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jueves, 18 de septiembre de 2025

Curso 2025-26: menos alumnos y más diversos

Hace una semana que volvieron a clase 8,2 millones de niños y adolescentes, en 28.748 colegios e institutos, para iniciar un nuevo Curso escolar con algunas novedades y viejos problemas. Por segundo año consecutivo, habrá menos alumnos este Curso (-29.939), sobre todo en Infantil, Primaria y la ESO, por la caída de la natalidad. Y vuelven a aumentar los alumnos extranjeros (un tercio latinoamericanos), que ya suponen el 12,9% de los alumnos en Colegios e institutos, aunque concentrados en los Centros públicos y en el este de España. Mientras, sigue la escasez de financiación de la enseñanza pública, mayor en algunas autonomías, que impide reducir los alumnos por clase y contratar más profesores, mientras seguimos con una educación no universitaria de baja calidad, con un exceso de repetidores y abandonos. Y asistimos a un aumento de gastos educativos para las familias. Con todo, el mayor problema es la desigualdad educativa por regiones y centros, que exige medidas concentradas en apoyar a los centros y alumnos con más problemas.

                           Curso 2025-26: menos alumnos y más extranjeros

Este Curso escolar 2025-26 va a ser el segundo en este siglo en que bajará un poco el número de alumnos en colegios e institutos. Ya pasó el Curso pasado (2024-25), cuando hubo 13.245 alumnos menos en las enseñanzas no universitarias (desde infantil a Bachillerato y FP), concretamente 8.319.029 alumnos, según el Ministerio de Educación. Este nuevo Curso escolar se espera una bajada de alumnos mayor, sobre todo en los primeros cursos, por la caída de la natalidad sufrida en España desde 2009: -29.939 alumnos en enseñanzas no universitarias, un total de 8.289.090 alumnos, según el avance publicado por Educación. Eso sí, la mayor caída de alumnos se espera en los Centros públicos (donde estudian el 66,9% de los alumnos): el curso pasado, se perdieron 15.806 alumnos en los Centros públicos y se ganaron 2.561 en los concertados (donde estudian el 24,5% de los alumnos no universitarios) y privados (donde estudian el 8,6% del total de niños y adolescentes).

Yendo por cursos desde el inicio, la educación infantil de 0 a 2 años (que no es obligatoria) va a ser de las pocas donde crezcan los alumnos (se esperan 496.803 niños y niñas, +8.332 que el curso pasado),  debido a que el Gobierno y las autonomías aumentaron su financiación y las plazas públicas para que las familias envíen a los Centros a sus niños más pequeños, lo que hace que la tasa de escolarización a esta edad (0 a 2 años) ronde ya el 50%, una de las más altas de Europa. Siguiendo con el 2º ciclo de Educación Infantil (3-6 años), gratuito y no obligatorio, se espera otra bajada de alumnos este curso  (-18.959 alumnos), con un total de 1.059671 alumnos matriculados en este 2º Ciclo de infantil.

Los dos siguientes ciclos educativos (Primaria y ESO) son los que tienen más alumnos y donde también habrá menos este año, como el pasado, por la caída de la natalidad en las dos últimas décadas. En Primaria (6-12 años), se han matriculado este Curso  2.672.153 niños y niñas, 35.718 menos que el curso anterior (-1,3%, la mayor bajada de alumnos de toda la enseñanza). En Secundaria (12-16 años), la caída de alumnos este año será de -17.687 adolescentes (-0,8%), con 2.071.790 matriculados.

En los siguientes niveles educativos (Bachillerato y FP) se espera este curso un nuevo aumento de alumnos, como el curso pasado, debido a que estos jóvenes nacieron antes de la última caída de la natalidad. En Bachillerato (16-18 años), este curso se han matriculado 3.354 alumnos más (+0,5%), alcanzando los 707.788 alumnos. Y el gran salto se espera este curso en Formación Profesional (FP), “la enseñanza estrella” de los últimos años, debido a que las familias y sus hijos (sobre todo chicos más que chicas) han comprendido que es la mejor puerta al empleo. Este Curso estudiarán FP 1.218.347 alumnos, 28.971 más que el año anterior (+2,4%, el mayor aumento en el alumnado no universitario), porque han aumentado las plazas (más las privadas).

La pérdida de alumnos en la enseñanza no universitaria, por la caída de la natalidad, sería mayor si no fuera por los niños y jóvenes inmigrantes, que siguen creciendo en los Centros de enseñanza no universitaria. El curso pasado (2024-25) asistieron a colegios e Institutos un total de 1.125.860 alumnos extranjeros, el 12,9% del total de estudiantes no universitarios. Una cifra que no deja de crecer desde principios de siglo (205.000 estudiantes extranjeros en año 2000, el 3% del total) y sobre todo tras la pandemia (823.000 extranjeros, el 10% en 2021), según los datos de Educación. En muchos pueblos, este alumnado extranjero (el 38,8% de origen latinoamericano) ha permitido que no cierren colegios públicos y que se mantengan institutos, mejorando “la diversidad” de la enseñanza y la formación, aunque en otros lugares, este aluvión de alumnos extranjeros supone una carga adicional para Centros y profesores, complicando la enseñanza y deteriorando su calidad en algunos casos.

El problema del aumento de alumnos extranjeros es que están mal repartidos, tanto por regiones y ciudades como por Centros de enseñanza. Así, se concentran especialmente en el este de España, en zonas con gran peso de los servicios, el turismo y las tareas agrícolas (en las que trabajan sus padres): tienen un mayor porcentaje de alumnos extranjeros Baleares (19% del total), Comunidad Valenciana (18,5%), la Rioja (17,6%), Aragón (16,7%), Cataluña (16,5%), Murcia y Madrid (15,5%), mientras su porcentaje es bajo en Ceuta (3,6%), Extremadura (4,5%), Galicia (6,3%), Andalucía (7,5%), Melilla (8,2%(, Asturias (8,3%) y Castilla la Mancha (9%), según los datos de Educación.

Pero la mayor disparidad se da en la titularidad de los Centros donde estudian, dado que la mayoría lo hacen en Centros públicos, lo que parece consecuencia de una actitud discriminatoria ante los alumnos extranjeros de los centros concertados (que cobran cuotas, aunque dicen que no son obligatorias) y los privados. Los datos oficiales son muy concluyentes: en Primaria, los centros públicos tienen un 17,3% de alumnos extranjeros frente a un 11,7% los concertados y privados. Y en la ESO, el porcentaje de alumnos extranjeros es del 15,1% en los Centros públicos y el 11,4% en los privados. Y  por provincias, en Primaria hay 7 provincias donde el porcentaje de alumnos extranjeros en centros públicos es muy superior a la media (17,3%): Alicante (29% alumnos extranjeros en la pública y 16,2% en centros concertados), Lleida (27%), La Rioja (26,4%), Castellón (26,1%), Murcia (24,8% en centros públicos y 8,3% en privados), Girona (24,7%) y Teruel (24,6%).

