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jueves, 4 de abril de 2024

Más jóvenes adictos al juego online

Más de medio millón de jóvenes de 18 a 25 años (1 de cada 7) apuestan en juegos online, un 41% más que antes de la pandemia, según los últimos datos oficiales. Y de ellos, un 12,5% tienen problemas de “adicción”. Si ampliamos el foco, 2 de cada 3 jugadores online tienen menos de 35 años y son el motor de un negocio que movió 32.000 millones de euros en 2023:  3,6 millones jugados cada hora. Y por si no fuera preocupante, el 40% de los chavales de 15 a 17 años juegan online, aunque lo tengan prohibido. Estamos ante un grave problema de juego entre jóvenes y adolescentes, una “droga digital” que está disparando adicciones y problemas mentales. Y sin medios en la sanidad pública para tratarlos. Como se hizo con el alcohol y tabaco, hay que frenar esta pandemia del juego online (y el auge de salones y salas de apuestas), con medidas legales, campañas y medios sanitarios contra la adicción. Actúen ya.  

                        Enrique Ortega

Tras una década legalizado (desde junio de 2012), el juego online se ha disparado en España. El año 2023 se cerró con un récord histórico de cantidades jugadas: 31.905 millones de euros, según el último balance de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), 3,6 millones jugados cada hora. Un volumen de dinero que multiplica por 5,6 lo jugado en el primer año completo de juego online legalizado, los 5.673 millones jugados online en 2013. Y que casi duplica lo jugado antes de la pandemia (19.026 millones en 2019).

El sector del juego online, que mueve el 10% de todo lo que se juega en España (Lotería, casinos, bingos, salones, máquinas…) facturó en 2023 otra cifra récord, 1.236 millones de euros de facturación neta (lo jugado menos los premios), 5,4 veces más de su facturación neta en 2013 (229 millones). Se trata de un gran negocio para ellos, porque el 80,14% de los jugadores online pierden (un 8% más que en 2016), un 0,93% se quedan igual y sólo el 18,9% de los jugadores ganan, según la DGOJ. El sector del juego online está integrado por 78 operadores con licencia (ver listado), un mercado controlado por las multinacionales (británicas y de la UE) y pocas empresas españolas, radicadas muchas en paraísos fiscales.

El juego online ha disparado las cifras jugadas y su facturación de la mano de un salto en los jugadores: en 2023 había 3 millones de cuentas abiertas para jugar online en las distintas plataformas, con 1.637.819 jugadores activos, un 20% más que antes de la pandemia (1.366.422 en 2019). La mitad de estos jugadores juega a un solo juego, pero la otra mitad comparte juegos y apuesta en varias plataformas. El gasto medio de estos jugadores activos es de 736 euros (61,32 euros al mes), que se juegan sobre todo en casinos online (19.591 millones, el 61,4% del total jugado, sobre todo en máquinas online, ruleta y black jack) y en apuestas (9.486 millones jugados, el 29,73% del total, sobre todo en apuestas deportivas en directo, en apuestas convencionales, hípicas y cruzadas), además del póquer (2.730 millones), bingo online (96,40 millones) y concursos (737.000 euros).

La “gasolina” de todo este negocio del juego online son los gastos en promoción y marketing de las distintas plataformas. En 2023, el sector gastó en marketing y promoción 402,7 millones de euros, un +7,5% sobre 2023 (374,5 millones) y casi cuatro veces el gasto de promoción de 2013 (111,5 millones). Desde que en 2021, el Gobierno restringió la publicidad del juego online, las empresas han reajustado su estrategia: ahora gastan menos en publicidad directa (147,94 millones en 2023 frente al máximo de 201,73 millones en 2020) y en patrocinio (4,3 millones frente a 26,2) pero gastan más en bonos para atraer a los nuevos jugadores (199,89 millones en 2023) y en bonificaciones a los “afiliados” (50,02 millones), los “ganchos” que utilizan para que los nuevos jugadores “prueben” a jugar sin dinero.

