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domingo, 14 de abril de 2013

Quitan trenes y estaciones pero inauguran AVEs


El Gobierno Rajoy va a cerrar antes del verano 27 líneas de trenes regionales y 172 estaciones, sobre todo en Castilla y León, Aragón y Andalucía, perjudicando a un millón de usuarios. Además, va a reducir frecuencias, quitando uno de cada cuatro trenes regionales. Todo para ahorrar 26 millones de euros este año, lo que cuesta un solo kilómetro del AVE. Como ya hizo el Gobierno socialista en 1985, Rajoy sigue desmantelando la red ferroviaria, que pierde viajeros cada año por falta de inversiones y de una oferta atractiva. Mientras, se han gastado 46.000 millones en la burbuja del AVE, que duplicará sus kilómetros aunque vaya medio vacío. Hace falta una política que fomente el uso de trenes normales (pero modernos y rápidos), para viajeros y mercancías, que ayude a ahorrar energía y a cohesionar España, no a aislarla. Y más ahora que el tren se va a privatizar para llevar pasajeros desde el 31 de julio.
enrique ortega

El primer recorte a los trenes lo hizo Franco, en 1964, cerrando 200 kilómetros de vías deficitarias por presiones del Banco Mundial. Pero el gran tajo se lo dio el Gobierno de Felipe González, que cerró, en enero de 1985, 2.484 kilómetros de líneas férreas (un 20%), argumentando que eran deficitarias. Ahora, el Gobierno Rajoy ha aprobado el tercer gran recorte: cierre de un 20% de líneas regionales y 172 estaciones. Y además, revisará cada dos años estas líneas de media distancia, lo que no descartan más cierres en el futuro.

El abandono del ferrocarril en las tres últimas décadas, junto al auge del coche y el autobús, han llevado a una penosa situación económica de los trenes regionales: de 118 líneas de media distancia, casi la mitad (52) funcionan con menos del 15% de ocupación y sus ingresos sólo pagan el 16% del coste, con lo que generan un déficit anual de 34,1 millones. En conjunto, las líneas regionales, que usan 32,5 millones de viajeros, sólo cubren un 40% de sus costes y pierden 275 millones al año. Y de sus 677 estaciones hay 172 donde no pasa ni un viajero al día y otros 163 que las usan sólo entre uno y cinco pasajeros diarios. Un servicio ruinoso, con líneas como la de Puebla de Sanabria-Orense, donde por cada viajero que sube al tren (y paga 11,10 euros), el Estado paga 371 euros.

Esta penosa situación ha llevado al Gobierno Rajoy a decidir por decreto el cierre, antes de junio, de 27 de las 118 líneas regionales, lo que afectará a un millón de pasajeros, salvo que las autonomías o Ayuntamientos quieran financiar el servicio (algo difícil). La mayoría de cierres se concentran en Castilla y León (líneas Madrid-Segovia, Puebla de Sanabria-Orense, Salamanca-Ávila, Valladolid-Reinosa, Valladolid-Palencia-Burgos, Valladolid-Medina del Campo, Miranda de Ebro-Logroño, Miranda-Pamplona, Ponferrada-Valladolid, Ávila- Valladolid, Miranda-Valladolid, Ávila-Medina-Valladolid y Arcos del Jalón- Guadalajara), Aragón ( Zaragoza-Ariza, Zaragoza-Mora, Calatayud-Zaragoza, Caspe-Barcelona y Huesca-Valencia), Andalucía (Huelva-Zafra, Ronda-Algeciras, Granada-Linares-Baeza, Córdoba-Bobadilla y Sevilla-Llerena), Extremadura (Plasencia-Badajoz y Puertollano-Zafra) y Levante (Cuenca-Valencia y Valencia-Teruel). Además, se cierran 172 estaciones.

Pero eso no es todo. Quizás afecte más la reducción del servicio en toda la red regional, con la supresión de 779 trenes semanales, casi uno de cada cuatro (23,1%), una reducción del servicio que se notará más en Extremadura (-60% trenes), Asturias (-44%), Cantabria (-33%), Castilla y León (-30%) y Aragón (-28%). Para paliar los cierres y el paso de menos trenes, Renfe hará más paradas con trenes de largo recorrido y cercanías y contratará autobuses. Pero no podrá evitar que muchas capitales (Huelva, Almería, Jaén, Ourense, Teruel…) y ciudades (Zafra, Plasencia, Medina, Miranda…) queden ahora más aisladas por tren.

