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lunes, 3 de octubre de 2016

Sentencias europeas contra la precariedad


Tres sentencias del Tribunal Europeo de Justicia, todas del 14 de septiembre, han revolucionado el panorama laboral español, desde empresas y despachos de abogados a sindicatos, patronales y políticos. En esencia, una defiende que los interinos cobren la indemnización de un fijo cuando son despedidos y las otras dos, que no se pueden encadenar varios contratos temporales para cubrir un puesto fijo. Las sentencias han lanzado el debate sobre las indemnizaciones de los contratos temporales, menores que las de los fijos. Pero el debate debía ser otro: España tiene el doble de contratos temporales que Europa, porque se abusa de ellos para contratar. Y esta precariedad es un cáncer para la economía: hunde salarios y cotizaciones (de ahí el “agujero” de las pensiones) y resta productividad a las empresas. Urge pactar una nueva reforma laboral que mejore la calidad del empleo, fomentando los contratos fijos para empleos estables. No podemos competir a base de “contratos basura”.
 
enrique ortega

La primera sentencia del Tribunal Europeo de Justicia (TJUE), del 14 de septiembre, responde a un recurso de una trabajadora del Ministerio de Defensa contratada como secretaria interina para sustituir a una liberada sindical. Al volver ésta a su puesto, fue despedida sin cobrar ninguna indemnización, como pasa con todos los interinos, según el Estatuto de los Trabajadores. Ahora, la sentencia del TJUE establece que hay que indemnizarla, como a cualquier interino (sea del sector público o privado) y pagarla lo que le correspondería de indemnización al trabajador fijo al que sustituye. O sea, que aunque sea una empleada temporal (que tienen en España una indemnización de 12 días), el TJUE equipara su indemnización a la de un fijo (20 días por año).

Esta primera sentencia tiene una gran repercusión, ya que en España hay más de medio millón de interinos, trabajadores que ocupan temporalmente el puesto de otro mientras está de baja o en excedencia. Hay unos 200.000 interinos en empresas privadas y otros 382.187 interinos en la Administración pública: 322.559 en las autonomías (169.828 en la sanidad pública, 116.477 en la educación, 26.632 en las consejerías y 9.622 en la Justicia autonómica), 32.776 en los Ayuntamientos, 9.711 en las Diputaciones, 10.393 en los Ministerios y 6.748 interinos más en las Universidades. La mayoría de estos interinos laborales son mujeres (70%) y también jóvenes (casi la mitad). Ahora, todos ellos, cuando se les acabe el trabajo tendrán derecho a una indemnización de 20 días por año trabajado. Incluso, según los sindicatos, podrán reclamarla judicialmente los que hayan sido despedidos en el último año, porque la Ley señala que las reclamaciones de cantidad no prescriben hasta pasado un año.

La segunda sentencia del Tribunal Europeo de Justicia (TJUE), también del 14 de septiembre, responde a otro recurso de una enfermera del Hospital Clínico de Madrid, a la que despidieron tras haber tenido 7 contratos temporales para el mismo puesto en cuatro años. La sentencia del TJUE establece que “el encadenamiento de  contratos temporales para un puesto que es fijo incumple el derecho comunitario y que la normativa debe poner límites a estos contratos. De hecho, la legislación española lo hace (los contratos temporales deben tener una duración máxima de 2 años, ampliables a 12 meses más por convenio), pero la sanidad pública se rige por un Estatuto que sí permite encadenar contratos sin límite (el Estatuto Marco del Personal de los Servicios de Salud españoles, en vigor desde 2003).

