Mostrando entradas con la etiqueta exportación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta exportación. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de octubre de 2019

Vuelven a bajar los medicamentos


Mañana1 de noviembrebajan 1.287 medicamentos que se dispensan con receta en farmacias y hospitales, tras otra bajada que hubo el 1 de enero y las aprobadas cada año desde 2010. Permitirá ahorrar 118 millones en la factura farmacéutica, 5,30 millones a los ciudadanos, que notarán rebajas de unos céntimos. Pero ojo a los riesgos de estas bajadas. El precio de algunos medicamentos ya no compensa a los laboratorios y optan por exportarlos a paises donde son más caros, provocando aquí desabastecimiento: ahora hay 537 medicamentos “en falta”. Además, si la mitad de los medicamentos con receta cuestan menos de 3,5 euros (y pagamos entre 35 céntimos y 1,70), los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y sacar fármacos nuevos. Y estas continuas rebajas hunden a muchas farmacias, esenciales en la atención sanitaria. Así que ojo a las bajadas continuas de precios en lugar de racionalizar las recetas. Luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


Con la crisis, todos los Gobiernos se lanzaron a recortar el gasto farmacéutico, que había batido todos los récords en 2009: casi 1.000 millones de recetas y 12.506 millones de euros de gasto sólo en farmacias, más otros 4.000 millones en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia (el precio máximo que se financia en los medicamentos con receta: si el medicamento prescrito cuesta más, el farmacéutico está obligado a dispensar uno más barato, un genérico). Y a partir de julio de 2012, el Gobierno Rajoy implantó el copago farmacéutico: los jubilados pagaban el 10% del precio de la receta y los activos entre el 40 y el 60%. El resultado de ambas medidas fue una rebaja drástica de la factura en recetas (por debajo de los 10.000 millones de euros entre 2012 y 2016), aunque ha vuelto a subir en 2017 (10.170 millones) y 2018 (10.476 millones). Y mientras, se ha disparado la factura farmacéutica de los hospitales, al introducirse tratamientos cada vez más costosos contra el cáncer y otras enfermedades: se gastaron  6.864 millones en 2018, un 76% más que en 2009.


En 2019, el repunte del gasto farmacéutico continúa: las recetas crecen un 2% hasta agosto y el gasto en farmacias un 2,57% (7.175 millones) y en hospitales aumenta aún más el gasto farmacéutico, un 7,1% hasta agosto (4.830,5 millones), según Sanidad y Hacienda. Eso hace que el Gobierno Sánchez, en funciones, haya seguido con la política de rebaja de los precios de referencia (el precio que paga por los medicamentos con), aprobando un nuevo decreto que rebaja el precio de 1,286 medicamentos que se dispensan en farmacias y hospitales, con el que obtendrá un ahorro de 118,49 millones (79,44 en hospitales y 39,05 en las ventas en farmacia), de los que sólo 5,31 millones repercutirán en los ciudadanos, que compraremos esos medicamentos unos céntimos más baratos desde el 1 de noviembre. La rebaja oscila entre un -0,4% (el inhalador Ventolín) al 0,8% que baja la heparina Clexane, el -2,76% que baja la Fosfomicina (antibiótico para infecciones de orina) y hasta un -66,27% que baja Invega, un medicamento contra la esquizofrenia. También bajan algunos ibuprofenos más caros, pero no lo notaremos porque no afecta a los que se venden con receta.


Esta nueva rebaja de medicamentos con receta, que se suma a la efectuada el 1 de enero con otros 1.300 medicamentos, puede parecer una muy buena noticia para los consumidores, pero sólo nos vamos a ahorrar unos pocos céntimos y sin embargo tiene tres riesgos que debemos conocer. El primero, que agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno ha tomado la cautela, para evitarlo, de no bajar 4 medicamentos básicos (contra el Parkinson, problemas cardiovasculares y para anestesia e infecciones), como ya hizo en enero con otros 29 fármacos. Pero los farmacéuticos (FEFE) ya han alertado que esta nueva bajada puede favorecer el desabastecimiento de los fármacos que cuestan ya menos de 3 euros, porque a ese precio, a los laboratorios les compensa más venderlos en otros paises (donde valen entre un 10 y un 30% más) o dejar de fabricarlos aquí.


