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lunes, 7 de diciembre de 2020

El dilema de la Navidad: fiestas o vidas


La pandemia mejora en España, con casi la mitad de contagiados que hace un mes y el dato más bajo de Europa, salvo Irlanda. Pero estamos mucho peor que el 22 de junio, cuando se inició la desescalada: tenemos 231 contagios por 100.000 habitantes frente a 8  entonces y 226 muertos diarios frente a 6. Y si a pesar de eso, el descontrol del verano trajo la 2ª ola de la pandemia, las Navidades pueden traer la 3ª ola en enero. Lo ha advertido la comisaria de sanidad europea. Pero ni Sanidad ni las autonomías quieren afrontarlo  y han pactado un Plan “light” para Navidad: reuniones sí, pero no más de 10 (incontrolable) y viajes no, salvo para ver a familia y “allegados” (un coladero). Y nosotros, nos agarraremos a estas “normas” para celebrarlo “a medias”, agravando la pandemia. Todo por no hacer lo que debemos: quedarnos en casa y “cancelar” la Navidad. Salvar 226 vidas diarias (y la economía) vale mucho más.

 La COVID 19 avanza imparable por el mundo: ha empezado diciembre rozando el nuevo récord de 700.000 nuevos contagios diarios (690.389 el jueves 3) , tras superar 10 veces en noviembre el anterior listón de los 600.000 contagios diarios, según los datos de la Universidad Jhons Hopkins. Hoy son ya 67.073.749 contagiados en 191 paises, destacando el alcance de la pandemia en América (28.062.331 contagiados), Europa (19.985.154 contagiados), sudeste de Asia (11.071.129), Oriente Medio (4.288.324), África (1.547.607) y Pacífico (914.744), según la OMS. Por paises, los más afectados hoy son EEUU (14.760.626 contagiados), India (9.677.203), Brasil (6.603.540), Rusia (2.4.39.163), Francia (2.345.648), Italia (1.728.878), Reino Unido (1.727.751)  y España (1.684.647), seguidos de Argentina (1.443.110), Colombia (1.371.103), Alemania (1.194.550), México (1.175.850), Polonia (1.175.850), Irán (1.040.547), Perú (972.688), Ucrania (843.554), Turquía (828.295), Sudáfrica (814.565) y Bélgica (591.756 contagiados), según la Universidad Jhons Hopkins.

También aumentan imparables las muertes por la COVID 19, que ascienden hoy a 1.536.255 fallecidos en todo el mundo, destacando la mortalidad en EEUU (282.312 muertos), Brasil (176.941), India (140.573), México (109.717), Reino Unido (61.342), Italia (60.078), Francia (55.247), Irán (50.310), España (46.252 muertes el viernes 4 de diciembre, según Sanidad: somos el 3º país con más muertes COVID por millón de habitantes, tras Bélgica y Perú), Rusia (42.675), Argentina (39.770), Colombia (37.808), Perú (36.231), Sudáfrica (22.206), Polonia (20.089), Alemania (18.989), Indonesia (17.740) y Bélgica (17.320 muertos), según la estadística de la Universidad Jhons Hopkins.

Con este panorama, la 2ª ola de la pandemia sigue preocupante en Europa, donde continúa el rebrote de nuevos contagios diarios en Italia (+23.225 el viernes, 590 por 100.000 en las últimas dos semanas), en Francia (+12.696 diarios, 255 por 100.000), Reino Unido (+14.879 diarios, 331 por 100.000), Alemania (23.449 diarios, 302/100.000), Portugal (3.772 diarios, 628/100.000), Polonia (14.863 diarios, 610 por 100.000), Bélgica (+2.425 diarios, 271/100.000),  Chequia (+4.621 diarios, 525 por 100.000 habitantes), Holanda (5.603 diarios, 409 por 100.000 habitantes o Suecia (+6.485 contagios diarios, 682 por 100.000. De hecho, ahora, España, con 8.745 nuevos contagios el viernes 4 de diciembre,  es el 2º país de la Unión Europea con menos tasa de contagios recientes (14 días), tras Irlanda (81,7): teníamos 231 contagiados recientes el viernes 4 de diciembre, menos de la mitad que hace sólo un mes (528 contagios recientes el 4 de noviembre).

A pesar de esta mejoría general en España (estamos ya por debajo del “riesgo extremo”: más de 250 contagios últimos 14 días/100.000 habitantes), tenemos una tasa nacional de contagios (231) de “riesgo alto, según los semáforos de Sanidad, al estar en la franja 150/250 contagiados/100.000 habitantes. Y seguíamos, el viernes 4 de diciembre, con 7 regiones en “riesgo extremo: Asturias (344 contagios recientes/100.000 habitantes), Melilla (344), País Vasco (342), La Rioja (341), Aragón (302), Cantabria (302) y Castilla y León (295), según Sanidad. Han mejorado bastante Cataluña (de 720 contagios/100.000 habitantes el 6 de noviembre a 208 el viernes 4 de diciembre), tras un drástico cierre de bares y restaurantes más un cierre perimetral, y Madrid (que ha bajado sus contagios de 369 a 224 en el último mes), quizás debido a que ahora hace muy pocos test PCRs (11.010 diarios) y muchos test de antígenos (16.722 diarios), que detectan menos positivos en enfermos asintomáticos. Y sólo Canarias parece tener controlada” la pandemia, con sólo 86 contagios recientes por 100.000 habitantes, según los datos de Sanidad del viernes.

