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jueves, 23 de abril de 2020

Coronavirus trastoca desigualmente curso escolar


Casi 10 millones de niños y jóvenes no van al colegio, Instituto o Universidad desde el 11 de marzo, tratando de seguir online la enseñanza en su casa. Y todo apunta a que no volverán a clase hasta septiembre. Por eso, les preocupa cómo van a evaluarlos. El Ministerio propuso a las autonomías que fueran flexibles y que sólo se repita curso en casos excepcionales, porque muchos alumnos tienen problemas para seguir las enseñanzas online. Pero 4 autonomías gobernadas por el PP (Madrid, Andalucía, Murcia y Castilla y León) se han negado y aplicarán la LOMCE: con más de 2 suspensos se repite curso. También el País Vasco evaluará por su cuenta. Esta disparidad de criterios va a perjudicar a muchos alumnos y agravará la tremenda desigualdad educativa que ya existe por autonomías. Además, si son incapaces de pactar una evaluación en condiciones excepcionales, ¿van a lograr pactar una Ley educativa el próximo curso? La politización de la educación perjudica a los estudiantes y al país. 

A partir de una imagen de la película El globo rojo enrique ortega

Los niños y jóvenes de infantil, primaria, secundaria, Bachillerato y Formación Profesional (8.237.006) y los universitarios (1,6 millones) llevan sin ir a clase desde el 11 de marzo, siguiendo como pueden sus programas educativos a través de Internet. Este “confinamiento educativo” va a deteriorar seriamente los resultados de este curso escolar, porque la enseñanza online es muy desigual y menos efectiva que la presencial. De hecho, con el confinamiento, los alumnos perderán un 11% de lo que se aprende en un curso escolar “normal”, según el estudio “Efectos de la crisis del coronavirus en la Educación”, elaborado por Ismael Sanz y publicado por la Organización Educativa Iberoamericana (OEI).


Pero este dato es una aproximación media, ya que el “confinamiento educativo” afecta de una manera muy desigual, según las familias, las regiones y los centros. En cuanto a los alumnos, un 10% (1 millón) están “tecnológicamente desconectados”, o bien porque viven en zonas donde la conexión a Internet es muy deficiente (zonas rurales y la España “vaciada”) o porque no tienen acceso a Internet o no tienen ordenador o tienen que compartir los que hay en casa con otros hermanos y con los padres que “teletrabajan”. Y además, no es lo mismo tener unos padres que te pueden ayudar, por su medio o alto nivel educativo, o que no, sin olvidar la ventaja (o desventaja) de tener o no hermanos que también ayudan. Aunque el Ministerio de Educación ha repartido 20.000 tarjetas SIM para conectar a alumnos y varias autonomías han repartido además tablets y ordenadores, hay muchas zonas donde Correos y hasta la Guardia Civil han tenido que colaborar llevando deberes en papel a los niños confinados.


La segunda desigualdad es regional. Sólo un 52% de los centros escolares tienen una plataforma educativa adaptada a Internet, según este estudio de la Fundación COTEC, pero la situación en muy desigual por autonomías: tienen el 71% de los centros adaptados en Castilla y León, el 63% en Cataluña y País Vasco, el 51% en Madrid y sólo el 40% de los centros en Extremadura y el 35% en Aragón. Además, hay una tercera desigualdad tecnológica según el tipo de colegio: el 71,4% de los privados tienen una plataforma educativa en Internet eficaz, frente a un 55% los concertados y sólo un 48,8% los centros públicos, según la Fundación COTEC . Y la misma desigualdad se produce en el manejo de las herramientas online por los profesores (75,5% en los centros privados, 69% entre  docentes de centros concertados y sólo un 45,5% de profesores en centros públicos). En definitiva, los más perjudicados por el “confinamiento educativo” son los centros públicos, colegios e Institutos, no sólo porque tienen menos medios informáticos y menos docentes digitalmente formados sino, sobre todo, porque acogen a un mayor porcentaje de alumnos desfavorecidos, que son los que sufren más la “brecha digital”. 


Toda esta situación, excepcional y muy desigual, es la que ha llevado al Ministerio de Educación a proponer a las autonomías (que gestionan la educación) un método también excepcional para evaluar a los alumnos este curso: que los alumnos pasen de curso, salvo casos excepcionales, y si tienen carencias las recuperen el curso próximo. Y en todo caso, que sean los centros y sus equipos docentes los que tengan autonomía para evaluar, en base a las notas anteriores al confinamiento y el trabajo online realizado estas semanas. Tras la reunión con las autonomías, el miércoles 15 de abril, parecía que había acuerdo. Pero cuatro autonomías gobernadas por el PP se descolgaron: Madrid, Castilla y León, Andalucía y Murcia mostraron su desacuerdo a lo que calificaban de “aprobado general”, lo mismo que el País Vasco, las 5 autonomías que seguirán sus propios criterios de evaluación, según se refleja en la orden publicada por Sanidad (por el estado de alarma) este viernes 24 de abril. Incluso Cataluña seguirá la recomendación del Ministerio de Educación.


Habrá que ver cuáles son estos criterios, pero el consejero de Educación de Madrid ya ha dicho que harán lo que dice la LOMCE (la Ley de Educación aprobada en solitario por el PP en 2013): sólo sacarán el título de Bachiller y pasarán a la Selectividad los estudiantes de 2º que tengan todo aprobado, sólo pasarán de 1º a 2º de Bachillerato los que tengan un máximo de 2 suspensos y en ESO y Primaria sólo se pasará de curso con 2 suspensas (o excepcionalmente con 3, si no son Lengua o Matemáticas). Y en las instrucciones enviadas a los Centros madrileños este martes, recalcan que el tercer trimestre no podrá servir para recuperar los dos anteriores en caso de estar suspensos. Vamos, como si no pasara nada y los alumnos no llevarán semanas confinados en casa. Su argumento es que “defienden la exigencia y premian el esfuerzo”, aunque en realidad es más por una cuestión ideológica: los conservadores siempre han defendido la “meritocracia” y la promoción de los mejores, la estrategia de “la repetición como castigo”, que, según muchos expertos, no ayuda a los repetidores y hunde más a los que tienen problemas, promoviendo el abandono escolar.


En la Universidad, la evaluación tendrá menos controversia, básicamente porque el Ministerio de Universidades deja autonomía a los Campus para que decidan cómo serán las pruebas de evaluación, seguramente online, ya que el ministro no cree que se puedan reabrirse las aulas este curso. Las notas finales tendrán que ver con las notas de los dos primeros trimestres más el trabajo online de estas semanas, donde ya se han realizado preguntas tipo test, exámenes orales, videoconferencias y trabajos. Eso sí, 36.000 universitarios (el 3%) tienen problemas tecnológicos para seguir las clases o examinarse online, según los rectores.  Ahora, todas las Universidades ultiman plataformas para hacer exámenes online en mayo y junio, asegurando la identidad de los alumnos y que en las respuestas no se copian ni hay ayuda externa. El riesgo que temen algunas es que los sistemas informáticos se saturen. Y en el caso de las pruebas de Selectividad (EBAU), se han fijado nuevas fechas para exámenes presenciales, del 22 de junio al 10 de julio, que muy probablemente no se podrán realizar. Eso obligaría a un “Plan B”: o exámenes online o dejar la EBAU para septiembre.


