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lunes, 15 de junio de 2026

España: más millonarios y más pobres

Los dos datos juntos impresionan: en 2025 había en España 13.500 millonarios más (259.700 personas) y 59.000 “pobres” más (12,6 millones de personas). Crecemos mucho pero al repartir el pastel crece la desigualdad, aumentan los más ricos y los más pobres. Las transferencias y políticas sociales han frenado la pobreza, pero España no consigue que baje del 25% desde hace 15 años. Y somos líderes en Europa en pobreza infantil. Además, se espera tener más pobres en 2028. Tenemos dos problemas. Uno, que gastamos menos en protección social. Y el otro, que las políticas sociales son poco eficaces , porque benefician más a las familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas, según alertan la OCDE y la Comisión Europea. Por eso, hay que gastar más y mejor contra la pobreza, centrándose en la vivienda y en los colectivos más vulnerables: madres solas y familias con niños, inmigrantes y discapacitados. Urge repartir mejor el crecimiento, porque una cuarta parte de españoles no lo notan.

                               Enrique Ortega

A pesar de las guerras y la incertidumbre, las economías crecen y los más ricos ganan más, con la Bolsa, los dividendos y la tecnología. En 2025 aumentaron los millonarios en el mundo (los que tienen un patrimonio que supera el millón de dólares, los 860.000 euros): fueron 25,3 millones de personas (el 0,003% de la población mundial), 2 millones más que en 2024 (+8,7%), que acumulan una riqueza conjunta de 98,3 billones de dólares (84,6 billones de euros), el 86% del PIB mundial, según el reciente Informe sobre la riqueza mundial elaborado por Capgemini. La mayor concentración de millonarios se da en EEUU (8,7 millones en 2025, +9,2% que en 2024), Asia-Pacífico (8,3 millones,+9,4% : 4 millones de millonarios en Japón y 1,6 millones en China) y Europa (6,1 millones de millonarios, +6,5%), mientras crecen poco en Latinoamérica (600.000 millonarios, +0,3%) y África (200.000 millonarios,+4,1%), bajando en Oriente Medio (900.000, -1,4%).

España alcanzó en 2025 los 259.700 millonarios (más de 1 millón de dólares de patrimonio, unos 860.000 euros), 13.500 más que en 2024 (+5,3%), que acumulaban una riqueza de 672.000 millones de euros (+6,7%), el 40% del PIB español. Con ello, ocupamos el puesto 14º en el ranking de los 25 paises con más “millonarios” (subimos un puesto en 2025). La causa principal de este aumento de millonarios en España, como en otros paises, ha sido la fuerte subida de la Bolsa (el IBEX-35 aumentó un +49,27% en 2025), el fuerte ingreso por dividendos (41.503 millones cobrados en 2025, el doble que en 2021), los fuertes beneficios de empresas y bancos ( por mejora de ventas y márgenes empresariales) y el fuerte tirón de los activos inmobiliarios, con importantes plusvalías y subida de alquileres, factores a los que se une el fuerte crecimiento de la economía española y la moderación de la inflación.

Mientras Capgemini publicaba estos datos sobre los millonarios, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN) presentaba en el Congreso su XVI Informe sobre la pobreza en España, alertando sobre un grave problema del que poco se habla: en España hay 12.609.000 personas en riesgo de pobreza o exclusión social, el 25,7% de la población total, según la tasa europea AROPE, que mide el porcentaje de europeos que sufren una de estas tres situaciones: pobreza monetaria (ingresan menos del 60% de la renta media de cada país), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos imprevistos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada, entre otras) o tener un bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). En la UE-27 había 92,7 millones de europeos que sufrían uno o varios de estos 3 problemas en 2025, que están “en riesgo de pobreza”, el 20,9% de la población. España ocupa el 5º lugar en el ranking europeo de pobreza (25.7% población), sólo por detrás de Bulgaria (29%), Grecia (27,5%), Rumanía (27,4%) y Lituania (26,3%), más que Italia (22,6%), Alemania (21,2%) o Francia (20,8%).

La tasa AROPE de pobreza en España lleva 15 años sin bajar del 25% de la población: ha pasado del 28,7% en 2015 al 26,2% en 2019, el 27,8% en 2021, el 25,8% en 2024 y el 25,7% en 2025. Es una décima menos, pero como ha aumentado la población, había 59.000 habitantes más en riesgo de pobreza en 2025 (12.609.000) que en 2024. Y tampoco estamos cumpliendo la Agenda 2030, que pretendía bajar esta tasa AROPE  al 14,30% a finales de esta década: para cumplirlo, deberíamos tener una tasa del 19,1% en 2025 (y tenemos el 25,7%). Eso significa, según EAPN, que España tiene ahora 3,2 millones más de “pobres” de los que deberíamos para cumplir los objetivos de la Agenda 2030.

La tasa de pobreza global AROPE (25,7%) se concentra en una serie de colectivos: parados (tasa pobreza 55,4%), inmigrantes extracomunitarios (53,5%), madres solas con niños (50,6% pobreza), los que viven en alquiler (43,6% “pobres”, frente al 19,5% con vivienda en propiedad), inactivos (37,4%), menores 18 años (33,8% pobres: España es el país europeo con más pobreza infantil AROPE, según Eurostat), familias con niños (27,4% pobres) y mujeres (26,8% pobres, frente al 24,5% los hombres). Y por autonomías, destaca la altísima tasa de pobreza AROPE en Melilla (43,7%) y Ceuta (40,8%), seguidas por 6 regiones del sur:  Andalucía (34,7% población en riesgo de pobreza), Castilla la Mancha (34%), Murcia (32,5%), Canarias (31,2%), Comunidad Valenciana (30,7%) y Extremadura (30,4%).

Dentro de los tres componentes de la tasa de pobreza AROPE (renta monetaria, carencia material y bajo empleo), el más importante es la pobreza monetaria, las personas que ingresan menos del 60% de la mediana del país: en 2025, los solteros que ganaran menos de 12.220 euros anuales (872,85 euros en 14 pagas) y las familias con dos hijos que ganen menos de 25.662,84 euros anuales (1.833 euros en 14 pagas). Dados los bajos sueldos, la tasa de pobreza monetaria es muy elevada: afecta al 19,5% de la población, a 9.566.000 personas en 2025, según Eurostat. Ha bajado 2 décimas (19,7% en 2024), pero como hay más población, tenemos 1.000 pobres monetarios más que en 2024). Y aunque tenemos 709.000 pobres monetarios menos que en 2015, esta tasa de pobreza debería haber bajado mucho más (al 14,8% en 2025), por lo que incumplimos objetivos Agenda 2030.