La tercera sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE), también del 14 de septiembre, responde a un doble recurso similar. Por un lado, de una auxiliar administrativa que trabajaba en la sanidad vasca e hilvanó 14 prórrogas en su contrato antes de ser despedida. Y el otro, de un arquitecto municipal que trabajó con contratos temporales 7 años en el Ayuntamiento de Vitoria. En los dos casos, el Tribunal europeo reprocha a la Administración española el utilizar la “falsa temporalidad, encadenar contratos temporales para cubrir puestos fijos.
Precisamente, la sanidad pública española, acogiéndose a ese Estatuto que ahora cuestiona el TJUE, ha conseguido ser el sector con más contratos temporales: el 30,4% de las plantillas sanitarias tienen contrato temporal, según un informe de CCOO. Y un tercio de los médicos. Ahora, las autonomías (responsables de la Sanidad pública) se ven obligadas a acabar con estos “contratos encadenados”, o bien despidiendo a médicos y enfermeras, o bien convocando plazas para hacerlos fijos. CCOO ya ha reclamado una convocatoria especial de 94.000 plazas en la sanidad pública para acabar con esta temporalidad. Y sólo unos días después de la sentencia del Tribunal europeo de Justicia, el Tribunal Contencioso-Administrativo nº 2 de Vigo ha reconocido como personal  indefinido" (fijo) a 9 empleadas del Servicio Gallego de Salud que trabajaban como eventuales pero cubriendo "necesidades permanentes que no justifican un nombramiento temporal", según la sentencia.

Pero el encadenamiento de contratos temporales durante años para un mismo puesto es algo que no sucede sólo en la sanidad pública. Es también habitual en la enseñanza, en la Universidad, en la Justicia y en toda la Administración pública, así como en muchas empresas privadas. Y por ello, esta sentencia del Tribunal Europeo de Justicia puede abrir una vía para miles, millones de reclamaciones, de personal público y privado con contrato temporal. Se teme una avalancha de demandas ante los Juzgados de lo Social, que ya están colapsados (con juicios marcados para dentro de 2 y hasta 4 años). Y esto va a agravar la situación económica de las autonomías, que tendrán que pensar en aprobar nuevas partidas de gasto en el Presupuesto de 2017 para convocar nuevas plazas para cubrir  personal temporal y para pagar indemnizaciones al personal interino que despidan.

Con todo, la mayor consecuencia de estas tres sentencias del Tribunal Europeo de Justicia es que han reavivado en España el debate sobre los contratos temporales y la precariedad. Los sindicatos y algunos expertos creen que las sentencias abren la vía a igualar la indemnización por despido de los trabajadores temporales y fijos. El Gobierno en funciones dice que no, que las sentencias sólo hace referencia a los interinos y a los trabajadores sanitarios. Y la patronal cree que se han interpretado mal, porque en España, la indemnización por despido de un trabajador fijo o temporal es la misma: 20 días por año trabajado si es un despido objetivo por causas económicas (y 33 días por año trabajado si es improcedente). Y es cierto: si hay un ERE y una empresa despide, cobran la misma indemnización los fijos que los temporales. Pero si a un trabajador temporal se le acaba su contrato (en puridad, no es un despido sino el fin del contrato), se le indemniza con 12 días por año trabajado, no con 20. Una indemnización que se paga en algunos países de Europa (Francia o Portugal) y no en otros (Bélgica y en Holanda y Gran Bretaña sólo a los que llevan más de 2 años trabajando).Y que aquí se aprobó para encarecer estos contratos a las empresas, para disuadirles de que abusen de los temporales.

Ahora, con estas tres sentencias, los sindicatos y algunos expertos creen que se abre la vía para reclamar judicialmente que un trabajador temporal cobre 20 días de indemnización por año trabajado en lugar de los 12 actuales. Otros expertos creen que no y al final, la cuestión queda en  manos de los Tribunales, salvo que el próximo Gobierno legisle algo al respecto. De momento, el PP ha presentado una proposición no de Ley en el Congreso para suprimir los contratos interinos, en la Administración y en las empresas. Con ello no se resuelve el problema, ya que autonomías, Ayuntamientos y empresas tendrán que seguir cubriendo los puestos de bajas y excedencias, ahora con contratos temporales más caros (porque tendrán derecho a una indemnización, al menos de 12 días por año trabajado).

Al margen de esta polémica sobre la cuantía de la indemnización a los trabajadores temporales, la cuestión de fondo es otra: la enorme temporalidad de los contratos en España. De los 15.187.800 españoles asalariados, 3.906.400 trabajan con contratos temporales, un 25,72% según la última EPA. Un porcentaje que es el mayor de Europa, tras Polonia, y que casi duplica la media europea (14% de temporales). Y lo peor es que los nuevos contratos que se hacen son casi todos temporales: en julio y agosto últimos, en pleno verano, el 92,58% de todos los contratos que se hicieron fueron contratos temporales. Y un 40% de ellos, por menos de un mes (24,4% por 1 semana o menos). Y lo mismo viene pasando desde la reforma laboral de 2012 hasta hoy.

