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lunes, 15 de mayo de 2017

Polémico empujón a las energías renovables


Este miércoles 17 de mayo se celebra una subasta para aprobar nuevas instalaciones de energías renovables, las primeras en 5 años, tras el parón decretado en 2012 por Rajoy, que hundió a las renovables (eólica, solar, biomasa…), un sector donde España era una potencia mundial. Esta subasta es muy polémica, porque el Gobierno enfrenta a unas renovables con otras, permite la especulación y no asegura una rentabilidad futura. España está lejos de cumplir el objetivo europeo de que un 20% de la energía sea renovable para 2020 y tendrá que autorizar nuevas subastas en los próximos años, aunque el Gobierno Rajoy sigue sin apostar por las renovables, cada vez más competitivas y  que ayudan a bajar el recibo de la luz. Habría que volcarse más en las renovables, porque España es el país europeo más dependiente del petróleo y el único que emite ahora más CO2 que en 1.990. Apuesten por el sol y el aire, que nos sobra y es limpio y barato.


                                                                                               Enrique Ortega
España vuelve a andar este año el camino de las energías renovables, tras haberlo desandado desde 2012 a 2016. Antes, a partir de 2007, en España se produjo una burbuja” de renovables, tras las ayudas introducidas por el Gobierno Zapatero, que dispararon las instalaciones. En fotovoltaica, por ejemplo, se esperaba instalar 400 Mw en tres años y se instalaron 3.335 Mw sólo en 2008. La especulación y la afluencia de inversores españoles y extranjeros provocaron un crecimiento desordenado de los “huertos solares” y de las primas a pagar, en un momento en que la tecnología no estaba madura y requería fuertes ayudas públicas. El crecimiento de las instalaciones eólicas fue más ordenado pero también desmesurado. Y al amparo de este “boom”, España construyó un sector de energías renovables que en 2010 era pionero en el mundo, exportando a varios continentes.

En esto llegó la crisis, con una caída de la demanda eléctrica y una explosión del déficit público, que obligó a recortes en las primas e instalaciones ya en 2010 y 2011. Pero el tajo a las renovables se lo dio el Gobierno Rajoy, a partir de 2012, por partida doble: no autorizando nuevas instalaciones y recortando en 2.100 millones anuales las ayudas a las instalaciones existentes, la cuarta parte de lo que recibían, lo que provocó enormes pérdidas a pequeños y grandes inversores, junto a miles de demandas judiciales, dentro y fuera de España (el Gobierno acaba de perder el primer laudo internacional , 128 millones de euros más intereses a pagar a un fondo británico, y hay otras 26 reclamaciones extranjeras esperando). Rajoy justificó estos recortes en que estas ayudas eran excesivas y una de las causas del déficit eléctrico y de la subida de la luz. Pero era sólo una excusa, porque mientras desmantelaba el prometedor sector de las renovables, autorizaba un parque de centrales térmicas de gas, al amparo de importantes ayudas (por construirlas y por tenerlas disponibles, aunque no se usen), a pesar de que había un exceso de capacidad (101.631 Mw de potencia instalada frente a una demanda de 43.527 Mw), sobre todo por las centrales de gas (25.000 Mw frente a 24.000 la eólica y 4.177 Mw la fotovoltaica).

El Gobierno Rajoy ha estado cinco años recortando las ayudas a las renovables y paralizando nuevas instalaciones, con el argumento de que así bajaba el recibo de la luz. No es verdad. Primero, porque las renovables han recibido menos ayudas que las eléctricas tradicionales: entre 1998 y 2011, recibieron 35.000 millones de euros de subvención mientras las eléctricas tradicionales recibían 53.000 millones por “pagos regulados” (costes de transición a la competencia, pagos por disponibilidad, ayudas al carbón y “regalo” de derechos de emisión de CO2 que han vendido). Todo salía de nuestro recibo. Y segundo, el apoyo a las renovables supone el 17,22% del recibo actual, pero hay otro 12% del recibo que pagamos para financiar otras ayudas a las eléctricas que no dicen: compensarles por la luz que producen en las islas, por el consumo de carbón nacional, por la moratoria nuclear, por tener disponibles las centrales de gas, para pagar el bono social y el déficit de tarifa, por las pérdidas de transporte o para compensar a las grandes industrias consumidoras. Y eso sin contar la parte del recibo que destinamos a pagar el transporte (2,96%) y la distribución de la luz (10,04%). En total, un 25% del recibo, más que las ayudas a las renovables.