Visto el panorama de alumnos esperado para este Curso 2025-2026 (menos alumnos pero más “diversos”, con más extranjeros), se esperan además algunas novedades educativas. Una de ellas, que será el 4º Curso en que se aplique la nueva Ley de Educación, la Lomloe (aprobada en 2020 y que se empezó a aplicar en el Curso 2022-2023), con lo que se graduarán de la ESO los primeros estudiantes educados con la nueva Ley, que pretende una educación menos “memorística” y más basada en potenciar habilidades, como defienden los expertos educativos y el Informe PISA, aunque los expertos creen que apenas se notará el cambio, porque hará falta más tiempo y el reciclaje de los profesores. 

Una novedad importante de este curso será que se evaluará el nuevo sistema educativo (la Lomloe), con la celebración de un examen (en la primavera de 2026) a una muestra de 35.000 alumnos de 6º de Primaria (elegidos en 1.000 Centros) para ver su "competencia" en Lengua, Matemáticas, Ciencia y Digital. Una especie de "Informe PISA español", que se repetirá en la primavera de 2027 con otra muestra de alumnos de 4º de la ESO. Otra novedad relevante es que empiece a aplicarse el Plan de refuerzo de matemáticas, anunciado en enero de 2024 y retrasado por la formación del profesorado y la escasez de recursos : este Curso se aplicará en 2.500 Centros de Primaria y Secundaria, desdoblando aulas y reforzando las clases con más profesores y una formación más personalizada. 

Además, en este Curso escolar se generaliza la prohibición del uso de móviles en infantil y Primaria en toda España, después de que ya lo estaban aplicando la mayoría de las autonomías, algunas incluso extendiendo la prohibición a la ESO, tras la propuesta aprobada en 2024 por el Ministerio y el Consejo Escolar del Estado. Una medida que busca mejorar la calidad de la enseñanza y reducir el acoso escolar, dado que el 76% de los niños españoles de 10 a 15 años tiene un móvil (y el 96% de los adolescentes de 15 años). Ahora, las autonomías estudian regular el uso de las tablets y portátiles en las aulas

Y en la Comunidad de Madrid se estrena este Curso una experiencia piloto interesante: se implanta en 300 colegios públicos una política de “patios y bibliotecas abiertas”: tras el final de la jornada lectiva, se permitirá a los alumnos proseguir en el centro (patio y biblioteca), vigilados por personal no docente que aportarán los 84 municipios donde se aplica (ojo: sólo se probará en un Centro educativo de Madrid capital, en Carabanchel).

Entre tanto, este nuevo Curso escolar arrastraremos los viejos problemas de la enseñanza no universitaria en España. El primero y fundamental, la falta de medios, derivada de una escasa financiación. El gasto en educación Primaria en España (10.181 dólares por estudiante) es un 15,4% inferior a la media europea (12.043 dólares) y en Secundarios es un 5.17% más bajo (12.541 dólares por estudiante frente a 13.225 dólares la UE-25 o 17.077 en Alemania), según el informe de la OCDE “Panorama de la Educación 2024”. Y además de gastar menos en educación no universitaria, hay enormes diferencias en el gasto educativo por autonomías (879 euros por habitante en Madrid, 1015 en Cataluña y 1.592 euros el País Vasco). Eso obliga a las familias a gastar cada año más en educación (cuotas, material, comidas, transporte, extraescolares). Tal es así, que España es el país europeo donde las familias financian un mayor porcentaje de la educación de sus hijos: el 11,6% en Primaria (frente al 4,4% en Europa) y el 9% en Secundaria (frente al 5,4% en la UE-25).

La escasez de recursos se traduce en los altos ratios de alumnos por clase (20,7 en Primaria), 24,5 en la ESO, 25,7 en Bachillerato y en torno a 20 en FP) y en la falta de profesores: los sindicatos señalan que faltan unos 100.000 para apoyar a los 800.000 docentes que enseñan hoy en Colegios e institutos. Pero estos profesores no universitarios tienen otro problema más grave: su inestabilidad laboral, que acaba repercutiendo en la calidad de la enseñanza: 1 de cada 5 profesores no universitarios es interino, una tasa del 21,06% que supera el límite del 8% de interinos obligado ahora por Ley. Esta precariedad ya provocó huelgas y protestas en la enseñanza no universitaria el curso pasado y se esperan nuevos conflictos este curso, máximo cuando las recientes oposiciones (en junio 2025) a profesor de Secundaria han sido un fiasco: 1 de cada 4 plazas (16.647 convocadas) ha quedado desierta. Esto plantea la necesidad de cambiar el sistema y acelera la necesidad de aprobar el esperado Estatuto del docente, donde los sindicatos siguen esperando una propuesta del Gobierno.

Además de la inestabilidad laboral, los profesores se quejan de otro problema que también afecta negativamente a la enseñanza: la excesiva burocratización de la docencia. Por un lado, los profesores tienen un exceso de tareas no docentes y los equipos directivos de Colegios e Institutos dedican hasta el 70% de su tiempo a gestiones administrativas, restando tiempo a la labor docente y a la planificación de una enseñanza de más calidad. Y se quejan de que les faltan medios, recursos y profesores para centrarse en reforzar a los alumnos que más lo necesitan, sobre todo en Centros públicos con más niños y adolescentes de familias con menos recursos, desestructuradas o de origen extranjero.

Al final, todo este panorama se traduce en que tenemos una enseñanza no universitaria “manifiestamente mejorable, de una calidad muy desigual, según el tipo de Centros y alumnos. Pero a nivel global, los resultados no son buenos. Lo indican los estudios PISA, que relegan a España en matemáticas y comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores: el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria primera etapa (2,2% en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Dos, el abandono escolar temprano, el altísimo porcentaje de jóvenes que dejan sus estudios sin acabar Bachillerato o FP: 13% en España frente al 9,5% en la UE-25. Y tercero: el elevado porcentaje de jóvenes “ni-nis” (ni estudian ni trabajan): 17,8% en España y 12,9% en Europa.

¿Qué se puede hacer? Parece claro que hay que gastar más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP. Pero no sólo se trata de gastar más, sino de gastar “de otra manera, gastando más en los Centros y ciudades donde hay más problemas, o bien por la situación socioeconómica de los padres o bien por el porcentaje de alumnos extranjeros, que necesitan una mayor atención (empezando por el idioma). Se trata de concentrar el gasto, los medios y los profesores en los alumnos con más problemas (hay más de 1 millón que necesitan apoyo, un 75% más que hace seis años, según CCOO) y en los Centros con un alumnado más “problemático”, para que no se queden atrás y acaben abandonando la enseñanza.

