Mostrando entradas con la etiqueta híper. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta híper. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2025

Alimentos: un tercio más caros que en 2019

La inflación repunta algo, aunque ronda el 3%. Pero aunque los precios parecen más controlados, siguen subiendo los alimentos, sobre todo los frescos. Y las subidas se acumulan: los alimentos han subido un 35,3% desde la pandemia, no sólo en España sino en la mayoría de Europa. Una subida que ha afectado más a las familias con menos ingresos, que consumen ahora menos carnes, pescado, frutas y verduras. Y quien se benefician son los súper con marcas blancas (sobre todo Mercadona, que controla el 27,3% de todas las ventas), que siguen ganando la partida a los híper y a las tiendas tradicionales (han desaparecido 50.000 tras la pandemia). En estos años, los consumidores hemos cambiado los hábitos de hacer la compra: ahora compramos más veces y menos cantidad, mirando varias cadenas para buscar ofertas y promociones. Lo más preocupante es que la crisis climática (sequías, inundaciones, fenómenos extremos…) está ya subiendo el precio de los alimentos, subida que irá a más.

                          Los alimentos, lo que más ha subido tras la pandemia

Los españoles gastamos cada semana más en el carro de la compra, aunque la inflación parezca controlada (+3% anual en septiembre, muy lejos del 6% que subía en febrero de 2023 o del 10,8% de subida en julio de 2022). Pero los alimentos, aunque suben menos que la luz o los carburantes, siguen aumentando de precio cada mes y esas subidas se acumulan en los últimos 5 años, tras la pandemia, lo que explica que los veamos mucho más caros. De hecho, los alimentos son la partida de gasto que más ha crecido en el IPC desde enero de 2020 hasta agosto de 2025: +35,3% de subida acumulada, según el INE, por encima de la subida media de todos los precios (+22,3%) y también más de lo que han subido estos años hoteles, bares y restaurantes (+28,3%), los gastos de la vivienda (+22,4%), bebidas (+21,9%), ocio (+16,6%) y transporte (+16,4%) .Y por supuesto, los alimentos han subido casi el triple que los sueldos: +16,64% han subido los convenios desde 2020.

Y esto no ha pasado sólo en España: en toda Europa, los alimentos han subido un tercio desde 2019 (+33%), según un estudio del BCE, que destaca las mayores subidas acumuladas en el café, cacao y chocolate (han subido más del 50%), la mantequilla (+50%), la leche (+40%) y las distintas carnes (+30%). Por paises, las mayores subidas acumuladas de los alimentos se han dado en los paises bálticos (+52-57%), seguidos de Paises Bajos (+39%), Bélgica (+38%) y Alemania, ocupando España un lugar intermedio (+34% subida de los alimentos entre 2019 y 2024), con Portugal (+32%) y Grecia (+30%), subiendo menos en Irlanda (+26%), Francia (`+27%), Italia (+28%), Finlandia (+25%) y Chipre (+20%).

Tras estas fuertes subidas desde 2019, los alimentos se llevan ahora una mayor parte de los gastos totales de las familias, en Europa y en España. Así, en 2024, el gasto medio de las familias españolas en alimentación fue de 5.391 euros, el 15,8% del gasto total (34.944 euros), frente a los 4.286 euros que nos gastábamos en comida en 2019, que representaban el 14,17% del gasto total, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. Eso consolida a los alimentos como la 2ª mayor partida de gasto de los hogares, sólo por detrás de los gastos de la vivienda (11.029 euros anuales, el 32,4% del Presupuesto familiar).

La inflación acumulada en los alimentos no sólo provoca que se lleven más parte del gasto familiar, sino que además, se llevan más en los hogares con ingresos medios y bajos, donde “pesa más el gasto de la comida tras la pandemia. Así, en las familias con ingresos bajos y medios ha subido más el porcentaje del gasto que se llevan los alimentos (del 18,1%/15,8% y 13,8% al 19,4%/17,9% y 15,8%), aunque también ha subido en los hogares con más renta. Y curiosamente, en el 20% de hogares con menos recursos, el peso del gasto en alimentación ha bajado (del 20,3 al 19,9%), porque se han visto forzados a gastar menos.

