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jueves, 11 de enero de 2024

Los becarios ya cotizan (poco)

Desde el 1 de enero, es obligatorio que las empresas e instituciones que contratan a becarios (más de 1,2 millones) coticen por ellos, para su futura jubilación y para cubrirles en caso de accidente de trabajo. Pero su cotización está bonificada por la Seguridad Social, al 100%  los  estudiantes de Formación Profesional (las empresas no pagan nada por ellos) y al 95% los becarios universitarios, por los que empresas e instituciones pagarán ahora menos de 10 euros al mes. Y aún así, protestan, tanto las Universidades (que gestionan las becas) como los que contratan becarios, aunque les costarán menos que una comida. Mientras se ha avanzado con su cotización, está paralizado el Estatuto del Becario, que presentó Yolanda Díaz y los sindicatos en junio, sin que luego lo aprobara el Gobierno y con la oposición de la patronal. Entre tanto, el Europarlamento ha pedido a la Comisión una Directiva para regular las prácticas de los jóvenes europeos. Urge regular el trabajo de los becarios, porque hay demasiados abusos. Y poco empleo real.

                   Enrique Ortega

España es un país con muchas empresas e instituciones donde trabajan “becarios”, jóvenes que hacen prácticas durante algunos meses, la mayoría sin cobrar: los vemos en bancos, consultoras, aseguradoras, asesorías, despachos de abogados, medios de comunicación, empresas de marketing y una larga lista de empresas e instituciones que los han utilizado para contar con “mano de obra gratuita” y para “seleccionar personal”. De hecho, España es el 2º país europeo con más becarios universitarios, tras Eslovenia, según un Informe de 2015: el 67% de los titulados universitarios de 18 a 35 años habían hecho alguna práctica como becario, el doble que la media en la UE (33% de titulados han sido becarios). Y según otro estudio europeo de 2017, España era uno de los paises con más becarios que no cobran nada: el 58% no percibían remuneración, aunque un 70% de ellos trabajaban igual que sus compañeros no becarios. Y lo peor: 2 de cada 3 becarios acabaron sus prácticas sin quedarse en la empresa, repitiendo prácticas en otras empresas varias veces más.

Ya en 2012, la Comisión Europea advirtió a España que la mayoría de los becarios españoles hacían prácticas sin contrato ni garantías y pidió al Gobierno que mejorara sus condiciones laborales. Pero sólo lo han hecho algunas grandes empresas, sobre todo bancos, consultoras y multinacionales, que han firmado convenios con Universidades para cubrir cada año plazas de becarios, por unos meses, con un contrato y a veces con un pequeño sueldo (entre 600 y 1.000 euros mensuales). Pero la mayoría de los becarios siguen haciendo prácticas sin cobrar y quejándose de que aprenden poco, porque realizan tareas menores y no tienen un “mentor”, un tutor que les guíe o ayude (y si lo tienen, les dedica poco tiempo). Y en paralelo, las empresas se quejan de que los becarios “les llegan muy verdes”, “sin saber su cometido”, olvidando que van a aprender, no a cubrir un empleo.

Las asociaciones de jóvenes universitarios, los sindicatos y muchas Universidades llevan años pidiendo “regularizar” la situación de los becarios, desde hacerles un contrato a cotizar por ellos. Aprovechando la pasada reforma de las pensiones, el Gobierno Sánchez (el ministro Escrivá) introdujo en el Real Decreto Ley 2/2023, de 17 de marzo de 2023, un compromiso para que las empresas e instituciones que contratan a becarios sin remuneración (los becarios que reciben un sueldo ya cotizan desde 2011) coticen por ellos, una obligación que entró en vigor el 1 de enero de 2024. Eso sí, la cotización ahora obligatoria por estos becarios (en torno a 1.200.000 jóvenes) será nula o muy baja.

Hay dos tipos de becarios no remunerados y habrá dos tipos de cotización. En el caso de los estudiantes de formación profesional (FP) que hacen prácticas formativas en empresas (unos 500.000 el curso pasado, aunque este curso 2023-24 las prácticas/formación dual son obligatorias para todos los alumnos de FP, 1 millón en España), la Seguridad Social bonifica ahora el 95% de su cotización y el Ministerio de Educación paga el 5% restante, con lo que la empresa o institución donde haga las prácticas no cotiza nada por el becario. En el caso de los becarios universitarios (otros 650.000), la Seguridad Social bonifica el 95% de la cotización por contingencias comunes (la mínima) y la empresa o institución que los acoja debe pagar el 5% restante, más la cotización mínima por contingencias profesionales.

¿Cuánto van a pagar las empresas o instituciones por tener uno o varios meses a estos becarios universitarios (los de FP no les cuestan nada)? La cuota por contingencias comunes (excluida la prestación por incapacidad temporal, la baja por enfermedad, que no les cubre) es de 57,87 euros mensuales, pero como se les bonifica el 95%, sólo pagarán 2,89 euros mensuales. Y otros 7,03 euros mensuales por contingencias profesionales (no bonificadas), que cubre al becario en caso de accidente laboral o enfermedad profesional. En total, pues, la empresa o institución que contrate a un becario pagará 9,92 euros al mes, menos de 10 euros durante un periodo que suele ser de 2 a 6 meses. El coste de invitarle a comer… Y a cambio, el becario cotiza estos meses de prácticas (y otros que haga) para su futura jubilación y está más protegido en caso de accidente laboral. Eso sí, no les da derecho a cobrar el paro.

Pero resulta que las Universidades y muchas empresas han puesto el grito en el cielo por tener que cotizar ahora por los becarios universitarios (esos 650.000), por tener que pagar menos de 10 euros al mes por ellos… Ya hay empresas y sobre todo pymes (como farmacias, que tenían becarios estudiantes dos meses) que no van a coger becarios este año, al tener que cotizar por ellos, aunque dicen que no es tanto por el dinero (una miseria…) como por el coste administrativo de darles de alta en la Seguridad Social. En el caso de las Universidades, los rectores se han opuesto frontalmente a la nueva cotización, quejándose de que no tienen una estructura burocrática para afrontar este trabajo (hay Facultades que gestionan 400 prácticas y eso ahora les supone más trabajo).

