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jueves, 7 de noviembre de 2024

DANA y Clima: muertos, pérdidas... y más CO2

Los españoles seguimos conmocionados por las inundaciones de Valencia. Levante ha sufrido decenas de riadas los últimos siglos, pero ahora son más frecuentes y extremas, por el Cambio Climático, según confirmaron expertos de la ONU tras la tragedia: el aumento de la temperatura, en el mar y en la atmósfera, acelera las lluvias torrenciales, que han dañado en septiembre y octubre media Europa. “El Mediterráneo es un bidón de gasolina”, alertan los meteorólogos. Así que España sufrirá más inundaciones, lo que obliga a mejorar el sistema de alertas, modificar la ocupación del territorio (2,7 millones viven en “zonas inundables”) y, sobre todo, reducir las emisiones que provocan estos fenómenos extremos. Pero el mundo apenas toma medidas y las emisiones de CO2 aumentaron en 2023 y 2024. El lunes comienza otra Cumbre del Clima, en Bakú, pero no se esperan avances significativos (¡menos con Trump!). Y si los paises no toman medidas más drásticas, la temperatura aumentará 3,1 grados y habrá más desastres. “Estamos jugando con fuego”, advierte la ONU.

                Dana Valencia                                             Foto: AP Photo, Alberto Saiz

La humanidad ha abierto las puertas del infierno”, declaró el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, el 20 de septiembre de 2023, en Nueva York. Lo decía tras el verano más cálido del siglo (superado en 2024), que provocó tremendos incendios en Canadá y EEUU, tornados y huracanes en el Caribe y Asia, potentes inundaciones en Grecia y Libia. Un año después, en octubre de 2024, los expertos de World Weather Atribution (WWA) han publicado un informe donde concluyen que “el Cambio Climático ha intensificado los 10 eventos meteorológicos más mortíferos registrados en el mundo  en las dos últimas décadas “, que se han cobrado 576.000 vidas, tras analizar 3 ciclones tropicales, 4 olas de calor (dos en Europa), 1 sequía y 2 inundaciones sufridas entre 2004 y 2023. “El Cambio Climático y el aumento de temperatura están haciendo nuestra vida más peligrosa”, concluyen.

Un día después, el 1 de noviembre, otro informe encargado por la Comisión Europea señalaba que “el Cambio Climático aparece como un factor clave de riesgo” y propone reforzar la preparación civil y militar de Europa ante las amenazas naturales. No en vano, un reciente estudio del Parlamento Europeo señala que las inundaciones han afectado a 5,5 millones de europeos en los últimos 30 años, causando 3.000 muertos y más de 170.000 millones de euros en daños económicos. Aunque no lo recordamos, en 2021, las graves inundaciones en Bélgica y Alemania dejaron más de 200 muertos. En 2023, nuevas inundaciones en Italia, Eslovaquia, Austria, Grecia, Italia y Francia causaron graves daños. Y entre el 12 y 15 de septiembre de 2024, la tormenta Boris provocó 24 muertos y afectó a 2 millones de personas en Centroeuropa. Y entre el 18 y 20 de octubre, el sur de Francia e Italia sufrieron las peores inundaciones en los últimos 40 años. Unos días después, el 29 de octubre, Valencia sufrió las peores inundaciones de la historia, con cientos de muertos y gravísimas pérdidas.

Europa y la cuenca mediterránea es una de las regiones del mundo más afectadas por el Cambio Climático, porque el continente se está calentando al doble de velocidad que el resto del Planeta, según los expertos. Dos días después de la tragedia de Valencia, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió este comunicado, con una idea clave: que el Cambio Climático antropogénico (provocado por la acción del hombre) provoca que los fenómenos climáticos extremos “se hayan vuelto más probables y graves”, porque la atmósfera está más caliente y retiene más la humedad, propiciando lluvias más intensas.

