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jueves, 1 de noviembre de 2018

¡ Ojo al crédito ! : volvemos a endeudarnos


Los españoles no consiguen ahorrar y por eso tienen que pedir un crédito para comprar coche, cambiar la nevera y los muebles o irse de vacaciones. Y, sobre todo, para comprar casa. Con la crisis, el crédito se desplomó y las familias aprovecharon para devolver deudas. Pero ahora se ha “despertado” el crédito, sobre todo los créditos al consumo, que se han duplicado desde 2014 y no paran de crecer, como las compras a crédito con tarjetas. Y también llevan tres años creciendo las hipotecas, en medio de una “guerra de ofertas” de la banca, que ahora las subirá para compensar la sentencia del Supremo. Todo ello ha llevado al Banco Central Europeo  y al Banco de España a “alertar” a los bancos españoles, para que vigilen y moderen los créditos que dan, intentando evitar problemas futuros. Sobre todo, porque en 2019 empezarán a subir los tipos de interés en Europa y eso puede disparar la morosidad de las familias y los problemas de la banca. ¡Ojo a endeudarse de más otra vez¡

enrique ortega

Los españoles ahorramos poco, de siempre, porque tenemos menos renta y menos empleo y  porque tenemos “mentalidad de propietarios”: lo que ahorramos lo gastamos en comprar una vivienda. Antes de la crisis, a principios de siglo, el ahorro rondaba el 10% de la renta bruta disponible, frente a una media del 14% en la zona euro. Luego, el ahorro se desplomó hasta 2008, por la compra de casas y porque empezó el paro y la caída de salarios: el ahorro español bajó del 6% de la renta (2008) frente a más del 12% en Europa. Curiosamente, en los primeros años de la crisis, los españoles aumentaron su ahorro, gastando al mínimo, hasta un máximo histórico del 13% de la renta, por temor a lo que se les venía encima. Pero en los años siguientes, se “comieron ese ahorro”, para reducir deudas y sobrevivir. Así  llegamos a 2018 con el ahorro en mínimos históricos: un 5,1% de la renta disponible, menos de la mitad del ahorro de la zona euro (12,3% de la renta) y mucho menos que Alemania (ahorra el 17,3% de su renta), Francia (13,7%) o Italia (9,5%), aunque más que Reino Unido (2% de ahorro), según un reciente estudio de la CNMV.

Los españoles ahorramos menos de la mitad que Europa y, en consecuencia, cuando tenemos un gasto extra importante, tenemos que pedir un crédito, endeudarnos. En los años anteriores a la crisis, el endeudamiento de las familias españolas se disparó, hasta un máximo de 910.537 millones de euros en 2008, el 74,5% para comprar piso (678.448 millones prestados para vivienda en 2008), según los datos del Banco de España. A partir de ahí, muchos españoles perdieron su trabajo y les bajaron el sueldo, con lo que vieron peligrar el pago de sus créditos y se lanzaron a devolver lo más posible, a costa de su ahorro y sus menores ingresos. Y así, en 2013 ya debían 769.800 millones (140.737 millones menos) y 705.977 millones a finales de 2017: se habían quitado un 22,4% de la deuda (204.560 millones) en nueve años, un esfuerzo de ajuste que no ha hecho nadie en Europa.

Después de quitarse parte de la losa de la deuda, cualquiera podría pensar que los españoles no querrían ni oír hablar de pedir más créditos. Pero ya saben, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra… Y como los sueldos no dan, pues volvemos a pensar en comprar a crédito. Los datos lo demuestran. El crédito al consumo (para comprar coche, cambiar electrodomésticos o muebles y pagarse vacaciones o caprichos) se ha duplicado entre 2014 (16.330 millones) y 2017 (29.389 millones) y este año, hasta agosto, se han concedido más créditos al consumo (22.807 millones) que en todo 2015 (19.747 millones), según los datos del Banco de España. Las compras a crédito con tarjeta han crecido otro 50% entre 2014 (8.850 millones) y 2017 (13.290 millones de saldo). Y las hipotecas también crecen, un 43,9% en los últimos tres años: de 27.007 millones nuevos concedidos en 2014 a 38.863 millones para hipotecas en 2017. Parece que no hay miedo a endeudarse.