De hecho, España es el 5º país con los medicamentos más baratos de Europa, tras Eslovaquia, Portugal, Estonia y Letonia y se pagan un 15% por debajo de la media de la eurozona, según los datos de la Consultora IMS Health. Y un medicamento cuesta de media en España un 33% menos que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que Francia o Italia, según Farmaindustria. Eso significa que cada bajada de precios es un incentivo a los laboratorios para que exporten fuera y no vendan dentro. De hecho, las exportaciones de medicamentos se han multiplicado por 19 entre 1995 (562 millones de euros) y 2018 (10.743 millones), según datos de Comercio. Y este año 2019, de enero a agosto (7.698 millones), han crecido un 11%, en parte anticipando el Brexit. Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal, Francia o Africa), para vender medicamentos que debían ir a farmacias a paises que los pagan el doble o triple más caros.


Esto explica en parte la falta de algunos medicamentos y vacunas en las farmacias españolas, que llegaron a 900 desabastecimientos en 2017 y que son ahora 537 medicamentos “en falta”, según este listado que publica diariamente la Agencia Española del Medicamento, en tanto el Consejo de Farmacéuticos publica este listado del CISMED con 34 medicamentos en falta durante 3 o más días en  muchas farmacias. El problema del desabastecimiento preocupa a toda Europa (donde hay una gran disparidad de precios) y se debe no sólo al bajo precio de los medicamentos en España sino también a problemas de suministros (las multinacionales farmacéuticas producen en distintos paises) y a saltos puntuales de demanda. Pero los farmacéuticos y muchos expertos coinciden: las rebajas continuas de precios son la principal causa de los desabastecimientos, a pesar del Plan de Garantía de Abastecimiento 2019-22, aprobado el año pasado por Sanidad para evitarlo.


El segundo riesgo de la bajada continuada de precios es que un 50% de los medicamentos que se venden con receta cuesta ya menos de 3,5 eurossegún Farmaindustria, y a ese precio no compensa fabricarlos, lo que alienta el desabastecimiento. Además, la rebaja de precios de enero y noviembre les va a reducir sus ingresos en 174 millones, según Farmaindustria, lo que se “come” el aumento de ventas (148 millones). Y así, les será más difícil invertir en investigación, algo clave para la lucha contra las enfermedades: de hecho, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i a 1.147 millones en 2017 y representa el 20% de toda la investigación industrial que se hace en España. Y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, en ensayos clínicos de medicamentos. Pero esto puede ponerse en peligro si les bajan más los ingresos. Ya de hecho fabrican menos fármacos innovadores, sólo 2 de cada 10 nuevos fármacos autorizados.


El tercer riesgo de que los medicamentos bajen año tras año es que se está hundiendo las cuentas de las 22.000 farmacias que hay en España (sobre todo las más pequeñas y las farmacias rurales), que no son “unas tiendas más”, sino un eslabón clave del sistema sanitario (al que más se consulta y quien colabora en los tratamientos). La mayoría de las farmacias facturan hoy menos que en 2009 (475.104 euros de media en 2018, un 24,38% menos de los 590.949 euros en recetas que facturaban en 2009, según datos de Sanidad) y sin embargo sólo tienen un 5% de recetas menos que entonces y 2.000 recetas más por farmacia que en 2014. O sea trabajan más, pero ganan menos porque dispensan recetas más baratas. Y así, hay muchas farmacias en apuros, sobre todo las 3.000 que venden menos de 300.000 euros, básicamente las farmacias rurales que sobreviven gracias a las ayudas autonómicas.


Al final, el hecho de que un medicamento cueste menos de un café (el Adiro cuesta 1,45 euros y un pensionista paga 14,5 céntimos, la mayoría 0,75 céntimos) puede provocar efectos indeseados, como la falta de algunas medicinas, menos investigación y el cierre de las farmacias pequeñas. Y todo ello sin que baje la factura farmacéutica. Primero, porque consumimos demasiados medicamentos, a pesar del copago, con un  abuso en las recetas (médicos con dos minutos por paciente pueden hacer poco más que recetar) y en los antibióticos. Y hay un cierto despilfarro, con las casas llenas de medicamentos y un exceso de automedicación. Además, los nuevos medicamentos son cadavez más costosos y así será cada vez más, sobre todo en los tratamientos hospitalarios. Por eso, lo normal es que la factura farmacéutica siga al alza, aunque hay que reducir el abuso en las recetas.


