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jueves, 7 de septiembre de 2017

Viene un otoño muy complicado


El país vuelve a la rutina y nos espera un curso muy complicado, donde  la recuperación está acechada por múltiples problemas. Europa crece poco y el euro está muy fuerte, una malísima noticia para España: encarece un 14% las exportaciones y el turismo, los dos motores de nuestro crecimiento. Y dificulta que las empresas suban salarios. Además, Europa y EEUU temen que si dejan de “dopar” a la economía con dinero barato y suben tipos, la recuperación se frene. Y la locura de Corea puede frenar a las tres mayores economías (USA, China y Japón),  mientras los huracanes dañan la recuperación USA, junto a Trump. Un panorama preocupante para España, porque dos tercios del crecimiento viene de fuera. Y aunque seguimos creciendo, no conseguimos un empleo estable y decente, como demuestra la histórica pérdida de empleos de agosto. Y encima tenemos el problema de Cataluña. Urge reanimar la economía y aprobar un Plan de empleo. Consolidar la recuperación frente a los vientos en contra de fuera.
 

                                                                                                      enrique ortega

La noticia económica de este verano, además del cacareado récord de turistas, ha sido el repunte del euro, que superó los 1,20 euros por dólar el 29 de agosto, por primera vez desde enero de 2015. Los expertos habían previsto que el euro cayera este año, hasta cotizar a la par con el dólar (1x1), como consecuencia de la victoria de Trump y sus promesas de aumentar el gasto y las inversiones, atrayendo capitales y reforzando el dólar. Pero la política de Trump ha sido un fiasco y sus fracasos políticos y económicos han restado credibilidad a la recuperación USA y al dólar, que viene cayendo desde principios de año, cuando cotizaba a 1,0526 euros por dólar, hasta los 1,1985 euros por dólar de hoy. Es casi un 14% de subida, de revalorización de la moneda europea frente al dólar. Y a eso se une una fuerte caída de la libra tras el Brexit (23 junio 2016), hasta un 16% frente al euro.

Tener un euro tan fuerte es una mala noticia para Europa, porque es una economía abierta, que exporta más de lo que importa, y ahora todos sus productos son un 14% más caros para los compradores del resto del mundo, lo que reducirá sus exportaciones y crecimiento. Pero un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo, y si estos paises exportan menos fuera de Europa, también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españoles al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 14%. Y eso es preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a paises no euro, que pagan en dólares ahora devaluados, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español: aportaron en 2016 la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 14% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 14% más por venir a España, además de que también les están subiendo los viajes y hoteles. Y eso afecta al 40% de todos los turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente de paises europeos no euro (GB, nórdicos y rusos), americanos y asiáticos. Y además, la caída de la libra (hasta un 16%) encarece especialmente la venida a España de los turistas británicos, un 23% de todo el turismo extranjero.

Y hay un tercer efecto negativo del euro fuerte, del que no se habla. Los empresarios exportadores y del sector turístico intentan contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 14% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que no suban e incluso que bajen, deteriorando aún más sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar plantillas, no lo harán para contrarrestar con menos costes la subida del euro. Así que mientras el euro esté tan fuerte, será difícil que suban los sueldos de muchos trabajadores españoles. Así de claro. Y con ello, las familias tendrán menos para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Y eso debilitará el consumo interno y puede frenar el ritmo de crecimiento y la recuperación.

Así que el repunte del euro es una mala noticia para España y para casi todos, porque no sólo afecta a los exportadores y al turismo sino a los salarios, el consumo y el empleo. Pero además, hay otros problemas externos que pueden afectarnos mucho, como la evolución de la economía europea o de EEUU, el petróleo, los tipos de interés o la crisis de Corea. Y es que dos tercios del crecimiento español de estos tres años se debe, según varios expertos, a factores exteriores, a la buena marcha de la economía internacional, no a la política de Rajoy. Y el problema es que este viento de cola, que nos ha ayudado a crecer, puede soplar de frente en los próximos meses y frenar la recuperación internacional y española.

