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lunes, 27 de enero de 2025

Medicamentos: bajada y cambio copagos

Ha pasado desapercibido, pero el 1 de diciembre bajaron miles de medicamentos, muchos sólo unos céntimos, aunque supone un ahorro de 65 millones en nuestras compras en farmacias. Son ya 15 años con rebajas anuales, para compensar la subida del gasto farmacéutico, que sigue en cifras récord. Una rebaja que tiene dos efectos negativos: hunde los ingresos de las farmacias pequeñas (imprescindibles) y fomenta que “falten” algunos medicamentos (766 ahora), porque a los laboratorios no les compensan los bajos precios (la mitad de las medicinas cuestan menos de 5 euros) y las exportan a paises europeos donde cuestan más. Para asegurar el suministro y la investigación, el Gobierno ha pactado con las farmacéuticas una Estrategia 2024-28, para potenciar esta industria y conseguir que España  sea más autosuficiente (también Europa). Además, en unas semanas, aprobará nuevos copagos para los medicamentos: los que ganen menos de 35.000 euros pagarán igual y el resto algo más, para controlar el gasto en recetas y reducir el despilfarro. Evitemos tener una farmacia en casa.

                              Enrique Ortega

El gasto farmacéutico imparable ha sido y es una obsesión de todos los Gobiernos, porque cada vez vivimos más, hay más atención sanitaria, crecen las enfermedades crónicas y aparecen medicamentos innovadores (más costosos). En España, el gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas y otros 4.000 millones más de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar cada año “los precios de referencia”, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente un genérico (con la patente caducada), que ya suponen el 66% de los fármacos vendidos en España.

Esta rebaja de los precios de referencia (normalmente el 1 de enero, aunque en 2016 se hizo dos veces) supone que cada año se fijan los nuevos precios máximos de muchos medicamentos, para conseguir un ahorro del gasto. Esta vez, la rebaja entró en vigor un mes antes, el 1 de diciembre de 2024, y afecta al precio de 17.655 medicamentos (13.933 que se venden en farmacia y 3.722 que se dispensan en hospitales. Sanidad señala que esta nueva rebaja de los precios de referencia supone un ahorro total de 139,05 millones de euros en 2025, la mayor parte para los usuarios que compramos medicinas en las farmacias (65,54 millones de ahorro) y el resto (73,51 millones) para los hospitales.

Esta rebaja global (-139,05 millones) es menor que la de los últimos años (fue de -217,89 millones en 2024, -270,89 en 2021, -234,13 en 2022 y -170 millones en 2021), pero este es el año en que se produce la mayor rebaja a los medicamentos que se venden en las farmacias (-65,54 millones, frente a -57,13 en 2014, -41,75 en 2023, -64,72 en 2022 y -43,92 en 2021). Quizás no haya notado esta rebaja cuando haya ido con su receta a la farmacia, porque los nuevos precios bajan sólo unos céntimos o pocos euros en el PVP. Por ejemplo, Crestor, un medicamento para el colesterol, baja de 9,85 a 9,83 céntimos (-0,20%). Aldactone, un diurético, baja de 3,62 a 2,50 euros (-30,94%). Deltius (Vitamina D) baja de 15,61 a 9,37 euros (-39,97). Finasterida (para la hiperplasia de próstata) baja de 2,92 a 2,50 euros (-14,38%). Y Janumet (un antidiabético), baja de 28,1 a 27,3 euros (-2,70%).

Otra vía menos conocida, que utiliza el Gobierno (éste y los anteriores) para frenar la factura farmacéutica es la revisión mensual de precios de algunas medicamentos (pocos) según van caducando las patentes y entran los genéricos: cada mes, Sanidad envía una comunicación a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan y el precio máximo que paga el SNS por esos medicamentos con receta. Y la farmacia rebaja el PVP del medicamento afectado: si el laboratorio de marca no baja su precio, estará obligada a vendernos un genérico.

Por las dos vías, los precios de los medicamentos que compramos llevan 15 años bajando, aunque apenas lo notamos porque suelen ser unos céntimos y además nosotros no pagamos el PVP del medicamento, sino el copago que nos corresponde (del 10 y 40% al 60% máximo, según seamos pensionistas o activos y nuestros ingresos). Pero los que sí notan esta rebaja, de forma negativa, son las farmacias y los laboratorios farmacéuticos, que critican este sistema de precios de referencia y las rebajas mensuales porque reducen mucho sus ingresos y apenas suponen un ahorro del gasto farmacéutico, que sigue al alza.

El primer impacto de la bajada de precios (anual y mensual) lo sufren las 22.222 farmacias españolas, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 707 farmacias “con viabilidad económica comprometida” , la mayoría rurales. Lo que les sucede a la mayoría de farmacias es que dispensan muchas más recetas que hace años y facturan menos. Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias, claves en la atención sanitaria de los españoles, como se vio claramente durante la pandemia: ven reducir sus ingresos mientras les aumentan sus costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (70% ventas), se resiente cada año.

Otro impacto negativo de estas bajadas de precios lo sufren los laboratorios farmacéuticos. Tras 15 años de rebajas impuestas, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo del precio medio en la eurozona. Y tras cada bajada (anual y mensual), muchos laboratorios se ven desincentivados a vender en España, donde más de la mitad de los medicamentos (55,9%) cuestan menos de 5 euros y el 37,9% cuestan menos de 2,5 euros (sólo el 14,8% de los fármacos valen más de 20 euros), según Farmaindustria. Y esos son precios de venta al público (PVP), porque nosotros pagamos mucho menos, por los copagos (la mayoría, del 10 al 40% del PVP), con lo que la mayoría de las medicinas nos cuestan menos que un café o una cerveza...  Estos bajos precios de venta en España provocan dos problemas: hay desabastecimiento de algunos medicamentos (porque ya no les compensa fabricarlos) y otros “se desvían” a la venta en paises del centro y norte de Europa, donde se cobran más caros que en España.

El problema es serio porque estos bajos precios son una de las causas del desabastecimiento de algunos medicamentos en España, junto a otras (como los problemas de producción de principios activos en paises emergentes o en las cadenas internacionales de suministro). Y cada vez hay más medicamentos “en falta” en las farmacias. Ahora hay 766 medicamentos en falta, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que afecta sólo al 4,28% de las presentaciones. Pero inquieta a los que necesitan Concerta (para su hijo con TDAH), Ozempic (para la diabetes), Kreon (para el cáncer de páncreas), Hydrea (para la leucemia) o Pylera (para el Hellycobacter Pilori), sólo 5 ejemplos de fármacos ahora “en falta” (aunque se pueden sustituir por otros).

