Mostrando entradas con la etiqueta AVE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AVE. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de octubre de 2025

El AVE, imparable: ojo a "morir de éxito"

El AVE sigue ganando viajeros al avión y a la carretera, tras batir un récord en 2024: casi 40 millones de viajeros, el doble que antes de la pandemia. Y espera llegar a 50 millones en 2026, gracias a la liberalización de la alta velocidad, que ha traído dos competidores a Renfe (la francesa Ouigo y la italiana Iryo), aportando más trenes y viajes y una rebaja del 33% en los billetes. Pero el AVE bate récords con muchos problemas, agravados este verano : estaciones saturadas, averías frecuentes, retrasos, trenes parados en medio de la nada, fallos en las catenarias, robo de cobre… El problema de fondo es que la red de alta velocidad se ha multiplicado por 8 desde 1992 (tiene 4.000 kilómetros) y está sobreutilizada (se ha pasado de 9 trenes AVE diarios a 532). Urge invertir más en infraestructuras y mantenimiento y en modernizar los trenes. Eso exigirá subir el canon a las empresas, que tendrán que subirnos los billetes para mejorar el servicio.

                          Enrique Ortega

El primer tren AVE, de Madrid a Sevilla, empezó a circular el 21 de abril de 1992, el año de la Expo, que se cerró con 1,17 millones de viajeros transportados. El siguiente salto fue el AVE de Madrid a Barcelona, inaugurado el 20 de febrero de 2008, año que se cerró ya con 5,7 millones de viajeros transportados en AVE. Y a partir de ahí, crecieron las líneas y los pasajeros, hasta llegar a 22,37 millones transportados en AVE en 2019, según la Comisión de la Competencia (CNMC). Tras la caída de viajeros por la pandemia (7,6 millones en 2020 y 13,48 millones en 2021), la alta velocidad dio un enorme salto adelante en 2022 (23,72 millones de viajeros) y sobre todo en 2023 (32,41 millones), por la liberalización del negocio y la entrada de nuevos competidores del AVE de Renfe. Y en 2024 se batió el récord: 39.648.610 viajeros transportados en AVE, según la CNMC, casi el doble que antes de la pandemia. Este año 2025, los viajeros transportados en AVE siguen creciendo (25,8 millones hasta julio, +13,3% que en 2024, según el INE) y podría cerrarse el año con 46 millones de viajeros, a la espera alcanzar los 50 millones de viajeros AVE en 2026.

Este tirón imparable del AVE en España, el 2º país (tras China) con la mayor red de alta velocidad del mundo (4.000 kilómetros) es consecuencia, sobre todo, de la liberalización de esta parte del negocio ferroviario, forzada por Bruselas en 2020, que obligó a abrir la red a otras empresas ferroviarias, acabando con el monopolio de Renfe. Esta liberalización se hizo efectiva el 10 de mayo de 2021, cuando un AVE de Ouigo (empresa creada por la francesa SNCF) viajó por primera vez de Madrid a Barcelona, un corredor que utilizó después, en noviembre de 2022, el primer AVE de Iryo (empresa de la italiana Trenitalia, Air Nostrum y Globalvía). El siguiente paso fue la competencia en el corredor Madrid-Valencia (octubre 2022 Ouigo y diciembre 2022 Iryo), seguido del corredor Madrid-Sevilla (marzo 2023 Ouigo, enero 2025 Iryo), al que se sumaron el corredor Madrid-Málaga-Granada (marzo 2023 Iryo, enero 2025 Ouigo) y la línea Madrid-Alicante (abril 2023 Ouigo, junio 2023 Iryo). Y más recientemente, llegó la competencia al corredor Madrid-Segovia- Valladolid (abril 2024 Ouigo) y Madrid-Murcia (septiembre 2024 Ouigo).

La principal consecuencia de esta liberalización del negocio de la alta velocidad ferroviaria es la ampliación de la oferta de trenes y viajes y la consiguiente “guerra de precios” entre Renfe, Ouigo e Iryo, con multitud de ofertas y tarifas. Eso se ha traducido en que los billete de AVE se han abaratado un 33% con la liberalización, según la CNMC. Y además de este ahorro de costes para los viajeros (431 millones desde 2019), el tirón del AVE ha supuesto un ahorro de costes externos (polución, emisiones de CO2, accidentes, cogestión de tráfico) estimado por la CNMC en otros 172 millones de euros desde 2019, a lo que habría que sumar los 153 millones de ganancia neta de ADIF (el gestor público ferroviario de la red) por los mayores cánones cobrados a las empresas por el uso de la red de alta velocidad.

En conjunto, las líneas de AVE han crecido en pasajeros desde 2019 a costa de la carretera (a la que han quitado 3,7 millones de viajeros) y del avión (al que han quitado 900.000 pasajeros), según la estimación de la CNMC. Y lo más llamativo es que casi todos los corredores de alta velocidad abiertos a la competencia han duplicado sus pasajeros desde 2019, salvo el Madrid-Sevilla (donde han crecido un 41%) y el Madrid-Málaga (+59%). Los trayectos de AVE con más pasajeros en 2024 fueron Madrid Barcelona (14.6 millones,+6% sobre 2023), Madrid-Valencia (5,6 millones, +10%), Madrid-Sevilla y Madrid-Málaga(cada uno con 5 millones de pasajeros,+28%) y Madrid-Alicante (4 millones, +33%), repartiéndose los demás pasajeros (5,3 millones, +103%) en las restantes líneas abiertas a la competencia.

Y hablando de competencia, Renfe sigue manteniendo el liderazgo en la alta velocidad, aunque lógicamente ha perdido cuota de mercado frente a la francesa Ouigo y la italiana Iryo. Donde Renfe tiene la cuota de AVE más alta es en los dos corredores de Madrid a Andalucía (72/73% en 2024), frente al 27/28% de cuota que tiene Iryo (que empezó a operar en marzo de 2023), según los datos de la CNMC. También mantiene dos tercios de la cuota total (67,4%) en el corredor Madrid-Alicante, donde le sigue Ouigo (27,2% de cuota) y muy lejos Iryo (5,4%). En la primera linea abierta a la competencia, Madrid-Barcelona, Renfe mantiene un 60,1% de cuota de viajeros(en alza), seguida de Iryo (23,7%), que también crece, ambas a costa de Ouigo (16,2% de cuota en 2024). Y donde Renfe ha perdido más cuota es en el AVE de Madrid a Valencia: tiene un 50,6% y el resto se la reparten Ouigo (25,3% en 2024) e Iryo 24,2%).

