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lunes, 10 de noviembre de 2025

Cumbre del Clima: "Emergencia", no "Cambio Climático"

Hoy 10 de noviembre se inicia en Brasil otra Cumbre del Clima (la COP 30), con pocas esperanzas de que los 197 paises tomen medidas eficaces contra el Cambio Climático, que es ya una “emergencia” climática. El pesimismo deriva de que Trump sacó a EEUU del Acuerdo de París, China, India y paises en desarrollo apenas recortarán emisiones (siguen consumiendo carbón, petróleo y gas) y Europa suaviza sus ambiciones climáticas, por el auge del negacionismo climático y el “pragmatismo”, forzados por la derecha y extrema derecha europeas (el PP español ha sido el único partido popular europeo, junto al polaco,  que ha votado en contra (junto a la ultraderecha europea) del recorte al 90% aprobado por la Comisión. Mientras, las emisiones siguen aumentando y provocan “emergencias” como los incendiosolas de calor del verano o la DANA de Valencia. Por eso, el gobierno Sánchez propone un Pacto de Estado para acordar medidas y frenar los daños climáticos (20.000 muertos directos en 5 años). Pacto rechazado por el PP y sus autonomías antes de conocerlo. Algo grave, porque afrontar la emergencia climática no es una cuestión de ideología, sino de pura supervivencia.

Guterres (ONU): "El mundo se dirige a la ruina si no se actúa. Es un fracaso moral y una negligencia mortal"

Esta Cumbre del Clima de Belém (10 al 21 de noviembre) es la número 30 de las Cumbres mundiales celebradas desde la primera Cumbre de la ONU sobre el Medio Humano de 1972. Y  coincide con el 10ª aniversario de la Cumbre de París (1975), donde casi 200 paises acordaron reducir las emisiones mundiales de CO2 para evitar que la temperatura de la Tierra subiera más de 2 grados a finales de siglo (y mejor evitar que suba más de 1,5 grados). Hoy, todo indica que los paises no han hecho sus deberes y que “el Cambio Climático va a más”, según señaló Antonio Guterres, secretario general de la ONU en la apertura de esta COP 30. Los últimos datos aportados por la OMM (ONU) son estremecedores: las emisiones de CO2 (el gas responsable del 66% del recalentamiento de la Tierra) han vuelto a aumentar en 2024 y su nivel de concentración en la atmósfera es ya de 423 partes por millón (ppm), frente a 284,7 en 1850, 385 en 1990 y 377,1 en 2009, el nivel más elevado de C02 en 800.000 años, según los científicos. Y también estamos en niveles récord de metano (1.942 ppm), responsable del 16% del calentamiento global) y de óxido nitroso (338 ppm de NO2), culpable de otro 6% del calentamiento global.

La consecuencia inmediata es el aumento de la temperatura de la atmósfera, que ya superó en 2024 los +1,55 grados sobre la temperatura de los niveles preindustriales (1850-1900). Y a este ritmo, ese aumento será habitual en la próxima década de los años 30 y la Tierra sufriría un aumento de la temperatura de 2,3 a 2,5 grados para el año 2100, según la ONU, lo que sería una catástrofe para el clima y la vida en el Planeta. De hecho, el calentamiento actual ya ha provocado una “emergencia climática”, en palabras de la ONU, emergencia que provoca “fenómenos climatológicos extremos” que puede ver cualquiera: olas de calor, sequías, incendios virulentos (este verano en España), lluvias e inundaciones (DANA de Valencia), huracanes y tifones más frecuentes y virulentos… Y una pérdida de los glaciares que ha provocado una subida del nivel del mar (entre 20 y 23 centímetros desde 1980), que podría superar los 30 cm a finales de siglo), poniendo en riesgo muchas zonas del Planeta. Y todo ello provoca además una pérdida de especies y biodiversidad, migraciones climáticas y unas pérdidas humanas (546.000 muertes anuales entre 2012 y 2021, según el 9º Informe Lancet Countdown)  y económicas (inconmensurables).

A pesar de este negro panorama que demuestran los científicos y la ONU, los paises siguen sin afrontar de verdad la “emergencia climática. Algo especialmente grave porque el 76% de las emisiones globales que están destrozando el clima y el Planeta son culpa del hombre, de sus actividades (energía y transporte, industria, agricultura, ganadería, vivienda y residuos). El secretario general de la ONU ha sido claro en la Cumbre de Brasil: “demasiados líderes mundiales están cautivos de los combustibles fósiles” (petróleo, carbón y gas). Los datos de la ONU lo corroboran: los Gobiernos gastaron 956.000 millones de dólares en ayudas públicas (subvenciones, minoración de impuestos, inversiones) a los combustibles fósiles sólo en 2023, tras la crisis energética por la invasión de Ucrania. Sólo España gastó 6.810 millones en subvenciones y ayudas(al gasóleo, la gasolina y la luz…). Y 17 de los 20 paises más destacados planean aumentar la producción de al menos 1 combustible fósil (algunos gas, otros carbón y otros petróleo) para 2030, según un estudio reciente.

Pero además, las petroleras y multinacionales energéticas  llevan todos estos años invirtiendo en combustibles fósiles (que matan), lo que les ha permitido multiplicar sus beneficios a costa del clima: un reciente estudio demuestra que las grandes petroleras (Shell, BP, Exxon Mobil y Chevron) han “pausado, retrasado o retiradoen 2025 sus compromisos climáticos anteriores. Y que las 100 principales empresas productoras de petróleo y gas tienen estrategias de producción que las llevarán a superar las cuotas de producción asignadas para poder reducir el calentamiento global en 1,5 grados máximo para 2100. En paralelo, la banca mundial, que presume cada vez más de “verde”, aumentó un 29% sus préstamos a las empresas de combustibles fósiles en 2024 (hasta 611.000 millones de dólares), superando en un 15% a los préstamos que conceden al sector verde mundial.

A lo claro: los paises, las empresas energéticas y la banca echan ayudas y dinero al fuego de la emergencia climática. Y miran para otro lado cuando la ONU y sus organismos técnicos les piden tomar medidas y recortar emisiones, como se comprometieron hace 10 años en la Cumbre de París. La actitud de los paises, poco conocida, es escandalosa: tenían que haber entregado a la ONU sus Planes de recortes de emisiones para 2035 en febrero de 2025, según lo acordado en París. Pues bien, sólo 10 paises cumplieron, con lo que la ONU les amplió el plazo hasta el 30 de septiembre, coincidiendo con una Cumbre paralela a la Cumbre anual de la ONU en Nueva York. Y resulta que para ese 2º plazo, sólo 64 paises de los 197 firmantes del Acuerdo de París presentaron su Planes, incumpliendo EEUU (Trump sacó al país del Acuerdo en enero), China (anunció su intención por videoconferencia) e incluso la Unión Europea (aprobó su Plan el 4 de noviembre)…

Pero lo peor no es que la mayoría de paises hayan retrasado sus Planes de recorte de emisiones para 2035, sino que los paises que lo han presentado (antes y estos días) proponen unos recortes de CO2 ridículos, un 11% de media, según los expertos de la ONU. Y el recorte debería ser mucho mayor: habría que reducir las emisiones un 35% para 2035 (sobre las de 1990) para no superar los 2 grados a finales de siglo. Y eso ya sería mucho y con efectos peligrosos para el clima, por lo que defienden un recorte de las emisiones del -55% hasta 2035 para garantizar que la temperatura no sube más del 1,5% en que ya estamos (2023,2024 y 2025 han sido los años más calientes de la historia).

