Mostrando entradas con la etiqueta gigantes tecnológicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gigantes tecnológicos. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2026

Despidos "justificados" por la Inteligencia Artificial

En los cuatro primeros meses de 2026, las grandes tecnológicas (Amazon, Meta, Oracle, Microsoft y Dell) han despedido a 92.272 trabajadores, justificándolo por la aplicación de la Inteligencia Artificial (IA). Y también ha pasado en España (Amazon o Telefónica), donde están cayendo los empleos tecnológicos desde septiembre de 2024 (-48.900 empleos), acogiéndose a la implantación de la IA, una “excusa” para ajustar plantillas con menos coste, según denuncian los sindicatos. La realidad es que 1 de cada 5 empresas españolas utilizan ya la Inteligencia Artificial, lo que pone en peligro muchos empleos: un reciente estudio revela que 1 de cada 5 empleos (entre el 18 y el 22%) están ya expuestos a la inteligencia artificial en España, más entre las mujeres y trabajos como la información, la informática y consultoría, telecomunicaciones, comercio y turismo, logística y transporte, inmobiliarias, administrativos y finanzas y seguros. Frente a este riesgo laboral por la IA (sea “excusa” o “realidad”) sólo queda destinar más recursos públicos y privados a formarse mejor. Ya.

Europa está retrasada en la carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% de la población en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).

En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas (20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus negocios en 2025, según Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología el 7,7%, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo (33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania (25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%), Francia (18,16%) e Italia (16,40%).

En España, la utilización de Inteligencia Artificial (IA) dio un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes empresas, como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están desplegando la IA en procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 1 de cada 5 empleos en España (entre el 18 y el 22%), según un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación, especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en Castilla y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la agricultura, la construcción y la industria tradicional. Y están más “expuestos” a la IA los empleos femeninos, porque se concentran en sectores con más uso de la IA (educación, sanidad, servicios administrativos, comercio y actividades sociales).

El estudio revela que la IA puede aumentar la productividad de las empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran temor que acarrea la IA es que suponga pérdida de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y Telefónica (el ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo (1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose algunos y modificándose otros. Y otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán 92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se crearán 170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de 78 millones para 2030.

Pero la pérdida de empleo por la IA ya está aquí y se ha agravado en 2026, especialmente en EEUU. Así, entre enero y abril de 2026, varios gigantes tecnológicos han anunciado 92.272 despidos en todo el mundo (básicamente en USA), “justificándolos” por la aplicación de la Inteligencia Artificial: Oracle (30.000 despidos, el 19% de su plantilla), Amazon (28.000 despidos, el 2% de su plantilla mundial), Dell (11.000 despidos, el 10% de sus empleados), Microsoft (8.750 despidos, el 7% de su plantilla USA), Meta (8.000 despidos, el 10% de su plantilla), Block (4.000 despidos, el 40% de la plantilla), Nordea (1.500 despidos, el 5% de su plantilla), Snap (1.000 despidos, el 16% empleados), Majorel (769 despidos, el 60% del personal), Pinterest (700 despidos, el 16% plantilla)… Y algunos de estos “ajustes” afectan a España, como los de Amazon (791 despidos aquí) o la consultora tecnológica Inetum, que ha despedido a 400 empleados en España (5% plantilla), que se suman al último ERE de Telefónica, en noviembre pasado (4.772 despidos, el 35% de la plantilla).

Ha habido más despidos en otras grandes empresas este año (ver listado), pero las señaladas son las que han justificado sus ajustes por la introducción de la IA, aunque los sindicatos denuncian que en muchos casos se ha utilizado como “excusa” para recortar plantillas y trasladar servicios (como Call Centers) a India o Bangladesh. De entrada, los más afectados por estos despidos han sido empleados con tareas administrativas, traductores, programadores y consultores, más empleos de atención a proveedores y clientes, periodistas y, en general, “trabajos en oficina ante un ordenador”.

Muchos expertos dudan de que la IA sea capaz de aportar tanta productividad como para prescindir de tantos empleos y creen que se trata de una “excusa” para reducir costes y aumentar beneficios. Y sobre todo, para poder seguir invirtiendo en IA: sólo en el primer trimestre de 2026 (mientras despedían), los 4 gigantes tecnológicos (Amazon, Alphabet, Microsoft y Beta) han invertido 130.625 millones de dólares en proyectos de IA (Centros de datos, chips e investigación), una cifra mensual que supera la inversión de todo el Proyecto Manhattan ( 1ª bomba atómica). Y se estima que estos 4 grandes inviertan 715.000 millones de dólares en IA en 2026, casi el doble que en todo 2025 (375.000 millones de dólares). Por eso necesitan ajustar al máximo plantillas y costes, así como conseguir capital e inversiones.

Mientras los despidos “por la IA” se generalizan en EEUU, en España también asistimos a una pérdida de empleo en el sector tecnológico, según revela este estudio de UGT: desde septiembre de 2024 hasta marzo de 2026 (último año y medio), el empleo “tecnológico” ha caído en España en 48.900 ocupados, una reducción del 4,5% frente al 2,15% que creció el empleo total en ese tiempo (+470.000 empleos). Esta caída contrasta con el impulso al empleo tecnológico en España entre 2020 (menos de 800.000 empleos de este tipo) y 2024 (1.096.700 empleos tecnológicos), un empleo que se ha reducido después, hasta los 1.047.800 empleos tecnológicos registrados en marzo de 2026 (-48.900).

En el primer trimestre de 2026, el último dato de la EPA, el empleo tecnológico ha seguido cayendo, sobre todo en programación, consultoría y otras actividades relacionadas con la informática (512.100 empleados, 23.400 menos que a finales de 2025), telecomunicaciones  (113.100 empleos, 11.800 menos) y en servicios de información, que incluye procesado de datos y portales web (17.000 ocupados, 8.600 menos que a finales de 2025). Sólo creció ligeramente el empleo en este primer trimestre en los servicios de arquitectura e ingeniería, ensayos y análisis técnicos (313.600 ocupados, +7.400 que en 2025) y en investigación y desarrollo (92.000 ocupados, +1.400 que a finales 2025).

Estos despidos “tecnológicos” se han justificado, según los sindicatos, en la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) y han afectado sobre todo a empresas de telecomunicaciones, Call Centers y consultoras, empujadas por el uso creciente del vibe coding (creación de software conversando con una IA). La patronal del sector tecnológico cree que esta caída del empleo señalada por la EPA  es sólo un “ajuste cíclico” tras años de fuerte creación de empleo y se agarran a los datos de afiliación a la Seguridad Social de marzo, que reflejan un aumento de 21.595 afiliados en actividades tecnológicas en el último año (+3,48%), aunque han caído los asalariados “tecnológicos” y han subido los autónomos. Pero los sindicatos replican que los despidos están ahí y que las empresas utilizan la IA como “excusa” para despedir barato: al ser despidos por causas tecnológicas, la indemnización baja a 20 días por año (con límite 12 meses), frente a los 33 días (y 24 meses de límite) por despido improcedente. Además, los despidos “por la IA”  se utilizan como “una perversa señal de prestigio” para las empresas que los hacen, según denuncia UGT.

