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jueves, 27 de junio de 2019

Gigantes tecnológicos: más control e impuestos


Aunque parezca increíble, el Congreso de EEUU (republicanos y demócratas) y Trump se pusieron de acuerdo en algo, a primeros de junio: investigar si se comportan como “monopolioslos gigantes tecnológicos de Internet, Google, Facebook, Apple, Amazon y Microsoft, que utilizamos cada día millones de personas. Algunos dicen que el excesivo poder de estos gigantes mundiales “es peligroso para la democracia”. Mientras, en Europa, las tecnológicas USA llevan años vigiladas y Google ya ha pagado más en multas por malas prácticas que en impuestos. En paralelo, el G-20 ha acordado en junio estudiar un nuevo impuesto para los gigantes tecnológicos para 2020, esa llamada “tasa Google” que la UE no ha conseguido pactar, aunque se ha aprobado en Francia, Austria y España. Parece que los gobiernos del mundo quieren controlar a los gigantes de Internet y que paguen más impuestos. Pero son demasiado poderosos y no será fácil, mientras controlan nuestros datos y nuestras vidas. Ojo: o les frenamos ya o no habrá quien les pare


Uno de los grandes cambios económicos de este siglo XXI ha sido que las grandes multinacionales no son ya petroleras, empresas automovilísticas o bancos, sino empresas tecnológicas que han crecido con Internet. Así, 5 de las 6 empresas con mayor valor en Bolsa en EEUU son gigantes tecnológicos, según Bloomberg (finales 2018): Microsoft (685.600 millones euros de valor bursátil), Apple (653.800 millones euros), Amazon (641.400), Alphabet, la matriz de Google (631.700 millones) y Facebook (329.500 millones de euros), en 6º lugar, tras la empresa inversora Berkshire Hathaway, de Warren Buffet (439.000 millones). Y globalmente, las compañías tecnológicas suponen el 34% del valor de las 100 empresas más valiosas del mundo, por delante del sector financiero (18%), la industria química y farmacéutica (12%), las energéticas(7,8%), alimentarias (5%), telecos (4,3%) y de consumo (3%).

Estos gigantes tecnológicos son las empresas con más valor porque son las que tienen más usuarios, lo que les da un tremendo potencial de futuro, aunque no sean las empresas que más venden. De hecho, el ranking mundial de ventas lo encabeza la empresa de tiendas Wal-Mart (455.633 millones de euros), seguida de las petroleras Shell (344.004 millones €), Sinopec (301.869), BP (264.624) y Exxon (247.414), más Volkswagen (246.740), antes que Apple (235.244 millones de euros en ventas), Toyota (234.872 millones €) y Amazon (206.280 millones €), según Bloomberg (2018). Pero el enorme valor de las grandes tecnológicas no son las ventas actuales, sino las futuras, dado que tienen cientos de millones de usuarios cada día: 2.320 millones Facebook, 1.900 millones YouTube, más de 1.000 millones Google, 1.098 millones Wechat (mensajería de la china Tencent),  1.000 millones Instagram, 321 millones Twitter…Y arrastran plataformas con millones de “APPs”: 3,8 millones Google Play, 2,2 millones APPLE AppStore, 0,67 millones Microsoft Store, 0,38 millones Amazon AppStore…

Este inmenso poder, económico y de clientes, lleva años preocupando a los Gobiernos de todo el mundo. Pero ha sido ahora, el 3 de junio de 2019, cuando este temor ha unido al Congreso de EEUU, logrando algo inaudito: que demócratas y republicanos hayan acordado abrir una investigación pública sobre el posible comportamiento monopolístico de los gigantes tecnológicos. Y sólo unas horas antes,  se supo que el Gobierno Trump se había unido a la “cruzada” contra los gigantes de Internet: la Comisión Federal de Comercio (FTC) iba a investigar a Amazon y Facebook, mientras el Departamento de Justicia abría otra investigación a Google y Apple, las cuatro en materia de competencia.