Esta política de bonos y afiliación, más la facilidad que supone jugar online (las 24 horas del día desde cualquier dispositivo, sin testigos) explican el gran salto en jugadores y en cantidades jugadas, sobre todo tras la pandemia (con el confinamiento, muchas más personas se “engancharon al juego online”). Pero lo más preocupante es que el juego online crece sobre todo entre los jóvenes. De hecho, en 2023, 2 de cada 3 jugadores online (el 65,5%) tenían menos de 35 años: 1.072.732 jugadores de los 1.637.831 españoles que jugaron en 2023, según el reciente Informe de la Dirección General del Juego (DGOJ). Eso significa que hay 172.000 jóvenes más que juegan online ahora que en 2019, un 20% más que antes de la pandemia. Pero lo más llamativo es que quienes más se han “enganchado al juego online son los más jóvenes: 534.335 jóvenes de 18 a 25 años (1 de cada 7 jóvenes con esa edad)  jugaron online en 2023, un +41% que en 2019 (378.798 jugadores de 18 a 25 años), según la DGOJ. Así que el juego online “engancha” a los jóvenes, pero sobre todo a los menores de 25 años, los más vulnerables, que gastan lo poco que tienen (o lo que quitan a su familia).

Ya en 2021, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) alertó de que “el juego online se ha convertido en la principal causa de ludopatía entre los menores de 26 años”, aportando el testimonio de médicos y profesionales, que llevan años advirtiendo del aumento de la ludopatía entre los menores y de que cada vez hay chavales más jóvenes enganchados al juego : algunos hablan ya de “la heroína online”.  En octubre de 2023, un informe de prevalencia elaborado por la Dirección General del Juego (DGOJ) ponía cifras al grave problema de la ludopatía en los jóvenes que juegan online: el 12,5% tienen algún problema de adicción. Eso suponía 176.837 jóvenes de 18 a 25 años con problemas por el juego online. Un porcentaje que sube entre los que juegan a la ruleta online (23,3% jugadores tienen problemas), o al póquer online (20% con problemas).

Pero el problema del juego de los jóvenes no es sólo el juego online, porque también hay jóvenes “enganchados” al juego en los salones, los locales de apuestas deportivas y las máquinas de juego de los bares, según las estadísticas de CEJUEGO.

Empezando por los salones de juego, que proliferan en los barrios populares de las grandes ciudades, hay 3.483 salones, sobre todo en Andalucía (950), Baleares (146), Aragón (120) y Asturias (116). Los visitaron 2,8 millones de españoles en 2022, que se gastaron 810 millones netos (jugado menos premios). Dos de cada tres clientes fueron hombres y los más asiduos fueron los jóvenes: el 38,8% tenían entre 18 y 24 años y otro 28% tenían entre 25 y 34 años, que jugaron sobre todo en ruletas, máquinas y apuestas deportivas. Y además, hay 892 salas de apuestas, que visitaron 1,5 millones de españoles en 2022,  el 81,6% de ellos jóvenes (menores de 35 años), con un gasto total (jugado menos premios) de 359 millones de euros. Y quedan las 150.000 máquinas de juego instaladas en bares, donde casi 2 millones de españoles se gastaron 2.271 millones netos (jugado menos premios). Y aunque la mayoría de estos jugadores tienen más de 35 años, un 48,5% son jóvenes.

Hasta aquí el alcance del juego online y presencial de los jóvenes. Pero queda el juego de los adolescentes, de los menores de 18 años, que juegan aunque lo tienen prohibido, gracias a que falsifican su edad o utilizan una tarjeta ajena al jugar online: se ha detectado que más del 40% de los chavales entre 15 y 17 años juegan online, aunque la Ley lo prohíbe. Y además, 1 de cada 3 adolescentes que juegan entre 1 y 3 veces al mes tienen ya problemas de adicción (un 0,7% de adolescentes tienen trastornos que hay que tratar), que se agravan cuando cumplen 18 años y pueden jugar ya legalmente. Los expertos creen que lo más peligroso para los adolescentes son las tragaperras online, donde se ha detectado que el 93% de los adolescentes que juegan están “enganchados”.