Eso exige que si algún día se debate un nuevo modelo de financiación autonómica, se tenga en cuenta no sólo la población de cada autonomía y su edad (el número de alumnos), sino el perfil de estos alumnos y los Centros, con una mayor colaboración entre Centros públicos y concertados o privados, que muchas veces discriminan a los alumnos más problemáticos. Hay que potenciar las clases de refuerzo y apoyar al profesorado, reduciendo al mínimo su precariedad laboral, con mejores sueldos y más tiempo para la docencia real. Y, sobre todo, debería haber una mayor colaboración entre el Ministerio de Educación y las autonomías, para homogeneizar la calidad de la enseñanza en España y que la educación de nuestros hijos y nietos no dependa de dónde vivan y de los ingresos de sus padres. Nos jugamos el futuro.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Curso 2024-25: desigual tensión educativa

Más de 8,3 millones de niños y jóvenes han vuelto a clase, en 28.800 colegios e institutos, para un nuevo Curso escolar con pocas novedades y viejas tensiones, muy diferentes según regiones, centros y enseñanzas. El número de alumnos crece, pero menos que otros Cursos, por la caída de la natalidad, aunque hay autonomías que siguen perdiendo estudiantes mientras otras los forman en barracones. Los estudiantes crecen por el aumento de los alumnos inmigrantes, cuya presencia es mayor en el este de España. Pero la mayor tensión educativa y falta de medios sigue concentrada en los centros públicos, con más inmigrantes y alumnos problemáticos. Todo ello mientras aumenta el gasto educativo, bajo en las autonomías con más alumnos, y los padres se ven obligados a pagar más por la enseñanza que en Europa. Y la calidad de la enseñanza apenas mejora, con demasiados repetidores y abandonos. Urgen más recursos, pero concentrados en las regiones, centros y enseñanzas con más problemas.

                       Más alumnos en 11 regiones, menos en otras 8

Este Curso escolar 2024-25 se espera recibir  a 8.348.030 alumnos en las enseñanzas no universitarias, desde la educación infantil al Bachillerato y la Formación Profesional(FP), según estima el Ministerio de Educación. Serán 10.493 alumnos más que el Curso 2023-24 (8.337.537), un aumento inferior al del curso pasado (+28.057 alumnos) y al anterior (+60.999 alumnos en 2021-22, tras el bache de la pandemia), porque cada año se nota más la caída de la natalidad en España (los nacimientos se han desplomado un -40% entre 2008 y 2023). Y por eso, los niños y jóvenes que estudiarán este Curso serán menos de los que lo hicieron el Curso récord de 1990-91 (8.378.935 alumnos).

Este pequeño crecimiento de alumnos para 2024-25 es muy desigual por edades y estudios: sólo crecen los niños escolarizados en el primer ciclo de educación infantil (+7.251, hasta 491.307 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+1.927, con 45.001 alumnos), en otros programas formativos (+305, hasta 14.079 alumnos), en Bachillerato, por el aumento demográfico de décadas anteriores (+20.234 alumnos, hasta un total de 711.651) y, sobre todo, en Formación Profesional (+48.460 matriculados este Curso, 1.193.260 alumnos). Pero pierden alumnos este Curso el 2º ciclo de educación infantil (-21.493 niños, con 1.084.307 matriculados de 3 a 6 años), Primaria (-35.380 alumnos, con 2.715.544 matriculados de 6 a 12 años) y la ESO (-10.811 matriculados, con 2.092.405 alumnos de 12 a 16 años), por la caída de la natalidad desde 2008.

Con ello, hay regiones y Centros educativos que ganan alumnos y los tienen que colocar en barracones (como en Levante y Cataluña) y otras que tienen que cerrar escuelas, por falta de niños, como en Zamora o Galicia. Y eso se traduce en que hay autonomías más tensionadas, porque reciben más alumnos, y otras menos, porque los pierden, una tendencia que se repite desde hace más de una década. Así, entre el Curso escolar 2013-14 y el 2023-24, han aumentado un +3,2% los alumnos de enseñanzas no universitarias (de infantil a Bachillerato y FP), según Educación, pero sólo porque han aumentado esta década los niños escolarizados en 8 regiones, sobre todo: Baleares (+11,2% alumnos), Madrid (+10,4%), Navarra (+9,1%), Murcia (+8,3%), Cataluña (+8,1%), Comunidad Valenciana (+6,4%), la Rioja (+5,4%) y Aragón (+4,1% alumnos). Apenas han crecido los alumnos en Melilla (+1,6%), Cantabria (+1,1%) y País Vasco (+0,9%). Y ojo, hay menos alumnos estudiando hoy que hace una década en 8 autonomías: Extremadura (-7,7% alumnos), Canarias (-6,2%), Ceuta (-4,4%), Asturias (-3,4%), Castilla la Mancha (-2,8%), Andalucía (-1,1%) y Galicia (-0,2%).

En resumen, que Madrid, Baleares, Levante, Aragón, Navarra y el País Vasco, el centro y este de España, recibe más alumnos cada Curso y el resto de España, sobre todo el centro más despoblado y el sur, los pierden. Una razón es que el mayor nivel de vida y el modelo económico atraen más población y con ella, más niños y adolescentes. Y otra, que estas regiones del este de España y las más ricas atraen más inmigrantes, que suelen tener más hijos en edad escolar que los españoles. Los alumnos extranjeros se han disparado en España: eran 763.087 en el Curso 2013-14 y fueron ya 1.066.875 alumnos extranjeros en las enseñanzas no universitarias el Curso 2023-24 (+330.626 en una década, un aumento del 45%). Con ello, los niños y jóvenes extranjeros que estudian en Colegios e Institutos españoles son ya el 12,2% del total, aunque su reparto es muy desigual.

Los alumnos inmigrantes se concentran precisamente en las regiones donde más están creciendo los estudiantes no universitarios, según Educación: Baleares (18,3% alumnos extranjeros, frente al 12,2% de media en España), la Rioja (17,1%), Comunidad Valenciana (17%), Cataluña (16,5%), Aragón (16,2%), Murcia (15%), Madrid (14,3%) y Navarra (12,9%), mientras los estudiantes extranjeros tienen poco peso en Colegios e institutos de Extremadura (4% de los alumnos), Ceuta (3,2%), Galicia (5,9%), Asturias (7%), Andalucía (7,2%), Cantabria (8,1%), Castilla León (8,7%) y Castilla la Mancha(8,5%), autonomías que pierden alumnos.

