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lunes, 23 de septiembre de 2019

Elecciones: malo para pensionistas y gasto social


Las elecciones y la falta de Gobierno hasta enero de 2020 (eso si no se repite el actual bloqueo político) son una muy mala noticia para la economía: se prorroga otra vez el Presupuesto de 2018, no se toman medidas contra la crisis que viene y no se afrontan las reformas urgentes aparcadas en estos 4 años de inacción. Lo sufriremos todos, pero sobre todo los pensionistas (hoy no tienen asegurada una subida superior al 0,25% en enero), los funcionarios, el salario mínimolas autonomías: no pueden cobrar los 7.500 millones de atrasos de Hacienda y preparan a ciegas los Presupuestos 2020, porque no saben cuánto les va a transferir el Estado. Y como en 2020 no pueden tener déficit (“regla de gasto” de Montoro) ni endeudarse más, sólo les quedará hacer más recortes. Los tendrán que imponer en sanidad, educación, Dependencia y ayudas sociales, sobre todo la Comunidad Valenciana, Murcia, Aragón, Castilla la Mancha y Extremadura, las que hoy tienen peor sus cuentas. Y eso cuando las autonomías no han recuperado aún el gasto social de 2009. Vienen malos tiempos.


Las elecciones del 10-N, las cuartas en 4 años, no son sólo un fracaso de nuestros políticos sino un grave riesgo para la economía, porque no tendremos Gobierno hasta enero o febrero de 2020 (y eso si no se repiten los resultados y el actual bloqueo político), con lo que no se podrán tomar medidas para impedir otra crisis y afrontar el enfriamiento de la economía europea, un Brexit duro, la caída del comercio mundial y otra posible crisis del petróleo. Y tampoco se van a afrontar en muchos meses las reformas urgentes que llevan esperando desde 2015, por el bloqueo político y la imposibilidad de pactos : pensiones, paro, reforma laboral, educación, sanidad, Dependencia, gasto social, pobreza y desigualdad, vivienda, retraso tecnológico… Y todos lo sufriremos.

Los primeros afectados son los 8,7 millones de pensionistas, que no tienen garantizada la subida que tendrán en enero de 2020. En 2019 han tenido una subida del 1,6% (y un 3% las mínimas), gracias a un decreto-ley aprobado  por el Gobierno Sánchez en diciembre de 2018 y convalidado en enero en el Parlamento (con la abstención de PP y Ciudadanos). Pero antes, desde 2013, sólo se les revalorizaba un 0,25% anual, hasta que en 2018 Rajoy y el PNV pactaron una subida del 1,6%. Ahora, hay incertidumbre sobre lo que va a pasar, porque el Gobierno está en funciones y la subida del 1,6% era sólo para 2019: Sánchez quería que la revalorización futura la fijara el Pacto de Toledo. Pero no hubo  acuerdo entre los partidos y el Parlamento está cerrado. Ahora, la ministra portavoz ha dicho que el Gobierno en funciones no aprobará la subida antes del 10-N y que esperará a ser investido para subirlas lo que el IPC. Eso puede retrasar la subida de enero si el que gane las próximas elecciones no consigue ser investido antes del 31 de diciembre. Y si no tiene apoyo en el futuro Congreso, las pensiones sólo subirán el 0,25% fijado por la vigente Ley de 2013. 

También están afectados los 2,5 millones de funcionarios públicos, que no tienen asegurada la subida salarial de 2020. En principio, hay un pacto a tres años (firmado en 2018 por el Gobierno Rajoy con los sindicatos) para subirles un 2% (más un 1% adicional por productividad), pero hacerlo efectivo implica que haya un Gobierno investido para aprobar la subida de 2020 : no pueden aprobarlo tampoco antes del 20-N, lo que también puede retrasar la subida de enero. Y la falta de Gobierno afecta también a los 2,5 millones de trabajadores que cobran el salario mínimo, ya que aunque se firmó un pacto entre el PSOE y Podemos para subirlo de los 900 euros actuales a 1.000 euros en 2020, la subida requiere un decreto-ley que sólo puede aprobar un Gobierno investido. Y de ese nuevo SMI depende el importe de muchas ayudas sociales, como becas y ayudas a la vivienda, que no subirán en 2020 si no se actualiza el salario mínimo. 