En definitiva, que vísperas de esta Cumbre del Clima de Brasil, la mayoría de los paises “no habían hecho sus deberes y los que prometen recortes, sólo proponen reducir sus emisiones la quinta parte de lo que hace falta. Ese desinterés ante la emergencia climática se ha visualizado en las importantes ausencias a esta Cumbre de Brasil, a la que no asisten los líderes de 4 de los 5 países que más contaminan: China (29,2% de las emisiones mundiales de CO2), Estados Unidos (11,1% emisiones), India (8,2% ) y Rusia (4,8%. Sí asisten los líderes de la UE (el 4º mayor emisor de CO2 del mundo, con un 5,95% del total), con la presidenta Von der Leyen, Macron, Metz y Sánchez (más el británico Stamer), pero con una política medioambiental más “suavizada por la presión de la derecha y la extrema derecha.

China es clave para los recortes de emisiones, que han prometido menores y dilatados en el tiempo (a partir de 2035 y 2040, para no truncar su crecimiento actual, basado todavía en el carbón, el petróleo y el gas, aunque son líderes mundiales en energías renovables. Lo mismo pasa con la India, Brasil y otros paises en desarrollo, que además piden ayudas de los paises ricos (que llevamos medio siglo contaminando al máximo) para reconvertir energéticamente sus economías (falta por aportar al Fondo de 100.000 millones de dólares previsto). Rusia aumentara sus emisiones para 2035, por su apuesta por el gas. Y Estados Unidos, el otro país clave, se ha lanzado con Trump a la producción y consumo de petróleo y gas (“perfora, niño, perfora”, es su lema), apostando incluso de nuevo por el carbón, lo que aumentará sus emisiones, no las reducirá.

Y la Unión Europea, que era (y todavía es) el paladín de la lucha contra el Cambio Climático ha frenado sus impulsos reformadores, forzada por las posiciones “negacionistas” de una buena parte de la derecha (PPE) y de la extrema derecha, que ataca en todos los paises (y en España, en las autonomías) el Pacto Verde Europeo. Eso ha llevado al Consejo y a la Comisión Europea a retrasar su ley del Clima y los nuevos Planes de recortes de emisiones (el NDC), que no aprobaron hasta el martes pasado, tras una reunión maratoniana (1 día y toda la noche siguiente) de los ministros de Medio Ambiente. Al final, han acordado un recorte de emisiones del 90% para 2040 (sobre las de 1999). Pero este objetivo tiene “truco”: Francia, Alemania y los paises del Este han forzado una cláusula para que un 5% de ese recorte se pueda “comprar” en el mercado internacional (hay una “Bolsa” de derechos de emisiones de CO2) con dinero de los Fondos europeos y otro 5% con dinero de los propios paises que lo necesiten para cumplir…A lo claro: pagar a otro país que emite de menos por lo que un país emite de más. Y además, reconocen el papel en la transición energética de los combustibles de bajas emisiones en el transporte y retrasan un año las exigencias de emisiones que se piden al transporte por carretera y a los edificios.

Europa está ahora dividida en la lucha contra la emergencia climática, con paises que quieren ir más despacio, argumentando que las políticas climáticas “no pueden poner en peligro la industria y la competitividad europea” (los más duros, Hungría, Polonia y República Checa, apoyados ahora por Suecia, Francia, Alemania e Italia) y otros paises que defienden que “no hay futuro para Europa si no se descarboniza la economía” y que puede ser “una oportunidad” para crear nuevas industrias y empleos (grupo encabezado por España y en el que están otros 13 paises más, entre ellos Portugal, Finlandia, Paises Bajos, Austria e Irlanda. Y esta división interna (y dentro de cada país, por el auge del “negacionismo” y la extrema derecha) es más preocupante porque Europa es uno de los continentes más vulnerables ante la emergencia climática, especialmente los paises del sur, como se ha visto estos años en Grecia, Italia, Francia, Portugal y España.

Precisamente, la DANA de Valencia y los incendios de este verano hicieron que al comienzo de este curso político, el 1 de septiembre, el presidente Sánchez propusiera a las fuerzas políticas y sociales, administraciones, científicos, entidades y ciudadanos, un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, similar al que se consiguió con las pensiones (Pacto de Toledo) y contra la violencia de género. Al día siguiente, el Consejo de Ministros aprobó 10 medidas que proponen incorporar a ese Pacto de Estado, entre ellas crear una Agencia de Protección Civil y Emergencias, una Red Nacional de Refugios Climáticos en ciudades y pueblos (para afrontar las olas de calor), reforestación y mejor gestión forestal, nuevos Planes Hidrológicos, una reordenación del territorio y las infraestructuras para hacer frente a inundaciones y sequías, más ayudas al medio rural (el mejor aliado en las políticas medioambientales), la creación de 2 Fondos públicos (uno para responder a fenómenos extremos y otro para prevenirlos a nivel local y autonómico), dotar de más medios a los bomberos y servicios de emergencias (creando un nuevo Cuerpo técnico), formación en emergencias en centros educativos y Universidades y la exigencia a Europa de que sea más ambiciosa en los objetivos medioambientales y su financiación.

Parecen medidas “razonables” a la vista de los fenómenos climáticos extremos que hemos sufrido, que se esperan sean cada vez más frecuentes y graves. Pero el PP dijo que no lo apoyaría el 31 de agosto, incluso antes de conocer la propuesta: Feijoo se negó a apoyar este Pacto de Estado, reiterando que el Gobierno Sánchez ha sido incapaz de gestionar los incendios de este verano (sic) y que “se pone de perfil ante cualquier desgracia” (sic). Así que aunque Sánchez y el Ministerio de Transición Ecológica ya han celebrado Jornadas públicas (con expertos y ciudadanos (la primera en Ponferrada en octubre)  para explicar el Pacto, no han asistido ni alcaldes ni políticos del PP (ni por supuesto de Vox).

