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jueves, 3 de julio de 2025

El "mito" de que faltan trabajadores

Otro año más, los empresarios se quejan de que no encuentran personal para trabajar en algunos sectores, como hostelería, construcción, el campo o el transporte. Y que los candidatos están “poco formados”. Pero España es el país que crea más empleo en Europa y el que tiene menos “vacantes” (152.000). Los sindicatos replican que la falta de trabajadores es “un cuento”, que el problema es que muchos empleos están mal pagados y con horarios imposibles y que por eso no hay candidatos (salvo inmigrantes). Sí es verdad que algunas empresas tecnológicas no encuentran trabajadores cualificados, en parte porque pagan poco y no “cuidan” el talento. Además, las empresas españolas gastan poco en formar a sus trabajadores, mientras sólo un 10% de los parados hacen cursos. Y encima, 7 de cada 10 empresas no usan el dinero disponible para formación. En vez de quejarse, las empresas deberían pagar mejor y formar a sus plantillas, “cuidándolas” más, porque el 57% de los trabajadores en España están “desmotivados”. Así, el trabajo no atrae.

                               Enrique Ortega

La última Encuesta de las Cámaras de Comercio, apoyada con el marchamo del Banco Mundial, revela que el principal problema hoy de las empresas españolas es la falta de mano de obra formada, de lo que se quejan el 35% de los encuestados (el 41% de las grandes), por delante de la queja por la regulación laboral (el 18%) y los impuestos (16%). Más llamativos son los resultados de otra Encuesta empresarial realizada por la consultora Hays: el 89% de las empresas consultadas reportan dificultades para encontrar personal cualificado, sobre todo en los sectores de ciencia e investigación, legal, atención al cliente, automoción y banca y seguros. Un tercer estudio, de Manpower Group, revela que el 78% de las empresas tecnológicas no encuentran el personal cualificado que buscan, sobre todo las empresas de logística, transporte y distribución, la energía y suministros, las ingenierías, las empresas medioambientales, inmobiliarias y finanzas.

Sin embargo, este presunto déficit de empleos no se registra en las estadísticas: España ha creado 1,8 millones de nuevos empleos desde la pandemia, el 40% de los empleos europeos. Y somos el país de la UE-27 con menos “empleos vacantes, según Eurostat: el 0,9% del total en el primer trimestre de 2025, frente al 2,2% de media en la UE-27, el 4,2% en Paises Bajos, el 4,1% en Bélgica, el 2,7% en Alemania, el 2,5% en Francia y el 2,2% en Italia. Y los “empleos vacantes” han crecido de 101.009 en 2019 a 152.885 en marzo de 2025, según el INE, una cifra mínima frente a los 21.765.400 ocupados que hay en España.

Los datos revelan que la gran mayoría de estos “empleos vacantes” (152.885) se encuentran en el sector servicios (88%), no en la industria (sólo el 6% de las vacantes) ni en la construcción (otro 6%). Y según los últimos datos de las oficinas de empleo (SEPE), los puestos de trabajo sin cubrir se concentran en la hostelería y el turismo, la construcción, la agricultura, el comercio, información y comunicaciones, sanidad y servicios sociales, personal de limpieza, instaladores, reparación de vehículos y transporte.

Un estudio de Funcas analiza estos datos del SEPE por autonomías y deduce que la principal razón por la que algunas empresas tienen dificultades para cubrir vacantes son “las malas condiciones laborales” (salarios, horarios y contratos), sobre todo en el turismo, el transporte y la construcción. También hay otras razones, como la falta de “habilidades” y cualificación de los candidatos, así como el envejecimiento de la población, que lleva a que muchas profesiones no encuentren un relevo generacional. El estudio concluye que la falta de mano de obra en España tiene un doble componente: carencia de candidatos (pocos y que piden mejores condiciones laborales) y carencia de competencias o cualificaciones específicas (en el caso de empresas de sectores más tecnológicos e innovadores).

Así que la información disponible revela que si faltan trabajadores es, en unos casos, por los contratos poco atractivos que se les ofrecen y, en otros, por falta de cualificación del candidato, dos motivos diferentes y que exigen diferentes medidas. En el primer caso, se trata de ofrecer mejores condiciones de trabajo (“Paguen más” dijo Biden primero y luego la ministra Yolanda Díaz y los sindicatos). Y en el segundo, hay que mejorar la cualificación de los jóvenes (de la escuela a la Universidad), a la vez que se mejora la formación de las plantillas de las empresas, para reciclar a muchos y que puedan prepararse para las nuevas necesidades del mercado laboral.

En cualquier caso, no es verdad que la falta de trabajadores tenga que ver tanto con la “aptitud” como con la “actitud”, como dijo hace años Antonio Garamendi, el presidente de la patronal CEOE, culpando así a los trabajadores de estar poco formados (“aptitud”) y de estar poco dispuestos a trabajar (“actitud”). Los sindicatos ya han reiterado que la falta de talento es “un cuento” y que el problema son los bajos salarios y las malas condiciones laborales, que impiden cubrir muchas vacantes. Y aportan este dato; de los 2.789.200 parados que había en España en marzo (según la EPA), 750.000 tenían estudios universitarios y otros 730.000 tenían la 2ª etapa de secundaria o FP. El problema de fondo, añaden, es que el actual modelo productivo no es capaz de ofrecer empleos dignos a suficientes personas formadas. Y eso se refleja en otro dato: España es el país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la UE-27.

Así que unos puestos no se cubren porque ofrecen malas condiciones laborales y otros tampoco aunque el candidato sea universitario. El hecho cierto es que los sectores donde hay más falta de trabajadores, como hostelería, construcción, campo y transporte son los que tienen unos sueldos más bajos, según la estadística de salarios (16.985 euros brutos en hostelería, el 60% de los 28.049 euros de sueldo medio) y donde se hacen más horas extras sin cobrar (11% de los trabajadores en hostelería, 9% en construcción y transporte, según CCOO), también donde hay más contratos temporales y a tiempo parcial. Además, en los dos últimos años, muchos puestos no se cubren porque los trabajadores no pueden pagar el alquiler que les supone ir a trabajar a algunas ciudades e islas.