La cifra de hospitalizados sigue a la baja en el último mes (de 20.209 el 9 de noviembre a 12.552 el viernes 4 de diciembre), aunque es todavía muy alta y ocupa el 10,13% de las camas públicas. A Sanidad le preocupa el riesgo “extremo” en Asturias (22,14% camas ocupadas por COVID) y en Castilla y León (15,42% camas hospitales ocupadas). Los ingresados en UCIs han bajado pero menos (de 2.833 el 6 de noviembre a 2.371 el 4 de diciembre) y ocupan todavía el 24,64% de las camas UCI disponibles, aunque el riesgo es “extremo”, según Sanidad, en La Rioja (46,7% camas UCI ocupadas por enfermos COVID), Aragón (39,9%), Asturias (37,8%), Castilla y León (36,3%), Cataluña (31,5%), Comunidad Valenciana (27,3%), País Vasco (27,5%) y Madrid (26,2%).

Y lo más preocupante es que hay muchas muertes: +1.584 la última semana (viernes 20 al viernes 4 diciembre), lo que da una media de 226 muertes diarias (264 la semana anterior). Y la mortalidad se concentra en Andalucía (205 muertos la última semana), Castilla y León (123), Asturias (118), Comunidad Valenciana (106), Madrid (74) y Aragón (65 muertos la última semana). Y se han producido 14.000 nuevas muertes en los últimos 2 meses, casi un tercio del total (46.252). La mortalidad sigue alta  porque aumenta la edad de los contagiados y vuelve a haber rebrotes en las residencias de ancianos, origen de 27.000 muertes, el 58% del total en esta pandemia. Y algunos expertos advierten que el “pico” de muertes  se dará a finales de diciembre y en enero. Y más si hay 3ª ola.

El riesgo de una 3ª ola es muy alto porque tenemos pendientes las Navidades, que son unas fechas donde se multiplica la movilidad y los contactos interpersonales. Y el problema de partida es que ahora estamos peor de contagios, hospitalizados, UCIs y muertes que el 22 de junio, cuando se inició la desescalada. La comparación es muy elocuente en contagios diarios (de 125 el 22 de junio a 4.372 el viernes), contagios en los últimos 14 días (de 8,3/100.000 a finales de junio a 231 el viernes) hospitalizados en los últimos 7 días (de 150 en junio a 2.756 el viernes), de ingresados en las UCIS la última semana (de 10 el 22 de junio a 210 el viernes) y, sobre todo, en muertes (6 muertos el 22 de junio y 214 este último viernes).

El argumento es sencillo: si la desescalada se inició con esas cifras tan buenas, el 22 de junio, ¿por qué llegó después la 2ª ola? Pues poco a poco, mientras los españoles nos movíamos por todo el país y cogíamos vacaciones. Veamos el salto en los contagios, del que nadie alertó para pararlo en seco con medidas drásticas: los contagios recientes (últimos 14 días) crecieron exponencialmente con la desescalada: de 8,30 el 22 de junio a 30,88 (x3,7) el 22 de julio, 150 (x18) el 21 de agosto, 287 (x34,5) el 22 de septiembre, 361 (x43,5) el 23 de octubre y un máximo de 525 (x63) el 9 de noviembre. Así que ya sabemos lo que pasa cuando bajamos la guardia… Y hoy estamos peor, porque aunque han bajado los contagios a la mitad (231 el viernes 4 de diciembre), todavía tenemos un nivel de contagios que es casi 28 veces el que teníamos al inicio de la desescalada.

Por eso es tan importante plantearse la Navidad con rigor y medidas muy restrictivas: ya sabemos lo que pasa cuando “se abre la mano”. Lo han advertido hasta la saciedad los expertos. Y la propia Comisaria europea de Sanidad, la chipriota Stella Kyriakides, ha alertado de una “superpropagación” de la pandemia por Navidad. Y el Centro Europeo de Prevención de Enfermedades (ECDC) anticipó una 3ª ola  de la pandemia en enero si se relajan las medidas. Y han advertido que las restricciones para frenar el virus “tendrán que durar meses todavía, hasta que una parte considerable de la población esté vacunada”, lo que no será antes de junio o julio.

El riesgo está ahí, como estaba al inicio de la desescalada de junio, y tanto el Gobierno central como los autonómicos parecen dispuestos a repetir los mismos errores que nos llevaron a esta 2ª ola: no frenar la movilidad y no tomar medidas sanitarias efectivas para reforzar la detección temprana, los rastreos, los centros de salud, los hospitales y las UCIs. Y no quieren enfrentarse con medidas duras a unos ciudadanos hartos de verles enfrentados e indecisos y que ya llevan 9 meses de cansadas  restricciones por la pandemia. Así que “se juntan el hambre con las ganas de comer”: unos políticos que no se atreven a tomar medidas duras en Navidad (“olvídense este año de la Navidad y quédense en casa”) y unos ciudadanos hartos, que se cubren con la mascarilla y la distancia para intentar hacer vida casi normal, “a ver si se libran y enferman y mueren otros”.

