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jueves, 1 de enero de 2026

2026, otro año de mayor crecimiento

2025 ha sido mejor de lo esperado hace meses, cuando se temía una recesión mundial por los aranceles de Trump y los conflictos geopolíticos. A final, el mundo ha crecido casi como en 2024 y Europa languidece, mientras España crece casi el doble que la UE, por 5º año consecutivo. Y todo apunta a que en 2026, la economía mundial crecerá como en 2025, sin sobresaltos, salvo la incertidumbre por las guerras y conflictos o el temor a una crisis bursátil por la burbuja de la Inteligencia Artificial. España volverá a crecer más que el resto de Europa, empujada por el aumento de la población (inmigrantes) y el empleo, que tirarán del consumo, junto a las mayores inversiones por los Fondos europeos (que se acaban).Pero este fuerte crecimiento no puede hacernos olvidar los problemas pendientes: subida de alimentos, alquileres por las nubes, sueldos bajos, jóvenes sin horizonte, deterioro de los servicios públicos (sobre todo la sanidad) y demasiada pobreza y desigualdad. Hay que repartir el crecimiento.
¡Feliz 2026¡


El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido.

Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.

Pero hay otras incertidumbres en el panorama internacional para 2026, en especial los conflictos geopolíticos (a Ucrania y Gaza de podría sumar Venezuela), la guerra comercial entre USA y China, el aumento de la deuda en EEUU y en todo el mundo (que podría llevar a recortes de gasto y a subidas de tipos), el gasto en Defensa (que impide otros gastos sociales), el progresivo envejecimiento de la población en Occidente y la emergencia climática, que no se afronta con decisión por el auge del negacionismo climático y causará nuevas y costosas emergencias (inundaciones, huracanes, incendios, sequías…).

En Europa, el año 2026 se presenta algo mejor, según las previsiones de otoño de la Comisión Europea: se espera un crecimiento del +1,4% en la UE-27, el mismo que en 2025, pero con una cierta recuperación en Alemania, el motor del continente (espera crecer +1,2%, tras crecer sólo un +0,2% en 2025 y caer un -0,5% en 2024). Francia también crecerá algo más (+0,9% frente a +0,7% en 2025) e Italia (+0,8%, el doble que en 2025), aunque eso se contrapone con un elevado déficit público en los tres paises para 2026 (-4,0% del PIB Alemania, -4,9% Francia y -2,8% Italia), que dificultará reanimar más estas economías, máxime con el estancamiento político en Francia y los enfrentamientos en Italia.

Pero este ligero crecimiento de la UE y de sus tres mayores economías es muy importante para España, porque son nuestros mayores clientes (allí van el 33% de todas nuestras exportaciones) y los europeos que más vienen como turistas (el 31,6% vienen de estos 3 paises europeos). Esto nos ayudará más a crecer en 2026, un año en que la Comisión augura un crecimiento para España del +2,3%, casi el doble que el de la UE-27 (1,4%) y Alemania (1,2%). Con ello, será el 6º año consecutivo (de 2021 a 2026) en que España crecerá más que la media europea: hemos crecido +11,1% entre 2021 y 2025, más del doble de lo que han crecido estos años la UE-27 (+5,2%). Y eso gracias al mayor aumento de la población y del empleo, al turismo, a las exportaciones y a las inversiones promovidas por los Fondos UE.

Este año 2026, el mayor crecimiento español se asentará en dos motores, según las previsiones del Gobierno. Uno, el consumo de las familias, que ha crecido ya en 2025, por el aumento de la población (+475.000 habitantes, por la inmigración) y del empleo (se habrán creado unos 600.000 empleos el año pasado), que han gastado más (y ahorrado menos), también porque los sueldos han subido algo más (+3,49%) que la inflación media esperada (+2,8%) y porque la bajada de tipos ha ayudado a los que tienen una hipoteca o un préstamo. El otro motor del crecimiento, en 2025 y 2026, será la inversión (pública y sobre todo privada), que crece gracias a la inyección de los fondos europeos y a la renovación tecnológica de las empresas, ayudada por la bajada de tipos.

