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jueves, 10 de junio de 2021

Despiertan el petróleo y la inflación

Los precios se han disparado en España y la inflación anual está ya en el 2,7%, después de ser negativa la mayor parte de 2020, por la pandemia. Y este repunte de precios se da en Europa (+2%), EEUU (+4,2%) e incluso en China, por una subida récord de la energía, con el petróleo superando los 72 dólares por barril, lo que ha disparado el precio de los carburantes, mientras no deja de subir la luz. Hay un temor en el mundo a que se dispare la inflación y eso obligue a subir los tipos de interés, ahogando la recuperación. Pero los bancos centrales creen que es un repunte coyuntural, sólo por la energía, y que los tipos no subirán hasta 2023 o 2024. Ahora, la subida extra de precios obligará a abonar una “paguilla” a los pensionistas en 2022 y forzará mayores subidas de salarios este año y el próximo. Hay que vigilar la inflación, pero la prioridad es la recuperación y el empleo.

Enrique Ortega

La subida de precios, la inflación, es una mala noticia, porque “se come” parte de nuestros sueldos y pensiones. Pero es también un indicador de que la economía está activa, de que crecemos y hay una demanda que tira de los precios. Por eso, cuando hay crisis, los precios caen y la inflación acaba siendo negativa. Es lo que ha pasado con la pandemia en España: la inflación, que estaba ligeramente por encima del +1% en 2019, bajó y fue negativa desde abril (-0,7%) y mayo (-0,9%) a diciembre de 2020 (-0,5%). Pero este año 2021, con las vacunas y las incipientes señales de recuperación, los precios se han despertado y suben con fuerza, desde el +0,5% en enero al +1,3% en marzo, el 2,2% en abril y un +2,7% en mayo, la inflación más alta en España desde febrero de 2017 (+3%), según el INE.

Este repunte de la inflación no se ha dado sólo en España. En Europa, los precios se han disparado también, pasando la zona euro de tener una inflación negativa en diciembre (-0,3%) a un 2% en mayo, cuando un año antes era del +0,1%, según Eurostat. La subida es general en todos los paises, más en Luxemburgo (+4%), Lituania (+3,5%), Estonia (+3,1%), Austria (+2,5%) y Alemania (+2,4%, cuando en diciembre bajaba su inflación un -0,7%). Y la inflación anual se ha disparado más en Estados Unidos, hasta un +4,2% de subida en abril (frente al +0,2% en diciembre 2020), el máximo desde 2008, debido a los ingentes estímulos aprobados en el último año (4,8 billones de dólares), que han reanimado el consumo y la actividad, trasladándose a los precios. Incluso la inflación se ha despertado en China, un país que exportaba “deflación” al mundo y que ahora tiene una inflación anual del 0,9%, tras haber subido los precios un +6,8% en abril (frente al -3% que cayeron en abril de 2020).

Con este panorama, el repunte de la inflación preocupa ya en todo el mundo, aunque parece muy concentrado en la energía. De hecho, en la zona euro, la inflación anual excluida la energía sube sólo un +0,9% (frente al +2% la inflación total). Y en España, la inflación de fondo (descontando la energía y los alimentos) subió un +0% anual hasta abril (el último dato desglosado del INE), frente al +2,2% que subió la inflación total. Si se analiza con más detalle, se ven “los 2 culpables” del repunte de la inflación en España este año: la electricidad (con una subida anual en el IPC del +36,9%) y los carburantes (han subido en el IPC un +31,4% anual, 15 veces la inflación total).

La electricidad dispara la inflación, en toda Europa pero más en España, porque ha aumentado el consumo, ha subido el precio del gas natural y el fuel (petróleo) de las centrales de apoyo y por la subida del precio de los derechos de CO2 (se han multiplicado por 10 en los últimos 5 años) que pagan las centrales por contaminar, sin olvidar los costes de más que pagamos en el recibo (ver Blog). En cuanto a los carburantes (gasolina y gasóleo), su precio se ha disparado este año al cuadruplicarse el precio del petróleo: ha pasado de costar 19,5 dólares/barril el 21 de abril de 2020 (el mínimo del siglo, por la pandemia) a 51,72 dólares el 31 de diciembre y 72,21 dólares/barril que cuesta ya hoy.

