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lunes, 7 de diciembre de 2015

Cambio Climático: España no cumple


Esta semana se cierra la Cumbre del Clima en París, donde 195 países intentan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero culpables del Cambio Climático. Tras 20 Cumbres anteriores inútiles, ahora podrían aprobarse recortes globales (tardíos e insuficientes), que urge cumplir. Porque reducir las emisiones de CO2 no es fácil: obliga a cambiar la economía, reconvertir las empresas, renovar el transporte y la vivienda, cambiar hábitos de consumo y hasta comer menos carne. Y exige fuertes inversiones y subidas de precios, desde la luz a los coches o las casas. Pero no hacerlo cuesta más: nos llevaría a una crisis sin salida. Por eso, luchar contra el Cambio Climático es el mayor reto de este siglo. Y España lo tiene peor, porque no cumple: emite más CO2 del que debe y tenemos pocas renovables. El próximo Gobierno debe  aprobar un Plan urgente para consumir menos petróleo, carbón y gas, más renovables y ahorrar energía. O lo hacemos todos  o el clima nos pasará factura.
 

enrique ortega


El Cambio Climático es ya una realidad que todos podemos apreciar : 2015 va a ser el año más caluroso de la historia, el huracán Patricia (octubre 2015 en el Golfo de México) ha sido el más fuerte registrado jamás, se producen cinco veces más tormentas, huracanes, inundaciones, olas de calor y sequías que en los años 70, la temperatura de la Tierra ha subido 0,85 ºC desde principios del siglo XX (sobre todo desde 1960)  y el nivel del mar sigue subiendo, 8 centímetros de media desde 1992 (y 22 centímetros en algunos lugares), poniendo en peligro el futuro de islas y zonas costeras del Pacífico, Asia y Oceanía, mientras en el Mediterráneo sufren ya los cambios la Manga, el mejillón, el arroz o las uvas.

Este Cambio Climático irá a más si no se frenan las emisiones de gases de efecto invernadero (60% CO2, 20% metano, 6% N2O y 14% clorofluocarbonados por el aire acondicionado y sprays), provocadas por el hombre al consumir energía en industrias, transporte, vivienda, agricultura y servicios. Según el 5ºInforme de Evaluación del IPCC, un grupo de 830 expertos creado por la ONU, para evitar que la temperatura del Planeta suba más de 2 grados a finales de siglo (la zona de “alerta roja”), hay que reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (que evitan, como un paraguas, que el calor de la Tierra salga a las capas altas de la atmósfera) entre un 40 y un 70% entre 2010 y 2050 y bajarlas después hasta dejarlas en un nivel cero o negativo para 2100.

Si no se hace, añaden los expertos, la temperatura de la Tierra subirá entre 3,7 y 4,8 grados en 2100 respecto a la temperatura del periodo pre-industrial. Y esto podría provocar el deshielo de los casquetes polares y un aumento del nivel del mar hasta  82 centímetros, además de acidificación de los océanos (por la reacción del CO2 con el agua del mar), daños en los ecosistemas, aumento de los desastres naturales, malas cosechas, hambre y desnutrición, con una dramática secuela de refugiados climáticos (podrían migrar 1.000 millones de personas, según ACNUR). El Cambio Climático no sólo daña la salud del Planeta, también la del hombre, según alerta la OMS: sólo en 2012 unos 7 millones de personas murieron por enfermedades relacionadas con la contaminación del aire. Y prevé que durante el periodo 2030-2050, el cambio climático causará 250.000 muertes adicionales cada año por dolencias asociadas a sus efectos ambientales.

