A pesar de las guerras y la incertidumbre, las economías crecen y los más ricos ganan más, con la Bolsa, los dividendos y la tecnología. En 2025 aumentaron los millonarios en el mundo (los que tienen un patrimonio que supera el millón de dólares, los 860.000 euros): fueron 25,3 millones de personas (el 0,003% de la población mundial), 2 millones más que en 2024 (+8,7%), que acumulan una riqueza conjunta de 98,3 billones de dólares (84,6 billones de euros), el 86% del PIB mundial, según el reciente Informe sobre la riqueza mundial elaborado por Capgemini. La mayor concentración de millonarios se da en EEUU (8,7 millones en 2025, +9,2% que en 2024), Asia-Pacífico (8,3 millones,+9,4% : 4 millones de millonarios en Japón y 1,6 millones en China) y Europa (6,1 millones de millonarios, +6,5%), mientras crecen poco en Latinoamérica (600.000 millonarios, +0,3%) y África (200.000 millonarios,+4,1%), bajando en Oriente Medio (900.000, -1,4%).
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lunes, 15 de junio de 2026
España: más millonarios y más pobres
Los dos datos juntos impresionan: en 2025 había en
España 13.500 millonarios más (259.700 personas) y 59.000 “pobres”
más (12,6 millones de personas). Crecemos mucho pero al
repartir el pastel crece la desigualdad, aumentan los más ricos y
los más pobres. Las transferencias y políticas sociales han
frenado la pobreza, pero España no consigue que baje del 25% desde hace 15
años. Y somos líderes en Europa en pobreza infantil. Además,
se espera tener más pobres en 2028. Tenemos dos problemas. Uno, que gastamos
menos en protección social. Y el otro, que las políticas sociales
son poco eficaces , porque benefician más a las familias de rentas
medias y altas que a las familias con rentas bajas, según alertan la OCDE y la
Comisión Europea. Por eso, hay que gastar más y mejor contra la
pobreza, centrándose en la vivienda y en los colectivos más vulnerables:
madres solas y familias con niños, inmigrantes y discapacitados. Urge repartir
mejor el crecimiento, porque una cuarta parte de españoles no lo notan. Enrique Ortega
A pesar de las guerras y la incertidumbre, las economías crecen y los más ricos ganan más, con la Bolsa, los dividendos y la tecnología. En 2025 aumentaron los millonarios en el mundo (los que tienen un patrimonio que supera el millón de dólares, los 860.000 euros): fueron 25,3 millones de personas (el 0,003% de la población mundial), 2 millones más que en 2024 (+8,7%), que acumulan una riqueza conjunta de 98,3 billones de dólares (84,6 billones de euros), el 86% del PIB mundial, según el reciente Informe sobre la riqueza mundial elaborado por Capgemini. La mayor concentración de millonarios se da en EEUU (8,7 millones en 2025, +9,2% que en 2024), Asia-Pacífico (8,3 millones,+9,4% : 4 millones de millonarios en Japón y 1,6 millones en China) y Europa (6,1 millones de millonarios, +6,5%), mientras crecen poco en Latinoamérica (600.000 millonarios, +0,3%) y África (200.000 millonarios,+4,1%), bajando en Oriente Medio (900.000, -1,4%).
España alcanzó en 2025 los 259.700
millonarios (más de 1 millón de dólares de patrimonio, unos 860.000
euros), 13.500 más que en 2024 (+5,3%), que acumulaban una riqueza
de 672.000 millones de euros (+6,7%), el 40% del PIB español. Con ello, ocupamos
el puesto 14º en el ranking de los 25 paises con más “millonarios” (subimos
un puesto en 2025). La causa principal de este aumento de millonarios en
España, como en otros paises, ha sido la fuerte subida de la Bolsa
(el IBEX-35 aumentó un +49,27% en 2025), el fuerte ingreso por dividendos
(41.503 millones cobrados en 2025, el doble que en 2021), los fuertes beneficios
de empresas y bancos ( por mejora de ventas y márgenes empresariales) y el
fuerte tirón de los activos inmobiliarios, con importantes plusvalías y
subida de alquileres, factores a los que se une el fuerte crecimiento de la
economía española y la moderación de la inflación.
Mientras Capgemini
publicaba estos datos sobre los millonarios, la Red Europea de Lucha contra
la Pobreza (EAPN) presentaba en el Congreso su XVI
Informe sobre la pobreza en España, alertando sobre un grave problema
del que poco se habla: en España hay 12.609.000 personas en riesgo de
pobreza o exclusión social, el 25,7% de la población total, según
la tasa europea AROPE, que mide el porcentaje de europeos que sufren una de
estas tres situaciones: pobreza monetaria (ingresan menos del 60%
de la renta media de cada país), carencia material severa
(problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos imprevistos o mantener la
vivienda a una temperatura adecuada, entre otras) o tener un bajo nivel de
empleo (trabajar menos del 20% potencial). En la UE-27 había 92,7
millones de europeos que sufrían uno o varios de estos 3 problemas en 2025,
que están “en riesgo de pobreza”, el 20,9% de la población. España
ocupa el 5º lugar en el ranking europeo de pobreza (25.7% población),
sólo por detrás de Bulgaria (29%), Grecia (27,5%), Rumanía (27,4%) y Lituania
(26,3%), más que Italia (22,6%), Alemania (21,2%) o Francia (20,8%).
La tasa
AROPE de pobreza en España
lleva 15 años sin bajar del 25% de la población: ha pasado del 28,7% en 2015
al 26,2% en 2019, el 27,8% en 2021, el 25,8% en 2024 y el 25,7% en 2025.
Es una décima menos, pero como ha aumentado la población, había 59.000
habitantes más en riesgo de pobreza en 2025 (12.609.000) que en 2024. Y tampoco
estamos cumpliendo la Agenda 2030, que pretendía bajar esta tasa
AROPE al 14,30% a finales de esta
década: para cumplirlo, deberíamos tener una tasa del 19,1% en 2025 (y tenemos
el 25,7%). Eso significa, según
EAPN, que España tiene ahora 3,2 millones más de “pobres” de los que
deberíamos para cumplir los objetivos de la Agenda 2030.
La tasa de pobreza global AROPE (25,7%) se
concentra en una serie de colectivos: parados (tasa pobreza 55,4%), inmigrantes
extracomunitarios (53,5%), madres solas con niños (50,6% pobreza), los
que viven en alquiler (43,6% “pobres”, frente al 19,5% con vivienda en
propiedad), inactivos (37,4%), menores 18 años (33,8% pobres: España
es el país europeo con más pobreza infantil AROPE, según
Eurostat), familias con niños (27,4% pobres) y mujeres (26,8%
pobres, frente al 24,5% los hombres). Y por autonomías, destaca la altísima
tasa de pobreza AROPE en Melilla (43,7%) y Ceuta (40,8%),
seguidas por 6 regiones del sur: Andalucía (34,7% población en riesgo de
pobreza), Castilla la Mancha (34%), Murcia (32,5%), Canarias (31,2%), Comunidad
Valenciana (30,7%) y Extremadura (30,4%).
Dentro de los tres componentes de la tasa de pobreza
AROPE (renta monetaria, carencia material y bajo empleo), el más importante
es
la pobreza monetaria, las personas que ingresan menos del 60%
de la mediana del país: en 2025, los solteros que ganaran menos de 12.220
euros anuales (872,85 euros en 14 pagas) y las familias con dos hijos que
ganen menos de 25.662,84 euros anuales (1.833 euros en 14 pagas).