Este precio máximo del crudo se ha trasladado en los últimos meses a los precios de los carburantes que pagamos. Así, la gasolina costaba el 6 de junio 1,358 euros por litro, un 14,68% más que a principios de año (y en Europa ha subido algo más, un 16%, porque pagan más impuestos que nosotros), según el Boletín Petrolero de la UE. Y el gasóleo cuesta ya 1,221 euros por litro en España, una subida del +14,24% (similar al 14,68% que ha subido el gasóleo en la UE-27). Y todo apunta a que ahora, con la mayor demanda cara al verano y las vacaciones, los precios de los carburantes seguirán en máximos hasta septiembre. Sobre todo porque el petróleo va a seguir subiendo, quizás hasta los 80 dólares por barril, debido al acuerdo entre la OPEP y Rusia para mantener estable la producción hasta abril de 2022 y evitar “guerras de precios”, con el objetivo de aprovechar la mayor demanda de energía que ya se observa en el mundo y que crecerá con la recuperación.

Con el petróleo más caro y la mejora de la economía, sobre todo en EEUU (creció un +6,4% en el primer trimestre) y China (creció un +18,3%) pero también en Europa (cayó un 0,1% en el primer trimestre, frente al -0,4% a finales de 2020), todo apunta a que la inflación seguirá alta y más este verano, cuando las familias aumenten su consumo y el gasto turístico (gastarán lo que no han gastado en el año largo de pandemia). Así que el IPC anual podría rondar el 3% en España este verano y el 2,5% en Europa, muy por encima del 2% que es el objetivo de inflación defendido por el BCE. Por eso, hay un temor generalizado en el mundo a que el repunte de la inflación se consolide y eso obligue a los bancos centrales (a la Reserva Federal USA y al BCE en la zona euro) a subir unos tipos de interés que llevan años en el 0%. Una medida para frenar la inflación que sería dramática, porque ahogaría la débil recuperación en España y en Europa. Y dificultaría más la situación a España, porque somos un país con una elevadísima deuda pública (casi 1,4 billones, el 125% del PIB), que sería más difícil de financiar si suben los tipos y el BCE no nos ayuda comprando deuda.

De momento, el temor a un repunte de la inflación ya ha subido los tipos de la deuda pública en el mundo y en España, donde el coste de los bonos a 10 años está en torno al +0,34%, cuando estaba a tipos negativos (nos pagaban por la deuda) en 2020. Ahora se espera que los tipos suban, aunque no se cree que superen el 1% este año. Y tanto la Reserva Federal como el BCE llaman a la calma: creen que el repunte de la inflación es coyuntural, no estructural, y está muy concentrado en la subida del petróleo y la energía. Y que en unos meses, la inflación se normalizará en torno al 2% deseado. Para tranquilizar a los mercados, a los Gobiernos y a los ciudadanos, los bancos centrales reiteran que no van a subir los tipos de interés a corto plazo y que mantendrán sus planes de estímulos monetarios.

Los expertos creen que la Reserva Federal USA y el BCE van a priorizar la recuperación económica tras la pandemia y que no la pondrán en riesgo, ni retirando sus estímulos (compra de deuda pública para inyectar liquidez, dinero, a la economía) ni subiendo los tipos de interés, aunque los precios estén por encima del 2% objetivo. Y luego, si la recuperación se asienta en 2022, podrían anticipar la retirada de estímulos (al verano de 2022) y la subida de tipos: a principios de 2023 en EEUU y para el verano de 2023 en Europa, antes de lo previsto: que los tipos subieran en 2024. Esta vez, las autoridades monetarias no quieren repetir errores pasados y entre una inflación algo más alta y un paro elevado (en EEUU está en el 6,1%, casi el doble de paro del 3,5% pre-COVID), optarán por inyectar financiación para apuntalar el crecimiento y el empleo, aunque momentáneamente la inflación se acerque o supere el 3%. Ojalá sea así, porque lo contario sería frenar en seco la recuperación.

Al margen de este temor mundial por el repunte de la inflación, la subida actual va a tener consecuencias concretas en los próximos meses, si se confirma la previsión de inflación para 2021, que rondará en España el +2,5%. Por un lado, afectará a los 9 millones de pensionistas, que han tenido una subida de su pensión del +0,9%, inferior a la que será la inflación media (la que cuenta, no la de diciembre) de 2021: entre el +1,8 y el +2%. El Gobierno ya ha dicho que les abonará una “paguilla por la diferencia a principios de 2022, como se ha hecho en otras ocasiones: será poco, unos 10 euros al mes (dado que la pensión media es de 1.016,3 euros y la desviación de la inflación media en 2021 sobre la subida aprobada puede ser finalmente del 1%).

