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lunes, 25 de noviembre de 2019

Mileuristas: mitad jóvenes y un tercio mujeres


Los sueldos subieron un 2,9% en 2018, hasta los 1.944 euros brutos de media. Es "la mayor subida anual en la última década", dicen algunos con triunfalismo. Es cierto. Pero no dicen que la subida de salarios de la recuperación (+3,35% desde 2014) se la ha comido la inflación (+4,2%), igual que la subida desde 2007. Y que ahora los salarios son mucho más desiguales y que hay dos grupos con un salario mileurista: la mitad de los jóvenes y casi un tercio de las mujeres, cuya “brecha salarial” con los hombres ha aumentado en los dos últimos años. Y además, un tercio de los que trabajan son pobres, según las estadísticas europeas. Así que nada de triunfalismos: los sueldos siguen bajos y son un 23% menores que la media europea y un 40% más bajos que en  Alemania. Nuestras empresas siguen buscando competir  “a la China”, con sueldos bajos, en perjuicio de nuestros ingresos. Urge tener unos sueldos decentes y competir con otras cosas.


enrique ortega

En 2018, el sueldo medio de los españoles que viven de un salario (16.215.800 trabajadores) fue de 1.944,40 euros brutos (unos 1.750 euros netos), con una subida anual del 2,9%, la mayor de la última década, desde 2008 (en que subieron un 8%), según el INE. Parece que la devaluación salarial se ha acabado, tras unas subidas mínimas  en 2011 (+0,2%), 2012 (+0,5%), 2013 (+1%), 2014 y 2015 (+0,7%), 2016 (cayeron un -0,8%) y 2017 (+0,6%). Pero el dato “no es para tirar cohetes”. Primero, porque la subida del salario medio durante estos 5 años de recuperación (2014-2018) ha sido de 63,10 euros al mes, poco más de 2 euros al día. Y, sobre todo, porque esa subida (+3,35%) “se la ha comido la inflación, que subió un 4,2% estos años, según el INE. Y si tomamos la subida salarial desde 2007 (+301 euros mensuales, un +18,32%), también ha sido menor que la de los precios (+20%).


Pero lo peor es que los salarios son ahora más desiguales que antes. Hay un 30% de los asalariados (4,86 millones de trabajadores) que ganan menos de 1.250 euros brutos al mes, lo que significa que en neto (1.075 euros mensuales) son casi mileuristas. Y al otro lado, otro 20% (3,24 millones de trabajadores) que ganan más del doble, más de 2.674,70 euros brutos al mes (unos 2.280 euros netos). Y, sobre todo, hay un 10% de asalariados (1,62 millones) que malviven con sueldos inferiores a 748,7 euros brutos al mes (695 euros netos). Son trabajadores pobres, una cifra que abarca a un tercio de los trabajadores, según la estadística europea: un 32,6% de los españoles pobres trabajan,  según el último estudio de la Red Europea contra la pobreza (EAPN).


La radiografía de los salarios españoles que acaba de publicar el INE (Decil de salarios 2018) revela que hay dos colectivos que sufren especialmente los bajos salarios: los jóvenes y las mujeres. Empezando por los más jóvenes, destaca que la mitad sean mileuristas o menos: un 49,9% de los jóvenes asalariados menores de 25 años (son 462.173 jóvenes) ganan menos de 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, el 29% (268.598 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Si ampliamos la edad, de 25 a 34 años, uno de cada cuatro jóvenes son mileuristas o menos (el 24,5%, 837.434 jóvenes) porque ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos). Y de ellos, el 10,9% (372.572 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos (695 euros netos), según el INE


Sumando ambos grupos, tenemos 1.299.607 jóvenes asalariados (de 16 a 34 años), casi 1 de cada 3, que son mileuristas o menos porque ganan 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, la mitad (641.170 jóvenes asalariados, casi 1 de cada 7) que son “pobres”, porque ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Con estos ingresos tan bajos,  se explica que el 81% de los jóvenes no puedan independizarse ni formar una familia.


