España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
lunes, 8 de abril de 2024
España crece, pero la inversión no tira
España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
lunes, 26 de febrero de 2024
Los pisos subirán más en 2024
Comprar un piso es cada año más caro y no sólo porque las hipotecas llevan año y medio subiendo, por el alza de los tipos de interés. El precio de compraventa de las viviendas volvió a subir en 2023, un +4,7%, la mayor subida en los últimos 6 años, según la tasadora Gesvalt. La Sociedad de Tasación aumenta la subida hasta el +5,1% anual a finales de 2023, mientras el último dato del INE señala una subida anual de las viviendas del +4,5% en septiembre de 2023, con un aumento menor del precio de la vivienda usada (+3,2%) pero mucho mayor en la compraventa de viviendas nuevas (+11%, la mayor subida en 16 años).
jueves, 28 de septiembre de 2023
La vivienda se desinfla pero no baja
lunes, 24 de julio de 2023
9ª subida de tipos (y prometen más)
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| Enrique Ortega |
Los Bancos Centrales de todo el mundo siguen con su “cruzada” contra la inflación, subiendo reiteradamente los tipos de interés desde hace más de un año. El pasado 22 de junio, el Banco de Inglaterra sorprendió subiendo los tipos de interés un +0,5%, hasta el 5%, la subida nº 13 hecha en Reino Unido desde diciembre de 2021. Y ese mismo día, subieron los tipos un +0,25% el Banco central de Suiza (hasta el 1,75%) y un +0,50% el Banco central de Noruega (hasta el 3,75%). Ahora, todo apunta a que la Reserva Federal USA volverá a subir los tipos este miércoles 26 de julio, otro +0,25% (será la 11ª subida hecha desde marzo de 2022), colocando el precio oficial del dinero en el 5,50%, el tipo más alto desde 2001. Y un día después, este jueves 27 de julio, está previsto que el Banco Central Europeo (BCE) se sume a esta ola de subidas, aumentando los tipos otro +0,25% (la 9ª subida desde julio de 2022), hasta el 4,25%, el precio más caro del dinero en Europa desde julio de 2008.
El problema no es sólo que el BCE se sume a las subidas del resto, sino que hay unanimidad entre los Bancos Centrales sobre que “tienen que seguir subiendo los tipos”, según se vio en la Cumbre monetaria de Sintra (Portugal), a finales de junio: todos creen que las tensiones de precios siguen ahí y no pueden bajar la guardia. “Aún no hemos terminado el trabajo”, dijo Christine Lagarde, la presidenta del BCE. La Reserva Federal USA anticipó dos subidas más este año (la de julio y septiembre), lo mismo que el BCE, aunque se han levantado voces internas (en Italia, Portugal y Francia) sobre que hay que esperar a ver qué hace la inflación antes de hacer más subidas en septiembre. Pero la representante de la ortodoxia alemana en el BCE, Isabel Schnabel, lo dejó claro: “es mejor pasarse que quedarse corto…”.
Por si los defensores de más subidas no fueran suficientes, en EEUU y en Europa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) salió a la palestra, el 19 de julio, pidiendo a la eurozona “endurecer aún más la política monetaria y seguir subiendo tipos”, porque “la inflación va a seguir siendo alta durante algún tiempo”. Es más, el FMI defiende también que los paises europeos recorten los déficits públicos y la deuda, suprimiendo las actuales ayudas contra la inflación, que consideran “culpables” de que los precios no bajen más, al mantener el consumo y la inversión de familias y empresas. Tras las ayudas de estos años contra la pandemia y la inflación, el FMI vuelve a los “ajustes”…
En este contexto de “ortodoxia monetaria”, de defensa a ultranza de las subidas de tipos como la mejor receta contra la inflación, son pocos los que levantan la voz contra las subidas de tipos, por sus efectos negativos sobre familias, empresas y paises. Curiosamente, a finales de junio, la italiana Meloni y el portugués Costa coincidieron en Bruselas en criticar las subidas del BCE, por ser “una receta simplista” (Meloni) o por no tener en cuenta la naturaleza de la inflación, aplicando “un mal diagnóstico y una terapia errónea” (Costa). Francia y Holanda tampoco ven claro seguir con las subidas de tipos en septiembre, lo mismo que España, aunque no podrá manifestarlo al presidir el semestre europeo.
