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jueves, 5 de febrero de 2026

Tabaco: menos ventas, más beneficios

En 2025 se vendieron en España 48 millones menos de cajetillas de tabaco, tras subir las ventas de 2021 a 2024. Pero las tabaqueras aumentaron sus ingresos (+4,4%), por la subida de precios y la mayor venta de tabaco de liar y cigarrillos electrónicos, disparando sus beneficios, a costa de un consumo pernicioso, que provoca 50.000 muertes al año en España y una factura sanitaria extra de 8.000 millones. El consumo de tabaco ha bajado, pero todavía hay 12 millones de españoles que fuman, 8,3 millones diariamente. Y ayuda que España sea uno de los paises europeos con el tabaco más barato, mientras Bruselas estudia subir y armonizar los impuestos al tabaco, muy diferentes por paises. Mientras, en el Congreso espera una Ley contra el tabaquismo (difícil de aprobar) que aumenta los espacios libres de humo (a terrazas de bares y playas) y pretende frenar el consumo de menores, aunque no aumenta impuestos ni obliga a un etiquetado neutro, como piden los médicos. El tabaco mata: hay que erradicarlo sin contemplaciones.

                            Enrique Ortega

Las ventas de tabaco en España bajaron ligeramente en 2025, tras haber subido de 2021 a 2024: se vendieron 2.095 millones de cajetillas, un 2,2% menos que en 2024 (-48 millones de cajetillas), menos de la mitad de las cajetillas vendidas en España en 2008 (4.514 millones), según los datos del Mercado de Tabaco (Hacienda). Casi dos tercios de estas cajetillas se han vendido en Cataluña (441,4 millones), Andalucía (355,3 millones), Comunidad Valenciana (252,5 millones) y Madrid (230,5 millones), mientras las ventas conjuntas en La Rioja (14,38 millones de cajetillas), Cantabria (27,12), Asturias (45,5), Extremadura (49) y Navarra (50,6 millones) fueron la mitad de las ventas en Andalucía.

Pero aunque las ventas de cajetillas bajaron en 2025, los ingresos de las tabaqueras aumentaron un +4,4%, hasta alcanzar unas ventas récord de 13.711 millones de euros, casi 2.000 millones más que antes de la pandemia (11.865 millones en 2019). La venta de cajetillas supuso el grueso del negocio, con 11.267 millones de ingresos (+3,61%), el récord desde 2010, ventas concentradas en Madrid (1.537 millones de euros), Cataluña (2.989) y Andalucía (2.281 millones). Las 10 marcas más vendidas fueron Marlboro (17,34% de las ventas), Camel (12,59%), Winston (8,97%) Lucky Strike (6,94%), Fortuna (6,93%), Chesterfield (5,59%), Winston Classic (5,41%), West Brooklyn (5,14%), Nobel (3,34%) y Ducados negro (2,39%), según el Mercado de Tabacos. Y sorprende que crece más la venta de cigarros puros (552,6 millones, +5,32%), el tabaco de liar (1.421 millones vendidos, +6,15%) y el tabaco de pipa (470,88 millones, +19,55% de aumento).

Gracias a este aumento de ventas (más ingresos con menos cajetillas), las grandes multinacionales del tabaco han seguido aumentando sus beneficios en España, con sus importaciones de tabaco desde donde lo producen (sólo Altadis tiene una fábrica en España, en Cantabria). En 2024, la tabaquera líder, la norteamericana Philip Morris (que vende Marlboro y Chesterfield) rozó los 743 millones de ventas (+8%) en España  y ganó 58,9 millones de euros (+14,4%). La japonesa JTI (que vende Camel y Winston) ingresó 666 millones y tuvo unos beneficios de 14,2 millones (+6,8%). Y Altadis, la antigua Tabacalera integrada en el grupo británico Imperial Brands (que vende Fortuna, West Brooklyn, Nobel y Ducados), ingresó 511 millones y tuvo 112,1 millones de beneficios (+256%), unos beneficios que habrán aumentado en 2025.

Quien también se beneficia del tabaco es Hacienda, que tuvo en 2024 una recaudación récord por los impuestos al tabaco (especiales e IVA): 8.900 millones de euros. Una recaudación que ha aumentado en 2025, porque subió en enero el impuesto especial sobre el tabaco (se habían recaudado 6.696 millones hasta noviembre) y se estrenó en 2025 el nuevo impuesto especial sobre los líquidos de los cigarrillos electrónicos (que recaudó otros 370 millones hasta noviembre). Así que el tabaco podría reportar a Hacienda unos 9.400 millones de ingresos, una recaudación que también beneficia a las autonomías: se llevan el 58% de lo que paga el tabaco por impuestos especiales y la mitad de los que paga por IVA.

