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lunes, 25 de septiembre de 2017

Doble paro que Europa por tener poca formación


España crea empleo (precario) pero seguimos con más del doble de paro que Europa y más de cuatro veces que Alemania. No es una maldición bíblica. La OCDE acaba de recordarnos una causa básica, la poca formación de los españoles: el 42% de adultos apenas tiene la ESO, frente al 20% en Europa. Y tienen baja formación el 35% de jóvenes, frente al 23% de europeos. Por eso trabaja menos gente, hay más paro y ganamos menos. Y lo peor es que estamos igual desde 2005. Y en vez de tomar medidas, se ha recortado el gasto en educación y formación. Pero ni Gobierno ni oposición han dicho una palabra del informe OCDE: están a "otras cosas". La OCDE pide que España gaste más en educación (somos el 6º país que menos gasta) y que apueste por otra educación, más práctica y ligada al empleo. Y que gastemos más y mejor en la formación de trabajadores y parados. Es la mejor receta contra el paro.


                                                                                                            enrique ortega    

Los datos del último informe de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”) sobre la baja formación de los españoles, todos los adultos y también los jóvenes, son demoledores. En 2016, el 41,7% de los españoles adultos (25 a 64 años) tenían una formación baja (sólo tenían la ESO o ni siquiera), frente al 22% de adultos de la OCDE (35 paises desarrollados) y al 20% de adultos europeos (el 15% en Alemania). Y por si fuera poco, en el nivel medio de formación (con Bachillerato o Formación Profesional) sólo están el 22,6% de los adultos españoles, frente al 44% de adultos en la OCDE y el 46% en Europa (UE-22). Eso sí, por arriba, con formación universitaria o FP superior tenemos al 35,7% de adultos, casi igual que el 37% de adultos OCDE y por encima del 34% de adultos muy formados en Europa. En definitiva, hay muchos españoles con baja formación y sólo están peor (entre los 35 paises de la OCDE) Portugal (52% de adultos poco formados), Turquía (62%) y México (63%). Y tenemos  pocos españoles con formación media y bastantes universitarios.

Pero eso no sólo pasa entre los adultos. Los jóvenes españoles (25-34 años), que teóricamente son la generación “mejor formada”, están muy lejos de la formación del resto de jóvenes occidentales, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Lo peor es que esta baja formación ha mejorado algo entre los adultos españoles desde 2005 (entonces, el 50,3% tenía baja formación), pero sigue igual de mal entre los jóvenes, aunque han pasado 11 años: el 36% poco formados en 2005 y ahora el 35%. Y hay más. España es uno de los paises de la OCDE con menos peso de la Formación Profesional (FP), una formación con mucho empleo (74% en España y 80% en la OCDE) y poco paro: sólo el 12% de los adolescentes españoles (15-19 años) están matriculados en FP, menos de la mitad que en la OCDE (26%) y que en Europa (29% en UE-22), mientras tenemos más estudiando Bachillerato (47%) que la OCDE (36%) y Europa (35%).

Pero lo más preocupante es que hay muchos jóvenes españoles (18-24 años) que no estudian ni trabajan (ni buscan trabajo).Son los llamados “ni-nis”, un 23,2% de los jóvenes en España en 2016, frente al 15,3% en la OCDE y el 15,2% en Europa (UE-22), según el informe “Panorama de la Educación 2017”. Somos el 4º país occidental con más “ni-nis” y el segundo de Europa, sólo por detrás de Turquía (33% de “ni-nis”), Italia (28%) y Grecia (23,5%). Es toda una “generación perdida”, 745.000 jóvenes españoles que ha dejado de formarse y de buscar trabajo y que son el mayor fracaso como país.

Tras documentar el bajo nivel educativo de los españoles, el informe de la OCDE señala las consecuencias: menos empleo, más paro, peores salarios. Porque hay una estrecha relación entre menos formación y menos empleo. Así, los datos de la OCDE revelan que el porcentaje de adultos (25-64 años) empleados en España era en 2016 el 67%, muy por debajo de la media de la OCDE (75% de adultos empleados) y de la UE-22 (74% empleados). Y así somos el 2º país con menos empleo de la OCDE, tras Grecia (59% adultos trabajando), muy alejado de Suecia (84% adultos trabajan), Alemania, Dinamarca y república Checa (80%), Reino Unido o Francia, paises con mucha mejor formación de los adultos. Y lo mismo pasa con los jóvenes (25-.34 años), menos ocupados en España.