Y todo para conseguir un ahorro de 25 millones en 2013 (51 en 2015), menos de lo que ha costado un solo kilómetro de la línea de AVE de Barcelona a la frontera francesa (3.700 millones invertidos, sin incluir estaciones, para 131 kilómetros), inaugurada por Rajoy en enero. Y es que España lleva 20 años engordando la burbuja del AVE, en la que nos hemos gastado 46.000 millones de euros para ser líderes mundiales (salvo ahora China), con 2.203 kilómetros en servicio a los que se unirán otros 2.294, porque falta inaugurar el AVE a Alicante (para San Juan), a Galicia  y al País Vasco (2018), obras que se están llevando el 84% del presupuesto total de España en ferrocarril. Y no es sólo que no queden fondos para las líneas regionales, sino que además, el AVE genera un doble efecto regresivo en el resto de trenes: les acaba fagocitando y además sus vías de alta velocidad impiden el uso mixto (viajeros y trenes de mercancías), lo que no han hecho otros países (que han optado por trenes de velocidad alta, de 180 a 250km/h, cuyas vías permiten también el paso de mercancías). Y encima de ser carísimos y copar casi toda la inversión, los AVEs van medio vacíos (45% asientos libres).

Los trenes “normales” llevan treinta años deteriorándose, por falta de inversiones, mantenimiento y política comercial, en beneficio del autobús y el coche particular. En vez de ir de recorte en recorte, habría que poner las bases para que los españoles subieran más al tren. Y eso pasa por modernizar las líneas (tenemos menos doble vía que Europa), mejorar el servicio y los horarios (si se tarda 2 horas en ir de Madrid a Segovia en tren normal, nadie va), establecer tarifas y descuentos y hacer una política comercial agresiva, apoyada en los trenes Avant o Alvia,  que circulan a 180-250 km/h (van en 4 horas de Madrid a Pamplona, más rápido que en coche). Más y mejores trenes regionales y menos AVEs.

Hay que fomentar el uso del tren y no recortarlo por tercera vez. Primero, por razones energéticas: España es uno de los países europeos más dependientes del petróleo y hay que bajar la factura energética (125 millones de euros al día). Segundo, por eficiencia económica: es más barato transportar mercancías por ferrocarril y en España sólo van por tren un 4%, frente al 18% en Europa (y el 22 % en Alemania). Y también lo usan menos viajeros: un 5,4% frente al 7,5% en Gran Bretaña o el 7,8% en Alemania. En tercer lugar, el tren es un elemento de cohesión y vertebración regional: cuando se cierran líneas, las comarcas se mueren.

Pero el Gobierno sólo ve a corto plazo, en cómo rebajar el déficit de Renfe (-450 millones en 2011,sumandole el déficit de FEVE y ADIF) y quitarle las líneas regionales menos atractivas para que pueda competir mejor a partir del 31 de julio, cuando se liberaliza (por dos simples decretos leyes) el transporte de viajeros por ferrocarril: cualquier compañía , no sólo Renfe, podrá transportar viajeros por las vías españolas, como ya hacen con las mercancías (desde 2006) 14 compañías privadas (8 de ellas, de grandes constructoras). Todo indica que la pelea entre Renfe y las privadas que vengan (incluida la francesa SNCF) se centrará en las líneas de AVE y en los grandes trayectos, en lo mollar, no en las líneas regionales (salvo que consigan subvenciones de las autonomías, como Ryanair y los vuelos low cost). Y los sindicatos temen que la liberalización del tren traiga despidos (10.000 de 30.000), subidas de precios y peor servicio (como ha pasado con la luz, los carburantes y el teléfono).

Hay que salvar el tren, no cerrarlo. Y para eso, hay que gastar más en trenes interiores y menos en AVEs faraónicos. Y conseguir que la gente suba al tren, porque sea atractivo. Se puede y se debe. Porque cerrar vías se suma a cerrar escuelas, centros de salud, carteros rurales, cines, servicios y ahora Juzgados y Ayuntamientos. Desmantelar más las zonas rurales, profundizar en las dos Españas, una más aislada, ahora también por tren.