Para España, es clave que este empleo tecnológico se recupere y aumente, porque sirve para acompañar la modernización de la economía y para conseguir aumentar la productividad, una de nuestras asignaturas pendientes. Y aunque este empleo tecnológico se ha doblado desde 2015, España ocupa todavía el puesto 20ª en Europa (éramos el 21º en 2015) en el ranking de paises con más especialistas tecnológicos: un 4,7% del empleo frente al 5% de media en la UE-27 o el 5,4% en Francia, según el informe de UGT. Y son muy minoritarios (el 11,9%) los trabajos con alta intensidad de tareas tecnológicas, estando a la cola en la OCDE y muy lejos del porcentaje de trabajos muy tecnológicos en Paises Bajos (24,5%), Suecia (23,5%), EEUU (22%), Finlandia (20%), Francia (17%), Alemania (15,5%) o la media de la UE-27 (14,8%). Además, los trabajadores tecnológicos (TIC) tienen más paro en España (hay 54.000 parados con formación en nuevas tecnologías), una tasa del 9,9% frente al 6,5% en la UE-27. Y por último, los salarios de los trabajadores tecnológicos (TIC) en España son un 38% más bajos que en la UE-27, un 71% inferiores a los franceses y un 75% menores a los alemanes.

La conclusión es que España, aunque ha avanzado mucho en empleos tecnológicos (los ha duplicado entre 2015 y 2025), todavía tiene que dar un gran empujón y volver a doblarlos para 2030, lo que supone crear otro millón de empleos tecnológicos, la décima parte de los 10 millones de empleos tecnológicos en Europa que se plantea como objetivo la Comisión Europea. Eso supone hacer un inmenso esfuerzo en la formación de los jóvenes (aumentando los que cursan carreras STEM) y en el reciclaje de los trabajadores (aumentando la escasa inversión empresarial en la formación de sus plantillas), para afrontar los retos de las nuevas tecnologías y en especial la Inteligencia Artificial, que va a trastocar 1 de cada 5 empleos.

Todos los expertos y organismos internacionales coinciden en que la IA va a revolucionar los empleos, suprimiendo algunos (como está pasando), modificando otros y creando otros nuevos que ahora ni se intuyen. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) propone una mejora de las habilidades y la formación y un aumento de la protección laboral y social, a la vez que se protege a los trabajadores de los algoritmos injustos. El World Economic Forum insiste en que los paises inviertan más en conseguir una mano de obra adaptable y capacitada a las nuevas tecnologías, creando nuevos itinerarios docentes y formativos. Otros expertos hacen hincapié en que paises y empresas multipliquen sus inversiones en capital humano (no sólo en la IA y en Centros de Datos), para re-cualificar a los trabajadores (Paises Bajos ha destinado a formación gran parte de los Fondos europeos recibidos). Y sobre todo, los Gobiernos deben intentar reducir las brechas de empleo y desigualdad (por sexo, edad, formación, sector, tamaño de empresa y región) que provocará la Inteligencia Artificial.

En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet. Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene también costes, en particular el empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede perder este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma proporcionada, sostenible y justa.

jueves, 7 de abril de 2022

Europa controla a los gigantes tecnológicos

En la noche del 24 de marzo, la Cumbre Europea reunida en Bruselas para afrontar la guerra de Ucrania y el precio del gas aprobó también una Ley clave para los europeos: la Ley de Mercados Digitales, que pretende limitar los abusos de las grandes tecnológicas. Ahora, Google, Facebook, Amazon, Apple o Microsoft no podrán imponernos sus condiciones como hasta ahora y tendrán que abrirse a otras aplicaciones y servicios, facilitando la competencia a otras empresas. Y pronto se aprobará otra Ley europea de Servicios Digitales. Mientras, en EEUU, hay también una cruzada (de demócratas y republicanos) para recortar poder a los gigantes de Internet, con varias procesos judiciales abiertos. Y también hay una ofensiva del  Gobierno chino contra sus tecnológicas. Todos creen que estos gigantes tienen demasiado poder y hay que controlarlos, consiguiendo también que paguen más impuestos. Ahora falta ver que las nuevas leyes se cumplen, porque faltan medios para vigilarlos y evitar su actual monopolio. Pero urge hacerlo, porque controlan nuestras vidas.

Enrique Ortega

El mundo ha cambiado tanto este siglo XXI que las empresas más grandes son ahora las multinacionales tecnológicas ligadas a Internet, como en el siglo XX fueron las petroleras, automovilísticas o los bancos. Así, de las 10 multinacionales con más valor en Bolsa, 7 son gigantes tecnológicos, según Bloomberg: Apple (la mayor empresa del mundo en 2021, con 2,60 billones de valor bursátil, más que el PIB de Francia), Microsoft (2,27 billones de euros) y Alphabet (Google, con un valor de 1,72 billones) copan los tres primeros puestos, seguidas de  Amazon (en 5º lugar, tras la petrolera Aramco, con un valor de 1,51 billones), Meta-Facebook (en 7º lugar, tras la automovilística Tesla, con un valor de 844.003 millones), Nvidia (procesadores gráficos, con un valor bursátil de 663.000 millones de euros), y en 10º lugar (tras la financiera Berkshire) la tecnológica taiwanesa TSMC, con un valor de 510.577 millones de euros. Y en el puesto 11º, la tecnológica china Tencent (484.628 millones de valor bursátil (que estaba en el puesto 7º en 2021), mientras otro gigante chino del comercio electrónico, Alibaba, ha pasado del puesto 9º al 28º puesto en el ranking de 2021.

Estos gigantes tecnológicos ya eran grandes antes de la pandemia, pero los confinamientos y el mayor uso de Internet y del comercio electrónico en 2020 y 2021 los han hecho aún más grandes: son los verdaderos “ganadores” del COVID-19, como demuestra el gran salto que han dado en ventas y beneficios. Así, “los 5 grandes” de Internet (Amazon, Apple, Alphabet-Google, Microsoft y Meta-Facebook) facturaron en 2021 por valor de 1.176.148 millones de euros (casi tanto como el  PIB español: 1.205.063 millones de euros), un 27,8% más que en 2020. Y sus beneficios crecieron el año pasado nada menos que un 55,6%, hasta alcanzar los 271.090 millones de euros, destacando los beneficios de Apple (84.975 millones de euros, +57,2%), Alphabet-Google (64.287 millones de euros, casi el doble que en 2020 y un beneficio superior al de las 35 empresas juntas del IBEX español), Microsoft (60.329 millones de euros, +39,1% de beneficios), Meta-Facebook (33.288 millones, +35%) y Amazon (28.210 millones de euros, +56,3%).