Menos empleo y más paro por la baja formación sobre todo, aunque también juega en contra un modelo económico poco competitivo, basado en el turismo, el ladrillo y los servicios, no en la industria y la tecnologíaEspaña triplica la tasa de paro de la OCDE (17,2 frente a 5,9%) y duplica con creces la de Europa (7,7% en la UE-28 en julio 2017), siendo el 2º país con más paro de los 35 OCDE, tras Grecia (21,7%). Y si miramos el paro juvenil (25-34 años), España es el tercer país de la OCDE (tras Eslovaquia y Grecia) con más paro entre los jóvenes con baja formación (30,5%, frente al 16,8% en la OCDE y el 20,4% en Europa) y el segundo (tras Grecia) con más paro entre los jóvenes con formación media (20,8% frente a 9,1% de paro en la OCDE y 10,3% en UE) e incluso entre los universitarios: sufren el 16% de paro en España, frente al 6,6% en la OCDE y el 7,4% en Europa.

Y también, a menos formación, menos salarios, señala la OCDE: los que tienen baja formación ganan en España un 29% menos que los que hicieron Bachillerato o FP Superior, mientras en la OCDE ganan sólo un 22% menos. Y los universitarios ganan en España un 53% más que los de Bachillerato o FP (y el doble que los poco formados), frente a un 56% más que ganan los universitarios OCDE. Incluso, el estudio analiza la relación entre formación y depresión: se deprimen menos los que tienen más formación. Tanto en España, un país con menos depresión (un 3% frente al 10% de los poco formados), como en la OCDE y en Europa (el 6% frente al 12% de deprimidos entre los poco formados).

Como vemos, el panorama de la formación de los españoles es bastante preocupante. Y nos coloca a la cola de Europa en “capital humano”, uno de los factores claves para competir y crear riqueza y empleo: España ocupa el puesto 44 de 130 paises en capital humano, en aprovechamiento de los trabajadores (formación y productividad), según el último ranking del Foro Económico Mundial. En Europa estamos sólo por detrás de Grecia y en el mundo nos superan en capital humano paises como los bálticos, Kazajistán, Tailandia, China, Rumanía, Rusia, Polonia, Eslovaquia, Hungría o Bulgaria. De esto no presume Rajoy.

¿Por qué la formación de los españoles es tan deficiente? La respuesta es doble: porque gastamos menos en educación y formación y porque la educación además funciona mal en España, según este informe de la OCDE. Primero, gastamos menos, un 18,5% menos en educación: 8.752 euros por alumno en 2014 frente a 10.759 euros en la OCDE y 10.897 euros en Europa (UE-22). Y si comparamos el gasto directo en educación por paises, España es el 6º país europeo que menos gasta en educación en relación a su riqueza: el 4,3% del PIB en 2014, sólo por delante de Luxemburgo (3,6% PIB), Hungría (3,8%), Republica checa y Eslovaquia (3,9%) e Italia (4%). Y lejos no solo del 5,2% del PIB que gasta la OCDE o del 4,9% que gasta Europa, sino del 6,6% que gasta Reino Unido, del 6,5% de Dinamarca, del 6,3% de Corea o del 6,2% del PIB que gastan Noruega, EEUU y Canadá.

Ya no es sólo que gastemos menos, es que España ha recortado su gasto en educación desde 2010 (gastábamos el 4,5% del PIB), a pesar de que la baja formación se estancaba. Y no sólo el gasto directo en los centros sino también las ayudas a estudiantes y familias, con lo que el gasto total en educación ha caído del 9,4% del PIB en 2005 al 8,2% en 2014, según la OCDE. Y a pesar de ser uno de los paises con peor formación, España es el país de la OCDE que más ha recortado su gasto total en educación desde 2010, más que los otros 8 únicos paises OCDE (son 35) que también los han recortado. Mal camino.

Pero además de tener menos fondos, la educación funciona mal en España, según la OCDE. La mejor muestra, señalan, es el elevado abandono escolar temprano, de jóvenes (18 a 24 años) que dejan sus estudios al final de la ESO (o sin acabarla): eran el 19,97% en 2015, el porcentaje más elevado de toda la OCDE (35 paises desarrollados) y casi el doble que la media europea (11%), según la OCDE. Y los alumnos españoles que sí estudian tienen menos habilidades (en ciencias, matemáticas y lectura) que en la mayoría de la OCDE, según todos los informes PISA. Y están entre los que más repiten: un 36% de los que están en 4º de la ESO han repetido alguna vez, una de las mayores tasas de Europa y el triple que la OCDE, según el informe de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Además, el último informe de la OCDE sobre España (marzo 2017) señala que la educación universitaria es “de baja calidad”, porque las habilidades de los universitarios están “entre las más bajas de la OCDE”. Y si tomamos a todos los adultos, la OCDE resalta que somos el 5º país con peor nota en comprensión lectora y matemática, sólo por delante de Chile, Turquía, Italia o Israel.