Así que el Cambio Climático no es “una obsesión de ecologistas” sino una grave amenaza para todos (“estamos al borde del suicidio”, ha dicho el Papa Francisco). Y los científicos alertan: se acaba el tiempo” para tomar medidas. Por eso, los 195 países reunidos en la Cumbre del Clima de París buscan un acuerdo global de recorte de emisiones, que sustituya al protocolo de Kioto, firmado en 1997 sólo por 38 países (los 28 de la UE más otros pequeños países, no USA, China, Japón, Rusia o India, los principales emisores de CO2). Ahora, un recorte mundial parece más posible, ya que 180 países han acudido a esta Cumbre con compromisos concretos de recortes de emisiones, entre ellos los países que más contaminan: China (26% emisiones CO2), EEUU (16%), Europa (11%), India (6,1%), Rusia (5,2%) y Japón (3,8%). Casi todos plantean recortes de emisiones del 20 al 30% entre 2020 y 2030, siendo Europa (UE-28) la zona del mundo que ofrece los recortes más ambiciosos: -40% de recorte emisiones para 2030 y entre el -80/-95% para 2050.

El recorte de emisiones prometido en París es una gran avance, pero tiene tres problemas: es tardío (los recortes empezarían en 2020, no inmediatamente), es insuficiente (los científicos dicen que con estos recortes, la temperatura subiría 2,8 grados a final de siglo y algunos creen que más) y, sobre todo, no son obligatorios y vinculantes para los países, porque EEUU se niega (el Senado USA no acepta una obligación impuesta desde fuera). Así que se confía” en que los países cumplan con sus recortes y se prevé revisar las emisiones cada 5 años, por si los recortes fueran insuficientes y hubiera que acelerarlos. Otro problema son las ayudas a los países pobres, para que reduzcan las emisiones y se preparen para el cambio climático (subida del mar, catástrofes naturales, migraciones). Se prevé crear un Fondo verde del clima, con 94.000 millones de euros anuales, pero el problema es quien pone esa enorme cantidad de dinero. Y hay países, como India, que ya ha dicho que no recortará sus emisiones si no recibe 187.000 millones de euros de este Fondo verde entre 2015 y 2030.

Aunque el acuerdo de la Cumbre de París sea insuficiente y no vinculante, es un gran punto de partida para luchar contra el Cambio Climático. Ahora, hace falta pasar de las palabras a los hechos. Y esto es lo difícil, porque antes de París se han celebrado 20 Cumbres del Clima (desde la de Río en 1992) y a pesar de las buenas intenciones, las emisiones de CO2 se han duplicado : de 27 gigaTm en 1970 a 49 en 2010, que al ritmo actual serán ya 53 gigaTm en 2020. Y eso pasa porque el mundo es “adicto al CO2”, vivimos en unas economías muy dependientes de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), que mueven las industrias, las ciudades, el transporte, la agricultura o los servicios. Y “huir del CO2” exige una auténtica revolución, en la economía y en el estilo de vida, difícil de hacer y que choca con potentes intereses, de grandes empresas y multinacionales energéticas. Por eso esta batalla no es fácil.

Y menos en España, uno de los países europeos que suspende en la batalla contra el Cambio Climático. Primero, porque España (5º mayor emisor de CO2 en Europa) es el único país europeo donde las emisiones de CO2 han aumentado en las dos últimas décadas, según la Agencia Internacional de la Energía (AEI), mientras en todos los demás se reducían (entre el -5,4% en Francia y el -20,5% en Alemania). Segundo, porque España es uno de los 9 países europeos (junto a Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Suecia y Suiza) que no han cumplido el compromiso de Kioto, que suponía no aumentar las emisiones más del 25% (1990-2012): han aumentado un 29,9%. Y tercero, porque España tampoco cumple el objetivo europeo de alcanzar un 20% de energías renovables en 2020: en 2014, las renovables aportaron un 15,4% de la energía total, según Eurostat, y alcanzar ese 20% en seis años más parece imposible, según los expertos: habría que triplicar el parque de renovables (eólica, solar, biomasa, geotérmica, cogeneración) instalado entre 2005 y 2014.