Vayamos a las mujeres. El 41,1% de las mujeres asalariadas (7.759.260 en total) ganan menos de 1.260,90 euros brutos al mes (1.075 euros netos), más del doble de mujeres mal pagadas que de hombres (sólo el 19,7% de los asalariados varones ganan menos de 1.260,90 euros brutos, según el INE). Y si miramos las que son mileuristas o menos, las que ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos), son casi un tercio de las mujeres asalariadas, el 29,1 % (2,25 millones de trabajadoras). Fijándonos en las asalariadas “pobres”, las que ganan menos de 748,90 euros brutos al mes (695 euros netos), son un 15,6% de las mujeres trabajadoras (1.210.000 asalariadas), el triple que hombres (sólo el 4,8% de los asalariados varones ganan menos de 748,90 euros brutos al mes).

Además, las estadísticas revelan que en los dos últimos años se ha agravado la “brecha salarial” entre hombres y mujeres en España. En 2018, el salario medio bruto de las mujeres fue de 1.708,40 euros, el 79,04% del salario bruto de los hombres (2.161,40 euros), según el INE. Eso da una “brecha salarial” del 20,96%, superior a la de 2017 (20,19% de brecha) y la de 2016 (19,98%), aunque inferior a la de 2014 (23,89% de brecha salarial).


Las mujeres ganan menos que los hombres, según el INE, porque tienen más empleos a tiempo parcial, tienen más contratos temporales y trabajan más en sectores peor pagados. Son razones que explican también en buena medida por qué los jóvenes ganan menos: tienen más contratos temporales, en sectores peor pagados y no tienen apenas antigüedad, factores que juegan mucho en el sueldo, según la radiografía de salarios del INE.


El factor que más hunde los sueldos es la jornada de trabajo. Los asalariados con un contrato a tiempo parcial (muchas mujeres y jóvenes) ganan la tercera parte de lo que ganan los que trabajan a jornada completa: 746,10 euros brutos frente a 2.177,10 euros de media, según el INE. Otro factor decisivo es el tipo de contrato: los trabajadores con contratos temporales (un tercio de los asalariados españoles, la mayoría de los jóvenes y un alto porcentaje de mujeres) ganan dos tercios del sueldo de un trabajador con contrato indefinido: 1.389,70 euros brutos al mes frente a 2.142 euros brutos.


Otro factor clave para los sueldos es el sector económico donde se trabaja, según los datos del INE. Las actividades peor pagadas son las de empleadas de hogar (750,20 euros brutos frente a 1.944,40 euros de media), las tareas agrícolas (1.249 euros brutos), la hostelería (1.235 euros brutos), las actividades administrativas (1.348 euros), las inmobiliarias (1.571 euros) y el comercio (1.585 euros brutos), trabajos donde hay mayoría de mujeres. Y los trabajos mejor pagados son la energía (3.633,5 euros brutos), finanzas y seguros (3.350 euros), información y comunicaciones (2.741 euros), administración pública (2.563) y educación (2.365 euros). Obsérvese que una mujer de la limpieza gana 4,5 veces menos que un bancario y un joven que trabaja en hostelería 3 veces menos que en una compañía eléctrica.


Aún más importante que el sector es el puesto que se ocupa. Así, trabajar sin cualificación (el 16,4% de las mujeres asalariadas) tiene un sueldo medio de 1.103 euros brutos. Y los que son vendedores o trabajan en restauración (la ocupación del 29,3% de las mujeres) ganan 1.406 euros brutos de media, casi la cuarta parte del sueldo medio de un directivo (4.102 euros brutos). Además, si es en una gran empresa, las diferencias son escandalosas: los máximos directivos de las empresas del IBEX cobran 123 veces el sueldo medio de sus empleados (455 veces en Inditex), según un informe de Intermón Oxfam.


En general, en una gran empresa ganan más también los asalariados: 2.708,60 euros brutos de media, el doble de sueldo medio que tiene un asalariado en una micropyme (0-10 empleados): 1.388 euros brutos. Y también ganan más, en general, los que trabajan en el sector público: el sueldo medio de los asalariados públicos (funcionarios, sanidad, educación, etc.) es de 2.654,40 euros brutos al mes, un tercio más alto que el sueldo medio en el sector privado, que es de 1.772 euros brutos al mes, según el INE.