El problema es que hay dos tipos de prácticas universitarias. Unas, las “curriculares”, son obligatorias, están ligadas a los estudios de grado, máster o doctorado: si el alumno no hace estas prácticas, no obtiene el titulo (caso de Farmacia, Medicina, Magisterio y muchas otras carreras). Las otras prácticas, extracurriculares”, son voluntarias: los universitarios las pueden hacer o no, para mejorar su currículo y empleabilidad, pero no se exigen para titularse. Ahora, los universitarios que están forzados a hacer prácticas para titularse tienen un doble problema: conseguir una empresa o institución (el 65% de las prácticas se hacen ahora en instituciones públicas) que les coja y que quiera cotizar por ellos (menos de 10 euros al mes). Ya hay Universidades que denuncian el rechazo de empresas e instituciones y que se han visto obligadas a cotizar ellas (las Universidades) por los becarios para “colocarlos”.

Es una vergüenza que alguien rechace a un becario por evitarse papeleo y pagar 10 euros al mes, pero hay que inscribirlo en una vieja tradición de muchas empresas que no ven la necesidad de formar jóvenes (y menos pagando…), aunque luego se quejan de que no encuentran trabajadores… Mientras, los sindicatos creen que la obligatoriedad de cotizar por los becarios tiene una ventaja adicional, además de mejorar su protección laboral actual y su pensión futura: controlar el alcance de las prácticas, el abuso de la figura del becario, saber exactamente cuántos becarios hay, donde están y en qué condiciones. Además, Gobierno, sindicatos y patronal se han comprometido a negociar cómo reconocer la cotización de los becarios que han trabajado en los últimos 5 años, cara a su futura jubilación.

La cotización obligatoria de todos los becarios, desde el 1 de enero, es un gran paso para dignificar la primera experiencia laboral de los jóvenes, pero no el único que hace falta. De hecho, el 14 de junio de 2023, el Parlamento Europeo reclamó a la Comisión Europea por una amplia mayoría (404 votos a favor, 78 en contra y 130 abstenciones, incluidas las del PP español) que apruebe una Directiva para regular las prácticas formativas en Europa, en materia de duración, remuneración y protección social, dado que la normativa europea vigente es de 2014, tras la crisis financiera y sin el auge de la digitalización.

Un día después, el 15 de junio de 2023, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se quiso apuntar un tanto presentando públicamente el Estatuto del Becario, pactado exclusivamente con los sindicatos (presentes a su lado), un acuerdo que no contaba con el apoyo de los empresarios pero tampoco del resto del Gobierno Sánchez: la vicepresidenta Calviño creía que “estaba muy verde” y la prueba es que no se había aprobado en Consejo de Ministros. Finalmente, se convocaron elecciones y el Estatuto está en un cajón, pendiente de un doble acuerdo: por un lado en el seno del Gobierno y por otro como un tema más a negociar dentro del “diálogo social” con los sindicatos y la patronal. Así que los becarios tienen cotización obligatoria pero no un Estatuto, como pidió el Europarlamento.

El proyecto (no aprobado) de Estatuto del Becario, promovido por Yolanda Díaz y los sindicatos, incluye tres temas polémicos. El primero, restringe las horas de prácticas que puede hacer el becario: las “curriculares” (obligatorias) no podrán supera las 1.500 horas (188 días) y las prácticas “extracurriculares” (voluntarias) se limitan a 480 horas (60 días), la mitad que ahora. El segundo, el que despierta más rechazo patronal, que se pretende obligar a las empresas a compensar gastos al becario (aunque no obliga a remunerarlas), desde gastos de transporte a manutención, compensación que no se aplica si la empresa paga algún tipo de sueldo al becario. Y el tercer punto controvertido, que se aumentarían mucho las sanciones a las empresas incumplidoras, desde 7.501 euros a un máximo de 225.018 euros. Además, el borrador de Estatuto del Becario incluye limitar el número de becarios (no más del 20% de la plantilla), el número de becarios por tutor (no más de 5) y ampliar sus derechos: disfrute de vacaciones y festivos, derecho a los servicios de la empresa y derecho a ausentarse del trabajo por asistencia médica, enfermedad o accidente.

Mientras la Directiva europea del Becario y el Estatuto del Becario en España están “aparcados”, los jóvenes tratan de conseguir una beca con la que poner un pie en el mundo del trabajo. Parece claro que necesitamos una norma que evite abusos y regule estas prácticas, integrando en la regulación los distintos intereses de empresas, Universidades y estudiantes. Parece claro que la clave es separar lo que es formación de lo que es trabajo, para evitar que algunas empresas e instituciones utilicen a los becarios para “ahorrarse mano de obra”. De hecho, UGT estima que las empresas españolas se ahorran 3.300 millones anuales en salarios y otros 1.312 millones en cotizaciones por tener becarios. Esto es lo que hay que regular: que se les pague algo dignamente y que coticen por ellos, para que estén cubiertos ante incidencias y cara a su futura jubilación.

Pero los becarios son sólo una de las vías por las que los jóvenes acceden a un empleo. El alto nivel de paro de los jóvenes españoles (27,9% en menores de 25 años, frente al 14,5% en la UE-27 y el 5,6% en Alemania, según Eurostat) obliga a poner en marcha un abanico de medidas para conseguir que trabajen más jóvenes (sólo trabajan el 38,8% de los jóvenes españoles de 15 a 29 años, frente al 49,2% en la UE-27 y el 61,7% de los jóvenes en Alemania). Por un lado están los contratos en prácticas y para la formación, pero otra vía es el contrato de relevo: un mayor de 60 años trabaja menos horas (jubilación parcial) y es sustituido esas horas por un trabajador joven. Un tipo de contrato que ahora se utiliza poco (sólo hubo 25.131 jubilaciones parciales en 2022), porque hay demasiadas restricciones y las empresas cotizan lo mismo por el trabajador que reduce su jornada para que lo releve parcialmente un joven. Algo preocupante porque tenemos unas plantillas envejecidas (2 millones de trabajadores tienen más de 60 años) y 500.000 jóvenes en desempleo.