Estos gigantes tecnológicos (las “Big Tech) tienen en  común un modelo de negocio basado en millones de usuarios, que consumen productos y servicios (unos de pago y otros “gratuitos”) y que manejan la publicidad en Internet y utilizan los millones de datos de sus clientes y empresas colaboradoras para rentabilizar más sus plataformas. Todas tratan de reforzar su posición de dominio, impidiendo operar a la competencia y comprando las empresas pequeñas que innovan, para evitar competidores. Y todas utilizan nuestros datos sin demasiado control y en su beneficio, aprovechando que saben todo de nosotros. Es lo que revela el excelente libroLa era del capitalismo de la vigilancia”.

La mayoría de estos “gigantes tecnológicos” son multinacionales USA, lo que ha despertado un lógico recelo en Europa, donde la Comisión Europea lleva dos décadas intentando controlarlas y poner coto a sus prácticas monopolísticas, con múltiples expedientes y multas millonarias, sin muchos resultados prácticos. El último capítulo de esta larga pelea fue el expediente que abrió la Comisión a Google, en junio de 2021, “por prácticas monopolísticas en el mercado publicitario”. Antes, Google ya había tenido que pagar a la Comisión 3 multas (entre 2017 y 2019) por importe de 8.240 millones de euros, por “violar las normas europeas de la competencia”. En cada caso, la Comisión multaba, Google recurría y ganaba tiempo y luego pagaba al final una cifra que le compensaba, dados sus beneficios. Tal es así que Google ha acabado incluyendo en sus cuentas anuales una partida “para multas de la Comisión”… En los últimos años, la Comisión Europea también ha investigado (y multado) a Facebook, Apple y Amazon, por “prácticas monopolísticas” y contra la libre competencia.

Además, muchos paises europeos han abierto también expedientes a los gigantes tecnológicos, entre ellos Francia, Alemania y España: el 1 de julio de 2021, la Comisión de la Competencia (CNMC) abrió un expediente a Apple y Amazon, por indicios de un pacto secreto para impedir que otras empresas vendan los productos de Apple a través de la web de Amazon. Y también recibió una denuncia de CEDRO (autores y editores) contra Google por negarse a pagar a los editores de prensa por utilizar sus artículos en el agregador de noticias (Google Discovery) y por su cuasi-monopolio en la publicidad digital.

La Comisión Europea se hartó de esta infructuosa guerra contra los gigantes digitales y en diciembre de 2020 presentó 2 Leyes para controlar a estas multinacionales con más eficacia que las lentas y poco eficaces normas antimonopolio: la Ley de Mercados Digitales (DMA, en inglés) y la Ley de Servicios Digitales (DSA). La primera en aprobarse por el Consejo Europeo, en la noche del 24 de marzo, ha sido la Ley de Mercados Digitales (DMA), tras 15 meses de intensas negociaciones, donde el “lobby” de los gigantes tecnológicos (grupo de presión en Bruselas) reconoce haberse gastado 30 millones de euros para intentar “suavizarla”. El objetivo, según la vicepresidenta de la Comisión (Margrethe Vestager) es “frenar el abuso de poder” de las grandes tecnológicas y conseguir que los mercados digitales en Europa sean “justos, abiertos y competitivos”. En definitiva, poner coto a sus malas prácticas.

En Europa operan unas 10.000 plataformas de Internet, pero esta Ley va dirigida a las grandes plataformas, con muchos usuarios (45 millones) , un alto volumen de negocio (7.500 millones anuales) y que controlan servicios básicos en tres o más paises europeos. La Ley les llama “guardianes de acceso” y son los que van a vigilar de cerca: Google, Amazon, Apple, Facebook, Microsoft, Booking y Alibaba en principio, aunque podrían ser más. Estas empresas tendrán una serie de obligaciones, entre las que destaca que no podrán imponer su software y tendrán que abrir su plataforma a otros desarrolladores y servicios. Cuatro ejemplos de cambios que nos afectan a todos. Uno, Google y Apple estarán obligados a abrir sus tiendas de aplicaciones a terceras empresas. Dos, Google tendrá que ofrecer alternativas a sus usuarios de Android a otros motores de búsqueda. Tres, Apple tendrá que dejar a los usuarios del iPhone que puedan instalar otros navegadores y aplicaciones. Y cuatro, un usuario de iMessage podrá enviar su mensaje desde Signal a un usuario de WhatsApp.

En definitiva, se trata de evitar que estos gigantes mantengan un monopolio de hecho en sus plataformas y servicios, abriéndolas a terceros. Y también se les obliga a dar acceso a los vendedores a sus datos de rendimiento de comercialización o de publicidad en las plataformas, datos que los gigantes de Internet ya no podrán reutilizar en otros servicios (sin consentimiento). Y se podrán rechazar las cookies sin que nos bloqueen ahora el acceso al servicio, garantizando el derecho de los usuarios a darse de baja. Y además, se van a vigilar las compras de empresas y desarrolladores, para que los gigantes de Internet no las utilicen para anular a los competidores (como hasta ahora).

Esta nueva Ley de Mercados Digitales (DMA) pasará ahora el último trámite formal, el de aprobación en el Parlamento Europeo (que ya la aprobó en 1ª instancia), que se espera para finales de abril o mayo. A partir de ahí, las empresas tienen 6 meses para adaptarse, con lo que entrará en vigor en noviembre de 2022. Desde esa fecha, si uno de los gigantes infringe la norma, se arriesga a una multa de hasta el 10% de su negocio mundial (serían hasta 21.783 millones de sanción en el caso de Google, por ejemplo, o de 39.724 millones en el caso de Amazon). Y si hay un incumplimiento sistemático, se podrán imponer normas correctoras. Además, y esto es muy importante, la única autoridad que puede aplicar esta Ley es la Comisión Europea, que centraliza todas las actuaciones: si España abre un expediente a un gigante tecnológico, debe acabar trasladándolo a Bruselas para que sea finalmente la Comisión quien decida y multe.

En paralelo a esta nueva Ley de Mercados Digitales, Europa ultima la otra Ley que intenta corregir los comportamientos de las grandes tecnológicas,  la Ley de Servicios Digitales (DSA), que impondrá a las empresas responsabilidad en los contenidos de sus plataformas: retirada de ofertas fraudulentas e informaciones personales, transparencia en los algoritmos, mecanismos para solucionar controversias con los usuarios, facilitar la interoperatividad con los servicios de la competencia, permitir a los usuarios elegir si quieren o no publicidad dirigida y posibilitar que los poderes públicos realicen inspecciones en sus bases de datos. Esta es una Ley muy ambiciosa y polémica, porque regula los derechos de los usuarios digitales, lo que explica que vaya más retrasada: se espera que el Parlamento y el Consejo Europeo la aprueben antes de finales de 2022 y entre en vigor entre 2023 y 2024.