Lo que más crece son los créditos al consumo porque son los de menor importe y donde la banca gana más y arriesga menos. En los dos últimos años hay una verdadera “guerra de ofertas” bancarias para colocar créditos al consumo, porque a las entidades les sobra liquidez y tienen poca demanda solvente de otros créditos a empresas y particulares. Y así, nos “colocan” créditos sin pedirlos (“preconcedidos”) y nos facilitan cambiar de coche o de muebles y viajar. Un dinero a corto plazo (1 a 5 años) y con un interés muy alto, gastos y comisiones aparte. Así, el tipo de interés del crédito al consumo era en España del 8,24% en agosto de 2018 (el coste oficial del dinero en Europa es el 0%...), frente a una media del 5,17% que se cobraba en la zona euro, según los datos del Banco de España. Y en Francia se están cobrando al 3,61%, al 6% en Alemania o al 6,71% en Italia, según datos de Bankia.

Pero además, al calor de esta mayor oferta de créditos al consumo han proliferado empresas de “créditos rápidos”, de 300 a 6.000 euros, que conceden más fácilmente créditos (“al instante, sólo con llamarnos”) a cambio de cobrar unos intereses abusivos, por prestarnos pequeños a uno o tres meses sobre todo (el TAE puede superar el 1.000%) Y luego están las comisiones y penalizaciones. En esta “guerra” por colocarnos un crédito rápido no sólo están los bancos sino que se les han unido las financieras especializadas (como Cofidis y Cetelem), empresas de microcréditos (300 a 500 euros), como Vivus o Moneyman, y hasta empresas de telecomunicaciones: Movistar creó (con la Caixa) en 2017 Movistar Money, para ofrecer créditos en 48 horas y en 2019 Orange hará lo mismo con Orange Bank.

Otra vía para pagar a crédito es pagar con una tarjeta de crédito aplazando el pago, lo que se llama una tarjeta “revolving”. Un tercio de todas las tarjetas de crédito que tenemos (unos 12 millones de las 35,77 millones de tarjetas de crédito que había en junio de 2018) son así: compramos con ellas y tenemos una especie de crédito por el que pagamos una cantidad fija (o un porcentaje del saldo) al mes, a cambio de abonar un interés que es muy elevado: ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). A eso hay que añadir el coste anual de la tarjeta (de 35 a 45 euros) y los elevados costes por descubierto si superamos los límites de la tarjeta: se pagan dos comisiones, una por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y otra por descubierto (30 euros), más intereses de demora (20% TAE).

Y luego están los créditos más abultados y complicados de devolver, las hipotecas. Tras los años más duros de la crisis, entre 2008 y 2014, los españoles han vuelto a pedir hipotecas, animados por la bajada de tipos, que permite contratar ahora las hipotecas más baratas de la historia: se pagaban en agosto de 2018 al 2,28% en España, frente al 1,85% en la zona euro, según la última estadística del Banco de España. Eso supone que una hipoteca de 150.000 euros a 20 años cuesta al mes 678 euros, bastante menos que un alquiler (si se tiene dinero para la entrada y los gastos, un 25% del coste de la vivienda). La clave es que el banco nos conceda la hipoteca, aunque sea barata, porque miran con lupa el contrato y los ingresos del solicitante. Pero en el último año, a la vista de que no tienen muchos clientes solventes donde elegir y les sobra liquidez, la banca ha abierto la mano e incluso hay una cierta “guerra de hipotecas, aprovechando que el Euribor (se cobra tipo inicial primer año + diferencial +Euribor el resto de años) sigue siendo negativo y ha mejorado el empleo y los salarios de algunos españoles.

Por todo ello, se están dando más hipotecas: 29.287 en julio de 2008, casi el doble que en 2014 (17.949 en julio), aunque lejos de las 89.642 hipotecas al mes que se daban en 2008. Y también se pide más importe, superando la hipoteca media los 125.000 euros (125.120 en julio), según los datos del INE, que refleja un tipo medio para las hipotecas variables del 2,36% (el mínimo histórico) y un tipo fijo del 3% para las hipotecas a tipo fijo, que son el 40% de las nuevas hipotecas que se hacen este año (eran sólo el 10% en 2016). Con todo ello, el dinero nuevo concedido para comprar casa  ha subido de 27.007 millones en 2014 a 38.863 millones en 2017 y podría superar los 42.000 millones este 2018, aunque juega en contra el enorme lío que ha montado el Tribunal Supremo con la sentencia de quien paga el impuesto de actos jurídicos documentados, que va a frenar la concesión en octubre y noviembre.