Europa crece pero poco, el 0,6% en el 2º trimestre y un 2,3% anual, muy por debajo del crecimiento que tenía antes de la crisis (3%). Y además, este bajo crecimiento (2,1% Alemania, 1,8% Francia, 1,5% Italia, 1,7% Reino Unido) se debe sobre todo a que la economía europea lleva dos años largos “dopada”, empujada por un “chute” de dinero barato (al 0% de interés) inyectado por el Banco Central Europeo (BCE) para impedir la ruptura de la zona euro. En total, serán 2 billones de euros que han inundado la economía europea y que permiten ese crecimiento (aunque sea bajo). El BCE pensaba retirar estos estímulos a finales de 2017 y subir los tipos en 2018, pero ahora tiene miedo de hacerlo. Porque piensa que la recuperación aún es débil y si retira los estímulos y suben tipos, podría frenarse. Y encima, si suben los tipos, invertir en Europa sería más atractivo y reforzaría aún más el euro, que iría camino de los 1,25 euros por dólar. Una cotización peligrosa para Europa y más para España.

Mario Draghi y el BCE se reúnen hoy jueves para intentar resolver este dilema: no pueden seguir “dopando” más a la economía (inundándola de dinero al 0%) pero si retiran los estímulos pueden hundir la recuperación. El mismo dilema tiene la Reserva Federal USA: la economía norteamericana crece pero todavía crea pocos empleos y tiene poca inflación (como Europa), síntomas de que la recuperación es aún débil. Así que dudan en subir más los tipos este año, como esperaban. Y más con los huracanes, que pueden costarles un 1,5% del PIB, la mitad de lo que están creciendo. Y sin un futuro claro, con Trump sin reanimar la economía y un grave problema con Corea del norte, que podría afectar muy negativamente a las tres grandes economías del mundo (EEUU, China y Japón), alumbrando otra recesión.

Como se ve, los vientos económicos que pueden venir de fuera no parece que vayan a ayudarnos este otoño y menos si el petróleo empieza a subir, tras el anuncio de un nuevo recorte de producción de la OPEP y Rusia después de diciembre. Con un euro fuerte, una Europa creciendo poco y una economía internacional indecisa, con menos comercio mundial, más proteccionismo y una posible subida del petróleo y los tipos de interés, la recuperación está amenazada y también en España. Crecemos sí, más que la mayoría de Europa, sí, pero el euro fuerte y la coyuntura internacional podrían frenar ese crecimiento este otoño-invierno. Y sobre todo, este crecimiento (0,9% en el segundo trimestre, otro 3,2% este año) no resuelve el mayor problema que tenemos, un 18% de paro. Porque el empleo que se está creando es menor que antes (375.000 empleos entre abril y junio, frente a 411.800 y 402.400 en las primaveras de 2015 y 2014) y muy precario (92,5% temporal).

Pero sobre todo, es un empleo muy vulnerable, donde la cuarta parte de las contrataciones son por menos de una semana y muchas por días. Y así pasa. Que en julio el Gobierno Rajoy hace triunfalismo con las contrataciones y en agosto se pierden la mayoría: el 31 de agosto se evaporaron 266.362 empleos, el día de mayor destrucción de empleo de nuestra historia.

Este comportamiento del empleo revela que la recuperación económica es frágil, porque tenemos un modelo de crecimiento basado en el turismo y los servicios, con poco apoyo industrial y de empresas competitivas que aseguren un empleo más estable. Y este modelo, mientras soplan vientos a favor desde fuera, se mantiene. Pero en cuanto vienen mal dadas (por un euro fuerte, petróleo más caro, crisis geopolíticas o tipos altos), hace aguas. Por eso, urge tomar medidas, dejar de regodearse en las cifras de crecimiento, que además no notan el 70% de los españoles, según el estudio FOESSA encargado por Cáritas.

Europa y España tienen el mismo problema: deben reanimar la economía para consolidad la recuperación y evitar una recaída, superar una década perdida. Ya no basta con el BCE y su dinero gratis a espuertas. Ya lo ha dicho su presidente,Draghi: es hora de que los Gobiernos tomen otras medidas, que pasan por invertir más y reanimar la economía, por gastar más en lo que hace falta: infraestructuras, medio ambiente y energía, industrialización, tecnología, educación y formación, innovación y modernización empresarial. Y conseguir así crecer más y crear más empleo.