Precisamente, la otra gran preocupación de los 10 millones de estudiantes y sus familias es cuándo van a volver a clase, si regresarán unos días en mayo y junio o no. Todo indica que los estudiantes no volverán a las aulas hasta septiembre, que es la propuesta que han hecho al Gobierno 8 asesores de la Asociación Española de Pediatría. Y eso porque, aunque se pueda salir a la calle a finales de mayo o junio, “los colegios no están preparados para reanudar las clases con garantías sanitarias”: separación entre alumnos, no contacto, mascarillas, flexibilización de horarios… Algo que chocaría con lo que están haciendo algunos paises europeos menos afectados por el coronavirus: en Dinamarca han vuelto a clase el 15 de abril, en Alemania vuelven a clase el 4 de mayo, en Francia y Holanda el 11 de mayo. Pero en Italia no hay tampoco fecha de vuelta a clase y en Wuhan no han vuelto todavía.  


Si no se vuelve a clase en mayo o junio, la clave será reforzar mucho más el próximo curso escolar 2020-21, que podría empezar también con "clases online", según ha anticipado hoy el ministro de Universidades, Manuel Castell. Quizás haya que empezarlo antes y seguro que habrá que incluir materias no dadas en este curso y ayudar a los alumnos que se hayan quedado atrás por el confinamiento educativo. Eso exigirá una programación más personalizada y sobre todo, contar con más profesores de refuerzo. Para ello, el Ministerio de Educación prevé retomar el próximo curso escolar el Programa PROA, un Plan de refuerzo escolar en Primaria y Secundaria, que estuvo en vigor de 2005 a 2012, cofinanciado por el Gobierno central y las autonomías (500 millones) y que los recortes de Rajoy se llevaron por delante. Y también será importante cambiar el sistema de becas, para aumentar su número y cuantía, beneficiando ya el próximo curso a esos millones de familias que sufren la emergencia económica del coronavirus. Además, el ministro Castell ha prometido acordar con las autonomías la bajada de las tasas universitarias el próximo curso.   


Mientras se decide si reabren o no los colegios y cómo será el próximo curso, el hecho ahora es que la división política entre las autonomías provoca un efecto muy desigual del vigente “confinamiento escolar” para los alumnos no universitarios: en casi media España (las 5 autonomías “díscolas” suman el 46,3% del alumnado no universitario) tendrán una evaluación “más exigente” y en algo más de media España les harán una evaluación “más flexible”.  Confiemos en que la "sensatez educativa" de centros y profesores eviten en lo posible esa discriminación regional. Porque si no, esas divergencias "políticas" a la hora de evaluar, además de perjudicar a millones de alumnos (sobre todo a los que han tenido más problemas para seguir el curso online), van a agravar la brecha educativa en España, las diferencias educativas entre autonomías, que ya eran muy importantes antes del coronavirus. 


Haya o no más repetidores por el coronavirus, lo esencial es que España ya es hoy un país líder en alumnos repetidores, según el último Informe PISA 2018: un 28,7% de los alumnos de 15 años han repetido curso, frente al 13% que repiten en la UE-28 y un 11,4% en la OCDE, siendo el tercer país de Europa con más repetidores, tras Luxemburgo (32,2%) y Bélgica (30,8%) y muy lejos del 3,3% de repetidores en Finlandia. Y eso se debe a que en otros paises la enseñanza es diferente, menos memorística y da menos peso a los exámenes y más a la evaluación continua de los alumnos. Pero, además, hay grandes diferencias de repetidores porautonomías. Hay 13 regiones con más repetidores que la media, encabezadas por Ceuta (49,1% alumnos 15 años han repetido curso), Melilla (45,6%), Canarias (35,6%), Extremadura (34,7%), Murcia (34,6%), Castilla la Mancha y La Rioja (34,1%), Andalucía (33,3%), Comunidad Valenciana (32,2), Baleares (31,7%), Aragón (30,4%), Madrid (29,9%) y Castilla y León (29,5%). Y otras 6 autonomías con menos repetidores: Cataluña (15,1%), País Vasco (20%), Navarra (23,9%), Asturias (26,7%), Cantabria (26,9%) y Galicia (27,5%). 


Ahora, con la diferente evaluación este curso, las diferencias regionales en repetidores aumentarán. Sobre todo porque el Informe PISA revela que hay una relación directa entre pobreza y alumnos repetidores: en España, los alumnos pobres repiten curso 4 veces más que las familias con más recursos, siendo el 2º país europeo (tras Eslovaquia) donde más incide la pobreza en los repetidores. Y otro factor que incide en los resultados académicos, en las pruebas de ciencias, matemáticas y lectura que analiza el informe PISA es el índice socioeconómico y cultural de los alumnos: en España, más del 12% del rendimiento en matemáticas, por ejemplo, se debe al nivel económico de las familias, mientras en toda la OCDE sólo afecta al 3% del rendimiento y en Europa al 4%. Ahora, dado que el coronavirus ha deteriorado mucho el nivel de vida y empleo de los más vulnerables, es de esperar que también afecte más negativamente al nivel educativo de sus hijos.


Así que, con el coronavirus y la diferente evaluación por regiones, tendremos un nivel más desigual de repetidores y de abandono escolar, que no sólo es más elevado en España (somos líderes, con el 17,9% de jóvenes de 18 a 24 años que han abandonado sus estudios al final de la ESO y no completan el Bachillerato o la FP, frente al 10,8% de media en la UE-28, el 8,9% de Francia, el 10,3% de Alemania, el 10,7% de reino Unido o el 8,3% de Finlandia, según Eurostat) sino que también está desigualmente repartido por autonomías: hay regiones que superan o rozan el 25% (como Baleares, Ceuta, Melilla, Andalucía o Murcia) y regiones donde apenas existe, como País Vasco (7% de abandono escolar temprano), Cantabria (8,9%), Navarra (11,3%) o la Rioja (12,9%).


Al final, el coronavirus y el “confinamiento educativo” van a dañar a todos los estudiantes españoles, pero todo apunta a que lo harán de forma muy desigual, afectado más a los jóvenes de familias con menos recursos que vivan en zonas rurales y estudien en centros públicos. Eso va a agravar aún más las desigualdades educativas en España, ya muy preocupantes antes de la pandemia. Se ve en el último informe PISA 2018, donde los alumnos de Ceuta sacan una nota en matemáticas (411 puntos) que indica que están 3 cursos por detrás de los de Navarra (503 puntos). Y Andalucía, más de 1 curso por detrás. En ciencias, los alumnos de Ceuta (415 puntos) están también 3 cursos por detrás de Galicia (510 puntos). Y Canarias o Andalucía, más de un curso por detrás. Y también hay grandes diferencias por autonomías en niveles de formación, en empleo y paro juvenil


Una parte de estas diferencias educativas por autonomías se debe a que gastan de forma desigual en la enseñanza, además de que España gaste también menos que Europa (el 4% del PIB frente al 5% de la UE-28, unos 11.200 millones menos anuales). Así, Madrid (la autonomía que más empeora en el último informe PISA) es la autonomía que menos invierte por cada escolar (3.945 euros), un 60% menos que el País Vasco, la que más invierte en Educación (6.502 euros). Pero el gasto no es todo, como revela que Galicia o Castilla y León gasten menos y tengan buenos resultados en el informe PISA. Eso exige pensar en otras razones, como el tipo de enseñanza que se da. Y muchos expertos coinciden en que hay que cambiar el modelo de enseñanza en España, buscando centrarse menos en la educación “memorística” y más en desarrollar la capacidad crítica, las habilidades y el trabajo en equipo. "Los docentes deberán cambiar su forma de enseñar en septiembre", ha advertido el director de Educación de la OCDE.