Por otro lado, el gasto farmacéutico por habitante ha bajado, de 267 euros en 2009 a 224 en 2018, según los datos de Sanidad. Y todavía es un 32% inferior al de la eurozona, según Farmaindustria. Además, el gasto farmacéutico ha reducido su peso en la economía, al pasar del 1,17% del PIB que suponía en 2009 al 0,87% del PIB que suponen las recetas en 2018. Eso se ha conseguido en parte gracias al Pacto alcanzado en 2015 entre el Gobierno Rajoy y el sector farmacéutico: el gasto en medicamentos debe crecer cada año lo que la economía. Y si crece más, se penaliza a las farmacéuticas. En 2017, el gasto creció menos que el PIB (2,60% frente al 2,9%) y en 2018 creció más  (3% frente a 2,4%), con lo que los laboratorios tendrán que pagar 150 millones a Sanidad. Y el sector cree que cumplirán en 2019.


Cara al futuro, la Autoridad Fiscal independiente (AIReF) ha propuesto al Gobierno un Plan para ahorrar entre 1.000 y 2.000 millones en gasto farmacéutico entre 2020 y 2022. La propuesta básica es implantar un sistema de subasta, en el que los laboratorios pujarían por ofrecer al mejor precio los medicamentos que financia Sanidad, un sistema que funcionaba en Andalucía con Susana Díez y que ahora quiere suprimir el nuevo Gobierno regional de PP y Ciudadanos. Según AIReF, las subastas permitieron a Andalucía ahorrar 560 millones en medicamentos entre 2012 y 2017. Pero laboratorios y farmacéuticos están en contra. El sector farmacéutico teme que la subasta penalice a los laboratorios más innovadores, en beneficio de laboratorios indios, chinos y de Europa del Este, que ofrecen medicamentos menos innovadores y de menor calidad, mientras los medicamentos de marca facilitan los tratamientos y la farmacovigilancia. Y los farmacéuticos creen también que estos laboratorios que “tiran precios” ofrecen menos garantías, que la subasta favorecería los desabastecimientos (ha pasado en Andalucía) y afectaría negativamente a las cuentas de las farmacias. 


La propuesta de AIReF incluye también una reforma del sistema de precios de referencia (para considerar la indicación terapéutica y no el principio activo, como ahora) y responsabilizar más a las autonomías en el sistema de fijación de precios a los nuevos fármacos. Precisamente, el 4 de noviembre entra en vigor un nuevo sistemaValtermed, implantado por Sanidad para monitorizar la eficacia de los nuevos fármacos, empezando por 7 medicamentos innovadores de uso hospitalario, que ya se financian, para medir su efectividad real.


En paralelo, el Ministerio de Sanidad ha presentado en octubre un Plan para incentivar el uso de los medicamentos genéricos (los que tienen la patente caducada), como otra forma más de ahorrar gasto, dado que en España estos fármacos tienen menos peso (47,2% de las unidades vendidas  y 22,8% del valor) que en Europa. El sector farmacéutico está en contra de esta propuesta, porque dice que la comparación es errónea, dado que en España, los medicamentos de marca han bajado de precio y cuestan lo que los genéricos, para poder ser financiados con el sistema de precios de referencia. Y con ello, el 80% de los medicamentos de marca que se dispensan con receta están a precio de genérico. Y con más calidad, aseguran. Por ello, fomentar los genéricos en contra de los medicamentos de marca es distorsionar la competencia y penalizar a los laboratorios innovadores frente a los laboratorios indios, chinos o de la Europa del Este que controlan el mercado de genéricos.