Los alimentos que más han subido estos años (agosto 2019-agosto 2025) han sido, según el IPC del INE, el café (sube +20,2% anual ahora), el chocolate (+18,8%), los huevos (+17,8%), la carne de vacuno (+15,5%), las patatas (+9,5%) y las legumbres (+10,1%), destacando sólo la fuerte bajada actual del aceite (baja un 43,7% anual). Si analizamos sólo la subida de los alimentos en el último año, en septiembre subían un +3% anual, la menos subida de la comida en los últimos 4 años, según el estudio de precios de la OCU (analiza 106.320 precios en 786 establecimientos de 183 ciudades). Pero hay una gran diferencia en la subida según que los alimentos sean envasados (suben +0,8% en el último año) o frescos: suben un +6,7% anual, sobre todo las frutas y verduras (+8,2%) y las carnes (+7%), aumentando el precio del pescado un 3,4% anual. Esto lleva a que muchas familias estén reduciendo su compra de carnes, frutas, verduras y pescados, deteriorando su dieta y su salud.

El gasto medio anual en alimentación es de 6.259 euros por familia, según la OCU, aunque varía mucho según el tamaño de la ciudad donde se viva (las grandes ciudades son más caras). Y también varía mucho según dónde se compre: la diferencia puede llegar a ser de 1.132 euros de media entre los establecimientos más caros (Sánchez Romero, Supercor y Sorli Discau) y los más baratos (Dani, Alcampo, Tifer y Family Cash), siendo esta diferencia mucho mayor en Madrid y otras grandes capitales.

La subida de los alimentos y la mayor competencia en precios y promociones han cambiado los hábitos de los consumidores a la hora de hacer la compra, según un reciente estudio de Worldpanel: los consumidores hacemos ahora más visitas a los establecimientos y compramos menos cada vez, las cestas son más pequeñas (no cargamos el carro ni el coche como antes, también por el aumento de mayores y jóvenes consumidores). Y si antes de la pandemia íbamos casi siempre a comprar al mismo sitio, ahora visitamos más de una tienda, incluso el mismo día, para comprar precios y promociones. Otro cambio que se asienta es que compramos más “marcas blancas cada vez: la marca del distribuidor ha pasado de representar el 43% de las ventas en 2023 al 45,9% en 2025, un máximo histórico. Y además, cada vez compramos en las tiendas más comida preparada, que compensa el que estamos saliendo menos a comer fuera (¡ por los precios de bares y restaurantes ! ).

Otro hábito de compra que gana terreno es ir a los supermercados de proximidad, que siguen ganando cuota (39,2% del total)  gracias sobre todo a sus “marcas blancas”. Y llama la atención que el líder de los súper, Mercadona, gana cuota de mercado mes a mes: en agosto, acaparaba el 27,3% de todas las ventas (de alimentación y limpieza) y, lo más llamativo, había sido visitado por el 91,3% de todos los compradores ese mes… Le sigue Carrefour, con un tercio de cuota (9%), la alemana Lidl (6,9% cuota), el grupo Eroski (4,3%), Dia (3,7%), Alcampo (2,8%) y la otra alemana, Aldi (1,9%), aunque todo el grupo IFA capta el 10% de las ventas totales, según los últimos datos de Worldpanel.

Todas estas cadenas ganan cuota, salvo Carrefour y Alcampo, que sufren el reflujo de los hiper, que es el establecimiento que ha perdido más clientes y ventas en las dos últimas décadas, suponiendo ahora sólo un 10% de la cuota total. Alcampo (80 híper) ha recortado tiendas (-25) y plantilla (-710 empleados), mientras en Francia se habla de su posible fusión con Carrefour (204 establecimientos en España). Y el tercer híper francés, eLeclerc (12 híper en España) también se propone reducir plantilla. También pierden peso en España las tiendas tradicionales de barrio (15,4% de la cuota) : ya son menos de 500.000 locales y se han perdido 50.000 comercios minoristas desde 2019, por los súper de proximidad y el comercio electrónico, según este estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

En definitiva, que los españoles miramos cada vez más los precios de la cesta de la compra y comparamos ofertas y promociones, yendo más veces a comprar y cargando con menos productos aunque haya que ir más veces al súper. Y tratamos de adaptar la compra a los precios, comiendo menos de lo que es más caro y buscando ofertas y marcas blancas. Y además, crecen los consumidores mayores, muchos de ellos solos, que están modificando lo que se compra y la oferta de la industria alimentaria, mientras no acaba de avanzar la cesta de la compra electrónica, aunque sí las compras que se entregan en casa.