Los demás afectados son los casi 10 millones de asalariados, aunque la posible revisión por una mayor subida del IPC va a depender de que lo tengan así recogido en su convenio (y actualmente, sólo el 25% de los trabajadores tienen clausulas de revisión salarial). Donde sí va a afectar el repunte de la inflación es en la negociación salarial de 2021 (quedan muchos convenios por negociar) y sobre todo para 2022. De momento, los convenios firmados hasta abril indican una subida salarial del +1,55%, que será inferior a la inflación prevista. Y en el conjunto de la economía, el coste salarial ha bajado un -0,7% en 2020, lo que refuerza la idea de que con la pandemia se ha perdido poder adquisitivo. Por eso, los sindicatos UGT y CCOO ya han pedido a la patronal CEOE sentarse a negociar un nuevo Acuerdo Salarial 2021-2023, defendiendo una subida del +1,5% en 2021 y entre el +2 y el +3% para 2022 y 2023. Y extender las cláusulas de revisión salarial a todos los convenios.

Al final, es normal que los precios vuelvan a subir si la economía mejora, porque la inflación negativa sólo indicaba que la economía estaba en una grave crisis. Pero hay que “vigilar los precios, para evitar que un repunte incontrolado de la inflación obligue a subir los tipos de interés y frene en seco la necesaria recuperación. Por eso habría que controlar los dos principales factores de inestabilidad de precios, la electricidad (el recibo medio se ha disparado un 42% en la primera semana de junio, según Facua) y los carburantes (que suelen aprovechar el verano y las vacaciones para disparar su precio). Y también otros dos precios que suelen dispararse en verano: los alimentos y los precios turísticos. Habría que vigilar las subidas y tratar de evitar abusos y márgenes injustificables. Todo por evitar que la inflación se dispare y ponga en peligro la recuperación. Y nuestro bolsillo.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Suben petróleo, euro y tipos: un mal cóctel



Está pasando desapercibido, por Cataluña y el puente, pero el petróleo cuesta ya más de 63 dólares barril, un precio que duplica con creces el mínimo de 2016 y que supone una subida del 42% sobre este verano. Y en paralelo, el euro ha subido otro 12,5% este año frente al dólar, mientras el precio del dinero se prepara para subir, tanto en EEUU como en Europa, tras varios años de coste cero. Son tres subidas preocupantes, porque el petróleo barato, el euro débil y el dinero barato han sido responsables de más de la mitad del crecimiento de la economía española en los últimos tres años, no la política de Rajoy. Y ahora, si cambia el viento exterior y en vez de tenerlo “de cola” lo tenemos “de cara”, la recuperación y el empleo peligran. Por eso, ante esta incertidumbre exterior, es importante que el Gobierno no recorte más en el Presupuesto 2018 y reanime la economía. Que "empuje" desde dentro.


enrique ortega


El petróleo agudizó la crisis financiera, al saltar de los 36,61 euros por barril en septiembre de 2008 a 126,65 euros en la primavera de 2011 (+245%), un elevado precio que se mantuvo hasta los 115 euros de junio de 2014. A partir de ahí, empieza a bajar con fuerza y cierra el año 2014 con un precio de 55,46 dólares por barril. Durante 2015 siguió bajando, con altibajos, hasta los 37,36 dólares a fin de año. Y el 20 de enero de 2016 alcanzó su precio mínimo, 27,88 dólares por barril. O sea, el precio del petróleo cayó un 75% entre 2014 y 2016, la tercera mayor caída del crudo en los últimos 24 años, desde la década de los 90. A partir de este desplome, el petróleo volvió a subir en 2016, hasta cerrar el año pasado en 57 dólares barril y luego bajó a un mínimo de 44,82 dólares en  junio de 2017. Pero es sólo una tregua, porque el crudo volvió a subir este verano y el 27 de octubre superaba la barrera de los 60 dólares barril, un precio que se mantiene y ahora ronda los 63 dólares.