Así que los ciudadanos de a pie, que sufrimos las olas de calor (3.644 muertes entre junio y agosto) las sequías (y las enormes pérdidas para el campo, junto a subidas extras de los alimentos), las inundaciones y la contaminación (que causa en España 10.000 muertes al año, según Sanidad) y las pérdidas económicas por el clima y sus destrozos (12.200 millones de pérdidas solo este verano, el país líder por pérdidas climáticas en Europa, según un estudio de la Universidad de Mannheim) asistimos impotentes a una Cumbre del Clima donde los paises que más contaminan no se comprometen apenas a recortar emisiones y permiten que las empresas energéticas (y los bancos) ganan millones a costa del clima, del Planeta y de nuestras pérdidas y muertes (20.000 directas en España los últimos 5 años, según dijo Sánchez en Brasil). Y en España, cuando el Gobierno propone un Pacto de Estado para afrontar un problema que ha destrozado medio país (incendios y DANAs), el PP rechaza hablar y Vox niega el cambio climático (¿qué puede pasarle a las políticas climáticas si un día Gobiernan juntos?).

De hecho, el PP español ha sido el único partido popular europeo (junto al PP de Polonia) que votó este lunes 10 de noviembre junto a la ultraderecha europea (en una Comisión del Europarlamento) en contra del recorte de emisiones del 90% propuesto por la Comisión (y que salió adelante en la Comisión del Parlamento Europeo por 55 frente a 32 votos). 

Es hora de que los ciudadanos salgan a las calles y presionen a sus Gobiernos en todo el mundo para que se den cuenta de que estamos ante una “emergencia climática”, de la que nos han venido advirtiendo los científicos y que ahora sufrimos todos. “El mundo se dirige a la ruina si no se actúa. Es un fracaso moral y una negligencia mortal”, acaba de decir el secretario general de la ONU en la Cumbre de Brasil. Pero predica en el desierto. El problema para el mundo es que se acaba el tiempo para actuar. Ojo: la lucha contra la emergencia climática no es una cuestión política, sino de pura supervivencia.  

jueves, 7 de noviembre de 2024

DANA y Clima: muertos, pérdidas... y más CO2

Los españoles seguimos conmocionados por las inundaciones de Valencia. Levante ha sufrido decenas de riadas los últimos siglos, pero ahora son más frecuentes y extremas, por el Cambio Climático, según confirmaron expertos de la ONU tras la tragedia: el aumento de la temperatura, en el mar y en la atmósfera, acelera las lluvias torrenciales, que han dañado en septiembre y octubre media Europa. “El Mediterráneo es un bidón de gasolina”, alertan los meteorólogos. Así que España sufrirá más inundaciones, lo que obliga a mejorar el sistema de alertas, modificar la ocupación del territorio (2,7 millones viven en “zonas inundables”) y, sobre todo, reducir las emisiones que provocan estos fenómenos extremos. Pero el mundo apenas toma medidas y las emisiones de CO2 aumentaron en 2023 y 2024. El lunes comienza otra Cumbre del Clima, en Bakú, pero no se esperan avances significativos (¡menos con Trump!). Y si los paises no toman medidas más drásticas, la temperatura aumentará 3,1 grados y habrá más desastres. “Estamos jugando con fuego”, advierte la ONU.

                Dana Valencia                                             Foto: AP Photo, Alberto Saiz

La humanidad ha abierto las puertas del infierno”, declaró el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, el 20 de septiembre de 2023, en Nueva York. Lo decía tras el verano más cálido del siglo (superado en 2024), que provocó tremendos incendios en Canadá y EEUU, tornados y huracanes en el Caribe y Asia, potentes inundaciones en Grecia y Libia. Un año después, en octubre de 2024, los expertos de World Weather Atribution (WWA) han publicado un informe donde concluyen que “el Cambio Climático ha intensificado los 10 eventos meteorológicos más mortíferos registrados en el mundo  en las dos últimas décadas “, que se han cobrado 576.000 vidas, tras analizar 3 ciclones tropicales, 4 olas de calor (dos en Europa), 1 sequía y 2 inundaciones sufridas entre 2004 y 2023. “El Cambio Climático y el aumento de temperatura están haciendo nuestra vida más peligrosa”, concluyen.

Un día después, el 1 de noviembre, otro informe encargado por la Comisión Europea señalaba que “el Cambio Climático aparece como un factor clave de riesgo” y propone reforzar la preparación civil y militar de Europa ante las amenazas naturales. No en vano, un reciente estudio del Parlamento Europeo señala que las inundaciones han afectado a 5,5 millones de europeos en los últimos 30 años, causando 3.000 muertos y más de 170.000 millones de euros en daños económicos. Aunque no lo recordamos, en 2021, las graves inundaciones en Bélgica y Alemania dejaron más de 200 muertos. En 2023, nuevas inundaciones en Italia, Eslovaquia, Austria, Grecia, Italia y Francia causaron graves daños. Y entre el 12 y 15 de septiembre de 2024, la tormenta Boris provocó 24 muertos y afectó a 2 millones de personas en Centroeuropa. Y entre el 18 y 20 de octubre, el sur de Francia e Italia sufrieron las peores inundaciones en los últimos 40 años. Unos días después, el 29 de octubre, Valencia sufrió las peores inundaciones de la historia, con cientos de muertos y gravísimas pérdidas.

Europa y la cuenca mediterránea es una de las regiones del mundo más afectadas por el Cambio Climático, porque el continente se está calentando al doble de velocidad que el resto del Planeta, según los expertos. Dos días después de la tragedia de Valencia, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió este comunicado, con una idea clave: que el Cambio Climático antropogénico (provocado por la acción del hombre) provoca que los fenómenos climáticos extremos “se hayan vuelto más probables y graves”, porque la atmósfera está más caliente y retiene más la humedad, propiciando lluvias más intensas.

Trombas de agua e inundaciones se han producido en el Levante español (y sur de Europa) desde hace siglos: desde la conquista de Valencia en 1238, se han producido 11 riadas catastróficas en el Turia, según señala el meteorólogo José Ángel Núñez. La más grave fue la de 1957 (81 muertos) y la última importante en septiembre de 1999, con 5 muertos, 3.500 evacuados y graves destrozos en Levante. La diferencia es que antes eran cada 70 años y ahora son más frecuentes. Eso se debe, según los expertos de la OMM,  a “la presencia de aire cálido en superficie, alimentado por el exceso de humedad del mediterráneo, más cálido, y la inestabilidad provocada por el choque con el aire frío de la atmósfera superior conduce a grandes nubes convectivas, con fuertes aguaceros e inundaciones repentinas”. Es lo que llaman DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos).