Algunos republicanos y sobre todo los demócratas quieren “dar un escarmiento” a las grandes empresas tecnológicas, mientras algunas voces críticas hablan de que estas corporaciones son, incluso, “un peligro para la democracia”.  Se les acusa de actuar como monopolios y atacar la libre competencia. A Google se le achaca favorecer sus propios productos en las búsquedas (controla el 96%) y de abusar de su influencia en el mercado publicitario digital (controlado en un 60% por Facebook y Google). A Facebook, de convertirse en un monopolio en redes sociales, tras la compra de Instagram y WhatsApp. A Amazon, que controla la mitad del comercio online y presiona a los 6 millones de vendedores que utilizan su plataforma. A Apple, de abusar de su posición monopolística en el mercado de las aplicaciones (“APPs).  A Microsoft, querer imponer sus programas a los usuarios. Y tanto a Google como a Apple, el controlar con sus dos sistemas operativos el 100% del mercado de móviles.

El problema de fondo es que su enorme poder económico y tecnológico más su  millonario número de clientes, les permiten controlar cada mercado e imponer sus reglas, bloqueando o echando a posibles competidores (como ha denunciado Spotify con Apple Music). Y en otros casos, simplemente los compran (WhatsApp o Instagram). Esta situación de “cuasi monopolio” está provocando que cada vez haya menos emprendedores independientes (“startups”), porque los grandes fondos de capital riesgo dudan ahora de financiar nuevas empresas innovadoras que pueden ser asfixiadas por las grandes tecnológicas, según ha denunciado la senadora demócrata Elizabeth Warren, la más dura con estos gigantes. Y en el caso de Amazon, se le achaca destrozar el pequeño y mediano comercio en todo el mundo. Los críticos señalan que, aunque a corto plazo, estos gigantes tecnológicos benefician a los usuarios, a medio y largo plazo pueden ser “un cáncer” para la economía, porque reducen la innovación alternativa y matan la competencia y muchos empleos

Incluso hay otra preocupación más, porque las grandes tecnológicas se estén metiendo en el negocio de la banca:  el Banco Internacional de Pagos Internacionales (BIS) acaba de advertir que la incorporación de Google, Facebook, Amazon, Alibaba o Tencent a los servicios financieros, como los pagos, tarjetas, ahorro y crédito plantea riesgos como la aparición de empresas dominantes que podrían reducir la competencia financiera en el mundo.

La nueva “cruzada” en EEUU contra los gigantes tecnológicos llega muchos años después que en Europa, donde la Comisión Europea lleva ya décadas investigando y multando a las grandes tecnológicas norteamericanas, en medio de las protestas de Bush, Obama y Trump. Quien se lleva la palma es Google: la  Comisión Europea le ha abierto 3 expedientes con fuertes multas en 2017 (2.420 millones de euros), 2018 (4.340 millones) y marzo de 2019 (1.490 millones) por prácticas anticompetitivas en el mercado publicitario, por favorecer su comparador de precios y aplicar restricciones a los fabricantes de móviles y tablets para favorecer su sistema operativo Android. Aunque todas estas multas están recurridas, ya en 2018, Google “pagó más en multas que en impuestos en Europa”. Y desde 2004, la Comisión Europea ha abierto expedientes y aplicado multas millonarias a Microsoft (2.200 millones en sanciones en 15 años), Intel, Amazon, Apple, Facebook y Qualcom.

Otra preocupación de los gobiernos (y de los usuarios), en EEUU y en Europa, es la fuga de datos de los clientes de las tecnológicas, muchas de ellas ocultadas durante meses y años. El último caso conocido ha sido otra vez Facebook, al descubrir una empresas de ciberseguridad (no ellos) datos sin cifrar de 540 millones de usuarios de la red social en un servidor de Amazon. Un año antes, en marzo de 2018, Facebook anunció una fuga masiva de datos (50 millones de clientes USA), aprovechados por la consultora Cambridge Analytics. Y unos días después, fueron Google (52 millones de datos) y Twitter los que reconocieron sendas fugas de datos de clientes.  Un fallo de seguridad que se viene dando en las empresas tecnológicas desde 2014 (ver listado): EBay (145 millones de cuentas expuestas en 2014), Yahoo (3.500 millones de correos en 2016), Linkedln (116 millones en 2016), Dropbox (69 millones en 2016), Tumblr (65 millones en 2016) y Uber (57 millones de cuentas en 2017).

