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jueves, 18 de julio de 2019

Los ciberataques se multiplican


A finales de junio se supo que unos hackers habían entrado en el correo electrónico de los jueces del “procés”. En mayo, que los datos de 4,5 millones de visitantes de la Alhambra quedaron al descubierto por comprar sus entradas online. Y en marzo, que habían introducido un virus en los ordenadores de Defensa para conseguir secretos de la industria militar. Son solo 3 ejemplos recientes de ciberataques, que en el mundo sufren 1.200 millones de internautas. En España, se detectaron 111.519 incidentes en 2018, más del doble que en 2015, sobre todo a empresas estratégicas, instituciones  y particulares. Y el CNI alerta que España sufre un incidente “crítico” de seguridad cada 3 días. Es un problema serio, que cuesta 500.000 millones de euros al año en el mundo y 2.100 millones en España, donde 1 de cada 3 internautas sufren ciberataques. Urge que el Estado, las empresas y los particulares gasten más en seguridad y afronten con mayor decisión uno de los grandes problemas del siglo XXI. Estamos muy inseguros.


A principios de 2019 había en el mundo 4.388 millones de internautas, más de la mitad de la población mundial (7.676 millones), según el último informe de We Are Social y Hootsuite. Y de ellos, la mayoría (3.986 millones de personas) son internautas vía móvil, casi 30 millones de ellos en España. Pues bien, 1 de cada 3 de estos internautas sufrió algún ciberataque en 2018, según revela el último informe sobre Ciberseguridad de Norton/Symantec: son ya 1.200 millones las personas que han sufrido ciberataques en el mundo, 867,2 millones en el último año, sobre todo en China (729,5 millones de internautas han tenido problemas), EEUU (151,9 millones afectados), Brasil (89 millones), México (49,4 millones), Alemania (32,6 millones), Reino Unido (26,7), Francia (26,2), Italia (24,1). En España, el informe Norton estima que 1 de cada 3 internautas fueron afectados por ciberataques (unos 10 millones).

Con estos ciberataques tan generalizados, la ciberdelincuencia se ha convertido en un negocio más rentable que la droga, según los expertos. De hecho, el informe Norton revela que 2 de cada 5 ataques informáticos tienen un impacto económico sobre el país, la empresa o el particular atacado y que provoca unas pérdidas de 172.000 millones de dólares al año (142 dólares de media anual por víctima). Otra estimación, de McAffe, eleva el coste anual de la ciberdelincuencia a 600.000 millones de dólares (500.000 millones de euros), el 0,8% del PIB mundial. Y en el caso de España, la estimación de Norton es que los ciberdelitos nos cuestan cada año 2.100 millones de euros de pérdidas.

El hecho cierto es que los ciberdelitos se han multiplicado en España en los últimos años, aumentando casi un 50% anual. Así, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), con sede en León, ha pasado de detectar 18.000 “incidentes de seguridad” en 2014 a 50.000 en 2015 y 111.519 incidentes en 2018, sobre todo en empresas, Universidades, infraestructuras críticas e internautas particulares. Y de ellos, 722 ciberataques afectaron a “operadores estratégicos críticos” (organismos y empresas que prestan servicios esenciales para la comunidad), sumándose ya más de 2.300 ataques críticos en los últimos 5 años, más de la mitad de ellos a bancos, empresas de energía y transportes.

Otra estadística reveladora es la que publica cada año el Centro Criptológico Nacional (CCN), dependiente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que se especializa en ciberataques al Estado y sus instituciones, aunque también a empresas y servicios básicos. En 2018, el CCN detectó 38.192 ciberataques, el 57% dirigidos a instituciones públicas. Suponen un 44% más que en 2017 (26.472), casi el doble de incidentes que en 2016 (20.807) y casi 10 veces los ciberataques detectados en 2012 (4.003). Y lo peor es que 180 ciberataques fueron “críticos” (1 cada 3 días) y 9 “muy críticos”. El propio presidente del CNI reconoció en el Parlamento su preocupación porque los ciberataques son cada vez “más serios”:si en  los últimos 5 años se registraban cada mes 5 incidentes de seguridad informática “de envergadura”, en junio de 2019 se han producido 9 ataques relevantes”, señaló Sanz Roldán.

Una tercera estadística son los ciberdelitos que se denuncian, ante la policía y la Guardia Civil: fueron 81.307 denuncias en 2017, el último dato aportado por el Observatorio de Delitos Informáticos (OEDI), con las denuncias que recibe Interior, un 35% más que en 2015 (60.154). La mayoría son denuncias por fraude informático (60.150), seguidas de las denuncias por amenazas y coacciones (11.270), falsificación informática (2.961), acceso e interceptación ilícita (2.505), delitos informáticos contra el honor (1.537) y sexuales (1.322).