Con estas 2 Leyes, Europa se pone en vanguardia de la normativa mundial para regular los mercados de Internet. Pero no está sola: Estados Unidos y China secundan su intención de controlar a los gigantes tecnológicos. Ya empezó a hacerlo Trump, pero el presidente Biden ha acelerado la cruzada contra los gigantes digitales, una batalla en la que están de acuerdo demócratas y republicanos en EEUU. Ya en julio de 2021, Biden firmó una orden ejecutiva con 72 medidas para aumentar la competencia en los mercados de Internet. Y actualmente, la Comisión Federal de Comercio (FTC) ha presentado una querella antimonopolio contra Facebook, y también investiga a Google, mientras el Departamento de Justicia USA ha interpuesto demanda contra ambas tecnológicas. Y la FTC también investiga a Amazon mientras el Departamento de Justicia lo hace con Apple. El objetivo de Biden es acelerar las medidas antimonopolio para aprobarlas antes de noviembre de 2022, cuando se celebran las elecciones de medio mandato (donde podría perder la mayoría en el Senado).

Con estas bases, en mayo se reunirá en París el Consejo para la Tecnología y Comercio EEUU-Unión Europea, donde ambos bloques pretenden coordinar sus estrategias digitales y la regulación frente a los gigantes tecnológicos, buscando una normativa común trasatlántica. Y en este contexto, ayuda mucho que China (el mercado con más internautas), esté embarcado en una estrategia de mayor control de sus grandes tecnológicas. Ya en 2021, suspendió la salida a Bolsa del grupo Hormiga (brazo financiero de Alibaba), impuso restricciones a Tencent, Meituan (reparto de comida), Pinduoduo (comercio electrónico) y Didi (el Uber chino) y aprobó una legislación antimonopolio y de protección de datos digitales. Y en 2022, el PC Chino ha aprobado un comunicado “contra la corrupción y el poder de las plataformas”.

La preocupación sobre los gigantes tecnológicos se extiende también al mundo financiero: un reciente informe del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), creado por el G-7 e integrado por 25 paises (España entre ellos) alerta de que los gigantes tecnológicos se han hecho más poderosos tras la COVID y son “los nuevos rivales” del sector financiero. Destacan el crecimiento disparado de los servicios de pago de las plataformas de Internet: su uso ha pasado del 6,5% de las transacciones online en 2019 al 44,5% en 2020 (en China suponen el 90% de los pagos en el comercio electrónico y el 95% en la India). El informe señala que este dominio de las “big tech” en los pagos online puede beneficiar al usuario, pero tiene dos riesgos: están poco reguladas (un riesgo si hay problemas) y hay menos protección de los datos de los usuarios que en la banca. Aquí, el Banco de España ha advertido que la creciente competencia de las grandes tecnológicas “recorta la rentabilidad de los bancos” y que aprovechan mejor la información que tienen de sus clientes.

Otro problema que provocan las grandes tecnológicas es que apenas pagan impuestos en los paises donde operan, gracias a la utilización de paises intermedios (Irlanda o Luxemburgo), empresas pantalla y desvíos a paraísos fiscales. Así, Google España pagó 8,9 millones de impuestos en 2019, Amazon otros 261 millones (el 2,2% de su facturación) y Apple pagó otros 4,85 millones de impuestos en 2020, mientras Facebook pagó a Hacienda 34,4 millones en 2019 para saldar sus deudas “de varios años”. Para evitar esta situación, 130 paises acordaron en junio de 2021 cobrar un impuesto mínimo del 15% sobre el beneficio de estas tecnológicas, obligándoles además a pagar una parte de este impuesto en los paises que operen (aunque su sede esté en otro lugar). Con esta medida, que entrará en vigor en 2023, los paises ingresarán 215.000 millones de euros más de las “big tech”. Hasta que este “impuesto mundial” esté vigente, los paises que habían aprobado una tasa a las grandes tecnológicas (la llamada “tasa Google”) la seguirán cobrando: en España está vigente desde el 1 de enero de 2021 y esperaba ingresar 968 millones el año pasado ( no habrá recaudado ni la cuarta parte). Ahora se rebaja la recaudación a 225 millones en 2022.

En resumen, parece que Europa, EEUU y China han tomado conciencia del enorme poder que acumulan los gigantes de Internet, acrecentado con la pandemia. Y empiezan a tomar medidas para que no impongan sus condiciones a usuarios y competidores, para que no se comporten como monopolios de hecho (en España, Google controla el 90% de las búsquedas en Internet y el 50% de la publicidad online). Para que abran sus plataformas a otras empresas pequeñas, más innovadoras, en vez de comprarlas para evitar su competencia. Y que paguen impuestos por un negocio que factura más que la mayoría de los paises. Las iniciativas de controlarles y regularles son muy loables, pero hacen falta medios. Porque la Comisión Europea, por ejemplo, con un equipo de 80 personas, difícilmente podrá aplicar la nueva Ley de Mercados Digitales frente a multinacionales con miles de tecnólogos y poderosos bufetes de abogados. Esta es una guerra contra gigantes, que necesita no sólo Leyes sino también medios para vigilar y multar. Y hay que quitarles tamaño (dividiendo empresas)  y poder (desautorizando fusiones), como se hizo con petroleras y bancos. Ojo: controlan nuestras vidas.

lunes, 5 de julio de 2021

La guerra contra los gigantes tecnológicos

Los grandes paises del mundo, desde Estados Unidos y Europa a China, han iniciado una guerra contra los gigantes tecnológicos (Apple, Amazon, Google, Facebook y Microsoft), a los que acusan de actuar como monopolios y evitar la competencia del resto de empresas, utilizando irregularmente los datos de usuarios y empresas. La Comisión Europea lleva 20 años abriendo expedientes a las “Big Tech”, el último en junio a Google, igual que Alemania, Francia, Italia o España, donde la Comisión de la Competencia acaba de abrir expediente a Apple y Amazon. La gran novedad es que EEUU ha pactado 5 leyes para romper el monopolio de los grandes de Internet, mientras 48 estados han presentado una demanda contra Google. Incluso China ha aprobado normas para controlar a sus gigantes de Internet. Y 130 paises acaban de pactar imponer un impuesto mínimo del 15% a las grandes tecnológicas, que evaden 215.000 millones de euros anuales. Es esperanzador, aunque no resultará fácil controlar a estos gigantes que monopolizan nuestras vidas. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Enrique Ortega

En este siglo XXI, las grandes empresas que protagonizan la revolución digital son los líderes del capitalismo mundial. Así, de las 10 empresas con más valor en Bolsa, 7 son gigantes tecnológicos: Apple (la mayor empresa del mundo, con un valor de 1,87 billones de euros), Microsoft (la 3ª del ranking, tras la petrolera saudí Aramco, con un valor de 1,52 billones), Amazon (la 4ª, que vale 1,38 billones), Alphabet/Google (la 5ª, con un valor de 970.000 millones de euros), Facebook (la 6ª, con 643.026 millones de valor) y, a continuación, las chinas Tencent (535.327 millones de valor) y Alibaba (521.398 millones). Y también están entre las 50 grandes PayPal (puesto 27, con un valor en Bolsa de 220.796 millones), Netflix (puesto 34, con 191.302 millones de valor) e Intel (puesto 48: 165.090 millones).