Cara al futuro, el precio de los alimentos va a seguir oscilando con la demanda y las épocas del año (en verano y Navidad siempre serán más caros). Y seguirá a fondo la guerra de precios, en muchos casos a costa de un deterioro de la calidad de los productos y de “trampas” (como vender productos al mismo precio pero con menos peso o volumen). Pero lo más preocupante es que la crisis climática afecta muy negativamente a la cesta de la compra, porque las olas de calor, la sequía, las heladas o el granizo y las inundaciones deterioran las cosechas y fuerzan a subir los precios de los alimentos, sobre todo los productos frescos. Una crisis climática que ya está elevando los precios de muchos alimentos en el mundo (café, cacao, cereales o arroz) y que sufriremos más cada año en nuestros bolsillos.

 Así que ya lo saben: comer y beber será cada vez más caro y de peor calidad, mucho importado. Y dado que la alimentación es nuestro 2º mayor gasto, este encarecimiento de la comida afectará cada vez más a nuestros bolsillos y será clave en los vaivenes mensuales de la inflación. Es lo que viene.

jueves, 24 de marzo de 2016

Crece el carro de la compra


Los españoles vamos con más alegría a la compra, tras estos años de crisis donde hemos llenado menos el carrito de casi todo, también de menos comida. En 2015, el consumo del hogar creció un 1,7%, el mayor aumento desde 2008. Compramos más alimentos frescos pero menos carnes, quizás por el informe de la OMS. Y ya no nos fijamos tanto en los precios, aunque seguimos volcados en las ofertas y las “marcas blancas”, cuyas ventas se han estabilizado. Para 2016, se espera otro aumento del consumo en el súper, no sólo de comida sino también de artículos de perfumería y cuidado personal. Eso sí, compramos poca comida por Internet, el gran reto pendiente de los grandes supermercados. Mientras, Mercadona, Día, Carrefour y Lidl crecen y acaparan casi la mitad de las ventas totales, imponiendo marcas y subiendo precios ahora que repunta el consumo. Y entre esa concentración en el súper y el cambio climático (malas cosechas), comer vuelve a ser más caro.
 

enrique ortega


Llenar el carro de la compra es el segundo mayor gasto de las familias españolas, tras el gasto en vivienda, agua y energía (32,4%): supone un 14,9% del presupuesto total, 4.028 euros de media en 2014, según la Encuesta de presupuestos familiares del INE. Y con la crisis, la mayoría de las familias restringieron este gasto de consumo, incluso de alimentos, para sacar dinero para pagar gastos más urgentes, como la casa, la luz, el teléfono o el colegio. Ahora, los datos recientes indican que las familias ya compran algo más: en 2015, el gasto de los españoles en alimentación, limpieza y perfumería ha sido de 71.000 millones de euros, un 1,7% más que en 2014, el mayor aumento de gasto desde 2008 (+4,6%), según el informe Nielsen 360. Si descontamos que el precio medio del carrito de la compra subió un 0,7%, eso significa que los españoles hemos comprado un 1% más en 2015. No es mucho, pero supone un cambio de tendencia.

Hemos llenado algo más el carrito de la compra porque hay más españoles trabajando (+959.000 nuevos empleos entre 2014 y 2015, aunque sean precarios) y porque los que tienen empleo ganan algo más (los sueldos subieron un 0,75% en 2015) y pagan algo menos de impuestos (han bajado las retenciones), mientras les han bajado algunos precios (como los carburantes o la luz) y las hipotecas, recuperando parte de la extra los funcionarios. Por todo ello, se ha hecho la compra con algo más de “alegría”, lo que se ha traducido en un gasto medio por familia de 4.179 euros en 2015, 41 euros más que en 2014, según el informe de  Kantar Worldpanel. Lo que más creció fueron las compras de productos frescos(+3,3%), sobre todo frutas (+9,8%) y verduras (+8,1%), pero también los alimentos envasados (+2,4%), las bebidas (+2,1%), los artículos de droguería (+1,7%) y perfumería (+0,3%). Sólo bajó en 2015 el consumo de carnes frescas (-2,2%), quizás por efecto del informe de la OMS que alertaba sobre el excesivo consumo de carnes preparadas: hay 500.000 españoles menos que compran ahora hamburguesas, salchichas y carne picada.

