La penúltima pelea política del PP contra el Gobierno se centra en pedir más dinero para las autonomías y vetar el techo de gasto y los Presupuestos de 2025. Veamos el trasfondo de este debate. Por un lado, es cierto que urge reformar el sistema de financiación autonómica (aprobado en 2009), como prometió Rajoy ya en 2014. El sistema actual penaliza a las autonomías con población mayor y más dispersa (España vaciada) y a las que atienden a más población necesitada de ayudas y servicios (inmigrantes y familias con bajas rentas). En concreto, hay 5 autonomías “infra financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en España (3.365 euros), según el último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha (3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media).
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lunes, 30 de septiembre de 2024
Autonomías: menos peso del gasto social
Las autonomías, empujadas por el PP, llevan meses
pidiendo más recursos al Gobierno y quejándose de falta de financiación. Pero incurren
en 3 contradicciones. La primera, piden más dinero y a la vez vetan
el nuevo techo de gasto y los Presupuestos 2025, que les
aportarían 12.000 millones más. La segunda, exigen más ingresos del Estado,
pero mientras rebajan impuestos (más a los más ricos) y pierden 6.500
millones de recaudación (Madrid, -60.000 millones desde 2004). Y la
tercera, piden más recursos para ofrecer más servicios, pero los datos
revelan que gastan menos cada año (porcentualmente) en gastos sociales (sanidad,
educación y servicios sociales) y más en pagar deuda y “otros gastos”.
Un escándalo. Y Madrid, la autonomía más peleona y pionera en bajar
impuestos, es la que menos gasta por habitante en sanidad y educación.
No hagan “demagogia” y piensen en “la gente”: urge reformar la
financiación autonómica y tener más recursos, pero para gastarlos
mejor en lo que hace falta. Enrique Ortega
La penúltima pelea política del PP contra el Gobierno se centra en pedir más dinero para las autonomías y vetar el techo de gasto y los Presupuestos de 2025. Veamos el trasfondo de este debate. Por un lado, es cierto que urge reformar el sistema de financiación autonómica (aprobado en 2009), como prometió Rajoy ya en 2014. El sistema actual penaliza a las autonomías con población mayor y más dispersa (España vaciada) y a las que atienden a más población necesitada de ayudas y servicios (inmigrantes y familias con bajas rentas). En concreto, hay 5 autonomías “infra financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en España (3.365 euros), según el último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha (3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media).
Pero la realidad es que, en los últimos años, todas las
autonomías han recibido más dinero que nunca del Estado central, gracias al
fuerte crecimiento y a la inflación, que han permitido a Hacienda récords de
recaudación: 271.935
millones en 2023, un +6,4% (tras aumentos del +15% en 2021 y +14%
en 2022). Por eso, el Gobierno Sánchez ha podido aportar a las autonomías
unas cantidades récord: 147.412
millones de euros en 2024 (+9,5%, un máximo histórico), que les han
permitido cubrir sus gastos y compensar la infrafinanciación. Y gracias al
crecimiento, el aumento del empleo y la recaudación récord, las autonomías recibirán
estos casi 7 años de Gobiernos de
Sánchez (2018-2024) unos
300.000 millones más del Estado de lo que recibieron durante los casi 7
años de Gobiernos de Rajoy (2012-2018).
Ahora, el Gobierno Sánchez quiere aprobar un Presupuesto para 2025, tras
no poder aprobar el de 2024 (por la falta de apoyo de ERC y Junts, tras el
adelanto electoral en Cataluña) y prorrogar este año el de 2023. Pero el
Gobierno tiene que aprobar antes, por exigencia de la Constitución (se
aprobó un añadido en 2011, obligado por Bruselas) y de la Comisión Europea, un “techo
de gasto” y una “senda
de déficit”, dos cimientos previos a todos los Presupuestos. El Consejo de
Ministros aprobó ambos el 16 de julio. Pero el PP (y Vox), con el apoyo de
Junts, lo vetaron a finales de julio. El Gobierno volvió a
aprobar lo mismo (techo de gasto y senda de deuda) el 10 de septiembre,
pero finalmente no lo ha llevado al Congreso, para no perder una 2ª
votación, dado que Junts sigue con su veto (con PP y Vox ).