Y en esta política del avestruz, Sanidad y las autonomías aprobaron el miércoles este Plan para la Navidad, que es toda una “dejación de responsabilidades”, unos por otros. Sanidad “abre la mano” a la petición de algunas autonomías para ampliar las reuniones familiares de 6 a 10 personas y amplia la vuelta a casa hasta la 1,30 de la mañana (en vez de a la 1). Y como no ha podido imponer el cierre perimetral de las comunidades, acepta que los españoles puedan viajar los días más señalados a otras ciudades a ver a sus familiares y “allegados” (un coladero para viajar). Son normas que van a multiplicar la movilidad y los contactos, además de ser muy difíciles de aplicar: ¿quién va a controlar que en una cena de Navidad hay 10 o 12 y si son de cuatro hogares distintos? ¿Cómo se va a impedir que media España viaje a la otra media a reunirse con un familiar o simplemente a viajar y ver a amigos, trasladando el virus de unas autonomías a otras?

Al final, el Gobierno y los políticos autonómicosse lavan la conciencia” dejando la responsabilidad en manos de los ciudadanos. Y de hecho, está ahí: nadie puede imponernos con quien cenamos, aunque sí limitarnos los viajes (Madrid, otra vez Madrid, no quiere cerrar la capital). Pero lo que sí debían decirnos es que la pandemia es preocupante, en España y en Europa, que no se puede bajar la guardia y que debemos “olvidarnos de la Navidad”, quedarnos en casa, ni cenas ni viajes: ya lo celebraremos en 2021. Sólo así tenemos la certeza de que salvaremos vidas (226 diarias) e impediremos que haya 100.000 muertos por COVID en junio. Y sólo así salvaremos también la economía, porque la 2ª ola ya ha provocado una caída del crecimiento este 4º trimestre (según la OCDE) y ha subido el paro y los trabajadores en ERTEs: hay 746.900 afectados, 114.000 más que hace dos meses.

Así que ya lo sabe: no piense en lo que Sanidad o su autonomía “le deja hacer estas Navidades”, piense lo que “debe hacer”. Y si le merece la pena jugarse su salud y la de los demás por salir de compras, ir a bares y restaurantes o viajar a ver a sus padres o hijos. Uno sólo no es el problema, pero millones de españoles moviéndose estos días suponen multiplicar el riesgo de contagios, hospitalizaciones y muertes. Seguro. Ya nos pasó este verano. Y aunque ahora tengamos más cuidado, también estamos peor que en junio. Así que o nos quedamos en casa, saliendo lo menos posible, como si no fuera Navidad, o lo podemos pagar después, en más enfermos y muertes. Y entonces, si llega la 3ª ola, sabemos que en pocas semanas se multiplica la pandemia. Y pararla obligará, entonces sí, a un cierre total, como en marzo. A eso nos arriesgamos, con 226 muertos más cada día que pasa, que serán muchos más en enero si no queremos “autoconfinarnos” ahora. Piénselo.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Cumbre del Clima: urgen más recortes emisiones


Este viernes 13 se clausura en Madrid la Cumbre del Clima, que intenta comprometer al mundo  a un mayor recorte de las emisiones de gases contaminantes que el de la Cumbre de París (2015). Pero será muy difícil, porque China, USA, India, Rusia y Brasil (53,5% emisiones totales) no están por la labor, mientras Europa promete emisiones cero en 2050. Lo grave, según los científicos, es que si los recortes no empiezan en 2020 y reducen un 50% de emisiones para 2030 y todas en 2050, el deterioro del clima será irreversible, con graves efectos sobre los mares, los ecosistemas, la salud y la economía del mundo. Urge imponer  más impuestos a los que emitan CO2, subir impuestos carburantes, promover energías alternativas, cambiar el modo de producir y consumir. En España, alcanzar un Pacto verde de todos los partidos, con medidas y dinero. Pero, sobre todo, tenemos que cambiar nuestro modo de vida: menos coche, menos carne, menos consumismo. No hay Planeta B.

enrique ortega

Hace ya 40 años, en 1979, científicos de 40 países se reunían en la 1ª Conferencia Mundial del Clima (en Ginebra) y alertaban de las “tendencias alarmantes” sobre el Cambio Climático y la necesidad de actuar. Hoy, en la Cumbre de Madrid (COP25), tras decenas de reuniones, el mundo emite el doble de gases de efecto invernadero: 37,1 millones de toneladas equivalentes de CO2, frente a 19,59 millones en 1979. Y emitiendo más cada año, hemos llegado a una concentración histórica de CO2, un 20% mayor que en 1979: 407,8 partes por millón en 2018, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una concentración que no se daba en la Tierra desde hace 3 millones de años (se sabe por las burbujas de gas atrapadas en el hielo ártico), cuando la temperatura era 3ºC mayor y el mar estaba 15 metros más arriba. Y el 2 de diciembre, al inaugurarse la Cumbre de Madrid, la concentración de CO2 en la atmósfera ya había subido a 410,90, según se ve en esta web diariamente.


