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jueves, 6 de julio de 2023

Más tarjetas y Bizum, menos dinero

Con el verano, se dispara el gasto. Usamos menos el dinero en efectivo y más las tarjetas, el móvil y los pagos con Bizum. Las compras con efectivo son mayoritarias en España, pero se paga menos con dinero (65% operaciones) que antes de la pandemia (83,2%). Eso se debe al auge de las compras electrónicas y al aumento de pagos con tarjeta (del 15 al 28%) y con móviles. En España tenemos 2 tarjetas por habitante (88 millones) y las compras pagadas con plásticos superan los 233.000 millones de euros, el doble que en 2016. Y destaca el tirón de los pagos por móvil y, sobre todo, “los Bizum”, esas transferencias inmediatas que ya utilizan 23 millones de españoles. Todo apunta a que el dinero en efectivo perderá fuerza año tras año, triplicándose en el mundo los pagos electrónicos. Sobre todo a partir de 2030, cuando se generalicen las monedas digitales, entre ellas el euro. Pero ojo: el 82% de los españoles no quieren que desaparezca el dinero en efectivo.

Enrique Ortega

La pandemia cambió los hábitos de compra de los españoles, no sólo durante los meses de confinamiento sino también después, hasta hoy: se han duplicado las  compras online (del 8,4% en 2019 al 15,8% en 2022, según el Banco de España) y con ello han aumentado los pagos que no se hacen con dinero, sino con tarjetas, móvil o transferencia. El efectivo sigue siendo el rey de las compras, pero su peso ha caído en estos años, según la Encuesta Ipsos realizada entre abril y julio de 2022. Y los más jóvenes creen que su uso seguirá reduciéndose, mientras apuestan cada día más por las tarjetas y los pagos por móvil.

El dinero en efectivo lo utilizan a diario 3 de cada 5 españoles (el 64% de la población), según esta Encuesta Ipsos 2022, que revela que el 60% pagaron su última compra con dinero en efectivo. El 2º medio de pago son las tarjetas (las tienen el 88% de los adultos), que utilizan a diario para pagar 1 de cada 3 españoles (el 32% de la población), que utilizaron la tarjeta un 35% para hacer su última compra. El tercer medio de pago, ya a mucha distancia, son los dispositivos móviles de pago, que tienen el 23% de los españoles: los utilizan a diario el 7% de la población y así pagaron la última compra el 3,7% de españoles. Y luego está el Bizum, la plataforma para hacer pagos por el móvil, que ya tienen el 44% de los adultos y que utilizan diariamente para hacer pagos el 1% de españoles. Y todavía hay 2 medios de pago más, que no se utilizan diariamente de forma masiva: las plataformas de pago por Internet (tipo PayPal, PaysafeCard, Redsys…), que tienen el 16% de españoles, y las transferencias bancarias, que usan un tercio de españoles para hacer pagos no frecuentes.

Esta es la foto de las formas de pago ahora. Pero ha cambiado mucho respecto a 2019, a antes de la pandemia, según revela el estudio SPACE sobre los pagos en la zona euro en 2022, una encuesta europea del BCE, que analiza tres tipos de pagos. Primero, los pagos en comercios físicos: si en 2019, el 83,2% de las compras se hacían en efectivo, en 2022 han bajado al 65,6%, subiendo las operaciones con tarjeta del 15,3 al 28,3%. Y si atendemos a los importes pagados, se pagaba en efectivo el 64,8% del gasto y en 2022 ha bajado al 51%, mientras los importes pagados con tarjetas subían menos, del 30 al 36,8%. Y eso, por el aumento de los pagos con móvil y plataformas de pago (12,2% importes).

En los pagos entre particulares, el 2º pago analizado, la caída del efectivo es mayor: de hacerse un 90,9% de las operaciones con dinero en 2019 se ha bajado a un 71,4% en 2022, subiendo las operaciones con tarjeta, móviles y otros medios electrónicos. Por importes pagados entre particulares, el efectivo cae del 73,7% del total en 2019 al 54,6% en 2022, en beneficio de las transferencias (del 6,1 al 22,5% de los importes), el móvil (del 1,2 al 14%, el gran salto, gracias al Bizum), mientras caen otros (del 19 al 8,9%), según el estudio SPACE. Y el tercer pago analizado, los pagos recurrentes (recibos, alquileres, hipotecas, seguros, suscripciones, transporte…), apenas ha cambiado: el 77,5% de estos pagos periódicos están domiciliados en los bancos, abonándose sólo un 9,9% con tarjeta (generalmente los abonos de transporte y billetes) y un 6,7% por transferencia.

