Mostrando entradas con la etiqueta precio mayorista electricidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta precio mayorista electricidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de abril de 2026

La luz baja, a pesar de la guerra

Si ha recibido el recibo de la luz de marzo, habrá visto que baja respecto al de febrero, a pesar de la guerra en Oriente Medio y la subida del petróleo y el gas. La razón es doble. Por un lado, creció el peso de las energías renovables en la generación de electricidad (63,1% en marzo), aportando luz con precio cero o negativo durante 141 horas del mes, aunque subieron los costes del sistema para evitar apagones. Y además, el Gobierno ha bajado los impuestos a la electricidad, afectando a todas las facturas emitidas desde el 22 de marzo. Ahora, en abril, el precio mayorista de la electricidad sigue bajo (inferior al de marzo) y es menos de la mitad del coste mayorista en Europa, gracias al mayor peso de las renovables. Eso sí, a partir de junio o julio, con más demanda, subirá el recibo. La clave es seguir apostando por las renovables: el Gobierno va a acelerar su implantación y los proyectos de biometano.

                            Enrique Ortega

El precio de la luz en origen, en el mercado mayorista diario (pool), ha tenido en marzo un precio promedio de 41,77 euros/MWh, más alto que en febrero (16,41 euros/MWh, un mínimo excepcional, por las borrascas y el clima) pero menor al del marzo de 2025 (53,03 euros/MWh) y menos de la mitad del coste en marzo de los últimos 5 años (93,.31 euros/MWh). Y eso a pesar de la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el precio del petróleo y el gas (que se utiliza para las centrales térmicas). Incluso el domingo 29 de marzo, tras un mes y un día de guerra, el coste mayorista de la luz en España fue sólo de 0,18 euros/MWh, el precio más bajo en origen desde 2013 y el tercer mínimo histórico.

Otro dato llamativo es que este precio mayorista de la luz en España (41,77 euros/MWh en marzo) es la mitad del precio mayorista en Europa, que superó los 100 euros/MWh en la mayoría de los paises (143,4 euros/MWh en Italia, 99,29 euros/MWh en Alemania), salvo en Francia, cuyo coste (63,85 euros/MWh en marzo) duplica al de España, a pesar de su enorme parque de energía nuclear. Así que España ha sido el país europeo menos afectado en su mercado eléctrico por la guerra en Oriente Medio y eso porque tenemos un mayor peso de las energías renovables y una menor generación de electricidad con gas y carbón.

Concretamente, en marzo, el 63,1% de la generación eléctrica en España procedió de energías renovables: 22,4% energía eólica (molinos de viento), 18,5% solar fotovoltaica (que ha aumentado un 40% su aportación en el último año), 1,4% solar térmica,19,2% hidroeléctrica, 1,4% otras renovables y  0,2% residuos renovables, mientras la energía nuclear aportaba el 17,1% de la electricidad, las centrales de gas un 14,4 % y el carbón sólo un 0,1%, según Red Eléctrica (REE). Y como dato histórico, el lunes 30 de marzo, las energías renovables aportaron ellas solas (eólica, solar e hidroeléctrica) el 70% de la electricidad, lo que permitió que el precio mayorista ese día fuera sólo de 10,61 euros/MWh, a pesar de la guerra. Este enorme peso de las renovables ha sido del 60,7% de la generación en el primer trimestre 2026, frente al 57% en enero-marzo de 2025 y el 42% en el primer trimestre de 2022.

Este creciente peso de las renovables consiguió un precio moderado de la luz en el mercado mayorista diario durante el primer trimestre (43,32 euros/MWh), la mitad que el precio pagado en el primer trimestre de 2025 (86,03 euros/MWh), a pesar de la guerra. Pero ha habido dos factores que han jugado en contra. Uno, que ha subido en marzo el precio de la luz en el mercado de futuros (a un mes, un trimestre o un año), por la guerra de Oriente Medio, y las eléctricas y comercializadoras están obligadas ahora a comprar el 55% de la electricidad a plazo, lo que ha encarecido su precio en origen. El otro factor que ha jugado en contra ha sido el aumento de “los ajustes del sistema”, las medidas de refuerzo que toma Red Eléctrica para evitar un nuevo apagón (como el de abril de 2025). La principal medida es tener disponibles más centrales térmicas de gas (“por si acaso”), lo que ha elevado este “coste de seguridad”, de 15,36 euros/MWh en marzo de 2025 a 28,52 euros en marzo de 2026.