Por si fuera poco esta negativa radiografía de la enseñanza reglada, España también gasta poco y mal en la formación a adultos que han salido de las aulas, a trabajadores y parados. Somos uno de los paises con los adultos peor formados pero hacemos poco por mejorarlo. De hecho, el 53% de los adultos españoles no hacen ninguna formación, el 7º porcentaje más alto de la OCDE. Y del resto, sólo un 4% hacen una formación “formal·. Si miramos a los trabajadores, sólo un 11,9% hicieron algún curso de formación en 2015, frente al 14,7% en Europa, el 12,5% en Alemania, el 20,9% en Reino Unido o el 23% en Francia, según la Comisión Europea. Y mirando a los parados, sólo el 7,4% hicieron algún curso en 2015, frente al 9,6% de parados que se forman en Francia, el 23,7% en Alemania o el 25% en Italia.

Y todavía hay más. Para ser un país con adultos poco formados, el gobierno Rajoy ha recortado la aportación estatal a la formación profesional de adultos, a la séptima parte: de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015. Y aunque la aportación de empresas y trabajadores a la formación se ha mantenido, el problema es que una cuarta parte del dinero disponible no se gasta: se han perdido, por no solicitarse o hacerse cursos, 14.533 millones de cuotas entre 1993 y 2016, según ha denunciado la patronal CEOE, un dinero que los Gobiernos han gastado en otras cosas. Así que en la formación de adultos, falta demanda de cursos y la cuarta parte del dinero disponible no se gasta en formación. Así nos va.

La baja formación es, junto a la caída y el envejecimiento de la población, uno de los dos “talones de Aquiles” de la economía española, según el Banco de España. Mejorarla es uno de los retos claves para afrontar el futuro, ya que, para 2020, sólo un 15% del empleo disponible será para los europeos peor formados, ese 41,7% de españoles hoy, según un estudio de CEDECOP. Y en España, de los nuevos empleos disponibles dentro de una década (entre 8.8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tengan poco formación, un 39,35% para los que tengan estudios medios y más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Así que habría que dejar de hacer triunfalismo con el empleo y apostar por mejorar la educación y la formación de los españoles, para dejar de ser los eternos líderes en paro. Eso obliga a actuar en dos frentes: la educación de los jóvenes y la formación de trabajadores y parados. La primera medida debería ser blindar un mayor gasto en educación, tanto para la educación reglada como para la formación profesional. El objetivo podría ser gastar en educación la media europea: 5% del PIB. Eso, contando con que en 2017 gastaremos el 4,1% del PIB (46.000 millones de euros) supondría gastar 9.000 millones más al año. Y otros 2.000 millones en la formación de trabajadores y parados. Total, 11.000 millones, la cuarta parte de lo que nos va a costar el rescate de la banca.

Pero no basta con gastar más en educación y formación. Hay que plantearse una auténtica reforma educativa, pactada, que trate de conseguir otra educación, desde la guardería a la Universidad. Una educación menos memorística, basada más en el desarrollo de habilidades (ciencias, matemáticas, lectura, expresión verbal, idiomas, tecnología) y más ligada a lo que demandan  las empresas, con un mayor peso de la Formación Profesional. Y la propia OCDE nos propone gastar más en mejorar la formación de los profesores, volcándose en recuperar a los alumnos con problemas para reducir el abandono escolar. Y avanzar en la formación dual (trabajar y estudiar), que sólo siguen el 0,4% de los estudiantes de FP Superior (frente al 17% en la OCDE). Y trazar caminos para recuperar a los jóvenes ni-nis. En paralelo, hay que fomentar los cursos para adultos que trabajan y sobre todo para parados, en especial los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años. Con cursos de formación más atractivos, más ligados al empleo y una gestión más transparente, que evite la corrupción detectada en Andalucía y Madrid.