La cuestión de fondo es que rebajar año tras año los precios de los medicamentos no parece la mejor solución para frenar el gasto farmacéutico, mientras afecta negativamente a las cuentas de las farmacias y a los laboratorios. De hecho, la factura farmacéutica se moderó en los primeros años de aplicación de los precios de referencia (2010) y con la implantación de los copagos (Rajoy en julio de 2012), pero después ha seguido creciendo, por el envejecimiento de la población, la mayor atención sanitaria, el aumento de las enfermedades crónicas y la irrupción de medicamentos innovadores. Y por otra causa de la que poco se habla: los médicos tienen cada vez menos tiempo para atender a sus pacientes y se ven presionados a recetar a tutiplén, mientras todos gastamos de más en medicamentos (muchos nos cuestan, con los copagos, menos que un café o una cerveza) y tenemos “una farmacia en casa”.

La consecuencia es que el gasto en farmacias no ha parado de crecer, después de bajar entre 2009 (máximo de 12.506 millones) hasta 2013 (9.183 millones): subió a 10.792 millones en 2019 y a 12.720 millones en 2023 (otro máximo). Y en 2024, el gasto fue de 12.217 millones hasta noviembre, con lo que alcanzará otro récord histórico: 13.300 millones y 1.200 millones de recetas ( ojo, son 3,3 millones de recetas diarias). Y a este gasto en farmacias hay que sumar el gasto farmacéutico en hospitales, que se ha disparado, pasando de 6.579 millones en 2015 a 7.489 en 2019 y 9.603 millones en 2023. Y a la vista de los datos hasta octubre, 2024 se cerrará con 10.720 millones de gasto farmacéutico en hospitales. En total, 24.020 millones de gasto farmacéutico en 2024.

Una cifra que “asusta”, porque supone el 20% del gasto sanitario en España. Sin embargo, algunos expertos creen que estamos en un gasto farmacéutico “asumible”, porque supone un porcentaje del PIB (1,55%) inferior al de 2009 (1,70%) y 2021 (1,72%), como en 2003 (1,56%). Y porque nuestro gasto farmacéutico por habitante (284,4 euros en 2022) es más bajo que el de la eurozona (425,9 euros/habitante) y que el de paises como Alemania (643,4 euros/habitante), Francia (491,1), Italia (326,5) o Finlandia (319), según Farmaindustria. Y además, el 80% de los medicamentos (unidades) que se venden en las farmacias están a precio de genérico. Y donde compiten, los genéricos tienen ya una cuota del 66%.

Con todo, preocupa el elevado gasto farmacéutico, porque irá a más a medida que aparezcan nuevos medicamentos innovadores contra más enfermedades, a un alto coste. Por eso, ya desde la época de Montoro (ministro de Hacienda con Rajoy), los distintos Gobiernos han pactado con la industria farmacéutica (Farmaindustria) para intentar controlar la subida de la factura farmacéutica, por distintas vías (desde los precios de referencia a las revisiones anuales y la negociación del precio de nuevos fármacos). Y tras la pandemia, donde quedó clara la dependencia exterior de Europa y España en suministros farmacéuticos, Bruselas se ha obsesionado con asegurar un mayor autoabastecimiento farmacéutico para Europa, reforzando la industria farmacéutica europea.

En este contexto, el Parlamento Europeo aprobó, en noviembre de 2021, la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas (como se hizo con las vacunas) y tratando de fortalecer a los laboratorios europeos. En ese camino, el Gobierno español aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando 982 millones de Fondos europeos en 2022 y 2023.

Este Plan ha dado sus frutos, consolidando a España como el 2º país del mundo (tras EEUU) con más ensayos clínicos de nuevos fármacos. Y en diciembre de 2022, los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y grandes laboratorios españoles acudieron a la Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un “polo europeo” de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de nuevos fármacos en España, donde las farmacéuticas tienen 174 plantas y emplean a 54.965 trabajadores, con una facturación de 23.000 millones de euros. A cambio, el Gobierno se comprometió a elaborar con ellos un Plan Estratégico a medio plazo, para asegurar el futuro del sector, garantizar el autoabastecimiento y colaborar en la sostenibilidad del gasto farmacéutico.

Recientemente, en diciembre de 2024, el Gobierno ha aprobado la Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024-2028, con la colaboración del sector. Se trata de una “hoja de ruta” para garantizar el acceso a medicamentos de calidad, fomentar la innovación y asegurar la estabilidad presupuestaria con un gasto farmacéutico “asumible”, buscando que España sea uno de los paises líderes de la industria farmacéutica europea. Dentro de esta estrategia a medio plazo se incluyen medidas para evaluar la eficacia y el coste de los medicamentos y un nuevo sistema de fijación de precios, concretado también en diciembre, con la aprobación de un Decreto-ley para una nueva regulación de los precios de los medicamentos, que busca reforzar los genéricos y biosimilares,  además de mejorar los criterios de inclusión de nuevos medicamentos, con más participación de médicos y pacientes.

En paralelo, Sanidad aprobará en las próximas semanas una nueva Ley del Medicamento (la actual es de 2006), que permitirá recetar a enfermeras y fisioterapeutas, facilitará la sustitución de medicamentos por los farmacéuticos, dará más poder a la Agencia del Medicamento para prevenir desabastecimientos y, sobre todo, cambiará el actual sistema de copagos (impuestos por Rajoy en 2012). Por lo que se ha filtrado, el cambio está en que se cambian los 3 tramos de ingresos actuales por 6 tramos; pagarán lo mismo los activos que ganen menos de 18.000 euros (40% copago) y hasta 35.000 euros (50%), pero pagarán más los que ganan de 35.000 a 65.000 (55%, ahora 50%) y de 60.000 a 100.000 (60%, ahora 50%), así como los que ganan más de 100.000 (65% copago, ahora 60%). Y en cuanto a los pensionistas, seguirán pagando un copago del 10% si la pensión está por debajo de 60.000 euros, subiendo al 60% los que reciben de 60.000 a 100.000 euros de pensión (ahora pagan el 10%) y el 65% los que reciben más de 100.000 (ahora su copago es el 60%), subiéndoles también el límite mensual si reciben entre 60.000 y 100.000 euros de pensión.