También se benefician del tabaco las mafias que lo importan ilegalmente o que lo producen en fábricas clandestinas. El contrabando de tabaco preocupa cada vez más a las tabaqueras y a Hacienda, porque estiman que supone el 10,2% del consumo, entre contrabando, comercio ilícito y falsificaciones, lo que supone unas pérdidas fiscales de 934 millones en 2025. La subida anual de los precios del tabaco y los nuevos canales de venta (Internet y paquetería) han aumentado el contrabando (no sólo de cajetillas, también de picadura para liar) y multiplicado las fábricas ilegales: en 2025 hubo 110 operaciones relevantes contra el contrabando de tabaco (el triple que en 2024) y se desarticularon 15 fábricas ilegales. Donde más prolifera el contrabando de tabaco es en Andalucía (el 23,7% de las cajetillas analizadas), donde están 9 de las 10 ciudades con más contrabando de España (la 10ª es Badajoz, con el 26,7% de las cajetillas detectadas como ilegales o de contrabando).

Vistas las ventas y el negocio del tabaco, analicemos el consumo, que ha seguido bajando en España pero sigue siendo muy alto. En 2024, el 36,8% de los españoles de 15 a 64 años habían fumado en los últimos 12 meses, porcentaje que ha bajado del 46,8% en 1997  al 41,7% en 2007 y el 39,4% en 2019, según la Encuesta Edades 2025, aunque en personas es una cifra muy elevada: 12 millones de españoles que han fumado en el último año. Y si miramos los que fuman a diario, el porcentaje era en 2024 del 25,8% de las personas entre 15 y 64 años, muchos menos que el 34,9% de 1977, el 29,6% de 2007 y el 31,3% de 2019. Pero ojo, son 8,3 millones de españoles que fuman a diario, un número muy elevado, sobre todo en Extremadura (41,7% población 15-64 años fuma a diario), Comunidad Valenciana (36,4%), Castilla la Mancha (30,7%) y la Rioja (28,9%, siendo algo menos en Cataluña (24,3%) y Madrid (22,3%) y bajo en Cantabria (18,5%) o Navarra (19,7%).

Y hay otros datos preocupantes. La edad media para empezar a fumar sigue en 16,6 años (como en 1997), aunque el mayor consumo diario se da entre los 35 y 64 años (30,2%). El tabaco de liar ya supone el 16,1% del consumo diario (otro 10,8% fuman cajetillas y tabaco de liar, mientras el 73,1% fuma sólo cajetillas) y crece año tras año, más entre los jóvenes por su menor precio. También crecen los cigarrillos electrónicos (dañinos para la salud, según los médicos y expertos), que han probado el 19% de la población, aunque sólo lo fuman a diario el 1,3%. Y lo más llamativo de la Encuesta Edades: el 67,7% de los fumadores “se han planteado dejar de fumar”, aunque sólo el 44% lo han intentado de verdad (más mujeres que hombres).

España se encuentra a medio camino entre los paises que más y menos fuman en Europa, el 2º continente que más fuma (26% de la población, 29% de los jóvenes entre 15 y 24 años). Si contabilizamos los mayores de 15 años que fuman cada día, la media europea está en el 18,4%, según Eurostat. En España son el 19,8% de los mayores de 15 años (8,3 millones), un porcentaje mayor que en Francia (17,8%), Italia (16,5%), Portugal (11,5%) y paises nórdicos (6,4% en Suecia, 9,9% en Finlandia) y menor que el porcentaje de fumadores en Alemania (21,9%), Grecia (23,6%) y la mayoría de los paises del Este  (28,7% fuman a diario en Bulgaria, 18,7% en Rumania, 20,4% en  Eslovaquia).

Este distinto consumo de tabaco entre los distintos paises europeos tiene mucho que ver con las distintas políticas antitabaco pero sobre todo está relacionado con el precio del tabaco, muy diferente entre paises. La Directiva europea obliga a aplicar al tabaco un impuesto especial (con 2 partes, una cantidad fija por cigarrillo y un porcentaje sobre su valor), con un mínimo, y después, el IVA de cada país. Pero estos dos impuestos son diferentes país a país. En el conjunto de la UE-27, el precio medio de la cajetilla es de 6,47 euros, donde el precio base son 1,17 euros y los impuestos son 5,30 euros (4,14 euros los especiales y 1,16% el IVA). Eso significa que el 82% del precio final de la cajetilla son impuestos.

Pero esta media esconde grandes diferencias de impuestos por paises, según este cuadro de Tax Foundation Europe. Los paises con más impuestos al tabaco son Irlanda (10,71 euros impuestos por cajetilla), Francia (8,09 euros), Paises Bajos (7,77 euros) y los paises nórdicos, mientras España está en el puesto 16º, con 3,13 euros de impuestos por paquete (79% del precio), parecido a Portugal (3,09 euros), menos que Italia (3,26 euros)o Alemania (3,80 euros) y un impuesto mayor que en Grecia (2,74 euros) y la mayoría de paises del Este (sólo 2,03 euros de impuestos por cajetilla en Bulgaria, 2,93 euros en Polonia o Hungría), que son precisamente los paises con más porcentaje de fumadores.

