La mayoría de españoles ven claro el deterioro de la sanidad pública, agravado tras la pandemia, aunque son una amplia mayoría los que prefieren que les atienda la sanidad pública antes que la privada si tienen un problema grave. El último Barómetro Sanitario 2025, elaborado por Sanidad y el CIS, refleja una nueva pérdida de confianza de los españoles en la sanidad pública: el 20,2% de los encuestados opina que funciona “mal” (en 2009 eran sólo el 4,1%) y el 27,1% creen que necesita cambios (23,3% en 2009), aunque todavía el 51,7% señalan que “funciona bien” (eran el 72,1% en 2009). A la hora de valorar la sanidad pública, la nota media que dan es 6,02 sobre 10, muy por debajo de los 6,74 puntos que daban en 2019. Eso sí, la nota varía mucho por autonomías. Es mucho más baja en Andalucía (5,37), Ceuta (5,39) Melilla (5,56), Canarias (5,77), Castilla la Mancha (5,99) y la Comunidad Valencia (5,99 sobre 10). Y dan la mejor nota a la sanidad pública de Cantabria (6,68 puntos), País Vasco (6,54), Castilla y León(6,40), Murcia (6,38), Rioja y Baleares (6,35 sobre 10).
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lunes, 29 de junio de 2026
Gasto sanitario muy desigual por autonomías
En los últimos meses, se han multiplicado en media España las
manifestaciones y protestas de
sanitarios y pacientes en defensa de la sanidad pública, cada
día más deteriorada y con crecientes listas de espera (9,1 días para ver
al médico de cabecera). El último Barómetro de Sanidad y el CIS refleja que casi
la mitad de los españoles creen que la sanidad funciona mal o
necesita cambios. Y la peor
valoración se da en Andalucía, Ceuta, Melilla y Canarias. La clave de los
problemas sanitarios es la escasa financiación, menor que en Europa, con
varias autonomías con un gasto sanitario por habitante por
debajo de la media: Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares y
La Rioja, mientras los que gastan más en salud son País Vasco,
Asturias , Extremadura, Cantabria y Castilla y León. Los expertos piden más
gasto público en sanidad, sobre todo en atención primaria, y contratar 100.000
enfermeras y 6.000 médicos. Gastar más y mejor repartido, para que la
atención sanitaria no dependa de dónde vivamos. Los hospitales se llevan el 62% del gasto sanitario público
La mayoría de españoles ven claro el deterioro de la sanidad pública, agravado tras la pandemia, aunque son una amplia mayoría los que prefieren que les atienda la sanidad pública antes que la privada si tienen un problema grave. El último Barómetro Sanitario 2025, elaborado por Sanidad y el CIS, refleja una nueva pérdida de confianza de los españoles en la sanidad pública: el 20,2% de los encuestados opina que funciona “mal” (en 2009 eran sólo el 4,1%) y el 27,1% creen que necesita cambios (23,3% en 2009), aunque todavía el 51,7% señalan que “funciona bien” (eran el 72,1% en 2009). A la hora de valorar la sanidad pública, la nota media que dan es 6,02 sobre 10, muy por debajo de los 6,74 puntos que daban en 2019. Eso sí, la nota varía mucho por autonomías. Es mucho más baja en Andalucía (5,37), Ceuta (5,39) Melilla (5,56), Canarias (5,77), Castilla la Mancha (5,99) y la Comunidad Valencia (5,99 sobre 10). Y dan la mejor nota a la sanidad pública de Cantabria (6,68 puntos), País Vasco (6,54), Castilla y León(6,40), Murcia (6,38), Rioja y Baleares (6,35 sobre 10).
Uno de los servicios peor valorado de la sanidad pública es la
Atención Primaria, muy tensionada por el aumento de población (más
envejecida) y la falta de recursos y sanitarios: la nota que dan los
encuestados es 6,27 sobre 10 (era 7,13 en 2019). Y la queja más frecuente es la
creciente espera para ser atendido por el médico de familia: 9,15 días de
media, el doble que antes de la pandemia (4,7 días de espera en 2019).