Y hay un tercer problema que se achaca a las grandes tecnológicas: pagan pocos impuestos. El FMI y sobre todo la OCDE llevan años tratando de luchar contra la “elusión fiscal” de las multinacionales, en especial los grandes gigantes de Internet. Según algunas estimaciones, sólo pagan en impuestos entre el 1 y el 1,5% de sus beneficios, aunque deberían pagar entre el 15 y el 25% (impuesto sociedades). La mayoría de estas multinacionales utilizan la misma estrategia: facturan la mayor parte de sus ingresos a través de empresas registradas en otros paises con baja fiscalidad (Irlanda, Luxemburgo y Holanda) o a través de paraísos fiscales. Y además, utilizan empresas filiales pantalla para pagarlas derechos de patentes, engrosando sus cuentas a costa de rebajar los ingresos en el país donde operan. Un ejemplo es Google, que opera a través de Irlanda, mueve luego los beneficios a Holanda y de ahí al paraíso fiscal de Bermudas, “eludiendo” así 20.000 millones de beneficios.

Un estudio de Gabriel Zucman revela que el 40% de los beneficios de las multinacionales terminan en paraísos fiscales, provocando enormes pérdidas fiscales a los paises donde operan. La Comisión Europea está muy vigilante con la operativa fiscal de las grandes tecnológicas y en 2017, obligó a Apple a devolver 14.300 millones a Irlanda por ayudas fiscales recibidas que eran “anti comunitarias”. Y la Comisión también ha obligado a Amazon a devolver 250 millones de euros a Luxemburgo por beneficiarse de acuerdos tributarios que van en contra de las normas de la UE. Pero la Comisión Europea saliente ha sido incapaz de evitar que Irlanda, Holanda y Luxemburgo busquen atraer a las grandes multinacionales con bajos impuestos y ayudas fiscales encubiertas (son verdaderos paraísos fiscales” en la UE).

En España, el 94% de las multinacionales fueron “opacas” con sus impuestos en 2017, según un informe de la Fundación Compromiso y Democracia. Y entre las más opacas, Apple y Google, que apenas pagan impuestos porque desvían su facturación a Irlanda y otros paises. De hecho, las 5 grandes tecnológicas pagaron sólo 31,7 millones de impuestos en España en 2017, según el Registro Mercantil: 13,5 millones Apple, 9,1 millones Google, 6,9 millones Microsoft y sólo 2,2 millones Amazon (que vende por valor de 4.200 millones). Y eso porque dicen facturar aquí sólo unos 1.000 millones de euros, cuando en realidad deben facturar más de 10.000 millones anuales (si facturan casi 600.000 millones en todo el mundo, a España le debería corresponder el 1,69%, que es nuestro peso en el PIB mundial). Eso significa que deberían pagar 200 millones anuales en impuestos, no 31,7.

Ahora, los principales paises del mundo se han “conjurado”, en la reciente Cumbre del G-20 en Tokio, para aprobar un impuesto mundial para las grandes tecnológicas, a las que acusan de “eludir el pago de impuestos”. Y han fijado una fecha: habrá un nuevo impuesto en 2020, que podría ser el 3% de sus beneficios, dado que resulta muy difícil demostrar lo que facturan en cada país, dado el desvío y trasvase de fondos entre países (habrá que ver cómo se cobra y cómo se reparte). Los paises del G-20 han encargado a la OCDE (agrupa 36 paises occidentales) que avance en este nuevo régimen tributario para las multinacionales tecnológicas, dado que la OCDE ya aprobó en 2018 el proyecto BEPS , para el intercambio de información fiscal entre paises, que permite ahora un mayor control fiscal de las multinacionales.

Europa iba a aplicar un impuesto a las multinacionales, la llamada tasa Google, pero no fue posible aprobarla en el Consejo Europeo del 12 de marzo de 2019, por la oposición de Irlanda y los paises nórdicos más el escaso apoyo de Alemania, mientras la defendían Francia, España, Reino Unido e Italia. Ahora, los paises europeos han decidido esperar a lo que decida en 2020 el G-20 y la OCDE, aunque, mientras, Francia y Austria han aprobado ya una tasa Google en 2019, al igual que España (Consejo de Ministros 18 enero 2019), pero no se aplica porque el gobierno Sánchez no consiguió aprobar el Presupuesto 2019 (que incluía ese impuesto del 3% sobre beneficios, 1.200 millones de ingresos extras, una cifra excesiva según los expertos). Ahora, todo apunta a que no habrá tasa Google hasta 2020.