En España, la gran urgencia de este otoño es aprobar un Plan de empleo, porque seguimos con el doble de paro que Europa y un empleo muy precario. Hay que poner en marcha políticas activas de empleo, como lleva años pidiendo la Comisión Europea, la OCDE y el FMI. Y reformar de una vez las oficinas de empleo, con más estímulos a la contratación y más formación y ayudas a los parados, ya que más de la mitad (el 52%) no cobran ya nada. En paralelo, urge aprobar un Plan contra la pobreza, porque hay 10 millones de españoles en situación “vulnerable”, según un informe de FEDEA y Accenture, entre parados, subempleados y trabajadores pobres, con lo que España sigue a la cola de Europa en indicadores sociales, según el informe de julio de la Comisión Europea. Y también hay que negociar un aumento de salarios superior al 2%, para facilitar una recuperación estable del consumo y consolidar  el crecimiento.

Pero sobre todo, el Gobierno debe reanimar la economía, no hacer más recortes como los que tiene previstos para el Presupuesto 2018, que va a presentar a finales de septiembre. Es una locura querer recortar el déficit al 2,2% en 2018 (el techo de Bruselas es el 3%) cuando España tiene el doble de paro que Europa y cuando un 22,3% de los españoles viven en el umbral de la pobreza (según el INE). Basta de meter la tijera. Es la hora de gastar más en lo que hace falta, desde infraestructuras y tecnología a educación y formación, desde inversiones públicas a industrialización y sobre todo incentivos al empleo. Y se puede hacer, porque se puede recaudar más: si España recaudara como el resto de Europa (el 46,1% del PIB en vez del 37,5%, según Eurostat), Hacienda ingresaría 94.000 millones más. Bastaría con recaudar 40.000 millones más cada año para gastar en lo que hace falta. Y se puede lograr si se reduce el fraude fiscal y pagan más los que pagan poco: multinacionales, grandes empresas y los más ricos. A los demás no nos tendrían que subir los impuestos.

Este debería ser el gran debate de este otoño, no sólo Cataluña o el terrorismo yihadista. Cómo podemos consolidar la recuperación y que la noten de verdad la mayoría de los españoles. Cómo conseguir que muchos españoles no estén angustiados con el final de su contrato o con no conseguir un empleo o con llegar a fin de mes. El Gobierno debe dejar su triunfalismo, su inmovilismo y su austeridad suicida. Y la oposición ha de pelear por lo que le interesa a la mayoría, un empleo y vivir mejor. Si no toman medidas, en España y en Europa, cualquier día, los vientos de fuera pueden acabar en huracán y darnos otro buen susto. Atentos a este complicado otoño.

jueves, 29 de enero de 2015

Grecia, Europa y el último cartucho del BCE


La victoria de Syriza en Grecia vuelve a agitar la crisis del euro, nunca resuelta desde que estalló hace casi cinco años, con Grecia como detonante. Pero el problema no es Grecia, sino Europa: su economía sigue estancada, el paro en máximos y la inflación ya es negativa, como anticipo de una tercera recesión. El BCE hace de “bombero(como en 2012, 2013 y 2014), y va a quemar su último cartucho: comprar deuda de los países, para dar liquidez a la economía y evitar la debacle. Pero la medida es tardía e insuficiente. El problema de Europa no es que falte crédito: falta demanda, actividad, ventas, inversión. Para reanimar la economía, no basta con dinero barato: hace falta reanimar el consumo (con sueldos e impuestos) y la inversión, sobre todo pública. Acabar con la austeridad y los recortes. Y renegociar la deuda, una losa para la recuperación. La de Grecia y de media Europa. Es la hora de los eurobonos.
 
enrique ortega

Hace ya cinco años que saltó la crisis de Grecia, al descubrirse (enero 2010) la manipulación de su déficit para entrar en el euro, lo que desencadenó su primer rescate (mayo 2010). Pero fue la errónea política de Merkel y Bruselas, al no “aislar” el problema griego y contagiarlo a la Europa del sur, la que llevó a Europa a la segunda recesión (-0,7% y -0,4% en 2012 y 2013) y desencadenó la grave crisis del euro, que pudo estallar en julio de 2012, tras pedir España el rescate bancario (junio 2012). Si el euro no se rompió entonces fue por Mario Draghi, presidente del BCE, que hizo de “bombero”, prometiendo que haría “todo lo necesario para sostener el euro”. Entonces sólo fue una amenaza, pero en julio de 2013 bajó tipos y aumentó la liquidez, algo que tuvo que repetir en junio y septiembre de 2014, bajando los tipos al 0,05% y ofreciendo 400.000 millones de euros a los bancos para que dieran créditos.