Trombas de agua e inundaciones se han producido en el Levante español (y sur de Europa) desde hace siglos: desde la conquista de Valencia en 1238, se han producido 11 riadas catastróficas en el Turia, según señala el meteorólogo José Ángel Núñez. La más grave fue la de 1957 (81 muertos) y la última importante en septiembre de 1999, con 5 muertos, 3.500 evacuados y graves destrozos en Levante. La diferencia es que antes eran cada 70 años y ahora son más frecuentes. Eso se debe, según los expertos de la OMM,  a “la presencia de aire cálido en superficie, alimentado por el exceso de humedad del mediterráneo, más cálido, y la inestabilidad provocada por el choque con el aire frío de la atmósfera superior conduce a grandes nubes convectivas, con fuertes aguaceros e inundaciones repentinas”. Es lo que llaman DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos).

Así que el Cambio Climático, al aumentar la temperatura de la atmósfera y el mar, provoca, al chocar con el aire frío polar (que ahora llega más fácilmente al sur) que haya más inundaciones y más intensas. “El Mediterráneo actúa como un bidón de gasolina y con una DANA, el resultado es explosivo”, comentaba el meteorólogo Francisco Martín. El análisis de la OMM reitera que España y otros paises europeos deben prepararse para afrontar estos fenómenos meteorológicos extremos tomando medidas en dos frentes: mejorando los sistemas de alerta (para evitar muertes y daños) y actuando sobre la ocupación del territorio, para prevenir daños futuros en viviendas e infraestructuras. Dos temas claves que han fallado en esta DANA de Valencia y en las anteriores inundaciones.

España, como otros paises, cuenta con sistema de alerta ante inundaciones, que ha fallado parcialmente. No falló la AEMET (Agencia de Meteorología), que desde días antes anunció lluvias torrenciales y que a las 7,36 de la mañana del 29 de octubre, el día de la tragedia, activó el aviso rojo por inundaciones. No falló tampoco la Confederación Hidrográfica del Júcar, que tiene sondas en ríos y barrancos: a las 12,07 de la mañana del 29 de octubre envió un correo alertando que el barranco del Poyo superaba los tres niveles de alerta, con un caudal de 264 metros cúbicos por segundo (superando los 150 metros cúbicos del nivel 3), con tendencia “ascendente”. Y a las 18,43 de la tarde, la Confederación alerta que el caudal del Poyo está fuera de control: 1.686 metros cúbicos por segundo, rompiendo 12 minutos después los aparatos de medida, con un aluvión de 2.282 metros cúbicos/segundo (el triple del caudal del río Ebro), a las 18,55 de la tarde.

Con estas dos alertas tan evidentes, la Generalitat Valenciana trató de quitar importancia al riesgo de riada, diciendo (a las 11,48 horas) que el temporal “se iba hacia Cuenca” y esperaban “que remitiera a partir de las 18 horas”. Finalmente, a las 20,12 horas de la noche (casi 2 horas después de la alerta de riada máxima), la Generalitat lanzó una alerta a los móviles. Demasiado tarde: muchos habían muerto en casas bajas, coches y garajes o arrastrados por el sunami de los barrancos. Y cientos más estaban refugiados en tejados y pisos altos cuando recibieron la alerta. Está claro que el sistema falló, no sólo por la indecisión de la Generalitat sino por una falta de información a la población, que nunca ha hecho simulacros ante riadas, aunque las sufren periódicamente. Eso sí, sirvió de ejemplo para Andalucía y Cataluña, donde ha habido pocos muertos y menos daños: la población estaba avisada y se actuó mejor.

La otra recomendación de la ONU frente a las inundaciones es reordenar el territorio, porque el agua “tiene memoria” y cuando llueve tanto (en poco más de 3 horas llovió como en todo un año), busca los cauces de ríos y barrancos antes secos y a cuyo alrededor se han construido viviendas y viven cientos de miles de personas. En Levante y otras zonas de España, el turismo y el desarrollismo de los años 60 y 70 llevaron a construir por todos lados, incluidos viejos cauces y zonas aledañas, colonizadas por viviendas. Esto ocurrió profusamente hasta 2015, cuando la última versión de la Ley del Suelo obligó a los Ayuntamientos a elaborar “Informes de inundabilidad”, señalando como “no urbanizables” zonas con riesgo de inundación. Pero todavía hay muchos municipios y pedanías con Planes urbanísticos de hace más de 15 años, donde estas viviendas siguen en pie e incluso se hacen nuevas construcciones.