Las familias han ido a la compra mirando los precios pero no tan obsesionadas con las ofertas como en los años pasados: el precio ha pasado del 4º al 7º motivo para comprar, ganando peso la limpieza del súper, la calidad de los productos y el disponer de una oferta completa. Aquí, ha cobrado mucha importancia la oferta de alimentos frescos, que antes se compraban aparte y ahora se compran cada vez más en el súper, con el resto del carro. Eso se debe a que todos los grandes de la distribución se han volcado en mejorar la oferta de frutas, verduras, carnes y pescados, que suponen un tercio de las compras mensuales. Y con ello, las familias cargan más en su visita al súper y ahora van menos veces al mes. Otro cambio en los hábitos de compra es que crece el plato único y el “picoteo” (porque se cena de manera informal y antes, con lo que se acaba comiendo algo antes de irse a la cama). Y crece también la compra de comida extranjera (sushi, guacamole, noodles).

En paralelo, las familias siguen apostando por hacer sus compras en los supermercados (medianos y pequeños), alejándose de comprar en las tiendas tradicionales de barrio: en los últimos 30 años han desaparecido 70.000 tiendas de barrio. Actualmente sólo se mantienen 23.000 tiendas pequeñas, frente a 18.527 supermercados (había 1.622 en 1985), 9.016 autoservicios, 449 hipermercados (había 72 en 1985) y 10.442 droguerías.

Las compras las hacemos cada vez más en las 6 grandes cadenas de distribución, ligadas a supermercados e hipermercados. El líder sigue siendo Mercadona, con el 22,3% de las ventas en 2015 (vendió 20.831 millones de euros, un 3% más, ganando 611 millones). Ya vende tanto como los tres siguientes: Grupo Día (8,6% mercado), Carrefour (8,5%) y Eroski (6,2%, el único que perdió cuota en 2015). Y completan el ranking Auchan (Alcampo), con el 3,8% de cuota, y el súper alemán Lidl, con el 3,6%, que ya este año 2016 se ha colocado en 5º lugar, tras ser el súper que más crece, junto al grupo Día. La previsión de Kantar Worldpanel es que Mercadona, Día, Carrefour y Lidl ganen un 0,5% de cuota de mercado cada uno en 2016, en perjuicio de Auchan, Eroski y las tiendas tradicionales.

Con tanto poder de venta, estos grandes supermercados siguen imponiendo sus “marcas blancas” en las estanterías de sus centros, aunque se han estancado las ventas en 2015, como ya sucedió en 2014. Así, las “marcas blancas”, de distribuidor, se llevaron el 33,8% de las ventas en 2015, un porcentaje similar al de 2014 (33,9%) y al de 2013 (33,9%). Y eso ha pasado tanto en alimentación (36,5% marcas blancas) como en droguería (48,9% marcas blancas) o perfumería (12,1%), donde la cuota de los distribuidores se ha estabilizado. Las razones son varias: algunos productos y marcas han subido precios (aprovechando que el cliente está “enganchado” a las marcas blancas), se han lanzado pocos productos nuevos y las marcas del fabricante han reaccionado, lanzando ofertas y precios más competitivos.

Con todo, las “marcas blancas” de alimentación, droguería y perfumería han venido para quedarse, con o sin crisis. Y la prueba es que las compran todas las clases sociales: suponen un 55,5% de todas las unidades vendidas (en volumen) en los súper (y un 33,9% en dinero), y ese porcentaje de compras “blancas” se mantiene en las clases alta y media alta (53,1% compras), en la clase media (55,4%) y en la clase más baja (55,8%), según un estudio de Kantar Worldpanel.  Eso significa que las marcas blancas tienen su propia reputación, de buena relación calidad-precio. Y que están consolidadas en nuestros hábitos de compra, a pesar de que resten innovación a los alimentos. De hecho, en 2015 sólo salieron al mercado 118 productos innovadores y 9 de cada 10 fueron de marcas de fabricantes. Los grandes supermercados “pasan” de ofrecer artículos innovadores: Mercadona sólo vendió el 10% y Lidl el 2%, mientras Alcampo ofrecía el 40% y Carrefour el 70%. Eso resta competitividad a una industria, la agroalimentaria, que es la segunda mayor industria española, tras el turismo.

Este año 2016 se espera que vuelva a crecer el carrito de la compra, más incluso que en 2015, no sólo con alimentos (sobre todo frescos) sino también con artículos de perfumería y cuidado personal (cremas, colonias, etc.), donde han empezado a competir los súper. Y que aumenten las ventas de alimentos no cocinados (para hervir y plancha) y saludables, con ofertas específicas para mayores y hogares unifamiliares, los nuevos nichos de mercado. Y, sobre todo, los grandes supermercados se van a volcar en vender por Internet, la gran asignatura pendiente del sector. Mercadona, por ejemplo, sólo vende un 1% del total por la Red, una parte del negocio que le acarrea 40 millones de euros perdidos al año.