Los alumnos inmigrantes se concentran más en los centros públicos (colegios e Institutos), según los datos de Educación: ahí estudian el 75,7% de los alumnos inmigrantes no universitarios, cuando sólo concentran el 67% de los alumnos totales. En los centros concertados estudian en 16,5% de los inmigrantes (cuando tienen el 24,8% de todos los alumnos) y en los privados sólo el 7,8% (frente al 8,2% del total de alumnos que acogen). Y hay autonomías (las más pobres) que concentran más porcentaje de inmigrantes en sus Centros públicos, lo que tensiona su enseñanza (porque exigen mayor dedicación y medios): Melilla (el 95,5% de los alumnos inmigrantes estudian en centros públicos), Castilla la Mancha (91,2%, Extremadura (87,9%), Murcia (86,9%), Canarias (85,7%) o Ceuta (85,7%), mientras el porcentaje es mucho más bajo en Madrid (72,1%) o Cataluña (73,9%).

Como vimos, el aumento de alumnos y la consiguiente tensión en Colegios e institutos es muy desigual según los Cursos que se estudien (hacen falta más medios en educación infantil de 0 a 3 años y en FP, también en Bachillerato), la región donde se viva (más tensión en el este de España, Baleares y Madrid) y en los centros públicos, no sólo porque reciben a un mayor porcentaje de alumnos inmigrantes que los concertados o privados, sino porque los centros concertados y privados “seleccionan” a los alumnos que reciben y las cifras demuestran que los colegios e Institutos públicos concentran a más niños y jóvenes de familias con menores ingresos, que normalmente tienen más problemas de integración educativa y formación (1 de cada 3 deja los estudios antes de tiempo), alumnos de familias vulnerables que exigen más atención educativa y más refuerzo escolar.

Este panorama indica que deberíamos centrar los esfuerzos en reforzar los centros públicos de las regiones con más tensiones educativas, sin descuidar al resto. Y en cuanto a los estudios, urge reforzar la educación infantil de 0 a 3 años y la Formación Profesional. Sobre la educación infantil no obligatoria (0 a 3 años), España es un referente europeo, ya que tenemos escolarizados al 41,8% de estos niños, frente al 31% en Europa (39,6% en Alemania o 38,5% en Finlandia) y el 32,4% en la OCDE. Pero la mayoría de estos niños están en guarderías privadas, muy caras para sus padres, por falta de plazas públicas. Frente a una creciente demanda, el Gobierno pretende crear 65.000 plazas públicas de 0 a 3 años entre 2021 y 2025, utilizando Fondos Europeos. En el último Consejo de Ministros, el Gobierno ha aprobado 162 millones más (con Fondos UE) para promover plazas públicas de 0 a 3 años. De ellos, 32 millones son fondos públicos que ha devuelto Andalucía porque ha preferido no gastarlos que tener que destinarlos a guarderías públicas (el Gobierno andaluz y otras autonomías del PP optan por financiar guarderías concertadas o privadas).

Sobre la Formación Profesional (FP), este nuevo Curso se han repetido los problemas de falta de plazas públicas, dada la enorme demanda, porque los jóvenes han visto que abre las puertas al empleo. Educación espera 1.193.260 alumnos de FP este Curso 2024-25, lo que supone casi duplicar los alumnos de hace una década (698.694 en 2013-2014). Pero el gran salto (+54,7% entre 2013 y 2023) se ha dado en los centros de FP privados (de tener 39.941 alumnos a 226.661 en 2022-23, un +467%), más que en los centros públicos de FP (los alumnos han subido de 542.203 a 710.601 en 2022-23, +31,2%) y que en los centros concertados (de 116.550 alumnos a 143.701, +23,5%). Eso se debe a que inversores privados (entre ellos Fondos de inversión extranjeros) se han lanzado a abrir centros de FP privados, sobre todo de Grado medio y Superior, cobrando precios desorbitados (de 2.500 a 6.000 euros al año), aprovechando la falta de centros públicos de FP (casi gratuitos).

Los sindicatos creen que faltan unas 100.000 plazas públicas de FP, sobre todo en Madrid, Barcelona y las regiones más pobladas y con más demanda. En el último Consejo de Ministros, el Gobierno aprobó 88,5 millones para crear 41.790 plazas y destaca que desde 2020 se han creado 376.186 plazas públicas de FP, con una inversión de 842 millones. Pero faltan más. Y además, este Curso se repite también el problema de encontrar empresas que colaboren para que los 1,2 millones de alumnos de FP hagan prácticas, algo obligatorio (deben hacer unas 500 horas anuales de prácticas, entre el 25 y el 35% de sus estudios).

Mientras los alumnos de Colegios e institutos aumentan o bajan, según dónde, el número de profesores de enseñanzas no universitarias aumenta, aunque menos: eran 784.425 profesores en junio pasado, +15.627 que el Curso anterior y +113.646 más que 10 años antes (670.777 en 2013-14). Eso permite mejorar algo la ratio alumnos por profesor, que era de 11,4 alumnos por profesor en 2021-22, aunque existen también grandes diferencias por niveles de estudio, centros y autonomías. Así, hay regiones con muchos más alumnos por profesor, como Madrid (12,9), Cataluña (11,9), Melilla y Murcia (11,8), Andalucía (11,7), País Vasco y Comunidad Valenciana (11,2), y otras menos tensionadas, como Cantabria (9,1 alumnos por profesor), Extremadura (9,4), Asturias y Galicia (9,9), Castilla y León o Navarra (10).

Con todo, España tiene menos alumnos por profesor, en Primaria y Secundaria,  que la mayoría de Europa, según Educación: 11,3 alumnos/profesor en 2021-22, frente a 12,1% de media en la UE-27, 12,7 en Finlandia, 13,3 en Alemania o 15 en Francia. Eso sí, en España hay más alumnos por clase: 20 en Primaria en los centros públicos (23 en los privados) frente a 19 alumnos por clase en la UE, y 24 alumnos por clase en la ESO (26 en la privada) frente a 21 alumnos de media en la UE. Y aunque en España hay menos días lectivos, los profesores españoles dan más horas de clase: 875 anuales, frente a 800 en la UE y 804 en la OCDE.

El problema no es tanto el exceso de alumnos ni la falta de profesores como la calidad de la enseñanza que se imparte. Dadas las tensiones en algunas enseñanzas y centros (los públicos con alumnos más vulnerables), España tiene un serio problema de resultados de la enseñanza no universitaria, no sólo porque salgamos mal en los estudios PISA (que miden la capacidad en matemáticas y comprensión lectora), fruto de una enseñanza demasiado “memorística”, sino porque hay demasiados alumnos con dificultades, que acumulan problemas y fracasos desde infantil a Bachillerato. Bastan 3 datos para alertarnos. Uno, los repetidores: el 2,1% en Primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en Secundaria primera etapa (2,2% en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Dos, el abandono escolar, el altísimo porcentaje de jóvenes que deja sus estudios sin acabar Bachillerato o FP : 13,6% en España frente al 9,6% en la UE-25. Y tercero, el altísimo porcentaje de jóvenes (18 a 24 años) que son “ni-nis” (ni estudian ni trabajan): 17,8% en España y 13,8% en la UE.