Estos dos puntos de partida de los Presupuestos 2025 no
debían ser tan polémicos. Por un lado, el
“techo de gasto” es un tope que se pone a todo el
gasto del Estado, contando con lo que se espera crezca la economía (y la
recaudación) y la obligación (impuesta por la Comisión Europea) de rebajar
el déficit público (del 3% del PIB en 2024 al 2,5% prometido para
2025). Así sale que España no puede gastar más de 195.353 millones en
2025, un +3,2% (sin contar los Fondos europeos). Eso supone poder gastar
6.138 millones de euros más en 2025. Algo que beneficiará a todos los
españoles y también a las autonomías, que se llevan casi la mitad del gasto
total. Pero el PP (y Vox), que gobiernan 11 autonomías, vetan este “techo de
gasto”, no tanto porque les parezca alto (es el que admite la Comisión
Europea) sino como “arma de ataque político” al Gobierno.
El otro documento que también se veta es “la
senda de déficit” . En este
caso, el Gobierno reparte el tope de déficit prometido a Bruselas
para 2025 (2,5% del PIB, unos 37.500 millones de euros) entre el
Estado central, la Seguridad Social, las autonomías y los Ayuntamientos. La
idea es “repartir el ajuste”. Pero este año, el
Gobierno ha propuesto un cambio: la Administración central reducirá más
su déficit (al -2,2% del PIB frente al -2,8% inicialmente previsto: tendrá
que “ajustar” sus cuentas en 9.000 millones más) para que las autonomías tengan más margen
de gasto y puedan tener déficit (antes se les ponía como objetivo un superávit
del +0,1% del PIB y ahora se les permite un déficit de
-0,1%). Eso se traduce en que podrán gastar 3.000 millones más de lo previsto
en 2025 (y otro tanto en 2026). Y también mejora “la senda de
déficit” para los Ayuntamientos: si antes debían tener un superávit del
+0.1% del PIB en 2025, ahora, el Gobierno les propone que no tengan superávit (cuantas
equilibradas), con lo que podrán gastar 1.500 millones más (y 3.000 en
2026, cuando se les permite también un equilibrio en vez del +2% de superávit).
Esto es lo que significa, a lo claro,
la “senda del déficit” propuesta por el Gobierno: que las autonomías
puedan gastar 3.000 millones más en 2025 (y otros 3.000 extras en 2026) y
que los Ayuntamientos gasten 1.500 millones más en 2025 (y 3.000 en
2026), a cambio de que la Administración central gaste menos (-9.000 millones).
Y el PP (y Vox), que gobierna en 11 autonomías y la mayoría de los
Ayuntamientos, ha votado en contra… No se entiende, salvo que se anteponga la “pelea
política frontal” a los intereses de regiones y ciudades.
Pero hay más. Si no hay Presupuestos para 2025, por no aprobarse previamente
ni “el techo de gasto” ni la “senda del déficit”, las
autonomías van a tener menos recursos, porque recibirán con retraso
las aportaciones del Estado. Vean por qué. El grueso de los ingresos de
las autonomías son “las entregas a cuenta” que les hace el Estado
central (el Gobierno) a cuenta de la parte que les corresponde por los
impuestos que ingresa (la mitad del IRPF y del IVA y el 58% de los impuestos
especiales). Cada año se presupuesta lo que les corresponde y se les da
un anticipo: para 2025, Hacienda tiene previsto entregarles 147.320
millones. Y además, cada año se les entrega la liquidación de dos
años antes (la diferencia entre lo presupuestado y el ingreso real).
En 2025, está previsto liquidarles 11.692 millones, por la diferencia
de 2023 (recaudación real-entrega a cuenta).