Y es que “el carrito de la compra online” no tira en España, a pesar de que somos un país de internautas. Las compras online crecieron un 10% el año pasado pero sólo suponen un 0,9% de las compras totales de alimentos, droguería y perfumería, frente al 3,9% que supone el consumo online a nivel mundial (y el 5% en Francia o Reino Unido). Las familias usan Internet para comparar precios antes de hacer la compra, pero luego van al súper y cargan el coche con comida y artículos de limpieza y perfumería. ¿Qué sucede? Por un lado, la mentalidad de los españoles no es comprar comida por Internet: nos gusta mirar, comparar y comprar. Además, los precios y a veces los gastos de envío no compensan y nos exige estar en casa para recogerlo. Pero, sobre todo, las grandes cadenas tampoco se han volcado en Internet: todavía piensan que un consumidor gasta más si va a la tienda y se ve obligado a pasear por ella para comprar, comprando “por impulsos” más de lo que pensaba al ir.

Pero todo apunta a que en los próximos años, Internet va a revolucionar también las compras de alimentos, que crecerá el “e-carrito”, con la renovación digital de los actuales supermercados (Mercadona va a invertir a lo grande en ello) y nuevas empresas, como Amazon, que en septiembre pasado inició la venta online de alimentos y productos de limpieza. Por un lado, aumentará con las compras online de leche, zumos y bebidas, pañales y alimentos para mascotas, las “compras de maletero”, que pesan y abultan y que nos pueden mandar a casa. Y por otro, se espera que sigan creciendo las compras online de perfumería y limpieza, productos donde el e-commerce tiene ya hoy la mayor cuota de ventas.

Este año 2016 se espera un nuevo repunte del carrito de la compra, según Nielsen y Kantar Worldpanel, con más ventas de productos frescos, horno y panadería, así como perfumería y cosmética. Y aunque seguirán las ofertas y las guerras de precios, todo apunta a que volverán a subir globalmente los precios, ante la mayor demanda. Es lo que pasó en 2015: los alimentos subieron un 1,8%, a pesar de que la inflación global acabó en el 0%. Y lo mismo está pasando en 2016: en los dos primeros meses, los alimentos han estabilizado su precio (+0%), a pesar de que la inflación total ha bajado al 2,3%. Y están subiendo los cereales, el pan, las carnes, el pescado, los lácteos y las legumbres, según el INE. Con un clima tan cambiante, fallan muchas cosechas y eso, junto al mayor consumo, encarece los alimentos.

Otra cosa que se espera en 2016 es que los grandes supermercados refuercen su poder, que aumente la concentración en el sector, menor en España que en el resto de Europa: aquí, los 5 grandes (Mercadona, Día, Carrefour, Eroski y Lidl) coparán este año el 48% del mercado de gran consumo, mientras en Portugal controlan el 89% del mercado, en Reino Unido el 80%, en Francia el 58% y en Alemania el 55%. El camino ya se inició en 2014, con la venta de 160 súper de Caprabo/Eroski  a Día y seguirá este año con la venta de 36 híper de Eroski a Carrefour. Y Mercadona abrirá 60 nuevas tiendas en 2016. Más poder para unos pocos, que nos “imponen” sus marcas, sus descuentos, sus promociones y mucho de lo que comemos. Y que imponen a agricultores, ganaderos e industrias sus condiciones y precios, quedándose con la mayor parte del beneficio de los alimentos, en su camino del campo al plato. Es lo que hay y poco podemos hacer, salvo comprar con cabeza, no con la vista. Atentos al carrito.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Guerra de precios en el supermercado


La inflación lleva ya cuatro meses en negativo (hacen falta 12 meses para caer en la deflación), por la bajada del teléfono, los carburantes, el ocio y los alimentos, que han caído un -0,2 % en lo que va de año. Ahora, la cesta de la compra seguirá bajando, por la caída del consumo y el exceso de oferta, derivado de las buenas cosechas y las menores ventas a Rusia. Otro factor clave será la guerra de precios en los supermercados, que se está acelerando, ahora en los alimentos frescos. Una guerra comercial que está cambiando en 2014: bajan precios las marcas de fabricante y los suben algunas marcas blancas, que han frenado su avance. Mercadona toca techo, mientras crecen Día, Lidl y Carrefour. Pero todos ganan fuerza frente a la industria alimentaria (reduce márgenes) y frente al campo (el eslabón más débil de la cadena), que cobra menos por sus productos. Al final, ganamos los consumidores, pero a un alto precio para fabricantes y productores.
 