Dados los bajos sueldos, la tasa de pobreza monetaria es muy elevada:
afecta al 19,5% de la población, a 9.566.000 personas en 2025, según
Eurostat. Ha bajado 2 décimas (19,7% en 2024), pero como hay más población,
tenemos 1.000 pobres monetarios más que en 2024). Y aunque tenemos
709.000 pobres monetarios menos que en 2015, esta tasa de pobreza debería haber
bajado mucho más (al 14,8% en 2025), por lo que incumplimos objetivos Agenda
2030.
España es también el
5º país europeo con más pobreza monetaria (19,5% población), sólo por
detrás de Lituania (22,6%), Letonia (22%), Bulgaria (21,2%) y Grecia (19,6%),
por encima de la media UE-27 (16,3% población en pobreza monetaria, que afecta
a 72,29 millones de europeos) y de Italia (18,6%), Francia (16,6%) o
Alemania (16,1%). Y destacamos sobre todo en la pobreza infantil, donde
España es líder europeo: un 28,4% de los menores de 18 años (2,2
millones de niños y adolescentes) viven en hogares “pobres” (que
ingresan menos del 60% de la media), por delante de Bulgaria (27% de pobreza
infantil), Rumanía (23,6%), Italia (23,2%), Francia (22,8%) y de la media de la
UE (19,6%), según
Eurostat.
La pobreza monetaria (ese 19,5% de población que
ingresa menos del 60% de la media) se
concentra no sólo entre las familias con menores (28,4%), también
entre las madres solas con niños (43,4% son “pobres”), los
inmigrantes extracomunitarios (44,5% pobres) , los parados
(38,7% son pobres) y también los que trabajan (el 11,6%, 2,5 millones de
trabajadores son “pobres”), los que viven de alquiler (el 32,6% son
pobres monetarios, frente a sólo el 14,5% de los que viven en propiedad) y los
que tienen un bajo nivel de estudios (el 27,3% de los que sólo tienen
primaria y un 23,3% de los que tienen 1ª fase secundaria). Y por autonomías,
la mayor “pobreza monetaria” la tienen otra vez las regiones del sur: Melilla
(39,3%), Ceuta (37%), Andalucía (27,7%), Murcia (26,7%), Extremadura (26,2%),
Comunidad Valenciana (26%), Castilla la Mancha (25,9%), Canarias (22,9%) y
Castilla y León (19,8%).
Dentro de los que están en pobreza monetaria, 2 de cada 5
están aún peor, en “pobreza
extrema”: son los que ingresan menos del 40% de la media del
país (679 euros al mes en 12 pagas los solteros y 1.426 euros mensuales las
familias con dos hijos), un 8% de la población total en 2025 (3.920.000
personas en pobreza severa, los más vulnerables). Una tasa de pobreza
severa que es la que más ha bajado (afectaba al 11,2% de la
población en 2015), aunque España
sigue siendo el 4º país europeo con más pobreza severa, sólo por detrás
de Letonia (9,8%), Croacia (8,3%) y Bulgaria (8,1%), y muy por delante de la
media europea (5,3% población en pobreza severa: 23,5 millones de europeos)
y de la tasa de pobreza severa que hay en Italia (6,9%), Francia (4,8%) y
Alemania (4,7%).
La pobreza severa (8% población) se
concentra, en España más entre las mujeres (8,3% frente al 7,7% en
los hombres), en las mujeres solas con niños (22,5% en pobreza severa),
los inmigrantes (21,7% los extracomunitarios y 15,1% los de UE), los desempleados
(20,2% en pobreza severa, pero también el 4% de los que trabajan), los que
están de alquiler (15,1%, frente al 5,4% los que tienen vivienda
propia), los menores (12,5% en pobreza severa) y los que tienen menos
estudios (9,6% de los que tienen sólo primaria y 7,3% de los que tienen 1ª
fase secundaria). Y, otra vez, la pobreza severa se concentra en
el sur: Melilla (25% población), Ceuta (14,5%), Comunidad Valenciana
(11,8%), Andalucía (11,4%), Murcia (11,2%), Extremadura (9,9%), Castilla y León
(9,8%), Asturias y Castilla la Mancha (8,8%).
Detalladas las cifras de pobreza AROPE y de pobreza
monetaria y severa, se ve claro que tenemos un problema: somos la 4ª
mayor economía de Europa, la que más crece en los últimos 5 años, pero también somos
la 5ª economía con más pobreza y el país líder en pobreza infantil, algo
que debería avergonzarnos a todos. El
estudio de EAPN, presentado a principios de junio en el Congreso, alerta de
un hecho: las políticas actuales no logran reducir apenas la pobreza, que
mejora muy lentamente (recordemos: la tasa AROPE no baja del 25% desde
hace 15 años). Y lo más preocupante es que el
Gobierno, en su último escenario macro, contempla bajar la pobreza
monetaria en porcentaje (del 19,5% en 2025 al 19,1% en 2028), pero como aumenta
la población cada año (por los inmigrantes), aumentarán los españoles
pobres: 9.747.484 en 2028, +181.484 pobres en tres años…
El informe
de EAPN reconoce que las políticas públicas (transferencias,
ayudas y medidas fiscales) han servido para contener la pobreza estos años:
reconocen que han evitado que 11 millones de españoles hayan caído en la
pobreza en los últimos 15 años (8,1 millones gracias a las pensiones y 2,9
millones por las prestaciones sociales). Pero a la vez señalan que las herramientas
actuales contra la pobreza han alcanzado un límite y ahora logran reducciones
poco significativas (incluso subieron los “pobres” en 2025). En su informe
destacan que a los problemas de paro, bajos salarios y precariedad
laboral se
ha sumado un grave problema: la vivienda, que se ha convertido en un
potente “motor” de la pobreza. Recuerdan que los que viven de alquiler
tienen más del doble de tasa AROPE de pobreza que los propietarios
(43,6% frente al 19,5%), más del doble de pobreza monetaria (32,6%
frente al 14,5%) y el triple de pobreza severa (15,1% frente al 5,4%).
Los expertos reiteran que España debe tomar 2 medidas
clave para reducir la pobreza “a niveles europeos”. La primera, gastar
más: España invierte en protección social (infancia y
prestaciones familiares) la mitad que Europa: el
1,4% del PIB frente al 2,4% en la UE-27, el 2,5% de Francia y el 3,7% de
Alemania. Y también invierte
la mitad en políticas de vivienda. La segunda medida es invertir
mejor en la lucha contra la pobreza, porque somos menos eficientes:
el
informa EAPN señala que la pobreza monetaria en España antes de las
políticas públicas (ayudas y transferencias) es muy parecida (25,4%) a
la de Francia (26,5%), Irlanda (26,8%), Suecia (25,3%) o Alemania (24,4%), pero
luego ellos tienen más éxito con sus políticas, porque tras ellas
la bajan mucho más que España (al 19,5% en 2025), bajando en Francia al 16,3%,
en Irlanda al 13%, en Suecia al 15,6% y en Alemania al 16,1%...
En conclusión, la pobreza inicial es similar a la europea,
pero se reduce menos en España porque las políticas públicas aquí son
menos eficaces, se gastan peor, según
nos han reiterado la OCDE y la Comisión Europea: las ayudas públicas
benefician más a las familias de rentas medias y altas que a las
familias con rentas bajas, porque el grueso de las ayudas son desgravaciones
fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la mayoría
con rentas medias y altas, porque las
rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de
22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los
considerados “pobres”). La Comisión Europea alertó,
en diciembre de 2024, de que las ayudas contra la pobreza en
España “tienen menos impacto que en otros paises”, por “los
problemas de adecuación y cobertura del sistema de protección social, las
disparidades regionales de acceso a los servicios públicos y la persistente
pobreza en el trabajo”. Ahora, en
su último informe de junio, pide medidas para atajar la elevada
pobreza infantil (aumentando los gastos para niños y jóvenes) y mejorar
el diseño de las políticas sociales, porque hoy están poco coordinadas
entre las instituciones y exigen una excesiva burocracia.
