Mostrando entradas con la etiqueta nacimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacimientos. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de julio de 2024

Los inmigrantes salvan la población en Europa

En 2023 aumentó la población en Europa, como en 2022, tras caer en 2020 y 2021, por la pandemia. Pero la población nacida en Europa cae desde 2012, porque hay más muertes que nacimientos, debido a la caída de la natalidad. Y por eso, la población en Europa (y en España) sólo crece gracias a la llegada de inmigrantes, 2,8 millones netos en 2023. España es el país europeo donde más creció la población en 2023 (+525.100 residentes), por ser el 2º país con más inmigración neta (639.000 inmigrantes), tras Alemania (664.900). Así que los inmigrantes, lejos de “robarnos el trabajo”, están ayudándonos a crecer y sostener el Estado del Bienestar. Y ojo: sólo el 10% de la inmigración en Europa es “irregular”, la mayoría llegan por cauces legales y ordenados. Ahora, Europa y España deben plantearse organizar esa inmigración en el futuro, porque los expertos creen que necesitamos 60 millones de inmigrantes más (7 millones España) de aquí a 2050. Y aumentar la natalidad.

                       Enrique Ortega

Al 1 de enero de 2024 había censados en la Unión Europea 449.206.579 habitantes, según la estadística recién publicada por Eurostat. Son 1,64 millones más que en 2023, año en que la población europea también creció (+1,5 millones), tras las caídas de población sufridas en 2021 (-249.860 habitantes) y 2020 (-253.480), por los estragos de la pandemia. Salvo estas dos excepciones, la población europea lleva creciendo desde 1960, cuando la población de los 6 miembros de la CEE era de 354.531.254 europeos. Una parte de estos 94,7 millones de europeos nuevos se deben no sólo a la demografía y a la inmigración sino también a las 7 ampliaciones de la Unión Europea, que han incorporado a paises muy poblados: Reino Unido en 1973 (67 millones de habitantes, que salieron con el Brexit en 2020), Grecia en 1981 (10,43 millones), España en 1986 (48,5 millones) o Polonia y Hungría en 2004 (con 36,8 y 9,64 millones de habitantes).

En 2023, 20 paises de la UE aumentaron su población, encabezados por España (+525.100 habitantes), Alemania (+330.000) y Francia (+229.000 habitantes), junto a Paises Bajos (+131.651 habitantes), Portugal (+123.105), Bélgica (+89.253), Chequia (+73.026) , Irlanda (+72.410) y Austria (+53.978 habitantes). Pero hubo 7 paises que perdieron población en 2023, sobre todo en la Europa del Este: Polonia (-132.800 habitantes), Grecia (-16.800), Hungría (-15.100), Letonia (-11.126), Italia (-7.452), Eslovaquia (-4.105) y Bulgaria (-2.229 habitantes), según Eurostat.

Europa ganó población en 2023, pero siguió cayendo el número de europeos nacidos en Europa. Es decir, que la evolución demográfica europea sigue siendo negativa: desde 2012, mueren cada año más europeos de los que nacen. Concretamente, en 2023, nacieron en Europa 3.665.160 europeos y murieron 4.838.900. A lo claro: se perdieron 1.173.700 personas en la UE-27. Esa pérdida neta de población autóctona se produjo en todos los grandes paises, salvo en Francia (la población autóctona creció en +47.400, porque hubo más nacimientos que muertes) y Suecia (+5.700 autóctonos) : -334.900 en Alemania, -281.300 en Italia, -136.600 en Polonia, -114.000 autóctonos en España, -89.500 en Rumanía, -56.000 en Grecia, -41.200 en Hungría y -32.600 en Portugal, según Eurostat.

El gran problema que tiene Europa (y España) es la tremenda caída de la natalidad, que provoca un desplome de los nacimientos en las últimas décadas, con las mujeres siendo madres más tarde y con menos niños por mujer, mientras hay mucha población envejecida en Europa y aumentan más las muertes que los nacimientos. Así, la natalidad en la UE ha caído de 1,54 niños por mujer en 2011 a 1,46 en 2022. España es el país europeo con la menor tasa de fertilidad (1,16 niños por mujer en 2023), muy por debajo de Francia (el país con más fertilidad, 1,79 niños por mujer, gracias a políticas activas en favor de la familia), Hungría (1,53), Suecia (1,53), Paises Bajos (1,49) , Alemania (1,46) e incluso Italia (1,24).

Si cae la población autóctona año tras año, ¿qué salva a la población en Europa? Pues la llegada de inmigrantes, la población nacida fuera de Europa. Los datos de 2023 son claros, según Eurostat: la inmigración neta (llegadas menos salidas) fue de +2.821.056 millones de extranjeros, que contrarrestan con creces la pérdida de población autóctona (-1.173.700 habitantes) y permiten que haya +1.647.300 habitantes censados en 2023. Es una tendencia que lleva décadas en Europa y que se mantuvo en 2023, año en que la mayor migración neta se produjo en Alemania (+664.900 inmigrantes), seguida muy de cerca por España (+639.100 inmigrantes netos). Y ya lejos, las llegadas a Italia (+273.800 inmigrantes netos), Francia (+181.700), Portugal (+155.700) , Paises Bajos (+136.700), Rumanía (+99.400), Chequia (+94.700) y Bélgica (+89.900).

La migración exterior hacia Europa se ha duplicado en la última década, pasando de 1.425.507 inmigrantes netos en 2015 a un mínimo de 151.974 en 2020 (en plena pandemia) y un máximo de 3.976.730 en 2022, que bajó en 2023 a los 2.821.056 inmigrantes netos. Con ello, en 2023, eran 59.901.586 los europeos que habían nacido fuera del país donde residían, el 13,48% de la población europea cansada  (449.26.579 habitantes). Por paises, los que tienen más proporción de extranjeros (residentes nacidos fuera) son Luxemburgo (50,4%), Malta (28,3%), Chipre (22,7%) e Irlanda (21,8%, por la población nacida en Reino Unido, ahora fuera de la UE-27). Pero por número e importancia, los paises con más peso de  extranjeros son Austria (21,6% de la población: 1.963.300), Suecia (20,4%: 2.144.300 habitantes), Alemania (19,5% de la población: 16.476.400 extranjeros), Bélgica (19,1%: 2.246.900 extranjeros), Estonia (17,2%: 234.700), España (17,1% población: 8.204.200 extranjeros en 2023), Portugal (16,1%: 1.683.800), Paises Bajos  (15,6%: 2.777.000 extranjeros), Eslovenia (14,6%: 309.300), Dinamarca (13,6%: 804.100 extranjeros) y Francia (13,1% de la población: 8.942.100 extranjeros), según Eurostat.