Como conclusión, los españoles siguen utilizando mayoritariamente el efectivo en sus pagos, pero con mucho menos peso que antes de la pandemia, en especial los más jóvenes (de 18 a 24 años, un 61,9% utilizan el efectivo, mientras los mayores de 55 años lo utilizan en el 70% de sus compras), los que tienen más formación y los que tienen más ingresos (los hogares con menos ingresos utilizan más el efectivo). En general, los mayores de 45 años, con menos formación e ingresos, utilizan más el efectivo para pagar y los menores de 35 años utilizan más las tarjetas y los móviles. Y además, en España se utiliza más el efectivo que en Europa: el 64% lo utilizan frente al 59% de media en la zona euro, aunque en todos los paises ha caído su uso: más en España (-19% de uso de efectivo entre 2019 y 2022)  que en el resto de Europa (-13% la reducción uso efectivo).

Un  resultado chocante de la Encuesta IPSOS es que los españoles son de los europeos que más apoyan el dinero en efectivo: un 82% están a favor de una sociedad con efectivo y un 88% consideran útiles las monedas y billetes. Casi la mitad apoyan el efectivo porque permite pagar con privacidad y anonimato, mientras otros valoran que previene de la exclusión financiera (los pagos digitales retraen a los más mayores y pobres), que nos defiende en casos de ciberataques y que es más ágil en caso de bloqueos en los pagos electrónicos. Y resulta llamativo que estén a favor de mantener el efectivo el 76% de los jóvenes (18-24 años) y el 86% de los mayores (más de 64 años, según Ipsos 2022.

Si el efectivo sigue siendo el medio de pago más usado es gracias a los cajeros automáticos, donde los españoles sacamos el 83% del dinero en efectivo, según el Banco de España. Otro 9,3% lo sacamos por ventanilla, en los bancos, aunque cada vez restringen más esta retirada de dinero, con horarios limitados y a veces cobrando comisiones. Y otro 6,3% del dinero se consigue de pagos de amigos, familiares y en el trabajo.

Los cajeros automáticos sufrieron un “boom” a principios de siglo, pasando de 44.851 a 61.714 cajeros en 2008, el máximo histórico. Pero luego con la crisis financiera, los bancos y Cajas los han ido recortando drásticamente, a 50.441 en 2014, 50.501 en 2019 y sólo 45.233 en 2022, una cuarta parte menos que en 2008. España tiene algunos cajeros más por habitante que la media europea (1,01 por 1.000 habitantes frente a 0,81 en la zona euro), pero el problema es que están muy mal repartidos, porque el recorte de cajeros se ha producido sobre todo en las zonas rurales. De hecho, la mitad de los municipios españoles, 4.007 pueblos donde viven 1,5 millones de personas no tienen cajero (y de ellos.3.20 municipios tampoco tienen banca móvil). Un problema que se concentra en Castilla y León (1.867 municipios, el 83% del total, no tienen cajero), la Rioja (falta en el 65% de pueblos), Aragón (59%), Navarra (53%), Castilla la Mancha y Cataluña (49% pueblos sin cajeros).

A pesar de este desplome en el número de cajeros (y su ausencia en media España), cada año se saca más dinero de los cajeros: se pasó de retirar 82.024 millones de euros en 2002 a un máximo de 116.555 millones en 2008, para bajar algo por la crisis hasta 2013 (109.223 millones), subiendo después hasta 125.188 millones en 2019, el récord histórico. Con la pandemia, las retiradas de dinero cayeron en 2020 y se recuperaron después, hasta retirarse 119.798 millones de euros de los cajeros en 2022, todavía menos que antes de la pandemia, según los datos del Banco de España. Eso sí, ahora los españoles van menos veces al cajero y sacan más, una media de 175 euros por operación. La mayoría no paga por sacar dinero (el 64%), un 9% sí y el 25,5% restante pagan alguna comisión ocasional.

El gran salto en los medios de pago lo han dado las tarjetas, cuyo número se ha disparado en las dos últimas décadas: de 45,80 millones en el año 2.000 pasamos a 76,40 millones en 2008 y a 85,61 millones en 2019, con máximos año tras año hasta 2022: 88,42 millones de tarjetas (más del doble que adultos), de las que 41,36 millones son tarjetas de crédito (menos que las 44,82 millones que había en 2008) y 47,07 millones son tarjetas de débito, que han crecido mucho (31,57 millones en 2008) porque se utilizan para sacar dinero en los cajeros y para pagos directos (no financiados con tarjetas de crédito).