Un inciso sobre esta sentencia del Supremo: decida lo que decida finalmente este 5 de noviembre, lo pagarán los clientes de las hipotecas, no los bancos. Las cuentas son sencillas. Si finalmente confirma que paguen el impuesto los bancos, lo trasladarán a sus clientes y no se darán casi cuenta: subir un 0,10% sólo el tipo de una hipoteca de 150.000 euros a 25 años supone pagar 2.043 euros más en interés a lo largo de la vida del crédito, según el cálculo hecho por Cinco Días. Un ingreso extra que les da de sobra para pagar el impuesto e incluso ganar en la operación: un 1% de impuesto en una hipoteca de 150.000 euros son 1.500 euros a pagar. Les daría incluso para compensar un 1,35% de impuesto. Y si el Supremo, en plan salomónico reparte el impuesto, les bastaría con subir un 0,05% el tipo de la hipoteca. Imperceptible para el cliente, no para su bolsillo. De momento, algunos bancos, como CaixaBank e Ibercaja, ya han subido por si acaso sus hipotecas entre un 0,15 y un 0,40%.

Volviendo al crédito y a cómo se ha vuelto a disparar, sobre todo el crédito al consumo, el Banco Central Europeo (BCE) ya dio en mayo “un toque” a la banca española, recomendado “que frene su ritmo de concesión de créditos al consumo” por ser un producto con menos garantía y más riesgo que una hipoteca. Y el Banco de España le ha dado ya a la banca dos llamadas de atención sobre el crecimiento del crédito, una en septiembre (en el Informe trimestral) y otra el 5 de octubre, en persona: el gobernador advirtió en Bilbao a los banqueros que “no pueden descuidar la vigilancia sobre las condiciones de concesión de sus créditos, especialmente en los préstamos al consumo a las familias”. Y señaló, como el BCE, que el riesgo es que aumente la morosidad y estos “créditos pasen de ser una fuente de ingresos a una fuente de pérdidas para la banca española”.

Advertidos quedan, pero los bancos prefieren arriesgarse y prestar  a las familias que dedicar su dinero a comprar deuda pública (el BCE se la va a dejar de comprar en diciembre) o prestar a empresas con riesgo dudoso o dejar ese dinero improductivo. Y más si sacan una elevada rentabilidad, que supera el 8%, más comisiones y otros ingresos colaterales (tarjetas, seguros, Planes de pensiones…). Además, algunos expertos señalan que “el riesgo no es para tanto”, porque el peso del crédito al consumo sobre el total del crédito al sector privado es bajo (6,9%) y similar al de la eurozona (6,6%), Italia (7,1%), Francia y Alemania (7,3%), según un informe de CaixaBank. Incluso sobre el crédito total de la banca a las familias, los créditos personales suponen en España el 12%, un porcentaje similar al de Alemania e inferior al de Francia, porque la mayoría de la financiación va a las hipotecas, según Funcas. Y además, la morosidad ha bajado, no ha subido con el crédito: del 7,7% sobre el total del crédito al consumo en 2014 al 5,2% de morosidad en 2017, según el Banco de España.

Haya o no riesgo ahora con el despunte del crédito, lo cierto es que el riesgo se va a agravar en los próximos años, con la esperada subida de los tipos de interés en Europa, a partir del otoño de 2019. De hecho, los tipos oficiales del BCE siguen en el 0% (mientras EEUU los ha subido ya 8 veces, la última en septiembre de 2018, al 2-2,25%), pero ya ha anunciado que subirán poco a poco a partir del verano próximo. Y el Euribor, la principal referencia para las hipotecas a tipo variable (pagan un tipo inicial y luego el Euribor +un diferencial) lleva 7 meses subiendo, aunque todavía está en negativo (-0,155 en octubre frente a -0,180 en octubre 2017 y +0,338 en octubre 2014). Con ello, las hipotecas que se han revisado en septiembre y octubre han tenido unos céntimos de subida en la cuota y será mayor en los próximos meses, sobre todo dentro de un año. La previsión de AFI es que el Euribor a un año suba un 0,4% en diciembre de 2019 y un 1,5% para diciembre de 2021, mientras Bankia apuesta por una subida del 1% para finales de 2020. Sólo con esta subida del Euribor, sin tener en cuenta cambios impositivos o subidas de la banca, una hipoteca media, de 150.000 euros a 20 años, se encarecería en 80 euros al mes para dentro de 2 años (de 678,72 a 758,80 euros si sube el Euribor un 1% y a 839,4 euros si sube un 2,1%).