Mientras el mundo estudia cómo conseguir que los gigantes tecnológicos paguen más impuestos, en EEUU se espera ahora que Google, Facebook, Apple y Amazon desfilen por la Comisión de investigación del Congreso, que les investigará durante 18 meses. Algunos políticos y expertos defienden la opción de “trocear” a estos gigantes para impedir sus “comportamientos monopolistas”, como ya se hizo a principios del siglo XX con las grandes petroleras (en 1911, el Supremo obligó a dividir Standard Oil, el gigante de Rockefeller, en 34 empresas, entre ellas Exxon y Mobil). No parece que esta vaya a ser la opción elegida, porque muchos temen que supondría darle una baza a China y a sus poderosas tecnológicas. Otra opción es obligarlas a desinvertir, a deshacer compras, forzando por ejemplo a Google a vender WhatsApp o Instagram. En cualquier caso, lo que parece evidente es que van a controlar y regular más su operativa, tratando de que no limiten la competencia. Claro que son muy poderosas y tienen un potente lobby para “presionar” en Washington.

Un factor clave va a ser el comportamiento de los usuarios, en los que ha calado la ideología de Google, Facebook, Amazon y Apple, de que los gobiernos no pueden “limitar la tecnología” ni “poner puertas al campo”. Lo que está en juego no es la libertad de Internet sino la libertad a secas: si no se controla a estos gigantes, su poder será omnímodo y nadie podrá hacer nada en unas décadas. Serán tan poderosos que serán “intocables”. 


Ahora estamos a tiempo de fijar unas reglas para un negocio nuevo que no quiere tenerlas. Obligarles a operar y competir con “limpieza”, sin abuso de posición dominante, facilitando que otros innoven y ofrezcan nuevos productos y servicios. Obligarles a vigilar escrupulosamente nuestros datos, evitando fugas y un uso no acordado por nosotros. Y sobre todo, obligarles a que paguen impuestos, porque no es justo que se hagan millonarios a nuestra costa y luego los paises no tengan recursos públicos para mejorar el Estado del bienestar y acaben haciendo recortes. Y si esconden lo que ganan por el mundo, vigilancia y multas globales. Jaque a la prepotencia de los gigantes de Internet. No nos beneficia en nada y nos perjudica mucho.

jueves, 3 de marzo de 2016

Los carburantes deberían bajar más


El petróleo sube algo, pero todavía está casi a mitad de precio que en verano. Sin embargo, la gasolina y el gasóleo han bajado mucho menos. Una razón es que más de la mitad del precio de los carburantes son impuestos. Pero hay otra razón clave: las petroleras están subiendo sus márgenes, lo que cobran por almacenar los carburantes, transportarlos y venderlos en las gasolineras. En 2015, este margen bruto fue de 18 céntimos por litro, más que en Europa. Y así, el precio de los carburantes, descontando los impuestos, es mayor en España. La Comisión de la Competencia lo acaba de reiterar: la gasolina y el gasóleo no bajan lo que deberían. Y culpan de ello al enorme poder de Repsol, Cepsa y BP, que no sólo controlan las gasolineras sino también el refino, el almacenamiento, el transporte y la distribución, imponiendo sus precios. Son como las eléctricas: un oligopolio que nos cobra de más. Hasta 1.000 millones al año, 50 euros por automovilista. Piénselo al repostar.
 

enrique ortega


El precio del petróleo lleva 20 meses bajando, a pesar de que haya subido algo en las últimas semanas, tras un débil acuerdo de algunos productores (Arabia Saudí, Rusia, Venezuela y Catar) para congelar producciones y hacer subir los precios. Pero aun así, el crudo está hoy a 36,80 dólares, casi  la mitad de precio que el verano pasado, y ha bajado casi un 44% (desde los 65,52 dólares por barril del 10 de junio de 2015). Y sin embargo, los carburantes han bajado menos de la mitad: ha bajado un -20% la gasolina y un -22% el gasóleo, hasta el 29 de febrero. Y eso que, además, ha ayudando la subida del euro, un 3,5% frente al dólar hasta mediados de febrero, con lo que el barril de petróleo estaba costando realmente menos al pagarlo en euros (aunque ahora el euro ha vuelto a bajar y cotiza como a finales de 2015).

¿Por qué bajan menos los carburantes que el petróleo? La primera razón es que no es el crudo quien marca los precios de los carburantes sino los precios internacionales de la gasolina y el gasóleo, en el caso de España, su cotización en el mercado de Marsella (70% compras) y Rotterdam (30%). Y estos precios de referencia han caído menos que los del petróleo, un 17,2% en 2015. En toda Europa está subiendo el consumo de carburantes y eso hace que su precio haya caído casi un tercio menos que el del crudo. Y ese es el precio base que toman las petroleras (Repsol, Cepsa. BP y el resto) para fijar sus precios a los carburantes que ponemos en las gasolineras.

