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jueves, 11 de julio de 2019

La 3ª mayor sequía del siglo


Tras la última ola de calor, las temperaturas serán más altas más altas de lo habitual este verano. Y como ha llovido un 25% menos este año, sufrimos  ya la tercera peor sequía de este siglo. Con ella, agricultores y ganaderos tienen pérdidas millonarias y los consumidores sufriremos subidas de precios en muchos alimentos este verano. Y como los pantanos están medio vacíos, habrá zonas turísticas con problemas de agua y la luz será más cara, al haber caído un 41% la producción hidroeléctrica. Y han aumentado los incendios: ya hay más superficie quemada que en todo 2018, con “mega incendios” cada vez más virulentos. Todos estos problemas vienen de lo mismo: del Cambio Climático, que afecta cada vez más a España y que agravará sus consecuencias en los próximos años. Urge aprobar un Plan contra el Cambio Climático, como toda la UE, junto a medidas de choque para limpiar los montes, asegurar más las cosechas y aprovechar mejor el agua. Hay que salvar nuestro entorno.


La última ola de calor, en Europa y más en España, ha sido un serio aviso de la naturaleza sobre los efectos del Cambio Climático. Las temperaturas, entre el 26 y el 30 de junio, han sido las más elevadas en un mes de junio de los últimos 40 años, según la Agencia española de Meteorología (AEMET). Y en 14 capitales españolas se registraron las temperaturas más altas de su historia. Al final, la temperatura media es 1,30 grados más elevada (16,78ºC) que en los años 80 (15,48ºC). Pero no es sólo un problema de España: el pasado mes de junio fue el más cálido registrado en el Planeta y el 2º más cálido en Europa, tras el anterior récord de junio 1999, según el programa Copernicus de la UE.

Y la previsión para este verano, entre julio y septiembre es que las temperaturas sigan altas, +0,5ºC por encima de lo habitual en las tres últimas décadas, según la AEMET, que advierte que en el noroeste de España, la temperatura podría subir +1ºC sobre lo habitual en otros veranos, sin contar con que no se repita una nueva ola de calor. Porque advierten que estas olas de calor son ahora 10 veces más frecuentes que en el siglo pasado y lo serán más en el futuro. Olas de calor que van a ser más frecuentes y cada vez con temperaturas más altas, según advierte el Informe Word Weather Atribution, que señala que la ola de calor de junio registró 4ºC más de temperatura que las olas de calor de hace un siglo.

Junto a las mayores temperaturas, el otro problema es que no llueve. La primavera ha registrado un 15% menos de lluvia de lo habitual y ha sido la 6ª primavera más seca de este siglo, según la AEMET. Y como el invierno también fue seco, el problema es que en 2019 ha llovido un 25% menos de lo habitual en las tres últimas décadas, con lo que estamos oficialmente en situación de sequía, en el 3º año más seco del siglo XXI, tras las anteriores sequías de 2017 y 2005. Un ejemplo: en Madrid, en mayo, se registraron 0 litros de precipitaciones por m2, algo que sólo había sucedido una vez antes en la historia (en 2015). La sequía afecta especialmente a Coruña, Burgos, Vizcaya, Huesca, sur de Castilla y León, Madrid, Extremadura, oeste de Castilla la Mancha, tercio occidental de Andalucía, norte de Tenerife y la Palma, según la AEMET. Y es grave en el extremo sur de Castilla y León, oeste de la comunidad de Madrid y oeste de la provincia de Toledo.

La AEMET no se atreve a hacer previsiones de lluvias para este verano, pero teme que la sequía se agrave porque no haya lluvias que compensen las elevadas temperaturas esperadas. Y eso, cuando los embalses están al 54,83% de capacidad (8 de julio), bastante por debajo del año pasado en estas fechas (estaban al 69,49% de capacidad). La situación más grave se da en las cuencas del Segura (embalses el 27,89% de capacidad) y Júcar (al 37,46%), pero también están muy bajos los embalses de las cuencas del Guadiana (al 46,36%), Guadalquivir (46,10%) y Tajo (al 47,48%).

Las altas temperaturas y la sequía propician los incendios forestales, que ya han batido récords en el primer semestre: hasta el 30 de junio se quemaron 43.929 hectáreas en 6.627 incendios forestales, más superficie quemada que en todo el año 2018 (25.162 hectáreas quemadas en 7.143 fuegos), según datos del Ministerio de Agricultura. Y lo peor es que ahora, los incendios son más graves y extensos (“mega incendios”), más virulentos y difíciles de atajar y con más daños humanos y materiales. De hecho, en lo que llevamos de siglo XXI se han producido ya 457 grandes incendios, de más de 500 hectáreas, algo casi sin precedentes en el siglo pasado. Y la ONU, a través del panel de expertos para el Cambio Climático (IPCC) ya ha advertido que el calentamiento global va a aumentar un 38% el riesgo de incendios forestales de aquí a 2040, aumentando los “mega incendios” o “teraincendios” como los sufridos por California, Portugal o el norte de España el año pasado.