El pago con tarjetas se ha disparado y son ahora el gran motor del consumo. Las operaciones de pago con “plásticos” han saltado de 991,5 millones a 1.985 millones en 2008, 3.045 millones de operaciones en 2016, 4.536 millones en 2019 y 7.390 millones de operaciones con tarjetas en 2022, un 63% más que antes de la pandemia (por el auge del comercio electrónico, sobre todo, y por la demora de los pagos), según la estadística del Banco de España. Y si vamos a los importes pagados con tarjeta, el salto es igual de espectacular: se pagan con tarjeta 46.828 millones en 2002, se duplicaron los pagos a 94.413 millones en 2008, se cuadruplicaron en 2019 (161.343 millones de euros) y en 2022 se han batido todos los récords históricos: 233.581 millones de euros pagados con tarjetas, 5 veces más que hace 20 años y un 45% más que antes de la pandemia. Y eso a pesar de que los bancos han subido las comisiones anuales por la tarjeta (exigiendo una alta vinculación por bajarlas) y que los tipos de interés que se cobran por las tarjetas “revolving”, las que permiten pautar los pagos mensualmente (como si se dispusiera de un crédito) superan el 20%...

Las transferencias como forma de pago se han estancado, básicamente porque tardan tiempo y porque hay comercios y particulares que no las quieren, además de que en muchos casos se pagan altas comisiones. Por eso, han ganado peso los pagos por móvil (tanto con la tarjeta en el móvil) como con plataformas de pago por Internet (PayPal y otras, con gran peso de Amazon Pay) y sobre todo Bizum, el popular sistema de pagos a través del móvil: nació en 2016, como una aplicación bancaria pionera en Europa, apoyada por 16 bancos españoles accionistas (ahora lo son 23 y lo aceptan 37 bancos) y tiene ahora 23 millones de usuarios en España. Primero lanzó los pagos entre particulares por móvil, en 2018 los donativos a ONGs y en 2020 los pagos en comercios adheridos, ya sea con una clave Bizum, con un código QR o con el envío de un enlace del comercio para realizar el pago. En 2021 se empezó a usar Bizum para Loterías y en 2023 se añade el pago de suscripciones. El objetivo es alcanzar este año los 25 millones de usuarios, llegar a 1.000 millones de Bizum entre particulares y 25 millones en comercios. Un avance imparable.

¿Cómo vamos a pagar en el futuro? Todo apunta a que habrá muchos más pagos electrónicos, con el móvil e Internet, y menos pagos con dinero en efectivo. La previsión es que los pagos electrónicos se tripliquen entre 2020 (1,03 billones de operaciones) y 2030 (3,02 billones de operaciones), según un estudio de la consultora PwC. El mayor salto en los pagos electrónicos se dará entre 2020 y 2025 ( de 1,03 a 1,88 millones de operaciones, +109%), aunque también crecerán entre 2025 y 2030 (de 1,88 a 3,02 billones, +76% de aumento). El mayor tirón de los pagos electrónicos se dará en Asia/Pacífico (de 494.00 millones 0 a 1,81 billones de operaciones entre 2020 y 2030, un +76%), seguida de África (de 59.000 a 172.000  millones de operaciones, +64%), un continente que pasará casi directamente del dinero a los pagos electrónicos, sin apenas usar el eslabón intermedio de las tarjetas. En Europa, el salto de los pagos electrónicos será menor (de 229.000 millones a 522.000, +39%) y lo mismo en EEUU (de 180.000 millones a 349.000, +35%).

El informe de PwC apuesta por varias tendencias en los medios de pago futuros: mayor inclusión financiera de paises y personas más pobres (el 80% tendrán móviles en 2025 y podrán hacer pagos digitales, frente a sólo un 69% de adultos en el mundo que hoy tienen una cuenta bancaria), más monederos digitales, más pagos internacionales no bancarios y, sobre todo, más monedas digitales: algunos paises las tienen ya (China o Barbados) y la mayoría las tendrá en esta década, con el euro digital previsto para 2026. Eso sí, a cambio de una mayor digitalización de los pagos, se agravarán 2 problemas: más fraudes y ciberataques y menos privacidad de nuestros datos, cuya mayor utilización por los gigantes de Internet y las grandes empresas será el gran negocio de las próximas décadas.

En definitiva, que el dinero en efectivo va a perder cada vez más peso y hay paises que apuestan por su desaparición en una década, como Suecia, Noruega, Dinamarca, Paises Bajos, China o Corea del Sur, gracias a la irrupción de las monedas digitales y el auge de los pagos electrónicos. Pero el dinero tardará en morir y será muchos años la forma de pago más utilizada por los españoles, aunque ya son muchas las personas (sobre todo los más jóvenes) que salen de casa sin llevar dinero en el bolsillo. Adiós dinero, adiós.

jueves, 20 de julio de 2017

Volvemos a vivir a crédito


Con el verano, muchos españoles “tiran de tarjeta” para pagar sus vacaciones y piden un crédito para cambiar de coche o pagar un viaje. El gasto con tarjeta se ha disparado y se ha batido ya el récord histórico de tarjetas de crédito, con un gasto que supera el efectivo que se saca en los cajeros. Y los créditos al consumo llevan dos años creciendo mes tras mes, con la ayuda de la banca, que vuelve a ofrecer créditos personales a sus clientes, al mayor coste en Europa (casi el 9%). Y se multiplican las entidades que ofrecen créditos rápidos sin mucho papeleo, a tipos de usura. Incluso Movistar ha empezado a ofrecer créditos de hasta 3.000 euros a sus clientes de móviles. Volvemos a la fiebre de “comprar a crédito”, que tanto agobió a muchas familias al comienzo de esta crisis. El riesgo ahora es que van a subir los tipos de interés, en 2018, y habrá que devolverlos más caros. Ojo a endeudarse.