Si depuramos estas cifras de “extranjeros”, quitando los extranjeros nacidos en otros paises de la UE-27 (son 13.935.200 “extranjeros”, la mayoría rumanos, italianos y polacos que viven en otro país europeo), la cifra de extranjeros de terceros paises (no UE) que viven en Europa se reduce a 41.318.600 habitantes, el 9,23% de toda la población europea.  Y aquí, en este ranking de paises con más inmigrantes no UE destacan Alemania (7.715.000 extranjeros de terceros paises no UE, el 9,1% de la población), España (4.394.900 extranjeros de fuera de la IE, el 9,1% de la población), Francia (4.074.600 extranjeros no UE, el 6% de su población) e Italia (3.746.900 extranjeros no UE, el 6,4% de su población. Pero hay otros paises con un menor número de extranjeros no UE y donde pesan mucho más en el censo, como Malta (17,5%, aunque sólo son 94.800 extranjeros) Estonia (15,6% y 213.700), Letonia (13,6% y 255.200), Luxemburgo (10,2% y 67.300) o Austria (9,3% y 842.600 extranjeros no UE). La mayoría de estos extranjeros no UE en Europa son turcos, marroquíes, ucranianos, polacos, , latinoamericanos, sirios, afganos, pakistaníes, indios y chinos. La mayoría de inmigrantes son hombres y la edad media 36,5 años, más jóvenes que los europeos (45,7 años).

La inmigración total a Europa se redujo mucho en 2023: de los 3,97 millones de 2022 se bajó a 2,82 millones. Y sólo 380.000 de estos inmigrantes entraron ilegalmente en Europa en 2023, aunque unos 62.000 se redireccionaron al Reino Unido, son lo que serían realmente 318.000 ilegales”, menos del 10% del total (el 8% en 2023). Así que, en contra de lo que parece, el 92% de los inmigrantes que llegan a Europa lo hacen legalmente, de forma relativamente reglada y organizada, y la llegada en pateras o por rutas ilegales es totalmente marginal, aunque sea grave y arrastre graves problemas y muertes.

Dicho esto y vistas las cifras reales de inmigración de terceros paises (41,3 millones de personas, el 9,23% de la población europea), hay que relativizar “el problema de la inmigración”, en toda Europa y en España (los inmigrantes no UE son el 9,1% de la población española). Y, sobre todo, hay que valorar lo que aportan a los paises y a sus economías. En el caso de España, la inmigración es una de las causas del “milagro económico” de los últimos años, de que España crezca más que el resto de Europa, gracias a un  fuerte aumento de la mano de obra extranjera que cubrió  4 de cada 10 empleos creados en 2023. Una mano de obra extranjera que ha provocado un récord de cotizantes (2.899.003 en junio 2024, casi el doble que los 1,5 millones en enero de 2012 y un 13,6% de todos los afiliados a la SS ), que paga impuestos y aporta al país más de lo que recibe, según distintos informes.

Europa tiene cada año más población extranjera, pero gracias a ella no pierde población y se sostiene el empleo y la economía. De hecho, la ONU considera que Europa necesita recibir  60,8 millones de trabajadores extranjeros hasta 2050. Y España  necesita 7 millones más inmigrantes entre 2020 y 2050, según el Centro de Desarrollo Global de Washington. Sólo así conseguiremos frenar la continuada caída de población que sufrimos desde 2015 (en 2023, recordemos, perdimos 114.000 habitantes autóctonos, porque las muertes superaron a los nacimientos). Y la previsión del INE es que los nacidos en España bajen de 40,2 millones en 2020 a 37,10 millones en 2050 y a 33,79 millones en 2070, por la caída de la natalidad y el progresivo envejecimiento. Y por eso, vaticinan que la población “extranjera” (nacida fuera) se dispare (de 7,47 millones en 2020 a 12,80 en 2050 y 16,79 millones en 2070), para cubrir el ”bache demográfico” y permitir aumentar la población: a 49,91 millones en 2050 y 50,5 millones de “españoles en 2070, un tercio nacidos en el extranjero.

Los inmigrantes son claves no sólo para “salvar” la población futura en Europa y en España, sino para garantizar la actividad económica, los servicios públicos y, sobre todo, las pensiones, dado el progresivo envejecimiento de Europa (y España). La esperanza de vida es muy alta en Europa, con una media de 81,5 años en la UE-27 y un máximo de 84 años en España, superior a los 83,8 años de Italia, los 83,4 de Suecia, los 83,1 de Francia o los 81,2 años en Alemania. Y eso provoca una población europea cada vez más envejecida: el 21,3% de los europeos (UE-27) tienen más de 65 años, con un mayor porcentaje de mayores en Italia y Portugal (24%), Bulgaria (23,5%), Finlandia (23,3%), Grecia (23%) y Alemania (22,1%), siendo menor en Suecia (20,4%), España (20,1%) e Irlanda (15,2%). Y lo peor es que este porcentaje de mayores rondará el 25% de los europeos en 2050 y España estará a la cabeza, con un 30% de mayores de 65 años, según el INE.

Para poder financiar estas pensiones, hace falta que haya mucha gente trabajando y cotizando, algo problemático si cae la natalidad de la población europea. Por eso también necesitamos a los inmigrantes, para que trabajen, coticen ya paguen parte de las pensiones de nuestros hijos y nietos. De hecho, la tasa de dependencia (población jubilada y menores de 15 años sobre el total de población en edad de trabajar) ya supone un 33,4 % en la UE-27: un tercio de la población necesita que les mantengan los otros dos tercios, un porcentaje que sube en Francia (34,5%), Alemania (34,7%) e Italia (37,8%) y que es menor en España. Pero subirá para 2050 en toda Europa, hasta el 56,7%.(y al 59,5% en España)  A lo claro: más de la mitad de los europeos (jubilados y niños) necesitarán que les mantengan los que estén en edad de trabajar. Más carga de gasto que exigirá más gente trabajando, autóctonos y extranjeros.

Al final, como se ve por todas estas cifras, el problema no está en la inmigración ilegal (el 8% del total) ni en la grave situación de los menores inmigrantes agolpados en Canarias (5.600 niños y niñas, el 0,011% de la población española), sino en ver cómo canalizamos la inmigración para que siga siendo un factor de crecimiento y empleo, para que nos ayude a garantizar el Estado del Bienestar y las pensiones. En lugar de las peleas políticas y la xenofobia, necesitamos un Pacto de Estado por la inmigración, en Europa y en España, que planifique el futuro: cuántos inmigrantes pueden llegar, qué perfiles deberíamos promover y cómo ayudarles a formarse e integrarse en la economía y la sociedad. Y en paralelo, lograr acuerdos con los paises de origen, para frenar la inmigración ilegal y las mafias, para reorientar estas llegadas irregulares hacia empleos regulados allí y aquí. Organizar y canalizar la inmigración es una exigencia ineludible, por justicia y necesidad económica. Los inmigrantes no nos “roban” el trabajo, nos ayudan a construir el futuro.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Población: menos españoles y más viejos


El coronavirus nos agobia tanto que no vemos otras noticias preocupantes, como la que nos dio este martes Estadística (el INE) y pasó desapercibida: perdemos población, porque nacen menos niños y mueren más viejos. Y para 2070, seremos 33,8 millones de españoles, 6,5 millones menos que hoy. La población residente  crecerá, pero solo gracias a los inmigrantes, porque en 2070 habrá 9,8 millones más de extranjeros viviendo en España. Además, la población española está cada vez más envejecida: si hoy, un 19,6% tiene más de 65 años (9,2 millones), en 2050 serán un 31,4% de la población (15,6 millones de personas), con lo que  habrá menos personas en edad de trabajar, menos a pagar pensiones e impuestos. Un preocupante panorama, más negro que en el resto de Europa, que exige un Pacto demográfico urgente, para apoyar la natalidad y las familias, para frenar esta caída de la población española que es un torpedo al crecimiento y al futuro. Hay que conseguir que nazcan más españoles.