La AEMET advierte del elevado riesgo de incendios este verano en la mayor parte de la España peninsular, debido a las altas temperaturas y a la desertificación del territorio, que afecta ya al 37% de la superficie española. Además, los expertos en incendios advierten que la rapidez en apagar los grandes incendios sufridos en las últimas semanas en Cataluña, Toledo y Ávila pueden servir de “combustible” para próximos incendios, si no se aplican con urgencia medidas de limpiezas de los montes. Para la AEMET, las zonas con mayor riesgo de incendio este verano son el Pirineo y el Cantábrico, porque tienen bosques muy viejos que han perdido la humedad tras varios años de fuerte sequía.

Las altas temperaturas y la sequía han dañado muchas cosechas y provocado graves pérdidas a agricultores y ganaderos. A principios de julio, la sequía afectaba ya a 1 millón de hectáreas de cereales (el 16,6% de la superficie cultivada), donde se perderá el 40% de la cosecha (la 2ª peor del siglo, tras la de 2017), con pérdidas que rondan los 1.000 millones de euros (la mitad en Castilla y León y el resto entre Castilla la Mancha, Aragón y Andalucía). Y la sequía también está perjudicando otros cultivos, como el olivar, el viñedo y el almendro. Y además, la falta de pastos encarece la alimentación de muchos animales, obligando también a mayores importaciones de cereales y piensos.

Un problema añadido a la sequía es que la mayoría de agricultores no tienen aseguradas sus cosechas: en cereales, sólo están aseguradas 2,2 millones de las 6 millones de hectáreas de cereales cultivadas. Eso hace que las indemnizaciones que va a pagar la empresa pública Agroseguros, desde el 15 de julio (100 millones de euros, para 980.000 hectáreas), sólo llegarán a una parte de los agricultores afectados, mientras otros no serán indemnizados porque no tenían seguro. Y no lo tenían, según los sindicatos agrarios, porque han subido mucho en los últimos años (entre un 20 y un 80% desde 2015) y son muy caros, a pesar de que las ayudas públicas subvencionan un 41% del coste. Además, para los que sí aseguran sus cosechas, si hay un siniestro (sequía), se reducen las coberturas y suben las primas para la próxima campaña, lo que retrae a los agricultores a contratarlos.

La sequía y la pérdida de cosechas, desde cereales a aceite, vino, frutas y hortalizas, se está traduciendo ya en subidas de precios de muchos alimentos. Y habrá más subidas de los alimentos este verano, coincidiendo con la mayor demanda del turismo. Hasta mayo, la sequía ha provocado subidas en el pan (+1,7% anual, frente a +0,8% de subida global del IPC), carne de cordero (+2,1%), cerdo (+3%), pollo (+1,1%), lácteos (+1,2%), legumbres y hortalizas frescas (+4,8%) y patatas (+14,5%), según el último IPC de mayo (INE). Y no sólo es que los agricultores y ganaderos suban sus precios, porque cosechan y producen menos y con más costes, sino que los distribuidores y grandes supermercados “aprovechan la ocasión” para subir los alimentos por el camino, del campo a la ciudad: los productos agrícolas suben 4,88 veces lo que se paga al agricultores y las carnes 3,18 veces lo que se paga al ganadero, según este listado de precios (IPOD) que publica cada mes la organización agraria COAG.

Las altas temperaturas y la sequía no sólo provocan muertes, incendios, pérdidas de cosechas y subidas de los alimentos, sino que también afectan al recibo de la luz, porque la climatología adversa reduce la electricidad de origen eólico (aire) e hidráulico (embalses). De hecho, hasta finales de junio, la producción de electricidad de origen hidráulico había caído un -41,7% y la eólica un -3,8%, según el balance de Red Eléctrica (REE). Eso se traducirá en aumentos de la factura de la luz este verano. De momento, en julio, el kilowatio se ha encarecido en el mercado eléctrico: de 48,32 euros/MWh el 1 de julio a 56,02 euros/MWh el 5 de julio, según la estadística diaria de precios de OMIE.