Con ello, el proyecto del Gobierno es entregarles a las
autonomías 159.104 millones en 2025 (+2,6%), de los que 147.320
millones son a cuenta de la recaudación prevista, que son 12.743
millones más que en 2024. Pero si no hay Presupuestos, esta
aportación se retrasa legalmente y dependerá de un Real Decreto que
debe aprobar el Gobierno en 2025. Eso
ya pasó en 2024, cuando las autonomías recibieron sus aportaciones a cuenta
(son pagos quincenales) a partir de junio. Así que si no hay
Presupuestos, las autonomías no recibirán estos 12.743 millones extras de 2025 hasta
el próximo verano, no desde el 1 de enero.
Como se ve, las autonomías (y Ayuntamientos) perderán
recursos si no hay Presupuestos por una triple vía: habrá
menos gasto público en toda España (-6.138 millones), podrán gastar menos por
no aprobarse su nuevo techo de déficit (-6.000 millones en 2025 y otros tantos
en 2016) y les llegará medio año más tarde la parte extra que les corresponde
de la mayor recaudación de impuestos (12.743 millones). Quizás los ciudadanos que
viven en las autonomías no lo sepan, pero sus gobernantes sí lo saben.
Pero no han presionado al PP (ni a Vox) para que apoyen el techo de gasto y la
senda de déficit, aunque les cueste dinero.
En el caso de Junts, han suavizado su veto inicial a
la senda de déficit y quieren pactar, para “sacar tajada”: ahora buscan
aumentar el gasto autonómico, pelean porque el déficit de
las autonomías en 2025 sea mayor. Que en vez del -0,1% del PIB que
propone el Gobierno aumente: incluso proponen subirlo a un máximo del -0,8%. A lo claro, eso significaría que las
autonomías podrían gastar 10.500 millones adicionales en 2025. Y como a
Cataluña le puede corresponder un 25% (por su peso económico y fiscal), les “tocaría”
un gasto extra de +2.625 millones, que Junts vendería como “un triunfo político
propio”. El Gobierno está viendo cuánto puede ceder, ya que como el
déficit total es inamovible (no debería superar el -2,5%, para que lo
acepte Bruselas), lo que gasten de más las autonomías lo gastaría de
menos el Estado central (en servicios públicos, ayudas e inversiones).
La primera contradicción de las autonomías, al pedir
más dinero y vetar el techo de gasto y la senda de déficit , es evidente. La
segunda es aún más clara: las autonomías piden más recursos y a la vez,
las gobernadas por el PP (y Vox) reducen
su recaudación porque rebajan impuestos,
desde hace años. Una rebaja fiscal que beneficia más a los que más tienen y reduce
sus ingresos de forma clara. Así, en 2022, las autonomías
renunciaron a 5.710 millones de ingresos por sus rebajas fiscales, según
un estudio de la Fundación Alternativas, CES, Intermón Oxfam y CCOO. Concretamente,
hubo 10 autonomías que redujeron su recaudación, encabezadas
por Madrid (-6.255 millones, el 2,4% de su PIB) y Andalucía (-703
millones), Canarias (-363), Castilla y León (-353), Castilla la Mancha (-238),
Cantabria (-201) y Galicia (-147 millones), mientras la aumentaban Cataluña (+1.199),
Comunidad Valenciana (+683), Baleares (+550), Extremadura(+207) y Asturias (+46).