El problema es que sólo un 12% de estos delitos cibernéticos pasan a un Juzgado: se incoaron 8.035 procedimientos judiciales por delitos informáticos en 2016, según la Memoria del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), frente a 66.586 denuncias ese año. Y eso, porque muchas empresas y particulares no los denuncian y, sobre todo, porque la policía tiene la orden de no enviar al juez los delitos informáticos donde no se ha detectado el autor (algo casi siempre muy difícil y más si las fuerzas de seguridad carecen de medios), en cumplimiento de la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal promovida en 2015 por el Gobierno Rajoy. Y aunque lleguen a un Juzgado, muchos de estos delitos informáticos se archivan, bien porque son importes bajos o porque su investigación es muy compleja, con frecuentes implicaciones de mafias radicadas en el extranjero. Y al final, se estima que el 95% de los delitos informáticos quedan impunes. En 2016, por ejemplo, de las 66.586 denuncias, los jueces sólo imputaron delitos informáticos a 1.242 personas (el 1,86%), según la Memoria del CGPJ. Y la mayoría de los imputados no acaba en la cárcel.

Los ciberataques se centran, en España y el mundo, en organismos públicos, empresas y particulares. Los ataques informáticos a los Estados y sus instituciones están creciendo, por razones políticas y de espionaje industrial, según el último informe del CCN (CNI). Es el caso detectado en el Ministerio de Defensa, donde en marzo se detectó un virus que pretendía robar datos de empresas de armamento. Lo que más está creciendo en el último año, según el último informe de Norton/Symantec 2019, es el “formjacking”, una nueva modalidad de ciberdelincuencia que se dedica a cargar códigos maliciosos en Web de minoristas para robar los datos de las tarjetas de créditos de los compradores. Es lo que pasó en septiembre de 2018 a 380.000 clientes de British Airways o al 5% de clientes de Ticket máster. Y en España, lo que les ha pasado a los 4,5 millones de visitantes de la Alhambra que compraron su entrada por Internet: sus datos quedaron expuestos. Y hay mafias informáticas que luego ofrecen estos datos en el Internet oscuro, cobrando 45 dólares por tarjeta.

Otras dos modalidades de ciberdelitos que siguen ahí, con fuerza, son el “ransomware” (se exige el pago de un rescate para acceder al propio sistema, infectado por un virus: su uso ha aumentado un 12% en 2018, según Norton) y el “crytojacking” (delincuentes entran en equipos informáticos potentes y los utilizan para generar criptomonedas). También está muy generalizado el “phising” (ciberdelincuentes engañan al internauta para que revele información personal, como contraseñas, datos de tarjetas de crédito, de la Seguridad Social y  números y claves de cuentas bancarias), que ha supuesto más de 1.000 millones de euros de pérdidas a bancos y clientes españoles desde 2014, según el CCN. Y también están ahí todas las modalidades de “malware”, virus que se introducen con las cuentas de correo (el 60% de los mails tienen alguna “carga dañina”, según el CCN), fotos, imágenes o descargas y que pretenden acceder a datos personales y correos. Es lo que le ha pasado al Juez Marchena y a otros magistrados que juzgan “el procés”. Sin olvidar las plataformas que ofrecen servicios (alquileres) o premios y que piden a cambio pagos que son un fraude.

Otras formas más de ciberdelincuencia, según recuerda el CCN (CNI) son las acciones contra la seguridad informática de ciertas redes, organismos y empresas sensibles hechas por hackers activistas (“kactivistas”), yihadistas o terroristas. Es un anticipo de la guerra del futuro: la “guerra cibernética”. De hecho, la OTAN y 21 paises europeos (entre ellos España) han creado en Estonia el Centro para la Defensa Cibernética Europea (CCDCOE), para trabajar conjuntamente en la defensa de instalaciones básicas europeas (agua, electricidad, aeropuertos…), pensando en potenciales ataques de Rusia, China y pequeños paises de Asia y Oriente Medio. Y el abuso de datos y noticias falsas (“fake news”) y la manipulación de la opinión pública e través de las redes sociales en  épocas electorales. O los ataques a webs (el 45% de estos ataques se dan en EEUU y el 25% en Holanda), para paralizarlas o ralentizarlas o como forma de presión económica o política.

En España, los ataques cibernéticos más comunes, según esta guía del INCIBE, son el secuestro del sistema (“ransomware”), el robo de datos, el colapso plataformas o servicios, la caída y alteración de webs, el espionaje y hackeo de dispositivos y el envío fraudulento de correos con virus o haciéndose pasar por empresas, bancos, eléctricas o instituciones (Hacienda) para obtener datos personales del internauta. Los sectores más atacados por los ciberdelincuentes son los bancos, las empresas de energía, agua y transportes, así como las webs de vuelos, viajes y entradas.