Así que debemos estar preocupados por la calidad de la enseñanza no universitaria en España, fruto de la tensión educativa y la falta de medios en determinadas regiones y centros, con un alto porcentaje de alumnos que necesitan “refuerzo” y no lo tienen. Por un lado, mejorar la enseñanza exige más medios y más gasto, ya que España sigue gastando menos en educación que la mayoría de Europa: 10.181 dólares por alumno en Primaria, frente a 11.478 dólares en la UE-25 y 11.902 dólares en la OCDE. Y 12.541 dólares por alumno en Secundaria, frente a 13.225 dólares en la UE y 13.324 en la OCDE, según el reciente informe de la OCDE. Y ese mayor gasto evitaría que una parte del gasto educativo recaiga sobre las familias: los padres españoles financian entre el 9% (Secundaria), el 11,6% (Primaria)  y el 12% (infantil) de la educación no universitaria de sus hijos, el doble que los padres europeos (financian el 4,4% en Primaria, el 5,4% en Secundaria y el 10,4% en infantil).

No basta con gastar más para mejorar la calidad de la enseñanza. Hay que gastar mejor y de forma desigual, poniendo más recursos en los centros y estudios más tensionados, en la regiones donde más crecen los alumnos y necesidades. Pero no se hace así. Existe un Plan PROA+ para refuerzo de los alumnos con problemas, para desdoblar aulas y profesores, pero en muchos Colegios e institutos es insuficiente, sobre todo en los centros públicos. Y además, hay una tremenda desigualdad en el gasto educativo por autonomías, con el agravante que algunas de las más tensionadas son las que gastan menos. Así, en 2023, Madrid fue la región que gastó menos en educación por habitante (858,64 euros), seguida de Asturias (988), Aragón (1.020), Canarias (1.026 euros), Baleares y Galicia  (1.031), Cataluña y Castilla la Mancha (1043), mientras que las que más gastan en educación son País Vasco (1.522 euros, casi el doble que Madrid), Navarra (1.398), Extremadura (1.241) y Comunidad Valenciana (1.220 euros), según este estudio de los Directores sociales.

En resumen, los niños y jóvenes han iniciado otro Curso escolar donde nos jugamos avanzar en la calidad de su enseñanza y resolver las graves desigualdades educativas que se dan en España, según en qué centro y en qué ciudad se estudie. No basta con mejorar la enseñanza en general: hay que mirar dónde están los “puntos negros” y reforzar alumnos, centros y enseñanzas, con más recursos, más medios y otra educación. Nos jugamos el futuro.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Curso escolar 2016-2017: muchas incertidumbres


Esta semana acaban de volver al colegio o al instituto más de 8 millones de niños y adolescentes, que cursan Primaria, ESO, Bachillerato o FP. Y comienzan un nuevo curso lleno de incertidumbres. La principal, como hace un año, si se va a aplicar la LOMCE y si habrá reválidas en junio próximo para 700.000 estudiantes de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Pero además, los centros no saben su presupuesto, porque las autonomías no van a recibir más dinero del Estado, al prorrogarse para 2017 los Presupuestos de este año, por falta de Gobierno. Y mientras, los padres tendrán que hacer frente a nuevos gastos, desde los libros al comedor o transporte escolar, sin que haya más becas ni ayudas. Entre tanto, es un clamor la petición de un Pacto educativo, que asegure recursos y estabilidad a la enseñanza, para reducir el abandono escolar (España es líder en Europa) y mejorar la formación para que los jóvenes encuentren trabajo. Urge un Pacto educativo este curso.
 
enrique ortega

Otro curso más, aumentan los  niños y jóvenes que inician el curso escolar: serán unos 8.150.000 alumnos de enseñanzas no universitarias, 39.000 más que el curso pasado. Bajarán algo los inscritos en educación infantil, 1.800.000 (por la menor natalidad y los altos precios) y subirán ligeramente los alumnos de primaria (2.925.000), ESO (1.870.000) y Bachillerato (700.000), aunque el mayor aumento se dará, otro año más, en Formación Profesional (790.000 alumnos), por la mejora de los cursos y las mayores salidas profesionales. Se espera una ligera caída de la enseñanza pública, que acoge al 68% de los alumnos, mientras sube ligeramente la concertada (24%) y se estabiliza la enseñanza privada (8%). Eso sí, las diferencias son grandes por autonomías: hay regiones con una mayor penetración de la enseñanza pública, como Castilla la Mancha (82,1%), Extremadura (80%), Canarias (78,5%) o Andalucía (75%) y otras donde la pública casi iguala a la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (sólo 51,1% de alumnos en la pública) y Madrid (54,9%).

Un curso con más alumnos y también con más profesores, porque muchas autonomías (controladas en su mayoría por la izquierda) han aprobado oposiciones para cubrir plazas de profesores, tras haber desaparecido 33.684 docentes (el 8,1%) entre 2012 y 2015 por los recortes y no cubrir jubilaciones, según datos de CCOO. El problema es que las autonomías, que financian el 84% del gasto español en educación, van a tener problemas financieros este curso, no sólo porque les está cayendo la recaudación (como a Hacienda), sino porque van a tener menos ingresos de los previstos, al no poderse aprobar un nuevo Presupuesto para 2017 y prorrogarse el actual, por falta de Gobierno. De hecho, el Gobierno en funciones ya les ha dicho que, al no haber nuevo Presupuesto, tendrán que rebajar su déficit en 2017 al 0,3% y no al 0,7% prometido en abril, lo que les obligará a gastar 4.000 millones menos. En todo, pero sobre todo en educación, sanidad e inversiones, los principales gastos. Y por si fuera poco, el Gobierno en funciones advierte que sin Presupuestos, no se podrán subir las becas este curso 2016-2017...