La población mundial lleva siglos creciendo imparable, pero ahora también se frena. Desde la aparición del hombre en la Tierra, hace unos 200.000 años, hubo que esperar hasta el año 1804 para alcanzar los primeros 1.000 millones de personas. Llegar a los 2.000 millones, en 1927, costó más de un siglo( 123 años), pero los 3.000 millones se alcanzaron en la tercera parte de tiempo (33 años), en 1960. Y luego, se dieron los saltos en poco más de una década: 4.000 millones (1974), 5.000 millones (1987), 6.000 millones (1999) y 7.000 millones (2011). Ahora, se espera que la población mundial crezca algo más despacio, según las últimas previsiones de la ONU: 8.000 millones en 2027, 9.198 en 2040, 9.735 millones en 2050, 10.151 millones en 2060 y 10.875 millones en 2100.

Además de crecer menos rápido este siglo, la población mundial va a crecer de una manera muy desigual, cayendo la población en Europa (donde vive el 10% de la población mundial), según la ONU. Eso sí, seguirá creciendo en Asia (donde hoy vive el 61% de los humanos), en Africa (17% de la población), en Norteamérica (5% población) y menos en Latinoamérica (8% población mundial). A mediados de siglo, en 2050, el país más poblado será India (1.639 millones frente a 1.402 millones China) y en 2100 seguirá siéndolo, aunque con menos población (1.447 millones), seguida de China (1.065) y Nigeria (733 millones de habitantes frente a 206 millones hoy). Estados Unidos saltará de los 331 millones actuales a 379 (2050) y 424 millones a finales de siglo. Latinoamérica pasará de 654 millones (2020) a 762 (2050) y 679 millones (2100). Y Europa sufrirá una caída drástica de población: de 747,6 millones hoy a 710,4 en 2050 y 629,5 en 2100. España será uno de los paises con más pérdida de población, según estas previsiones de la ONU: de 46,7 millones este año a 43,6 en 2050 y 33,2 en 2100, casi 13 millones menos de población a finales de siglo.

Y todavía hay otros estudios que ralentizan más el crecimiento de la población mundial este siglo y auguran mayores caídas de población en Europa. Así, un estudio del Instituto IHME de la Universidad de Washington, publicado en Lancet en julio de 2020, prevé que el mayor pico de la población mundial se dé en 2060, con 9.700 millones de personas y que a partir de ahí baje la población mundial, hasta 8.800 millones en 2100 (2.000 millones menos que los 10.875 millones estimados por la ONU), debido al aumento de la educación femenina y a un mayor peso de las medidas de contracepción. Según este estudio, financiado por la Fundación Gates, la población se reducirá a la mitad este siglo en 23 paises, entre ellos Italia, Portugal, Japón, Corea del Sur, Tailandia y España, donde estiman que caerá de los 46 millones actuales a 23 millones en 2100.

En medio de estas previsiones internacionales, Estadística (el INE) publico este martes sus proyecciones de población para España entre 2020 y 2070.Y el dato es demoledor: la población española (nacida en España) caerá de 40,33 millones en 2020 a 37,10 millones en 2050 y a 33,79 millones en 2070. Habrá 6.540.263 españoles menos dentro de 50 años. Lo que supone reducir la población española en 130.805 personas cada año.

La causa de este desplome de población es doble: caen los nacimientos y aumentan las muertes, algo que ya viene pasando en España desde 2016, el primer año en que cayó la población española  (-19.242 habitantes) desde la Guerra Civil. La natalidad cae en España por dos motivos. Uno, porque hay menos mujeres españolas en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de natalidad en los años 80 y principios de los 90.Y el otro, porque las mujeres españolas tienen menos hijos: 1,23 niños por mujer en 2020, la mitad que en 1976 (2,8 niños por mujer) y menos que la media europea (1,55 en 2018), que Italia (1,29), Alemania (1,57), Reino Unido (1,68) o Francia (1,88), según Eurostat. Y entre tanto, la mortalidad ha aumentado más, a partir de 1976 (299.007 defunciones), subiendo a 420.408 defunciones en 2015 y 466.583 muertes que se esperan este año 2020 (50.000 por el COVID). Y en los próximos años se espera que las defunciones sigan aumentando, hasta un 40% (a 612.160 en 2050 y a 648.504 muertes en 2070), según el INE, por el creciente envejecimiento de la población española, que no se compensa con el aumento en paralelo de la esperanza de vida (hasta 86,22 años en 2070 frente a 50 años en 1941 y 73,34 años en 1975).

Esta fuerte caída de la población nacida en España (-6,5 millones los próximos 50 años) se va a compensar con el aumento de la población inmigrante residente en España: aumentará en 9.800.093 personas entre 2020 y 2070, según el INE. Los inmigrantes fueron clave en el crecimiento de población de principios de siglo, pero con la crisis, muchos se fueron a sus paises y el saldo fue negativo a partir de 2010, con pérdidas importantes en 2012 (-142.592 netos) y 2013 (-256.289). Pero los inmigrantes han vuelto y el saldo migratorio crece desde 2016 (+87.422), año tras año hasta 2020 (+109.571). Ahora, el INE estima que la inmigración siga creciendo más cada año, sobre todo entre 2025 y 2050 (con aumentos netos de inmigrantes de +177.000 a +275.000 cada año) y más después (+295.914 en 2070). Eso permitirá que la población inmigrante residente en España pase de 6.995.647 en 2020 (el 14,78% de la población total) a 12.801.714 en 2050 (el 25,64%) y 16.795.740 en 2070 (el 33,19%), según el INE. Así que habrá un inmigrante por cada 2 nacidos en España en 2070, cuando hoy son 1 inmigrante por cada 6 españoles.

Este creciente flujo migratorio “salvará” la población total en España, que gracias a los extranjeros no caerá, sino que aumentará en 3.259.830 residentes entre 2020 y 2070, según el INE: pasaremos de ser 47.329.981 habitantes en 2020 a 49.910.653 en enero de 2050 y 50.589.811 habitantes en enero de 2100. Pero ojo, con inmigrantes y todo, habrá 10 regiones españolas que perderán población entre 2020 y 2035, según el INE: Castilla y León (-10% y -239.064 habitantes), Asturias (-10% y -101.436 habitantes), Extremadura (-8,3% y -88.404 habitantes),Galicia (-6,6% y -178.257 habitantes), Cantabria (-5,3%), Ceuta (-3,9%), Castilla la Mancha (-3,3% y -66.756 habitantes), País Vasco (-1,7%), Aragón (-0,9%) y la Rioja (-0,3%). O sea, que la España vaciada se va a vaciar aún más. Las restantes regiones ganan población, sólo gracias a la inmigración, en especial Baleares (+14,9% y +179.921 habitantes), Madrid (+9,1% y +614.049 habitantes), Canarias (+8,4% y +182.272 habitantes), Murcia (+6,1% y +91.512 habitantes), Cataluña (+5,4% y +414.061 habitantes), Navarra (+4,5%) y la Comunidad Valenciana (+3% y +152.724 habitantes).