domingo, 6 de marzo de 2011

Petróleo: el parche de las pegatinas a media luz

Desde el lunes 7 de marzo, no se podrá circular a más de 110 km/h en unas autovías y autopistas que, como las demás carreteras, estarán a media luz para ahorrar energía. Una medida polémica que se suma a otras medidas más efectistas (como cambiar las ruedas a los coches) que eficaces, aunque algo ahorren (un 5%, dicen). El Gobierno ha vuelto a buscar un atajo en vez de afrontar de una vez el grave problema de la energía, que lleva 40 años y cinco crisis sin resolverse: España es uno de los países europeos más dependientes del petróleo y gastamos más energía, lo que nos hace muy vulnerables y obliga a  pagar una gran factura y endeudarnos. No vale sólo con cambiar bombillas: hace falta un gran Pacto energético para ahorrar energía. Y fomentar las renovables. Tomar ya medidas de fondo, para que den fruto de aquí a 20 ó 30 años.
Ahora, el problema del petróleo no es Libia, aunque haya puesto el crudo en 115 dólares/barril. El petróleo llevaba meses rondando los 100 dólares porque ha subido el consumo de los países emergentes, ha hecho un frío invierno y el crudo se ha convertido en una inversión especulativa, que distorsiona su cotización. Y todo apunta a que dos de estos tres factores seguirán algún tiempo, con el riesgo añadido de que la crisis de Libia se repita en otro país de Oriente Próximo (Yemen, Bahréin, Omán, Qatar) o de África (Argelia, Nigeria), de donde proceden las dos terceras partes del petróleo y del gas que consume España.
Pero el problema energético de España es más de fondo. Hemos sufrido 5 crisis energéticas serias (1973, 1979,1.990, julio 2008 y la actual) y sin embargo, seguimos dependiendo del petróleo y del gas como antes: un 77% de la energía se importa, lo mismo que en 1980. Consumimos menos petróleo (48,8% frente al 72% en 1980), pero a cambio consumimos más gas (23,8 % frente al 2,3%), una energía también cara, con riesgo de abastecimiento (32% viene de Argelia y 20% de Nigeria) y vulnerable, ya que sólo podemos almacenar gas para 12 días, en caso de corte de suministros. Esta dependencia energética de España es muy superior a la media europea (53% de la energía es importada en la UE) y sólo nos superan países como Irlanda, Portugal, Grecia o Italia.
Dependemos más que Europa de la energía importada y además, consumimos más que ellos: un 26% más por unidad de producto que la UE-27.Y no ahorramos. Baste decir que entre 1990 y 2008 (con dos crisis energéticas recientes), España aumentó su consumo de energía un 56,6%. El consumo bajó en 2009 y 2010, con la crisis, pero aun así, la factura energética de 2010 fue de 34.500 millones de euros (petróleo y gas), dos tercios de nuestro agujero comercial, un gasto que se come con creces las divisas que aporta el turismo (27.000 millones netos).Una factura que crece en 6.000 euros/año por cada 10 euros que suba el crudo.
No tenemos energía y la gastamos a espuertas, con lo que pagarla nos obliga a endeudarnos. Algo hay que hacer y no basta con las 20 medidas aprobadas para salir del paso, como bajar la velocidad, cambiar el alumbrado o los neumáticos. Hay que atajar el problema de fondo en dos sentidos. Uno, ahorrar energía de verdad. Y el otro, fomentar las energías propias: hidráulica y renovables (9,4%) y nuclear (23,8%). En la hidráulica, poco se ha hecho, por la polémica ecológica, pero hay campo en “minisaltos”. En renovables, hay que resolver el problema del almacenamiento (tecnología) pero sobre todo acabar con la desorientación normativa, que está frenando la eólica y solar (no es normal que Alemania tenga más energía solar y eólica que España).Y en nucleares, además de ampliar la vida útil de las centrales a 60 años, hay que planificar ya qué se hace para 2050.
En ahorro energético, hay que poner orden en el transporte y sobre todo en la carretera, que consume el 34% de toda la energía (96% es petróleo). ¿Medidas? Menos mercancías por camión (83% en España y 45% en la UE-27) y más por tren (3% frente a 10,7% en la UE) y por barco (10% frente a 37,2% en Europa). Y a los particulares, ayudas para renovar el parque de coches, ya que el 40% tienen más de 10 años y consumen un 15% más que los nuevos. Y promover de verdad el coche híbrido y eléctrico, de los que sólo se venden 850 al mes. Luego, hay que ahorrar en la industria (30% consumo), con ayudas ya que es difícil que inviertan en eso con la crisis. Y también en las viviendas (17% consumo), con ayudas a la rehabilitación. Y hay mucho campo en las administraciones públicas y en el alumbrado, donde España  gasta más que otros países (116 kW por habitante frente a 91 en Francia y 43 en Alemania).
No hay atajos: gastar menos energía y gastarla mejor son miles de medidas, a 20 o 30 años vista. Pero hay que empezar ya y eso exige un gran Pacto político e institucional, que por desgracia sólo se hará cuando otra crisis nos ponga a los pies de los caballos. Entre tanto, el petróleo pone más negra la salida de la crisis en 2012, con más gasto, más inflación, menos consumo, menos crecimiento, menos empleo y el riesgo de que el BCE suba los tipos, lo que sería la puntilla para España. Pero, con todo, lo más grave sería esperar la sexta crisis del petróleo sin tomar medidas rigurosas, pactadas y durante muchos años.