Y todo eso será un problema extra para una educación que lleva con recortes desde 2010. Según los datos oficiales de Educación, el Presupuesto educativo ha pasado de un máximo de 53.895 millones en 2009 (el 4,99% del PIB) a 46.469 millones en 2015, el 4,23% del PIB. Eso supone un recorte de gasto de 7.426 millones de euros en 6 años. Y este año 2016, aunque el Presupuesto ha aumentado en 208 millones, han sido básicamente para la aplicación de la LOMCE, para financiar los nuevos ciclos de la FP básica y la elección de los nuevos itinerarios en 3º y 4º de la ESO. Con lo que, en realidad, para las partidas ordinarias de la enseñanza, ha habido este curso menos Presupuesto que el pasado. Como ya pasó en 2014-2015 y como volverá a suceder este nuevo curso, al prorrogarse el actual Presupuesto. Con ello, las autonomías y los centros tendrán que hacer malabarismos para aumentar profesores, mejorar su oferta y ofrecer más servicios. Un dato esclarecedor: en Cataluña habrá este nuevo curso 1.010 colegios en barracones, 14 más que el curso pasado…

Además de la penuria económica, a las autonomías, los centros, sus profesores y alumnos les preocupa  lo que va a pasar con la LOMCE, la Ley educativa aprobada en 2013 por el PP (en solitario) y que todos los demás grupos han prometido derogar si gobiernan. De momento, el gobierno en funciones del PP la sigue aplicando y el pasado 29 de julio, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para obligar a las autonomías a establecer, antes de finales de noviembre, las condiciones de las reválidas que han de hacer obligatoriamente (en junio próximo) los 700.000 alumnos de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. De entrada, 13 autonomías están en contra de hacer estas reválidas (12 no gobernadas por el PP más Castilla y León), que han sido también criticadas por el Consejo escolar del Estado, los profesores (el 80,7% las rechaza, según una encuesta hecha por la Universidad Autónoma de Madrid), los sindicatos (amenazan con movilizaciones este otoño) y varias asociaciones de padres. Todos creen que estas pruebas excluyen a los alumnos con problemas y no mejoran la enseñanza.

Pero el Gobierno en funciones insiste en obligar a las autonomías a que fijen ya las condiciones de estas reválidas, ya que serán ellas las que establezcan las preguntas y el calendario, lo que supondrá una disparidad en las pruebas entre regiones. La reválida de 4º de la ESO, que sólo se hace en 5 países europeos (Italia, Reino Unido, Portugal, Estonia y Malta), sería esta primera vez una prueba piloto, pero en el futuro, si se mantiene, sería un filtro obligado para pasar al Bachillerato (contaría un 30% en la nota final y el otro 70% la nota media de toda la ESO). La reválida de 2º de Bachillerato, que se hace también en 23 países europeos, será esta primera vez una prueba, sin contar como nota, pero será obligatoria para acceder a la Universidad, ya que sustituye al anterior examen de Selectividad. Y lo peor es que cada Universidad diseñará su prueba, con lo que puede haber desigualdad entre los alumnos según donde la hagan.

Esta “guerra” de las futuras reválidas inquieta a los centros, profesores, alumnos y familias, mientras el ministro de Educación en funciones insiste que la LOMCE es una Ley orgánica y “hay que cumplirla. Y amenaza incluso con tomar medidas contra las autonomías que no lo apliquen, como ya hicieron el curso pasado con la prueba al final de 6º de Primaria: 7 de cada 10 estudiantes no hicieron este examen, incluido en la LOMCE, y 7 autonomías acabaron denunciadas ante la alta inspección educativa (Cataluña, Andalucía, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares), con expedientes aún no resueltos. Ahora, todo va a depender de los pactos políticos y del futuro Gobierno. De que se confirme la LOMCE o de que se pacte una nueva Ley orgánica antes de junio próximo.

Otra novedad de este curso, impuesta por la LOMCE, es que se refuerzan Lengua, Matemáticas y Ciencias, mientras se dejan de lado las enseñanzas artísticas (música, dibujo y artes plásticas) y la filosofía. Por ejemplo, este nuevo curso deja de ser obligatoria en 2º de Bachillerato la Filosofía (sigue en 1º), lo que ha provocado una movilización de intelectuales y docentes que ha llevado a que 10 autonomías la sigan manteniendo como obligatoria en todas o en algunas especialidades, mientras no será obligatoria en otras 7 autonomías que no han “apostado” por la Filosofía (Galicia, Madrid, Castilla y León, País Vasco, Navarra, Canarias y la Comunidad Valenciana. Otra muestra de disparidad educativa entre autonomías.

Además de las materias a enseñar y la escasez de Presupuestos, los centros se enfrentan a buscar fórmulas para mejorar la calidad de la enseñanza, tras los recortes que han llevado a aumentar los alumnos por clase, reducir las clases de refuerzo y los desdobles y reducir la atención a la educación especial. Y hay que plantearse mejorar las plantillas de docentes (675.000), no sólo para recuperar los 33.684 perdidos sino para mejorar su situación laboral, lo que se traduciría en una mayor eficacia docente. De hecho, hay una gran precariedad laboral, con muchos interinos sin plaza (10.000 más que en 2009), con una plantilla de profesores muy envejecida y mal pagada: los recortes en los salarios brutos han sido, entre 2010 y 2016, de entre el 44% (maestros) y el 57% (profesores de secundaria y catedráticos), según un estudio de FETE-UGT. Y se mantienen grandes diferencias por regiones: el salario bruto de un maestro de primaria es mucho menor en Galicia (1.971 euros) que en el País Vasco (2.335 euros) y lo mismo en secundaria (2.231 euros en Galicia frente a 2.934 en Ceuta o Melilla).

Y mientras, los alumnos y sus familias ven cada año cómo les sube la factura del colegio o instituto, mientras han bajado las becas (hay 200 millones y 40.000 beneficiarios menos que en 2011) y las ayudas, para libros, comedor o transporte (de 126 a 46 millones de euros). Y lo peor es que becas y ayudas son cada vez más desiguales entre autonomías (ver listado). Para este curso, vuelven a subir los libros de texto (un 1,1%), el gasto de comedor y el transporte, así como las matrículas, uniformes y otros gastos. Actualmente, tener un hijo en edad escolar supone un gasto en septiembre de unos 600 euros, entre libros (de 200 a 400 euros), uniformes (200-300 euros), comedor (110 euros),  transporte (80-100 euros) y gastos de matrícula o abono mensual, que aunque se dice “voluntario” es realmente obligatorio en los centros concertados. Y luego, ese gasto se mantiene, con extraescolares, seguros, APAS y otros extras, en unos 250 euros mensuales por niño. No es extraño que el gasto educativo haya sido el único, junto al sanitario, que ha aumentado en las familias con la crisis, un 36,7% entre 2010 y 2016, según la Encuesta de Presupuestos familiares del INE.