En España hay 26.773 kilómetros cuadrados (casi el 5% del territorio) catalogados como “zonas inundables (ver mapa del Ministerio de Transición Ecológica), donde viven 2,7 millones de personas, potencialmente en riesgo ante futuras riadas. Incluso la Comunidad Valenciana tiene un Plan de acción territorial de zonas inundables (PATRICOVA), que se puso en marcha en 2003 y se revisó en 2015. Pero esta cartografía regional de zonas inundables, entre las mejores de Europa, sirve de poco: las autonomías no tienen medios para vigilarlas y para hacer cumplir las normas urbanísticas. Y en muchos casos, la única opción es demoler estas viviendas, algo políticamente difícil de aplicar.

Los expertos en obras hidráulicas proponen muchas medidas que se pueden tomar para reducir los riesgos de riadas en estas zonas, como se ha hecho en Europa y en EEUU (en Nueva Orleans, a raíz del Katrina). Hay que empezar con obras en las cuencas, muy arriba de los pueblos en riesgo: reforestar zonas aledañas, canalizar ríos y construir presas de alivio, canales filtrantes y zonas inundables. Luego, en pueblos y ciudades, además de ensanchar los cauces (Turia), se pueden construir estanques de tormentas y parques fluviales, como se ha hecho en Zaragoza (al lado del Ebro), en Rotterdam o Pamplona. Y por supuesto, reordenar el urbanismo, impidiendo nuevas construcciones  en zonas inundables y derribando las viviendas próximas a barrancos, trasladando a los vecinos ”amenazados”.

Con estas dos medidas, alertas eficaces (con formación a los vecinos y “simulacros” ) y reordenación de las zonas inundables, las próximas riadas nos pillarán mucho más preparados y se reducirán las muertes y los daños, aunque para eso hay que invertir ya. Pero la clave es luchar contra el Cambio Climático, tomar medidas eficaces para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que agravan las lluvias torrenciales y aceleran las inundaciones. Y aquí, los paises están haciendo poco, con lo que no se frena el aumento de la temperatura, que está detrás de la DANA de Valencia y otras que vendrán.

El dato es grave: las emisiones de CO2 aumentaron en 2023, según los datos publicados el 24 de octubre por el PNUMA, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente: se emitieron 57,04 Gigatoneladas de CO2 equivalente, un +1,3 que en 2022 y un +44% que a principios de siglo (39,51 Gigatoneladas año 2000). La mayor parte de estas emisiones (39,02 Gigatoneladas) son de CO2 (producido por el hombre y su uso de combustibles fósiles), otra parte (9,75 Gigatoneladas) es metano (los humanos somos responsables del 60% y el resto procede de fuentes naturales), otra parte oxido nitroso (2,56 Gigatoneladas, el 43% por culpa del hombre) y el resto son emisiones de gases fluorados (1,68 GTm) y por cambio de usos del suelo  (4,03 GTm). Y con este nivel de emisiones, el mundo bate los récords históricos de CO2 (420 partes por millón), metano y óxido nitroso.

El 68% de estos gases de efecto invernadero, responsables de la mayor parte del Cambio Climático, los genera el transporte y la producción de energía y electricidad, el 10% la industria el 18% el campo y los bosques y el 5% los residuos, según la ONU. Y los paises desarrollados del G-20 produjeron el 77% de todas las emisiones del Planeta en 2023, acumulando 6 paises más de la mitad: China (28%), USA (10,5%), India (7,26%), la UE (5,67%), Rusia (4,67%) y Brasil (2,28%). El problema, según la ONU, es que 7 miembros del G-20 no han alcanzado todavía su “pico de emisiones” y  seguirán emitiendo más para alimentar su “desarrollo”: China, India, Indonesia, México, Corea, Turquía y Arabia Saudí.

