En mayo se superaron los 3 millones de empleados públicos
cotizando a la Seguridad Social, exactamente
3.023.133 afiliados, un 60% trabajando en las autonomías (1.840.990
empleados públicos), otro 24,5% empleados en los Ayuntamientos y
Diputaciones (741.683) y sólo un 14,5% trabajando en la Administración
General del Estado (440.760 empleados públicos afiliados a la SS).
Aunque estos 3 millones de empleados públicos son un récord histórico, sólo
suponen 310.000 más que los afiliados públicos en 2011, el anterior máximo
(2.690.099 en julio de 2011).
Lo que ha pasado en los últimos 12 años,
además del recorte de personal, es el
aumento de la precariedad del empleo público, para contrarrestar la
prohibición de contratar. En principio, el ajuste de Rajoy de 2012 prohibía
sustituir a los jubilados (“tasa de reposición” cero de 2012
a 2014, el 50% en 2015 y menos del 100% después) y hacer nuevas
contrataciones de personal. Pero como los servicios públicos no podían
parar, el Estado y sobre todo las autonomías y Ayuntamientos se buscaron “subterfugios”
para contratar, cubriendo con personal
laboral (“interinos”) los puestos que habían dejado libres los funcionarios
jubilados y contratando a personal temporal para cubrir otros puestos.