Así que el Cambio Climático, al aumentar la temperatura de la atmósfera y el mar, provoca, al chocar con el aire frío polar (que ahora llega más fácilmente al sur) que haya más inundaciones y más intensas. “El Mediterráneo actúa como un bidón de gasolina y con una DANA, el resultado es explosivo”, comentaba el meteorólogo Francisco Martín. El análisis de la OMM reitera que España y otros paises europeos deben prepararse para afrontar estos fenómenos meteorológicos extremos tomando medidas en dos frentes: mejorando los sistemas de alerta (para evitar muertes y daños) y actuando sobre la ocupación del territorio, para prevenir daños futuros en viviendas e infraestructuras. Dos temas claves que han fallado en esta DANA de Valencia y en las anteriores inundaciones.

España, como otros paises, cuenta con sistema de alerta ante inundaciones, que ha fallado parcialmente. No falló la AEMET (Agencia de Meteorología), que desde días antes anunció lluvias torrenciales y que a las 7,36 de la mañana del 29 de octubre, el día de la tragedia, activó el aviso rojo por inundaciones. No falló tampoco la Confederación Hidrográfica del Júcar, que tiene sondas en ríos y barrancos: a las 12,07 de la mañana del 29 de octubre envió un correo alertando que el barranco del Poyo superaba los tres niveles de alerta, con un caudal de 264 metros cúbicos por segundo (superando los 150 metros cúbicos del nivel 3), con tendencia “ascendente”. Y a las 18,43 de la tarde, la Confederación alerta que el caudal del Poyo está fuera de control: 1.686 metros cúbicos por segundo, rompiendo 12 minutos después los aparatos de medida, con un aluvión de 2.282 metros cúbicos/segundo (el triple del caudal del río Ebro), a las 18,55 de la tarde.

Con estas dos alertas tan evidentes, la Generalitat Valenciana trató de quitar importancia al riesgo de riada, diciendo (a las 11,48 horas) que el temporal “se iba hacia Cuenca” y esperaban “que remitiera a partir de las 18 horas”. Finalmente, a las 20,12 horas de la noche (casi 2 horas después de la alerta de riada máxima), la Generalitat lanzó una alerta a los móviles. Demasiado tarde: muchos habían muerto en casas bajas, coches y garajes o arrastrados por el sunami de los barrancos. Y cientos más estaban refugiados en tejados y pisos altos cuando recibieron la alerta. Está claro que el sistema falló, no sólo por la indecisión de la Generalitat sino por una falta de información a la población, que nunca ha hecho simulacros ante riadas, aunque las sufren periódicamente. Eso sí, sirvió de ejemplo para Andalucía y Cataluña, donde ha habido pocos muertos y menos daños: la población estaba avisada y se actuó mejor.

La otra recomendación de la ONU frente a las inundaciones es reordenar el territorio, porque el agua “tiene memoria” y cuando llueve tanto (en poco más de 3 horas llovió como en todo un año), busca los cauces de ríos y barrancos antes secos y a cuyo alrededor se han construido viviendas y viven cientos de miles de personas. En Levante y otras zonas de España, el turismo y el desarrollismo de los años 60 y 70 llevaron a construir por todos lados, incluidos viejos cauces y zonas aledañas, colonizadas por viviendas. Esto ocurrió profusamente hasta 2015, cuando la última versión de la Ley del Suelo obligó a los Ayuntamientos a elaborar “Informes de inundabilidad”, señalando como “no urbanizables” zonas con riesgo de inundación. Pero todavía hay muchos municipios y pedanías con Planes urbanísticos de hace más de 15 años, donde estas viviendas siguen en pie e incluso se hacen nuevas construcciones.

En España hay 26.773 kilómetros cuadrados (casi el 5% del territorio) catalogados como “zonas inundables (ver mapa del Ministerio de Transición Ecológica), donde viven 2,7 millones de personas, potencialmente en riesgo ante futuras riadas. Incluso la Comunidad Valenciana tiene un Plan de acción territorial de zonas inundables (PATRICOVA), que se puso en marcha en 2003 y se revisó en 2015. Pero esta cartografía regional de zonas inundables, entre las mejores de Europa, sirve de poco: las autonomías no tienen medios para vigilarlas y para hacer cumplir las normas urbanísticas. Y en muchos casos, la única opción es demoler estas viviendas, algo políticamente difícil de aplicar.

Los expertos en obras hidráulicas proponen muchas medidas que se pueden tomar para reducir los riesgos de riadas en estas zonas, como se ha hecho en Europa y en EEUU (en Nueva Orleans, a raíz del Katrina). Hay que empezar con obras en las cuencas, muy arriba de los pueblos en riesgo: reforestar zonas aledañas, canalizar ríos y construir presas de alivio, canales filtrantes y zonas inundables. Luego, en pueblos y ciudades, además de ensanchar los cauces (Turia), se pueden construir estanques de tormentas y parques fluviales, como se ha hecho en Zaragoza (al lado del Ebro), en Rotterdam o Pamplona. Y por supuesto, reordenar el urbanismo, impidiendo nuevas construcciones  en zonas inundables y derribando las viviendas próximas a barrancos, trasladando a los vecinos ”amenazados”.

Con estas dos medidas, alertas eficaces (con formación a los vecinos y “simulacros” ) y reordenación de las zonas inundables, las próximas riadas nos pillarán mucho más preparados y se reducirán las muertes y los daños, aunque para eso hay que invertir ya. Pero la clave es luchar contra el Cambio Climático, tomar medidas eficaces para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que agravan las lluvias torrenciales y aceleran las inundaciones. Y aquí, los paises están haciendo poco, con lo que no se frena el aumento de la temperatura, que está detrás de la DANA de Valencia y otras que vendrán.

El dato es grave: las emisiones de CO2 aumentaron en 2023, según los datos publicados el 24 de octubre por el PNUMA, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente: se emitieron 57,04 Gigatoneladas de CO2 equivalente, un +1,3 que en 2022 y un +44% que a principios de siglo (39,51 Gigatoneladas año 2000). La mayor parte de estas emisiones (39,02 Gigatoneladas) son de CO2 (producido por el hombre y su uso de combustibles fósiles), otra parte (9,75 Gigatoneladas) es metano (los humanos somos responsables del 60% y el resto procede de fuentes naturales), otra parte oxido nitroso (2,56 Gigatoneladas, el 43% por culpa del hombre) y el resto son emisiones de gases fluorados (1,68 GTm) y por cambio de usos del suelo  (4,03 GTm). Y con este nivel de emisiones, el mundo bate los récords históricos de CO2 (420 partes por millón), metano y óxido nitroso.

