Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.
lunes, 16 de diciembre de 2024
Trump infla la burbuja de las criptomonedas
Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.
jueves, 6 de julio de 2023
Más tarjetas y Bizum, menos dinero
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| Enrique Ortega |
La pandemia cambió los hábitos de compra de los españoles, no sólo durante los meses de confinamiento sino también después, hasta hoy: se han duplicado las compras online (del 8,4% en 2019 al 15,8% en 2022, según el Banco de España) y con ello han aumentado los pagos que no se hacen con dinero, sino con tarjetas, móvil o transferencia. El efectivo sigue siendo el rey de las compras, pero su peso ha caído en estos años, según la Encuesta Ipsos realizada entre abril y julio de 2022. Y los más jóvenes creen que su uso seguirá reduciéndose, mientras apuestan cada día más por las tarjetas y los pagos por móvil.
El dinero en efectivo lo utilizan a diario 3 de cada 5 españoles (el 64% de la población), según esta Encuesta Ipsos 2022, que revela que el 60% pagaron su última compra con dinero en efectivo. El 2º medio de pago son las tarjetas (las tienen el 88% de los adultos), que utilizan a diario para pagar 1 de cada 3 españoles (el 32% de la población), que utilizaron la tarjeta un 35% para hacer su última compra. El tercer medio de pago, ya a mucha distancia, son los dispositivos móviles de pago, que tienen el 23% de los españoles: los utilizan a diario el 7% de la población y así pagaron la última compra el 3,7% de españoles. Y luego está el Bizum, la plataforma para hacer pagos por el móvil, que ya tienen el 44% de los adultos y que utilizan diariamente para hacer pagos el 1% de españoles. Y todavía hay 2 medios de pago más, que no se utilizan diariamente de forma masiva: las plataformas de pago por Internet (tipo PayPal, PaysafeCard, Redsys…), que tienen el 16% de españoles, y las transferencias bancarias, que usan un tercio de españoles para hacer pagos no frecuentes.
Esta es la foto de las formas de pago ahora. Pero ha cambiado mucho respecto a 2019, a antes de la pandemia, según revela el estudio SPACE sobre los pagos en la zona euro en 2022, una encuesta europea del BCE, que analiza tres tipos de pagos. Primero, los pagos en comercios físicos: si en 2019, el 83,2% de las compras se hacían en efectivo, en 2022 han bajado al 65,6%, subiendo las operaciones con tarjeta del 15,3 al 28,3%. Y si atendemos a los importes pagados, se pagaba en efectivo el 64,8% del gasto y en 2022 ha bajado al 51%, mientras los importes pagados con tarjetas subían menos, del 30 al 36,8%. Y eso, por el aumento de los pagos con móvil y plataformas de pago (12,2% importes).
En los pagos entre particulares, el 2º pago analizado, la caída del efectivo es mayor: de hacerse un 90,9% de las operaciones con dinero en 2019 se ha bajado a un 71,4% en 2022, subiendo las operaciones con tarjeta, móviles y otros medios electrónicos. Por importes pagados entre particulares, el efectivo cae del 73,7% del total en 2019 al 54,6% en 2022, en beneficio de las transferencias (del 6,1 al 22,5% de los importes), el móvil (del 1,2 al 14%, el gran salto, gracias al Bizum), mientras caen otros (del 19 al 8,9%), según el estudio SPACE. Y el tercer pago analizado, los pagos recurrentes (recibos, alquileres, hipotecas, seguros, suscripciones, transporte…), apenas ha cambiado: el 77,5% de estos pagos periódicos están domiciliados en los bancos, abonándose sólo un 9,9% con tarjeta (generalmente los abonos de transporte y billetes) y un 6,7% por transferencia.
Como conclusión, los españoles siguen utilizando mayoritariamente el efectivo en sus pagos, pero con mucho menos peso que antes de la pandemia, en especial los más jóvenes (de 18 a 24 años, un 61,9% utilizan el efectivo, mientras los mayores de 55 años lo utilizan en el 70% de sus compras), los que tienen más formación y los que tienen más ingresos (los hogares con menos ingresos utilizan más el efectivo). En general, los mayores de 45 años, con menos formación e ingresos, utilizan más el efectivo para pagar y los menores de 35 años utilizan más las tarjetas y los móviles. Y además, en España se utiliza más el efectivo que en Europa: el 64% lo utilizan frente al 59% de media en la zona euro, aunque en todos los paises ha caído su uso: más en España (-19% de uso de efectivo entre 2019 y 2022) que en el resto de Europa (-13% la reducción uso efectivo).