Pero además, hay que recordar que más de la mitad del precio de los carburantes son impuestos (impuestos especiales, IVA y céntimo sanitario), que se mantienen igual, aunque algunas autonomías hayan subido el céntimo sanitario (Aragón y Navarra cobran desde el 1 de enero 2,4 céntimos por litro) o lo hayan suprimido (Castilla y León ya no cobra 1,60 céntimos litro). Así, el 59% del precio de la gasolina y el 56% del gasóleo son impuestos.

Al final, cuando uno llena un depósito con 50 euros, 23 euros son para pagar impuestos, 22 euros para pagar la materia prima (carburante) y los 4 euros restantes se los lleva la petrolera para pagar el almacenamiento, el transporte, la distribución y sus márgenes, que sería de 1 euro por este depósito (2% de beneficio), según los datos de la patronal petrolera AOP.

Pero la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC) viene denunciando desde hace tiempo que “la gasolina no baja lo que debería” porque este margen bruto de las petroleras (16% del precio en gasolinas y 19% en gasóleos) es excesivo, mucho mayor que en Europa y está subiendo aunque haya bajado  el petróleo. Concretamente, en 2015, el margen bruto (precio de venta sin impuestos menos cotización internacional del carburante) fue de 18 céntimos por litro en la gasolina (un 5% más que en 2014) y de 18,6 céntimos por litro en el gasóleo (un 9% más que en 2014). Y su estudio revela otro dato muy llamativo: los meses en que estos márgenes fueron más elevados (19,2 céntimos la gasolina en agosto y 18,6 céntimos el gasóleo en diciembre) fueron los meses en que la cotización internacional de los carburantes fue más baja. A lo claro: que cuando el crudo y los carburantes bajan en los mercados, las petroleras españolas no repercuten todas estas bajadas y aprovechan para subir sus márgenes, para ganar más.

Otra forma de ver estos mayores márgenes es comparando el precio de los carburantes en España y en el resto de Europa. Si tomamos el precio final, los carburantes en España son más baratos que en la mayoría de Europa (17 céntimos menos por litro que la media de países euro en la gasolina y 9,67 céntimos menos el gasóleo, con datos al 29 de febrero). Pero eso se debe a que en España, los carburantes pagan menos impuestos: un 59% la gasolina (frente al 68% en la UE) y un 56% el gasóleo (frente al 63% en Europa). Porque, una vez que descontamos los impuestos, los carburantes en España son más caros: pagamos 3,76 céntimos más la gasolina que la media de países euro y 2,64 céntimos más el gasóleo, con datos a 29 de febrero. Y así, somos el 3º país del euro con la gasolina sin impuestos más cara y el 10º país con el gasóleo sin impuestos más caro. Y no sólo ahora. Antes, cuando el petróleo era más caro, pasaba lo mismo.

¿Por qué los españoles pagamos los carburantes más caros, descontando los impuestos, si el crudo y los precios internacionales son iguales para todos? Pues porque las petroleras que operan en España tienen un margen bruto mayor, porque cobran más por refinar el crudo, transportarlo, almacenarlo, volverlo a transportar y distribuirlo en las gasolineras. Y ¿por qué tienen más margen? Según los estudios de la CNMC, porque controlan más el mercado e imponen precios. En definitiva, porque son un oligopolio, como las eléctricas.

El poder de “las 3 grandes petroleras” acaba en las gasolineras: Repsol (35,2%), Cepsa (14,7%) y BP (10%) controlan el 60% del mercado minorista, aunque han perdido algo de peso en los últimos años, frente a las marcas blancas (17% gasolineras), grandes superficies (14%) y cooperativas (5%). Pero hay provincias donde las tres grandes acaparan el 80% de las gasolineras y sobre todo, tienen muchas entre las mejor situadas. Con ello, tienen fuerza para fijar e imponer precios. Incluso, se ponen de acuerdo para hacerlo y repartirse mercados, como ha demostrado la CNMC: en febrero de 2015, multó con 32,4 millones de euros a Repsol, Cepsa, Disa, Galp y Meroil por pactar precios de carburantes y por un pacto de no agresión firmado entre Repsol y Cepsa en 2011. Además, Repsol, Cepsa y BP tienen otras multas de la CNMC (casi 10 millones de euros más), ahora recurridas, por fijación de precios y prácticas anticompetitivas desde 2009.