Quienes seguro van a sufrir los efectos de no tener Gobierno son las autonomías. Por dos razones. La primera, porque la falta de Gobierno les impide ingresar 7.500 millones de euros que les adeuda Hacienda, casi un 5% de sus ingresos totales. Y la segunda, porque al no haber Gobierno, las autonomías no han recibido ninguna indicación de los ingresos que les tiene que transferir el Estado central en 2020, con lo que tienen muchos problemas para presentar sus Presupuestos en octubre, como otros años: los tienen que hacer “a ciegas”, sin saber lo que se pueden gastar. Lo que sí saben es que en 2020 no pueden tener déficit (tuvieron -2.810 millones en 2018, un 0,4% del PIB), por la “regla de gasto” que les dejó Montoro, “un corsé presupuestario” que el Gobierno Sánchez no pudo quitarles el último año, al no tener mayoría en el Senado. Así que les faltan ingresos, no saben los que van a tener y no pueden tener déficit, con lo que parece seguro que en 2020 tendrán que gastar menos. Hacer recortes otra vez.

El primer problema, los atrasos que les debe Hacienda, tiene mal arreglo. Son de dos tipos. Por un lado, 5.000 millones de la liquidación de impuestos compartidos de 2017: cada año, Hacienda les transfiere una cantidad en concepto de impuestos compartidos (les toca recibir el 50% de la recaudación prevista del IRPF y del IVA, más el 58% de los impuestos especiales y el 100% del impuesto sobre la electricidad). Es un cálculo sobre lo que esperan recaudar. Luego, a los dos años, Hacienda les paga la diferencia si se recauda más (o les resta si se recauda menos). Y les corresponde esos 5.000 millones más de atrasos por 2017. Por otro lado, Hacienda cambió en 2017 el sistema de liquidación del IVA y les abonó a las autonomías sólo 11 meses, con lo que tiene otro atraso de 2.500 millones más que debería pagarles este año 2019. En total, 7.500 millones de atrasos pendientes.

Pero el Gobierno Sánchez en funciones no se lo paga, porque Hacienda dice que “legalmente no puede hacerlo”: tiene un dictamen de la Abogacía del Estado que le da la razón y dice que un Gobierno en funciones no puede pagar los atrasos. Y el pago de los atrasos del IVA (los 2.500 millones) es aún más difícil: exige una Ley. El Gobierno Sánchez intentó corregirlo en la Ley de Presupuestos para 2019, pero se la tumbaron en el Parlamento.

Las autonomías están que trinan, sobre todo las más afectadas por este retraso, que son las no gobernadas por socialistas: Cataluña (1.317 millones de atrasos pendientes), Andalucía (1.190 millones), Madrid (1.237 millones), Castilla y León (400 millones) o Galicia (375 millones), aunque deben también 450 millones a la Comunidad Valenciana, 300 a Castilla la Mancha y 150 a Asturias, según algunas estimaciones. La Generalitat catalana ya ha anunciado que va a llevar al Gobierno Sánchez a los Tribunales para cobrar (recurso ante el Tribunal Contencioso Administrativo) y tanto Madrid como Andalucía estudian hacer lo mismo. Y mientras, el Gobierno en funciones asegura que “busca una salida”, pero que legalmente está muy difícil resolverlo. Sin embargo, el diario "El País" afirma que el Gobierno en funciones les pagará antes de finales de septiembre 4.500 millones (sin el IVA),lo que ha provocado acusaciones de "electoralismo" del PP y Ciudadanos.

Y entre tanto, a falta de ese dinero, las autonomías no saben lo que van a ingresar en 2020, porque Hacienda no les ha enviado, como otros años, las previsiones de recaudación y de transferencia de fondos previstas para 2020, al estar en funciones y no haber proyecto de Presupuestos para 2020 en septiembre, como otros años. Lo que sí saben es que este año y el que viene, les han subido los gastos, en muchos casos, por decisiones tomadas por el Gobierno central pero que “pagan ellos”: subida del 2,5% del sueldo de los funcionarios y de las bases mínimas de cotización a la SS (las nóminas públicas suponen un tercio del gasto autonómico), subida del salario mínimo (al que están ligadas muchas ayudas sociales autonómicas, ahora más costosas) y más horas lectivas en la enseñanza (reforma de una parte de la LOMCE), que encarece la enseñanza pública (transferida).