Eso significa que el petróleo vuelve a costar caro, un 128% más que en enero de 2016 y un 41% más que este verano. Es mucha subida en poco tiempo. El primer detonante de estas nuevas subidas fue la decisión de la OPEP y Rusia, el 30 de noviembre de 2016, de recortar la producción de crudo (en 1,8 millones de barriles diarios), por primera vez en 8 años, para reanimar los precios. El 25 de mayo de este año, los firmantes acuerdan extender el recorte hasta marzo de 2018 y hace dos semanas, el 29 de noviembre, una nueva reunión en Viena de la OPEP (14 países) y otros 10 países productores (entre ellos Rusia, el 2º productor mundial, México y Nigeria y Libia, que no se habían sumado a los recortes anteriores) acordó extender los recortes de producción durante todo 2018.

Si cumplen con los recortes, como han hecho en 2017, los precios del petróleo podrían  mantenerse en los próximos meses entre 60 y 65 dólares barril, por encima de la última previsión del Gobierno Rajoy para 2018, que es un precio del petróleo de 54,8 dólares por barril. Este mayor precio puede trastocar el crecimiento y las cuentas de la economía mundial y muy especialmente de España, uno de los países europeos más dependientes del crudo. De hecho, la factura energética hasta septiembre se ha encarecido en 9.000 millones de euros sobre la del año pasado (30.000 millones frente a 21.000). Y esta mayor factura del petróleo (y del gas) puede restar a España un 0,5% de crecimiento del PIB, más incluso que la crisis política en Cataluña. Para entender la importancia del cambio de tendencia, recordemos que la bajada del petróleo entre 2014 y 2016 ahorró a España casi 60.000 millones de euros en la factura energética, añadiendo un 2,5% al crecimiento del PIB esos años.

Además, esta subida del petróleo ya está encareciendo los costes de las empresas y recortando sus beneficios, según los datos del Banco de España: el margen de las 884 mayores empresas ha crecido sólo un 0,8% hasta septiembre, por el alza de costes de la energía, y eso ha provocado que sus beneficios suban solo un 4,8%, la mitad que en 2016. Y también notamos la subida del petróleo los ciudadanos, en el coste de la luz (la factura media ha subido 79 euros hasta finales de noviembre) y en los carburantes. La gasolina sube ya un 6% sobre el precio de julio y el gasóleo otro 9,2%. Y esta subida del crudo se arrastrará a toda la economía, con lo que la inflación media de 2017 subirá al 2%, comiéndose la mínima subida de los salarios (+1,4% aumento convenios) y pensiones (+0,25%). Y los expertos apuestan porque el petróleo mantenga alta la inflación también en 2018, en el 1,6%.

Otra subida clave para España es la del euro. La cotización nos había dado una tregua, como el petróleo, bajando de un máximo de 1,35 euros por dólar a principios de 2014 a 1,038 euros por dólar el 20 de diciembre de 2016, un 23% menos. Y muchos expertos apostaban porque este año 2017 iba a llegar al 1x1 con el dólar: que cotizaran igual el euro y el dólar. Pero la errática política de Trump en USA y la recuperación política y económica en Europa (débil) han trastocado la bajada y este año 2017, el euro ha vuelto a subir, superando incluso los 1,20 euros por dólar (1,2065 el 20 de agosto), para quedar ahora en torno a 1,185 euros por dólar, lo que supone una revalorización del 12% sobre el valor de principios de año. Y si Merkel consigue armar un gobierno de coalición la próxima semana o si la Reserva Federal USA no sube los tipos este mes, es probable que el euro acabe el año cerca de los 1,20 euros por dólar y se encamine a los 1,25 euros/dólar en 2018, según los expertos.

La subida del euro es una mala noticia para Europa, porque es un continente que exporta más de lo que importa y ahora sus productos son un 12% más caros que en enero. Pero tener un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo. Y si estos países exportan ahora menos fuera de Europa (por la fortaleza del euro), también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 12%. Y eso es especialmente preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a países no euro, que pagan ahora en dólares y otras monedas devaluadas, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español en los tres últimos años: sólo en 2016, aportaron la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de tener un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 12% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 12% más para venir a España, además de sufrir ya la subida de viajes (el combustible supone un tercio de los costes de las aerolíneas) y hoteles. Y esto afecta al 40% delos turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente a los británicos, nórdicos, rusos, americanos y asiáticos. Menos mal que el euro se ha revalorizado menos frente a la libra, un +2,6% este año, con lo que su fortaleza afecta menos a los turistas británicos, que suponen el 23% de todos los que nos visitan.