En resumen, que los medicamentos nos cuestan algo menos desde el 1 de diciembre, pero lo importante es conseguir que tengan un precio “suficiente para que las pequeñas farmacias no tengan que cerrar y a los laboratorios les compense fabricarlos. Y para asegurar el abastecimiento y que las farmacéuticas investiguen y ofrezcan nuevos fármacos. Europa y España han aprobado Estrategias a medio plazo, que garanticen fármacos, ingresos, investigación y precios asumibles, para los países y pacientes. Y además, se van a modificar los copagos, para que trabajadores y pensionistas paguen en función de sus ingresos reales, para reducir el despilfarro de medicamentos. Nos jugamos la salud y el bolsillo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Los medicamentos vuelven a bajar

A partir del 1 de enero, notará que algunos medicamentos son más baratos, aunque sólo unos céntimos la mayoría. Bajan otro año más los precios de referencia, para rebajar la abultada factura en recetas y hospitales. Pero tiene dos efectos negativos. Uno, que agrava las débiles cuentas de miles de farmacias pequeñas, que venden más y ganan menos. Y otro, que desalienta a los laboratorios para vender en España, porque tenemos los medicamentos más baratos de Europa. Eso fomenta las exportaciones de medicinas (han crecido más del 40% en 2021 y 2022) y el desabastecimiento de algunos medicamentos en España (637 ahora). Además, las sucesivas rebajas de precios (15 desde 2010) han hecho que la mitad de las medicinas cuesten menos de 3,50 euros (pagamos entre 1 y 1,40 euros: menos que un café), lo que desalienta la investigación de nuevos fármacos. Urge ahorrar bajando las recetas, pero  evitando que falten medicamentos y  logrando que lleguen sin retraso los nuevos fármacos. Apostar por nuestra salud sin racanear.

Enrique Ortega

El aumento del gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos en las últimas dos décadas y sobre todo de las autonomías, que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos los pacientes, con los copagos). Y además, la previsión es que este gasto farmacéutico crezca más en el futuro, por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y los nuevos medicamentos (cada vez más caros). Además, en España, el deterioro de la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo para atender a los pacientes) receten más, a lo que se une un abuso de los antibióticos, los ansiolíticos y la automedicación. De hecho, las recetas han pasado de 706 millones en 2004 a más de 1.000 millones que se financiarán este año 2022.

El gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas más otros 4.000 millones de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos, más baratos, que ya suponen en España el 41% de los medicamentos vendidos (65% en Europa) y el 21% de las ventas.

La rebaja de los precios de referencia, desde 2010, surtió afecto, pero poco, ya que el gasto en recetas sólo bajó a 11.135 millones en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, en 2012, estableció un copago farmacéutico (los pacientes pagaban del 10 al 60% de la receta), que fue bastante efectivo: el gasto en recetas se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto en recetas volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y año tras año, hasta 2019 (10.793 millones). En 2020, con la pandemia, el gasto en recetas  aumentó más (a 11.678 millones), pero sobre todo el gasto farmacéutico en hospitales (otros 7.883 millones, frente a 5.153 en 2014). Y en 2021, el gasto farmacéutico volvió a subir: 12.531 millones en recetas (+7,3%) y 8.425 millones (+6,9%) en hospitales, un total de 20.956 millones de euros, el 24% del gasto sanitario total. Y este año 2022, llevamos un gasto hasta septiembre de 16.122 millones, con lo que se podría cerrar el año con 21.500 millones de gasto farmacéutico en recetas y hospitales, todo un récord.

Frente a esta bola creciente del gasto farmacéutico, el Gobierno (este y los anteriores) han tomado dos medidas. Una, poco conocida, es la revisión mensual de precios de medicamentos, según van caducando las patentes y entran los genéricos: Sanidad envía una comunicación cada mes a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan, con el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. Y la segunda medida, a finales de cada año (en 2019 se hizo dos veces), es la publicación de una Orden con los nuevos precios de referencia y las nuevas agrupaciones de miles de medicamentos, que bajan de precio desde el 1 de enero, para ahorrar en el gasto en recetas y hospitales.

Esta vez, la Orden con los nuevos precios de referencia (BOE 28 noviembre) revisa los precios de 17.097 presentaciones de medicamentos, 13.552 dispensados en farmacias y 3.545 medicamentos hospitalarios, estableciendo los nuevos precios  a los que se financian desde el 1 de enero de 2023. La medida supondrá un ahorro de 270,89 millones en la factura farmacéutica pública (sólo un 1,25% del gasto esperado), que se repartirá entre un ahorro de 229,14 millones para los hospitales y 41,75 millones para las recetas en farmacia (que ahorrarán en su mayoría  las autonomías y poco los pacientes: pagaremos unos 4,7 millones menos en copagos en 2023). Este año, la rebaja de los precios de referencia es mayor que la hecha para 2022 (234,13 millones de ahorro) y para 2021 (170 millones).

Para la mayoría, los que compramos medicamentos con receta en la farmacia, esta nueva rebaja se va a notar poco, (ver listado con los nuevos precios). Veamos algunos ejemplos: crema Betnovate para la dermatitis (baja de 2,87 a 2,86 euros, -0,38%), Pulmicort, para el asma (baja de 3,08 a 3,06 euros, -0,65%), Climen para terapia hormonal menopausia (baja de 3,70 a 3,14%. -15%), Ursobilane para cálculos biliares (baja de 15,05 a 14,99 céntimos, -0,4%), heparina Clexane (baja de 40,62 a 38,29 euros, -5,73%), Equasym para el déficit de atención hipercinético (baja de 29,18 euros a 26,07, -10,6%) o Forsteo pluma recargada para la osteoporosis (baja de 317,27 euros a 252,16, -20,5%). Estos son los nuevos precios venta al público, no los que pagan los pacientes, que sólo abonan el copago (10% los jubilados y entre el 30 y el 40% del PVP los trabajadores). Así que en muchas de las 13.552 presentaciones rebajadas en las farmacias, la rebaja será de unos céntimos.

Los que sí van a notar esta nueva rebaja de los medicamentos (y van 15 ya) son las 22.164 farmacias que hay en España, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 858 farmacias rurales “con viabilidad económica comprometida”. Ya sufrieron una caída de ventas en 2020, con la pandemia, y aunque se recuperaron algo en 2021, su facturación vuelve a estancarse o caer en 2022, con la menor venta de test COVID y mascarillas. Lo que sucede a la mayoría de las farmacias es que dispensan más recetas y facturan menos, porque los precios de los medicamentos financiados llevan bajando desde 2010, además de los “sustos mensuales” (revisión adicional de algunos precios). Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias,  claves en la atención sanitaria, como se ha visto con la pandemia: ven reducir su facturación mientras les aumentan los costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (el 70% de las ventas) se resiente año tras año.