En general, la mayoría de autonomías han aumentado sus
deducciones en el IRPF y han “deflactado la tarifa” (descontado la
inflación de los ingresos), además de reducir los tipos en sucesiones y
donaciones (una carrera por bajar impuestos a las herencias) y bonificado el
impuesto del patrimonio. Con ello, en los Presupuestos autonómicos de
2024 se contemplan rebajas fiscales de -2.856 millones de euros,
según
la AIReF, de los que -624 millones son de la Comunidad Valenciana, -453
millones de Madrid, -169 de Baleares, -148 de Galicia y -124 de Navarra. Y para
2025, la mayoría de autonomías gobernadas por el PP siguen con rebajas
fiscales: otros
-180 millones Madrid, una autonomía que ha
renunciado a ingresar 65.000 millones desde 2004… Y mientras, es la
región que menos gasta en sanidad (1.280 euros por habitante frente a
1.635 de media y 2.129 en Asturias) y
en educación (858 euros frente a 1.081 de media y 1.522 euros en el
País Vasco).
Pero la contradicción más flagrante de las autonomías
es que piden más recursos al Estado y luego cada año gastan menos en lo que necesitamos,
en sanidad, educación y servicios sociales. Así, entre 2010 y 2023, las
autonomías han reducido el porcentaje de gasto que dedican al gasto social (aunque gastan más millones): de suponer dos terceras partes de su Presupuesto (el 67,4% en 2010) ha
bajado a ser poco más de la mitad (el 58,9% en 2023), según
denuncia un informe de los Directores de Servicios Sociales. Un
escándalo: piden más dinero y cada año pesa menos lo que se
gastan en sanidad, educación y servicios sociales, los servicios
públicos que gestionan. A cambio, ha aumentado drásticamente los intereses que
pagan por su deuda (era el 5,3%
del gasto en 2010 y supuso el 20,1% en 2023) y los “otros gastos”
(desde personal, compras e inversiones a gastos varios como inversiones megalómanas
o la Formula 1…).
Y aunque cada año aumentan los Presupuestos autonómicos, la
mayor parte del aumento no va al gasto social. Así, en 2023, según
el informe, sólo 1 de cada 10 euros de aumento de los Presupuestos
autonómicos fueron a aumentar el gasto social (sanidad, educación o
servicios sociales). Y en Sanidad, por ejemplo, el gasto por
habitante de las autonomías en 2023 (1.635 euros) es inferior
al de 2020 (1.657) y 2021 (1.678), a pesar de las listas de
espera y el deterioro de la sanidad pública. Además, hay una gran diferencia
en el gasto social: en 2023, están a la cola Madrid (2.464 euros por
habitante), Cataluña (2.942), Murcia (3.008) y Andalucía
(3.035), todas por debajo del gasto social autonómico medio (3.124 euros por
habitante), la mayoría gobernadas por el PP y bajando impuestos.
En el caso del gasto en Dependencia, los datos son
más escandalosos, según
otro informe de los Directores de Servicios Sociales: hay 3 autonomías que
han aprovechado la mayor aportación del Estado para gastar ellos menos en
Dependencia, en 2023 sobre el 2.020. Las autonomías que han “hecho caja”
son Castilla y León (ha gastado -34,7 millones, -6,3%), Galicia
(-6,4 millones, -2,1%) y Aragón (-3,2 millones, -1,6%). En conjunto, todas
gastaron sólo un 9% más en Dependencia (2020-2023), mientras el Estado
central aportaba un +138% estos 3 años. Y eso, a pesar de que los
dependientes crecen cada año y 292.792 están en espera de ayuda o trámites. Con
el agravante de que, como muchos son octogenarios, 40.000
dependientes mueren cada año sin recibir la ayuda a la que tienen
derecho (mientras las autonomías reducen o medio congelan su gasto).
Tras este “panorama”, quizás tengamos “otra idea” sobre las
peticiones de más recursos y el gasto que hacen las autonomías. Y entendamos la
demagogia que se hace cada día con el debate de la financiación
autonómica. Está claro que hay que reformar el sistema,
para que las regiones tengan más recursos, repartidos de forma más justa. Pero
también es evidente que hay que acabar
con el sistema actual de rebajas fiscales autonómicas, porque eso
perjudica a la mayoría de los ciudadanos: una minoría paga menos pero la
mayoría sufre que su autonomía acabe gastando porcentualmente menos en
sanidad y educación (Madrid)
o servicios sociales (Canarias).