Al final, tenemos un grave problema de pobreza y gastamos
poco y mal en protección social, sin coordinación entre las ayudas
del Estado, autonomías y Ayuntamientos (el ingreso mínimo vital (IMV)
llega ya a 2,58 millones de beneficiarios pero hay muchas autonomías que
han recortado sus rentas mínimas). Y, sobre todo, hay que atajar la pobreza
infantil, lo que exige aprobar una ayuda
universal por hijo, como ya
tienen 20 paises europeos y que en España sólo
aplica el País Vasco, porque la
propuesta del Gobierno para implantarla no tiene los apoyos
suficientes en el Congreso. También es clave para reducir la pobreza invertir
más en viviendas sociales, en un parque de alquileres asequibles. Al final,
la pobreza es un grave problema que exige un Pacto político y
social, imposible con la actual polarización. Mientras, crecen los
millonarios y también los pobres.
A pesar de las guerras y la incertidumbre, las economías crecen y los más ricos ganan más, con la Bolsa, los dividendos y la tecnología. En 2025 aumentaron los millonarios en el mundo (los que tienen un patrimonio que supera el millón de dólares, los 860.000 euros): fueron 25,3 millones de personas (el 0,003% de la población mundial), 2 millones más que en 2024 (+8,7%), que acumulan una riqueza conjunta de 98,3 billones de dólares (84,6 billones de euros), el 86% del PIB mundial, según el reciente Informe sobre la riqueza mundial elaborado por Capgemini. La mayor concentración de millonarios se da en EEUU (8,7 millones en 2025, +9,2% que en 2024), Asia-Pacífico (8,3 millones,+9,4% : 4 millones de millonarios en Japón y 1,6 millones en China) y Europa (6,1 millones de millonarios, +6,5%), mientras crecen poco en Latinoamérica (600.000 millonarios, +0,3%) y África (200.000 millonarios,+4,1%), bajando en Oriente Medio (900.000, -1,4%).
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lunes, 27 de octubre de 2025
EPA verano: crecen empleo (menos) y paro
España siguió creando empleo este verano (+118.400
ocupados), aunque algo menos que los veranos anteriores, según la
última EPA. Pero como siguen aumentando los nuevos “activos” que buscan trabajo
(jóvenes, mujeres e inmigrantes), el paro también crece (+60.100
parados), sobre todo en los servicios y el campo. Siguen creciendo los
empleos fijos (los tienen el 84,42% de asalariados), pero también crecen
los contratos a tiempo parcial (por horas o días), sobre todo entre mujeres
y jóvenes, que por eso cobran menos. Seguimos con un empleo récord histórico
(22.387.100 personas trabajan), pero todavía tenemos el doble de paro
que Europa y menos adultos trabajando. Y la economía frenará su crecimiento
y empleo en 2026, por el pinchazo en las exportaciones (ya se nota) y el
turismo, más la desaceleración mundial y europea. Por eso urge aprobar
Planes de empleo para jóvenes y mujeres y reformar de una vez las oficinas
de empleo, que no ayudan a los parados. Ahora que crecemos es cuando hay
que tomar medidas para asegurar los empleos en el futuro. Enrique Ortega
El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza, aunque es peor que la primavera. Este año también: se han creado +118.400 empleos entre junio y septiembre de 2025, según la EPA del viernes, menos que el verano anterior (+138.300 empleos) y el menor aumento en este trimestre desde 2019 (+69.400). Con ello, se han creado +564.100 empleos en los últimos 12 meses y +2.420.200 empleos desde antes de la pandemia (diciembre 2029). Y en España hay ahora 22.387.160 personas trabajando, otro récord histórico (hubo un máximo de 20.646.000 ocupados en junio 2008).
En el tercer trimestre, el aumento del empleo ha
sido gracias a la industria (+64.100 empleos creados), seguida de lejos
por los servicios (+39.100 empleos) y la construcción (+32.600), cayendo el
empleo en la agricultura (-17.400). El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+107.600 empleos)
y poco (+10.800 empleos) en el sector público, por el fin de
contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de septiembre.
La creación de empleo ha sido sobre todo entre los hombres (+107.100
empleos) y mucho menos entre las mujeres (+11.300). Y el nuevo empleo se
ha concentrado entre los menores de 30 años (+137.500) y los mayores de
45(+33.900), cayendo entre los 30 y los 44 años (-53.100 empleos). Esta vez, la
mayoría del empleo creado ha sido para residentes con doble nacionalidad
(+69.600 empleos) y extranjeros (+37.900 empleos), creciendo poco el
empleo de los españoles (+10.800). Por autonomías, donde más creció porcentualmente el empleo fue en
Baleares (+26.200), creciendo mucho en Andalucía (+65.500), Comunidad
Valenciana (+37.500) y Castilla la Mancha (+19.900). Y el empleo cayó este
verano en 5 autonomías: Madrid (-60,700), Canarias /-14.100), Asturias
(-8.100), Navarra (-4.200) y Ceuta (-2.300).
Esta nueva mejora del empleo en el tercer trimestre (+118.400)
no se traducido en una mejora del paro,
que subió este verano (+69.100),
según
la última EPA, cuando había bajado el verano de 2024 (-1.200 parados),
aunque subió los veranos de 2023 (+86.300 parados) y 2022 (+31.100). Ello se
debe a que este verano han aumentado mucho los españoles “activos”, los que
buscan trabajo: han crecido en +118.400, casi como el verano anterior (+137.100), lo que ha provocado un aumento de las
cifras del paro. Con ello, España alcanza otro récord histórico,
el de personas activas (que trabajan o buscan trabajo): 25.000.300
personas “activas”. Un indicador del fuerte dinamismo del mercado
laboral, empujado por los inmigrantes: hay 2 millones de “activos”
más que antes de la pandemia (había 23,08 millones en el verano de 2019). Y
la tendencia se repetirá los próximos meses: se podrá crear
empleo, pero aumentarán más los que buscan trabajo y puede crecer el paro.
El paro subió en el tercer trimestre (+ 60.100 parados), por
culpa de los servicios (+75.900 parados) , que despidieron al
final del verano (turismo, hostelería, comercio) a muchos de los contratados en
primavera y verano, la agricultura
(+10.800 parados) y los que habían perdido su primer empleo
(48.900 parados más), aunque bajó el paro este verano en la industria (-16.600) y en la construcción
(-10.300 parados). El desempleo creció
sólo entre las mujeres (+82.700paradas) y bajó entre los hombres (-22.600). Y
también creció entre los más jóvenes (+53.600 parados menores de 25
años), bajando entre 25 y 54 años (-4.700 parados) y entre mayores de 55 años
(-1.900 parados). Por autonomías, el paro subió sobre todo en Andalucía (+32.400 parados), Canarias
(+15.100), Murcia (+12.500) y Comunidad Valenciana (+11.400), bajando en 8
regiones , sobre todo en Baleares (-10.500 parados), Extremadura (-10.300),
Castilla la Mancha (-5.400) y Galicia (-3.500).
La cifra total de parados
EPA sube y queda en 2.613.200
parados estimados a finales de
septiembre 2025, el menor dato del paro en verano desde 2008
(2.600.700 parados). Y la tasa de
paro sube al 10,45% (10,29% en primavera), según
la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de
2008 (11,23%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (5,9%
en la UE-27) y cuadruplicamos la alemana (3,5% de paro), según
Eurostat. Y sube también la tasa de paro de
los jóvenes (menores 25 años),
al 25,42% (la más baja desde 2008), que casi duplica la europea
(14,6%
en la UE-27).