Y hay un tercer efecto negativo de tener un euro fuerte, del que no se suele hablar. Los empresarios exportadores, turísticos y el resto (a los que les suben costes por la mayor inflación), tratan de contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 12% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que suban poco o nada, deteriorando más los sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar la plantilla, esperarán a que el euro (y el petróleo) bajen. Así que, mira por donde, la subida del euro y de la energía son dos obstáculos para que los trabajadores consigan mayores subidas de salarios en 2018. Y con ello, las familias tendrán menos dinero para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Eso debilitará el consumo interno y frenará el crecimiento y la recuperación.

Y vayamos a la tercera subida que se barrunta, la de los tipos de interés. La bajada del precio del dinero, desde 2008, salvó al mundo de una catástrofe, a Europa del hundimiento del euro y a España del rescate: el BCE bajó los tipos del 3,75% en 2008 al 0% en que están desde 2015, inyectando además liquidez en la economía con la compra masiva de deuda pública, lo que salvó a Europa y a España (no la política de Rajoy). Ahora, todo apunta a que va a cambiar la situación. Por de pronto, en EEUU ya se han producido 4 subidas de los tipos de interés en los dos últimos años (diciembre 2015, diciembre 2016, marzo y junio 2017), con lo que los tipos oficiales están ahora entre el 1 y el 1,25%. Y la próxima semana se reúne la Reserva Federal USA (12 y 13 diciembre) para decidir si los sube otro 0,25%, algo que quizás retrase a la primavera de 2018 (porque la recuperación y el empleo no son fuertes). Pero haga lo que haga EEUU ahora, el BCE tendrá que acabar siguiendo su senda y subiendo los tipos en 2018, entre 0,25 y 0,50% a lo largo del año. Así que se acabará la época del dinero barato, lo que puede frenar la recuperación, en Europa y en España.

La subida de tipos, antes o después, es más preocupante para nosotros porque España es uno de los países más endeudados del mundo, con más de 2,73 billones (con b) de deuda actualmente, que nos cuesta una enorme factura en intereses, factura que aumentará en 2018.La mayor parte de la deuda, 1.135.869 millones de euros, es deuda pública, del Estado y la Seguridad Social ( 821.250 millones), las autonomías (283.984) y Ayuntamientos(30.635 millones), deuda que ha aumentado un 40% desde que gobierna Rajoy. La otra parte es deuda privada, de las empresas (897.876 millones de euros, a septiembre 2017) y de las familias (706.023 millones de deuda, sobre todo en hipotecas), deuda que ha bajado ya por debajo de la que tenían en 2006, gracias a importantes amortizaciones. Este elevado endeudamiento hace a España muy vulnerable, según la Comisión Europea,  ante las esperadas subidas de tipos, que van a suponer un mayor pago de intereses a la administración, las empresas y las familias. O sea, más gasto público (que puede forzar más recortes) y más costes privados, otra amenaza para la inversión, el consumo, el crecimiento, la recuperación y el empleo.

En definitiva, que está cambiando el panorama económico: si entre 2014 y 2017 España se benefició de “viento de cola” exterior, con ayuda de un petróleo más barato, un euro débil y dinero casi gratis, que han sido claves para la recuperación, ahora empezamos a sufrir el “viento de cara”, con subidas del petróleo, el euro y los tipos que pueden frenar el crecimiento y el empleo, más de lo ya esperado para 2018, un año donde Bruselas espera que España crezca el 2,5%, seis décimas menos que 2017 (+3,2%). Así que ojo a la coyuntura internacional, que nos puede hacer más daño que la crisis en Cataluña.

Ante este cóctel peligroso (petróleo caro, euro fuerte y tipos al alza), España tendría que reforzar su frente interno, tratando de reanimar la economía el próximo año, no aprobando más recortes, como piensa el Gobierno Rajoy para el Presupuesto 2018. No está la coyuntura exterior como para forzar más ajustes, sobre todo si España cierra este año con un déficit público del 3,1% del PIB, casi en línea con el sacrosanto 3% que exige la disciplina del euro. Y sin embargo, sí hace falta tomar medidas para crecer más y contrarrestar el freno que van a suponer el petróleo, el euro, los tipos y la crisis en Cataluña. Habría que reanimar los salarios, con subidas por encima del 2%, y reanimar la inversión pública, con la ayuda de una mayor recaudación, que es posible si se reduce el fraude fiscal y pagan más impuestos los que pagan pocos (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Recordemos que hay margen para recaudar más, porque España ingresa 96.000 millones menos al año que la media de países euro (el 37,7% del PIB en vez del 46,1%, según Eurostat).