Una espera que es mucho mayor en Andalucía (11,16 días de media
para ser atendido), Cataluña (10,59 días), Madrid (9,60 días) y Comunidad
Valenciana (9,34 días), bajando a la mitad en País Vasco (4,91 días de
espera media) y siendo baja en Asturias (5,45), Cantabria (5,90) y Ceuta (5,95
días).
La atención de los
especialistas es el servicio peor valorado (5,74 sobre 10),
debido a la enorme espera que supone conseguir una cita con el especialista
(128,9 días, más de 4 meses de media). El ingreso y la atención en
hospitales es mejor valorado (7,02 sobre 10), especialmente en Cantabria
(7,64), Asturias (7,55), País Vasco (7,53) y Castilla y León (7,52), bajando la
valoración de los hospitales en Ceuta (5,92), Melilla (6,18), Canarias (6,62) y
Comunidad Valenciana (6,72 sobre 10). El servicio mejor valorado es el
061/112, con un 7,26 sobre 10, seguido de las
urgencias hospitalarias, con una nota de 7,26 puntos, que sube en País
Vasco y Cantabria (6,71 puntos) y baja en Ceuta (5,05%), con un tiempo medio de
espera de 2,5 horas y Madrid liderando su uso: acude el 68,5% de la población,
frente al 41% de españoles que acuden a las urgencias hospitalarias,
una cifra altísima, consecuencia de los largos tiempos de espera en atención
primaria y especialistas.
A pesar de estas valoraciones a la baja de todos los
servicios, el
74,6% de los españoles indica que prefiere la sanidad pública
para ingresos hospitalarios y casos complejos frente a la opción privada. Pero
debido a las abultadas listas de espera, hay
12,8 millones de españoles que han contratado un seguro médico privado,
aunque el 65,6% de ellos prefiere ser
atendido en la sanidad pública si enfrenta un problema de salud importante,
según el Barómetro Sanitario. Y el 74% de estos pacientes con seguro privado
prefiere ir a las urgencias de los hospitales públicos si tiene un problema
grave de salud.
La clave de esta valoración a la baja de la sanidad
pública está en el creciente deterioro de los servicios, en especial la
Atención Primaria y las consultas de los especialistas, lo que colapsa las
urgencias y los hospitales. Un deterioro que tiene tres explicaciones básicas:
hay más población en España (somos 49, 68 millones de habitantes, 9
millones más que en el año 2000 y 2,75 millones más que en 2019), somos una
población más envejecida y con más enfermedades crónicas (el porcentaje de
mayores de 65 años ha pasado del 16,5% en el año 2000 al 21,1% en
2026) y el gasto sanitario público es escaso y crece poco.
El gasto sanitario público en España fue de 101.739
millones de euros en 2024 (último
dato publicado por Sanidad), un 6,4% del PIB. Y lo primero que llama
la atención es que este gasto público sanitario es menor, en
porcentaje de nuestra riqueza, del que gastábamos en 2020: 83.634
millones, el 7,4% del PIB. Lo que sí ha aumentado es el gasto
sanitario privado, lo que gastan los españoles en seguros médicos, medicinas
sin receta y consultas privadas (desde el dentista al oculista o el
fisioterapeuta): suponía un 2,5% del PIB en 2024 (39.857 millones de
euros). Tanto en el conjunto del gasto sanitario (8,9% del PIB) como en el
gasto sanitario público, España está por debajo del gasto sanitario que se hace en la mayoría de Europa.
Y además, el porcentaje de gasto público (el 74% del gasto total) es inferior al
que hacen Alemania, Suecia o Noruega (el 86% del total).