El fuerte consumo de los hogares y la inversión empresarial no sólo tiran del crecimiento sino que reflejan la confianza de empresas y familias en la economía española, reforzadas por una enorme confianza en España de los inversores internacionales, que se demuestra en el aluvión de inversiones en el sector inmobiliario o energético (renovables), pero también en hoteles, turismo, empresas, tecnología y centros de datos. Una confianza que se traduce en que la prima de riesgo, lo que tenemos que pagar de más como país para financiarnos (deuda a 10 años) respecto a Alemania es menor en España (+0,44%) que el extra que tienen que pagar Francia (+0,72%) o Italia (+0,67%).

Todo apunta a que 2026 será el 6º año consecutivo en que España crecerá por encima de su potencial (+1,6%), gracias a una serie de factores que aportan un crecimiento extra, según el análisis de CaixaBank Research: los fondos UE (+0,6% adicional), el aumento de población (+0,5%), los bajos tipos de interés (+0,3%), el alivio de los precios energéticos (+0,1%), el mayor consumo privado (+0,1%) y la mayor inversión en vivienda (+0,1% adicional). Y hay otros factores que restarán crecimiento este año 2026: el menor crecimiento de las exportaciones (restará -0,4% al PIB), el efecto negativo de los aranceles USA (-0,1%), la incertidumbre geopolítica mundial (-0,3%) y la política fiscal contractiva para seguir bajando el déficit público (-0,2%) y otros factores (-0,1%). Ayudas y frenos que se suman al crecimiento “normal” para conseguir ese +2,1% de crecimiento previsto para 2026.

Un crecimiento que no sólo es destacable por superar al de la mayoría de paises sino porque es “más sano” que el fuerte crecimiento de España en los años 90 o al principios de este siglo. Porque España crece con una inflación moderada (3%), creando mucho empleo (+600.000 en 2025), recortando el déficit público (-2,1% en 2026 frente al -3,2% en 2024) y dejándolo por debajo del déficit de Alemania, Francia o Italia, con menos deuda pública (que paga tipos muy bajos) y, sobre todo, con un superávit con el exterior (gracias a los ingresos por turismo, a las exportaciones y a las inversiones extranjeras), algo inédito en el último siglo.

Pero este crecimiento, alto y más sano, no puede esconder los problemas económicos de España que siguen pendientes en 2026. El primero, la sensación que tienen muchos españoles de que “no notan este crecimiento”, porque la mitad tienen problemas para llegar a fin de mes (el 47,4% de los hogares, según el INE), debido a que las subidas de precios se han comido sus sueldos y pensiones. El  problema es que arrastramos la alta inflación de los años pasados (+15,4% subió el IPC entre 2022,2023, 2024 y hasta noviembre de 2025), que ha superado la subida de los salarios (+13,45% en estos 4 años), con lo que los españoles han perdido poder adquisitivo. Y han perdido más los que menos ganan y gastan más en alimentos (subieron +29% estos 4 años), vestido, calzado y vivienda.

Precisamente, la vivienda es otro de los grandes problemas para 2026, porque tiene unos precios prohibitivos tanto para comprar ( 2.605 euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en Madrid) como para alquilar: 14,6 euros/m2 de media (1.314 euros por un piso de 90m2), una subida del 40,38% desde 2022, pero 24 euros/m2 en Barcelona (2.160 euros de alquiler) y 22,8 euros/m2 en Madrid (2.052 euros). Esto deja fuera a muchos jóvenes y familias o las obliga a dedicar la mitad de sus ingresos o más al pago de un techo, mientras las autonomías y el Gobierno son incapaces de pactar unas medidas para promover la construcción de muchas más viviendas para alquiler y venta.

Otro gran reto para 2026 es el deterioro de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, servicios sociales, transportes), que suponen serios problemas para la mayoría y un gasto creciente, que también les dificulta llegar a fin de mes, ya sea en un seguro privado, en la cuota de las guarderías privadas y los colegios concertados, en las Universidades privadas (porque no han conseguido plaza en las públicas, también con matrículas caras), en contratar a una persona para cuidar de los mayores o en pagarles una residencia, en el bono transporte o en los carburantes, los peajes y los seguros.