Recapitulemos para entender cómo afecta todo esto a nuestra factura de la luz. El 40% de lo que pagamos tiene que ver con el precio mayorista en origen (41,77 euros/MWh en marzo), pero la factura es mayor porque hay que sumar los ajustes del sistema (medidas antiapagón), que aunque los pagan las comercializadoras, los repercuten finalmente en sus clientes. Así que en marzo, al coste mayorista en origen (41,77 euros/MWh) hay que sumar 28,52 euros/MWh de los costes de ajuste (más centrales de gas “de guardia”), lo que da un precio total de la electricidad mayorista de 70,29 euros/MWh, casi el doble que en febrero (41,62 euros/MWh), pero menor al coste total en enero (87,15 euros/MWh). Y si tomamos el coste total en el primer trimestre, 66,39 euros/MWh, es un tercio más bajo que al inicio de 2025 (100,02 €/MWh), gracias a las renovables y a pesar del mayor peso del gas (más caro).

El resto de la factura de la luz (tras este 40% que pesa el precio final en origen) se reparte entre el 35% que suponen los costes regulados (transporte, distribución y pagos regulados, que son fijos todo el año) y el 25% restante que son impuestos. Y aquí, en este tramo de la factura, ha actuado el Gobierno, para reducir la factura final de la luz ante la incertidumbre de la guerra en Oriente Medio: ha bajado los tres impuestos vinculados a la electricidad, hasta el 30 de junio. Primero el IVA, que ha bajado del 21% al 10%. Segundo, el impuesto especial de la electricidad, que ha bajado del 5,1126% al 0,5% (el mínimo que exige Bruselas). Y tercero, ha suprimido temporalmente el impuesto del 7% a la generación eléctrica, un impuesto que pagan las eléctricas pero que acaban repercutiendo en sus clientes.

Estas tres bajadas de impuestos entraron en vigor el pasado 22 de marzo y afectan a todas las facturas emitidas a partir de ese día, aunque se refieran a consumos anteriores, según confirman las propias eléctricas. Así que si su factura se ha emitido después del 22 de marzo (mírelo arriba a la derecha), va a pagar menos impuestos en todo el consumo que haya hecho en marzo (normalmente el último recibo incluye el consumo de finales de febrero a finales de marzo). Esta bajada de impuestos, como todas, beneficia más a los que gastan más luz. Así, este estudio revela que un hogar pequeño, que paga 40 euros al mes sin impuestos, se ahorrará en este último recibo 6,64 euros. Uno mediano (70 euros de gasto sin impuestos), se ahorrará 11,62 euros. Y un hogar grande o un local comercial (120 euros sin impuestos) se ahorrará 19,94 euros.

En resumen, en este último recibo de marzo, que acabamos de recibir, la factura será algo menor que en febrero, tanto por la menor subida del precio mayorista muchas horas del día como por la bajada de impuestos. Eso afecta a los 8 millones de consumidores que están en el mercado regulado (PVPC), porque los 22 millones que tienen un contrato en el mercado libre tendrán que esperar a renovarlo para ver si se lo bajan o no. En mi caso, he pagado 14 euros menos en el último recibo de marzo. La OCU estima que el recibo medio (4,6 kWh de potencia y 292 kWh de consumo mensual) en marzo habrá sido de 62,22 euros, casi 1 euro menos que en febrero (63,19 euros) y casi 9 euros menos que en enero(71,77 euros). Y Facua estima que este último recibo habrá bajado de media de 73,19 a 71,35 euros (-2,5%).

Ahora, en abril, mientras sigue la guerra y se teme que escale el conflicto, el precio de la luz en el mercado mayorista en España (que supone el 40% de nuestro recibo final) está más bajo que en marzo: empezó abril costando 5,15 euros/MWh y ha tenido muchos altibajos (23,15 euros el 5 de abril, 63,21 el día 8, 13,33 el domingo 12 o 59,90 euros/MWh el 15 de abril), por el mayor o menor consumo y el clima (más o menos renovables). Al final, el precio medio del mercado mayorista estos primeros 15 días de abril ha sido de 30,31 euros/MWh, menos que en marzo (41,77 euros/MWh). Y además, el precio mayorista de la electricidad en España es menos de la mitad del que se paga en Europa : 55 euros/MWh este 14 de abril, frente a 91 euros/MWh en Francia, 138 en Alemania o 151 en Italia, lo que confirma que la guerra hace menos daño a nuestros bolsillos.