En España trabaja menos gente que en Europa y por eso tenemos el doble de paro y somos menos ricos. Conseguir que haya más españoles trabajando, menos paro y mejores salarios obliga a mejorar la formación, que es muy deficiente. La OCDE, la Comisión Europea, el FMI y cientos de expertos lo llevan diciendo años. Y aquí, ni el Gobierno ni la oposición toman nota, están a “otras cosas”. Un año más, el informe de la OCDE sobre la educación es un tremendo revulsivo, que debería llevarnos a afrontar con urgencia uno de los grandes retos de España: mejorar la educación y la formación de niños, jóvenes y adultos. No miren para otro lado.

jueves, 29 de junio de 2017

Las fuerzas sociales exigen otra formación


Sindicatos y patronal están que trinan con el Gobierno por su política de formación: le han denunciado ante los Tribunales y el Defensor del Pueblo por marginarles y le critican que han caído un 23% las empresas que hacen formación, que no es útil para el empleo y que además no se gasta el 26% del dinero que pagan empresas y trabajadores con sus cuotas. Y exigen una nueva Ley para la formación, porque la de 2015 la aprobó el Gobierno Rajoy sin acuerdo de las fuerzas sociales y ha empeorado la situación. Urge tomar medidas porque España tiene un grave problema de formación (el 42,8% de adultos tienen poca) y sólo hacen cursos el 12% de los empleados y el 7,4% de los parados, muchos menos que en Europa. Por si fuera poco, la mitad del dinero de la formación recaudado desde 1993 se ha gastado en otras cosas. Un escándalo y un suicidio, porque en la formación nos jugamos el empleo del futuro.
 
                                                                                                                                                            enrique ortega    
Alta tensión entre las fuerzas sociales y el Gobierno Rajoy a cuenta de su política de formación a empleados y parados. En los últimos meses, la patronal y los sindicatos han denunciado al Gobierno a los Tribunales por no contar con ellos en la aprobación de los cursos de 2016, que han controlado sólo las oficinas de empleo (SEPE). Y también han denunciado al Gobierno ante el Defensor del Pueblo por negarles información sobre lo que han hecho con el dinero de la formación no gastado en 2016: han “sobrado” 64 millones de euros, un 26% de los fondos disponibles. Y por si fuera poco, sindicatos y patronal se quejan de que el Gobierno les ha enviado en mayo el tercer borrador de Reglamento para desarrollar la Ley de reforma de la formación, aprobada por decreto-ley hace más de 2 años, en marzo de 2015 (y convalidada como Ley 30/2015, en septiembre).

Con todo, quizás lo más llamativo es que patronal y sindicatos están preparando una declaración conjunta para denunciar los graves problemas de la política de formación en España, que en su opinión “se ha deteriorado aún más” con la última Ley, que el Gobierno aprobó en 2015 sin contar con las fuerzas sociales. Denuncian que ha caído un 23% el número de  empresas que hacen formación, de 478.600 en 2013 a 368.300 en 2016, menos del 30% de todas las empresas que cotizan, cuando en Europa hacen cursos de formación entre el 50 y el 75% de las empresas, según los paises. Y ello lo explican porque la nueva ley ha encarecido los cursos y ha dejado de cofinanciar los cursos de las empresas entre 5 y 10 trabajadores, lo que ha expulsado a muchas micropymes de la formación. Además se quejan de la falta de transparencia en la adjudicación de los cursos y que, tras la reforma, se han concentrado en menos empresas, muchas vinculadas a grandes consultoras: sólo 19 entidades se reparten el 305 de los fondos (casi 3 millones cada una), mientras otras 287 se llevan una dotación media de 67.000 euros. Y además, se quejan de que los cursos son demasiado generalistas, poco ligados a lo que necesitan las empresas y el 80% son online.

Con todo, su mayor crítica es que no se gasta el dinero destinado a la formación y eso demuestra el fracaso de la política que se hace. Año tras año, las empresas no piden parte del dinero destinado a ayudarles a la formación (ellas tienen que aportar entre el 10% y el 40% del coste de los cursos, según su tamaño) y el problema es que ese dinero se pierde, porque el Gobierno y las autonomías lo gastan en otras políticas de empleo (bonificación de cuotas, trabajos de parados, prácticas en empresas, ayudas a emprendedores…) o se lo ahorran, para reducir su déficit. Y además, se niegan a informar a empresas y sindicatos qué hacen con estos remanentes, a pesar de que el dinero de la formación sale de las cuotas que pagan las empresas (0.6% de la masa salarial) y los trabajadores (0,1%). Y año tras año, quedan remanentes de estas cuotas sin gastar, entre el 20 y el 26%. La patronal CEOE estima que no se han gastado 1.000 millones de los fondos de formación sólo desde 2012.