Y estas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) son “culpa” del hombre: en  2011, los científicos Mark Huber y Reto Knutti, de la Escuela Politécnica de Zúrich, ya estimaron que “al menos tres cuartas partes del cambio climático en los últimos 60 años se debe a la actividad humana”. La mayor emisión es de CO2 (81% del total), que emiten sobre todo los transportes, las industrias, la generación de electricidad y los hogares, seguida del metano CH4 (11% de los GEI), emitido en sus dos terceras partes por la agricultura y ganadería, el óxido nitroso N2O (5% emisiones, desprendido por el transporte y la agricultura) y los hidrofluocarburos y partículas (2% GEI), emitidos por el aire acondicionado, los aerosoles y vehículos (PM10). Estos gases hacen como de “paraguas atmosférico” y provocan el calentamiento de la Tierra: la temperatura ya ha subido +1,1 ºC desde 1850 hasta hoy.


Este aumento de la temperatura de la Tierra se ha agravado en la última década, de un “calor excepcional”, según el último informe de la OMM presentado en la Cumbre de Madrid: las temperaturas del periodo 2010-2019 son las más altas registradas en la historia y 2019 será el segundo o tercer año más cálido desde 1850. Las consecuencias son evidentes. Primera, una subida del nivel del mar por el deshielo de los polos. El riesgo es que, a partir de 2050, se inunden cada año zonas costeras de Asia, América, Africa y Europa (Doñana, delta del Ebro, la Manga y municipios de Cádiz y Huelva), donde viven 300 millones de personas. Y se teme que, si no se toman medidas, el nivel del mar pueda subir 1 metro y más para 2100. Además, el aumento de la temperatura calienta el agua del mar y la concentración de CO2 lo acidifica, dos factores que deterioran los ecosistemas marinos (fitoplancton, corales, algas) y reducen la pesca, provocando su desplazamiento hacia el norte.


El segundo efecto del Cambio Climático, según el último informe de la OMM, es el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos: olas de calor (en Europa en junio y julio de 2019, con 46º en Francia y 42,6º en Alemania), graves inundaciones (centro EEUU, norte de Canadá y Rusia, sureste de Asia y sur de Europa y Levante español en 2019), aumento de huracanes, tormentas tropicales y ciclones, mega incendios (California y Europa), y sequías (Africa, sudeste asiático y suroeste del Pacífico en 2019) que han provocado hambre en muchas zonas de Africa y Asia. Desastres meteorológicos que, según los científicos, serán cada vez más frecuentes y más graves. Y que provocarán “migraciones climáticas”: 140 millones de personas pueden verse obligadas a migrar en 2050, según el Banco Mundial.


El tercer efecto del Cambio Climático es la pérdida de vida en la Tierra: 1 millón de especies (animales, insectos y plantas), de los 8 millones que existen, están en peligro de extinción y podrían desaparecer en las próximas décadas si no se toman medidas para frenar la drástica pérdida de biodiversidad, según un informe publicado en mayo por la Plataforma intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), organismo impulsado por la ONU. El estudio, elaborado durante 3 años por 145 expertos de 50 paises, revela que están amenazadas más del 40% de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes de coral, un tercio de los mamíferos marinos y un 10% de los insectos, que son claves para la polinización, de la que depende gran parte de nuestra agricultura. Y además, están amenazadas más de 1.000 especies de mamíferos domesticados. Estamos en puertas de “la 6ª gran extinción” de especies en la historia del Planeta.


Por si fuera poco, el Cambio Climático ya afecta seriamente a nuestra salud: la polución atmosférica y las emisiones causan ahora 7 millones de muertes “prematuras” (evitables) en el mundo (400.000 de ellas en Europa y 10.000 en España), según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que advierte que el Cambio Climático no sólo provoca enfermedades respiratorias (cáncer de pulmón, asma, neumonía), sino que la contaminación pasa a la sangre y provoca también enfermedades cardiovasculares, infartos e ictus. Y el Cambio Climático, además de destruir la vida y el Planeta, va a destruir la economía, porque provoca pérdidas crecientes. Y si se sigue emitiendo como hasta ahora, el crecimiento del mundo (PIB) caerá entre un 15 y un 25% para 2100, según un estudio publicado en Nature.


A pesar de este apocalipsis en el horizonte, la mayoría de los paises siguen emitiendo más gases contaminantes: +1,7% en 2018 y +1,4% en 2017, tras tres años estables (de 2014 a 2016), según la Agencia Internacional de la Energía. Y los expertos creen que las emisiones volverán a subir un +0,6% este año 2019. Mientras, los paises esperan a 2020 para confirmar las reducciones de gases prometidas por 195 paises en la Cumbre de París (2015). Pero los científicos alertan que “el Cambio Climático va más rápido de lo esperado y que hay que hacer más ajustes de los previstos, porque si no, la temperatura de la Tierra subirá 3,2ºC a finales de siglo y las consecuencias serán catastróficas. Así que la consigna de esta Cumbre de Madrid es “más ambición”: hay que hacer recortes más drásticos (multiplicar por 5 los recortes previstos en 2015) y empezar a hacerlos ya, en 2020.