Con estos datos de la mitad de abril, sería lógico esperar una nueva rebaja del recibo de la luz en abril, a pesar de que suban los ajustes del sistema para evitar apagones (porque el gas que alimenta las centrales térmicas sigue caro, en 47,71 euros/MWh, +44% que en febrero). Y también ayudará más que todos los recibos que se emitan pagarán ya menos impuestos (y así hasta finales de junio, de momento). La clave van a ser otra vez las renovables, que además provocan que el precio de la luz sea muy volátil por horas. Un ejemplo claro son los datos de marzo: en las horas más baratas (de 1 a 4 de la tarde), el precio fue de 9,78 euros/MWh, mientras que a partir de la 8 de la noche, el precio medio subió a 101,69 euros/MWh. Y en marzo, tuvimos 141 horas (el 19% del total) a precio negativo (127 horas) o cero (14 horas). Entre enero y marzo, el 16% de las horas fueron a precio negativo o cero. Eso indica que es fundamental saber las horas más baratas para poner la lavadora, el lavaplatos o el horno, porque eso baja mucho nuestro recibo final.

Si esperamos que el recibo baje otra vez en abril, parece claro que podría empezar a subir en junio o julio, hasta el otoño, debido a tres factores: en verano hay más demanda de electricidad (por los turistas y las altas temperaturas, que disparan el aire acondicionado), baja la ayuda de las renovables (en verano hay menos producción eólica y se reduce la eficiencia de los paneles solares con el calor extremo) y hay que echar mano de más centrales de gas (que sigue caro y subiendo), y además, está subiendo también el precio de los contratos futuros de la electricidad (de los 31,60 euros/MWh en mayo a los 76,75 en el tercer trimestre), que son ahora el 55% de la luz que han de comprar las comercializadoras (sólo el 45% debe proceder del mercado diario, porque hasta ahora era más “volátil”).

Así que el escenario que apuntan los expertos es una luz más barata en abril y quizás en mayo, con un repunte en junio o julio hasta octubre, cuando podría bajar de nuevo. Pero todo va a depender de la guerra en Oriente Medio: si el conflicto no se resuelve antes del verano, el precio del gas natural (hoy en 46,41 euros/MWh) podría dispararse hasta los 90 euros/MWh y eso situaría los precios mayoristas de la electricidad en origen en torno a los 100 euros (más del doble de los 43,32 euros que ha costado entre enero y marzo). Y, en consecuencia, la factura media al consumidor, suponiendo incluso que se ampliara la rebaja de impuestos, podría subir más de 10 euros al mes (hasta 72-75 euros de media la factura tipo que sigue la OCU). Así que atentos al curso de la guerra.

Con todo, hay un hecho claro: esta guerra ha pillado a España mucho más preparada que la mayoría de paises para afrontar la subida de la electricidad a particulares y empresas. Y eso, por el mayor peso de la generación eléctrica renovable, que nos permiten tener la luz más barata de Europa. Hay que seguir en ese camino, acelerando incluso el peso de las renovables, cuyo objetivo es que generen el 81% de la electricidad en 2030. Precisamente, el Gobierno Sánchez cree que, esta nueva guerra y crisis energética, deberían servir para empujar aún más las energías renovables. Para ello, el Ministerio de Transición Energética va a lanzar 4 consultas públicas para diseñar un marco regulatorio que permita acelerar la implantación de las energías renovables y el biometano. Se trata de promoverlas en áreas que han quedado degradadas y que han tenido un uso industrial o urbano, más canteras, minas o vertederos. Además, pretenden desbloquear las plantas de biometano (que tiene un potencial de reducir la dependencia del 10% al 15% del gas fósil que se consume), reduciendo los problemas de oposición social que se están encontrando en muchos lugares.