Ante el preocupante panorama de los jóvenes en España, la OCDE nos dio en octubre pasado  dos recetas: mejorar su formación, para que aprendan lo que necesitan las empresas (que se quejan de que no encuentran los profesionales que buscan) y ayudarles a colocarse, con una reforma de las oficinas de empleo, para hacer un seguimiento de la empleabilidad de los parados y ayudarles a colocarse, sobre todo a los jóvenes. Ambas vías tienen que ver también con las prácticas, que deberían reconfigurarse no sólo para que no haya abusos sobre los jóvenes sino para que sean eficaces para encontrar un empleo futuro. Eso debería ser el centro de cualquier futura normativa sobre los becarios. Ayudarles a trabajar.

lunes, 19 de marzo de 2018

Los jóvenes, de mal en peor


La cacareada recuperación no llega a los jóvenes. Más de un tercio siguen en paro (37,46%) y somos el tercer país con más paro juvenil, doble que en Europa. Y tenemos la 4ª tasa más baja de empleo juvenil, mientras se crean empleos muy precarios (sólo el 2% de los contratos hechos a jóvenes en 2017 fueron indefinidos y a tiempo completo) y se abusa del contrato en prácticas, con licenciados trabajando en tiendas o de camareros. Y hay 1.400.000 jóvenes que trabajan de becarios sin cobrar ni cotizar. Los jóvenes que sí cobran, ganan 898 euros netos al mes (640 los menores de 24 años). Y con estos sueldos y esta precariedad, el 80% de los jóvenes siguen viviendo con sus padres. Los jóvenes no salen a la calle para protestar, como los jubilados o las mujeres, pero su situación es dramática. Urge un Plan de empleo, que fomente contratos justos para una generación muy formada pero subempleada. Y mejorar las ayudas fiscales y al alquiler, para que puedan emanciparse y crear una familia, tarea urgente para asegurar las pensiones. Hay que apostar por su futuro.



La crisis de la última década se cebó sobre los jóvenes: de los 3.802.800 empleos perdidos en España entre 2007 y 2014, casi las tres cuartas partes (2.744.000) los perdieron los jóvenes menores de 30 años, según la EPA. Ahora, han recuperado 914.600 empleos (un 44,6% de todo el empleo creado), que es bastante, pero aún les queda recuperar dos tercios del empleo perdido (1.829.400 empleos pendientes de recuperar por los menores de 30 años). En 2017, los jóvenes consiguieron el 30% de todo el empleo creado, pero aún así, su tasa de empleo es baja: sólo trabajan 2.577.200 jóvenes menores de 30 años, el 39,66% de los jóvenes de esa edad. Y si tomamos a los jóvenes de 15 a 24 años, su tasa de empleo es sólo del 21,1%, la cuarta más baja en Occidente, sólo por debajo del nivel de empleo de los jóvenes en Sudáfrica (12,8% empleados), Grecia (14,4%) e Italia (17%) y muy lejos de Francia (28,6%), la media europea (34,7% jóvenes trabajando), la OCDE (41,4% empleados), Alemania (46,6%), Reino Unido y EEUU (50% jóvenes empleados), según la OCDE (2016).

A los jóvenes que han encontrado trabajo estos años les ha pasado como al resto de españoles: que han sido empleos muy precarios, más aún entre los jóvenes. Así, sólo 8 de cada 100 empleos han sido indefinidos (el 5% en Andalucía, Castilla la Mancha y Cantabria) y el 92% temporales, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y en 2017, sólo el 2% de los contratos hechos a los jóvenes (menores de 30 años) fueron contratos indefinidos y a tiempo completo, según una reciente respuesta parlamentaria del Gobierno. Impresionante. Con ello, el porcentaje de jóvenes asalariados (16 a 29 años) que trabajan con un contrato temporal es ya del 57,5% (1.347.100 de 2.333.200 ocupados), un récord histórico. Y si tomamos sólo a los jóvenes menores de 25 años, el 72% tienen un contrato temporal. Y además, el 23% de los jóvenes  tienen contratos a tiempo parcial, por horas, la mayoría porque no encuentran otra cosa. 

La creación de empleo en los últimos cuatro años ha ayudado a bajar el paro de los jóvenes, pero de forma insuficiente, ya que a finales de 2017 había 1.014.400 jóvenes en paro (de 16 a 29 años), uno de cada seis jóvenes, según la EPA. Lo más llamativo es que el paro ha aumentado en 2017  entre los jóvenes de 16 a 19 años, en +2.700 jóvenes, lo que se explica porque hay chavales que han dejado los estudios y se han animado a buscar trabajo a la vista de que aumentaba el empleo. Y eso pasa también en edades superiores. Así, hay 100.000 jóvenes de menos de 24 años que se han sumado a buscar trabajo desde 2014, la mayoría de ellos (60.000) en 2017. Un fenómeno preocupante porque muchos de ellos han dejado sus estudios para buscar trabajo y aumentar de momento las cifras del paro.

En conjunto, el paro juvenil se redujo en 110.200 jóvenes en 2017, pero la tasa de paro juvenil sigue siendo muy elevada: 54,20% (más de la mitad) entre los jóvenes de 16 a 19 años, el 33,95% para los de 20 a 24 años y el 21,71% para los de 25 a 29 años, tasas muy superiores a la media del paro en España (16,55% en 2017, según la EPA). En conjunto, España tiene la tercera mayor tasa de paro juvenil de Occidente, según las estadísticas de la OCDE (2017): 37,46% de los jóvenes menores de 25 años, sólo por detrás de Sudáfrica (53,3%) y Grecia (47,4%) y el doble de la media UE-28 (18,7% de paro juvenil), quedando por encima del paro juvenil de Italia (37,8%), Francia (24,6%), Portugal (23,9%), Reino Unido y la OCDE (13%), EEUU (9,2%), Alemania (7%) o Japón (4,7%). Y encima, en España hay 5 autonomías con una tasa de paro juvenil exagerada (menos 25 años): Melilla (68,59%), Extremadura (51,03%), Ceuta (48,94%), Andalucía (47,88%) y Castilla la Mancha (46,08%).