La propuesta de la ONU al mundo, reiterada en Madrid, es que los paises recorten un 50% sus emisiones entre 2020 y 2030 (sobre las de 1.990) y que tengan cero emisiones netas para 2050 (sólo se emiten los gases que se absorban). Es un reto tremendo, pero los científicos aseguran que es la única vía para que la temperatura no suba más de 1,5ºC (sobre la del periodo preindustrial) para 2100 (ya ha subido 1,1º). Y para lograrlo, la ONU propone una auténtica “reconversión energética: eliminar las ayudas al petróleo y el carbón (302.000 millones de euros vía subsidios en 76 paises, según la OCDE), no construir ninguna central de carbón a partir de 2020, fomentar las energías limpias y ayudar a los paises pobres y en desarrollo a reestructurar su esquema energético (con un Fondo del Clima de 100.000 millones de dólares). Además proponen poner un impuesto a los emisores de CO2, subir los impuestos a los carburantes y promover bonos e inversiones “verdes”.


Los paises que emiten más gases contaminantes no han aceptado el reto de la ONU, en particular China (26,8% emisiones), EEUU (13,1%), India (7%), Rusia (4,6%) o Brasil (2% emisiones), que no se plantean aumentar los recortes previstos en París o que incluso no tienen planes de rebaja de emisiones (EEUU, Rusia o Brasil). Frente a ellos, la Unión Europea lidera la lucha contra el Cambio Climático, tras ser el primer continente en declarar la “emergencia climática”, el pasado 28 de noviembre, en el Parlamento Europeo. La nueva Comisión Europea ya se ha comprometido a reducir sus emisiones un 50% para 2030 y alcanzar cero emisiones en 2050, como pide la ONU, aunque hay tres paises “discordantes” (Polonia, Hungría y República Checa) y no hay todavía un acuerdo unánime.


Además, la nueva Comisión Europea se ha comprometido a aprobar en marzo de 2020 una Ley Climática europea (“European Green Deal”) para conseguir estos drásticos recortes de emisiones, movilizando 1 billón de euros de inversiones (públicas y privadas) en la próxima década. Empezarán creando un Fondo de 35.000 millones para financiar el cierre de las minas y centrales de carbón en Europa para 2030 (que suprimirá 160.000 empleos) y se contemplan 70 medidas, como la subida del impuesto al CO2 (hoy se pagan 25 euros por Tm y podría duplicarse y triplicarse), incluyendo en este mercado (donde hay 11.000 industrias europeas que pagan por el CO2 que emiten) a las compañías aéreas, con lo que subirían los billetes de avión. Además, reforzarán las ayudas a los coches y camiones eléctricos y destinarán el Banco Europeo de Inversiones (BEI) a financiar la “reconversión verde”. Y ya hay 100 académicos y 60 asociaciones que han pedido al Banco Central Europeo (BCE) que no compre activos (bonos y deuda) de empresas europeas que contaminen.


Está muy bien que Europa lidere esta lucha más decidida contra el Cambio Climático, pero será poco efectiva mientras no se sumen China (gran consumidor de energías fósiles y a la vez líder en energías renovables y coches eléctricos) y EEUU (dependerá de que Trump pierda las elecciones en noviembre 2020, aunque hay Estados, empresas e instituciones que ya están tomando medidas: “Estamos dentro”, ha dicho la demócrata Nancy Pelosi en Madrid). Pero hace falta que en el G-20, en la Organización Mundial del Comercio (OMC) o en la OCDE se aprueben medidas que afecten a todos los paises, como la creación de un mercado mundial de CO2 (donde los paises e industrias que emiten más paguen y los que emiten menos cobren), junto a un posible arancel o impuesto a las importaciones de paises que no reduzcan emisiones (medida propuesta por Macron). Y sobre todo, que las grandes empresas vean la ventaja (económica y de imagen) de reducir emisiones, como ya han hecho Volkswagen o Repsol, que prometen cero emisiones para 2050


En España, lo urgente es que el próximo Gobierno (si lo hay: tampoco es fácil) promueva un gran Pacto verde, con todos los partidos, empresas y entidades, para reducir las emisiones de gases contaminantes: en 2018 eran un 15,4% superiores a las de 1990, con lo que habría que reducirlas un 65,4% para 2030, un objetivo casi imposible. El punto de partida puede ser el Plan Nacional integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), enviado en febrero a Bruselas por el Gobierno Sánchez, aunque ahora tendría que ser más ambicioso, dado que en ese Plan se contempla reducir las emisiones un 21% para 2030 (sobre las de 1990). El Plan contempla el cierre de las minas y centrales de carbón para 2030, que el 100% de la electricidad sea renovable en 2040 (hoy es el 35,75%, según REE), aumentar los vehículos eléctricos y reducir el consumo de petróleo, carbón y gas en la industria y los hogares, así como reducir las emisiones en la agricultura y la ganadería.