Por todo esto, urge aprobar una nueva Ley de Educación. El Gobierno aprobó el 3 de marzo un proyecto de Ley Orgánica que debía pactarse este año, aunque ahora se retrasará, al menos hasta dentro de dos cursos escolares. Pero si los partidos no son capaces de acordar siquiera cómo evaluar a los alumnos en una pandemia, no parece posible que vayan a pactar una nueva Ley educativa, la 8ª de la democracia. Y hay otra reflexión, a la vista de la actitud educativa de las autonomías en esta pandemia, cada una a su aire (como en la emergencia sanitaria): pensemos si la educación debería ser (como la sanidad) una competencia estatal, unificada en toda España, para reducir las actuales diferencias entre niños y jóvenes, cuya formación no debería depender de dónde vivan, como pasa ahora. Ahí lo dejo.

lunes, 13 de enero de 2020

Tenemos una mala educacion


Más de 8 millones de niños y adolescentes han vuelto a clase, afrontando la última mala nota a la educación en España: el informe PISA 2018, que nos coloca en el puesto 17 y 19 de Europa en ciencias y matemáticas, la peor nota desde 2009. Y con una enorme diferencia entre autonomías: sitúa a los alumnos en Ceuta 3 cursos por detrás de los de Navarra o Galicia. Y con el tercer mayor porcentaje de alumnos repetidores de Europa, donde somos líderes en abandono escolar. En resumen, tenemos una “mala educación”, fruto de los recortes, la falta de profesores y medios,  y, sobre todo, de una educación memorística, que no proporciona habilidades para trabajar. Este informe PISA debería servir para acelerar un Pacto educativo, al margen de las diferencias políticas, asentado en más recursos para la educación (+11.200 millones para homologarnos con Europa), más profesores mejor formados y un sistema de enseñanza más eficaz, que reduzca las tremendas desigualdades entre autonomías. Urge un acuerdo: nos jugamos el futuro.


enrique ortega

Empecemos por el principio. ¿Qué es el Informe PISA? Es un “Programa internacional para la evaluación de los estudiantes” (significado de PISA) que realiza cada tres años (desde el 2000) la OCDE, el organismo que agrupa a los 36 paises más desarrollados de Occidente. Es un examen que se realiza a 600.000 jóvenes de 15 a 16 años en 79 paises, siendo España el país con más alumnos evaluados (36.000 alumnos de 102 centros) y el que más paga por el estudio a la OCDE, porque es el que realiza una muestra más desagregada por autonomías. El test mide las habilidades de los alumnos en comprensión lectora, matemáticas y ciencias y establece una puntuación media de 500 puntos, adjudicando a cada país una puntuación en cada materia por encima o por debajo. Lo importante del informe PISA: no es un test sobre lo que saben los adolescentes sino sobre cómo usan sus conocimientos. Lo que valora son las habilidades de los alumnos para “aplicar” sus conocimientos en contextos desconocidos. No vale saber las cuestiones de memoria, sino aplicarlas a los temas que se plantean, la clave para manejarse en un mundo global.


El último Informe PISA 2018, conocido a principios de diciembre de 2019, revela unos malos resultados para la mayoría de paises analizados: sólo 7 de los 79 paises mejoran sus resultados, su nota. Y de ellos, de los 7 que mejoran su nota educativa, sólo uno (Portugal) es miembro de la OCDE. El resto de los grandes paises avanzados en educación (Corea, Finlandia, Estonia, Holanda, Canadá, Polonia o Nueva Zelanda) empeoran su nota en 2018. ”Es un resultado decepcionante”, señaló el secretario general de la OCDE, recordando que la enseñanza internacional no mejora a pesar de que los paises OCDE han aumentado un 15% su inversión por estudiante en la última década.


España también empeora su nota en el Informe PISA 2018, pero además tiene otros dos problemas. Uno, que sigue muy por detrás de la nota que consiguen la mayoría de grandes paises occidentales y europeos: en matemáticas, tiene una nota de 481 puntos, que nos sitúa en el puesto 28 del ranking mundial (de 79 paises) y en el puesto 19 de los paises UE-28. En ciencias, la nota de 483 puntos nos sitúa en el puesto 25 del ranking mundial y en el puesto 17 de la UE-28. En comprensión lectora, el informe PISA no ha incluido en 2018 a España, por  haber detectado “respuestas inverosímiles”, pero en el Informe PISA 2015 ocupamos el puesto 22 en el ranking mundial y el puesto 14 entre los 28 paises UE. El otro problema es que las notas que ha sacado España en el Informe PISA 2018 son las más bajas desde el inicio de la crisis (Informe 2009).


Vayamos a los resultados concretos del Informe PISA 2018. En matemáticas, la nota media obtenida por España son 481 puntos, por debajo de los 489 puntos de la OCDE y los 494 puntos de la UE, en un ranking mundial encabezado por Japón (527 puntos), Corea (526), Estonia (523), Paises Bajos (519), Polonia (516), Suiza (515), Canadá, Dinamarca y Eslovenia (509 puntos) y Bélgica (508 puntos). La nota sitúa a España en línea con Italia (487 puntos), Luxemburgo, Lituania, Hungría y EEUU (478 puntos). Se trata de una nota inferior a la de 2015 (486 puntos) y la más baja desde 2009 (483 puntos). Además de tener una nota global más baja. España tiene un menor porcentaje de alumnos que han sacado una nota excelente en este examen: sólo un 7% de los examinados españoles, frente al 11% en la OCDE.


Con todo, lo más preocupante es la tremenda disparidad de la nota en matemáticas por autonomías. La que saca mejor nota es Navarra (503 puntos), al nivel de Suecia (502), Reino Unido (502), Noruega (501) y Alemania (500), seguida de Castilla y León (502 puntos), País Vasco (499), Cantabria (499) y Galicia (498), todas por encima de la media OCDE (489). Y a la cola de España están Ceuta (411 puntos), que se mide con la nota de México (409) o Colombia (391 puntos, la peor nota mundial), Melilla (432), Canarias (460), Andalucía (467), Extremadura (470), Comunidad Valenciana (473) y Murcia (474 puntos). Si se considera que 30 puntos de diferencia es un curso, los alumnos de Ceuta están 3 cursos por detrás que los de Navarra en matemáticas. Y los andaluces, más de un curso por detrás.


En ciencias, la nota obtenida por España en el PISA 2018 son 483 puntos, también por debajo de los 489 puntos de la OCDE y los 490 de la UE-28, en un ranking mundial encabezado por Estonia (530 puntos), Japón (529), Finlandia (522), Corea (519), Canadá (518), Nueva Zelanda (508), Eslovenia (507), Reino Unido (505), Paises Bajos y Alemania (503 puntos ambos). Se trata también de una nota inferior a la de 2015 (493 puntos) y la más baja desde 2009 (488 puntos). Además de esta baja nota global, España tiene un menor porcentaje de alumnos que han sacado una nota excelente en ciencias: sólo un 4% de los españoles, frente al 7% en la OCDE, el 37% en Singapur o el 44% en China.


Y vuelve a ser preocupante la tremenda disparidad de la nota en ciencias por autonomías. La que saca mejor nota es Galicia (510 puntos), al nivel de Polonia  (511), Nueva Zelanda (508) o Eslovenia (507), seguida por Castilla y León (501 puntos), Asturias (496), Cantabria (495), Aragón (493) y Navarra (493 puntos), todas por encima de la UE (490) y la OCDE (489). Y a la cola vuelven a estar Ceuta (415 puntos), que se vincula otra vez a México (419) y Colombia (413 puntos, el “farolillo rojo” mundial), Melilla (439 puntos), Canarias (470), Andalucía (471), Extremadura (473), Comunidad Valenciana (478) y Murcia (479). Y de nuevo, los alumnos de Ceuta están 3 cursos por detrás de los de Galicia en ciencias. Y los andaluces, más de un curso por detrás que los gallegos.