enrique ortega

Los alimentos llevan subiendo cuatro meses seguidos, desde julio, poco y más ahora(+0,5% en octubre), por efecto de la mayor demanda estival (por el turismo), la sequía de primavera y las subidas de precios en los mercados internacionales. Pero como habían caído antes, desde febrero, al final los alimentos son ahora más baratos que a principios de año: sus precios han caído -0,2%, sobre todo los alimentos elaborados (-0,3%), lo que ayuda decisivamente (la alimentación supone un 20% del IPC) a que la inflación anual lleve cuatro meses en negativo (-0,1% en octubre), junto a las bajadas en las comunicaciones (- 5,7% anual), el ocio y la cultura (-1,9%), los carburantes (-1,1%), el menaje del hogar (-0,6%) y los gastos médicos (-0,2%).

Ahora, la industria de la alimentación teme que los precios de los alimentos caigan, por el efecto de varios factores. El fundamental, que cae la demanda, por culpa de la crisis, el paro y los salarios bajos: el gasto de los españoles en alimentación cae este año un -0,7%, según la OCU, tras las caídas de 2012 y 2013. Pero también cuenta que hay más oferta de alimentos, por las buenas cosechas de algunos productos (aceite y vino) y el recorte de las ventas de alimentos españoles a Rusia, por las sanciones europeas. Con ello, la industria alimentaria teme una mayor bajada de precios, sobre todo entre los alimentos frescos y algunos elaborados, que ya han bajado mucho en el último año, según el IPC: azúcar (-15,6%), patatas (-15,3%), aceites (-8,6%), huevos (-3,6%), cerdo (-2,8%), pollo (-2,5%) y bebidas alcohólicas (-1,4%).

Pero hay otro hecho que juega a favor de la bajada de precios: la fuerte competencia entre los supermercados, donde la caída de las ventas ha agravado la guerra de precios, multiplicándose las ofertas, los descuentos e incluso las ventas a pérdida de “productos escaparate” (los productores han denunciado casos en el vino, el aceite, la leche, el pollo, el pan y algunas frutas). Y esta guerra de precios tiene ahora mismo tres frentes de batalla que están cambiando sin parar: distribuidores contra fabricantes, fabricantes contra productores (agricultores y ganaderos) y distribuidores entre sí. Veamos.  

Los distribuidores son el eslabón más fuerte de esta cadena y tratan de afrontar la caída de ventas con una rebaja de precios, para mantener sus márgenes. Y para ello, presionan a las industrias alimentarias, para que les den más por menos, aprovechando su fuerza: los cinco principales distribuidores controlan el 64% de las compras (Mercadona el 27%, Carrefour el 12,2%, Eroski y Día el 9,5% y Alcampo el 5,8%). Un oligopolio que impone sus condiciones a una industria alimentaria muy fragmentada (la mayoría pymes): en España hay unas 30.000 industrias agroalimentarias, que facturan 90.000 millones de euros, mientras en Alemania hay la sexta parte de empresas (5.000) y facturan más del doble (160.000), con lo que tienen más poder de negociación frente a los supermercados e híper.

Las industrias alimentarias, para conseguir fabricar más barato, presionan a los productores (agricultores y ganaderos), el eslabón más débil de la cadena alimentaria, que reciben cada vez menos por sus alimentos. Es el caso de los productores de leche, a los que las industrias están pagando entre 2 y 3 céntimos menos por litro, en contratos a 3 y 6 meses que se revisan a la baja. O los viticultores, que han denunciado que las bodegas no les hacen contratos por escrito o les pagan a más de 30 días (dos medidas ilegales). Y denuncian la proliferación de las ventas a pérdidas, también prohibidas. Los productores tienen el mismo problema de los fabricantes: son muchos y dispersos (un millón de agricultores y ganaderos), son débiles frente a la industria y la distribución. En España hay 4.000 cooperativas agrarias que facturan unos 19.000 millones de euros, entre todas como las cuatro mayores cooperativas de Holanda. Así tienen poca fuerza para negociar precios. En general, los agricultores y ganaderos, se quejan de que sus costes suben (energía, piensos, fertilizantes) y no sus ingresos, mientras crecen los márgenes de los intermediarios: los productos agrícolas se venden 4,57 veces más caros de lo que ellos reciben y los ganaderos 3,10 veces, según el índice de precios en origen y destino (IPOD) que elaboran COAG y asociaciones de consumidores.