Lo peor es que este año 2024, siguen aumentando las emisiones de CO2: el 30 de septiembre, en el mundo se emitieron 95,5 millones de Tm de CO2, un +6,8% que ese mismo día de 2023, según los datos de Carbon Monitor. Y han aumentado las emisiones este año en China (+14,6%), USA (+4,7%), India (+5,6%), Europa (+6,1%), Francia (+8,8%), Alemania (+6,5%), Italia (+8,8%) y España (+13,4%). Y los expertos de la Agencia Internacional de la Energía están preocupados, porque los bajos precios del petróleo y el gas han aumentado su consumo y en general la demanda energética.

El último informe del PNUMA (ONU) , publicado el 24 de octubre, alerta al mundo sobre este aumento de las emisiones y el riesgo de más calentamiento: con las políticas actuales de los paises, la temperatura subirá +3,1 grados a finales de siglo sobre la época preindustrial, cuando en la Cumbre de París (2015) se acordó que no debía subir más de 1,5 grados (este año 2024 acabará con +1,55 grados, según Copernicus). Ahora creen que “será difícil evitar que suba 2 grados”, aunque se tomen medidas, lo que incrementará los fenómenos climáticos extremos (como la DANA de Valencia). Lo advirtió otra vez  Antonio Guterres, 5 días antes de la catástrofe de Valencia: “Existe una relación directa entre el aumento de las emisiones y los desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos. En todo el mundo, la gente está pagando un precio terrible. Las emisiones récord significan temperaturas récord del mar que sobrealimentan huracanes monstruosos; el calor récord está convirtiendo los bosques en un polvorín y las ciudades en saunas; las lluvias récord provocan inundaciones bíblicas. Estamos jugando con fuego…”.

Avisados estamos. Urge tomar medidas para reducir las emisiones, como volverá a plantearse del 11 al 29 de noviembre, en la Cumbre del Clima (COP 29) de  Bakú (Azerbaiyán). Se acaba el tiempo para actuar y la ONU insiste en que hay que recortar ya las emisiones (un -42% para 2030), no dejarlo para después. Los paises tienen que presentar nuevos Planes de recorte de emisiones en febrero de 2025, pero los expertos son muy pesimistas y creen que los grandes emisores retrasan los recortes, a pesar de los desastres climáticos. China sólo piensa crecer a cualquier precio. EEUU lo mismo y peor con la victoria apabullante del "negacionista" Trump. Y en Europa, paladín de la lucha contra el Cambio Climático, ha crecido el poder de la derecha y la ultraderecha (16 de los 26 Comisarios, más la presidenta), más “negacionistas”, que defienden ahora menores recortes de emisiones que las previstas inicialmente (-90% en 2040 frente a las de 1990).

En resumen, todos nos conmocionamos cuando se desata una tragedia como la DANA de Valencia o nos preocupamos por las olas de calor, huracanes, sequías e incendios, pero no somos conscientes de que las estamos provocando nosotros, los humanos, con nuestro consumo descontrolado de energías fósiles y un estilo de vida no sostenible para el medio ambiente. Pedimos cuentas a los políticos por desatender a los damnificados por la DANA  pero no les exigimos aprobar planes más drásticos para el recorte de emisiones que causan estos desastres. Recuerden: “estamos jugando con fuego”.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Cumbre de Dubái: Colapso Climático

Primero hablaban del Cambio Climático, luego de la Crisis Climática y ahora “vivimos el Colapso Climático”, según dijo el secretario general de la ONU en la 28ª Cumbre del Clima de Dubái. Los datos de los expertos revelan que las emisiones de CO2 siguen creciendo y que en 2023 batiremos un récord histórico de temperatura y fenómenos climáticos extremos. Pero no necesitamos esos datos para saber que el clima se ha vuelto loco y que nos estamos cargando el Planeta. El problema es que los grandes emisores (China, EEUU, India y Rusia) no aprueban medidas para recortar drásticamente sus emisiones, para no poner en peligro su crecimiento. Y los paises en desarrollo sufren las consecuencias. La ONU reitera las 3 recetas para recortar emisiones y evitar el Colapso Climático: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de usar el carbón, el petróleo y el gas en 2050. Pero otra Cumbre del Clima más, escuchamos muchas promesas y pocos hechos. Y pocas inversiones. Estamos al límite.