Así que más gasto, este año y en 2020, menos ingresos e incertidumbre y la certeza de que en 2020 no pueden tener déficit, por imposición de Bruselas y Montoro. El resultado es que todas las autonomías tratan de “hacer encaje de bolillos” para no hacer recortes. Pero lo tienen difícil. Y más si no les llegan los 7.500 millones que esperan desde hace meses.

Y quien vamos a sufrir esta situación, fruto de una falta de Gobierno y de Presupuesto que va a continuar meses, somos los ciudadanos. Porque las autonomías son responsables de la mayoría del gasto social, de la gestión y de la mayor parte de la financiación de la sanidad, la educación, la Dependencia y las ayudas sociales. Y las autonomías tendrán que volver a hacer recortes, cuando todavía no se han recuperado de los recortes anteriores. Así, el gasto social autonómico (sanidad, educación, Dependencia y ayudas sociales) es de 116.100 millones de euros este año 2019, un 3,6% menos (-800 millones) que en 2009, según el análisis hecho por los Directores y Gerentes de Servicios Sociales. Y si miramos el gasto social autonómico por habitante (2.420 euros en 2018), ha bajado aún más con la crisis, un -4,54% (era de 2.535 euros en 2009).

El problema de tener que volver a hacer recortes es que llovería sobre mojado, porque hay 8 autonomías que no han recuperado todavía el gasto social por habitante (sanidad, educación, dependencia y ayudas sociales) de 2009: Cataluña (-21,7%), Castilla la Mancha (-13,8%), Canarias (-5,6%), Madrid (-5,5%), Galicia, Murcia, Andalucía y Aragón, según el balance de los Directores de servicios sociales. Y las 9 autonomías que sí recuperaron su gasto social en 2018, apenas gastaron algo más que en 2009: Baleares (+9,6%), Comunidad Valenciana (+6,5%), Cantabria (+5,6%), Asturias (5,4%), Castilla y León (+4,8%), País Vasco (+3,7%), Navarra (+2,6%), la Rioja (+2,1%) y Extremadura (+1,9%). Y lo peor: sigue habiendo mucha diferencia de gasto social según donde uno viva. Hay 5 autonomías que tienen un gasto social por debajo de la media española (2.420 euros por habitante en 2018): Madrid (2.109), Cataluña (2.182), Andalucía (2.311), Canarias (2.340) y Baleares (2.380 euros). Y Madrid, la región con menos gasto social de España, gasta un tercio menos que el País Vasco (3.243 euros por habitante o Navarra (3.152 euros).

El mayor problema que tienen las autonomías es la sanidad, donde han hecho el mayor recorte de gasto autonómico: -3.864 millones de euros (un 6% del presupuesto) entre 2009 y 2018, según el balance de los Directores de servicios sociales. Y tanto Cataluña como Madrid gastan ahora en sanidad por habitante un tercio menos (-32%) que en 2009, siendo también menor el gasto por habitante en sanidad en Andalucía, Murcia y Comunidad Valenciana,  lo que se traduce en la calidad de la sanidad, enormes listas de espera y colapsos en hospitales, especialistas y centros de salud.

En educación, el recorte del gasto autonómico ha sido de -1.646 millones de euros (-4%) entre 2009 y 2018, con 10 autonomías que gastan menos que antes, sobre todo Castilla la Mancha y la Rioja (-15%), Cataluña (-12%) y Asturias (-11%). Y ahora hay 8 autonomías que gastan en educación menos que la media (840 euros por habitante en 2018): Madrid (691,79 euros), Asturias (732,84), Cataluña (753,47), Canarias (777,38), Castilla la Mancha (813), Baleares (822), Castilla y León (830) y Galicia (837). Y el País Vasco, la que más gasta (1.250 euros por habitante), casi duplica el gasto educativo por habitante de la que menos, Madrid.