Para saber cómo reducir las emisiones de gases contaminantes, hay que saber quién contamina. En 2018, según las estadísticas oficiales, el transporte fue “el primer culpable”, al emitir el 27% de los GEI en España. Le siguieron la industria (19% emisiones), la generación de electricidad (17%), la agricultura y ganadería (12%) y los usos residenciales (9% los  hogares, comercios e instituciones), junto a la gestión de residuos (4,1%), la maquinaria agrícola, forestal y pesquera (4%), las refinerías (3,5%), los gases fluorados de refrigeración y aire acondicionado (1,8%). Así que nos la jugamos en reducir emisiones en el transporte (carretera y aviación), la industria, la electricidad y el campo.


Es evidente que para que la industria, las eléctricas o los coches consuman menos combustibles fósiles y contaminen menos habrá que penalizar las emisiones subiendo impuestos. Por eso, resulta clave subir el coste del CO2 emitido (hoy 25 euros/TM), tanto a las cementeras, empresas de aluminio o centrales eléctricas. Y en paralelo, penalizar el gasóleo y la gasolina, subiéndoles impuestos para que se consuman menos carburantes y los conductores se pasen a los coches eléctricos (con más ayudas y “enchufes”). Hoy, los impuestos que paga el gasóleo (58,97 céntimos por litro) y la gasolina (69,81 céntimos/litro) son distintos y más bajos que en Europa (73,30 céntimos paga de impuestos el gasóleo y 86,73 céntimos la gasolina). Con estos ingresos por “impuestos verdes” se podrían pagar parte de las ayudas e inversiones que hacen falta para la “reconversión verde”. Pero además, harán falta enormes inversiones públicas (algunas vendrán de la UE) y privadas, así como financiación de la banca para proyectos verdes (hoy casi inexistente).


En total, el Gobierno Sánchez estima que hará falta invertir 235.000 millones de euros en la reconversión verde entre 2021 y 2030, un 20% con fondos públicos y el 80% restante privados. Eso va a suponer, además, cierres y despidos (minería, centrales, empresas obsoletas), pero se abren también oportunidades para “nuevas empresas verdes (donde España tiene multinacionales muy competitivas) y nuevos empleos: se podrían crear entre 250.000 y 364.000 en la próxima década, según el Plan del Clima. Y además, esta costosa reconversión verde, sería un “empujón” para el crecimiento: un 1,8% más de PIB para 2030.


Tener una energía más limpia supondrá al principio pagarla más cara, desde el gasoil a la luz, aunque a medio plazo bajarán los costes, porque las energías alternativas acabarán siendo  más eficaces y más baratas. Pero, sobre todo, la reconversión verde obliga a un cambio drástico en el sistema económico y en nuestro modo de vida. No vale con que reciclemos un poco o no usemos bolsas de plástico. Tenemos que modificar nuestras costumbres: no vale apoyar la lucha contra el Cambio Climático y usar el coche hasta para comprar el pan, consumir a destajo (en el Black Friday o Navidad), tener la calefacción o el aire a tope y todo encendido, coger el avión lo más posible o comer alimentos importados y carne casi todos los días (producir un filete de 200 gramos emite tanto como viajar en coche 100 km). Hay que vivir de otra manera y eso cuesta. Pero no tenemos otro camino: no hay un Planeta B.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Retrato de España (de la OCDE, no de Rajoy)



España va bien, reitera Rajoy mientras un 70% de españoles dicen que no notan la recuperación. La OCDE acaba de publicar un informe sobre cómo es la vida en España donde analiza 11 áreas, desde el empleo a la educación, comparando a España con los otros 34 paises desarrollados de esta organización. Y en 6 de ellas quedamos muy por debajo, con 12 de 25 indicadores peor. En resumen, estamos peor en empleo y paro, salarios, ingresos, pobreza y desigualdad, educación, vivienda, medio ambiente y bienestar. Y mejor en salud y esperanza de vida, apoyo social, vida personal  y seguridad. Pero quizás lo más preocupante es la mayor insatisfacción con la democracia y la corrupción y el creciente individualismo de los españoles. Un serio retrato de España que ha pasado desapercibido, pero que nos muestra donde debíamos volcarnos en el futuro: empleo, desigualdad, educación, tecnología, medio ambiente y servicios públicos. Y regeneración de la democracia. Son problemas de fondo, que no podemos olvidar por Cataluña.

enrique ortega

El informe se llama “Cómo va la vida 2017” y lo publica cada dos años la OCDE sobre los 35 paises desarrollados que integran esta organización, para comparar indicadores de vida y bienestar. Hagamos un repaso de estos datos, una radiografía reciente de España en 11 áreas, más una adicional  sobre la desigualdad y la pobreza.

