Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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jueves, 28 de mayo de 2026
Dividendos y recompras: beneficios diferidos
Las empresas españolas llevan 5 años con un
aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no
se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo
de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían
más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos
récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva
vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran
los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era
una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en
Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas
recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”,
pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no
invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados
(sueldos y formación), en perjuicio de todos. Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios?
Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus
accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de
acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual
(dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir
el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En
Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000
millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá
a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos
creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500
millones en 2021 a 41.503
millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han
destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a
2025), una cifra récord. Y este
año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%,
cuatro veces más que en Europa).
La otra vía para “diferir” beneficios, menos
conocida, es la
recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos
recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es
decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el
número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor.
Las empresas recompran acciones como una
vía para reanimar la cotización
de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al
haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra
de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría
de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo
ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”,
en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las
acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los
accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo
si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.
La recompra de acciones tiene
una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco
normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en
el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los
dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE
sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que
las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las
recompras de acciones propias también se han disparado en Europa.
En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron
récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según
Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías
del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71%
de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa
representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en
Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El
protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas
financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha
destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última
década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes
del sector minorista de la alimentación.
En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a
las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000
millones de euros gastados por
las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10
años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000
millones en 2019). Entre las grandes
empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702
millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies
(7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la
británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de
Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman
que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi
la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas
en Bolsa recompraron acciones en 2025.
España se ha sumado tarde a esta “moda” de la
recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las
grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502
millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023
(13.415 millones). Pero este
año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado
por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de
euros. El Banco
de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000
millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA
lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026,
mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de
euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de
recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa
(517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)…
Recompras que se suman a los dividendos.
La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó
en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas
y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo
amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas para los sectores y la economía,
recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren
seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con
éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones
cuantiosas”. Y además, la
CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para
los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio,
pero siguen cotizando igual después.
Otros expertos critican
también las recompras exageradas
de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes
empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar
acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las
tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse
multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción,
aunque sea restando
recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus
compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer
subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio
neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes
accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de
los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).
El problema de fondo es que las empresas difieren más
de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en
lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los
datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas
cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a
adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las
empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de
dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105
millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y
fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en
Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir
y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia
sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500
millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a
7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.
Este mismo problema sucede en Europa y explica
parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan “salidas
de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23%
irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de
acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a
adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se
circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están
presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a
inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor
en Europa, la Comisión
Europea quiere facilitar las
fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus
beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes
campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.
En el caso de España, el exceso de dividendos y
recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la
pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres
motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión
total lleva 5 años recuperándose en España,
pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025
respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la
inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 %
que en 2019), según
este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue
todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis
financiera.
En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan
mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6
grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores
recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue
por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor
competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus
accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y
la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones
que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que
les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en
el mundo, que se
dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir
en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios,
formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica”
sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a
crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.
Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.
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lunes, 22 de julio de 2024
Las tecnológicas quieren ser tu banco
Apple ha pactado con la Comisión Europea para impedir
una multa millonaria, a cambio de abrir sus dispositivos a otros monederos
de pago. El gigante tecnológico no quiere poner en peligro una parte creciente
de su negocio, los pagos digitales, cuyo uso se ha triplicado. El
trasfondo es la guerra abierta que las grandes tecnológicas
libran con la banca para quitarles parte del negocio,
desde los pagos digitales a Fondos de inversión, seguros y , ahora, los
créditos a particulares y empresas. Google, Amazon, Facebook y Apple,
más las chinas Alibaba, Baidu o Tencent, quieren ser también los
bancos de sus clientes y tienen a su favor un mayor tamaño, millones de
datos de usuarios, más tecnología e innovación y mejor “imagen” que los bancos,
que denuncian competencia desleal, porque las
tecnológicas tienen menos controles financieros y pagan menos impuestos. El riesgo
es que son demasiado poderosos ya para que controlen también nuestro dinero. En
20 años, podríamos “echar de menos” a los bancos de hoy.