Algunos datos
preocupantes del paro mejoran,
como los hogares con todos sus miembros en paro: son ahora 790.800 hogares (-63.700 menos que
hace un año). Otros empeoran, como el paro en la mayoría de las 6 regiones
con mayor tasa de desempleo, que sigue alto y muy superior a la media
(10,45%): Ceuta (25,47% de paro), Melilla (23,76%), Andalucía
(15,27%), Canarias (14,59%), Extremadura (13,56%) y Comunidad
Valenciana (11,73%). Contrastan con 6
autonomías que tienen una tasa de
paro casi europea , aunque haya subido en la mitad: Baleares (5,77% de
paro), País Vasco (6,98%), Navarra (7,28%), Cantabria (7,62%), Madrid
(7,98%) y Cataluña (8,18%). Y otro dato preocupante que mejora: bajan los parados de
larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: eran 898.500
parados este verano, el 34,38%
del total (100.000 menos que en primavera).
Esto mejora la situación de muchos parados de larga duración reduce el número de los que se les
acaba el desempleo y no cobran ya ningún
subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En agosto de
2025, último
dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.875.821
desempleados: la mitad cobraban un subsidio contributivo (según lo
cotizado) de 984 euros de media y el resto (48,64%) cobraban un subsidio
asistencial de 480 euros. Eso significa que casi tres de cada cuatro parados
(el 71,78%) estimados por la última EPA (2.613.200)
cobran alguna ayuda por desempleo. Y si contamos los que están registrados
como parados
en las oficinas de empleo SEPE (2.421.665), cobran ayudas el 77,45%.
La mejor noticia es que el empleo que se está creando en 2024 sigue siendo menos precario, de más
calidad, gracias
a la reforma laboral aprobada a
finales de 2021, aunque “pierde impulso”: un 41,40% de todos los contratos
firmados entre enero y septiembre (11.608.100) han sido indefinidos
(4.806.500 contratos), aunque este porcentaje es inferior al de los 9
primeros meses de 2024 (42,39%) y de 2023 (42,8%). Pero supone un salto
tremendo sobre los indefinidos antes de la reforma laboral: en
2021, sólo el 10,9% de los contratos eran indefinidos. Y entre 2014 y 2020, sólo eran
indefinidos entre el 6 y el 8%. Además, en
lo que va de año, más de la mitad de los nuevos contratos (56,45%)
son a tiempo completo, más de la
cuarta parte (29,71%) a tiempo parcial y el resto, fijos
discontinuos (1.604.500), que son los contratos fijos por periodos
determinados de trabajo que se hacen a muchos que antes eran temporales en el
turismo, hostelería y construcción.
El resultado evidente de la reforma laboral es que aumentan
mes a mes los asalariados con contrato
indefinido, que este verano ya eran el
84,42% de los asalariados (16,13 millones de trabajadores fijos), frente al
74% de los asalariados fijos hace cuatro
años (septiembre
2021), el 79,81% hace dos años y el 83,59% que eran
el verano pasado. Pero todavía tenemos un 16,41% todavía de asalariados con contrato
temporal, el mayor porcentaje en Europa (la media de temporalidad en la UE-27 es del 14,1%). El problema son los contratos a tiempo parcial,
que aunque se reducen este verano (-196.100) han crecido en el último año
(+181.800) y rozan los 3 millones (2.975.700):
ojo, algo más de 2 millones son mujeres, que trabajan menos de la
jornada habitual, muchas porque no encuentran otro empleo.
Ahora, a finales de 2025, Gobierno y expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y
2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La
previsión enviada
por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6
millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han
creado +468.100), 2025 (548.645
empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los
23 millones de ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en
2026 (ahora parece más factible).
Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr
ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas
al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque el
paro crece y puede seguir creciendo (aunque se cree empleo, por el aumento
de los que buscan trabajo) y seguimos siendo el país de Europa y la OCDE (36
paises) con la mayor tasa de paro: 10,45 % en España frente al 5,9%
en la UE-27 y el 4,9%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja
que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20
y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el
81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de personas
menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media
europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que
deberían trabajar si tuviéramos la tasa
de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar
la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2
millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. Y eso
implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ )
un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de choque para mejorar
el empleo de los jóvenes y las mujeres, porque tienen “demasiados”
contratos a tiempo parcial (de media jornada o por horas y días), más
precarios y peor pagados. De hecho, aunque el 70,2% de los jóvenes
(menores de 25 años) tienen ahora un contrato fijo, el 56% de ellos
tienen un contrato indefinido a media jornada o como fijos discontinuos
(trabajan sólo un periodo al año). Y lo mismo les pasa a las mujeres: el
46% trabajan menos horas porque no encuentran un trabajo a jornada
completa.
Y la otra medida urgente, reformar de verdad las
oficinas de empleo, porque están
colapsadas (se tarda días en conseguir que te den por teléfono una cita
previa para solicitar el subsidio) y además no ayudan a los parados a
recolocarse. Se han cumplido 2 años y medio de la Ley de Empleo (entró en
vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de
los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas
de empleo sólo
colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 88.110 empresas y 31.184 ofertas de empleo. Urge reforzar la
plantilla del SEPE (tiene 2.000 trabajadores menos de los que necesita),
mejorar su sistema informático (pésimo) y cambiar la operativa de las oficinas (gestionadas
desigualmente según autonomías), para dedicarse menos a
tareas burocráticas y más a recolocar parados.
En definitiva, todos debemos alegrarnos porque haya más
de 22 millones de personas trabajando en España (10,3 millones más que
hace 60 años), pero todavía tenemos demasiado paro y trabaja menos gente que en Europa (de
los que están en edad de trabajar) y muchos empleos son todavía precarios,
demasiados a tiempo parcial (sobre todo para jóvenes y mujeres) y con bajos
salarios. Y, sobre todo, muchos
empleos se concentran en los servicios, con altibajos en las
contrataciones, y todavía pocos en la industria, las empresas tecnológicas y
exportadoras, que ofrecen empleos más estables y mejor pagados. Además, no
podemos olvidar que hay
mucha incertidumbre en la economía mundial (por los aranceles de
Trump) y en Europa (estancada) y esto acabará perjudicando al empleo. Así que
habrá que estar vigilantes y dispuestos a tomar medidas para salvar
esos 22 millones largos de empleos y conseguir que sigan
creciendo. Debería ser nuestro gran reto como país.
El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza, aunque es peor que la primavera. Este año también: se han creado +118.400 empleos entre junio y septiembre de 2025, según la EPA del viernes, menos que el verano anterior (+138.300 empleos) y el menor aumento en este trimestre desde 2019 (+69.400). Con ello, se han creado +564.100 empleos en los últimos 12 meses y +2.420.200 empleos desde antes de la pandemia (diciembre 2029). Y en España hay ahora 22.387.160 personas trabajando, otro récord histórico (hubo un máximo de 20.646.000 ocupados en junio 2008).