La clave, pues, está en ingresar más para gastar más y contrarrestar así el “viento en contra” que se ha levantado en la economía mundial y que afecta especialmente a España, más vulnerable que otros países europeos a las subidas del petróleo, el euro y los tipos. Un debate que nadie plantea, ni Gobierno ni “oposición”, enfangados en las elecciones catalanas, pero que es de gran calado para todos: nos jugamos la recuperación y el empleo.

jueves, 12 de enero de 2017

Carburantes: suben por partida doble


Esta Navidad y Reyes hemos pagado los carburantes más caros: la gasolina cuesta un 10,1% más que hace un año y el gasóleo un 18,1% más. Y subirán otro 10% más hasta el verano, por dos razones. Una, porque se ha acabado el petróleo barato: el crudo va camino de los 60 dólares barril, un 40% más de lo que costó en 2016. La otra, porque hay que pagarlo en dólares más caros, por la caída del euro: otro 9% más a pagar por el crudo. Esta mayor factura del petróleo no sólo encarece los carburantes, sino que subirá el transporte y el IPC (ya está en el 1,6%), hasta el 2% este año según el Banco de España. Y esta alta inflación se comerá la subida de salarios (1,5%) y pensiones (0,25%), lo que recortará el consumo, la inversión, el crecimiento y el empleo. Para contrarrestar al petróleo y al euro, más la subida de tipos, el Gobierno debería reanimar la economía, no aprobar los recortes previstos en los Presupuestos 2017.
 
enrique ortega

Este pasado otoño se acabó con algo más de 2 años de petróleo barato. Antes, el crudo llevaba tres años de precios altos, entre junio de 2011 y junio de 2014, cuando llegó a su máximo precio: 112,88 dólares por barril de Brent (25 junio). Pero a partir del verano de 2014 empezó a bajar. En septiembre perdió los 100 dólares por barril, en octubre los 90, en noviembre los 80 y en diciembre cerró el año 2014 con 55,46 dólares por barril. Y durante todo el año 2015 siguió bajando, con altibajos, hasta los 37,36 dólares a fin de año. Y a principios de 2016 alcanzó el precio mínimo: 27,77 dólares el 20 de enero. Había sido la tercera mayor caída del crudo en los últimos 24 años, desde los años 90.

¿Por qué se desplomó el precio del petróleo un 75% en estos dos años y medio? Las razones básicas fueron dos, según el World Bank. La primera y fundamental, porque había en el mercado un exceso de petróleo, estimado en 2 millones de barriles diarios. Arabia Saudí, el principal productor, había bombeado exceso de crudo para hundir los precios y con ellos a sus competidores, en especial Estados Unidos, que estaba produciendo mucho petróleo del fracking (pizarras bituminosas), rentable con el crudo por encima de 60 dólares. Y también bajó la demanda de Occidente, por los altos precios y la crisis. Y la otra razón, la apreciación del dólar, que encarecía por partida doble el crudo que se pagaba con otras monedas.

En 2016, con los precios del crudo por los suelos, el mercado empezó a ajustar su exceso de producción y Arabia Saudí mostró signos de que quería recortar producción para subir precios. El crudo subió de ese mínimo de 22,77 euros en enero a un máximo de 52,92 dólares en octubre. El 30 de noviembre de 2016, los paises de la OPEP (productores de un tercio del petróleo mundial) acordaron en Viena recortar su producción un 4,5%, 1,2 millones de barriles diarios. Y lo más importante, el 10 de diciembre, alcanzaron otro acuerdo con paises productores no OPEP (Rusia, México y otros de África y Oriente Medio) para que recortaran su producción otros 600.000 barriles diarios. En total, 1,8 millones menos de barriles diarios de crudo.

El efecto de este doble recorte ha sido inmediato y a finales de diciembre, el crudo estaba ya en 56,50 dólares por barril, 10 dólares más que el día anterior al acuerdo de la OPEP y una subida del 103,5% sobre el precio mínimo de 2016 (27,77 dólares el 20 de enero). Y ahora, los expertos apuestan a que el crudo siga subiendo al menos hasta mayo, cuando la OPEP revise su acuerdo, y llegue este año 2017 a los 60 dólares barril. Eso supone una subida del 40% sobre los 43 euros de media que habrá costado el petróleo en 2016.