Así que tenemos un país donde uno de cada cuatro trabajadores es temporal y donde sólo un 7,5% de los nuevos contratos son fijos. Esta enorme precariedad no solo es mala para quien la sufre directamente, sino que es un cáncer para toda la economía. Primero, porque hunde los salarios, los de los temporales (ganan un 37% menos que un fijo) y también arrastran a la baja al resto (el salario más corriente ya está en 15.500 euros brutos, unos 1.000 euros netos en 14 pagas, según el INE). Segundo, porque con estos bajos salarios se hunden las cotizaciones a la Seguridad Social y eso ha provocado un enorme déficit en las pensiones, obligando a echar mano de la mitad de la “hucha” para pagarlas. Tercero, porque estos contratos temporales son los que tienen más riesgo de perderse y aumentar el paro (el 89% de los contratos temporales no se hacen fijos). Cuarto, porque los trabajadores temporales están peor formados y empeora así la competitividad de las empresas, aumentando además los accidentes laborales. Y quinto, porque, al tener un empleo temporal, la cuarta parte de los españoles se lo piensan mucho a la hora de formar una familia, tener hijos, comprar una casa (78,5% jóvenes viven con sus padres) o simplemente gastar. Y eso retrae el consumo, el crecimiento y el empleo, retrasa la salida de la crisis.

Por todo ello, urge poner orden en el mercado laboral y reducir una temporalidad que es de escándalo. Los sindicatos piden un cambio del Estatuto de los Trabajadores, que es de la transición, de 1980. Y todos los partidos menos el PP piden la derogación de la reforma laboral de 2012, con una nueva normativa, aprovechando las dos sentencias europeas. Ciudadanos insiste en aprobar el contrato único: que todos los contratos sean indefinidos y con una indemnización menor al principio que vaya creciendo después. “Suena bien” pero muchos expertos critican que sólo serviría para “precarizar todos los contratos”: reduciría la indemnización de los actuales contratos fijos y en el futuro todos los contratos serían igual de precarios que ahora los temporales (“contrate fijo y despida cuando quiera porque será más barato que ahora”). Mientras, el PSOE defiende que haya solo tres tipos de contratos (indefinido, temporal y de relevo) y medidas para reducir la precariedad.

El problema de fondo es que los empresarios, que son los que tienen que contratar, no sólo están a gusto con la alta temporalidad actual, sino que piden más. De hecho, la patronal CEOE ya pidió en 2015ampliar el uso de los contratos temporales”, para que puedan encadenarse más de 2 años, y refundir el contrato por obra con el eventual, en un contrato temporal “sin causa”, con una duración máxima de 2 años (un contrato “cajón de sastre” con el que puedan contratar temporalmente para casi todo. Y en paralelo, la patronal insiste en pedir los “mini-jobs”, contratos basura para jóvenes, con un sueldo inferior al salario mínimo y 12 días de indemnización por año trabajado. O sea, piden más precariedad. Y ahora se quejan de que las sentencias europeas encarecerán el despido y por tanto la contratación de nuevos trabajadores.

De momento, el problema de la precariedad laboral y los trabajos temporales ha saltado a primera línea con estas tres sentencias europeas y tendrá que ser una prioridad para el futuro Gobierno. Al margen de las reformas legales que puedan hacerse, la principal medida debería ser aplicar la Ley: que no se hagan contratos temporales o por horas para trabajos que son fijos o a jornada completa. Y para eso hace falta actuar en dos frentes. Uno, con el palo, aumentando las inspecciones y las multas de la inspección de Trabajo, que apenas actúa: hay pocos inspectores (1.878 funcionarios, la mitad por trabajador que en Europa) y sólo dedican el 1,13% de su trabajo a investigar el fraude en los contratos temporales. Por eso, la inspección sólo ha conseguido convertir en indefinidos 227.446 contratos temporales fraudulentos en los últimos 4 años, una "miseria" de 56.000 regularizaciones al año. El otro frente es utilizar la zanahoria: incentivar los contratos fijos, con bajada de cotizaciones y recargo a los temporales.

