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lunes, 20 de abril de 2015

Intereses negativos: pagar por invertir


Es una locura, pero sucede en España y en otros 10 países europeos: los inversores que compran deuda pública tienen que pagar por invertir, porque los bonos tienen intereses negativos. Y hay bancos que cobran por los depósitos a empresas y grandes clientes. Algo chocante, que rompe todas las reglas de la economía. ¿La causa? Que los tipos de interés están en mínimos  y hay mucho dinero para invertir y pocos sitios donde hacerlo. Así que bancos y fondos prefieren prestar a los Estados, con seguridad, aunque no ganen. Y más si creen que los tipos seguirán bajando, ahora que el BCE ha iniciado la compra de deuda, para inyectar más liquidez y reanimar la economía europea. Los intereses negativos son síntoma de que algo va mal, de que la economía no tira. Y muestran un fracaso: sólo con liquidez y tipos bajos no salimos del estancamiento, de la “nueva mediocridad” (FMI). Los países tienen que invertir y gastar más, para reanimar la economía y el empleo.
 
enrique ortega

España, 7 abril de 2015. Una fecha que pasará a nuestra historia económica: ese día, el Tesoro colocó Letras a 6 meses a un tipo de interés negativo, el -0,002 % anual. Eso significa que quien prestó 1 millón de euros al Estado recibirá en octubre 10 euros menos de lo que invirtió. Algo inaudito, que no había sucedido nunca antes y que contrasta con el récord de interés que tenía que pagar la deuda pública en 2011 (5,33% en noviembre las Letras a 6 meses) y en 2012 (3,69% en julio), hasta que comenzó a bajar del 1%, en enero de 2013.

El Gobierno Rajoy atribuye estos intereses negativos a que “los inversores confían en España”, pero es otra manipulación más: los intereses negativos se dan en media Europa desde principios de año, antes que en España y con más intensidad. Realmente, la primera vez que se dieron tipos negativos en Europa fue en Alemania, el 9 de enero de 2012, a raíz de la grave crisis de la deuda y el euro: los inversores huyeron de invertir en la Europa del sur y pusieron su dinero en Letras alemanas a 6 meses al -0,0122%. Era el coste de la seguridad. Luego, los tipos negativos se repitieron en el verano de 2012 (cuando se hablaba del rescate de España e Italia), en la deuda a corto de Alemania, Francia y Dinamarca, los países más “fiables”. Y tras las palabras de Draghi (BCE) amenazando con intervenir, los tipos se recuperaron y volvieron a ser positivos. Hasta que han vuelto a ser negativos en 2015.

Entre febrero y marzo de 2015, hasta diez países europeos han emitido deuda a tipos negativos, antes que España: Alemania, Bélgica, Austria, Holanda, Francia, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Suiza y hasta la rescatada Irlanda. Y con unos tipos negativos más acusados que en España, ya que se dan incluso en la deuda a más plazo: Alemania emite a tipos negativos toda la deuda a menos de 7 años (al -0,019%) e incluso Suiza ha emitido ya a tipo negativo (-0,055%) la deuda a 10 años, cuando en España sólo está en negativo la deuda a seis meses (quizás, en la subasta de mañana 21 de abril, también suceda con las Letras a 1 año). De hecho, un tercio de toda la deuda europea (2,26 millones de euros) cotiza ahora a tipos negativos, según el Banco de Pagos Internacionales de Basilea.

Una situación desconocida en la historia del capitalismo, uno de cuyos sagrados principios es la rentabilidad: nadie invierte para perder. ¿Qué pasa entonces? Se suman varios factores. Uno, que el precio oficial del dinero está por los suelos: el tipo oficial del BCE está en el 0,05% (desde septiembre de 2014) y hay 20 países que han bajado sus tipos este año (desde Suiza a la India, pasando por Rusia, Australia, Egipto o Perú), en un vano intento de depreciar sus monedas (“guerra de divisas”) y reanimar sus estancadas economías.  Pero esto sólo no explica los tipos negativos. La razón básica es que hay una enorme liquidez en todas las economías, que hay mucho dinero disponible y pocos sitios donde invertir con claridad. Y como la deuda pública tiene más seguridad, los Estados pueden colocarla incluso ofreciendo tipos negativos. Y más a los bancos y fondos de inversión o de pensiones, que tienen que invertir forzosamente una parte en deuda pública, para diversificar riesgos. De hecho, los que están comprando deuda a tipos negativo son grandes inversores, no inversores particulares.