Este dato es un escándalo y un suicidio en un país que necesita formar a sus trabajadores como el comer, porque la formación de los adultos españoles es muy baja comparada con Europa: el 42,8% de los españoles de 15 a 64 años sólo tiene la ESO o menos, frente al 26,6% de europeos con poca formación, según el último dato de Eurostat (2016). Y en la franja media de estudios, con bachillerato o FP, tenemos sólo a un 24,6% de los españoles adultos, frente a un 46,3% de europeos. Eso sí, en el nivel universitario tenemos más porcentaje de adultos que Europa: un 32,6% frente al 27,1%. Y si esto sucede entre todos los adultos, preocupa más que esa brecha de formación se mantiene también entre los jóvenes (25-34 años): tenemos un 34,7% de jóvenes que tienen sólo la ESO o menos, frente a sólo un 16,5% de jóvenes poco formados en Europa. Y con formación media, 24,4% de jóvenes frente a 45,4%.

Unos datos tremendos, como para desperdiciar la cuarta parte de los fondos para formación. Y más cuando España, además de tener adultos poco formados, gasta menos en formación y hace menos cursos que el resto de Europa. Así, sólo un 11,9% de los españoles que trabajan hicieron algún curso de formación en 2015, frente a una media del 14,7% en Europa (UE-28), el 12,5% en Alemania, el 20,9% en Reino Unido, el 23% en Francia, el 31,5% de Suecia o el 37,4% de los trabajadores en Dinamarca, según datos de la Comisión Europea y el Banco de España. Y si miramos a los parados, sólo el 7,4% de los desempleados hicieron algún curso de formación en 2015, frente al 9,6% en Francia, el 23,7% en Alemania y el 25% de parados que se forman en Italia, países con la mitad o menos de parados que España.

La poca formación y el desprecio por hacer cursos de empresas, trabajadores y parados es uno de los talones de Aquiles de la economía española y la recuperación, según el último informe del Banco de España 2016. Y eso porque el empleo del futuro sólo será para los más formados: para 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para trabajadores con formación media, el 35% para los que tengan niveles altos y sólo quedará un 15% del empleo para los europeos que tengan baja formación (el 42,8% de los españoles adultos), según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España, de los nuevos empleos disponibles aquí dentro de una década (entre 8,8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tienen baja formación, un 39,35 para los que tengan estudios medios y más de la mitad restante (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Por todo ello, parece claro que nos jugamos el empleo futuro en mejorar la formación de los españoles, sobre todo los más jóvenes. Y por eso, los sindicatos y la patronal, casi siempre a la greña, se han puesto de acuerdo en exigir reformas urgentes al Gobierno. La primera y fundamental, que lo que las empresas y trabajadores coticen por formación se gaste en formación. Porque según estima la patronal CEOE, de los 35.215 millones de euros ingresados por la cuota de formación profesional desde 1993 a 2016, sólo 20.682 millones se han gastado realmente en formación. El resto, el 41,3% de lo recaudado se ha gastado en otras cosas o se lo han “ahorrado” los distintos Gobiernos. Y además de gastar lo recaudado, el Gobierno debe aportar más a la formación, porque Rajoy ha recortado a la séptima parte la aportación estatal: de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015 (la tercera fuente de ingresos, los fondos europeos, se mantienen estables, en 100 millones anuales).

Aparte de gastar más en la formación, se trata de gastarlo mejor y con más transparencia. Las fuerzas sociales se quejan de que los procesos de petición y gestión de las ayudas para la formación son muy burocráticos (duran más de 9 meses), con demasiado ocultismo y poca transparencia, máxime ahora que han echado a sindicatos y patronal del organismo de supervisión. Y se quejan también de la falta de coordinación entre la Administración central y las autonomías. Por otro lado, piden una mayor participación de las empresas privadas, sobre todo de las pymes, en la selección y oferta de los cursos, porque critican que la mayoría de cursos están obsoletos y existe una oferta formativa  desequilibrada: deja sin cursos  a aquellas ramas formativas que no resultan rentables a las academias privadas, por lo que los sindicatos piden más participación en la formación de los centros educativos públicos. Y además, que se incluya la formación como un elemento clave en la negociación de los convenios, para que los sindicatos peleen por la formación junto a los salarios, el horario y las condiciones de trabajo.

Y junto a estas peticiones de sindicatos y patronal, una petición más: buscar la transparencia y evitar el fraude y la corrupción en la gestión de los cursos de formación, como se ha detectado en demasiados casos en Madrid y Andalucía. De hecho, el Ministerio de Empleo acaba de reclamar a 41.000 empresas (entre ellas Inditex, Ikea, Repsol, Mercadona, el Barça...)  que devuelvan descuentos de cotizaciones cobrados indebidamente por cursos a empleados. Formación sí, pero no como un negocio paralelo de sindicatos y patronal o empresas para complementar su maltrecha financiación. Eso exige controles, pero sin que se eternicen los procesos con lentas y complejas solicitudes que hunden la formación, como ha pasado desde 2015. Y sobre todo, no quedarse sólo en controles de legalidad, sino multiplicar los controles de eficacia. Porque si no pasará lo que pasa ahora: que se hacen cursos inútiles y faltan trabajadores cualificados en lo que necesitan las empresas. De hecho, en el mercado laboral español faltarán 1,9 millones de profesionales altamente cualificados en 2020, según un estudio de Randstad: científicos, ingenieros, tecnólogos y matemáticos que tendrían que estar formándose ahora.