Un resultado chocante de la Encuesta IPSOS es que los españoles son de los europeos que más apoyan el dinero en efectivo: un 82% están a favor de una sociedad con efectivo y un 88% consideran útiles las monedas y billetes. Casi la mitad apoyan el efectivo porque permite pagar con privacidad y anonimato, mientras otros valoran que previene de la exclusión financiera (los pagos digitales retraen a los más mayores y pobres), que nos defiende en casos de ciberataques y que es más ágil en caso de bloqueos en los pagos electrónicos. Y resulta llamativo que estén a favor de mantener el efectivo el 76% de los jóvenes (18-24 años) y el 86% de los mayores (más de 64 años, según Ipsos 2022.
Si el efectivo sigue siendo el medio de pago más usado es gracias a los cajeros automáticos, donde los españoles sacamos el 83% del dinero en efectivo, según el Banco de España. Otro 9,3% lo sacamos por ventanilla, en los bancos, aunque cada vez restringen más esta retirada de dinero, con horarios limitados y a veces cobrando comisiones. Y otro 6,3% del dinero se consigue de pagos de amigos, familiares y en el trabajo.
Los cajeros automáticos sufrieron un “boom” a principios de siglo, pasando de 44.851 a 61.714 cajeros en 2008, el máximo histórico. Pero luego con la crisis financiera, los bancos y Cajas los han ido recortando drásticamente, a 50.441 en 2014, 50.501 en 2019 y sólo 45.233 en 2022, una cuarta parte menos que en 2008. España tiene algunos cajeros más por habitante que la media europea (1,01 por 1.000 habitantes frente a 0,81 en la zona euro), pero el problema es que están muy mal repartidos, porque el recorte de cajeros se ha producido sobre todo en las zonas rurales. De hecho, la mitad de los municipios españoles, 4.007 pueblos donde viven 1,5 millones de personas no tienen cajero (y de ellos.3.20 municipios tampoco tienen banca móvil). Un problema que se concentra en Castilla y León (1.867 municipios, el 83% del total, no tienen cajero), la Rioja (falta en el 65% de pueblos), Aragón (59%), Navarra (53%), Castilla la Mancha y Cataluña (49% pueblos sin cajeros).
A pesar de este desplome en el número de cajeros (y su ausencia en media España), cada año se saca más dinero de los cajeros: se pasó de retirar 82.024 millones de euros en 2002 a un máximo de 116.555 millones en 2008, para bajar algo por la crisis hasta 2013 (109.223 millones), subiendo después hasta 125.188 millones en 2019, el récord histórico. Con la pandemia, las retiradas de dinero cayeron en 2020 y se recuperaron después, hasta retirarse 119.798 millones de euros de los cajeros en 2022, todavía menos que antes de la pandemia, según los datos del Banco de España. Eso sí, ahora los españoles van menos veces al cajero y sacan más, una media de 175 euros por operación. La mayoría no paga por sacar dinero (el 64%), un 9% sí y el 25,5% restante pagan alguna comisión ocasional.
El gran salto en los medios de pago lo han dado las tarjetas, cuyo número se ha disparado en las dos últimas décadas: de 45,80 millones en el año 2.000 pasamos a 76,40 millones en 2008 y a 85,61 millones en 2019, con máximos año tras año hasta 2022: 88,42 millones de tarjetas (más del doble que adultos), de las que 41,36 millones son tarjetas de crédito (menos que las 44,82 millones que había en 2008) y 47,07 millones son tarjetas de débito, que han crecido mucho (31,57 millones en 2008) porque se utilizan para sacar dinero en los cajeros y para pagos directos (no financiados con tarjetas de crédito).