                  Enrique Ortega

La actividad humana sigue aumentado las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (metano, oxido nitroso, halocarbonos y ozono troposférico), provocando un aumento de la temperatura de la atmósfera y los mares que modifican el clima y la vida en el Planeta. Aunque llevamos 28 años celebrando Cumbres del Clima (la 1º se celebró en Berlín en 1995 y este domingo se clausura la COP28 de Dubái), la realidad es que las emisiones han crecido año tras año. Este 2023 (de enero a octubre), las emisiones mundiales de CO2 han crecido un +0,3%, según los datos de Carbon Monitor, debido a un aumento de emisiones en China (+2,5%), India (+9,6%) y Rusia (+2,4%), aunque se han reducido algo las emisiones en EEUU (-2,2%), Japón (-4,5%) y Europa (-5,6%), destacando las menores emisiones en Alemania (-7,4%), Italia (-6,4%), España (-3,7%), Reino Unido (-2,3%) y Francia (-2,1%), en Brasil (.2,4%) y resto del mundo (-2,4%). 

  Ahora, la previsión presentada por Carbon Monitor para todo 2023 es que las emisiones mundiales  de CO2 aumenten este año un +1,1%, que crezcan sobre todo las emisiones por el carbón (15,2 Gigatones de CO2,+1,1%), el petróleo (12,1 Gigatones, +1,5%), el gas natural (7,9 Gigatones, +0,5%) y la industria cementera (1,7 Gigatones, +0,8%). Y por paises, crecerán este año las emisiones de CO2 de China (+8,2%) e India (+4%), mientras caerán las emisiones de la Unión Europea (-7,4%) y EEUU (-3,4%). Este nuevo aumento de emisiones en 2023 se sumaría a los de 2022 (+1%) y 2021 (+6%), tras el recorte de emisiones en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015, causado por la recesión derivada de la pandemia.

Con ello, la acumulación de CO2 en la atmósfera volverá a batir un récord histórico, alcanzando a finales de 2023 las 419,3 partes por millón (ppm), un 51% más de la concentración de CO2 que había en la atmósfera en épocas preindustriales (280 ppm en 1850, 315 en 1959, 354 en 1990 y superando las 400 ppm en 2013). De hecho, ya en mayo de 2023 se alcanzó en Hawái una concentración récord de 424 ppm, la más elevada en la atmósfera en los últimos 3 millones de años (según investigaciones en el hielo ártico).

Todas estas emisiones y la concentración récord de CO2 en la atmosfera ya han provocado un aumento récord de la temperatura en la Tierra: +1,4 grados centígrados de media sobre el periodo 1.850-1900, según el último informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), quien nos recuerda que empezamos el siglo con un aumento de 1,27 grados. Y que 2023 será, con toda seguridad, el año más cálido de la historia. Este fuerte aumento de la temperatura provoca un calentamiento de los mares y un deshielo de las masas polares, modificando los ecosistemas  y elevando el nivel del mar (+4,72 milímetros año, el doble que a principios de siglo). Y además, el aumento de la temperatura de la Tierra está provocando fenómenos climáticos extremos: inundaciones y sequías extremas, ciclones tropicales, episodios de calor extremo y macro incendios forestales. Y, en general, un clima “loco” que provoca muertes, enfermedades y cuantiosos daños económicos.

Estamos viviendo el Colapso Climático en tiempo real y el impacto es devastador”, señaló con preocupación el secretario general de la ONU al inaugurar la Cumbre del Clima de Dubái. Lo grave es que la Cumbre del Clima de París (2015) se planteó el objetivo de que la temperatura no superara los +1,5 grados centígrados a fin de siglo (2100), para poder salvar el Planeta. Y ya este año, la temperatura ha subido esos +1,4 grados. Y, según la ONU, con los Planes de recortes de emisiones para 2030, presentados por los 194 paises adheridos al Acuerdo de París, la temperatura media del Planeta subiría entre +2,1 y +2,8 grados centígrados a fin de siglo, un aumento insostenible. Por eso, la ONU insiste en que los paises deben aumentar sus recortes de emisiones, un -43% de aquí a 2030 (sobre emisiones 2009). No vale prometer que van a conseguir cero emisiones netas para 2050: el recorte de emisiones hay que hacerlo ahora, en esta década, porque luego ya será demasiado tarde.

