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jueves, 28 de mayo de 2026

Dividendos y recompras: beneficios diferidos

Las empresas españolas llevan 5 años con un aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”, pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados (sueldos y formación), en perjuicio de todos.

                              Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios

Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.

¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios? Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual (dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000 millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500 millones en 2021 a 41.503 millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a 2025), una cifra récord. Y este año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%, cuatro veces más que en Europa).

La otra vía para “diferir” beneficios, menos conocida, es la recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor. Las empresas recompran acciones como una vía para reanimar la cotización de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”, en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.

La recompra de acciones tiene una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las recompras de acciones propias también se han disparado en Europa. En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71% de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes del sector minorista de la alimentación.

En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000 millones de euros gastados por las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10 años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000 millones en 2019). Entre las grandes empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702 millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies (7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas en Bolsa recompraron acciones en 2025.

España se ha sumado tarde a esta “moda” de la recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502 millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023 (13.415 millones). Pero este año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de euros. El Banco de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000 millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026, mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa (517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)… Recompras que se suman a los dividendos.

La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas  para los sectores y la economía, recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones cuantiosas”. Y además, la CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio, pero siguen cotizando igual después.

Otros expertos critican también las recompras exageradas de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción, aunque sea restando recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).

El problema de fondo es que las empresas difieren más de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105 millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500 millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a 7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.

Este mismo problema sucede en Europa y explica parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan salidas de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23% irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor en Europa, la Comisión Europea quiere facilitar las fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.

En el caso de España, el exceso de dividendos y recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión total lleva 5 años recuperándose en España, pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025 respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 % que en 2019), según este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis financiera.

En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6 grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en el mundo, que se dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios, formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica” sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.

lunes, 22 de julio de 2024

Las tecnológicas quieren ser tu banco

Apple ha pactado con la Comisión Europea para impedir una multa millonaria, a cambio de abrir sus dispositivos a otros monederos de pago. El gigante tecnológico no quiere poner en peligro una parte creciente de su negocio, los pagos digitales, cuyo uso se ha triplicado. El trasfondo es la guerra abierta que las grandes tecnológicas libran con la banca para quitarles parte del negocio, desde los pagos digitales a Fondos de inversión, seguros y , ahora, los créditos a particulares y empresas. Google, Amazon, Facebook y Apple, más las chinas Alibaba, Baidu o Tencent, quieren ser también los bancos de sus clientes y tienen a su favor un mayor tamaño, millones de datos de usuarios, más tecnología e innovación y mejor “imagen” que los bancos, que denuncian competencia desleal, porque las tecnológicas tienen menos controles financieros y pagan menos impuestos. El riesgo es que son demasiado poderosos ya para que controlen también nuestro dinero. En 20 años, podríamos “echar de menos” a los bancos de hoy.  

                     Enrique Ortega

El primer banco moderno, Banco de San Giorgio, se creó en Génova (Italia) en 1406. Durante 6 siglos, los bancos han controlado el dinero en el mundo, en una situación de monopolio y mucho poder. Pero en las últimas décadas, con la generalización de Internet, los grandes bancos del mundo se enfrentan a gigantes tecnológicos mucho más grandes que ellos, que han puesto su mira en controlar, con medios propios, los pagos y las finanzas de sus clientes, desde los pagos y transferencias online a las cuentas corrientes, los Fondos de inversión y Planes de pensiones, los seguros, y, recientemente, los créditos. En 1998 surgieron los pagos electrónicos con PayPal, en 2007 se lanzó Amazon Pay, en 2011 nació Google Pay y en 2014 apareció Apple Pay. Y no han parado de lanzar servicios financieros, consiguiendo licencias bancarias en todo el mundo.