El tercer indicador de PISA 2018, la comprensión lectora, no incluye este año a España, porque se ha detectado un “comportamiento inverosímil” en las respuestas de los jóvenes españoles, como responder en menos de 25 segundos una prueba que requiere entre 50 y 120 segundos por cada cuestión. La OCDE descarta la “intencionalidad” en las respuestas, pero ha iniciado una investigación, en colaboración con Educación y las autonomías, para detectar qué ha pasado. Ya en el último Informe PISA 2015 chocaba que la nota de España en “comprensión lectora” fuera 496 puntos, mejor que la media de la OCDE (493) y que la UE (494 puntos), algo que nunca ha pasado en los test de matemáticas y ciencias.


Además de estas notas, el Informe PISA 2018 informa sobre los alumnos de 15 años que han repetido curso. Y el dato es dramático: un 28,7% de los jóvenes españoles han repetido curso, frente al 13% que repiten en la UE-28 y el 11,4% en la OCDE. Y nos coloca como el 4º país con más repetidores, tras Colombia (40,8%), Luxemburgo (32,2%) y Bélgica (30,8%), muy lejos del 3,3% de repetidores en Finlandia. Y otra vez más, choca que haya 11 autonomías con más repetidores que la media, encabezadas por Ceuta (49,1% alumnos 15 años han repetido curso), Melilla (45,6%), Canarias (35,6%), Extremadura (34,7%), Murcia (34,6%), Castilla la Mancha y Rioja (34,1%) y Andalucía (33,3% de repetidores). Las 6 autonomías con menos repetidores son Cataluña (15,1%), País Vasco (20%), Navarra (23,9%), Asturias (26,7%), Cantabria (26,9%) y Galicia (27,5%).


El Informe PISA 2018 refleja que hay una relación directa entre pobreza y alumnos que repiten curso: en España, los alumnos pobres repiten curso 4 veces más que las familias con más recursos, siendo el 2º país donde más incide la pobreza en los repetidores (tras Eslovaquia, donde los pobres repiten 4,3 veces más). El informe también señala que los resultados en las pruebas de ciencias, matemáticas y lectura tienen mucho que ver con el índice socioeconómico y cultural de los alumnos, en España más (el 12% del rendimiento en matemáticas se debe al entorno económico de las familias) que en la OCDE (sólo afecta al 3% del rendimiento) y en la UE (afecta al 4% del rendimiento). En conjunto, Noruega es el país que menos segrega educativamente por la situación económica  y los que más Chile (recuerden las últimas protestas estudiantiles), Lituania, Colombia, República Eslovaca, México y Bulgaria, estando España en una situación intermedia, similar a la media de la OCDE. Y aquí, los alumnos con desventajas económicas tienen mejores expectativas respecto a los más privilegiados que en la media OCDE y europea.


El Informe PISA 2018 refleja también que España tiene un mejor “clima escolar que en la mayoría de paises analizados: menor acoso escolar (17% alumnos expuestos frente al 23% en la OCDE o Alemania, el 20% de Francia o el 30% de Australia), más estudiantes “satisfechos(74% frente al 67% en la OCDE), menos alumnos que se sienten solos, incómodos o marginados, y más jóvenes (15 años) con autoconfianza (85%) y menos miedo al fracaso que en la OCDE. Y además, sus padres se implican más en la educación de sus hijos y en la gestión de los centros que en otros paises de la OCDE.

Estos reveladores datos del Informe PISA 2018 se suman al exhaustivo diagnóstico de la educación en España publicado por la OCDE en septiembre 2019. Allí se reflejaba otro dato preocupante: España es líder europeo en abandono escolar temprano (2018), con un 17,9% de jóvenes de 18 a 24 años que han dejado sus estudios al final de la ESO (etapa obligatoria) y no completan el Bachillerato o la FP básica, frente al 10,6% de media en la UE-28 y muy por delante de Holanda o Austria (7,3% de abandono escolar), Finlandia (8,3%), Francia (8,9%), Alemania (10,3%), Reino Unido (10,7%), Portugal (11,8%) o Italia (14,5%), según los últimos datos de Eurostat


Al final, los jóvenes españoles están peor formados que el resto de jóvenes europeos:  entre 25 y 34 años, el 32,3% de los jóvenes están poco formados (tienen la ESO o menos), frente al 13,6% de los europeos, el 23,4% tienen una formación media (Bachiller y FP grado medio) frente al 43,5% en Europa, y el 44,3% de los jóvenes españoles son universitarios, incluso más que en Europa (42,9%), según los últimos datos del “Panorama de la educación 2019” publicado por la OCDE. En consecuencia, los jóvenes españoles tienen menos empleo (21,7% de jóvenes entre 15 y 24 años frente al 35,4% en la UE-28) y mucho más paro (32,1% en noviembre 2019 frente al 14,3% en la UE-28). Y como consecuencia de esta menor formación y empleo, España tiene más “ni-nis”, más jóvenes que ni estudian ni trabajan: un 20,2% de jóvenes “ni-nis” (1 de cada 5 españoles de 18 a 24 años, 649.000 jóvenes), frente al 13,1% de media en Europa y el 9,6% en Alemania.


Estos datos, junto a los pésimos resultados del PISA 2018, deberían hacernos reflexionar sobre nuestra “mala educación”. ¿A qué se debe? Los expertos creen que esta caída en la nota del Informe PISA desde 2009 es el fruto de los recortes educativos iniciados en 2010 y continuados hasta 2015, que han sufrido los jóvenes de 15 años ahora evaluados. De hecho, la autonomía que más empeora en el Informe PISA es Madrid (la autonomía que menos invierte por escolar, 3.945 euros) y la que más mejora es el País Vasco (que invierte 6.502 euros por alumno, un 60% más que Madrid). Estos recortes se han traducido en que hay 2.214 docentes menos que hace una década y un 62% más profesores precarios que en 2009. Y además, se les ha obligado a impartir 3 horas de clase más (reduciendo horas de formación y tutorías) con la LOMCE de 2013, que aumentó también la carga burocrática de los docentes, reduciendo desdobles, prácticas y laboratorio,  en perjuicio de la calidad de la enseñanza.


Pero no es sólo cuestión de dinero, como demuestra que Galicia o Castilla León tengan unos buenos resultados en el Informe PISA. Los responsables del estudio recomiendan a España que cambie el sistema de enseñanza, que los centros trabajen menos la memoria y se centren más en desarrollar la capacidad crítica, el trabajo en equipo y la creatividad. Que no se busque tanto “cumplir el programa” como “enseñar a pensar”, dando las clases de otra manera y no sometidos a la rigidez de los programas. Y profundizando en las enseñanzas de matemáticas y ciencias, vinculándolas a otras disciplinas y a una enseñanza “práctica”, que les proporcione “habilidades”, no sólo conocimientos aprendidos de memoria.


Y la tercera receta, en la que coincide el Informe PISA y muchos expertos, es mejorar la formación de los profesores, sobre todo en matemáticas y ciencias, inicialmente en la Universidad y después con formación permanente. En España hay “poca especialización docente” en matemáticas y ciencias y muchos profesores están poco cualificados para estas enseñanzas y las dan mal, con lo que sus alumnos “las tienen miedo” y no les resultan atractivas, con lo que las aprenden mal. Además de pensar en algún tipo de formación complementaria para los docentes (al estilo de los MIR de los médicos), habría que innovar en los métodos de enseñanza, utilizando más herramientas colaborativas online.