 Mucho paro juvenil y poco empleo, que además de precario se ve rodeado de abusos” en la contratación por parte de las empresas. El sindicato CCOO acaba de publicar un informe sobre los contratos de formación y aprendizaje donde denuncia que las empresas (sobre todo las más pequeñas) utilizan este contrato para ofrecer empleos a jóvenes licenciados que no pretenden mejorar su nivel educativo sino conseguir mano de obra barata. Así el 35% de estos contratos de formación se hacen en la hostelería y el comercio para jóvenes universitarios, encadenando ilegalmente contratos: un licenciado puede ser contratado para “aprender” de camarero y al año hacerle otro contrato como dependiente y al año otro como empleado de limpieza. La misma persona y sin cotizar un euro por él, ya que estos contratos están exentos, lo que ha privado a la Seguridad Social de ingresar 1.893 millones en cotizaciones los últimos 5 años (bonificaciones como ésta son una de las razones de su déficit). CCOO denuncia que con los contratos de formación se está subvencionando contratos precarios y ayudando a que las academias privadas (que cobran por cada “alumno”) ganen dinero, mientras la patronal CEOE quiere ahora que estos contratos de formación” se amplíen a mayores de 45 años (ahora el límite son 30 años).

Otro “abuso” en la contratación de jóvenes son los becarios. Un estudio de InfoJobs ya revelaba, en 2015, que el 52% de los becarios trabajaban gratis. Y ahora, en 2018, un informe de CCOO denuncia que en España hay 1.445.000 becarios que ni cobran ni cotizan: 1 millón son universitarios en prácticas externas, 63.000 desempleados en formación para el empleo y 100.000 en otras tres modalidades de prácticas no laborales. De hecho, cotizar por los becarios es obligatorio desde 2011, pero CCOO estima que sólo cotizan una minoría, unos 80.000 (otra causa del déficit de la Seguridad Social). Y encima, la patronal CEOE acaba de pedir que no se les obligue a cotizar ni a pagar a los becarios

Otro problema muy habitual en la contratación de los jóvenes es que hacen trabajos que poco tienen que ver con su formación, están “sobrecualificadospara el empleo, lo que les desanima mucho y supone un despilfarro de los recursos invertidos en formarles. En 2017, el 47,7% de los menores de 30 años estaban “sobrecualificados” para el trabajo que hacían, según el Observatorio  del Instituto de la Juventud,  especialmente en Aragón, Extremadura y Baleares, donde los jóvenes sobrecualificados suponían el 53% de los contratos. Y los universitarios que han hecho un master, aunque trabajen en lo suyo, ven que el 26,8% ganan menos de 1.000 euros y que el 61% no supera los 1.600 euros al mes, según un estudio del CRUE. Tanto estudiar para esto...

Entre el paro, la precariedad laboral y el tipo de contratos que tienen, el 39,3% de los jóvenes españoles menores de 30 años no ingresa nada, según el Observatorio 2017 del Instituto de la Juventud. Y entre los que sí ganan algo, el sueldo neto mensual es de 898,35 euros para los trabajadores menores de 30 años (y 640 euros al mes para los menores de 24 años). Una estimación que parte del Decil de Salarios de la EPA, que fija un salario medio bruto para los jóvenes de 1.029,30 euros al mes (2016), casi la mitad del salario medio bruto para todas las edades (1.878,1 euros brutos). El salario varía con la edad de los jóvenes, según la Encuesta de Salarios del INE 2015: si el sueldo medio bruto español es de 23.106 euros anuales, los jóvenes menores de 20 años ganan la tercera parte (7.526 euros brutos), los de 20 a 24 años la mitad (11.228 euros) y los que tienen entre 25 y 29 años ganan dos tercios de la media (16.046 euros brutos). Y las mujeres jóvenes menos, porque si la brecha de género es del  -22,86%, entre 20 y 24 años sube al -23,74% y luego baja al -14% entre 25 y 29 años.

Con este nivel de ingresos, poco pueden hacer los jóvenes, desde alquilar o comprar un piso a pensar en formar una familia o, mucho menos, ahorrar para la jubilación, como les piden algunos. Y la situación ha ido a peor en los dos últimos años, con la subida de los precios de los pisos (+6,2% en 2017, la mayor subida en 10 años) y de los alquileres (+18,4% en 2017, la mayor subida en 11 años). Estas fuertes subidas han afectado muy negativamente a los jóvenes, que tienen ahora mucho más difícil emanciparse. Así, comprar un piso le supone a un joven, de media, dedicar el 61% de sus ingresos a pagar la hipoteca, algo que además de imposible les invalida ante los bancos (cuyo tope es que el hipotecado destine a pagarles el 30% de los ingresos). Pero tampoco pueden alquilarlo porque el alquiler medio, de 767 euros (difícil de encontrar en una gran ciudad) les supone a los jóvenes dedicar el 85,4% de sus ingresos, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Imposible.

La consecuencia es evidente: con estos precios de pisos y alquileres y sus limitados ingresos (encima muy precarios e inestables), los jóvenes optan por quedarse a vivir con sus padres: en el verano de 2017, el 80,6% de los españoles jóvenes menores de 30 años vivían con sus padres, nada menos que 5.236.860 jóvenes, 4 de cada 5 en esas edades, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Y hay 8 autonomías donde suben al 82% los jóvenes no emancipados: Andalucía, Extremadura, Murcia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, la mayoría de España. Un dato que contrasta con el 70% de jóvenes no emancipados en Europa.

Si el presente de los jóvenes es difícil, a pesar de la recuperación, el futuro se presenta más problemático, por dos razones. Una, porque para 2030, un tercio de los empleos actuales (34%) están en riesgo, por la robotización de la economía, según un reciente estudio de la consultora PWC hecho en 27 países, que señala a España como el 4º país más afectado por la automatización del trabajo, tras Eslovaquia (perdería el 44% de los empleos actuales), Italia (-39%) y Alemania (-37%). Ya hace un par de años, la OCDE señalaba a España como el tercer país occidental más afectado por la robotización, tras Alemania y Austria.