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jueves, 3 de julio de 2025
El "mito" de que faltan trabajadores
Otro año más, los empresarios se quejan de que
no encuentran personal para trabajar en algunos sectores, como hostelería,
construcción, el campo o el transporte. Y que los candidatos están “poco
formados”. Pero España es el país que crea más empleo en Europa y el
que tiene menos “vacantes” (152.000). Los sindicatos replican que
la falta de trabajadores es “un cuento”, que el problema es que muchos
empleos están mal pagados y con horarios imposibles y que por eso no hay
candidatos (salvo inmigrantes). Sí es verdad que algunas empresas
tecnológicas no encuentran trabajadores cualificados, en parte porque
pagan poco y no “cuidan” el talento. Además, las empresas españolas gastan
poco en formar a sus trabajadores, mientras sólo un 10% de los parados
hacen cursos. Y encima, 7 de cada 10 empresas no usan el dinero disponible
para formación. En vez de quejarse, las empresas deberían pagar mejor
y formar a sus plantillas, “cuidándolas” más, porque el
57% de los trabajadores en España están “desmotivados”. Así, el trabajo no atrae. Enrique Ortega
La última Encuesta de las Cámaras de Comercio, apoyada con el marchamo del Banco Mundial, revela que el principal problema hoy de las empresas españolas es la falta de mano de obra formada, de lo que se quejan el 35% de los encuestados (el 41% de las grandes), por delante de la queja por la regulación laboral (el 18%) y los impuestos (16%). Más llamativos son los resultados de otra Encuesta empresarial realizada por la consultora Hays: el 89% de las empresas consultadas reportan dificultades para encontrar personal cualificado, sobre todo en los sectores de ciencia e investigación, legal, atención al cliente, automoción y banca y seguros. Un tercer estudio, de Manpower Group, revela que el 78% de las empresas tecnológicas no encuentran el personal cualificado que buscan, sobre todo las empresas de logística, transporte y distribución, la energía y suministros, las ingenierías, las empresas medioambientales, inmobiliarias y finanzas.
Sin embargo, este presunto déficit de empleos no se
registra en las estadísticas: España ha creado 1,8 millones de nuevos
empleos desde la pandemia, el
40% de los empleos europeos. Y somos el país de la UE-27 con menos “empleos
vacantes”, según
Eurostat: el 0,9% del total en el primer trimestre de 2025, frente al 2,2% de
media en la UE-27, el 4,2% en Paises Bajos, el 4,1% en Bélgica, el 2,7% en
Alemania, el 2,5% en Francia y el 2,2% en Italia. Y los “empleos vacantes”
han crecido de 101.009 en 2019 a 152.885 en marzo de 2025, según
el INE, una cifra mínima frente a los 21.765.400 ocupados que hay en
España.
Los datos revelan que la gran mayoría de estos “empleos
vacantes” (152.885) se
encuentran en el sector servicios (88%), no en la industria
(sólo el 6% de las vacantes) ni en la construcción (otro 6%). Y según
los últimos datos de las oficinas de empleo (SEPE), los puestos de trabajo
sin cubrir se concentran en la hostelería y el turismo, la construcción, la
agricultura, el comercio, información y comunicaciones, sanidad y servicios
sociales, personal de limpieza, instaladores, reparación de vehículos y
transporte.
Un estudio
de Funcas analiza estos datos del SEPE por autonomías y deduce que la
principal razón por la que algunas empresas tienen dificultades para
cubrir vacantes son “las malas condiciones laborales” (salarios,
horarios y contratos), sobre todo en el turismo, el transporte y la
construcción. También hay otras razones, como la falta de “habilidades”
y cualificación de los candidatos, así como el envejecimiento de la población,
que lleva a que muchas profesiones no encuentren un relevo generacional. El
estudio concluye que la falta de mano de obra en España tiene un
doble componente: carencia de candidatos (pocos y que
piden mejores condiciones laborales) y carencia de competencias o
cualificaciones específicas (en el caso de empresas de sectores más
tecnológicos e innovadores).
Así que la
información disponible revela que si faltan trabajadores es, en unos
casos, por los contratos poco atractivos que se les ofrecen y, en otros, por
falta de cualificación del candidato, dos motivos diferentes y
que exigen diferentes medidas. En el primer caso, se trata de ofrecer mejores
condiciones de trabajo (“Paguen
más” dijo Biden primero y luego
la ministra Yolanda Díaz
y los sindicatos). Y en el segundo, hay que mejorar la cualificación
de los jóvenes (de la escuela a la Universidad), a la vez que se mejora
la formación de las plantillas de las empresas, para reciclar a muchos y que
puedan prepararse para las nuevas necesidades del mercado laboral.
En cualquier caso, no es verdad que la falta de trabajadores
tenga que ver tanto con la “aptitud” como con la “actitud”, como dijo
hace años Antonio Garamendi, el presidente de la patronal CEOE,
culpando así a los trabajadores de estar poco formados (“aptitud”) y de estar
poco dispuestos a trabajar (“actitud”). Los sindicatos ya han reiterado
que la
falta de talento es “un cuento” y que el problema son los
bajos salarios y las malas condiciones laborales, que impiden cubrir
muchas vacantes. Y aportan este dato; de los 2.789.200 parados que había en
España en marzo (según la EPA),
750.000 tenían estudios universitarios y otros 730.000 tenían la 2ª etapa de secundaria
o FP. El problema de fondo, añaden, es que el actual modelo productivo no
es capaz de ofrecer empleos dignos a suficientes personas formadas. Y
eso se refleja en otro dato: España es el
país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los
graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja
cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de
supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en
la UE-27.
Así que unos puestos no se cubren porque ofrecen malas
condiciones laborales y otros tampoco aunque el candidato sea universitario.
El hecho cierto es que los sectores donde hay más falta de trabajadores,
como hostelería, construcción, campo y transporte son los que tienen unos sueldos
más bajos, según la
estadística de salarios (16.985 euros brutos en hostelería, el 60% de los 28.049
euros de sueldo medio) y donde se hacen más horas extras sin
cobrar (11% de los trabajadores en hostelería, 9% en construcción y
transporte, según CCOO), también donde hay más contratos temporales y a
tiempo parcial. Además, en los dos últimos años, muchos puestos no se cubren
porque los trabajadores no
pueden pagar el alquiler que les supone ir a trabajar a algunas ciudades e islas.
Está claro que además de las malas condiciones de trabajo,
muchos trabajadores y parados tienen una baja formación (el 35,8%,
frente al 16,4% en la UE-25, según
la OCDE). Una parte de “la culpa” la tiene el sistema educativo,
donde muchos jóvenes no acaban sus estudios y otros se forman en carreras con
pocas salidas. Y además, en España, la Formación Profesional (FP) tiene
poco peso (12% de los estudiantes, frente al 25% en la UE y el 40% en
Alemania). Pero otra parte de la “culpa” la tienen las propias empresas,
que gastan en la formación de sus plantillas la mitad que en Europa y la
tercera parte que en EEUU, según
la consultora Élogos. Y además, la mayor parte de esta formación la hacen
las grandes empresas, mientras las pymes (el 99%) sólo hacen el 10% del total. Otro
dato: empresas
españolas han reducido a la mitad su gasto en formación en la
última década: gastaron un máximo de 110,95
euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y cayó a 60,51 euros en 2021 y está en 70,32 en
2024, según el INE.
El problema no es sólo que las empresas gasten poco en
formación. Además, el sistema vigente para formar a los trabajadores y
parados no
funciona. Existe una cuota de formación que pagan cada año las
empresas (0,6% de las nóminas) y los trabajadores (0,1%), para destinar estos
recursos (2.500 millones de euros) a formar a parados (la mitad del dinero, que
gestionan las autonomías y sus oficinas de empleo) y a trabajadores ocupados
(una parte a través de las autonomías y la SEPE, y la mayor parte gestionado
por la FUNDAE, una Fundación tripartita (patronal, sindicatos y Estado),
que ofrece cursos gratuitos y financia cursos que hacen las empresas. El
problema es que la mitad del dinero que gestiona la FUNDAE no
se gasta en formación, bien porque las empresas no solicitan cursos
(7
de cada 10 empresas no los aprovechan), porque tienen que adelantar el
40% del importe y tardan en recuperarlo, o por no dar permisos retribuidos para
hacerlos a sus empleados.