En Dependencia y servicios sociales es en lo único que las autonomías gastaron 1.320 millones más (+11,11%) en 2018 que en 2009, aunque este gasto cayó en Castilla la Mancha (-26,5%), Cataluña (-0,73%), Galicia (-0,73%) y Andalucía (-0,64%). Y hay 6 autonomías que gastan en Dependencia y servicios sociales menos que la media (283,7 euros por habitante): Comunidad Valenciana (243 euros, la mitad que Navarra, que gasta 511), Murcia (245), Madrid (263), Galicia (266), Cataluña (274) y Andalucía (277 euros). Y todavía hay 257.787 dependientes en espera (agosto 2019) de recibir unas ayudas que tienen reconocidas, por falta de recursos de las autonomías (y como son muy ancianos, 80 dependientes mueren cada día sin recibir sus ayudas, según los Directores de Servicios sociales).

Como se ve, las autonomías y todos nosotros aún no nos hemos recuperado de los recortes sociales, hechos para asegurar a los inversores (“los mercados”) que iban a cobrar su deuda: el gasto para pagar intereses (prioritario tras la reforma constitucional pactada en 2011 entre ZP y Rajoy) saltó de 6.886 millones pagados por España en 2009 a los 32.113 millones de euros que pagaremos en 2019. Son 25.227 millones más en pago de intereses que explican por qué el gasto social  autonómico (sanidad, educación y servicios sociales) ha caído en 4.190 millones estos años y el resto de recortes estatales (en inversiones públicas y en casi todo).

Ahora, si nadie lo remedia, las autonomías estarán obligadas a “apretarse el cinturón”, este año y en 2020, viéndose forzadas a nuevos “ajustes” (recortes). Y más si bajan impuestos, como prometen Madrid, Andalucía, Galicia y Castilla y León. Baste un dato: Madrid deja de ingresar cada año 955 millones por no aplicar el impuesto de patrimonio, en beneficio de los más ricos que viven en la región. Y eso, a pesar de ser hoy Madrid la autonomía con menos gasto social por habitante, seguida de Cataluña y Andalucía (que también promete bajar impuestos), la que menos gasta en educación, la segunda que menos gasta en sanidad y la quinta con menos gasto en Dependencia y servicios sociales.

Las autonomías más preocupadas con las elecciones y falta de Gobierno hasta 2020 son la Comunidad Valencia y Murcia, porque son dos de las más perjudicadas por el actual sistema de financiación (que lleva desde 2014 esperando una reforma), están muy endeudadas y han sufrido unas inundaciones que serán muy costosas. Por eso, el Gobierno en funciones ha acordado anticiparles 320 millones en créditos del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), junto a otros 160 millones para Andalucía. Pero es “un parche”: son créditos casi sin interés que tendrán que devolver. También tienen problemas serios otras autonomías, que no acaban de rebajar su déficit este año, según AIReF: Aragón, Castilla la Mancha y Extremadura. Y tienen dudas sobre Cataluña, Baleares y Rioja.Todas ellas presionan al Gobierno Sánchez, en funciones, para que pague los atrasos. Y como el tema puede ser un gran “obstáculo electoral” para Sánchez, Hacienda ha prometido “buscar una solución antes de fin de año” (ahora será “antes del 10-N”).

Pero será otro parche mientras no haya un Gobierno y se pacte una reforma de la financiación de las autonomías, pendiente desde 2014. Y una reforma fiscal de verdad, que asegure ingresos suficientes para pagar el Estado del Bienestar, porque hoy España recauda 73.703 millones menos cada año que la media de Europa. Y por eso tenemos más déficit público y recortes. Y menos gasto social que Europa. Sin más recaudación, sin más recursos (al menos, como Europa), no se puede apuntalar el Estado del Bienestar. Y ahora, sin Gobierno ni Presupuesto, las autonomías tendrán que hacer “malabarismos” para mantener la sanidad, la educación, la Dependencia, los gastos sociales y las inversiones más urgentes. Y más, las que bajen impuestos. Porque tendrán que hacer recortes o sacarnos el dinero por otro lado. En economía no hay “milagros”.