Una educación polémica, desigual, sin medios, cara para las familias y que encima lleva al abandono escolar de uno de cada cinco alumnos: España es líder en Europa, con un 20% de jóvenes que dejan sus estudios, el doble que en la UE (11% de abandono escolar). Urge pues, otro curso más, afrontar este grave problema y mejorar un sistema educativo que además no prepara a los jóvenes para el trabajo, ya que casi la mitad (46,5%) está en paro. Por eso, desde la comunidad educativa se pide un Pacto educativo, un acuerdo que establezca unas normas para varias décadas, al margen de quien gobierne, y terminar con los vaivenes legislativos que nos han traído las 7 leyes educativas de la democracia. Todo el mundo habla de la necesidad del Pacto, pero los políticos son incapaces de firmarlo, por lo que muchos plantean que se geste primero entre la comunidad educativa, expertos y familias.

La base de cualquier Pacto educativo debería ser asegurar una financiación suficiente para la educación, al margen de Gobiernos y coyunturas. España gasta hoy un 4,2% de su riqueza (PIB) en educación, por debajo de la media europea, que es del 5 al 6% del PIB. Eso obligaría a gastar más, a recuperar primero los 7.500 millones perdidos desde  2009 y luego aumentar unos 10.000 millones más de gasto cada año. Y crear un fondo interno de homogeneización, para que no haya autonomías que gasten más y otras menos en educación. Después, hay que fortalecer las plantillas y los centros, con más recursos para educación infantil y la Formación Profesional, por la que hay que apostar decididamente, para ponernos a nivel europeo. Y en paralelo, revisar contenidos y formas de estudio, buscando una educación más práctica, más ligada a lo que demanda el futuro y las empresas, sin olvidar la importancia formativa de las enseñanzas artísticas y sociales. Y todo ello, con una mayor participación de centros, profesores, expertos y familias y una menor politización de la educación.

España tiene el doble de paro que Europa porque tenemos una estructura económica y empresarial menos competitiva pero también porque tenemos una peor educación, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2014”): un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 paises más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%). En el medio, también tenemos menos adultos con formación media (bachillerato y FP Básica): un 22% en España frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba, estamos en cabeza de universitarios: un 32% en España frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE. Así nos va. Esto es algo que hay que arreglar a medio plazo, pero hay que empezar ya, con otra enseñanza. A ver si este es el último curso antes de un cambio educativo a fondo. Es uno de los grandes retos del país.

jueves, 26 de mayo de 2016

España, líder europeo en abandono escolar


Es otro de los datos (como el paro, el déficit, la deuda o la pobreza) de los que no va a presumir Rajoy en la próxima campaña electoral: España es el país europeo con más tasa de abandono escolar, el 20% de nuestros jóvenes dejan sus estudios y acaban con trabajos precarios o en el paro juvenil (también el más alto de Europa). El abandono escolar ha bajado con la crisis, porque muchos jóvenes sin trabajo han vuelto a estudiar, pero aún duplica el de Europa. Y es especialmente grave porque el 40% de los jóvenes españoles sólo tienen la ESO (o menos), frente al 29% en Europa. Y un 30,7% Bachillerato o FP frente al 45% en la UE. O sea, tenemos más fracaso escolar, menos formación y más paro juvenil. Para resolverlo, hay que prevenir el abandono escolar en primaria y atajarlo en la ESO, con más medios y más profesores, implantando además un Plan de choque para recuperar a los estudiantes que lo dejaron. Sin estudios y formación, los jóvenes españoles tienen aún menos futuro.
 
enrique ortega

La burbuja inmobiliaria y el boom del turismo de los años 90 y 2000 fueron un peligroso “espejismo” para muchos jóvenes españoles, que dejaron sus estudios para ganar dinero rápido en la construcción o en la hostelería. Y así fue subiendo el porcentaje de abandono escolar, hasta llegar a un récord en 2004: el 32,2% de los jóvenes de 18 a 24 años (uno de cada tres) había dejado sus estudios al final de la ESO y muchos ni habían terminado la educación secundaria obligatoria. Con la recesión de 2008, la tasa de abandono escolar empezó a bajar, porque muchos de estos jóvenes poco formados fueron los primeros parados de la crisis y algunos volvieron a estudiar. El resultado fue que el abandono escolar bajó en una tercera parte y se colocó en el 20% (19,97%) a finales de 2015según la EPA.

El Gobierno Rajoy atribuye esta mejoría del abandono escolar a sus políticas, a la LOMCE, y sobre todo a la decisión de “desviar” a los alumnos con peores notas a la nueva FP básica, evitando así que dejen las aulas. La medida, que entró en vigor en el curso 2014-2015, supone que a los alumnos de 15 años que no están en condiciones de aprobar el 4º curso de la ESO (y excepcionalmente el 3º) se les propone “desviarlos” a un primer eslabón de la Formación Profesional, la FP básica (2 años). Con ello, el Gobierno Rajoy buscaba dos cosas. Por un lado, impedir que estos “malos” alumnos dejen la enseñanza y reducir así unas cifras de abandono escolar que son la vergüenza de Europa. Por otro, formar un año antes “aprendices para trabajar”, con sueldos mínimos: acaban la FP básica con 17 años, en vez de los 18 años que tienen los que acaban la ESO y luego tienen que estudiar FP de grado medio.

Pero muchos expertos creen que la bajada del abandono escolar estos años no tiene que ver con la entrada en vigor de la FP Básica. Primero, porque no ha dado tiempo, ya que sólo se ha aplicado en los dos últimos cursos. Y segundo, porque las cifras hablan de un fracaso en la implantación de la FP básica, dado que se introdujo a toda prisa, en septiembre de 2014, sin casi medios y profesores, con programas improvisados. Y así, si en el curso 2014-2015, el Ministerio esperaba tener 60.000 alumnos en FP básica, al final sólo hubo 34.728 alumnos, el 60%. Y Cataluña y País Vasco no han implantado la FP básica hasta este curso, que también parece tener menos alumnos de lo esperado. Por todo ello, la mayoría de expertos coinciden en que hay menos abandono escolar no por la LOMCE ni la FPO Básica, sino sencillamente por la crisis: los jóvenes no encuentran trabajo y vuelven a estudiar.

Con todo, aunque el abandono escolar haya bajado del 32,2% al 20%, hay que resaltar dos cosas. Una, que ese 20% de abandono son muchos jóvenes: exactamente 631.520 jóvenes de 18 a 24 años que abandonaron las aulas con la ESO o incluso sin terminarla. Y, sobre todo, que ese 20% de abandono escolar es la tasa más alta de toda Europa y casi duplica la media europea, que es del 11%, según los datos que acaba de publicar Eurostat. El objetivo de la Comisión Europea es rebajar el abandono escolar de la UE-28 al 10% para 2020 y ya hay 17 países que lo cumplen hoy (están ya por debajo del 10%), mientras se acercan Alemania (10,1%) y Reino Unido (10,8%). Para España, la Comisión ha fijado el objetivo del 15% de abandono para 2020. En nuestro país, el abandono escolar es más preocupante entre los chicos (24%) que entre las chicas (15,8%). Y está por encima de la media en Baleares (26,7%), Andalucía (24,9%), Extremadura (24,5%), Murcia (23,6%), Canarias (21,9%), la Rioja (21,5%), Comunidad Valenciana (21,4%), Castilla la Mancha (20,8%), Ceuta (29,8%) y Melilla (24,1%).