Vista la evolución prevista para la población española en el próximo medio siglo, el 2º grave problema, tras la caída de la población española, es su progresivo envejecimiento: si este año 2020 habrá un 19,6% de población (total) mayor de 65 años (9.276.676 habitantes), para 2050, los mayores serán ya casi un tercio de la población: el 31,4%, 15.671.945 personas, según la proyección del INE, que prevé una bajada posterior, hasta el 28,6% de mayores de 65 años en 2070 (14.468.685 personas). En definitiva, si ahora 1 de cada 5 españoles tiene más de 65 años, dentro de 3 décadas, los mayores serán 1 de cada 3 personas. Eso se debe a dos causas: la baja tasa de natalidad (recordemos, 1,23 hijos por mujer, cuando la “tasa de reemplazo”, para que los niños sustituyeran a los mayores, debería ser de 2,1 hijos/mujer) y el aumento de la esperanza de vida, que estará por encima de los 85 años en 2050: pasará de 80,01 a 84,65 los hombres y de 85,44 a 88,88 las mujeres (en 2049). Y subirá a casi 88 años de media en 2069 (85,81 hombres y 90 años las mujeres), según el INE.

Este aumento del envejecimiento situará a España como el país más envejecido del mundo en 2050, según la ONU. Y esto tendrá un impacto muy negativo sobre la economía española, como analiza este informe de CaixaBank. Por un lado, reduce la población en edad de trabajar, que además en España se recorta más por la caída de la natalidad, porque nacen menos niños que trabajen mañana: pasaremos de tener  28,8 millones de personas entre 20 y 64 años en 2020 a 25,9 millones en 2050, según el INE. La consecuencia es muy clara: si hoy hay 3 personas en edad de trabajar por cada mayor de 65 años, en 2050 habrá 1,65 activos por cada jubilado. Otra manera de verlo es comparar los españoles en edad de trabajar (los que han de crear riqueza y pagar impuestos y pensiones) con los españoles niños (menores de 16 años) y jubilados (más de 65 años). Es lo que se llama “la tasa de dependencia”: pasará de 53,4% en 2020 a 81,1% en 2050. A lo claro: si hoy tenemos 54,2 mayores y niños por cada 100 españoles en edad de trabajar, en 2050 serán 81,1. O sea, que si hoy cada inactivo tiene 1,84 activos para sostenerle, en 2050 tendrá 1,23 activos.

Este dato es una bomba de relojería para las pensiones y para el sostenimiento del Estado del Bienestar: cada vez habrá más personas mayores y menos jóvenes para trabajar, pagar impuestos y cotizar para financiar las pensiones de sus padres. Y además, los estudios demuestran que el envejecimiento de la población reduce la productividad de las empresas y los paises. De hecho, este estudio de CaixaBank revela que el envejecimiento en España en la década de 2010 a 2019 (+4,7%) ha provocado que España creciera un 0,6% menos cada año. Y está previsto que el mayor envejecimiento lastre el crecimiento futuro: lo recortará -07% cada año entre 2020 y 2029, -0,6% anual entre 2030 y 2039 y -0,1% anual entre 2040 y 2049, según este estudio de CaixaBank. Es muchísimo y eso se traduce en menos empleo y menos renta, en un nivel de vida peor del que podríamos tener.

Así que perder población y encima que seamos cada vez más viejos es una tremenda hipoteca sobre el futuro. Para muchos expertos, es uno de los tres grandes retos de España este siglo, junto al cambio climático y a la revolución tecnológica que se va a comer parte de los actuales empleos. Por eso, urge tomar medidas en cuanto se pueda, a pesar de los agobios inmediatos del coronavirus, porque actuar sobre la población tarda décadas en dar frutos. Dentro del paquete de reformas a medio plazo, una prioridad debe ser la población: urge un Pacto demográfico para conseguir que nazcan más niños, a la vez que se organizan los flujos de inmigración legal, que necesitamos para cubrir el desplome de población española. Necesitamos cuanto antes un Plan de fomento de la natalidad, asentado en 4 patas. Una, establecer más ayudas a las familias, desde las guarderías y enseñanza a la sanidad, transporte, vivienda, luz,  agua, subsidio de paro o la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la natalidad, con propuestas como mejorar la pensión de los que tengan más hijos (campaña “Más hijos, más pensión) o contabilizar como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas. Y cuatro, favoreciendo el trabajo de la mujer, que tiene más paro y  peores empleos y sueldos por su potencial maternidad.

Mejorar la natalidad y perder menos población es uno de los retos claves para salvar el futuro. España tiene el doble de paro que Europa y menos riqueza (el 91% de la media UE-28) porque aquí trabaja menos gente y trabajamos con menos eficacia (productividad). Tenemos ya 1,5 millones menos trabajando de los que deberíamos si tuviéramos la tasa de empleo europea. Y encima, dentro de tres décadas, habrá 3 millones menos de españoles en edad de trabajar. O lo recomponemos, o no podremos sostener la sanidad, la educación, las pensiones, la dependencia y los servicios públicos. Por eso es tan fundamental que haya más niños, a la vez que dejamos entrar a más inmigrantes: unos y otros nos salvarán.

lunes, 8 de julio de 2019

Tenemos el triple de mascotas que niños


En España hay más de 22 millones de mascotas y sólo 7 millones de niños menores de 15 años, frente a 12 millones de perros registrados. El negocio de los animales de compañía crece como la espuma, en España y en toda Europa, facturando ya 40.000 millones de euros en comida, tratamientos veterinarios, accesorios y múltiples servicios, desde ropa a peluquería canina, residencias o tanatorios, lo que atrae al sector a fondos de inversión y aseguradoras. El gasto en mascotas ha crecido en España un 39% en los dos últimos años y ronda los 100 euros mensuales por familia. Y ya hay un perro, gato, pájaro, pez o mascota en 1 de cada 4 hogares españoles, mientras somos el país europeo donde nacen menos niños (1.000 al día, la mitad que en los años 60). Todo apunta a que el negocio de las mascotas seguirá creciendo, de la mano de los millenials, mientras los Ayuntamientos se plantean tasas y controles de heces para afrontar su aumento. Y entre tanto, siguen cayendo los nacimientos.


Las mascotas se multiplican en Europa. Ya hay 80 millones de hogares europeos, uno de cada cuatro, con mascotas: 209,7 millones en la UE (28 paises, con 512 millones de habitantes) y 290,57 millones en toda Europa (741 millones de habitantes), según los últimos datos (2017) de FEDIAF (las empresas fabricantes de alimentos para mascotas). Si nos centramos sólo en la Unión Europea, las mascotas más populares son los gatos (hay 71,4 millones, un gato en el 24% de los hogares europeos), seguidos de los perros (66,37 millones, un perro en el 21% de los hogares europeos), las aves (34,42 millones de estas mascotas), los pequeños mamíferos (21,71 millones), peces (9,31 millones) y reptiles (6,42 millones).