Así que emitimos mucho más CO2 del que debíamos y tenemos pocas energías limpias, renovables. Y no es por casualidad. Ningún Gobierno español y menos Rajoy han tomado medidas para reducir las energías fósiles, las que emiten más CO2. Incluso ahora, España bate su récord histórico de consumo de petróleo, por la bajada de precios. Y en lo que va de año, el uso del carbón (la energía que emite más CO2) y el gas natural para producir electricidad han batido también récords. Mientras, el Gobierno Rajoy ha pegado un gran tajo a las energías renovables entre 2012 y 2014 (-2.100 millones, un 25% de las ayudas), a pesar de tener España unas industrias renovables líderes en el mundo y de que ya empiecen a ser unas energías competitivas: la eólica es la tecnología más barata para producir electricidad en España, 28,2 €/Mw frente a 105,5€ el gas natural, según la CNMC. Y para rematar tantas equivocaciones, el Gobierno Rajoy ha recortado también (-200 millones) las ayudas para fomentar el ahorro de energía, a pesar de que tenemos unas empresas que consumen tres veces más energía por unidad de producto que las europeas.

El temor ahora, en España y en todo el mundo, es que si la economía se recupera, aumentará el gasto de energía y las emisiones de CO2, que han crecido menos durante la crisis. Por eso, habrá que redoblar los esfuerzos para reducir de verdad las emisiones. Y eso obliga a tomar medidas duras  y que van contra poderosos intereses como los de las industrias energéticas. Baste decir que para que la temperatura del Planeta no suba más de esos 2ºC que piden los científicos, habría que dejar bajo tierra un tercio de las reservas probadas de petróleo y el 80% de las reservas de carbón y gas, según el Instituto para los Recursos Sostenibles del Reino Unido. Y eso supondría la posible quiebra de muchas petroleras. No en vano, 90 grandes multinacionales (ver la lista) son culpables de dos tercios de las emisiones mundiales de CO2. Eso significa que habrá que forzarlas a reducir emisiones y ayudarlas a hacerlo, con recursos públicos y con subidas de precios (de la luz, los coches, los productos industriales, los alimentos y la vivienda). También los ciudadanos somos responsables y tenemos que cambiar los hábitos de vida, para emitir menos CO2: menos coche y más transporte público, menos calefacción o aire acondicionado y más aislamiento, menos consumismo y hasta comer menos carne

¿Qué hacer para emitir menos CO2? A nivel mundial, los expertos recomiendan recortar drásticamente las subvenciones a las energías contaminantes (el carbón, el gas y  los carburantes reciben hoy más de 2 billones de euros de ayudas públicas), obligar a pagar a las industrias más contaminantes (el mercado de CO2 no funciona y contaminar con 1 Tm de CO2 cuesta sólo 7 euros, en vez de los 30 que costaba en 2008), reconvertir las industrias más contaminantes (electricidad, cemento, siderurgia, aluminio…), apostar y apoyar a las renovables (como ha hecho Alemania,"el país más verde” de Europa), dar ejemplo desde las Administraciones públicas (la ciudad de Hamburgo se abastecerá 100% con renovables en 2025) y fomentar entre los ciudadanos un consumo más verde, con campañas, con impuestos  a las energías contaminantes y con precios que ayuden al cambio.

En España, el futuro Gobierno debería promover un Plan urgente contra el Cambio Climático, porque estamos más retrasados que la mayoría de Europa (salvo el “negro” Este). Hay que actuar contra las grandes fuentes de CO2: el transporte (25% del CO2), la generación de electricidad (23%), la industria (21%), la vivienda y los servicios (14%), la ganadería y la  agricultura (12%) y el tratamiento de residuos urbanos (5% emisiones). Hay que quitar peso al transporte por carretera (83% del transporte total, frente al 45% en la UE) y al coche privado (apoyando los híbridos y el transporte público), producir menos luz con carbón, fuel y gas natural (aunque suba el recibo), cerrar y reconvertir empresas contaminantes (de las10 empresas que más contaminan, 6 son centrales de carbón, 3 refinerías y una siderurgia), ayudar a aislar las viviendas y al autoconsumo energético (quitando el impuesto a los paneles solares de Rajoy) y modificando los hábitos de consumo, para comprar más productos locales (no chinos que suponen enormes emisiones al traerlos en barco) y menos carnes (1 kg de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente frente a 299 gramos de 1 kg de tomates o 140 gr de CO2 de producir 1 kilo de naranja). Y sobre todo, hay que informar bien de quién contamina y cómo, penalizando con impuestos a quien lo haga para invertir con ese dinero en un país más limpio.