Las medidas del BCE han evitado la catástrofe, pero no el estancamiento de la economía europea, que crece al 0,2% cuando EEUU está creciendo al 4,2%. Y las últimas previsiones del FMI indican que la zona euro es “el farolillo rojo” de la economía mundial y crecerá un 1,2% en 2015 (tras un lánguido 0,8% en 2014). Estancamiento frente a  un paro histórico: Europa tiene 27 millones de parados, 2 millones más que en 2008, y una tasa de paro del 12,1% (zona euro), la más alta desde la postguerra mundial. Pero al final, el dato que ha hecho saltar las alarmas ha sido la inflación negativa: -0,2% cayeron los precios en la zona euro en 2014, mientras 16 países UE tenían inflación negativa (España el tercero que más: -1,1%). Eso aviva el riesgo de caer en la deflación (6 meses de inflación negativa), un grave problema porque retrasa las compras y el consumo, debilitando las ventas, inversiones y empleo, lo que frena más el crecimiento. Además, encarece la devolución de las deudas a países, empresas y familias. Y sobre todo, es un indicador de que la economía europea está muy enferma. Al margen de Grecia, un problema agravado cinco años después.

Al final, lo que no han conseguido dos recesiones y un paro histórico lo ha conseguido el miedo a la deflación : que Alemania permita al BCE que utilice todas sus armas y compre deuda de los países, para crear liquidez en la economía y reanimar el consumo, la inversión y la inflación. La decisión del BCE ha sido comprar 60.000 millones de deuda pública y privada al mes, de momento hasta septiembre de 2016 (en total, 1.140.000 millones de euros). Pero la decisión del BCE, en vigor en marzo, tiene cuatro “trucos”, cuatro concesiones a Alemania, que la quitan fuerza. Una, que se incluye en las compras la deuda privada que ya se estaba comprando desde septiembre, con lo sólo habrá 47.000 millones de compras nuevas al mes. Dos, que se comprará deuda en función del tamaño de cada país, con lo que se inyectará más liquidez en Alemania, Francia e Italia (dos tercios del total) que en los países del sur, más necesitados (un 12,5% de toda la deuda a comprar, unos 142.500 millones, será deuda española). Tres, que se pone un límite a la compra por país, salvo que haya planes de ajuste (para forzar a Grecia, Chipre y los que puedan caer). Y cuatro, que si hay pérdidas por la compra de deuda, el 80% se carga a los países y sólo el 20% se reparte (el euro es un Club, pero si vienen mal dadas, alemanes y nórdicos no quieren pagar los problemas de la Europa del sur).

Al final, la compra masiva de deuda por el BCE pretende inyectar liquidez, dinero al mercado: ofrece a los bancos e inversores comprarles la deuda (pública y privada) que tengan, que se animarán a vender porque está cayendo su rentabilidad. El objetivo es que con este dinero fresco, los bancos presten y los inversores inviertan, con lo que habría más actividad, más consumo y antes o después más inflación. Además, como muchos inversores se van a desprender de deuda europea, bajará el euro, que ya está en mínimos (hasta 1,11 euros por dólar, cuando llegó a estar en 1,40 euros este verano). Y al bajar el euro, los productos europeos son más baratos y se puede exportar mejor. Y se pueden atraer más turistas. Por último, si el BCE compra deuda, rebaja los precios y los países pueden emitir su deuda pagando menos interés. España, por ejemplo, llegó a pagar un 6,64% de interés a los que compraron bonos a 10 años en agosto de 2012 y en enero de 2015, antes de las compras masivas de deuda, ya pagó sólo el 1,63% por esa deuda. Un ahorro de 2.500 millones para 2015.