Ligada a estas compras está la tercera razón: los bancos centrales de los países están cobrando a los bancos por los depósitos que tienen en ellos, para forzarles a que muevan este dinero y lo presten. Así, el BCE cobra desde septiembre a los bancos europeos un 0,20% por sus depósitos de liquidez y el Banco de Suiza cobra incluso el 0,75%. Así que los bancos prefieren colocar esa liquidez en deuda, pagando tipos negativos del -0,002% (España) o incluso del -0.019% (Alemania), que pagar al BCE el 0,20% (o el 0,75% al Banco de Suiza). Incluso, prefieren pagar algo por aparcar su dinero en deuda pública que “arriesgarse” a prestarlo a empresas o particulares, a tipos bajos y con riesgo (morosidad). Así de triste.

Otra razón, la cuarta, que explica la “locura” de los tipos negativos: la inflación negativa. Al final, la rentabilidad de una inversión ha de tener en cuenta lo que “se come” la inflación. En España, por ejemplo, en marzo de 2013 se podían comprar Letras del Tesoro a  6 meses con un interés nominal del +0,794%, pero la inflación era entonces del 2,4%, con lo que el tipo de interés real era del -1,66%: la inflación se comía con creces la rentabilidad. Ahora, con las Letras a 6 meses al -0,002% anual, como la inflación es negativa (-0,7% anual), resulta que el interés real es positivo, del +0,698%. O sea, la rentabilidad real es mayor. Y como los inversores creen que la inflación será negativa por un tiempo más, les compensa invertir con tipos negativos, al menos hasta que lleguen al suelo del -0,20% que les cobra el BCE.

Hay otra quinta razón para comprar deuda a intereses negativos: pensar que la divisa en la que se compra la deuda va a revalorizarse. Es lo que creen los que compran deuda en francos suizos: dentro de unos años, les devolverán menos francos pero la moneda valdrá más y compensará el tipo negativo. Y quizás pase también a medio plazo con el euro, ahora de capa caída, porque a EEUU le preocupa tener un dólar tan fuerte para exportar.

Y queda una sexta razón para explicar por qué alguien paga por invertir: la especulación. Los bancos y grandes inversores piensan que los tipos de la deuda van a seguir cayendo, dado que el BCE va a comprar deuda pública europea hasta septiembre de 2016. Y por eso, creen que si venden mañana la deuda comprada hoy, valdrá más (los tipos y las rentabilidades en el mercado secundario son inversos). Y que tendrán compradores, los que piensen que todavía la podrán vender ganando porque siga bajando.“Tonto el último”.

Al final, si todo el mundo cree que la deuda seguirá bajando, bajará. Y todos especularán pensando que cuanto más tarde compren será peor. El problema es que los tipos negativos son una locura falta de lógica y “pueden dañar seriamente al sistema financiero”, como ha advertido el Banco de Pagos Internacionales de Basilea. De hecho, los tipos negativos son gasolina para las Bolsas, que han batido sus récords históricos en Europa (salvo el IBEX y la bolsa italiana y francesa). Y están alimentando otra burbuja inmobiliaria, con los grandes Fondos invirtiendo en inmuebles y oficinas (y batiendo récords de inversión en España). Eso sí, los tipos negativos pueden ayudar a las empresas y a las familias, al bajar el coste de su financiación, pero la realidad es que el crédito no despega, ni en España ni en Europa.

Y hay otro riesgo: que los tipos negativos se trasladen a los depósitos, a lo que nos pagan por el ahorro. De momento, ya hay bancos alemanes (Commerbank y Skatbank) y americanos (JP Morgan, Goldman Sachs y BNY Mellon) que cobran a sus clientes por los depósitos, aunque de momento sólo a las empresas y a los que tienen depósitos millonarios. En España, la banca dice que no piensa en cobrar por los depósitos, pero está claro que ahora no les interesa tanto captar ahorro, porque no dan casi préstamos y el BCE les penaliza los depósitos. Así que muchos bancos están intentando “quitarse clientes sólo de depósitos, buscando los que operen más y tengan inversiones en fondos y Bolsa (que pagan comisiones).

El verdadero problema es que los tipos negativos, una anomalía histórica, son un claro síntoma de que la economía europea está enferma, del estancamiento, que se refleja en una inflación negativa que lleva a  los consumidores a retrasar su consumo y a las empresas a vender menos, recortando el crecimiento y el empleo. Y ya no es sólo un problema europeo. La recuperación mundial “es mediocre”, ha dicho la directora del FMI, Christine Lagarde, que ha acuñado el término de la “nueva mediocridad”: bajo crecimiento con  baja inflación, alto endeudamiento y alto paro (ver previsiones del FMI sobre la economía mundial). Y ello a pesar de la caída del petróleo y la recuperación USA, mientras preocupa el menor crecimiento de Latinoamérica (recesión en Brasil, Argentina y Venezuela, preocupante para las empresas españolas), China y países emergentes, amenazados por el alza del dólar (encarece su deuda) y la caída de las materias primas.