Otro riesgo de esta nueva bajada de precios de los medicamentos está en los laboratorios. Tras 15 años de rebajas de precios, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo de la media de la eurozona. Y tras cada rebaja, los laboratorios (extranjeros y españoles) se ven desincentivados a vender en España, donde la mitad de los medicamentos cuestan menos de 3,50 euros, según Farmaindustria (y nosotros, con el copago, los pagamos entre 0,35 y 1,40 euros: más baratos que un café). Esta rebaja continuada de los precios de referencia provoca dos consecuencias: hay desabastecimiento de algunos medicamentos en España y cada vez más se desvían a otros mercados, sobre todo al centro y norte de Europa, donde los cobran más caros que en España.

El problema más serio es el desabastecimiento de algunos medicamentos en España, que se ha agravado en los últimos años, a pesar de que las últimas Órdenes de nuevos precios de referencia aplican excepciones y precios ponderados para determinados medicamentos esenciales, asegurando además un precio mínimo de 1,60 euros. Pero aún así, los farmacéuticos alertan que cada vez hay más medicamentos “en falta”, en concreto 637 hoy, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que el desabastecimiento afecta sólo al 3,42% de las presentaciones. Pero la propia Agencia reconoce que el desabastecimiento de medicamentos ha crecido un 31% en el primer semestre de 2022. Según su informe, el 25,3% se deben a problemas de fabricación, otro 24,6% a déficit de capacidad en las plantas, un 22% a aumentos de la demanda y el 8% restante a problemas en el suministro de principios activos. Pero muchos expertos reiteran otra causa: con los bajos precios que tienen algunos medicamentos, a los laboratorios no les compensa producirlos. O les compensa más venderlos fuera de España, más caros.

Un indicador de lo que está pasando es el tremendo salto que han dado las exportaciones de medicamentos desde España, sobre todo en 2021 y 2022: ya saltaron de 7.162 millones de euros exportados en 2007 a 10.482 en 2012 y luego volvieron a saltar a 12.558 millones en 2020, para crecer más del 40% el año pasado y este: 17.646 millones exportados en medicamentos en 2021 y 20.017 en 2022, sólo entre enero y octubre, lo que duplicarán este año las exportaciones de medicamentos de antes de la pandemia. Los medicamentos son la 3ª mayor partida exportadora de España, tras los coches y los derivados del petróleo. Y las principales exportaciones han ido,  en 2022,  a Bélgica, Suiza, China y Francia.

Los recortes continuados en el precio de los medicamentos (que apenas suponen ahorro en la factura farmacéutica), no sólo ponen  en peligro las cuentas de muchas farmacias y provocan desabastecimiento de medicamentos sino que además, desincentivan la llegada a España de nuevos fármacos innovadores. Los datos son muy explícitos. Por un lado, los españoles sólo accedemos a la mitad de los nuevos medicamentos que se autorizan en Europa: en 2022, solo estaban disponibles en España 85 de los 160 nuevos fármacos autorizados en Europa entre 2017 y 2020, según la patronal Farmaindustria. Un porcentaje (53%) que, además, baja año tras año (llegaron el 62% en 2018) y es muy inferior al de Alemania (llegan el 92% de los nuevos fármacos), Italia (79%), Reino Unido (68%) o Francia (62%). Y además de no llegar la mitad, los nuevos fármacos que llegan tardan 517 días en autorizarse su inclusión para financiarlos, frente a 337 días de media en Europa (y los 180 días que debería tardarse legalmente).

Los dos problemas, nuevos medicamentos que no llegan y otros que tardan demasiado en poder recetarse, tienen una causa común: los bajos precios que se pagan en España. Hay una negociación permanente entre Sanidad y los laboratorios para fijar el coste de los nuevos fármacos, donde algunos laboratorios intentan “abusar” con los precios que piden y Sanidad intenta “ahorrar en la factura farmacéutica” retrasando la autorización, a costa ambos de los pacientes que esperan un nuevo fármaco para sus dolencias (muchas graves).

Además, el racaneo en los precios de los nuevos medicamentos (una parte justificado y otra no) disuade también a los laboratorios para investigar en España, máxime cuando el proceso de crear un nuevo medicamento tarda de 10 a 12 años y sólo 3 de cada 10 nuevos medicamentos generan retornos suficientes como para compensar la inversión realizada en la investigación, según Farmaindustria. Eso sí, España compensa a los grandes laboratorios por su excelente sanidad hospitalaria y el potencial investigador de nuestras Universidades, lo que se traduce es que somos el país líder en Europa en ensayos clínicos de nuevos medicamentos y el 2º del mundo, tras EEUU. Y esta es una baza que utiliza Sanidad, la aportación pública a la investigación, para intentar pagar menos por los nuevos fármacos.

Otro factor a tener en cuenta, según la industria farmacéutica, es que la inversión en nuevos medicamentos acaba ahorrando costes al sistema sanitario: por cada euro invertido en fármacos innovadores, se ahorran entre 2 y 7 euros en prestaciones sanitarias (consultas, ingresos hospitalarios e intervenciones), según algunos estudios. Eso sí, en España, las bajadas de precios y los intentos de ahorro han reducido el peso de los fármacos innovadores (los que tienen menos de 10 años): tenían un 32,5% de cuota en 2013 y bajaron al 28,3% en 2018, según el último dato de Farmaindustria. Y los propios médicos se quejan de que no disponen de fármacos nuevos para muchas enfermedades.

Al final, hay una oportunidad de mejorar la oferta de medicamentos a un precio asumible: potenciar la industria farmacéutica, aprovechando las ayudas europeas. Es lo que pretende Europa, para ser más autosuficiente tras el “susto” de la pandemia: en noviembre de 2021, el Parlamento Europeo aprobó la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación farmacéutica para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas, como se hizo con las vacunas. A partir de ahí, las multinacionales ya han empezado a posicionarse, para trasladar sus actuales fábricas de Asia a la Unión Europea. En esta carrera, España quiere adelantarse, para lo que aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando a ello 982 millones de Fondos europeos entre 2022 y 2023. El PERTE pretende digitalizar el sistema sanitario y parte de la atención sanitaria y potenciar terapias avanzadas en el tratamiento de enfermedades (en especial la diabetes, enfermedades degenerativas y el ELA) y el desarrollo de fármacos innovadores, en colaboración con la industria farmacéutica, los investigadores y los grandes hospitales, buscando que España sea un país atractivo para las multinacionales farmacéuticas y sus ensayos clínicos.