El primer banco moderno, Banco de San Giorgio,
se creó en Génova (Italia) en 1406. Durante 6 siglos, los bancos han
controlado el dinero en el mundo, en una situación de monopolio y mucho
poder. Pero en las últimas décadas, con la generalización de Internet,
los grandes bancos del mundo se enfrentan a gigantes tecnológicos
mucho más grandes que ellos, que han puesto su mira en controlar, con medios
propios, los pagos y las finanzas de sus clientes, desde los pagos y
transferencias online a las cuentas corrientes, los Fondos de inversión y
Planes de pensiones, los seguros, y, recientemente, los créditos. En 1998
surgieron los pagos electrónicos con PayPal, en 2007 se lanzó Amazon
Pay, en 2011 nació Google Pay y en 2014 apareció Apple Pay.
Y no han parado de lanzar servicios financieros, consiguiendo licencias
bancarias en todo el mundo.
Los nuevos competidores de la banca se
clasifican en dos grupos, aunque su competencia es similar. Por
un lado están las “Fintech”, grandes empresas tecnológicas que
utilizan recursos tecnológicos innovadores y disruptivos en el sector
financiero: plataformas de pago, plataformas de captación de fondos y
financiación (“crowdfunding”)
, Fondos de inversión y plataformas de asesoramiento, inversión y gestión
financiera. Los gigantes más conocidos son PayPal (425 millones de
cuentas activas en el mundo) y eBay, que la compró en 2002. En general,
se han afianzado más en los paises desarrollados que en los paises emergentes. En
España, a finales de 2023, el Banco de España tenía registradas 51
entidades de pago electrónico y 10 entidades operando con dinero
electrónico.
El otro gran frente de competidores de la banca, los que más
les preocupan, son las “Big Tech”, las grandes tecnológicas que
dominan el negocio de Internet. Son, por un lado, los cuatro gigantes tecnológicos
USA, conocidos como GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple. Y
por otro, los tres gigantes tecnológicos chinos, conocidos como BAT:
Baidu (el Google chino), Alibaba y Tencent. Empezaron lanzando
plataformas de pago propias (monederos digitales) y luego se han lanzado a
ofrecer cuentas y depósitos (Apple
ofrecía depósitos al 4,15% anual, aliado con Goldman Sachs), monedas digitales
y criptomonedas) ,Fondos de inversión, Planes, seguros y, recientemente,
créditos. Todas tienen licencia bancaria en EEUU y el resto del mundo, incluso
en Europa (Google y Facebook a través de Irlanda y Facebook a través de
Luxemburgo. Y van a por todas.
Veamos con más detalle los servicios financieros que ya ofrecen. Google compite con la banca con su Google Pay, los préstamos que
ofrece con Lending Club, los fondos de inversión Google Venture y Google
Capital y los seguros de Google Compare. Amazon ofrece Amazon Pay para
las compras online, Amazon Lending para préstamos a comercios y seguros
médicos. Facebook incluye pagos online a través de Messenger y préstamos
en colaboración con Clearbane. Y Apple, además de Apple Pay y seguros
(con Allianz) ha ofrecido hasta junio un préstamo para compras rápidas (de 50 a
1.000 dólares) con pago aplazado.
Las grandes tecnológicas chinas están mucho más avanzadas en el terreno financiero, debido al tremendo auge del comercio
electrónico y a su mayor dominio/control del mercado interno chino. Alibaba,
con 700 millones de usuarios activos, controla la primera plataforma de pagos
de China, Alipay (520 millones de usuarios), tiene un banco (MyBank)
donde ofrece cuentas y préstamos, múltiples Fondos de inversión (destaca Yu´e
Bao, un Fondo del mercado monetario) y la plataforma de seguros Cathay China. Tencent
utiliza la plataforma de pagos TenPay (la 2ª mayor en China) , con la
aplicación Wechat, para el envío instantáneo de dinero por mensajería. Y Baidu,
el buscador líder en China, ofrece la plataforma de pagos Baidu Wallet y
controla Baixin Bank, que ofrece cuentas, créditos y
servicios financieros, más Fondos y seguros (en colaboración con
Allianz).
Estos gigantes tecnológicos de Internet ,
norteamericanos y chinos están dando “un gran mordisco” al negocio de los
bancos internacionales. El último dato revela que sólo el negocio de
los préstamos, más reciente que los pagos digitales, aporta ya un 11%
de todos los ingresos de las “Big Tech”, Y se estima que ya conceden un
volumen de créditos que supera los 570.000 millones de dólares, según el Comité de Basilea. Sólo en China, las grandes tecnológicas ya conceden más
préstamos que los bancos tradicionales. Un negocio creciente para los gigantes
de Internet, cuyos ingresos se concentran todavía en la publicidad y las
ventas online que consiguen con las búsquedas, aplicaciones y plataformas
de comercio electrónico: ahora, las comisiones por tarjetas
se reparten entre los emisores y las tecnológicas, cuando hasta ahora las
monopolizaban los bancos.