En definitiva, que patronal y sindicatos se han puesto de acuerdo en pelear por otra formación en España y han propuesto sus reformas al resto de partidos políticos, que están de acuerdo con ellos, salvo el PP. Es el momento de proponer un gran Pacto por la formación de los empleados y los parados, con más recursos y una gestión más eficiente y transparente, para mejorar el nivel de unos adultos y parados poco formados. Es una de nuestras grandes asignaturas pendientes, como insisten la Comisión Europea, la OCDE y el Banco de España. Porque en la formación nos jugamos el empleo del futuro.

jueves, 29 de octubre de 2015

¿Cómo se pueden crear más empleos?


Es la pregunta del millón. Pero habría que buscar una respuesta, porque al ritmo actual de creación de empleo, se tardaría más de una década en rebajar el paro a niveles aceptables. Y no podemos esperar tanto, sobre todo los casi 3 millones de parados que llevan ya varios años sin trabajar. La mayoría (53,3%) sin cobrar el paro, sumidos en la pobreza y la desesperación. No basta con presumir como Rajoy de que España crece: necesitamos crecer más, porque tenemos el doble de paro que Europa. Y para ello, urge reanimar la economía, con más inversiones públicas y privadas, olvidándose de más recortes (aunque los pida Bruselas). Subir salarios, bajar impuestos y recaudar más de los que no pagan. Y volcarse en políticas activas de empleo, en formar a los parados (más de la mitad tienen la ESO o menos) y reformar los servicios públicos de empleo, que sólo encuentran trabajo al 2% de parados. Es la primera preocupación de los españoles y debería ser la obsesión de todos para la próxima Legislatura. Necesitamos un gran pacto por el empleo.


enrique ortega

España lleva 9 trimestres seguidos creciendo, desde el verano de 2013. Pero poco, entre el 0,3% y el 0,5% trimestral, aunque este año 2015 el crecimiento aumentó, hasta alcanzar el 1% en el segundo trimestre. Pero la economía se ha desinflado en verano, bajando el crecimiento al 0,8% en el tercer trimestre (según el Banco de España), por efecto del estancamiento en Europa, la caída del comercio mundial y la crisis en Latinoamérica. Con ello, España crece el doble que Europa (3,1% este año frente al 1,5% previsto por el FMI para la zona euro), pero a un menor ritmo que antes del verano. De momento, se está creando algo más de empleo que el año pasado (479.700 nuevos empleos hasta septiembre, frente a 368.800 en los nueve primeros meses de 2014). Pero el empleo debería crecer mucho más, ya que estamos creciendo el doble que el año pasado (3,1% frente al 1,4% en 2014).

¿Qué pasa? Pues que las empresas han agotado ya “el primer tirón” de nuevas contrataciones, iniciado en la primavera de 2013, destinado a cubrir los puestos de trabajo más urgentes, tras los drásticos despidos de la crisis (3.723.200 empleos perdidos entre 2007 y 2013). Y ahora, mientras el consumo apenas crece y la inversión no despega, ya no contratan apenas, a la espera de que la economía se reanime con más fuerza. Y además, se han agotado las contrataciones“ electorales”, los empleos creados esta primavera en muchas autonomías y Ayuntamientos (obras públicas, sanidad, educación y personal administrativo)  por las elecciones de mayo pasado, algo que puede repetirse de aquí a diciembre, por el 20-D, por  el cobro de una parte de la extra de los funcionarios y las inversiones “electorales”.

Pero el crecimiento es aún bajo y se crea poco empleo para un país con 4,85 millones de parados, un 21% de los españoles, el doble que en Europa (11%). A este ritmo de creación de empleo (2.000 diarios), harían falta 15 años para volver a unos niveles de paro aceptables, el 8% de paro de antes de la crisis. Y eso porque hay que buscar empleos para los parados actuales, para los jóvenes que se incorporen al mercado de trabajo y para otros 2,7 millones más de españoles “desanimados” (7% de personas “inactivas a su pesar”, frente al 6,3% en Europa), que han dejado de buscar trabajo porque no hay, pero que se “animarían” a buscarlo si la economía y el empleo crecieran más. O sea, que España necesita crear al menos 5  millones de empleos en los próximos años para dejar el paro en el 8%.