Los recortes y paralización de las renovables han ahorrado costes al recibo pero han tenido un enorme coste económico para un sector donde España tenía industrias punteras, que han acabado en crisis, compradas por extranjeros (Gamesa por Siemens) o volcadas en instalaciones internacionales, en América, Oriente Medio y Asia. De hecho, las empresas fotovoltaicas han perdido entre el 15 y el 55% de sus ingresos y las eólicas han perdido la mitad de sus plantillas (de 40.000 personas en 2008 a 22.000 hoy). Y este retroceso se ha producido mientras el resto del mundo apostaba por las energías renovables. Así, la potencia eólica instalada entre 2013 y 2015 aumentó un 20% en Europa, un 36% en Asia, un 52% en Norteamérica y sólo un 0,07% en España (el equivalente a 7 aerogeneradores en 2 años).Y la potencia solar fotovoltaica aumentó un 15% en Europa, un 58% en Asia, un 52% en Norteamérica y sólo un 0,3% en España (el país del sol).

Este parón renovable en España durante 5 años (2012-2016) ha provocado que España se haya quedado rezagada en Europa, con un 16,15% de energía renovable sobre el consumo final, según Eurostat,  por detrás del 16,7% de la UE-28 y de 18 paises europeos donde las renovables tienen más peso que en España, entre ellos Noruega y Suecia (69,4%), Finlandia (39,3%), Dinamarca (30,8%), Portugal (28%) e Italia (17,5%). En la electricidad, el 36,9% de la energía que se produce es renovable (49,8% eólica, 31,1% hidráulica, 13,5% solar, 3,9% biocombustibles y 1,7% el resto), en la calefacción el 16,8% y en el transporte sólo el 1,8%.

El gran objetivo de Europa es que el 20% de la energía sea renovable en 2020. Ya hay 11 paises europeos que lo cumplen hoy, pero otros 17 todavía no, entre ellos Grecia (15,1%), Francia (15,2%), Alemania (15,6%), Polonia (11,8%), Reino Unido (8,2%) y España (16,15% de energía renovable en 2015). Por eso, el Gobierno Rajoy se ha visto obligado a convocar una subasta para aprobar nuevas instalaciones renovables, la primera importante desde el parón de 2012 (en enero de 2016 hubo una subasta de 700 Mw, eólicos y biomasa, pero fue un fiasco). La subasta, que se celebra este 17 de mayo, contempla autorizar la instalación de 3.000 Mw renovables nuevos (2.000 + una ampliación de 1.000), un 10% del parque renovable existente hoy (30.000 Mw) y el equivalente a 2 nuevas centrales nucleares.

Es una subasta largamente esperada, pero que ha sido muy polémica por las condiciones que ha impuesto el Gobierno Rajoy. La primera crítica del sector es que la subasta no contempla cupos para las distintas renovables (eólica, solar, biomasa, cogeneración…) sino que todas las energías tendrán que competir entre sí, aunque cada una tiene sus costes y características. Y el sector fotovoltaico (solar) cree que esto beneficia a la energía eólica, que tiene menores costes y más horas de funcionamiento anual, por lo que han recurrido la subasta ante el Supremo. También critican que se valore el menor coste de las instalaciones y no quien ofrece el kilowatio más barato. Y muchos expertos critican que el sistema de subasta, que permite bajas excesivas, fomenta la especulación. Además, se quejan de que el Gobierno no garantiza un precio a medio plazo, una rentabilidad razonable. Y que incluso va a recortar lo que paga por kilowatio renovable, a partir de 2017 (dicen que perderán 600 millones de ingresos entre 2017 y 2019) y sobre todo a partir de 2020, cuando temen que la rentabilidad de las renovables caiga un 40% y muchas instalaciones tengan que cerrar por no ser económicamente sostenibles.

Las grandes empresas (como Iberdrola, Acciona o EDP) y algunos fondos de inversión internacionales van a pujar por llevarse la mayor parte de estos 3.000 nuevos Mw renovables, ahora que en todo el mundo aumenta el interés inversor por las nuevas energías, cada vez más competitivas. Y en los próximos dos años, el Gobierno Rajoy tendrá que sacar nuevas subastas, porque España necesita ampliar su parque renovable en otros 8.500 Mw para cumplir con ese 20% de energía renovable que nos exige Bruselas para 2020. Pero el sector pide ya un calendario claro, con fechas y precios, para programar sus inversiones. Y se quejan de que el Gobierno Rajoy, aunque convoque las subastas por imperativo europeo, no está a favor de las energías renovables y no las apoya al hacer estas polémicas subastas y no asegurar futuras rentabilidades. Y también denuncian que, entre ellas, sólo apuesta por la energía eólica, donde más han avanzado las grandes eléctricas españolas.