Quizás no parezca una subida importante, pero los tipos podrían subir más y asfixiar a los endeudados si los mercados se ponen nerviosos ante un riesgo de nuevas turbulencias o de una nueva crisis. En cualquier caso, endeudarse será más caro y lo más preocupante es que hay 10 millones de españoles vulnerables (inactivos, parados, con empleos precarios o sueldos bajos), según un estudio de Fedea y Accenture, familias que si vienen "mal dadas" tendrían problemas para devolver su crédito personal o pagar el plazo de su tarjeta o su hipoteca. Y más si suben mucho los tipos. Por eso y porque ya nos ha pasado antes, ¡ojo a endeudarse! . No tropecemos dos veces con la misma piedra.

jueves, 20 de julio de 2017

Volvemos a vivir a crédito


Con el verano, muchos españoles “tiran de tarjeta” para pagar sus vacaciones y piden un crédito para cambiar de coche o pagar un viaje. El gasto con tarjeta se ha disparado y se ha batido ya el récord histórico de tarjetas de crédito, con un gasto que supera el efectivo que se saca en los cajeros. Y los créditos al consumo llevan dos años creciendo mes tras mes, con la ayuda de la banca, que vuelve a ofrecer créditos personales a sus clientes, al mayor coste en Europa (casi el 9%). Y se multiplican las entidades que ofrecen créditos rápidos sin mucho papeleo, a tipos de usura. Incluso Movistar ha empezado a ofrecer créditos de hasta 3.000 euros a sus clientes de móviles. Volvemos a la fiebre de “comprar a crédito”, que tanto agobió a muchas familias al comienzo de esta crisis. El riesgo ahora es que van a subir los tipos de interés, en 2018, y habrá que devolverlos más caros. Ojo a endeudarse.



                                                                                       enrique ortega

En España hay más tarjetas bancarias que habitantes. En marzo de 2017 había 75,85 millones de tarjetas, el segundo mayor dato de nuestra historia, tras el récord histórico de 2008: 76,40 millones de tarjetas. Con la crisis, bajaron hasta un mínimo de 67,66 millones en 2014, pero luego empezaron a recuperarse en 2015 (69,92 millones) y 2016 (75,51 millones), hasta hoy, en que somos el quinto país de Europa con más tarjetas, tras Reino Unido (176 millones), Alemania (147), Francia (80) e Italia (77 millones). Y el mayor tirón lo han dado las tarjetas de crédito, que son ya 49,88 millones, un número que es un récord histórico en España, el triple que en el año 2.000 (16,06 millones), según el Banco de España. Y también crecen las tarjetas de débito (pagar en el momento o sacar dinero), 25,97 millones en abril, el mayor número desde 2009 (30,74 millones).

No es sólo que haya crecido el número de tarjetas, es que además se usan mucho más: en 2016 se hicieron más de 3 millones de operaciones con tarjeta, el triple que en 2002 (991.500). Y el gasto pagado con tarjeta fue de 124.406 millones de euros, casi el triple también que en 2002 (46.828 millones). El gasto con tarjeta ha ido subiendo año tras año, sin notar la crisis, porque los españoles se agarraban a ella para compensar sus menores ingresos. Pero en los tres últimos años, el gasto con tarjeta ha crecido por encima del 6% y este año 2017, hasta marzo, crece ya un 9%. Es más, los españoles gastan más con tarjeta del dinero que sacan por los cajeros: eso pasó por primera vez en 2016 (124.406 millones gastados con plásticos frente a 118.275 retirados en cajeros) y sigue pasando este año, hasta marzo (30.327 millones frente a 27.387), según los datos del Banco de España.

Este aumento récord del gasto con tarjetas se debe a cuatro razones. La primera, por supuesto, que hay 8 millones más de tarjetas de crédito que en 2011: 7 de cada 10 españoles tienen hoy una tarjeta de crédito y 5 de cada 10 una de débito, según la Encuesta CrediMarket. La segunda, que se usan más porque hay más tiendas que aceptan las tarjetas: hay 1,71 millones de terminales (TPV), 100.000 más que en 2008. Y los comerciantes ponen menos pegas al pago con tarjeta porque los bancos les han bajado las comisiones, forzados por Bruselas: del 0,81% que les cobraban en 2009 al 0,42% de media que les cobran en 2017.

La tercera razón es que se ha disparado el comercio electrónico, las ventas por la Red que se pagan casi siempre con tarjeta. Si España era uno de los paises europeos con menos ventas a través de Internet (por inseguridad y falta de costumbre), en 2016 el comercio on line ha despegado: creció un 20,8%, facturando 24.185 millones de euros, la casi totalidad pagados con tarjeta. El 20% son compras turísticas (10,7% viajes y 9,3% billetes de avión), el 7,2% ropa, 5,3% entradas de espectáculos y deporte, 4,2% compra de electrónica, imagen y sonido y el 4,1% coches de alquiler y billetes de tren y autobús. Las web españolas se llevan el 53,45 de las ventas y el resto las webs europeas (43,5%).