El 68% de estos gases de efecto invernadero, responsables de la mayor parte del Cambio Climático, los genera el transporte y la producción de energía y electricidad, el 10% la industria el 18% el campo y los bosques y el 5% los residuos, según la ONU. Y los paises desarrollados del G-20 produjeron el 77% de todas las emisiones del Planeta en 2023, acumulando 6 paises más de la mitad: China (28%), USA (10,5%), India (7,26%), la UE (5,67%), Rusia (4,67%) y Brasil (2,28%). El problema, según la ONU, es que 7 miembros del G-20 no han alcanzado todavía su “pico de emisiones” y  seguirán emitiendo más para alimentar su “desarrollo”: China, India, Indonesia, México, Corea, Turquía y Arabia Saudí.

Lo peor es que este año 2024, siguen aumentando las emisiones de CO2: el 30 de septiembre, en el mundo se emitieron 95,5 millones de Tm de CO2, un +6,8% que ese mismo día de 2023, según los datos de Carbon Monitor. Y han aumentado las emisiones este año en China (+14,6%), USA (+4,7%), India (+5,6%), Europa (+6,1%), Francia (+8,8%), Alemania (+6,5%), Italia (+8,8%) y España (+13,4%). Y los expertos de la Agencia Internacional de la Energía están preocupados, porque los bajos precios del petróleo y el gas han aumentado su consumo y en general la demanda energética.

El último informe del PNUMA (ONU) , publicado el 24 de octubre, alerta al mundo sobre este aumento de las emisiones y el riesgo de más calentamiento: con las políticas actuales de los paises, la temperatura subirá +3,1 grados a finales de siglo sobre la época preindustrial, cuando en la Cumbre de París (2015) se acordó que no debía subir más de 1,5 grados (este año 2024 acabará con +1,55 grados, según Copernicus). Ahora creen que “será difícil evitar que suba 2 grados”, aunque se tomen medidas, lo que incrementará los fenómenos climáticos extremos (como la DANA de Valencia). Lo advirtió otra vez  Antonio Guterres, 5 días antes de la catástrofe de Valencia: “Existe una relación directa entre el aumento de las emisiones y los desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos. En todo el mundo, la gente está pagando un precio terrible. Las emisiones récord significan temperaturas récord del mar que sobrealimentan huracanes monstruosos; el calor récord está convirtiendo los bosques en un polvorín y las ciudades en saunas; las lluvias récord provocan inundaciones bíblicas. Estamos jugando con fuego…”.

Avisados estamos. Urge tomar medidas para reducir las emisiones, como volverá a plantearse del 11 al 29 de noviembre, en la Cumbre del Clima (COP 29) de  Bakú (Azerbaiyán). Se acaba el tiempo para actuar y la ONU insiste en que hay que recortar ya las emisiones (un -42% para 2030), no dejarlo para después. Los paises tienen que presentar nuevos Planes de recorte de emisiones en febrero de 2025, pero los expertos son muy pesimistas y creen que los grandes emisores retrasan los recortes, a pesar de los desastres climáticos. China sólo piensa crecer a cualquier precio. EEUU lo mismo y peor con la victoria apabullante del "negacionista" Trump. Y en Europa, paladín de la lucha contra el Cambio Climático, ha crecido el poder de la derecha y la ultraderecha (16 de los 26 Comisarios, más la presidenta), más “negacionistas”, que defienden ahora menores recortes de emisiones que las previstas inicialmente (-90% en 2040 frente a las de 1990).

En resumen, todos nos conmocionamos cuando se desata una tragedia como la DANA de Valencia o nos preocupamos por las olas de calor, huracanes, sequías e incendios, pero no somos conscientes de que las estamos provocando nosotros, los humanos, con nuestro consumo descontrolado de energías fósiles y un estilo de vida no sostenible para el medio ambiente. Pedimos cuentas a los políticos por desatender a los damnificados por la DANA  pero no les exigimos aprobar planes más drásticos para el recorte de emisiones que causan estos desastres. Recuerden: “estamos jugando con fuego”.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Clima: la próxima pandemia (sin vacuna)

 

Se han cumplido 5 años de los acuerdos de la Cumbre del Clima de París y el mundo sigue emitiendo más gases de efecto invernadero. Incluso con la pandemia, las emisiones sólo han caído un -5,3% y crecerán cuando la economía se recupere. Por eso, la ONU ha pedido a los paises que declaren “la emergencia climática” y que no retrasen más los recortes de emisiones. Europa se ha adelantado y las rebajará un -55% para 2030. Falta ver qué hacen China y EEUU, ahora con Biden. Pero urge recortar las emisiones, porque los efectos negativos del Cambio Climático se han agravado: subida temperaturas, incendios, inundaciones, huracanes…Y los científicos advierten: el Cambio Climático va a provocar futuras pandemias, con millones de muertes por altas temperaturas, contaminación, hambre y migraciones, favoreciendo nuevas enfermedades como la COVID 19. Y contra estas “pandemias climáticas” no habrá vacunas. Sólo queda evitarlas ahora, reduciendo emisiones todos, desde los Gobiernos a las empresas y cada uno de nosotros. Avisados estamos.

 

Recreación de Enrique Ortega a partir de El Jardín de las Delicias de El Bosco.

La pandemia ha bajado las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del Cambio Climático, pero más en los primeros meses (-23% hasta finales de mayo), con el confinamiento duro, y menos a partir del verano (crecen desde julio), siendo ya mayores las emisiones en noviembre que en enero de 2020, según este gráfico de Carbon Monitor. El balance, hasta el 30 de noviembre, es de una bajada de las emisiones mundiales de CO2 del -5,3%, un recorte que es mayor en Estados Unidos (-13,2%), Europa (-9%), India (-8,7%) o Brasil (-11%) y menor en China (-0,5% emisiones) y Rusia (-3,6%), según el último informe de Carbon Monitor. España es uno de los paises donde más han caído las emisiones de CO2 con la pandemia (-14,6% hasta finales de noviembre), al reducirse en la producción de electricidad (-7%), por el menor uso del carbón, en el transporte (-4,1), por la menor movilidad, y en la industria (-2,6%), siendo mínima la reducción en la aviación (-0,5%) y las viviendas (-0,4%).

La ONU estima que la rebaja de emisiones por la pandemia oscilará entre el -5% y -7% este año 2020, mientras la Agencia Internacional de la Energía (IEA) apuesta por una rebaja del -7%. Sería la mayor reducción del siglo, tras una estabilización de emisiones en 2019, un crecimiento anual del +0.9% en la década 2010-2018 y del +3% en la década 2000-2009. El problema vendrá ahora, a la vista de la subida de emisiones desde el verano: la IEA estima que el consumo energético aumentará del +4% al 9% anual en la próxima década y con esta mayor demanda, tras la pandemia, volverán a subir las emisiones.