La oposición debería presionar el Gobierno para ir más allá de ese 20% de energías renovables para 2020, porque España es un país doblemente interesado en estas energías alternativas a los combustibles fósiles. Por un lado, porque somos el país de Europa más dependiente energéticamente del exterior: importamos el 72,3% de la energía total que consumimos, frente al 53% de media en Europa. Y esa dependencia nos supone un alto coste: la factura del petróleo, carbón y gas importado nos costó 29.563 millones de euros en 2016 (y 57.162 millones en 2013, con el petróleo más caro), casi lo que ingresamos neto por turismo (36.000 millones de euros en 2016). Y por otro lado, porque esta enorme dependencia de los combustibles fósiles nos hace un país “muy sucio”: somos el 5º país europeo que emite más CO2 y el único del continente que emite hoy más CO2 que en 1990.

Deberíamos cambiar radicalmente la política energética y apostar por energías que tenemos de sobra en España, como el sol, el aire, la biomasa o las mareas. Unas energías que tecnológicamente han avanzado mucho y que ya son competitivas y tienen costes incluso por debajo de las térmicas de carbón, gas o fuel. Así, un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AEI) estudió en 2015 los costes de 181 centrales en 22 paises y concluyó que las centrales eólicas están entre las que producen electricidad más barata y que se ha abaratado mucho la luz de origen fotovoltaico (solar). Incluso un informe de la ONU señala que las energías renovables serán la fuente de energía más barata en el mundo en 10 años.

Así que el Gobierno Rajoy debería dejar de hacer demagogia con las energías renovables (“son caras y encarecen el recibo de la luz”) y apostar más decididamente por ellas para que tengamos una energía más limpia y más barata, con recursos ilimitados dentro de España. Y de paso, apoyar un sector que puede consolidar su liderazgo en el mundo y una prometedora fuente de inversión y trabajo a medio plazo. Hay que dejar de apostar por el carbón, el petróleo y el gas, desviando sus actuales ayudas (que pagamos todos) a las renovables, como ha pedido el G-7, la OCDE, la Comisión Europea y la AEI, para luchar contra el Cambio Climático. Volcarse en las energías renovables, para abaratar la luz, reducir la dependencia exterior y mejorar el medio ambiente. Apostar ya por el futuro.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Luz: tarifas más "libres" y más caras


En octubre subió la luz, por sexto mes consecutivo, y seguirá subiendo, cerrando 2016 con un aumento del 5 %, tras subir un 10% la pasada Legislatura. El nuevo Gobierno intentará congelar en 2017 la parte regulada (la mitad del recibo), pero lo tiene difícil porque hay muchos costes pendientes de cargar, como compensaciones a renovables o el bono social. La otra mitad del recibo (coste de la luz) subirá por la meteorología, las compras de Francia (tiene nucleares cerradas) y el aumento de márgenes a la distribución. Además, las eléctricas nos cargarán 2 euros extras de refacturación. Mientras, ya hay más usuarios del mercado “libre” (eléctricas fijan tarifas) que del "protegido". Y pagamos la tercera luz más cara de Europa sin impuestos. Y la más sucia: España aumentó sus emisiones de CO2 en 2014 y 2015. Esto pasa porque pagamos costes de más con el recibo. Urge hacer una auditoría de costes y poner orden en el mercado eléctrico, para que la luz sea más barata y más limpia.
 
enrique ortega

Este año 2016, el Gobierno Rajoy (en funciones) decidió no subir la parte regulada de la luz (los “peajes”, la mitad del recibo). Pero poco pudo hacer para impedir que subiera la otra mitad del recibo, la que tiene que ver con los precios que alcanza la electricidad en el mercado eléctrico diario y donde cuenta mucho la meteorología, el tiempo que hace. En los cuatro primeros meses, con mucha lluvia y viento, el precio de la electricidad bajó un 20,6%. Pero en mayo cambió el tiempo: más calor, sequía y poco viento, con lo que se ha generado menos electricidad en las centrales hidroeléctricas y los molinos eólicos, la más barata. Y con ello, la luz ha subido 6 meses consecutivos, un 21,2% entre mayo y octubre. Y los contratos de futuros apuntan a nuevas subidas en noviembre y quizás diciembre, con lo que el año 2016 se podría cerrar con una subida del recibo de la luz del 5%, para una familia con dos hijos que tenga una potencia instalada de 4,4 kW y consuma 3.900 kilovatios. En la pasada Legislatura (2012-2015), el recibo de la luz subió una media del 9,88%.