Está claro que además de las malas condiciones de trabajo, muchos trabajadores y parados tienen una baja formación (el 35,8%, frente al 16,4% en la UE-25, según la OCDE). Una parte de “la culpa” la tiene el sistema educativo, donde muchos jóvenes no acaban sus estudios y otros se forman en carreras con pocas salidas. Y además, en España, la Formación Profesional (FP) tiene poco peso (12% de los estudiantes, frente al 25% en la UE y el 40% en Alemania). Pero otra parte de la “culpa” la tienen las propias empresas, que gastan en la formación de sus plantillas la mitad que en Europa y la tercera parte que en EEUU, según la consultora Élogos. Y además, la mayor parte de esta formación la hacen las grandes empresas, mientras las pymes (el 99%) sólo hacen el 10% del total. Otro dato:  empresas españolas han reducido a la mitad su gasto en formación en la última década: gastaron un máximo de 110,95 euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y cayó a 60,51 euros en 2021 y está en 70,32 en 2024, según el INE.

El problema no es sólo que las empresas gasten poco en formación. Además, el sistema vigente para formar a los trabajadores y parados no funciona. Existe una cuota de formación que pagan cada año las empresas (0,6% de las nóminas) y los trabajadores (0,1%), para destinar estos recursos (2.500 millones de euros) a formar a parados (la mitad del dinero, que gestionan las autonomías y sus oficinas de empleo) y a trabajadores ocupados (una parte a través de las autonomías y la SEPE, y la mayor parte gestionado por la FUNDAE, una Fundación tripartita (patronal, sindicatos y Estado), que ofrece cursos gratuitos y financia cursos que hacen las empresas. El problema es que la mitad del dinero que gestiona la FUNDAE no se gasta en formación, bien porque las empresas no solicitan cursos (7 de cada 10 empresas no los aprovechan), porque tienen que adelantar el 40% del importe y tardan en recuperarlo, o por no dar permisos retribuidos para hacerlos a sus empleados.

Para paliar la falta de trabajadores cualificados y no cualificados, habría que actuar en varios frentes, según este estudio de Funcas. Por un lado, seguir abriendo vías a la inmigración legal y ordenada, con acuerdos para contratar en origen a extranjeros para sectores que no son “atractivos” para los españoles (agricultura, hostelería, turismo, empleadas de hogar y cuidados). Por otro, intentar la vuelta de jóvenes españoles que han emigrado por falta de oportunidades en España (se estima que han sido 650.000 tras la pandemia). Además, hay que reestructurar toda la política de formación y reciclaje de trabajadores y parados, para que se gasten todos los recursos de formación dirigidos a trabajadores en activo y para que haya más parados que hagan cursos de formación (sólo los hacen menos del 10% de los desempleados), ligando esa formación y reciclaje a los puestos donde faltan candidatos. Y a medio plazo, urge una política educativa que ayude a los jóvenes a orientarse hacia estudios y carreras con más salidas profesionales, ligadas a la tecnología y la innovación (carreras STEM), la digitalización y la descarbonización de las empresas y la economía.

Otro punto clave es mejorar “la motivación” de los trabajadores, sobre todo de los más jóvenes, que en muchos casos están muy descontentos con su trabajo. El dato es impactante: un 57% de los trabajadores españoles están “desmotivados, según el último informe Hays. La mayoría dice que lo está por sus bajos sueldos, que han perdido poder adquisitivo (-2,5% entre 2019 y 2024, según la OCDE), pero otros señalan una larga lista de motivos para estar “desmotivados” con su trabajo: horarios, falta de reconocimiento, dificultades de promoción, excesiva carga de trabajo, presión por cumplir metas, falta de trabajo en equipo, autoritarismo de los jefes, fatiga y agotamiento, además de problemas psicológicos. Al final, esta “falta de motivación” por el trabajo no ayuda a aumentar la oferta de trabajadores ni a que los jóvenes se formen más y afronten retos futuros y mejoren la productividad.

En resumen, no tenemos tanto un problema de empleos vacantes como de empleos que muchos no quieren por su baja remuneración y su dureza. Y sí tenemos un problema grave de falta de trabajadores cualificados, que exige modificar el sistema educativo, potenciar la FP y, sobre todo, apostar por la formación y cualificación permanente de empleados y parados. Una tarea en la que las empresas necesitan gastar más en formar a sus trabajadores ante las nuevas exigencias tecnológicas. Menos “culpar” a los trabajadores y más arrimar el hombro para conseguir una mano de obra preparada y competitiva. Ganarían ellos y todos.

lunes, 13 de noviembre de 2023

España: más "activos" que nunca

España lleva 40 meses creando empleo, pero el paro ha subido en los últimos tres meses, desde agosto. ¿Qué pasa? Pues que están aumentando los que buscan empleo, hay más personas “activas”, más de 24 millones, un récord histórico. Han aumentado, las mujeres, los mayores y los inmigrantes que buscan ahora trabajo y antes no. Por eso, en los próximos meses  aumentará el empleo y también el paro. Y mientras más personas buscan trabajo, los empresarios se quejan de que “no encuentran trabajadores”. ¿Cómo es posible? En unos casos, porque pagan poco y ofrecen contratos poco atractivos. Y en otros, porque buscan perfiles laborales que no existen, porque los parados no están formados para lo que las empresas necesitan. Urge un Plan de reciclaje profesional, para saber los empleos que las empresas buscan y formar a los parados (y a los estudiantes) en esas profesiones. Y, sobre todo, encajar mejor la oferta y la demanda, con un cambio radical de las oficinas de empleo. Formar mejor y reciclarse para trabajar.

                            Enrique Ortega

Nunca habíamos tenido en España tanta gente trabajando: 21.265.900 ocupados a finales de septiembre, según la EPA, más que antes de la crisis financiera (20.646.000 en junio de 2008). Y eso es porque llevamos 40 meses aumentando el empleo, desde junio de 2020, tras el desplome del confinamiento por la pandemia: tenemos +2.658.700 ocupados. Pero el paro se ha reducido mucho menos, sólo en -512.900 desempleados. ¿Crece el empleo pero cae menos el paro? Sí, porque aumentan los que buscan trabajo, los “activos”: hay más de 24 millones de españoles buscando empleo (24.121.000 personas en septiembre, según el INE), otro récord histórico. Y por eso, aunque se crea empleo, el paro baja menos de lo deseado porque hay más gente buscando trabajo (+2.145.800 “activos” que hace 40 meses).