Hay que apostar por un nuevo modelo laboral, que fomente el trabajo estable y mejor pagado, para colaborar así en la recuperación del consumo, la competitividad, el crecimiento y el empleo. Porque la precariedad es un cáncer para las personas y la economía. No podemos aspirar a competir en Europa y en el mundo con “contratos basura”, con un mercado laboral más parecido a Marruecos o a China que a Francia o Alemania. Hay que apostar de una vez por el trabajo digno y de calidad. Por decencia moral y por el bien de la economía. Y más si lo dicen ahora los Tribunales.

lunes, 16 de marzo de 2015

Empleo sí, pero muy precario (19 de cada 20)


En enero y febrero se ha seguido creando empleo, poco y muy precario: sólo 1 de cada 20 contratos firmados son fijos y a jornada completa. El resto (94,35%) son  temporales o a tiempo parcial. Así pasa desde 2012, cuando Rajoy aprobó la reforma laboral: las empresas contratan por semanas o meses y con jornadas menores de 8 horas, aunque luego, con horas (sin pagar) acaban trabajando igual. Y la patronal CEOE pide aún más facilidades para los contratos temporales. Algunos, como Ciudadanos, proponen resolverlo con el contrato único, pero sólo “camuflaría” el problema. La solución es vigilar que las empresas cumplan la Ley y sólo contraten temporalmente o por horas cuando esté justificado, no para ahorrar costes. Pero el Gobierno sólo dedica a vigilarlo el 1,13% del tiempo de los inspectores de Trabajo, que son la mitad que en Europa. Ahora, promete duplicar los medios, con una Ley de inspección que aprobó el viernes. Veremos. De momentola mitad de los asalariados tienen ya contratos precarios. Entre los trabajadores, también tenemos dos Españas.
 
enrique ortega

El Gobierno echa las campanas al vuelo cada mes: baja el paro y se crea empleo. Pero no dice que casi todo el empleo que se crea es muy precario. Veamos las cifras oficiales: en enero y febrero de 2015 se han firmado 2.594.745 contratos de trabajo, de los que 2,35 millones eran temporales (90,7%) y otros 93.902 (3,6%) eran indefinidos a tiempo parcial. Y sólo 146.618 contratos (el 5,65%) eran indefinidos y a tiempo completo. O sea que sólo 1 de cada 20 empleos nuevos o contratos era de trabajos teóricamente estables.

Algo parecido sucedió en todo el año 2014, el primero en que se creó empleo neto (+433.900)      desde 2007. El año pasado se firmaron 16.727.089 contratos, de los que la gran mayoría fueron temporales (15.376.758 contratos, el 91,2%), una pequeña parte indefinidos a tiempo parcial (588.338, el 3,51%) y sólo 761.993 (el 4,55%) fueron contratos fijos a jornada completa. Y el 35%, más de un tercio de los nuevos contratos, fueron a tiempo parcial. O sea, que también en 2014, sólo 1 de cada 20 nuevos contratos fueron “estables”.

Y así viene pasando desde febrero de 2012, cuando el Gobierno Rajoy aprobó la vigente reforma laboral, que facilita enormemente la contratación temporal y a tiempo parcial. Las empresas se han agarrado a ello y muchas cometen fraude por una doble vía: haciendo contratos temporales para empleos que son estables y antes de que tengan que hacer fijo al trabajador (dos años) lo despiden. Con ello, hay mucha rotación de personas en los trabajos: en el último año, cada asalariado temporal ha firmado una media de 4,5 contratos, según datos de Empleo.  Las empresas también utilizan los contratos a tiempo parcial para trabajos que son a tiempo completo, acogiéndose a la realización de horas complementarias (sin pagarlas muchas veces) para llegar a una jornada casi normal. Ejemplo, un camarero contratado por cuatro o seis horas y que acaba trabajando diez o doce, cotizando por la mitad.