Y al final, esta sequía récord puede traducirse también en problemas de suministro de agua en algunas zonas de España, sobre todo en Levante y Andalucía, donde a la falta de agua en los embalses se sumará un número récord de turistas españoles y extranjeros (el Gobierno espera 29,6 millones de turistas extranjeros entre julio y septiembre, medio millón más que el verano pasado), que dispararán el consumo de un agua escasa.

En resumen, que el Cambio Climático está aquí y se traduce en altas temperaturas, sequía y altos costes para todos. Y lo más preocupante es que todos estos problemas que ya sufrimos se agravarán en los próximos años, como ya advirtió la ONU en 2011: aumentará la temperatura media y habrá olas de calor más frecuentes y más cálidas, con menos lluvias y más sequía. Y estos problemas serán más graves en el sur de Europa y especialmente en España, según los expertos. Por su situación geográfica y porque tenemos 2 problemas adicionales: un mayor grado de desertificación que el resto de Europa (7 de las 10 cuencas europeas con sequía están en España)  y un mayor problema de falta de agua (somos el 3º país europeo con más “estrés hídrico: consumimos un 34% de los recursos disponibles, frente al 10% de media en la OCDE)). Eso hace que gran parte de España se vea “muy afectada” por el Cambio Climático”: 32 millones de españoles según el Gobierno, básicamente los que viven en el sureste de España, Castilla la Mancha y el valle del Ebro.

¿Qué se puede hacer? A corto plazo, hay que actuar sobre los incendios, el consumo de agua y la sequía en las cosechas. En el terreno de los incendios, el Gobierno en funciones debería pactar un Plan de choque para limpiar los montes, con una dotación extra de recursos a Ayuntamientos, Diputaciones y autonomías, para que pongan en marcha este verano actuaciones urgentes en las zonas más deterioradas. Y, a medio plazo, hay que aprobar un Plan de montes para gestionar la política forestal, favorecer el pastoreo y el aprovechamiento industrial de la madera, gastando en limpieza de los montes y en prevención (ahora sólo se gasta en combatir los incendios). Y hay que aprovechar mejor los Fondos europeos (Fondos FEADER), que se pierden porque las autonomías no cofinancian su parte.

En cuanto al agua, cada vez más escasa, hay que racionalizar su uso, limitando el agua para el riego agrícola, que consume el 70% del agua dulce disponible, según Agricultura (y el 82% según Ecologistas en Acción). Habría que reducir las 4 millones de hectáreas de riego actuales a 3/3,2 millones y mejorar su eficiencia, subiendo las tarifas de riesgo. Y en paralelo, subir las tarifas de agua a los consumidores particulares, porque son las 8ª más baratas de Europa y encarecerlas reduciría el consumo, lo mismo que reducir las fugas y pérdidas (suponen hasta el 19% del consumo). Además, habría que conseguir más agua por tres vías: recuperación de aguas subterráneas (acuíferos), desaladoras y recuperación de aguas residuales. Además, es hora de retomar las inversiones públicas en infraestructuras hidráulicas, que han caído un 65% en la última década (de 1.983 millones en 2008 a 703 millones en 2017).

En tercer lugar, hay que ayudar más a los agricultores y ganaderos en su lucha contra la sequía, con inversiones y ayudas para que consigan explotaciones que consuman menos agua y con seguros agrarios más asequibles, porque la sequía seguirá ahí por muchos años y no les puede abocar a la quiebra cada mala cosecha. Y el Gobierno debe vigilar especialmente los canales de comercialización en épocas de sequía, para que no haya especuladores que se aprovechen y nos encarezcan de más el carrito de la compra.

Pero la clave es luchar contra el Cambio Climático, que es el origen de casi todos los problemas que estamos sufriendo. Ya no hay dudas: o actuamos con urgencia o luego será demasiado tarde, como viene avisando la ONU desde hace una década. Y España tiene que hacer más, porque es el 3º país europeo que más ha aumentado sus emisiones de efecto invernadero entre 1990 y 2017: un +17,9%, sólo superado por Chipre (+57,8%) y Portugal (+19,5%), mientras el conjunto de la UE las reducía un -23,5%. Y además, porque si hay un país que sufre y sufrirá más el Cambio Climático es España, junto a la Europa del sur.