En España hay más personas que nunca “activos”: trabajando (20.265.900 ocupados) o buscando trabajo (2.855.200 parados EPA), estén apuntados o no a las oficinas de empleo (2.759.404 inscritos en el SEPE el 31 de octubre). En total, esos 24.121.000 “activos” son casi 1 millón de activos más de los que había antes de la pandemia (+963.000 activos que en diciembre de 2019) y casi 1,7 millones más que antes de la crisis financiera (+1.695.000 activos que en 2007).  Esto supone que 3 de cada 4 españoles (el 76,43%) en edad de trabajar (16 a 64 años) están “activos”, trabajan o buscan trabajo en España, cuando lo eran el 75,13% a finales de 2019 y el 74,11% en 2008.

Con esta mejoría de la actividad, España se acerca a la tasa media de actividad en Europa, que era del 74,5% en 2022 (Eurostat  contabiliza los activos de 15 a 54 años, no desde 16), frente al 74,8% en España (en esa franja de edad). Sólo tienen una mayor tasa de actividad Paises Bajos (84,7%), Suecia (83,5%), Dinamarca (80,4%), Finlandia (79,8%), Alemania (79,4%) y Portugal (76,4%), siendo menor en Francia (73,6%) e Italia (65,5%). Así que España está en línea con Europa a la hora de “buscar trabajo”, aunque luego tenemos el doble problema de que trabaja menos gente (el 69,5% frente al 75,6% en la UE-27) y tenemos el doble de paro (12% de paro frente al 6% en la UE 27), básicamente porque nuestro modelo económico crea menos empleo (por un mayor peso de los servicios y menos de la industria, más pymes y menos tecnología).

Este récord de “activos” en España se debe a las mujeres, mayores, inmigrantes y jóvenes. La mayor actividad de las mujeres es lo más llamativo: a finales de septiembre había 11.431.600 mujeres “activas” en España (trabajando o buscando trabajo), 587.500 activas más que antes de la pandemia (10.844.100) y casi 2 millones más que antes de la crisis financiera (había 9.532.300 mujeres “activas” en 2007). Tenemos la cifra de mujeres “activas” más alta de nuestra historia, algo que no pasa con los hombres: había 12.689.400 activos a finales de septiembre, sólo 374.700 más que antes de la pandemia y muchos menos que antes de la crisis financiera (12.981.000 hombres activos en 2007). Todo indica que hay cada vez más mujeres que dejan su casa para buscar empleo y trabajar, aunque muchas consigan sólo empleo precario y a tiempo parcial.

Otro grupo que ha aumentado mucho su “actividad” son los inmigrantes. A finales de septiembre había 3.588.410 extranjeros “activos” (trabajando o buscando trabajo), 144.200 activos más que tres meses antes y +502.400 extranjeros activos que antes de la pandemia (3.086.000 en 2019). Eso significa que más de la mitad del aumento total de los activos (+502.400 de +962.200) se debe a los inmigrantes. Y si miramos los extranjeros “con doble nacionalidad” (1.144.500 activos en septiembre), hay otros 310.000 activos más ahora que en 2019. En resumen, si los activos en España han aumentado en +962.200 personas desde la pandemia, ha sido por los extranjeros: sólo hay +149.000 activos “españoles”. La mayoría de estos nuevos activos son, según el INE,  latinoamericanos y, en muchos casos, mujeres, que buscan trabajo “de lo que sea”, en la limpieza y como cuidadoras.

También la edad tiene mucho que ver con el aumento de la actividad en España. El mayor aumento de activos se ha dado entre los de 55 y más años: hay ahora 4.947.700 activos (septiembre 2023), +872.700 que en 2019. Pero la actividad ha bajado entre las personas de 25 a 54 años: hay 17.311.000 activos, -191.200 activos que en 2019 (porque muchos se han quedado sin trabajo o se han “desanimado” para buscarlo por su edad). Eso sí, también ha aumentado la actividad entre los jóvenes (1.862.300 activos entre 16 y 24 años), +345.800 activos más que en 2019.

¿Por qué ahora hay más activos en España? La razón básica es que ahora se está creando más empleo que nunca (+2.658.700 empleos desde junio 2020). Eso hace que mujeres, inmigrantes y jóvenes que antes se quedaban en casa o no se “animaban” a buscar trabajo lo hagan ahora, pensando que tienen más fácil colocarse.  Otra razón que les anima es que, tras la reforma laboral de 2022, se ofrecen más contratos indefinidos: fueron el 43,5% de los contratos firmados entre enero y septiembre, frente al 37% en 2022, el 10,9% en 2021 y del 6 al 8% de los contratos firmados entre 2014 y 2022. Además, con las reiteradas subidas del salario mínimo (+47% en los últimos 5 años, hasta los 1.080 euros mensuales) y las mayores subidas en los convenios (+3,46% en 2023, frente al +3,01% en 2022 y el +1,45% en 2021), los sueldos que se ofrecen ahora son mejores, lo que incentiva también a buscar empleo. Y más si la inflación se ha comido los ingresos de muchas familias, lo que empuja a muchas mujeres y jóvenes a intentar conseguir ingresos.

Que haya más “activos” es una buena noticia pero también es un problema: aumenta el paro, como ha pasado en los últimos 3 meses (de agosto a octubre de 2023), cuando la cifra de parados ha subido en +81.530 desempleados, a pesar de que haya aumentado el empleo (y se haya  estabilizado la afiliación a la Seguridad Social). Y esto puede seguir pasando: que aumente el empleo (menos en lo que queda de año y en 2024) y aumente también el paro, porque siga habiendo personas que “se animan” a buscar trabajo, sobre todo mujeres e inmigrantes, jóvenes y mayores, como ha pasado desde 2019.

Otra cuestión sorprendente: aumentan las personas que buscan trabajo y cada día hay empresas y sectores que se quejan de que “no encuentran trabajadores.  La construcción habla de un déficit de 700.000 trabajadores, los empresarios del campo dicen que les faltan entre 50.000 y 100.000 temporeros,  la patronal del transporte señala un déficit de 10.000 a 15.000 camioneros y los empresarios del turismo y la hostelería reiteran que no encuentran personal formado para cubrir unos 50.000 empleos. Y sobre todo, se quejan de que faltan “trabajadores cualificados”: hay 120.000 empleos digitales sin cubrir, según la Asociación Digital ES. Y hasta el presidente de la patronal CEOE ha dicho que “en España no hay trabajadores y muchas pymes están en riesgo de desaparecer” por ello y por el gasto que les exige retener trabajadores.