Una tarea inmensa y además urgente, porque más de la mitad de los parados actuales no pueden esperar más. Son los 2.942.300 parados de larga duración, que llevan más de un año sin trabajar, según la última EPA (y de ellos, 2,1 millones llevan más de 2 años y casi 1,5 millones llevan tres o más). Un grupo enorme, con pocas posibilidades de encontrar trabajo, por dos razones. Una, porque las empresas prefieren ofrecer los pocos empleos que hay a los que llevan menos tiempo en el paro: los parados de larga duración tienen un 6,7% de posibilidades de encontrar trabajo frente al 26,5% del resto, según Asempleo. Y la otra, porque más de la mitad de estos parados tienen poca formación (la ESO o menos) y demasiada edad (1,7 millones de parados tienen más de 45 años). Así que muchos de estos parados de larga duración (mayores de 45 años, mujeres y jóvenes sin experiencia) están condenados a no trabajar nunca más, mientras ven que se les acaba el paro: el 53,3% de todos los parados no cobran ya el desempleo (2,58 millones) y aún son más entre estos parados de larga duración.

¿Qué se puede hacer para crear más empleos? La receta de la patronal CEOE es la misma de siempre: más flexibilidad laboral, repartir el poco empleo que hay entre más gente, con más contratos temporales mal pagados. Su propuesta a los partidos cara a las elecciones del 20-D pasa por tres medidas “clásicas”: flexibilizar el despido (pagar una menor indemnización por despido a los  trabajadores fijos), aumentar la contratación temporal y crear un contrato para jóvenes, con jornadas reducidas y sueldos inferiores al salario mínimo (los “minijobs”, a 400 euros mensuales). Su objetivo no es crear más empleo sino precarizar más el poco empleo que se cree, sustituyendo trabajadores maduros por jóvenes con “minijobs”.

Pero así, repartiendo y precarizando el escaso empleo, no resolvemos el problema y sí creamos otros, como el subempleo (un 22,2% de los trabajadores españoles son pobres ya: ganan un 60% de las rentas medias, según un reciente informe de la OIT), que impide la recuperación del consumo y que los jóvenes tengan un futuro, además de hundir las cuentas de la Seguridad Social  y las pensiones (hay más cotizantes que cotizan menos). Hace falta buscar otro camino: reanimar la economía para crecer más y crear más empleo. Y, en paralelo, tomar medidas para que esos nuevos empleos lleguen a la mayoría de los parados.

La clave está en crecer más. Para ello hay que hacer otra política económica, en Europa y en España. En Europa, es urgente que Alemania y los países de la Europa rica del norte gasten e inviertan más, para “tirar” de las economías de la Europa del sur, como han pedido incluso el FMI y la OCDE. Y hay que activar el Plan de inversiones para Europa, los 315.000 millones del Plan Juncker, que podrían reanimar el crecimiento europeo con obras públicas en infraestructuras y nuevas tecnologías. Y en paralelo, España debe poner en marcha un Plan de choque contra el paro, asentado en un paquete de inversiones públicas necesarias (no inaugurar más autovías y líneas del AVE) y en ayudas directas a los sectores que puedan crear más empleo estable: reindustrialización, fusión empresas, tecnología, medio ambiente y exportación. Y subir más los salarios, para reanimar el consumo y el crecimiento, como ha pedido incluso el presidente del Banco Popular. También ayudaría rebajar los impuestos a los que menos ganan y subirlos a los más ricos, grandes empresas y multinacionales, para financiar el Plan de choque contra el paro.

Hay un riesgo en el horizonte: que haya nuevos recortes en 2016. Bruselas ya le ha dicho al Gobierno Rajoy que España incumplirá el déficit público exigido en 2015 y 2016, algo que también creen el FMI y la mayoría de expertos. Eso supondría que el futuro Gobierno (sea el que sea) se vería obligado a hacer un nuevo ajuste de 10.000 millones de euros, recortando gastos o subiendo impuestos (o las dos cosas). Si se hace, este ajuste supondría frenar la recuperación, el crecimiento y el empleo, un verdadero suicidio para España. Así que será clave que el futuro Gobierno negocie con Bruselas una tregua en la rebaja del déficit, por algo muy simple: tenemos el doble de paro que Europa. Y más recortes frenarían la recuperación y llevarían a crear menos empleo y bajar menos el paro, algo inadmisible.