El primer tema clave es el empleo y el paro, que explican casi todo lo demás y donde España está peor que la media OCDE en todos los indicadores. Empezando por la gente que trabaja (60,5% de los adultos frente al 67,1% en la OCDE, el 74,7% en Alemania, el 69,4% en USA o el 74,3% en Japón). Y claro, somos el 2º país de la OCDE (tras Grecia) con más paro total (16,7% frente a 5,7%) y más paro juvenil (39,2% frente a 11,96%). Y también el 2º país con más paro de larga duración (parados durante más de 1 año): 9,56% de los adultos activos frente al 2% en la OCDE. Además, los que tienen trabajo tienen “más inseguridad en el empleo” (el triple que en la OCDE) y más “tensión laboral” (parados que no encuentran empleo aunque lo buscan). Y finalmente, los que trabajan en España ganan un 15,7% menos que la media OCDE (37.333 dólares brutos frente a 44.290 dólares).

Segundo indicador, los ingresos. Los ingresos medios netos de las familias españolas (2015), que han caído un 6% sobre los de 2005, son una cuarta parte menos que los ingresos de las familias de los 35 paises OCDE (23.129 dólares frente a 30.620), lo que significa que hay 24 paises desarrollados cuyas familias ingresan más que las españolas. Eso sí, como España es un país de propietarios y la vivienda ha recuperado parte de su valor perdido, el patrimonio neto de las familias españolas es un 4,3% superior al de las familias en la OCDE (345.583 dólares frente a 331.132 dólares).

Tercer indicador añadido, la desigualdad y la pobreza. El indicador 80/20 mide la proporción de renta que tienen el 20% de los más ricos sobre el 20% que menos ingresa: 6,61 veces en España frente a 5,39 veces en la OCDE (y 4 veces en Suecia, 4,47 en Francia, 4,42 en Alemania, 5,91 en Italia y 6,11 en Reino Unido). Y también tenemos más pobres: ingresan menos del 50% de la renta media el 15,3% de los españoles, frente al 11,52% en la OCDE. Y según el Informe sobre España 2017 de la OCDE, somos el tercer país de la OCDE donde más ha crecido la pobreza durante la crisis (tras Lituania y Rumanía) y el 8º país con más pobreza relativa entre los 35 paises desarrollados de la Organización (un 15,5% de la población, frente al 11,8% de media en la OCDE), tras Israel, EEUU, Turquía, Chile, México, Estonia y Japón. Y resalta el grave problema de la pobreza infantil en España, que alcanza al 23,4% de los menores, casi el doble que en la OCDE (13,3%).

Cuarto indicador, la vida laboral y personal. En España hay menos personas que trabajan mucho, más de 50 horas a la semana (4,5% frente al 12,6% en la OCDE) y hacemos la mitad de horas extras que la media OCDE. Por ello, tenemos más tiempo libre: las horas de ocio, de no trabajar son 15,9 en España, una hora más que en la OCDE (14,9).

Quinto indicador, la vivienda. España tiene casas más grandes (1,9 cuartos por persona frente a 1,8 de media en la OCDE y Alemania, por ejemplo) y con todos los servicios básicos (sólo el 0,1% de viviendas no los tienen, frente al 2,2% en la OCDE). Pero aquí gastamos mucho más en mantener la vivienda, en gastos del hogar, que han subido mucho con la crisis: el 21,8% de los ingresos, frente al 19% de media en los paises OCDE. Y además, tenemos que dedicar mucho más esfuerzo (36,5% del sueldopara comprar una vivienda que las mayoría de europeos (entre el 15% y el 27% del sueldo les basta para comprar piso a los daneses, irlandeses, holandeses, suecos, alemanes, belgas, británicos, franceses e italianos), según recientes datos de pisos.com.

Sexto indicador, la salud. Hay una mayor proporción de españoles adultos que gozan de buena salud (el 72,4%) que en el resto de la OCDE (el 68,75). Y España tiene la segunda mayor esperanza de vida de la OCDE (83 años frente a 80,1 años en los 34 paises), sólo por detrás de Japón (83,9 años). Séptimo indicador, también favorable a España, el  apoyo social: aquí, un 94,8% de las personas tienen familias, amigos o instituciones y organizaciones a las que recurrir y que les apoyan, frente al 88,6% de las personas en la OCDE.

Octavo indicador, la educación, uno de los puntos negros del retrato de España. Hay tres indicadores claves. Uno, las competencias de los jóvenes de 15 años, que están por debajo de las de los jóvenes OCDE en comprensión lectora, matemáticas, ciencia y cultura financiera, según los sucesivos informes PISA. Dos, los adultos españoles tienen poca formación: sólo el 58% de los adultos españoles tienen estudios de 2 ciclo (Bachillerato, FP o Universidad) frente al 67,1% de los ciudadanos de la OCDE, con lo que somos el 4º país peor formado de los 35, sólo por detrás de México (36,6%),Turquía (38,5%) y Portugal (46,9%). Y tres, tenemos un elevadísimo  fracaso escolar, jóvenes (18 a 24 años) que dejan sus estudios al final de la ESO (o sin acabarla): eran el 19,97% en 2015, el porcentaje más elevado de toda la OCDE  y casi el doble que la media europea (11%), según la OCDE.  