España es también el 5º país europeo con más pobreza monetaria (19,5% población), sólo por detrás de Lituania (22,6%), Letonia (22%), Bulgaria (21,2%) y Grecia (19,6%), por encima de la media UE-27 (16,3% población en pobreza monetaria, que afecta a 72,29 millones de europeos) y de Italia (18,6%), Francia (16,6%) o Alemania (16,1%). Y destacamos sobre todo en la pobreza infantil, donde España es líder europeo: un 28,4% de los menores de 18 años (2,2 millones de niños y adolescentes) viven en hogares “pobres” (que ingresan menos del 60% de la media), por delante de Bulgaria (27% de pobreza infantil), Rumanía (23,6%), Italia (23,2%), Francia (22,8%) y de la media de la UE (19,6%), según Eurostat.

La pobreza monetaria (ese 19,5% de población que ingresa menos del 60% de la media) se concentra no sólo entre las familias con menores (28,4%), también entre las madres solas con niños (43,4% son “pobres”), los inmigrantes extracomunitarios (44,5% pobres) , los parados (38,7% son pobres) y también los que trabajan (el 11,6%, 2,5 millones de trabajadores son “pobres”), los que viven de alquiler (el 32,6% son pobres monetarios, frente a sólo el 14,5% de los que viven en propiedad) y los que tienen un bajo nivel de estudios (el 27,3% de los que sólo tienen primaria y un 23,3% de los que tienen 1ª fase secundaria). Y por autonomías, la mayor “pobreza monetaria” la tienen otra vez las regiones del sur: Melilla (39,3%), Ceuta (37%), Andalucía (27,7%), Murcia (26,7%), Extremadura (26,2%), Comunidad Valenciana (26%), Castilla la Mancha (25,9%), Canarias (22,9%) y Castilla y León (19,8%).

Dentro de los que están en pobreza monetaria, 2 de cada 5 están aún peor, en “pobreza extrema”: son los que ingresan menos del 40% de la media del país (679 euros al mes en 12 pagas los solteros y 1.426 euros mensuales las familias con dos hijos), un 8% de la población total en 2025 (3.920.000 personas en pobreza severa, los más vulnerables). Una tasa de pobreza severa que es la que más ha bajado (afectaba al 11,2% de la población en 2015), aunque España sigue siendo el 4º país europeo con más pobreza severa, sólo por detrás de Letonia (9,8%), Croacia (8,3%) y Bulgaria (8,1%), y muy por delante de la media europea (5,3% población en pobreza severa: 23,5 millones de europeos) y de la tasa de pobreza severa que hay en Italia (6,9%), Francia (4,8%) y Alemania (4,7%).

La pobreza severa (8% población) se concentra, en España más entre las mujeres (8,3% frente al 7,7% en los hombres), en las mujeres solas con niños (22,5% en pobreza severa), los inmigrantes (21,7% los extracomunitarios y 15,1% los de UE), los desempleados (20,2% en pobreza severa, pero también el 4% de los que trabajan), los que están de alquiler (15,1%, frente al 5,4% los que tienen vivienda propia), los menores (12,5% en pobreza severa) y los que tienen menos estudios (9,6% de los que tienen sólo primaria y 7,3% de los que tienen 1ª fase secundaria). Y, otra vez, la pobreza severa se concentra en el sur: Melilla (25% población), Ceuta (14,5%), Comunidad Valenciana (11,8%), Andalucía (11,4%), Murcia (11,2%), Extremadura (9,9%), Castilla y León (9,8%), Asturias y Castilla la Mancha (8,8%).

Detalladas las cifras de pobreza AROPE y de pobreza monetaria y severa, se ve claro que tenemos un problema: somos la 4ª mayor economía de Europa, la que más crece en los últimos 5 años, pero también somos la 5ª economía con más pobreza y el país líder en pobreza infantil, algo que debería avergonzarnos a todos. El estudio de EAPN, presentado a principios de junio en el Congreso, alerta de un hecho: las políticas actuales no logran reducir apenas la pobreza, que mejora muy lentamente (recordemos: la tasa AROPE no baja del 25% desde hace 15 años). Y lo más preocupante es que el Gobierno, en su último escenario macro, contempla bajar la pobreza monetaria en porcentaje (del 19,5% en 2025 al 19,1% en 2028), pero como aumenta la población cada año (por los inmigrantes), aumentarán los españoles pobres: 9.747.484 en 2028, +181.484 pobres en tres años…

El informe de EAPN reconoce que las políticas públicas (transferencias, ayudas y medidas fiscales) han servido para contener la pobreza estos años: reconocen que han evitado que 11 millones de españoles hayan caído en la pobreza en los últimos 15 años (8,1 millones gracias a las pensiones y 2,9 millones por las prestaciones sociales). Pero a la vez señalan que las herramientas actuales contra la pobreza han alcanzado un límite y ahora logran reducciones poco significativas (incluso subieron los “pobres” en 2025). En su informe destacan que a los problemas de paro, bajos salarios y precariedad laboral se ha sumado un grave problema: la vivienda, que se ha convertido en un potente “motor” de la pobreza. Recuerdan que los que viven de alquiler tienen más del doble de tasa AROPE de pobreza que los propietarios (43,6% frente al 19,5%), más del doble de pobreza monetaria (32,6% frente al 14,5%) y el triple de pobreza severa (15,1% frente al 5,4%).

Los expertos reiteran que España debe tomar 2 medidas clave para reducir la pobrezaa niveles europeos”. La primera, gastar más: España invierte en protección social (infancia y prestaciones familiares) la mitad que Europa: el 1,4% del PIB frente al 2,4% en la UE-27, el 2,5% de Francia y el 3,7% de Alemania. Y también invierte la mitad en políticas de vivienda. La segunda medida es invertir mejor en la lucha contra la pobreza, porque somos menos eficientes: el informa EAPN señala que la pobreza monetaria en España antes de las políticas públicas (ayudas y transferencias) es muy parecida (25,4%) a la de Francia (26,5%), Irlanda (26,8%), Suecia (25,3%) o Alemania (24,4%), pero luego ellos tienen más éxito con sus políticas, porque tras ellas la bajan mucho más que España (al 19,5% en 2025), bajando en Francia al 16,3%, en Irlanda al 13%, en Suecia al 15,6% y en Alemania al 16,1%...