Estos gigantes tecnológicos (llamados las “Big Tech) tienen en  común un modelo de negocio basado en millones de usuarios, que consumen productos y servicios (unos de pago y otros “gratuitos”) y que manejan la publicidad en Internet y utilizan los millones de datos de sus clientes y empresas colaboradoras para rentabilizar más sus plataformas. Todas tratan de reforzar su posición de dominio, impidiendo operar a la competencia y comprando las empresas pequeñas que innovan, para evitar competidores. Y todas utilizan nuestros datos sin demasiado control y en su beneficio, aprovechando que saben todo de nosotros. Es lo que revela el excelente libroLa era del capitalismo de la vigilancia”.

La mayoría de los gigantes de Internet son multinacionales USA, lo que ha despertado un cierto recelo en Europa, donde la Comisión Europea lleva más de 20 años peleando con ellos, abriéndoles expedientes e imponiéndoles multas, sin demasiada efectividad, porque no han modificado su comportamiento monopolístico.  El último capítulo de esta batalla europea contra los gigantes de Internet ser produjo el pasado 22 de junio, cuando la Comisión Europea abrió el último expediente a Googlepor prácticas monopolísticas en el mercado publicitario”. Les acusa de favorecer sus servicios de tecnología de publicidad online frente a otras empresas, anunciantes y editores online, en un negocio (la publicidad online) que mueve 20.000 millones de euros en Europa.

Antes, Google ya ha tenido que pagar a la Comisión, entre 2017 y 2019,  tres multas por valor de 8.240 millones de euros, por violar las normas europeas de la competencia en tres expedientes, uno por posición dominante en el mercado publicitario con AdSense (1.419 millones de multa), otro por abusar de su posición de dominio en comparadores (4.320 millones de multa) y otro por posición dominante en el mercado de búsquedas (2.420 millones de sanción). Google ha reaccionado incluyendo una partida “para multas de la Comisión” en sus cuentas anuales, un mínimo coste para una multinacional que facturó 151.568 millones de euros en 2020, con 33.447 millones de euros de beneficios.

La Comisión Europea abrió el 4 de junio otra investigación antimonopolio a Facebook, para determinar si utilizó datos de sus anunciantes (7 millones de empresas en todo el mundo) para competir con ellos. Y también investiga si utiliza fraudulentamente su plataforma de anuncios “clasificados” (Facebook Marketplace). Anteriormente, en 2020, la Comisión ya  investigó a Facebook por su utilización de los datos de sus anunciantes.

Apple también está en el radar de Bruselas, “por abuso de posición dominante” en la distribución de aplicaciones de descargas musicales a través de App Store, aplicando elevadas comisiones (hasta el 30%) a compañías como Spotify. Una investigación parecida se hizo el año pasado contra Amazon, concluyendo que había infringido las normas antimonopolio al usar “sistemáticamente” los datos privados de vendedores independientes que comercializan sus productos a través de Amazon para elaborar con ellos su estrategia comercial.

En paralelo a la Comisión, los principales paises europeos llevan años abriendo expedientes a los gigantes USA de Internet. En Alemania, primero le tocó el turno a Facebook (enero 2020, por “posición de dominio”), Amazon (para ver si utiliza algoritmos de control para influir en los vendedores minoristas) y Google (por “posición dominante” en el mercado de la publicidad digital). Y en los últimos 6 meses, la oficina alemana de la Competencia ha abierto 4 procedimientos contra los gigantes de Internet, el último contra Apple, para ver “si está entorpeciendo la libre competencia de sus rivales” con el sistema operativo iOS en sus móviles iPhone. Y también la posición dominante de Apple en la App Store, Apple Music o iCloud. Y Francia multó hace unos días a Google, con 220 millones de euros, por “abusar de su posición dominante” en el mercado de la publicidad digital. Y la autoridad francesa de la Competencia tiene pendiente resolver otro procedimiento iniciado por varias Asociaciones de la prensa galas contra Google, por no compensarles en el uso del agregador de noticias.

España se ha sumado a esta guerra contra las “Big Tech”: la Comisión de la Competencia (CNMC) abrió expediente, este 1 de julio, contra Apple y Amazon por “restringir la venta online en España”, al haber indicios de “un pacto secreto” entre las dos multinacionales para impedir que otras empresas vendan los productos de Apple (ordenadores, móviles, tablets y otros)  a través de la web de Amazon. La CNMC también sospecha que Apple y Amazon podrían haber acordado restringir determinada publicidad de productos competidores de Apple, así como priorizar determinadas campañas a clientes de Apple por parte de Amazon.

Además, el 22 de junio, la CNMC recibió una denuncia contra Google “por abuso de posición dominante”, presentada por CEDRO, la entidad que representa a los autores y editores de libros, periódicos, revistas y particulares. Denuncian que Google se niega a pagar a los editores de periódicos y revistas por utilizar sus artículos en su agregador de noticias (Google Discover), incumpliendo lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual, algo que también han reclamado los editores en Francia y Alemania. Y también denuncian el monopolio de Google en el mercado de la publicidad digital, “sustituyendo a los medios”.

Hasta ahora, era Europa la que hacía frente a los gigantes tecnológicos. En EEUU se consideraban unas multinacionales “emblemáticas”, protagonistas de la innovación y el progreso. Mucho tenía que ver que estas “Big Tech” financiaban al partido demócrata: Microsoft y Google fueron el 2º y 3º mayor financiador de la campaña de Obama. Con Trump empezaron los primeros encontronazos (el verano pasado, los máximos directivos de Amazon, Apple, Facebook y Google fueron interrogados en el Congreso por posible “abuso de posición dominante”) y ahora, con Biden ya hay una guerra abierta, después de que el nuevo presidente haya puesto al frente de la Comisión Federal de Comercio (FTC) a una experta muy crítica con los gigantes tecnológicos. Pero además, en los últimos años ha calado en la política USA la idea del “exceso de poderde las “Big Tech”.

Esto se ha traducido en dos iniciativas sin precedentes en EEUU, apoyadas por demócratas y republicanos. Una, en diciembre de 2020, la denuncia de 48 Estados USA ante la Comisión Federal de Comercio contra Facebook y Google, por monopolio y abuso de posición de mercado. Y la otra, la presentación en el Congreso USA, en junio de 2021, de 5 leyes para romper el monopolio de los grandes de Internet, apuntando directamente a  Amazon, Apple, Facebook y Google. Los 5 proyectos de Ley pretenden evitar los monopolios en las plataformas por Internet y la operativa actual de favorecer sus productos o utilizar en beneficio propio datos de los vendedores. También obligan a informar previamente de la compra de competidores (como la de Instagram o WhatsApp por Facebook), para prohibirlas si reducen la competencia. Y obligan a los gigantes tecnológicos a mantener la portabilidad e interoperatividad de los datos de sus usuarios, para facilitar el cambio a otra plataforma. Además, se plantean poder obligar a una empresa a vender parte de sus activos, para luchar contra situaciones de monopolio, como se obligó a las petroleras y bancos el siglo pasado. “Los monopolios tecnológicos no están regulados y tienen demasiado poder sobre nuestra economía”, advirtió el senador demócrata David Cicilline, presidente de la subcomisión antimonopolios del Congreso USA.