Hay que pasar de las palabras y los gestos (apagar la luz un día al año) a los hechos. El mundo debe emprender una cruzada contra el CO2, la verdadera “guerra” de este siglo. Supone ir contra empresas e intereses muy poderosos, realizar grandes inversiones (1,3 billones de dólares al año hasta 2050, según la ONU), crecer con equilibrio y cambiar todos de estilo de vida. Pero no queda más remedio, si queremos salvar el Planeta y a nosotros mismos. Porque si no empezamos a tomar medidas ya, luego será tarde y el mundo tendrá que hacer frente a tantas catástrofes que la economía acabará en una crisis irresoluble. No pensemos sólo en los problemas de hoy, en el trabajo, en los sueldos, en nuestro nivel de vida. Pensemos en cómo preservarlo para nuestros hijos y nietos. Y para eso, hay que cambiar ya. Todos.

lunes, 7 de julio de 2014

España incumple el recorte de CO2


Estamos tan obsesionados con la crisis y el paro que no tenemos tiempo para pensar en el futuro, en que nos estamos cargando el Planeta que vamos a dejar a nuestros nietos. No es una manía de ecologistas, sino un hecho cierto que afecta seriamente a la economía, como acaba de reconocer Obama y los últimos informes de la ONU: cambia el clima, se multiplican las inundaciones, las sequías y las malas cosechas. Y todo, por el hombre, porque consume petróleo y carbón sin medida. España, que se verá muy afectada  por el cambio climático, es uno de los cinco países europeos que no ha cumplido los recortes de CO2 comprometidos en el protocolo de Kioto. Y lo peor: no cumplirá los recortes previstos para 2020, según afirma el informe de junio de la Comisión Europea (silenciado). Emitimos más CO2 que nadie y  Gobierno, empresas y consumidores miramos para otro lado. Es un problema muy serio.
 
enrique ortega

La última alerta sobre el cambio climático, el síntoma de que nuestro Planeta está enfermo, viene de Estados Unidos, el segundo productor mundial de CO2 (14%) tras China (27%): un informe encargado por Obama señaló en mayo que el cambio climático es una amenaza real (no futura) que ya está afectando al país, desde el huracán Sandy a las altas temperaturas, la sequía o las inundaciones. Y que es un riesgo sobre el transporte, la energía y la salud, por lo que proponen tomar medidas ahora, porque no actuar obligaría a gastar después entre 4 y 10 veces más en mitigar los efectos del cambio climático.

Antes, en marzo, varios centenares de científicos de todo el mundo, agrupados por la ONU, entregaban un informe sobre los impactos actuales del cambio climático: climas extremos (olas de calor, sequías, ciclones), peores cosechas, subida de nivel, calentamiento y acidificación de los océanos, inundaciones, cambio en los ecosistemas (deshielo en el Ártico y deterioro en los  arrecifes de coral). Y en Europa, menos glaciares, más sequías e inundaciones, más incendios, peores cosechas y menos peces. En el futuro, España será una de las zonas más afectadas por el cambio climático: subida de temperaturas (entre 3 y 4 grados a mediados de siglo), mayores sequías, inundaciones, malas cosechas y subida del mar, hasta 43 centímetros, lo que podría afectar a algunas poblaciones costeras y al turismo.