lunes, 18 de abril de 2016

Más desigualdad entre las 2 Españas


La economía mejora y crea empleo, pero aún no hemos salido de la crisis: la producción (PIB) por persona es menor que en 2007. Y la crisis ha agravado las diferencias entre las regiones ricas y pobres: sólo hay 6 autonomías que estén mejor que en 2007 y cuatro de ellas son ricas. La diferencia de renta entre el País Vasco y Extremadura es ahora mayor que antes de la crisis. Además, el mapa de la desigualdad no ha cambiado: las 7 autonomías más pobres (Extremadura, Melilla, Andalucía, Castilla la Mancha, Murcia, Ceuta y Canarias) son las mismas que en 2007. Y que hace 30 años. Seguimos con las 2 Españas y cada vez más lejos. Urge reformar la financiación autonómica, no sólo para que las regiones tengan más recursos, sino para corregir sus grandes diferencias. Y utilizar los impuestos, la industria, la tecnología, las inversiones y la educación para homogeneizarlas. Trabajar para que los españoles seamos más iguales en una década. No es mucho pedir.
 
enrique ortega

La actual crisis económica ha tenido en España dos periodos muy diferentes. Uno, el de la Legislatura de Zapatero (2008-2011), cuando la crisis financiera que estalló en EEUU (Lehman Brothers, septiembre 2008) hundió a la economía española en 2009 (-3,6% PIB), para estabilizarse después (+0,01% en 2010) y caer un poco en 2011 (-1%), por los primeros recortes. Pero no hubo “un desplome” y aunque la producción (PIB por habitante) cayó algo (-0,53%) hubo 7 autonomías cuya producción aumentó en esta Legislatura (País Vasco, Navarra, Aragón, La Rioja, Asturias, Castilla y León, Galicia), 2 autonomías donde se estabilizó (Castilla la Mancha y Extremadura), para caer en las 10 restantes (más en Melilla, Ceuta y Canarias).

En la siguiente Legislatura (2012-2015), la de Rajoy, estalló la segunda recesión, en Europa y en España, que provocó una fuerte caída de la economía en 2012 (-2,6%) y 2013 (-1,7%), que hundió el empleo y la renta. Y aunque el crecimiento se ha recuperado después, en 2014 (+1,4%) y 2015 (+3,2%), el balance es muy negativo: la producción (PIB per cápita) cayó en estos cuatro años un -2,10%, cuatro veces más que en la Legislatura anterior. Y de las 17 autonomías, más Ceuta y Melilla, sólo dos regiones ricas aumentaron su producción (Madrid y Cataluña), dos la estabilizaron (Canarias y Extremadura) y las 14 restantes empeoraron, sobre todo Cantabria, Melilla, Asturias y Castilla y León.

Al final, si sumamos las dos Legislaturas de la crisis, el balance es muy claro: España aún no ha recuperado el PIB por habitante de 2007. Si en ese año producíamos 23.396 euros por español, en 2015 produjimos 23.290 euros, un 0,45% menos, según el INE. Aún no nos hemos recuperado de esta crisis. Eso sí, hay 4 regiones ricas que sí: Madrid (+6,16% ha aumentado su PIB/habitante), La Rioja (+3,19%), Cataluña (+0,80%) y Aragón (+0,75%). Otra intermedia que también, Galicia (+3,18%) y una pobre, Extremadura (+0,53%), aunque ahora esté más lejos de la renta de la región más rica (en 2007, su PIB/habitante era el 52,5% y en 2015 es sólo del 50,8%). Y todavía hay 13 regiones cuya producción (PIB por habitante) no ha recuperado los niveles de 2007, destacando la caída en todos estos años de Melilla (-18,5%), Ceuta (-11,8%), Cantabria (-10,8%), Andalucía (-5,6%), Canarias (-5,25%) y Murcia (4,17%). O sea, las que más cayeron con la crisis son 5 de las 7 más pobres.