La vía de entrada más fácil y peligrosa para el juego online de los adolescentes son los videojuegos, donde se ha detectado que el 24% de los jugadores jóvenes (de 15 a 17 años) utilizan las “cajas botín ("loot boxes") para obtener recompensas en el juego a cambio de dinero. En 2021, 3 de cada 10 jóvenes gastaron dinero dentro de los videojuegos para mejorar su posición, personaje, accesorios o imagen, al margen de la compra inicial. Es una entrada al juego de los adolescentes por la puerta de atrás de los videojuegos, lo que preocupa a los expertos. Por eso, el Gobierno Sánchez aprobó en julio de 2022 un anteproyecto de Ley para regular las “cajas botín” en los videojuegos, aunque finalmente no se aprobó en el Consejo de Ministros, por el fin de la anterior Legislatura.  Entre tanto, en enero de 2023, el Parlamento europeo aprobó una resolución que insta a Bruselas a legislar sobre las “cajas botín” en Europa, después de que EE. UU. haya sancionado a Fortnite por “usar patrones oscuros para fomentar compras no deseadas, sobre todo en menores y adolescentes”.

El anterior ministro de Consumo, Alberto Garzón, prometió en 2023 que el futuro Gobierno (tras las elecciones del 23-J) aprobaría la Ley sobre las “cajas botín” en los videojuegos, pero no se ha hecho, aunque el ministro ahora responsable del juego, Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales y Consumo, ha prometido que se aprobará en 2024. Otra medida en estudio es obligar a las operadoras a establecer mayores controles para impedir el acceso de los menores a la lotería online, muy generalizada. Y el Gobierno se plantea aprobar una tercera medida, introducir un nuevo sistema para fijar límites a lo que puede gastar un jugador: ahora hay un límite por defecto por jugador (600 euros semanales y 1.500 euros mensuales), pero funciona por cada plataforma, con lo que el jugador puede “eludirlo” cambiando de plataforma, poniendo así su “nuevo marcador a cero”. En cualquier caso, es un límite meramente indicativo, porque el jugador es libre de ampliar el límite y gastar lo que quiera en jugar online. Pero el Gobierno cree que si se cambia el límite por jugador y no por plataforma (como se hace en Alemania), será una medida disuasoria para frenar el gasto en el juego online.

Estas medidas pueden ayudar, pero no dejan de ser “parches” ante un juego online que avanza imparable, sobre todo entre los jóvenes, dejando una secuela de adolescentes y jóvenes con problemas serios de juego, como denuncian las ONGs y los médicos, preocupados porque el juego patológico se ha convertido en la 3ª enfermedad mental que más suicidios provoca, tras el trastorno bipolar y la depresión. Y con el problema añadido de que la sanidad pública carece de medios para tratar la ludopatía, desde los médicos de familia a los especialistas y hospitales, con sólo 3 Unidades especializadas en grandes hospitales para tratar las adicciones del juego en toda España.

Los expertos y las ONGs que atienden a ludópatas (cada vez más jóvenes) insisten en que hay que tomar medidas más eficaces para frenar esta pandemia del juego, sobre todo online. Por un lado, habría que lanzar Campañas de concienciación sobre el juego (como se hace con el tráfico, el tabaco, el alcohol o las drogas), incluyéndolo en la formación de Colegios, Institutos y Universidades. Y por otro, habría que reforzar la sanidad pública, con especialistas y unidades especializadas conta la ludopatía, aumentando también las ayudas a las ONGs que atienden a los ludópatas. Todo ello podría financiarse con una parte de los ingresos fiscales del juego: 1.180 millones ingresados en 2022 (sólo 109 millones del juego online), que reciben básicamente las autonomías (1.035 millones).