En conclusión, la pobreza inicial es similar a la europea, pero se reduce menos en España porque las políticas públicas aquí son menos eficaces, se gastan peor, según nos han reiterado la OCDE y la Comisión Europea: las ayudas públicas benefician más a las familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas, porque el grueso de las ayudas son desgravaciones fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la mayoría con rentas medias y altas, porque las rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de 22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los considerados “pobres”). La Comisión Europea alertó, en diciembre de 2024, de que las ayudas contra la pobreza en España “tienen menos impacto que en otros paises”, por “los problemas de adecuación y cobertura del sistema de protección social, las disparidades regionales de acceso a los servicios públicos y la persistente pobreza en el trabajo”. Ahora, en su último informe de junio, pide medidas para atajar la elevada pobreza infantil (aumentando los gastos para niños y jóvenes) y mejorar el diseño de las políticas sociales, porque hoy están poco coordinadas entre las instituciones y exigen una excesiva burocracia.

Al final, tenemos un grave problema de pobreza y gastamos poco y mal en protección social, sin coordinación entre las ayudas del Estado, autonomías y Ayuntamientos (el ingreso mínimo vital (IMV) llega ya a 2,58 millones de beneficiarios pero hay muchas autonomías que han recortado sus rentas mínimas). Y, sobre todo, hay que atajar la pobreza infantil, lo que exige aprobar una ayuda universal por hijo, como ya tienen 20 paises europeos y que en España sólo aplica el País Vasco, porque la propuesta del Gobierno para implantarla no tiene los apoyos suficientes en el Congreso. También es clave para reducir la pobreza invertir más en viviendas sociales, en un parque de alquileres asequibles. Al final, la pobreza es un grave problema que exige un Pacto político y social, imposible con la actual polarización. Mientras, crecen los millonarios y también los pobres.

lunes, 27 de octubre de 2025

EPA verano: crecen empleo (menos) y paro

España siguió creando empleo este verano (+118.400 ocupados), aunque algo menos que los veranos anteriores, según la última EPA. Pero como siguen aumentando los nuevos “activos” que buscan trabajo (jóvenes, mujeres e inmigrantes), el paro también crece (+60.100 parados), sobre todo en los servicios y el campo. Siguen creciendo los empleos fijos (los tienen el 84,42% de asalariados), pero también crecen los contratos a tiempo parcial (por horas o días), sobre todo entre mujeres y jóvenes, que por eso cobran menos. Seguimos con un empleo récord histórico (22.387.100 personas trabajan), pero todavía tenemos el doble de paro que Europa y menos adultos trabajando. Y la economía frenará su crecimiento y empleo en 2026, por el pinchazo en las exportaciones (ya se nota) y el turismo, más la desaceleración mundial y europea. Por eso urge aprobar Planes de empleo para jóvenes y mujeres y reformar de una vez las oficinas de empleo, que no ayudan a los parados. Ahora que crecemos es cuando hay que tomar medidas para asegurar los empleos en el futuro.

                             Enrique Ortega

El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza, aunque es peor que la primavera. Este año también: se han creado +118.400 empleos entre junio y septiembre de 2025, según la EPA del viernes, menos que el verano anterior (+138.300 empleos) y el menor aumento en este trimestre desde 2019 (+69.400). Con ello, se han creado +564.100 empleos en los últimos 12 meses y +2.420.200 empleos desde antes de la pandemia (diciembre 2029). Y en España hay ahora 22.387.160  personas trabajando, otro récord histórico (hubo un máximo de 20.646.000 ocupados en junio 2008).

En el tercer trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a la industria (+64.100 empleos creados), seguida de lejos por los servicios (+39.100 empleos) y la construcción (+32.600), cayendo el empleo en la agricultura (-17.400). El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+107.600 empleos) y poco (+10.800 empleos) en el sector público, por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de septiembre. La creación de empleo ha sido sobre todo entre los hombres (+107.100 empleos) y mucho menos entre las mujeres (+11.300). Y el nuevo empleo se ha concentrado entre los menores de 30 años (+137.500) y los mayores de 45(+33.900), cayendo entre los 30 y los 44 años (-53.100 empleos). Esta vez, la mayoría del empleo creado ha sido para residentes con doble nacionalidad (+69.600 empleos) y extranjeros (+37.900 empleos), creciendo poco el empleo de los españoles (+10.800). Por autonomías, donde más creció porcentualmente el empleo fue en Baleares (+26.200), creciendo mucho en Andalucía (+65.500), Comunidad Valenciana (+37.500) y Castilla la Mancha (+19.900). Y el empleo cayó este verano en 5 autonomías: Madrid (-60,700), Canarias /-14.100), Asturias (-8.100), Navarra (-4.200) y Ceuta (-2.300).

Esta nueva mejora del empleo en el tercer trimestre (+118.400) no se traducido en una mejora del paro, que subió este verano (+69.100), según la última EPA, cuando había bajado el verano de 2024 (-1.200 parados), aunque subió los veranos de 2023 (+86.300 parados) y 2022 (+31.100).   Ello se debe a que este verano han aumentado mucho los españoles “activos”, los que buscan trabajo: han crecido en +118.400, casi como el verano anterior (+137.100), lo que ha provocado un aumento de las cifras del paro. Con ello, España alcanza otro récord histórico, el de personas activas (que trabajan o buscan trabajo): 25.000.300 personas “activas”. Un indicador del fuerte dinamismo del mercado laboral, empujado por los inmigrantes: hay 2 millones de “activos” más que antes de la pandemia (había 23,08 millones en el verano de 2019). Y la tendencia se repetirá los próximos meses: se podrá crear empleo, pero aumentarán más los que buscan trabajo y puede crecer el paro.

El  paro subió en el tercer trimestre (+ 60.100 parados), por culpa de los servicios (+75.900 parados) , que despidieron al final del verano (turismo, hostelería, comercio) a muchos de los contratados en primavera y verano, la agricultura  (+10.800 parados) y los que habían perdido su primer empleo (48.900 parados más), aunque bajó el paro este verano en la  industria (-16.600) y en la construcción (-10.300 parados). El desempleo creció sólo entre las mujeres (+82.700paradas)  y bajó entre los hombres (-22.600). Y también creció entre los más jóvenes (+53.600 parados menores de 25 años), bajando entre 25 y 54 años (-4.700 parados) y entre mayores de 55 años (-1.900 parados). Por autonomías, el paro subió sobre todo en Andalucía (+32.400 parados), Canarias (+15.100), Murcia (+12.500) y Comunidad Valenciana (+11.400), bajando en 8 regiones , sobre todo en Baleares (-10.500 parados), Extremadura (-10.300), Castilla la Mancha (-5.400) y Galicia (-3.500).

La cifra total de parados EPA sube y queda en 2.613.200 parados estimados a finales de septiembre 2025, el menor dato del paro en verano desde 2008 (2.600.700 parados). Y la tasa de paro sube al 10,45% (10,29% en primavera), según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,23%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (5,9% en la UE-27) y cuadruplicamos la alemana (3,5% de paro), según Eurostat.  Y sube también la tasa de paro de los  jóvenes (menores 25 años), al 25,42% (la más baja desde 2008), que casi duplica la europea (14,6% en la UE-27).