España es el 5º país europeo con más mascotas, tras Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. En total hay más de 22 millones de mascotas en España, en el 40% de los hogares, según la última estadística (2017) de ANFAAC (asociación fabricantes alimentos para mascotas): 6,27 millones de perros, 3,145 millones de gatos, 5,58 millones de peces, 5,3 millones de pájaros, 1,07 millones de reptiles y 1,15 millones de pequeños mamíferos. Los veterinarios de AMVAC (Asociación madrileña) rebajan la cifra a 20 millones de mascotas y estiman que 1 de cada 4 hogares tiene una mascota. Al final, la estadística más fiable es la de las mascotas oficialmente registradas, según la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), que tenía controladas13 millones de mascotas en 2018, un 40% más que en 2013: 12,09 millones son perros, 780.000 gatos y el resto conejos, hámsteres y demás animales de compañía. Pero reconocen que, salvo los perros, la mayoría de las mascotas no están oficialmente registradas, lo que elevaría el número real de mascotas en España por encima de los 20 millones, frente a 6,92 millones de niños menores de 15 años, según el último censo del INE (enero 2019).

Alrededor de este millonario número de mascotas ha ido creciendo un negocio también millonario. En el mundo, las mascotas mueven unos 120.000 millones de euros al año, según un informe de Gran View Research (2016), de los que la mitad (63.000 millones) se gastan en Estados Unidos, el paraíso de las mascotas, junto a Asia. En Europa, los animales de compañía movilizaron un negocio de 39.500 millones en 2018, según la Asociación ANFAAC (alimentos de mascotas). La mayor parte de este mercado son los alimentos para mascotas, que facturaron en Europa 21.000 millones de euros, vendidos por 132 empresas. Otros 9.000 millones anuales son servicios derivados (medicamentos y tratamientos) y 7.000 millones más se obtienen por la venta anual de productos y accesorios para mascotas.

En España, el gasto en mascotas alcanzó en 2017 los 3.367 millones de euros, un 39% más que en 2015, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. La parte principal del negocio son los alimentos para mascotas, que facturaron 1.058 millones en 2018, casi un 50% más que hace una década,  según los datos de ANFAAC: 700,7 millones los alimentos para perros y 357,8 millones la comida para gatos, con la curiosidad de que un 30% de la producción (hay 12 fábricas) se exporta. Este mercado de alimentos para mascotas está dominado por Affinity (grupo Gallina Blanca), que factura 417 millones, seguida muy de lejos por Nestlé Purina (125 millones de ventas), Royal Canin del grupo Mars (121 millones) y la marca blanca de Mercadona, Compy (fabricada por Bynsa, de Burgo de Ebro), que acaba de firmar un acuerdo con Amazon para fabricar  su  marca blanca de comida para mascotas para Europa. En general, las “marcas de fabricante” van por delante, pero se aprecia una subida de las “marcas blancas”, sobre todo en supermercados y grandes superficies.

Después de la alimentación, la otra parte del negocio de las mascotas se reparte entre las clínicas veterinarias y las tiendas de productos y servicios. En España hay más de 6.000 clínicas veterinarias, que crecen año tras año desde 2013 (cuando cayeron sus ingresos por la crisis y la subida del IVA). La mayoría son clínicas pequeñas, con uno o dos veterinarios, que facturan unos 240.000 euros de media, según un estudio de AMVAC (veterinarios madrileños), aunque hay un 12% de clínicas que facturan 500.000 euros y unas pocas que facturan más de 800.000, con un aumento de las grandes cadenas y los grandes hospitales veterinarios para mascotas.

Al hilo de este “boom” de las mascotas y las clínicas veterinarias, en España se ha creado una cierta “burbuja” de veterinarios, según denuncia la propia profesión, que señala que tenemos “el doble de veterinarios por habitante que en Europa”: hay un exceso de Facultades de Veterinaria (13, frente a 3 en Francia, 4 en Reino Unido y 5 en Alemania), de las que salen cada año 1.300 licenciados, sin trabajo o con empleos muy precarios. De hecho, los veterinarios son los licenciados con el sueldo más bajo: 1.063 euros netos al mes, según el INE, mientras negocian un convenio colectivo estatal.

Otra parte del negocio de las mascotas se lo llevan las 5.000 tiendas especializadas, que venden todo tipo de accesorios, incluida ropa para mascotas y peluquerías caninas (con un coste de 35 a 100 euros por animal). En paralelo están proliferando las residencias caninas (que cobran de 14 a 50 euros día), los clubes de razas, las tiendas especializadas en centros comerciales y zonas propias de grandes almacenes (Ikea tiene un catálogo de mobiliario y accesorios para mascotas) y hasta los cementerios para mascotas. La incineración de mascotas supone un coste de 250 a 300 euros (sólo en la Comunidad de Madrid se incineran 35.ooo animales al año) y ya hay 4 cementerios autorizados para perros (2 en Barcelona, uno en Madrid y otro en Valencia), que ofrecen nichos (119 euros más una cuota anual de 65 euros) o fosas para mascotas (149 euros).

Al final, tener una mascota suma gasto tras gasto, una media de 100 euros mensuales por animal, según datos del Ministerio de Agricultura. Los veterinarios de AMVAC dicen que es menos, un coste medio de 2,23 euros diarios un perro (67 euros al mes, 813,95 euros anuales) y 1,47 euros diarios (44.10 al mes y 530 euros al año), el 60% en comida y el resto en veterinarios, medicamentos, higiene, ropa y servicios múltiples para las mascotas.

El “boom” de las mascotas ha atraído no sólo a las empresas de alimentos, clínicas veterinarias y tiendas de servicios para mascotas. Cada vez hay más hoteles que utilizan el reclamo de que “aceptan mascotas(hay más de 1.000 hoteles “Pet Friendly” donde se puede ir con un animal de compañía, pagando el correspondiente suplemento) y más de 300 playas que aceptan perros. Pero, sobre todo, lo que más han crecido son los seguros para mascotas. Por un lado, cubren la responsabilidad civil del propietario en caso de que la mascota provoque daños a un tercero. Y por otro, cubren parte de los gastos (del 50 al 90%) en caso de que la mascota necesite una operación o tratamiento veterinario, un alto gasto (entre 1.000 y 3.000 euros) que complica mucho las cuentas familiares. Actualmente, hay 20 aseguradoras que ofrecen seguros para mascotas, con un coste mensual de 18 a 42 euros, según la cobertura y los gastos veterinarios que reembolsen.