                                                                                       enrique ortega

En España hay más tarjetas bancarias que habitantes. En marzo de 2017 había 75,85 millones de tarjetas, el segundo mayor dato de nuestra historia, tras el récord histórico de 2008: 76,40 millones de tarjetas. Con la crisis, bajaron hasta un mínimo de 67,66 millones en 2014, pero luego empezaron a recuperarse en 2015 (69,92 millones) y 2016 (75,51 millones), hasta hoy, en que somos el quinto país de Europa con más tarjetas, tras Reino Unido (176 millones), Alemania (147), Francia (80) e Italia (77 millones). Y el mayor tirón lo han dado las tarjetas de crédito, que son ya 49,88 millones, un número que es un récord histórico en España, el triple que en el año 2.000 (16,06 millones), según el Banco de España. Y también crecen las tarjetas de débito (pagar en el momento o sacar dinero), 25,97 millones en abril, el mayor número desde 2009 (30,74 millones).

No es sólo que haya crecido el número de tarjetas, es que además se usan mucho más: en 2016 se hicieron más de 3 millones de operaciones con tarjeta, el triple que en 2002 (991.500). Y el gasto pagado con tarjeta fue de 124.406 millones de euros, casi el triple también que en 2002 (46.828 millones). El gasto con tarjeta ha ido subiendo año tras año, sin notar la crisis, porque los españoles se agarraban a ella para compensar sus menores ingresos. Pero en los tres últimos años, el gasto con tarjeta ha crecido por encima del 6% y este año 2017, hasta marzo, crece ya un 9%. Es más, los españoles gastan más con tarjeta del dinero que sacan por los cajeros: eso pasó por primera vez en 2016 (124.406 millones gastados con plásticos frente a 118.275 retirados en cajeros) y sigue pasando este año, hasta marzo (30.327 millones frente a 27.387), según los datos del Banco de España.

Este aumento récord del gasto con tarjetas se debe a cuatro razones. La primera, por supuesto, que hay 8 millones más de tarjetas de crédito que en 2011: 7 de cada 10 españoles tienen hoy una tarjeta de crédito y 5 de cada 10 una de débito, según la Encuesta CrediMarket. La segunda, que se usan más porque hay más tiendas que aceptan las tarjetas: hay 1,71 millones de terminales (TPV), 100.000 más que en 2008. Y los comerciantes ponen menos pegas al pago con tarjeta porque los bancos les han bajado las comisiones, forzados por Bruselas: del 0,81% que les cobraban en 2009 al 0,42% de media que les cobran en 2017.

La tercera razón es que se ha disparado el comercio electrónico, las ventas por la Red que se pagan casi siempre con tarjeta. Si España era uno de los paises europeos con menos ventas a través de Internet (por inseguridad y falta de costumbre), en 2016 el comercio on line ha despegado: creció un 20,8%, facturando 24.185 millones de euros, la casi totalidad pagados con tarjeta. El 20% son compras turísticas (10,7% viajes y 9,3% billetes de avión), el 7,2% ropa, 5,3% entradas de espectáculos y deporte, 4,2% compra de electrónica, imagen y sonido y el 4,1% coches de alquiler y billetes de tren y autobús. Las web españolas se llevan el 53,45 de las ventas y el resto las webs europeas (43,5%).

Una cuarta razón que explica el uso récord de las tarjetas son los pagos por móvil, que suelen estar asociados a una tarjeta. España lidera el uso del móvil en Internet en Europa, con un 93% de smartphones conectados a la red, por delante de Holanda (88%) y Reino Unido (86%), así como de la media UE (78%). Y 6 de cada 10 usuarios españoles del móvil afirman que ya lo han usado para comprar, ya sea directamente (en una tienda física, el 10%) o a través de una web (el 90% restante). El último año, los bancos han multiplicado sus ofertas de pago por móvil, con tecnología NFC (que permite pagar acercando el móvil a los TPV) y  el móvil se ha convertido en “la nueva tarjeta de crédito”.  

Al final, todo ello se traduce en más compras con tarjeta, recordemos 124.406 millones de euros gastados en 2016, más de 10.000 millones al mes. Y en esa cifra no están incluidas las compras con tarjeta que se hacen a crédito, las compras contarjetas revolving”: se paga cada mes una cantidad fija sobre lo gastado, que es como un crédito por el que se paga intereses. Los créditos con estas “tarjetas revolving” se han disparado también, pasando de 8.343 millones financiados por tarjetas en 2012 a 11.040 millones a finales de 2016, que eran ya 12.285 millones de euros en mayo de 2017, según el Banco de España.