Otro factor clave, que explica los bajos salarios de la mayoría de  jóvenes, es la antigüedad. Los que llevan menos de 1 año en el trabajo ganan de media 1.343,70 euros brutos al mes, un 21,9% menos que la media (1.994,40 euros). Y los que llevan de 1 a 2 años ganan 1.539,50 euros brutos, un 20,8% menos. Sólo los que tienen 10 años o más de antigüedad, los contratados antes de la crisis (generalmente trabajadores mayores), ganan 2.448,40 euros brutos de media, un 26% más que la media. Y también cuenta mucho la formación: los peor formados (la ESO o menos) ganan la mitad (1.276 euros brutos de media) que los universitarios (2.455,30 euros de media).


Al final, hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, porque tienen una diferente estructura económica (más o menos industria o servicios, más o menos empresas grandes, más o menos empleo público, más o menos trabajadores formados…). Así, las autonomías donde menos se gana son Extremadura (1612,30 euros brutos), Canarias (1.679,30), Andalucía (1.749), Murcia (1.761,80) y Castilla la Mancha (1.776,60 euros brutos). Y donde más se gana en Madrid (2.264,60 euros brutos), País Vasco (2.241,60), Cataluña (2.067,60) y Navarra (2.049,70 euros). En definitiva, un extremeño gana un 28,8% menos que un madrileño, una situación sólo algo mejor que en 2014 (ganaba un 30,10% menos), según el INE.


Bueno, ya nos hacemos una mejor idea de los salarios en España y de qué dependen. Nos falta saber que siguen siendo mucho más bajos que en Europa, porque con la crisis, las empresas han tratado de competir no subiendo apenas los salarios y contratando con salarios nuevos más bajos. Y aumentando la jornada, con muchas horas extras no pagadas. Así, en 2018, el salario por hora trabajada era en España de 16 euros, un 23,45% menos que el salario hora de Europa (20,9 euros/hora) y un 30% menos que el salario en la zona euro (22,8 euros por hora), según Eurostat. Y ahora somos el país nº 16 con sueldos más bajos de Europa, sólo más altos que en Portugal (11,3 euros/hora), Grecia (12,6), Malta, Chipre y 11 paises del Este. Y quedamos muy lejos de los sueldos de Alemania (26,9 euros/hora, un 40,5% más), Francia (24,1 euros), Reino Unido (22,5 euros) e Italia (20,2 euros/hora).


Subir los salarios en España y aproximarlos a Europa no es sólo una cuestión de justicia, para recuperar el poder adquisitivo perdido en la última década, incluso con la recuperación. Es también una cuestión de equidad, porque mientras los salarios apenas crecen y son cada vez más desiguales, los beneficios empresariales han crecido más: pasaron de 450.170 millones en 2007 a 511.842 millones en 2018 (+13,7% de aumento), la mejor cifra de la historia, mientras la remuneración de los asalariados pasaba de 522.556 millones cobrados en 2007 a 569.686 millones en 2018 (+9% de aumento), según el INE. Y eso con 1,1 millones menos de españoles trabajando hoy que antes de la crisis.


Y además, subir más los salarios es una exigencia económica: es clave para que las familias puedan mantener y aumentar su consumo, que es ahora (con el gasto público y la inversión), el principal motor de la recuperación, dado que han “pinchado” las exportaciones y el turismo. Y otro argumento adicional: sólo con mejores salarios pueden recuperarse las cotizaciones de la Seguridad Social y la recaudación de impuestos, dos factores claves para apuntalar las pensiones y el Estado del Bienestar.


En definitiva, que “llega la hora de subir los salarios”, como declaró el comisario europeo Pierre Moscovici en abril. Hay riesgo de que haya otra crisis, pero eso no puede ponerse como excusa para volver a frenar las subidas de sueldos en 2020. España tiene que seguir creciendo y compitiendo con Europa, sí, pero no a costa de “tirar” los sueldos, de que seamos la China de Europa y la mitad de los jóvenes y un tercio de las mujeres ganen menos de 1.000 euros netos y malvivan. Hay que apostar por unos salarios decentes, a cambio de mejoras en la productividad que pasan por ser más eficaces, producir con más tecnología, aumentar el tamaño de las empresas, digitalizarlas y a la vez mejorar la formación y la organización de sus empleados. Producir más y mejor para poder pagar mejores salarios. Otro reto más que tenemos pendiente.