Además, habría que tomar medidas para obligar a las plataformas a detectar y controlar mejor el juego excesivo, desde la entrada de menores a las apuestas descontroladas. La tecnología ofrece múltiples herramientas para hacerlo, para conseguir “jugar con cabeza”, aunque eso reduzca el negocio de las multinacionales del juego. Pero no podemos dejar que el juego online se multiplique sin control y destruya a parte de nuestros jóvenes, ya bastante afectados en su vida cotidiana por la precariedad y la dificultad de emanciparse. El juego en sí no es malo, para puede ser una peligrosa evasión para muchos. Actúen ya.

jueves, 6 de junio de 2019

Juego récord, online y en salones de apuestas


Antes, en las ciudades se abrían bancos, inmobiliarias y tiendas de móviles. Ahora se multiplican los salones de juegos y apuestas deportivas, donde entran ya 3 millones de españoles, la mayoría jóvenes. Y en paralelo, crece el juego online, al amparo de millones de anuncios para apostar en deportes (fomenta el amaño de partidos), casinos, máquinas y póquer online, animados por algunos famosos: el juego por Internet mueve ya 17.349 millones de euros, 2 millones cada hora, el triple que en 2013, empujado otra vez por los jóvenes. La consecuencia es que ha crecido la ludopatía, jóvenes y mayores “enganchados” al juego, online y a los salones de apuestas, que son “los billares” de hoy. Y nadie lo frena, mientras sigue sin aprobarse (desde 2015) un Decreto para controlar y frenar la publicidad del juego, que se hace incluso en horario infantil. Urge controlar desde el futuro Gobierno y las nuevas autonomías este “boom” del juego, que lleva el drama a muchas familias. Actúen ya.


Los españoles seguimos enganchados al juego, con un gasto que crece año tras año y que alcanzó en 2017 los 41.827 millones de euros, un 30% más que antes de la crisis (32.139 millones gastados en 2008), según el último Informe sobre el juego elaborado por Codere y la Universidad Carlos III. Pero lo que está cambiando es a lo que jugamos: ha bajado lo que jugamos a la Lotería (de 10.047 millones en 2008 a 8.917 en 2017), en la ONCE (de 2.100 millones a 1.992), en los casinos (de 2.287 a 1.873 millones) y bingos (de 3.378 a 1.973), así como en las máquinas de los bares (de 11.805 a 8.879 millones), mientras se han disparado las apuestas deportivas presenciales (de 20,6 millones en 2008  a 1670,8 en 2017), lo que se gasta en los salones de juego (de 2.264 a 2.756 millones) y, sobre todo, en el juego online (que se ha triplicado: de 5.673 millones en 2013 a 17.350 en 2018).

Este es el dinero que mueve el juego, pero al final, el negocio está en lo que se queda en el sector, tras descontar los premios y las devoluciones. Y ahí, el margen del juego supuso 9.408 millones de euros en 2017, un 22,5% de lo jugado, con muchos más ingresos netos para el juego presencial (8.829 millones) que para el online (579 millones), según el informe Codere. El mayor margen lo consigue Loterías (34,6%), seguido de las máquinas de juego (28,2%), el juego presencial (26,6%) y los salones de juego (22,5%), siendo menos rentables la Once (10,4% de margen), bingos (6,4%), casinos (3,7%) y juego online (4%).

El juego online, legalizado en junio de 2012, mueve ya un tercio del dinero del juego total en España, tras triplicar el dinero jugado, desde los 5.673 millones de 2013 a los 17.349 millones jugados en 2018, un 27% más que en 2017, que fue un año récord (13.673 millones, por el empujón del Mundial de fútbol), según los datos de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), en Hacienda. Son 47,5 millones al día, 2 millones jugados cada hora.  El 47,35% del juego online se dirige al segmento Casino (6.962,66 millones jugados en 2018), donde destacan las apuestas en máquinas tragaperras online (3.444 millones, 7 veces lo jugado en 2015, cuando se autorizaron), la ruleta (3.600 millones) y el black jack (1.109 millones). El otro 40,13% del juego online son las apuestas deportivas (6.962 millones), una parte las apuestas tradicionales (2.014 millones) y dos tercios (4.753 millones) para apuestas en directo, sobre múltiples variables de la competición. Tras estos dos segmentos de apuestas online, quedan el póquer online (2.071 millones jugados en 2018, un 12% del juego online), el bingo online (99,27 millones) y los concursos (1,66 millones).