Noveno indicador, medio ambiente. Por un lado, hay más españoles satisfechos con la calidad del agua (72,7%) que en el resto de la OCDE (80,8%). Pero hay menos población expuesta a la contaminación por partículas (11,5% frente a 13,9% en la OCDE), aunque ha aumentado en los últimos años. Décimo indicador, seguridad, uno de los “puntos fuertes” de España: tenemos una menor tasa de muertes por agresión (0,6% frente a 3,6% en la OCDE) y aquí hay más personas que se sienten seguras al salir de noche (83,1% frente a 68,6% en la OCDE), lo que nos hace el cuarto país con más sensación de seguridad en la OCDE, sólo por detrás de Noruega (87,7%), Islandia (87%) y Suiza (84%).

Undécimo indicador, que sirve de resumen: satisfacción ante la vida. Los españoles han reducido su nivel de satisfacción en la última década (el triple que la OCDE) y queda ahora en 6,9 puntos sobre 10, frente a 7,3 puntos de media en la OCDE. Y con ello, somos el 7º país menos satisfecho de los 35, tras Corea (5,9), Hungría (6,1), Grecia y Portugal (6,2), Letonia y Estonia (6,5 puntos).

Y dejo para el final el indicador sobre el compromiso cívico y la gobernanza, muy clarificador. Ha bajado el porcentaje de los que votan, en toda la OCDE, pero en España todavía votan más (69,8%) que en el resto de paises (68,6%), aunque son pocos los españoles que creen que pueden influir en lo que hace el Gobierno: sólo un 23% frente al 33% en la OCDE. En términos generales, la satisfacción con el funcionamiento de la democracia es inferior a la de los demás paises europeos de la OCDE: hay más porcentaje aquí de ciudadanos que dudan sobre la libertad e imparcialidad de las elecciones, sobre las políticas públicas para reducir desigualdades o sobre los mecanismos de participación. Y somos el tercer país más preocupado por la corrupción (el 82% de la población cree que está generalizada, frente al 56% en la OCDE), tras Italia (89%) y México (83%).

Los españoles están también más insatisfechos que en la OCDE con tres servicios públicos básicos: la sanidad (6,36 puntos de nota frente a 6,40 en la OCDE), la educación (6,11 frente a 6,48) y la policía (5,77 frente a 6,26). Y al final, tras toda esta insatisfacción política y con el Estado del Bienestar, los españoles se encierran en sí mismos. Cuando la OCDE les pregunta qué es lo que más les importa, responden (ver aquí resultados) por este orden: la salud, la educación, el equilibrio de la vida personal y laboral y la satisfacción ante la vida. El empleo queda en 6º lugar entre sus preocupaciones y lo que menos les importa es el compromiso cívico y la comunidad. O sea, los españoles son individualistas y frente a los problemas, se encierran en sí mismos y en su mundo. No en mejorar la política y la sociedad. Así nos va.

Cara al futuro, este retrato de España de la OCDE analiza los cimientos del país, los recursos básicos que tenemos y su potencial para el futuro. Primer cimiento, el capital natural. Señala como positivo que emitimos menos gases, CO2 y partículas que la media OCDE, pero les preocupa que tengamos menos bosques (la mitad de superficie por habitante) y menos recursos de agua dulce, mientras estamos en la media en animales y plantas amenazadas. El gran problema está en el capital humano: el atraso educativo y la baja formación de los adultos son un gran hándicap para el futuro, aunque estamos mejor en salud y esperanza de vida, si bien llaman la atención sobre nuestro alto nivel de tabaquismo (somos el 9º país europeo que más fuma, según el último Eurobarómetro). En el tercer pilar, el capital económico, destacan como problemas cara al futuro la elevada deuda, la menor inversión y sobre todo el desplome del gasto en Ciencia (I+D+i). Y en el cuarto cimiento de un país, el capital social, destacan los problemas de la falta de confianza en las instituciones, una menor confianza en los demás y en un bajo nivel del voluntariado social.

Bueno, como se ve con los exhaustivos datos (datos, no “impresiones”) de este Retrato de la OCDE, España no va tan bien como dice Rajoy. El Excel con todos los indicadores de España y los 34 paises restantes de la OCDE (verlo aquí), debería ser “la hoja de ruta” del Gobierno y la “oposición” para los próximos años, para que dejaran de obsesionarse con sus peleas cotidianas y afrontaran los grandes problemas del país a medio plazo: empleo de calidad, mejora de ingresos, lucha contra la desigualdad y la pobreza, apuesta por la educación, la sanidad y los servicios públicos, defensa del medio ambiente y regeneración de la democracia. Esto es lo que hace que “Spain is different”. Y aquí es donde nos jugamos el futuro. Así que, una vez que pasen las elecciones de Cataluña, afrontemos los problemas de fondo, los que hay que resolver como sea para equipararnos al mundo desarrollado. Y los ciudadanos también tendríamos que mirar este Excel  y su retrato de los males de España a la hora de analizar los programas electorales y votar. Luego no se quejen.