Otro informe de la ONU (septiembre de 2013) confirmaba que las concentraciones en la atmósfera de CO2, metano y óxido nítrico habían crecido a niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años. Y añadía: el responsable es el hombre, al 95% de certeza. Porque el CO2 y los gases de efecto invernadero se emiten al producir electricidad, consumir carbón y petróleo, con los vehículos y calefacciones, con la industria, agricultura y los servicios.

Ahora, la buena noticia es que Obama se ha sumado a la lucha contra el cambio climático, que empieza a calar en EEUU: quiere reducir un 30% las emisiones de 1.600 plantas energéticas (emiten el 40% del CO2 USA), aunque sea a partir de 2030. Eso puede ser un espaldarazo para la Cumbre del Clima de París, a finales de 2015, donde 194 países tienen que decidir unos nuevos recortes de CO2 que sustituyan al acuerdo de Kioto (1997), que finaliza en 2020. Aquel acuerdo fue firmado sólo por 35 países (Europa y pocos más), quedando fuera los que más contaminan: EEUU, China, India y Japón más todos los países en desarrollo. Ahora, todos deben pactar nuevos  recortes de emisiones (hasta 2030) y acordar cómo se financia el Fondo Verde del Clima (2011) ,100.000 millones de dólares en ayudas a países pobres para que contaminen menos, que nadie sabe quién va a pagarles.

Al final, la lucha contra el cambio climático es una cuestión de dinero. Las empresas dicen que, con la crisis, no pueden hacer inversiones para contaminar menos. Y que si lo hacen, sus productos serían más caros que los de sus competidores “menos verdes” y habría más paro. Las eléctricas, que si queremos luz “más verde” será más cara. Y los países en desarrollo, que contaminan menos que los países ricos y no pueden frenar su crecimiento para emitir menos ni tienen dinero para hacer sus industrias “más verdes”. Y los Estados argumentan que sus Presupuestos no están como para luchar contra el CO2. El problema es que si no se hace ahora, dentro de 50 años habrá que gastar diez veces más para hacer frente a los impactos negativos del cambio climático. Sólo en Europa, se estima que habría que gastar 190.000 millones de euros anuales en el último cuatro de siglo, según el informe JRC. Los mayores costes se darían en el sur y centro-sur de Europa.

Europa (la tercera emisora de CO2, el 10% del total) ha sido siempre la abanderada en la lucha contra el cambio climático, pero ahora, con la crisis, ha hecho un viraje y ha aprobado objetivos medioambientales menos rigurosos, por la presión de grandes industrias y eléctricas más los países nucleares (Francia y Gran Bretaña) y carboníferos (Polonia). Así, la Comisión saliente propuso en marzo rebajar las emisiones de CO2 un 40% para 2030 (sobre 1990), cuando Europa ya las ha rebajado un 19,2%. Y sobre todo, rebajan al 27% el peso de las energías renovables para 2030 (antes se hablaba del 35%) pero a nivel de toda Europa (ahora es el 13,5%), no país a país. Con ello, los países más verdes compensarán al resto, ahora sin obligaciones concretas en renovables.

De hecho, es lo que ha pasado en los últimos 22 años: Europa es la única región del mundo que ha reducido sus emisiones, pero de manera desigual: de los 15 países europeos que firmaron en 1997 el protocolo de Kioto, 5 países no han cumplido los recortes previstos: Italia, Portugal, Dinamarca, Austria, Luxemburgo y España, el país europeo donde más han crecido las emisiones de CO2 desde 1990 (un +23,68% hasta 2012, frente al +15% objetivo).Y eso a pesar de la recesión (que ha reducido el consumo de energía) y de que España  se ha gastado 812 millones de euros (entre 2008 y 2012) en comprar derechos de emisión de CO2 para compensar una parte de su exceso de emisiones.