El “boom” del juego online se apoya en el auge de Internet y el uso masivo de los teléfonos inteligentes, que permiten jugar a cualquier hora, en cualquier lugar, con total privacidad y sólo con una tarjeta de crédito. Pero en España, el negocio del juego online, dominado por multinacionales extranjeras, ha sido además apoyado por varias decisiones del Gobierno Rajoy, claves en su crecimiento. La primera, cuando en diciembre de 2017 abrió por tercera vez la ventanilla a nuevas licencias, lo que ha permitido ampliar los operadores del juego a los 54 actuales. La segunda, cuando en enero de 2018 se autorizó partidas de póquer entre jugadores de España, Francia, Italia y Portugal, hasta entonces prohibidas. La tercera, el haberse ido Rajoy sin que su Gobierno aprobara un Decreto para controlar la publicidad del juego online, en un cajón de Hacienda desde 2015. Y la cuarta y fundamental: bajar los impuestos al juego, en el Presupuesto 2018: Montoro les bajó el tipo del 25 al 20% y se aplica además sobre el margen neto (antes sobre el bruto). Y por si fuera poco, se les baja al 10% si instalan la empresa en Ceuta y Melilla. Un “gancho” a las multinacionales del juego para que cambien de Gibraltar a estas ciudades autónomas, de cara al Brexit, que convertirá el Peñón en una colonia al margen de la UE, invalidando su actual licencia comunitaria.

Al margen de estos múltiples apoyos del Gobierno Rajoy, las empresas del juego online han aprovechado la falta de una regulación sobre la publicidad del juego para inundarnos de anuncios sobre el juego online (en TV y radio, antes y durante los partidos, en prensa y sobre todo en Internet) lo que ha sido el principal impulso para su negocio. De hecho, los anuncios de juego online saltaron de 128.000 en 2013 a 2,7 millones en 2017 y más de 3 millones en 2018, según Infoadex, que habla de 137.285 anuncios sólo en TV, muchos con el gancho de jugadores, presentadores o actores famosos y el 44,5% en horario infantil, según denuncia el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC). Los gastos de marketing del juego online se han triplicado en los últimos años, pasando de 111 millones en 2013 a 328,5 en 2018, según la DGOJ, sobre todo los gastos en publicidad (de 67,59 en 2013 a 168,07  millones en 2018) y en bonos de promoción para que el cliente “pruebe” (de 30,5 millones a 116,1), sin olvidar otros 30,96 millones gastados en “afiliados” y 13,38 millones en patrocinio. De hecho, 19 de los 20 equipos de fútbol de Primera División (todos menos la Real Sociedad) tenían contratos de patrocinio con operadores de juego. Y 6 de los 22 equipos de Segunda División. Y La Liga tiene el patrocinio de Sportium (salones de apuestas de Cirsa y Ladbrokes).

Las apuestas online atraen a millones de jugadores hacia el fútbol, el tenis y otros deportes (menos). De hecho, las apuestas deportivas suponen más de la mitad (el 55,4%) del margen neto (cantidades jugadas menos premios y devoluciones) del juego online: aportaron a las empresas del juego 365 millones en 2018, según la DGOJ. Y La Liga española se ha convertido en la competición futbolística que más apuestas deportivas concentra, por delante de la Premier británica, la Bundesliga, la Ligue 1 francesa o la Serie A italiana, según la publicación Online Gambling Quartery. En el primer trimestre de 2019, los apostadores online tuvieron 11.550 sucesos futbolísticos europeos para apostar cada día y 2.400 estaban vinculados a la Liga española. Muchísimo dinero en juego que explica el auge del amaño de partidos, como el recientemente detectado en España.

El juego online, por las apuestas deportivas, las tragaperras online, el póquer y la ruleta, atrae cada año a más españoles, sobre todo a jóvenes que juegan en el móvil y la tablet. Los jugadores activos (que han jugado en el último mes) se han más que duplicado, pasando de 637.400 en 2013 a 1.465.129 en 2018, según la DGOJ, que da el dato de más de 3 millones de cuentas de juego, 833.525 activas al mes. El perfil del jugador online es un hombre (83%), menor de 46 años (un tercio de los jugadores tienen entre 26 y 35 años), con cierto nivel de estudios y un estatus económico medio-alto, según la DGOJ. Gastan una media de 9.500 euros al año y en conjunto pierden una media de 293 euros/año por jugador.