El pago con tarjeta es cómodo, ágil e “indoloro” en el momento, aunque luego haya que hacer frente a ese gasto cada mes, ya sea pagando lo gastado el mes anterior o con una cantidad fija que incluye intereses (tarjetas “revolving”). Pero la realidad es que usar las tarjetas es caro, porque pagamos por varias vías. La primera, el pago de una comisión anual por el “plástico”, que a veces se perdona el primer año pero luego generalmente no: son de 35 a 45 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprados: un tercio de todas las tarjetas que tenemos son así, las “tarjetas revolving”. Y al aplazar parte del pago, estamos pagando hoy un interés que ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). El tope de interés a pagar debería ser el 24% anual, que es el máximo admitido por el Tribunal Supremo (sentencia 25 noviembre 2015): más considera que es “usura”. Y queda un tercer pago, los costes por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (a un 20% TAE).

Como se ve, las tarjetas son una fuente de ingresos para la banca, que además cobra una comisión (“tasa de descuento”) a los comercios que venden con tarjeta, comisión que es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación (según el negocio), con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces les cobra también una reducida cuota mensual por el PTV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión fijada por el Gobierno y que tiene un tope máximo (0,3% por operación en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Si tenemos en cuenta que se hacen más de 3 millones de operaciones al año, por importe de más de 120.000 millones de euros, se estima que la banca ingresa por estas comisiones entre 600 y 1.000 millones anuales. Un buen negocio que explica su interés por colocarnos más tarjetas y encarecer las retiradas en cajeros, que les resultan más costosas y les dan problemas de intendencia y seguridad.

Pero no sólo gastamos sin dinero con las tarjetas. La otra vía, cada vez más usada, es pedir un crédito al consumo, para comprar un coche (37%), financiar un viaje (11%), pagar un master, comprar muebles y electrodomésticos o reformar una vivienda. La banca lleva cuatro años aumentando la concesión de estos créditos al consumo, que han pasado de 12.811 millones prestados en 2012 al doble, 25.356 millones de euros en  2016, el nivel más alto en 7 años, según el Banco de España. Y en 2017 sigue la tendencia: se han prestado 11.276 millones hasta mayo, un 13,86% más que en los cinco primeros meses de 2016.

El Banco de España reconoce en su último informe que la banca española “ha relajado” la concesión de préstamos al consumo entre enero y marzo de 2017, “por 5º trimestre consecutivo”, mientras endurece los créditos a las empresas (no se fían). La razón es doble. Por un lado, les sobra liquidez y le falta negocio, con lo que tiene que buscar a quién colocar un préstamo. Y por otro, los créditos al consumo les resultan un gran negocio: en marzo de 2017, el tipo de interés medio que cobraba la banca española por estos préstamos al consumo era el 8,77%, 2,5% más caros que la media cobrada por los bancos europeos (6,21%), según los datos del Banco de España. Y este interés es un gran negocio para los bancos, teniendo en cuenta el dinero les cuesta el 0% (precio oficial del dinero) y que recogen dinero de sus clientes pagándoles de media un 0,09 % por los depósitos a 1 año. Además de este alto  interés (un 0,63% más elevado del 8,14% que cobraban por estos créditos en diciembre de 2016), los bancos también cobran varias comisiones al dar estos créditos al consumo: comisión de apertura (1 al 2%, con un mínimo de 100-150 euros) y comisión de amortización anticipada (0,5%), más los gastos de notario y registro.

Hoy por hoy, no solo bancos y Cajas están lanzados a “colocarnos” un crédito al consumo o un anticipo sobre la nómina, sino también las financieras (como El Corte Inglés, con 11 millones de tarjetas, a las que ofrece créditos “preconcedidos”), entidades especializadas en préstamos (como Cofidis o Cetelem) y más de 1.000 entidades que proliferan por Internet ofreciendo mini créditos “rápidos y fáciles, sin papeleo”, para los que necesitan dinero más desesperadamente. El último en lanzarse al ruedo de los créditos al consumo ha sido Movistar, que ha creado con La Caixa (en junio de 2017) Movistar Money, una entidad que ofrece créditos rápidos (en 48 horas) de 600 a 3.000 euros, al 16,48 % TAE a devolver en 12,24 y 36 meses, sólo con el DNI y el contrato de móvil con Movistar. Y Orange hará lo mismo en 2018, con su Orange Bank.