El problema de la persistente subida de tipos es doble. Por un lado, es ineficaz, porque la inflación actual en Europa no está causada por una demanda disparada (“inflación de demanda”), que se pueda frenar encareciendo el precio del dinero, sino que estamos ante una inflación de costes (“inflación de oferta”), motivada por la subida disparada de la energía y los alimentos, ya antes de la invasión de Ucrania y agravada después. Así que por mucho que suban los tipos, eso no va a bajar los precios del petróleo, el gas, la electricidad o los alimentos. Por eso, los tipos empezaron a subir en la zona euro el 21 de julio de 2022, cuando la inflación era del 8,6% (en junio) y tras varias subidas, la inflación siguió aumentando, hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022. Y sólo ha bajado este año, hasta el 5,5% en junio de 2023, porque han caído los precios del petróleo (por debajo de 90 dólares barril desde noviembre, 27 dólares ahora), el gas (27 dólares ahora frente a 72 a principios de año), la electricidad (92 euros/kWh frente a 147 euros en marzo) y los alimentos (el índice FAO de junio bajó -23,4% sobre marzo 2022). No porque los tipos hayan subido del 0 al 4,25% en un año.
El otro problema de la subida de tipos del BCE es que supone una receta homogénea para una inflación desigual entre paises. El precio oficial del dinero estará este jueves en el 4,25% para los 20 paises euro, un “ricino” igual para todos cuando su inflación es muy diferente: hay paises del euro con la inflación por debajo del 2%, el objetivo del BCE (1% Luxemburgo, 1,6% España y Bélgica), y otros con la inflación disparada (9% Estonia, 8,3% Croacia, 8,2% Lituania, 8,1% Letonia, 7,8% Austria, 6,8% Alemania, 6,7% Italia, 6,6% Eslovenia, 6,4% Holanda o 5,3% Francia), junto a una inflación moderada en Grecia y Chipre (+2,8%), Portugal (4,7%) e Irlanda (4,8%), según Eurostat. Y con una inflación aún más disparada en Hungría (19,9%), Eslovaquia (11,3%), Chequia (11,2%), Polonia (11%) o Rumanía (9,3%). En resumen: la receta ortodoxa de tipos altos hace falta a la Europa rica del norte pero no al sur, que tienen una inflación más baja. Pero el BCE impone tipos altos a todos.
El problema no es sólo que esta “receta” del “ajuste monetario duro” sea ineficaz (no baja la inflación, sobre todo la subyacente, sin energía y alimentos, porque se debe a una subida de márgenes, no a que la demanda esté disparada) e injusta para los paises con baja inflación, sino que además, tiene un alto coste para familias, empresas y paises, provocando una recesión en la economía europea, al frenar el consumo y la inversión. En el primer trimestre de 2023, la zona euro no creció nada (+0%), tras caer en el 4º trimestre (-0,1%). Y la UE-27 apenas crece: un +0,2% este 1º trimestre, tras caer --0,1% en el 4º de 2022. Hay 8 paises europeos cuya economía cayó en el primer trimestre 2023 (Alemania, Paises Bajos, Irlanda, Grecia, Malta, Estonia, Lituania y Hungría) y 4 están en recesión (2 trimestres consecutivos cayendo): Alemania (-0,5 y -0,3%), la “locomotora europea”, Estonia (-1% y -0,6%), Lituania (-0,5% y -2,1%) y Hungría (-0,6 y -0,3%). Es lo que ha conseguido el BCE…
En España, que creció un +0,6% en el primer trimestre (un 4,2% anual, cuatro veces la media UE), el daño de la subida de tipos es muy evidente. Primero a los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y les sube la mensualidad al revisarla anualmente, por la subida del Euribor: en julio roza ya el 4,2%, cuando hace un año estaba en el 0,992% y en negativo hasta marzo de 2022. Esta continuada subida del Euribor (16 meses) ya ha provocado que muchas familias paguen más de hipoteca, una media de 260 euros más cada mes. Y eso está provocando problemas en las familias más vulnerables, sobre todo a 1.500.000 familias que tienen que destinar ahora más del 40% de sus ingresos a pagar la hipoteca (hay 600.000 familias con apuros para pagarla, según el Banco de España). Esta subida de tipos, además, retrae la compra de viviendas a jóvenes y nuevas familias (en mayo cayeron por 4º mes consecutivo la solicitud de hipotecas y las ventas) y encarece aún más los alquileres. Y también sube el coste de los créditos personales, para comprar un coche, electrodomésticos o un viaje: el tipo está ya al 8%, frente al 6,2% en 2022.