Sin embargo, este presunto déficit de empleos apenas se registra en las estadísticas: sólo había 148.091 empleos “vacantes” en junio de 2023 (el último dato del INE), pocos más que antes de la pandemia (101.009 empleos vacantes). De ellos, sólo se contabilizan 8.084 vacantes en la construcción, 9.007 en la industria y 131.000 en los servicios (43.397 vacantes en la Administración Pública, 19.697 en el comercio, 12.138 en la sanidad,  4.486 en la educación,  8.280 en la hostelería y 4.909 en el transporte), según la EPA, que no recoge las vacantes en el campo. Las vacantes se dan más en las empresas pequeñas y medianas, especialmente en Cataluña, Madrid, Andalucía y Comunidad Valenciana.

Sorprenden las reiteradas quejas empresariales sobre la falta de trabajadores cuando España es el país UE con menos porcentaje de empleos vacantes, lo que parece lógico porque  tenemos el doble de paro que el resto de Europa: tenemos un 0,9% de empleos por cubrir (148.091 vacantes), sólo por debajo de Rumanía y Bulgaria (0,8% de vacantes) y muy lejos del porcentaje de empleos vacantes de la UE-27 (el 2,7%), de Países Bajos (4,7%), Bélgica (4,6%), Alemania (4,1%), Suecia (3,2%), Francia e Italia (2,4%), según Eurostat. Y EEUU tiene el 6,2% de empleos vacantes, por la enorme rotación y su bajísimo desempleo (3,7%).

¿Por qué  hay empleos sin cubrir? La falta de trabajadores tiene mucho que ver tanto con la aptitud como con la actitud”, señaló en 2022 Antonio Garamendi, presidente de la patronal CEOE, “culpando” así a los trabajadores de estar poco formados (“aptitud”) y de estar poco dispuestos a trabajar (“actitud”). Pero sindicatos y expertos creen que hay otras causas. La  primera y fundamental, los bajos salarios y las pésimas condiciones laborales en algunos empleos, que disuaden a los trabajadores. No es casualidad que los sectores donde dicen que faltan trabajadores sean los que cobran sueldos inferiores a la media (25.896 euros brutos anuales): hostelería (14.632 euros), comercio (22.215), construcción (24.136 euros) y transporte (25.345 euros), según la última estadística de salarios del INE (2021). Y que estos trabajos tengan además horarios más largos y se hagan muchas horas extras sin cobrarlas, sin olvidar las penosas condiciones de trabajo de los temporeros del campo. Y también influye el elevadísimo coste de los alquileres, que hace que sea muy difícil encontrar trabajadores en  Baleares, Barcelona, Madrid y Comunidad Valenciana.

Lo que sí resulta un problema evidente es la falta de algunos empleos cualificados: analistas de datos, expertos en ciberseguridad e inteligencia artificial, digitalización y robótica, desarrolladores de software, consultores TIC, especialistas en redes, diseñadores de producto, analistas y todos los expertos en energías alternativas y medio ambiente, empleos donde 6 de cada 10 empresas tienen problemas para encontrar trabajadores, según Manpower. Y aquí se plantea el 2º gran problema señalado por la patronal para 2023: las empresas tendrán que gastar más para retener el talento, para evitar que los trabajadores se vayan. Ya se lo dijo Biden hace meses a sus empresarios: “Páguenles más” (“Pay more them”). Es lo mismo que les ha dicho en España la ministra Yolanda Díaz y los sindicatos.

La solución para encontrar trabajadores cualificados no es sólo pagarlos más, porque hay pocos. España tiene un problema estructural e histórico de baja formación de los adultos: un 35,8 % de españoles (25 a 64 años) tienen “baja formación” (ESO o menos), el doble que la media europea (16,6%), según el Informe de la Educación OCDE 2023. Además, en España tiene poco peso la Formación Profesional (FP), que ofrece ahora más empleo: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.  Y junto a este déficit de formación, España tiene el problema contrario: un mayor porcentaje de universitarios que el resto de Europa (41,1% de los adultos frente al 37,7% en la UE y el 32,5% en Alemania). Y un tercio están  sobrecualificados” para el trabajo que hacen (universitarios en un bar, un comercio o un supermercado): España lidera la sobrecualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Así que faltan trabajadores cualificados y sobran empleos poco especializados ocupados por personal cualificado. Un desajuste que sólo se puede corregir con la formación, desde la escuela y la Universidad a las empresas. Pero las empresas españolas (que ahora se quejan) no se han preocupado apenas por la formación de sus trabajadores: gastan en su formación la mitad que en Europa y la tercera parte que en EEUU, según la consultora Élogos. Y además,  han reducido a la mitad ese gasto en la última década: gastaron un máximo de 110,95 euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y cayeron a 60,51 euros en 2021, según la última encuesta de coste laboral del INE. Y si las empresas dedicaban a formación el 0,35% del coste laboral (2011), ahora dedican el 0,18%.

En resumen, hemos batido un récord histórico de “activos” (personas que trabajan o buscan trabajo), pero sigue sin haber empleo para los 2.855.200 parados que lo buscan. Y muchos empresarios se quejan de que no encuentran trabajadores. La solución pasaría por un Plan de reciclaje profesional, que intente encajar la formación de los que buscan trabajo con el perfil del trabajador que buscan las empresas. Eso exige gastar más dinero en formación para parados y en mejorar el asesoramiento y empleabilidad de las oficinas de empleo, para que sirvan de verdad para recolocar a los parados (hoy sólo encuentran empleo al 2% de los desempleados). Y además, las empresas deberían gastar más en reciclar a sus trabajadores, para formarles en las habilidades que necesitan (además de pagarles más y tratarles mejor). Sólo así conseguiremos que haya más gente trabajando.

jueves, 26 de mayo de 2022

La apuesta por la Formación Profesional (FP)

Este lunes, la Comisión Europea alertó a España sobre 2 problemas graves de nuestra economía: la elevada deuda y el paro, que duplica la media europea. Un paro muy relacionado  con la baja formación de los españoles, incluidos los jóvenes, que apenas estudian Formación Profesional (FP), a pesar de que con una profesión encuentran más fácil trabajo que con Bachillerato o una carrera. Por eso, en la última década, con la crisis, ya estudian FP el doble de jóvenes. Pero aún son pocos. La nueva Ley de Formación Profesional, que entró en vigor en abril, quiere multiplicar las plazas y cambiar la enseñanza de FP, haciendo que los alumnos estudien y hagan prácticas a la vez. Y acreditará una competencia profesional a 4 millones de trabajadores formados pero sin un certificado. El objetivo es aumentar la formación de jóvenes y trabajadores, para que consigan mejor empleo y bajar el paro a niveles europeos. Hará falta medios y tiempo.