El problema de fondo es que los ciberdelincuentes están cada vez más preparados y los Estados, empresas y particulares no lo están tanto. En la Administración pública, el Ministerio del Interior ha contratado este año a 12 expertos externos en ciberseguridad porque faltan especialistas  en la Policía y la Guardia Civil, colapsadas con los ciberdelitos. Y el Centro de detección de ciberataques de León, el INCIBE, sólo tiene 23 millones de Presupuesto y 104 empleados (el 40% son contratados temporales), por lo que se quiere aumentar un 40% su plantilla (superada por el trabajo de los ciberdelincuentes) en los próximos 3 años.

Pero lo más preocupante es la desprotección en ciberseguridad de la mayoría de las empresas españolas: el 30% consideran que están “poco o nada preparadas” para hacer frente a los ciberataques, según una Encuesta hecha por Deloitte en 2018. Las más preparadas son las empresas muy grandes (las que facturan más de 5.000 millones de euros anuales), pero lo están poco las menos grandes, las medianas y sobre todo las pymes. En general, las empresas españolas  invierten poco en ciberseguridad: invierten de media un 8,5% de su presupuesto en tecnología, cuando la media que recomiendan los expertos es invertir al menos el 20% de lo que gasten en tecnología (TIC). Y esta escasa preparación es especialmente preocupante dado este dato: el 76% de las empresas españolas han sufrido un ciberataque en los últimos 6 meses, según la Encuesta de Deloitte.

Los particulares tampoco hacemos mucho contra los ciberataques. Por un lado, nos gastamos muy poco en antivirus (sólo lo tienen el 68% internautas, según el informe ONTSI 2018) y en sistemas de protección y nos dedicamos a descargar sin precaución correos, adjuntos, fotos, vídeos, aplicaciones y demás, las mayores vías de entrada de los ciberdelincuentes. Y no nos preocupamos demasiado de gestionar las claves, que repetimos sin reparo. De hecho, sólo el 15% de los internautas recurren a “métodos seguros” para proteger su seguridad informática, según los expertos. Y todo ello a pesar de que dos tercios de los internautas españoles (el 65,8%) han sufrido problemas de seguridad, según el informe ONTSI 2018. Y a que un 32% confían “poco o nada” en Internet.

Un elemento clave es gastar más en ciberseguridad, tanto los Estados como las empresas y los particulares, pero otro es contar con profesionales bien formados que nos defiendan contra la ciberdelincuencia. Y no los hay, ni ahora ni para el futuro próximo. De hecho, para 2022 habrá 1,8 millones de empleos sin cubrir  ligados a la ciberseguridad, de ellos 350.000 en Europa y 25.000 en España, según la publicación Cybersecurity Ventures. Así que los Gobiernos y las empresas tienen que apoyar a fondo la formación de ciberespecialistas, desde la Formación Profesional a la Universidad. Pero “estudios de verdad”, con seriedad y profundidad, porque actualmente hay una cierta “burbuja” de formación, con 65 Másteres y Grados en ciberseguridad  impartidos por Universidades (sobre todo privadas) y Escuelas de Negocio, muchos puestos en cuestión por los expertos.

El mundo tiene que tomarse en serio la lucha contra la ciberdelincuencia, uno de los grandes retos de este siglo como el cambio climático. Obama ya declaró la ciberseguridad como uno de los objetivos estratégicos de EEUU y Trump ha reiterado que es una de sus prioridades, agobiado con China y Rusia. En Europa, la Comisión aprobó en 2016 una Directiva que establece medidas para lograr un elevado nivel de ciberseguridad, obligando a paises y empresas a informar con celeridad de los incidentes y fugas de datos. Y en España, Rajoy aprobó en diciembre de 2013 la Estrategia de Ciberseguridad Nacional, que Sánchez acaba de actualizar, al aprobar en abril la nueva Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2019. Su objetivo es potenciar la resistencia de los sectores ante la ciberdelincuencia y conseguir una mayor colaboración público-privada, introduciendo certificaciones e indicadores de ciberseguridad en los servicios estratégicos y exigiendo requisitos de seguridad informática en todos  los concursos públicos. Pero faltan más recursos (públicos y privados)  y más coordinación entre instituciones, administraciones y empresas, así como campañas públicas para concienciar y formar a los internautas en la seguridad.