Lo que han ganado los tres operadores es cuota frente al avión, al que se han “comido” en los trayectos de media distancia donde compiten, según confirman los datos de la CNMC de 2024. Así, en el trayecto Madrid-Valencia, la cuota del AVE es del 93,3% (5,25 millones de viajeros viajaron en AVE y 380.000 en avión). En el trayecto Madrid-Sevilla, la cuota del AVE frente al avión es el 90,2% y en el corredor Madrid-Alicante, el 88,1%. En el trayecto con más competencia y viajeros, Madrid-Barcelona, el AVE también gana de lejos al avión, con una cuota del 81,2% de viajeros en 2024 (8,9 millones en AVE y 2 millones en avión), cuando antes de la liberalización de 2021 la cuota del AVE era del 65%. Y en el trayecto Madrid-Málaga, la cuota del AVE frente al avión es del 82%. En estos trayectos, la cuota del tren de alta velocidad aumentó en 2024, salvo en el corredor Madrid-Barcelona (-0,3%).

A pesar de este “éxito comercial”, las tres empresas que gestionan los viajes de AVE siguen perdiendo dinero, año tras año, aunque algo menos en 2024. Así, mientras Renfe ganaba dinero con el AVE en 2019 (cuando operaba en solitario), empezó a perder dinero en 2020 y 2021, ya con Ouigo (-751 millones perdieron ambos) y en 2022-24 (-452 millones, ya con Iryo, además de Ouigo y Renfe). Sólo en 2024, las tres empresas que operan la alta velocidad han perdido 99,5 millones (menos que los 219 millones perdidos en 2023), pérdidas repartidas entre Renfe (-27 millones), Iryo (-31,5 millones) y Ouigo (-40,5 millones). Y la CNMC estima que las 3 empresas han perdido 1.203 millones de euros desde 2020, repartidos entre Renfe (-842 millones), Ouigo (-191 millones) e Iryo (-170 millones).

¿Por qué pierden dinero si han duplicado los viajeros? Básicamente, por la “guerra de tarifas” a la baja y el fuerte aumento de inversiones y costes (en trenes, personal, energía…), además de que han de pagar el canon a ADIF (la empresa pública que gestiona y mantiene la red ferroviaria) por el uso de las vías, estaciones y servicios. Aunque las empresas extranjeras (Ouigo e Iryo) se quejan de que este canon es alto, ADIF y la CNMC les contestan que son “similares a los alemanes, algo superiores a los italianos y en linea con los franceses”. Al final, ganar mercado partiendo de cero es siempre costoso y eso obliga a los nuevos operadores a operar con pérdidas y a Renfe a seguir su senda para no perder más cuota.

Pero el negocio de la alta velocidad, aunque bate récords de viajeros año tras año, tiene un problema de fondo: crecer tanto y tan rápido ha provocado múltiples problemas diarios, que se han agravado este verano: múltiples averías en la red y en los trenes, saturación en las estaciones (primero en Atocha-Madrid y luego con las obras en Chamartín-Madrid), retrasos y trenes parados en medio de la nada, unas veces por fallos en la catenaria, otras por robo de cable, otras por problemas del tren y este verano, por los incendios en Castilla y León y en Galicia (han afectado a 486 trenes y 130.000 usuarios, frente a sólo 25 trenes y 18.000 viajeros afectados por los fuegos del verano de 2024). Todos estos factores (de la red y externos) han deteriorado en 2025 un servicio, el del AVE, que en 2024 fue bastante puntual: el 94% de los trenes AVE de los trayectos en competencia llegaron con menos de 15 minutos de retraso, según la CNMC, siendo los segundos más puntuales de Europa, tras Suiza.

Los expertos y el propio Ministerio de Transportes achacan los múltiples problemas del AVE a 4 causas. La primera y fundamental, el fuerte aumento de trenes y viajeros: la red de alta velocidad se ha multiplicado por 8 desde 1992 (de 470 kilómetros a 4.000) y de circular 9 trenes diarios se ha pasado a 532 trenes y 115.000 pasajeros diarios hoy. La segunda causa de problemas es el envejecimiento de las infraestructuras (vías, señalización, catenarias…) en estos 33 años, sobre todo en la linea más antigua y con más problemas (Madrid-Sevilla). La tercera, que muchos de los trenes AVE que circulan hoy (sobre todo los 125 de Renfe) son muy antiguos y algunos nuevos dan muchos problemas (como muchos de los 30 AVE Avril “Serie S106”, entregados por Talgo a Renfe en mayo de 2025 y que han presentado fisuras en los “bogies”, el sistema de rodadura donde se asientan los coches de viajeros). Y el cuarto problema es la deficiente gestión de ADIF, donde los sindicatos denuncian falta de personal y fallos de gestión, además de escasa inversión en mantenimiento de la red.

Todos estos problemas en la alta velocidad, agravados este verano, han llevado al Gobierno y a ADIF a retrasar la liberalización de nuevos trayectos de AVE, que estaba prevista para septiembre de 2025: la entrada de Ouigo e Iryo en los corredores del AVE de Madrid a Galicia, de Madrid a Asturias y Cantabria y el corredor Madrid-Cádiz y Huelva. Parece que la apertura a la competencia de estos trayectos de alta velocidad se retrasa hasta 2026, para hacerla efectiva en 2027, para dar tiempo a reforzar antes las líneas actuales con problemas y para que ADIF recalcule los cánones a cobrar a las empresas en esos nuevos trayectos, que tendrían que subir para incluir las inversiones necesarias en vías, señalización y mantenimiento. Y las empresas, además de ampliar su servicio de alta velocidad (serán 72 servicios diarios más, alcanzando al 70% de la población) y su parque de trenes, tendrán que afrontar el reto tecnológico de operar en dos anchos de vía a la vez (internacional e ibérico).