Pero hay otro motivo de preocupación: el empleo del futuro será más especializado y el 70% de los nuevos empleos que se creen en 2025 requerirán una “alta formación”, según la Comisión Europea. Y nuestros jóvenes (25-34 años) tienen todavía baja formación, aunque un tercio largo sean universitarios, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Ante este difícil panorama para los jóvenes, con poco empleo, mucho paro y un futuro que exige más formación, ni el Gobierno Rajoy ni la “oposición” plantean alternativas, mientras los jóvenes se mantienen “dormidos”, tratando de sobrevivir al día a día. Es urgente tomar medidas para afrontar el futuro de nuestros hijos y nietos, cada día más oscuro. Y como en todo lo demás, no hay “soluciones milagro”, sino que hace falta afrontar un abanico de medidas a corto, medio y largo plazo, que exigen dinero, medios y valentía política.

Lo más urgente es poner en marcha un Plan de empleo que gire en torno a los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años, los que menos se benefician de la recuperación. Hay que acabar con los “contratos basura” para jóvenes, que esconden la “explotación laboral” y la precariedad bajo paraguas de formación y aprendizaje. Y fomentar la contratación estable a tiempo completo, con incentivos fiscales y más inspección de trabajo. E implicar a las empresas y a la Universidad en la formación para el empleo, con más prácticas remuneradas y unos cursos de formación actualizados para los jóvenes parados. Y, por supuesto, una reforma a fondo de las oficinas de empleo (SEPE), para que reorienten y coloquen a los jóvenes. No basta con gastar el dinero europeo (Garantía Juvenil) en buscar un contrato en prácticas o un curso de formación a los jóvenes por unos meses. Hacen falta contratos de verdad.

En paralelo, hay que reformar de arriba abajo la enseñanza, desde la ESO al Bachillerato y la Formación Profesional y la Universidad, para que los niños y jóvenes actuales estudien lo que la economía va a demandar dentro de 2 décadas (quizás no sepamos qué, pero si sabemos los estudios que no tendrán salida, para no seguir “fabricando parados”). Y en esta tarea, resulta clave recuperar a los jóvenes perdidos por el camino, ese 18,2% de jóvenes que han abandonado los estudios (en Europa son el 10,7%) en 2017 (570.672 jóvenes de 18 a 24 años) para irse al paro o al subempleo y que habría que recuperar para las aulas, para que tengan oportunidades de empleo en el futuro.

Un tercer frente de actuación es apostar por una política de apoyo a la familia (en España sólo se gasta el 0,7% del PIB en ayudas a la familia, según Eurostat, frente al 1,7% de media en la UE-28 y el 2,4% en Francia, que tiene incluso un Ministerio de Familia, como Alemania), con múltiples actuaciones para ayudar a los jóvenes a emanciparse y crear una familia: ayudas a la vivienda (sobre todo al alquiler: el nuevo Plan de vivienda da 390 euros de ayuda mensual a los jóvenes que ganen menos de 19.000 euros, pero es insuficiente para muchos jóvenes y además las ayudas provocarán más subidas de los alquileres), promoción de guarderías, horarios laborales más razonables, mejora permisos paternidad y maternidad, ayudas a la natalidad y medidas fiscales, para frenar la caída de la población y aumentar el número de cotizantes, clave para salvar las pensiones a medio plazo (las de "los jóvenes de hoy").

Pero sobre todo, Gobierno, políticos e instituciones tienen que demostrar a los jóvenes que saben dónde vamos, que nos preocupamos por las nuevas generaciones y por sentar las bases del futuro de España. Porque lo que hay ahora, con el 80% de los jóvenes dependiendo de los padres, es la muestra de un gran fracaso, como país y como generación. No se escuden en el “conformismo” de los jóvenes o en su “impotencia” para seguir sin hacer nada. Nos estamos jugando su futuro.

lunes, 15 de junio de 2015

España: demasiados becarios en precario


Lo acaba de decir la OCDE: España es el segundo país con más becarios de Europa. Y somos el país que peor les paga, el que menos les atiende y donde 2 de cada 3 titulados no consigue ser contratado al terminar sus prácticas. La OCDE advierte a España: existe el riesgo de que se esté “abusando de las prácticas”. De hecho, los becarios crecen como hongos en empresas y organismos, muchas veces no para formarse sino para cubrir un puesto de trabajo, con contratos precarios y menos sueldo. Y los universitarios se pegan por estas becas, porque no encuentran trabajo de otra manera: en 2014, sólo 3,8 de cada 100 nuevos empleos fueron para jóvenes. Y en 2015, han perdido empleos. Además, el 52% de los jóvenes están en paro. De eso se abusa para ofrecer becas que son en realidad empleos precarios. Hay que aumentar las inspecciones y reducir este fraude. Y fomentar el empleo “normal” de los jóvenes. Darles una salida digna.


enrique ortega


España es un país de becarios. Se les encuentra en multitud de grandes empresas, bancos, pymes, medios de comunicación, organismos e instituciones y hasta en La Moncloa, donde cada año hay unos 16 becarios que hacen múltiples tareas, entre ellas responder a las cartas que los ciudadanos le mandan a Rajoy. Los becarios suelen ser jóvenes universitarios que hacen prácticas unos meses, como complemento a su formación académica. Son prácticas no laborales y los becarios no tienen contrato y están al margen del convenio, en cuanto a horario y condiciones de trabajo. Generalmente no cobran, salvo ayudas para transporte o comida. Sí pagan por ellos Seguridad Social (no siempre), pero cuando acaban sus prácticas no tienen derecho a desempleo. Otra clase de becarios son los jóvenes que contratan las empresas en prácticas o formación, con contrato laboral (hay 5 modalidades), aunque con más precariedad (temporales y por días y hasta por horas) y peores salarios.
 