Pero la subida no se queda ahí. El petróleo hay que pagarlo en dólares y la moneda USA sube desde 2014 y también en el último año: a finales de 2016 cotizaba a 1,0455 euros por dólar, un 3,6% más cara que a finales de 2015 (1,0855 dólares). Y todas las previsiones (subida de tipos, crecimiento e inflación en USA, Trump) apuntan a que el dólar siga subiendo y se coloque a la par que el euro este año: 1x1. Eso significaría que el dólar se revalorizará aún más y que costaría este año un 9% más que en 2016 (cotización media: 1,10 euros por dólar). O sea, un coste extra para el crudo en euros del 9%, a sumar al 40% que costaría más el barril en dólares. Un 49% más a pagar por el petróleo en 2017.

La primera consecuencia de esta tremenda subida en la factura del petróleo ya la hemos visto al repostar carburante esta Navidad y Reyes. Incluso antes, porque el gasóleo ya había subido (un 1,1%) antes de que la OPEP recortara la producción en noviembre, debido al aumento de consumo este verano (turistas). Pero la subida se ha acelerado en diciembre y a finales del año 2016, los carburantes ya habían subido mucho sobre un año antes: un 8% la gasolina y un 15% el gasóleo. Y en enero, con las fiestas y la mayor demanda, los carburantes han seguido subiendo. Al final, la subida de los carburantes en el último año, hasta este lunes 9 de enero (desde el 4 de enero de 2016) es muy importante: un 10,1% la gasolina súper (cuesta 1,2468 euros por litro) y un 18,1%  de subida el gasóleo (cuesta 1,1368 euros por litro), según el Boletín petróleo de la UE.

Los carburantes suben menos que el petróleo porque no todos sus costes son el crudo. Más de la mitad del precio son impuestos (el 57% del PVP en la gasolina y el 52% en el gasóleo), a pesar de que tenemos los impuestos más bajos de Europa y el Gobierno no ha querido subirlos, como le recomendaba la Comisión Europea y el FMI. Y del resto, una parte son los costes de distribución (almacenamiento, transporte y distribución, un 13% del coste final en la gasolina y un 14% en el gasóleo), otra parte el margen de la petrolera (2% del precio) y sólo un 32% es para pagar el coste del gasóleo comprado fuera o refinado aquí (y un 28% del precio final de las gasolinas), precio que varía según el mercado internacional (Marsella y Rotterdam). Eso significa que sólo menos de un tercio del precio final de los carburantes tiene que ver con el mercado. Y no con el precio del crudo sino con la cotización internacional de la gasolina y el gasóleo, que tiene mucho que ver con el consumo y el clima.

Sin embargo, en el caso de España, pagamos unos carburantes más caros (sin impuestos) que en el resto de Europa, a pesar de que esos precios internacionales de los carburantes son los mismos para todos. Y eso tiene que ver con que las petroleras españolas cargan más costes por refino, almacenamiento, transporte y distribución, además de un mayor margen final. Sólo así se explica que España tenga la segunda gasolina sin impuestos más cara de Europa (tras Dinamarca), un 9,9% más cara que la media de la UE-28 (aquí cuesta 5,20 céntimos más por litro), según los últimos datos del Boletín petrolero de la UE. Y el 7º gasóleo más caro sin impuestos (tras Dinamarca, Finlandia, Suecia, Portugal, Hungría y Grecia), un 7,7% más caro que la media de la UE-28 (cuesta 4,10 céntimos más por litro en España). A lo claro: el crudo y los carburantes cuestan igual a todos los paises, pero nosotros los pagamos más caros si descontamos los impuestos, o bien porque nuestras petroleras son menos eficientes o bien porque ganan más (o por las dos cosas).

Con todo, si sube el petróleo en 2017 y baja el euro con el que lo pagamos, subirán también los carburantes este año, probablemente otro 10% hasta el verano, la época en que son más altos porque hay más demanda (vacaciones y turistas). Eso colocaría la gasolina para julio en un precio de 1,38 euros por litro y el gasóleo en 1,25 euros por litro. Y llenar el depósito nos costará entre 8 y 12 euros más que el verano pasado. Eso sí, los carburantes son más caros en las gasolineras de marca que en las independientes y de los híper, según el estudio de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y más caros en las gasolineras de autopistas que en las de carreteras convencionales. Y por provincias, la gasolina está más cara en Pontevedra, Orense y Asturias y más barata en Salamanca, Soria y Segovia. Y el gasóleo, el más caro se vende en Pontevedra, Orense y Guadalajara y el más barato también en Soria, Salamanca y Segovia, por la competencia y los menores impuestos autonómicos.