Mientras, el Gobierno y su ministro de Transportes creen que la mejoría del servicio de alta velocidad pasa por comprar nuevos trenes e invertir más en la mejora de la red de alta velocidad, donde ya se han invertido 69.200 millones, 57.200 hasta 2021 y otros 12.000 después, hasta 2025).  Pero eso tardará (“no podemos estar 15 años sin comprar un tren y de repente encargar 400”, dijo el ministro Puente en el Congreso en septiembre), lo mismo que mejorar la red de alta velocidad (vías, catenarias, señalizaciones, mantenimiento…) y las estaciones. Por eso, el propio ministro Puente advirtió a los diputados que “seguirá habiendo incidencias en la alta velocidad en los próximos dos años”…

En definitiva, el AVE bate récords de viajeros pero ha crecido demasiado en poco tiempo y eso está provocando problemas en las líneas y a los viajeros, problemas que exigen más inversiones y tiempo. Por eso, antes de seguir ampliando la red (cada ciudad quiere su AVE) y abriéndola más a la competencia, hay que reforzar lo que tenemos, para “no morir de éxito”: más inversiones en mantenimiento, vías, señalización, trenes y estaciones. Y esas mayores inversiones obligan a subir el canon de Adif a las compañías y a que frenen su “guerra de precios”, quiten tantas ofertas y suban los billetes a los viajeros. Al final, las cuentas son claras: o se invierte más en el AVE o seguirán los problemas. Y ese dinero para mejorar el servicio sólo puede salir de las empresas y de los viajeros. Lo barato es caro.

lunes, 3 de julio de 2023

El AVE se come al avión

El 23 de mayo, Francia empezó a prohibir los vuelos en trayectos que se puedan hacer en tren en menos de 2 horas y media. Y otros paises europeos también estudian prohibir vuelos cortos, por su alta contaminación. En España, la medida no se plantea de momento, porque el tren de alta velocidad se ha “comido” al avión donde ambos compiten: el AVE consigue el 85% de los viajeros en la mayoría de destinos y un 75,8% entre Madrid y Barcelona. Este impulso del AVE se debe a la liberalización iniciada hace dos años, con dos compañías (francesa e italiana) compitiendo con Renfe. Resultado: más trenes, más pasajeros y unos precios más bajos Y el AVE español compite ya en Francia. Ahora, el reto es optimizar las líneas, porque nuestra red AVE es un 20% más extensa que en Francia pero tiene la tercera parte de pasajeros. Se trata de ampliar y abaratar el servicio, aun caro (salvo ofertas) para competir con el autobús y el coche.

Enrique Ortega

El transporte de viajeros acaba de recuperarse este año del tremendo impacto de la pandemia y los confinamientos. Todavía hay menos movilidad que en 2019, con 1.683,77 millones de viajeros transportados entre enero y abril de 2023, frente a 1.702,3 millones transportados en los cuatro primeros meses de 2019, según los datos del INE. Pero se espera que la movilidad haya seguido subiendo en mayo y junio y que sea récord este verano, con lo que se superen en 2023 los viajeros transportados en todo 2019 (5.081,5 millones), algo que todavía estuvo lejos en 2022 (4.369,2 millones de viajeros transportados, una importante recuperación tras el desplome de 2020: 2.691,6 millones de viajeros transportados).

La punta de lanza de esta recuperación de la movilidad está siendo el tren, y especialmente el tren de alta velocidad, el AVE, que ha transportado ya entre enero y abril de 2023 más pasajeros (9,17 millones)  que en los cuatro primeros meses de 2019 (7,033 millones), un aumento de pasajeros del 30.45%. Y le acompañan los viajes en autobús regular, que también se han recuperado respecto a antes de la pandemia: 246,5 millones de viajeros transportados entre enero y abril de 2023, frente a 200,06 millones en los cuatro primeros meses de 2019 (+23,2%). Los viajeros en avión en trayectos peninsulares todavía no han recuperado (5,2 millones hasta abril) los niveles de viajeros de antes de la pandemia (5.4 millones), pero están muy cerca (-3%). Y no recuperan su movilidad anterior a la pandemia el transporte urbano (menos uso del metro y autobús, más coches), el resto del ferrocarril y los vuelos con las islas y entre ellas, según datos del INE.

En el tráfico de pasajeros en España, el “modo de transporte rey”, después del coche privado, es el autobús, antes de la pandemia y ahora: pasó de transportar 731,25 millones de pasajeros en 2019 a 661,15 millones en 2022, según el INE. Y aunque la mayoría de pasajeros son los de cercanías (550,4 millones en 2022), los autobuses transportan 33,7 millones de viajeros de media distancia y 12,7 millones de larga distancia. El 2º modo de transporte (no privado) con más pasajeros es el ferrocarril, que transportaba 636,25 millones de pasajeros en 2019 y que sólo transportó 550,43 millones en 2022 (-15,6%), básicamente porque no se han recuperado los cercanías (568,4 millones en 2019 y sólo 486,6 millones en 2022), aunque sí se ha recuperado el tráfico en trenes de media distancia y, sobre todo, en el AVE. Y en el tráfico aéreo interior, también cayeron los viajeros, de 42,8 millones en 2019 a 41,2 en 2022 (-3,7%), aunque casi se ha recuperado este año.

En la peculiar pelea entre el tren de alta velocidad y el avión, lleva años ganando el AVE. Ya en 2019, el AVE transportó 22,37 millones de viajeros, mientras en vuelos peninsulares se desplazaron 17,06 millones de pasajeros. Con la pandemia, en 2020, ambos se desplomaron, pero siguió ganando el AVE (7,6 millones de pasajeros) al avión en vuelos peninsulares (5,5 millones). Y en 2022, el AVE alcanzó los 20,47 millones de pasajeros frente a 14,66 millones los que volaron en el interior de la Península. Y ya he comentado que este año 2023, hasta abril, los viajeros en AVE (9,17 millones, un +30,4% sobre 2019) superan y crecen más que los viajeros de los vuelos peninsulares (5,29 millones, -3% sobre 2019).

¿Qué impulsa al AVE frente al avión en España? Básicamente, la liberalización del sector hace dos años y el empujón de la competencia de nuevos operadores junto a Renfe. El mercado español de alta velocidad se abrió a la competencia, por imposición comunitaria, en diciembre de 2020, pero no fue hasta el 10 de mayo de 2021 cuando un AVE de Ouigo (la empresa de los ferrocarriles públicos franceses, SNCF) hizo el primer viaje comercial entre Madrid-Barcelona (monopolizado por Renfe desde 2008). El 21 de junio de 2021, Renfe reaccionó, inaugurando un tren de bajo coste en esa línea, de su empresa Avlo (Alta Velocidad Low Cost), que se sumaba a la oferta del AVE tradicional. El 6 de octubre de 2022, Ouigo inauguró la línea Madrid-Valencia y el 28 de marzo de 2023 se incorporó al corredor Madrid-Albacete-Alicante. Antes, el 25 de noviembre de 2022 empezó su andadura el tercer operador, Iryo (empresa controlada por la pública italiana Trenitalia, junto a las españolas Air Nostrum y Globalia), también en la línea Madrid-Barcelona. El 16 de diciembre de 2022, Iryo empezó a operar en la línea Madrid-Valencia, el 31 de marzo de 2023 se sumó a las conexiones a Sevilla, Málaga, Antequera y Córdoba y el 2 de junio pasado llegó de Madrid a Alicante.