Ahora, el nuevo Gobierno Rajoy trabaja ya en congelar de nuevo en 2017 la parte regulada del recibo de la luz (los “peajes”, la mitad de la factura). Pero lo tiene bastante difícil, porque hay una serie de costes que están esperando para ser cargados en el recibo del año que viene. El primero, la compensación a las renovables, por haberles pagado (entre 2013 y 2016) unos precios estimados más bajos de los que les correspondía (para intentar así bajar la luz). Eso supone que habrá que pagarles 525 millones en 20 años, unos 25 millones al año (empezando por 2017). Además, los peajes han de recoger también la compensación a las centrales de cogeneración que funcionan con “purines” (defecación de los cerdos), que ganaron un recurso al Supremo por el que hay que pagarles más por su electricidad: la nueva retribución supone pagarles 200 millones más en 2017, con nuestro recibo. Y el tercer concepto a pagar será el bono social, 200 millones anuales que antes pagaban las eléctricas y que ahora tendremos que pagar los consumidores en el recibo de la luz.

La “historia” de este bono social es como para enfadarse mucho. Lo pactó el ministro Sebastián (PSOE) con las eléctricas en 2009: a cambio de no exigirles 1.000 millones de euros que habían cobrado de más (por derechos de emisión de CO2 duplicados), acordaron que las eléctricas se harían cargo del bono social, un descuento del 25% en el recibo a los consumidores más vulnerables. Pero fue un acuerdo “verbal” y a los pocos meses, Iberdrola se saltó el “pacto” y recurrió el pago del bono social al Supremo. En 2012, una primera sentencia estableció que el criterio de reparto (sólo entre las 5 grandes eléctricas) era “discriminatorio” y obligó a devolverles el dinero pagado por el bono entre 2009 y 2012 (dinero que cobraron a costa de cargárnoslo en el recibo). En noviembre de 2014, Industria reformó el pago del bono, repartiendo su pago entre todas las empresas que vendían electricidad (unas 20), pero siguió cargándoles el bono (a pesar de la sentencia), como una manera de “ganar tiempo” y evitar subir la luz a corto plazo (2015 era “año electoral”). Las eléctricas volvieron a recurrir y el Supremo ha vuelto a fallar a su favor (en octubre de 2016), con lo que hay que volver a indemnizar a las eléctricas y devolverles lo pagado en 2014, 2015 y diez primeros meses de 2016, más intereses. En total, 503,21 millones de euros, que saldrán ahora de nuestros recibos.

Y además, cara a 2017 y años siguientes, habrá que buscar una fórmula para pagar el bono social, que cuesta 200 millones al año y que saldrán de nuestro recibo, con cargo a los “peajes”, en lugar de pagarse con cargo a los Presupuestos, como una ayuda social más. Entre tanto, muchos expertos critican el bono social, porque lo consideran injusto. Hay 2.414.000 consumidores (mayo 2016) que se benefician de esta rebaja del 25%: son los jubilados con pensiones mínimas, familias con todos sus miembros en paro, los clientes con menos de 3kw de potencia y las familias numerosas, al margen de lo que ganen. Por eso, se estima que dos tercios de los beneficiarios de este bono social no debían disfrutarlo y sin embargo hay dos tercios de familias con problemas para pagar la luz que no tienen derecho al bono. Así que habría que reformarlo a fondo, además de ver cómo se paga.

Estos tres costes extras van a encarecer los peajes para 2017 (la mitad del recibo). Pero también hay motivos para que suba el año que viene la otra mitad del recibo, la que está ligada al precio de la electricidad en el mercado eléctrico. Por un lado, el Gobierno tiene que cumplir otra sentencia del Supremo y subir el margen que se paga a las eléctricas por comercializar la luz: se les estaba pagando 4 euros anuales por kW contratado y la Comisión de la Competencia (CNMC) lo ha fijado en 5,24 euros tras la sentencia. Eso supondrá una subida extra de la luz del 1 al 2% en 2017, además de una refacturación de todos los recibos desde abril de 2014. El Gobierno Rajoy en funciones la había parado, pero ahora tendrá que permitir que las eléctricas nos hagan una subida extra de unos 2 euros por cliente en 2017 para cumplir esa sentencia del Supremo (además de cobrarnos más por comercializar la luz en el futuro). Otro factor que hará subir el precio de la luz en el mercado eléctrico serán las compras de electricidad de Francia, que hasta ahora nos vendía (exportaba) luz: ahora ha empezado a comprárnosla, tirando hacia arriba de los precios, porque va a parar 21 de sus 58 centrales nucleares (ya desde octubre), para revisar un posible fallo en las vasijas de sus generadores de vapor. Un tercer motivo para que suba la luz es que está subiendo el precio del petróleo y con él el precio del fuel y el gas que utilizan las centrales térmicas para generar electricidad. Y luego, habrá que ver qué hace la meteorología: si en 2017 sigue “el tiempo loco” (hace calor, llueve poco y hay poco viento), la luz será más cara.