Aunque el juego online tiene menos retorno de beneficios (su margen fue del 4% de lo jugado en 2018) que el juego presencial (31% de margen), su potencial es mucho mayor, por los millones de internautas que pueden jugar fácilmente y los menores costes a medio plazo, una vez establecida la plataforma, salvo el marketing. Por eso, todas las grandes multinacionales del juego (la mayoría británicas y con sede en Gibraltar, Malta o isla de Man) operan en España: Ladbrokes, William Hill, Bet365, 888, Betfair, Playtech, Microgaming, GyC (Bwin), PokerStars… Y en 2018, se produjo  además un desembarco de fondos de inversión extranjeros en las dos principales empresas españolas del juego: Codere (comprada por 3 fondos internacionales de capital riesgo) y Cirsa (vendida en abril al fondo Blackstone).

Junto al juego online, el otro “boom” del juego son los salones de apuestas y juego, que se han multiplicado por los barrios de las grandes ciudades. Hay dos tipos: los salones de apuestas deportivas (Sportium tiene 2.500 locales, Codere más de 1.000  y 500 Reta) y los salones de juego, unos locales (de 100 a 300 m2) donde se ofrecen a la vez apuestas online, máquinas con tecnología avanzada, pantallas de TV con retrasmisiones deportivas y bebidas. Son “centros de ocio”, donde apostar y pasar el rato con los amigos, al estilo de los antiguos “billares” de barrio. Cada día se abren más y existen 3.150 salones de juego (según la patronal ANESAR), la mitad propiedad de 20 grupos empresariales y el resto pymes, la mayoría empresas con casinos, bingos, fabricación y distribución de máquinas de juego y tragaperras y concesionarios de juego online. En total, existen unas 600 empresas detrás de estos salones de juego, según la DGOJ, de las que sólo 3 tienen más de 100 salones (Jocker, de Vidamatic tiene 153, Toka, de Cirsa tiene 111 y Orenes 105), 4 empresas tienen entre 51 y 100 salones (Solpark 63, Atzar 55), 17 tienen entre 10 y 50 y 580 tienen menos de 10 salones.

Ambos negocios, los locales de apuestas deportivas y los salones de juego están hoy en el punto de mira de las empresas del juego, españolas y multinacionales, porque su margen es muy elevado, porque se abren con poco personal  y el dinero lo dan las sofisticadas máquinas instaladas (37.371 en total), donde se juegan unos 300 euros de media al día, lo que reporta 46 euros de beneficio por máquina, según el informe de Codere. Y a eso sumamos los márgenes por las apuestas, la rentabilidad de las ruletas electrónicas y las consumiciones (bebida y sándwich). No es extraño que estos salones de juego crezcan como hongos, sobre todo en los barrios con más jóvenes y cerca de colegios e institutos: 1 de cada 4 nuevos salones en Madrid están a menos de 150 metros de centros educativos, según un sondeo hecho por El País, aunque las empresas dicen que impiden la entrada a menores.

El éxito de los salones de juego es tal que el 9% de los adultos reconocieron en 2017 haber entrado en uno de estos salones de juego (frente al 3,5% en 2014), lo que indica que los visitan 3 millones de españoles. El perfil del cliente es hombre (11,8% adultos hombres los han visitado frente al 5,1% de las mujeres), joven (dos tercios de los clientes tienen menos de 35 años) y también muchos inmigrantes (12,4% de ellos los visitan).  El mayor número de salones está en Andalucía (746 en 2017), Madrid (385), Comunidad Valenciana (382), Murcia (325), Canarias (206) y País Vasco (206). Su regulación es autonómica y hay una tremenda disparidad normativa, con autonomías más o menos permisivas (Canarias prohíbe abrir salones a menos de 300 metros de colegios, Galicia a 150 y Madrid a menos de 100 metros).