Los nuevos competidores de la banca se clasifican en dos grupos, aunque su competencia es similar. Por un lado están las “Fintech”, grandes empresas tecnológicas que utilizan recursos tecnológicos innovadores y disruptivos en el sector financiero: plataformas de pago, plataformas de captación de fondos y financiación (“crowdfunding”) , Fondos de inversión y plataformas de asesoramiento, inversión y gestión financiera. Los gigantes más conocidos son PayPal (425 millones de cuentas activas en el mundo) y eBay, que la compró en 2002. En general, se han afianzado más en los paises desarrollados que en los paises emergentes. En España, a finales de 2023, el Banco de España tenía registradas 51 entidades de pago electrónico y 10 entidades operando con dinero electrónico.

El otro gran frente de competidores de la banca, los que más les preocupan, son las “Big Tech”, las grandes tecnológicas que dominan el negocio de Internet. Son, por un lado, los cuatro gigantes tecnológicos USA, conocidos como GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple. Y por otro, los tres gigantes tecnológicos chinos, conocidos como BAT: Baidu (el Google chino), Alibaba y Tencent. Empezaron lanzando plataformas de pago propias (monederos digitales) y luego se han lanzado a ofrecer cuentas y depósitos  (Apple ofrecía depósitos al 4,15% anual, aliado con Goldman Sachs), monedas digitales y criptomonedas) ,Fondos de inversión, Planes, seguros y, recientemente, créditos. Todas tienen licencia bancaria en EEUU y el resto del mundo, incluso en Europa (Google y Facebook a través de Irlanda y Facebook a través de Luxemburgo. Y van a por todas.

Veamos con más detalle los servicios financieros que ya ofrecen. Google compite con la banca con su Google Pay, los préstamos que ofrece con Lending Club, los fondos de inversión Google Venture y Google Capital y los seguros de Google Compare. Amazon ofrece Amazon Pay para las compras online, Amazon Lending para préstamos a comercios y seguros médicos. Facebook incluye pagos online a través de Messenger y préstamos en colaboración con Clearbane. Y Apple, además de Apple Pay y seguros (con Allianz) ha ofrecido hasta junio un préstamo para compras rápidas (de 50 a 1.000 dólares) con pago aplazado.

Las grandes tecnológicas chinas están mucho más avanzadas en el terreno financiero, debido al tremendo auge del comercio electrónico y a su mayor dominio/control del mercado interno chino. Alibaba, con 700 millones de usuarios activos, controla la primera plataforma de pagos de China, Alipay (520 millones de usuarios), tiene un banco (MyBank) donde ofrece cuentas y préstamos, múltiples Fondos de inversión (destaca Yu´e Bao, un Fondo del mercado monetario) y la plataforma de seguros Cathay China. Tencent utiliza la plataforma de pagos TenPay (la 2ª mayor en China) , con la aplicación Wechat, para el envío instantáneo de dinero por mensajería. Y Baidu, el buscador líder en China, ofrece la plataforma de pagos Baidu Wallet y controla Baixin Bank, que ofrece cuentas, créditos y servicios financieros, más Fondos y seguros (en colaboración con Allianz).

Estos gigantes tecnológicos de Internet , norteamericanos y chinos están dando “un gran mordisco” al negocio de los bancos internacionales. El último dato revela que sólo el negocio de los préstamos, más reciente que los pagos digitales, aporta ya un 11% de todos los ingresos de las “Big Tech”, Y se estima que ya conceden un volumen de créditos que supera los 570.000 millones de dólares, según el Comité de Basilea. Sólo en China, las grandes tecnológicas ya conceden más préstamos que los bancos tradicionales. Un negocio creciente para los gigantes de Internet, cuyos ingresos se concentran todavía en la publicidad y las ventas online que consiguen con las búsquedas, aplicaciones y plataformas de comercio electrónico: ahora, las comisiones por tarjetas se reparten entre los emisores y las tecnológicas, cuando hasta ahora las monopolizaban los bancos.