El resultado de este poder de ”las 3 grandes es que fijan e imponen precios más altos a los carburantes, sobre todo en las zonas donde tienen más cuota. La CNMC revela que la provincia donde el carburante es más caro (descontando los impuestos) es Guipúzcoa, donde las grandes petroleras tienen más cuota. Y que Lérida, donde tienen menos cuota, es la provincia con los carburantes más baratos. Además, en 2015, los precios medios más caros los tuvieron BP, Repsol (en gasoil) y Cepsa (en gasolinas), según la CNMC. Y la diferencia de sus precios medios con los carburantes más baratos (que venden los híper) fue de 7,5 céntimos más por litro de gasolina y 8 céntimos más en el gasóleo.

Pero este mayor precio no se debe sólo al mayor poder de “las tres grandes” en las gasolineras. Empieza arriba de la cadena, desde el momento que compran petróleo para refinarlo. En España, las 9 refinerías que hay son de Repsol (5 refinerías), Cepsa (3) y BP (1), mientras en Alemania hay 10 empresas que refinan y en Italia o Reino Unido hay 7 empresas (en Francia, también 3). Con ello, empiezan imponiendo su poder y sus precios desde arriba, en el refino, en los precios base de los carburantes. Y los demás mayoristas que venden gasolinas tienen dos opciones: importar gasolina y gasóleo (requiere infraestructuras y tamaño) o comprárselo a “las 3 grandes” (que son su competencia final) al precio que digan. La realidad hoy es que no importan nada de gasolina y muy poco gasóleo. Luego, al almacenarlo, “las tres grandes” están en el Comité de Dirección de la empresa mixta CORES, que fija las condiciones y las reservas estratégicas. Y al transportarlo  y distribuirlo, se hace a través de CLH (antigua Campsa), donde “las tres grandes” son también importantes accionistas (tienen el 24,15% de las acciones), juez y parte a la hora de fijar condiciones y precio del transporte y distribución.

Así que Repsol, Cepsa y BP controlan  el negocio de arriba abajo, aprovechando su tamaño y poder para establecer condiciones y precios, que al final se traducen en un mayor margen bruto que pagamos los usuarios en las gasolineras. Y bien. Echemos cuentas. Si en España se venden al año 25.000 millones de litros de carburante (18.000 de gasóleo y 7.000 de gasolinas) y si el margen bruto aquí es 4 céntimos por litro mayor que en los países euro, eso significa que estamos pagándoles  1.000 millones de euros de más al año, unos 50 euros extras por automovilista. Es lo que pasa con las eléctricas: nos cobran costes de más con la luz. Y aquí, con los carburantes, aprovechando que son un oligopolio y que su competencia no tiene fuerza en la cadena del negocio.

La Comisión  de la Competencia (CNMC) ha elaborado un catálogo de30 propuestas para quitar fuerza a “las 3 grandes” y favorecer la bajada de márgenes. Por un lado, se trataría de reducir su cuota en las gasolineras, impidiendo que abran más donde ya son fuertes (la Ley de 2013 les impuso un límite del 30% de cuota, por encima del cual no podían crecer, pero lo que han hecho es cerrar unas con pocas ventas y abrir otras mejor situadas, por lo que el límite debería establecerse sobre ventas y no sobre número de gasolineras). Y facilitar aún más la apertura de nuevas gasolineras, sobre todo en las autopistas (donde el gasóleo es 9 céntimos más caro, de media, que en las carreteras convencionales). Por otro lado, la CNMC pide reducir el poder de “las 3 grandes” en CLH y CORES, un organismo público-privado, donde las grandes petroleras (en el Comité de Dirección)  tienen acceso a los datos comerciales muy sensibles de sus competidoras (compras, ventas, existencias…), algo inaudito.