La tercera batalla de esta guerra de precios en la cesta de la compra se da entre los propios distribuidores y siguen ganándola los supermercados baratos, que lideran las ventas (34% del mercado), encabezados por Mercadona (22,3% ventas totales), Día (7,8%), Carrefour (7,7%), Eroski Súper (3,3%), Lidl (3%) y Alcampo (2,9%), según Worldpanel Distribución 2014. Les siguen las tiendas tradicionales (30,7% de las ventas), resto de supermercados (21%) y los híper (14% ventas), los que más pierden junto a las tiendas de siempre. En los últimos meses, la pelea se ha trasladado de los productos envasados a los frescos (frutas, verduras, carnes y pescado son ya el 53% de las ventas), mientras proliferan además ofertas y descuentos en los productos envasados.

En este frente de batalla, el de la distribución, las cosas están cambiando en 2014, según revela el estudio Kantar Worldpanel 2014. Primero, las marcas blancas han caído ligeramente en el primer semestre (del 37% al 36,8% en alimentación envasada, del 49,3% al 49,2% en droguería y del 12,1% al 11,7% en perfumería y cuidado personal). Y en contrapartida, han subido ventas (+2,7%) y ganan algo de cuota las marcas de fabricante, tras haber bajado sus precios y multiplicado sus ofertas en el último año. Segundo, algunas marcas blancas han subido sus precios un 2,2% de media (aprovechando que habían conseguido clientes “cautivos” con las bajadas anteriores) mientras las marcas de fabricante bajaban un 2,1%, según el Informe de Supermercados de la OCU. Los que más han subido sus marcas blancas han sido Carrefour (+10,1%), Aldi (+3,7%), Día (+3,6%), Hipercor (+1,1%) y Lidl (+0,7%), mientras las bajaban Alcampo, Eroski y Mercadona. Y tercer cambio, Mercadona toca su techo en 2014: gana cuota (+0,6%) pero sólo por los alimentos frescos, porque se ha estancado (+0,1%) en los productos envasados. Y los que más están creciendo son Lidl, Carrefour y sobre todo Día, que ha comprado El Árbol y 160 supermercados de Eroski.

Teóricamente, los beneficiarios de esta guerra de precios y sus múltiples batallas somos los consumidores. Pero ojo, no está tan claro. Primero, porque las ofertas encubren en muchas ocasiones pérdidas de cantidad (menos tamaño a menos precio) y de calidad. Segundo, porque muchas ofertas de “productos escaparate” encubren precios más altos en otros productos que cargamos en el mismo carro. De hecho, el coste anual de la cesta de la compra es 527 euros mayor en Mercadona que en Alcampo, según un reciente estudio de la OCU sobre las cadenas más baratas. Y tercero y fundamental, esta guerra de precios que nos viene también al bolsillo está descapitalizando nuestra industria alimentaria (cerrando muchas empresas e impidiendo que otras innoven) y empobreciendo el campo, lo que es más grave: si a los agricultores y ganaderos no les compensa producir alimentos (en la última década, las producciones agrícolas y ganaderas ya se han reducido a la mitad), quedaremos en manos de los alimentos importados, de precios más volátiles y peor calidad.

Así que, ojo: bajan los alimentos, pero no todos ni en todos los supermercados por igual. Y si se sigue forzando la guerra de precios, muchos quedarán en el camino, sobre todo pequeños fabricantes, agricultores y ganaderos. Alguien (el Gobierno y la recién creada Agencia de Información y Control Alimentario) tiene que poner orden y evitar que los grandes distribuidores impongan su Ley, como ha pedido la Comisión Europea. Y para eso, hay que aplicar de verdad la Ley de la cadena alimentaria, aprobada en 2013 con consenso político y apoyo del campo. No todo vale para bajar los precios, aunque parezca que la ley del más fuerte nos beneficia. Pero en realidad, seguimos pagando por la comida el triple o el cuádruple de lo que vale producirla: alguien se lo queda por el camino. Mal negocio.