Al final, el Informe PISA 2018 y los últimos datos educativos de la OCDE deberían impulsar con más fuerza un Pacto Educativo, para implantar cambios cuanto antes. Urge aumentar el gasto en educación (subir del 4% del PIB que gastamos ahora al 5% de media de la OCDE, lo que supone gasta 11.200 millones al año), recomponer plantillas y medios (mejorando desdobles, refuerzos y clases prácticas y de laboratorio) y poner en marcha un programa de formación permanente del profesorado, con un cambio en el sistema de enseñanza, desde infantil a Bachillerato, menos “memorística” y más práctica. Y con sistemas de evaluación constantes, no sólo PISA, para detectar los problemas. Una tarea que llevará décadas, pero que urge empezar cuanto antes. Nos jugamos el futuro.

lunes, 16 de septiembre de 2019

OCDE: las causas del fracaso escolar de España


El martes pasado, mientras nuestros políticos se peleaban por una investidura fallida, la OCDE publicaba su diagnóstico sobre la educación en los paises desarrollados. Y su dictamen sobre España es demoledor. Tanto que, al final, 1 de cada 5 jóvenes españoles no estudian ni trabajan, 1.325.747 jóvenes “ni-nis que no ven futuro, tras sufrir España el mayor abandono escolar de Europa. Un fracaso educativo muy serio, agravado en algunas autonomías, aunque nuestros alumnos dan más horas de clase y tienen más profesores. El problema es que “estudian mal”, memorizando y sin ayudarles a pensar, como demuestra el Informe PISA. Y que gastamos menos en educación, con lo que hay más alumnos por aula y faltan medios y profesores, que ganan hoy menos que en 2005. Resultado: tenemos demasiados jóvenes y adultos con poca formación y el doble de paro que Europa. Un balance dramático, aunque a nuestros políticos no les preocupe. Urge un Pacto de Estado para mejorar nuestra enseñanza: la educación de hoy es la economía de mañana. 


La radiografía que hace la OCDE en su informe “Panorama de la educación 2019” es muy preocupante para España. El dato clave es que un 39,9% de los españoles adultos (25-64 años) tiene poca formación (la ESO o menos), frente al 18,7% en Europa (UE-23) y el 21,5% en la OCDE (34 paises desarrollados). Y que otro 22,9% tiene una formación media (Bachillerato o FP básica), un porcentaje mucho más bajo que el 46,2% de Europa y el 44% de la OCDE, mientras estamos equiparados en universitarios: 37,3% de los adultos españoles, frente al 35,6% en Europa y el 38,6% en la OCDE. O sea, que el último medio siglo de educación nos han dejado un país con el doble de adultos poco formados y la mitad medianamente formados, lo que explica que tengamos el doble de paro. Y si miramos sólo a los jóvenes (25-34 años), a los formados en las últimas tres décadas, el informe revela que un 32,3% están poco formados (ESO o menos) y el 23,4% medianamente (Bachiller y FP básico), aunque un 44,3% sean universitarios.

Este mal resultado educativo es fruto de varios fracasos. El primero, que muchos niños y adolescentes repiten curso, básicamente por falta de apoyo docente: casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-17, según las estadísticas de Educación. Un porcentaje de repetidores que oscila entre el 47,4% de Ceuta, el 41,5% de Aragón o el 39,2% de Murcia y el 21,8% de Galicia o el 23,8% del País Vasco. Y antes, a los 12 años, ya han repetido curso el 14,3% de alumnos. Y así, España es el país de la OCDE con más repetidores, triplicando la media internacional (11,3%) y muy lejos de los paises líderes en educación (3% de repetidores en Finlandia). Un fracaso humano y económico (cada repetidor cuesta al país 20.000 euros, según algunos expertos).

El siguiente eslabón del fracaso escolar son los alumnos que, cansados de repetir y quedar marginados (por falta de apoyo expreso), acaban dejando los estudios al final de la ESO (etapa obligatoria) y no completan el Bachillerato o la FP básica. El dato del abandono escolar temprano en España es impresionante: un 17,9% de los jóvenes de 18 a 24 años en 2018 (eran el 30,3% en 2006), frente al 10,6% en la UE-28, según los últimos datos de Eurostat, que refleja cómo España es líder europeo en abandono escolar, muy por delante de Holanda o Austria (7,3% de abandono escolar), Finlandia (8,3%), Francia (8,9%), Alemania (10,3%) o Reino Unido (10,7%), Portugal (11,8%) o Italia (14,5%).

Al final, hayan abandonado prematuramente sus estudios o los hayan terminado, los jóvenes españoles tratan de encontrar un empleo. Y lo tienen muy difícil, según el informe de la OCDE, porque nuestro modelo económico (muchos servicios y pymes y poca industria y grandes empresas) no ofrece mucho y porque su formación no responde a lo que necesitan las empresas. El resultado es que un 78% de los jóvenes universitarios (25-34 años) trabaja en España, frente al 84% en Europa. Y que el 12% de jóvenes españoles con carrera está en paro, el doble que en Europa y la OCDE (6%), según la OCDE. Y entre los que abandonaron sus estudios y tienen la ESO o menos, el 25% están parados (16% en la UE).

Con todo ello, llegamos a un último dato preocupante: un 20,2%, 1 de cada 5 de jóvenes españoles de 18 a 24 años (649.000 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son la viva fotografía de nuestro fracaso educativo y laboral. Un porcentaje de “ni-nismuy variable por autonomías (entre el 21,4% en Canarias y el 9,9% en el País Vasco) y que es el 3º mayor de Europa (tras el 25,7% de Italia y el 22,3% de Grecia),  muy superior a la media europea (13,1%) e internacional (14,3% de “ni-nis” en la OCDE) y muy alejado de Holanda (6,9% de “ni-nis”), Noruega (8,8%) o Alemania (9,6%). Y si abrimos el abanico, a los jóvenes entre 15 y 29 años, el dato es similar: España tiene un 19,5% de ni-nis, frente al 12,7% de Europa (23,9% en Italia y 9,2% en Alemania) y el 13,2% de la OCDE. Nada menos que 1.325.747 jóvenes españoles que ni estudian ni trabajan, una generación medio perdida.

 ¿Cuáles son las causas de este fracaso educativo? El informe de la OCDE tiene el mérito de descartar algunas. Como el número de horas de clase: España es el país europeo con más horas de clase en Secundaria (1.054 horas anuales frente a 874 en Europa y 919 en la OCDE) y el 4º con más horas de clase en Primaria (792 horas anuales frente a 769 en Europa y 799 en la OCDE), mientras Finlandia, el gran modelo educativo, es quien tiene menos horas de clase (808 en Secundaria y 651 en Primaria). El problema tampoco está en el número de alumnos por profesor: en España hay menos (14 alumnos por profesor en Primaria frente a 14 en Europa y 15 en la OCDE, 12 en la ESO frente a 11 en Europa y 13 en la OCDE y 11 en Bachillerato frente a 12 en Europa y 13 en la OCDE). Y tampoco que nuestros profesores estén mal pagados: ganan más de entrada (entre 40.813 en Primaria y 45.509 euros en Bachillerato, frente a una franja de 33.000 a 35.000 euros en Europa y la OCDE)

Entonces, ¿donde está la causa? Una básica es que gastamos menos en Educación: un 4,3% del PIB entre gasto público (3,1%) y privado (1,2%) en enseñanzas no universitarias, frente al 4,5% de media en Europa (Reino Unido gasta el 6,2%, Francia el 5,2% y Alemania el 4,2%) y al 5% del PIB que gasta la OCDE. Y no es casualidad que Finlandia, un modelo en educación, gaste el 5,5% de su PIB.

