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jueves, 19 de diciembre de 2013

Menos puentes festivos y más horas de trabajo


En unos días, 2014 nos trae un calendario laboral con una fiesta más que este año pero con menos puentes y más cortos. España tiene 14 festivos, los mismos que la mayoría de Europa, pero trabajamos 232 horas más al año. Y en 2013, con la crisis y la reforma laboral, la jornada de trabajo ha aumentado hasta una hora semanal más, muchas veces con menos sueldo. Algo preocupante en un país con el doble de paro que Europa y donde aumenta la jornada laboral desde 2008, lo que ha impedido salvar más de medio millón de empleos de la crisis. Ahora, se debería reducir la jornada y repartir el poco trabajo que hay, con un horario europeo, de 9 a 17 horas. El Congreso ha pedido al Gobierno, por unanimidad, que cambie horarios, para estar antes con la familia. Calentar más tiempo la silla no es más productivo. Es menos.
enrique ortega

El calendario laboral de 2014 viene con una fiesta más (porque en 2013 la Inmaculada ha caído en domingo) pero con menos puentes y más cortos, ya que sólo hay tres fiestas nacionales entre semana (una, el “macropuente” de mayo). Habrá 9 festivos nacionales en toda España: 1 enero(miércoles), 6 enero Reyes(lunes), 18 abril (Viernes santo), 1 mayo (jueves), 15 agosto (viernes), 1 noviembre (sábado), 6 diciembre (sábado), 8 diciembre (lunes) y 25 diciembre (jueves). A ello hay que sumar 3 fiestas  autonómicas (la de cada autonomía y dos festivos nacionales más o sustituibles, como el lunes 13 de octubre) y 2 fiestas locales.

Un calendario laboral de crisis, con menos puentes y pérdida de horas de trabajo, por  lo que el Gobierno no ha tenido que poner en marcha (tampoco en 2013) la reforma que pactó en 2012 con sindicatos, patronal y la Iglesia, acordando que podía cambiar tres festivos para reducir los macropuentes: 15 de agosto (caerá en viernes), 1 de noviembre y 6 de diciembre (caen en sábado en 2014). Y tampoco tendrá que hacerlo hasta 2018, al menos.

España, con 9 fiestas nacionales, es junto a Gran Bretaña el país con menos festivos de Europa, pero si añadimos las 5 fiestas autonómicas y locales, queda en línea con la mayoría de países europeos, que tienen entre 10 y 15 festivos. Sin embargo, los españoles trabajamos más horas que la mayoría de europeos: 1.686 horas en 2012, 112 horas más que la media de 17 países de la eurozona (1.574 horas), según Eurostat. Y con datos de la OCDE (2012), España trabajaba (1.686 horas) menos que la media de sus 35 países (1.765 horas) pero más horas que la mayoría de países europeos, salvo Grecia (2.034 horas), Italia (1.752 horas), Portugal (1.691) y la mayoría de Europa del Este. Así, trabajamos 289 horas más al año que los alemanes (1.397), 193 más que los franceses (1.479) y 32 horas más que los británicos (1.654 horas al año).

Con la crisis y sobre todo, tras la reforma laboral del Gobierno Rajoy (febrero 2012), esta jornada laboral ha aumentado, por presión de las empresas y la Administración. En 2013, muchos convenios han forzado aumentos de jornada, como el de grandes almacenes (+28 horas semanales) o Metro de Madrid (+58 horas), incluso con menos sueldo. Y la propia Administración central  ha aumentado su jornada en 2013 (a 37,5 horas semanales y reducción de 6 a 3 “moscosos”), como la mayoría de autonomías y Ayuntamientos.  

Resultado: un sensible aumento de la jornada laboral en 2013, sobre todo por haberse reducido el absentismo, las horas perdidas (de 4,2 horas semanales en 2012 a 3,4 en 2013). En consecuencia, la jornada efectiva ha pasado de 30,6 horas (2º trimestre 2012) a 31,2 horas (2º trimestre 2013). Y la jornada sube más para los que trabajan a tiempo completo: de hacer 34 horas a la semana a 35 horas en 2013, según el INE. Y los contratados  a tiempo parcial, también trabajan más: de hacer 17,7 horas han pasado a hacer 18,3 horas semanales. Aquí, la mayoría querría trabajar más horas, ya que ganan la mitad que a tiempo completo. Y es que el 61% de los que trabajan a tiempo parcial lo hacen “de forma involuntaria”, porque no tienen otro trabajo (en Europa son el 28%).