Al final, estos mayores o menores impuestos explican las grandes diferencias de precios del tabaco en Europa, aunque los fabrican las mismas multinacionales. Así, en noviembre de 2025, un paquete de Marlboro (la cajetilla más vendida) costaba 17,80 euros en Reino Unido, 15,60 euros en Irlanda, 12,50 euros en Francia, 13,90 euros en Noruega, 10,70 en Dinamarca y 10,30 en Finlandia, los paises más caros (ver cuadro). En España costaba 5,30 euros, el 9º país más caro, parecido a Grecia (5,40), Luxemburgo (5,80) y Portugal (6 euros), mientras los precios más bajos estaban en Bulgaria (3,80 euros), Polonia (4,60), Rumania y República Checa (4,70), Croacia y Lituania (4,80), Letonia y Eslovaquia (4,90).

El problema que plantean estas divergencias de precios son  las compras transfronterizas: los franceses pasan la frontera para comprar tabaco en Girona, Italia o Luxemburgo y los belgas y holandeses pasan a Alemania o a los paises del Este. Y además, hay más contrabando y fábricas ilegales en los paises con el tabaco más caro. Eso ha llevado a Francia y otros 15 paises europeos (España entre ellos) a enviar una carta a la Comisión Europea, en marzo de 2025, pidiendo una homogeneización de impuestos y precios del tabaco en Europa. La Comisión se plantea subir los impuestos, reforzar los controles aduaneros y endurecer la lucha contra las mafias, lo que podría subir en 2027 el precio final de las cajetillas unos 2 euros a los paises más baratos, España entre ellos.

Pero además del precio, la Comisión Europea está preocupada por el alto consumo de tabaco en Europa, porque provoca 700.000 muertes al año (8 millones en todo el mundo) y que el 50% de los fumadores mueran prematuramente, además de ser la primera causa de muchas enfermedades, desde cardiovasculares y respiratorias a muchos tipos de cáncer (un 30% son por fumar). En España, Sanidad considera al tabaco como la primera causa de las muertes evitables y estima que provoca 50.000 muertes al año (84% son hombres y 3.000 muertes son de fumadores “pasivos”), además de estar asociado a 35 enfermedades. Y los expertos estiman que el tabaco provoca un coste sanitario extra de 8.000 millones de euros anuales (el 8,8% del gasto total), además de un elevado coste por bajas laborales e invalideces.

Por todo este trágico coste, en vidas y gasto sanitario, la OMS lleva décadas intentando que los paises luchen más activamente contra el tabaquismo. Ya en 2003, la Asamblea mundial de la OMS aprobó por unanimidad el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), un abanico de medidas (reducción de la publicidad, recorte del consumo, empaquetado genérico, regulación cigarrillo electrónico, protección menores…) que la mayoría de paises no aplican. En España, la mayoría de estas medidas promovidas por la OMS se incluyeron en el Plan integral de Previsión y Control del Tabaquismo 2021-2025, redactado por el Ministerio de Sanidad en octubre de 2021 y consensuado con los médicos y asociaciones profesionales en diciembre de 2021. Pero el Plan antitabaco estuvo año y medio guardado en un cajón del Ministerio de Sanidad y no se aprobó hasta el 30 de abril de 2024.

El nuevo Plan de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027 pretende equiparar la regulación de los cigarrillos electrónicos con el tabaco, ampliar los espacios sin humo, mejorar la investigación sobre la nicotina y la salud, incorporar medicamentos subvencionados para dejar de fumar y cooperar con los Ayuntamientos en las ordenanzas sobre el tabaco. Para desarrollar este Plan, el Gobierno aprobó el pasado 9 de septiembre una nueva Ley frente al tabaquismo, que amplía las medidas de la Ley aprobada por Zapatero en 2005 y los cambios aprobados en 2010. La nueva Ley prohíbe la venta de cigarrillos electrónicos de un solo uso, regula más la venta del resto, prohíbe expresamente fumar a los menores, limita más la publicidad y el patrocinio del tabaco, amplia la información obligatoria en las cajetillas y, sobre todo, amplía los espacios donde no se puede fumar: terrazas de bares y restaurantes, playas, vehículos con conductor, parques infantiles, paradas de autobús, instalaciones deportivas, exteriores de hospitales, colegios y universidades…

La Ley está en el Congreso, pendiente de las enmiendas y su aprobación, que no va a ser fácil, dado el rechazo de la hostelería y una parte de la derecha, que defienden “la libertad” de fumar (y envenenarse…). Con todo, médicos y expertos se quejan de que la Ley no contempla dos medidas claves para reducir el tabaquismo. Una, la subida de impuestos, para que la cajetilla valga al menos 10 euros, encareciendo además el tabaco de liar y el vapeo, lo que reduciría el consumo y las enfermedades/muertes. La otra, imponer un etiquetado genérico neutro, menos atractivo y con más información explícita de los graves daños de fumar. Además, muchos defienden una tercera medida, más drástica: prohibir la venta de tabaco a los nacidos después de 2010, para crear “la primera generación sin tabaco”, como ya ha hecho Nueva Zelanda (prohíbe la venta a los nacidos a partir de 2009) y quiere hacer Finlandia (prohibiendo la venta a jóvenes a partir de 2030).