Internet ha revolucionado nuestras vidas y la economía pero también se ha convertido en la mayor plataforma para el delito, para cometer fraudes, atacar a empresas e instituciones y robar o intimidar a los internautas. Y los ciberdelincuentes están cada vez más organizados y tienen más poder, con la connivencia de mafias y algunos Estados. Por eso, urge que los paises, las empresas y los particulares se vuelquen en defenderse de esta plaga, con dinero, medios, especialistas y formación. Es “una cuestión de Estado”. Porque estamos más desprotegidos de lo que creemos. Superconectados sí, pero necesitamos estar más seguros.

lunes, 24 de abril de 2017

Los ciberataques se duplican en España


En 2016 se produjeron en España 315 ataques informáticos diarios a empresas, instituciones o particulares, más del doble que en 2015, cuando ya se triplicaron sobre los de 2014. Y esos son los ataques que se detectan o se denuncian, porque ciberataques puede haber diez veces más. De hecho, el cibercrimen mueve ya en el mundo más dinero que la droga y ataca a 1 de cada 5 internautas (689 millones en 2016). Esto exige una mayor atención de los particulares a su seguridad informática y, sobre todo, fuertes inversiones de Gobiernos y empresas en ciberseguridad, una de las industrias con más futuro. En España, empresas y particulares gastan poco en ciberseguridad y sólo una de cada cinco grandes empresas tiene un Plan de seguridad informática. Urge un acuerdo mundial contra el cibercrimen, como el alcanzado contra el Cambio climático. Y en España, ampliar presupuestos  y medios públicos, desde técnicos a  policías y jueces especializados. Son delitos muy peligrosos para la economía y nuestra vida diaria.


enrique ortega
 
La mitad de la población mundial es internauta, unos 3.773 millones en 2016, y un tercio son activos en la Red: 2.789 millones de personas. Pues bien, 1 de cada 4 de estos internautas activos sufrió algún ciberataque en 2016: 689 millones de personas, según revela el informe Norton sobre Ciberseguridad 2016. Según sus estimaciones, los ciberdelincuentes lanzaron más de 1 millón de ataques diarios y causaron pérdidas por 125.900 millones de dólares (119.900 millones de euros), lo que convierte al cibercrimen en el mayor negocio ilegal del mundo, por delante del narcotráfico o el tráfico de armas, según los expertos.

La razón es este auge de los ciberataques es que los internautas siguen sin tomar medidas para proteger sus dispositivos, mientras los ciberdelincuentes son cada vez más sofisticados. De hecho, según el informe Norton, el 35% de la población mundial tiene algún dispositivo informático sin proteger, lo que propicia los ciberataques. Y más con el auge del “Internet de las cosas: 1 de cada 5 dispositivos domésticos enlazados a la Red no cuenta con la protección necesaria y eso explica el auge de los ciberdelitos. La mayoría de los ataques, según el informe Norton, se centran en el robo de contraseñas (“phishing”), para el posterior acceso a información financiera y personal, además del “hackeo” del correo electrónico o de los archivos y material sensible de particulares y empresas. También la suplantación de empresas y organismos, para el envío de correos en su nombre pidiendo información, como ha denunciado en febrero de este año el Banco de España.

España es el país nº 19 en el ranking mundial de ciberdelitos y el 8º europeo, según el último informe de Symantec. El cibercrimen representa ya el 32% de la delincuencia económica  en España y mueve unos 10.000 millones de euros al año, según estimaciones de los expertos. Y avanza año tras año de forma imparable: si en 2014 se detectaron unos 18.000 ciberdelitos, en 2015 alcanzaron los 50.000 y en 2016 se han superado los 115.000 ciberdelitos, más del doble, según el balance del Instituto Nacional de Ciberseguridad(INCIBE), con sede en León. De ellos, 110.293 fueron ataques informáticos a empresas y ciudadanos, 479 a operadores críticos (energía, transportes, comunicaciones, puertos)  y otros 4.458 ataques a la red RIS (Universidades y centros de Investigación). Y eso son los ataques detectados por INCIBE o denunciados por particulares y empresas, porque hay muchos ciberataques que no se detectan ni se denuncian (por no dañar la imagen de empresas), con lo que se estima que los ciberataques reales, en España y en el mundo, pueden ser diez veces los detectados.

En paralelo a los ciberdelitos detectados por el Instituto Nacional de Ciberseguridad , están los delitos informáticos que particulares y empresas denuncian a la policía, que tiene unidades especializadas contra los ciberdelitos. En 2015 (últimos datos oficiales) se contabilizaron en España 60.154 delitos informáticos (frente a 42.812 en 2012), de los que dos tercios fueron por fraude informático (40.864), 10.112 por amenazas y coacciones, 2.386 por acceso ilícito, 2.361 por falsificación informática, 2.131 contra el honor, 1.233 delitos sexuales, 900 por interferencias en sistemas y 167 delitos informáticos contra la propiedad industrial. De todos estos ciberdelitos registrados por la policía, sólo un tercio pasaron al juez: hubo 22.575 procedimientos judiciales por delitos informáticos en 2015, según la Memoria de la Fiscalía. La mayoría se tipificaron como estafas (86%) y destacaron los delitos de “phishing” (robo de datos y claves) y fraudes con tarjetas y transferencias. Muchos de estos delitos se archivan, bien porque son importes bajos o porque su investigación es compleja y son delitos muy difíciles de investigar, con tramas mafiosas en  el extranjero, por lo que se estima que un 95% de los delitos informáticos quedan impunes. Y así, sólo se imputaron por delito informático a 4.667 personas en 2015. Y la mayoría no acaba en la cárcel.