En resumen, los españoles estamos sufriendo los efectos de la guerra en Oriente Medio en la subida de los carburantes y algunos productos, alimentos y servicios, pero de momento no en el recibo de la luz, que ha bajado algo en marzo y podría volver a bajar en abril, gracias a la gran ventaja que tiene España en renovables, que nos permite tener la luz más barata de Europa. Pero esta nueva crisis energética debería servirnos para avanzar más rápido en la sustitución de energías fósiles que no tenemos por renovables (disponibles y baratas). Y a la vez, debería servir para volcarnos en desarrollar los vehículos eléctricos, no sólo coches particulares, sobre todo furgonetas y camiones. Es el camino (que no ven la derecha ni la ultraderecha) para ser más autosuficientes como país y no sufrir tanto los conflictos geopolíticos internacionales.

jueves, 3 de junio de 2021

Nuevo recibo de la luz por horas

Desde el 1 de junio, hay que mirar el reloj al poner los electrodomésticos porque la luz tiene tres precios diarios según la hora, para conseguir que particulares y empresas consuman menos en horas punta y no haya que tener centrales de apoyo. Pero la rebaja en el recibo será pequeña, del 3,4% y no parece fácil cambiar de hábitos. Mientras, el precio mayorista de la electricidad se ha disparado, subiendo el recibo un 20,34% este año. Y subirá más con el verano. Por eso, el Gobierno aprobó el martes 2 medidas de choque: quitar a las centrales hidroeléctricas y nucleares lo que cargan de derechos de CO2 (sin emitirlo), 1.000 millones anuales que “les llueven del cielo” (de nuestro recibo) y crear un Fondo para descargar del recibo otros 7.000 millones de ayudas a las renovables. Con ello, bajará la luz un 15%, pero dentro de 4 años. Mientras, pagamos la 5ª luz más cara de Europa, por múltiples extracostes. Luz y taquígrafos.

Enrique Ortega

Para comprender lo que ha cambiado en el recibo de la luz el 1 de junio, recordemos que nuestro recibo tiene 3 partes, según explica este resumen de la Comisión de la Competencia (CNMC). Una parte es el coste de la luz en el mercado mayorista, que supone el 33% del recibo. El segundo componente son los impuestos (5,113% del impuesto especial sobre la potencia y el consumo y el 21% del IVA sobre la factura total), que suponen el 19% del recibo de la luz. Y el tercer componente, que supone el 48% restante del recibo, son los precios regulados: un 21% son los peajes (pagos por el transporte y la comercialización de la luz), regulados ahora por un organismo independiente, la Comisión de la Competencia (CNMC) y otro 27% son los cargos fijados por el Gobierno (unos costes que pagamos para financiar a las renovables, para pagar el extracoste de producir luz para Baleares y Canarias, la anualidad que se paga para financiar el déficit eléctrico de años anteriores y para mantener la CNMC). Todo esto es lo que pagamos con nuestro recibo cada mes.

Ahora, lo que cambia es esta tercera parte del recibo (48%), los precios regulados. Tanto los peajes como los cargos los paga cada consumidor según la potencia que tiene contratada y lo que consume cada mes. Ahora, el cambio es que el precio regulado de la luz varía según la hora del día en que se consume, con tres franjas horarias: horas valle, las más baratas (12 noche a 8 de la mañana y todos los sábados, domingos y festivos), horas punta, las más caras (lunes a viernes de 10 a 14 horas y de 18 a 22 horas) y el resto del día son horas llanas, con un precio intermedio. El 1 de junio, el primer día en implantarse el nuevo sistema, el precio máximo de la luz en horas punta fue de 24,808 céntimos el kilovatio y el precio mínimo en horas valle fue la mitad, 11,484 céntimos el kilovatio. Las pymes e industrias también tienen distintos precios según horas, días y meses.

Con estas tarifas diferentes según la hora del día, el Gobierno busca que consumidores y empresas consuman más luz en horas valle y menos en horas punta (mañanas y tarde-noche), que obligan a tener centrales de refuerzo (térmicas de gas y fuel) para cubrir los picos de demanda. Y también, fomentar el ahorro de energía, ahora que sabemos que los kilowatios gastados en algunas horas son más caros. Su propuesta es que cambiemos los hábitos de consumo, que empecemos a poner la lavadora o el lavavajillas por la noche y a planchar y cocinar más los fines de semana, algo difícil de acostumbrarse. De hecho, la primera noche del nuevo sistema, apenas subió la demanda nocturna de luz. Con todo, la rebaja por la discriminación horaria a los 19 millones de consumidores que no la tenían será pequeña: bajará el recibo una media del -3,4%, según el Gobierno. Y a los 10 millones de consumidores que ya tenían contratada discriminación horaria, les subirá el recibo, unos 24 euros al año, porque antes tenían 13 horas valle y ahora tendrán sólo 8 horas.