El pago con tarjetas se ha disparado y son ahora el gran motor del consumo. Las operaciones de pago con “plásticos” han saltado de 991,5 millones a 1.985 millones en 2008, 3.045 millones de operaciones en 2016, 4.536 millones en 2019 y 7.390 millones de operaciones con tarjetas en 2022, un 63% más que antes de la pandemia (por el auge del comercio electrónico, sobre todo, y por la demora de los pagos), según la estadística del Banco de España. Y si vamos a los importes pagados con tarjeta, el salto es igual de espectacular: se pagan con tarjeta 46.828 millones en 2002, se duplicaron los pagos a 94.413 millones en 2008, se cuadruplicaron en 2019 (161.343 millones de euros) y en 2022 se han batido todos los récords históricos: 233.581 millones de euros pagados con tarjetas, 5 veces más que hace 20 años y un 45% más que antes de la pandemia. Y eso a pesar de que los bancos han subido las comisiones anuales por la tarjeta (exigiendo una alta vinculación por bajarlas) y que los tipos de interés que se cobran por las tarjetas “revolving”, las que permiten pautar los pagos mensualmente (como si se dispusiera de un crédito) superan el 20%...
Las transferencias como forma de pago se han estancado, básicamente porque tardan tiempo y porque hay comercios y particulares que no las quieren, además de que en muchos casos se pagan altas comisiones. Por eso, han ganado peso los pagos por móvil (tanto con la tarjeta en el móvil) como con plataformas de pago por Internet (PayPal y otras, con gran peso de Amazon Pay) y sobre todo Bizum, el popular sistema de pagos a través del móvil: nació en 2016, como una aplicación bancaria pionera en Europa, apoyada por 16 bancos españoles accionistas (ahora lo son 23 y lo aceptan 37 bancos) y tiene ahora 23 millones de usuarios en España. Primero lanzó los pagos entre particulares por móvil, en 2018 los donativos a ONGs y en 2020 los pagos en comercios adheridos, ya sea con una clave Bizum, con un código QR o con el envío de un enlace del comercio para realizar el pago. En 2021 se empezó a usar Bizum para Loterías y en 2023 se añade el pago de suscripciones. El objetivo es alcanzar este año los 25 millones de usuarios, llegar a 1.000 millones de Bizum entre particulares y 25 millones en comercios. Un avance imparable.
¿Cómo vamos a pagar en el futuro? Todo apunta a que habrá muchos más pagos electrónicos, con el móvil e Internet, y menos pagos con dinero en efectivo. La previsión es que los pagos electrónicos se tripliquen entre 2020 (1,03 billones de operaciones) y 2030 (3,02 billones de operaciones), según un estudio de la consultora PwC. El mayor salto en los pagos electrónicos se dará entre 2020 y 2025 ( de 1,03 a 1,88 millones de operaciones, +109%), aunque también crecerán entre 2025 y 2030 (de 1,88 a 3,02 billones, +76% de aumento). El mayor tirón de los pagos electrónicos se dará en Asia/Pacífico (de 494.00 millones 0 a 1,81 billones de operaciones entre 2020 y 2030, un +76%), seguida de África (de 59.000 a 172.000 millones de operaciones, +64%), un continente que pasará casi directamente del dinero a los pagos electrónicos, sin apenas usar el eslabón intermedio de las tarjetas. En Europa, el salto de los pagos electrónicos será menor (de 229.000 millones a 522.000, +39%) y lo mismo en EEUU (de 180.000 millones a 349.000, +35%).
El informe de PwC apuesta por varias tendencias en los medios de pago futuros: mayor inclusión financiera de paises y personas más pobres (el 80% tendrán móviles en 2025 y podrán hacer pagos digitales, frente a sólo un 69% de adultos en el mundo que hoy tienen una cuenta bancaria), más monederos digitales, más pagos internacionales no bancarios y, sobre todo, más monedas digitales: algunos paises las tienen ya (China o Barbados) y la mayoría las tendrá en esta década, con el euro digital previsto para 2026. Eso sí, a cambio de una mayor digitalización de los pagos, se agravarán 2 problemas: más fraudes y ciberataques y menos privacidad de nuestros datos, cuya mayor utilización por los gigantes de Internet y las grandes empresas será el gran negocio de las próximas décadas.