Los becarios universitarios en prácticas no laborales son los que más han crecido y en muchos casos, no se trata de prácticas para formarles sino de cubrir con ellos un empleo unos meses, sustituyéndolos luego por otro becario. De hecho, España es el segundo país europeo con más becarios universitarios, tras Eslovenia: un 67% de los jóvenes titulados de 18 a 35 años han hecho prácticas en empresas, frente al 33% de media en Europa (UE-28), según el último informe “Juventud, habilidades y empleabilidad 2015” de la OCDE. Y no es sólo que tengamos el doble de becarios. Además, les pagamos peor: sólo el 42% recibe alguna compensación económica y de ellos, al 71% no les para vivir (frente al 54% en Europa). Tampoco se les ayuda mucho: sólo el 79% de los becarios españoles tiene un tutor que les ayuda en la empresa (frente al 91% en la UE-28). Y lo más preocupante: dos de cada tres becarios españoles (66%) acabaron sus prácticas sin conseguir quedarse en la empresa. Y bastantes de ellos, vuelven a hacer prácticas una segunda o tercera vez.


La OCDE reconoce que las prácticas para universitarios pueden ser una buena vía para acceder a un empleo, pero en el caso de España advierte que “existe el riesgo de que se abuse del modelo”. De hecho, son miles las empresas y organismos que ofrecen becas, en muchos casos para cubrir empleos estables. Según un estudio de la Universidad de Barcelona, tras la adaptación al Plan Bolonia, las prácticas han pasado de ser el 23% de las ofertas de empleo para jóvenes al 55%. Y aunque no hay datos oficiales, se estima que hay más de medio millón de becarios en empresas e instituciones. Cada día hay más empresas y pymes que incorporan becarios y cada año hay miles de universitarios que buscan desesperadamente unas prácticas, ante la falta de empleo. Basten algunos ejemplos. En los dos últimos cursos, 135.000 universitarios se presentaron a las becas del Santander para pymes, concedidas a 5.000 titulados, para trabajar 3 meses por 600 euros al mes. En el BBVA, han trabajado 5.000 becarios universitarios en los últimos 5 años. Y otros 40.000 titulados han hecho prácticas con becas de la Fundación Universidad- Empresa.

Las prácticas están bien para facilitar la inserción laboral, pero hay muchos abusos, como denuncian los afectados. El principal, empresas que han despedido a trabajadores maduros para cambiarlos por becarios, que sustituyen por otros cuando ya tienen que contratarles o hacerles fijos. Y otras compañías utilizan becarios para cubrir bajas laborales por enfermedad o maternidad. En algunos casos incluso, las empresas financian las matrículas de sus becarios en cursos universitarios para poder extender el convenio o recomiendan a los estudiantes que dejen algunos créditos sin matricular para poder continuar la beca. Es “la picaresca de los becarios”, que no se denuncia para no perder la oportunidad de trabajar. La consecuencia es una “becarización” del mercado laboral, que es mala para los jóvenes (precarizan su trabajo y retrasan su contratación estable) y mala para el resto de los trabajadores (porque presiona a la baja sus salarios y condiciones laborales, ante el temor a su sustitución).

Hace ya varios años, en 2012, la Comisión Europea advirtió a España que buena parte de los becarios realizaban prácticas sin convenio, sin contrato, resaltando que la mayoría de las prácticas no acaban en un contrato. Y pedían al Gobierno que mejorara sus condiciones laborales (horarios y sueldos), algo que no se ha hecho. Sí se ha obligado, por una sentencia del Supremo de 2013, a que las empresas y organismos coticen a la Seguridad Social por los becarios universitarios. Pero para que no dejen de coger becarios, el Gobierno Rajoy les bonifica (perdona) el 100% de esta cotización desde agosto de 2014, con lo que los becarios siguen saliendo “baratos”. En paralelo, este Gobierno ha fomentado extraordinariamente los contratos para la formación y aprendizaje de los “jóvenes” (los subió hasta los 30 años), con una duración de 1 a 3 años, bonificando el 100% de sus cotizaciones y con un sueldo sobre los 648 euros, lo que permite mano de obra barata, con contratos precarios.

El problema de los becarios no es solo español. Cada día se multiplican las denuncias contra abusos en empresas de EEUU y de Europa, donde impactó en agosto de 2013 el caso del joven becario alemán Moritz Erharrdt, muerto en Londres tras pasar tres días seguidos trabajando sin descanso en la oficina de Merrill Lynch, filial de Bank of América. Por todo ello, la Comisión Europea aprobó en marzo de 2014 una serie de reglas para mejorar la calidad de las prácticas que se ofrecen a los jóvenes europeos. Entre ellas, que no duren más de 6 meses y que incluyan un acuerdo escrito donde se detallen las condiciones de trabajo y el contenido del aprendizaje. Pero son sólo “recomendaciones, no normas vinculantes para los países.

El problema de fondo es que los becarios y las prácticas crecen porque no hay otras vías de empleo estable para los jóvenes. En 2014, sólo 3,8 de cada 100 nuevos empleos creados fueron para jóvenes menores de 20 años. Y los jóvenes de 20 a 34 años volvieron a perder empleos, según la EPA. Y lo mismo ha pasado en 2015: los menores de 30 años han perdido otros 56.500 empleos en el primer trimestre, según la EPA. Con la crisis, las empresas no quieren jóvenes. Si en 2007 había 4.872.000 jóvenes menores de 25 años trabajando (23,92% de los ocupados), ahora son menos de la mitad, 2.309.400 (13,23% empleados). Y hay regiones, como Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Galicia o País Vasco, donde sólo 3 ó 4 de cada 100 ocupados son menores de 25 años, según Fedea. Un drama.