Mientras esperamos a ver si los políticos norteamericanos consiguen “meter en vereda legal” a los gigantes tecnológicos, Europa ya aprobó dos proyectos de Ley, el 15 de  diciembre de 2020, que se tienen que debatir este año en el Parlamento europeo, donde presionan ahora los lobbies tecnológicos. La primera Ley, sobre Servicios Digitales (DSA), impone a las empresas tecnológicas responsabilidad en los contenidos de sus plataformas: retirar las ofertas fraudulentas, transparencia en los algoritmos, mecanismos para solucionar controversias con los usuarios, facilitar la interoperabilidad con los servicios de la competencia y posibilidad de que los poderes públicos realicen inspecciones en sus bases de datos. La segunda Ley, la de Mercados Digitales (DMA) somete a vigilancia estrecha a las grandes compañías digitales (con más de 45 millones de usuarios en Europa), obligándoles a aportar datos de facturación, valoración bursátil y usuarios), incluyendo la posibilidad de exigirles información sobre sus algoritmos y sobre sus posibles compras (que podrían prohibir).

Estas dos Leyes europeas sobre los gigantes tecnológicos podrían aprobarse a finales de este año y entrar en vigor en 2022. “Será la legislación más estricta del mundo sobre las actividades de las multinacionales digitales”, señala la Comisión Europea. También China aprueba  normas para controlar a los gigantes tecnológicos: en noviembre de 2020, el Gobierno chino aprobó un borrador de “Reglas destinadas a prevenir prácticas monopolísticas en las plataformas de Internet”. Y además, las autoridades chinas “endurecieron las normas de los microcréditos en línea”, un sistema de financiación que ofrecen los gigantes tecnológicos (Alibaba y Tencent) y que es muy popular porque la mayoría de los chinos no usan el dinero en efectivo y las pymes los utilizan para financiarse, ante la dificultad de conseguir créditos en los bancos tradicionales. Ahora, el Gobierno chino quiere combatir el enorme poder de sus tecnológicas y evitar que controlen parte de las finanzas del país, al margen del sistema financiero tradicional.  Además, investiga de cerca a sus gigantes tecnológicos. En abril de 2021 multó a Alibaba con 2.350 millones de euros "por violar las normas antimonopolio". Y este domingo 4 de julio cerró el uso de Didi Chuxing, el UBER chino, con 490 millones de usuarios y que cotiza en Wall Street, "por uso indebido de los datos de los usuarios".

Mientras Europa, EEUU y hasta China buscan ahora controlar a los gigantes tecnológicos, 130 paises se han puesto de acuerdo, la semana pasada, en obligarles a pagar más impuestos, que ahora eluden con los paraísos fiscales y su  ingeniería fiscal. La decisión, acordada en el seno de la OCDE por todo el mundo (salvo 9 paises, entre ellos Irlanda, Hungría y Estonia) es cobrar un impuesto mínimo del 15% sobre el beneficio de estas multinacionales tecnológicas, obligándoles además a pagar una parte de este impuesto en los paises en que operan (aunque su sede esté en otro lugar). Con esta medida, que entrará en vigor en 2023, los paises ingresarán 215.000 millones de euros más. Hasta que entre en vigor este “impuesto mundial”, los paises que han aprobado la “tasa Google” (que se aplica a todas las grandes tecnológicas) la seguirán cobrando: en España está vigente desde el 1 de enero e ingresará este año 968 millones de euros.

Expedientes, multas y nuevas Leyes son un avance para frenar la prepotencia de los gigantes tecnológicos. Pero queda mucho por hacer, porque los Big Tech tienen un poder tremendo y legiones de abogados y lobbies. Un ejemplo: un juez de Washington ha rechazado dos demandas antimonopolio contra Facebook (una de la Oficina Federal de Comercio USA y otra de 48 Estados) porque "no demostraban  que abusan de su fuerza en el mercado", dándoles 30 días para nuevas alegaciones. Y en  la Comisión Europea, las alegaciones contra los expedientes a las tecnológicas se demoran años. Además, los gigantes de Internet tratan de ganarse a la opinión pública y a los usuarios: se presentan como “los paladines” de la innovación, que defienden “nuevas reglas” porque las viejas reglas sobre la competencia no valen en la era de Internet. Todo para torpedear las investigaciones de los Gobiernos y las demandas de usuarios y empresas perjudicadas.

Lo más grave, visto desde Europa, es que gran parte de nuestra actividad diaria está en manos de estas multinacionales USA que se intentan ahora controlar. En “la nube”, donde está almacenado gran parte de la actividad de particulares y empresas, el acceso en Europa está controlado por empresas USA: AWS (de Amazon), Azure (de Microsoft) y Drive (de Google), que controlan el 75% de los servicios europeos en la nube, siendo el resto de proveedores IBM, la china Alibaba y un reducido número de empresas europeas (en España, la dominante es Gigas). Un ejemplo de ese control y de lo vulnerables que somos los europeos: un tercio de las empresas españolas del IBEX utilizan los servicios en la nube de Amazon. Y estos gigantes de Internet USA controlan también los datos en la nube de las Administraciones Públicas, servicios de seguridad, empresas y particulares europeos. Por eso, Alemania y otros paises llevan años tratando de montar una gran plataforma europea de servicios en la nube, Gaia-X. El proyecto se inició en junio de 2020 y no estará listo hasta 2022, como una gran iniciativa europea apara recuperar parte de la soberanía digital.

Los gigantes de Internet son muy poderosos y su tamaño, su facturación, sus clientes y sus beneficios crecen cada año. Y hay un problema de fondo: acaban monopolizando los avances tecnológicos, porque si una pequeña empresa innova, o la compran o la integran en su plataforma, imponiéndola sus reglas. Y todos, particulares, empresas y Gobiernos estamos cada día más en sus manos, asegurándoles vía publicidad, compras y servicios ese flujo imparable de ingresos que les hace tan poderosos. O se toman medidas ya, se frena su poder, se les impone dividir y vender sus empresas (como se hizo con las petroleras y los bancos) o acabarán siendo unos monstruos intocables, con más poder que los paises y Gobiernos (ya lo tienen ahora). No es fácil, pero hay que quitarles tamaño y poder. El problema es quién le pone el cascabel al gato.

jueves, 27 de junio de 2019

Gigantes tecnológicos: más control e impuestos


Aunque parezca increíble, el Congreso de EEUU (republicanos y demócratas) y Trump se pusieron de acuerdo en algo, a primeros de junio: investigar si se comportan como “monopolioslos gigantes tecnológicos de Internet, Google, Facebook, Apple, Amazon y Microsoft, que utilizamos cada día millones de personas. Algunos dicen que el excesivo poder de estos gigantes mundiales “es peligroso para la democracia”. Mientras, en Europa, las tecnológicas USA llevan años vigiladas y Google ya ha pagado más en multas por malas prácticas que en impuestos. En paralelo, el G-20 ha acordado en junio estudiar un nuevo impuesto para los gigantes tecnológicos para 2020, esa llamada “tasa Google” que la UE no ha conseguido pactar, aunque se ha aprobado en Francia, Austria y España. Parece que los gobiernos del mundo quieren controlar a los gigantes de Internet y que paguen más impuestos. Pero son demasiado poderosos y no será fácil, mientras controlan nuestros datos y nuestras vidas. Ojo: o les frenamos ya o no habrá quien les pare