Hay otro cambio del que se ha hablado menos: el nuevo sistema permite también cambiar la potencia que tenemos contratada, pudiendo contratar ahora 2 potencias distintas, una potencia más baja durante el día (si ponemos menos electrodomésticos) y otra potencia más alta para las horas valle (para la noche, sábados y domingo), para poder poner más electrodomésticos  y sobre todo para cargar los coches eléctricos. Con este cambio de potencia, el consumidor sí puede lograr un mayor ahorro en su factura, hasta un 7,5%, según el Gobierno, sobre todo los que carguen en casa el coche eléctrico (pueden ahorrarse hasta 300 euros al año aumentando su potencia nocturna y bajando la diurna). Para saber si compensa cambiar la potencia (sin riesgo de que salten los plomos), las eléctricas están obligadas a mandarnos ahora información de los picos de potencia que hemos tenido en el último año, para ver cuánto margen de cambio tenemos (de día y de noche). Y a partir de ahí, tenemos 1 año para cambiar nuestra potencia y podemos hacerlo hasta 2 veces, para ajustarla.

Ahora, los 10.702.503 consumidores de electricidad que estamos en el mercado regulado (PVPC, precio voluntario para el pequeño consumidor) no tenemos que hacer nada para adaptarnos al nuevo sistema: la eléctrica nos facturará según nuestra potencia y la hora del día que hayamos usado la luz, con lo que podríamos ahorrar algo si miramos el reloj (salvo 1,1 millones de clientes PVPC que ya tenían discriminación horaria y que ahora van a pagar algo más). Y cuando recibamos la información sobre la potencia que usamos realmente, podremos decidir si nos compensa bajar la potencia diurna y subir la nocturna, para ahorrar algo más. En el caso de los 16.125.719 consumidores eléctricos que están el “mercado libre” tienen que esperar ahora a que su compañía les adapte el contrato y les diga cómo les va a cobrar en el futuro (salvo los 8,9 millones que ya tenían discriminación horaria y a los que ahora les subirá el recibo, porque tienen menos horas bonificadas).

Y un consejo: habrá eléctricas que aprovechen para vendernos “pasar al mercado libre”, salir del mercado regulado (PVPC), argumentando que "es más barato”. Falso. Lo era antes y lo será más ahora, aunque más de 16 millones de consumidores hayan cambiado estos años. A mediados de 2020, el gasto medio de un cliente en el mercado regulado era de 40,5 euros y en el mercado “libre” era de 56,30 euros mensuales, un 40% más caro (homologando consumo y potencias), según las estadísticas de la CNMC. Por eso quieren que cambiemos.

Hasta aquí los cambios en la parte regulada de nuestro recibo de la luz (el 48% de lo que pagamos), donde vamos a poder ahorrar poco (si cambiamos la potencia, algo más), sobre todo los pequeños consumidores, según critican la OCU y Facua. Pero lo que más preocupa ahora es la fuerte subida del precio de la luz en el mercado mayorista de la electricidad, que afecta a un 33% de nuestro recibo. Ese precio mayorista de la luz, que se negocia cada día en el mercado OMIE (como “la Bolsa de la luz”) lleva subiendo todo este año 2021, después de que en 2020 alcanzara el precio más bajo (33,96 euros/MWh) desde 2004, por la caída de demanda durante la pandemia. Con la tormenta Filomena, el precio mayorista rozó en enero los 100 euros y aunque luego bajó, ha seguido muy alto, cerrando mayo en 67,12 euros/MWh, el precio más caro desde septiembre de 2018 (71 euros/MWh). Y el lunes 31 de mayo seguía en 88 euros/MWh, un precio que no se veía desde la gran nevada de enero.

Estos elevados precios de la luz en origen se han trasladado ya a nuestros recibos (recordemos: suponen el 33% de la factura final), que subieron en enero (+16,5%), marzo (+14%), abril (+15%) y mayo (+0,8%), bajando sólo en febrero (-26%). Y con ello, un recibo medio de la luz, de una familia con 2 hijos que tiene 4,4 kwh de potencia y consume 3.900 kw al año, ha pasado de 62,23 euros que pagaban en diciembre de 2020 a 74,89 euros que pagarán en mayo de 2021, un 20,34% más, según el simulador de la CNMC. Y el recibo ha subido un +44% sobre mayo de 2020. El problema es que la luz en origen seguirá subiendo este verano (y nuestro recibo), por el mayor consumo y las menores lluvias. De hecho, la previsión del mercado de futuros es que el precio medio de todo 2021 sea 68 euros/MWh, más del doble que el precio medio de 2020 (33,96 €).