Debería haber unos
mínimos comunes, que aseguren unos servicios públicos homogéneos
en toda España, desde el tratamiento del cáncer a las guarderías o la
FP. Unas leyes que incluyan Fondos de nivelación para igualar los
servicios públicos que se prestan a los ciudadanos, vivan donde vivan.
Debates que casi nadie plantea.
La penúltima pelea política del PP contra el Gobierno se centra en pedir más dinero para las autonomías y vetar el techo de gasto y los Presupuestos de 2025. Veamos el trasfondo de este debate. Por un lado, es cierto que urge reformar el sistema de financiación autonómica (aprobado en 2009), como prometió Rajoy ya en 2014. El sistema actual penaliza a las autonomías con población mayor y más dispersa (España vaciada) y a las que atienden a más población necesitada de ayudas y servicios (inmigrantes y familias con bajas rentas). En concreto, hay 5 autonomías “infra financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en España (3.365 euros), según el último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha (3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media).
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lunes, 9 de septiembre de 2024
La economía bien, la política mal
Tras las vacaciones, España afronta un otoño muy
complicado, más en los temas políticos que en la economía. Los datos
oficiales revelan que hemos superado la triple crisis de la
pandemia, la guerra der Ucrania y la hiperinflación, con mejor nota que la
mayoría de Europa: crecemos el triple, creamos más empleo
(1,7 millones desde 2019) y la inflación ha bajado al 2,2%. Pero mucha
gente no nota esta mejora de la economía, porque sus salarios
apenas crecen y todo es más caro. Y les agobia pagar un alquiler, el colegio
o la universidad y una sanidad privada o una residencia. Y las autonomías
piden más recursos, mientras se enquista una reforma de su financiación.
Además, persiste el problema de la inmigración ilegal (manipulada por la
ultraderecha) y parece imposible que el Gobierno apruebe un
Presupuesto para 2025. Al final, la polarización y el enfrentamiento
político impiden mejorar la economía y los problemas que preocupan a los
españoles. Estamos ante el riesgo de una “Legislatura fallida”.
Además de crecer más que la mayoría, España ha superado
también, como el resto de Europa, el grave problema de la hiperinflación: la
inflación anual ha bajado al 2,2% en agosto de 2024, según
el INE, como la eurozona (2,2%)
y muy lejos del 10,5% que subían los precios en agosto de 2022 (tras la guerra
de Ucrania y el tirón de los precios de la energía, las materias primas y los
alimentos).Y eso, a pesar de unos tipos de interés récord impuestos por
el BCE (en el 4,50%, aunque los
bajó en junio al 4,25%, todavía el tipo más alto desde 2008),
que han encarecido hipotecas y préstamos, debilitando la recuperación más que
la inflación.
A pesar de que “la economía va bien”, la
mayoría de los españoles “no lo notan”, según las encuestas del CIS.
La razón es evidente: tras dos años de fuerte subida de precios (2022 y 2023), todo
es mucho más caro ahora. Y a muchas familias les cuesta más llegar a fin
de mes, porque sus sueldos han subido menos que la inflación.
Es lo que pasa incluso este año: la inflación anual media sube un
+3,2% hasta agosto y la subida salarial en los convenios firmados (hasta
julio) es
del +2,9%. Así que los trabajadores con convenio pierden
poder adquisitivo (-0,3%) y los que no tienen convenio más. Y eso ha
pasado también en 2022 y en 2021. De hecho, los trabajadores
españoles han perdido un -5,16% de poder adquisitivo entre 2020 y agosto de
2024, según los datos del INE
y Trabajo.
