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lunes, 19 de diciembre de 2016

España: drogas y alcohol en exceso


Estas fiestas aumentan el consumo de alcohol y drogas, sobre todo entre jóvenes. Algo que por desgracia sucede todo el año, porque los españoles han aumentado su consumo de alcohol y sobre todo drogas: ya gastan en narcóticos más que en alcohol, según el INE. Y España es el 2º consumidor de Europa de cocaína, el 5º de cannabis y el 6º de éxtasis y anfetaminas, además de ser líder en incautaciones de droga. El consumo ha crecido entre los jóvenes, incluidos adolescentes, y por eso 1 de cada 3 conductores dio positivo en los controles de drogas en 2015. Pero el mayor problema lo tenemos en el alcohol entre los jóvenes, incluidos niños de 12 años que mueren por coma etílico o acaban en urgencias (5.000 en 2015). El Gobierno promete una Ley contra el alcohol en la infancia, pero urge tomar más medidas contra el consumo creciente de drogas y alcohol (subiendo impuestos: es el 5º país más barato de Europa), que hunden nuestra sociedad. No lo permitamos.

enrique ortega

Esta larga crisis ha aumentado el consumo de alcohol y drogas en España, que ya antes era elevado. Y sobre todo, ha aumentado el consumo de drogas. Los españoles ya gastan en drogas más que en alcohol: 6.004 millones en 2015 gastados en narcóticos, frente a 5.131 gastados en bebidas alcohólicas, un 1% del gasto total de los hogares, según los datos del INE, que ha evaluado por primera vez el alcance económico de las drogas en España. El consumo de las principales drogas (cannabis, cocaína, anfetaminas, éxtasis) cayó ligeramente entre 2007 y 2013, pero se ha recuperado en los dos últimos años, lo mismo que el consumo de alcohol, que consumen ya el 80% de los españoles.

El consumo de drogas es un grave problema en toda Europa, donde la droga movía en 2014 entre 21.000 y 31.000 millones de euros, según datos de Europol, que advierte sobre el creciente poder y sofisticación de las mafias de la droga. Un negocio boyante que aumenta porque  el 1% de los adultos europeos (5 millones de personas) consume cannabis (marihuana) a diario y un 6,6% en el último año, a que 1,1% de europeos consumió cocaína en el último año (5,5 millones de personas)  un 0,8% éxtasis, un 0,5% anfetaminas y un 3% las nuevas sustancias psicotrópicas, según el Informe europeo sobre drogas 2016. Porcentajes que se duplican en el caso de los europeos jóvenes, de 15 a 34 años. Y casi la cuarta parte de los europeos han probado alguna droga ilegal en algún momento de su vida.

En Europa, la droga más vendida es el cannabis (9.300 millones de euros, el 38% del mercado), seguida de la heroína (28% del mercado, con 6.800 millones), la cocaína (26% de las ventas de droga, con 5.700 millones), las anfetaminas (8% mercado, con 1.800 millones) y el éxtasis (MDMA), con un 3% del mercado (700 millones en ventas). Sin embargo, cara al futuro,  las autoridades europeas están muy preocupadas por el auge de las “drogas de diseño”, éxtasis y “pastillas de mil colores”, drogas sintéticas muy dañinas y baratas, que se elaboran en Europa, en paises del Este, Holanda y Bélgica. Y cuya venta se multiplica por Internet, gracias a redes que venden con sistemas encriptados de muy difícil control por las autoridades.

España es uno de los paises europeos destacados en el consumo de droga, después de ser líder en incautaciones de drogas, junto a Reino Unido, por nuestra situación de puerta de entrada a Europa. Somos el 2º país consumidor de cocaína: un 10,3% de españoles la ha probado alguna vez y el 3,3% en el último año, sólo por detrás de Reino Unido (4,2%) y por delante de Francia (3,3%), Holanda (3%) o Italia (1,8%), según datos de 2014 del Informe europeo de Drogas 2016. En cannabis, España es el 5º consumidor europeo, con un 17% de españoles que han consumido en el último año, por detrás de República Checa (23,9%), Francia (22,1%), Italia (19%) y Dinamarca (17,6%). En anfetaminas, somos el 6º país consumidor: un 1,2% de españoles el último año, por detrás de Holanda (2,9%), República Checa (2,3%), Alemania (1,8%), Dinamarca (1,4%) y Suecia (1,3%). En éxtasis (MDMA), España es el 6º país con más consumo: lo consumieron el 1,5% de españoles en el último año, tras Holanda (5,5%), República Checa (3,6%), Reino Unido (3,5%), Italia (2,9%) y  Francia (2,3%). Y por último, en heroína y opiáceos de alto riesgo, España baja al lugar 13º del ranking europeo, con 1.6-2,5 casos por 1.000 habitantes, menos del 4 por 1000 de media en Europa.