Los expertos alertan que los gigantes de Internet están ganando terreno a los bancos en el negocio financiero. Y destacan sus ventajas en esta “carrera”. La primera, su mayor tamaño y potencial inversor. Las “Big Tech” son multinacionales gigantes en comparación con los bancos, tanto en capital como en potencial de inversión. Dos datos. Uno: la capitalización bursátil (valor en Bolsa) de las grandes tecnológicas es de 10,64 billones de dólares, 6 veces el valor de los grandes bancos internacionales (1,75 billones de dólares). Y dos: el valor de Google (2,19 billones dólares) es 28 veces el valor del mayor banco español, el Santander (76.200 millones de dólares). La segunda ventaja es que tienen millones de clientes, la mayoría “contentos” con sus servicios, frente a la “mala imagen” de la banca: Google tiene 400 millones de clientes, Amazon 300 millones y Facebook 255 millones, frente a 160 millones de clientes del Santander o los 67 millones del Bank of America. Y la tercera ventaja, su enorme capacidad inversora y tecnológica para innovar y digitalizar servicios.

Las grandes tecnológicas también tienen inconvenientes para ser el banco de sus clientes. La principal, que ofrecen menos seguridad, privacidad y “cumplimiento” normativo, ya que su actividad financiera está menos vigilada y regulada por las autoridades (Banco de España o BCE). Eso puede facilitar fraudes y crisis, sin que los clientes estén “cubiertos” por Fondos de Garantía como los bancos (hasta 100.000 euros). Además, esta menor supervisión y regulación puede hacer que estos gigantes “asuman más riesgos” en su operativa, tanto en las inversiones como en la concesión de créditos. Y al aumentar el número de clientes, aumenta también el riesgo de “ciberataques” (aunque los que están teniendo más problemas, al menos públicos, es la banca tradicional). Y dado que muchos de estos gigantes de Internet son muy opacos en su operativa y algoritmos, los clientes tienen el riesgo de que no se protejan suficientemente sus datos y se utilicen para usos “no bancarios”.

Con todo, los gigantes de Internet son cada vez “más Big” (más grandes), “más Tech” (más tecnológicos) y por ello, más eficientes, según un informe de la consultora PwC, que justifica así que ganen cuota de mercado a la banca tradicional. Su modelo de negocio lo visualizan como “la rueda del hámster”: crean redes con millones de clientes que generan un volumen creciente de datos y ofrecen cada vez más servicios y actividades, lo que favorece el aumento de redes y clientes y la diversificación y crecimiento del negocio, una rueda que gira sin parar” y crece día a día. Y no sólo se benefician de tener millones de clientes, sino que “son muy superiores a los bancos en innovación y tecnología”, en la incorporación de Big Data, algoritmos y la Inteligencia Artificial (IA), lo que les permite ser más eficientes en la prestación de servicios financieros (más dinámicos y con menos coste). Y en la concesión de créditos, porque conocen muy bien a sus clientes (pueden tener más de 1.000 datos de una empresa), ajustan mucho mejor riesgos, plazos de concesión y tipos.

Los expertos financieros, como la consultora KPMG, consideran que los gigantes tecnológicos son “la mayor amenaza para la banca” en todo el mundo, una preocupación mayor que los ataques cibernéticos o el uso de la inteligencia artificial (IA). Y también lo creen las autoridades financieras, a las que preocupa “la falta de reacción” de la banca tradicional ante la competencia creciente de las tecnológicas. El Mecanismo Único de Supervisión, el supervisor europeo, ha resaltado que los bancos sólo dedican el 5,2% de su plantilla  y el 4% de sus costes operativos a proyectos de transformación digital, mientras los gigantes de Internet invierten millones de dólares cada año por desarrollar nuevos productos y servicios a sus usuarios, entre ellos servicios financieros.

Los bancos internacionales, y especialmente los europeos, se están quedando atrás en la transformación digital frente a las grandes tecnológicas, según todos los expertos. Y la mayoría de bancos han optado por colaborar con los gigantes de Internet antes que competir con ellos. De hecho, el 65% de los bancos internacionales colaboran con las plataformas de pago, en el mundo y en España. Y las grandes “Big Tech” tienen acuerdos con grandes bancos: Apple y Amazon con JP Morgan, Citibank con Amazon y Apple con Goldman Sachs. Y son pocas las experiencias de colaboración interna de la banca para invertir en nuevos desarrollos y ganar espacio en las finanzas digitales. Bizum es un caso de éxito en España (26 millones clientes), lo mismo que Zelle o Paze en Estados Unidos.