Los ciberataques se centran en España en internautas, empresas y organismos públicos. Si empezamos por los 28 millones largos de internautas, las dos terceras partes (64,6%) reconocen que han sufrido algún incidente al utilizar Internet, según la Encuesta de Equipamiento y Tecnología  del INE (2015). Más de la mitad sufren “spam” (correos no deseados) y otro 24,6% han sufrido algún virus. Según los datos del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), los mayores ataques proceden del envío de correos y mensajes engañosos, con el objetivo de robar datos y contraseñas. Una variante muy extendida es el “malware bancario”: envío de mail con virus que se instalan en el ordenador del cliente para robarle claves o números de cuentas y tarjetas.

Los ataques a empresas son los que más han crecido en los últimos años, con una media de 2,8 ataques por empresa en 2016, según una encuesta de la consultora PwC, que estima una pérdida de 1,3 millones de euros por empresa. Según el INCIBE, tres son los ataques informáticos que causan  más daño a las empresas españolas. Uno, el secuestro de datos (conocido como “ramsonware” o “criptoware”), que afecta sobre todo a las pymes: el hacker envía un virus a la empresa que encripta los archivos y piden un rescate a cambio de desencriptarlos (una especie de “cibersecuestro” de datos). Normalmente se pide el rescate en moneda virtual (bitcoins) y en webs extranjeras encriptadas, lo que dificulta su seguimiento. Otro ciberdelito es el llamado “fraude al CEO”: se accede al correo del directivo de una empresa y se solicitan pagos a proveedores en la cuenta del ciberdelincuente. Otra variante es suplantar al departamento de compras o crear tiendas virtuales inexistentes  y enviar correos para ofrecer ofertas y concursos o recabar pagos.

Un tercer frente de ciberataques son las empresas estratégicas, desde la energía a los transportes y las industrias básicas, apoyándose en que España es el 5º país del mundo con más sistemas informáticos (3.059 sistemas) que controlan este tipos de instalaciones y procesos industriales  a través de Internet, la mayoría sin la adecuada protección. Sólo en 2016 se registraron 479 incidentes de seguridad en infraestructuras críticas, un 35% más que en 2015, según el Centro nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC). Y según los expertos, esta estadística no recoge ni el 10% de los incidentes reales: si se analizaran los 5.000 operadores de servicios esenciales, se contabilizarían realmente unos 100.000 incidentes informáticos al año. Los servicios más atacados, según un estudio del Centro de Ciberseguridad Industrial, son los servicios de salud (40.000 ataques al año), la energía (la gran  preocupación de todos los Gobiernos: en 2015, un ciberataque dejó a Ucrania sin luz durante 7 horas) y los transportes (Renfe, metro, cercanías, aeropuertos y líneas aéreas).

Si la ciberdelincuencia es ya un problema muy serio, en el mundo y en España, lo va a ser aún más en el futuro, según los expertos, porque van a seguir creciendo los dispositivos conectados a Internet (“el Internet de las cosas”), en las viviendas, los coches y multitud de dispositivos (routers, impresoras, TV inteligentes…) con poca protección, que los hackers utilizan como un ejército de robots que propicia ataques masivos, como los que en octubre de 2016 atacaron al proveedor de Internet estadounidense DYN, que afectó a más de 1.000 millones de usuarios en  todo el mundo. En definitiva, cada vez se venden más dispositivos sin seguridad que los ciberdelincuentes utilizan como “puertas traseras” para entrar fácilmente en sistemas muy protegidos. Y se estima que para 2020, la mitad de los aparatos del hogar estarán conectados a Internet y serán “los caballos de Troya” de los hackers.

La clave contra la ciberdelincuencia es invertir en personal y medios para detectarlos y combatirlos. Las empresas españolas invirtieron unos 3,6 millones de euros al año (de media) en empresas de seguridad (unas 550 en España, que dan trabajo a 6.000 personas), que facturaron 600 millones de euros en 2014, según el Observatorio de las Telecomunicaciones. Y se espera que las empresas españolas inviertan en ciberseguridad  más de 1.000 millones en 2019. El problema es que invierten menos que en otros paises (en 2016, las empresas invirtieron 76.000 millones en ciberseguridad en el mundo, según Gartner), sobre todo las pymes, que están “desnudas” ante los ciberdelitos, como si tuvieran negocios físicos sin cierres de seguridad y alarmas. Y que sólo el 17% de las grandes empresas industriales tienen un Plan definido de seguridad informática, mientras un 10% de ellas ignora incluso los riesgos, según el informe del Centro de Seguridad  Industrial. Y los particulares tenemos cada vez más antivirus, pero sin gastar casi nada en ellos ni actualizarlos con frecuencia.