Un  problema adicional es que la mayoría de los consumidores ya no disfruta de precios protegidos, los denominados PVPC (precio voluntario al pequeño consumidor), que pagan por la electricidad el precio que se fija (cada día y cada hora) en el mercado eléctrico. Antes, la mayoría disfrutaba de estos precios “protegidos” y “transparentes”, pero en los dos últimos años, las eléctricas han hecho campañas para desviar estos clientes hacia el mercado “libre”, donde las tarifas las fijan las eléctricas “libremente”, estableciendo tarifas anuales o tarifas planas que normalmente incluyen otros costes (por mantenimiento) y cláusulas de revisión en caso de superar determinados consumos. El resultado es que en junio de 2016, 13.648.696 consumidores de electricidad están en el mercado “libre” (sometidos a las tarifas que les apliquen las eléctricas) y 12.076.194 clientes están en el mercado “protegido (sometidos al precio que tenga la luz cada día en el mercado). Así que cuando decimos que la luz sube en los últimos 6 meses, la estadística sólo afecta al mercado “protegido”. El resto de usuarios, más de la mitad de los consumidores, no sabemos si pagan más o menos por la luz con tarifa "libre" (pero mucho nos tememos que si las eléctricas gastan millones en publicidad para que nos cambiemos a las tarifas "libres", no es precisamente para que ellos cobren menos...).

Pero los consumidores sí lo saben y por eso un 20,9% se declara poco o nada satisfecho con el servicio de la electricidad, según la última encuesta de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y el principal motivo que alegan es que la luz “es cara”. De hecho, la luz en España ha subido un 52% durante la crisis (2008-2014), casi el doble que en Europa (+34%). Y actualmente, los consumidores domésticos pagan la 5ª luz más cara de Europa (tras Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia): 0,237 euros por kWh, un 12,3% más que la media de la UE (0,211 euros por kWh). Pero si descontamos los impuestos, que en España son de los más bajos de Europa (un 21% frente al 33% de media en la UE o el 52% en Alemania y el 69% en Dinamarca), resulta que las familias españolas pagan la tercera luz más cara de Europa (0,184 euros por kWh), sólo por detrás de Reino Unido e Irlanda (dos islas, donde producir luz siempre es más caro) y un 30,5% más cara que Europa (0,141 euros por kWh la UE-28), según los últimos datos de Eurostat (2015). Y en el caso de las industrias, también pagan la tercera luz más cara sin impuestos (0,092 euros por kWh), un 16,4% más cara que la media UE-28 (0,079 euros por kWh), según Eurostat.

¿Por qué pagamos la luz más cara que en Europa?  Básicamente, porque pagamos costes de más, por tres caminos. El primero, contratando más potencia de luz de la que necesitamos: seguimos con el miedo a que “nos salte el automático” y un 20% de españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan, según un estudio de Mirubee. Antes no era caro hacerlo, pero desde 2013, con la “reforma eléctrica” aprobada por el Gobierno Rajoy, se subió mucho la parte de potencia del recibo (el +92% a los consumidores domésticos y el +145% a los industriales), con lo que ahora pagamos más por la potencia contratada que por la luz que consumimos (es una forma de "garantizarles ingresos" a las eléctricas, al margen de que suba o no el consumo de electricidad). Y si no, mire su recibo: en el último mío (septiembre 2016), pago 38,54 euros por potencia y 24,35 euros por  la energía consumida…

El segundo camino por el que pagamos costes de más es el sistema de precios que rige en el mercado eléctrico desde 1997 (Ley eléctrica de Aznar) y que afecta a casi la mitad del recibo (un 37,48% del precio de la luz, otro 41,14% son los “peajes” regulados por el Gobierno y el 21,38% restante del recibo son impuestos, según la CNMC). El sistema establece un precio medio para las distintas centrales que no cubre todos los costes de las renovables (más baratas pero con más gastos fijos) ni de las térmicas de fuel y gas, pero que paga en exceso los costes (fijos y variables) de las centrales hidroeléctricas y nucleares. O sea: pagamos de más el kilovatio hidráulico y nuclear y de menos el renovable y térmico. Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y la pagáramos a precio de ternera: los del pollo y cerdo se forraban. De hecho, el experto Jorge Fabra estima que hemos pagado 20.000 millones de más a las eléctricas entre 2005 y 2015 por este sistema de precios, que prima a las centrales hidráulicas y nucleares, ya amortizadas.