jueves, 12 de octubre de 2017

Más inflación, menos poder adquisitivo


Los precios despegan otra vez. Llevan ya un año subiendo y la inflación alcanza el 1,8% (según el IPC conocido ayer), un 0,2% más que en la zona euro. Los culpables son los carburantes y la luz, junto a los alimentos, por la fuerte demanda turística (el sector subió precios) y las malas cosechas (por la sequía y heladas). Ahora, se espera cerrar 2017 con una inflación del 2%, frente a una bajada de precios en los tres años anteriores. Con ello, trabajadores, funcionarios y pensionistas perderán este año poder adquisitivo, porque la inflación se comerá sus pequeñas subidas. Eso va a reducir el consumo, las ventas y el empleo, mientras tener más inflación que Europa nos restará exportaciones y turistas. Es importante subir más los salarios y las pensiones, para alimentar la recuperación, a la vez que se toman medidas para frenar subidas de precios en sectores monopolistas y reducir los intermediarios en la alimentación. Atajar la inflación, que perjudica a los más débiles.



                                                                                          enrique ortega

En septiembre se ha cumplido un año de subidas continuadas de precios en España, tras tres años anteriores (2014 a 2016) en que los precios bajaron (algo que no es habitual), por la crisis (las empresas se veían forzadas a bajar precios para poder vender) y, sobre todo, por la bajada del petróleo, el euro y los tipos de interés, tres grandes “regalos” exteriores para nuestra economía (no por la política de Rajoy). Pero en septiembre de 2016 comenzó la subida de precios (+0,2%), que ha seguido mes tras mes, hasta situar la inflación anual en el 3% (enero y febrero 2017). Luego, los precios subieron menos, hasta bajar la inflación al 1,5% en junio y julio. Pero en agosto, la inflación volvió a subir (al 1,6%) y en septiembre ha subido dos décimas más, hasta el 1,8%, según el IPC publicado ayer por el INE. Una inflación superior al 1,5% que tenía a finales de septiembre la zona euro, según Eurostat.

En lo que va de año, los precios suben en España por la energía, el turismo y los alimentos. La subida del petróleo (que tocó el mínimo del año el 21 de junio, con 44,82 dólares/barril, para subir luego hasta casi los 60 euros y estar hoy en 56,70 dólares) ha encarecido los carburantes, sobre todo tras la vuelta de vacaciones: la gasolina ha subido un 1,4% desde el 28 de agosto y el gasóleo otro 3,9%. Y eso ha encarecido el transporte personal (+3,1%) y el transporte público interurbano (+4,3%, según el INE). Además, la sequía (y las heladas de abril) han provocado un deterioro de las cosechas, forzando subidas de muchos alimentos, sobre todo las carnes, el pescado, el aceite y las legumbres, según el IPC, junto a la subida del tabaco a principios de año. Y esa misma sequía ha encarecido la factura de la luz, un 4,5% en el último año, por el menor uso de la energía hidráulica (embalses), más barata. Y para rematar, el récord de turistas ha tirado al alza de los precios, sobre todo de hoteles, bares y restaurantes, que han subido un 2,3% en el IPC hasta septiembre. También han pesado la fuerte subida de los alquileres y de las telecos (teléfono e internet).

Ahora, los expertos creen que la inflación va a seguir alta hasta finales de año, con el petróleo cerca de los 60 dólares (podría subir si en noviembre, la OPEP y Rusia amplían su recorte de producción y si se complica la situación en Irak) y  la persistencia de la sequía, que provocaría una mayor subida de la luz ante la entrada del invierno. Un factor clave será ver lo que hace el euro, ya que si sigue a la baja (está en 1,17 dólares, tras rozar los 1,20 en septiembre), provocará tener que pagar más (de momento un +2,5%) por el petróleo, reforzando la inflación. Con todo, la previsión de la Comisión Europea y del informe del FMI de este martes es que 2017 acabe con una inflación del +2%, que contrasta mucho con la inflación negativa que tuvimos en 2014 (-0,2%), 2015 (-0,5%) y 2016 (-0,2%).

Vuelve la inflación y eso afecta mucho a la vida de los españoles, que nos habíamos acostumbrado a las bajadas de precios y a las tarifas “low cost”. Pero, sobre todo, la inflación es muy negativa para las rentas más bajas, que son los que más la van a notar. No en vano se dice que la inflación es "el peor impuesto", porque las subidas no afectan por igual a todos, sino que quitan más poder adquisitivo a los que menos tienen, en especial a los trabajadores asalariados, los funcionarios y los pensionistas.