Para paliar la falta de trabajadores cualificados y no
cualificados, habría que actuar en varios frentes, según
este estudio de Funcas. Por un lado, seguir abriendo vías a la inmigración
legal y ordenada, con acuerdos para contratar en
origen a extranjeros para sectores que no son “atractivos” para los españoles (agricultura,
hostelería, turismo, empleadas de hogar y cuidados). Por otro, intentar la
vuelta de jóvenes españoles que han emigrado por falta de oportunidades en
España (se estima que han sido 650.000 tras la pandemia). Además, hay que reestructurar
toda la política de formación y reciclaje de trabajadores y parados,
para que se gasten todos los recursos de formación dirigidos a trabajadores en
activo y para que haya más parados que hagan cursos de formación (sólo los
hacen menos
del 10% de los desempleados), ligando esa formación y reciclaje a los
puestos donde faltan candidatos. Y a medio plazo, urge una política
educativa que ayude a los jóvenes a orientarse hacia estudios y carreras con
más salidas profesionales, ligadas a la tecnología y la innovación (carreras STEM),
la digitalización y la descarbonización de las empresas y la economía.
Otro punto clave es mejorar “la motivación” de los
trabajadores, sobre todo de los más jóvenes, que en muchos casos están muy
descontentos con su trabajo. El dato es impactante: un 57% de los
trabajadores españoles están “desmotivados”, según
el último informe Hays. La mayoría dice que lo está por sus bajos
sueldos, que han perdido poder adquisitivo (-2,5% entre 2019 y 2024, según
la OCDE), pero otros señalan una larga lista de motivos para estar “desmotivados”
con su trabajo: horarios, falta de reconocimiento, dificultades de promoción,
excesiva carga de trabajo, presión por cumplir metas, falta de trabajo en
equipo, autoritarismo de los jefes, fatiga y agotamiento, además de problemas
psicológicos. Al final, esta
“falta de motivación” por el trabajo no ayuda a aumentar la oferta de
trabajadores ni a que los jóvenes se formen más y afronten retos futuros y
mejoren la productividad.
En resumen, no tenemos tanto un problema de empleos vacantes como de empleos
que muchos no quieren por su baja remuneración y su dureza. Y sí tenemos un
problema grave de falta
de trabajadores cualificados, que exige modificar el sistema
educativo, potenciar la FP y, sobre todo, apostar por la formación y
cualificación permanente de empleados y parados. Una tarea en la que las
empresas necesitan gastar más en formar a sus trabajadores ante las nuevas exigencias
tecnológicas. Menos “culpar” a los
trabajadores y más arrimar el hombro para conseguir una mano de obra
preparada y competitiva. Ganarían ellos y todos.
La última Encuesta de las Cámaras de Comercio, apoyada con el marchamo del Banco Mundial, revela que el principal problema hoy de las empresas españolas es la falta de mano de obra formada, de lo que se quejan el 35% de los encuestados (el 41% de las grandes), por delante de la queja por la regulación laboral (el 18%) y los impuestos (16%). Más llamativos son los resultados de otra Encuesta empresarial realizada por la consultora Hays: el 89% de las empresas consultadas reportan dificultades para encontrar personal cualificado, sobre todo en los sectores de ciencia e investigación, legal, atención al cliente, automoción y banca y seguros. Un tercer estudio, de Manpower Group, revela que el 78% de las empresas tecnológicas no encuentran el personal cualificado que buscan, sobre todo las empresas de logística, transporte y distribución, la energía y suministros, las ingenierías, las empresas medioambientales, inmobiliarias y finanzas.
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jueves, 1 de mayo de 2025
1º de mayo: el empleo que viene
El empleo ha “pinchado” en el primer trimestre, como es
habitual, con una pérdida de 92.500 empleos, al retrasarse la Semana
Santa a abril. Pero se espera que suba este 2º trimestre y en verano, porque
las empresas siguen contratando y hay 2 millones más de personas trabajando
que hace 5 años. Pero hoy, 1º de mayo, podríamos reflexionar
sobre el empleo del futuro, que va a cambiar drásticamente por la
tecnología y la inteligencia artificial (IA). De hecho, el Foro Económico Mundial
estima que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán “mejorar sus
habilidades” para tener un empleo en 2030. A lo claro: los trabajadores
tienen que reciclarse y formarse si quieren seguir trabajando en unos años. Un
reto que obliga a Gobiernos y empresas a gastarse más dinero en formación
y reciclaje profesional, para afrontar la digitalización, la descarbonización,
la robótica y la IA, un reto del que apenas hablan los sindicatos hoy.
Hay que prepararse para esta “revolución silenciosa”, la del
empleo futuro. Enrique Ortega
El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Además, este año la Semana Santa ha caído en abril y no en marzo (como en 2024), lo que ha restado empleo entre enero y marzo. Por todo ello, en el primer trimestre se perdieron -92.500 empleos, aunque son menos que en el primer trimestre de 2024 (-139.700), según la EPA publicada este lunes. Con todo, a finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, así que trabajan 2,08 millones de personas más que hace 5 años, antes de la pandemia (19.681.300 ocupados en marzo 2020).
El empleo ha caído sólo entre los hombres
(-94.100 ocupados), mientras aumentó algo entre las mujeres (+1.600). Y
lo han perdido los trabajadores españoles (-144.500 empleos), porque los
extranjeros han ganado empleos (+52.000). La
pérdida de empleo se ha dado casi en exclusiva en el sector público
(-92.200 empleos, por el aumento de jubilaciones) , mientras apenas caía el
empleo privado (-300). Y se ha perdido empleo entre los trabajadores maduros
(-119.800 empleos entre 40 y 54 años) y los más jóvenes (-60.800 empleos
perdieron los de 16 a 24 años). Todos los sectores han perdido empleo, salvo el
campo (+25.000), especialmente los servicios (-112.300). Y por
autonomías, han perdido más empleo Baleares (-42.400), Comunidad
Valenciana (-20.400) y Andalucía (-12.300), mientras lo ganaron Madrid
(+14.800) y País Vasco (+11.300 empleos).
La caída del empleo al inicio de 2025 ha provocado también un
aumento del paro, que subió en +193.700 desempleados, un aumento
récord desde 2013, debido a que han aumentado mucho los que buscan empleo, los
“activos”: +101.200, todo un récord en los últimos años, por el
aumento de mujeres que buscan trabajo (+118.100), mientras hay menos
hombres buscando (-16.900). Con ello, España alcanza un récord histórico de “activos”,
personas que trabajan o buscan trabajo: 24.554.500. Esto supone que, aunque
crezca el empleo en los próximos meses, el paro bajará menos, porque hay más
gente buscando trabajo.
Con este aumento del paro, son ya 2.789.200 las personas
que están en paro, un 11,36% de las personas en edad de trabajar, según la EPA, una
cifra elevada pero son 523.800 parados menos de los que había en
España hace 5 años, antes de la pandemia
(3.213.00 parados en marzo de 2020, el 14,41% de la población activa).
El paro ha subido en este primer trimestre más entre las mujeres
(+116.500 paradas) que entre los hombres (+77.200), más entre los
españoles (+147.900) que entre los extranjeros (+45.800) y más entre
los trabajadores maduros (+141.300 entre 25 y 44 años), cayendo entre los más
jóvenes (-12.000 parados). Por sectores, crece sobre todo en los servicios
(+124.900, la mitad por el turismo y la hostelería) y también más en Cataluña
(+47.200), Baleares (+42.800), Madrid (+23.900) y Canarias (+21.800),
bajando sólo en Murcia (-4.400), País Vasco (-4.300) y Cantabria (-1.100).