Además, la AIReF propone a Sanidad  modificar el copago farmacéutico, para resolver dos problemas actuales. Uno, que paguen lo mismo por las medicinas (el 10%) un pensionista con 600 euros de pensión que uno con 2.000. Y otro, que un trabajador con el salario mínimo (900 euros) pague más por las medicinas (el 40%) que un pensionista que gane el doble. Se estudia que todo el mundo, sea trabajador o pensionista, pague según su nivel de ingresos


Al margen de estas propuestas sobre cómo ahorrar, lo que está claro es que habría que reducir el consumo no justificado de fármacos (acabar con el armario que tenemos en casa)  y centrarse en financiar los fármacos necesarios e innovadores, que cada vez serán más caros. Y eso exige pagar los medicamentos por lo que vale producirlos, sin racanear con bajadas continuas pero sin pagar precios imposibles que a veces exigen los laboratorios por sus nuevos fármacos. Seguir adelante con el Pacto con la industria farmacéutica y no racanear en investigación, para que sigan apareciendo medicamentos que salvan vidas. Hay que moverse entre dos polosahorrar (para que no hagan falta más copagos) y financiar los fármacos lo suficiente para que no falten y se innoven. Un difícil equilibrio.













lunes, 8 de mayo de 2017

España 2050: relegada al puesto 26 del mundo


España va bien, decía Aznar y repite Rajoy, olvidando que tenemos el doble de paro que Europa, un 10% menos de renta y más déficit, más deuda, más inflación, más pobreza y más desigualdad que la mayoría. Gobierno y oposición están atados al día a día, pensando en las próximas elecciones, no más allá. Por eso, ni se han inmutado al publicarse que España caerá en el ranking económico mundial: si hoy es el país nº 16 pasará a ser la economía nº 26 en 2050, tras superarnos Canadá y 9 paises emergentes, como Irán, Vietnam, Tailandia o Nigeria. Este desplome se podría evitar, actuando en 2 frentes: que trabaje más gente y que trabajen mejor, con más eficacia y productividad, una economía más moderna, empresas más grandes, más industria y tecnología y más formación y educación. Así, España podría estar entre los 20 grandes países en 2050. Hace falta un Plan 20/50, que sea nuestra herencia a hijos y nietos.

enrique ortega

El mundo va a cambiar drásticamente en las próximas décadas, con un avance de los paises emergentes y un reflujo de los paises occidentales desarrollados. Eso sí, no cambiará el liderazgo económico, que China consiguió en 2016, según el FMI, y que va a mantener también en 2050, según el ranking económico mundial elaborado por la consultora PwC. El primer gran cambio será que Estados Unidos, ahora el segundo del ranking tras China, pasará al tercer lugar en 2050, al ser superado por India, la otra gran potencia emergente. Y Japón, la segunda gran potencia tradicional, pasará del cuarto lugar actual (2016) al octavo, al ser superado por otras cuatro grandes potencias emergentes: Indonesia (4ª potencia mundial en 2050), Brasil (5ª), Rusia (6ª) y México (7ª potencia en  2050). Y el tercer gran cambio lo sufrirá Europa: de tener tres paises entre los 10 grandes en 2016 (Alemania 5º, Reino Unido 9º y Francia 10º) pasará en 2050 a tener sólo dos y además en la cola del Top10: Alemania (9º) y Reino Unido 10º, pasando Francia al lugar 12º e Italia (hoy el 12º) al lugar 21.

A España le augura este informe (“El mundo en 2050”) un desplome aún mayor. Si en 2016 ocupamos el lugar nº 16 entre las grandes economías del mundo, según el FMI, por detrás de China, EEUU, India, Japón, Alemania, Rusia, Brasil, Indonesia, Reino Unido, Francia, México, Italia, Corea del Sur, Turquía y Arabia Saudita, en 2030 bajaremos al puesto 17º (nos adelantará Irán) y en 2050 bajaremos ya al puesto 26º, porque nos habrán adelantado (producirán más) Canadá y 8 paises emergentes: Nigeria, Egipto, Pakistán, Corea del Sur, Filipinas, Vietnam, Bangladesh, Malasia y Tailandia. Así que, si no lo remediamos, dentro de 33 años, estaremos jugando en el mundo  “en otra Liga económica”.