Los expertos alertan que los gigantes de Internet
están ganando terreno a los bancos en el negocio financiero. Y destacan
sus ventajas en esta “carrera”. La primera, su mayor tamaño y
potencial inversor. Las “Big Tech” son multinacionales gigantes en
comparación con los bancos, tanto en capital como en potencial de inversión.
Dos datos. Uno: la capitalización bursátil (valor en Bolsa) de las grandes
tecnológicas es de 10,64 billones de dólares, 6 veces el valor de los grandes
bancos internacionales (1,75 billones de dólares). Y dos: el valor de Google
(2,19 billones dólares) es 28 veces el valor del mayor banco español, el
Santander (76.200 millones de dólares). La segunda ventaja es que tienen millones de clientes, la mayoría “contentos” con sus servicios,
frente a la “mala imagen” de la banca: Google tiene 400 millones de clientes,
Amazon 300 millones y Facebook 255 millones, frente a 160 millones de clientes
del Santander o los 67 millones del Bank of America. Y la tercera ventaja, su
enorme capacidad inversora y tecnológica para innovar y digitalizar servicios.
Las grandes tecnológicas también tienen “inconvenientes”
para ser el banco de sus clientes. La principal, que ofrecen menos
seguridad, privacidad y “cumplimiento” normativo, ya que su actividad
financiera está menos vigilada y regulada por las autoridades (Banco de España
o BCE). Eso puede facilitar fraudes y crisis, sin que los clientes estén “cubiertos”
por Fondos de Garantía como los bancos (hasta 100.000 euros). Además, esta
menor supervisión y regulación puede hacer que estos gigantes “asuman más
riesgos” en su operativa, tanto en las inversiones como en la concesión
de créditos. Y al aumentar el número de clientes, aumenta también el riesgo
de “ciberataques” (aunque los que están teniendo más problemas, al menos
públicos, es la banca tradicional). Y dado que muchos de estos gigantes de
Internet son muy opacos en su operativa y algoritmos, los
clientes tienen el riesgo de que no se protejan suficientemente sus datos y se
utilicen para usos “no bancarios”.
Con todo, los gigantes de Internet son cada vez “más
Big” (más grandes), “más Tech” (más tecnológicos) y
por ello, más eficientes, según un informe de la consultora PwC,
que justifica así que ganen cuota de mercado a la banca tradicional. Su modelo
de negocio lo visualizan como “la rueda del hámster”: crean
redes con millones de clientes que generan un volumen creciente de datos y ofrecen
cada vez más servicios y actividades, lo que favorece el aumento de redes y
clientes y la diversificación y crecimiento del negocio, “una rueda que
gira sin parar” y crece día a día. Y no sólo se benefician de tener
millones de clientes, sino que “son muy superiores a los bancos en
innovación y tecnología”, en la incorporación de Big Data, algoritmos y
la Inteligencia Artificial (IA), lo que les permite ser más eficientes en la
prestación de servicios financieros (más dinámicos y con menos coste). Y en la
concesión de créditos, porque conocen muy bien a sus clientes (pueden tener
más de 1.000 datos de una empresa), ajustan mucho mejor riesgos, plazos de
concesión y tipos.
Los expertos financieros, como la consultora KPMG,
consideran que los gigantes tecnológicos son “la mayor amenaza para la
banca” en todo el mundo, una preocupación mayor que los ataques
cibernéticos o el uso de la inteligencia artificial (IA). Y también lo
creen las autoridades financieras, a las que preocupa “la
falta de reacción” de la banca tradicional ante la competencia
creciente de las tecnológicas. El Mecanismo Único de Supervisión, el supervisor
europeo, ha resaltado que los bancos sólo dedican el 5,2% de su plantilla
y el 4% de sus costes operativos a
proyectos de transformación digital, mientras los gigantes de Internet
invierten millones de dólares cada año por desarrollar nuevos productos y
servicios a sus usuarios, entre ellos servicios financieros.