El mundo tiene que tomarse en serio la lucha contra la ciberdelincuencia, como ha empezado a hacer con el Cambio Climático. Obama declaró la ciberseguridad como uno de los objetivos estratégicos de EEUU y ahora Trump ha reiterado que es una de sus prioridades de gobierno. En Europa, la Comisión aprobó en febrero de 2016 una Directiva que establece medidas para lograr un elevado nivel de ciberseguridad, obligando a paises y empresas a informar, desde 2018, de los incidentes y fugas de datos. Y en España, Rajoy aprobó en diciembre de 2013 la Estrategia de Ciberseguridad Nacional, un punto de partida al que le faltan medios, fondos y una mayor coordinación entre instituciones públicas y empresas privadas. Baste un dato: el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) cuenta  sólo con 25 especialistas y 20,7 millones de euros de Presupuesto. Y en paralelo, hay que revisar la legislación y su aplicación, aportando más medios policiales y judiciales especializados, para que el ciberdelincuente acabe finalmente juzgado y en prisión, no libre como ahora.

Internet ha revolucionado la economía y nuestras vidas pero también se ha convertido en una potente plataforma para robar datos, atacar empresas e instituciones y cometer fraudes. Y los ciberdelincuentes, unas mafias internacionales cada vez más organizadas, están mucho más preparados que los particulares, empresas e instituciones para defenderse. Urge que tomemos todos conciencia de la gravedad del problema (que va a ir a más con “el Internet de las cosas”) y que invirtamos más dinero, personal y tiempo en defendernos, con la ayuda de empresas y personal especializado. Porque estamos más desprotegidos de lo que creemos. Internautas sí, súperconectados a tope, pero necesitamos estar más seguros.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Ciberataques: una creciente y costosa amenaza


Todas las semanas sale alguna noticia de ciberataques en el mundo. La penúltima, una red que ha robado cajeros de forma remota en Europa. Y en octubre, dos ciberataques masivos en EEUU afectaron a 1.000 millones de internautas. Se calcula que los ciberataques ya afectan a 1 de cada 3 internautas del mundo, causando pérdidas superiores a 300.000 millones de euros anuales. España es el tercer país con más ciberataques, tras USA y Reino Unido: 100.000 ataques este año, que causan pérdidas crecientes a empresas (14.000 millones) y particulares, además de serios riesgos al Estado e  instituciones, aunque el 95% quedan impunes. Es una ciberdelincuencia organizada a nivel mundial, que mueve ya más dinero que las drogas. Y seguirá creciendo, con los móviles y el Internet de las cosas. Urge un acuerdo mundial contra los ciberataques, con más colaboración internacional y fuertes inversiones. En España, empresas y particulares gastamos poco en ciberseguridad, aunque estamos cada vez más "enganchados". Navegue, pero más seguro.
 
enrique ortega

En el mundo hay más de 3.000 millones de personas que navegan por Internet, el 40% de la población. Y cada día se enfrentan a ataques informáticos de mafias organizadas y hackers particulares: 689 millones de internautas (1 de cada 5) fueron víctimas de ataques informáticos en 2015, lo que da una media de 2 millones de internautas atacados cada día, según datos de la consultora Symantec. La mitad son ataques por virus informáticos y códigos maliciosos (malware), un 10% son estafas online, otro 9% es phishing (robo de datos), un 7% más ataques a redes sociales, otro 7% son fraudes online en tarjetas de crédito y un 7% más es acoso sexual cibernético, según el último Informe Norton sobre ciberdelitos. Los sectores más afectados son la sanidad, las ventas, la educación, los Gobiernos y las finanzas. Y un tercio de estos ciberdelitos no se resuelve.

Los ciberataques son cada vez más profesionales y afectan a más internautas. Hace unos días, por ejemplo, se ha informado sobre un ataque remoto a cajeros de varios países europeos (Armenia, Reino Unido, Bulgaria, Polonia, Holanda, Rusia y España entre ellos) por los que los cibercriminales elegían la hora exacta en la que los cajeros dispensaban millones de dólares tras manipularlos de forma remota. El 21 de octubre, dos ciberataques al proveedor de Internet estadounidense Dyn afectaron a más de 1.000 millones de usuarios de todo el mundo, en el mayor ciberataque de la última década, que bloqueó durante horas el acceso a las webs de empresas como Twitter, Spotify, Amazon, PayPal, Netflix, Play Station Network, New York Times, Finantial Times o Wall Street Journal. En septiembre, Yahoo reveló que en 2014 le habían robado los datos de 500 millones de cuentas de correo, mientras antes, en verano, se conoció el hackeo y robo de datos de cuentas de Dropbox, Twitter, MySpace o Linkedin. Una larga lista de ciberdelitos que también ha afectado a grandes empresas (Sony), bancos, países (Irán, Ucrania, datos funcionarios USA) o políticos.