Una peculiaridad de España respecto a muchos paises es que las
autonomías gestionan la sanidad pública y son responsables
del 93,6% del gasto sanitario, con enormes diferencias entre lo que
gastan entre ellas. Así, en 2024, el gasto sanitario por habitante
fue de 2.084 euros, pero había autonomías que gastaban mucho menos,
según
los datos de Sanidad: Andalucía (1.658 euros/habitante) y Madrid
(1.779 euros) sobre todo, también la Comunidad Valenciana (1.867 euros), la Rioja
(1.878) , Baleares (1.956) y Castilla la Mancha (1.957 euros/habitante). Y
destacan por su mayor gasto el País Vasco (2.332 euros por
habitante), Asturias (2.322, Extremadura (2.246) y Cantabria (2.242
euros). Y si miramos los que gastan porcentualmente menos de su riqueza
(PIB) en sanidad pública, Madrid lidera la lista (gasta el 4% de
su PIB), junto a Baleares (5,4%),Cataluña y Navarra (gastan 5,5% PIB). Y
los que hacen más esfuerzo en financiar su sanidad son Extremadura (gasta 8,9% PIB), Murcia (8%), Canarias (7,9%) y Asturias (7,8%).
Estas enormes diferencias en el gasto sanitario
público por autonomías responden a tres factores, según
un reciente estudio del Foro Económico de Galicia : diferencias en la
estructura de población (tamaño, escala de población y más o menos
envejecimiento), los recursos que destinan las autonomías (tras recibir
las transferencias del Estado) y las preferencias políticas sobre el
gasto de los gobiernos autonómicos. Y a su vez, también hay enormes
diferencias en el destino del gasto sanitario, que cada año se
dirige más a financiar los hospitales, las urgencias y sus medicamentos (62%
del gasto) y menos a la atención primaria (se lleva el 28,8% del gasto público,
pero la mitad se destina al pago de las recetas financiadas, con lo que se
lleva realmente el 14,37%). Los expertos coinciden en que la Atención
Primaria está “infra financiada”, que debería llevarse el 25%
del presupuesto, la media recomendada. Y Madrid es la que menos gasta en
atención primaria, el 10,9%.
El gasto sanitario es pues bajo en España, más en algunas
autonomías (donde hay más protestas) que en otras, pero el déficit se va
a agravar en los próximos años, porque va a seguir aumentando la
población, que estará cada año más envejecida (los mayores de 65 años
pasarán del 21,1% actual al 30% en 2050) y con más enfermedades
crónicas, mientras aumentará además el gasto sanitario por las nuevas
tecnologías y medicamentos. Así que si ahora tenemos un déficit de financiación, personal y medios, iremos a
peor.
Los expertos que denuncian la infra financiación de la
sanidad resaltan otro problema: cada vez hay más
fondos públicos que se destinan a la sanidad privada, en perjuicio
de la pública. Según los datos de Sanidad, en 2024 se destinaron 10.143
millones a conciertos con la sanidad privada (el 9,96% del
gasto sanitario total), una cifra que en 2020 eran 8.383 millones. La mayor
parte de estos conciertos con dinero público los paga Cataluña (6.838 millones
en 2024), seguida de Madrid (1.209 millones), Comunidad Valenciana (982
millones) y Andalucía (413 millones). Según un estudio de la Federación
en Defensa Sanidad Pública (FADSP), las autonomías con mayor
velocidad de privatización sanitaria son, por este orden, Madrid, Canarias,
Baleares, Cataluña y la Comunidad Valenciana, siendo las menos “privatizadoras”
Cantabria, Castilla la Mancha, Navarra y Asturias.
Con todo este panorama sanitario, la FADSP, ha publicado un balance
de la sanidad pública en 2025 donde destaca 5 puntos:
aceleración de la asistencia hospitalaria y desmantelamiento de la Atención Primaria
(sobre todo en Madrid y Andalucía), aumento de las listas de espera (con cifras
que consideran cada vez más “maquilladas”), deficiente gobernanza (una gestión
sin planificación a medio plazo y muy politizada), enfrentamientos dentro del
sector sanitario (entre médicos y otros profesionales y el Ministerio), aumento
de los problemas y escándalos (“cribados” en Andalucía o las denuncias en el
hospital madrileño de Torrejón). Y destacan como señal del descontento, de
profesionales sanitarios y pacientes, las numerosas protestas y
movilizaciones de la “marea blanca” en Madrid,
Andalucía,
Comunidad
Valenciana, Galicia,
Aragón,
Murcia
y Castilla
y León, reflejo de una sanidad con múltiples problemas.