Empezando por los trabajadores asalariados (15,7 millones), 2017 será el primer año en que volverán a perder poder adquisitivo, tras ganarlo en 2014, 2015 y 2016 (tuvieron subidas de sueldos mínimas, pero les compensó la inflación negativa). Los datos hablan de que los costes salariales sólo suben un 0,1% este año y hasta septiembre, la subida en los convenios (que sólo han firmado poco más de 4,2 millones de trabajadores), es del 1,4%, según Empleo. Con una subida media que ronda el 1%, si la inflación acaba el año en el 2%, los asalariados perderán este año un 1% de poder adquisitivo, que se sumaría al 8,6% de poder adquisitivo perdido antes, con la crisis (2008-2015), según el Índice de precios del trabajo recién publicado por el INE.

Los 2,5 millones de funcionarios públicos  también perderán este año poder adquisitivo: el sueldo les ha subido este año un 1% y frente al 2% de inflación prevista supone un 1% perdido, que se suma al 14% de poder adquisitivo perdido por los funcionarios entre 2010 y 2015 y el 0,8% ganado en 2016. Ahora, el Gobierno Rajoy les promete una subida de sueldos  del 1,75% para 2018 (1,5% fija y 0,25% adicional si se crece lo previsto), algo superior al 1,4% que se espera suba la inflación el año próximo, una ganancia mínima que no sirve para recuperar ese 13.85% de poder adquisitivo perdido desde 2010.

Y luego están los 8,66 millones de pensionistas, que perderán poder adquisitivo en 2017: el Gobierno les ha subido la pensión un 0,25% y si los precios suben un 2%, perderán un 1,75% de poder adquisitivo, tras ganarlo (poco) entre 2014 y 2016 (por la inflación negativa), aunque ya lo habían perdido antes (entre 2011 y 2013). Si la mitad de los pensionistas ganan menos de 700 euros, eso significa que perderán 12 euros al mes. Y también perderán poder adquisitivo (-1,15%) en 2018: 0,25% de subida frente a 1,4% de inflación esperada. Y lo mismo hasta al menos 2022, en que la situación de la Seguridad Social sólo permitirá subirles un 0,25% anual, según la norma aprobada en 2013 por el Gobierno Rajoy. Con ello, los pensionistas españoles perderán otro 7% de poder adquisitivo hasta 2022, según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF).

Toda esta pérdida de poder adquisitivo, que afectará más a esos casi 27 millones de españoles (asalariados, funcionarios y pensionistas), se va a traducir en un menor consumo, tanto en 2017 como en 2018. Y también resta ingresos a los ahorradores, porque la inflación se comerá lo poco que les rentan los depósitos (775.000 millones de euros por los que solo obtienen un 0,1% de rentabilidad media). Por todo ello, las empresas venderán menos, se crecerá menos y se crearán menos empleos: 425.000 nuevos empleos este año 2017, 100.000 empleos menos que en 2016, según las previsiones de primavera de la Comisión Europea. Y este menos crecimiento y empleo no será solo porque los españoles consumamos menos (al subir los precios más que los ingresos) sino porque la inflación ataca de lleno a los otros dos motores del crecimiento y el empleo: las exportaciones y el turismo.

España lleva todo este año teniendo más inflación que Europa (en 2016 tenía menos) y en septiembre, la inflación española (+1,8%) superaba en 2 décimas a la de la zona euro (+1,5%). Y si cerramos el año con el 2% de inflación, España será el 6º país con precios más altos de la zona euro, solo por detrás de Estonia (3,3%), Lituania (2,8%), Luxemburgo (2,4%), Bélgica y Letonia (2,2%). Eso significa que si los precios suben más en España, las empresas que exportan tendrán más difícil competir y vender fuera. Y otro efecto negativo de eso será que tratarán de compensar los mayores precios forzando a la baja a los salarios, poniendo más resistencia a que suban en España. Otro efecto negativo de la mayor inflación es que retrae a los turistas (otra base del crecimiento y el empleo español), que podrían buscar destinos más baratos ahora que los hoteles y los precios han subido mucho en España.