Este menor gasto en educación se traduce en muchas limitaciones que ayudan al fracaso educativo. Una, el tener más alumnos por clase: 21 alumnos en Primaria en España frente a 20 en Europa y 21 en la OCDE, pero 25 en Secundaria frente a 21 en Europa y 23 en la OCDE, siendo España el país europeo con más alumnos por clase, junto a Francia. Y otra vez Finlandia como ejemplo : tiene 20 alumnos por clase en Primaria y 19 en Secundaria (6 menos que España). Otro problema de la falta de recursos: los profesores están poco incentivados. Ganan más de entrada sí, pero luego les cuesta mucho mejorar su sueldo: tardan 39 años en llegar al máximo sueldo, mientras los profesores en Europa lo consiguen a los 28 años de docencia y en la OCDE a los 25 años. Eso desincentiva su “carrera profesional”. Y más aún, los recortes salariales que han sufrido en la última década: los profesores de la ESO, por ejemplo, ganan hoy un 6% menos que en 2018, según la OCDE, mientras los europeos ganan un 4% más y los de paises OCDE un 9% más. 


Y además, tienen más carga de trabajo que sus colegas internacionales: 880 horas en Primaria (754 en la UE y 783 en la OCDE), 713 en la ESO (673 y 709) y en Bachillerato (693 frente a 643 y 667). Pero, además de trabajar más horas, dedican más horas a dar clase (el 50%, frente al 44% en la OCDE), lo que no es bueno, porque tienen menos horas que en ningún país europeo para tutorías, refuerzos y preparación de clases, que, según la OCDE son básicos para mejorar la calidad de la enseñanza.

Precisamente, la otra clave de nuestro fracaso educativo, junto al menor gasto, es el tipo de educación que se imparte en España:”demasiado memorística y poco práctica”, resumen los expertos de la OCDE. Y con un exceso de asignaturas, con programas muy diferentes según las autonomías (hasta con libros muy diferentes, según denuncian los editores). Con un exceso de clases teóricas y pocas extraescolares y prácticas (en Corea del Sur, otro país que es un modelo educativo, dan 30 horas semanales de clase y 20 extraescolares). Se trata de “cumplir el programa” más que aprender a pensar. “Lo que menos necesitan los alumnos, en un mundo donde abunda la información accesible,  es proporcionarles cantidades industriales de información. La clave es que tengan capacidad analítica y crítica, que tengan herramientas y capacidades para tener éxito”, decía Gara Rojas, analista de la OCDE al presentar el informe en Madrid.

Así que, junto a la falta de recursos (aulas, profesores, refuerzos), el gran problema es que España sigue anclada en una educación del siglo XIX, que trata de que los jóvenes aprendan las cosas de memoria y no de prepararles para el futuro, consiguiendo que analicen y piensen, que tengan “capacidades”. Y eso se traduce, año tras año, en los malos resultados en el informe PISA, que mide las capacidades de los jóvenes de 15 años en el mundo. En la edición de 2018 (resultados de 2015), España ocupó el lugar 18 en el ranking europeo de “competencia en Ciencia”, el 15º en “comprensión lectora” y el 20º en “competencia en matemáticas”, aunque en línea con la media de la OCDE. Pero además, el problema es que hay autonomías con peores resultados, sobre todo Andalucía, Extremadura, Canarias y Murcia, a la cola en educación (y en gasto). Y a la cabeza en paro.

Otra gran deficiencia de nuestro sistema educativo, según el informe de la OCDE, es el menor peso de la Formación Profesional, que durante muchos años se ha considerado una “enseñanza de segunda categoría”, para “tontos y pobres”. Y por ello, a pesar del salto dado en los últimos años, sólo un 34,8% de los que acaban la ESO en España pasan a la FP, frente al 47,2% de jóvenes en Europa y el 43,2% en la OCDE, con muchos paises donde hay más jóvenes que estudian FP que Bachillerato, según el informe OCDE: República Checa (72,9%), Finlandia (71,3%), Eslovenia (70,4%), República Eslovaca (68,9%), Austria (68,8%), Paises Bajos (67,5%), Suiza (64,8%), Luxemburgo (61%), Bélgica (59,2%), Australia (56%), Italia (55,6%), Rusia (54,4%), Reino Unido (53,1%), Polonia (51,1%) y Noruega (50,4%), la mayoría de ellos con las tasas más bajas de paro juvenil por esta mayor enseñanza “aplicada”.

Y es que, al final, el informe de la OCDE refleja con datos un hecho: a más educación, más empleo, mejores sueldos y menos paro. Por eso, con la deficiente educación y baja formación que tenemos, no debería extrañarnos que España tenga menos empleo (tenemos 1.800.000 empleos menos que la media de Europa: un 67% de adultos trabajando frente al 73,2% en la UE-28), más del doble de paro (13,9% frente al 6,3% en la UE-28) y unos salarios mucho más bajos (16 euros por hora frente a 37,4 en Dinamarca, 26,9 en Alemania, 24,1 en Francia, 22,5 en Reino Unido, 20,9 en la UE-28 y 20,2 euros en Italia, según Eurostat). En parte es por nuestro modelo económico (un exceso de servicios y una falta de industria y tecnología), por nuestra organización empresarial (demasiadas pymes, pocas grandes empresas y poco trabajo en equipo en una gestión bastante autoritaria), pero mucho es fruto de la deficiente educación, de tener una mano de obra mal formada. Y cara al futuro, con la revolución tecnológica, lo tenemos peor, porque ese 39,9 % de adultos  mal formados (sólo con la ESO o menos) van a tener muy difícil trabajar este siglo.

El informe educativo de la OCDE y los datos que aporta son apabullantes, aunque hayan pasado casi desapercibidos, sobre todo para unos políticos que sólo piensan en las elecciones. Pero deberían hacernos reflexionar y actuar, forzando a que en la próxima Legislatura se pacte una nueva Ley de Educación que empiece a cambiar las cosas, con más gasto educativo (al menos el 5% del PIB que gastan los paises OCDE, 11.200 millones más al año) y, sobre todo, con otro tipo de enseñanza, menos memorística, que enseñe a los alumnos a pensar, razonar y tener herramientas para trabajar. Una tarea que llevará varias décadas. Pero hay que empezar cuanto antes. Porque la educación de hoy es la economía de mañana.

lunes, 25 de marzo de 2019

Educación: el fracaso va por autonomías


Otra noticia reciente que no se comenta: 1 de cada 3 estudiantes de 15 años ha repetido curso. Y en Aragón, Ceuta y  Melilla repiten casi la mitad de adolescentes frente a sólo uno de cada cuatro en Cataluña y País Vasco. Muchos repetidores dejan los estudios después: el 18,3% de jóvenes de 20 a 24 años no terminan Bachillerato o FP, pero rondan el 25% en Baleares, Ceuta y Melilla,  Andalucía y Murcia, mientras son el 7% en el País Vasco, siendo España líder europeo en abandono escolar temprano. Y con estos fracasos educativos, tenemos 543.000 jóvenes (18-24 años) que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”). Y un paro juvenil (menores 25 años) del 33,5%, más del doble que Europa (14,9%) y que ronda el 50% en Melilla, Ceuta, Extremadura y Andalucía. Se recoge lo que se siembra y el fracaso escolar, muy desigual entre regiones, está detrás del fracaso laboral de muchos jóvenes. Urge mejorar la educación y corregir las grandes diferencias entre autonomías.