En teoría, pues, la compra masiva de deuda del BCE puede ser muy positiva, como se ha visto en EEUU y Reino Unido. Pero llega 5 años tarde y con una cuantía escasa: EEUU compró deuda por 3,5 billones de dólares desde 2008 a 2014, más del doble que ahora Europa. Pero sobre todo, el problema de Europa no es de falta de liquidez y tipos altos (como en USA en 2008): en Europa hay liquidez de sobra, como demuestra que los bancos sólo hayan pedido al BCE la mitad de los 400.000 millones que tenía para prestarles a bajo interés. Y no es que los bancos no quieran dar créditos, es que hay pocas empresas y familias solventes que quieran pedirlos. Porque la mayoría ni venden ni ingresan como para endeudarse y bastante tienen con quitarse deudas del pasado: sólo en España, las empresas deben todavía  962.521 millones de euros y las familias otros 757.182 millones. Una pesada losa como para pedir más créditos ahora, por mucho que el BCE inunde Europa de dinero barato. Y más cuando la economía no tira, no hay ventas y los sueldos se estancan.

Por eso, el último cartucho del BCE es, además de tardío, insuficiente. Puede ayudar, pero hace falta que los gobiernos europeos cambien el chip: tienen que olvidarse de la austeridad y los recortes (que Bruselas ha vuelto a pedir, para 2015, a Francia, Italia, España, Bélgica, Austria, Portugal y Malta) y reanimar la economía europea, fomentar que haya demanda (ventas) e inversión. Para ello sólo hay dos caminos. Por un lado, reanimar el consumo, tanto de las familias (mejorando los salarios y bajando impuestos a las rentas medias y bajas, subiéndolo a los más ricos, grandes empresas y multinacionales) como de los Estados, gastando más sobre todo lo que tienen menos déficit público (Alemania tiene superávit). Y por otro, reanimar la inversión, haciendo que la inversión pública “tire” de la privada, con más recursos de los que contempla el Plan Juncker, que sólo pretende aportar 21.000 millones de dinero público en 3 años.

El BCE ha “comprado tiempo, pero la crisis europea sigue ahí y si los Gobiernos no toman medidas efectivas, saltará de nuevo y caeremos en la tercera recesión de esta crisis. Y no hay que olvidar el problema de Grecia, al que hay que buscar una salida. Ya no se puede seguir por el mismo camino de la troika: más ayudas a cambio de más recortes que hunden más la economía griega e imposibilitan el futuro pago de la deuda (315.509 millones en octubre de 2014). Una deuda que Grecia tiene concentrada en cuatro países europeos: Alemania (66.310 millones), Francia (49.800), Italia (43.750) y España (26.000 millones prestados). Hay que dejarles que salgan de la UVI y se recuperen y para eso es imprescindible renegociar la deuda, ampliando los plazos para devolverla (ahora,32 años) y bajando el interés (pagan el 3%), para que puedan pagarla sin asfixiarles. Pero el problema de la deuda no es sólo de Grecia, aunque sea el más grave (deben el 176% del PIB). También tienen un grave problema de deuda pública España (deberá el 101,7% del PIB en 2015), Portugal (128%), Italia (127%), Irlanda (123%), Bélgica (105%) y Chipre (102%).

Para Grecia y para el resto, la única salida, además de renegociar la deuda (más plazo y menos interés), es compartirla entre todos los países, “mutualizándola: que la emita un Tesoro europeo (como en USA), de tal manera que pague lo mismo por la deuda griega que por la finlandesa, porque sólo hay una deuda, la europea. Son los eurobonos. La Europa del norte, con Merkel a la cabeza (“no habrá eurobonos mientras yo esté viva”) no quiere porque les tocaría pagar más, para que Grecia, España y la Europa del sur paguen menos. Pero eso debería ser el euro, un Club donde se comparte lo malo y lo bueno (también Alemania inunda de coches, electrodomésticos y créditos a la Europa del sur).