Enrique Ortega

La Comisión Europea, en su último “examen” de primavera nos ha recordado que tenemos un grave problema estructural de paro, al margen de la coyuntura económica de cada momento: duplicamos siempre la tasa de paro media de la UE-27. En 2013, en lo peor de la anterior crisis, el paro en España llegó al 26,1% de la población activa, más del doble que la media europea (11,6%) y cinco veces el paro alemán, según Eurostat. Luego, en 2019, en plena recuperación, el paro español bajó casi a la mitad (14,1%), pero seguía siendo más del doble del europeo (6,8%) y cinco veces el paro alemán (3%). Y ahora, en marzo de 2022, tras el COVID y la guerra, ha seguido bajando, al 13,5%, pero sigue duplicando con creces el paro europeo (6,2% en la UE-27) y cuadruplicando el paro alemán (2,9%). Y si miramos el paro juvenil (menores de 25 años), el problema es aún mayor: 29,6% de paro juvenil en España, frente al 13,9% en la UE-27 y el 5,5% en Alemania.

¿Por qué España tiene el doble de paro que Europa? Hay varias razones, desde nuestro modelo económico (demasiado peso de los servicios y poca industria: muchos bares y hoteles y pocas manufacturas), el bajo desarrollo tecnológico, el exceso de pymes y la falta de grandes empresas, el menor ahorro e inversión y un menor peso de las exportaciones,  pero, sobre todo, la baja formación de los españoles, que dificulta su empleo. Los últimos datos de la OCDE (2021) son muy elocuentes: el 37,1% de los adultos españoles (25-64 años) tienen “baja formación” (ESO o menos), el doble que la media europea (17,1% de los adultos) y casi el triple que Alemania (sólo el 13,9% están poco formados).Y si nos fijamos sólo en los jóvenes (25 a 34 años), el problema persiste, aunque algo menos: un 28,3% tienen “poca formación” (ESO o menos) frente a sólo el 12,3% en Europa.

En el caso de los jóvenes, España tiene 2 problemas serios que explican que tengamos el doble de personas poco formadas. Por un lado, la baja calidad de la enseñanza, demasiado “memorística”, que alimenta los alumnos repetidores y rebaja el nivel de comprensión de los adolescentes, según indican los malos resultados en los informes PISA.  Y por otro, tenemos mucho más abandono escolar temprano: un 13,3% de los jóvenes de 18 a 24 años han dejado sus estudios sin acabar la FP o el Bachillerato (y no hacen ninguna formación), frente al 9,7% de media en Europa, según los datos de Eurostat (2021). Además, este abandono escolar temprano es mayor entre los hombres jóvenes (16,7%) que entre las mujeres (9,7%).

En cuanto a los adultos, el problema de la baja formación es que muchos se pusieron a trabajar jóvenes, sin estudios o habiéndolos dejado, con lo que  casi la mitad no pueden acreditar una formación, aunque tengan experiencia. Los datos indican que hay 12.382.300 adultos en edad de trabajar que tienen una profesión acreditada pero también hay 10.478.400 activos que no tienen una profesión acreditada, aunque vivan de ella. Y además, los trabajadores españoles se forman poco en el trabajo, bien porque las empresas no les ofrecen cursos de reciclaje o porque ellos no los hacen. El caso es que en España se dedica una media de 17 horas anuales a la recualificación permanente, frente a 50 horas en Alemania y entre 80 y 85 horas en las empresas líderes mundiales. Y además, en España se da el contrasentido que los fondos de formación, que se pagan con cuotas de empresas y trabajadores, no se usan (el 82% de las empresas no los utilizan) y no se gastan.

En el caso de los jóvenes, se da otro problema peculiar en España: apenas estudian Formación Profesional (FP), quizás por la mala imagen que ha tenido la FP, vinculada a “obreros” y “malos estudiantes. El resultado es que, durante décadas, todos los padres querían que sus hijos fueran universitarios (o al menos “bachilleres”). El fruto de esta percepción es que España, el país de Europa con más paro juvenil, es también uno de los paises con menos jóvenes que estudian FP: sólo un 12% se matricula en Formación Profesional, frente a un 25% de media en la UE-27 y el 40% en Alemania (el país con menos paro juvenil). Y después,  a la hora de elegir en la ESO si hacen Bachillerato o FP, sólo un 36% de jóvenes españoles han elegido FP, frente a un 43% de media en Europa, que sube en el caso de Alemania (45%), Italia (55%) y Reino Unido (65%), según la OCDE.

Con la crisis de 2008-2010, esta situación empezó a cambiar, porque muchos jóvenes veían que no encontraban trabajo con Bachillerato e incluso con una carrera universitaria, mientras las empresas buscaban jóvenes con FP, más preparados para un trabajo concreto. Además, en septiembre de 2018, el Gobierno Sánchez empezó su apuesta por la FP, acompañada después en julio de 2020 con un Plan de Modernización de la Formación Profesional, un proyecto “estrella” del presidente Sánchez y su ministra Celáa, que ya había apostado por la FP como consejera del País Vasco (una autonomía “pionera”, con excelentes resultados en FP).

La crisis, el aumento de ofertas de empleo para la FP y los nuevos Planes dieron un vuelco a la Formación Profesional, que empezó a despegar desde 2012 y sobre todo desde 2019, duplicando el número de alumnos en la última década: de 582.576 matriculados en 2010-2011 se saltó a 861.906 en 2019-2020 y 1.013.912 alumnos matriculados en FP en el actual curso 2021-2022, según los datos de Educación. Y además, este es el 7º curso consecutivo en que los matriculados en FP superan a los que estudian Bachillerato (700.810).

Es un salto importante, pero aún estamos lejos de los jóvenes que estudian FP en Europa. Por eso, el Gobierno Sánchez prometió a la Comisión Europea, dentro de las reformas estructurales vinculadas a recibir los Fondos Europeos, una nueva Ley de Formación Profesional, que aprobó el 7 de septiembre de 2021 y que ha estado debatiéndose medio año en el Congreso y el Senado, donde se aprobó el pasado 23 de marzo, con el voto en contra del PP y la abstención de Vox y ERC. Ahora, la Ley ya está en vigor, desde el 20 de abril, y tiene 2 objetivos: vincular más la FP a las empresas y reducir el paro juvenil. Y, en paralelo, reconocer en los próximos 4 años un certificado profesional a 4 millones de trabajadores que no tienen acreditadas sus competencias, adquiridas por la experiencia, no por el estudio.