En definitiva, que el dinero en efectivo va a perder cada vez más peso y hay paises que apuestan por su desaparición en una década, como Suecia, Noruega, Dinamarca, Paises Bajos, China o Corea del Sur, gracias a la irrupción de las monedas digitales y el auge de los pagos electrónicos. Pero el dinero tardará en morir y será muchos años la forma de pago más utilizada por los españoles, aunque ya son muchas las personas (sobre todo los más jóvenes) que salen de casa sin llevar dinero en el bolsillo. Adiós dinero, adiós.
lunes, 29 de mayo de 2023
La ayuda de un euro fuerte
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| Enrique Ortega |
El euro nació en los mercados financieros el 1 de enero de 1999, aunque durante los tres primeros años fue una “moneda invisible”: sólo se utilizaba a efectos contables y en pagos electrónicos. Las monedas y billetes en euros se pusieron en circulación el 1 de enero de 2002, en 12 paises de la UE, entre ellos España. Nació en 1999 cotizando por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2.000 hasta 2002 (0,95 dólares). Y se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar su máximo anual en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares). Así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la inflación disparada revalorizaron al dólar como “moneda refugio”. Y el euro volvió a perder la paridad, costando menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Pero las rápidas subidas de tipos del BCE y el temor a una crisis bancaria en EEUU han fortalecido la moneda europea, que el viernes cotizaba a 1,071 dólares, un +10,5% sobre los peores momentos de 2022 (0,96 dólares en septiembre).
Este fortalecimiento del euro frente al dólar supone una ayuda a las economías europeas, porque “quita presión a la inflación”, el mayor problema del continente. ¿Cómo? Pues reduciendo el coste de los productos importados que se pagan en dólares (ahora “más baratos”), reduciendo el efecto negativo de “la inflación importada”. La mayoría de la energía (petróleo, gas, carbón) se paga en dólares, al igual que los metales (hierro, acero) y muchas materias primas, además de los alimentos. Y todos estos productos importados que se pagan en dólares son ahora un 10,5% más baratos que en septiembre de 2022. Así que los europeos tenemos dos ayudas. Una, que ha bajado el coste de la energía y de muchas materias primas. Y la otra, que a esta rebaja se suma la rebaja de pagar en dólares “más baratos”. Un ejemplo, el petróleo. Ha bajado de 90 euros el barril (septiembre 2022) a 76 dólares (mayo), una rebaja del -15,6%. Pero ha bajado más en euros: de 93,8 a 69,1 euros, un -24,9%. Es la ayuda de tener un euro más fuerte.
Como la mayoría de paises europeos importa más que exporta (también España: 457.381 millones de euros frente a 389.208 millones en 2022), esta ayuda del euro fuerte ha sido clave para bajar la inflación, junto a las bajadas de la energía y las materias primas. Así, la inflación anual de la zona euro ha bajado del 10,6% en octubre (el peor dato) al 7% en abril, según Eurostat. Y en España más: del 7,3% en octubre al 3,8% en abril pasado. Y lo mismo en Alemania (del 11,6 al 7,6%), Francia (del 7,1 al 6,9%) e Italia (del 12,6 al 8,7%).
Pero ojo, tener un euro más fuerte que el dólar también supone problemas, básicamente dos. El primero, que resulta más difícil exportar a otros paises, sobre todo a los que pagan en dólares, porque los productos europeos les resultan ahora más caros (+10,5% que en septiembre pasado), al debilitarse el dólar frente al euro. Esto es clave para todos los paises, pero especialmente para España, donde llevamos varios años en que las exportaciones son claves para sostener el crecimiento. Así pasó en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%). Y en el primer trimestre de 2023, la aportación exterior fue la clave (+1,3%), junto a la inversión, de que la economía creciera algo (un +0,5%), ya que cayó el consumo (-1,4%), según el INE.
Así que los exportadores miran con recelo la fortaleza del euro, porque les costará más vender fuera, aunque nos beneficie a los consumidores. De momento, esta fortaleza del euro perjudica menos a las exportaciones españolas (y alemanas), que vendemos menos a paises que pagan en dólares (un 30% del total de nuestras exportaciones), que a las exportaciones de Francia e Italia, más vinculadas a compradores de fuera del euro. Los últimos datos lo corroboran: si las exportaciones española crecieron un +21,2% en 2021 y un +22,9% en 2022, batiendo récords históricos, en el primer trimestre de 2023 crecen un +14,6%, menos pero el doble que las de la zona euro (+7,7%) y más que las de Alemania (+7,8%), Francia (+9,5%) e Italia (+9,8%). Claro que también ayuda que la inflación en España sea la más baja de Europa y que tengamos unos salarios un 31,5% inferiores a la zona euro (23,5 euros la hora frente a 34,3 euros en la UE-20, según Eurostat): menores costes y precios que ayudan a contrarrestar que ahora nuestros productos sean más caros en dólares.