Al final, los tipos negativos reflejan también otro hecho: el fracaso de la política monetaria en solitario, el hecho de que sólo con tipos por los suelos y mucha liquidez no se sale de una crisis tan profunda como esta. Es un arma que ha tocado suelo: ya poco más pueden hacer los bancos centrales por reanimar la economía, sobre todo si han tomado tarde las medidas: el BCE, seis años y medio después que EEUU. Ahora, urge acompañar a la política monetaria con otras políticas, sobre todo con la política fiscal: que los países ingresen y gasten e inviertan más, para reanimar la actividad y tirar de la inversión privada. Que la liquidez y el dinero no vaya a comprar deuda pública sino que se dirija a relanzar la inversión, pública y privada, que es el motor del crecimiento y del empleo.

Y para ello hace falta, en Europa, relanzar el Plan Juncker de inversiones, con más aportaciones de los países, que por ahora sólo han comprometido 21.000 millones de los 315.000 previstos para 2015-2017 (el resto “esperan” que sean inversiones privadas). Y conseguir más ingresos públicos (de multinacionales, empresas y grandes fortunas) para fomentar las inversiones en infraestructuras, tecnología, formación y competitividad de Europa. Y en España, más de lo mismo: más ingresos públicos para fomentar la inversión pública productiva (hoy es menos de la mitad que en 2007, la tercera más baja de Europa) y promover un cambio del modelo productivo, para pasar de una economía basada en la construcción y el turismo a una economía competitiva en el siglo XXI.

En resumen, los tipos negativos son una locura y un claro síntoma de que la economía está muy enferma. Y hay un serio riesgo de nuevas burbujas, en las Bolsas y en el mercado inmobiliario. Y también una muestra de que los Gobiernos no pueden dejar todo en manos del BCE y los mercados, que ha llegado la hora de la política, de que los países tomen medidas eficaces para relanzar la inversión y el empleo, para salir del estancamiento y “la mediocridad” de que habla el FMI. Huir de la austeridad y apostar de verdad por salir de la crisis.

lunes, 30 de marzo de 2015

EEUU salió de la crisis, Europa no


Seis años y medio después de estallar esta crisis, EEUU ha salido claramente de ella: han creado más de 10 millones de empleos (2,1 millones más de los perdidos) y apenas tienen paro (5,5%).Y tienen menos déficit, menos inflación, mucho petróleo y gas y un dólar que casi vale un euro. Enfrente, Europa apenas crece, sólo ha recuperado la mitad del empleo perdido y  tiene un paro histórico (11,2%), mientras no tiran ni la inflación ni el crédito, síntomas de su estancamiento. Dos balances muy diferentes para dos continentes que han aplicado recetas dispares frente a la crisis: mientras EEUU ponía en marcha inversiones públicas, tres planes de liquidez y una drástica bajada de tipos, Europa no inyectó liquidez ni inversiones, incluso subió tipos y promovió los recortes, provocando una segunda recesión. Ahora, el BCE inyecta liquidez, una medida tardía e insuficiente. Urge olvidar los recortes, recaudar e invertir más y reanimar de verdad la economía europea. Aprendan de EEUU.
 
enrique ortega

Estados Unidos lleva 59 meses creando empleo, desde principios de 2010. Han creado ya 10.808.000 nuevos empleos (3,1 millones sólo en 2014), bastantes más de los 8.663.000 perdidos en esta crisis (entre 2008 y 2009). Con ello, USA tiene trabajando a 148 millones de personas, la mayor cifra de su historia. A este lado del Atlántico, Europa sólo ha recuperado la mitad del empleo perdido en esta crisis: 5.940.000 empleos de los 10.775.400 destruidos (y en la zona euro aún menos: 2,9 millones recuperados de 8,2 millones destruidos). Con ello, la tasa de paro en la zona euro es del 11,2%, la más alta desde la II Guerra Mundial, mientras en EEUU el paro es menos de la mitad, el 5,5%, cerca del pleno empleo (se considera así tener sólo un 5% de paro).