Ahora, Renfe estudia llevar este año sus trenes Avlo a Galicia (donde llega el AVE tradicional desde el 21 de diciembre de 2021) y a 40 ciudades españolas (como Murcia, Castellón, Ourense, León, Burgos, Granada, Valladolid, Segovia o Zamora). Y también avanzarán los competidores (primero, a Valladolid y Murcia), aunque la prioridad de la francesa Ouigo es llegar a Andalucía, para lo que tiene que superar un problema técnico: la línea a Sevilla (la más antigua) exige un sistema de conducción automática de trenes (LZB) que es diferente al sistema del resto de las líneas AVE de España y Europa (ERTMS). Un problema que no tienen los trenes de Renfe y de Iryo (que funcionan con varios sistemas), pero sí los de Ouigo, lo que retrasará su llegada a Andalucía hasta 2024.

Esta mayor competencia en las líneas de alta velocidad, sobre todo en las más “mollares”, las que tienen más demanda (Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, Madrid-Alicante y Madrid-Andalucía), se ha traducido en dos efectos: más asientos ofertados, más pasajeros y bajada de precios. Un ejemplo. En 2019, un billete de AVE entre Madrid y Barcelona costaba entre 85 y 107 euros. Hoy se puede conseguir hasta por 9 euros (algunos días y horas), aunque el billete normal cuesta entre 33 y 40 euros. Sólo en el primer trimestre de 2023, la CNMC señala caídas de precios en los viajes en AVE del -22%, con precios medios entre 22 y 33 euros por trayecto. Y eso ha disparado el tráfico, de los usuarios que antes viajaban en avión o en su coche y ahora viajan en AVE. Tres datos. En el primer trimestre de 2023, los viajeros AVE entre Madrid y Barcelona aumentaron un +57% anual. La línea Madrid-Valencia ha duplicado el número de viajeros, (+119%), llegando al millón. Y la demanda de billetes a Alicante se ha disparado un +110%...

La consecuencia de esta liberalización del servicio de AVE, con nuevos competidores y una “guerra de ofertas”, es que el AVE ha ganado aún más terreno al avión, mes a mes. El último dato oficial que tenemos, de la Comisión de la Competencia (CNMC) es de 2021 y resulta muy evidente: el AVE ha desbancado al avión en todos los grandes corredores donde compiten. Su cuota acapara el 87,4% de los viajeros totales (tren + avión) en la línea Madrid-Valencia, el 86,9% en la línea Madrid-Sevilla, el 85,8% de cuota en la línea Madrid-Alicante, el 84,7% en la línea Madrid-Málaga y menos, el 75,8% en la línea Madrid-Barcelona, donde el Puente Aéreo resiste algo mejor porque muchos pasajeros prefieren utilizarlo para conectar después con otros vuelos, dado que el AVE no llega a Barajas.

Son datos de 2021, con lo que en 2022, el año de la mayor competencia de los nuevos operadores y del salto en los viajeros, el aumento de cuota del AVE sobre el avión debió aumentar. Un dato que lo anticipa es Galicia, donde el AVE llegó en diciembre de 2021. En junio de 2022, sólo 6 meses después, el AVE había transportado 850.000 pasajeros, frente a 554.000 que habían viajado en avión a Galicia hasta finales de mayo, según Renfe. Y el AVE a Galicia aspira a “robar” la mitad del actual tráfico aéreo a esa comunidad.

Este dominio del AVE sobre el avión donde compiten es la razón que aducen los expertos para pensar que en España no se van a limitar por Ley los vuelos cortos, como se ha hecho en Francia: el 23 de mayo entró en vigor la Ley que  prohíbe el uso del avión en los vuelos cortos, donde haya un servicio de tren que permita hacer el viaje en menos de hora y media. De momento, la prohibición (con muchas excepciones) sólo afecta a los vuelos París-Burdeos, París-Nantes y París-Lyon, que apenas suponen el 4% de los vuelos interiores en Francia (menos de 5.000 viajes al año). Junto a Francia, hay otros paises europeos que también quieren limitar los vuelos cortos, como Holanda. Pero Bruselas mantiene silencio de momento, salvo para estudiar una posible limitación de los vuelos de jets privados (emiten entre 5 y 14 veces más contaminación por pasajero que los aviones comerciales y contaminan 50 veces más que los trenes). Pero el gran problema de las emisiones en Europa no es el tráfico aéreo interior (genera entre el 3 y el 4% de las emisiones totales) y la IATA ya ha dicho que si se eliminaran todas las rutas aéreas de menos de 500 kilómetros en  Europa, se suprimirían el 24% de los vuelos pero sólo se reduciría un 4,5% de las emisiones totales de la aviación europea, que se concentran en los vuelos medios y largos.

En España, una prohibición de vuelos cortos como en Francia sólo afectaría a 5 rutas (de Madrid a Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla y Málaga) con 560 vuelos semanales (la mitad, el Puente Aéreo Madrid-Barcelona), el 4% de todos los vuelos interiores, que utilizan 3,2 millones de pasajeros, porque otros vuelos no tienen la alternativa de disponer de un AVE frecuente. Y sólo nos ahorraríamos el 0,1% de las emisiones totales de CO2, según un informe del Colegio de Aeronáuticos, aunque los ecologistas creen que el recorte de emisiones sería mayor y piden que se copie la medida francesa. Pero no parece que vaya a ser necesario, porque si el AVE sigue ganando cuota de mercado, los vuelos cortos interiores serán cada vez más testimoniales (otra cosa son los jets privados…).

Cara al futuro, el AVE tiene por delante un tremendo potencial. Ya este verano, Renfe y sus competidores han aumentado su oferta sobre la de 2022 y esperan alcanzar un récord de pasajeros, sobre todo en los corredores a Cataluña, Levante y Andalucía. Y aunque sus precios para estos meses han subido (salvo ofertas), han subido más los billetes de avión. Tanto Renfe como los competidores van a concentrar su pelea comercial en las ciudades intermedias, no sólo en los viajes a Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla o Málaga. La mayor novedad  la protagoniza Renfe, que ha empezado a vender billetes en junio para competir con el AVE en Francia, operando desde el 13 de julio entre Barcelona y Lyon y el 28 de julio entre Madrid y Marsella, con precios entre 19 y 29 euros por trayecto, que podrían atraer a muchos turistas franceses para viajar a España (y viceversa).