La semana pasada, el PERTE de Salud de Vanguardia consiguió un gran logro: los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y de los mayores laboratorios españoles acudieron a La Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un polo europeo de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de fármacos en España y contratar a 4.500 jóvenes al año para sus 103 plantas españolas. Y creen que el Gobierno español puede atraer a otros paises a seguir este camino, promoviendo una potente industria farmacéutica europea. Por su parte, el presidente Sánchez se comprometió a elaborar un Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica, para reforzar el abastecimiento, facilitar el acceso a nuevos fármacos y colaborar en la sostenibilidad del sistema sanitario.

En definitiva, que parece que se abre el camino para que España sea un país puntero en la producción de medicamentos innovadores, que facilite la investigación y asegure nuestro suministro a precios asequibles. Eso obligará a respaldar esas inversiones de futuro con precios razonables y financiables, huyendo del racaneo que apenas ahorra y provoca desabastecimientos. Por nuestra salud y nuestra economía.

lunes, 4 de enero de 2021

Bajan otra vez los medicamentos


El 1 de enero bajaron 1.292 medicamentos que se venden en farmacias y utilizan los hospitales, una bajada que se repite cada año (2 veces en 2019) para reducir la factura farmacéutica. Sin mucho éxito, porque el gasto sube desde 2014, al haber más personas mayores, más enfermos crónicos y nuevos fármacos más costosos. Y ojo a los riesgos de estas bajadas, que sólo notaremos en unos céntimos. Porque el ahorro que suponen (170 millones) hundirá más las cuentas de muchas farmacias y fomenta unos bajos precios de muchos  medicamentos que provocan desabastecimientos: muchos se exportan a paises donde les pagan hasta un 30% más y otros se dejan de fabricar porque a los laboratorios ya no les compensa. Con la mitad de las medicinas costando menos de 3,5 euros (y que pagamos entre 35 céntimos y 1,70 euros), hay que tener cuidado con estas rebajas de precios anuales: racanear puede traernos problemas, con las farmacias y la investigación de nuevos fármacos. Al final, lo barato es caro.

El gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos y sobre todo de las autonomías, que son las que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos casi todos con los copagos). Por eso, en las últimas dos décadas se aplica el sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por los medicamentos: la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar a la venta de genéricos (más baratos), que sólo suponen en España el 40% de los medicamentos vendidos y el 21% de las ventas.

En los primeros años, apenas se utilizó esta rebaja de los precios de referencia. Y en 2009 se batió el récord de gasto farmacéutico, con casi 1.000 millones de recetas y 12.506 millones de euros de gasto sólo en farmacias, más otros 4.000 millones en hospitales. A partir de 2010 se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, lo que rebajó la factura, pero poco: 11.135 millones de gasto en farmacia en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, estableció en 2012 un copago farmacéutico (por el que los pacientes pagan del 10 al 50% de la receta) y el gasto se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2.013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y así año tras año, hasta 2019: 10.793,9 millones de gasto en farmacias y 7.373 en hospitales (donde más crece). Y este año 2020, con la pandemia, el gasto farmacéutico será mayor: se llevan gastados 10.121,5 millones (hasta noviembre) en las farmacias y 5.487,4 en los hospitales (hasta septiembre).

El gasto farmacéutico crece, en España y en todo el mundo, por tres razones básicas: aumenta el número de personas mayores (en España, de 7,9 millones mayores de 65 años en 2010 a 9,28 en 2020), crecen los pacientes con enfermedades crónicas (el 9% de españoles toma 5 fármacos diarios o más) y los nuevos medicamentos, en especial los tratamientos hospitalarios, son más caros. Además, la falta de medios en la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo) receten más, además de existir un abuso en la utilización de antibióticos.

El caso es que los Gobiernos tratan de frenar esta factura farmacéutica por 2 vías. Una, poco conocida, es la revisión constante a la baja por Sanidad de los precios de los medicamentos, que se retroalimenta por una guerra de precios entre laboratorios, para poder colocar sus medicamentos de marca frente a los genéricos. La otra vía es la Orden que fija cada año los precios de referencia, el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. En 2019, el Gobierno bajó estos precios 2 veces, el 1 de enero (una rebaja de 256 millones) y el 1 de noviembre (otra rebaja de 118 millones). Ahora, en noviembre de 2020 se publicó la Orden que modifica, desde el 1 de enero, los precios de venta de 16.872 presentaciones de medicamentos (13.824 se dispensan en farmacias y 3.048 en hospitales), para ahorrar otros 170 millones este año en el gasto farmacéutico.

La mayor parte del ahorro lo van a tener los hospitales (126,20 millones) y las autonomías (ahorraran 43,92 millones en el pago de recetas), siendo sólo de 5,06 millones el ahorro de los ciudadanos al comprar medicinas en la farmacia. Y ojo, la mayoría no bajan de precio: de las 13.824 presentaciones revisadas que se dispensan en las farmacias, sólo el 9,3% (1.292 medicamentos) bajaron de precio el 1 de enero, según un estudio del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Y de ellas, la mayoría sólo bajan unos céntimos: un 5,8% bajan menos del 1%, un 2,2% entre el 1 y el 10%, otro 1,2% bajan entre el 10 y el 50% y sólo un 0,2% de las que bajan (1.292 presentaciones) reducen su precio más del 50%.

Los medicamentos que más han bajado (repito: céntimos para el paciente, al pagar su copago) son algunos anti cancerígenos (Fulvestrán, de 297,55 a 231,20), fármacos para la colitis ulcerosa ( Salofak 1gr., de 85,28 a 79,85), heparinas (Clexane 40, de 50,74 euros a 44,43), algunos anticonceptivos (Loette, de 8,52 a 8,10), fármacos para el TDH (Concerta 36 mgr., de 36,75 a 30,24 euros), medicamentos con fentanilo, fármacos para la dermatitis (Sebiprox, de 13,19 a 12,60 euros), algunos antibióticos en jarabe (Benoral, de 5,76 a 2,50 euros) y aerosoles para el asma (Atrovent, de 4,70 a 4,56 euros), según este listado oficial con los nuevos precios desde enero.

Esta nueva rebaja de precios de muchos medicamentos parece una buena noticia, pero tiene varios riesgos. El primero es que afecta mucho a las cuentas de las 22.000 farmacias españolas, que llevan años en declive, porque dispensan más recetas (trabajan más) pero con menos ingresos, debido a las rebajas mensuales de precios en los medicamentos y a las rebajas anuales en los precios de referencia. De hecho, ya en 2019, las farmacias españolas facturaban un 29,38% menos que en 2009, según la patronal FEFE. Y ahora, con esta nueva bajada de enero, perderán 34 millones de facturación este año, más otros 46 millones menos de ingresos por los cambios de precios que se hacen cada mes, según estima la consultora IQVIA. Eso afecta especialmente a las farmacias pequeñas : 3.000 venden menos de 300.000 euros anuales y, en Madrid, el 22% de las farmacias facturan menos de 20.000 euros al mes. Y especialmente a las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida”.