Los jóvenes españoles que tienen menos de 30 años han estudiado en colegios, Institutos y Universidades gestionadas por las autonomías, no como las generaciones anteriores, que tuvimos una educación “centralizada”, teóricamente “igual” en toda España. El traspaso de competencias de educación se inició en 1980, al País Vasco y Andalucía, siguió en 1982 (Galicia y Andalucía) y 1983 (Comunidad Valenciana y Canarias), se paró hasta 1990 (Navarra) y 1997 (Baleares) y se aceleró en 1998 (Las Rioja, Cantabria y Aragón) y 1999 (traspaso a Madrid, Murcia, Extremadura, Castilla la Mancha, Castilla y León y Asturias). A partir de ahí, las autonomías gestionan la educación y financian el 81% de todo el gasto educativo, unas mucho más que otras. Y sus resultados educativos son muy diferentes, con tremendas desigualdades según se comprueba en el último Anuario de la Educación en España publicado por el Ministerio de Educación, que refleja que hay “2 o 3 Españas educativas.

Hagamos un repaso de los datos, empezando por el fracaso escolar. En España, casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-2017, según Educación. Y eso viene de antes, porque a los 12 años ya han repetido un 14,3% de alumnos. El porcentaje español de repetidores (a los 15 años), ese 31,4% (35,7% los chicos y 27% las chicas), triplica el de la OCDE (11,3%) y es el más elevado de los paises grandes europeos, como Alemania (18,1%), Italia (15,1%), Francia (22,1%) o Reino Unido (2,8%), sin contar el 4% de repetidores en Suecia o el 3% en Finlandia, según  la OCDE.

Con todo, lo más preocupante son las desigualdades en los porcentajes de repetidores  dentro de España. Así, frente al 31,4% que han repetido de media a los 15 años, son casi la mitad los que repiten en Ceuta (47,4%), Melilla (43%) y Aragón (41,5%), estando también por encima de la media Murcia (39,2% jóvenes 15 años repiten), Castilla la Mancha (37,7%), Canarias (37,1%) y Baleares (36% repiten). Y sin embargo, son muchos menos los que repiten en Cataluña (20,8%), País Vasco (23,8%), Navarra (26,5%), Cantabria (29,4%), Asturias (29,5%) y Galicia (31,8%), según Educación. En los últimos años ha bajado el porcentaje de repetidores en toda España, del 42,6% que repetían en 2006-2007 al 31,4% de 20016-2017, básicamente por la crisis: en los años de bonanza, los jóvenes se esfuerzan menos en estudiar pensando que pronto van a dejarlo para ponerse a trabajar y ganar dinero.

Los repetidorestienen muchas papeletas” para acabar dejando sus estudios al terminar la ESO (final de la etapa obligatoria)  y no completar el Bachillerato o la Formación Profesional. O sea, que el fracaso a los 12 años (14,3% estudiantes repiten) y a los 15 años (31,4% repiten) son “la antesala” del siguiente fracaso, el abandono escolar temprano: jóvenes de 18 a 24 años que no han terminado Bachillerato o FP, que han dejado sus estudios. La cifra en España ha bajado del 30,8% de los jóvenes en 2007 al 18,3% en 2017 (21,8% de los chicos y el 14,5% de las chicas) , un porcentaje muy superior al del resto de Europa (10,6%), donde somos el país con mayor tasa de abandono escolar temprano, muy por delante de Italia (14%), Portugal (12,6%), Reino Unido (10,6%), Alemania (10,1%), Francia (8,9%), Suecia (7,7%) e incluso Grecia (6% de abandono escolar temprano), según Eurostat.

Pero lo peor otra vez son las diferencias entre autonomías. Así, hay regiones donde el abandono escolar temprano ronda o supera el 25%, como Baleares (26,5%, 32,4% entre los chicos), Ceuta y Melilla (24,3%), Andalucía (23,5%) o Murcia (23,1%) y Castilla la Mancha (22,1%) y otras donde apenas tiene peso, como el País Vasco (7% de abandono escolar temprano) o Cantabria (8,9%), Navarra (11,3%) y la Rioja (12,9%), según Educación.

Al final, entre los que repiten curso y abandonan sus estudios engrosan otra estadística, la de los jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan, los tristemente famosos “ni-nis”. Eran el 24% de los jóvenes en 2013 y en 2017 son todavía el 17,1% de los jóvenes españoles (nada menos que 543.000 jóvenes), un porcentaje de “ni-nis” también superior al de Europa (15,2% en la UE-28), según Eurostat. Y aquí, volvemos a lo mismo, la enorme diferencia por autonomías. Hay  2 regiones donde los ni-nis superan el 20% (21,7% en Andalucía y 20,8% en Extremadura) y otras donde el porcentaje está por debajo de Europa, en especial el País Vasco (8,8%), la Rioja (11%), Cantabria (12,1%), Castilla y León (13,1%), Aragón (13,4%), Navarra y Madrid (14%) y Galicia (14,3% de ni-nis). Y lo peor es que ninguna autonomía ha conseguido rebajar el porcentaje de ni-nis que tenía en 2007, salvo el País Vasco y la Rioja.

Avancemos y veamos el nivel de formación que tienen los jóvenes españoles tras estos fracasos, comparado con el de los jóvenes europeos, según los últimos datos de Educación. Entre 25 y 34 años, el 33,8% de los jóvenes españoles tienen la ESO o menos (en Europa son la mitad los menos formados: el 16,2%), un 23,6% han terminado la Secundaria (casi el doble, el 44,8% en la UE-28) y el 42,6% son universitarios (el 39% en Europa). O sea, que este sería nuestro balance educativo frente a Europa: tenemos el doble de jóvenes poco formados, la mitad medianamente formados y más universitarios.

Y otra vez más, este balance es muy desigual por autonomías. Así, en el nivel más bajo, los jóvenes de 25 a 34 años que sólo terminaron la ESO o menos, frente al 33,8% de media, hay autonomías con resultados peores, como Andalucía (43,6% jóvenes poco formados), Castilla la Mancha (46,3%), Extremadura (42,2%), Ceuta y Melilla (42%) o Murcia (39,9%), y otras con menos porcentaje de jóvenes poco formados, como el País Vasco (19,3%), Asturias (23,9%), Madrid (24,4%), Cantabria (25,6%) y Navarra (26,1%). En el nivel intermedio (jóvenes que han terminado Bachillerato o FP), siguen por debajo de la media (23,6% de los jóvenes de 25 a 34 años) Extremadura (20,5%), Castilla la Mancha (22,1%) y Andalucía (22,6%), más Cataluña (20,1%) y Navarra (21,8%), destacando por encima la mayor formación media en Castilla y León (27,6%), Aragón (27,4%), Cantabria (26,9%) y Baleares (26,2%). Y las autonomías con más porcentaje de jóvenes universitarios (superior al 42,6% de media) son el País Vasco (57,5% de jóvenes), Navarra (52,1%), Asturias (53,3%) y Madrid (51%), mientras están a la cola de jóvenes universitarios Ceuta y Melilla (32,9%), Andalucía (33,8%), Castilla la Mancha (34,6%) y Murcia (36,3%), según los datos de Educación.

Son muchos datos pero revelan con claridad dos cosas: nuestro atraso educativo con Europa y las enormes diferencias de resultados entre autonomías, destacando el alto nivel educativo en el País Vasco, Navarra, Asturias, Cantabria, Aragón y Madrid y el fracaso educativo en Andalucía, Castilla la mancha, Murcia, Extremadura y Ceuta y Melilla, básicamente. La pregunta es ¿por qué estos resultados tan dispares?