No sólo trabajamos más horas, sino que también trabajamos más horas extras gratis. Mientras han bajado las horas extras pagadas al nivel más bajo de la última década (menos de media hora al mes), las horas extras gratis fueron 2.630.000 en el cuarto trimestre 2012, 12 minutos a la semana por trabajador. Con ello, las empresas se ahorran pagar 40 millones de euros y dejan de contratar a 65.750 personas.

Precisamente, lo más grave de que España tenga más horas de trabajo que la mayoría de Europa es que esa mayor jornada impide crear nuevos empleos. Ya lo ha hecho durante la crisis. Entre 2008 y 2012, la jornada laboral sólo creció en España (+1,4%), Grecia (+4,3%) y Chipre (+0,6%), mientras bajaba un 1,6% en Europa (-2,8% en Italia, -2,1% en Irlanda o -1,7% en Alemania). Si nuestra jornada laboral se hubiera reducido como la europea, se habrían podido salvar 540.000 empleos, uno de cada 5 puestos de trabajo perdidos en la crisis, según un estudio de la Junta de Andalucía. Y si además tuviéramos la misma jornada laboral que la media de Europa, se podrían haber creado 720.000 empleos. En total, 1,26 millones de puestos de trabajo perdidos por trabajar más horas que Europa.

La crisis ha provocado no sólo que las empresas aumenten la jornada laboral (mientras pagan un 16,6% menos de salario que en Europa, 1.639 euros frente a 1.936) sino que los trabajadores, de motu propio, se queden más horas en la empresa, calentando la silla. Es el presentismo: un 85% de trabajadores reconocían que alargaban su jornada en 2012, frente al 45% que lo hacían en 2010, según un estudio de Randstad. La mayoría son jóvenes con pocos estudios y lo hacen por miedo a perder el empleo (65%) o por falta de personal (24%). El presentismo, además de no mejorar la productividad, tiene sus riesgos: más estrés laboral, más riesgo de accidentes y, sobre todo, quita empleo.

Trabajar más horas no aumenta productividad, como está superdemostrado: los españoles trabajamos 232 horas más al año que los europeos y producimos la mitad, según un estudio del IESE y Adecco. Y uno de los países más productivos es Bélgica, donde se trabaja 112 horas menos al año que en España. Además de trabajar más horas, en España el horario laboral es “de locos: se entra a trabajar más tarde que en Europa (a las 9 en vez de a las 8) y se sale dos o tres horas más tarde (entre las 18 y las 20 horas, no a las 17), tras el cafelito mañanero y hora y media para comer (30 minutos en Europa).

Racionalizar los horarios, buscando una jornada de 9 a 17 horas (y media hora para comer) mejoraría la productividad de las empresas un 20%, según un estudio hecho entre empresas del IBEX por la Comisión para la racionalización de horarios (ARHOE), que cita otras ventajas de trabajar con horarios europeos: mejor clima laboral, menos estrés y absentismo, ahorro de energía, mejora conciliación laboral y familiar, más atención a los hijos y menos abandono escolar.

Por todo ello, la Comisión de Igualdad del Congreso aprobó  en septiembre por unanimidad  instar al Gobierno para que apruebe una Ley de conciliación laboral y racionalización de horarios, con un permiso de paternidad obligatorio de mes y medio (hoy 15 días) y un horario laboral recomendado de 9 a 17 horas, incluyendo adelantar una hora el horario peninsular (al de Canarias, Portugal y Gran Bretaña) y el horario prime time de las televisiones (de las 22-1 madrugada actuales a las 21-23 horas), para facilitarlo. Pero no parece que las empresas, agobiadas por la crisis, estén por el horario europeo…

Sin embargo, trabajar más horas que Europa cuando tenemos el doble de paro es una grave irresponsabilidad que, además, no mejora la productividad, porque eso depende más de otras variables: organización del trabajo, integración en la empresa, formación, producto, calidad e innovación, costes, logística… El Gobierno y las empresas no se deben obsesionar porque haya menos fiestas y más horas de trabajo, sino por repartir el trabajo disponible y que los que trabajen, lo hagan menos horas pero con más eficacia. Al tajo.