Suban o no, las emisiones hechas en los dos últimos siglos están ahí, acumuladas en la atmósfera y trastocando la naturaleza y el Clima. Ya en 2019 se batió el récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera: 410,5 ppm (partes por millón), casi el doble que los niveles alcanzados en el periodo pre-industrial (278 ppm en el siglo XVIII). Y el récord no fue sólo en las emisiones de CO2, el gas que más contribuye (en un 85%) al calentamiento global, sino también en las emisiones de metano (1.877 ppmm, partes por mil millones, 2,4 veces el dato del siglo XVIII), en un 60% procedente de la ganadería, la agricultura, los combustibles fósiles y la gestión de residuos,  y de oxido nitroso (332 ppm frente a 279 en el siglo XVIII), los otros dos gases de efecto invernadero, que retienen (como el CO2) el calor en la atmósfera y degradan la capa de ozono. Y en 2020, esa concentración de CO2 en la atmósfera ha seguido aumentando: el 18 de abril se batió otro récord en el Observatorio  tinerfeño de Izaña (418,7 ppm) y hoy está en 413,49 ppm en el Observatorio de Hawái, en cuya web se puede ver cada día.

Los científicos que trabajan para la ONU ya han alertado que el problema de esta elevada concentración de gases de efecto invernadero es que sus efectos negativos sobre el Clima se han acelerado más de lo previsto en 2015, cuando se firmaron los Acuerdos de la Cumbre de París. Así, el informe presentado el 2 de diciembre por la Oficina Meteorológica Mundial (OMM), dependiente de la ONU, destaca el fuerte aumento de la temperatura en el mundo: 2020 será uno de los tres años más cálidos de la historia, junto a 2016 y 2019. Y con ello, la temperatura del Planeta habrá subido este año +1,2 grados sobre la que había en la época pre-industrial (1.850-1900), con lo que se podrían superar los +1,5 grados de subida para 2024 y superar los 3 grados a finales de este siglo, cuando en la Cumbre de París se fijó como objetivo no superar los 1,5/2 grados, porque subir más sería acabar con el Planeta.

El informe de la OMM (“Estado del Clima 2020”) no sólo alerta sobre el fuerte aumento de la temperatura por las emisiones sino que destaca otros efectos negativos sobre la naturaleza y el Clima. El primero, el aumento de los incendios devastadores en Australia, Siberia, costa oeste de EEUU y América del Sur, los más activos desde que existen registros. El segundo, la reducción del hielo ártico, el nivel más bajo en 42 años, fruto de unas temperaturas árticas 5 grados por encima de lo normal (38 grados en Siberia el 20 de julio). El tercero, la consiguiente subida del nivel del mar por el deshielo, con un aumento del nivel del mar de 3,3 milímetros por año desde 1993. Y además, un fuerte deterioro de medio marino, debido a que los océanos absorben la mayor parte del calor del Planeta (el 90%) y una cuarta parte del CO2, lo que calienta y acidifica los mares, destruyendo especies y ecosistemas. Otra consecuencia del Cambio Climático es el aumento de los “fenómenos meteorológicos extremos”, que en 2020 se han dado con más frecuencia y virulencia: fuertes inundaciones (este de África y Sahel, Asia meridional, China y Vietnam), récord de tormentas tropicales (96 ciclones, 30 en el Atlántico) y huracanes (2 de categoría 4 en Centroamérica).

Este aumento extra de la temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos han provocado el rebrote de enfermedades (como el dengue o el virus del Nilo), plagas (de langosta en Africa), malas cosechas, hambre y migraciones masivas: se calcula que 10 millones de personas se han desplazado en Asia y África durante el año 2020 por estos desastres climáticos. Y no sólo sufre el hombre, sino también el Planeta, donde 1 millón de especies están en peligro de extinción, con miles de ecosistemas destruidos. “Estamos en guerra con la naturaleza”, resumía el secretario general de la ONU hace unos días.

La cuestión ahora es no sólo salvar el Planeta, sino salvar vidas. Porque los científicos han lanzado otra dramática alerta, a través de un Estudio elaborado por 140 expertos  mundiales y publicado en diciembre en la revista The Lancet: la crisis climática es la mayor amenaza sanitaria del siglo XXI y amenaza al mundo con otra pandemia. Una pandemia que vendrá por 2 vías, si no se atajan las emisiones. La primera, por un colapso de los sistemas sanitarios de la mayoría de los paises, debido a un fuerte aumento de enfermedades y muertes por olas de calor (ya se produjeron 296.000 muertes en 2018, de ellas 104.000 en Europa y 3.160 en España), por un aumento de enfermedades infecciosas ligadas al aumento de la temperatura (dengue y malaria), por los daños cardíacos y pulmonares ligados al aumento de incendios, por el hambre y la peor alimentación derivados de sequías e inundaciones y del menor rendimiento de los cultivos, así como por el aumento de la contaminación atmosférica (7 millones de personas mueren al año en el mundo por la mala calidad del aire, 524.000 de ellas en Europa, según la AEMA).

El segundo riesgo de una futura pandemia está en la destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, porque la explotación insostenible de los recursos naturales y las extinciones masivas de especies están en el origen de las recientes enfermedades zoonóticas (que se transmiten de los animales al hombre), desde la gripe A , el Sida, el SARS o la COVID 19, con virus que han saltado de animales (primates, murciélagos, roedores, aves y animales domésticos) al hombre, como refleja el muy recomendable libro “Contagio”, de David Quammen. En definitiva, según reiteran los  científicos de la ONU, está demostrado que la destrucción de ecosistemas, la desforestación y la eliminación de hábitats naturales “propicia que los virus en animales salten a los humanos y se conviertan en pandemias mundiales”. Y dan una cifra aterradora: en la naturaleza hay 1,7 millones de virus, de los que entre 500.000 y 700.000 virus animales tienen potencial para infectar a los humanos.

Así que el Cambio Climático no solo puede destruir el Planeta sino que antes nos puede destruir a los humanos, no sólo porque nos quedemos sin recursos sino porque enfermemos, porque provoque otra pandemia, más grave que esta de la COVID 19, por oleadas de calor, enfermedades o nuevos virus. Y en la mayor parte de los casos, sin vacuna posible. Por eso, por el grave riesgo que conlleva el Cambio Climático, la ONU ha lanzado en diciembre otro llamamiento a los paises: que declaren “la emergencia climática”. Que no pierdan más tiempo, que recorten ya y con decisión sus emisiones para evitar una “pandemia climática. Porque apenas se ha avanzado en los últimos 5 años, desde la Cumbre de París.