El negocio de las mascotas ha atraído también en los dos últimos años a Fondos de inversión, españoles y extranjeros, lo que preocupa a los veterinarios españoles. Por un lado, el fondo español Collins ha comprado un porcentaje minoritario de conocidos hospitales veterinarios en Barcelona, Bilbao, Asturias y Madrid. Otro fondo español, Mihura Private Equity, compró la cadena Tienda Animal. Y el fondo de inversión catalán  Meridia Capital ha entrado en la cadena de tiendas Kiwoko (líder en España y Portugal), donde antes había entrado el fondo de inversión norteamericano TA Associated. Y ahora, varios Fondos de inversión estudian entraren el capital de Elmubas Petfood, grupo español que fabrica alimentos para mascotas con marca blanca para Carrefour, Eroski y Alcampo.

Mientras el dinero planea sobre las mascotas, los Ayuntamientos y los españoles sin mascotas sufren también las consecuencias de este “boom” de los animales de compañía, al tener que multiplicar las instalaciones para depositar heces de perro, zonas de juego y dedicar recursos a “limpiar” las heces de los millones de perros que pululan por las ciudades. Ya hay autonomías como la valenciana y Ayuntamientos que se plantean poner una tasa a los propietarios de perros, para paliar con ella los gastos que se generan. Y en paralelo, hay municipios de Cataluña, Comunidad Valenciana, Málaga y Comunidad de Madrid que obligan a realizar un censo genético a los propietarios de perros, para controlar las heces abandonadas (hay ya más de 40.000 canes con su ADN censado). Mascotas sí, pero el coste que generan lo tienen que asumir sus dueños, no el resto de contribuyentes.

Todos los que operan en el sector creen que el negocio de las mascotas va a seguir creciendo, porque España tiene todavía menos animales de compañía que otros paises y porque los “millenials” (los nacidos entre 1981 y 1993) son muy favorables a las mascotas, como una especie de “anticipo de la paternidad”: en EEUU, 3 de cada 4 personas en la treintena tienen mascotas. Otro argumento es que está aumentando la longevidad de las mascotas (como la de sus dueños), gracias a un mejor trato y mayores cuidados veterinarios. Tal es así que los perros viven ahora 11 años de media, 6 meses más que en 2002. Y los gatos, 12,1 años, 1 año más que hace 16 años. A más años de vida, más gastos en comida y cuidados (los más viejos necesitan más atención). Más negocio.

Cara a este futuro, con más mascotas que vivirán más años, los expertos apuestan por Internet, tanto para la venta de alimentos como para la prestación de servicios por Internet, que hoy suponen sólo el 5% del mercado pero que alcanzarán el 25% para 2022. Por eso, acaba de salir a Bolsa en junio la empresa Chewy, el Amazon de las mascotas, que ofrece más de 45.000 productos para mascotas a 11 millones de clientes. El valor de la acción de Chewy se ha duplicado en pocas semanas, porque los inversores creen en este negocio de las mascotas, que moverá 75.000 millones de dólares en EEUU este año. Otro dato: ya han surgido 3 Fondos (Allianz Pet, Pet Care y FactSet PetCare) que invierten exclusivamente en empresas ligadas al  sector de las mascotas (alimentación, compañías farmacéuticas, aseguradoras, tiendas y venta online…), con elevadas rentabilidades anuales (+10%).

Todo indica que las mascotas son “los nuevos hijos, lo que resulta especialmente chocante en España, el país con la tasa de natalidad más baja de Europa (1,23 hijos por mujer, muy por detrás de los 1,90 de Francia, los 1,78 de Suecia o los 1,74 de Reino Unido) y que tiene un serio problema: va a caer la población nacida en España, de 40,45 millones de habitantes en  2018 a los 35,53 millones previstos por el INE para 2068. Cinco millones menos de “españoles” para pagar impuestos y cotizar (menos mal que nos “salvarán los inmigrantes), por culpa de que los nacimientos caen a la mitad (369.302 en 2018 frente al récord de 697.697 en 1964) mientras aumentan las defunciones, por el envejecimiento de la población. Un verdadero  suicidio demográfico” mientras los Gobiernos no hacen nada por fomentar la natalidad y las familias tienen menos hijos y acogen más mascotas. Mal negocio como país.

lunes, 10 de junio de 2019

El alto coste del envejecimiento


Todos los días damos vueltas a los problemas más inmediatos: paro, empleo, sueldos, vivienda, pensiones, sanidad, educación…Pero hay otros problemas de fondo de los que hablamos menos. Dos son los mayores retos del siglo XXI, junto al cambio climático, según el Banco de España: la revolución tecnológica y el envejecimiento, especialmente preocupante para España, porque somos el país europeo donde nacen menos niños y donde más años se vive, con lo que un tercio de españoles tendrán más de 65 años en 2050 y habrá pocos jóvenes para trabajar. Un grave problema que va a recortar el empleo y el crecimiento, agravando el agujero de las pensiones y el déficit público. Pero nadie plantea medidas para favorecer la natalidad y la familia, reformar las pensiones y los impuestos y mejorar la formación y el empleo, para evitar este “suicidio demográfico”. La baja natalidad y el envejecimiento son un problema de Estado, gobierne quien gobierne. Y resolverlo exige tomar medidas ya, porque tardan décadas en surtir efecto en la demografía. 

A partir de una escena de El séptimo sello. enrique ortega

El bajo número de nacimientos y el envejecimiento de la población son los dos graves problemas demográficos de todos los paises desarrollados, de Japón a EEUU y Europa. Pero España los sufre más, porque tenemos una tasa de natalidad de las más bajas del mundo y un país con una de las mayores esperanzas de vida, con lo que hay cada vez más viejos y menos jóvenes, un auténtico “suicidio demográfico” que lastra la economía y el futuro, como han reiterado la OCDE y el FMI y ahora el Banco de España, que considera los cambios demográficos y los avances tecnológicos como “las dos tendencias estructurales que van a condicionar la economía de las próximas décadas”.

El primer problema es que cada vez nacen menos niños, en Occidente y sobre todo en España. Si en 1975 nacieron en España 669.378 niños, en 2017 nacieron casi la mitad, 390.024 niños (1.068 diarios), menos incluso que en 1939 (419.848) y muy lejos del récord histórico de 1964 (697.697 nacimientos, casi 2.000 diarios). Y en 2018 han vuelto a bajar, con 179.800 nacimientos hasta junio (último dato del INE). Los nacimientos se han desplomado por dos causas. Una, porque hay menos mujeres en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la caída de la natalidad en los años 80 y 90: hay un millón menos que en 2009. La otra, porque las españolas esperan cada vez más para ser madres, ocupadas en estudiar o hacerse una carrera profesional: si en 1976, las españolas eran madres a los 28,5 años de media, en 2018 lo son a los 32 años. El resultado es que la tasa de natalidad ha caído bruscamente, de los 2,76 niños por mujer en 1975 (3,15 en 1900 y 3,01 en 1964) a 1,31 niños en 2018.