Pero hay más extracostes. El tercer camino para pagarlos es la parte regulada del recibo (el 41,14% de los “peajes”), esos costes que el Gobierno carga al recibo cada año. Una parte pueden estar “justificados”, como el pago al transporte de la luz (2,96% del recibo) o a la distribución (10,04%), pero no otros extra costes que nos cargan: compensaciones a las renovables (17,22% del recibo, para compensarles por no pagarles la luz por los costes que tienen), compensación a las eléctricas por el mayor coste luz en Baleares y Canarias (4,14% del recibo), amortización de la deuda eléctrica acumulada (más de 30.000 millones) y sus intereses (2,84% del recibo), pago del bono social (0,41%), pago por interrumpibilidad (0,94% para grandes industrias, por “compensarles” ante posibles cortes de suministro que nunca han sufrido), moratoria nuclear (0,89% del recibo por el “parón nuclear” de Felipe González) y otros gastos (1,60%), como la compensación a las centrales térmicas por estar disponibles. Como se ve, un “cajón de sastre” donde los Gobiernos han ido sumando costes que pagamos en el recibo en lugar de cargarlos al Presupuesto (la mayoría) o suprimirlos.

Ya sabemos los tres caminos por los que pagamos costes de más y las razones de que paguemos la tercera luz más cara de Europa. Ahora, lo que debería hacer el nuevo Gobierno es lo que los expertos llevan dos décadas pidiendo: una auditoría de costes, para saber lo que cuesta de verdad producir electricidad y pagar cada kilowatio por lo que vale. Y lo que sean costes “externos”, como compensar a las islas o el bono social, pagarlo con impuestos, no en el recibo. Claro que eso supone recortar los ingresos de las eléctricas, un sector muy poderoso, con gran poder político y mediático, que además utiliza al Supremo para aumentar sus ingresos. De hecho, ni González ni ZP se atrevieron a clarificar sus cuentas y menos Aznar y Rajoy, que han aumentado sus ingresos y beneficios (5.009 millones de euros en 2015 sólo las tres grandes eléctricas, Iberdrola, Gas Natural y Endesa).

Es hora de clarificar las cuentas y afrontar la transición eléctrica pendiente. Urge imponer esta auditoría de costes y reducir la factura de la luz, además de hacerla más limpia. Porque crece la luz generada con carbón, fuel y gas, lo que ha provocado que España sea de los pocos paises donde han crecido las emisiones de CO2, un 0,5 % en 2014 y un 3,2% en 2015, mientras bajan en Europa (-4,1% en 2015). Hay que bajar el coste de la luz, porque pagamos de más y porque hay 5 millones de hogares con problemas para calentar sus hogares y pagar el recibo de la luz, según el estudio de ACA. Y porque nuestras empresas tienen más difícil competir y crear empleo al tener que pagar más caro el recibo de la luz. Y porque además de cara, la luz es sucia y destroza el medio ambiente. Gobierno y oposición deben poner orden en el mercado eléctrico, uno de nuestros grandes retos como país. Pacten soluciones, con luz y taquígrafos.

jueves, 1 de octubre de 2015

Baja la luz y bajará más con las elecciones


La luz volvió a bajar en septiembre, tras la bajada electoral de agosto. Van 5 meses de subidas y 4 de bajadas, con lo que el recibo baja un 1,3% anual. Y 2015 se podría saldar con una pequeña bajada anual, inferior a la del año 2014 (-4,9%) . Pero me la juego a que el Gobierno Rajoy nos hace un regalo en diciembre, antes de las elecciones: anunciar que la luz bajará en enero de 2016. Y eso porque entonces se sabrá oficialmente que en 2014 hubo superávit eléctrico, por primera vez desde el 2.000, gracias a las subidas de los últimos años, los recortes a las renovables y los nuevos impuestos que pagamos en el recibo. Baje o no en 2016, pagamos la cuarta luz más cara de Europa, porque nos cargan costes de más, aunque desde hoy se pague por horas (sólo 5,4 millones de usuarios). Y es una luz más contaminante, porque ahora se genera con más petróleo, carbón y gas. Un reto para el futuro Gobierno: auditar los costes de la luz y bajar de verdad el recibo y las emisiones de CO2.
 

enrique ortega


El recibo de la luz bajó en septiembre un 4,5%, con lo que un consumidor medio pagó un recibo mensual de 66,76 euros, según los datos de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y ello pese al aumento de costes en el mercado eléctrico, debido a un mayor consumo, a la ola de calor y al menor peso de las energías renovables (hidráulica y eólica), por el clima. La razón básica de esta bajada mensual es el efecto de la bajada de la luz en agosto, un 3,7%, motivada por la decisión del Gobierno Rajoy de rebajar un 2,2% la parte regulada del recibo (41,14%), aprovechando para devolver a los usuarios 200 millones de euros que nos habían cargado de más para ayudar a las centrales a quemar carbón nacional y que no se usarán en 2015, por retraso en el marco legal. Un “truco legal que permitió esta bajada aunque lo pagaremos después.