Lo preocupante ya no es sólo que la sanidad pública, “la
joya del Estado del Bienestar”, ofrezca una atención muy mejorable y con
enormes ineficacias sino que el gasto, la atención prestada y los
servicios son muy desiguales por autonomías, desde los profesionales
disponibles a las camas que se ofrecen o los tratamientos (la Asociación contra
el cáncer ha
denunciado muchas veces la desigualdad en los tratamientos y cribados por
autonomías). La FADSP analiza un listado de 35 variables y da
una nota a la sanidad de las 17 autonomías.
En 2024, destacaba 4 autonomías con los mejores servicios sanitarios,
por este orden: Navarra (106 puntos sobre 142), País Vasco (105),
Asturias (100) y Castilla y León (95). Tienen una sanidad “regular”
Aragón, Cantabria y la Rioja (91 puntos cada una), Extremadura (90) y Galicia
(82). Tienen una sanidad “deficiente” Cataluña (80 puntos),
Canarias, Castilla la Mancha y Madrid (79 puntos cada una). Y “la peor
sanidad” se la adjudican a la Comunidad Valenciana (62 puntos), Andalucía
(66), Baleares (77) y Murcia (78).
Cara al futuro, la clave para mejorar la sanidad es aumentar
el gasto, en toda España y especialmente en las autonomías que menos
gastan por habitante (Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana y Baleares), según
el informe del Foro Económico de Galicia. Lo que proponen los expertos es aumentar
el gasto público del 6,4% sobre el PIB (2024) al 8% que gastan de media los
paises europeos. Eso supondría gastar 27.000 millones más al año,
que podría ser un objetivo de aquí a 2030.Un mayor gasto, mejor repartido, que
debería destinarse a potenciar la Atención Primaria y a reforzar las
plantillas sanitarias: el Ministerio
de Sanidad estima que hacen falta 100.000 enfermeras más (para
equipararnos con Europa) y 6.000 médicos adicionales, tres de cada
cuatro para reforzar la Atención Primaria.
Pero además, una parte mayor del gasto sanitario
debería dirigirse a prevención, porque es la inversión
sanitaria más rentable. El estudio
gallego señala, con simulaciones de la OCDE, que si España redujera a los niveles de los
mejores paises los principales factores de riesgo sanitario (obesidad,
tabaquismo, dietas poco saludables y contaminación atmosférica), tendríamos un
ahorro anual de 4.278 millones de dólares (3.733 millones de euros), además
de evitarse 2.473 muertes anuales. El gasto en prevención
ayudaría a reducir drásticamente el gasto sanitario en una década, pero para
ello debe subir del mínimo 3% actual.
Más gasto, más sanitarios, más Atención Primaria y más
prevención parecen las medidas urgentes para recomponer la
sanidad pública, así como frenar la privatización de servicios. Pero no
basta con eso: urge
un profundo cambio en la gestión, desde las políticas de
horarios e incompatibilidades hasta las incompatibilidades: no es de recibo que
los quirófanos y maquinas sofisticadas estén paralizados muchas horas del día
ni que se tarde meses en acudir a una consulta del pediatra público porque tiene
consulta privada… Hay que sentarse y pactar una organización más eficiente
de los medios y el personal de la sanidad pública, para optimizar
recursos antes de aumentar medios y personal, que también hace falta. Y además,
hay que homogeneizar la atención sanitaria y los tratamientos,
con un catálogo mínimo en toda España, lo que exige una coordinación Sanidad-autonomías
que no existe.
En resumen, la sanidad pública ha protagonizado los
últimos meses múltiples protestas en media España que son sólo un
síntoma de un sistema que funciona peor, con pocos medios y demandas
crecientes, que disparan las listas de espera y la desatención, en beneficio de
los seguros médicos y la sanidad privada. Pero los españoles apuestan por la
sanidad pública y piden en las protestas que se refuerce con
más medios y más gasto. Algo que sólo es posible con dos medidas:
un pacto para articular una
nueva financiación autonómica (con más transferencias a las autonomías
con más población mayor y dispersa) y un
pacto sanitario para aumentar el gasto y distribuirlo mejor entre
autonomías. Hoy por hoy, los dos pactos políticos parecen
imposibles. Así que nuestra sanidad pública irá a peor.