La ONU y sus expertos han reiterado en la COP 28 de Dubái los 3 objetivos que el mundo debe comprometer para salvar el Planeta: triplicar el peso de las energías renovables para 2030, duplicar el ahorro energético y trazar una hoja de ruta para dejar de utilizar en 2050 los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la actual emergencia climática.

El primer objetivo, triplicar el peso de las energías renovables en la producción mundial de energía (de 3.400 GW de potencia instalada en 2022 a 11.000 en 2030) se ve posible de alcanzar por los expertos, dadas las enormes inversiones en renovables (eólica y solar, sobre todo) y el avance de la tecnología, que produce electricidad cada vez más barata. De hecho, 117 paises se han comprometido ya a triplicar el peso de las renovables para 2030, acuerdo promovido por la Unión Europea y al que se han sumado EEUU, Canadá, Japón, Reino Unido, Australia, Chile y Colombia. Y también está de acuerdo China. Este empujón a las renovables serviría para generar electricidad 100%% renovable y reducir el consumo de combustibles fósiles en la industria y en los hogares.

Pero no sería suficiente. Por eso, el 2º objetivo de la ONU, más difícil de cumplir, es mejorar la eficiencia energética, duplicando el ahorro de energía de los paises, desde las industrias y el transporte a los particulares. Aquí, los compromisos de los paises son más difusos, salvo el caso de la Unión Europea, que se ha comprometido en hacerlo para 2030. Y queda el tercer objetivo, el más difícil de conseguir y el más importante: suprimir a medio plazo el consumo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes culpables de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1850. El objetivo fijado por la ONU es claro: para 2050, no quemar nada de carbón, suprimir el 60% del petróleo consumido actualmente y el 70% del gas natural.

Aquí, los grandes paises consumidores (y productores) de energías fósiles dicen que sí, que van a recortar, pero no quieren comprometer una hoja de ruta, con fechas y porcentajes. EEUU, el primer productor mundial de petróleo y gas, ha aprovechado la guerra de Ucrania y la subida de la energía para reforzar su producción (y consumo), aumentando la producción de fracking (petróleo de esquisto) y concediendo Biden nuevas licencias de extracción de petróleo incluso en Alaska. Y tanto la OPEP como Rusia, los siguientes mayores productores de crudo y gas, siguen invirtiendo en prospecciones y tratando de contener la producción para que no caigan demasiado los precios y el consumo. Y nadie habla de que hay que habrá que dejar el petróleo, el gas y el carbón sin extraer si queremos salvar el Planeta. Porque cuando se queman los combustibles fósiles, en el transporte (terrestre, aéreo o marítimo), en la industria o en la producción de electricidad, generan entre el 80 y un 90% del CO2 total.

Junto a necesidad de no consumir carbón, crudo y gas a medio plazo, la ONU se queja de que la mayoría de los paises están subvencionando ahora los combustibles fósiles:”no podemos salvar a un Planeta en llamas con una manguera de combustibles fósiles”, criticó muy visualmente el secretario general de la ONU en Dubái. Y es que los paises destinaron 7 billones de dólares en 2022 a subvencionar los combustibles fósiles (desde ayudas a las industrias a rebajas de impuestos a los combustibles o ayudas al transporte), 1 billón más de ayudas que en 2020, por la crisis de Ucrania y la inflación, según un estudio del FMI realizado con datos de 170 paises (entre ellos, España, que dedica 10.500 millones de euros anuales a subvencionar los combustibles fósiles). Y la ONU revela que de los 194 paises que han firmado los Acuerdos de París, solo 7 paises (que no cita, el 4% del total) se han comprometido a retirar estas ayudas y subvenciones, ni EEUU, ni la UE, ni China, India o Rusia. Y así, financiando con millones a los combustibles que destruyen el clima, no podemos avanzar.