En resumen, se vende menos tabaco pero hay muchos fumadores y demasiadas muertes porque falta voluntad política para acabar con el tabaco, una droga que mata y tiene enormes costes sanitarios, económicos y sociales. Urge un Pacto nacional contra el tabaco, entre Gobiernos, médicos, profesionales y ciudadanos, para limitar al máximo su consumo y cercarlo sin contemplaciones, porque fumar no tiene nada que ver con la libertad sino con el suicidio. Hay que tomar las medidas que haga falta para que dentro de una o dos generaciones, casi nadie fume. Un país sin humo.

jueves, 6 de julio de 2017

El consumo de tabaco apenas baja


La venta de tabaco lleva 4 años estabilizada en España, entre 2013 y 2016, tras haber bajado casi a la mitad desde 2009, por las Leyes antitabaco de 2005 y 2010, cuyo efecto se ha  frenado. Y aunque este 2017 bajan algo las ventas, por la subida de impuestos y precios en enero, los médicos alertan de que todavía el 31% de españoles fuman cada día, más que la media europea. Y les preocupan sobre todo los jóvenes: España es el país europeo con más adolescentes que fuman y donde empiezan antes, entre los 11 y 13 años. Por todo ello, médicos y expertos piden un Plan nacional contra el tabaquismo, con más recursos, Campañas públicas (no se hacen desde 2007), ayudas a los tratamientos farmacológicos y psicológicos, cajetillas sin marca  y una subida de impuestos, la medida más efectiva. Y eso porque el tabaco causa 55.000 muertos al año y provoca el 12% del gasto sanitario público. Guerra abierta al tabaco.



                                                                     enrique ortega  

Uno de cada cinco habitantes de la Tierra (mayores de 15 años) fuma: son 1.100 millones de personas y muchos acabarán enfermando y muriendo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera al tabaco como el primer factor de riesgo sanitario, por delante del sobrepeso y el sedentarismo. De hecho, el tabaco es responsable de 100 millones de muertes en el mundo durante el siglo XX, el doble de muertes que provocaron las 2 Guerras Mundiales. Y si no se toman medidas drásticas, el tabaco provocará otros 450 millones de muertes en el mundo sólo en la primera mitad de este siglo XXI (2000-2050), según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Además de provocar enfermedades y muertes, el tabaco tiene un alto coste económico, tanto para las empresas (por absentismo y pérdida de productividad) como para los sistemas sanitarios: su coste asciende a 1,4 billones de dólares anuales, el 2% del PIB mundial, según un estudio de Tobacco Control.

En el mundo, el tabaco provoca cada año 7 millones de muertes, la mayoría a los propios fumadores (6,1 millones), pero también a los que están al lado (890.000 muertes de “fumadores pasivos”), según la OMS, que revela que el 80% de las muertes por tabaco se producen en paises pobres y en desarrollo. Y 700.000 muertes por tabaco se producen cada año en Europa, 55.000 muertes en España. Los médicos alertan que el tabaco es el primer factor de riesgo de cardiopatías y provoca casi la mitad de las muertes cardiovasculares en varones de 30 a 44 años, así como el 30% de todos los cánceres (el 80% de los de pulmón) y muchas enfermedades respiratorias e incluso en niños (que comparten el humo de sus padres). Se estima que en España, el tabaco provoca unos gastos sanitarios de 8.000 millones de euros anuales (el 12% del gasto sanitario público) y unos costes a las empresas de otros 8.000 millones, evaluando los costes de las bajas y la menor productividad.

En España, las leyes antitabaco de 2005 (con normas que restringían la venta, la publicidad y el consumo) y de 2010 (limitando fumar en lugares públicos) supusieron un gran freno al consumo de tabaco, que bajó casi a la mitad: de 4.067 millones de cajetillas vendidas en 2009 a un mínimo de 2.375 millones de cajetillas en 2013. Pero a partir de ahí, el efecto disuasorio se frenó y el consumo de tabaco se ha estabilizado en 2014 (2.339 millones de cajetillas vendidas), 2015 (2.325 millones) y 2016 (2.323 millones de cajetillas), según los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos. Y lo mismo ha pasado con el importe de las ventas: si en 2013 las tabaqueras ingresaron 10.217 millones de euros en España, en 2015 y 2016  habían ingresado 10.312 millones, un 1% más. A favor del estancamiento en el consumo de tabaco han jugado unos precios estables y la mejora de la economía.

Ahora, en 2017, el consumo de tabaco ha bajado algo, un 3% de enero a mayo (870 millones de cajetillas frente a 898 en 2016), según los datos oficiales, porque el tabaco subió de precio en enero, entre10 y 15 céntimos por cajetilla, al repercutir las tabaqueras la subida de impuestos aprobada por el Gobierno en el Presupuesto 2017 (el tipo específico subió un 2,5% y el 6,8% para el tabaco de liar). Una subida que pactaron las tabaqueras entre ellas, según denuncia el expediente abierto por la Comisión de la Competencia (CNMC), que acusa a Philip Morris, Altadis, Japan Tobacco Internacional y British American Tobacco (las 4 multinacionales que controlan el 96% del tabaco que se vende en España) de pactar precios y normas de mercado, lo que puede acarrearlas elevadas multas a estas tabaqueras.