El informe de PwC que nos augura este desplome en el ranking mundial señala varios factores que explican estos cambios drásticos. El primero y fundamental, la población: los paises emergentes tienen mucha población joven, cada vez mejor formada, que serán los motores de un crecimiento motivado por las exportaciones y el consumo de una clase media en auge. Baste un dato: en 2030, por cada niño que se haga adulto en Occidente habrá 6 jóvenes en los paises emergentes, según la OCDE. Otros factores claves serán el desarrollo tecnológico, la cualificación de la mano de obra (todavía barata)  y la capacidad de estos paises emergentes de atraer inversiones y capital durante años.

Ante esta perspectiva, España debería tratar de impedir su desplome a medio plazo en el mapa mundial. Se puede conseguir, aunque no es fácil, porque España es ya hoy un país poco competitivo. En el ámbito europeo, somos el 5º país que más produce (tras Alemania, Francia, Reino Unido e Italia), concretamente 1.075.639 millones de euros (PIB 2016). Pero si tenemos en cuenta la población, resulta que hay 13 paises europeos que producen más que España por habitante, que son más “eficientes” y productivos, según los datos recientes de Eurostat: Luxemburgo (76.200 euros por habitante), Irlanda (51.100), Suecia (37.500), Holanda (37.000), Austria (36.900), Dinamarca (36.600), Alemania (35.800), Bélgica (34.200), Finlandia (31.600), Reino Unido (31.200), Francia (30.600), Italia (27.800) y Malta (26.800), los 13 paises europeos más productivos que España (25.900 euros por habitante en 2016).

A nivel mundial, España ocupa el puesto 33 en el ranking mundial de competitividad (2015-2016), publicado por el World Economic Forum, un ranking liderado por Suiza, Singapur, EEUU, Alemania y Holanda. Y estamos en competitividad por detrás de 16 paises europeos, la mayoría mucho más pequeños que España. Y esto, ¿qué significa?  Pues que cada español produce menos por hora. Un ejemplo. La productividad aparente del trabajo en España era de 31,3 euros por hora trabajada (3º trimestre 2015), frente a 46,1 euros por hora trabajada en Alemania, según un estudio de la Caixa. O sea, que cada trabajador español produce dos tercios de lo que produce un trabajador alemán.

Vayamos al fondo de la cuestión. ¿Por qué España produce menos y es más pobre que otros paises más pequeños? La respuesta es sencilla y doble: aquí trabaja menos gente y trabajan peor. Vayamos a lo primero, a que trabaja menos gente. En España trabajan un 59,5% de los adultos (15-64 años), frente al 66,6% de adultos que tienen un empleo en la UE-28 y al 65,5% que lo tienen en los paises euro, según Eurostat. Y aún estamos más lejos de algunos paises europeos donde trabajan más del 70% de los adultos: Dinamarca (74,9% adultos con empleo), Alemania (74,7%), Suecia (76,2%), Holanda (74,8%), Austria (71,5%) y reino Unido (73,5%), con Francia alejada (64,2%). Trabaja más gente y esa es una de las dos razones por las que son más ricos. Y junto a España, están los paises más pobres, porque son donde trabaja menos gente: Grecia (52% de adultos trabajando), Croacia (56,9%) e Italia (57,2%).

Esto significa que si España fuera como la media de Europa, deberían trabajar 2.100.000 españoles más de los que trabajan. Y si fuéramos como Alemania (donde trabajan el 74,7% de los adultos), tendrían que trabajar 4.500.000 españoles más. Así que esta es la primera razón de porqué producimos menos que muchos paises de Europa y que algunos del mundo: porque tenemos mucha menos gente trabajando. O visto de otra manera: porque tenemos un modelo económico que no consigue emplear a más gente y generar así más riqueza.