Y con ello, España tiene la 2ª tasa de natalidad más baja de Europa, 1,30 niños por mujer en 2017, por detrás de Malta (1,26 niños por mujer), lejos de la media europea (1,59 niños por mujer UE-28) y por debajo incluso de los paises del sur de Europa: Italia y Chipre (1,32 niños/mujer), Grecia (1,35) y Portugal (1,38). Y estamos muy alejados de la mayor natalidad de la Europa del norte, encabezada por Francia (1,90 niños por mujer), Suecia (1,78), Irlanda (1,77), Dinamarca (1,75), Reino Unido (1,74) e incluso Alemania (1,58 niños/mujer), según los datos de Eurostat (de 2017). Y somos también el país donde las mujeres son madres más tarde (a los 30,9 años en 2017), tras los 31,1 años de Italia y los 29,1 años de media en la UE-28. Y el país donde nacen menos terceros hijos (sólo el 8,5% de los hogares con hijos frente al 15% en Europa) y menos cuartos (2,8% de hogares frente al 6% en Europa).

Si estos datos de natalidad son preocupantes, lo es más que va a seguir cayendo en el futuro, según las proyecciones de población hechas por el INE hasta 2065. La principal causa es que se agrava la caída del número de mujeres en edad fértil (15-49 años): habrá 1,8 millones menos en 2031 y 3,5 millones menos (-32,7%) en 2065). Y también subirá la edad a la que las mujeres españolas tienen hijos: de los 32 años actuales bajará a 31,40 años en 3031 y subirá a 33 años en 2065. El resultado será que la tasa de natalidad se mantendrá casi igual: de 1,31 niños por mujer en 2018 a 1,36 en 2031 y 1,38 niños en 2065, según el INE. Pero como habrá menos mujeres fértiles, los nacimientos caerán bruscamente: de unos 370.000 nacimientos en 2018 se bajará a 366.402 nacimientos en 2020, 353.595 nacimientos en 2030, 322.799 en 2050 y 294.003 en 2065, menos de la mitad que un siglo antes.

Esta caída de la natalidad ya sería preocupante por sí sola (menos niños y jóvenes para trabajar, cotizar y pagar impuestos), pero se agrava porque España tiene otro récord demográfico: es también uno de los paises con más viejos, además de tener menos niños. El problema deriva de algo muy positivo: tenemos más esperanza de vida que la mayoría del mundo (por nuestra excelente sanidad y el estilo de alimentación y vida): 83,4 años de media (2017), 3 años más que la media de la OCDE. De hecho, somos el 5º país con más esperanza de vida a los 65 años (21,4 años), por detrás de Japón (22,1 años), Hong-Kong (21,9), Francia (21,7 años) y Macao (21,5 años), según las estadísticas de la ONU. Y esta longevidad provoca que tengamos más viejos, que seamos uno de los paises con mayor porcentaje de mayores de 65 años: el 19,2% de los españoles en 2018, lo que nos coloca entre los 15 paises más envejecidos del mundo, por detrás de Japón (27,9% superan los 65 años), Italia (23,6%), Portugal (22,3%), Alemania (21,9%), Bulgaria (21,3%), Grecia (20,8%), Croacia (20,5%), Francia (20,4%), Malta (20,3%),Eslovenia y Letonia (20,2%), Finlandia (22%), Suecia (20,2%) y Dinamarca (20% de mayores 65 años), según la ONU.

El problema del envejecimiento de la población española se va a agravar, porque la esperanza de vida en España va a seguir creciendo, más que en el resto del mundo: los 83,4 años que vivimos de media serán 85,8 años en 2040, superando al país ahora más longevo, Japón (donde se vivirá hasta 85,7 años). En 2050, los españoles hombres vivirán 85 años (casi 5 más que los 80,42 de 2018) y las mujeres 89,43 años (frente a 85,80 hoy). Y para 2067, la esperanza de vida de las mujeres superará los 90 años (90,78) y la de los hombres será de 86,35 años: vivirán 5 y 6 años más que ahora, según el INE. Y eso, que es bueno, provocará que se multipliquen los mayores: si hoy, un 19,2% de españoles tienen más de 65 años, en 2033 serán el 25,2%. Y España será uno de los paises más envejecidos del mundo para mediados de siglo: un 36,3% de españoles tendrán más de 65 años en 2050, frente al 28% de media en la OCDE (34 paises desarrollados de Occidente), el 30,7% en Alemania, el 26,7% en Francia o el 25,4% en Reino Unido, según la OCDE. Sólo nos ganará a viejos Japón, con el 36,5% de población mayor de 65 años.

No hace falta ser economista para intuir que con este problema demográfico (pocos niños y muchos viejos) tenemos un grave problema económico: si hoy ya nos faltan jóvenes para trabajar, pagar impuestos y cotizaciones para pagar las pensiones y servicios públicos, en 2050 será aún peor. Porque si en 2018 hay 2 activos (16-64 años) por cada dependiente (menores de 16 años y mayores de 65), en 2050 habrá 1,3 activos por cada inactivo: sólo algo más de la mitad de la población trabajará, pagará impuestos y cotizará para sostener a casi la otra mitad, niños y jubilados. Eso sí que será un grave problema, para todo Occidente pero más para España, como vienen alertando el FMI y la OCDE. Y ahora, el Banco de España, que considera el envejecimiento y la tecnología como los dos grandes problemas que van a condicionar la economía en este siglo XXI.

El reciente informe del Banco de España analiza las consecuencias del envejecimiento para la economía española sobre el consumo, el ahorro, la inversión, el crecimiento y el gasto, sobre todo en pensiones, sanidad y dependencia. Su conclusión es que el aumento de personas mayores aumentará el consumo de alimentos y bienes no duraderos, pero no de bienes duraderos y vivienda (que ya tienen), lo que reducirá el crecimiento y el empleo. Otra tendencia será el aumento del ahorro, pero si los mayores tienen que ayudar a sus hijos (como ahora), podría incluso bajar. Y bajará la inversión, al caer la población ocupada y las necesidades de bienes duraderos y vivienda, lo que desplazará los capitales de los paises más envejecidos a los más jóvenes (en desarrollo).

Todos estos efectos, más una caída de los jóvenes y los activos provocarán una bajada de la inflación (y de los salarios: los jóvenes entran cobrando menos que sus padres), el empleo y el crecimiento (PIB), que será menor en las próximas décadas por la demografía (y por los cambios tecnológicos). También estima el Banco de España que el envejecimiento reducirá la productividad, al haber menos empleados jóvenes y más mayores (peor formados y con menos habilidades tecnológicas). Además, el envejecimiento, al reducir el empleo y los salarios, reducirá los ingresos por impuestos y cotizaciones, agravando los problemas del gasto público y las pensiones, al haber más personas jubiladas que necesitan también mayores atenciones sanitarias y más ayudas a la dependencia.

Aquí va a estar el mayor problema, la peor consecuencia del envejecimiento de la población: exigirá más gasto público mientras se reducen ingresos y cotizaciones. El primer problema es el futuro de las pensiones, cuyo déficit actual (-18.000 millones en los últimos tres años) se va a agravar en el futuro si no se toman medidas. Sobre todo a partir de 2026, cuando se jubilen los españoles nacidos en los años del “baby boom” (1960-1975). Se van a disparar las pensiones, de las 9,7 millones actuales a 15 millones de pensiones en 2050. Y para poder pagarlas, habría que contar entonces con 30 millones de españoles trabajando, 10,5 millones más que hoy, algo casi imposible: la Comisión Europea estima que no habrá más de 20 millones de españoles trabajando para 2050, lo que daría 1,3 ocupados por cada pensión. Y así no salen las cuentas.