Algunos datos preocupantes del paro mejoran, como los hogares con todos sus miembros en paro: son ahora 790.800 hogares (-63.700 menos que hace un año). Otros empeoran, como el paro en la mayoría de las 6 regiones con mayor tasa de desempleo, que sigue alto y muy superior a la media (10,45%): Ceuta (25,47% de paro), Melilla (23,76%),  Andalucía (15,27%), Canarias (14,59%), Extremadura (13,56%) y Comunidad Valenciana (11,73%). Contrastan con 6 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea , aunque haya subido en la mitad: Baleares (5,77% de paro), País Vasco (6,98%), Navarra (7,28%), Cantabria (7,62%), Madrid (7,98%) y Cataluña (8,18%). Y otro dato preocupante que mejora: bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: eran 898.500 parados este verano, el 34,38% del total (100.000 menos que en primavera).

Esto mejora la situación de muchos parados de larga duración reduce el número de los que se les acaba el desempleo y no cobran ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En agosto de 2025, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.875.821 desempleados: la mitad cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 984 euros de media y el resto (48,64%) cobraban un subsidio asistencial de 480 euros. Eso significa que casi tres de cada cuatro parados (el 71,78%) estimados por la última EPA (2.613.200) cobran alguna ayuda por desempleo. Y si contamos los que están registrados como parados en las oficinas de empleo SEPE (2.421.665), cobran ayudas el 77,45%.

La mejor noticia es que el empleo que se está creando en 2024 sigue siendo menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021, aunque “pierde impulso”: un 41,40% de todos los contratos firmados entre enero y septiembre (11.608.100) han sido indefinidos (4.806.500 contratos), aunque este porcentaje es inferior al de los 9 primeros meses de 2024 (42,39%) y de 2023 (42,8%). Pero supone un salto tremendo sobre los indefinidos antes de la reforma laboral: en 2021, sólo el 10,9%  de los contratos eran indefinidos. Y entre 2014 y 2020, sólo eran indefinidos entre el 6 y el 8%. Además, en lo que va de año, más de la mitad de los nuevos contratos (56,45%) son a tiempo completo, más de la cuarta parte (29,71%) a tiempo parcial y el resto, fijos discontinuos (1.604.500), que son los contratos fijos por periodos determinados de trabajo que se hacen a muchos que antes eran temporales en el turismo, hostelería y construcción.

El resultado evidente de la reforma laboral es que aumentan mes a mes los asalariados con contrato indefinido, que este verano ya eran el 84,42% de los asalariados (16,13 millones de trabajadores fijos), frente al 74% de los asalariados fijos hace cuatro años (septiembre 2021), el 79,81% hace dos años y el 83,59% que eran el verano pasado. Pero todavía tenemos un 16,41% todavía de asalariados con contrato temporal, el mayor porcentaje en Europa (la media de temporalidad en la UE-27 es del 14,1%). El problema son los contratos a tiempo parcial, que aunque se reducen este verano (-196.100) han crecido en el último año (+181.800) y rozan los 3 millones (2.975.700): ojo, algo más de 2 millones son mujeres, que trabajan menos de la jornada habitual, muchas porque no encuentran otro empleo.

Ahora, a finales de 2025, Gobierno y expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).

Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque el paro crece y puede seguir creciendo (aunque se cree empleo, por el aumento de los que buscan trabajo) y seguimos siendo el país de Europa y la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 10,45 % en España frente al 5,9% en la UE-27 y el 4,9% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que deberían  trabajar si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de choque para mejorar el empleo de los jóvenes y las mujeres, porque tienen “demasiados” contratos a tiempo parcial (de media jornada o por horas y días), más precarios y peor pagados. De hecho, aunque el 70,2% de los jóvenes (menores de 25 años) tienen ahora un contrato fijo, el 56% de ellos tienen un contrato indefinido a media jornada o como fijos discontinuos (trabajan sólo un periodo al año). Y lo mismo les pasa a las mujeres: el 46% trabajan menos horas porque no encuentran un trabajo a jornada completa.

Y la otra medida urgente, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque están colapsadas (se tarda días en conseguir que te den por teléfono una cita previa para solicitar el subsidio) y además no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 2 años y medio de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 88.110 empresas y 31.184 ofertas de empleo. Urge reforzar la plantilla del SEPE (tiene 2.000 trabajadores menos de los que necesita), mejorar su sistema informático (pésimo) y cambiar la operativa de las oficinas (gestionadas desigualmente según autonomías), para dedicarse menos a tareas burocráticas y más a recolocar parados.

En definitiva, todos debemos alegrarnos porque haya más de 22 millones de personas trabajando en España (10,3 millones más que hace 60 años), pero todavía tenemos demasiado paro y trabaja menos gente que en Europa (de los que están en edad de trabajar) y muchos empleos son todavía precarios, demasiados a tiempo parcial (sobre todo para jóvenes y mujeres) y con bajos salarios. Y, sobre todo, muchos empleos se concentran en los servicios, con altibajos en las contrataciones, y todavía pocos en la industria, las empresas tecnológicas y exportadoras, que ofrecen empleos más estables y mejor pagados. Además, no podemos olvidar que hay mucha incertidumbre en la economía mundial (por los aranceles de Trump) y en Europa (estancada) y esto acabará perjudicando al empleo. Así que habrá que estar vigilantes y dispuestos a tomar medidas para salvar esos 22 millones largos de empleos y conseguir que sigan creciendo. Debería ser nuestro gran reto como país.

jueves, 3 de julio de 2025

El "mito" de que faltan trabajadores

Otro año más, los empresarios se quejan de que no encuentran personal para trabajar en algunos sectores, como hostelería, construcción, el campo o el transporte. Y que los candidatos están “poco formados”. Pero España es el país que crea más empleo en Europa y el que tiene menos “vacantes” (152.000). Los sindicatos replican que la falta de trabajadores es “un cuento”, que el problema es que muchos empleos están mal pagados y con horarios imposibles y que por eso no hay candidatos (salvo inmigrantes). Sí es verdad que algunas empresas tecnológicas no encuentran trabajadores cualificados, en parte porque pagan poco y no “cuidan” el talento. Además, las empresas españolas gastan poco en formar a sus trabajadores, mientras sólo un 10% de los parados hacen cursos. Y encima, 7 de cada 10 empresas no usan el dinero disponible para formación. En vez de quejarse, las empresas deberían pagar mejor y formar a sus plantillas, “cuidándolas” más, porque el 57% de los trabajadores en España están “desmotivados”. Así, el trabajo no atrae.