Otro riesgo de esta nueva bajada (y de la guerra de precios a la baja entre genéricos y medicamentos de marca) es que los precios de muchos fármacos son ahora tan bajos que no compensa venderlos en España (interesa “desviarlos” a otros paises donde tienen precios más altos) o que no les compensa ya fabricarlos a los laboratorios. Ambos motivos provocan lo mismo: el desabastecimiento de algunos medicamentos, un problema muy serio en toda Europa y en España: a fin de año había 381 medicamentos con problemas de suministro (ver la web de la Agencia del Medicamento), tras haberse resuelto 850 problemas de suministro en los últimos 6 meses. El problema es serio porque los casos de desabastecimiento de fármacos se han más que duplicado: han pasado de 700 casos en 2015 a 1.650 en 2019, según este informe de la OCU y Salud por Derecho. Los desabastecimientos se concentran en fármacos contra el cáncer, para enfermedades cardiovasculares, dolencias digestivas y enfermedades metabólicas, según los datos de la Agencia del Medicamento (AEMPS). Y los laboratorios con más casos en 2019 fueron Pfizer, Mylan y Sanofi (líder en 2018).

Una parte de los desabastecimientos son por causas productivas, por problemas en  la cadena de fabricación y en la llegada de materias primas, que vienen de Asia o Europa del Este (con más problemas al inicio de la pandemia) o en la distribución entre paises. Pero otros se deben, según los expertos, a los bajos precios que tienen los medicamentos en España, que fomentan su exportación a otros paises donde los laboratorios los venden más caros. España es el 5º país con los medicamentos más baratos de Europa (tras Eslovaquia, Portugal, Estonia y Letonia): se pagan un 15% por debajo de la media de la eurozona, según los datos de la consultora IMS Health. Y un medicamento cuesta de media en España un 33% menos que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia. Esto fomenta la exportación de medicamentos fuera de España, que se ha multiplicado por 21 entre 1955 (562 millones exportados) y 2019 (11.897 millones), según Comercio.

Otra causa de los desabastecimientos es que si un fármaco baja “demasiado”, al laboratorio ya no le compensa fabricarlo, al menos en España. Ese fue el caso de Neobrufen, que ya no se comercializa.  El informe de la OCU y Salud por Derecho recuerda el caso de Laboratorios Aspen, único comercializador de cinco medicamentos para el cáncer: en 2013, aumentó su precio un 4.000 por 100 en España y Sanidad se negó a aceptar este aumento, lo que tuvo como respuesta el fin de la comercialización de esos fármacos y el consiguiente desabastecimiento. Ahora, con esta bajada de enero, la patronal de farmacias FEFE alerta que incluir en la Orden la bajada de un 41,3% a medicamentos derivados de la penicilina (considerados esenciales por la OMS) “puede acarrear consecuencias como el desabastecimiento, por falta de rentabilidad de estos fármacos”. De hecho, la propia Orden de Sanidad establece tres “cautelas” para evitar desabastecimientos con las bajadas: un precio mínimo de 1,60 euros, un precio de referencia ponderado para medicamentos de enfermedades graves o con precios revisados en los 2 últimos años y la no revisión de 91 medicamentos considerados “esenciales” por la OMS.

Con todo, existe el  riesgo de que otra bajada de precios más ponga en peligro algunas farmacias (un eslabón clave de la atención sanitaria) y la fabricación y abastecimiento de algunos medicamentos. Sobre todo cuando las bajadas anteriores y la guerra de precios han llevado a que el 50% de los medicamentos con receta cuestan ya menos de 3,5 euros, según Farmaindustria (y nosotros pagamos por ellos entre 35 céntimos y 1,70 euros, lo que cuesta un café). Y ahora, con la rebaja actual, la industria farmacéutica pierde otros 170 millones de ingresos, más otro tanto o más por las rebajas mensuales de precios. Y aunque es la industria española que más gasta en investigación (1.211 millones en I+D+i en 2019), no parece lógico recortarles cada año sus ingresos si queremos que saquen nuevos fármacos. Porque cuanto más les recortemos, más riesgo hay de que no innoven. De hecho, sólo 2 de cada 10 medicamentos autorizados en España son innovadores. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según han denunciado los farmacéuticos de Orense.

Quizás los laboratorios ganen mucho, pero son un eslabón clave para la salud, como se ha visto con esta pandemia, al igual que las farmacias. Por eso, hay que tener mucho cuidado con racanearles en los precios, porque lo podemos sufrir en cierres de farmacias, desabastecimiento de medicamentos y menos inversión en nuevos fármacos. Hay que buscar otras vías de ahorro del gasto farmacéutico. Primero, hay que bajar las recetas y el consumo de medicamentos, a todas luces excesivo, evitando el despilfarro (a pesar de los copagos), que se visualiza en viviendas repletas de medicamentos. Y hay que evitar la automedicación o la medicación innecesaria, “forzada” a nuestros médicos (ansiolíticos y antibióticos). Incluso Sanidad considera “inadecuadas entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales.

Habría que aprobar un Plan de choque para rebajar la factura farmacéutica por la vía de que los médicos receten menos y que todos nos automediquemos menos y no despilfarremos los medicamentos, porque “nos cuestan menos que un café”. Ahorrar en gasto farmacéutico innecesario para poder gastarnos más en los nuevos tratamientos y fármacos innovadores, que forzosamente serán más caros. Y pagar un precio justo a los laboratorios (no cediendo a sus chantajes de precios), sosteniendo de paso a las farmacias, que son nuestro asesor sanitario más cercano. Por todo ello, cuando vaya a comprar una medicina, piense lo que hay detrás, lo que nos jugamos en que les salgan las cuentas. Al final, lo barato es caro.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Faltan medicamentos (lo barato es caro)


El 1 de enero bajan la mayoría de medicamentos, unos céntimos: nos ahorraremos 8,44 millones de euros en la farmacia. Pero lo que parece una buena noticia, no lo es: los medicamentos llevan bajando desde 2010 y su precio no compensa en algunos casos, con lo que los laboratorios dejan de producirlos o los exportan a paises europeos donde cuestan un 30% más, como también hacen (fraudulentamente) algunos mayoristas y farmacias. El resultado es el desabastecimiento: han faltado más de 1.000 medicamentos a finales de noviembre y ahora hay más de 400 en falta. Los recortes de precios impuestos se nos han vuelto en contra: el que muchos medicamentos cuesten menos que un café (el Adiro, 1,48 euros, aunque un jubilado paga 15 céntimos) desalienta la oferta de fármacos y la investigación de otros nuevos, además de hundir a las pequeñas farmacias. Urge racionalizar el gasto por otras vías y saber que luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