Una cuarta razón que explica el uso récord de las tarjetas son los pagos por móvil, que suelen estar asociados a una tarjeta. España lidera el uso del móvil en Internet en Europa, con un 93% de smartphones conectados a la red, por delante de Holanda (88%) y Reino Unido (86%), así como de la media UE (78%). Y 6 de cada 10 usuarios españoles del móvil afirman que ya lo han usado para comprar, ya sea directamente (en una tienda física, el 10%) o a través de una web (el 90% restante). El último año, los bancos han multiplicado sus ofertas de pago por móvil, con tecnología NFC (que permite pagar acercando el móvil a los TPV) y  el móvil se ha convertido en “la nueva tarjeta de crédito”.  

Al final, todo ello se traduce en más compras con tarjeta, recordemos 124.406 millones de euros gastados en 2016, más de 10.000 millones al mes. Y en esa cifra no están incluidas las compras con tarjeta que se hacen a crédito, las compras contarjetas revolving”: se paga cada mes una cantidad fija sobre lo gastado, que es como un crédito por el que se paga intereses. Los créditos con estas “tarjetas revolving” se han disparado también, pasando de 8.343 millones financiados por tarjetas en 2012 a 11.040 millones a finales de 2016, que eran ya 12.285 millones de euros en mayo de 2017, según el Banco de España.

El pago con tarjeta es cómodo, ágil e “indoloro” en el momento, aunque luego haya que hacer frente a ese gasto cada mes, ya sea pagando lo gastado el mes anterior o con una cantidad fija que incluye intereses (tarjetas “revolving”). Pero la realidad es que usar las tarjetas es caro, porque pagamos por varias vías. La primera, el pago de una comisión anual por el “plástico”, que a veces se perdona el primer año pero luego generalmente no: son de 35 a 45 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprados: un tercio de todas las tarjetas que tenemos son así, las “tarjetas revolving”. Y al aplazar parte del pago, estamos pagando hoy un interés que ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). El tope de interés a pagar debería ser el 24% anual, que es el máximo admitido por el Tribunal Supremo (sentencia 25 noviembre 2015): más considera que es “usura”. Y queda un tercer pago, los costes por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (a un 20% TAE).

Como se ve, las tarjetas son una fuente de ingresos para la banca, que además cobra una comisión (“tasa de descuento”) a los comercios que venden con tarjeta, comisión que es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación (según el negocio), con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces les cobra también una reducida cuota mensual por el PTV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión fijada por el Gobierno y que tiene un tope máximo (0,3% por operación en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Si tenemos en cuenta que se hacen más de 3 millones de operaciones al año, por importe de más de 120.000 millones de euros, se estima que la banca ingresa por estas comisiones entre 600 y 1.000 millones anuales. Un buen negocio que explica su interés por colocarnos más tarjetas y encarecer las retiradas en cajeros, que les resultan más costosas y les dan problemas de intendencia y seguridad.

Pero no sólo gastamos sin dinero con las tarjetas. La otra vía, cada vez más usada, es pedir un crédito al consumo, para comprar un coche (37%), financiar un viaje (11%), pagar un master, comprar muebles y electrodomésticos o reformar una vivienda. La banca lleva cuatro años aumentando la concesión de estos créditos al consumo, que han pasado de 12.811 millones prestados en 2012 al doble, 25.356 millones de euros en  2016, el nivel más alto en 7 años, según el Banco de España. Y en 2017 sigue la tendencia: se han prestado 11.276 millones hasta mayo, un 13,86% más que en los cinco primeros meses de 2016.

El Banco de España reconoce en su último informe que la banca española “ha relajado” la concesión de préstamos al consumo entre enero y marzo de 2017, “por 5º trimestre consecutivo”, mientras endurece los créditos a las empresas (no se fían). La razón es doble. Por un lado, les sobra liquidez y le falta negocio, con lo que tiene que buscar a quién colocar un préstamo. Y por otro, los créditos al consumo les resultan un gran negocio: en marzo de 2017, el tipo de interés medio que cobraba la banca española por estos préstamos al consumo era el 8,77%, 2,5% más caros que la media cobrada por los bancos europeos (6,21%), según los datos del Banco de España. Y este interés es un gran negocio para los bancos, teniendo en cuenta el dinero les cuesta el 0% (precio oficial del dinero) y que recogen dinero de sus clientes pagándoles de media un 0,09 % por los depósitos a 1 año. Además de este alto  interés (un 0,63% más elevado del 8,14% que cobraban por estos créditos en diciembre de 2016), los bancos también cobran varias comisiones al dar estos créditos al consumo: comisión de apertura (1 al 2%, con un mínimo de 100-150 euros) y comisión de amortización anticipada (0,5%), más los gastos de notario y registro.