Los bancos internacionales, y especialmente los
europeos, se están quedando atrás en la transformación digital
frente a las grandes tecnológicas, según todos los expertos. Y la mayoría de bancos
han optado por colaborar con los gigantes de Internet antes que competir
con ellos. De hecho, el 65% de los bancos internacionales colaboran con
las plataformas de pago, en el mundo y en España. Y las grandes “Big Tech”
tienen acuerdos con grandes bancos: Apple y Amazon con JP Morgan, Citibank
con Amazon y Apple con Goldman Sachs. Y son pocas las experiencias de
colaboración interna de la banca para invertir en nuevos desarrollos y ganar
espacio en las finanzas digitales. Bizum es un caso de éxito en España
(26 millones clientes), lo mismo que Zelle o Paze en Estados Unidos.
Mientras, los gigantes tecnológicos avanzan en
su oferta financiera, utilizando su poder y gran tamaño, apoyándose en su
situación de “cuasi-monopolio”, pero con flexibilidad para cambiar si
hace falta, como demuestra el comportamiento reciente de Apple en
Europa. La Comisión Europea le abrió un expediente a Apple por
cerrar sus dispositivos a tecnologías de pago que no fuera de su “ecosistema”,
lo que suponía un “abuso de mercado”, por el que se arriesgaba a una multa millonaria
(hasta 40.000 millones de dólares). Finalmente, hace diez días, Apple llegó a un pacto con la Comisión, por el que abría a otros
desarrolladores rivales (con la tecnología NFC) la entrada gratuita (durante 10
años) en Apple Pay y en el monedero de Apple. Evita así una multa millonaria,
pero a la vez mantiene su presencia destacada en el negocio de los monederos
digitales, cuyo uso se ha triplicado en los últimos años.
Las grandes tecnológicas van a seguir ganando terreno
y clientes a los que ofrece “ser su banco”, algo que los
internautas “ven bien”, sobre todo en el caso de Google, Apple y Amazon. Su gran
ventaja es que son multinacionales conocidas, con buena imagen, que innovan
cada día con bajos costes, lo que atrae a sus usuarios, que no se preocupan
demasiado por el uso de sus datos y las comisiones “encubiertas” que pagan.
Mientras, los bancos se quejan ante los Gobiernos de que las
grandes tecnológicas les hacen “competencia desleal”, porque no
se les exige cumplir con la regulación y supervisión que
tienen los bancos (cada día más estricta, para evitar futuras crisis bancarias)
y encima apenas pagan impuestos (la mayoría radican sus
operaciones en paraísos fiscales y operan con “ingeniería fiscal”. En paralelo,
las autoridades monetarias de la UE temen que la actividad financiera de las
grandes tecnológicas pueda “generar desafíos regulatorios, como dominio de
mercado, discriminación de precios, algoritmos discriminatorios y amenazas a la
privacidad de los usuarios”.
En medio de esta “guerra financiera” entre
los bancos y los gigantes tecnológicos, la Comisión Europea ha apostado por
“una mayor digitalización de la economía y las finanzas”, que va a
beneficiar a los gigantes de Internet y que preocupa a los bancos. El
objetivo europeo es acelerar los pagos digitales y el uso del euro digital,
lo que facilitará aún más que las grandes tecnológicas presten servicios
financieros. En 2023 se aprobó una Ley para regular el acceso a los datos digitales (FIDA, en inglés), una Ley de datos que entrará en vigor el
11 de septiembre de 2015. Para entonces, los bancos deberán dar acceso a los
datos de sus clientes (con su consentimiento) a las grandes
tecnológicas. Y cuando los tengan, podrán cruzarlos con los millones de
datos que ellos tienen, para poder ofrecer a esos clientes de los bancos
tradicionales sus servicios, desde pagos a tarjetas y créditos. Será una
auténtica conmoción en los mercados, entre la banca (David) y las
tecnológicas (Goliat).
En resumen, los gigantes de Internet se preparan para
asaltar aún más los mercados financieros cuando tengan en 2025 nuestros datos
de la banca, tras invertir millones y tiempo en ofrecer nuevas plataformas
de servicios financieros, más ágiles y atractivas (y con menos coste, al menos
teóricamente). Y entonces, Google, Apple o Amazon, pelearán por ser “nuestro banco”,
como son nuestro buscador o nuestra plataforma de compra. El problema puede
ser que estos gigantes, con tanto poder, tengan un control excesivo sobre
nuestro dinero, con menos competencia, regulación y contrapesos.
Que si hoy no sabemos lo que hacen con nuestros datos, mañana tampoco sabremos
lo que hacen con nuestro dinero. Y como sabrán todo de nosotros, estaremos más
en sus manos. Podría pasar que dentro de 20 años, “echemos de menos” a
nuestro banco de hoy…
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