El otro problema de tener un euro más fuerte que el dólar es que perjudica la llegada de turistas, al menos los que viajan con dólares, porque se les encarecen los paises del euro. Y eso es especialmente preocupante para España, el 2º mayor destino de turistas del mundo, que espera superar este año los 83.7 millones de turistas extranjeros que llegaron en 2019. Un turismo que es clave para sostener la economía y el empleo, porque se espera que deje casi 100.000 millones de euros en divisas. El riesgo es que ahora, con un euro más fuerte que les obligará a gastar más dólares, o no vengan (y se vayan a Turquía, Marruecos, Túnez o Egipto, donde su moneda se ha revalorizado) o vengan menos días o gasten menos, sobre todo los turistas de Alemania y Reino Unido, dos paises en recesión.
Los expertos apuestan porque la moneda europea siga fuerte el resto de 2023, salvo que se complique la guerra en Ucrania o vuelva a dispararse la inflación. Y eso porque el BCE va a seguir subiendo los tipos en junio y quizás en julio, mientras quizás no lo haga la Reserva Federal USA (aunque allí están en el 5,25% frente al 3,75% en Europa), lo que puede atraer inversiones y fortalecer al euro, sobre todo porque los mercados temen que caigan más bancos regionales en EEUU. Y aunque Europa apenas crece (+01% la zona euro, en el primer trimestre) y Alemania está ya en recesión (dos trimestres, el 4º de 2022 y el 1º de 2023 con la economía cayendo), también hay nubarrones sobre el futuro de la economía USA: la Reserva Federal ha anunciado una posible recesión en EEUU, una caída del crecimiento en el 4º trimestre de 2023 y el 1º de 2024, como fruto de las subidas de tipos.
Mientras esperamos la evolución de la cotización del euro, la moneda europea avanza, dentro y fuera del continente. Dentro, ya es la moneda de 20 paises europeos, tras la incorporación al euro de Croacia (1 enero 2023), que se suma a las de Lituania (2015), Letonia (2014), Estonia (2011), Eslovaquia (2009), Malta y Chipre (2008) y Eslovenia (2007). Ahora, está previsto que se incorporen al euro Bulgaria (1 enero 2024) y Rumanía (2029). Los demás paises, o no están por la labor de perder su moneda (caso de Suecia o Dinamarca) o tienen complicado cumplir las exigencias económicas que se piden para ingresar en el euro (caso de Polonia, Hungría o Chequia).
A nivel mundial, el euro gana peso pero muy lentamente. Actualmente, es la 2ª moneda mundial: 60 paises de fuera de la UE utilizan el euro como moneda o han vinculado su moneda al euro, según la Comisión Europea. En 2022, el 20,5% de las reservas mundiales están en euros (frente al 18,5% en 1999 y el 20% en 2015), sólo por detrás del dólar USA, que acapara el 58,4% de las reservas mundiales (frente al 72% en 1999) y por delante del yen japonés (5,5%), la libra (4,9%) y el resto de monedas (10,7%, la mayoría el yuan chino). En las transacciones en divisas, el peso del dólar es mayor (el 88% del total) y también en las emisiones de deuda (60% frente al 21% en euros), aunque se reduce en los pagos comerciales (42% en dólares y 38% en euros). Y destaca también el mayor uso del dólar en los préstamos internacionales (55% del total frente al 18% en euros).
La Comisión Europea presentó en enero de 2021 una Estrategia para fomentar el uso del euro en el mundo, con un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE (la mitad el total mundial), desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que, en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.
En el último año se han producido una serie de noticias que confirman esta estrategia de China por promover su moneda, el renminbi (“moneda del pueblo”), más conocida como yuan: el anuncio de Rusia de incorporar la moneda china a sus reservas (un tercio están ya en yuanes, según el FMI), el acuerdo entre Brasil y China para usar el yuan como moneda de intercambio comercial en vez del dólar (y el anuncio de que el yuan ha superado al euro como moneda de reserva de Brasil), la decisión de Argentina de cambiar el dólar por el yuan en su comercio con China, el anuncio de Arabia Saudí para aceptar yuanes en lugar de dólares en las ventas de petróleo, y, más sorprendente, la primera compra francesa de gas natural chino pagado en yuanes… Además, destaca el anuncio de los paises BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para estudiar la posibilidad de crear juntos una nueva divisa mundial, mientras India ha decidido ya liquidar compras y ventas con algunos paises pagando en rupias (su moneda) en vez de en dólares…
En definitiva, que una parte del mundo se mueve para superar el monopolio del dólar, con China a la cabeza. Pero el dólar es demasiado poderoso y aunque cede terreno, será la moneda dominante durante mucho tiempo. Máxime si China sigue siendo un país demasiado cerrado financieramente, con controles de capitales e intervenciones en la cotización del yuan (reiteradamente denunciadas por EEUU), que no acaban de gustar a los inversores. Una cosa es que Brasil o Argentina paguen en yuanes “de forma forzosa (a cambio de materias primas o créditos) y otra que inversores y paises “elijan el yuan frente al dólar o el euro”. De hecho, la proporción de reservas internacionales en yuanes (un 10% del total) ha bajado desde la guerra en Ucrania, un -12% el último año, según el FMI.