El auge de los créditos al consumo empieza a preocupar al Banco de España, que cree que van a seguir creciendo en los próximos meses. Y ha alertado al Defensor del Pueblo, que ya ha iniciado una investigación sobre las empresas de créditos rápidos. Porque muchas son “chiringuitos financieros” poco fiables, con sólo una web y poco capital detrás. Y están cobrando intereses claramente abusivos: según un estudio de Facua, algunas cobran entre el 1.269,7% TAE (Vivas) y el 4.507% TAE (Préstamo 10). Hay ofertas, como la de Kredito24.es que cobra 35 euros de interés por prestar 100 euros a 30 días. O Pepe Dinero, que cobra 30 euros de intereses. El problema radica en que a las entidades que prestan menos de 200 euros sólo se les obliga a estar registradas en el Ministerio de Sanidad y Consumo, sin estar vigiladas por el Banco de España, como bancos y financieras. Y las sanciones dependen de las autonomías, que apenas las vigilan. Todo esto ha disparado los fraudes en el mercado del dinero rápido, como denuncia el documental El descrédito” (verlo aquí).

Sea por las compras con tarjetas o sea pidiendo créditos al consumo, el hecho cierto es que los españoles nos hemos lanzado otra vez a “gastar a crédito, con “alegría”, olvidando que hace sólo unos años estábamos endeudados hasta los ojos y eso nos ha complicado la salida de la crisis. Y lo peor no es sólo que ahora tengamos más deudas, sino que los tipos de interés van a subir seguro en 2018, porque el Banco Central Europeo (BCE) acabará con su política de dinero gratis y subirá los tipos, como los ha subido ya dos veces Estados Unidos (tipos al 0,75-1%). Y con ello, pasaremos a pagar más del 10% de interés por los créditos que tengamos y cerca del 24% por las tarjetas. Una losa, sobre todo para los que tengan un trabajo precario y un sueldo de mileurista. Así que piénselo dos veces antes de “gastar a crédito”. “El que nada debe, nada teme”, dice el refrán. No se pille los dedos otra vez.

 

lunes, 17 de octubre de 2016

Los bancos avisan: cobrarán más comisiones


Los dos grandes bancos españoles lo han dicho muy claro: van a cobrar más comisiones. Y la patronal bancaria AEB lo apostilla: “el cliente tiene que acostumbrarse a pagar comisiones”. Ya  las pagamos: unos 400 euros al año por cliente, según ADICAE. Pero ahora, como hay pocos préstamos y a la banca le han caído los márgenes (con los tipos tan bajos), tienen que sacar más dinero de las comisiones. Y nos las subirán, con apoyo del Banco de España. Sobre todo, cobrarán más comisiones  a los clientes que les den poco negocio, que no tengan con ellos nómina o hipoteca. Y subirán especialmente las comisiones por operar en Fondos o en Bolsa, por Planes de pensiones y seguros, donde la banca busca ahora su negocio. Parece justo que la banca, como Internet, el cine, los libros o la música, sea un servicio que hay que pagar. Pero con comisiones razonables, transparentes y más controladas por el Banco de España, no abusando del cliente, como muchos cobros que nos cargan ahora.
 
enrique ortega


Las comisiones han sido siempre la segunda fuente de ingresos de la banca, tras lo que ganaban con su negocio básico (prestar dinero).Pero desde hace cinco años, con el desplome del crédito y la caída a mínimos de los tipos de interés, sus márgenes de beneficios se han resentido. Y los bancos han tratado de compensarlo subiendo los ingresos por comisiones, a costa de nosotros, sus clientes. Y lo han conseguido. Así, los ingresos por comisiones netas han pasado de 16.144 millones en 2009 a 17.558 en 2011 y a 17.495 millones en 2015, un año con récord histórico de aumento de comisiones (+840 millones, un +5%), según los datos de la patronal bancaria AEB. Y en 2016 va camino de batir un nuevo récord de ingresos por comisiones: van 8.769 millones hasta junio, un 1,9% más que en la primera mitad de 2015.

¿Por qué están subiendo las comisiones? Porque son la válvula de escape de los bancos para recomponer sus cuentas, muy deterioradas por la caída del negocio tradicional (el crédito no despega) y por los bajos tipos de interés, que reducen sus márgenes de beneficios. Y este panorama todavía va a durar, porque el crédito no despunta (sobre todo a empresas)  y los tipos de interés van a seguir bajos mucho tiempo, como augura el Banco Central Europeo (BCE). Y encima, han aumentado las exigencias  a la banca de capital y de provisiones (dinero en el cajón “por si vienen mal dadas”), lo que complica aún más sus cuentas. En este contexto, los bancos españoles aumentaron su beneficio sólo un 5,6% en 2015. Y este año 2016 les sigue cayendo su margen, según los datos de la AEB. En este contexto, sólo pueden hacer dos cosas: recortar costes (han cerrado la mitad de oficinas desde 2008 y han despedido a 83.753 personas, uno de cada tres empleados) y aumentar comisiones a los clientes.