El diferente nivel de empleo creado es fruto de un diferente crecimiento. Mientras USA pinchó con la crisis sólo en 2008 (-0,3% PIB) y 2009 (-2,8%) y luego se recuperó con fuerza (+2,5% de crecimiento en 2010, por encima del 2% después y un crecimiento del 2,4% en 2014), Europa entró en crisis un año más tarde que USA (en 2008 creció un 0,5%) pero con mucha más virulencia (-4,5% en 2009) y aunque creció (menos) en 2010 (+1,9%) y 2011 (+1,6%), la zona euro volvió a caer en una segunda recesión en 2012 (-0,7%) y 2013 (-0,5%), para crecer justo la tercera parte que EEUU en 2014 (+0,8%). Y de ahí la distinta creación de empleo.

Hay un dato clave: en octubre de 2009, en el peor momento de esta crisis, Europa y USA tenían el mismo nivel de paro: justo el 10% (ver este gráfico). Y ahora, EEUU tiene casi la mitad (5,5%) y Europa aún más que entonces (11,2%). ¿Qué ha pasado en estos años para que el balance sea tan diferente? Pues que ambos continentes han aplicado recetas distintas. EEUU básicamente tres: inyectar liquidez al sistema (con tres compras de deuda, en noviembre de 2008, noviembre 2010 y septiembre 2012, por un importe de 3,3 billones de dólares), relanzar la inversión pública y bajar impuestos (con un Plan de estímulos de 800.000 millones de dólares en febrero de 2009 y otro de 360.000 millones en septiembre de 2010) y un recorte drástico de los tipos de interés, para reanimar la economía (los bajaron del 4,75% de 2007 al 0,25% en diciembre de 2008, nivel donde los han mantenido hasta hoy). Mientras, Europa abandonó  sus estímulos en 2010, forzó a unos recortes generalizados de inversiones y gastos (con subida de impuestos en España y otros países), mientras bajaba lentamente tipos (en 2008, cuando USA los tenía en el 0,25%, aquí estaban en el 2,5%) e incluso los subió (el BCE, en abril y julio del 2011), para bajarlos al 0,25% en noviembre de 2013, cuando Europa ya estaba en la segunda recesión.

Dos recetas distintas, reanimar al enfermo o recortarle drásticamente la medicación. Y así ha pasado: uno está fuera del hospital mientras el otro salió de la UVI pero sigue en planta, débil. Y no es sólo que Europa crezca poco, cree poco empleo y tenga mucho paro. Es que además, ha recortado su déficit público, el gran objetivo, menos que los norteamericanos: el déficit público USA ha bajado del 11,3% del PIB (2010) al 5,5% en 2014 (menos que el 5,7% de España) y aún lo bajarán al 4,3% este año, a pesar de que han gastado más en reanimar la economía. Eso es porque han crecido más y así recaudan también más. Mientras, la zona euro ha bajado su déficit público del 6,2% del PIB (2010) al 2,9%, menos que EEUU. Y hay 9 países UE (como España) con el déficit muy por encima del 3%. Así que tanto ajuste para eso. Claro, al llevar la economía al estancamiento, no se recauda y apenas se recorta el déficit.


Además, EEUU crece con una inflación controlada (1,8% en 2014), mientras Europa apenas tiene inflación (0,4% en 2014) y sufre el riesgo de deflación (-0,1% previsto para 2015), un claro síntoma de que la economía está anémica, que las empresas tienen que tirar precios para  vender y que los consumidores esperan a que los precios bajen más para comprar, lo que retrasa las ventas, el crecimiento y el empleo. Y con media Europa endeudada hasta las cejas (como España), la baja inflación encarece y dificulta devolver los créditos.

Así que Europa ha cosechado el estancamiento que se ha “auto-recetado” y del que ya les avisó Obama: en mayo de 2010, envió una carta  al G-20 advirtiendo a sus socios europeos del “peligro de retirar demasiado pronto los estímulos fiscales”, algo que se ha demostrado pernicioso muchas veces en la historia, como demuestra el libroAusteridad: historia de una idea peligrosa. Pero Merkel y los fundamentalistas de Bruselas siguieron con los recortes y la obsesión por el déficit, hundiendo el crecimiento y aumentando el paro. Y ahora, el BCE hace otra vez de bombero, aprobado un Plan de compras de deuda, iniciado el 9 de marzo, seis años y medio más tarde que lo iniciara la Reserva Federal USA…