Hoy por hoy, no solo bancos y Cajas están lanzados a “colocarnos” un crédito al consumo o un anticipo sobre la nómina, sino también las financieras (como El Corte Inglés, con 11 millones de tarjetas, a las que ofrece créditos “preconcedidos”), entidades especializadas en préstamos (como Cofidis o Cetelem) y más de 1.000 entidades que proliferan por Internet ofreciendo mini créditos “rápidos y fáciles, sin papeleo”, para los que necesitan dinero más desesperadamente. El último en lanzarse al ruedo de los créditos al consumo ha sido Movistar, que ha creado con La Caixa (en junio de 2017) Movistar Money, una entidad que ofrece créditos rápidos (en 48 horas) de 600 a 3.000 euros, al 16,48 % TAE a devolver en 12,24 y 36 meses, sólo con el DNI y el contrato de móvil con Movistar. Y Orange hará lo mismo en 2018, con su Orange Bank.

El auge de los créditos al consumo empieza a preocupar al Banco de España, que cree que van a seguir creciendo en los próximos meses. Y ha alertado al Defensor del Pueblo, que ya ha iniciado una investigación sobre las empresas de créditos rápidos. Porque muchas son “chiringuitos financieros” poco fiables, con sólo una web y poco capital detrás. Y están cobrando intereses claramente abusivos: según un estudio de Facua, algunas cobran entre el 1.269,7% TAE (Vivas) y el 4.507% TAE (Préstamo 10). Hay ofertas, como la de Kredito24.es que cobra 35 euros de interés por prestar 100 euros a 30 días. O Pepe Dinero, que cobra 30 euros de intereses. El problema radica en que a las entidades que prestan menos de 200 euros sólo se les obliga a estar registradas en el Ministerio de Sanidad y Consumo, sin estar vigiladas por el Banco de España, como bancos y financieras. Y las sanciones dependen de las autonomías, que apenas las vigilan. Todo esto ha disparado los fraudes en el mercado del dinero rápido, como denuncia el documental El descrédito” (verlo aquí).

Sea por las compras con tarjetas o sea pidiendo créditos al consumo, el hecho cierto es que los españoles nos hemos lanzado otra vez a “gastar a crédito, con “alegría”, olvidando que hace sólo unos años estábamos endeudados hasta los ojos y eso nos ha complicado la salida de la crisis. Y lo peor no es sólo que ahora tengamos más deudas, sino que los tipos de interés van a subir seguro en 2018, porque el Banco Central Europeo (BCE) acabará con su política de dinero gratis y subirá los tipos, como los ha subido ya dos veces Estados Unidos (tipos al 0,75-1%). Y con ello, pasaremos a pagar más del 10% de interés por los créditos que tengamos y cerca del 24% por las tarjetas. Una losa, sobre todo para los que tengan un trabajo precario y un sueldo de mileurista. Así que piénselo dos veces antes de “gastar a crédito”. “El que nada debe, nada teme”, dice el refrán. No se pille los dedos otra vez.

 

lunes, 25 de julio de 2016

Se disparan las compras a crédito


La gente está tan harta de esta larga crisis que en cuanto pueden se toman un respiro y gastan sin mirar. Pero como los sueldos no dan, muchos vuelven a gastar a crédito, a endeudarse, para cambiar de coche, escaparse de vacaciones, amueblar la casa o pagar la boda de la hija. Por eso se han disparado los créditos al consumo : crecen un 34% este año. También cuenta mucho la nueva actitud de la banca: como no dan apenas hipotecas ni préstamos a empresas, buscan mantener el negocio facilitando los préstamos al consumo. Eso sí, al 8,8%, un interés que casi duplica el que pagan en Europa. Y los menos solventes, acuden a una empresa de créditos rápidos, que les cobra tipos abusivos: hasta el 4.500% TAE. Hay una tercera vía para gastar a crédito: las tarjetas. Ya hay más tarjetas de crédito que en 2008 y muchas cobran más del 20% de interés. Total, que volvemos a endeudarnos y a un alto precio aunque el dinero esté al 0%. No aprendemos.
 
enrique ortega

Son ya ocho años de una crisis interminable y muchas familias buscan el más mínimo resquicio para resarcirse, gastando más en cuanto ven una oportunidad. Sobre todo esos 959.000 españoles que han encontrado un empleo (precario y mal pagado) en 2014 y 2015. Pero como los sueldos no dan, porque son bajos y apenas suben, muchos buscan una salida para gastar en endeudarse, en pedir un crédito o pagar con tarjeta. Piensan que es hora de tomarse un respiro, de cambiar de una vez de coche, escaparse de vacaciones, renovar un electrodoméstico o los muebles o celebrar por todo lo alto una comunión o la boda de la hija. Y como la mayoría vive al día, buscan la salida fácil: pedir un crédito al consumo a un banco o a una financiera o gran superficie.