Uno de los grandes cambios económicos de este siglo XXI ha sido que las grandes multinacionales no son ya petroleras, empresas automovilísticas o bancos, sino empresas tecnológicas que han crecido con Internet. Así, 5 de las 6 empresas con mayor valor en Bolsa en EEUU son gigantes tecnológicos, según Bloomberg (finales 2018): Microsoft (685.600 millones euros de valor bursátil), Apple (653.800 millones euros), Amazon (641.400), Alphabet, la matriz de Google (631.700 millones) y Facebook (329.500 millones de euros), en 6º lugar, tras la empresa inversora Berkshire Hathaway, de Warren Buffet (439.000 millones). Y globalmente, las compañías tecnológicas suponen el 34% del valor de las 100 empresas más valiosas del mundo, por delante del sector financiero (18%), la industria química y farmacéutica (12%), las energéticas(7,8%), alimentarias (5%), telecos (4,3%) y de consumo (3%).

Estos gigantes tecnológicos son las empresas con más valor porque son las que tienen más usuarios, lo que les da un tremendo potencial de futuro, aunque no sean las empresas que más venden. De hecho, el ranking mundial de ventas lo encabeza la empresa de tiendas Wal-Mart (455.633 millones de euros), seguida de las petroleras Shell (344.004 millones €), Sinopec (301.869), BP (264.624) y Exxon (247.414), más Volkswagen (246.740), antes que Apple (235.244 millones de euros en ventas), Toyota (234.872 millones €) y Amazon (206.280 millones €), según Bloomberg (2018). Pero el enorme valor de las grandes tecnológicas no son las ventas actuales, sino las futuras, dado que tienen cientos de millones de usuarios cada día: 2.320 millones Facebook, 1.900 millones YouTube, más de 1.000 millones Google, 1.098 millones Wechat (mensajería de la china Tencent),  1.000 millones Instagram, 321 millones Twitter…Y arrastran plataformas con millones de “APPs”: 3,8 millones Google Play, 2,2 millones APPLE AppStore, 0,67 millones Microsoft Store, 0,38 millones Amazon AppStore…

Este inmenso poder, económico y de clientes, lleva años preocupando a los Gobiernos de todo el mundo. Pero ha sido ahora, el 3 de junio de 2019, cuando este temor ha unido al Congreso de EEUU, logrando algo inaudito: que demócratas y republicanos hayan acordado abrir una investigación pública sobre el posible comportamiento monopolístico de los gigantes tecnológicos. Y sólo unas horas antes,  se supo que el Gobierno Trump se había unido a la “cruzada” contra los gigantes de Internet: la Comisión Federal de Comercio (FTC) iba a investigar a Amazon y Facebook, mientras el Departamento de Justicia abría otra investigación a Google y Apple, las cuatro en materia de competencia.

Algunos republicanos y sobre todo los demócratas quieren “dar un escarmiento” a las grandes empresas tecnológicas, mientras algunas voces críticas hablan de que estas corporaciones son, incluso, “un peligro para la democracia”.  Se les acusa de actuar como monopolios y atacar la libre competencia. A Google se le achaca favorecer sus propios productos en las búsquedas (controla el 96%) y de abusar de su influencia en el mercado publicitario digital (controlado en un 60% por Facebook y Google). A Facebook, de convertirse en un monopolio en redes sociales, tras la compra de Instagram y WhatsApp. A Amazon, que controla la mitad del comercio online y presiona a los 6 millones de vendedores que utilizan su plataforma. A Apple, de abusar de su posición monopolística en el mercado de las aplicaciones (“APPs).  A Microsoft, querer imponer sus programas a los usuarios. Y tanto a Google como a Apple, el controlar con sus dos sistemas operativos el 100% del mercado de móviles.

El problema de fondo es que su enorme poder económico y tecnológico más su  millonario número de clientes, les permiten controlar cada mercado e imponer sus reglas, bloqueando o echando a posibles competidores (como ha denunciado Spotify con Apple Music). Y en otros casos, simplemente los compran (WhatsApp o Instagram). Esta situación de “cuasi monopolio” está provocando que cada vez haya menos emprendedores independientes (“startups”), porque los grandes fondos de capital riesgo dudan ahora de financiar nuevas empresas innovadoras que pueden ser asfixiadas por las grandes tecnológicas, según ha denunciado la senadora demócrata Elizabeth Warren, la más dura con estos gigantes. Y en el caso de Amazon, se le achaca destrozar el pequeño y mediano comercio en todo el mundo. Los críticos señalan que, aunque a corto plazo, estos gigantes tecnológicos benefician a los usuarios, a medio y largo plazo pueden ser “un cáncer” para la economía, porque reducen la innovación alternativa y matan la competencia y muchos empleos

Incluso hay otra preocupación más, porque las grandes tecnológicas se estén metiendo en el negocio de la banca:  el Banco Internacional de Pagos Internacionales (BIS) acaba de advertir que la incorporación de Google, Facebook, Amazon, Alibaba o Tencent a los servicios financieros, como los pagos, tarjetas, ahorro y crédito plantea riesgos como la aparición de empresas dominantes que podrían reducir la competencia financiera en el mundo.

La nueva “cruzada” en EEUU contra los gigantes tecnológicos llega muchos años después que en Europa, donde la Comisión Europea lleva ya décadas investigando y multando a las grandes tecnológicas norteamericanas, en medio de las protestas de Bush, Obama y Trump. Quien se lleva la palma es Google: la  Comisión Europea le ha abierto 3 expedientes con fuertes multas en 2017 (2.420 millones de euros), 2018 (4.340 millones) y marzo de 2019 (1.490 millones) por prácticas anticompetitivas en el mercado publicitario, por favorecer su comparador de precios y aplicar restricciones a los fabricantes de móviles y tablets para favorecer su sistema operativo Android. Aunque todas estas multas están recurridas, ya en 2018, Google “pagó más en multas que en impuestos en Europa”. Y desde 2004, la Comisión Europea ha abierto expedientes y aplicado multas millonarias a Microsoft (2.200 millones en sanciones en 15 años), Intel, Amazon, Apple, Facebook y Qualcom.

Otra preocupación de los gobiernos (y de los usuarios), en EEUU y en Europa, es la fuga de datos de los clientes de las tecnológicas, muchas de ellas ocultadas durante meses y años. El último caso conocido ha sido otra vez Facebook, al descubrir una empresas de ciberseguridad (no ellos) datos sin cifrar de 540 millones de usuarios de la red social en un servidor de Amazon. Un año antes, en marzo de 2018, Facebook anunció una fuga masiva de datos (50 millones de clientes USA), aprovechados por la consultora Cambridge Analytics. Y unos días después, fueron Google (52 millones de datos) y Twitter los que reconocieron sendas fugas de datos de clientes.  Un fallo de seguridad que se viene dando en las empresas tecnológicas desde 2014 (ver listado): EBay (145 millones de cuentas expuestas en 2014), Yahoo (3.500 millones de correos en 2016), Linkedln (116 millones en 2016), Dropbox (69 millones en 2016), Tumblr (65 millones en 2016) y Uber (57 millones de cuentas en 2017).