La subida de tipos del BCE también la sufren las empresas, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han más que duplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,66% en mayo), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han triplicado el tipo (del 1,35 al 4,51%) y los créditos de más de 1 millón de euros han cuadruplicado su coste (del 0,83 al 4,34%), según los datos del Banco de España. Y en cuanto a los paises, la subida del BCE encarece los intereses que han de pagar por la deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.542.000 millones de euros en mayo (el 112% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, saltó a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022, al 3,408 el 15 de junio y el vienes ya había que pagar a los inversores el 4,467%... Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda.
En definitiva, que la
receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve poco para bajar la
inflación (baja por los mercados de la energía y los alimentos), es
muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por
lo que recorta la actividad y el crecimiento en toda Europa. Y más
en la Europa del sur, donde las familias, empresas y paises son más vulnerables a las subidas de tipos,
porque tienen menos ingresos, menos competitividad y mucha más deuda pública y
privada. Así que “el ricino” del BCE nos hace más daño, aunque lo necesitemos menos
porque tenemos menos inflación.
Pero el BCE, la Reserva federal y el resto de bancos centrales (todos poseídos de la misma “ortodoxia monetaria”) siguen diciendo que “su trabajo no se ha acabado”, que seguirán las subidas (en septiembre) y que no habrá bajadas en 2024, quizás en 2025, cuando esperan que la inflación vuelva al 2%. Ahora, lo justifican en que “temen un repunte de los salarios”, que reanime la inflación en los próximos meses en Europa. Su argumento es que “falta mano de obra” en todos los paises y que como la actividad y la demanda sigue, hay “tensiones” en el mercado laboral que llevarán a mayores subidas de salarios. Y eso llevará a las empresas a nuevas subidas de precios para compensar los mayores costes salariales.
Los últimos datos de Eurostat sí revelan una subida de los costes salariales en el primer trimestre de 2023, tras tres años de bajos salarios por la pandemia y la inflación: han subido una media del +5% en la UE 27, frente al +3,3% que subieron al inicio de 2022. Pero, curiosamente, donde más suben los salarios es en la Europa rica del norte, la que tiene más inflación: Bélgica (+10,1%), Paises Bajos (+7,5%), Austria (+6,2%) y Alemania (+5%), mientras crecen menos en España (+4,4% en el primer trimestre), Francia (+4,3%) o Italia (+17%). Así que, de nuevo, el BCE aplica su ricino de subir tipos para frenar subidas de salarios que se están dando más en la Europa rica, que gana más por hora trabajada (39,5 euros en Alemania, un 40,5% más que los 23,5 euros por hora que se cobran en España).
Pero hay más. El BCE se preocupa ahora porque los salarios puedan subir este año y reanimar la inflación pero no se ha preocupado nada de la subida de los márgenes y beneficios empresariales en 2022. El propio BCE lo reconoció a finales de marzo: dos tercios de la subida de la inflación en Europa ha sido por la subida de los márgenes empresariales (beneficios) sobre todo en la energía, agricultura, industria, construcción, hostelería y restauración. Algo que contrasta con las subidas de precios entre 1.999 y 2022, cuando sólo en una tercera parte se debieron a subidas de los beneficios. Pero mientras el BCE no hacía nada para contener estos márgenes empresariales, ahora proponen seguir subiendo los tipos para frenar la subida de los salarios, que han perdido poder adquisitivo entre 2019 y 2022 en el sur de Europa (-5,7% en España, -0,3% en Italia) mientras lo ganaban en Alemania (+0,5%), Francia (+1,9%), Paises Bajos (+4,5%) y la mayoría de paises de la OCDE (+0,8%). No frenaron los beneficios récord que han disparado la inflación y ahora quieren frenar la subida de unos salarios que han pagado con su devaluación las últimas crisis.