Al final, las drogas, además de estar relacionadas con múltiples delitos (1 millón al año en Europa) y causar numerosas enfermedades y gastos sanitarios, provoca también muertes: 6.800 muertes en Europa en 2014, de las que 402 fueron en España, según los datos del Observatorio Europeo de Drogas. En el  ranking de muertes por drogas, España ocupa el lugar nº 12, con 13 muertes por millón de habitantes (15-64 años), por debajo de la media europea (19,2 muertes por millón) y detrás de los paises líderes: Estonia (113 muertes por millón), Irlanda, Suecia y los paises nórdicos más Reino Unido (56 muertes por millón).

En España, el problema de las drogas se está agravando entre los jóvenes e incluso entre los adolescentes. Y es que 2 de cada 10 jóvenes de 15 a 24 años (un 20%) han consumido cannabis en el último año, según la Encuesta EDADES 2013 del Observatorio Español de Droga (OEDT). Y hay 687.233 personas de 15 a 64 años que hacen un consumo problemático de cannabis, el 2% de la población y el 25% de los que consumieron en el último año. En el consumo de cocaína, 92.406 personas tenían un consumo de riesgo (ojo: en 2013, ahora serán más) y 168.677 empezaron a consumir cocaína ese año 2013, más que los que empezaron a fumar tabaco (142.882). Y el 4% de la población española adulta consume anfetaminas (1,2 millones de personas), un 1% cada día (casi 300.000). O el 0,7% que consume “pastillas de colores”, varias a la vez y mezcladas con cannabis y alcohol.

El problema más grave es que cada vez se empieza antes a fumar cannabis (19 años) y a consumir cocaína (19 años), con lo que la droga está llegando a los adolescentes. Así, un 27% de los jóvenes de 14 a 18 años (¡son 600.000¡) probaron el cannabis en el último año y un 3% lo consumen cada día (¡son 66.000¡ ). Un 2,5% de adolescentes (14-18 años) probaron la cocaína en el último año (¡son 55.000¡) y un 1,5% (33.000) en el último mes. Y un  2 % (44.000) han consumido anfetaminas en el último año y otro 3% (¡son 66.000¡) éxtasis, una droga que crece entre los adolescentes (el 1,4%, unos 30.000 han tomado alguna vez “spice”), según el Observatorio español de la Droga. Y para redondear este preocupante panorama, el 0,7% de los adolescentes ((¡15.400 de 14-18 años¡) han probado en el último año heroína.

Este auge de la droga en España y sobre todo entre los jóvenes se está notando en las calles, en los centros de enseñanza, en los trabajos y en la carretera, donde los controles de Tráfico cada vez cazan a más conductores drogados. Así, en 2015, un 33% de los conductores dio positivo en los 76.040 controles de drogas hechos por la DGT, que detecta cada día más de 100 conductores que han consumido drogas, generalmente hombres menores de 35 años, poli consumidores (cannabis más coca y alcohol). Un consumo de estupefacientes que entorpece la conducción y provoca accidentes y muertes. De hecho, de las 4.267 muertes por accidentes de tráfico entre 2012 y 2015, un 16% habían consumido drogas. Y de los peatones muertos, 1 de cada 10 había consumido drogas.

Si las drogas son una plaga en Europa y en España, el consumo de alcohol también crece, ayudado por la crisis : si en 2007 consumían alcohol el 72,9% de los españoles, en 2013 lo hacían ya el 78,3% (y habrá crecido después), según la última Encuesta EDADES, un 14,3% más que en 1995, un consumo de alcohol en la media de Europa (11,2 litros de alcohol per cápita, según la OMS, entre los 12,3 litros de Finlandia o los 11,8 de Alemania y los 6,7 litros de Italia). En España hay 1.600.000 personas de 15 a 64 años que tienen un consumo de alcohol de riesgo (1.300.000 hombres y 300.000 mujeres), un 5% de la población y el 6,5% de los que consumieron alcohol el último año, según el Informe alcohol, tabaco y drogas 2015. Y el 19% de los españoles (15-64 años) reconoce haberse emborrachado en el último año. Lo peor es que el consumo de “alcohol por atracón” (beber mucho y rápido) se ha triplicado en la última década y 1 de cada 6 españoles ha bebido así en el último mes…