El resultado de este aumento de la precariedad, por la crisis y las facilidades laborales del Gobierno Rajoy, es dramático: ya son menos de la mitad los trabajadores españoles que tienen un empleo estable. Así, en febrero de 2015, por primera vez en nuestra historia, el 51% de los asalariados del régimen general de la Seguridad Social tenían un contrato temporal o un contrato a tiempo parcial no deseado, según un informe de CCOO. Y sólo el 49% de los asalariados tenían un empleo fijo y a tiempo completo, “de los de antes”.

Vayamos por partes, empezando por el tirón de los contratos temporales. Los tienen ya el 24,24% del total de asalariados, un porcentaje que es el mayor de Europa, muy superior a la media de la UE-28 (14,1% de contratos temporales), a Holanda y Portugal (22%), Francia (16,5%), Italia (14,5%) o Alemania (13%), según Eurostat. La mayoría de los contratos temporales son por menos de 3 meses (40%) y menos de una semana (23,9%), aunque crecen también los contratos por días. La media de contratación es de 45,8 días por trabajador, mucho más baja que antes de la crisis  (68,7 días), según el SEPE.  Los más afectados son los jóvenes, que sufren un 70% de contratos temporales (45% en la UE), seguidos de las mujeres (30% con contratos temporales). Los mayores porcentajes de contratos temporales los tienen los jóvenes y mujeres con menos cualificación, sobre todo en turismo y hostelería, comercio y enseñanza.

Veamos ahora los contratos a tiempo parcial. Los tienen el 16% de los ocupados, un porcentaje inferior todavía al de otros países europeos (19,5% de media en la UE-28), que utilizan este contrato por horas desde hace mucho tiempo. Pero aquí la situación es peor, por varias razones. Una, porque han crecido más con la crisis que en ningún país europeo: en 2014, el 35% de los contratos firmados eran ya a tiempo parcial. Dos, que a diferencia con Europa, el 40% de los contratos a tiempo parcial son temporales. Y sobre todo, mientras en otros países “se elige”  trabajar menos horas (para cuidar a los hijos o estudiar), aquí se trabaja a tiempo parcial “porque no hay un trabajo a tiempo completo”. Así, el 62% de los españoles que trabajan menos horas lo hacen porque no encuentran un trabajo a jornada completa, según el INE, cuando en 2007 sólo lo hacían “obligados” el 32%.

El trabajo a tiempo parcial es muy acusado entre las mujeres: de los 2,82 millones de ocupados con estos contratos a finales de 2014, tres de cada cuatro eran mujeres (2.092.200, el 74,11%) y más de la cuarta parte trabajan ya a tiempo parcial (27%).

Ligado a los contratos a tiempo parcial está el brusco aumento de las horas extras, legales e ilegales, para complementar la media jornada por la que se cotiza. En España se hacen hoy unas 10 millones de horas extras ilegales a la semana, según estimaciones del PSOE, que ha pedido una Ley para reducirlas, porque suponen “robar” 273.315 empleos. Pero también se hacen más horas “legales”, aunque luego muchas no se pagan. Según el INE, en España se hacen 5.860.500 horas extras “legales”, pero sólo un 42% se pagan. Y según un estudio de UGT, de los 600.000 asalariados que hacen horas extras ahora, más de la mitad no las cobran (el 56 %, cuando en 2008, eran el 35%). Y no protestan, para no perder el empleo.

Empleo precario es igual a empleo peor pagado, según datos oficiales del INE. Así, un trabajador con contrato temporal gana un 37% menos que uno con contrato fijo: 1.282 euros de sueldo bruto (en 12 pagas) frente a 2.048 euros de media los contratos indefinidos. Y un trabajador a tiempo parcial gana la tercera parte que uno que trabaje a jornada completa: 697 euros brutos de media frente a 2.121,3 euros en jornada completa. Así se explica luego que se haya disparado la cifra de “trabajadores pobres”, mujeres y hombres que malviven a pesar de tener un trabajo: son 2.271.130 asalariados, el 13,4% de los trabajadores españoles, según el INE. Y todos, porque tienen contratos precarios.