A finales de noviembre, saltó la alarma: llegó a haber más de 1.000 medicamentos con problemas de suministro, que no se encontraban en muchas farmacias, algunos muy populares como Nolotil, Adiro o Dalsy. Ahora, algunos se han repuesto, pero hoy todavía hay 405 medicamentos con desabastecimiento, según este listado que publica la Agencia española del Medicamento (AEMPS). El año 2017 llegó a haber 900 con problemas. Y eso que este listado sólo incluye los medicamentos con “desabastecimiento, pero los farmacéuticos tienen otro listado, el CISMED, que incluye los medicamentos  con “problemas de suministro”, donde hay más demanda que oferta, un barómetro previo al desabastecimiento y que detecta medicamentos “difíciles de conseguir” para las farmacias cada día.

El desabastecimiento de medicamentos provoca muchos problemas, sobre todo a los pacientes, que se ven obligados a hacer una “ronda de farmacias” para buscarlos y luego ir al médico para que les recete otro alternativo (casi todos lo tienen), que suele causar problemas a los más ancianos (porque cambia la caja o el color o el tamaño de las pastillas). Para los médicos es otro problema, porque colapsa más las consultas de los Centros de salud pidiendo el cambio de medicamento. En los hospitales, las encuestas revelan que el 25% sufren problemas de suministro a diario y el 45% semanalmente, con lo que gestionarlo les lleva 5 horas semanales. Y las farmacias pierden también mucho tiempo llamando a almacenes para encontrar medicamentos o vacunas. Y además, se ha denunciado que las farmacias rurales y las pequeñas tienen más difícil encontrar las medicinas que escasean.

¿Por qué faltan algunos medicamentos? En un 38% de casos, se debe a problemas en el proceso de fabricación del medicamento, según el análisis hecho por la Agencia (AEMPS) de los 590 medicamentos en falta el primer semestre de 2018. Un proceso que es complejo y multinacional: el principio activo se compra en un país (muchos en China e India), se empaqueta en otro y se vende en un tercero, con lo que cualquier problema trastoca la cadena y el suministro final. Es lo que pasó con Adiro: la materia prima (acido acetil salicílico) se produce en Asturias pero Bayer lo envía a Alemania para su envasado y ha chocado con obras en la planta de Leverkusen, provocando desabastecimiento, que intenta resolver  importando las cajas de su fábrica de Milán. En el caso de Nolotil, el laboratorio que lo vende (Boehringer) compra el principio activo (metamizol magnésico) a Sanofi, que ha tenido problemas de suministro y como vende en 100 paises, elige cómo repartir la escasez. En otros casos, se ha debido a un incremento puntual de la demanda (12%) o a un “retraso en la entrega” (21% según la AEMPS). Muchas veces, la multinacional farmacéutica tiene un pico de demanda en un país y “desvía” medicamentos de otro: es lo que pasó en 2017 con Clexane (heparina), en falta en España porque se exportó parte de la producción fabricada en España a Alemania (donde la pagan más cara).

Pero en un 47% de los casos, los desabastecimientos de medicamentos se deben “a causas desconocidas”, según una reciente denuncia de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), que pide “más transparencia” sobre un problema sanitario grave, que afecta a toda Europa, no sólo a España. Y en este 47%, muchos expertos incluyen una causa que cada vez cobra más peso, sobre todo en España: el bajo precio de los medicamentos. “El desabastecimiento de medicamentos se debe a los bajos precios en España”, denunció en octubre el Colegio de Farmacéuticos de Orense. Y es que, con las rebajas impuestas desde 2010, el 55% de los medicamentos tienen un precio de venta con IVA inferior a 3,50 euros (los usuarios pagamos 1,40 euros o menos). Y con estos precios, a muchos laboratorios no les compensa fabricarlos. Y como venden en 100 paises, planifican para venderlos en los paises con los precios más caros, exportando cada vez más los medicamentos que se fabrican en España. Baste recordar que España es uno de los paises europeos con los medicamentos más baratos, sólo por delante de Portugal, Eslovenia, Letonia y Estonia. Y una medicina cuesta de media un 33% menos en España que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia.

Con estas diferencias de precio, la tentación de vender fármacos en otros paises, a costa de reducir la oferta en España, es muy grande. Baste decir que las exportaciones  de medicamentos se han multiplicado por 18 entre 1995 (562 millones de euros) y 2017 (10.061 millones), aunque este año bajan un 4% (7.719 millones hasta septiembre). Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal o Francia), para vender medicamentos que debían  ir a farmacias españolas a paises que los pagan el doble o el triple.


Por todo esto es preocupante que el Gobierno Sánchez haya aprobado otra Orden ministerial para bajar los medicamentos el 1 de enero de 2019, como se viene haciendo desde 2010, en aplicación del sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por las medicinas: la sanidad pública solo financia un precio máximo por medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos (más baratos), que ya suponen en España el 81% de los medicamentos vendidos y el 55% de las ventas.

Ahora, el Gobierno ha revisado a la baja el precio de 15.500 presentaciones farmacéuticas (se venden 17.500), la mayoría medicamentos que se venden en farmacias (12.825) y 2.916 utilizados en hospitales. Todos bajan unos céntimos y las mayores rebajas (ver listado nuevos precios) se notarán en algunos ibuprofenos (que bajan del 65 al 81%, medicamentos contra el colesterol (bajan del 5,25% al 48%), anticonceptivos y medicamentos contra el asma. La rebaja para los particulares será de 8,44 millones, pero los laboratorios recortarán sus ingresos otros 248,25 millones en 2019, según los datos de Sanidad.

Los riesgos de esta nueva rebaja de medicamentos son básicamente dos. Uno, que se agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno no ha bajado nada 29 medicamentos básicos para “evitar una indeseable situación de falta de suministro de medicamentos esenciales”, como reconoce textualmente la Orden de Sanidad. Y la otra, que los laboratorios reduzcan su investigación de nuevos fármacos, tras 8 años de recortes de precios. De momento, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i (1.147 millones en 2017, el 20% de toda la investigación industrial hecha en España) y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, con más ensayos clínicos de medicamentos. Pero los laboratorios instalados en España producen menos fármacos innovadores: sólo lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según denunciaron los farmacéuticos de Orense.