La Comisión Europea pidió a los 28 paises UE un Plan eficaz contra el Cambio Climático, que el Gobierno Sánchez envió a Bruselas a finales de febrero. En esencia, el Plan español, considerado por los expertos como uno de los más ambiciosos, propone suprimir el uso del carbón en 2030, reducir las nucleares y contar con un 42% de energías renovables para 2030, además de reducir el uso del diesel y la gasolina en los transportes (plantea suprimir los coches de combustión a partir de 2040). Ahora, la futura Comisión Europea tendrá que analizar a fondo el programa español y el resto, con la idea de que se apruebe antes de finales de 2019 en el Parlamento (si es que hay Gobierno y no se repiten las elecciones). En cualquier caso, es prioritario aprobar un Plan eficaz, al margen de las peleas políticas, porque hay que reducir ya las emisiones de gases de efecto invernadero si no queremos más olas de calor, más sequías, más problemas de cosechas y alimentos, más escasez de agua.

La lucha contra el Cambio Climático debería ser una de las prioridades de la próxima Legislatura, junto a las medidas apuntadas contra los incendios, la sequía y la falta de agua. La naturaleza es un elemento clave de la vida y de la economía y si nos la cargamos, no habrá recuperación sino una crisis más profunda y letal. Lo sabemos pero no acabamos de tomar medidas. El Gobierno, las empresas y los consumidores. Es una tarea de todos. Y urgente.

jueves, 11 de julio de 2013

Los recortes avivan los incendios forestales


Con el mes de julio, llegó el fuerte calor y los temores por nuevos incendios forestales. Los expertos temen otro verano difícil, porque hay mucha hierba alta en los montes y porque la mayoría de las autonomías han hecho nuevos recortes en personal y medios contra incendios, como en 2011 y 2012. Y mientras, no hay una política forestal, de limpieza de los montes, que están abandonados, lo que facilita los incendios. De hecho, desde 1961 se ha quemado en España un 30% de la superficie forestal. Hay que invertir en limpiar y hacer rentables los bosques, que pueden ser una fuente de empleo y riqueza en zonas rurales. Y no recortar medios contra incendios, porque ahorrar sale caro en daños y víctimas. Además, con el cambio climático, que conlleva sequías y subida de las temperaturas, los riesgos de incendios forestales aumentarán más cada verano. Salvemos el monte cuidándolo durante todo el año.
 
enrique ortega

Va a ser otro verano complicado de incendios forestales. La alerta la han dado los agentes forestales, en su reciente Congreso de Toledo: las lluvias del invierno y primavera han producido muchas hierbas y matojos, muy altos, que prenderán con facilidad cuando el calor las seque. Y además, casi todas las autonomías han hecho nuevos recortes en los medios contra incendios, que ya se revelaron escasos en los grandes incendios del verano 2012, el peor desde 1.994: 15.000 incendios, 209.000 hectáreas quemadas (1% superficie forestal, como toda Guipúzcoa), 11 muertos y 38 grandes incendios en Comunidad Valenciana, Cataluña, Canarias y Castilla y León. Más de 200 millones de euros en pérdidas, que no podrán compensarse con los 16,9 millones de ayudas aprobados por el Gobierno nueve meses después, en abril de 2013.

Por tercer año consecutivo, la mayoría de las autonomías han recortado sus servicios contraincendios, sobre todo las más afectadas por los fuegos del verano pasado. Así, en Cataluña, los bomberos se han manifestado contra los recortes, mientras la partida contra incendios ha pasado de 178 millones (2011) a 155,5 (2013). En la Comunidad Valenciana, se han mantenido los recortes de 2012 (-15 millones) y se ha suprimido por segundo año el programa Pamer, que pagaba a 2.123 parados para que limpiaran el monte próximo a pueblos y urbanizaciones. En Castilla y León, el presupuesto para este verano se reduce en 18 millones, tras los recortes de 2011(-40%) y 2012 (-50%). Y en Canarias, los Cabildos sufren los recortes del Gobierno regional.

En general, todas las autonomías han reducido sus medios contraincendios: menos aviones (201), menos brigadas terrestres (o las mismas con menos agentes), menos personal contratado y congelación plantilla de forestales (10 años sin oposiciones), más EREs en empresas forestales, falta de medios materiales (coches, bulldozer, máquinas…) y equipos más una  reducción del tiempo de campañas (de 8 meses a 4 y hasta 2 meses). Entre tanto, el Estado central, que sólo cumple  tareas de apoyo  a las autonomías, aumentó su presupuesto antiincendios para este verano (de 93 a 120 millones, aunque una parte es para indemnizar a las zonas quemadas), pero a cambio ha quitado cinco aviones (quedan 65, aunque comprará uno nuevo) y recortó un 20% el presupuesto contraincendios de los Parques nacionales.

