Europa, como el resto del mundo, tiene un grave problema con las basuras y residuos urbanos, que crecen de forma imparable, con un bajo reciclaje. En 2023 se generaron 511 kilos por europeo de residuos municipales (domésticos y comerciales), 32 kilos más que diez años antes (2013) y sólo 2 kilos menos que a principios de siglo (513 kilos en el 2000), según Eurostat. Los paises europeos más ricos del centro y norte de Europa son los que generan más residuos urbanos: Dinamarca (802 kg/habitante en 2023), Luxemburgo (712), Bélgica (689), Chipre (674), Malta (606), Alemania (601), Francia (530) y Eslovenia (517). Les siguen Italia (486), Portugal (505), Croacia (475), Eslovaquia (472), Paises Bajos y Finlandia (468), con España en el puesto 16º : 465 kilos de residuos municipales por habitante.
España afrontó el
grave problema de los residuos trasponiendo (con retraso) la Directiva
europea de Residuos de 2008 y la de plásticos de 2019, aprobando el Gobierno
Sánchez (en mayo de 2021) una Ley de Residuos que no se aprobó en
el Congreso hasta el
31 de marzo de 2022, con la abstención del PP y el voto en contra de Vox. La
Ley de Residuos y Suelos
Contaminados para una Economía Circular tiene 2 objetivos básicos: reducir los residuos generados (un -13%
para 2025 y un -20% para 2030 sobre los generados en 2010) y aumentar su reciclado (será difícil
alcanzar el objetivo europeo de reciclar el 60% de los residuos urbanos en 2030 si ahora estamos en el 41,50%).
Y se añade un tercer objetivo para
lograrlo: reducir un -50% los plásticos
de un solo uso para 2026 y un -70% para 2030 (sobre el consumo de 2022).
Para ello, en julio de 2022 se
prohibieron los plásticos de un solo uso (bastoncillos, pajitas, cubiertos
o platos). Y antes, en abril de 2022, entró en vigor la norma que obliga a
bares y restaurantes a servir
agua a granel gratis a sus clientes.