Mientras, los gigantes tecnológicos avanzan en su oferta financiera, utilizando su poder y gran tamaño, apoyándose en su situación de “cuasi-monopolio”, pero con flexibilidad para cambiar si hace falta, como demuestra el comportamiento reciente de Apple en Europa. La Comisión Europea le abrió un expediente a Apple por cerrar sus dispositivos a tecnologías de pago que no fuera de su “ecosistema”, lo que suponía un “abuso de mercado”, por el que se arriesgaba a una multa millonaria (hasta 40.000 millones de dólares). Finalmente, hace diez días, Apple llegó a un pacto con la Comisión, por el que abría a otros desarrolladores rivales (con la tecnología NFC) la entrada gratuita (durante 10 años) en Apple Pay y en el monedero de Apple. Evita así una multa millonaria, pero a la vez mantiene su presencia destacada en el negocio de los monederos digitales, cuyo uso se ha triplicado en los últimos años.

Las grandes tecnológicas van a seguir ganando terreno y clientes a los que ofrece “ser su banco”, algo que los internautas “ven bien”, sobre todo en el caso de Google, Apple y Amazon. Su gran ventaja es que son multinacionales conocidas, con buena imagen, que innovan cada día con bajos costes, lo que atrae a sus usuarios, que no se preocupan demasiado por el uso de sus datos y las comisiones “encubiertas” que pagan. Mientras, los bancos se quejan ante los Gobiernos de que las grandes tecnológicas les hacen “competencia desleal”, porque no se les exige cumplir con la regulación y supervisión que tienen los bancos (cada día más estricta, para evitar futuras crisis bancarias) y encima apenas pagan impuestos (la mayoría radican sus operaciones en paraísos fiscales y operan con “ingeniería fiscal”. En paralelo, las autoridades monetarias de la UE temen que la actividad financiera de las grandes tecnológicas pueda “generar desafíos regulatorios, como dominio de mercado, discriminación de precios, algoritmos discriminatorios y amenazas a la privacidad de los usuarios”.

En medio de esta “guerra financieraentre los bancos y los gigantes tecnológicos, la Comisión Europea ha apostado por “una mayor digitalización de la economía y las finanzas”, que va a beneficiar a los gigantes de Internet y que preocupa a los bancos. El objetivo europeo es acelerar los pagos digitales y el uso del euro digital, lo que facilitará aún más que las grandes tecnológicas presten servicios financieros. En 2023 se aprobó una Ley para regular el acceso a los datos digitales (FIDA, en inglés), una Ley de datos que entrará en vigor el 11 de septiembre de 2015. Para entonces, los bancos deberán dar acceso a los datos de sus clientes (con su consentimiento) a las grandes tecnológicas. Y cuando los tengan, podrán cruzarlos con los millones de datos que ellos tienen, para poder ofrecer a esos clientes de los bancos tradicionales sus servicios, desde pagos a tarjetas y créditos. Será una auténtica conmoción en los mercados, entre la banca (David) y las tecnológicas (Goliat).

En resumen, los gigantes de Internet se preparan para asaltar aún más los mercados financieros cuando tengan en 2025 nuestros datos de la banca, tras invertir millones y tiempo en ofrecer nuevas plataformas de servicios financieros, más ágiles y atractivas (y con menos coste, al menos teóricamente). Y entonces, Google,  Apple o Amazon, pelearán por ser “nuestro banco”, como son nuestro buscador o nuestra plataforma de compra. El problema puede ser que estos gigantes, con tanto poder, tengan un control excesivo sobre nuestro dinero, con menos competencia, regulación y contrapesos. Que si hoy no sabemos lo que hacen con nuestros datos, mañana tampoco sabremos lo que hacen con nuestro dinero. Y como sabrán todo de nosotros, estaremos más en sus manos. Podría pasar que dentro de 20 años, “echemos de menos” a nuestro banco de hoy