Eso explica que muchas familias no noten en sus bolsillos “la
mejora de la economía”. Eso contrasta con la situación de las empresas, que
han mejorado sensiblemente su facturación, márgenes y beneficios en estos
últimos cuatro años y medio. El margen bruto sobre ventas se ha
disparado: es el 13,5% entre abril y junio,
según el Observatorio de Márgenes Empresariales, lo que augura un tercer
año récord de márgenes, tras un +12,9% en 2023 y 12,1% en 2021, por encima
del 10% de 2020 y 11% de margen en 2019. Así que mientras las familias pierden poder adquisitivo, las empresas suben márgenes (a pesar del aumento de
costes), subiendo precios. Y eso les ha permitido aumentar sus
beneficios estos años. En 2024, de enero a junio, las
empresas cotizadas ganaron 32.099 millones, un +15,22% de aumento,
sobre todo las energéticas, eléctricas, bancos y distribución.
Las familias españolas tampoco notan que “la economía
va bien” porque siguen con problemas económicos preocupantes en su día a
día. Por un lado, los servicios públicos esenciales se
han deteriorado y les siguen costando dinero. Es el caso de la Sanidad,
donde crecen las listas de espera, no sólo para el especialista,
sino para ver al médico de familia, lo que se traduce en que contratan cada vez
más un seguro médico privado: 12,4
millones de españoles lo pagan cada mes, 1 de cada 4 personas (un 38,7%
en Madrid y un 32,4% en Barcelona). Y
también es costosa (y complicada) la educación de los hijos, desde
la guardería y el colegio (con gastos
crecientes en los concertados) a la Universidad y la FP (cada vez más
privada). Y lo mismo el atender a los dependientes (mayores), muchos en
espera de ayuda (331 días de media y 130.643
con derecho reconocido y en “lista de espera”) y otros sin atención y obligados a pagar caras
residencias (la mayoría privadas).
Así que tres servicios claves, Sanidad, Educación y
Dependencia funcionan “tensionados”, faltos de recursos y personal,
lo que obliga a las familias a gastarse dinero en cubrir sus necesidades
sanitarias, educativas y dependencia. Y estos servicios los gestionan las
autonomías, que se
quejan de falta de recursos de la Administración Central. Pero el Gobierno
asegura que les anticipará 147.412
millones de euros en 2025, a cuenta de los ingresos que les corresponden
por impuestos, un +9,5% sobre 2024 y la mayor aportación de la historia. Y
recuerdan que han
transferido a las autonomías 178.750 millones más (+40%) durante los
Gobiernos de Sánchez (entre 2019 y 2023) que los recibidos con los Gobiernos de
Rajoy (2013-2017).
Este otoño volverá con fuerza el tema de la
reforma de la financiación autonómica, la petición urgente de todos los
Gobiernos regionales para contar con más recursos para atender a
los servicios públicos que gestionan (sanidad, educación, dependencia, ayudas y
servicios sociales, vivienda…). Una petición justificada porque el actual sistema
de financiación se aprobó en 2009 y debía haber sido reformado en
2014. El Gobierno Sánchez promete presentar una reforma a las
autonomías este año, pero el problema es la falta de acuerdo político
entre el PP (que gobierna en 11 autonomías, más Ceuta y Melilla, aunque no
tienen todas una postura común) y el Gobierno. Y eso, porque lo
que está en juego son los criterios de reparto de los ingresos que
corresponden a cada autonomía.
En el sistema de financiación actual, lo que
prima es la población de cada comunidad: las más pobladas reciben más
ingresos en el reparto de la recaudación total (también las autonomías más
ricas contribuyen con más ingresos). Y eso perjudica
a autonomías con menos población, que piden ahora un nuevo
sistema de reparto de la financiación que prime más el porcentaje de
población mayor o la diseminación de la población y el peso de la España
vaciada. Según los criterios que ser fijen, habrá autonomías que reciban comparativamente
más dinero que ahora y otras menos (aunque todas ingresarán más).
Con la financiación autonómica actual, hay 5 autonomías “infra
financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en
España (3.365 euros), según el
último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad
Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha
(3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media).