Los dos grandes retos de los trenes de alta velocidad son ajustar su oferta y sus costes, para aumentar los viajeros. Actualmente, un 50% de los costes del AVE es el pago del canon que hacen a ADIF, la empresa pública de infraestructuras que se desgajó de Renfe y que gestiona la red ferroviaria. Las empresas competidoras, Ouigo e Iryo, insisten en pedir que se les rebajen estos cánones ferroviarios, para poder rebajar los precios. Y la CNMC (Comisión Competencia)  les contesta que estos cánones son “similares a los alemanes, algo superiores a los italianos y en línea con los franceses”. ADIF estudia modificarlos, para que paguen más los trenes que más gastan las vías y según su configuración, con lo que una clave de las tarifas será configurar trenes más modernos y que lleven más pasajeros. Otra clave será la energía, que con la luz disparada, supone un 25% del coste del billete. Aquí será clave que las empresas y ADIF compren electricidad a plazo y usen trenes que consuman menos.

Con todo, la clave es optimizar la red, conseguir más pasajeros para afrontar los costes y poder rebajar el billete “normal”, todavía caro frente al autobús y el coche (con varios ocupantes, caso de una familia). El problema que tiene el AVE en España es que todavía tiene una baja ocupación (% de viajeros/plazas) en muchas líneas, según los datos de la CNMC del primer trimestre de 2023: 64% en la línea Madrid-Alicante, 69,5% entre Madrid y Valencia y 78,9% en el corredor Madrid- Málaga, siendo sólo superior en la línea Madrid-Barcelona (86,4% ocupación media) y Madrid-Sevilla (87,5%),. Una forma de mejorar la ocupación sería, según la CNMC, que las empresas ferroviarias tuvieran sus horarios autorizados por ADIF con 3 meses de antelación (hoy son 2 meses), con lo que dispondrían de más tiempo para preparar sus campañas y vender billetes anticipadamente.

Un dato para que “visualicemos el problema” del AVE en España: la alta velocidad tiene un 20% más de kilómetros que en Francia pero la tercera parte de pasajeros… En definitiva, que hemos hecho un tremendo esfuerzo inversor en el AVE (57.200 millones gastados en 30 años), que somos el 2º país del mundo (tras China) con más kilómetros (más de 4.000) para conseguir que se suban 21 millones de viajeros al año, más que en el avión pero muchos menos que en el autobús y en el coche particular. Y eso provoca, además de enormes atascos y 1.695 muertos de tráfico, un elevadísimo consumo de energía y muchas emisiones. Por eso, urge optimizar aún más el AVE, que contamina 80 veces menos que el avión y 50 veces menos que el coche particular. Eso obligará a ajustar costes y cánones, a rebajar las tarifas habituales, a llenar más los trenes y a configurar un transporte más competitivo y sostenible. Todos al tren.

jueves, 19 de diciembre de 2019

El AVE se abre a la competencia europea


Las próximas Navidades, en 2020, empezarán a circular en España trenes AVE gestionados por la francesa SNCF. Y en enero de 2022, operará la italiana Trenitalia. Pero esta apertura a la competencia se limitará a las líneas que unen Madrid con Cataluña, Levante y Andalucía, el “negocio mollar”, así que sólo 10 ciudades se beneficiarán de más trenes y tarifas más bajas.  El riesgo es que las restantes líneas AVE se deterioren, al concentrarse RENFE en esos corredores. Y que la liberalización siga concentrando inversiones en el AVE, en perjuicio del resto de la red. Es lo que ha pasado: 4 de cada 5 euros de inversión ferroviaria se han ido al AVE, que sólo utilizan el 4,20% de los usuarios del tren. Mientras, un tercio de las líneas siguen sin electrificar, con locomotoras diesel, y media España está ferroviariamente abandonada. Es hora de potenciar el tren de cercanías, regional o larga distancia y las mercancías, no sólo un AVE costoso y vacío. Al tren.

enrique ortega

En 1941, Franco creó la RENFE, nacionalizando varias empresas privadas medio quebradas por los daños de la guerra. El monopolio estatal reconstruyó la red ferroviaria e impulsó este transporte, mayoritario hasta la llegada masiva de los coches en los años 60 y 70. Y en 1992 se lanzó el primer AVE, en un intento de competir con el avión y los autobuses. Pero RENFE tenía pérdidas millonarias y eso evitó que fuera privatizada, como 130 empresas publicas vendidas por González (80 empresas: 13.200 millones de ingresos) y Aznar (50 empresas: 30.000 millones). En 2004, la Unión Europea obligó a España a dividir Renfe, como primer paso para terminar con el monopolio: se creó ADIF para gestionar las infraestructuras y RENFE Operadora para la gestión comercial de los trenes. Y el 1 de enero de 2005 se abrió a la competencia el tráfico de mercancías, donde 25 empresas privadas le han quitado ya un 30% del mercado a RENFE. Ahora, el 14 de diciembre de 2020, España abrirá a la competencia el AVE, en 3 corredores adjudicados a la francesa SNCF y la italiana Trenitalia.


La liberalización del transporte ferroviario es una exigencia europea, aprobada en 2016, que impone a todos los paises el permitir que cualquier empresa europea opere en cualquier país comunitario a partir de diciembre de 2020. Ya antes de esa fecha, hay muchos paises con el tráfico ferroviario liberalizado. El primero, Reino Unido, donde Thatcher y Major privatizaron la red ferroviaria en 1993. Alemania (1994), Dinamarca, Polonia y Suecia (2010) también han liberalizado totalmente su mercado ferroviario, lo mismo que Austria (2008), Eslovaquia, Hungría, Letonia, República Checa (2011) e Italia (2012). Ahora, Francia, España, Bélgica, Luxemburgo, Irlanda, Grecia y Finlandia se preparan para liberalizar el transporte ferroviario en diciembre de 2020.


En el caso de España, la empresa pública ADIF convocó una subasta para abrir el servicio del AVE, a la que se presentaron 6 candidatos. La adjudicación, el 27 de noviembre, fue para RENFE (48 nuevos trenes diarios por sentido, un 20% más que el servicio actual, con lo que operará 96 trenes diarios),  la empresa pública italiana Trenitalia (con la española Air Nostrum, que participa con un 40%), a la que se adjudican 16 trenes diarios por sentido, y la compañía pública francesa SNCF, a la que se adjudican 6 trenes diarios por sentido. En los tres casos, son concesiones para gestionar nuevos trenes en los 3 corredores con mayor demanda, donde está el negocio: Madrid-Barcelona-frontera francesa, Madrid-Valencia-Alicante y Madrid-Sevilla-Málaga. La francesa SNCF será la primera en operar, el 14 de diciembre de 2020, con un AVE “low cost”, 10 trenes Alsthom de 2 plantas con 500 pasajeros. La otra ganadora, Trenitalia, demorará su operativa en España hasta enero de 2022, porque tiene que homologar sus 23 trenes Frecciarossa 1.000 que ya ruedan en Italia.