¿Por qué sube tanto la luz en el mercado mayorista? Las dos razones que se dan es que el aumento del consumo ha obligado a que funcionen más horas las centrales de gas y eso ha disparado el precio del gas natural en el mercado internacional, encareciendo el coste de la luz. Y además, el mayor uso de las centrales de gas ha aumentado los precios de los derechos de CO2, que han de pagar estas centrales (y las de fuel y carbón) por contaminar: el precio de estos derechos ha pasado de 5,97 euros/Tm en mayo de 2016 a 56,65 euros/TM en mayo de 2021. Una tasa que las eléctricas cargan al precio mayorista. Pero estos dos factores afectan a la generación de electricidad en toda Europa y sin embargo el precio mayorista de la luz en España (67,12 euros/MWh en mayo) es un 27,8% más alto que en Alemania, según la consultora Aege

Y eso, ¿por qué? La luz en el mercado mayorista es más cara en España, según los expertos, porque es un mercado “poco transparente” (lo controlan de hecho las eléctricas, que son “juez y parte”), muy “volátil” (con muchos altibajos de precios, más que en Europa) y promueve el fraude, como ha detectado en varias ocasiones la Comisión de la Competencia (CNMC), que ha multado ya a todas las eléctricas por “manipular la oferta y los precios”, poniendo en funcionamiento  y quitando centrales para subir precios en el mercado mayorista, malas prácticas que les han costado varias multas de la CNMC.

Como telón de fondo está el sistema que fija los precios en el mercado eléctrico, en Europa y en España desde la Ley eléctrica aprobada por Aznar en 1997, un sistema “de locos”: cada empresa aporta su electricidad al mercado, empezando por las más baratas (hidroeléctricas, nucleares y renovables) y siguiendo con las más caras (carbón, fuel o gas). Y al final, el precio que se fija cada día es el del kilowatio más caro. Lo normal es que cuando falta energía (por más demanda o por falta de lluvia o viento), la demanda final se cubra con centrales de carbón, fuel o gas, que producen a 60 euros/MWh Y ese es el precio que se les paga también a las centrales hidroeléctricas (a las que les cuesta 10 euros el MWh) y a las nucleares (a las que les cuesta 22 euros), centrales ambas que ya están amortizadas (tras 90 o 40 años de vida). Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y nos la cobrarán toda a precio de chuletón

Este sistema de fijación de precios (“marginalista”) busca compensar a las eléctricas por tener centrales de reserva con poco uso (de gas y fuel) para garantizar el suministro. Pero implica que los consumidores pagamos un extracoste por la luz en origen, estimado en unos 2.000 millones extras al año desde 2006 (hemos pagado 28.000 millones de extracoste en nuestros recibos), según estima la profesora Natalia Fabra.

Este extracoste se refiere sólo a la primera parte de nuestro recibo, ese 33% que viene del coste de la luz en el mercado mayorista. Pero también pagamos de más en las otras dos partes del recibo. En la parte regulada (el 48%), pagamos “extracostes” en el transporte de la electricidad (a Red Eléctrica, un monopolio estatal), en el margen de las comercializadoras (hay poca competencia y las eléctricas se reparten los mercados: Iberdrola, Endesa y Naturgy controlan el 75,9% del mercado libre) y en los numerosos costes regulados que el Gobierno de turno nos carga en el recibo: ayudas a renovables y residuos, compensación por el parón nuclear, amortización deuda eléctrica acumulada, compensación a Endesa por la luz que produce en Baleares y Canarias, ayudas a grandes industrias consumidoras…

Y todavía hay un extracoste más en la tercera parte del recibo, los impuestos (19% de la factura de la luz): somos el tercer país de Europa con más peso de los impuestos (impuesto especial más IVA) en el precio final de la luz a los consumidores domésticos: un 47,38% frente al 66,4% en Dinamarca y el 53% en Alemania, por encima del peso de los impuestos en el precio final de la luz en la UE-27 (40%), Portugal (48%), Italia (39%) y Francia (34,3%). Y somos el 5º país con el IVA de la luz más alto (21%), sólo por detrás de Dinamarca y Suecia (25%), Finlandia (24%) y Portugal (23%), según Eurostat. Y en el caso de las empresas y consumidores no domésticos, somos el 6º país con más peso de los impuestos (28%), detrás de Alemania (52%), Holanda (50,5%), Italia (43%), Bélgica y Portugal, aunque por debajo del peso de los impuestos en la UE-27 (36%).