Pero hay una segunda razón: trabajamos menos gente pero además trabajamos peor, con menos eficiencia y productividad. De hecho, España es uno de los tres únicos paises de la OCDE (35 paises), junto a Portugal y México, que ha bajado su productividad (lo que se produce en relación al trabajo, capital y otros medios utilizados), una media anual del -0,17% entre 1984 y 2014. Y durante la crisis (2017-2012), fue el cuarto país occidental que más bajó su productividad (-0,95% anual), por detrás de Finlandia, Suecia y Portugal, según un detallado estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

España tiene un problema histórico de baja productividad, causado por varios factores que son estructurales, que vienen desde 1960, al margen de que haya o no crisis. El primero, que en España tienen más peso sectores económicos que exigen más personal y son menos productivos (como construcción, comercio,  turismo y hostelería) y tienen menos peso sectores con más tecnología y menos personal, más productivos. Pero esta razón sólo explica una parte, pequeña (el 17,6%) de la menor productividad de España frente a Alemania, según un estudio de la Caixa. Otra razón clave de nuestra menor productividad es el menor  tamaño de las empresas españolas: de 3,24 millones, sólo el 0,7% (22.680 empresas) tienen más de 50 trabajadores, frente al 1,2% en la UE-28 y el 3% en Alemania. Y está demostrado que las empresas grandes (pocas en España) son más productivas, invierten y exportan más y crean más empleos estables. Otra razón clave es el menor peso en España de la industria, que es más productiva que los servicios: supone un 18% de la economía frente al 20,3% en la eurozona. Y además, España está a la cola de Europa en tecnología (gastamos el 1,23% del PIB frente al 2,02% en Europa y hay 17 paises europeos que gastan más). Y aunque cada vez exportamos más, exportamos productos de menos valor añadido que otros paises y sólo compiten fuera habitualmente un número reducido de empresas (49.792 en 2016).

Otro factor clave de la menor productividad de España es la organización del trabajo, con una menor cualificación de los equipos directivos de las empresas (según el informe de la Fundación BBVA e Ivie), y la menor formación de los trabajadores: un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO o ni siquiera) frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE y muy lejos de Alemania (sólo 14% adultos mal formados) o Reino Unido (22%) y Francia (27%), según los últimos datos de la OCDE. En el medio también tenemos menos adultos con formación media (Bachillerato y FP básica): un 22% en España frente al 48% en Europe y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba estamos en cabeza de universitarios: un 32% de los adultos en España, frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE. Tampoco ayuda a la productividad la creciente precariedad laboral en España: los que trabajan con contrato temporal (25,7% asalariados) o por horas (15,6%) tienen menos incentivos para ser productivos y las empresas les forma menos.

En resumen, hay varias razones que ayudan a explicar que España sea menos productiva: nuestro modelo económico, el menor peso de la industria, lo que producimos y exportamos, el tamaño de las empresas, la formación de sus directivos y empleados, la tecnología y la innovación. Sobre todas ellas habría que actuar para mejorar la productividad, para conseguir “trabajar mejor”. La Comisión Europea y la OCDE acaban de darnos sus recetas, en los recientes informes sobre España: aumentar el gasto en I+D+i (algo que no se ha hecho realmente en el Presupuesto 2017), digitalizar más la economía, apoyar a la reindustrialización, aumentar el tamaño de las empresas, mejorar la formación de trabajadores y parados, reformar la educación, fomentar la inversión (pública y privada), mejorar la financiación de las empresas y favorecer la competencia.

Pero no basta con ser más eficientes. Hay que conseguir que trabajen más españoles. Y para ello hay que ayudar a las familias y fomentar la natalidad, porque si no se hace nada, seguirá cayendo la población (hay 2 millones de activos menos que en 2012, por la caída de población y el retorno de inmigrantes) y habrá menos adultos para trabajar: de hecho, el INE estima que para 2029 caerá la población activa española actual en otras 1.736.300 personas. Luego habrá aún menos gente trabajando que hoy.