La concesión es en principio por 10 años y las empresas tendrán que pagar un canon a ADIF por el uso de las vías y estaciones, como ya paga Renfe desde 2004. Canon que se ha rebajado, para atraer a empresas a esta subasta, y que es clave para rentabilizar la concesión y para que ADIF obtenga ingresos extras para invertir en la red del AVE y en el resto de la infraestructura ferroviaria: se estima que ingresará 200 millones extras al año durante 10 años. De entrada, la Comisión de la Competencia (CNMC) ha dado el visto bueno a la adjudicación, aunque insiste en el libre acceso y facilidades a las estaciones para vender billetes y atender pasajeros y en la formación de maquinistas, hasta ahora reservada a RENFE. Además, España ha sido generosa en el proceso de liberalización, porque Francia no parece dispuesta a permitir que empresas extranjeras gestionen líneas que lleguen a París.


El Gobierno y ADIF destacan que la liberalización del AVE va a ser muy positiva para los usuarios, porque aumentará mucho la oferta, hasta un 65% más de plazas (+50% en la línea Madrid-Barcelona, +40% en Madrid-Levante y +60% en Madrid-Sevilla-Málaga). Y eso permitirá bajar los precios, hasta un 70% (costando 30 euros el AVE Madrid-Barcelona) según la portavoz del Gobierno, y un 40% según fuentes de RENFE, con un coste medio del billete de 32 euros. El riesgo es la calidad del servicio, que puede deteriorarse por la “guerra de precios” que se va a desatar dentro de un año. De hecho, los franceses del SNCF tienen un AVE París-Cannes por 29 euros, eso sí, en un tren de 1.000 pasajeros, con asientos más estrechos y permitiendo sólo un equipaje de mano.


Para afrontar esta mayor competencia extranjera, RENFE ya está preparando una estrategia comercial más agresiva con el AVE. En enero de 2020 pondrá a la venta los primeros billetes de su AVE low cost AVLO, que lanzará en la Semana Santa de 2020, empezando por la línea a Barcelona (los billetes costarán de 10 a 60 euros), para seguir después con Levante y Andalucía. Además, utilizará las 1.927 oficinas de Correos para vender billetes, mientras ultima una App para integrar la venta de billetes de AVE, metro, taxi, autobús, VTC, bicicletas y patinetes en una misma aplicación. Medidas para anticiparse a la llegada de la competencia de SNCF y Trenitalia. 


En paralelo, RENFE estudia “devolverles la pelota” y presentarse a la liberalización del tren en Francia y en Italia, donde pretende operar con 10 de los 30 nuevos Talgo Avril, con 600 asientos (100 más que en España), compitiendo con el AVE “low cost”. Para entrar en Francia, RENFE tendría que romper su actual acuerdo con SNCF, por el que la empresa española no llega a París a cambio de que los franceses no lleguen a Barcelona. En cualquier caso, RENFE lo tiene difícil, porque a nivel ferroviario es un David frente a dos Goliat: la empresa española factura 3.979 millones de euros anuales, la tercera parte que los italianos de Trenitalia (12.078 millones) y la octava parte que los franceses de la SNCF (33.311 millones anuales). Y tiene una plantilla de 14.000 empleados frente a 83.000 los italianos y 160.000 los franceses.


A medio plazo, la liberalización quitará a RENFE  un trozo de mercado, pero muy restringido a tres corredores del AVE. Y no se espera que pierda mucho negocio. En los paises europeos que han liberalizado el ferrocarril, las empresas públicas que tenían el monopolio han perdido una media del 3,5% del mercado, salvo en Italia, donde la pérdida ha sido del 16,5%, según la CNMC. El mayor riesgo es que España concentre sus inversiones en estos tramos del AVE sometidos ahora a una mayor competencia, en perjuicio del resto de líneas del AVE y, sobre todo, del abandono del resto de la red ferroviaria. Es lo que pasó en Italia, a partir de la liberalización de 2012, donde Trenitalia canceló servicios ferroviarios menos rentables. Y en Reino Unido, ahora el tren cuesta el doble de subvenciones que antes de ser privatizado.


La apertura a la competencia del AVE, a partir del 14 de diciembre de 2020, beneficiará sólo a 10 capitales (Madrid, Zaragoza, Lérida, Barcelona, Gerona, Valencia, Alicante, Sevilla, Granada y Málaga) de las 27 provincias que disfrutan del AVE. En total, 11 millones de viajeros que tendrán más trenes y tarifas más bajas, frente al resto de viajeros del AVE (otros 10,3 millones), que no notarán mejoría y cuyas líneas y servicio se puede deteriorar al necesitar RENFE concentrarse en las líneas con más competencia. Es el caso de Madrid-León, por ejemplo, una línea con sólo 481.000 pasajeros anuales.


Pero el mayor contrasentido es que España sigue apostando por el AVE, minoritario en pasajeros (21,3 millones en 2018, el 4,20% del total de viajeros) frente al resto del servicio ferroviario, muy abandonado. Hasta ahora, la “fiebre” por el AVE ha supuesto una inversión total de 51.775 millones de euros, según ADIF, la cuarta parte aportados por fondos europeos y el resto por los contribuyentes españoles (835 euros por persona). La cuestión es que se ha invertido en el AVE 31.414 millones de euros entre 2008 y 2018, frente a 6.338 millones en el resto de la red ferroviaria. A lo claro: el AVE se ha llevado 4 de cada 5 euros invertidos en el ferrocarril entre 2008 y 2018, para dar servicio al 4,20% de los viajeros, mientras el resto de la red sólo se llevaba el euro restante (para el 95,6% de pasajeros).


La consecuencia es que tenemos la red de AVE más extensa del mundo por habitante y la 2ª en kilómetros tras China (3.240 km de AVE frente a 13.000 km de red convencional), muy por delante de Francia (2.600 km de AVE sobre un total de 30.000) o Italia (1.000 km de AVE en una red de 16.700 km). Y además de ser la más extensa, es la red de AVE más vacía: tenemos una media de 15 viajeros por kilómetro, frente a 50 viajeros en Francia, 63 en China, 84 en Alemania o 166 en Japón, según la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC), Y ello, porque el AVE ha ido creciendo por razones políticas, por presiones de regiones y políticos, no por una planificación ferroviaria. Y además, se ha construido con múltiples extracostes y despilfarro de dinero público, según una auditoría del Tribunal de Cuentas Europeo, que se queja de que los 23.700 millones de fondos europeos dirigidos a los AVE de la UE (47,3% de esos fondos a España) se hayan gastado en redes no conectadas entre paises, con altos costes y baja ocupación. En ello abunda la Asociación de Geógrafos españoles: estiman en 26.240 millones el despilfarro y los sobrecostes en el Ave español.