De momento, son ya 5 meses de subidas de la luz este año: enero (+3%), marzo (+0,5%), abril (+1,8%), junio (+5,2%) y julio (+3,3%) . Y otros 4 meses de bajadas: febrero (-5,4%), mayo (-1,5%), agosto (-3,7%) y septiembre (-4,5%), según los datos de la CNMC. El balance de estos 9 meses es una bajada media del recibo del 1,3%, para un consumidor medio (familia con dos hijos y un consumo anual de 3.900 kWh). Ahora, los expertos apuestan por una ligera bajada este otoño en los costes de producir electricidad, para cerrar el año 2015 con una pequeña bajada anual del recibo, tras haber bajado un 4,9% en 2014. Pero estas bajadas no coinciden con otros datos que hablan de una subida de la luz. De hecho, según el INE (IPC), la luz subió un 2% en los ocho primeros meses de este año. Y los consumidores creen que la subida es aún mayor: FACUA estima que el recibo ha subido un 8% en  los nueve primeros meses de 2015 respecto a igual periodo de 2014, lo que supone pagar una media de 5,70 euros más al mes en el recibo de la luz (68,40 euros más hasta septiembre de 2015).

Pero tranquilos. Estoy seguro que el Gobierno Rajoy nos tiene preparados un regalo para diciembre, coincidiendo con las elecciones: el anuncio de que la luz bajará en enero de 2016.Y eso porque pronto se va a saber oficialmente que el sector eléctrico tuvo superávit en sus cuentas en 2014, por primera vez desde el año 2.000, cuando venía teniendo déficit (el recibo no cubría los costes). Ahora se espera un superávit de unos 500 millones de euros, conseguidos gracias a un paquete de medidas impuestas por el Gobierno Rajoy: subidas extras de la luz en 2012 y 2013, recortes drásticos de ayudas a las renovables (solar y eólica) y nuevos impuestos a las eléctricas que acabamos pagando todos en el recibo, además de algunos costes eléctricos (islas) que ahora paga el Presupuesto (o sea, también nosotros). Gracias a este superávit, el Gobierno podrá bajar la parte regulada del recibo (41,14%), que este año ha congelado, y rebajar así el total del recibo en enero de 2016.

Otra novedad es que este 1 de octubre, las eléctricas empezaron a facturar la luz por horas, según cuando se consuma, algo que no se hace en ningún país de Europa. Pero ojo, no es para todos los usuarios, sólo para los que cumplan dos condiciones. Una, tener un contrato de la luz con precio regulado (PVPC), con una potencia inferior a 10 kWh, un contrato que tienen 17 millones de los 25,4 millones de españoles con contrato de luz (el resto son contratos “libres). Y la otra condición, tener instalado un contador inteligente con telemedida, que envía los datos del consumo a la comercializadora o a la eléctrica. De momento, hay instalados 10,4 millones de contadores inteligentes pero sólo unos 5,4 millones tienen además telegestión, los únicos que permiten facturar por horas ( a un 21% de todos los clientes con contrato de luz) . El resto tendrá que esperar a que las eléctricas se lo instalen y tienen de plazo hasta finales de 2018. Eso sí, todos pagarán un alquiler por el nuevo contador de 1 euro/mes (ahora pagamos 60 céntimos).

Con estos nuevos contadores, la luz se cobrará a un precio diferente cada hora (24 tarifas al día), precio que se podrá consultar a las 20,30 horas del día anterior en esta web de Red Eléctrica. Los precios variarán de un día a otro y según la estación y la climatología, siendo más bajos entre enero y mayo y más caros en el resto del año. Las horas más caras serán entre 12 y 22 horas (invierno) o entre 13 y 23 horas (verano), destacando como las franjas horarias más caras las que van de 20 a 23 horas, sobre todo los lunes y entre semana. Y las horas más baratas serán desde las 12 de la noche a las 12 de la mañana, siendo la luz más barata los fines de semana y sobre todo los domingos entre 15 y 18 horas. Los expertos aconsejan que cambiemos los hábitos de consumo y pongamos algunos electrodomésticos (lavadora, friegaplatos, horno) y la calefacción por la noche y los fines de semana, para poder ahorrar hasta un 5%. Y acostumbrarse a mirar los precios cada día, algo difícil. Y poco efectivo: levantarse a las 4 de la mañana para poner la lavadora sólo ahorra... ¡ 1,8 céntimos !.