El mayor problema sigue siendo la sanidad, cada vez más deteriorada por falta de profesionales y recursos, lo que se traduce en que la demora media para ir al médico de cabecera son casi 10 días (9,78), según el último Barómetro del CIS, y una lista de espera de 128 días para el especialista y 118 días para operarse (donde esperan 832.278 pacientes, según Sanidad). Un deterioro que exige más gasto en Sanidad de las autonomías, sobre todo de las que menos gastan por habitante: Murcia (1.511 euros), Cataluña (1.516 euros), Comunidad de Madrid (1.537 euros), Andalucía (1.871 euros), Castilla la Mancha (1908 euros) y Baleares (1.981 euros) , las 6 por debajo del gasto medio en España (2.013 euros/habitante), según los Presupuestos autonómicos para 2026.

Otro gran problema para 2026 es ejecutar los Fondos europeos recibidos y conseguir las subvenciones y créditos pendientes: son 25.000 millones de ayudas a fondo perdido y otros 6.800 millones en créditos, cuya recepción está condicionada a que España apruebe 230 hitos y reformas este año, porque el 31 de agosto se acaban los Fondos europeos. Y no lo vamos a tener fácil, porque al Gobierno Sánchez le faltan apoyos para aprobar en el Parlamento muchas de esas reformas. Y si no se aprueban, no hay Fondos europeos, que han sido y son uno de los factores claves para el crecimiento y el empleo logrados por España.

Otro problema a afrontar en 2026 es reducir la desigualdad y la pobreza, que en 2024 afectó a 9,6 millones de españoles, los que ingresaron menos del 60% de la media (personas que ganan menos de 827 euros al mes en 14 pagas o familias con dos niños que ingresan menos de 1.737 euros mensuales). Son el 19,7% de la población y el objetivo del Gobierno es que este porcentaje baje al 19,4% en 2026 (serían más “pobres”, porque sube la población). Y es especialmente preocupante la pobreza “severa” (los que ingresan menos del 40% de la media), que afecta a 4,3 millones de españoles, en especial mujeres solas con niños (hay 2,5 millones de niños y niñas que viven en “hogares pobres”, según Save the Children), jóvenes, mujeres e inmigrantes.

Y seguimos teniendo el reto del paro, que es el más elevado de Europa, tanto el global (10,5% frente al 6% en la UE-27 y el 3,8% en Alemania) como el paro juvenil (25,3% en España y 15,2% en Europa). Un problema que exige Planes de empleo específicos para jóvenes y mujeres, así como para mayores de 45 años (1.061.100 están parados, el 40,6% de todos los parados, y muchos no van a encontrar ya trabajo nunca). Y también urge reformar de una vez las oficinas de empleo autonómicas (SEPE), que no utilizan las empresas para contratar (acuden a ETTS y conocidos) y tampoco ayudan a los parados a encontrar empleo.

En resumen, 2026 puede ser otro año con una economía internacional que mantenga su crecimiento en medio de la incertidumbre, una economía europea que salga del túnel (débilmente) y una economía española que siga creciendo más que el resto, lo que permitirá llagar a los 23 millones de empleos. Pero hay que resolver los problemas de los precios de los alimentos y la vivienda (alquileres y venta), mejorando los sueldos de una gran mayoría que los tiene bajos y se los come la inflación. Y además, hay que mejorar los servicios públicos, que afectan a la mayoría y a su bolsillo. Pero sobre todo, hay que repartir mejor el crecimiento, que no nota mucha gente, porque existe todavía una gran desigualdad, que sólo pueden corregir los impuestos, las ayudas y las políticas públicas. Pero eso resulta difícil con el actual enfrentamiento político, que impide acuerdos para mejorar la vida de la gente. Algo que se complica mucho más en un año electoral, donde las tensiones políticas podrían afectar negativamente a la recuperación de la economía. Al final, ese es nuestro mayor riesgo. Con todo, que tengan un buen año. ¡Feliz 2026¡  

lunes, 11 de septiembre de 2023

Parón político... y económico

España vuelve a la rutina y se encuentra con un parón político, sin Gobierno hasta finales de noviembre (como pronto) y el riesgo de nuevas elecciones en enero: entre 4 y 7 meses de “paralización política”. Y esta incertidumbre política coincide con un “parón económico”: una economía mundial que enfría su crecimiento, con Europa estancada y el riesgo de un bajo crecimiento en China. Por todo ello, este otoño se presenta complicado, también para España: coincide un Gobierno en funciones con un esperado frenazo del consumo, tras el gasto turístico del verano (las tarjetas y el curso escolar provocarán una “cuesta de septiembre”), el pinchazo de las exportaciones, la nueva subida de los precios (y más este invierno, por la energía y la sequía), los altos tipos de interés y el freno de la industria y la construcción. Al final, sufrirán la inversión y el empleo. Por todo ello, urge tener un Gobierno, que (como ha hecho Alemania) apueste por reanimar la economía y el empleo.