El BCE y los demás “ortodoxos monetarios” se equivocan, a costa de los paises, familias y empresas más vulnerables. Si siguen por este camino, Europa seguirá estancada y se agravará la recesión en otoño, cuando no contemos tanto con la ayuda del turismo (verano récord) y las exportaciones (entorpecidas por los problemas del comercio mundial y un euro fuerte, que ha provocado una subida del 9,4% para los productos europeos que se paguen en dólares), más la esperada desaceleración de la economía China en la segunda mitad de 2023. Y además, se notarán más los efectos recesivos de los tipos altos, que hacen su mayor daño a partir de los 18 meses de iniciarse (diciembre 2023). Una economía europea estancada y con una inflación todavía alta, es el otoño que nos espera si el BCE mantiene su política de tipos altos y si los paises UE no toman medidas para seguir reanimando la economía, para no suprimir ayudas hasta que se acabe la guerra y Europa vuelva a crecer como antes. Dejen de remar a la contra.
jueves, 22 de junio de 2023
El riesgo de la "banca en la sombra"
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| Enrique Ortega |
La “banca en la sombra” se llama a todo un abanico de entidades que no son los bancos tradicionales y que ingresan dinero de los inversores y lo destinan a préstamos y operaciones financieras con empresas, Gobiernos y particulares. En este bloque de entidades financieras no bancarias (NBFI, en sus siglas en inglés) se incluyen Fondos de inversión, Planes de pensiones, aseguradoras, Fondos de alto riesgo, Fondos “buitre”, Fondos inmobiliarios, Fondos monetarios, financieras, empresas de leasing y renting, financieras de consumo, empresas de tarjetas, firmas de “crowdfunding” y “business angels” para financiar a emprendedores… Lo que tienen en común es que no son bancos pero se dedican a recoger dinero de inversores y destinarlo a múltiples proyectos, buscando una alta rentabilidad con alto riesgo en la mayoría de los casos.
Esta “banca en la sombra” surge en EEUU a finales del siglo XX, pero crece sobre todo a partir de 2008, tras la crisis financiera, a costa de la banca tradicional, que se retira parcialmente de dar crédito a las empresas, sobre todo a la economía digital. Y estos Fondos, aseguradoras, Planes de pensiones y financieras empiezan a financiar la economía, atrayendo a inversores con el reclamo de su alta rentabilidad y financiando proyectos y empresas nuevas, en las que encuentran grandes beneficios con alto riesgo. Y así, en 2014, la banca tradicional ya sólo aportaba el 50% de los créditos a las empresas y la otra mitad se financiaba con la “banca en la sombra”, multitud de Fondos y entidades nuevas que están detrás de las tecnológicas y de los nuevos sectores económicos. Y todo ello es posible porque coinciden con una década de dinero barato, con los tipos al 0%, lo que permite a la banca en la sombra “apalancarse” (crecer e invertir a crédito), crear una gran burbuja donde prestan cada vez más a cambio de pagar cada vez más con los recursos de negocios endeudados a tope. Primero en EEUU y luego en Europa y en el resto del mundo.
Y así llegamos al momento actual, en que “la banca en la sombra” acapara ya la mitad de las finanzas mundiales y tiene más activos que la banca tradicional, según el último informe (diciembre 2022) del Finantial Stability Board, un organismo creado en 2009 por el G-20: manejan 239,3 billones de dólares, el 49,2% de las finanzas mundiales, más que la banca tradicional (manejan 182,9 millones, el 37,6% del sistema financiero mundial), los bancos centrales de los paises (44,1 billones, el 9,1%) y las instituciones financieras públicas (20,3 billones, el 4,2% del total financiero mundial). En España, “la banca en la sombra” (sobre todo Fondos de inversión, monetarios e inmobiliarios, Planes de pensiones, aseguradoras, financieras y empresas de leasing, renting y tarjetas) tiene todavía menos peso que en EEUU y Europa (51%): manejan 1,4 billones de euros, el 25,5% del sistema financiero, todavía la mitad que la banca tradicional (2,9 billones, 52,7% del total).
¿Cómo ha crecido este monstruo financiero de “la banca en la sombra” en poco más de dos décadas? Pues a golpe de deuda, de endeudarse para invertir y crecer, aprovechando que el dinero no tenía coste: los tipos de interés han estado al 0% entre 2008 y 2015 y aunque luego subieron algo, volvieron al 0% entre 2020 y principios de 2022. Estos Fondos y entidades de la banca en la sombra se endeudaban y atraían inversores que buscaban alta rentabilidad, a los que aseguraban altos intereses invirtiendo en deuda pública, nuevas empresas y comprando empresas en crisis que troceaban y vendían (Fondos “buitre”). Y operando en corto en Bolsa (comprando valores a crédito para luego devolverlos), contra empresas que creían sobrevaloradas, forzando su depreciación a cambio de elevadas plusvalías. Y depositaban su liquidez en la banca tradicional y en deuda pública, ayudando incluso a financiarse a los bancos tradicionales (con préstamos “repos” garantizados con deuda pública). Todas estas operaciones, con las que han atraído dinero e inversores y han multiplicado sus apuestas en deuda, empresas y bancos, tienen otra característica común: no cumplían reglas ni normas. La “banca en la sombra” no tiene una regulación estricta, como la banca, y sus operaciones pueden ser tan arriesgadas como quieran. Eso sí, a cambio no hay ningún Fondo de Garantías que asegure las inversiones.