Con o sin tarifa horaria, la luz está muy cara en España, tras haber subido un 71% entre 2003 y 2013, según Industria, y el doble que en la zona euro entre el verano de 2013 y el de 2014:  un 4,1% frente al 2,7%, según Eurostat. Con ello, España era, a finales de 2014, el cuarto país de Europa con la electricidad más cara: 0,237 €/kWh, sólo por detrás de Dinamarca (0,304 €/kWh), Alemania (0,237 €/kWh) e Irlanda (0,254 €/kWh) y muy lejos del precio medio de la luz en Europa (0,208 €/kWh en UE-28, un 14% más barata) y en la zona euro (0,221 €/kWh, un 7,2% más barata que en España). Y peor lo tienen las empresas españolas, que pagan la electricidad un 20% más cara que las empresas alemanas, un 30% más que las francesas o un 50% más que las chinas.

¿Por qué pagamos la luz más cara que los demás europeos? Básicamente, porque en el recibo estamos pagando costes de más, extracostes que el Gobierno mantiene (hoy Rajoy y antes Zapatero) desde la época de Aznar en dos de las tres partes del recibo. En la parte donde pagamos el coste de producir la electricidad (37,48% del recibo) pagamos de más los kilovatios que producen las centrales hidroeléctricas y nucleares (un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997), así como el exceso de centrales (ayudas a las centrales de gas y carbón solo porque estén disponibles, aunque no funcionen porque sobra potencia instalada) y la compensación a las grandes empresas consumidoras (550 millones por compensarles de “posibles cortes de suministro” que no se dan nunca). En la parte de los precios regulados (41,14% del recibo) pagamos otros extracostes que deberían suprimirse o pagarse en los Presupuestos: ayudas a las renovables (7.100 millones) o al carbón nacional, al transporte (1.689 millones) y a la distribución de electricidad (5.000 millones), ayudas al parón nuclear y la hipoteca de la deuda eléctrica acumulada (22.000 millones pendientes, un extracoste del 6,5% del recibo de la luz). Y en la tercera parte del recibo (21,38% restante), los impuestos, pagamos menos que el resto de europeos (en la UE-28, el 32% del recibo son impuestos y en la zona euro, el 36%).

Como puede verse, son muchos extracostes no justificados que encarecen el recibo de la luz mes tras mes y que engordan los beneficios y dividendos de las eléctricas españolas, que son las compañías del sector con más margen de Europa, las más rentables (las 4 grandes ganaron 8.166 millones en 2014) y con más dividendo (del 4,5 al 6,2%). Lo normal sería realizar una auditoría de costes del sector eléctrico, para que los usuarios pagáramos en el recibo lo que realmente cuesta producir, transportar y distribuir la electricidad, no los extracostes que se van sumando y pagamos injustificadamente desde hace 18 años. Un gran reto que no ha querido afrontar ningún Gobierno, porque supone enfrentarse a un sector con gran poder económico, político y mediático y a un verdadero oligopolio: las tres grandes eléctricas (Endesa, Iberdrola y Gas Natural-Fenosa acaparan el 92% de los consumidores domésticos y un 72% del mercado empresarial. No hay verdadera competencia entre ellos. Lo ha detectado incluso un informe preliminar de la Comisión de la Competencia (CNMC) publicado este martes. 

La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de recomendar a España que “limpie los costes de la tarifa de la luz” y traslade a otros sectores (Presupuesto) la responsabilidad del desarrollo de las renovables. Además de encarecernos el recibo, las eléctricas no consiguen reducir lo suficiente las emisiones de CO2 y facilitan que España incumpla las exigencias europeas para frenar el cambio climático. Y eso porque están quemando en sus centrales un exceso de petróleo y gas, ahora que están más baratos. De hecho, entre enero y agosto de 2015, España batió el récord histórico de importación de petróleo, 37,3 millones de toneladas (más incluso que antes de la crisis). Se ha disparado también el consumo de carbón para producir electricidad (25% venía del carbón este verano), la mayor fuente de emisiones de CO2 en el sector eléctrico (70% de todas las emisiones). Y también el uso de gas natural para quemar en las centrales: su consumo ha subido un 35,4% hasta julio. Todo mientras se utilizan menos energías renovables (más baratas y menos contaminantes), al haberse encarecido por el recorte de ayudas y el freno a nuevas inversiones.

Así que la luz sigue cara y encima consumimos más petróleo, carbón y gas que nunca, contaminando más que el resto de europeos. Un mal negocio para el bolsillo y el medio ambiente, aunque lo disfracen con bajadas electoralistas. Un doble reto para el futuro Gobierno que salga tras las elecciones: que paguemos la luz por lo que realmente cuesta y que sea una electricidad más limpia. Ténganlo en cuenta cuando voten.