domingo, 20 de febrero de 2011

La crisis nos pone “malitos”

Con la crisis, no sólo se ven colas en las oficinas del INEM: los españoles acuden mucho más a su médico o al psicólogo y está creciendo el consumo de antidepresivos. Si dicen que “el trabajo es salud”, el miedo a perderlo o estar en paro es muy insano, como revelan distintos estudios científicos. Cuatro de cada diez españoles padece estrés laboral y son muchos los que sufren cansancio, angustia, insomnio o depresión. Incluso, comemos más. La crisis está dando más trabajo y más costes a la sanidad y provoca un estado de ánimo negativo que empeora la salud de casi todos. Por eso, hay que cuidarse y salir de la crisis.
La crisis económica está deteriorando la salud de los españoles. El aviso lo han dado 56 expertos sanitarios de SESPAS, que van a presentar en el Congreso un informe donde revelan que el paro, la inseguridad laboral, el trabajo precario y la crisis han hecho que empeoren los indicadores de salud y que aumenten las enfermedades mentales, como la depresión o la ansiedad. Y añaden que arreglar esta situación no depende sólo de mejorar la asistencia sanitaria, sino que “el Gobierno y las autonomías deben valorar el impacto de las políticas sociales y laborales sobre la salud pública antes de ponerlas en marcha”.
Es otra visión de la crisis, su impacto sobre nuestra salud. Y es que el 40% de los asalariados españoles (y el 50% de los empresarios) está afectado de estrés laboral, según datos del INE. Un síndrome que causa pérdidas por valor de 2.000 millones al año, según la Fundación Europea para la mejora de las condiciones de vida y de trabajo. Y además, casi el 70% de los españoles se siente cansado y con falta de energía, según una encuesta de SEDCA realizada en 14 países europeos, donde se revela también que España es el segundo país (tras Portugal) donde peor  se compagina vida laboral y personal, la base del estrés.
Tres de cada cuatro españoles reconoce que, en algún momento, la salud se ha visto afectada por el trabajo, según una encuesta de Randstad. Y con la crisis, han surgido nuevas patologías: fatiga crónica (cansancio, pérdida de memoria, incapacidad para concentrarse, dolores de cabeza, cuello y espalda, insomnio…), ergodependencia (dependencia del estrés: no poder estar sin trabajar), presentismo (lo contrario de absentismo: hacer horas a destajo y no salir del despacho por si le mueven la silla), tecnoestrés (no poder vivir sin Internet)…
Y sobre todo, tienen más tarea los psicólogos, incluidos los gabinetes de los sindicatos, que han detectado un aumento de cuadros depresivos, ludopatías y conflictos de pareja. No en vano, los antidepresivos son los segundos medicamentos más vendidos, por valor de 475 millones de euros en 2010. Incluso ha aumentado la obesidad: “si falta trabajo, lo que queda es comer y ver la televisión”, decía muy gráficamente el nutricionista Pierre Dukan.
¿Qué hacer? Es básico una primera actuación en las empresas, aunque sólo una de cada cuatro tiene medidas específicas para promover la salud laboral: horarios, guarderías, teletrabajo, control de reuniones a deshora, salas de juego y relax, planes de prevención… Y luego, hace falta una política de salud centrada no sólo en los médicos, los hospitales y los medicamentos, sino en mejorar las condiciones de vida y la prevención, ayudando a cambiar hábitos de vida insanos, como el sedentarismo y la obesidad. Y sobre todo, hacer una política sanitaria específica para los colectivos más afectados por la crisis: jóvenes, mujeres y mayores de 45 años, un colectivo con doble riesgo de caer enfermos.
Si no hay trabajo, por lo menos que tengamos salud. Pero hay que poner los medios, en casa, en la empresa y en el país. Un tema clave es recuperar la autoestima, ya que la imagen que tenemos los españoles de nosotros mismos ha caído en picado en los dos últimos años, según el estudio de Reputation Institute. Nos vemos peor que nos ven. Hay que cambiar eso. Somos igual de buenos que cualquier país. Y saldremos de la crisis. Que sea con salud.