Este mayor crecimiento o caída de las regiones durante la crisis explica que en unas haya más o menos empleo y paro que en otras. Y aquí, las diferencias son muy llamativas. En todas se ha creado empleo, pero no trabaja el mismo porcentaje de personas. Si la media en España es del 47% (47 ocupados por cada 100 españoles mayores de 16 años), hay 12 autonomías con menos empleo, en especial las más pobres: Melilla (37,5% empleados), Extremadura (39,5%), Andalucía (40,98%), Asturias (41,2%), Ceuta (42,9%) y Galicia (43,8%), según la EPA de 2015. Y otras 7 autonomías, las más ricas, donde trabajan la mitad o más de los adultos: Madrid (54,05%), Baleares (53,4%), La Rioja (51,06%), Cataluña (51,03%), Navarra (50,7%), Aragón (50,03%) o País Vasco (49,4%). Y lo mismo pasa con el paro: si España está en el 20,9% (EPA diciembre 2015), hay 5 autonomías, las más pobres, con un paro mucho mayor: Melilla (32,6%), Andalucía (29,8%), Canarias (26,7%), Extremadura (26%) y Castilla la Mancha (24,9%). Mientras, 4 de las autonomías ricas tienen un paro “casi europeo”: País Vasco (12,8%), Navarra (13,5%), La Rioja (13,9%) y Aragón (14,6%).

Y claro, con distinto crecimiento y distinto paro, los salarios también son muy desiguales entre las autonomías. En Extremadura, el salario medio es de 19.129 euros, un 29% menos del salario en el País Vasco (26.915 euros), según el INE (datos 2013, los últimos publicados). Y lo peor es que la caída de los salarios con la crisis ha sido mayor en las regiones más pobres y con más paro, que la brecha salarial se ha agravado también con la crisis.

El Estado, cualquier Gobierno, tiene una serie de mecanismos para tratar de reducir las diferencias entre sus ciudadanos y sus regiones. La principal son los impuestos, haciendo que paguen menos los que menos tienen. El problema en estos años es que han subido más los impuestos indirectos (IVA, carburantes, tasas, etc.), que se pagan igual se gane lo que se gane. Eso ha restado eficacia a que los impuestos redistribuyan riqueza. Lo mismo ha pasado con las prestaciones sociales: desde el paro a las pensiones, becas y ayudas, se han recortado drásticamente y eso afecta a los que menos tienen y a las regiones más atrasadas. Y también se han recortado las inversiones públicas, que ayudan a “repartir” infraestructuras y recursos que “tiren” de las regiones más deprimidas.

Así que al final, el cocktail de la crisis, la subida de impuestos y los recortes han agravado las desigualdades, no sólo entre españoles sino también entre regiones, según los datos del INE. La renta media por persona ha caído en toda España por la crisis, un 3,2% (de 10.737 euros en 2008 a 10.391 en 2014). Pero esta misma renta ha crecido en 5 de las 7 autonomías más ricas: Aragón (+4,8%), La Rioja (+1,96%), País Vasco (+1,73%), Madrid (+0,8%) y Navarra (+0,75%). Y en el resto, la renta por persona sólo ha mejorado en Ceuta (+8,2%), Galicia (+7,9%) y Melilla (+5%). Y la renta ha caído más que en el conjunto de España en varias autonomías pobres o medianas: Murcia (-14,8%), Cantabria (-12,5%), Andalucía (-10,3%), C. Valenciana (-7,3%), Castilla la Mancha (-5,7%) y Extremadura (-4,6%). Lo peor es que la renta por persona en Extremadura (7.729 €) no sólo es casi la mitad que la del País Vasco (14.281 €), sino que en 2008 era el 57,7% de la renta vasca y en 2014 suponía aún menos (el 54,12%). Las regiones ricas son más ricas ahora.

Y las regiones pobres son ahora más pobres que antes de la crisis, según los datos del INE. Si en 2008 había 7 autonomías con más de una cuarta parte de su población “pobre” (que ingresan menos del 60% que la media de españoles), esas mismas autonomías eran las que tenían más pobres en 2014: Ceuta (44,3% de pobres), Murcia (37,2%), Andalucía (33,3%), Extremadura (33,1%), Castilla la Mancha (28,4%), Canarias (27,65) y C. Valenciana (26,25), mientras hay menos pobres que en 2008 en el País Vasco (10,2%) y Madrid (14,7%).