La mayoría de españoles ven claro el deterioro de la sanidad pública, agravado tras la pandemia, aunque son una amplia mayoría los que prefieren que les atienda la sanidad pública antes que la privada si tienen un problema grave. El último Barómetro Sanitario 2025, elaborado por Sanidad y el CIS, refleja una nueva pérdida de confianza de los españoles en la sanidad pública: el 20,2% de los encuestados opina que funciona “mal” (en 2009 eran sólo el 4,1%) y el 27,1% creen que necesita cambios (23,3% en 2009), aunque todavía el 51,7% señalan que “funciona bien” (eran el 72,1% en 2009). A la hora de valorar la sanidad pública, la nota media que dan es 6,02 sobre 10, muy por debajo de los 6,74 puntos que daban en 2019. Eso sí, la nota varía mucho por autonomías. Es mucho más baja en Andalucía (5,37), Ceuta (5,39) Melilla (5,56), Canarias (5,77), Castilla la Mancha (5,99) y la Comunidad Valencia (5,99 sobre 10). Y dan la mejor nota a la sanidad pública de Cantabria (6,68 puntos), País Vasco (6,54), Castilla y León(6,40), Murcia (6,38), Rioja y Baleares (6,35 sobre 10).
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lunes, 27 de marzo de 2017
Sanidad obsoleta, precaria y desigual
La sanidad es ya la
tercera preocupación de los españoles, tras el paro y la economía. Los recortes
de gastos (10.000 millones) y plantillas (41.000 médicos y
enfermeras) la han colapsado, con más
las listas de espera, urgencias saturadas y deterioro del servicio, plantillas precarias, instalaciones viejas y tecnología ya
obsoleta. Y lo peor: la atención sanitaria es muy desigual por autonomías, porque unas gastan más que otras: es mala en Valencia, Canarias, Murcia y Cataluña
y buena en Navarra, Aragón y País Vasco.
Quien se beneficia de la saturación de la pública es la sanidad privada, donde se desvían pacientes y recursos públicos
(un 12%), mientras 11 millones de
españoles pagan un seguro médico.
Urge poner más dinero en apuntalar
la sanidad pública, para renovar plantillas, instalaciones y tecnología, y reformarla a fondo para que se pueda pagar: hoy se lleva un tercio
del presupuesto autonómico y si no se hace nada, se llevará todo en 2040. Reformas y gestión eficiente, no más
recortes.
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| enrique ortega |
Este 2017 será el tercer año en el que sube el presupuesto de Sanidad de las autonomías, pero todavía poco como para contrarrestar el duro ajuste
que sufrió el Sistema nacional de Salud (SNS) entre 2009 y 2013: el gasto sanitario se redujo en 9.787 millones de euros (-13,4%), 1 de cada 7 euros
perdidos, según datos de Hacienda. Y entre 2010 y 2014 se
perdieron 41.000 puestos de trabajo en la sanidad (11.000 médicos y 30.000
enfermeras), de los que sólo se han recuperado 4.000 empleos entre 2015 y 2016.
Estos recortes de gasto y de personal
han deteriorado mucho la oferta de
servicios mientras ha seguido aumentando
la demanda, por el crecimiento de la población y su envejecimiento. La consecuencia es que la sanidad pública está al borde del colapso y cuando hay epidemia de gripe o es fin de
semana, saltan las alarmas, provocando protestas de pacientes y profesionales
(las “mareas blancas”), como se ha
visto recientemente en Cataluña
o Andalucía.