Y ya lo están haciendo, sobre todo desde 2011. De hecho, los españoles pagamos una media de 400 euros en comisiones en 2015, 80 euros más que en 2014 (+25%), según un estudio elaborado por ADICAE en marzo. Y las comisiones bancarias en España están entre las más altas de Europa, sobre todo por sacar dinero de cajeros. La mayor parte de las comisiones las pagamos sin casi notarlo, por 3 conceptos: por el mantenimiento de la cuenta o libreta (120 euros de media), por las tarjetas (de 20 a 45 euros de media) y por un abanico de comisiones coyunturales (por descubiertos, por transferencias, por correspondencia…). Actualmente, con los ingresos por comisiones, los bancos españoles cubren ya el 43% de sus costes y consiguen el 21,4% de sus ingresos brutos (margen bruto), según las cuentas de la AEB. Pero todavía tienen margen para subirlas más, porque hay paises europeos donde las comisiones tienen más peso: en Reino Unido suponen el 26% de los ingresos brutos de la banca, en Alemania el 27% y en Francia e Italia el 33%, según un estudio de BBVA Research.

Luego tienen margen para ingresar más por comisiones. Los bancos lo saben y ya han anunciado que nos las van a subir. Lo han dicho claramente, sin tapujos. El último, Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, el 14 de septiembre: “Las entidades financieras deben cobrar por los servicios que prestan”. Unos meses antes, en abril, el responsable de Santander España, Rami Aboukhair, lo  decía aún más claro: “Se tienen que acabar las comisiones cero para ser rentables. Hay que empezar a cobrar cada servicio que se ofrece al cliente”. Y el presidente de la patronal bancaria AEB, José María Roldán, decía también en abril de 2016: “El cliente tiene que acostumbrarse a pagar comisiones”. Todo ello, “bendecido”  y hasta promovido por el Banco de España, que teme una segunda ronda de crisis bancarias y prefiere antes que los bancos aumenten sus ingresos subiendo las comisiones a sus clientes. Así, el pasado 17 de junio, el subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, animaba  a los bancos a subir comisiones: “Tienen margen para hacerlo”, repitiendo una idea que ya lanzó en 2015: la banca española debe apostar por las fusiones y por subir comisiones.

Ya nos han avisado: los bancos nos van a subir (más) las comisiones. ¿Cuáles? Todas, aunque unas más que otras. La primera subida importante, la de las comisiones por sacar dinero en el cajero, ya nos la están aplicando desde la pasada Navidad: si antes cobraban una media de 65 céntimos por sacar dinero en un cajero de otro banco, ahora estamos pagando entre 1,80 y 2 euros por operación, gracias al decreto ley que aprobó en octubre de 2015 el Gobierno Rajoy, a raíz de la subida impuesta por CaixaBank. Sólo con esta subida de la comisión por uso de cajeros, la banca va a ingresar 181 millones extras al año. Una subida que beneficia sobre todo a la gran banca, según la Comisión de la Competencia (CNMC), porque entre CaixaBank, Santander y BBVA controlan el 49% de los cajeros instalados en España.

Otras comisiones que se están multiplicando son los cobros por cuentas, sobre todo a clientes que dan poco negocio (los llaman “poco vinculados”, porque no tienen nómina, recibos o hipotecas ni préstamos personales con el banco).  Actualmente, mantener una cuenta corriente sin nómina cuesta 45 euros anuales (Bankinter), 48 euros en CaixaBank o BBVA, 60 euros en Bankia, 60 euros en Sabadell, 96 euros en Santander y 120 euros en el Popular. También están subiendo los pagos anuales por tener una tarjeta de crédito o de débito (el coste se ha triplicado desde 2012, según ADICAE). Y se está cobrando comisión (de 3 euros y más) por hacer algo que antes no la tenía: realizar ingresos por ventanilla (para “echar” a los clientes de las oficinas) o añadir el remitente en un simple ingreso (hasta 10 euros). O la comisión de apertura en una hipoteca. O los gastos por envío de correspondencia.

Y luego se mantienen y generalizan comisiones que son consideradas "abusivas" por ADICAE : pagos a terceros en una sucursal (comisión del 0,25% en Popular al 0,48% en Santander), cobro por apunte (entre 0,40 y 0,60 euros, además de cobrar por mantenimiento o administración de cuenta), cobro por liquidación de intereses y gastos y cobro de comisiones por cuentas que se han abierto por imposición de la entidad (para pagar los intereses de una hipoteca o abonar los rendimientos de un depósito), comisión esta última que no debería cobrarse según el banco de España. Y además, ADICAE denuncia los cobros excesivos por descubiertos (de 18 a 20 euros más una segunda comisión por notificación, que puede llegar a 45 euros, aunque el descubierto se haya cubierto).