El problema es que como las inversiones en ferrocarril (todas) han sufrido un drástico recorte entre 2009 y 2018, bajando a la cuarta parte (de 5.983 millones a 1.510), todo el esfuerzo inversor que se ha hecho en el AVE ha sido a costa del resto de la red ferroviaria. Y así nos encontramos con que el 37% de la red no está electrificada (5.617 km) y que un tercio de las locomotoras de RENFE que cubren vías regionales tienen más de 30 años de antigüedad, porque desde 2006 no se ha convocado ningún concurso para renovar material. Y casi la mitad de España está desatendida, con trenes viejos que tardan una eternidad porque circulan por vías sin renovarse ni modernizarse. No sólo es el caso de Extremadura, sino también Galicia, Murcia (4,30 horas por tren a Madrid), País Vasco (5 horas a Bilbao) y parte del servicio interno ferroviario en las dos Castillas, Aragón y Andalucía.


Al final, la reflexión es que se apuesta por el AVE (4,20% de viajeros) y no por Cercanías (474 millones de viajeros en 2018, el 93,5%), largo recorrido o trenes regionales, cada vez con peor servicio y, en consecuencia, con menos viajeros. Ahora, el riesgo es que si RENFE tiene que competir más con el AVE, las inversiones públicas (escasas) sigan volcándose ahí como hasta ahora, y no en mejorar Cercanías, trenes regionales y larga distancia, donde están los viajeros. Habría que volcarse en el ferrocarril, para luchar contra “la España vaciada” y contra las altas emisiones de CO2 del transporte. Actualmente, sólo el 6,41% de los españoles viajan en tren (el 79,2% en coche, el 7,14% en autobús, el 7% por avión y el 0,25% por mar). Y de las mercancías, sólo el 1,68% se transportan en tren (18% en la UE), frente al 95% por carretera y el 3,59% por mar, según el Observatorio del Transporte


En resumen: está muy bien que pronto tengamos un AVE a Barcelona, Valencia o Sevilla cada media hora, por menos de 40 euros, pero la clave es apostar por el tren para ir a trabajar en Cercanías o viajar en trenes menos rápidos pero suficientes, no sólo para las personas sino sobre todo para las mercancías, potenciando el corredor mediterráneo y atlántico, en beneficio de la eficiencia económica y el medio ambiente. Para conseguirlo, hace falta invertir en modernizar toda la red ferroviaria, no sólo en el AVE. Aunque vengan los franceses. Al tren.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Crece la "burbuja" del AVE


A pesar de los recortes, el Gobierno disparará el gasto en el AVE en 2015: invertirá 3.561 millones (más que en Educación y Cultura juntas) para que llegue a 7 ciudades más. Así, seguirá creciendo la “burbuja” del AVE: España ha gastado ya 48.631 millones en el tren de alta velocidad (un tercio más que los recortes hechos desde 2010) y somos el país con más kilómetros en servicio, tras China. Todo para que los trenes vayan medio vacíos. Una inversión ruinosa, pero las constructoras hacen negocio construyendo el AVE y la industria utilizándolo de escaparate para venderlo por el mundo. Ahora, el Gobierno pretende construir 2.400 kilómetros más, para que en 2024 todas las capitales estén unidas por AVE. Una locura a costa de abandonar los demás trenes y las cercanías, lo que usa la gente. Y de recortar en educación, tecnología, sanidad y gastos sociales. Urge pinchar la burbuja del AVE, un despilfarro.
 
enrique ortega

La fiebre del AVE empezó en España con los fastos de 1992, al empeñarse Felipe González en llevar el tren de alta velocidad a su Sevilla natal. Le siguió Aznar, con más entusiasmo: en su segundo debate de investidura (abril del 2000), se marcó como objetivo unir Madrid con todas las capitales de provincia en menos de cuatro horas. Después, Zapatero recogió el testigo con entusiasmo y destinó al AVE una media de 5.000 millones entre 2008 y 2011. Eso sí, dejó el poder con 14.000 millones en obras pendientes y sin pagar. Y Rajoy, tras afrontar esta herencia, ha destinado ya 10.000 millones al AVE en esta Legislatura (lo que ha recortado en Sanidad y Dependencia juntas). Y en 2012 aprobó un Plan de infraestructuras que pretende invertir 25.000 millones más en el AVE hasta 2024, para conseguir  entonces que todas las capitales estén unidas por tren de alta velocidad (incluso Ávila o Soria). Y que 9 de cada 10 españoles vivan a menos de 30 kilómetros de una estación del AVE.

Para 2015, el Gobierno Rajoy ha subido su apuesta por el AVE, la inversión que más crece en los Presupuestos: destinará 3.561 millones de inversión, casi el doble que en carreteras y aeropuertos juntos, casi lo que a Sanidad (3.861 millones) y más que a Educación (2.273 millones) y Cultura (749 millones) juntas. El objetivo es poner en marcha 1.000 kilómetros más de alta velocidad y que el AVE llegue en 2015 (año electoral) a siete ciudades más: Zamora, Orense, Burgos, Palencia, León, Murcia y Cádiz. Eso sí, las nuevas líneas del AVE (a Galicia, Asturias, País Vasco, Extremadura, Andalucía oriental y Murcia) “tienen truco”, son “de segunda categoría”: sobre plataformas dobles, se va a instalar sólo una vía (con pequeños tramos dobles para facilitar cruces) y los trenes circularán sólo a 200/250 km-h. Según Fomento, es una solución “provisional”, que pretende hacer más con menos e inaugurar antes.

Este nuevo empujón al AVE en 2015 engorda la ya impresionante burbuja” del AVE en España. Tenemos 3.100 kilómetros en servicio, la mayor red del mundo, salvo China (11.200 km) y la mayor por habitante con mucho (61 km. por millón de habitantes frente a 31 Francia). Y todavía hay 1.500 kilómetros en construcción y otros 900 en estudio. El AVE llega ya a 31 ciudades en 21 provincias (y en 2015 a 38 ciudades). Y en esta “burbuja” nos hemos gastado ya 48.631 millones de euros (el gasto público en investigación entre 2010 y 2014), un tercio más de los 35.000 millones  recortados por ZP y Rajoy desde 2010.