La primera novedad de la nueva Ley de Formación Profesional  es que reformula el sistema en 5 niveles o módulos. Los tres primeros (A, B y C) son cualificaciones para adultos (mayores de 16 años), con una acreditación parcial de competencias(A), un certificado medio de competencias (B) y un certificado profesional de competencias (C), a los que podrán optar los trabajadores que conozcan los oficios pero no tengan una titulación. Serán títulos sin validez académica, pero que les facilitará su trabajo futuro. Los dos niveles siguientes (D y E) tendrán validez académica: el nivel D incluye el grado básico, medio y superior de FP y el nivel E supone un grado mayor de especialización, con cursos de especialista (en grado medio o superior), que incluyen la realización de un tipo de Máster. Los distintos niveles, del A al D, se podrán ir acumulando y acreditando en un Registro estatal de FP.

El segundo gran cambio de la Ley se refiere a la enseñanza de FP en los niveles educativos, el D y el E (especialista). La novedad es que toda la enseñanza será ahora mixta, con teoría en los centros de FP y prácticas en empresas siempre. Así, toda la FP será ahora “dual”, con dos niveles: el “general” (entre el 25 y el 35% de la formación se dará en empresas) y el “intensivo” (con más del 35% de la formación en las empresas, que se comprometen además a hacerles un “contrato de formación”).

Otra novedad de la Ley es que se facilita “el puente” de las FP con las Universidades. Hasta ahora, al final de la ESO, se abrían dos caminos disociados: Bachillerato y Universidad o FP de Grado medio y luego Superior. Ahora, se facilita que haya conexión entre las dos vías educativas, con la convalidación de asignaturas y el tránsito de la FP a la Universidad y viceversa. Ya en los últimos años se ha visto a licenciados en una carrera que luego hacen FP de grado Superior, porque ven que así se colocan mejor. Ahora lo tendrán más fácil.  De hecho, la Universidad de Málaga será la primera Universidad en ofrecer ciclos formativos de FP en el próximo curso 2022-2023…

Un cuarto cambio de la nueva Ley es que se acercarán las futuras titulaciones a lo que demanden las empresas, que tratarán así de que la FP forme en lo que ellas necesitan (el 55% de las empresas se quejan de que tienen problemas para encontrar trabajadores en muchas áreas). Ya se han aprobado 25 nuevas titulaciones y estudios de FP en los últimos 2 años y ahora, las empresas tendrán más posibilidades  de influir en los programas y colaborar en la formación de los alumnos, al ser obligatorias las prácticas en empresas.

El quinto punto clave de la nueva Ley de FP es la importancia que se da a la orientación profesional, tanto en colegios e institutos (para que profesores y centros fomenten la FP como una salida con futuro), como entre los alumnos y sus familias. Es clave promover “un cambio de mentalidad”, que estudiar FP no es una enseñanza de 2ª ni para ser “fontanero o mecánico”, sino que incluye temas de futuro (como inteligencia artificial o tratamiento de datos). Que es una vía formativa que facilita el empleo futuro.

Precisamente, el problema del empleo futuro es que no habrá hueco para los que estén poco formados y se va a concentrar más en la formación media, la que promueve la FP. Así, un estudio de Cedefop revela que para 2025, sólo el 16% del empleo disponible será para los que tienen baja formación (hoy acceden al 35% de los trabajos) y que el 50% de los trabajos serán para los que tienen una formación media y el otro 34% para los que tengan alta formación. Por eso, el objetivo de la Ley es que, dentro de 4 años, el porcentaje de españoles con baja formación (y pocas posibilidades de trabajo) baje del 37,1% actual al 15% (la UE-22 tiene un 17,1% hoy y Alemania el 13,9%). Y eso gracias a que haya más jóvenes estudiando FP y a que se certifique su profesión a 4 millones de adultos.

La nueva Ley de FP nace con una financiación de 5.474 millones en cuatro años (2022-2025), de los que 2.075 millones serán Fondos europeos. De momento, el Gobierno acaba de aprobar, el 17 de mayo, 1.239 millones para la Formación Profesional, un dinero que transfiere a las autonomías (ver el reparto), que gestionan la enseñanza. El objetivo es crear 88.000 nuevas plazas de FP en el próximo curso 2022-2023, que se sumarán a las 120.000 nuevas plazas creadas en los dos últimos años. Y además, acreditar a 785.000 trabajadores sin título, de los 4 millones que se pretende acreditar en estos cuatro próximos años (un objetivo ambicioso, porque sólo se acreditaron 300.000 en la última década). Y una parte del dinero aprobado (680 millones) irá también a ofrecer más cursos de reciclaje profesional a parados y trabajadores en activo.

Formación, formación y formación, en cursos de reciclaje y sobre todo en cursos de FP para jóvenes, que tengan que ver con lo que las empresas y el futuro van a demandar. Se trata de mejorar la formación de los españoles, para que tengamos una tasa de paro “europea”. Eso pasa por dedicar más dinero a la formación y a la FP, a crear centros de enseñanza suficientes (faltan en las grandes ciudades), con más autonomía y flexibilidad en los programas educativos, en estrecha relación con empresas y Universidades. Y un cambio de mentalidad en los centros educativos, en los alumnos y sus familias, para que nadie se avergüence de decir que estudia FP, sino que sea un sinónimo de formación y empleo. Es un proceso que requiere fondos, dedicación y tiempo. Pero si funciona, bajará el paro.

jueves, 11 de noviembre de 2021

¿Faltan trabajadores?

Algunos empresarios se quejan de que no encuentran trabajadores: peones de la construcción, camioneros, camareros y personal de hoteles o temporeros del campo. No pasa sólo en España, también en Reino Unido, resto de Europa y Estados Unidos. El presidente Biden dio la solución: “páguenles más”. Y se sumó Yolanda Díaz. Suena muy “progre”, pero los salarios son sólo parte de la solución: también hay que ofrecer contratos “decentes”. Pero sobre todo, faltan trabajadores en muchos puestos porque no hay suficiente personal formado: encofradores, electricistas, gruistas, cocineros, conductores de maquinaria, ingenieros agrónomos y, principalmente, especialistas en medio ambiente, informática, digitalización y nuevas tecnologías (faltan 100.000 empleos digitales). El problema de fondo es que tenemos una educación ineficaz, desde la escuela a la Universidad, con adultos poco formados (el 37% frente al 17% en Europa). Y que las empresas gastan poco y mal en formar a sus trabajadores. No basta con pagar más. El gran reto es educar y formar en los empleos con futuro.