Como vemos, detrás de la gasolina o el gasóleo que echamos cada semana hay un negocio complejo, que mueve miles de millones (unos 25.000 millones de euros anuales en ventas) y donde pocos operadores tienen mucho poder y así imponen precios y márgenes. La Comisión de la Competencia (CNMC), organismo dependiente del Ministerio de Economía, lleva años demostrándolo y denunciándolo, con multas millonarias. Pero el problema no se acaba de resolver y el oligopolio sigue ahí, con gran fuerza económica, política y mediática. Otro reto para el futuro Gobierno, que debería imponer transparencia y control. Porque parece que nos están robando.  

lunes, 14 de abril de 2014

Carburantes: suben, aunque estén bajo vigilancia


Los carburantes han vuelto a subir esta Semana Santa, como en verano y Navidad, a pesar de la bajada del petróleo y la subida del euro, que abarata importaciones. El problema es que hay poca competencia entre las petroleras: tres controlan el mercado y acuerdan precios. El Gobierno les tiene bajo vigilancia, con varios expedientes abiertos, y les achaca que suben sus márgenes, pero no vale de nada: seguimos teniendo la gasolina y el gasóleo más caros que en Europa, sin contar impuestos, aunque con ellos sea más barata. Por eso, la Comisión Europea presiona al Gobierno para que suba los impuestos a los carburantes en 2015, con la anunciada reforma fiscal. Aunque el Gobierno presione a las petroleras para que bajen márgenes, serán 5 céntimos de ahorro como mucho. Y con la subida de impuestos, subirán entre 7,5 y 10 céntimos. Mucho ruido para que al final, los carburantes suban en 2015.
enrique ortega

Los carburantes están más baratos que en enero (-1,7% el gasóleo) y que en verano (-3%) aunque la rebaja es mucho menor de la que debería ser por el doble ahorro que suponen la bajada del petróleo (-3,7% desde enero y -5,7% desde agosto) y la subida del euro (+6,3% desde enero y +12,6% desde agosto), que abarata las importaciones de crudo y carburantes. Con ello, las petroleras han vuelto a quedarse con parte del ahorro en el coste real de los carburantes, como ya denunció el Gobierno en enero, a través de un informe de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC): habían subido sus márgenes un 25%. Ahora, aprovechando la Operación Salida de Semana Santa, han vuelto a subir los carburantes, que empezaron a subir a finales de marzo, tras caer desde Reyes. La historia se repite cada año: suben al máximo en agosto, bajan en otoño, suben en Navidad, bajan después, suben en Semana Santa, se estabilizan en primavera y suben para las vacaciones.

El precio de los carburantes tiene tres partes: en el gasóleo, un 45,29% son impuestos (0,602 euros/litro en marzo), otro 42,73% es el coste del carburante (0,568 euros litro) y el 11,96% restante (0,159 euros) es el margen bruto, donde la petrolera incluye costes de transporte, almacenaje y distribución (0,8 céntimos por litro), gastos financieros, gastos biocarburantes, pago a mayoristas y gasolineras (8 céntimos por litro) y el beneficio de la petrolera (dicen que ganan entre 1 y 1,5 céntimos por litro). Si el precio de los carburantes se fija en el mercado internacional (Marsella y Rotterdam), el precio al automovilista sin impuestos debería ser en España similar al de Europa. Pero aquí es más caro.

En enero 2014, el informe de la Comisión de la Competencia (CNMC) ya advertía que los precios antes de impuestos eran en España 5,1 céntimos más altos para la gasolina y 4 céntimos más para el gasóleo A que en la UE-28. Y que España era el 4º país con la gasolina más cara (sin impuestos) y el 6º con el gasóleo más caro de los 28 países UE. Luego, la CNMC ha vuelto a informar que los márgenes subieron otro 8% en febrero. Ahora, con datos del 7 de abril, la diferencia de precios se mantiene: la gasolina en España es 4,3 céntimos más cara (sin impuestos) que la media UE-28 y 2,9 céntimos más en el gasóleo A. Y somos el 5º país con la gasolina más cara y el 9º con el gasóleo más caro.

Si los carburantes sin impuestos son más caros en España que en la mayoría de Europa se debe a que las petroleras tienen más margen bruto, bien porque tienen más costes (menos eficiencia al comprar en el mercado o al refinar el crudo y comercializarlo) o porque tienen más beneficios. O por las dos cosas, que es lo más probable. De hecho, España es el país europeo donde las petroleras más aumentaron sus márgenes brutos durante la primera parte de la crisis (entre 2007 y 2010: un 21 % en el gasóleo (82,5% ventas) frente al 16% en Francia, 9% en Italia, 7% en reino Unido o 5% en Alemania, según la CNC.