Mientras sube el paro, hay algunos datos de fondo
preocupantes. Por un lado, todavía hay 882.900 hogares donde todos
sus miembros están en paro, aunque son 95.000 menos que hace un año. Por
otro, baja el porcentaje de
parados que cobran el desempleo: cobraban
alguna ayuda en febrero 1.722.042 parados, el 66,77% de los parados
registrados en las oficinas de empleo, frente al 69,44 % hace un año. Y además,
la mayoría (813.181) cobran un subsidio asistencial (480 euros al mes),
mientras sólo 908.861 parados registrados cobran el subsidio contributivo
(1.014,90 euros mensuales). Y ha subido el número de parados que llevan más
de 1 año sin trabajo (1.065.400 parados),
con lo que el 38,10% son “parados de larga duración” y tienen mucho más difícil
recolocarse.
Lo más preocupante es que la tasa de paro ha subido
en el primer trimestre, del 10,61% en que estaba a finales de 2024 al 11,36%,
aunque es mucho más baja de la tasa de paro que teníamos hace 5 años (14,4%).
Una tasa muy alejada de Europa, donde es menos de la mitad (5,7%
en la UE-27 y 6,1% en la zona euro), siendo la tercera parte en Alemania
(3,1%), según Eurostat. Y ha subido este trimestre la tasa de paro juvenil (menores 25 años),
que en España es el 26,5%, frente al 14,5% en Europa y el 6,3% en
Alemania. Además, persiste el problema de que hay 2 Españas en el paro.
Una, 8 autonomías con alta tasa de paro: Melilla (26,6%), Ceuta
(26,1%), Extremadura (16,6%), Andalucía (16,4%), Baleares (14,78%), Canarias
(13,27%), Castilla la Mancha (13,27%) y Murcia (12,83%). Y otra, las 8
autonomías que tienen una tasa de paro casi “europea”:
Navarra (7,49% de paro), País Vasco (7,71%), Cantabria (7,86%), Aragón (8,29%),
Castilla y León (8,70%), Galicia (8,80%) y Cataluña (8,91%), según la EPA de marzo.
Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor
calidad del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de
2022. Este primer trimestre, el
43,07% de los contratos firmados son indefinidos, algo menos
que hace un año (44,5% el primer trimestre de 2024) pero un porcentaje muy
superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a
2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello,
ya hay 15,7 millones
de asalariados con contrato indefinido, el 84,88% del total,
frente al 74,61% de fijos a finales de 2021). Lo que no mejora son
los contratos a tiempo parcial (por horas o días), que aumentan
(+134.400 en el último año) y superan los 3 millones de asalariados, sobre
todo por las mujeres (el 73,6% de estos contratos), que trabajan a
tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o para
cuidar a hijos y mayores.
Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024).
La previsión
enviada por el Gobierno a
Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6
millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente
se han creado +468.100), 2025 (548.645 empleos) y 2026 (494.878
empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados
(22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora
parece más factible).
Los datos indican que estamos en el buen camino para
lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar
las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones.
Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con
la mayor tasa de paro: 11,36% en España frente al 5,7% en la
UE-27 y el 4,8%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es
mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de
los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en
Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de
personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la
media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de
los que trabajarían si tuviéramos
la tasa de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para
que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso
permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso
deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y
eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un
pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo,
para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes,
sobre todo en esas 8 regiones con más paro que la media, canalizando
inversiones públicas y privadas e
incentivos a las contrataciones.
Y la otra, reformar de verdad las oficinas de empleo,
porque no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 2 años
de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda
individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo
colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los
desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo
hay registradas 83.444 empresas y 29.305 ofertas de empleo. Urge cambiar
la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas
de forma muy desigual por las autonomías.
Además, este 1º de mayo habría que pensar
también en el empleo a medio plazo, porque el mercado laboral va a
cambiar radicalmente en los próximos años. En el mundo, 59 de cada 100
trabajadores necesitarán “cualificarse” para no perder sus empleos actuales,
por la tecnología, la robotización y la inteligencia artificial (IA), según el
último informe
sobre el futuro del empleo del Foro Económico Mundial. Y en el caso de
España, este informe señala que 4 de cada 10 trabajadores españoles
deberán mejorar sus habilidades para tener empleo en 2030. Los expertos
laborales y las empresas reiteran la urgencia de formación y
reciclaje de los trabajadores, para mejorar su cualificación y afrontar
la demanda de nuevos empleos: muchos empleos actuales desaparecerán
(administrativos, secretarias, asistentes administrativos, cajeros de banco…) y
se crearán otros (analistas de datos, expertos en IA, desarrolladores de
software, técnicos ambientales, expertos en ciberseguridad…).
En definitiva, que no basta con que la economía española cree
más empleo, para conseguir una tasa de paro “europea”, sino que hay que formar
a los jóvenes en los futuros empleos que van a demandarse en los
próximos años y reciclar a los empleados actuales para que no pierdan su
empleo en el futuro. Esto exige una mayor inversión en formación y “capital
humano”, con importantes cambios en el diseño de la educación, desde la
escuela a la Universidad, y con mayor gasto en formación de las empresas y el
Estado. Hay que prepararse desde ya al empleo que viene, con
acuerdos entre Gobierno, empresas y sindicatos para configurar la oferta
de empleo que exige el futuro. Un reto del que apenas se habla este
1º de mayo, mucho más de fondo que la jornada laboral o los salarios.
El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Además, este año la Semana Santa ha caído en abril y no en marzo (como en 2024), lo que ha restado empleo entre enero y marzo. Por todo ello, en el primer trimestre se perdieron -92.500 empleos, aunque son menos que en el primer trimestre de 2024 (-139.700), según la EPA publicada este lunes. Con todo, a finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, así que trabajan 2,08 millones de personas más que hace 5 años, antes de la pandemia (19.681.300 ocupados en marzo 2020).
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jueves, 30 de enero de 2025
EPA 2024: empleo y paro récords, pero...
El empleo cerró 2024 con la creación de 468.100
nuevos empleos, la 3ª mayor subida, tras 2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo
más llamativo: el paro bajó al 10,61%, la menor tasa desde junio de
2008. Además, el empleo es de calidad: el 84,5% de los
asalariados tienen ahora un contrato indefinido. Pero no podemos
olvidar dos datos que pesan como una losa: España es el país con más
paro de Europa y la OCDE y tenemos una baja tasa de empleo, por lo
que necesitamos que trabajen otro millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos
en los laureles”. Hay que seguir modernizando la economía e invirtiendo para
que trabaje más gente y baje más el paro. Habría que aprobar dos
medidas: un Plan de choque para los parados mayores, mujeres, jóvenes
y 6 regiones con alto paro y una reforma a fondo de las oficinas de empleo,
gestionadas por las autonomías, que no funcionan. Pero ambas medidas
exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos, económicos y sociales. Enrique Ortega
Otro año más, las Navidades no han sido buenas para el empleo, que sólo creció en +34.800 personas en el 4º trimestre, un pequeño aumento, aunque mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Pero como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+434.700 empleos en el 2º trimestre), 2024 se ha cerrado con 468.100 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 21.857.900 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (2019), España ha creado 1.891.000 nuevos empleos.
En 2024, el aumento del empleo (+468.100
ocupados) se ha dado más entre los hombres (+260.700) que entre las
mujeres (+207.400), concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años
(+328.100 empleos, el 70% del total) y entre los más jóvenes (+104.300
empleos entre los menores de 24 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 45
años. Un dato relevante es el mayor aumento del empleo entre los
extranjeros (+189.900 empleos, +5,72%) y con doble nacionalidad (+218.800 empleos, +21,95%) que entre los españoles
(+59.400 empleos, +1,30%), según el INE. Eso significa que sólo 1 de cada 8 empleos creados en 2024 han ido a españoles (el 12,6%), mientras el 87,4% del nuevo empleo fue para extranjeros y trabajadores con doble nacionalidad. Y que el 15,17% de los ocupados en
España (1 de cada 6,6 trabajadores) son extranjeros.