                               Enrique Ortega

La última Encuesta de las Cámaras de Comercio, apoyada con el marchamo del Banco Mundial, revela que el principal problema hoy de las empresas españolas es la falta de mano de obra formada, de lo que se quejan el 35% de los encuestados (el 41% de las grandes), por delante de la queja por la regulación laboral (el 18%) y los impuestos (16%). Más llamativos son los resultados de otra Encuesta empresarial realizada por la consultora Hays: el 89% de las empresas consultadas reportan dificultades para encontrar personal cualificado, sobre todo en los sectores de ciencia e investigación, legal, atención al cliente, automoción y banca y seguros. Un tercer estudio, de Manpower Group, revela que el 78% de las empresas tecnológicas no encuentran el personal cualificado que buscan, sobre todo las empresas de logística, transporte y distribución, la energía y suministros, las ingenierías, las empresas medioambientales, inmobiliarias y finanzas.

Sin embargo, este presunto déficit de empleos no se registra en las estadísticas: España ha creado 1,8 millones de nuevos empleos desde la pandemia, el 40% de los empleos europeos. Y somos el país de la UE-27 con menos “empleos vacantes, según Eurostat: el 0,9% del total en el primer trimestre de 2025, frente al 2,2% de media en la UE-27, el 4,2% en Paises Bajos, el 4,1% en Bélgica, el 2,7% en Alemania, el 2,5% en Francia y el 2,2% en Italia. Y los “empleos vacantes” han crecido de 101.009 en 2019 a 152.885 en marzo de 2025, según el INE, una cifra mínima frente a los 21.765.400 ocupados que hay en España.

Los datos revelan que la gran mayoría de estos “empleos vacantes” (152.885) se encuentran en el sector servicios (88%), no en la industria (sólo el 6% de las vacantes) ni en la construcción (otro 6%). Y según los últimos datos de las oficinas de empleo (SEPE), los puestos de trabajo sin cubrir se concentran en la hostelería y el turismo, la construcción, la agricultura, el comercio, información y comunicaciones, sanidad y servicios sociales, personal de limpieza, instaladores, reparación de vehículos y transporte.

Un estudio de Funcas analiza estos datos del SEPE por autonomías y deduce que la principal razón por la que algunas empresas tienen dificultades para cubrir vacantes son “las malas condiciones laborales” (salarios, horarios y contratos), sobre todo en el turismo, el transporte y la construcción. También hay otras razones, como la falta de “habilidades” y cualificación de los candidatos, así como el envejecimiento de la población, que lleva a que muchas profesiones no encuentren un relevo generacional. El estudio concluye que la falta de mano de obra en España tiene un doble componente: carencia de candidatos (pocos y que piden mejores condiciones laborales) y carencia de competencias o cualificaciones específicas (en el caso de empresas de sectores más tecnológicos e innovadores).

Así que la información disponible revela que si faltan trabajadores es, en unos casos, por los contratos poco atractivos que se les ofrecen y, en otros, por falta de cualificación del candidato, dos motivos diferentes y que exigen diferentes medidas. En el primer caso, se trata de ofrecer mejores condiciones de trabajo (“Paguen más” dijo Biden primero y luego la ministra Yolanda Díaz y los sindicatos). Y en el segundo, hay que mejorar la cualificación de los jóvenes (de la escuela a la Universidad), a la vez que se mejora la formación de las plantillas de las empresas, para reciclar a muchos y que puedan prepararse para las nuevas necesidades del mercado laboral.

En cualquier caso, no es verdad que la falta de trabajadores tenga que ver tanto con la “aptitud” como con la “actitud”, como dijo hace años Antonio Garamendi, el presidente de la patronal CEOE, culpando así a los trabajadores de estar poco formados (“aptitud”) y de estar poco dispuestos a trabajar (“actitud”). Los sindicatos ya han reiterado que la falta de talento es “un cuento” y que el problema son los bajos salarios y las malas condiciones laborales, que impiden cubrir muchas vacantes. Y aportan este dato; de los 2.789.200 parados que había en España en marzo (según la EPA), 750.000 tenían estudios universitarios y otros 730.000 tenían la 2ª etapa de secundaria o FP. El problema de fondo, añaden, es que el actual modelo productivo no es capaz de ofrecer empleos dignos a suficientes personas formadas. Y eso se refleja en otro dato: España es el país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la UE-27.

Así que unos puestos no se cubren porque ofrecen malas condiciones laborales y otros tampoco aunque el candidato sea universitario. El hecho cierto es que los sectores donde hay más falta de trabajadores, como hostelería, construcción, campo y transporte son los que tienen unos sueldos más bajos, según la estadística de salarios (16.985 euros brutos en hostelería, el 60% de los 28.049 euros de sueldo medio) y donde se hacen más horas extras sin cobrar (11% de los trabajadores en hostelería, 9% en construcción y transporte, según CCOO), también donde hay más contratos temporales y a tiempo parcial. Además, en los dos últimos años, muchos puestos no se cubren porque los trabajadores no pueden pagar el alquiler que les supone ir a trabajar a algunas ciudades e islas.

Está claro que además de las malas condiciones de trabajo, muchos trabajadores y parados tienen una baja formación (el 35,8%, frente al 16,4% en la UE-25, según la OCDE). Una parte de “la culpa” la tiene el sistema educativo, donde muchos jóvenes no acaban sus estudios y otros se forman en carreras con pocas salidas. Y además, en España, la Formación Profesional (FP) tiene poco peso (12% de los estudiantes, frente al 25% en la UE y el 40% en Alemania). Pero otra parte de la “culpa” la tienen las propias empresas, que gastan en la formación de sus plantillas la mitad que en Europa y la tercera parte que en EEUU, según la consultora Élogos. Y además, la mayor parte de esta formación la hacen las grandes empresas, mientras las pymes (el 99%) sólo hacen el 10% del total. Otro dato:  empresas españolas han reducido a la mitad su gasto en formación en la última década: gastaron un máximo de 110,95 euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y cayó a 60,51 euros en 2021 y está en 70,32 en 2024, según el INE.