La precariedad afecta muy duramente al trabajador y su familia: no sólo gana menos, sino que esa “inseguridad laboral” le afecta a su vida, desde pensar en casarse o tener hijos hasta emanciparse del hogar materno o comprar un coche. Y, por supuesto, le afecta al desempleo (cobrará menos si cotizan menos por él, aunque realmente trabaje más horas) y a su futura pensión (no sólo porque no llegue al mínimo de años, sino por lo bajo que le cotizan). Y la precariedad también es mala para la economía: los trabajadores precarios consumen menos (se vende y se crece menos), son menos productivos (los empleados descontentos y sin perspectivas trabajan peor, lógicamente) y no se forman (no da tiempo y a la empresa no le “compensa”), lo que reduce la competitividad de sus empresas y de toda la economía.

¿Qué se puede hacer? Algunos economistas, UPYD y Ciudadanos ofrecen la alternativa del contrato único: que sólo haya un tipo de contrato, fijo, con indemnización baja que sube con los años en el trabajo. Así no habrá dualidad entre trabajadores estables y precarios. Suena bien, pero la realidad es que el contrato único sólo serviría para legalizar y “enmascarar” la  realidad actual, como señalan Economistas contra la crisis: “el contrato único incrementaría de facto la dualidad, al convertir en legal y hacer más fácil y barato tratar a todos los contratos como ahora se hace ilegalmente a los temporales”, argumentan.

Entre tanto, los empresarios piden más precariedad. La patronal CEOE ha enviado al Gobierno un documento en el que piden ampliar el uso de los contratos temporales: que los contratos puedan encadenarse más de 24 meses (ahora, tras ese tiempo, hay que hacer un contrato fijo o echarle) y refundir el contrato por obra con el eventual, en un “contrato temporal sin causa, con una duración máxima de 2 años (en 30 meses), similar al que ya autorizó  este Gobierno para los menores de 30 años. Contratos temporales por más años y un contrato “cajón de sastre”, con  el que se pueda contratar temporalmente para casi todo. Y en paralelo, insisten en pedir los “contratos basura” para jóvenes, con un sueldo inferior al mínimo y 12 días de indemnización por año trabajado. O sea, que haya aún más precariedad.

Al final, lo que habría que hacer es algo tan simple como aplicar la Ley: que no se firmen contratos temporales o por horas para trabajos indefinidos y de jornada normal. Los inspectores de trabajo, en una encuesta interna, han revelado que este fraude es el cuarto más habitual que detectan en su trabajo, tras los impagos de salarios y cotizaciones y los trabajadores no dados de alta. Pero denuncian que el Gobierno Rajoy no dedica medios a vigilar la precariedad: en 2013, sólo el 1,13 % de la inspección se dedicó a vigilarla, mientras el 58% de los recursos se dedicaron a descubrir la economía sumergida. Y eso a pesar de que, con tan pocos medios, la inspección transformó 39.385 contratos temporales fraudulentos en indefinidos. Una inspección que también reporta muchos ingresos extras a la SS, porque suben las cotizaciones por salarios y horas. Además, los inspectores de Trabajo se quejan de falta de personal: en España hay 1.878 funcionarios, la mitad por ocupado que en Europa (y sólo los inspectores de Trabajo, 964, se dedican a investigar los contratos temporales). El Gobierno aprobó el pasado viernes 13 de marzo una nueva Ley de Inspección de Trabajo , que permitirá destinar más medios (los 836 subinspectores de Trabajo también vigilarán ahora y habrá  colaboración de policía y guardia civil) para luchar contra el fraude en los contratos temporales. Ojalá se note.

En resumen, la precariedad es un cáncer que se ha adueñado del empleo y deteriora la productividad de nuestra economía. No podemos seguir compitiendo a base de empresas que hacen trampas para rebajar sus costes laborales, empobreciendo a los trabajadores. Hay que poner en marcha un nuevo modelo económico donde las empresas ganen dinero y compitan con empleos más estables y mejor pagados, en línea con Europa. Y eso se consigue con palo y zanahoria: palo (más inspecciones y más multas) a las empresas que abusen de la precariedad y ayudas (fiscales y en cotizaciones) a las que contraten estable. La “esclavitud laboral” del siglo XXI debe acabarse. Es un ataque a la moralidad social y a la economía.