Nada ni nadie se salva de los ciberataques, que se lanzan sobre todo por intereses económicos, por ganar dinero con la información (los datos de una tarjeta de crédito se están pagando entre 12 y 80 dólares en el mercado negro), por espionaje industrial o por razones políticas y estratégicas. Al final, el daño de los ciberataques es tremendo: las pérdidas provocadas en 2015 se estiman en 126.000 millones de euros, según Symantec. Pero muchas empresas y particulares no lo denuncian, con lo que las pérdidas reales de los ciberataques pueden ser muy superiores: se estiman entre 375.000 y 575.000 millones de dólares, según el último análisis de la empresa McAfee. Y de ellos, 200.000 millones de dólares son pérdidas por ciberataques sólo en los países más desarrollados de Occidente.

España es el tercer país con más ciberataques, tras EEUU y Reino Unido. Este año 2016 se cerrará con más de 100.000 ataques informáticos detectados, más del doble que los sufridos en 2015 (60.000) y cinco veces los de 2014 (18.000 ataques), según el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), que vigila la Red desde León. Los ataques más frecuentes son intentos de estafa y fraude (intentar conseguir información y/o dinero), intentos de suplantación de identidad, robos de cuentas de correo, ataques a la privacidad y cupones falsos o mail que imitan a empresas o instituciones para inocular virus y tratar de conseguir datos. En paralelo, llegan a la policía y a los jueces cada vez más presuntos “delitos informáticos”. Así, en 2015 se incoaron en los juzgados 22.575 procedimientos por delitos informáticos, el doble que en 2013 (11.990 procedimientos) y casi cuatro veces más que en 2011 (6.532), según la Memoria del Poder Judicial. Pero llama la atención que la mayoría de estos procedimientos no son llevados a juicio: en 2015, sólo 1.242 procesos han acabado en el fiscal (la mitad por estafa), lo que significa que, al menos el 95% de los presuntos delitos informáticos quedan impunes. Y de ese 5% que van al fiscal, pocos acaban en la cárcel.

Los ciberataques se centran en España en internautas, empresas y organismos públicos. Empezando por los 28 millones de internautas, las dos terceras partes (64,6%) reconocen que han sufrido algún incidente al utilizar Internet, según la encuesta de Equipamiento y Tecnología 2015 del INE. Más de la mitad sufren “spam” (correos no deseados) y otro 24,6% han sufrido algún virus, con lo que el 50,9% de los internautas reconocen que han limitado su uso de Internet por razones de seguridad. Y esta desconfianza en la seguridad de Internet  es la principal causa de que los españoles compren menos online: sólo el 19% compran semanalmente por la Red, frente al 29% en el mundo, el 45% en Reino Unido, el 34% en Alemania, el 32% en Italia y el 27% en Francia, según PwC.

Respecto a las empresas españolas, 2016 se cerrará con más de 25.000 ataques informáticos, según datos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), aumentando más los ciberataques a las pymes (+64% este año), más desprotegidas, que a las grandes empresas (ataques crecen +44%). Los expertos denuncian que los ataques a empresas que más crecen son los secuestros de datos (“ramsonware”), que ya sufren 4 de cada 10 empresas europeas: se infecta a la empresa con un virus que secuestra los archivos (ordenadores o teléfonos) y el hacker se ofrece a devolverlos a cambio de un rescate (1.000 a 3.000 euros) que se pagan en moneda o bitcoins en una cuenta de Pay Pal. El año pasado, por ejemplo, unos piratas bloquearon 400.000 archivos de IFEMA (Feria de Madrid), aunque el chantaje no funcionó porque tenían copias de seguridad.

El tercer frente de los ciberataques se dirige a empresas estratégicas, organismos oficiales y Ministerios. El Centro Criptológico Nacional (CNN), un organismo encuadrado en el CNI, ha detectado este año 19.090 ataques a entidades públicos y empresas estratégicas, el doble de ataques que en 2013 (7.263) y 100 veces más que en 2009 (193 ataques). De ellos, el 3% (570 ataques) son de peligrosidad muy alta y otro 63,3% de alta peligrosidad, generalmente ligados al ciberespionaje industrial y político, de servicios de inteligencia extranjeros. Y preocupa cada vez más el ciberyihadismo, que mejora su eficacia en Occidente.