En España, los grandes incendios no llegaron hasta el verano de 1.975, gracias a una decidida política forestal iniciada con la II República y continuada con el franquismo, con la repoblación forestal y el trabajo en los montes de la población rural. Pero la despoblación del campo (perdió 3 millones de habitantes en los años 60 y primeros 70) fue la puntilla para el monte y los incendios: ya no se recogía la leña, se abandonó la resina, no había ovejas y cabras pastando (3 millones menos) y nadie limpiaba caminos y montes. Además, se había repoblado mal, con pinos y eucaliptos que arden fácilmente. Y la especulación inmobiliaria hizo el resto, con viviendas y urbanizaciones en zonas forestales desatendidas. Al final, el problema es que los bosques producen 46 millones de m3 de leña y sólo se recogen 19. El resto queda tirado y es un polvorín, que explota a la mínima negligencia o provocación humana o natural.

España lleva 40 años sin cuidar el bosque y con las autonomías preocupadas más por atajar los incendios que en invertir en políticas forestales. Y con la crisis y los recortes, los esfuerzos van más a combatir los incendios que a prevenirlos: hay miles de torres de vigilancia vacías, por falta de personal, y no se invierte en tecnología de prevención, desde satélites a vehículos no tripulados o helicópteros con infrarrojos. Y menos en limpiar los montes y caminos forestales, la verdadera política antiincendios.

Tampoco se ha avanzado en concienciar a los ciudadanos contra los incendios forestales, un 95 % causados por el ser humano (41% por negligencias y 22% son intencionados, según la Generalitat catalana). Hay que hacer campañas para cambiar la mentalidad, como se ha hecho con los accidentes de tráfico. Y endurecer la lucha contra los pirómanos. Hay pocas detenciones, por falta de medios para investigar: sólo 300 detenidos al año, para 15.000 incendios. Y menos condenas, por falta de jueces, fiscales  y peritos especializados: con 2.306 sumarios abiertos por incendios sólo en 2011, únicamente hay 12 pirómanos cumpliendo condena en las cárceles y la mayoría de causas son sobreseídas por falta de pruebas y porque los jurados populares no les condenan. Ahora, el nuevo Código penal, en vigor este otoño, eleva las penas (de 3 a 9 años) y será un juez quien dicte las sentencias.

Otra preocupación del mundo forestal es la Ley de Montes que prepara el Gobierno Rajoy, porque abre las puertas a que las autonomías recalifiquen terrenos quemados con carácter excepcional, algo prohibido por la reforma que hizo el Gobierno ZP en 2006: hay que esperar al menos 30 años, para evitar pelotazos urbanísticos como el que llevó a construir el parque Terra Mítica tras el incendio de 1992. La Comunidad Valenciana ya abrió la posibilidad de recalificar antes terrenos quemados en su ley de Montes de 2012, lo mismo que hizo Aragón en 2006. Cambios normativos que podrían incentivar los incendios .

Hacen falta más medios e inversiones forestales, más campañas de concienciación y más dureza contra los pirómanos. Pero sobre todo, no acordarnos sólo de los bosques en verano: los incendios se apagan en invierno, durante todo el año, limpiando y manteniendo los bosques. Por eso es urgente que autonomías y Ayuntamientos pongan en marcha Planes forestales, monte a monte. Y negociar con Bruselas más ayudas a agricultores y ganaderos que cuiden los montes, con limpieza y pastoreo. Ahora estamos perdiendo fondos rurales europeos (Fondos FEADER), que financian programas de reforestación y lucha contra incendios, porque son cofinanciados y el Estado español y las autonomías no ponen su parte (Castilla la Mancha ha perdido dos programas de 81 millones). También hay que apoyar la industria de la madera, para que el bosque pueda ser rentable, con pymes y proyectos de biomasa (recogida de madera para calefacción y generación eléctrica).

El abandono de los montes ha llevado a la quema de 7,5 millones de hectáreas desde 1.961, un 30% de la superficie forestal de España. Parar esa sangría exige invertir en limpiar y cuidar los bosques, algo caro (3.000 euros por hectárea), pero más costoso es combatir los incendios (una hora de helicóptero son 300 euros) y sus secuelas: sólo en la última década se han perdido más de 1.000 millones de euros por los incendios.

Los incendios irán a más, porque el cambio climático tenderá a aumentar la sequía y las temperaturas, agravando los riesgos de nuestro clima mediterráneo (altas temperaturas y poca humedad). Por eso, hay que tomarse en serio la política forestal, con inversiones y ayudas, no sólo para evitar pérdidas y muertes, sino porque puede ayudarnos a salir de la crisis, creando empleo y actividad en las zonas rurales. No nos acordemos de los montes sólo cuando se queman. Son una fuente de trabajo y riqueza. Y mejoran el medio ambiente.