En todos los casos, las empresas del juego se defienden de las críticas recordando que crean empleo (84.702 empleos directos y 167.401 indirectos), aportan riqueza y muchos impuestos y cotizaciones. Pero el juego paga ahora menos impuestos: 1.658 millones en 2017 frente a 2.007 millones en 2007, según el informe de Codere. La mayor parte son impuestos autonómicos (al juego presencial), con una recaudación de 1.094 millones en 2017 (212 millones en Cataluña, 150 en Andalucía, 146 en Madrid y 137 en Valencia, unos ingresos muy jugosos…), siendo mucho menores los ingresos del Estado central: 114 millones en 2017 por impuestos y tasas al juego online y presencial y 450 millones por impuestos sobre premios que pagan los jugadores. Y luego están los 328,5 millones que el juego gasta en patrocinio y publicidad, en beneficio de empresas de medios (TV, radios, periódicos, Webs), que quizás por eso no informan apenas del “boom” del juego en España y sus riesgos.

Un “boom” del juego que cada vez preocupa más a las familias y a los médicos, porque ha disparado la ludopatía: entre un 3,5% y un 6,3% de la población mayor de 18 años tiene “algún riesgo con el juego”, según el último informe de la Dirección General del Juego (2016). Son entre 1.318.724 y 2.373.704 españoles, según el padrón del INE. Y de ellos, el estudio considera que son “jugadores patológicos” (enfermos) entre el 0,3 y el 0,9% de los adultos, entre 113.000 y 339.000 españoles. Pongamos que hay 200.000 ludópatas. Demasiados. Y sobre todo, por dos razones: porque cada vez son más jóvenes los que se “enganchan” (algunos médicos hablan que el juego es “la heroína online”) y porque la sanidad pública no tiene medios para afrontar esta enfermedad, ni en los Centros de salud ni en los hospitales (sólo hay 3 unidades especializadas contra la ludopatía), con lo que las familias sólo cuentan con la ayuda de ONGs especializadas (sin medios), como FEJAR o AZAJER.

Es hora de que el futuro Gobierno central y las nuevas autonomías afronten juntos el grave problema que acarrea el “boom” del juego en España, sobre todo online y en los salones de juegos y apuestas, con un grave riesgo para los jóvenes. La primera medida a tomar es clara: aprobar cuanto antes el Decreto para controlar y frenar la publicidad del juego, un acuerdo que tomaron el PSOE y Podemos en 2018 pero que no pudo aprobarse al rechazarse los Presupuestos y convocarse elecciones. Hay que prohibir la publicidad del juego en horario infantil y durante los partidos, además de limitarla en general, como se hace con el tabaco y el alcohol. Y suprimirla en las TV públicas, como se ha aprobado ya para Telemadrid y ETB (TV vasca). Además, las autonomías tienen que congelar las autorizaciones de salones de apuestas y juego, revisando los actuales y multando severamente a los que dejen entrar a menores. Urge también aprobar un teléfono público de ayuda a la ludopatía (como el 112 o el 016 del maltrato) Y establecer mecanismos eficaces en las Webs del juego que detecten y expulsen a los jugadores más convulsivos y con historial de juego excesivo. Y además, establecer una tasa adicional sobre todo el juego (bastaría un 0,25% para recaudar 105 millones de euros) para costear un Fondo de ayuda a la ludopatía, con el que mejorar la prevención sanitaria y crear unidades especializadas en al menos un hospital público en cada autonomía. Que el negocio del juego ayude a los que enferman por él.

No se puede prohibir el juego y menos poner puertas a Internet. Pero sí se debe intentar controlarlo y asegurarse que crezca de forma sensata y compensar sus efectos negativos, la ludopatía, que está hundiendo a muchas familias. El juego puede ser un ocio saludable, que aporte entretenimiento e ingresos, pero se ha disparado de forma preocupante. Los Gobiernos deben frenar los excesos y controlar más el juego antes que sea una epidemia. Empiecen ya.