La causa no parece estar ni en el número de alumnos por aula ni en la falta de profesores, porque los datos de Educación revelan que España tiene similares alumnos por profesor en Primaria (14 frente a 15 en la OCDE y 14 en la UE-222), en la ESO (12 frente a 13 y 11) y en Bachillerato (11 frente a 13 en la OCDE y 12 en la UE-22). Y que el número de alumnos por clase es similar a la OCDE y la UE, salvo en Primaria (aquí hay más), mientras los jóvenes españoles dan más horas de clase, tanto en Primaria (792 frente a 799 en la OCDE y 775 horas en la UE-22) como en la ESO (1054 horas frente a 913 y 894 horas). Eso sí, más horas de una enseñanza demasiado memorística y poco práctica, como revelan los sucesivos informes PISA, donde España está retrasada en Matemáticas (486 puntos frente a 490 de media OCDE, Navarra con 518 y Castilla y León con 506)), igualada en Ciencias (493 puntos España y la OCDE, con Castilla y León en 519 puntos) y por encima en Lectura (496 España frente a 493 la OCDE y Castilla y León con 522 puntos).

Lo que sí puede explicar nuestro retraso educativo y las enormes diferencias por autonomías es el gasto educativo. España gastó en educación en 2017 el 4% de su PIB frente al 4,6% que gastó la UE-28 y el 4,5% de la zona euro, según Eurostat. Y mucho menos que Suecia (6,8%), Dinamarca (6,5% del PIB), Finlandia (5,7%), Francia (5,4%), Portugal (5%) Reino Unido (4,6%) o Alemania (4,1%), gastando menos Italia (3,8%) o Grecia (3,9%). Y el gasto total por alumno en la enseñanza pública fue en España de 7.019 euros en 2015 (último dato de Eurostat), un 26,5% inferior al de Finlandia (8.883 euros públicos por alumno), un 25% menor a Reino Unido (8.796 euros por alumno), casi un 20% inferior al de Francia (8.394) y un 18,6% inferior a Alemania (8.326 € por alumno).

Y lo mismo pasa dentro de España. Las autonomías que más gastan en educación no universitaria son el País Vasco (9.054 de gasto público por alumno público en 2016), que gasta un 83,2% más que Andalucía (4.963 euros por alumno), seguida de Navarra (7.128 euros), Cantabria (6.917 euros), Asturias (6.785 euros), Galicia (6.598 euros) y Castilla y León (6.578) y la Rioja (6.052 euros/alumno público), curiosamente autonomías con excelentes resultados educativos. Y tras Andalucía (4.963 euros), las que menos gastan en educación por alumno público son Castilla la Mancha (4.988 euros) y Madrid (4.591 €), Murcia (5.159 €), Cataluña (5.386 €), Comunidad Valenciana (5.510 €) y Canarias (5.514 euros), todas gastando por debajo de la media española (5.607 euros por alumno público en educación no universitaria), según Educación.

Hasta aquí hemos visto el balance de la educación, con demasiados repetidores, mucho fracaso escolar, demasiados “ni-nis” y un tercio de jóvenes con poca formación. El resultado de este panorama es que los jóvenes españoles trabajan menos que en Europa y cobran menos, mientras tienen el doble de paro. Un negro panorama profesional que se ha ido gestando en sus años de estudiantes y que es muy dispar por autonomías.

La principal consecuencia de nuestro peor nivel educativo es que los jóvenes españoles trabajan menos que los europeos, según las estadísticas de Eurostat que cita Educación (para 2017). Así, la tasa de empleo de los jóvenes de 20 a 34 años es del 80% en la UE-28 (y del 90,9% en Alemania, el 86,6% en Reino Unido o el 74,4% en Francia) pero sólo del 71,9% en España. Y si tomamos a los que han terminado Bachillerato pero no han hecho más, trabajan en España el 57,9% frente al 74,1% en la UE-28, el 79,7% en Reino Unido o el 61,6% en Francia. Y si entramos más al detalle en España, de todos los jóvenes que trabajan (2.692.100 jóvenes entre 16 y 29 años, según la EPA), la mayoría tiene formación universitaria (1.175.200 jóvenes, el 43,65% del total), seguidos de los que tienen mediana formación (Bachillerato o FP: 773.100 jóvenes, el 28,7%) y los poco formados (743.800 jóvenes, el 27,65 % restante). O sea, que los más formados son los que más trabajan.

Los jóvenes españoles, al estar peor formados también tienen peores sueldos que los jóvenes europeos y que otros jóvenes más formados, según Educación. Así, si la media de asalariados de 25 a 34 años tiene un salario 100, los que no han acabado la ESO ganan 67,2 (un tercio menos) los que tienen la ESO suben a 74, los que han hecho Bachillerato consiguen el 87,1% del sueldo medio y los que tienen educación superior ganan 121,3 (un 21,3% más de sueldo que la media).

Pero el verdadero marcador del fracaso educativo está en el paro juvenil. La tasa de paro de los menores de 25 años es en España del 33,54% (diciembre 2018), según la EPA, más del doble que en Europa (14,9%) y muy por encima del paro juvenil de Alemania (6%), Reino Unido (11,5%), Francia (21,1%) e Italia (31,9%), según Eurostat. Al mirar por autonomías, se ve que el paro juvenil es mucho más alto donde hay más jóvenes poco formados (60,21% de paro juvenil en Melilla, 52,56% en Ceuta, 50,37% en Extremadura, 45,09% y 41,74% en Castilla la Mancha) y muy bajo donde están mejor formados (22,60% Baleares, 23,12% País Vasco, 23,37% Navarra, 28,59% Aragón, 28,62% la Rioja, 25,47% Castilla y León). Y es que la EPA lo deja claro: a menos formación, más paro. Un ejemplo.De 20 a 24 años, con una media de paro del 30,78%, los que tienen primaria tienen un 50% de paro, los que tienen la ESO o menos un 38,4%, los que tienen Bachiller el 26% y los universitarios el 24%.

Así que si queremos mejorar el empleo y los sueldos de los jóvenes, hay que mejorar su formación, sobre todo en las autonomías con peores resultados educativos. No se hablará de esto en las próximas elecciones (ni generales ni autonómicas), pero los futuros Gobiernos deberían poner en marcha Planes de choque para recomponer la formación de los jóvenes, con varias medidas: reducir el porcentaje de repetidores (con planes individualizados de apoyo, más profesores y medios), atajar el abandono escolar temprano (con Planes específicos para “recuperarlos”), fomentar la Formación Profesional (puede ser una salida para muchos que “abandonaron” el Bachillerato) y, sobre todo, adecuar la formación de los jóvenes a lo que necesitan las empresas (España tendrá un déficit de 100.000 jóvenes cualificados dentro de 10 años, según la Fundación I+D), con un ambicioso Plan de formación para jóvenes parados con poca y media formación. Porque hay 280.000 jóvenes de 16 a 29 años que llevan más de 1 año en paro (el 18% de todos los parados de larga duración) y que no encontrarán un empleo si no se les ayuda con formación y asesoramiento.

A nivel político, urge un Pacto educativo para que se aumente el gasto en educación del 4 al 5% del PIB, gobierne quien gobierne: son 11.200 millones extras que podrían destinarse a mejorar los resultados educativos y sobre todo, a reducir las tremendas diferencias educativas entre autonomías, creando una Comisión Educativa de coordinación, para mejorar los resultados y homogeneizarlos en 20 años, para que la educación de los jóvenes no sea mejor o peor según la región de España donde vivan, que es lo que pasa ahora, como demuestra el Anuario del Ministerio de Educación, aunque no se quiera reconocer.

Mejorar la educación de nuestros jóvenes y aproximarla a la de los europeos no sólo es clave para que trabajen y tengan menos paro sino que es clave para todo el país, porque sólo con más jóvenes trabajando y cotizando se pueden salvar las pensiones y recaudar más, algo clave para financiar el Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales). Así que apostemos por una educación mejor y menos desigual si queremos un futuro mejor