El problema no es sólo que las empresas gasten poco en formación. Además, el sistema vigente para formar a los trabajadores y parados no funciona. Existe una cuota de formación que pagan cada año las empresas (0,6% de las nóminas) y los trabajadores (0,1%), para destinar estos recursos (2.500 millones de euros) a formar a parados (la mitad del dinero, que gestionan las autonomías y sus oficinas de empleo) y a trabajadores ocupados (una parte a través de las autonomías y la SEPE, y la mayor parte gestionado por la FUNDAE, una Fundación tripartita (patronal, sindicatos y Estado), que ofrece cursos gratuitos y financia cursos que hacen las empresas. El problema es que la mitad del dinero que gestiona la FUNDAE no se gasta en formación, bien porque las empresas no solicitan cursos (7 de cada 10 empresas no los aprovechan), porque tienen que adelantar el 40% del importe y tardan en recuperarlo, o por no dar permisos retribuidos para hacerlos a sus empleados.

Para paliar la falta de trabajadores cualificados y no cualificados, habría que actuar en varios frentes, según este estudio de Funcas. Por un lado, seguir abriendo vías a la inmigración legal y ordenada, con acuerdos para contratar en origen a extranjeros para sectores que no son “atractivos” para los españoles (agricultura, hostelería, turismo, empleadas de hogar y cuidados). Por otro, intentar la vuelta de jóvenes españoles que han emigrado por falta de oportunidades en España (se estima que han sido 650.000 tras la pandemia). Además, hay que reestructurar toda la política de formación y reciclaje de trabajadores y parados, para que se gasten todos los recursos de formación dirigidos a trabajadores en activo y para que haya más parados que hagan cursos de formación (sólo los hacen menos del 10% de los desempleados), ligando esa formación y reciclaje a los puestos donde faltan candidatos. Y a medio plazo, urge una política educativa que ayude a los jóvenes a orientarse hacia estudios y carreras con más salidas profesionales, ligadas a la tecnología y la innovación (carreras STEM), la digitalización y la descarbonización de las empresas y la economía.

Otro punto clave es mejorar “la motivación” de los trabajadores, sobre todo de los más jóvenes, que en muchos casos están muy descontentos con su trabajo. El dato es impactante: un 57% de los trabajadores españoles están “desmotivados, según el último informe Hays. La mayoría dice que lo está por sus bajos sueldos, que han perdido poder adquisitivo (-2,5% entre 2019 y 2024, según la OCDE), pero otros señalan una larga lista de motivos para estar “desmotivados” con su trabajo: horarios, falta de reconocimiento, dificultades de promoción, excesiva carga de trabajo, presión por cumplir metas, falta de trabajo en equipo, autoritarismo de los jefes, fatiga y agotamiento, además de problemas psicológicos. Al final, esta “falta de motivación” por el trabajo no ayuda a aumentar la oferta de trabajadores ni a que los jóvenes se formen más y afronten retos futuros y mejoren la productividad.

En resumen, no tenemos tanto un problema de empleos vacantes como de empleos que muchos no quieren por su baja remuneración y su dureza. Y sí tenemos un problema grave de falta de trabajadores cualificados, que exige modificar el sistema educativo, potenciar la FP y, sobre todo, apostar por la formación y cualificación permanente de empleados y parados. Una tarea en la que las empresas necesitan gastar más en formar a sus trabajadores ante las nuevas exigencias tecnológicas. Menos “culpar” a los trabajadores y más arrimar el hombro para conseguir una mano de obra preparada y competitiva. Ganarían ellos y todos.

jueves, 1 de mayo de 2025

1º de mayo: el empleo que viene

El empleo ha “pinchado” en el primer trimestre, como es habitual, con una pérdida de 92.500 empleos, al retrasarse la Semana Santa a abril. Pero se espera que suba este 2º trimestre y en verano, porque las empresas siguen contratando y hay 2 millones más de personas trabajando que hace 5 años. Pero hoy, 1º de mayo, podríamos reflexionar sobre el empleo del futuro, que va a cambiar drásticamente por la tecnología y la inteligencia artificial (IA). De hecho, el Foro Económico Mundial estima que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán “mejorar sus habilidades” para tener un empleo en 2030. A lo claro: los trabajadores tienen que reciclarse y formarse si quieren seguir trabajando en unos años. Un reto que obliga a Gobiernos y empresas a gastarse más dinero en formación y reciclaje profesional, para afrontar la digitalización, la descarbonización, la robótica y la IA, un reto del que apenas hablan los sindicatos hoy. Hay que prepararse para esta “revolución silenciosa”, la del empleo futuro.

                            Enrique Ortega

El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Además, este año la Semana Santa ha caído en abril y no en marzo (como en 2024), lo que ha restado empleo entre enero y marzo. Por todo ello, en el primer trimestre se perdieron -92.500 empleos, aunque son menos que en el primer trimestre de 2024 (-139.700), según la EPA publicada este lunes. Con todo, a finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, así que trabajan 2,08 millones de personas más que hace 5 años, antes de la pandemia (19.681.300 ocupados en marzo 2020).

El empleo ha caído sólo entre los hombres (-94.100 ocupados), mientras aumentó algo entre las mujeres (+1.600). Y lo han perdido los trabajadores españoles (-144.500 empleos), porque los extranjeros han ganado empleos (+52.000).  La pérdida de empleo se ha dado casi en exclusiva en el sector público (-92.200 empleos, por el aumento de jubilaciones) , mientras apenas caía el empleo privado (-300). Y se ha perdido empleo entre los trabajadores maduros (-119.800 empleos entre 40 y 54 años) y los más jóvenes (-60.800 empleos perdieron los de 16 a 24 años). Todos los sectores han perdido empleo, salvo el campo (+25.000), especialmente los servicios (-112.300). Y por autonomías,  han perdido más empleo Baleares (-42.400), Comunidad Valenciana (-20.400) y Andalucía (-12.300), mientras lo ganaron Madrid (+14.800) y País Vasco (+11.300 empleos).

La caída del empleo al inicio de 2025 ha provocado también un aumento del paro, que subió en +193.700 desempleados, un aumento récord desde 2013, debido a que han aumentado mucho los que buscan empleo, los “activos”: +101.200, todo un récord en los últimos años, por el aumento de mujeres que buscan trabajo (+118.100), mientras hay menos hombres buscando (-16.900). Con ello, España alcanza un récord histórico de “activos”, personas que trabajan o buscan trabajo: 24.554.500. Esto supone que, aunque crezca el empleo en los próximos meses, el paro bajará menos, porque hay más gente buscando trabajo.

Con este aumento del paro, son ya 2.789.200 las personas que están en paro, un 11,36% de las personas en edad de trabajar, según la EPA, una cifra elevada pero son 523.800 parados menos de los que había en España hace 5 años, antes de la pandemia  (3.213.00 parados en marzo de 2020, el 14,41% de la población activa). El paro ha subido en este primer trimestre más entre las mujeres (+116.500 paradas) que entre los hombres (+77.200), más entre los españoles (+147.900) que entre los extranjeros (+45.800) y más entre los trabajadores maduros (+141.300 entre 25 y 44 años), cayendo entre los más jóvenes (-12.000 parados). Por sectores, crece sobre todo en los servicios (+124.900, la mitad por el turismo y la hostelería) y también más en Cataluña (+47.200), Baleares (+42.800), Madrid (+23.900) y Canarias (+21.800), bajando sólo en Murcia (-4.400), País Vasco (-4.300) y Cantabria (-1.100).