Pero no basta con intentar crecer más y crear más empleo, algo que corresponde mayoritariamente a las empresas. El Gobierno tiene la responsabilidad de ayudar a repartir ese empleo, para que llegue a más gente. Y para ello es fundamental que se vuelque en políticas activas de empleo, en mejorar la formación y en que funcionen las oficinas públicas de empleo, como han pedido reiteradamente Bruselas, el FMI y la OCDE. Pero el Gobierno Rajoy ha hecho lo contrario: ha recortado un tercio el presupuesto para estas políticas activas de empleo, desde los 7.714 millones de 2011 a 4.746 en 2015. Y gastamos menos que los países nórdicos, Alemania y el centro de Europa, que tienen una tercera parte de paro o menos que España. Una política irresponsable, como ha señalado la OCDE.

El primer reto de las políticas activas de empleo es mejorar la formación, tanto de los parados como de los que están trabajando (para que se reciclen y los cambios tecnológicos no se lleven por delante su empleo). Y esta mejora de la formación es especialmente urgente entre los parados, porque más de la mitad (un 53,6%, 2,6  millones) tienen una escasa formación: sólo hasta la ESO o incluso menos, según el INE. Y  casi otra cuarta parte (23,2%) de los parados sólo tienen Bachillerato o Formación Profesional. Así, con tan poca preparación, resultará muy difícil que las empresas les contraten, porque al haber pocos empleos, se ofrecerán a los que tengan más formación y experiencia. Y aquí, losj óvenes tienen todas las de perder: hay 789.700 parados de 16 a 29 años (el 54% de todos los parados jóvenes) que no tienen ni Bachillerato ni FP. Ni experiencia. Por eso, tienen tan difícil colocarse.

Hay pues que volcarse en la formación de los parados, sobre todo de los más jóvenes y los que llevan más tiempo parados. Y más cuando sólo un 16,7% de todos los parados aprovecha para hacer un curso y formarse, según un informe de Asempleo. Eso se debe no sólo al “abandono” y desánimo de los parados, sino a que con los recortes del Gobierno se han quitado cursos y los que han quedado son bastante obsoletos e inútiles: “el SEPE (Servicio público de empleo) ofrece formación en las cosas que no hay trabajo”, ha dicho el director del portal de empleo Infojobs. Además, los cursos son casi en exclusiva presenciales (hay pocos cursos online) y demasiado largos (dos tercios, de más de 200 horas). Y encima, los están haciendo sobre todo los parados más formados, no los que más los necesitan. Está bien exigir a los parados que cobran el desempleo que a cambio se formen, pero urge actualizar los cursos y ligarlos a los empleos que se demandan, para que los parados los vean útiles.

El otro reto de las políticas activas de empleo es reformar las oficinas públicas de empleo, el SEPE (antiguo INEM), que no funciona: sólo coloca al 2% de los parados. Eso pasa por modernizar el servicio, informatizando debidamente los currículum de todos los parados y poniendo en marcha una bolsa de trabajo online que esté coordinada con las demandas de empleo de las empresas. Y urge realizar un seguimiento personalizado de cada parado. Además, hay que coordinar mejor la gestión de las autonomías, porque cada una “va a su aire” en las políticas de empleo, la formación y los subsidios. Pero todo ello exige más Presupuesto y más personal, ahora totalmente insuficiente: España cuenta con 1 funcionario del SEPE por cada 269 parados frente a 1 por 47 en Alemania, 1 por 36 en Dinamarca o 1 por 22 en Reino Unido, países con la tercera parte de paro o menos que España.

En definitiva, que no podemos esperar más de una década  a ver cómo crece poco a poco el empleo: tenemos demasiado paro y hay 3 millones de parados que no aguantan más. Por eso, hay que dar un empujón a la economía, poner en marcha una verdadera “cruzada por el empleo”, con medidas decididas (cuesten lo que cuesten) para reanimar el crecimiento y conseguir más trabajo para más parados, mejorando su formación y su “empleabilidad”, ayudándoles activamente a que encuentren trabajo. Y a la vez, tratando que estos nuevos empleos sean más estables y menos precarios, porque sólo así se reanimarán de verdad el consumo y la inversión y los empleos serán más estables.

El empleo es la primera preocupación de los españoles y una verdadera obsesión para la mayoría de las familias, con un hijo o familiar sin trabajo. Por eso, el gran tema de las próximas elecciones debería ser buscar soluciones a un paro escandaloso, abandonando triunfalismos injustificados (Rajoy) y afrontando soluciones valientes, al margen de las peleas políticas. Hace falta un gran pacto político por el empleo, con medidas decididas y eficaces, huyendo de más recortes (diga lo que diga Bruselas). Ese debería ser nuestro voto el 20-D.