Una factura de 15 millones de euros por kilómetro, que se ha desviado unos 5.000 millones sobre lo inicialmente presupuestado, por  los sobrecostes (+2.000 millones en la línea Madrid- Barcelona). De hecho, el Congreso ha pedido en octubre al Tribunal de Cuentas que revise los costes de todas las obras del AVE realizadas desde 2002. Obras que se han ligado también a presuntos casos de corrupción, como el caso Bárcenas o el del hijo de Pujol. Y esto es doblemente grave porque casi la cuarta parte de las inversiones del AVE español han salido de los bolsillos de los europeos (unos10.000 millones entre 2004 y 2013). Pero la mayoría han salido de nuestros impuestos y del canon que paga Renfe (o sea, todos los viajeros) al gestor de las infraestructuras ferroviarias, ADIF (una empresa pública con 231 millones de pérdidas), que además se está endeudando para pagar el AVE.

Y no es sólo que el AVE sea una inversión faraónica, es que resulta ruinosa: en 22 años, sólo se ha recuperado por billetes un tercio de la inversión, 14.200 millones en ingresos. Y eso porque los trenes de alta velocidad, muy caros, van medio vacíos: en 2013 tuvieron 24 millones de viajeros, poquísimos comparados con los 160 millones de los trenes rápidos alemanes (con la tercera parte de red) o los 120 millones de pasajeros de Francia (con 2.000 km de TAV). El Gobierno esconde los datos de viajeros y los últimos que dio (año 2012) reflejan que la ocupación ronda el 50%, con muchos trayectos por debajo: 63,8% ocupación Madrid-Málaga, 63,4% Madrid-Barcelona, 61% Madrid- Sevilla, 58% Madrid- Valencia, 32,9% Madrid- Valladolid (costó 4.205 millones), 25,8% Madrid- Cuenca-Albacete (costó 3.530 millones), 24,5% Vigo-Orense, 19,8% Santiago- Orense- A Coruña y 15,2% de ocupación entre Santiago-Orense, las líneas más recientes. Y lo más llamativo: sólo 16 de los 206 trayectos de alta velocidad tuvieron más de 100.000 pasajeros en 2012. En 48 trayectos hubo menos de un viajero al día y en otros 88 menos de 5 viajeros diarios. De hecho, Renfe cerró en julio 2011 la línea AVE de Toledo a Cuenca y Albacete porque sólo tenía 9 viajeros al día.

El Gobierno y Renfe trataron de hacer frente a este desastre bajando los billetes del AVE, en febrero de 2013, lo que aumentó un 23% los pasajeros. Y este año 2014 se esperan 28 millones de pasajeros. Pero es un récord insuficiente: “La red de AVE no tiene ni pies ni cabeza con el actual número de viajeros”, ha reconocido con toda franqueza el presidente de ADIF, la empresa pública que gestiona las infraestructuras del AVE. Cree que haría falta subir al AVE a 50 millones de viajeros, el doble que ahora, un objetivo que el Gobierno se marca para 2018. Y para lograrlo, pretende aplicar una agresiva política comercial e introducir la competencia privada, para forzar bajadas de precios, abriendo las líneas del AVE a empresas privadas. De momento, va a abrir en unas semanas el concurso para que una empresa privada explote el AVE Madrid- Valencia (que llegará a Murcia, Albacete, Alicante y Castellón), con trenes alquilados a Renfe. El quid está en lo que les cobren de canon por usar la red ferroviaria construida con dinero público (Renfe paga un 47% de sus ingresos): si les cobran poco, estaremos subvencionando todos un negocio privado y si les cobran mucho, no será rentable y quizás algún día haya que nacionalizarla, como las autopistas.

De hecho, la enorme inversión pública de España en el AVE ha beneficiado sobre todo a las empresas privadas que han construido las infraestructuras (las grandes constructoras, que se han quedado sin otros trabajos en vivienda, carreteras, puertos y aeropuertos), que ya han hecho el negocio aunque luego los trenes vayan vacíos. Y también a la potente industria ferroviaria creada alrededor de la burbuja del AVE: facturan unos 5.000 millones al año y son el segundo sector exportador, porque se han dedicado a vender AVEs por el mundo (La Meca, Brasil, USA, Rusia, Turquía, Kazajistán) gracias al escaparate y la experiencia del AVE en España, que pagamos españoles y europeos con nuestros impuestos y billetes.

Además de ser un negocio ruinoso, la burbuja del AVE tiene otros problemas. Uno, que se ha construido una red que permite circular sólo trenes de viajeros, no de mercancías, un uso mixto que podría haberse conseguido si España hubiera optado, como otros países (Francia, Italia, Alemania y ahora Portugal) por trenes de velocidad alta (de 180 a 250 km/h) que circulan por vías que permiten el paso de mercancías. Otro problema es que se mantiene el diseño radial, partiendo de Madrid, con lo que se puede viajar en AVE de la capital a Tardienta (un pueblo de Huesca de 1.000 habitantes) pero no de Valencia a Barcelona o a Málaga, por ejemplo. Y el tercero y más grave, que la inversión en AVE se ha comido a la carretera (no se mantienen viejas carreteras ni autovías) y sobre todo, al resto del ferrocarril.

Ciertamente, la apuesta por el AVE ha sido a costa del resto de trenes: en 2015, el AVE se llevará (3.561 millones) el 69% de la inversión nueva en ferrocarril (y el 80% del gasto ferroviario total), la red convencional el 9% (461 millones) y cercanías el 3% (153 millones), aunque transporte 412 millones de viajeros al año (17 veces más que el AVE), el 88% de los españoles que cogen el tren. La apuesta por el AVE ha llevado además al Gobierno a buscar dinero recortando del tren tradicional: en el verano de 2013, Rajoy decidió el cierre de 27 líneas de trenes regionales (el 20% de la red) y 172 estaciones, perjudicando a 1 millón largo de viajeros. Además, redujo frecuencias, quitando uno de cada cuatro trenes regionales. Todo para ahorrar 26 millones de euros el primer año, lo que costó un kilómetro del AVE Barcelona-frontera francesa.

Pocos temas están tan claros como el despilfarro del AVE, propio de “nuevos ricos (Francia y Portugal han frenado sus líneas de alta velocidad por la crisis). Es carísimo y se come recursos que necesitaríamos para otras cosas y para el resto de trenes. Y además, no es rentable, porque los españoles lo usan poco, por sus altos precios y la crisis. Habría que parar ya la burbuja, no echar un euro más al AVE y apostar por trenes rápidos (180/250 km es suficiente), modernos y más baratos, junto a las mercancías y las cercanías. Y dejar de presumir de un AVE en cada ciudad, porque es un capricho ruinoso.