Cara al futuro, todo apunta a que los ciberataques seguirán creciendo, sobre todo porque los ciberdelincuentes son cada vez más profesionales y están más organizados: no se trata sólo de los  hackers individuales sino de organizaciones internacionales, con muchos medios y que mueven millones de dólares. Se dice que la ciberdelincuencia mueve ya más dinero que la droga y que llegará a movilizar 2 billones de dólares en 2019, aprovechando la descoordinación de los Gobiernos, los resquicios legales y la falta de una policía internacional eficiente (se piden más medios para Interpol). Además, el auge de los móviles y el desarrollo del Internet de las cosas les facilitan el trabajo. En los dos ataques de octubre, los ciberdelincuentes utilizaron para atacar dispositivos muy vulnerables (routers, impresoras, TV inteligentes y dispositivos conectados a Internet), convirtiéndoles en un “ejército de robots” que saturó servidores por sobrecarga. Y los expertos advierten que cada día se venden sin control de seguridad millones de dispositivos que son “las puertas traseras” para entrar en sistemas muy protegidos. Y en 2020, la mitad de aparatos del hogar estarán conectados a Internet: serán los caballos de Troya de los hackers.

El auge de la ciberdelincuencia ha disparado las inversiones en ciberseguridad, una de las industrias con más futuro. Las empresas que venden consultoría y sistemas de seguridad informática facturaron 75.000 millones de dólares en 2015, según la consultora Gartner, y duplicarán su negocio para 2020. En España hay unas 550 empresas especializadas en ciberseguridad, que emplean a más de 6.000 personas y que facturaron unos 600 millones de euros en 2014, según el Observatorio de las Telecomunicaciones. Y se espera que las empresas españolas inviertan en ciberseguridad más de 1.000 millones en 2019. El problema es que las empresas españolas invierten en ciberseguridad menos que en otros paises, sobre todo las pymes. La inversión en ciberseguridad es importante en las grandes empresas, bancos, aseguradoras, empresas de energía y telecos, defensa y sector aeroespacial, pero menos en el comercio, los servicios y la industria. De hecho, sólo un 17% de las grandes empresas industriales tiene un Plan definido de seguridad informática y el 10% incluso ignora los riesgos, según un informe del Centro de Seguridad Industrial. Con todo, las que menos gastan en ciberseguridad son las pymes, que según los expertos están “desnudas”, como si tuvieran negocios físicos sin cierres de seguridad y alarmas. Y los particulares, tenemos cada vez más antivirus, pero sin gastar casi nada en ellos ni actualizarlos.

El mundo tiene que tomarse en serio la lucha contra la ciberdelincuencia, como ha empezado a hacer con el Cambio Climático. Obama declaró la ciberseguridad como uno de los objetivos estratégicos de EEUU  y ahora Trump ha reiterado que será una de sus prioridades de Gobierno. En Europa, la Comisión aprobó en febrero de 2016 una Directiva que establece medidas para lograr un elevado nivel de ciberseguridad en Europa, obligando a los países y empresas europeas a informar, desde 2018, de incidencias y fugas de datos. Y en España, Rajoy aprobó el 5 de diciembre de 2013 la Estrategia de Ciberseguridad Nacional, un punto de partida a la que le faltan medios, fondos y una mayor coordinación entre instituciones públicas y con las empresas privadas. Baste un dato: el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), responsable de vigilar el “cibercrimen” en España, cuenta sólo con 25 especialistas y 20,7 millones de euros de Presupuesto. Y en paralelo, hay que revisar la legislación y su aplicación, con más medios policiales y judiciales, para que el ciberdelincuente acabe realmente juzgado y en prisión, no como ahora la mayoría.

La lucha contra la ciberdelincuencia exige más medios públicos, más inversiones de las empresas y ayudas para las pymes, además de una política de información y asesoramiento a los internautas, como la emprendida por la Policía Nacional, que se ha sumado a la campaña de Europol para que los ciudadanos protejan sus móviles (¡ojo a las apps que instalamos).Y hay que establecer una normativa muy exigente para bancos y las empresas que vendan online, para que inviertan en la seguridad de sus sistemas y contraten ciberpólizas de seguros que cubran los riesgos online de sus clientes. Y todos debemos ser mucho más cuidadosos con Internet, con las contraseñas, correos, fotos, redes sociales, ofertas, apps, las webs donde nos damos de alta o las transferencias. La Red es un gran invento pero es también el nuevo campo de juego de delincuentes muy eficientes. Gobierno, instituciones, empresas, bancos y particulares tenemos que tomárnoslo más en serio, porque estamos más desprotegidos de lo que deberíamos. Internautas sí, pero más seguros.