A pesar de esta mínima bajada de ventas en 2017 , los expertos destacan que la caída del consumo de tabaco lleva años estabilizada, sin avanzar. Y más porque los datos oficiales de consumo no reflejan el tabaco de contrabando que se fuma: el tabaco ilegal supone el 7,7% del consumo legal (nada menos que 180 millones de cajetillas), segúndatos de Altadis, aunque hay dos zonas donde supone un tercio del consumo: Andalucía (el 28% del tabaco que se fuma es de contrabando) y Extremadura (20%). Por eso, aunque Andalucía es una de las regiones españolas con más fumadores, figura por debajo de la media en la estadística oficial de consumo de tabaco, publicada por el Comisionado para el Mercado de Tabacos: 64 cajetillas por habitante, frente a las 79 cajetillas de media en España o las 116 cajetillas de Navarra y las 114 de Baleares. Y lo mismo, el contrabando, explica el bajo consumo oficial de tabaco de Extremadura (82 cajetillas por persona) y Galicia (76).

Al final, los datos indican que España sigue teniendo un alto porcentaje de fumadores, a pesar de las leyes antitabaco: un 31% de españoles entre 15 y 64 años han fumado en el último mes, según el Informe 2016 sobre Alcohol, Tabaco y Drogas ilegales, publicado por el Ministerio de Sanidad. Y el último Eurobarómetro indica que España es el 9º país europeo que más fuma: un 28% de españoles (datos 2015), por encima de la media europea (26% en la UE-28), por debajo de Grecia (38% fumadores), Bulgaria y Francia (36%), Letonia (32%), Polonia (30%), república Checa o Lituania (29%), pero muy por encima de paises que han reducido drásticamente el consumo de tabaco, como Suecia (7% de fumadores), Reino Unido(17%) o Dinamarca, Bélgica, Irlanda y Holanda (20% fumadores).

Con todo, lo que más preocupa a médicos y expertos son los jóvenes: el 25,9% de los chicos y chicas españoles entre 14 y 18 años ha fumado en el último mes, según la última encuesta ESTUDES (datos 2014). Y los pediatras han dado la alerta: España encabeza la clasificación europea de adolescentes que fuman, el 33% de las chicas y el 29% de los chicos de 14 a 18 años, según datos de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA). Y además, somos también el país europeo donde los adolescentes comienzan antes a fumar, entre los 13 y 14 años, según la Encuesta ESTUDES (y cada vez más, a los 11 y 12 años). Un hábito que causa serios problemas médicos a los adolescentes, como asma, enfermedades respiratorias y vasculares, además de trastornos en la alimentación y el sueño.

Rajoy, en cinco años y medio de Gobierno, no ha tomado ninguna medida extra contra el tabaquismo, salvo trasponer la Directiva europea del tabaco de mayo de 2014, aprobando el pasado 9 de junio una serie de normas, con 13 meses de retraso (somos, junto a Luxemburgo, el país de los 28 que más se ha retrasado en aplicar las normas antitabaco europeas, que debían haberse adoptado en mayo de 2016). El cambio principal, que las tabaqueras llevan aplicando desde hace un año (para evitar problemas con Bruselas) es que las cajetillas tienen ahora alertas sanitarias (fotos y textos) más grandes, que ocupan el 65% del frontal y el 50% de los laterales. También se eliminan los tabacos con sabores y el mentolado, aunque se da de plazo a las tabaqueras hasta 2020. Y se prohíben las cajetillas de menos de 20 cigarrillos, exigiendo además un tamaño mínimo a las bolsas del tabaco de liar. Y se restringe el cigarrillo electrónico, con más advertencias en el envase y una reducción de líquidos.

Son pasos en la buena dirección, aunque lleguen con retraso. Pero médicos y expertos creen que hay que ir más allá, que España ha perdido iniciativa en la lucha contra el tabaco frente a otros paises europeos más decididos, como Reino Unido o los paises nórdicos. Y proponen dar un salto, como en 2005 y 2010, considerando el “tabaquismo como una enfermedad crónica” y aprobando  un Plan integral contra el tabaco, propuestas lanzadas en común por el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), la Fundación Española del Corazón (FEC) y la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Un Plan estatal, con apoyo político y más recursos, para promover medidas eficaces contra el tabaquismo.

La primera medida sería financiar los tratamientos farmacológicos y psicológicos contra el tabaquismo, que hoy no cubre la sanidad pública, salvo ayudas parciales a la financiación de fármacos en Canarias y Cataluña. No tiene sentido que se financien los medicamentos contra la diabetes o la tensión arterial y no los medicamentos con vareciclina y otros sustitutos de la nicotina, que podrían ayudar a dejar de fumar y evitar muchas enfermedades y costes sanitarios, lo mismo que determinados tratamientos psicológicos. De hecho, los gobiernos autonómicos de Navarra, Comunidad Valenciana y Madrid han anunciado que van a subvencionar los tratamientos antitabaco. Pero los médicos creen que debería ser una medida estatal, dentro de un Plan nacional contra el tabaquismo que también refuerce la atención a los fumadores en toda la sanidad pública, desde pediatras y médicos de familia a la ampliación de las unidades de tabaquismo de los hospitales, con más medios y recursos.