Y hay un tercer problema que se achaca a las grandes tecnológicas: pagan pocos impuestos. El FMI y sobre todo la OCDE llevan años tratando de luchar contra la “elusión fiscal” de las multinacionales, en especial los grandes gigantes de Internet. Según algunas estimaciones, sólo pagan en impuestos entre el 1 y el 1,5% de sus beneficios, aunque deberían pagar entre el 15 y el 25% (impuesto sociedades). La mayoría de estas multinacionales utilizan la misma estrategia: facturan la mayor parte de sus ingresos a través de empresas registradas en otros paises con baja fiscalidad (Irlanda, Luxemburgo y Holanda) o a través de paraísos fiscales. Y además, utilizan empresas filiales pantalla para pagarlas derechos de patentes, engrosando sus cuentas a costa de rebajar los ingresos en el país donde operan. Un ejemplo es Google, que opera a través de Irlanda, mueve luego los beneficios a Holanda y de ahí al paraíso fiscal de Bermudas, “eludiendo” así 20.000 millones de beneficios.

Un estudio de Gabriel Zucman revela que el 40% de los beneficios de las multinacionales terminan en paraísos fiscales, provocando enormes pérdidas fiscales a los paises donde operan. La Comisión Europea está muy vigilante con la operativa fiscal de las grandes tecnológicas y en 2017, obligó a Apple a devolver 14.300 millones a Irlanda por ayudas fiscales recibidas que eran “anti comunitarias”. Y la Comisión también ha obligado a Amazon a devolver 250 millones de euros a Luxemburgo por beneficiarse de acuerdos tributarios que van en contra de las normas de la UE. Pero la Comisión Europea saliente ha sido incapaz de evitar que Irlanda, Holanda y Luxemburgo busquen atraer a las grandes multinacionales con bajos impuestos y ayudas fiscales encubiertas (son verdaderos paraísos fiscales” en la UE).

En España, el 94% de las multinacionales fueron “opacas” con sus impuestos en 2017, según un informe de la Fundación Compromiso y Democracia. Y entre las más opacas, Apple y Google, que apenas pagan impuestos porque desvían su facturación a Irlanda y otros paises. De hecho, las 5 grandes tecnológicas pagaron sólo 31,7 millones de impuestos en España en 2017, según el Registro Mercantil: 13,5 millones Apple, 9,1 millones Google, 6,9 millones Microsoft y sólo 2,2 millones Amazon (que vende por valor de 4.200 millones). Y eso porque dicen facturar aquí sólo unos 1.000 millones de euros, cuando en realidad deben facturar más de 10.000 millones anuales (si facturan casi 600.000 millones en todo el mundo, a España le debería corresponder el 1,69%, que es nuestro peso en el PIB mundial). Eso significa que deberían pagar 200 millones anuales en impuestos, no 31,7.

Ahora, los principales paises del mundo se han “conjurado”, en la reciente Cumbre del G-20 en Tokio, para aprobar un impuesto mundial para las grandes tecnológicas, a las que acusan de “eludir el pago de impuestos”. Y han fijado una fecha: habrá un nuevo impuesto en 2020, que podría ser el 3% de sus beneficios, dado que resulta muy difícil demostrar lo que facturan en cada país, dado el desvío y trasvase de fondos entre países (habrá que ver cómo se cobra y cómo se reparte). Los paises del G-20 han encargado a la OCDE (agrupa 36 paises occidentales) que avance en este nuevo régimen tributario para las multinacionales tecnológicas, dado que la OCDE ya aprobó en 2018 el proyecto BEPS , para el intercambio de información fiscal entre paises, que permite ahora un mayor control fiscal de las multinacionales.

Europa iba a aplicar un impuesto a las multinacionales, la llamada tasa Google, pero no fue posible aprobarla en el Consejo Europeo del 12 de marzo de 2019, por la oposición de Irlanda y los paises nórdicos más el escaso apoyo de Alemania, mientras la defendían Francia, España, Reino Unido e Italia. Ahora, los paises europeos han decidido esperar a lo que decida en 2020 el G-20 y la OCDE, aunque, mientras, Francia y Austria han aprobado ya una tasa Google en 2019, al igual que España (Consejo de Ministros 18 enero 2019), pero no se aplica porque el gobierno Sánchez no consiguió aprobar el Presupuesto 2019 (que incluía ese impuesto del 3% sobre beneficios, 1.200 millones de ingresos extras, una cifra excesiva según los expertos). Ahora, todo apunta a que no habrá tasa Google hasta 2020.

Mientras el mundo estudia cómo conseguir que los gigantes tecnológicos paguen más impuestos, en EEUU se espera ahora que Google, Facebook, Apple y Amazon desfilen por la Comisión de investigación del Congreso, que les investigará durante 18 meses. Algunos políticos y expertos defienden la opción de “trocear” a estos gigantes para impedir sus “comportamientos monopolistas”, como ya se hizo a principios del siglo XX con las grandes petroleras (en 1911, el Supremo obligó a dividir Standard Oil, el gigante de Rockefeller, en 34 empresas, entre ellas Exxon y Mobil). No parece que esta vaya a ser la opción elegida, porque muchos temen que supondría darle una baza a China y a sus poderosas tecnológicas. Otra opción es obligarlas a desinvertir, a deshacer compras, forzando por ejemplo a Google a vender WhatsApp o Instagram. En cualquier caso, lo que parece evidente es que van a controlar y regular más su operativa, tratando de que no limiten la competencia. Claro que son muy poderosas y tienen un potente lobby para “presionar” en Washington.

Un factor clave va a ser el comportamiento de los usuarios, en los que ha calado la ideología de Google, Facebook, Amazon y Apple, de que los gobiernos no pueden “limitar la tecnología” ni “poner puertas al campo”. Lo que está en juego no es la libertad de Internet sino la libertad a secas: si no se controla a estos gigantes, su poder será omnímodo y nadie podrá hacer nada en unas décadas. Serán tan poderosos que serán “intocables”. 


Ahora estamos a tiempo de fijar unas reglas para un negocio nuevo que no quiere tenerlas. Obligarles a operar y competir con “limpieza”, sin abuso de posición dominante, facilitando que otros innoven y ofrezcan nuevos productos y servicios. Obligarles a vigilar escrupulosamente nuestros datos, evitando fugas y un uso no acordado por nosotros. Y sobre todo, obligarles a que paguen impuestos, porque no es justo que se hagan millonarios a nuestra costa y luego los paises no tengan recursos públicos para mejorar el Estado del bienestar y acaben haciendo recortes. Y si esconden lo que ganan por el mundo, vigilancia y multas globales. Jaque a la prepotencia de los gigantes de Internet. No nos beneficia en nada y nos perjudica mucho.