El Plan de compras del BCE no sólo es tardío, sino también insuficiente: va a comprar 1,1 billones de euros de deuda (60.000 al mes, hasta septiembre de 2016), la tercera parte que los tres planes de compras de deuda USA (3,3 billones de dólares). Y además, entonces el Plan de choque funcionó porque la crisis acababa de llegar (no se había enquistado) y los tipos no eran inicialmente tan bajos como ahora. Además, ahora hay ya un exceso de liquidez en Europa: la prueba es que los bancos europeos piden menos dinero al BCE de lo que les ofrecen, porque tienen poca demanda de crédito solvente. Y eso por dos razones: porque las economías no tiran y hay poca inversión y consumo y porque empresas y familias europeas están muy endeudadas. Así que el problema no es que falte liquidez: falta actividad, reanimar la economía europea, que sólo crece el 1%, la tercera parte que la norteamericana. Y además, si Europa crece algo (como España) es gracias a la ayuda de dos factores externos: el desplome del petróleo y la fortaleza del dólar, que debilita al euro y favorece las exportaciones europeas.

Por eso, muchos expertos y organismos internacionales piden a Europa que reanime la economía, no sólo con la compra de deuda del BCE, sino gastando más, sobre todo con Planes de inversión pública, que lleva una década cayendo en Europa. Urge que los Estados gasten más y tiren de la economía, para lo que también tienen que recaudar más, con reformas fiscales de verdad, que reduzcan el fraude y hagan pagar más a multinacionales, grandes empresas y los más ricos. De momento, la única esperanza está en el Plan Juncker, que pretende invertir 315.000 millones entre 2015 y 2017, pero tiene un serio problema de partida: sólo hay 21.000 millones comprometidos por los países y el resto se confía en que sea dinero que aporten empresas privadas, algo difícil de asegurar. Y mientras, Merkel y los fundamentalistas de Bruselas piden a Francia, Italia, España, Grecia, Portugal y varios países más que recorten sus déficits en 2015 y 2016. Más recortes. No han aprendido nada.

En resumen, los europeos estamos pagando los errores de las políticas de ajuste de la derecha europea (no cuestionadas seriamente por la socialdemocracia), mientras los norteamericanos han dejado atrás la crisis, gracias a las políticas de Bush (en 2008) y Obama (2009-2015), aunque tengan serios problemas de desigualdad, pobreza y tensión racial. Con todo, los salarios en EEUU están estancados y la fortaleza del dólar está debilitando sus exportaciones, con lo que hay expertos (como Krugman) que advierten de que la recuperación USA aún no es firme como para bajar la guardia. Y por eso, la Reserva Federal está pensando retrasar la subida de tipos (la primera desde 2006) hasta junio o septiembre. Y además, subirlos poco y lentamente, para no debilitar su crecimiento.

El mundo vive además en medio de una guerra de divisas, que acrecienta la incertidumbre sobre el futuro: desde diciembre, 20 países de todos los continentes (desde Rusia a Suiza y desde China, Indonesia o India a Australia, Canadá o Suecia) se han dedicado a bajar sus tipos de interés, en un vano intento (al hacerlo todos) de depreciar sus monedas para exportar mejor y crecer más. Un riesgo grave para la recuperación mundial, porque agrava los temores de una deflación generalizada y un mayor proteccionismo, que frenarán el crecimiento mundial. Y además, esta “guerra de divisas”  está fortaleciendo demasiado el dólar, en perjuicio de los países en desarrollo, que ven como se fugan los capitales de sus países y cómo se les encarecen los intereses de su deuda, que han de devolver en dólares más caros.

La “guerra de divisas” y la esperada subida de tipos en EEUU pueden provocar una grave crisis en las economías emergentes (sería “un terremoto”, ha advertido el FMI), que además sufren una drástica caída de ingresos por el desplome del precio del petróleo. Es el caso de Brasil (en recesión), México, Venezuela, Rusia y norte de África, países cuyos problemas pueden afectar y bastante a España. La fortaleza del dólar  es un alivio para Europa, porque exportamos mejor, pero puede ser “una bomba de relojería” para el mundo. Y más si China y los países emergentes siguen creciendo a medio gas. Por eso también hace falta que Europa mejore, crezca más y atraiga inversiones, reequilibrando la economía mundial. Para los europeos, en especial para los españoles, sería clave que los gobiernos europeos cambiaran de política y aprendieran de EEUU. Pero no vemos que Merkel y los conservadores de la Comisión superen su “ceguera ideológica”. Por ello, el riesgo de que Europa languidezca a la japonesa varios años más (poco crecimiento, poco empleo, poca inflación) es muy alto. Y eso es especialmente malo para España y también malo para el mundo.