El reto es pues doble, de aquí a 2050: que haya más españoles trabajando (como en otros paises) y que trabajen mejor, con más eficacia, lo que dependerá mucho del modelo económico por el que se apuesta (productos con más tecnología y valor añadido, que no compitan sólo por precio y bajos salarios), del tamaño y la organización de las empresas (con trabajadores estables y bien pagados se compite mejor), de que el Estado garantice formación, educación, financiación, inversiones e infraestructuras y de que entre todos busquemos un lugar en ese mundo más competitivo y globalizado que viene. Sobre estas bases podría articularse un gran objetivo nacional, un Plan 20/50: estar entre las 20 grandes potencias económicas del mundo para 2050, no en el puesto 26 que nos auguran. Ya sé que el Gobierno y la oposición están en otra cosa, en las “peleas” del día a día y en llegar a las próximas elecciones. Pero si queremos mantener nuestro lugar en el mundo, hay que tomar medidas ahora, a 30 años vista, porque tardan décadas en dar frutos. Es lo menos que podemos hacer por nuestros hijos y nietos: asegurarles un futuro mejor.

lunes, 2 de marzo de 2015

El tamaño importa: demasiadas pymes


En España hay una cierta “mística” de las pequeñas y medianas empresas: políticos y economistas presumen de defender a las pymes, asegurando que son la clave de la economía (y más en año electoral). Lo que no dicen es que en esto del tamaño de las empresas, España también “es diferente”: tenemos muchas más micropymes (0-9 empleados) que la mayoría de Europa y muchas menos empresas medianas y grandes. Y la consecuencia es que somos menos competitivos, porque las pymes son menos productivas, crean menos empleo estable, innovan y exportan menos y mueren antes que las empresas más grandes. Demostrado en esta crisis, donde las empresas medianas y grandes han aguantado mejor que las pequeñas y los autónomos. Por eso, si queremos competir mejor, crecer más y crear más empleo estable, hay que fomentar empresas de más tamaño, facilitando que las pequeñas y medianas empresas se fusionen y se hagan más grandes. Porque el tamaño importa y mucho.
enrique ortega

En medio de tanta propaganda sobre lo mucho que crece España, casi nadie habla de la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento, para salir de la crisis de verdad. Porque hemos empezado a crecer gracias a un duro ajuste, en base a que las empresas despidan (3,3 millones ocupados menos que en 2008) y recorten salarios (entre un 10 y un 15%), mejorando así su competitividad dentro y fuera de España. Pero ahora, ¿cómo seguir creciendo y a la vez crear empleo y tener salarios dignos? Hay que producir más y mejor, mejorar la productividad de España, que ocupa el puesto 13 en el ranking europeo (UE-28). Ese es el gran reto del que no habla Rajoy (ni la oposición). Y eso obliga a cambiar de modelo de crecimiento, a crecer sobre la base de unas empresas más productivas, mejor organizadas, más innovadoras, más industriales y más internacionales. Y también, en base a unas empresas de mayor tamaño. Porque en economía, el tamaño sí importa.

España es un país de microempresas: empresas de menos de 9 trabajadores y autónomos (que llevan un par de años creciendo por el autoempleo de muchos parados). En total, de las 2.779.146 empresas censadas el 1 de enero de 2015, hay 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. O sea, que el 94,5 % de las empresas españolas son microempresas (0-9 trabajadores), cuando en la UE-28 son el 92,1% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque se nos acercan Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania). En medianas (50-249 trabajadores), tenemos muchas menos: 0,7% del total en España, frente a 1,1% en la UE, 2,6% en Alemania, 1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Pero donde hay más diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España sólo el 0,1% del total de empresas (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual que Italia (0,1%).

España es pues “diferente” en el tamaño de las empresas: el país europeo con menos peso de la gran empresa, con un enorme peso de las microempresas, quizás por falta de dinastías empresariales y por una iniciativa emprendedora muy ligada a los servicios y el turismo, no a la industria, más unida a la gran empresa y que ha perdido peso desde los años 80. El caso es que las microempresas son en general menos productivas, crean menos valor añadido y menos empleo estable. De hecho, si España hubiera tenido empresas del mismo tamaño que Gran Bretaña, se hubieran salvado del paro 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Y si tuviéramos la misma estructura empresarial de Alemania (más empresas grandes y medianas, menos microempresas), la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor. O sea, produciríamos un 13% más sólo por eso.

Las empresas grandes son las que mejor han aguantado la crisis, según un estudio de la Fundación BBVA-Ivie. Han perdido menos negocio (-13% de caída de ventas) que las microempresas (-20%) y pequeñas (-25%) y también menos empleo: incluso hay 1,2 millones de trabajadores más en las grandes empresas que antes de la crisis, según la CEOE, mientras se ha destruido empleo en las pymes (más en las medianas y pequeñas que en las microempresas). Y en 2014, el empleo en grandes empresas creció casi el doble que en las pymes (+3,96% frente al 1,63%).