Estas autonomías son las que más se quejan de falta de recursos, porque llevan
10 años ya recibiendo menos de lo que les correspondería con un sistema
“más justo”. Las 10 autonomías restantes están “sobre financiadas”, reciben
más que la media (3.365 euros por habitante). Las 4
regiones que se benefician más del actual
sistema son La Rioja (recibe 3.954 euros por habitante, 898
euros más que Murcia), Cantabria (3.944 euros), Baleares (3.877
euros) y Extremadura (3.809 euros por habitante), seguidas de lejos por
Canarias (3.696 euros), Castilla y León (3.573 euros), Aragón (3.529 euros),
Asturias (3.584), Galicia (3.448) y Cataluña (3.396 euros).
Otro problema clave de este otoño, que afectará a las
autonomías y a todos nosotros, será la aprobación de los Presupuestos para
2025. El Gobierno
promete presentar un proyecto este mes de septiembre, pero no cuenta con
mayoría para sacarlo adelante, a la vista de que Junts (el partido de
Puigdemont) ya
votó en contra del techo de gasto que aprobó el Gobierno en julio (y
amenaza con sumarse al PP y Vox en el veto a los Presupuestos de 2025). Si el
Gobierno no consigue el apoyo de Junts (y de ERC, el PNV, Bildu o Podemos),
tendrá que prorrogar
los Presupuestos actuales de 2024 (que ya prorrogaron los de 2023) para
2025, al igual que se prorrogaron los de 2018 (en 2019 y 2020). El problema
es que la
prórroga obligaría a gastar menos (-22.288 millones), porque el techo
de gasto sería el de 2023 (173.065 millones) y no el propuesto para 2025 (195.353
millones). Así que no aprobar el Presupuesto para 2025 supone gastar 22.288
millones menos, que se traduce en menos recursos públicos para sanidad,
educación, Dependencia o inversiones que tanta falta hacen…
Con todo, la pelea más “sonora” de este otoño será la
inmigración, no porque sea lo que más preocupa a los españoles sino
porque la derecha y la ultraderecha creen que es la bandera que les da más
votos. Hay un dato preocupante: la inmigración ilegal hacia España se
ha disparado: 56.852
inmigrantes ilegales entraron en España en 2023 (39.910 por Canarias), un
82% más que en 2022. Y en la primera mitad del año 2024 han llegado 26.585
inmigrantes ilegales, un 90% más que en 2023. Está claro que hay que frenar
este ritmo de llegadas, sobre todo con
acuerdos con los paises de salida (ahora Mauritania, Senegal, Mali y
Gambia, muchos con conflictos bélicos) y con medidas internas (el Gobierno expulsó a 2.515 inmigrantes irregulares en el primer trimestre).
Está claro que hay
que regular la inmigración, facilitando la llegada de extranjeros
de forma legal y limitando la vía de la inmigración ilegal (que no parará). De
hecho, España necesita la llegada de 200.000 extranjeros cada año para cubrir
trabajos claves, en el campo, el turismo, la construcción y muchas industrias y
servicios. Y para pagar impuestos, cotizar y financiar las pensiones y los
servicios públicos, algo de lo que no se habla cuando se identifica a la
inmigración con inseguridad y costes. Un debate que
debería no ser político y sectario, para primar la humanidad, los derechos humanos y la
economía.
Otro debate clave, más prioritario, es la
grave situación de la vivienda
en España, que no sólo afecta a los que buscan un techo
(jóvenes y nuevas familias) sino a toda la economía, porque hay
muchas actividades muy afectadas por la falta de vivienda para sus
trabajadores (turismo, industrias, sanidad, colegios y Universidades,
servicios…). El problema de fondo está claro: faltan viviendas para
vender y alquilar y eso está disparando los precios. Sobre todo del alquiler.
Su precio se ha disparado un 30% desde 2019 y cuesta 1.206 euros de media (13,4
euros/m2 en junio), según
Idealista, llegando a 1.800 euros en Barcelona y 1.782 euros en Madrid. Cantidades
imposibles de pagar para muchos sueldos y que revelan el problema de fondo:
la
falta de oferta (se ha reducido un 41% desde 2019, por el trasvase a
pisos turísticos y de temporada, más ventas) y el tirón de la demanda (se
ha duplicado con creces estos años).