Lo más grave no es que España  (5º país europeo con más emisiones de CO2) no cumpla ahora Kioto sino que tampoco lo cumplirá al final del plazo, en 2020. Sólo rebajará las emisiones un -2,5% frente al -10% objetivo (sobre 2005), según el informe de la Comisión Europea (2 junio), que ha pasado desapercibido: “teniendo en cuenta las previsiones nacionales más recientes basadas en las medidas existentes, no se espera que España alcance este objetivo (página 39 informe expertos UE). Y eso que España, por su situación geográfica, será  uno de los países más afectados por el cambio climático, según los científicos: más calor, más sequía, más inundaciones, peores cosechas y mayor riesgo para las costas por la subida del mar, sobre todo en el Cantábrico, Huelva y el Mediterráneo.

En España, un 40% de las emisiones de CO2 proceden del transporte, por culpa del enorme peso de los camiones (83% transporte frente al 45% en la UE) y un parque de vehículos donde la mitad tienen más de 10 años (y dos tercios consumen gasóleo, más contaminante). Otro 25% del CO2 lo emiten la agricultura, los servicios y la vivienda (calefacciones y consumo eléctrico). Y el 35% restante lo emiten las empresas: la mitad (51%) las eléctricas (un 25% de la luz se produce con fuel y carbón), un 11% las refinerías y petroleras, 9% las cementeras, 8% la siderurgia y el resto las demás industrias.

El Gobierno Rajoy, con los recortes, desarboló la política de ahorro energético, la primera medida clave para reducir las emisiones de CO2. Luego, en marzo ha aprobado un Registro de Huella de Carbono, para que las empresas puedan compensar sus emisiones con proyectos de “sumideros forestales”. Y da ayudas para renovar el parque de vehículos particulares (Plan PIVE) y comerciales (Plan PRIMA). Pero es insuficiente. Hay que poner en marcha un ambicioso Plan de transportes, para descargar la carretera con más tren y más barcos. Y aplicar un Plan industrial, para reducir las emisiones sector por sector, con ayudas. Y al producir electricidad, penalizar el fuel y el carbón y fomentar más las renovables, ahora recortadas. No podemos ser “el farolillo rojo” de Europa en la lucha contra el cambio climático. Además, el último informe de la Comisión nos saca también los colores por otros problemas medio ambientales: deficiente gestión del agua (la más barata de la UE), falta de depuradoras (Bruselas ya nos ha abierto un expediente), mala gestión de residuos y excesiva contaminación atmosférica (estamos a la cola de Europa en calidad del aire).

Cuando España y Europa salgan de la crisis, se consumirá más energía y habrá aún más emisiones. No podemos bajar la guardia y esperar a tomar medidas, porque será demasiado tarde y costarán mucho más. “Como presidente y como padre, me niego a condenar a nuestros hijos a un Planeta que no tenga salvación”, ha dicho Obama. Hay estudios y realidades suficientes para ver que el cambio climático está ahí, imparable. Y que pone en peligro nuestro crecimiento y nuestro futuro, más que cualquier recesión. España está peor que el resto: no sólo tenemos el doble de paro, emitimos más CO2. Así que tenemos que salir de la crisis de la forma más limpia posible. Si no, hipotecaremos el futuro de nuestros nietos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un mundo dividido contra el Cambio Climático


Estamos tan obsesionados por llegar a fin de mes, que no nos preocupa llegar a fin de siglo, ni a los ciudadanos ni a sus Gobiernos. Y mientras, seguimos emitiendo gases que calientan la atmósfera y cambian el clima, provocando sequías, inundaciones y tifones como el de Filipinas. Los científicos han dado la alarma: el nivel de CO2 es preocupante y si no hacemos nada, la temperatura subirá 4,8 grados para 2100, una catástrofe ecológica y económica que todavía puede evitarse. Pero los países, obsesionados por la crisis, están divididos y no toman medidas efectivas, como se está viendo en la Cumbre del Clima de Varsovia. Buscan ganar tiempo y pactar un acuerdo en 2015 para recortar desde 2020. España lidera el aumento de CO2 en Europa y el Gobierno ni ahorra energía ni apoya a las renovables. Salvar el Planeta es evitar una crisis peor que la última recesión. No pierdan más tiempo.
 