Cara a los próximos meses, lo que van a hacer los bancos es clasificar mejor a sus clientes y estandarizar el cobro de comisiones según los perfiles de clientes. Por un lado estarán los clientes que dan negocio, los que tienen nómina, recibos, hipotecas, créditos, tarjetas y posibles inversiones (Fondos, Planes, valores o seguros). A este grupo tratarán de cobrarles más comisiones por los servicios que les prestan (hipotecas, Fondos, valores), que “se ven poco”,  y menos comisiones “de las que más se ven”, por cuenta, apuntes, transferencias, tarjetas o cajeros. Se trata de sacarles ingresos sin forzar que se vayan. Y luego, a los clientes que no dan negocio, cobrarles por todo lo que puedan, se note o no, sin ningún temor a que se vayan a otro banco porque “no les interesan”. Con ello, se abre una “guerra entre bancos” por quedarse los clientes rentables, cuidando sus comisiones (por eso las engañosas campañas "No comisiones").

El otro gran cambio será un aumento de las comisiones por productos, básicamente por Fondos, Planes, Bolsa y seguros, el negocio por el que está apostando la banca ahora que no se recupera el crédito. De hecho, hoy ya, el grueso de las comisiones que ingresa la banca es más por estos productos que por cuentas, cajeros o tarjetas. Y su pretensión es cobrar más comisiones en el futuro. Por eso habrá que estar muy atento a las subidas de comisiones a los que tienen un Fondo, una cartera de Bolsa (por tenencia de valores y por operativa), un Plan de pensiones o un seguro. Y también van a aumentar las comisiones en las hipotecas (ahora que empiezan a crecer) y, sobre todo, en los créditos al consumo, que se han disparado en el último año. Comisiones muchas que “no se ven”, que hay que investigar para saber finalmente cuánto pagamos de comisión con un Fondo, un Plan o una acción.

Al final, “en la próxima década, el cobro de los servicios bancarios será la norma”, como ha dicho el presidente de la patronal bancaria AEB, José María Roldán, quien reconoce que el cobro de comisiones “no será fácil ni pacífico”. Sabe que la banca tiene un grave problema de imagen, de malas prácticas (preferentes) y eso no les facilita cobrarlas. Y que muchos clientes se van a “rebotar” con la subida de comisiones y se van a ir. Unos a la banca online, que cobra menos comisiones, y otros a las alternativas financieras que puedan lanzar en su día los gigantes de Internet (Google, Apple, Facebook o Amazon) y las telecos (Orange va a lanzar un banco mientras todos agilizan los pagos por móvil). Pero también saben que los clientes que se vayan tienen pocas opciones fuera: el banco de enfrente también cobra parecidas comisiones y cada vez el mercado es más reducido, por las fusiones: los tres grandes (CaixaBank, Santander y BBVA) controlan el 44% del mercado y si añadimos los otros tres (Bankia, Sabadell y Popular), dominan el 69%. Y con ese poder, este oligopolio impone unas comisiones muy similares, como se ha visto con los cajeros.

Así que poco podemos hacer ante la subida de comisiones, salvo intentar negociar con nuestro banco y amenazar con cambiar a otro si tenemos una baza para hacerlo, como nuestra nómina o nuestra hipoteca o el negocio que les damos. Pero hay un debate de fondo que no se puede obviar: la banca, como cualquier otro servicio, no puede ser “gratis total. Si pagamos por la gasolina o por la comida y deberíamos pagar por el cine, los libros, la música o la prensa, también debemos pagar por los servicios bancarios. Pero con tres condiciones: unas comisiones transparentes, justas y controladas. Transparentes porque ahora no sabemos bien cuantas comisiones pagamos y por qué. Justas, que estén justificadas por el servicio,  porque ahora hay comisiones abusivas, como pagar 45 euros por un descubierto de 1 euro o 3 euros por un ingreso en una sucursal. Y controladas, porque ahora no se publican como antes las comisiones que se cobran y además los bancos no hacen caso cuando un cliente gana una reclamación ante el Banco de España: en 2014, las entidades no rectificaron la mitad de las denuncias por cobros injustificados aceptadas por el Banco de España, nada menos que 8.029 de 15.516 denuncias respaldadas. Ni caso a estas reclamaciones, aunque fueran justas.

En definitiva, que usar un banco nos va a salir ahora más caro. Y tendremos que acostumbrarnos a pagar comisiones, como pagamos en la vida por muchos otros servicios. Pero tenemos que exigir que si pagamos comisiones, sepamos de verdad  lo que estamos pagando y que sea a cambio de un mejor servicio, de unas prestaciones que lo valgan, no un cobro arbitrario para mejorar sus beneficios. Y que si hay abusos, el Banco de España defienda al cliente hasta el final, obligando al banco a devolverle lo cobrado de más, con intereses. Todo esto no pasa ahora. Por eso llevamos tan mal que nos cobren comisiones. También, claro, porque a nadie le gusta pagar más.