Una vez más, Europa está en otra encrucijada: o cambia drásticamente de política o la austeridad ya no da más de sí y nos lleva a la tercera recesión. Y al descontento de millones de europeos. Es lo que ha dejado claro Grecia: la mayoría de la población está harta de sacrificios inútiles. Un mensaje que puede repetirse este año en las elecciones de España y Portugal (y en Irlanda en febrero de 2016). Y mientras, engorda la bolsa de euroescépticos y la extrema derecha en Francia, Hungría, Grecia ,Reino Unido, Dinamarca, Finlandia, Austria, Holanda y  Alemania. Europa es “el farolillo rojo” de la economía mundial, a pesar de tantos sacrificios. Y el BCE no puede salvarnos, sólo evitar la catástrofe. Sólo queda explorar otro camino: acabar de una vez con la austeridad, reanimar de verdad las economías y aliviar el peso de la deuda. Cuanto antes.

jueves, 31 de octubre de 2013

Ojo al euro fuerte: destroza a España


Ahora que Europa (y España) salen de la recesión y los inversores vuelven al viejo continente, hay un nubarrón en el horizonte: el euro, fortalecido desde septiembre frente al dólar, el yen y la libra, provocando que los productos europeos sean un 8% más caros este año, lo que perjudica la recuperación. Sobre todo en España, donde sólo crecen exportaciones y turismo, dos motores que se pueden “gripar” si el euro sigue por encima de 1,35 dólares, como los últimos dos meses. El riesgo es que exportadores y empresas turísticas, para compensar esta subida del euro, fuercen una mayor bajada de salarios (perjudicando el consumo y el crecimiento), o hagan más despidos. Y ni Bruselas ni el BCE toman medidas para “bajarle los humos al euro”, mientras EEEUU, Japón o China debilitan sus monedas para crecer más. Atentos al euro más que a la prima de riesgo: si no baja de 1,30 dólares, peligra la recuperación.

                                                                                                 Enrique Ortega

El euro lleva subiendo, de forma intermitente, desde el 24 de julio de 2012, cuando alcanzó su mínimo (1,2059 dólares), porque parecía que Europa se iba a romper por la presión de la crisis de la deuda y los mercados. A finales de año ya estaba en 1,3194 y en febrero 2013 alcanzó un primer máximo, 1,3646 euros por dólar. Después perdió fuerza hasta caer en julio a otro mínimo (1,2787 euros por dólar) y enseguida recuperarse para empezar septiembre en 1,3196 euros por dólar y acabar el 28 de octubre por encima de 1,38 euros, la cotización máxima desde noviembre de 2011. Con ello, el euro se ha revalorizado este año más de un 8% frente al dólar, un 4,4% frente a la libra y un 17,3% frente al yen. Hoy está en 1,3642 euros por dólar.

Europa no tiene (tampoco) una política de tipo de cambio común y la cotización del euro varía según lo que hacen las demás monedas, cuyos países si influyen en su cotización. En el  último año y medio, Estados Unidos, Japón, China, Gran Bretaña o Brasil han hecho una política para reanimar sus economías, inyectando liquidez (dinero) y bajando los tipos de interés, lo que deprecia sus monedas, desde el dólar o el yen a la libra o el yuan chino. Y de paso, una moneda débil favorece sus exportaciones. Mientras, Europa ha hecho todo lo contrario: ha recortado el gasto público, drenando liquidez y manteniendo tipos altos (0,50% frente al 0,25% de EEUU, 0,10% en Japón o el 0,50% en Gran Bretaña). Y los inversores han buscado la alta rentabilidad europea (aún con riesgo), fortaleciendo al euro.

Esta “guerra de divisas” encubierta se ha agudizado este año, con la decisión de Japón, en enero, de inyectar otros 170.000 millones de euros para reanimar su economía, lo que ha depreciado más al yen. Y se ha acelerado en octubre, con la confirmación de que EEUU va a seguir inyectando liquidez en su economía (todavía débil), lo que ha depreciado al dólar, más tras la pelea (no resuelta) entre republicanos y demócratas por el tope de la deuda. Otro hecho clave es el temor de los inversores porque se agote el crecimiento de los países emergentes (Brasil e India sobre todo), que ha desplazado el dinero hacia Europa, fortaleciendo aún más el euro. Y más cuando Europa sigue siendo la inversión más rentable, tanto en Bolsa o en empresas (hay muchas “gangas”, como ha visto Bill Gates en FCC) como en deuda pública: España paga 4,04 % por el bono a 10 años, Italia el 4,14 y Francia el 2,22% (Alemania el 1,66%) mientras EEUU paga el 2,50% y Japón el 0,56%.