Mientras sube el paro, hay algunos datos de fondo preocupantes. Por un lado, todavía hay 882.900 hogares donde todos sus miembros están en paro, aunque son 95.000 menos que hace un año. Por otro, baja  el porcentaje de parados que cobran el desempleo: cobraban alguna ayuda en febrero 1.722.042 parados, el 66,77% de los parados registrados en las oficinas de empleo, frente al 69,44 % hace un año. Y además, la mayoría (813.181) cobran un subsidio asistencial (480 euros al mes), mientras sólo 908.861 parados registrados cobran el subsidio contributivo (1.014,90 euros mensuales). Y ha subido el número de parados que llevan más de 1 año sin trabajo (1.065.400 parados), con lo que el 38,10% son “parados de larga duración” y tienen mucho más difícil recolocarse.

Lo más preocupante es que la tasa de paro ha subido en el primer trimestre, del 10,61% en que estaba a finales de 2024 al 11,36%, aunque es mucho más baja de la tasa de paro que teníamos hace 5 años (14,4%). Una tasa muy alejada de Europa, donde es menos de la mitad (5,7% en la UE-27 y 6,1% en la zona euro), siendo la tercera parte en Alemania (3,1%), según Eurostat. Y ha subido este trimestre la  tasa de paro juvenil (menores 25 años), que en España es el 26,5%, frente al 14,5% en Europa y el 6,3% en Alemania. Además, persiste el problema de que hay 2 Españas en el paro. Una, 8 autonomías con alta tasa de paro: Melilla (26,6%), Ceuta (26,1%), Extremadura (16,6%), Andalucía (16,4%), Baleares (14,78%), Canarias (13,27%), Castilla la Mancha (13,27%) y Murcia (12,83%). Y otra, las 8 autonomías que tienen una tasa de paro casi “europea”: Navarra (7,49% de paro), País Vasco (7,71%), Cantabria (7,86%), Aragón (8,29%), Castilla y León (8,70%), Galicia (8,80%) y Cataluña (8,91%), según la EPA de marzo.

Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este primer trimestre, el 43,07% de los contratos firmados son indefinidos, algo menos que hace un año (44,5% el primer trimestre de 2024) pero un porcentaje muy superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello, ya hay 15,7 millones de asalariados con contrato indefinido, el 84,88% del total, frente al 74,61% de fijos a finales de 2021). Lo que no mejora son los contratos a tiempo parcial (por horas o días), que aumentan (+134.400 en el último año) y superan los 3 millones de asalariados, sobre todo por las mujeres (el 73,6% de estos contratos), que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o para cuidar a hijos y mayores.

Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).

Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 11,36% en España frente al 5,7% en la UE-27 y el 4,8% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que trabajarían si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos. En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 8 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y privadas  e incentivos a las contrataciones.

Y la otra, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 2 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 83.444 empresas y 29.305 ofertas de empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas de forma muy desigual por las autonomías.

Además, este 1º de mayo habría que pensar también en el empleo a medio plazo, porque el mercado laboral va a cambiar radicalmente en los próximos años. En el mundo, 59 de cada 100 trabajadores necesitarán “cualificarse” para no perder sus empleos actuales, por la tecnología, la robotización y la inteligencia artificial (IA), según el último informe sobre el futuro del empleo del Foro Económico Mundial. Y en el caso de España, este informe señala que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán mejorar sus habilidades para tener empleo en 2030. Los expertos laborales y las empresas reiteran la urgencia de formación y reciclaje de los trabajadores, para mejorar su cualificación y afrontar la demanda de nuevos empleos: muchos empleos actuales desaparecerán (administrativos, secretarias, asistentes administrativos, cajeros de banco…) y se crearán otros (analistas de datos, expertos en IA, desarrolladores de software, técnicos ambientales, expertos en ciberseguridad…).

En definitiva, que no basta con que la economía española cree más empleo, para conseguir una tasa de paro “europea”, sino que hay que formar a los jóvenes en los futuros empleos que van a demandarse en los próximos años y reciclar a los empleados actuales para que no pierdan su empleo en el futuro. Esto exige una mayor inversión en formación y “capital humano”, con importantes cambios en el diseño de la educación, desde la escuela a la Universidad, y con mayor gasto en formación de las empresas y el Estado. Hay que prepararse desde ya al empleo que viene, con acuerdos entre Gobierno, empresas y sindicatos para configurar la oferta de empleo que exige el futuro. Un reto del que apenas se habla este 1º de mayo, mucho más de fondo que la jornada laboral o los salarios.

jueves, 30 de enero de 2025

EPA 2024: empleo y paro récords, pero...

El empleo cerró 2024 con la creación de 468.100 nuevos empleos, la 3ª mayor subida, tras  2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo más llamativo: el paro bajó al 10,61%, la menor tasa desde junio de 2008. Además, el empleo es de calidad: el 84,5% de los asalariados tienen ahora un contrato indefinido. Pero no podemos olvidar dos datos que pesan como una losa: España es el país con más paro de Europa y la OCDE y tenemos una baja tasa de empleo, por lo que necesitamos que trabajen otro millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos en los laureles”. Hay que seguir modernizando la economía e invirtiendo para que trabaje más gente y baje más el paro. Habría que aprobar dos medidas: un Plan de choque para los parados mayores, mujeres, jóvenes y 6 regiones con alto paro y una reforma a fondo de las oficinas de empleo, gestionadas por las autonomías, que no funcionan. Pero ambas medidas exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos, económicos y sociales.

                            Enrique Ortega

Otro año más, las Navidades no han sido buenas para el empleo, que sólo creció en +34.800 personas en el 4º trimestre, un pequeño aumento, aunque mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Pero como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+434.700 empleos en el 2º trimestre), 2024 se ha cerrado con 468.100 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 21.857.900 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (2019), España ha creado 1.891.000 nuevos empleos.