Para algunos, la receta (vieja) es bajar los sueldos a los jóvenes, pagarles menos. Es lo que ha propuesto siempre la patronal CEOE: un contrato de formación para menores (¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (los famosos mini-jobs de 400 euros). Y es lo que acaba de defender el FMI para España, al igual que el Círculo de Empresarios. Es un atajo engañoso, porque el problema de que no se contraten jóvenes es otro. A la mayoría les falta experiencia (el 80% busca su primer empleo) y muchos parados jóvenes tienen poca formación: el 58% de los 782.100 jóvenes parados (menos 25 años) solo tienen estudios obligatorios (hasta la ESO) y carecen de bachillerato, FP Superior o estudios universitarios, según la EPA. Y a los que tienen más formación, les faltan habilidades básicas para trabajar, como informática, idiomas, habilidades lectoras e iniciativa, según revela un reciente informe de la OCDE.

La solución no es precarizar más el trabajo de los jóvenes (el 70% con contratos temporales, la mitad con contratos a tiempo parcial y la mayoría con sueldos de 600 a 1.100 euros), sino mejorar su formación e incentivar su contratación estable, con bonificaciones y ayudas a las empresas. Y mientras, no tenerles “aparcados” con prácticas que son un empleo encubierto y súper-precario. Ello obliga a aumentar las inspecciones de Trabajo en las empresas, para detectar los múltiples casos de “falsos becarios” (en esta Web, los becarios pueden denunciar anónimamente). Y en paralelo, tomar medidas concretas, en el terreno legal, para frenar el abuso de las prácticas no laborales, como proponen los afectados. Por un lado, habría que limitar el porcentaje de becarios por empresa, nunca por encima del 5% (ni más de 1 en empresas de menos de 10 trabajadores). Y por otro, impedir la sustitución de un becario por otro en el mismo puesto y fijar de antemano un porcentaje de becarios que se conviertan en contratos laborales al término de las prácticas curriculares. Y todo ello, con información y supervisión de los Comités de empresa, para detectar abusos.

En resumen, que hay que acabar con los abusos a los becarios, dejando claro la situación: lo que es trabajo es trabajo y lo que es formación es formación. Y no aprovecharse del enorme paro juvenil y la falta de empleo para ofrecer empleos bajo el disfraz de prácticas. Claro que es mejor ser becario que estar parado, pero no se pueden permitir abusos. Porque retrasan la incorporación de los jóvenes al empleo y los “queman”, como trabajadores y como personas. No se puede seguir haciendo la vista gorda con las becas, con la excusa de que son una vía de encontrar trabajo. No a cualquier precio. Hay que perseguir los abusos, multar a las empresas y a las Universidades, no “mirar para otro lado”. Porque este “atajo” perjudica la contratación “normal” de los jóvenes, su futuro laboral. Hay que darles una salida digna.

lunes, 7 de octubre de 2013

Trabajo precario: los esclavos del siglo XXI


Ya nada nos sorprende, pero es indignante: empresas que no pagan las nóminas o bajan un 25% los sueldos, horas extras que no se pagan, médicos en paro que hacen guardias en cinco hospitales, profesores contratados por días, camareros con contratos a media jornada que trabajan 12 horas, becarios sin cobrar durante años, empleos a comisión sin  sueldo y hasta empresas que cobran a los que buscan trabajo. Miles de ejemplos de trabajo precario, ilegal y legal, de abusos a parados y trabajadores, cada vez más indefensos. España es el país con más precariedad de Europa, el paraíso del contrato temporal: el 92,16% de los firmados en 2013. Y así nos va: menos consumo, menos ingresos fiscales, menos cotizaciones, más accidentes y menos productividad. Y la patronal ha pedido todavía más flexibilidad en contratos, sueldos y horarios. La esclavitud laboral no ayudará a salir de la crisis. Nos hundirá por décadas.
                                    
                                                                                              Enrique Ortega
Tras cinco años de crisis, los trabajadores españoles están cada vez más indefensos, a merced de los crecientes abusos (legales e ilegales) de muchas empresas, grandes y pequeñas, que los consideran como trabajadores kleenex, de usar y tirar. Se recortan sueldos, se cambian horarios y se quitan horas extras, se reducen derechos y se cambian contratos más estables por otros temporales y precarios. Y el poco empleo que se ofrece es más precario y barato, mucho sin contrato, con sueldos de hasta 4 euros la hora. Incluso hay empresas que cobran por hacer los trámites de selección a parados, mientras uno de cada cuatro fraudes en Internet son ofertas de empleo falsas, según Inteco.

Un negro panorama, agravado por la crisis, el recorte en la inspección de Trabajo y la debilidad de los sindicatos. Con ello, España es el país de Europa con más precariedad laboral, según las estadísticas. Primero, somos el país con más contratos temporales: 23,1% de todos los contratos, frente al 14,1% en Europa. Y sobre todo en los dos colectivos que más los sufren: jóvenes (65% con contrato temporal frente al 43% en la UE) y mujeres (26,1% con contratos temporales frente al 23,9% los hombres). De hecho, este año 2013, un 92,16 % de los contratos firmados hasta septiembre son temporales, según Trabajo. Lo peor  además es que España es el país europeo donde menos contratos temporales se hacen fijos: 16% frente al 23% en UE o el 41% en Alemania.

Segundo, somos el país con más crecimiento de los contratos a tiempo parcial: un 33% de los firmados este año son a tiempo parcial y otro 28,5% por obra. Ya representan el 16,4% de los contratos, aún por debajo de Europa (19,5%), pero lo preocupante es que mientras en otros países hay una mayoría que “eligen” trabajar menos tiempo, en España se hacen porque son lentejas: o los tomas o no hay otros. Así, los contratos a tiempo parcial “involuntarios” son el 62% en España y el 28% en Europa (18% en Alemania). Y son las mujeres españolas las que acaparan el 80% de estos contratos a medias.

Hay muchas otras formas de precariedad en auge. Una, la subcontratación en cadena: personas que trabajan para una gran empresa a través de una, dos o más empresas interpuestas, subcontratistas que les explotan y malpagan quedándose con la diferencia. Y que desaparecen incluso si vienen mal dadas. Otra, los falsos autónomos, muchos de ellos trabajadores despedidos de una empresa que trabajan para ella en exclusiva, a veces en la misma mesa, como autónomos, pagándose su Seguridad social, sin vacaciones ni extras: arquitectos, periodistas, ingenieros y muchos profesionales de la construcción y hostelería. Y luego están cientos de miles de becarios, jóvenes que trabajan con o sin contrato, con o sin sueldo, años y años, la mayoría sin cotizar (ahora, tras una sentencia del Supremo, se obliga a muchos a cotizar desde septiembre). Ya en 2012, la Comisión Europea advirtió de la precariedad de los becarios españoles.