El problema de fondo es que en el sector petrolero, tras más de 15 años de precios liberalizados (desde octubre de 2008), hay poca competencia y está dominado por tres empresas: Repsol, Cepsa (controlada por IPIC, la empresa estatal de Abu Dabi) y la británica BP. Un triopolio que controla todo el proceso del negocio, desde la compra internacional de crudo y carburantes, el refino (las 9 refinerías que hay en España son suyas, mientras en otros países hay entre 5 y 10 operadores refinando), el almacenaje, transporte y distribución (tienen el 29,15% de CLH, al antigua Campsa, y controlan la logística) y, sobre todo, la venta en gasolineras: controlan el 73% de las venta de carburantes (45% Repsol, 16% Cepsa y 12% BP), aunque en la mayoría de provincias (incluida Madrid) superan el 80% de las ventas, entre gasolineras propias y abanderadas, según la CNE. Un poder que contrasta con el 50% de las ventas que controlan las grandes petroleras en Francia o el 31% en Italia.

Con este poder en todo el negocio, son capaces de adelantar o retrasar compras de carburantes, establecer cuellos de botella en la logística (CLH) que perjudiquen a la competencia y, sobre todo, forzar a las gasolineras a pactar precios a cambio de mayores comisiones, como denunciaba un detallado informe de la Comisión de la Competencia, que ya les puso en 2009 una multa de 7,9 millones por pactar precios. En marzo 2013, la Comisión de la Energía (CNE) les abrió un expediente por el efecto lunes: acordar bajar precios los lunes (el día que se mandan a Europa) y subirlos el martes, una práctica comprobada desde el verano anterior. A finales de mayo, la Comisión de la Competencia abrió otra investigación (con registro sorpresa de sus oficinas) para intentar demostrar que acuerdan precios. Y en diciembre 2013, les abrió otro expediente sancionador por incumplir las medidas correctoras impuestas en 2009 para evitar que pactaran precios y comisiones con las gasolineras.

Las petroleras están pues bajo vigilancia desde 2009, pero ahí siguen, con los precios sin impuestos más altos de Europa. Y eso, a pesar de que en julio de 2013 el Gobierno Rajoy reformó la Ley de Hidrocarburos para fomentar la competencia: más facilidades para abrir gasolineras en centros comerciales y polígonos, prohibir a las grandes abrir gasolineras donde tengan más de un 30% del mercado y limitar de 5 a 1 año (prorrogable a 3) los contratos de las petroleras con las gasolineras, para facilitar el cambio de abanderamiento. Pero ni con esas aumenta la competencia: las gasolineras de marcas blancas, cooperativas e hipermercados sólo suponen un 25% del total (10.424) y sólo han ganado un 5% de cuota desde 2007. Haría falta fomentar nuevas gasolineras en autopistas y autovías y multiplicar carteles con precios comparados, para aumentar la competencia de verdad.

Al final, aunque las petroleras tienen un mayor margen, los carburantes en España son más baratos que en la mitad de Europa: somos el 12º país con la gasolina más barata (1,34 céntimos menos que la media UE-28) y el 11º con el gasóleo más barato (0,88 céntimos más barato). Y eso, porque pagamos menos impuestos, aunque ya suponen la mitad del precio de la gasolina (50,64% frente al 57,9% en la UE-28) y casi la mitad del gasóleo (45,29% frente al 50,94% en UE-28). La ComisiónEuropea lleva meses presionando a España para que suba estos impuestos a los carburantes y los ponga “a nivel europeo”. El Gobierno Rajoy ya no se puede escaquear más y tendrá que subirlos en la próxima reforma fiscal, que prepara para 2015. Eso supondrá una subida extra de los carburantes: un 7,2% para la gasolina (10 céntimos por litro) y un 5,6% para el gasóleo (7,5 céntimos por litro).

En definitiva, el Gobierno “persigue” (con poco éxito) a las petroleras para que rebajen sus márgenes y poder bajar los carburantes 5 céntimos por litro (como mucho) pero mientras nos sorprenderá con un aumento de impuestos que subirá la gasolina y el gasóleo entre 7,5 y 10 céntimos en 2015. Y luego está lo que hagan el petróleo y los carburantes (se espera que suba la demanda y los precios en 2014, máxime si hay conflictos), junto al euro, que podría bajar este año y encarecer así la factura energética por partida doble. Así que, aun vigilando a las petroleras, los carburantes seguirán caros este año. Sólo nos queda usar menos el coche. Algo difícil.