En 2024, el aumento del empleo (+468.100 ocupados) se ha dado más entre los hombres (+260.700) que entre las mujeres (+207.400), concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años (+328.100 empleos, el 70% del total) y entre los más jóvenes (+104.300 empleos entre los menores de 24 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 45 años. Un dato relevante es el mayor aumento del empleo entre los extranjeros (+189.900 empleos, +5,72%) y con doble nacionalidad (+218.800 empleos, +21,95%)  que entre los españoles (+59.400 empleos, +1,30%), según el INE. Eso significa que sólo 1 de cada 8 empleos creados en 2024 han ido a españoles (el 12,6%), mientras el 87,4% del nuevo empleo fue para extranjeros y trabajadores con doble nacionalidad. Y que el 15,17% de los ocupados en España (1 de cada 6,6 trabajadores) son extranjeros.

La mejora del empleo en 2024 se ha debido casi toda al sector privado (+453.500 empleos) y apenas creció el empleo público (+14.600 ocupados). Y el motor del empleo volvieron a ser los servicios (+424.600 empleos), sobre todo por el turismo, la hostelería, el comercio, creciendo también en la industria (+55.300) y la construcción (+44.800), aunque cayó en el campo (-56.600 ocupados en agricultura). Por autonomías, el mayor aumento porcentual del empleo se ha dado en Asturias(+8,58%: +33.900 empleos), Baleares (+5,80%: +32.700 empleos)  y Navarra (+5,32%: +16.100 empleos), aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Madrid (+139.500), Andalucía (+86.100) y Cataluña (+55.200). Y choca la caída del empleo en el País Vasco (-43.200) y Murcia (-6.600) y Extremadura (-900).

El aumento del empleo (+468.100) ha sido mayor que la bajada del paro, que se ha reducido en -265.300 personas en todo 2024, debido a que han vuelto a subir “los activos, las personas que se han “animado” a buscar trabajo (han crecido en +202.800), alcanzando otro récord histórico (24.453.300 “activos”). Con todo, este año 2024 ha habido muchas menos personas que se han “animado” a buscar trabajo, sólo +202.800 frente a +682.400 en 2023 (la tercera parte). Eso puede deberse a una menor entrada de extranjeros y a que hay menos mujeres y jóvenes que buscan ahora trabajo. La consecuencia es que tenemos una cifra de parados de las más bajas de nuestra historia: 2.595.500 parados a finales de 2024. Y una tasa de paro del 10,61%, que ha bajado del 11% por primera vez desde junio de 2008 (entonces era del 10,36%), aunque todavía no hemos alcanzado “el suelo” de junio de 2007 (cuando la tasa de paro era del 7,93%).

El paro en 2024 ha bajado más entre las mujeres (-167.100) que entre los hombres (-98.200), aunque hay más paradas (1.362.600 frente a 1.232,900 parados) y tienen una mayor tasa de paro (11,83% frente al 9,53% los hombres). Y el paro ha bajado especialmente entre los que tienen de 25 a 54 años (-194.300 parados, el 73% de la bajada total), bajando mucho menos entre los menores de 24 años (-26.600 parados). Con ello, ha mejorado algo el paro entre los menores de 25 años (del 28,36 al 24,90%), aunque sigue siendo altísimo y casi duplica al paro juvenil en Europa (15,3% en la UE-27), cuadruplicando el alemán (6,4%).

El paro ha bajado sobre todo en los servicios (-100.000 parados) y entre los que perdieron su empleo hace más de un año (-109.100 parados) y los que lo buscan por 1ª vez (-56.200 parados), estancándose la cifra de parados en industria, construcción y agricultura. Y resalta la bajada del paro en Asturias (-27,32%), Navarra (-26,99%), Canarias (-26.67%) y Baleares (-24,75%), quizás por el turismo, mientras destaca la subida del paro en 2024 en el País Vasco (+24,88%). Murcia (+18,32%) y Cantabria (+14,69%), según la EPA.

La histórica bajada del paro al 10,61% de los activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con una tasa de paro muy superior: Melilla (25,80%), Ceuta (21,79%), Andalucía (15,76%), Extremadura (15,26%), Comunidad Valenciana (12,33%) y Canarias (11,91%), mientras hay otras 8 autonomías que tienen una tasa de paro “casi europea”(5,9% es la tasa paro UE-27): Navarra (6,60%), Aragón (7,62%), Cataluña (7,87%), Asturias (8,09%, cuando tenía el 11,81% en 2023), País Vasco (8,11%, aunque tenía el 6,33% de paro en 2023), Baleares (8,20%), Castilla y León y Cantabria (8,23%), además de Madrid (8,58% de paro en 2024). Tampoco podemos olvidar que hay 833.500 hogares (el 4,3% del total) con todos sus miembros en paro (la cifra más baja desde 2008).

Pero hay otros datos del paro que son muy positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un subsidio, tras la reciente reforma del desempleo: son 1.802.483 parados, el 70,38% de los parados registrados (eran el 61,53% en 2019)  los que se benefician de alguna ayuda, según Trabajo (881.656 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.007 euros mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 463 euros).  Y otro, que siguen bajando los parados de larga duración, los que llevan más de un año sin encontrar trabajo: eran 999.700 parados a finales de 2024, el 38,51% de todos los parados, la mayoría de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (558.300).

Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al 10,61%), el otro gran dato relevante de esta EPA 2024 es la calidad del empleo que tenemos, no solamente que la cantidad (21.857.900 ocupados) sea récord. Así, gracias a la reforma laboral (que entró en vigor en marzo de 2022), en 2024 no sólo trabaja mucha más gente sino que sigue aumentando el número de asalariados con contrato indefinido: eran 15.712.500 trabajadores, el 84,52% del total, cuando eran el 83,50% a finales de 2023 (y el 74,6% a finales de 2021). En cambio, han bajado algo los ocupados a tiempo completo (del 86,5% al 86%) y aumentan algo los trabajadores con contrato a tiempo parcial (del 13,50 al 14%), que ya han superado los 3 millones a finales de 2024 (de esos 3.059.000 empleos parciales, 2.121.000 los tienen mujeres).

Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,4%, frente al +3,2% en 2024). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de empleos (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).

Los datos de la EPA 2024 indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 10,61% en España frente al 5,9% en la UE-27 y el 4,9% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2023 trabajaban el 70,5% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,3% que trabajaban en Europa, el 74,4% en Francia o el 81,2% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía 1,14 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los que deberían  trabajar si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos. En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y privadas  e incentivos a las contrataciones.

Y la otra medida, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a recolocarse. Pronto van a cumplirse 2 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan a menos del 3% de los parados y menos del 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 81.000 empresas y 26.227 ofertas de empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas por las autonomías (cada una a su aire).

En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de Europa, pero no podemos "dormirnos" en los récords. Porque seguimos con un grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que Europa. Resolverlo debería ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que hagamos, porque es la clave para mejorar el futuro. Pero no podemos hacerlo sin grandes acuerdos económicos, políticos y sociales. Y hoy son imposibles.