Otra necesidad es impulsar Campañas de prevención contra el tabaquismo, sobre todo en los jóvenes. No se entiende que la última campaña antitabaco se hiciera en 2007. Ni que la Dirección general de Tráfico, por ejemplo, gaste 12 millones de euros en las Campañas de prevención de accidentes y el Estado no gaste un euro en Campañas contra el tabaco, que mata 50 veces más que el tráfico y la carretera.

Un tercer frente de actuación es subir los impuestos, la medida más eficaz contra el tabaco según la OMS. En España, la fiscalidad del tabaco (impuestos especiales más IVA) supone un 78,7% del precio final. O sea, que si una cajetilla de Marlboro cuesta 4,95 euros hoy, 3,89 euros son impuestos. Un porcentaje mayor de impuestos del que pagan los carburantes (51% del precio final) o el alcohol (42%). Pero aun así, el tabaco en España está en la media de impuestos en Europa. Paga más que en Alemania (74,4%), Italia (76,7%), Holanda (77,5%) o Bélgica (77,5%), pero menos que en Finlandia (86% precio final), Reino Unido (84%), Irlanda (84,1%), Grecia (83,9%) o Polonia (81,2%). O sea, que hay margen para subir impuestos en España. Y más cuando el precio del tabaco en España es un 16% más barato que la media europea, según los últimos datos de Eurostat (2015): su índice de coste es 84, frente a 100 en la UE-28, 118 en Suecia, 127 en Francia o el 218 de Reino Unido (casi el triple de precio que España). Sólo hay 14 paises de los 28 con el tabaco más barato que en España y de ellos, 12 son paises del Este (los otros dos, Grecia y Chipre).

También se puede avanzar en el diseño de las cajetillas: médicos y expertos creen que sería más disuasoria  una cajetilla sin marca, un empaquetado genérico sin logos ni información promocional. Australia ya introdujo estas cajetillas “blancas” en 2012 y luego las han aprobado Reino Unido, Irlanda, Francia y Hungría. La Comisión Europea deja que esto lo decida cada país, pero el Gobierno Rajoy no quiere aprobar estas cajetillas, que defiende la OMS. Otras medidas propuestas son el control de la publicidad encubierta del tabaco (en la TV y el cine), el mayor rigor con las terrazas de bares y restaurantes y ampliar los espacios sin humo: a los estadios de fútbol (como ha legislado el Gobierno vasco), a los alrededores de edificios públicos, hospitales y centros educativos, e incluso al interior de coches y hogares donde se fume y haya niños menores. Ampliar más aún la “guerra contra el tabaco”.

Se fuma menos pero todavía se fuma demasiado y llevamos tres años de “impasse” en la batalla contra el tabaco, que se cobra 150 muertos diarios y colapsa nuestra sanidad. Hay que tomárselo más en serio, con medidas más duras y eficaces, la principal que el tabaco sea más caro: subir un 5% la cajetilla (25 céntimos) evitaría 3.000 muertes en España los próximos 20 años, según cálculos del CNPT. Habría que hacerlo, dentro de ese Plan integral contra el Tabaco que debería aprobarse cuanto antes. Hay que acabar de una vez con un hábito que enferma, mata, arruina nuestra sanidad y amenaza a los más jóvenes. Guerra al tabaco, una epidemia que debería terminar este siglo.

jueves, 18 de febrero de 2016

Adiós al tabaco "español"


En junio cierra la fábrica de tabaco de Logroño, la última que produce cigarrillos (Fortuna y Ducados) en la Península. Con ella, son 12 las fábricas de tabaco cerradas en España desde 1999, con 6.000 empleos perdidos. Es la consecuencia de un desplome del consumo (se venden la mitad de cajetillas que en 2008) y de un aumento del contrabando, que supone ya 1 de cada 10 cajetillas vendidas. La industria del tabaco está en crisis en EEUU y Europa y sólo aumentan las ventas en Asia, por lo que las multinacionales trasladan allí sus fábricas. Pero el tabaco causa todavía demasiadas muertes en el mundo, una cada 6 segundos. Y España es el 9º país con más fumadores de Europa y donde los jóvenes empiezan antes. Por eso, los médicos piden que suban los precios del tabaco (aquí es más barato) y que las cajetillas denuncien más claramente que mata. Entre el empleo y la salud, la opción está clara.
 

enrique ortega


El tabaco fue una de las grandes industrias de España en el siglo XIX, aportando hasta un 16% de la riqueza del país. Pero hoy sólo supone el 1% del PIB y las ventas se han desplomado al nivel de consumo que había en 1965: en 2015 se vendieron en  España 2.325 millones de cajetillas, casi la mitad que en 2008 (4.514 millones). La facturación cayó mucho menos, sólo un -11,8% (de 12.365 millones vendidos en 2008 a 11.904 millones en 2015), porque el precio del tabaco se ha disparado en estos años, sobre todo por la subida de impuestos: la cajetilla ha subido un 77% desde 2008 y un paquete de Marlboro (la marca más vendida) ha pasado de costar 3 euros (2008) a valer ahora 4,85 euros.