Esto se debe a que las pymes tienen más “mortalidad” que las grandes empresas: se crean muchas microempresas y autónomos (el 75% de las nuevas empresas es autoempleo), pero la mayoría no cuajan. Así, sólo el 39% de autónomos sobrevive a los cinco años y un 42% de las microempresas (1-9 trabajadores), mientras lo logran un 54% de las empresas con más de 10 trabajadores, según BBVA-Ivie. Y sólo el 14% de las microempresas cumplen 20 años, mientras lo hacen el 43% de las empresas con más de 20 empleados, según datos del DIRCE.

Las empresas medianas y grandes “viven más porque son más productivas. La productividad por empleado de la gran empresa industrial fue de 77.077 euros en 2013, según el INE, el triple que las microempresas (27.099 euros). Y si España tiene menos productividad que Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, se debe sobre todo a que nuestras pymes son menos productivas, ya que en la gran empresa no hay tanta diferencia (incluso algunas grandes empresas españolas son más productivas que las alemanas, según un estudio de la Caixa). Las grandes empresas son más productivas que las pymes porque aprovechan economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados y utilizan más capital, se financian mejor, están mejor organizados, innovan más y están más volcadas en la exportación que las pymes.

La tecnología es un factor clave para mejorar la productividad. Y España fabrica en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar entre los grandes países europeos en sectores de media-alta y alta tecnología, que suelen estar ligados a grandes empresas industriales, con poco peso en España. El exceso de microempresas, que apenas invierten en innovación y tecnología, también explica el retraso tecnológico de España (junto a los recortes públicos en I+D+i).  Y el tamaño también tiene mucho que ver con la financiación: las pymes tienen menos acceso al crédito y les sale más caro (una pyme española paga un 2% de interés más por un crédito que una alemana, mientras una gran empresa sólo un 0,87% más), además de exigirles más garantías para prestarles. Por último, el tamaño tiene mucho que ver con exportar, un factor clave para sobrevivir: sólo exportan un 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes. Y la mitad de toda la exportación española se concentra en 222 grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que el tamaño importa y mucho. “Lo pequeño es bello” , pero mejor nos iría si tuviéramos más medianas y grandes empresas, que producirían más, serían más competitivas, más innovadoras, exportarían más y, sobre todo, crearían empleos más estables ante futuras crisis (que volverán). Por eso, España debería fomentar la fusión de empresas, de las pequeñas para convertirse en medianas y de las medianas para que se hagan grandes. Es lo que pretende una iniciativa muy interesante, el proyecto Cre100do, impulsado por el Icex, Círculo de Empresarios y Bankinter: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores a convertirse en grandes en un plazo de cinco años.

El Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el raquitismo empresarial. Porque no podemos competir ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros y sólo 500 empresas facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño, aumentar el número de empresas medianas y grandes, que además van a ser el motor de despegue de las pymes, “tirando” de ellas dentro y fuera de España.

Para conseguirlo, el Gobierno debería poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras a las fusiones de empresas, sector a sector. Y revisar el plan de ayudas públicas vigente, porque muchas se pierden cuando las empresas dejan de ser pequeñas o medianas (al tener más de 50 o 250 empleados, por ejemplo). Y también a nivel fiscal: muchas empresas no quieren crecer de tamaño, porque temen que Hacienda les vigile más. Y lo mismo pasa a nivel sindical: las empresas de más de 50 trabajadores están obligadas a tener Comité de empresa y liberados sindicales. Todo esto hay que revisarlo, con un gran acuerdo político, económico y laboral que tenga un solo objetivo: conseguir empresas más grandes. Dejar de hacer demagogia con las pymes y los emprendedores y apostar más por la mediana y gran empresa, que son las que mejor pueden asegurarnos el crecimiento y el empleo futuros. Y bajo su paraguas, fortalecido, crecerán también más las pymes. Lo dicho, el tamaño importa.