Y ahora, además, lo consiguen más fácilmente que antes, porque la banca ha cambiado de actitud y está por la labor de prestar a las familias pequeños créditos, de 1.000 a 10.000 euros, a 1, 2, 3, 5 años o más. Y eso porque los bancos han visto caer en picado su negocio tradicional, las hipotecas y los préstamos a empresas, y no saben qué hacer con el dinero. Así que llevan un año metidos en una cierta “guerra del crédito al consumo”, peleando por los clientes particulares y ofreciéndoles créditos (hasta “pre-concedidos), ya sea por carta, por mail, por teléfono o incluso en el cajero, animándoles a que se endeuden para “darse un capricho”. Incluso han llegado a ofrecer créditos por debajo de coste, lo que ha provocado denuncias de entidades al Banco de España, que ha querido cortar el problema aumentando en mayo las provisiones, los saneamientos que han de hacer por estos créditos.

El resultado de esta nueva actitud de la banca y de los mayores deseos de consumo de las familias, tras tantos años de crisis, es que se ha disparado el crédito al consumo, ya desde el verano de 2015, aunque se nota más este año. De hecho, en marzo de 2016 crecieron los saldos vivos de los préstamos al consumo (+0,37%), por primera vez desde 2009. Y han vuelto a crecer en mayo (+0,33%), según los datos del Banco de España. Con ello, la banca y las financieras han prestado al consumo 166.890 millones de euros (saldo vivo a mayo 2016), aún lejos de los 228.865 millones que fue el máximo del crédito al consumo en noviembre de 2008. Y en lo que va de 2016, se han concedido una media de más de 2.000 millones de euros al mes en nuevos créditos al consumo, 9.902 millones de enero a mayo, un 34% más que en 2015. Y con el verano, los créditos al consumo se habrán disparado también en junio y julio.

Un tercio de los créditos al consumo se piden para comprar un coche, cuyos créditos aumentan un 26%, ayudados por el Plan PIVE. Los otros dos tercios de los créditos se destinan a la compra de muebles y electrodomésticos, a viajes y gastos familiares. La mayoría (86%) son créditos a más de un año, algo que ha cambiado porque en 2008 eran sólo un tercio: eso indica que somos ahora más prudentes, nos endeudamos a más plazo (lo que supone, a cambio, que pagamos más intereses a los bancos). El importe medio de estos créditos al consumo es de 7.016 euros, según BBVA Research, aunque para la compra de coches, el crédito medio que se pide es de 13.000 euros.

La banca pone más fácil dar estos créditos al consumo pero a cambio los cobra bien. El tipo medio de estas operaciones en España era del 8,8% en abril, para créditos a más de 1 año y menos de 5, según datos del Banco Central Europeo (BCE). Mientras, en Europa se está pagando casi la mitad, un 5,2% de media en la zona euro y aún menos en Alemania (5%) y Francia (4,2%), aunque más en Italia (6,8%) y Portugal (7,9%). Pero lo peor es que la brecha de interés con Europa ha aumentado mientras bajaban los tipos de interés: si en junio de 2010, en España pagábamos un 1,08% más por un crédito personal que en la zona euro (7,14 frente a 6,06), en junio de 2012 (en vísperas del rescate bancario), la diferencia era ya de 3,29% (9,56% en España frente a 6,27% en la zona euro). Y aunque ahora han bajado los tipos, la diferencia con Europa ha aumentado, hasta el 3,59% (8,79% en España frente a 5,22% en la zona euro). Un tipo muy elevado, ya que el precio oficial del dinero en Europa (BCE) está en el 0,05% y el coste para la banca de los depósitos y la financiación en los mercados ronda el 0,5%. La diferencia va a mejorar los beneficios de la banca y compensar lo que dejan de ganar por la caída del negocio de hipotecas y  préstamos a empresas.

Las familias y particulares que, por su situación económica, son rechazados por bancos y financieras, tienen una segunda vía para endeudarse: los créditos rápidos de empresas que se dedican a eso. En España hay más de 1.000 entidades que no son bancos ni financieras y conceden préstamos rápidos. Salvo algunas importantes, como Cofidis y Cetelem, la mayoría son pequeñas entidades, “chiringuitos”, con una web y poco capital detrás. También suelen prestar menos dinero, entre 200 y 800 euros, a devolver en un plazo muy corto (de 30 días). Y basan su éxito en no pedir apenas garantías ni papeles, aunque a cambio cobran intereses desorbitados. Según un estudio realizado por Facua en 2015 entre 11 de estas entidades, los intereses que se acaban pagando oscilan entre el 1.269,7% TAE (Vivas) y el 4.507% TAE (Préstamo 10), con la excepción de Cetelem (17,75% TAE) y Cofidis (24,5% TAE).