Con todo, lo más preocupante es el creciente consumo de alcohol en los adolescentes, casi niños. Un problema que ha estallado brutalmente con la reciente muerte de una niña de 12 años que hacía botellón en la provincia de Madrid. Y no es un hecho aislado: unos 5.000 menores españoles acabaron con comas etílicos en las urgencias de hospitales en 2015, según la información recabada por el País en las consejerías de sanidad. No extraña, porque los datos de consumo de alcohol por chicos/as de 14 a 18 años son estremecedores: el 84% ha consumido alcohol alguna vez y el 61% se ha emborrachado, según la Encuesta sobre uso de drogas y alcohol en Secundaria del Ministerio de Sanidad. Y sobre el botellón, lo han hecho 4 de cada 10 niños de 14 años y 8 de cada 10 adolescentes de 18. Y la mitad de los jóvenes de 17 años ha hecho “el atracón” (beber mucho y rápido) en el último mes.

Con estos datos, no es extraño que 5.000 adolescentes acaben en urgencias y alguno muera. Y eso pasa porque tienen un acceso fácil al alcohol (62% lo compran en supermercados) y lo beben sin problemas en la calle (el 57%), ante la pasividad de la policía y los demás ciudadanos, junto al descontrol de familias y centros educativos. La última muerte ha provocado que la nueva ministra de Sanidad anuncie una Ley para la prevención del consumo de alcohol en menores, un paso importante pero que será insuficiente si no se toman otras medidas, como pide la Fundación de Ayuda contra la drogadicción (FAD): control riguroso de la venta a menores, control lugares públicos, campañas y educación.

Pero hay que hacer más, sobre todo aprobar una Ley integral contra el alcohol, como se hizo con el tabaco, para tratar de limitar su consumo. Y una medida importante es subir mucho más los impuestos al alcohol, que son bajos y hacen que España tenga el 5º precio más bajo de Europa, según los datos de Eurostat para 2015: si el precio medio es 100 en la UE-28, en España es 81 (un 19% más barato), el precio más bajo tras Bulgaria (64), Rumanía (72), Hungría y República Checa (79), mucho más barato el alcohol que en Alemania (84), Francia (86), Portugal (93), Italia (98) o Grecia (117) y a menos de la mitad de precio que en Reino Unido (163) o Finlandia (172). Eso se debe a que los impuestos al alcohol (913,28 euros por Hl de alcohol) son un 50% más bajos que en Europa. Y así, España es, por ejemplo, el 7º país del mundo (estudio 56 paises) con el whisky más barato (12,80 dólares, frente a 18,70$ en Francia o 30,57$ en Finlandia) o el 4º con la ginebra más barata.

También habría que aprovechar para tomar medidas adicionales contra el consumo de drogas. Por un lado, con mayores medios y presupuesto para controlar y desmantelar las mafias, vigilando muy especialmente los canales de venta a jóvenes y adolescentes. Por otro, con mayores controles, no sólo en carreteras (se hacen todavía pocos porque son mucho más costosos que los de alcoholemia), sino en lugares públicos, centros educativos y empresas, aunque algunos destinatarios protesten: no podemos dejar que las futuras generaciones se “enganchen” más. Y sobre todo, hace falta una campaña pública  y en Colegios e institutos sobre las drogas “con mejor imagen”, tanto el cannabis como la cocaína, que según los médicos dañan el cuerpo y la salud. Y mucho más si se ingieren en la infancia y adolescencia.