Y luego está el trabajo más precario, el empleo sumergido, que ha crecido con la crisis: se estima que hay entre 1 y 4 millones de empleos sumergidos, cubiertos por parados o por subempleados, la mayoría en la construcción, agricultura, hostelería y comercio, en el trabajo doméstico, entre cuidadores (niños y ancianos)  y en trabajos a domicilio. Y el último eslabón de la precariedad son los inmigrantes ilegales, contratados en la calle y llevados en furgonetas a trabajar a fábricas ilegales o al campo, hasta por 4 euros la hora.

Otra precariedad, que afecta a la mayoría de trabajadores, son los salarios a la baja y el auge de los mileuristas: cuatro de cada diez españoles, más de 15 millones de trabajadores, autónomos, parados y pensionistas ganan menos de 1.000 euros al mes. Y lo peor es que más de la mitad son minieuristas: 8,5 millones de españoles que ganan entre 400 y 860 euros al mes. Los salarios más bajos se dan entre los jóvenes (la mitad ganan menos de 1.000 euros) y las mujeres (ganan un 23% menos que los hombres, según el INE). Y ganan menos los que tienen un contrato temporal (un 32% menos de sueldo que los indefinidos) y un contrato a tiempo parcial (ganan  un tercio menos, incluso por hora: 10,89 € frente a 15,03 €).

Y como complemento, están cayendo las horas extras que se pagan: se han reducido al nivel más bajo de la última década, con una media de menos de media hora el mes (en 2006 era 1 hora al mes por empleado). Eso sí, se han cambiado horarios y se hacen más horas extras gratis, sin cobrarlas: en el cuarto trimestre de 2012 se hicieron 2.630.000 horas extras a la semana sin cobrar, una media de 12 minutos semanales por empleado. Eso son 40 millones de euros que se dejaron de cobrar y, lo peor, 65.750 empleos que no se crearon.

Unos cobran menos y otros trabajan sin cobrar. Por un lado, muchos becarios y jóvenes cualificados, que o no cobran o mal cobran, en empleos de baja cualificación: España es el país europeo con más jóvenes sobrecualificados, que ocupan empleos por debajo de su cualificación, un 33% frente al 21% en la UE. Por otro, trabajadores de empresas en crisis, como Panrico, que decidió no pagar las nóminas para pagar a proveedores. Otras, como Sniace o Balboa, ofrecen bajar los sueldos un 20/25% a cambio de no despedir. Otras no pagan nóminas porque no cobran de otras empresas o de la Administración (empresas de limpieza, Dependencia, servicios sanitarios o educativos), mientras sus empleados deben seguir trabajando para no perder derechos. Y otros no cobran porque su empresas está en quiebra o suspensión de pagos y el FOGASA no tiene dinero ni medios (150.000 expedientes pendientes) para pagarles sueldos e indemnizaciones. Y como colofón, aumentan las empresas que ofrecen trabajos sin sueldo, sólo a comisión.

Dentro del negro panorama de la precariedad, hay sectores que la sufren más. Uno de ellos, el turismo, nuestra primera industria, con el 10% del empleo: tiene más temporalidad (32,8% frente a 23,1% media española), más trabajo a tiempo parcial (28,6% frente a 16,4%), más autónomos (21,45% frente a 18,16%) y un 30% de las inspecciones detectan irregularidades. La última “moda” es la media jornada ficticia: se cobra y se cotiza por 4 horas y se trabajan 12. O la subcontratación de servicios en hoteles y los falsos autónomos. Otro sector precario es la enseñanza, con docentes que trabajan por días o meses, haciendo sustituciones. Y lo mismo los médicos, que incluso hacen un segundo MIR para trabajar 4 años por 1.500 euros. O los arquitectos: 60% son falsos autónomos que trabajan para empresas, como muchos periodistas “free lance”. Y miles de investigadores con contratos trampa para seguir investigando.

La precariedad, además de reducir los ingresos y los derechos laborales, tiene otras consecuencias muy negativas: reduce los derechos futuros (desempleo y pensiones), accede a menos formación, aumenta la siniestralidad laboral (los contratados temporales tienen el doble de accidentes que los fijos en muchos sectores) y acarrea más estrés y menos salud laboral , con un aumento de los problemas psicológicos: de hecho, con la crisis, se han triplicado las consultas por depresión y se han duplicado las ventas de ansiolíticos, mientras crece el consumo de alcohol y drogas, sobre todo entre los jóvenes.

Todo apunta a que, aunque pasemos de la recesión a la crisis, no va a reducirse mucho la precariedad. Primero, porque, con 6 millones de parados dispuestos a casi todo por trabajar, va a resultar difícil recuperar los derechos y sueldos perdidos por los trabajadores. Y segundo, porque los empresarios siguen exigiendo más flexibilidad laboral: la patronal CEOE ha pedido en agosto eliminar las restricciones a encadenar contratos temporales (ahora no se pueden tener más de 2 años), facilitar la conversión de contratos a tiempo completo en contratos a tiempo parcial y facilitar contratos donde se cobre menos del salario mínimo (645 €).O sea, piden más precariedad a cambio de crear más empleo (está por ver).

La precariedad es un cáncer no sólo para el trabajador, sino para la economía: no podemos competir en Europa y en el mundo con unas condiciones laborales marroquíes. No es sólo que no podemos perder los derechos laborales ganados en un siglo. Es que con trabajadores descontentos y desmotivados no se sale de la crisis. Hace falta luchar de verdad contra la precariedad, con más inspección de Trabajo, más medios, más multas y penas, más voluntad política y más rechazo social contra los abusos. Es un problema de dignidad, que sufren más los parados, jóvenes, mujeres e inmigrantes. ¡Basta ya ¡