El problema de la mayoría de entidades que ofrecen estos créditos rápidos es que están poco controladas, ya que a muchas (las que prestan menos de 200 euros) sólo se les obliga a estar registrada en el Ministerio de Sanidad y Consumo y no están supervisadas por el Banco de España, como los bancos y financieras. Y las sanciones dependen de las autonomías, que apenas las vigilan. Por eso se producen abusos y presiones sobre los clientes, con situaciones en la denunciada por El País: un joven que pide 200 euros para pagar una multa de tráfico acaba pagando por este mini crédito más de 1.000 euros. De hecho, el Defensor del Pueblo ha iniciado una investigación de oficio sobre estas empresas de créditos rápidos. Y la organización de consumidores ADICAE ha promovido un documental sobre las trampas ocultas en el mercado de dinero rápido: "El descrédito" (ver aquí).

Y queda una tercera vía para gastar a crédito: las tarjetas. Existen dos modalidades de pago por lo que se gasta: el pago único (se liquida el gasto mensual al principio del mes siguiente, sin pagar intereses) y el pago aplazado, por el que se paga cada mes una cantidad (fija o un porcentaje) sobre lo gastado, pagando intereses. Cuanto menor sea la cuota mensual de estas tarjetas (llamadas “revolving”), más capital se deja pendiente y por tanto más intereses se pagan. Actualmente, el interés medio de las tarjetas “revolving” es de un 21,48%TAE, aunque son muchas las que cobran el 25% e incluso el 30%, frente al 17,6% de media que es el TAE de estas tarjetas en la zona euro. Recordemos que hay una sentencia del Tribunal Supremo, de 25 de noviembre de 2015, que calificó de “usurarios” los intereses superiores al 24%, por lo que son “nulos de forma radical, absoluta y originaria”.

A pesar de estos abultados intereses, que triplican los de un crédito personal (8,8%), las tarjetas de crédito se utilizan cada vez más y en el primer trimestre de 2016 han batido todos los récords históricos en España: había 44,88 millones de tarjetas de crédito (y otras 25,23 de débito), superando ya las 44,82 millones de tarjetas de crédito de 2008, según datos del Banco de España. Y de ellas, un tercio son tarjetas “revolving”, tarjetas que conllevan un crédito disponible por el que se pagan abultados intereses cada mes, cuando en 2008, antes de la crisis, sólo un 12% de todas las tarjetas de crédito eran “revolving”. Eso indica que cada vez usamos más las tarjetas para retrasar pagos, a costa de elevados intereses, sin olvidar las elevadas comisiones por descubierto (30 euros) o por demora (2% adicional) y el pago anual por la tarjeta.

En definitiva, que los españoles  hemos olvidado lo muy endeudados que estábamos cuando estalló la crisis, en 2008, y hemos vuelto a las andadas, a gastar a crédito, sin pensar en lo mucho que nos va a costar devolverlo. Y eso puede agravar los problemas de la banca, porque los préstamos personales tienen una alta morosidad (el 8,4% frente al 4,8% las hipotecas) y si vienen mal dadas se pueden encontrar con miles de clientes que no pueden pagar. Pero, sobre todo, es peligroso para el país un endeudamiento masivo para apoyar el consumo, porque es pan para hoy (crecemos más) pero puede ser hambre para mañana, si la recuperación no se consolida y las deudas agobian a las familias, impidiendo un consumo “normal”. A corto plazo, este endeudamiento puede parecer muy positivo, porque mantiene las ventas y el empleo de las empresas, pero si no tiene detrás una recuperación del ahorro y de la inversión, puede saltar por los aires en cualquier momento. Por eso, lo mejor es consumir y crecer sin deudas, sobre mejores salarios y mayores ingresos, no de créditos.

Todavía no hay “burbuja” de crédito, como con las hipotecas, pero puede haberla si se facilita que familias y particulares gasten a golpe de crédito o de tarjeta, para tratar así de mejorar las cuentas de la banca. Pero es una mala salida y puede ser peligrosa a medio plazo. Por eso, el Banco de España y el futuro Gobierno deberían vigilar este creciente endeudamiento, para que crezca de forma controlada, con garantías y sin el pago de intereses abusivos. Y cada uno, en su casa, deberíamos vigilar el gasto y no arriesgarnos a consumir a crédito cuando el futuro es aún muy incierto. Aprendamos del pasado y no tropecemos dos veces en la misma piedra.