enrique ortega

Hay nuevas alertas sobre el cambio climático, el síntoma de que el Planeta está enfermo. El 6 de noviembre, un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advertía que la concentración de CO2 (el gas que más contribuye al calentamiento global) en la atmósfera alcanzó un máximo histórico en 2012, creciendo más que en los diez años anteriores, tras superar en mayo la barrera de las 400 partes por millón (ppm). Ya en septiembre, un informe de la ONU (IPCC) desvelaba que las concentraciones en la atmósfera de C02, metano y óxido nítrico habían crecido a niveles sin precedentes en los últimos 800.000 años. Y lo más importante: el responsable es el hombre “al 95% de certeza”, según los científicos. Porque el CO2 y los gases de efecto invernadero se emiten al producir electricidad, consumir carbón y petróleo, con los vehículos y las calefacciones, con la industria, la agricultura y los servicios.

Lo más preocupante son las consecuencias de estas emisiones récord. La primera, la subida de la temperatura, al retener el CO2 y otros gases parte del calor que emite la Tierra. Si la era industrial ya ha provocado un aumento de 0,85 grados (entre 1880 y 2012), los informes de la IPCC (ONU) prevén una subida de 1,5 a 4,8 grados en la temperatura de la atmósfera para 2100. Y ese calentamiento provocaría, primero, un calentamiento de los mares (la “despensa” donde se almacena la mayoría del CO2) que, junto al deshielo  polar, haría subir  el nivel del mar de entre 26 y 82 centímetros, agravando los riesgos de tsunamis y tifones como el de Filipinas (desastres naturales que cuestan 148.000 millones al año, según el Banco Mundial), además de una acidificación de los océanos que matará muchas especies. Pero además, el calentamiento global actúa sobre el clima, aumentando la frecuencia de olas de calor, lluvias torrenciales en el norte y sequías en el sur, con grave impacto sobre las cosechas y el encarecimiento de los alimentos.

España es uno de los países más afectados por el cambio climático, según los científicos, porque se encuentra en una zona de transición climática, en medio de dos ejes (Atlántico-Mediterráneo y África-Europa) lo que provocará que el Mediterráneo (y sus poblaciones) sea una de las zonas más afectadas. De hecho, ya sufrimos más el calentamiento global (+1,5 grados de media en las últimas tres décadas, frente a +0,5º en Europa y +0,8º en el mundo). Y tenemos un clima más seco (las precipitaciones 2000-2010 son las más bajas desde 1950), nieva menos y hay más inundaciones.

El mayor problema del CO2 y los gases de efecto invernadero es que crecen más cada año y se acumulan durante siglos, con lo que si no se toman medidas urgentes pronto llegaremos a un punto de no retorno. Sobre todo si el mundo sale de la crisis y consume más energía. Por eso urge tomar medidas, según advierten los científicos a los 190 países reunidos esta semana en la Cumbre del Clima de Varsovia. La primera, que los países ratifiquen la segunda fase del Protocolo de Kioto, un acuerdo firmado en 1997 para reducir las emisiones un 5,2% entre 2008 y 2012 y que debe continuar entre 2013 y 2020. El problema es que EEUU no lo firmó, como tampoco China, India y países emergentes (los más contaminantes). Y tanto Japón como Canadá, Rusia o Australia no quieren comprometerse más que a mínimos recortes, con la excusa de Fukushima o la crisis. Y quedan solos con sus recortes la Unión Europea, Noruega, Suiza y Croacia, con menos del 15% de las emisiones totales. Así  resulta difícil abordar el segundo reto: preparar un acuerdo mundial de recorte de emisiones para después de 2020, que debería firmarse en la Cumbre del Clima prevista en París a finales de 2015.