                                  Enrique Ortega

A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%). 

Lo más preocupante para España son los malos datos de la economía europea, confirmados recientemente por Eurostat: un nulo crecimiento de la UE-27 en el 2º trimestre, tras un mínimo aumento del PIB del +0,2% en el primer trimestre y una caída del -0,1% en el 4º trimestre. A lo claro, que Europa lleva un año ya estancada, sin apenas crecer. Y lo peor es que no tira Alemania, la locomotora europea: no creció nada en el 2º trimestre (+0%), tras una recesión anterior, en el primer trimestre (-0,1%) y en el 4º trimestre de 2022 (-0,4%), lo que afecta a todos los paises y también al turismo y la exportación españoles. Italia sigue cayendo (-0,4% en el 2º trimestre, tras crecer un 0,6% al inicio del año y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), lo mismo que Paises Bajos (-0,3% en el 2º trimestre y -0,4% en el 1º), Austria (-0,7%), Suecia (-0,8%), Polonia (-2,25), Hungría (-0,3%), Chipre (-0.4%), Letonia (-0,3%) y Estonia (-0,2%). 

Junto a la debilidad de la OCDE y el estancamiento de Europa, preocupa el “pinchazo” de China: su economía creció un +0,8% en el 2º trimestre de 2023, frente al 2,2% del primer trimestre y el 5% que esperaba crecer este año, ya muy por debajo de los crecimientos superiores al +10% que ha tenido en los últimos 30 años. Sus exportaciones caen (-14,5%) y también sus importaciones (-12,4%), por una caída del consumo interno, un alto endeudamiento y el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, factores que están frenando el comercio mundial y que preocupa contagien a Occidente, agravando más su estancamiento. 

Y mientras, la inflación mundial sigue elevada y también en Europa (6,1% en julio), lo que rebaja el consumo y el crecimiento, forzando a subidas de los tipos de interés, que pueden debilitar aún más el crecimiento y abocar a Europa (e incluso a EEUU) a una recesión a finales de este año 2023, como ya sucedió con anteriores subidas de tipos. En definitiva, un panorama económico internacional preocupante, que se nubla más con el enquistamiento de la guerra en Ucrania (que ha cumplido año y medio sin vislumbrarse una salida) y el temor a un repunte de la inflación este invierno, por el repunte de los precios de la energía (el petróleo y el gas ya están subiendo) y los alimentos, por el calor y la sequía. 

En España, este otoño vamos a notar el final del tirón turístico, que ha empujado el consumo y el empleo, augurándose una caída del consumo de los hogares a partir de septiembre, cuando haya que afrontar el pago de los colegios y las tarjetas por el gasto de este verano. Hasta ahora, las familias han tirado del ahorro y de los créditos para viajar e irse de vacaciones, pero este “colchón” se está agotando y en los próximos meses se espera una caída del consumo de los hogares, que repercutirá negativamente en la actividad y el empleo. 

Además, preocupa el cambio en el gasto de los españoles: cada vez más, el consumo se dirige al gasto en servicios (viajes, hoteles y restaurantes) y en alimentación, no a la compra de bienes (desde electrodomésticos a coches o ropa). Y eso se traduce en una caída de la demanda de la industria, que lleva meses sin dar salida a sus stocks y preocupada por el estancamiento de ventas (que llevó a perder empleo en la industria en el 2º trimestre: -64.500 empleos, cuando en el conjunto de la economía se crearon +603.900, por los servicios). Y también se teme por la construcción, ahora que los tipos altos están frenando la demanda de  hipotecas y la  compra de viviendas. 