Al final de tantas cifras, el balance es claro: España es más desigual que antes de la crisis. Y además, se mantienen inmutables las 2 Españas, la rica y la pobre. Esta es la lista de las 7 autonomías más ricas (PIB por habitante) en 2015: Madrid (31.812 euros por habitante), País Vasco, (30.459), Navarra (28.682), Cataluña (27.663), Aragón (25.552), La Rioja (25.507) y Baleares (24.394). Son las mismas que en 2007, cambiando que Madrid superó en 2014 al País Vasco y que Aragón ha superado en 2015 a la Rioja. Y tampoco ha cambiado la lista de las 7 autonomías más pobres, salvo porque haya salido Galicia y haya entrado Ceuta: son Extremadura (16.166 euros por habitante), Melilla (17.173), Andalucía (17.263), Castilla la Mancha (18.354), Murcia (18.929), Ceuta (19.399) y Canarias (19.900). Y lo peor: esta lista de regiones pobres y ricas en España es la misma que hace 30 años.

¿Por qué sigue habiendo 2 Españas? La respuesta habría que buscarla en la distinta estructura económica de las regiones. Es un hecho que la industria aporta un empleo más estable y más productividad. Y pesa más en Navarra (29% PIB), la Rioja (28%), País Vasco (25%) o Aragón (22%) que en Andalucía (11,7% PIB) o Extremadura (13%). Las exportaciones también ayudan decisivamente y dos tercios se concentra en cinco regiones (25,5% en Cataluña, 11, 4% en la Comunidad Valenciana, 11,3% en Madrid, 10% en Andalucía y 8,8% en el País Vasco), mientras apenas cuentan Extremadura (0,7% exportaciones totales, Asturias (1,5%), Cantabria (0,9%), Castilla la Macha (2,4%) o Murcia (3,7%). La innovación y la tecnología son claves para competir  y no es casualidad que las 4 autonomías que invierten más que la media en I+D+i, País Vasco (2,03% del PIB), Navarra (1,75%), Madrid (1,68%) y Cataluña (1,47%) estén entre las más ricas, mientras Ceuta, Melilla, Castilla la Mancha, Extremadura, Cantabria y Murcia, estén a la cola, gastando menos del 0,8% de su PIB en tecnología. Y también el País Vasco y Navarra están a la cabeza de España (con Asturias y Extremadura), en el gasto en educación por habitante.

Además de estos factores económicos, también hay factores financieros, ligados a la concentración del dinero y del crédito en las regiones más ricas. Y luego está la distinta financiación de las regiones. Está claro que el País Vasco y Navarra se benefician de un régimen fiscal especial, el cupo vasco o régimen foral, que se les concedió en 1981 (en los tiempos más duros de ETA) y que ahora nadie se atreve a quitarles. Pero también está claro que el actual sistema de financiación autonómica es insuficiente para prestar los servicios básicos (por eso, 13 autonomías están “rescatadas” por el Estado central, a través de un Fondo, el FLA,  que les ha inyectado ya 93.645 millones en créditos a muy bajo interés). Como para pedirle al sistema de financiación que además corrija las desigualdades entre autonomías.

Urge aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica que aumente sus ingresos con dos fines. Uno, sostener las competencias básicas de las autonomías (sanidad, educación, dependencia y protección social). Y el otro, ayudar a las autonomías pobres a crecer más y recuperar la brecha que les separa de las autonomías más ricas: hay que crear un Fondo de compensación eficaz (ahora hay 4 Fondos), con más recursos, asegurados por Ley. Y en paralelo, tratar de corregir los desequilibrios regionales con la política fiscal (deducciones e incentivos a empresas) y la política económica (inversiones públicas, política industrial, exportaciones, tecnología, educación y formación). Y con un Plan contra la pobreza.

No puede ser que los españoles sean más o menos ricos según donde nazcan o vivan. Ni tampoco que la democracia y el desarrollo no hayan servido apenas para reducir la desigualdad entre la España rica y la pobre, agravada con la crisis. Si pedimos solidaridad a Europa, tenemos que empezar a aplicarla entre nosotros. No puede haber 2 Españas.