EEUU  abrió en junio una puerta a la esperanza, al prometer Obama que iba a poner límites de emisiones a las eléctricas y a la industria, con un tibio compromiso de recortar un 17% sus emisiones (22% del total mundial) para 2020(sobre 2005). Pero le va a costar cumplirlo, ante la dura oposición republicana, que recurrirá sus medidas en los tribunales. Japón ha dado marcha atrás y ahora sólo va a reducir un 5% sus emisiones hasta 2020, al haber parado sus nucleares por Fukushima y necesitar más petróleo. Australia y Canadá rebajan también sus promesas y Rusia no se compromete. Mientras, China, India, junto a Brasil Sudáfrica y países emergentes (54% de emisiones totales) insisten en que no van a poner en peligro su crecimiento recortando emisiones y exigen a cambio ayudas, los 100.000 millones de dólares del Fondo Verde del Clima prometido en 2011 y que nadie sabe quién va a pagarles ni cuando. Y han presionado en Varsovia, levantándose de la mesa China y 77 países más, para conseguir con urgencia un Fondo para catástrofes (caso Filipinas), que los países ricos no quieren crear antes de 2015.

Mientras, Europa, líder mundial en la lucha contra el cambio climático, está dividida. Por un lado, acaba de comprometerse a recortar sus emisiones (11% total mundial) un 17% para 2020 (sobre 1990). Y 13 ministros europeos de Medio Ambiente (entre ellos el español), han firmado una carta en la que defienden acelerar la lucha contra el cambio climático, con recortes más drásticos de emisiones para después de 2020. Pero los ministros de Industria UE, presionados por eléctricas e industrias, se plantean si la postura “ecologista” europea no frena el crecimiento y encarece sus productos frente al resto del mundo. “Llevamos 15 años solos y si los demás países no se suman a esta batalla, perderemos competencia y empleo en Europa”, señalan con razón.

España va retrasada respecto a Europa: llevamos recortando emisiones de CO2 desde 2007 (-1,9% en 2012), pero se debe más a la crisis que a tomar medidas. De hecho, España es el tercer país europeo con más emisiones (tras Grecia e Irlanda) y el país donde más han crecido las emisiones tras el acuerdo de Kioto: +22,8% (sobre 2009) entre 2008 y 2012, mientras la UE-28 los ha reducido -19,1% (Alemania o Gran Bretaña -25%, Francia -12% e Italia -10,5%). Esto se debe al gran peso del carbón y del petróleo en nuestro consumo energético, a que nuestras industrias consumen el triple de energía que las europeas (son menos eficientes), al mayor peso del transporte por carretera (83% frente al 45% UE) y a las escasas medidas de ahorro, frustradas con los recortes de Rajoy. Como España no cumple Kioto, paga comprando derechos de emisión de CO2: hemos gastado 800 millones de euros y aún pagaremos 400 millones más hasta 2014.

Así las cosas, todo apunta a que los países (Europa incluida) buscan ahora ganar tiempo, salir de la crisis y dejar cualquier acuerdo global para 2015, con recortes de emisiones que no entrarían en vigor hasta 2020. Otros 7 años perdidos, sin tomar medidas drásticas para reducir emisiones en la industria, las eléctricas, los automóviles y camiones, las calefacciones y las viviendas, sin apoyar decididamente el ahorro de energía y las renovables. Y por ello, con más emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero, más calentamiento global y un clima enloquecido, que se traduce en catástrofes, malas cosechas y subida de los alimentos.

El calentamiento global no es una obsesión de ecologistas, sino el mayor problema económico del mundo a medio plazo, como insiste el Nobel Stiglitz. Porque si no hay un crecimiento sostenible, si nos cargamos el Planeta, esa crisis será más grave que las últimas recesiones. Se puede y se debe crecer con equilibrio, no como pirómanos. Así que pensemos un poco todos en llegar a fin de siglo, por las generaciones futuras. Por pura supervivencia.