Lo que hay que hacer para superar la emergencia Climática lo tienen claro los científicos y lo ha reiterado la ONU en esta Cumbre de Dubái: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de extraer y consumir carbón, petróleo y gas. Pero las grandes economías no están por la labor de reconvertirse y gastar más en energías limpias. Por un lado, China, India y los grandes paises en desarrollo (G-20) defienden que ellos tienen que seguir creciendo, aunque sea a costa de altas emisiones (China emite el 30,7% del total mundial, USA el 13,6%, India el 7,6%, la UE el 7,4%, Rusia el 4,4% y Japón el 2,8%) , como antes hicieron los paises occidentales (el 17% de las emisiones mundiales entre 1850 y 2021 son “culpa” de EEUU, el 12% de China, el 10% de la UE, el 6% de Rusia y el 5% de India). Y por otro, los paises pobres y en desarrollo, que no emiten apenas CO2 son los que más sufren ahora la emergencia climática (inundaciones, tornados, sequías, hambre, incendios, emigraciones…), sin que los ricos apenas les ayuden: el Fondo verde (creado en 2019 y que debía aportarles 100.000 millones anuales no se cubre) y el nuevo Fondo de pérdidas (para cubrir emergencias) depende de aportaciones “publicitarias”, como las hechas en Dubái.

De momento, EEUU apuesta por recortes de emisiones y energías renovables siempre que no pongan en crisis su potencial fósil y sus inversiones, con el riesgo de que el negacionista Trump gane las elecciones en 2024. Y en China, avanzan en las energías alternativas pero sin desengancharse del carbón, el petróleo y el gas, al menos hasta mediados de siglo, lo mismo que India y otros paises en desarrollo. Y Europa es el continente con más conciencia climática y más compromisos (recorte de emisiones del 56% para 2030, cierre de centrales de carbón, un 80% de electricidad renovable y prohibición de coches de combustión para 2035). Pero en muchos paises europeos está avanzando el “negacionismo climático” (Italia, Hungría, Holanda, Reino Unido, autonomías y Ayuntamientos españoles gobernados por PP y VOX…), empujado por la extrema derecha y parte del PP europeo. Y por eso, habrá que esperar al resultado de las elecciones europeas de junio de 2024.

Además de decisión política, la lucha contra la emergencia climática exige reconvertir a fondo las economías y los hábitos de consumo, lo que exigirá cuantiosas inversiones. Según las estimaciones más conservadoras, financiar la lucha contra el Cambio Climático costará 4,3 billones de dólares anuales (4 billones de euros cada año), que habrá que conseguir de inversiones públicas y privadas, impuestos verdes y al CO2, bonos y créditos. Sólo en Europa, la inversión del Pacto verde superará el billón de euros en esta década. Y España contempla invertir, en el Plan del Clima, 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030. Cantidades ingentes, pero no podemos olvidar que no hacer nada tiene un coste mayor: en vidas humanas (la OMS estima que 1 de cada 4 muertos pueden atribuirse a causas ambientales prevenibles), en enfermedades y en daños por el clima extremo: los desastres naturales inducidos por el CC costaron 1,5 billones de dólares en 2022, según un estudio. Y el Banco Mundial cree que por cada dólar  invertido acabaremos obteniendo 4 dólares.

Otro año más asistimos a otra Cumbre del Clima más, donde los expertos y la ONU lanzan advertencias, se oyen buenas palabras y grandes propósitos, pero apenas se aprueban medidas ni inversiones ni ayudas. Y así hasta la Cumbre siguiente. Y mientras, el clima nos alerta cada día, sin que cambiemos nuestro estilo de vida, nuestra forma de producir, consumir y viajar, nuestros impuestos y nuestras inversiones. Y así, llegaremos a un punto de no retorno, donde la situación será tan grave que exigirá medidas más drásticas que ahora. Es lo que suele pasar: la humanidad sólo reacciona al borde del precipicio. No aprendemos.