Enrique Ortega

El empleo lleva creciendo 15 meses, desde junio de 2020, tras lo peor de la pandemia: se han creado 1.423.800 nuevos empleos en España, según la última EPA (septiembre 2021). Pero aún así, hay muchos empresarios que se quejan: podrían crear más empleos, pero no encuentran los trabajadores que buscan. Sobre todo en la construcción (la patronal CNC dice que faltan 700.000 trabajadores para cubrir las inversiones contempladas en el Plan de recuperación), en el transporte (la patronal Fenadismer habla de un déficit de 10.000 a 15.000 camioneros en España), en la hostelería y el turismo (desde camareros a limpiadoras y personal de habitaciones) y en el campo (temporeros). También en el resto de Europa se quejan de que faltan camioneros y otros trabajadores, igual que en EEUU, donde faltan estibadores en los puertos, camioneros y trabajadores no cualificados.

Este déficit de empleos se refleja en las estadísticas. En España, la cifra de “vacantes” (puestos que no encuentran quien lo ocupe) ha subido mucho tras la pandemia: eran 74.346 vacantes en junio de 2020 (107.531 un año antes) y 119.202 vacantes en junio 2021, la cifra más alta de empleos sin ocupar de la última década, según los últimos datos del INE. La cifra no es muy importante en la construcción (6.575), a pesar de lo que dice la patronal, tampoco en la industria (7.033), pero sí en los servicios (105.605 vacantes en junio 2021), por los puestos sin cubrir en el comercio (12.692), la sanidad (9.292), la hostelería (8.170) y el transporte (3.208 vacantes). La mitad de estas vacantes se da en empresas muy pequeñas, de menos de 4 trabajadores (56.407) y sólo un tercio en las grandes (36.980). Y las vacantes se concentran en Cataluña (27.917), Madrid (27.001), Andalucía (16.561), Comunidad Valenciana (12.788) y Castilla y León (5.663), siendo mínimas en el resto del país.

Con todo, España está a la cola de Europa en empleos vacantes, lo que parece lógico cuando tenemos el doble de paro que el resto del continente: tenemos un 0,8% de empleos por cubrir, la tercera cifra más baja de Europa (tras el 0,3% de Grecia y el 0,8% de Rumanía), frente al 2,2% de empleos vacantes en la UE-27, el 1,9% en Francia o Italia y el 2,9% de empleos vacantes en Alemania, según los últimos datos de Eurostat (junio 2021). En Reino Unido hay 1,10 millones de empleos vacantes, un 3,4% de los empleos. Y en EEUU tenían 9,3 millones de empleos vacantes en junio pasado, el 6,2% de los empleos.  

¿Qué está pasando para que aumenten los empleos sin cubrir?  Hay varias causas. La primera, que la pandemia ha frenado la inmigración en todos los paises, también en España: sólo 149.011 extranjeros se sumaron al Censo en 2020, menos de la mitad de los extranjeros censados en 2019 (+395.168). Y muchos de estos inmigrantes son los que trabajan en el campo (temporeros), la construcción, la hostelería y el turismo. Otro factor es que muchos de los que han sido despedidos durante la pandemia, en la construcción, la hostelería y el campo, no quieren volver a trabajar en esas empresas, porque saben que son empleos muy precarios. Y algunos ya salieron de la construcción en la crisis de 2008 para pasar ahora a la hostelería y salir con la pandemia, así que están “doblemente escaldados”: intentan trabajar “en otra cosa”. Y además, las empresas ahora, que no tienen claro el futuro y están también escaldadas de esta nueva crisis, ofrecen contratos muy precarios y salarios muy bajos. Sobre todo a trabajadores no cualificados de la construcción, el campo y los servicios.

Por eso, en junio, el presidente Joe Biden dio “la solución” a los empresarios norteamericanos que se quejaban de que no encontraban trabajadores: “Páguenlos más (“Pay them more”). Y después le copiaron el ministro francés de Economía y la ministra Yolanda Díaz: “Páguenles más”.  Suena muy “progre” y realista (el salario hora en España es de 22,8 euros, un 20% inferior a los 28,5 euros de media en Europa y un 38% inferior a los 36,6 euros por hora que cobran en Alemania, según Eurostat), pero es sólo una parte del problema. Porque muchos de estos trabajos donde hay vacantes no sólo tienen sueldos mínimos sino también unas condiciones de trabajo muy precarias: contratos basura (por días y hasta por horas) y horarios infinitos (camioneros, hostelería o comercio), sin derechos.

Así que con contratos “decentes”, mejores condiciones de trabajo y mayores sueldos podríamos resolver una parte del problema, encontrar trabajadores para los empleos que no requieren cualificación. Pero la mayor parte de los empleos vacantes son empleos que sí requieren alguna cualificación. Algunos, una cualificación media, por ejemplo en construcción: faltan “caravisteros” (ponen ladrillos en fachadas) y “tabiqueros” (ladrillos en interiores), que ganan más de 50.000 euros al año, encofradores, ferrallistas, electricistas, fontaneros y operadores de grúa, empleos especializados. Y en transporte, operadores de algunos vehículos especiales y en logística. Y en hostelería, cocineros. Todo ello exige potenciar la figura del aprendiz y los cursos de Formación Profesional (FP).

Pero la mayoría de empleos vacantes y más en el futuro, son empleos que exigen una mayor especialización y formación, como los 100.000 empleos digitales que faltan en España, según la patronal DigitalES. Y lo mismo en sectores de futuro como la informática, la gestión de datos o las energías alternativas y el medio ambiente. Incluso en el campo, hay un déficit de ingenieros agrónomos (en Cataluña, por ejemplo, salen 20 licenciados al año frente a 150 que se demandan). Es aquí, en las profesiones más demandadas, donde 6 de cada 10 empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores, según Manpower: analistas de datos, expertos en ciberseguridad e inteligencia artificial, digitalización y robótica, desarrolladores de software, consultores TIC, especialistas en redes, diseñadores de producto, analistas varios y todos los expertos en energías alternativas y medio ambiente. Y ya hoy, las empresas ofrecen más empleos a los que tienen FP que a los universitarios.