El problema de “la banca en la sombra” se vio venir en 2022, cuando empezaron a subir los tipos de interés y encima de forma rápida: la Reserva Federal de EEUU los empezó a subir en marzo de 2022 y después los ha aumentado 10 veces, del 0% al 5,25% actual. Y el BCE, desde julio de 2022, los ha subido otras 8 veces, del 0% al 4% actual, lo mismo que el Banco de Inglaterra (11 subidas, desde el 0 al 4,50%) y el resto de bancos centrales. Todas las entidades de la “banca en la sombra” se encontraron con el pie cambiado: ahora ya no se podían endeudar sin freno y sus activos valían menos. La deuda pública que habían comprado vale menos (al subir los tipos, se revaloriza la deuda nueva pero se deprecia la antigua), con lo que incurrían en pérdidas contables si la tenían que vender antes del vencimiento, porque sus inversores les exigían liquidez. Y ya no podían asegurar altas rentabilidades en negocios especulativos, sobre todo cuando los bonos del Tesoro dan más del 3%.
Un ejemplo de esta difícil situación de la banca en la sombra se dio en Reino Unido, en octubre de 2022, después de que la primera ministra Liz Truss aprobara un descabellado Plan fiscal, que provocó “turbulencias financieras”. Básicamente, lo que sucedió fue que los británicos que tenían Fondos de pensiones se asustaron y pidieron liquidez a sus gestoras, que se vieron obligadas a vender deuda pública (manejan 2,3 billones de euros, la mitad colocados en deuda pública). Y tuvo que intervenir el Banco de Inglaterra, invirtiendo 73.000 millones en compra de deuda británica. Era un aviso: si los inversores de “la banca en la sombra” se ponían nerviosos, los Fondos, Planes, financieras, aseguradoras y entidades se verían obligados a vender para reintegrarles su dinero, a costa de enormes pérdidas y un riesgo de pánico financiero. Es lo que pasó en EEUU, en marzo de 2023, con la crisis de Silicon Valley y otros pequeños bancos regionales: los inversores se pusieron nerviosos y los bancos no aguantaron.
El riesgo de que “la banca en la sombra” estalle con la subida de los tipos de interés (que devalúa su deuda y sus activos, encareciendo su alto endeudamiento) ha sido advertido en muchas ocasiones por el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), una especie de Banco Central de los Bancos Centrales del mundo (Reserva Federal, BCE, Banco de Inglaterra…). En diciembre, el BIS alertaba del aumento de “la deuda en la sombra”, el alto endeudamiento de estas entidades no bancarias, que ahora les resulta mucho más costoso. Y este año, el 4 de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó “una alerta global” sobre la banca en la sombra: “pueden provocar tensiones en la economía global”, si los inversores se lanzan a retiradas masivas de dinero. Y eso porque estas instituciones son básicas para la financiación de sectores clave de la economía, de los Gobiernos y sus políticas públicas (compra de deuda) y de la banca tradicional, a la que financian y con la que tienen múltiples lazos (depósitos, valores, deuda, créditos…).
Esta reciente “alerta” del FMI advierte de 3 riesgos de la “banca en la sombra”, que podrían desencadenar otra crisis financiera internacional, incluso más grave que la de 2008: el elevado “apalancamiento” (inversión con deuda), ahora más peligroso con los tipos altos, los desajustes en la liquidez (cuando los activos, deuda o valores, no proporcionan suficiente efectivo para cubrir los desembolsos a los inversores, como pasó en Reino Unido con los fondos de pensiones) y la elevada interconexión de estas instituciones no bancarias entre sí y con el resto del sistema financiero (banca tradicional), lo que complica el panorama global. Y el FMI plantea un dilema a los Bancos Centrales (Reserva Federal, BCE): si conviene seguir subiendo tipos, para frenar la inflación, o hay que frenar las subidas para evitar nuevas crisis financieras (como en algunos bancos USA) en la banca en la sombra. Porque aunque estas entidades no tengan un Fondo de Garantía que cubra a los inversores (como en la banca tradicional), parece claro que si estallan, los bancos Centrales tendrían que intervenir, inyectando liquidez y ayudas (que acabamos pagando todos), como pasó en 2008.