La crisis y los problemas económicos, laborales y sociales han hecho que muchos españoles (y europeos) se enganchen cada día más al alcohol y a las drogas para “huir de la realidad”, para escaparse de lo que no les gusta. Pero no podemos asistir impasibles a esta escalada: los ciudadanos, el Gobierno y todos los partidos deberían lanzar el debate y tomar medidas urgentes, aunque sean “impopulares”. El alcohol y las drogas no pueden seguir avanzando entre la impunidad y el “mirar para otro lado”. Todos somos responsables.  

jueves, 19 de junio de 2014

La crisis nos enferma


Esta crisis va a cumplir 6 años y sus secuelas se notan no sólo en nuestros ingresos, nuestro trabajo (o paro) y nuestra forma de vida sino también en nuestra salud: hay más españoles que van al médico cada día con ansiedad, estrés o depresión. Y aumentan los ancianos, niños y padres de familia con problemas de salud, fruto de problemas económicos o de vivienda, estrés en el trabajo, abandono escolar, paro o dificultades familiares. Al final, como la sanidad pública no está preparada para esta avalancha de enfermedades provocadas por la crisis (tenemos un tercio de psicólogos y psiquiatras que Europa), la gente se busca atajos para evadirse y sobrevivir: pastillas (se ha duplicado el consumo de antidepresivos), alcohol y drogas, donde somos líderes europeos en consumo. Es urgente valorar el problema y poner en marcha un Plan sanitario contra la crisis, para que no salgamos de ella enfermos.
enrique ortega

En Europa, el impacto sanitario de la crisis es evidente, según un estudio publicado en la revista Lancet. Han aumentado los suicidios en la mayoría de países, con repuntes destacables en Grecia, Irlanda y Letonia. Una tendencia que es la punta del iceberg de los trastornos psiquiátricos subyacentes, con una mayor incidencia de la depresión, estrés y ansiedad en Inglaterra, Eslovenia, Grecia y España. Otros estudios alertan sobre una mayor incidencia de enfermedades transmisibles, desde nuevos brotes de malaria en Grecia a mayores infecciones de VIH (entre usuarios de droga) en Lituania y Rumanía. Y se detecta un mayor consumo de alcohol y drogas, junto a una peor alimentación, según el informe SEPAS 2014.

En España, la crisis ha aumentado casi un 20% los problemas de depresión, presentes en casi la mitad (47,5%) de los pacientes que acuden a los centros de salud, según el Consejo de Psicólogos. En Andalucía, la región con más paro (36%) y más pobreza (4 de cada 10 andaluces), la depresión es la tercera causa de consulta en atención primaria, según un informe de la Junta de Andalucía. En toda España, los médicos de familia están desbordados y un 20% de todo lo que recetan son ansiolíticos, los segundos medicamentos más vendidos.

Los síntomas de la depresión de  muchos españoles son cansancio, ansiedad, estrés y apatía. Muchos son parados y padres de familia con problemas y mujeres agobiadas por sacar adelante su casa. No siempre presentan un cuadro de depresión: muchas veces han somatizado sus problemas y acuden al médico con hipertensión, desnutrición y obesidad, diarreas, dolores de estómago, mareos, palpitaciones o anemias. Pero el origen está en la ansiedad, el estrés o la depresión que tienen detrás. Y que es difícil de curar.

El colectivo más vulnerable son los casi 6 millones de parados, sobre todo la mitad larga que ya no cobra ningún subsidio (3.262.215 desempleados, la mayoría llevan más de 2 años sin trabajo). El 40% tiene dificultad para dormir, muchos tienen relaciones tensas con la familia y problemas sexuales. Y un riesgo de padecer una enfermedad mental cinco veces mayor que un ocupado, según el Congreso de Psiquiatría. Otro factor de riesgo es tener un familiar en paro (mujer o hijo) y el tercero, no poder pagar la hipoteca. Así, los padres de familia en paro, con hijos o mujer sin trabajo y con riesgo de desahucio son los más proclives a enfermar.

Y al suicidio. En España hay 10 suicidios al día, 3.539 casos en 2012 (último dato), habiendo crecido desde 2010, probablemente por la crisis. El 90% de los suicidas tienen trastornos mentales y el problema es especialmente grave entre los hombres de 25 a 34 años, donde el suicidio es la primera causa de muerte en España, por delante de los tumores. En algunos países europeos tienen planes de prevención, pero en España sólo lo tiene Cataluña.

Los que tienen un trabajo tampoco se libran de los problemas de salud (casi uno de cada cinco trabajadores enfermó en 2013, según el INE), por el temor a perder su empleo, el endurecimiento de las condiciones laborales o la precariedad en el empleo. El estrés laboral afecta al 40% de los asalariados, según el INE. Y aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, según la Fundación Española del Corazón. Además, el estrés aumenta las bajas laborales (un tercio son por depresiones), deteriora la productividad (se pierden unos 5.000 millones al año) y aumenta los accidentes laborales.