Pero la subida del crudo y la bajada del euro no sólo afectan a los carburantes. A corto plazo, subirá casi todo, por el efecto de la subida del crudo sobre el transporte y la energía, que sube casi todos los costes. Y en consecuencia, se espera un repunte de la inflación, tras habernos beneficiado de un IPC en negativo (-0,2%) en 2014 y 2015: el Gobierno augura una inflación media del 1,4% en 2017, pero el banco de España va más allá y cree que el IPC llegará a subir un 2,5% este mes de febrero (diciembre acabó en el 1,6%) para subir un 2% de media en 2017. Sea una u otra la subida de precios, lo que es seguro es que “se comerá” la subida de salarios prevista (la patronal pretende subirlos el 1,5% este año), la subida de los funcionarios (sobre el 1%) y, sobre todo, la subida de las pensiones, fijada en el 0,25% para 2017.

Así que la subida del petróleo y la bajada del euro acabarán comiéndose las subidas de sueldos y pensiones, con lo que las familias podrán gastar menos (y menos todavía por la subida de tipos de interés, que encarecerá las hipotecas). Y con menos consumo, bajarán las ventas de las empresas, que, al tener también más costes energéticos y de transporte, podrán invertir menos y crear menos empleos. Al final, si el petróleo barato nos ayudó a crecer más entre 2014 y 2016, ahora actuará de freno a la economía, que crecerá menos. De hecho, el Gobierno estima que crezca este año un 2,5% (frente al 3,2% en 2015 y 2016) y el FMI lo rebaja al 2,4%. Con menos crecimiento, la economía creará también menos empleo: 420.000 nuevos empleos en 2017, frente a 620.000 creados en 2016. Y eso si el petróleo no se desmanda y sube más de 60 dólares barril, que podría ser.

La subida del petróleo es un mayor problema para España porque es uno de los paises europeos que más depende del crudo y la factura podría subirnos 9.500 millones de euros en 2017. Pero además, es también más grave porque España necesita crecer más que el resto de Europa, porque tenemos el doble de paro que Europa y hay todavía 4.320.800 parados estimados (EPA), la mitad llevando más de 2 años sin trabajar. Así que el Gobierno y la oposición deberían poner en marcha este año 2017 un Plan de choque, para compensar los perjuicios que nos va a crear el petróleo caro y el dólar débil (además de los tipos altos). Y frenar el ajuste de 16.500 millones que contempla el Presupuesto 2017, para rebajar el déficit, porque bastante ajuste nos va a suponer ya la subida del petróleo y de los tipos de interés (más pago de intereses).

¿Qué se puede hacer? Si en 2017 vienen “mal dadas” desde fuera, si soplan “vientos de cara” de la economía internacional, el Gobierno y la oposición deberían pactar  una política económica para “reanimar la economía”, con más gasto y más inversiones públicas, que son posibles si España recauda más. Y se puede ingresar hasta 50.000 millones más si España recauda más con el IVA, los impuestos especiales sobre carburantes y en impuestos medioambientales (como piden el FMI y la Comisión Europea), con impuestos financieros (Tasa Tobin) y, sobre todo, haciendo que paguen más los que pagan pocos impuestos: grandes empresas, las multinacionales y los más ricos.

O reanimamos desde dentro la economía española en 2017, en lugar de hacer más ajustes que en 2015 y 2016 juntos, o no podremos contrarrestar las malas noticias que vendrán de fuera: petróleo, euro, tipos, Trump, Brexit, incertidumbre política en Europa… Y España no puede permitirse crecer menos, porque tenemos demasiado paro, menos renta y mucha mayor pobreza y desigualdad. Es el año de cambiar las tijeras por el empujón a la inversión y al consumo, de apostar por el empleo, a pesar del petróleo, el euro, los tipos de interés y la incertidumbre política en EEUU y en Europa. Mirarnos un poco el ombligo y tratar de salir adelante aquí dentro, con un mayor esfuerzo de todos. Aunque parezca un deseo imposible. Se puede.