En resumen, “la economía va bien”, pero las familias
españolas lo podrían notar más si la política se preocupara de resolver sus
problemas cotidianos, desde la mejora de los salarios y el empleo de
los jóvenes a la sanidad, la educación a la vivienda y la lucha contra el
cambio climático. Pero estamos metidos en una política de “polarización”
y enfrentamientos constantes que perjudican
a la economía, como la peligrosa deslegitimación
del Gobierno y las instituciones democráticas. Y así resulta imposible
sentarse y tratar de buscar una solución a la sanidad, la vivienda, la
financiación autonómica o la inmigración, aprobar medidas entre todos que
mejoren la vida de la gente. Todo apunta a que, si no hay
Presupuestos 2025 ni acuerdos en los problemas básicos, estamos ante “una
Legislatura fallida”. Y ante un “parón” político que acabará dañando
la economía.
Enrique Ortega
Tras cuatro años y medio de continuas crisis,
desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la hiperinflación, la economía
española parece asentar su recuperación, a juzgar por los datos
oficiales. Por un lado, somos el país europeo grande que más crece: +0,8%
en el 1º y 2º trimestre de 2024, casi el triple que la zona euro y que la UE-27
(+0,3% de crecimiento los dos primeros trimestres) y también por encima de Francia
(+0,3%) o Italia (+0,3% en el primer trimestre y +0,2% en el 2º) y mucho mejor
que Alemania (su PIB creció un +0,2% en el primer trimestre y cayó un -0,1% en
el 2º), según
Eurostat. Y lo mismo pasó en 2021 (España creció un 6,4% y la
UE-27 un 6%), en 2022 (+5,8% frente al 3,4%) y en 2023 (un +2,4%,
cuatro veces más que el +0,6% UE-27), compensando con creces la mayor
caída que sufrimos en 2020 con la pandemia (-11,2% frente a -5,6% de caída en
la UE-27).
Así que ahora (2º trimestre 2024), España crece a una media
anual del 2,9%, cuando Europa está estancada y Alemania roza la
recesión. La clave del “éxito” económico español está en un fuerte tirón
del turismo (que superará este año los 90 millones de visitantes, con
un gasto récord de 128.000 millones de euros), en el mantenimiento del consumo
de las familias (por la fuerte creación de empleo: +1,7
millones desde 2019, más estable y mejor pagado), en el pulso de las
exportaciones, que se mantienen fuertes en los últimos años, a
pesar de la caída en 2024 (-2,4%, en España, menos del -3,2% que caen en UE-27) y por el empuje de los Fondos europeos: España ha
adjudicado ya el 55% del total asignado (38.604 millones de euros) y puede
adjudicar el resto hasta finales 2026.
Pero no se
puede hacer demagogia, porque la mayoría de la inmigración se hace
por cauces controlados: en
2023, España recibió 639.000 inmigrantes netos, lo que permitió
aumentar la población y proveer de mano de obra a muchos sectores (el 40% del nuevo
empleo lo consiguen extranjeros). Y en España viven (censados) 4.394.900
extranjeros de fuera de la UE, el 6,4% de la población total (en Europa,
los extranjeros no comunitarios son el 9,1%).
La solución pasa por aumentar
la oferta de viviendas, aumentando la promoción de viviendas nuevas (se
terminaron 80.473
viviendas “libres” en 2023, frente a 356.000 en 2009) y facilitando a los
propietarios que pongan su vivienda en alquiler (no “asustándoles” con
controles). Y sobre todo, alcanzar
un gran Pacto entre Gobierno, Ayuntamientos, autonomías, promotores
y bancos para promover 150.000 nuevas viviendas al año, la mayoría para
alquilar.
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