Los problemas de la vivienda son otro factor de riesgo para la salud (depresión, insalubridad, enfermedades contagiosas), sobre todo el pago de la hipoteca (el 77% de familias en riesgo de desahucio sufren ansiedad, según la PAH), o el alquiler, el hacinamiento (hijos que vuelven a la casa de sus padres) y la pobreza energética (dificultad para pagar luz, agua y calefacción), que afecta ya 7 millones de españoles, provocando 7.000 muertes al año (sobre todo entre ancianos), según el estudio ACA. Un 70% de las personas atendidas por problemas de infravivienda o alquiler presentan problemas de salud mental, según un informe de Cáritas.

Otros problemas sanitarios derivan de la mala alimentación, agravada con la crisis: más comida basura y grasas o bollería industrial, menos consumo de frutas, verduras, pescados y carnes y un mayor riesgo de obesidad ligada a la pobreza, según el informe SEPAS 2014. Sin olvidar que 2 millones de españoles comen cada día gracias a los Bancos de Alimentos y ONGs. Y que muchos niños escolarizados están malnutridos. La crisis también afecta a la sexualidad de las personas y a su descendencia: en 2013 hubo 80.000 nacimientos menos que en 2008 y las mujeres tienen menos hijos (1,38) y más tarde (32 años).

Al final, los colectivos más vulnerables en su salud, tras los padres de familia, son los ancianos, jóvenes y niños. La mortalidad aumentó en España en 2012 (último dato INE), por segundo año consecutivo (402.950 muertes, frente a 371.478 en 2006), básicamente porque el país ha envejecido, aunque la crisis aumenta la mortalidad de los ancianos por varias vías: recorte ayudas a la dependencia, congelación de pensiones, copago de medicamentos (menos medicación enfermos crónicos), pobreza energética y angustia por ayudar a los hijos. En niños y adolescentes, la crisis familiar, el abandono escolar y la alta tasa de paro juvenil (56%) son el caldo de cultivo de problemas: 1 de cada 8 niños y adolescentes, más de un millón de jóvenes, presentan trastornos mentales, según el Libro Blanco de la Psiquiatría infantil.

Este cúmulo de problemas superan a una sanidad pública ahogada por los recortes (-9.148 millones entre 2010 y 2014, un 14,3% menos de recursos) y donde la salud mental ya era el pariente pobre antes de la crisis: se la dedica 5 de cada 100 euros de gasto sanitario, frente al 10% en Europa. Y sólo tenemos 6 profesionales especializados (psicólogos o psiquiatras) por cada 100.000 habitantes, frente a 18 en Europa (53 en Alemania). Con ello, el problema les cae encima a los médicos de familia (sin una formación específica), que echan mano de lo más sencillo: recetar pastillas.

El consumo de antidepresivos se ha duplicado en España con la crisis, pasando de 30 dosis por 1.000 habitantes (2000) a 64 (2012), frente a 50 en Francia o Alemania y 56 en la OCDE. En 2013 ya se vendieron 39,2 millones de envases, a los que hay que sumar otros 55 millones de envases de tranquilizantes, 14 millones de antipsicóticos y 22 millones de sedantes. Un consumo que crea dependencia, ya desde la juventud (11,6% entre menores 18 años).

Otros atajos contra los problemas, además de las pastillas, son el alcohol y las drogas, donde España lidera las estadísticas europeas. El alcohol  crece incluso entre los más jóvenes: más de la mitad de los menores (14-18 años) han hecho botellón en el último mes y se han emborrachado en el último año, según el último estudio de Sanidad. Y somos el segundo consumidor europeo de cocaína y el tercero de cannabis, que ha consumido 1 de cada 4 menores el último año. El abuso del alcohol y las drogas se revela en este dato estremecedor: la mitad de los muertos en accidentes de tráfico (2012) habían consumido alcohol o drogas.

Son datos suficientes como para urgir a tomar medidas. Primero, hay que evaluar el alcance del problema, como han hecho Andalucía y Cataluña, creando un Observatorio en la sanidad pública. Y luego, poniendo en marcha un Plan especial de salud contra la crisis, con múltiples medidas: unidades de detección en los centros de salud (con atención prioritaria a parados padres de familia, ancianos, niños y adolescentes), formación específica a los médicos de familia, creación de más unidades especializadas (psicólogos y psiquiatras) en la sanidad pública, formación en empresas y colegios y refuerzo de la medicina de empresa. Y una campaña decidida contra el consumo de pastillas, drogas y alcohol, con medidas eficaces para reducir su consumo entre los jóvenes.