La mejora del empleo en 2024 se ha debido casi toda al sector
privado (+453.500 empleos) y apenas creció el empleo público
(+14.600 ocupados). Y el motor del empleo volvieron a ser los servicios (+424.600
empleos), sobre todo por el turismo, la hostelería, el comercio, creciendo
también en la industria (+55.300) y la construcción (+44.800), aunque cayó en
el campo (-56.600 ocupados en agricultura). Por autonomías,
el mayor aumento porcentual del empleo se ha dado en Asturias(+8,58%:
+33.900 empleos), Baleares (+5,80%: +32.700 empleos) y Navarra (+5,32%: +16.100 empleos),
aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Madrid (+139.500),
Andalucía (+86.100) y Cataluña (+55.200). Y choca la caída del empleo en
el País Vasco (-43.200) y Murcia (-6.600) y Extremadura (-900).
El paro en 2024 ha bajado más entre las mujeres
(-167.100) que entre los hombres (-98.200), aunque hay más paradas
(1.362.600 frente a 1.232,900 parados) y tienen una mayor tasa de paro
(11,83% frente al 9,53% los hombres). Y el paro ha bajado especialmente entre
los que tienen de 25 a 54 años (-194.300 parados, el 73% de la bajada
total), bajando mucho menos entre los menores de 24 años (-26.600 parados). Con
ello, ha mejorado algo el paro entre los menores de 25 años
(del 28,36 al 24,90%), aunque sigue siendo altísimo y casi duplica al paro
juvenil en Europa (15,3% en la
UE-27), cuadruplicando el alemán (6,4%).
La histórica bajada del paro al 10,61% de los
activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con
una tasa de paro muy superior: Melilla (25,80%), Ceuta
(21,79%), Andalucía (15,76%), Extremadura (15,26%), Comunidad
Valenciana (12,33%) y Canarias (11,91%), mientras hay otras 8
autonomías que tienen una tasa de paro “casi europea”(5,9%
es la tasa paro UE-27): Navarra (6,60%), Aragón (7,62%), Cataluña
(7,87%), Asturias (8,09%, cuando tenía el 11,81% en 2023), País Vasco
(8,11%, aunque tenía el 6,33% de paro en 2023), Baleares (8,20%), Castilla
y León y Cantabria (8,23%), además de Madrid (8,58% de paro en
2024). Tampoco podemos olvidar que hay 833.500 hogares (el 4,3% del
total) con todos sus miembros en paro (la cifra más baja desde 2008).
Pero hay otros datos del paro que son muy
positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un
subsidio, tras la reciente reforma del desempleo: son 1.802.483
parados, el 70,38% de los parados registrados (eran el 61,53% en
2019) los que se benefician de
alguna ayuda, según
Trabajo (881.656 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.007
euros mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 463
euros). Y otro, que siguen bajando los parados de larga
duración, los que llevan más de un año sin encontrar trabajo:
eran 999.700 parados a finales de 2024, el 38,51% de todos los
parados, la mayoría de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (558.300).
Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al
10,61%), el
otro gran dato relevante de esta EPA 2024 es la calidad del empleo que
tenemos, no solamente que la cantidad (21.857.900 ocupados)
sea récord. Así, gracias a la reforma laboral (que entró en vigor en
marzo de 2022), en 2024 no sólo trabaja mucha más gente sino que sigue
aumentando el número de asalariados con contrato indefinido: eran 15.712.500
trabajadores, el
84,52% del total, cuando eran el 83,50% a finales de 2023 (y el 74,6%
a finales de 2021). En cambio, han bajado algo los ocupados a tiempo
completo (del 86,5% al 86%) y aumentan algo los trabajadores con contrato
a tiempo parcial (del 13,50 al 14%), que ya han superado los 3
millones a finales de 2024 (de esos 3.059.000 empleos parciales, 2.121.000
los tienen mujeres).
Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,4%, frente al +3,2% en 2024).
La previsión
enviada por el Gobierno a
Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6
millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente
se han creado +468.100), 2025 (548.645 empleos) y 2026 (494.878
empleos), con el objetivo de que España roce
los 23 millones de empleos (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de
paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).
Los datos
de la EPA 2024 indican que estamos en el buen camino para lograr
ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las
campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones.
Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con
la mayor tasa de paro: 10,61% en España frente al 5,9% en la
UE-27 y el
4,9% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en
España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2023 trabajaban el
70,5% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,3% que
trabajaban en Europa, el 74,4% en Francia o el 81,2% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía 1,14 millones de
personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la
media europea. Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los que
deberían trabajar si tuviéramos la tasa
de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para
que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso
permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso
deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y
eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un
pacto político económico y social. Una, aprobar un
Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45
años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la
media, canalizando inversiones públicas y privadas e incentivos a las contrataciones.
Y la otra medida, reformar
de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a
recolocarse. Pronto van a cumplirse 2 años de la
Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda
individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo
colocan a menos del 3% de los parados y menos
del 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco
útiles). Y en la web del
SEPE sólo hay registradas 81.000 empresas y 26.227 ofertas de
empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas
por las autonomías (cada una a su aire).
En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de
Europa, pero no podemos "dormirnos" en los récords. Porque seguimos con un grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que Europa. Resolverlo debería ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que hagamos, porque
es la clave para mejorar el futuro. Pero no podemos hacerlo sin grandes
acuerdos económicos, políticos y sociales. Y hoy son imposibles.
Otro año más, las Navidades no han sido buenas para el empleo, que sólo creció en +34.800 personas en el 4º trimestre, un pequeño aumento, aunque mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Pero como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+434.700 empleos en el 2º trimestre), 2024 se ha cerrado con 468.100 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 21.857.900 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (2019), España ha creado 1.891.000 nuevos empleos.
El aumento del empleo (+468.100) ha sido mayor que la
bajada del paro, que se ha reducido en -265.300 personas en todo 2024, debido
a que han vuelto a subir “los activos”, las personas que se han
“animado” a buscar trabajo (han crecido en +202.800), alcanzando otro récord
histórico (24.453.300 “activos”). Con todo, este año 2024 ha habido muchas
menos personas que se han “animado” a buscar trabajo, sólo +202.800 frente a +682.400
en 2023 (la tercera parte). Eso puede deberse a una menor entrada de
extranjeros y a que hay menos mujeres y jóvenes que buscan ahora trabajo. La
consecuencia es que tenemos una cifra de parados de las más bajas de nuestra
historia: 2.595.500
parados a finales de 2024. Y
una tasa de paro del 10,61%, que ha bajado del 11% por primera vez
desde junio de 2008 (entonces era del 10,36%), aunque todavía no hemos
alcanzado “el suelo” de junio de 2007 (cuando la tasa de paro era del 7,93%).
El paro ha bajado
sobre todo en los servicios (-100.000 parados) y entre los que perdieron
su empleo hace más de un año (-109.100 parados) y los que lo buscan por 1ª vez
(-56.200 parados), estancándose la cifra de parados en industria, construcción
y agricultura. Y resalta la bajada del paro en Asturias
(-27,32%), Navarra (-26,99%), Canarias (-26.67%) y Baleares
(-24,75%), quizás por el turismo, mientras destaca la subida del paro en
2024 en el País Vasco (+24,88%). Murcia (+18,32%) y Cantabria (+14,69%), según la EPA.
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