Sobre el papel, parecería que la lucha contra el Cambio Climático ha avanzado mucho estos años, salvando la excepción de EEUU por Trump: hay 126 paises que han prometido reducir a cero sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. Pero la realidad es otra: la ONU advirtió en vísperas de la Cumbre virtual del aniversario del Acuerdo de París, celebrada el 12 de diciembre, que sólo 5 paises se habían comprometido a hacer para 2030 recortes extras sobre el 40% prometido hace cinco años. Y si no se empieza ya a tomar medidas y recortar más, será imposible alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050.

La Unión Europea llegó la madrugada del 11 de diciembre, en vísperas de la Cumbre climática virtual, a un acuerdo de última hora para recortar las emisiones de los 27 paises un -55% en 2030 (en lugar del -40% prometido antes), con lo que Europa sigue liderando la lucha contra el Cambio Climático. China se comprometió a emisiones cero en 2060, pero falta ver cómo lo concreta. Y Estados Unidos se sumará pronto a los recortes, según ha prometido el próximo presidente Biden. Falta concretar los compromisos de Japón y Corea (0 emisiones en 2050) y los recortes (claves), de India, Rusia y Brasil. La cita para ver si todos actúan de verdad será la próxima Cumbre del Clima, en noviembre de 2021 en Glasgow.

La pandemia de la COVID 19 ha frenado la lucha contra el CC en la mayor parte del mundo, pero también abre la vía a una solución, porque en muchos paises, la estrategia de la reconstrucción económica pasa por fuertes inversiones en una economía más verde. Es la apuesta de Europa, donde una parte importante de su Plan de recuperación “Next Generation EU” (17.500 millones de 750.000 millones en cinco años) y de los próximos Presupuestos 2021-2027 (374.000 millones de 1,8 billones) se van a destinar a la reconversión energética. Y es también la apuesta de España, que destinará  a inversiones verdes un 37% de los Fondos europeos (72.000 millones en 2021-2023), a las que sumar créditos e inversiones privadas, hasta sumar un total de 200.000 millones de inversiones verdes en la próxima década, con la idea de crear 275.000 empleos verdes anuales, según el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030.

Parece que Europa y España van por buen camino, pero la ONU ha advertido que muchos otros paises no: denuncia que el mundo ha invertido 10 billones de euros en ayudas contra la crisis desatada por la COVID 19, pero la mayoría son gastos que aumentan las emisiones de CO2 o son neutrales y sólo una minoría de este gasto van a reducir el Cambio Climático. “Estamos viendo que los paises del G-20 están invirtiendo un 50% en actividades relacionadas con los combustibles fósiles (…) Es inaceptable que las generaciones futuras reciban un montón de deuda y que esa deuda se haya utilizado para destruir el Planeta”, denunció António Guterres, secretario general de la ONU el 2 de diciembre. Y 18 ONGs han denunciado también que, desde 2016 hasta hoy, los mayores bancos y fondos de inversión del mundo han prestado 1,6 billones de euros  e invertido otros 900.000 millones en acciones y bonos de empresas que operan con combustibles fósiles.

Está claro que los paises, bancos y Fondos de inversión tienen que salir de los proyectos y empresas que emiten gases y envenenan el Planeta. Y multiplicarse las empresas, ciudades y Estados que incorporan, en su día a día, la estrategia de cero emisiones para 2050. La economía sucia tiene que quedarse sin financiación, no ser rentable. Pero nosotros, los ciudadanos, también tenemos mucha responsabilidad. Tenemos que cambiar los hábitos de consumo cuanto antes: dejar de comprar coches contaminantes (sobre todo SUV), ser menos consumistas (la compra online contamina mucho, por las entregas: Amazon emitió en 2018 44,4 millones de Tm de CO2, más que 7 paises de la UE), usar menos el avión (en trayectos cortos, el tren) y el coche, comer menos carne (ganadería emite metano y No2), reciclar, aislar mejor las casas y reducir la calefacción y, sobre todo, estar dispuestos a pagar más impuestos por carburantes, luz e impuesto de matriculación para reducir emisiones. Vivir “de otra manera” para emitir menos gases y combatir el Cambio Climático. No sólo para salvar el Planeta (no hay Planeta B) sino para evitar nuevas pandemias. Es la única vacuna.

lunes, 7 de julio de 2014

España incumple el recorte de CO2


Estamos tan obsesionados con la crisis y el paro que no tenemos tiempo para pensar en el futuro, en que nos estamos cargando el Planeta que vamos a dejar a nuestros nietos. No es una manía de ecologistas, sino un hecho cierto que afecta seriamente a la economía, como acaba de reconocer Obama y los últimos informes de la ONU: cambia el clima, se multiplican las inundaciones, las sequías y las malas cosechas. Y todo, por el hombre, porque consume petróleo y carbón sin medida. España, que se verá muy afectada  por el cambio climático, es uno de los cinco países europeos que no ha cumplido los recortes de CO2 comprometidos en el protocolo de Kioto. Y lo peor: no cumplirá los recortes previstos para 2020, según afirma el informe de junio de la Comisión Europea (silenciado). Emitimos más CO2 que nadie y  Gobierno, empresas y consumidores miramos para otro lado. Es un problema muy serio.
 
enrique ortega

La última alerta sobre el cambio climático, el síntoma de que nuestro Planeta está enfermo, viene de Estados Unidos, el segundo productor mundial de CO2 (14%) tras China (27%): un informe encargado por Obama señaló en mayo que el cambio climático es una amenaza real (no futura) que ya está afectando al país, desde el huracán Sandy a las altas temperaturas, la sequía o las inundaciones. Y que es un riesgo sobre el transporte, la energía y la salud, por lo que proponen tomar medidas ahora, porque no actuar obligaría a gastar después entre 4 y 10 veces más en mitigar los efectos del cambio climático.

Antes, en marzo, varios centenares de científicos de todo el mundo, agrupados por la ONU, entregaban un informe sobre los impactos actuales del cambio climático: climas extremos (olas de calor, sequías, ciclones), peores cosechas, subida de nivel, calentamiento y acidificación de los océanos, inundaciones, cambio en los ecosistemas (deshielo en el Ártico y deterioro en los  arrecifes de coral). Y en Europa, menos glaciares, más sequías e inundaciones, más incendios, peores cosechas y menos peces. En el futuro, España será una de las zonas más afectadas por el cambio climático: subida de temperaturas (entre 3 y 4 grados a mediados de siglo), mayores sequías, inundaciones, malas cosechas y subida del mar, hasta 43 centímetros, lo que podría afectar a algunas poblaciones costeras y al turismo.

Otro informe de la ONU (septiembre de 2013) confirmaba que las concentraciones en la atmósfera de CO2, metano y óxido nítrico habían crecido a niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años. Y añadía: el responsable es el hombre, al 95% de certeza. Porque el CO2 y los gases de efecto invernadero se emiten al producir electricidad, consumir carbón y petróleo, con los vehículos y calefacciones, con la industria, agricultura y los servicios.