La crisis y la errónea política de austeridad han atacado nuestro bienestar y nuestra forma de vida, en un proceso del que tardaremos años en salir. Pero hay que procurar salir sanos, sin secuelas y sin caer en los atajos de pastillas, drogas o alcohol, que nos hunden como personas y como país. Hay que salir de la crisis, pero lo más sanos posible. Es lo mínimo.

domingo, 10 de febrero de 2013

Sedantes, alcohol y drogas contra la crisis


La crisis no se nota sólo en las tiendas y en las oficinas del paro. La notan también los médicos y los farmacéuticos: se han  triplicado las consultas por depresión y se han duplicado las ventas de ansiolíticos, los segundos medicamentos más vendidos en España. Y seguimos bebiendo mucho alcohol, sobre todo los jóvenes: la mitad de los que tienen 18 años se ha emborrachado en el último mes. Y España es el país europeo con más consumo de cannabis y cocaína, incluso entre menores. Pastillas, alcohol y drogas como falsos remedios para superar el paro o el estrés laboral que sufren cuatro de cada diez trabajadores. Un problema que se plantea cuando la sanidad pública está en plenos recortes y cuando las empresas no pueden aplicar planes eficaces de salud laboral. Pero urge tomar medidas para que la crisis no se lleve por delante nuestra salud. Porque luego no se recupera.
enrique ortega

Los síntomas son cansancio, estrés y apatía. Cada día, miles de españoles acuden a su médico buscando un remedio a su ansiedad o estrés. Muchos son parados y otros trabajadores con problemas en su empresa. Y la mayoría, mujeres agobiadas por sacar adelante su casa. No siempre presentan un cuadro de depresión: las más de las veces, han somatizado sus problemas y acuden con hipertensión, desnutrición y obesidad, diarreas, dolores de estómago, mareos, palpitaciones o anemias. Pero el origen está en la ansiedad, el estrés o la depresión que tienen detrás. Y que no es fácil de curar.

No hay datos globales, pero los médicos de familia aseguran que se han triplicado las consultas por depresión. Baste un ejemplo. En Andalucía, la región con más paro (35,86%) y pobreza (4 de cada 10 andaluces), 800.000 personas acudieron el año pasado a la consulta de su médico por ansiedad o depresión, según la Consejería de Sanidad: son 1 de cada 8 andaluces mayores de 16 años. Y las bajas por depresión duplican al resto.

El colectivo más vulnerable son los 6 millones de parados, sobre todo los mayores de 50 años, que ven su vida un fracaso sin salida. La mitad de los desempleados cae en la depresión, según la última encuesta de la SER. El 40% tiene dificultad para dormir, muchos tienen relaciones tensas con su familia y problemas sexuales. El riesgo de padecer una enfermedad mental es cinco veces mayor en los parados que en los activos, según el último Congreso de Psiquiatría Y a un 15% se le acaba diagnosticando depresión (un 20% en mayores de 65 años). Además, son los más proclives al suicidio. En España hay un suicidio al día (en Italia hay 2 y en Grecia 4,7) y se estima que la tercera parte son por culpa de la crisis (el último,un padre de familia con deudas antesdeayer en Córdoba).

Los que trabajan también tienen ahora más problemas de salud, por el temor a perder su empleo y el endurecimiento de sus condiciones laborales. Se estima que dos de cada tres trabajadores (11,3 millones) está más estresado, un problema que afecta ya a 40 millones de europeos, según los especialistas en medicina del trabajo (AEEMT). Esto nos acarrea unas pérdidas de 5.000 millones anuales, en menos productividad y más bajas laborales (una de cada cuatro bajas es por estrés), sin olvidar el aumento de accidentes laborales.

El estrés laboral no es una enfermedad sino que la enfermedad puede ser consecuencia del estrés, por lo que es clave detectarlo a tiempo por sus síntomas: mentales (dificultad para concentrarse, malhumor, nerviosismo), físicos (agotamiento, dolor de cabeza, sequedad bucal) y de conducta (comer o dormir poco o en exceso, consumir alcohol o drogas). Los más afectados por el estrés laboral son los más jóvenes y los mayores de 50 años.