Como se ve, el repunte de la inflación es preocupante y puede ser un lastre para la recuperación. Y no puede echarse sólo la culpa al petróleo y a la sequía. En España hay otros“culpables”, como los sectores que funcionan como monopolios, controlando el mercado y los precios: las petroleras (las 4 grandes controlan el 62% de las gasolineras), las eléctricas (las 3 grandes controlan el 92% de los consumidores), las telecos (Movistar, Orange y Vodafone controlan el 84% de los móviles y el 93% de los accesos a Internet) o la banca (los 3 grandes controlan ya la mitad de los créditos y depósitos). Y este enorme poder no sólo les permite “acordar” condiciones y precios (algo prohibido) sino que los suben reiteradamente, sin ningún control del Gobierno. Y aunque la Comisión de la Competencia (CNMC) ha abierto más de 80 expedientes por pactar precios (a petroleras, telecos, cementeras, concesionarios coches, basuras y hasta funerarias), tiene pocos medios, escasos apoyos políticos y sus multas han chocado con las sentencias pro-monopolios de los tribunales. Tras 4 años de existencia, la CNMC no funciona bien.

La consecuencia de su enorme poder es que los españoles pagamos la 4º gasolina más cara de Europa y el 5º gasóleo más caro (sin impuestos), la 3ª luz más cara (sin impuestos), el 5º ADSL más caro o las nuevas hipotecas más caras de la zona euro. Y no son sólo los monopolios. Hay muchas empresas españolas poco eficientes, por su pequeño tamaño, su menor tecnología y digitalización  o su organización y capacidad comercial, que “necesitan” vender más caro para sobrevivir y ganar dinero. Muchas empresas y sectores que trasladan su ineficacia a los clientes, en forma de mayores precios. Sobre todo las que tienen menos competencia.

Y luego hay otro problema que también pagamos los consumidores con mayores precios: las largas cadenas de comercialización, los numerosos intermediarios que encarecen los productos  en el camino del productor al consumidor, sobre todo en sectores donde no hay oferta online potente y con medios logísticos. Es el caso de los alimentos, que están subiendo no sólo por las malas cosechas sino también porque los intermediarios aprovechan para subirlos por el camino. Así, las frutas y verduras multiplican su precio por 4,38 (por más de 8 las patatas o melocotones) entre el agricultor y el súper. Y las carnes, leche y huevos triplican sus precios, según el índice IPOD (ver aquí lo que sube cada producto por el camino). Eso cuando los súper no vender la leche o el aceite por debajo del precio en el campo, como “gancho”.

El Gobierno Rajoy tomó medidas contra la inflación en febrero de 2017, aprobando un decreto para desarrollar la Ley de Indexación de 2015, pero sólo sirve para tratar de controlar tarifas públicas y no todas (no se incluye la luz, el gas o el butano). Pero no hace nada para controlar los precios de las empresas privadas (“economía libre de mercado”, salvo cuando hay que rescatar bancos o autopistas privadas). Y tampoco pone medios suficientes para que la CNMC vigile que haya competencia o para mejorar la distribución de productos y servicios, facilitando el comercio online y la digitalización de empresas. En paralelo, no se facilita una subida de sueldos y pensiones, para contrarrestar la mayor inflación. Las empresas llevan ya tres años con beneficios y es hora de subir los salarios, para mejorar el consumo y la productividad (claves para garantizar la recuperación). Y hay que subir las pensiones, dentro de una reforma del sistema (que no llega) que asegure más ingresos estables, vía impuestos (se puede y se debe ingresar más, reduciendo el fraude fiscal) y cotizaciones.

La crisis nos trajo una economía sin inflación, como síntoma de que la actividad no tiraba. Y ahora que se mantiene la recuperación, despunta la inflación, como uno de nuestros viejos males, síntoma de una economía poco eficiente y de unos sectores poderosos que disparan precios, como explican los Nobel Akerlof y Shiller en su libro “La economía de la manipulación. Es hora de que los consumidores exijamos a los políticos que actúen y vigilen los precios, para que no se beneficien unos pocos en perjuicio de la mayoría. No se puede esperar que nos salve el petróleo, el euro o la lluvia, que los precios “bajen solos”. Defiendan nuestro dinero.