En lo que sí lleva ventaja China es en crear una moneda digital, e-Yuan, siguiendo la estela innovadora de sus antepasados, de la dinastía Tang: el dinero papel se inventó en China en el siglo VII y la innovación llegó a Europa con Marco Polo, en el siglo XIII. El proyecto se puso en marcha en 2014, cuando el Gobierno chino creó un grupo de investigación. Y las primeras pruebas se hicieron en abril de 2020, que se aceleró en enero de 2022, con el lanzamiento de una versión piloto de monedero virtual de e-Yuanes en las tiendas de iOS y Android. Con ello, la moneda digital china se ha ido extendiendo entre algunas regiones y ciudadanos y, según el Banco Central chino, ya hay 13.600 millones de e-Yuanes en circulación. Y más de 260 millones de chinos tienen ya cuentas en e-Yuanes (e-CNY).
Una anécdota: un pequeño país se adelantó a China y fue el primer Banco Central que creó una moneda virtual en el mundo: Bahamas, que puso en circulación su moneda digital (el Sand Dólar, el Dólar de Arena, la CBDC) en octubre de 2020. El proyecto salió adelante "por necesidad", tras la tremenda experiencia de la COVID y un huracán, que trastocaron la actividad financiera de un país con 400.000 habitantes que viven…¡ en 700 islas¡ Después, en 2021, Nigeria ha sido la primera nación africana en lanzar su moneda digital, la e-Naira.
Mientras, la Unión Europea iniciaba en julio de 2021 un proyecto del BCE para emitir una moneda digital europea, la e-Euro. Una moneda, que como la e-Yuan, no tiene nada que ver con las criptomonedas: es una moneda oficial, respaldada por el BCE, para operar en paralelo al euro físico (en moneda o papel). El objetivo es que pueda ser utilizado como medio de pago en los paises euro, por empresas y particulares, y que permita realizar pagos con tarjeta o móvil. El proyecto de la e-Euro tiene 2 fases. En la primera, que terminará en 2023, se realizarán pruebas entre el BCE y los bancos centrales y las entidades financieras de la zona euro. Dentro de estas pruebas, el Banco de España lidera un proyecto piloto de una moneda virtual (CBCD) para realizar operaciones digitales interbancarias. En la 2ª fase, el BCE y los bancos de los paises euro avanzarán en pruebas prácticas con la nueva moneda digital europea, que se espera podamos utilizar en 2026.
Mientras la moneda digital ya es una realidad en China y Europa espera tenerla en tres años, en Estados Unidos apenas se avanza en la e-Dólar. El empuje lo dio el presidente Biden, aprobando a principios de 2022 una Orden ejecutiva para “evaluar con urgencia la creación de una moneda digital”. Los primeros pasos del proyecto piloto no se dieron hasta noviembre de 2022, con una prueba de tres meses, que ha chocado con la crisis de los bancos regionales USA. En el subconsciente de las autoridades norteamericanas pesa también la crisis de las bitcoin y la dificultad de crear una moneda virtual que sea la moneda del mundo.
A la espera de la e-Euro, el BCE va a cambiar los billetes de los euros en 2024, para intentar hacerlos más seguros. Y buscará que la moneda europea se utilice más en el resto del mundo. Pero la moneda no deja de ser “el espejo de una economía”, así que su fortaleza o debilidad tiene mucho que ver con el desarrollo económico, industrial y tecnológico, con la productividad y el potencial de un país o un continente en el mundo. Y ahí, Europa avanza pero tiene muchas tareas pendientes. Eso se reflejará en el euro.