Unos y otros, parados y trabajadores con estrés, buscan resolver sus problemas con pastillas, alcohol y drogas. De las tres, se ha disparado el consumo de sedantes, tanto tranquilizantes como somníferos con receta (Lexatín, Orfidal, Tranquimazín, Stilnox…): los tomaban en 2011 un 11,4% (4,3 millones de españoles mayores de 16 años), más del doble que en 2005 (5,1%). El porcentaje es mayor en mujeres (15,3%, frente al 7,6% en los hombres) y mayores de 35 años, aunque un 5,2 % de los adolescentes (14-18 años) reconocen haber tomado sedantes en el último mes. España está a la cabeza de la OCDE en el consumo de ansiolíticos (51,9 dosis diarias por 1.000 habitantes, el doble de las 24,1 dosis en 18 países) y somníferos (26,8 dosis por 1.000 habitantes frente a 24,9 en la OCDE).

Actualmente, entre un 40 y un 60 % de las consultas de los médicos de atención primaria encubren problemas de ansiedad, estrés o depresión. Pero los médicos de la Sanidad pública no tienen tiempo ni medios (formación y unidades especiales de atención mental) para afrontar el problema de fondo y buscan una  salida rápida: recetar ansiolíticos. Una medida que está bien para uno o dos meses, pero que se acaba haciendo crónica. Y así crea dependencia y muchos  efectos secundarios: insomnio, ansiedad, trastornos funcionales… Haría falta potenciar las unidades de salud mental, pero la Sanidad pública carece de psicólogos: hay 4,3 por 100.000 habitantes frente a 51 en Alemania (o 23 en Ecuador).

Otras personas con problemas recurren al alcohol y a las drogas, cuyo consumo ha bajado ligeramente pero es altísimo. Dos de cada tres españoles ha consumido alcohol en el último mes y un 15% de los españoles se ha emborrachado rápido (“binge drinking”), el 30% hombres y el 18% mujeres. Pero lo más grave son las borracheras de los jóvenes, casi niños, que pasan del Cola-Cao al botellón como “salida” a la falta de futuro: el 36% de los chicos de 20 a 24 años (y 21%de las chicas) se han dado un atracón de alcohol en el último mes. Y el 52,8 % de los chicos de 18 años (46,6% a los 17 años, 38,8% a los 16, 32% a los 15 y 16% a los 14 años). Un  auténtico drama que a veces acaba en urgencias, por coma etílico o accidente de tráfico.

Y quedan los que se drogan para evadirse de la crisis. España es el país europeo con mayor consumo de cannabis (lo consumen el 7,6% de la población frente al 3,6% en Europa, el 6,9% en Italia o el 4,6% de Francia) y cocaína (1,3% de españoles lo ha consumido en el último mes, frente al 0,5% en Europa). Un consumo que ha caído ligeramente, porque hay menos dinero para comprar, pero que es demasiado alto entre los jóvenes: un 8,2% entre 15 y 17 años ha consumido cannabis en el último mes, pero llega al 40,1% entre los jóvenes de 18 años (30,6% entre los de 16 y 10% entre los de 14 años). Tremendo. Y luego pasa, que en los controles de Tráfico que se hicieron el verano pasado, el 56% de los conductores dieron positivo en drogas. Y casi la mitad de los muertos en las carreteras en 2011 tenían droga, sedantes o alcohol  en la sangre.

Todo esto, sedantes, alcohol y drogas, ya se consumía antes, pero ahora mucho más con la crisis. Y entre más personas, sobre todo jóvenes, mujeres y mayores de 50 años. Por eso es urgente un Plan de salud contra la crisis, en las empresas y en la sanidad pública, gastando más en detección y en prevención, para evitar que el estrés y la depresión acaben en enfermedades mentales (muy complejas de curar) o en suicidios. Hace falta crear unidades específicas de atención en los ambulatorios, una inversión que rebajaría luego el coste de las bajas laborales por depresión y su coste farmacéutico y hospitalario.

La crisis nos ha traído paro, empleo precario y pobreza, pero también más enfermedades. Y contra esto hay que luchar con decisión, sin reparar en gastos, porque de la crisis saldremos pero si salimos enfermos todo será más complicado. Hay que apostar por la salud y evitar los atajos de pastillas, drogas y alcohol. Nos destrozan como personas y como país.