La otra consecuencia negativa de que las medicinas cuesten menos que un café es que las rebajas de precios están afectando muy negativamente a las cuentas de las 22.046 farmacias españolas, que no son “unas tiendas más” sino un eslabón clave del sistema sanitario (el más cercano y “confiable”). La mayoría de las farmacias venden más medicamentos que en 2010, dispensan más recetas, pero facturan menos, entre un 10 y un 20% menos, y además les han bajado los márgenes. Y el mayor problema se concentra en las 3.000 farmacias que venden menos de 300.000 euros, sobre todo las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida” y que malviven gracias a ayudas autonómicas.

Los riesgos de esta política de precios de los medicamentos, muy alejados de Europa, son claros. Y la ventaja, el ahorro en la factura farmacéutica, no es tan evidente: el gasto en farmacias se rebajó del récord de 11.135 millones en 2011 a 9.183 millones en 2013, pero luego no ha parado de subir desde 2014, hasta los 10.170 millones en 2017 (y crece otro 3,34% este año, con 8.738 millones gastados este año, hasta octubre), según los datos de Sanidad. Y a ello hay que sumar otros 6.500 millones de gasto farmacéutico en hospitales, que crece el doble que en las farmacias, por los costosos tratamientos. Pero aunque el gasto farmacéutico total (16.619 millones en 2017) sea muy importante, hay que señalar que su peso en la economía es todavía menor que en 2010 (supondrá el 1,43% del PIB en 2018, frente al 1,57% en 2010). Y que España, aunque sea “un paraíso de las recetas” (900.000 al año), gasta menos en medicamentos de farmacia que la mayoría de Europa: 223 euros per cápita, frente a 326 euros de media en la eurozona, 479 euros en Alemania, 382 euros en Francia o 250 euros en Italia, según Farmaindustria con datos de la OCDE (2016).

Aunque gastemos menos que Europa, el gasto farmacéutico es tremendo y se lleva el 24% de todo el gasto sanitario (70.804 millones en 2018). Y lo peor es que todo apunta a que aumentará en los próximos años, por tres factores: el envejecimiento de la población (más viejos que viven más años y consumen muchas medicinas), el aumento de las enfermedades crónicas (un 45% de adultos hoy las padecen y serán más en el futuro) y los nuevos tratamientos para algunas enfermedades (oncología, trasplantes, enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiples…), que son muy costosos. Eso obliga a racionalizar el gasto farmacéutico, para compensar este mayor coste con algunas medidas de ahorro que no sea el desplome de precios de los medicamentos, sencillo pero muy arriesgado porque puede agravar los desabastecimientos y las “fugas” de medicamentos y laboratorios.

Una primera medida es reducir el número de recetas injustificadas, provocadas en muchos casos por la falta de tiempo de los médicos para atender a los pacientes (“receto y vete”), la inexistente medicina preventiva y la insuficiente mejora de hábitos de vida, dos vacunas contra las recetas, junto a campañas públicas para no despilfarrar en el consumo de fármacos (tenemos en casa decenas de cajas para tirar) y automedicarse menos. Los expertos insisten en que consumimos demasiados sedantes, estimulantes y sobre todo antibióticos: 1 de cada 2 españoles los ha tomado en el último año y los reciben 1 de cada 2 pacientes hospitalizados, según Sanidad, que considera “inadecuadas” entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales. Un abuso que no sólo sube el gasto sino que crea un problema de resistencia a los antibióticos (superbacterias), que será en 2050 la primera causa de muerte en el mundo (con 10 millones de fallecimientos). Y controlar más el gasto farmacéutico hospitalario, el que más crece.

Mientras se intenta frenar el gasto farmacéutico, urge tomar medidas para evitar los desabastecimientos de medicinas, un grave problema sanitario que preocupa en toda Europa. Y más ante el Brexit. Las Agencias del Medicamento europeas han elaborado un Plan de trabajo hasta 2020 para reducirlos, con medidas como facilitar la autorización de nuevos fármacos, permitir prospectos en varios idiomas (para poder llevar los medicamentos a los paises donde falten) y un mayor control del camino que siguen las medicinas desde la fábrica a la farmacia, con la entrada en vigor (el 9 de febrero de 2019) de la “trazabilidad obligatoria”, la incorporación a los medicamentos de unos "códigos  Data Matrix 2D" que facilitarán detectar los medicamentos falsificados (el 1%) y vigilar si un medicamento ha sido desviado a otro país. Sin embargo, no se contemplan sanciones europeas a los laboratorios responsables de desabastecimientos ni restricciones a las exportaciones entre paises.

En España, la Agencia del Medicamento prepara un nuevo Plan 2019-2021 para garantizar el suministro de medicamentos. Mientras, habría que tomar algunas medidas urgentes como agilizar las alertas a los médicos (para que no receten medicamentos con problemas de suministro) y permitir a los farmacéuticos que tengan más autonomía para cambiar medicamentos no disponibles (pueden hacerlo en muchos casos, pero no cambiar cápsulas por comprimidos, ni inyectables, insulinas, medicamentos contra el asma o de especial control), para que el paciente no tenga que ir a por otra receta. Y se podría obligar a los almacenes a tener un stock de medicamentos susceptibles de desabastecimiento, como hacen en Portugal. También urge crear un canal de urgencia online para distribuir medicamentos escasos y que los farmacéuticos no tengan que ir  “a la caza de una medicina” o los pacientes “peregrinar” de farmacia en farmacia (“tienen Adiro en tal farmacia”, como nos dicen cuando buscamos algo en el Corte Inglés o Decathlon). Y por supuesto, una mayor vigilancia de laboratorios, mayoristas y farmacias para que no desvíen medicamentos que hacen falta aquí a otros paises para ganar más con ellos.

En definitiva, cuando vaya a la farmacia en enero verá que las medicinas le costarán unos céntimos menos. Pero piense que el que sean tan baratas no le beneficia, porque puede provocar que mañana no encuentre algún medicamento o que para conseguir un tratamiento contra el cáncer, su hospital tenga que comprarlo en el extranjero, 30 veces más caro, como ya ha pasado con Aspen Pharmacare, que en 2014 dejó de producirlos en España. Y piense que aunque cuesten menos que un café, no hay que tomar medicinas por tomarlas ni tenerlas almacenadas en casa, porque su coste para el país es tremendo. Y si no lo racionalizamos entre todos, desde los médicos a los pacientes, habrá más copagos. Y si racaneamos al pagar los medicamentos, faltarán y no se innovarán. Al final, lo barato es caro.