La solución a la falta de trabajadores no está sólo en ofrecer mejores sueldos y contratos. Hay que apostar por tener trabajadores mejor formados y cualificados en los empleos del futuro. Y aquí, España tiene “un grave hándicap de partida”, del que no hablan ni políticos ni empresarios: tenemos un país con poca formación. Un 37,1% de los adultos (25-64 años) españoles  tienen “baja formación (ESO o menos), el doble que la media europea (17,1% de los adultos) y casi el triple que Alemania (sólo 13,9% adultos poco formados), según el Informe de la Educación OCDE 2021 Y sólo tenemos un 23,2% de la población adulta con formación media (Bachillerato o FP), la más demandada, frente al 46% de los adultos en Europa y el 55% en Alemania. Eso sí, tenemos más universitarios que la media europea (39,7% de nuestros adultos frente a al 37,6% en la UE y el 31,3% en Alemania), pero un tercio de nuestros universitarios están subempleados (poniendo copas o de cajera en un súper).

Y si nos fijamos sólo en la formación de los jóvenes (25 a 34 años), el problema persiste, aunque mejora ligeramente: tenemos un 28,3% de jóvenes con poca formación (ESO o menos) frente al 12,3% en Europa, debido sobre todo a la lacra del “abandono escolar temprano” (16% en España, el 2º país peor de la UE, tras Malta, frente al 9,9% en la UE-27). Y sólo un 24,3% con formación media (Bachillerato o FP) frente al 43,1% en Europa, según el mismo Informe de la OCDE. Y en este grupo, sólo un 36% estudian Formación Profesional (FP), mientras lo hacen el 43% de los jóvenes en Europa, el 45% en Alemania, el 55% en Italia o el 65% en Reino Unido. Eso sí, tenemos más jóvenes universitarios (47,4% del total frente al 44,5% en la UE-27), aunque dos tercios de ellos no encuentren “trabajo de lo suyo” y estén subempleados o parados (el 15% en España, 6% en la UE y 4% en Alemania).

Esta baja formación de adultos y jóvenes es una clara consecuencia de un sistema educativo ineficaz, que pierde a muchos jóvenes por el camino y que no forma para encontrar trabajo. Y además, España es el 5º país de Europa que menos gasta en educación, en las últimas décadas y más tras los recortes de 2010 a 2015.

Pero no sólo falla la educación, también falla el reciclaje de trabajadores y parados. España es el 2º país de Europa con más paro (14,6% frente al 6,7% en la UE-27, según Eurostat), pero lo más grave es que tenemos muchos parados de larga duración (1.638.000, el 48% llevan más de un año parados), muy difíciles de recolocar, y muchos parados con poca formación: el 47,05% de todos los parados en septiembre ( son 1.607.600) tenían baja formación (la ESO o incluso menos), un 25,14% formación media (Bachillerato o FP) y el 27,79% restante tenían formación universitaria, según la última EPA.

Así que tenemos un país con adultos poco formados y donde la mitad de los parados apenas tiene formación (y les ofrecen cursos escasos y poco atractivos). Así parece difícil que las empresas encuentren los trabajadores que necesitan. Pero esas empresas tienen también mucha culpa, no sólo el sistema educativo. Primero, porque gastan en la formación de sus empleados la mitad que en Europa y la tercera parte que en EEUU, según la consultora Élogos. Y además, la mayor parte del gasto en formación lo hacen las grandes empresas, mientras las pymes (el 99%) sólo hacen el 10%. Y segundo, porque las empresas españolas han reducido a la mitad su gasto en formación en la última década: gastaron un máximo de 110,95 euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y volvieron a caer hasta los 55,57 euros por trabajador en 2020, según detalla la última Encuesta anual de coste laboral del INE. La caída es más llamativa si la vemos así: en 2011, el 0,35% del coste total de un trabajador (31.370 euros de media) era formación y ahora, en 2020, el coste de la formación ha caído al 0,18% del coste total  por trabajador (31.150 euros). El gasto de las empresas en formación era mínimo y ahora es insignificante.   

Podemos verlo de otra manera, el gasto en formación de empresas y trabajadores. Cada mes, se descuenta una parte de las nóminas para formación (el 0,7%, un 0,6% las empresas y un 0,1% los trabajadores). En 2019, último año con datos, fueron 2.101,9 millones para formación, a los que se sumaron otros 312,55 de aportaciones del Estado y Europa (FSE). Con este dinero se hicieron 90.694 cursos, en los que participaron 267.480 empresas (de los 3 millones que hay en España), según los datos de la Fundación para el Empleo (FUNDAE). Una parte son cursos que se dan en Centros homologados y la menor son cursos subvencionados que dan las propias empresas a sus trabajadores, básicamente las grandes. El problema no es solo que se gasta poco dinero en formación, sino que además se gasta mal: cada año quedan sin gastar un 20% de los fondos que aportan empresas y trabajadores, según denuncia UGT, con lo que hay un remanente sin utilizar de 2.500 millones. Y eso por el exceso de control y burocracia, que retrasa el pago ayudas de 1,5 a 2 años, provocando que muchas empresas no se animen a adelantar el gasto para hacer cursos.

Bueno, si ha llegado hasta aquí verá que la falta de trabajadores es una cuestión más compleja que “pagarles más”. Y que las empresas que se quejan tienen bastante culpa, por no apostar por la formación de sus trabajadores y por no acabar con un sistema de cursos ineficaz. Y que los Gobiernos y el país  tenemos mucha culpa también por no afrontar de una vez por todas la reforma de un sistema educativo que no ayuda a formarse en los empleos que se necesitan. En vez de hacer demagogia con la falta de trabajadores, urge tomar medidas eficaces: pactar una reforma educativa, fomentar y mejorar la imagen de la FP, cambiar el sistema de cursos ligados a la cuota de formación, modernizar las oficinas de empleo (para que ayuden a recolocar a los parados) y plantearse como prioridad la formación y el reciclaje permanente de los españoles, del colegio a la jubilación. Conseguir una plena sintonía entre empresas, educadores y formadores, para limitar las vacantes. Y, sobre todo, orientar a los jóvenes a estudiar las profesiones con futuro. Formarse más y mejor.