Uno de los mayores problemas
estructurales de la sanidad pública es la precariedad de sus plantillas: un
tercio de sus empleados (480.626 en 2016) son eventuales (con
contratos temporales), de ellos la tercera parte interinos (169.828),
personal sanitario que ocupa temporalmente el puesto de otro. Y sólo la mitad de los médicos (50,7%) que trabajan en el
Sistema nacional de Salud (SNS) tienen
una plaza en propiedad, según una encuesta de la CESM. De la otra mitad, un 19,2% son contratados fijos y el 30,8%
restante son médicos
contratados,
muchos desde hace una década y la
tercera parte con contratos de menos de 6 meses, que se renuevan una y otra
vez. Y aún hay más precariedad entre
enfermeras y enfermeros. Todos ellos se ven afectados por las recientes sentencias del Tribunal Europeo de Justicia (TJUE), que dictaminan que “el
encadenamiento de contratos temporales
para un puesto que es fijo incumple el derecho comunitario” y que la normativa debe poner límites a estos contratos. La
legislación española lo hace (los contratos temporales deben tener una duración
máxima de 2 años, ampliables a 12 meses más por convenio), pero la sanidad pública se rige por un Estatuto
que sí permite encadenar contratos sin límite (el Estatuto Marco del
Personal de los Servicios de Salud españoles, en vigor desde 2003).
La precariedad
laboral del personal sanitario más
el recorte de medios han tensionado la atención sanitaria, lo
que se traduce en el aumento de las listas de espera
y la consiguiente saturación de las urgencias: los
pacientes tardan meses en operarse o ir
al especialista y si tienen un problema, optan por ir a urgencias, donde los enfermos se agolpan en los pasillos.
Y mucho tienen que ver las listas de
espera: había 549.424 pacientes esperando para operarse a finales de
2015 (últimos datos de Sanidad), 89 días de media, con un 10,6% de ellos esperando ya más
de 6 meses para operarse. Y en lista de espera para ir al especialista había 1.650.000 pacientes (43,35 por 1.000 habitantes)
y aunque su espera ha bajado a 58 días, el
42,4% de ellos llevan más de 6 meses esperando para ir al especialista. Y
también se ha deteriorado la atención
primaria, con más pacientes y menos tiempo por médico.
Otro grave problema de la sanidad pública, aunque se ve menos, es que se está quedando obsoleta, porque lleva 7 años sin invertirse apenas en equipos y tecnología. De hecho, el 28% del equipamiento de los
hospitales públicos supera los 10 años de vida, según un estudio de Esade y Antares. Y así, 1 de cada 3 resonancias magnéticas y 1 de cada 4 TAC tienen más de 10 años, los
ecógrafos y sistemas de monitorización están anticuados y los equipos de
radiología son antiguos e irradian demasiado a los pacientes, con riesgo de
provocar cáncer, según denuncia la patronal de tecnología sanitaria Fenin. Para comprender el retraso tecnológico de la sanidad pública,
basta compararla con la privada: los
hospitales privados sólo tienen un 33% de las camas del país pero disponen del
56% de todos los equipos de resonancia magnética, del 59% de los dispositivos
LIT por ondas de choque, el 55% de los densitómetros óseos, el 47% de los
aparatos de tomografía y el 41% de los mamógrafos, según los últimos datos (2016) de la Fundación ISIS.
Pero no es sólo que
los aparatos estén viejos, es que los
hospitales tienen ya muchos años y apenas se ha gastado en mantenimiento y reparaciones. Y por
eso, en febrero se derrumbó el falso techo sobre 2 pacientes en el hospital La Paz (tiene 52 años), un mes después de otro derrumbamiento en
el hospital Gregorio Marañón de Madrid y
de la inundación por rotura de una tubería la planta de oncología del Hospital 12
de Octubre. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid ha reconocido que “algunos hospitales de Madrid están obsoletos”. Lo que no dice es
que para mantener las infraestructuras y la tecnología de 35 hospitales y 400
centros de Salud en Madrid se gastaron en 2016 sólo 100 millones de euros… Y en
otros lugares, como las zonas turísticas y grandes ciudades, el problema es que
los hospitales
se han quedado pequeños y no se construyen otros nuevos.
