que no cotizan apenas por horas extras (las hacen gratis) y que en muchos casos cotizan sólo por media jornada o por horas. En este sentido, los contratos precarios y mal pagados están haciendo “un roto” a las cuentas de la Seguridad Social. Otro “roto” se lo hacen las “tarifas planas”, esas excepciones que se hacen a empresarios (sólo 100 euros por empleo estable creado) y autónomos (tarifa plana de 50 euros) y que suponen dejar de ingresar entre 1.500 y 2.500 millones al año.

El resultado es que los ingresos de la Seguridad Social no cubren los gastos (aunque se hayan moderado). Y en 2014, el Gobierno Rajoy se ha visto obligado a tirar de “la hucha” de las pensiones (Fondo de Reserva), de la que sacó 15.300 millones de euros, a sumar a lo que sacó en 2013 (11.648 millones) y en 2012 (7.003 millones). En total, ha sacado ya 27.803 millones de una hucha creada en el año 2.000 y en la que llegó a haber (entre aportaciones e intereses) un máximo de 66.815 millones a finales de 2011, de los que “han volado” ya más de un tercio de fondos. Hay que decir que este Fondo de Reserva español es el único que se está reduciendo en Europa, según un informe de la OCDE. Y lo peor es que habrá que seguir “tirando de la hucha”, este año y los próximos, unos 10.000 millones al año, según el informe de la Autoridad independiente de Responsabilidad Fiscal. De ser así, como sólo quedan 41.355 millones, nos habremos quedado sin hucha para 2019.

Pero el problema de las pensiones no es coyuntural sino estructural: no salen las cuentas porque crecen más los pensionistas y el gasto que los cotizantes y los ingresos. Una relación que se ha deteriorado con la crisis: si en 2007 había 2,71 cotizantes por cada pensionista, en 2014 había 2,25 cotizantes (el nivel más bajo desde el año 2.000). Y si quitamos a los parados, cuya cotización la paga la seguridad Social (con lo que no es un ingreso real), la relación hoy es de 1,97 cotizantes por pensionista. Y con el envejecimiento de la población y la baja natalidad, en 2050 la situación será mucho peor: sólo habrá 1,2 empleados por cada pensionista. Y así, no hay sistema de pensiones que aguante.

Frente a este panorama, los gobiernos de Zapatero y Rajoy han optado por los recortes: repartir los ingresos menguantes entre más pensionistas, medio congelando las pensiones actuales y recortando las pensiones futuras: los que se jubilen a partir de 2019 recibirán entre un 5,8% menos de la pensión inicial actual (los que ahora tienen entre 50 y 60 años) y un 23,2% menos (los que ahora tienen entre 20 y 30 años). Pero hay otra vía de ajustar las cuentas: ingresar más. Para ello hace falta actuar en dos frentes. Por un lado, creando más empleo y aumentando los futuros cotizantes, mejorando la natalidad (haría falta que nacieran 280.000 niños más cada año para asegurar el relevo generacional). Y por otro, aumentando los ingresos de la Seguridad Social, por varias vías: destinando una parte de los impuestos a pagar pensiones (20.000 millones al año propone el PSOE), reducir el fraude (empresas que no cotizan por sueldos reales, horas y otros pagos) y subir cotizaciones en los tramos que se pueda (sin afectar al empleo), incentivando fiscalmente a los que hagan cotizaciones extras voluntarias: ¿por qué se desgravan los que pagan un plan de pensiones privado y no se estudia  que desgraven los que coticen voluntariamente más para fortalecer el sistema público de pensiones?. No es de recibo que la Seguridad Social esté en números rojos mientras los españoles, por miedo al futuro, han quintuplicado sus aportaciones a Planes de pensiones privados en 2014.

Los Gobiernos han elegido el sistema más fácil, el de los recortes, que son injustos por un doble motivo: España gasta menos en pensiones que la mayoría de Europa (destinamos el 10% del PIB, frente al 12,2% de la eurozona y el 11,3% de la UE-28) y además, un 40% de los pensionistas recibe menos de 645 euros al mes. Y la pensión media en España es de 1.010 euros (enero de 2015), dos tercios de la pensión media europea. Y además de injustos, los recortes son insuficientes: son un parche que no resuelve el problema de fondo, la insuficiencia de recursos, que obliga a tirar de la “hucha de las pensiones”.

Por eso, cara a las futuras elecciones y Gobiernos, hace falta avanzar en otra dirección, la de ingresar más, con más empleo y más nacimientos, más  trasvase de impuestos (con más ingresos de los que hoy apenas pagan) y más cotizaciones (obligatorias y voluntarias), para salvaguardar las pensiones en el futuro. Porque las pensiones son sagradas.