El desplome en la venta de cigarrillos se debe a varias causas. Empezó con la prohibición de la publicidad del tabaco, desde enero de 2006, y se agravó con la crisis, que hizo que mucha gente fumara menos (se ha pasado de 20 a 14 cigarrillos al día de media) y marcas más baratas. Pero el gran cambio se dio el 1 de enero de 2011, cuando entró en vigor la Ley que prohíbe fumar en bares, restaurantes, oficinas y edificios. Posteriormente, en 2011, 2012 y 2013 subieron los impuestos al tabaco, que suponen un 80% del precio final de los cigarrillos. Y eso hizo subir la venta de tabaco de contrabando, que no paga impuestos. La puntilla ha sido la crisis de Oriente Medio, que ha recortado las exportaciones de tabaco “español” a Siria e Irak, antes importantes compradores.

Con la crisis y la prohibición de fumar en locales, las tabaqueras hicieron frente a la caída de ventas lanzando una “guerra de precios”, con objeto de promocionar marcas más baratas que siguieran captando clientes y ganaran cuota de mercado. Surgió así el tabaco “low cost”, por debajo de 4 euros la cajetilla, que deja menos margen pero mantiene fumadores (Altadis disparó las ventas de West Brooklyn, fabricado en Logroño). Y empezó la moda de fumar tabaco de liar, más barato, aunque su venta se retrajo al subirle los impuestos en 2013 (ahora han subido las ventas de tabaco de pipa, para liar, que paga menos impuestos). En 2015, el mercado español de cigarrillos se lo repartieron las multinacionales Philip Morris (USA), con Marlboro (15% cuota) y Chesterfield (8,8%), Japan Tobacco (JTI), con Winston (12,5% de cuota) y Camel (7%), y la británica Imperial Tobacco (dueña de Altadis, fruto de la fusión de Tabacalera y la francesa Seita), con la marca Fortuna (7,4% de cuota).

El lobby (grupo de presión) de las tabaqueras (multinacionales) lleva años quejándose, en Bruselas y en España, de que el desplome de su negocio se debe a la fuerte subida de impuestos al tabaco, que ha disparado el contrabando. Y dan un dato: si en 2010, el tabaco de contrabando suponía el 3,9% de las ventas, en 2014 llegó al 12,5%. Eso obligó a muchos países europeos a tomar medidas contra el contrabando, porque mermaba sus ingresos fiscales. Y así, en 2015 el contrabando ya ha bajado al 10,6% en España, según Altadis, aunque hay dos zonas donde supone un tercio de las ventas: Andalucía (el 34% del tabaco que se consume es de contrabando) y Extremadura (31%).

En Europa, el contrabando de tabaco surgió hace una década, pero en España se ha recrudecido a partir de 2013, por el surgimiento de fábricas de tabaco clandestinas, creadas en polígonos industriales por mafias europeas (lituanas, polacas, bielorrusas o griegas), que importan maquinaria (como si fuera agrícola), tabaco a granel y tecnología, fabricando millones de cajetillas (hasta 3 millones a la semana) de tabaco ilegal (“pata negra” o “polvorón” ) que luego son distribuidos por pueblos y ciudades por mafias españolas. En los dos últimos años, las fuerzas de seguridad han desmantelado 8 de estas fábricas de tabaco ilegal por toda España. Además, hay multinacionales tabaqueras europeas (la griega Karelia o la luxemburguesa H. Van Landewyck) que fabrican "marcas blancas" de tabaco que acaban en el mercado ilegal español (y europeo). La tercera vía del contrabando es Gibraltar: miles de cajetillas que pasan cada día a España por carretera o en lanchas, con la connivencia del gobierno gibraltareño, según ha denunciado España y las tabaqueras.

El éxito del tabaco de contrabando es su precio, la mitad que el tabaco legal, lo que permite a un fumador habitual ahorrarse una media de 100 euros al mes. El problema lo tienen no sólo las tabaqueras, que pierden un 10% de sus ventas, sino el Estado, que también recauda menos: en 2015, Hacienda ingresó 9.137 millones de euros por  impuestos del tabaco (impuesto especial más IVA) y se estima que dejó de ingresar otros 1.000 millones por el contrabando. Una actividad ilegal poco castigada, ya que los responsables detenidos suelen acabar con penas de hasta 2 años de prisión. Y el tránsito por Gibraltar no baja.

La caída de ventas, por el menor consumo, el auge del contrabando y la caída de exportaciones, ha provocado que la multinacional británica Imperial Tobacco decida cerrar a finales de junio la fábrica de Altadis en Logroño, fundada en 1890 y en la que trabajan 471 personas, fabricando Fortuna, Ducados o West Brooklyn . Con ella, son ya 12 las fábricas de tabaco cerradas en España en los últimos diecisiete años, en Madrid (1999), La Coruña, Gijón, San Sebastián, Valencia, Alicante y Málaga (2002), Tarragona y Sevilla (2007), Cáceres (2012) y Cádiz (2014). Y ya no quedará ninguna fábrica de cigarrillos en la Península (sólo una fábrica de puros y puritos en Santander), manteniéndose sólo una factoría de Japan Tobacco (JTI) en Canarias. Adiós al tabaco “español”.