Ahora, la buena noticia es que Obama se ha sumado a la lucha contra el cambio climático, que empieza a calar en EEUU: quiere reducir un 30% las emisiones de 1.600 plantas energéticas (emiten el 40% del CO2 USA), aunque sea a partir de 2030. Eso puede ser un espaldarazo para la Cumbre del Clima de París, a finales de 2015, donde 194 países tienen que decidir unos nuevos recortes de CO2 que sustituyan al acuerdo de Kioto (1997), que finaliza en 2020. Aquel acuerdo fue firmado sólo por 35 países (Europa y pocos más), quedando fuera los que más contaminan: EEUU, China, India y Japón más todos los países en desarrollo. Ahora, todos deben pactar nuevos  recortes de emisiones (hasta 2030) y acordar cómo se financia el Fondo Verde del Clima (2011) ,100.000 millones de dólares en ayudas a países pobres para que contaminen menos, que nadie sabe quién va a pagarles.

Al final, la lucha contra el cambio climático es una cuestión de dinero. Las empresas dicen que, con la crisis, no pueden hacer inversiones para contaminar menos. Y que si lo hacen, sus productos serían más caros que los de sus competidores “menos verdes” y habría más paro. Las eléctricas, que si queremos luz “más verde” será más cara. Y los países en desarrollo, que contaminan menos que los países ricos y no pueden frenar su crecimiento para emitir menos ni tienen dinero para hacer sus industrias “más verdes”. Y los Estados argumentan que sus Presupuestos no están como para luchar contra el CO2. El problema es que si no se hace ahora, dentro de 50 años habrá que gastar diez veces más para hacer frente a los impactos negativos del cambio climático. Sólo en Europa, se estima que habría que gastar 190.000 millones de euros anuales en el último cuatro de siglo, según el informe JRC. Los mayores costes se darían en el sur y centro-sur de Europa.

Europa (la tercera emisora de CO2, el 10% del total) ha sido siempre la abanderada en la lucha contra el cambio climático, pero ahora, con la crisis, ha hecho un viraje y ha aprobado objetivos medioambientales menos rigurosos, por la presión de grandes industrias y eléctricas más los países nucleares (Francia y Gran Bretaña) y carboníferos (Polonia). Así, la Comisión saliente propuso en marzo rebajar las emisiones de CO2 un 40% para 2030 (sobre 1990), cuando Europa ya las ha rebajado un 19,2%. Y sobre todo, rebajan al 27% el peso de las energías renovables para 2030 (antes se hablaba del 35%) pero a nivel de toda Europa (ahora es el 13,5%), no país a país. Con ello, los países más verdes compensarán al resto, ahora sin obligaciones concretas en renovables.

De hecho, es lo que ha pasado en los últimos 22 años: Europa es la única región del mundo que ha reducido sus emisiones, pero de manera desigual: de los 15 países europeos que firmaron en 1997 el protocolo de Kioto, 5 países no han cumplido los recortes previstos: Italia, Portugal, Dinamarca, Austria, Luxemburgo y España, el país europeo donde más han crecido las emisiones de CO2 desde 1990 (un +23,68% hasta 2012, frente al +15% objetivo).Y eso a pesar de la recesión (que ha reducido el consumo de energía) y de que España  se ha gastado 812 millones de euros (entre 2008 y 2012) en comprar derechos de emisión de CO2 para compensar una parte de su exceso de emisiones.

Lo más grave no es que España  (5º país europeo con más emisiones de CO2) no cumpla ahora Kioto sino que tampoco lo cumplirá al final del plazo, en 2020. Sólo rebajará las emisiones un -2,5% frente al -10% objetivo (sobre 2005), según el informe de la Comisión Europea (2 junio), que ha pasado desapercibido: “teniendo en cuenta las previsiones nacionales más recientes basadas en las medidas existentes, no se espera que España alcance este objetivo (página 39 informe expertos UE). Y eso que España, por su situación geográfica, será  uno de los países más afectados por el cambio climático, según los científicos: más calor, más sequía, más inundaciones, peores cosechas y mayor riesgo para las costas por la subida del mar, sobre todo en el Cantábrico, Huelva y el Mediterráneo.

En España, un 40% de las emisiones de CO2 proceden del transporte, por culpa del enorme peso de los camiones (83% transporte frente al 45% en la UE) y un parque de vehículos donde la mitad tienen más de 10 años (y dos tercios consumen gasóleo, más contaminante). Otro 25% del CO2 lo emiten la agricultura, los servicios y la vivienda (calefacciones y consumo eléctrico). Y el 35% restante lo emiten las empresas: la mitad (51%) las eléctricas (un 25% de la luz se produce con fuel y carbón), un 11% las refinerías y petroleras, 9% las cementeras, 8% la siderurgia y el resto las demás industrias.

El Gobierno Rajoy, con los recortes, desarboló la política de ahorro energético, la primera medida clave para reducir las emisiones de CO2. Luego, en marzo ha aprobado un Registro de Huella de Carbono, para que las empresas puedan compensar sus emisiones con proyectos de “sumideros forestales”. Y da ayudas para renovar el parque de vehículos particulares (Plan PIVE) y comerciales (Plan PRIMA). Pero es insuficiente. Hay que poner en marcha un ambicioso Plan de transportes, para descargar la carretera con más tren y más barcos. Y aplicar un Plan industrial, para reducir las emisiones sector por sector, con ayudas. Y al producir electricidad, penalizar el fuel y el carbón y fomentar más las renovables, ahora recortadas. No podemos ser “el farolillo rojo” de Europa en la lucha contra el cambio climático. Además, el último informe de la Comisión nos saca también los colores por otros problemas medio ambientales: deficiente gestión del agua (la más barata de la UE), falta de depuradoras (Bruselas ya nos ha abierto un expediente), mala gestión de residuos y excesiva contaminación atmosférica (estamos a la cola de Europa en calidad del aire).

Cuando España y Europa salgan de la crisis, se consumirá más energía y habrá aún más emisiones. No podemos bajar la guardia y esperar a tomar medidas, porque será demasiado tarde y costarán mucho más. “Como presidente y como padre, me niego a condenar a nuestros hijos a un Planeta que no tenga salvación”, ha dicho Obama. Hay estudios y realidades suficientes para ver que el cambio climático está ahí, imparable. Y que pone en peligro nuestro crecimiento y nuestro futuro, más que cualquier recesión. España está peor que el resto: no sólo tenemos el doble de paro, emitimos más CO2. Así que tenemos que salir de la crisis de la forma más limpia posible. Si no, hipotecaremos el futuro de nuestros nietos.