Ahora ya sabemos por qué pagamos la luz más cara que en Europa: los “extracostes” en la generación de electricidad, en los costes regulados y en los impuestos. La última estadística de Eurostat, con los precios de la luz en el 2º semestre de 2020, lo deja claro: España es el 5º país con la luz más cara para los consumidores domésticos: 0,2298 euros/kwh, sólo por detrás de Alemania (0,3006), Dinamarca (0,2819), Bélgica (0,2702) e Irlanda (0,2298) y un 7,68% más cara que la media UE-27 (0,2134 euros/kwh) y un 17,36% más cara que en Francia (0,1958 euros/kwh) y más cara que en Italia (0,2167 €) y que en Portugal (0,2133 €). Y para la industria y los consumidores no domésticos, la luz en España es la 7ª más cara de Europa (0,1422 euros/kwh), más barata que en Alemania (0,2181), Italia (0.1753) o Bélgica (0,1426) y que la media UE-27 (0,1422), pero más cara que en Portugal (0,1354), Grecia (0,1120) o Francia (0,1142€/kwh), según Eurostat.

Ahora, al haberse disparado el precio mayorista de la luz, el Gobierno ha reaccionado con dos medidas extraordinarias, aprobadas el martes 1 de junio. La primera, recortar parte del extracoste que pagamos a las centrales hidroeléctricas y nucleares, “la parte más escandalosa”. Estos dos tipos de centrales se benefician de que las demás centrales (carbón, gas y fuel) carguen en los costes de producción de la luz el pago de los derechos de CO2, que ellos no emiten. Son los llamados “beneficios llovidos del cielo”: cargan unos costes (derechos de CO2) que no tienen. Y son nada menos que 1.000 millones al año, que llevan cobrando injustificadamente desde 2005 (multipliquen: les hemos pagado 15.000 millones de más, sin justificación alguna). Ahora, al quitarles este “regalo”, el Gobierno cree que podría rebajar nuestra factura entre un -4 y un -5%. Pero será en 2022, porque antes debe aprobarse la medida en el Congreso y que no reclamen en los Tribunales (piensan hacerlo).

La otra medida de choque aprobada por el Gobierno ha sido crear un Fondo para trasvasarle en 5 años el coste de las ayudas a las energías renovables, la cogeneración y los residuos, unos 7.000 millones al año que ahora nos cargan en el recibo (el 16% de lo que pagamos). Este Fondo se financiará con aportaciones de las empresas petroleras (un 43,7% lo pagarán Repsol, Cepsa y BP), las empresas de gas (24,8%) y las compañías eléctricas (31,5%), junto a los ingresos por impuestos verdes, subastas de CO2 y Fondos UE. El Gobierno estima que este Fondo permitirá abaratar el recibo de la luz otro 10% en 5 años, no ahora (que es cuando hace falta). Y eso, si las empresas afectadas no recurren y lo ganan en los Tribunales. Además, corremos el riesgo de que petroleras, gasistas y eléctricas nos repercutan a los consumidores el coste de este Fondo al echar carburante, comprar gas o consumir luz.

Al final, pagar la luz por horas es una medida positiva, pero con poco efecto en el recibo. Y quitar extracostes a las centrales hidroeléctricas o nucleares o trasvasar las ayudas a las renovables a otros tardarán tiempo en rebajar el recibo, hasta 2022 y 2026. Y mientras, la factura sube mes a mes. El problema de fondo sigue siendo que pagamos costes de más. Habría que hacer una auditoría de costes y pagar la luz por lo que cuesta producirla, pagando la media de impuestos de Europa. Luz y taquígrafos. Que las eléctricas no tengan unos beneficios extras (superiores a otras eléctricas europeas)  a costa de nuestro recibo. Y que Hacienda ingrese más por otras vías, no por nuestro recibo. Son medidas de mucho calado, que exigen un Gobierno fuerte y con apoyos. Sánchez va a tener difícil ordenar de verdad el mercado eléctrico. Nadie lo ha conseguido en 44 años de democracia.