La industria del tabaco tiene problemas en todos los países y más tras haber sido 2015 el primer año en que cayeron las ventas de tabaco a nivel mundial. En EEUU, las ventas han caída a la tercera parte desde 1982 y en Europa casi a la mitad, pero crecen en Asia (por China y la India), en África y Latinoamérica. Eso provoca que las multinacionales cierren plantas en EEUU y Europa (el año pasado, Imperial Tobacco cerró sus plantas de Nantes, en Francia, y Nottingham, en Reino Unido) y que ahora se cierre la planta de Logroño, a pesar de la oferta de ayudas del Gobierno Rajoy  y de ser la tercera fábrica más eficiente entre las 40 plantas de Imperial Tobacco en el mundo. Se trata de poner las fábricas donde está ahora el consumo, en los países emergentes.

A pesar de la caída de ventas, el tabaco es un gran problema sanitario en todo el mundo: en EEUU, causa la muerte de 500.000 norteamericanos cada año (con un coste de 300.000 dólares anuales). En Europa, según la Comisión Europea, el tabaco mata al año a 700.000 personas, con un coste sanitario de 25.000 millones de euros. Y en España, el tabaco sigue siendo la primera causa de enfermedad y muerte, según los médicos: provoca 55.000 fallecimientos al año, con unos elevados costes sanitarios (8.000 millones al año) y a las empresas (8.780 millones por pérdida de productividad, absentismo y gastos limpieza).

Y a pesar de la caída del consumo, España sigue fumando mucho: fuman diariamente un 23% de los españoles adultos y un 2,3% más de forma ocasional, según la última Encuesta de Salud del INE (2014). Y la tasa de fumadores sólo ha bajado un 2% tras estos 5 años de prohibir fumar en lugares públicos. Además, España es el 9º país de Europa con más fumadores, según el Eurobarómetro de 2014: nos daba un 29% de fumadores, frente al 26% de media de toda Europa (y el 17% en USA), sólo por detrás de Grecia, Bulgaria, Croacia, Francia, Chipre, Eslovenia, Hungría y Letonia. Y lo peor: España es el país europeo donde los jóvenes empiezan antes a fumar: a los 16,7 años de media, casi un año antes que en el conjunto de Europa (17,6 años), según el Eurobarómetro de 2014.

Y mucho tiene que ver el precio: en España, el tabaco es más barato que en la mayoría de Europa, con un precio medio de la cajetilla de 4,30 euros (2014), que está muy alejado de los 10,78 euros por cajetilla de Noruega, los 9,45 de Reino Unido o los 9,30 de Irlanda, y por debajo de los 6,83 euros de Suiza, 6,60 euros de Francia, los 6,32 de Holanda, los 5,64 de Dinamarca, los 5,26 de Alemania o incluso los 5 euros por cajetilla de Italia, según datos del Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

En mayo de 2016 entrará en vigor la nueva Directiva Europea contra el tabaco, aprobada en 2014 tras muchas presiones del “lobby” tabaquero, que obliga a vender unas nuevas cajetillas, con más espacio para fotos y advertencias de que el tabaco mata (ver aquí nuevos diseños). Pero los médicos y el Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) piden que el futuro Gobierno español que vaya más allá y obligue a las tabaqueras a implantar el “empaquetado genérico”, una nueva cajetilla neutra, con el mismo color, tamaño y forma, sin logotipos y con más espacio para advertir que el tabaco mata. Lo implantó Australia en 2012, lo ha aprobado Irlanda y Reino Unido  y está pendiente en Francia, Finlandia y Hungría, mientras el Gobierno Rajoy lo descartó. Además, los médicos y la Comisión Europea advierten contra el cigarrillo electrónico, que consideran ineficaz, no inocuo (el vapor contiene sustancias tóxicas) y un elemento que “normaliza” el fumar.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que hay que “ir más allá” en la guerra contra el tabaco, porque provoca la muerte de una persona cada 6 segundos, 6 millones de personas al año, que, al ritmo actual, serán 10 millones de muertes en 2030. Y la OMS cree que lo único de verdad efectivo contra el tabaco es subir el precio, por lo que pide a todos los países que suban los impuestos al tabaco. Según cálculos del CNPT, subir un 5% la cajetilla en España evitaría 3.000 muertes en los próximos 20 años.

Al final, el dilema que se plantea es optar entre mantener el empleo en la industria del tabaco o arremeter contra ella con todos los medios, aunque se cierren fábricas, porque está demostrado que causa muchas muertes y enormes costes sanitarios. La elección parece clara: la salud antes que nada. No pueden chantajearnos con el paro. Cierren y váyanse. Pero no nos vendan tabaco hecho en Asia, sin crear trabajo aquí. Hay que acabar de una vez con un consumo y una industria que mata. Es otro gran reto del mundo para el siglo XXI.