Esta mayor presión sobre la sanidad pública,
muy deteriorada por los recortes, se ha aliviado desviando pacientes a la sanidad privada, que ha duplicado su negocio (factura más de 10.000 millones al año), gracias
sobre todo a los “conciertos” con la sanidad pública, de donde proceden ya el 23% de sus ingresos anuales. Son miles
de pacientes derivados cada día de centros y hospitales públicos a centros
privados, para realizar pruebas, análisis y operaciones, más la gestión privada de 9 hospitales “públicos” (5 en Madrid y 4 en Valencia). En 2015,
la sanidad pública pagó a la privada por estos “conciertos” 7.623 millones, un 11,6% del presupuesto del SNS. Y en 2016, habrá “desviado” más del 12% del presupuesto público a la sanidad privada,
un porcentaje que sube al 25% en
Cataluña (hay 32 hospitales privados integrados en el sistema sanitario
“público”), el 10,6% en Madrid, el 10,5% en Canarias y el 9,6% en Baleares.
Además, las listas de
espera y los problemas en la sanidad pública alimentan el negocio de la sanidad privada por otra vía: los seguros médicos privados, el tipo de seguro que más ha crecido
con la crisis. Ya son 11,14 millones los españoles que tienen contratado
un seguro médico privado, pagando entre 100 y 300 euros al mes por familia,
básicamente para ir al especialista o para operaciones no graves, un negocio
que ya factura 7.975 millones anuales y que aporta un 62% de los ingresos de la
sanidad privada (el 23% son los conciertos con la sanidad pública y el 15%
restante lo aportan los pacientes privados que pagan directamente sus
tratamientos y operaciones).
Junto a estos problemas estructurales, la sanidad pública tiene un problema que
quizás sea el más grave: la desigual atención sanitaria por autonomías. Los recortes han sido para todas,
pero hay autonomías que consiguen gastar más en sanidad que otras y tienen más camas, más médicos y más
enfermeras por habitante. Las que
más gastaron en sanidad en 2016 fueron Asturias (1.587 euros por
habitante), País Vasco (1581 euros), Navarra (1.551), Extremadura (1.395) y
Cantabria (1379 euros). Y las que menos,
Andalucía (1.048 euros por habitante, un
50% menos que asturianos y vascos), Cataluña (1.179), Comunidad valenciana
(1.170), Murcia (1.197) y Madrid (1.210 euros), según el informe 2016 de la Fundación en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). Y las que tienen más camas, médicos y
enfermeras por habitante son Navarra y el País Vasco y las que menos
Andalucía y Cataluña, según otro estudio del Círculo de Sanidad.
Al final, gastar menos en sanidad y disponer de más o menos camas y profesionales se nota en la atención
sanitaria, muy diferente según la ciudad donde uno enferme. Así, en 2016, la mejor sanidad la tenían Navarra (83 puntos sobre 106), Aragón (82), País Vasco (82), Castilla y
León (73) y Asturias (69), según
la valoración profesional de la FADSP, que puntúa como mala o deficiente a la sanidad de la Comunidad Valenciana (46 puntos), Canarias (49), Murcia
(55), Cataluña (55) y Andalucía (97). Lo peor es que la Comunidad Valenciana y Canarias son “el
farolillo rojo” de la sanidad pública en estos estudios desde 2009.
Con todo este panorama,
se comprende que la sanidad sea ya el
tercer motivo de preocupación de los españoles, sólo por detrás del
paro y la situación económica y por delante de la corrupción y la educación,
según el Barómetro del CIS de enero 2017. Eso sí, los españoles todavía aprueban a la sanidad pública (le dan una nota de 6,55, similar a los
6,55 puntos de 2011) y es la que eligen cuando tienen un problema serio de
salud, según el último Barómetro sanitario (2015). Pero un tercio cree
que necesita cambios de fondo.