Resultado: los capitales se dirigen a Europa, invierten en euros y su cotización se dispara, llegando a superar los 1,38 euros por dólar (+14,5% de subida sobre el mínimo de julio 2012). Y los expertos creen que puede seguir varios meses entre 1,35 y 1,40 euros por dólar, cuando su cotización de equilibrio debía estar en torno a 1,21 euros (la primera cotización del euro, el 4 de enero de 1999, fue de 1,1789 dólares pero luego cayó, con el estreno real de la moneda única, el 2 de enero de 2002, a 0,9038 euros).

Un euro fuerte tiene dos efectos positivos y dos muy negativos. Lo bueno es que con un euro fuerte es más barato comprar productos extranjeros, desde coches a petróleo o alimentos, lo que ayuda a la inflación. Y resulta más barato viajar al extranjero y comprar en Londres, Nueva York, Tokio o Pekín. Pero estos beneficios no compensan los perjuicios: es mucho más difícil vender fuera, exportar, con un euro fuerte (como si hubiéramos subido los precios de los productos españoles un 8% extra este año). Y los turistas extranjeros se piensan más venir a España, porque con sus monedas les cuesta más viajar y pueden comprar y gastar ahora menos.

Si esto es preocupante para toda Europa, es más grave para España, un país donde lo único que crece (ahora y en los dos años anteriores) son las exportaciones y el turismo, los dos motores en que confía el Gobierno para salir de la crisis mientras el consumo y la demanda interna siguen estancados. Dos motores que se pueden “gripar” con un euro fuerte. De hecho, aunque el 69 % de las exportaciones españolas van a Europa, sólo el 48,2% van a la zona euro. Eso significa que más de la mitad de las ventas que hace España fuera se hacen en monedas que no son el euro, a países que ahora les salen más caros nuestros productos. Y en cuanto al turismo, aunque sigue batiendo récords, no hay que olvidar que un 53% de los turistas no son de países euro, entre ellos los turistas que más crecen: británicos (24% turistas), nórdicos (7,4%), rusos (8%), suizos (2,4%), norteamericanos, latinoamericanos y del resto del mundo, a los que ahora venir a España sale más caro.

El problema: si el euro sigue fuerte, las exportaciones y el turismo pueden debilitarse y con ello la recuperación, de por sí muy incipiente (creceremos menos del 1% hasta 2018, según el FMI). Lo peor es que las empresas exportadoras y turísticas, para seguir compitiendo fuera en precios con un euro fuerte, sólo tienen dos salidas: seguir bajando los sueldos de sus empleados (menos consumo y crecimiento) o reducir costes y plantillas. Más paro.

Así que nos jugamos mucho con el euro fuerte, aunque España sola no pueda hacer nada por “bajarle los humos”. Es una responsabilidad de Bruselas y el BCE, pero los jerarcas comunitarios prefieren “no hacer nada: son liberales fundamentalistas y creen, como dice Draghi, que el tipo de cambio “lo debe fijar el mercado”, sin que Bruselas intervenga en la cotización, como defiende en solitario Francia (y como hacen la mayoría de los países). Esta política es mala para Europa y nefasta para España, que sufre más que el resto del continente los efectos de un euro fuerte, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos productos intermedios a Alemania y Francia, por ejemplo, y si estos países exportan menos fuera de la zona euro, también nos compran menos (doble recorte).Y también porque España tiene el doble de paro y necesita crecer más que el resto, algo que dificulta más un euro fuerte, al depender tanto de las exportaciones y el turismo.

En definitiva: nuestro futuro inmediato depende mucho del euro y su cotización se decide fuera de Europa y de Bruselas, poco preocupados de momento por tener una moneda fuerte, aunque eso debilite el crecimiento del continente, la zona del mundo que menos crece:-0,4% este año, frente a 1,6% EEUU, 2% Japón o 4,5% los países emergentes, según el FMI. Sería importante que la Unión Europea cambiara de postura y el BCE tomara dos medidas claves: bajar los tipos de interés (al 0,25%) e inyectar liquidez en las economías europeas, para ayudar a que fluya el crédito. Y con ello, Europa crecería más y el euro perdería fuerza. Dos por uno. Como no parece que lo hagan, estemos atentos al euro más que a la prima de riesgo: nos afecta más. Si sigue por encima de 1,30 euros por dólar, peligra la recuperación.