Pero ni la Reserva Federal ni el BCE se dieron por avisados y siguieron subiendo tipos, lo que agrava el riesgo de otra crisis financiera, sobre todo en “la banca en la sombra”, donde no hay apenas vigilancia ni regulación, con lo que no sabemos en realidad el alcance de la “bomba financiera” que nos puede estallar encima. Porque dentro de la banca en la sombra hay entidades muy potentes y solventes, como el Fondo BlackRock (que mueve 10 billones de dólares en todo el mundo: 7 veces el PIB español) y otros grandes Fondos multinacionales y de pensiones, pero también hay Fondos especulativos, Fondos monetarios, financieras y entidades no bancarias que podrían “estallar” y afectar a muchos sectores e inversores, desde EEUU y Europa a China y Japón, detonando una grave crisis financiera.
El temor sigue ahí y la última alerta la acaba de lanzar el propio BCE, el pasado 30 de mayo, con este artículo donde advierte del “riesgo de contagio” entre los problemas de la “banca en la sombra” y la banca tradicional europea, que podría provocar un “efecto dominó en la banca europea si la “banca en la sombra” tiene problemas. Intenta dar un paso más: no sólo advertir de los riesgos de la banca en la sombra sino de alertar que si esos “no bancos” tienen problemas, los tendrá también la banca tradicional. Y eso, argumentan, porque una gran parte de la financiación bancaria que depende de los bancos en la sombra, que tienen gran parte de sus depósitos, valores, deuda y derivados en la banca tradicional. Así que si a la banca en la sombra le va mal, porque sus inversores se ponen nerviosos y buscan liquidez, esas fugas afectarán también a los bancos tradicionales. Y a toda la economía europea, que acude a la banca en la sombra para conseguir el 14% de su financiación
El informe del BCE pone cifras al problema: los 5 mayores bancos europeos (el Santander entre ellos) concentran el 50% de los préstamos y valores de “la banca en la sombra”. Y si ampliamos el análisis a los 13 mayores bancos europeos, concentran el 80% de los préstamos de la banca en la sombra y el 80% de la financiación bancaria con “repos” (venta de activos de la banca para financiarse, recomprándolos en un plazo determinado). Y la “banca en la sombra” posee el 28% de los títulos de deuda bancaria europea, teniendo incluso un papel clave en el mercado de deuda a corto (descuento de papel comercial).
En definitiva, que la banca tradicional europea está “estrechamente ligada” a “la banca en la sombra” (Fondos de inversión, Planes, aseguradoras, Fondos de alto riesgo, Fondos monetarios, financieras…). Y que si la otra banca estalla y entra en crisis, una parte de la banca tradicional se verá afectada y caerá con ella. Así que el BCE recomienda afrontar de una vez el grave problema de la banca en la sombra, un “monstruo” que ha crecido sin control y que amenaza ahora al sistema financiero y a la economía. En Europa y en todo el mundo. Las recetas del BCE, como antes las del FMI, son claras: vigilar y supervisar la banca en la sombra, obligarla a una mayor transparencia y a que tenga listos mecanismos de gestión de crisis, buscando una mayor coordinación y control entre paises. En definitiva, regular y vigilar “la banca en la sombra” para que no nos estalle encima.
Estas alertas, del BIS, el FMI y el BCE, están muy bien, pero el problema de fondo es ¿quién le pone el cascabel al gato? Hablamos de Fondos, Planes y financieras multinacionales, que mueven más dinero que la mayoría de paises y llevan 2 décadas operando sin control, a medio camino entre un casino y un monopolio. Y que han crecido desproporcionadamente porque se han saltado todas las reglas, bajo la única Ley del máximo beneficio. Es la economía financiera de la especulación pura y dura, al amparo del dinero barato y las ganancias supermillonarias. Ponerles ahora coto y normas, en un mundo globalizado, no va a ser nada fácil, a pasar de las alertas oficiales. Tienen demasiado tamaño y poder. Pero precisamente por eso, hay que controlarlos y regularlos. Porque pueden explotar y provocar otra grave crisis financiera. Avisados estamos.