La sanidad pública necesita cambios no sólo porque esté saturada sino porque el gasto sanitario se va a disparar en los
próximos años, por varias razones. La primera y fundamental, por el envejecimiento de la población: va a haber más
mayores (serán el 25% en 2029) que vivirán más años (90 años de esperanza de
vida en 2066, frente a 82,8 hoy), pacientes que supondrán más gasto. Y aumentarán los enfermos crónicos (hoy ya 4 de cada 10 españoles) y las enfermedades complejas (ELA), más
costosas de tratar. Además, seguirá
aumentando el gasto farmacéutico (hoy ya supone 20.000 millones anuales, el 30% de
todo el gasto sanitario), con nuevos tratamientos más costosos. Y se avanzará
en la detección de enfermedades, con una tecnología sanitaria también más costosa. Por todo ello, algunas estimaciones,
como Esade y Antares, apuntan que el gasto sanitario
español (66.000 millones en 2016) podría
duplicarse en 2025, aumentando más de 5.000 millones al año. Y si hoy la sanidad se lleva un tercio del Presupuesto de las autonomías, en 2040 podría
llevarse ya todo el Presupuesto público si no se toman medidas, según la OCDE.
La primera medida
a tomar es, evidentemente, aportar más
recursos a la sanidad, los que se recortaron con la crisis y más. ¿Cuánto? Una pista puede ser que España
gaste en sanidad lo que el resto de Europa, cosa que ahora no pasa: el gasto sanitario en España supone el 6,2% del PIB (2015), frente al 7,2% de la UE-28, Alemania o Italia, el 8,2% de Francia, el 7,6% de Reino
Unido y el 8,6% de Dinamarca, según los recientes datos de Eurostat. Así que gastar en
sanidad como los europeos supondría gastar 11.000 millones más al año. Una
cifra que apuntalaría el futuro de la sanidad pública y que es asumible
si España recaudara impuestos como el resto de Europa, porque ingresa 85.000 millones menos que la media, por el mayor fraude y porque pagan menos
grandes empresas, multinacionales y ricos.
Algunos expertos y el último informe del FMI sobre España proponen establecer copagos en la sanidad
pública, como un pago por acudir a urgencias o al especialista o por día de
hospitalización, para reducir la demanda y conseguir más ingresos. Sería una medida injusta (los pacientes ya pagan la sanidad con los impuestos),
que afectaría más a los más pobres y
que podría provocar problemas sanitarios
posteriores, porque habría personas que cuidarían menos su salud (para no
pagar), como ha pasado con el copago farmacéutico (un 7% de
jubilados han dejado de medicarse, según un estudio en Valencia). Y al final, acabarían en urgencias o
hospitalizados, con más coste para el sistema.
Además de aportar más recursos a la sanidad, hay que reducir su precariedad, convocando oposiciones y ampliando plantillas, primero para cubrir los puestos perdidos o eventualizados
(CCOO pide una convocatoria especial de 94.000 plazas) y luego para cubrir los desfases con la sanidad europea
(tenemos 5,1 enfermeras/os por 1.000 habitantes frente a 8,4 en Europa: igualarnos
supondría contratar 153.450 enfermeras/os más). Y renovar la tecnología, con nuevos aparatos, a la vez que se gasta
más en mantenimiento y se construyen
nuevos centros de salud y hospitales
en las zonas sanitariamente más colapsadas.
Pero además, hay que reformar a fondo la sanidad, para que el gasto no crezca como una bola de nieve
que sea imposible de financiar en unas décadas. Y para ello, hay que apostar por la prevención, por gastar más en la atención primaria para
poder gastar menos en los hospitales (lo más caro). Y, sobre todo, trabajar en
la detección y tratamiento preventivo de
las enfermedades crónicas, como las cardiovasculares y la diabetes, que
tienen mucho que ver con malos hábitos de vida. También es clave separar la atención a los ancianos de los hospitales, hoy colapsados por los mayores: los expertos creen que una mejor
atención a los ancianos en residencias, geriátricos, centros de día y en sus hogares
reduciría enormemente el gasto hospitalario y sanitario futuro.
Tenemos una sanidad
que sigue siendo una de las mejores del mundo, a pesar de todos los problemas
causados por los recortes y la mala gestión. Pero estamos en un momento crucial: o
se apuntala con más recursos y reformas de fondo, o puede estallar en unos
años, asfixiada por el gasto y la demanda de los pacientes. Hay que planificar la sanidad que queremos a 20
años vista, como las pensiones o la educación, no ir saliendo al paso como
se puede cada año. No retrasen más la
reforma. Nuestra salud es demasiado importante.
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