Otro punto negro en nuestra economía es el pinchazo de las exportaciones, que llevan años ayudando a mantener el crecimiento y el empleo. El estancamiento en Europa (sobre todo en Alemania) y la crisis del comercio mundial (agravada por la guerra comercial entre EEUU y China) han provocado ya una caída de las exportaciones españolas en el 2º trimestre: -4% sobre el mismo periodo del año anterior (frente al +14,6% que crecieron en el primer trimestre de 2023), según Comercio. Y todo apunta a que las exportaciones españolas seguirán “flojas” el resto del año, por el estancamiento en Europa y la revalorización del euro (+7,25% en lo que va de año, con lo que los productos europeos son un 7,25% más caros para los que no pagan en euros), frenando más el débil crecimiento. 

Y en medio de este panorama, no ayudan los altos tipos de interés y la posible nueva subida de tipos que podría hacer el BCE este jueves, 14 de septiembre (la 10ª en 14 meses), hasta el 4,50%, el tipo más alto desde 2008. Una subida que sería “la puntilla” para una Europa estancada y frenaría aún más el consumo y la inversión, acercándonos a la recesión. Y lo más preocupante: se frenará la creación de empleo, el principal motor del crecimiento y el consumo. Ya el año pasado, en el tercer trimestre se creó mucho menos empleo (77.000 frente a 383.300 en el 2º trimestre) y ahora puede pasar lo mismo, mientras en el 4º trimestre de 2022 se perdió empleo (-81.900), algo que podría repetirse este año. Ya en agosto, con el final de las vacaciones, se perdieron -185.385 empleos, según los últimos datos de afiliación de la Seguridad Social. 

Junto a este preocupante panorama económico cara al otoño, España tiene un problema adicional: la incertidumbre política, tras unas elecciones el 23.J que han frenado un gobierno del PP y Vox pero que nos han abocado a un parón político. De momento, la obstinación de Núñez Feijóo  a presentarse a una investidura imposible a finales de agosto nos hace perder un mes largo más sin Gobierno. Y no habrá un segundo intento hasta finales de noviembre, cuando lo intente Sánchez, que lo tiene muy difícil. Si lo consigue, no tendremos Gobierno hasta diciembre. Y si no, habrá elecciones el 14 de enero y veríamos si podría conseguirse un Gobierno en febrero. En resumen, entre 5 y 7 meses sin Gobierno, una incertidumbre política que agrava la incertidumbre económica. Y con un cierto “parón político” en Europa, dado que en junio de 2024 habrá elecciones europeas. 

La principal consecuencia de estar sin Gobierno es que se frenan muchas decisiones de inversión y de empleo, así como nuevos proyectos ligados a los Fondos europeos y que ahora no puede aprobar un Gobierno en funciones, que tampoco va a aprovechar las ventajas (políticas, pero también económicas) de la presidencia de turno de la Unión Europea. Pero la principal consecuencia de no tener Gobierno es que no se podrán aprobar los Presupuestos para 2024 y habrá que prorrogar los de 2023. La ausencia de nuevos Presupuestos frenará muchos proyectos, aunque estén asegurados las subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las partidas para sanidad, educación y gasto social. Pero no posibles mejoras sociales y de impulso económico, como la subida del salario mínimo o nuevas ayudas e inversiones. 

Por todo ello, necesitamos tener un Gobierno cuanto antes, que afronte el debilitamiento de la economía este otoño, como ha hecho el Gobierno alemán: han aprobado un Plan de ayudas de 32.000 millones para impulsar su débil economía. Aquí, en España, haría falta también reanimar la economía, acelerando al máximo las inversiones de los Fondos europeos y aprobado medidas para apoyar a la industria y la construcción de viviendas, que pueden ayudar si el consumo de las familias cae. Además, urge un Plan de empleo, para que haya más trabajo para los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años. Y todo ello, con un nuevo Presupuesto para 2024, que asegure un mayor crecimiento y permita reducir el déficit al 3% del PIB (como exige la Comisión Europea y ha prometido el gobierno Sánchez), con mayor recaudación y sin recortar gastos sociales. Todo ello, sin olvidar avanzar en las reformas de fondo, sobre todo para afrontar problemas como el cambio climático, la sequía y el reparto del agua, la digitalización de la economía, la reindustrialización y la tecnología, la mayor internacionalización de las empresas y  la mejora de nuestra competitividad.

Muchas tareas pendientes como para perder el tiempo en “teatrillos” políticos que no aportan nada a los españoles y dilatan las soluciones a nuestros problemas más urgentes, agravados por una coyuntura internacional y europea preocupante. No pierdan más tiempo, por favor.