El informe del Banco de España señala que si las pensiones contributivas se llevan hoy el 10,6% de la riqueza (PIB), este gasto podría dispararse al 17% del PIB en 2050 si no se hacen reformas de fondo. El factor clave, el que tira más del gasto, es la demografía, el envejecimiento de la población: la tasa de dependencia (proporción de jubilados/activos) se va a duplicar, pasando del 29,8% hoy al 51-68% en 2050, según distintas previsiones. Así que sólo queda actuar en otros dos frentes: retrasar la edad de jubilación (para que hay menos jubilados que pagar) y que cobren menos en el futuro, teniendo en cuenta que van a vivir más años. Actualmente, la pensión media en España es el 57,7% del último salario, un porcentaje de los más elevados de Europa, según las estadísticas que aporta el Banco de España: la pensión es el 42% del último sueldo en Alemania, el 50,5% en Francia, el 58,9% en Italia, el 38,6% en Suecia o el 27,8% en Reino Unido. En su escenario alternativo, el Banco de España propone bajar la pensión futura un 10-12%, por solidaridad intergeneracional, para asegurar no sólo las pensiones actuales sino las de sus hijos y nietos.

Otro problema económico derivado del envejecimiento es el aumento del gasto sanitario, debido a que un tercio de los españoles tendrán más de 65 años en 2050 (y un 12,7%, 6,15 millones, tendrán más de 80 años). Los expertos estiman que si el gasto en salud para una persona de menos de 65 años es inferior a 1.800 euros, entre 65 y 70 años supera ya los 2.000 euros, oscila entre 2.200 y 2.500 a partir de los 70 y supera los 3.000 euros por persona para los mayores de 80 años. Eso implica que si el gasto sanitario y los cuidados de larga duración se llevan hoy el 7% del PIB, en 2050 rondarán el 10%, no sólo por el envejecimiento sino porque la tecnología y los tratamientos farmacológicos encarecerán también la sanidad.

Y queda un tercer frente de gasto muy sensible al envejecimiento: el gasto en Dependencia, para atender a los mayores que no se pueden valer por sí mismos. Hoy hay 3 millones de dependientes (1.300.000 con ayudas reconocidas), pero se estima que los dependientes se duplicarán para 2050, según el CSIC, por el aumento de la esperanza de vida. Si ahora harían falta unos 2.700 millones más al año (hasta gastar 9.800 millones anuales en Dependencia), para reducir las listas de espera (250.000) y mejorar los servicios, para 2050, habría que gastar unos 20.000 millones al año para atender la Dependencia, otro 1,8% del PIB.

En definitiva, que el envejecimiento se puede llevar, entre pensiones, sanidad y Dependencia, del 27 al 30% de la riqueza del país (PIB) en 2050. Y eso puede provocar una grave crisis de las cuentas públicas, máxime si hay menos gente que trabaja, cotiza y paga impuestos. Por eso es preocupante la demografía y el problema de tener menos niños y más viejos. Y por eso urge actuar ya contra el “suicido demográfico” de España, porque las medidas tardan años en dar frutos. Y actuar en varios frentes, no sólo con recortes.

En primer lugar, hay que actuar en el frente demográfico: intentar aumentar los nacimientos, con ayudas e incentivos a las mujeres y a las familias, para que tengan más hijos. Actualmente, las ayudas por hijo son más bajas que en Europa: 24,25 euros por cada uno de los 4 primeros, frente a 133/357/542 en Francia, 184/184/190/215 en Alemania, 107/71/71/71 en Reino Unido o 22/34/50/65 euros en Italia. Tanto el Instituto de Política Familiar como Save the Children proponen pagar 100 euros mensuales por hijo y 150 euros para familias monoparentales y pobres. Otra medida sería mejorar la oferta de guarderías subvencionadas (escasas y caras) y rebajar el IVA de los pañales y productos infantiles que tienen el 21% (se baja el IVA al cine y no a los pañales, que deberían pagar un IVA del 4%). Además, hay que aumentar los permisos de maternidad y paternidad, mejorar las ayudas al alquiler para las familias con hijos, mejorar las becas para estudios, libros y transporte escolar  y fomentar unos horarios laborales que faciliten la natalidad.

Un elemento clave para fomentar la natalidad es facilitar el trabajo de las mujeres que son madres, para que tengan hijos antes y tengan más. Este objetivo exige profundos cambios en las empresas y convenios, así como en la mentalidad de los hombres, que deben aumentar su ayuda (escasa) en el cuidado de los niños. En Francia, se rebajan las cotizaciones a las madres trabajadoras y el fomento de la natalidad está presente en todas las políticas públicas, desde los descuentos en servicios públicos a las ayudas al alquiler para parejas jóvenes con hijos. Y claro, nacen más niños.

Otro frente de actuación es el frente fiscal. No se puede hacer frente a los costes futuros del envejecimiento con la baja recaudación fiscal que tenemos: en 2018, España recaudó un 38,9% del PIB en impuestos frente al 45% de media en la UE-28 y el 46,3% en la zona euro, según Eurostat. Eso significa, a lo claro, que España recauda cada año 73.703 millones menos que la UE-28 y 89.410 millones menos que los paises del euro. Pongamos 80.000 millones menos de media. Si nos equiparáramos fiscalmente con Europa, podríamos destinar esos 80.000 millones a reducir el déficit y gastar más en afrontar el envejecimiento. Y eso pasa por subirlos impuestos, no a la mayoría que ya pagamos sino a los que pagan menos: grandes empresas, bancos, multinacionales y los más ricos. Y además, habría que subir algunas cotizaciones sociales, en línea con Europa, para financiar mejor las pensiones.

El tercer frente de actuación es el frente económico. Hay que modernizar la economía, potenciar la industria, la tecnología y la digitalización, conseguir empresas más competitivas y unos trabajadores mejor formados,  para producir más y con más eficacia, para que haya más empleo para más gente, la única manera de pagar de verdad la factura del envejecimiento, con más gente trabajando: hoy trabajan el 67% de los españoles mayores de 20 años, frente al 73,2% de los europeos, el 71,3% de los franceses y el 79,9% de los alemanes, según Eurostat. No basta con ser más españoles: tiene que haber más trabajo. Y hay que fomentar la inmigración regulada, para compensar con mano de obra extranjera (que cotiza y paga impuestos) la caída de la población nacida en España.   

Como hemos visto, el envejecimiento es uno de los grandes retos del siglo y más para España. Habría que conseguir otro Pacto de Estado por la demografía, al margen del partidismo, empezando quizás por crear un Ministerio de la Familia (como existe en Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Luxemburgo o Rumanía) y un Plan 2020-2050, para revertir tendencias y marcar objetivos, medidas y recursos. Hay que actuar cuanto antes, porque, en demografía,  los cambios exigen tiempo. Si no hacemos nada, el envejecimiento nos comerá.