¿Por qué hay tanto abandono escolar en España? Podría decirse que porque el sistema educativo no funciona bien, no es capaz de evitar la fuga de los estudiantes con problemas. Y eso tiene mucho que ver con situaciones personales y familiares de los alumnos, su situación socio económica, el tipo de centro y los recortes que haya sufrido en estos años. Y sobre todo, tiene mucha influencia en el abandono escolar la pobreza, la penuria económica de los alumnos y sus familias. Así, un reciente informe de la OCDE (febrero 2016) revela que la pobreza casi triplica el fracaso escolar en España: la posibilidad de tener un bajo rendimiento es 2,6 veces mayor entre el alumnado que no acude a colegios favorecidos socioeconómicamente. Y demuestra que los estudiantes de familias con bajos ingresos tuvieron peores calificaciones en matemáticas, según los datos del último informe PISA. Cáritas va más allá y señala que la pobreza puede multiplicar por cinco el fracaso escolar. Y un estudio de la Fundación Adsis revela que el 61% de los adolescentes en riesgo de exclusión social (pobreza) han suspendido tres o más asignaturas, frente al 37% de los estudiantes sin problemas económicos.

El abandono escolar en España se concentra, según la OCDE, entre los chicos, los hijos de inmigrantes y de familias pobres, los adolescentes que tienen otro idioma paterno, los jóvenes que viven con sólo un progenitor (familias monoparentales), los niños que no han ido a preescolar y los que han repetido curso. Precisamente, una de las claves de la lucha contra el abandono escolar es detectarlo a tiempo, para evitar que los jóvenes abandonen. Y los expertos plantean que se debe detectar en primaria y atajar en la ESO, porque la mayoría del abandono escolar se produce entre los 12 y los 15 años, según un estudio de CCOO. Y plantean que hay dos “pistas” claras para detectar el futuro abandono escolar: el absentismo (niños que faltan a clase injustificadamente) y la repetición de curso, una lacra en España (un 35% de los estudiantes de 15 años ha repetido curso, el triple que en la OCDE).

El hecho de que España tenga el doble de abandono escolar que Europa explica en buena parte que tengamos el 46,5% de paro juvenil, el más alto de Europa junto con Grecia. Porque uno de los problemas de fondo de España es la falta de formación adecuada de muchos de nuestros jóvenes mientras otros están “demasiado formados” para lo que trabajan. Así, un 40% de los jóvenes españoles (16-34 años) tienen sólo la ESO (o ni siquiera), frente al 29% en Europa (y el 26% en la OCDE). Y sólo el 30,7% estudia Bachillerato o FP de grado medio en España, frente al 45% en Europa (el 50% en Alemania y el 44% en la OCDE). Y sin embargo, un 29,3% de los jóvenes españoles son universitarios, frente al 26% en Europa (y el 30% en la OCDE). En resumen, que tenemos más universitarios que el resto de Europa (que acaban trabajando de cajeras o teleoperadores, un 55% “sobrecualificados”) pero menos jóvenes con formación media y muchos más sin apenas formación, sobre todo porque muchos abandonan. Y son “carne de cañón” del paro y de empleos precarios.

Así que reducir más el abandono escolar, sin trampas ni atajos (como desviar a los “malos estudiantes” a la FP Básica) debería ser una de las prioridades de la próxima Legislatura, para reducir el paro juvenil. Para ello, hay que pactar un Plan urgente contra el abandono escolar (más allá del Plan del Ministerio de Educación) con tres patas. La primera, prevenir y atajar a tiempo el abandono escolar, en primaria y la ESO, con alarmas ligadas al absentismo escolar y los repetidores, así como a los colectivos más vulnerables (hijos de inmigrantes y familias con menos ingresos). La segunda, poner en marcha en cada centro un Plan de lucha contra el abandono escolar, con desdobles, clases de refuerzo, tutorías y programas específicos de formación, que requieren aportar más dinero y más medios (profesores) a los centros, sobre todo a los que tienen más porcentaje de abandono escolar (centros públicos y concertados en zonas conflictivas: alumnos problemáticos y con menos recursos van a centros con más fracaso escolar y al final se retroalimentan). Y la tercera, implantar Programas piloto de recuperación de jóvenes, con Planes de estudios “ad hoc”, facilitando las matriculas (becas y papeleo). Y, en paralelo, conseguir aumentar las plazas públicas en educación infantil (0-3 años), a precios asequibles para las familias, porque está demostrado que los niños que han ido a guardería abandonan menos sus estudios después.

El objetivo debería ser bajar el abandono escolar a la mitad, al 10% en 2020, como el resto de Europa. Se puede conseguir, aunque para eso hace falta un gran Pacto educativo que sume los esfuerzos del Estado, autonomías, centros, familias y alumnos, a los que hay que motivar, con un argumento incontestable: los jóvenes formados están en paro, pero el paro es más del doble entre los jóvenes sin formación. Así que estudiar siempre compensa. Y más cara a un futuro. En la próxima década (2013-2025) va a haber más empleo para los jóvenes que ahora, porque se van a jubilar muchas más personas (7,2 millones de jubilaciones) y habrá nuevos empleos (1,3 millones). En total, entre 8,8 y 10 millones de nuevos empleos disponibles para los jóvenes hasta 2025, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Pero el 98% de esos empleos van a ser solamente para los que estén más formados: más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior (estudios universitarios o FP Superior), un 39,3% para los que tengan estudios medios (bachillerato o FP) y sólo el 2,3% para los que sólo tengan la formación básica obligatoria (ESO), según dicho estudio. Así que los que abandonen sus estudios estarán aún más condenados al paro.

En resumen, hay que frenar el abandono escolar y recuperar a buena parte de los que se han ido. Y eso requiere Planes, dinero, profesores, medios y tiempo. Y que todos nos tomemos la formación, sobre todo de los jóvenes, como el gran reto nacional, la clave para conseguir más y mejores empleos. Nos jugamos mucho con la educación: el futuro de nuestros hijos y nietos. Y por eso, el enorme abandono escolar es uno de nuestros grandes fracasos como país. Si no lo resolvemos, nos estamos cargando el futuro de los jóvenes, ya de por sí bastante preocupante. Así de claro.